En busca de la felicidad.
La propuesta
Freddie
La madre de Elizabeth se había empeñado en cubrir su agenda, trataba de hacerle sus últimas semanas en ese lugar nada amenas. A veces podía verla en la distancia, desde las caballerizas. Su semblante siempre cansado y su mirada triste, ella la estaba pasando terrible. Como quisiera borrar ese rastro de tristeza y dolor para complacerla, volver a nuestro tiempo y terminar con esta maldita pesadilla.
No era ajena para mí la voz de una mujer, que me susurraba "El tiempo se está acabando, admítelo…" ¿Qué se supone debo admitir? He conseguido a Sam y vaya que no me esperaba ese reencuentro. Había vivido la mejor noche de mi vida, mejor dicho, ese día había sido el mejor de toda mi vida. Nunca había sentido tanto en un acto, tantos sentimientos que me abrumaron y hicieron que la deseara más.
Cuando por fin descubrí que ella era Sam y fuimos uno, no creo poder expresar lo feliz y aliviado que me sentía.
"-Por favor… hazme tuya… -susurró Elizabeth entre jadeos. –Por favor, Freddie…
No pude evitar tensarme, había dicho mi nombre y se suponía que ella no conocía nada de mi pasado… o futuro, no lo sé.
-¿Cómo me llamaste? –pregunté aun en estado de shock. Esto no podía ser posible, ¿Cuáles eran las probabilidades que ella conociera datos de mi vida? La vi morderse el labio una y otra vez, de seguro estaba pensando en una respuesta.
-Disculpa, es que su nombre es Freddie… yo trataré de no… -¿Escuche de verdad lo que ella dijo, no fue una ilusión? Eso quería decir... –Discúlpame…
-¿Su nombre es Fredward Benson? –Me atreví a preguntar, quise arriesgarme.
-¿Lo conoces? ¿Lo has visto? –preguntó emocionada, no podía creerlo. –Necesito encontrarlo… tengo poco…
-¿Tiempo? –completé su oración sorprendiéndola por completo.
-Sí… -susurró, está vez sus ojos estaban fijos en los míos.
-¿Samantha Puckett? –Sus cejas se alzaron para luego fruncir el ceño.
-¿Entonces ha hablado de mí? –chilló con emoción. –Dime donde está, necesito encontrarlo…
-Sam, soy yo –susurré entrecortadamente. Al fin, la había conseguí.
Comencé a escuchar su respiración agitada al igual que la mía. Tarde solo unos segundos en darme cuenta que estaba llorando. Nunca me había puesto a pensar cómo reaccionaría al encontrarla. De pronto, como si algo me hubiese despertado, me acerqué a ella lentamente. Descubrir que se trataba de Sam solo había logrado que la deseara más, necesitaba besarla y demostrarle cuanto la necesité y cuanto la necesito en mi vida.
Solo fue un simple toque de labios el que me llevo a la locura, saber que era ella intensificaba todo a niveles que nunca imaginé. Me acosté sobre ella y ella me rodeó con sus piernas. Podía sentir su piel, su calidez y sobre todo, cuanto me deseaba; eso fue un golpe duro para mi cordura.
Cuando por fin fuimos uno, necesité de unos minutos para reponerme y lo más importante, darle tiempo a ella para acostumbrarse a mí. Limpie sus lágrimas con el pulgar y besé su frente, sus mejillas, su nariz y su boca; sus labios en este tiempo y en el nuestro, era lo más adictivo que había probado y estaba completamente seguro que no quería la cura de esta adicción.
Comencé a moverme cuando sentí su cuerpo relajarse, jamás imaginé sentir algo como eso. Unimos nuestros labios, en ningún momento dejamos de besarnos. Sin embargo, al escuchar sus gemidos en mi boca, me vi en la necesidad de romper el beso. Estaba perdiendo todo, sentía como su cuerpo se fundía con el mío, nuestros corazones latían por igual, era nuestro momento.
Sentí la necesidad de decirle que la amaba, pero no podía, ella no me amaba en realidad. Sin poderlo evitar mis ojos se llenaron de lágrimas, no podía permitir que se diera cuenta, no podría soportar burlas de su parte, no ahora. La besé con más fuerza cuando sus gemidos aumentaron de nivel, se le estaba haciendo difícil contenerse. Entonces, su cuerpo se tensó y su espalda se arqueó mientras que el placer invadía su cuerpo.
Verla llegar al máximo de su placer me enloquecía. No podía creer que yo, Freddie Benson, fui capaz de lograr esa reacción en Sam.
-Escápate conmigo, Sam, busquemos la felicidad juntos… -susurré. Mi voz era diferente, podía detectar el placer y el deseo plasmada en ella. –Por favor… ven conmigo… -le pedí con voz ahogada. Podía sentir cada parte de mi cuerpo tensarse ante algo que era completamente ajeno a mí.
-Eso quiero… -gimió arqueando de nuevo su espalda. Ese fue más de lo que pude soportar, me deje llevar con ella.
Ninguno fue capaz de dormir, aprovechamos cada segundo junto. No había palabras, no hacían falta esa noche."
-Ben, la señora te está buscando –dijo uno de los niños que me ayudaba, su nombre era Alan.
-Gracias, Al, nos vemos en la comida –el niño asintió emocionado y se arrodilló para seguir con su trabajo.
Crucé los jardines de los dueños y me encontré con la familia reunida con un señor, era algo parecido a un anciano, a mi parecer. Miré a Sam y me sorprendí, su rostro expresaba mucha tristeza. Algo no estaba bien y creo que lo iba a descubrir pronto.
-Miré, Lord Damius, nuestro jardinero es especialista en las flores y rosas que se cultivan en nuestros terrenos –comentó la dueña de la casa con una sonrisa satisfecha. –Él nos puede servir de mucha ayuda para la gran noche.
-Me parece bien –acordó el viejo con una sonrisa. -¿Sabe usted cual sería la mejor elección para decorar el salón principal mañana?
Su pregunta me dejo en frio, sabía muy bien lo que querían. Ya estaba hecho, Elizabeth o Sam se casaría con él mañana en la noche. Guardé silencio un momento antes de suspirar.
-Sí, tengo la elección perfecta para esa noche… tulipanes blancos, mi Lord; ellos simbolizan la pureza, la virginidad, paz y mucho más –susurré con amargura en mi voz. Al parecer todos estaban complacidos con mi respuesta, menos Sam y por razones obvias.
-Manos a la obra, Ben, quiero todo perfecto para mañana –yo solo me limité a asentir antes de girarme y desaparecer de ese lugar.
Algo tenía que hacer, debía evitar esa boda o convencer a Sam que escape conmigo. No puedo permitir que me la quiten de nuevo.
El trabajo fue difícil, recolectar la cantidad exagerada que estaban pidiendo de tulipanes. Muchos de los ayudantes, mis amigos ahora, me preguntaban el porqué de mi estado. ¿Cómo explicarles mi deseo de detener esa boda? ¿Cómo decirles que estaba enamorado de ella?
Suspiré cuando me dejé caer en la paja seca, esa era mi cama y de cierto modo estaba acostumbrado. Traté de dormir y me fue imposible, ninguna posición era cómoda para mí y eso me estresaba. En momentos como esos deseaba estar en mi cuarto.
-¿No puedes dormir? –su voz hizo eco en el lugar. Mi corazón se aceleró al igual que mi respiración, ¿estaba loca? Estaba arriesgando todo.
-¿Qué haces aquí, Sam? Pueden castigarte por eso… -ella se acercó a mí sin importarle nada, se dejó caer a mi lado para luego rodear sus brazos en mi cintura y colocar su cabeza en mi pecho.
-No me importa nada, Freddie, solo abrázame y dime que todo esto es un sueño –susurró con voz rota. Me parte el alma ver a Sam de esta forma, ella siempre fue una mujer fuerte y ahora se veía tan indefensa.
-Tranquila… ya pensaremos en algo… -susurré apretando cada vez más mi agarre.
