Capitulo 2

Samara

Estaba alerta, conseguir comida no era del todo seguro. Ellos sabían que existía un pequeño grupo de rebeldes y que en algún momento buscarían alimento. A lo largo de esos dos años ya habíamos salidos de Estados Unidos, nunca fue tarea fácil, solo a dos de nosotros se les hacía fácil fingir y esos sin duda eran Fred y Aien. Podía sentir mi cabello ondear gracias a la velocidad que él llevaba, después de unos meses juntos decidimos que lo mejor era andar en coche.

-Un puesto de vigilancia en dos… -susurré antes de arreglar mi postura y parecer relajada. Pude observar como Fred asentía antes de dirigirse hacia ese lugar.

-Alto. Nombre de batallón –preguntó el guardia con agresividad.

-No tenemos, hemos encontrado una brecha al noroeste de Canadá –respondió Aien con aires de suficiencia. –Queremos ayudar a exterminar a esos bastardos.

El guardia nos observaba con desconfianza y sacó su arma, se la mostro a Fred y le dijo: -¿Ves esto? Puedo partirte en dos si lo deseo…

Él no se inmuto, se giró lentamente mientras yo enarcaba una ceja y Casey soltaba una risita coqueta. Fred levantó la mano y tocó el arma del guardia.

-Y yo puedo hacer más que eso, te lo aseguro –respondió Freddie sin miedo en su voz, sonaba desafiante al igual que todos los guardias de ese lugar.

-Adelante –él dio marcha al jeep y avanzó a toda velocidad por el campamento de los Korvens. Así se resumía nuestros últimos meses y lo peligroso de este asunto es que nos podían descubrir.

Somos humanos, no una maquina de exterminio. Puede que aprendiéramos de Aien las artes del exterminio, el comportamiento habitual de los guardias y militares de ese lugar, también aprendimos a comportarnos como un verdadero Korvens. A veces me preguntaba si no somos ya uno de ellos.

Solo nos sentíamos seguros en nuestros cuartos, donde nadie nos vigilaba y teníamos la certeza que la privacidad era respetada. Fred apagó el motor cuando llegamos a un enorme edificio, podía ver el impulso electromagnético por todo el lugar. Era como una fiesta de colores, este lugar era una bomba de tiempo para nosotros.

-Solo recuerden, se quitaran las mascaras. No hablaran y trataran de respirar lo menos posible… -Aien estaba nerviosa, podía sentirlo sin necesidad de las estúpidas lentillas.

Caminamos a paso lento y relajado. Casey jugueteaba con una piedra sin bajar la mirada. Era una chica fuerte y la admiraba mucho, tan solo tenía 15 años cuando vio morir a su madre y ahora tiene 17 y se comporta con tanta frialdad. Pero yo la escucho por las noches llorar y sé que no soy la única que lo ha notado. Fred casi nunca duerme y puedo sentir el cambio de respiración cuando la escucha llorar; él también había cambiado.

-Ustedes allí, ¿Quién les permitió el paso? –era otro jodido guardia.

-¿Crees que podemos burlar a un primero? –Oh sí, se me olvidaba. Los guardias estaban divididos por niveles.

Los llamados "primeros" son guardias de elite, entrenados para matar. También se encontraban "los segundos" que podían detectar cualquier clase de sentimientos y manipular armas digitales; de eso se encargaba Fred, había dominado todo lo referente a esas armas y no solo eso, podía conseguir información de toda esa raza.

-Muy bien –respondió el guardia. –Aliméntense y retírense a uno de nuestras plazas, nadie puede salir luego, si merodean es su fin.

Recolectamos provisiones, podía sentir todas las miradas sobre nosotros, nos vigilaban. Sin embargo, actuábamos con naturalidad, no podíamos darnos el lujo de fallar, no ahora. Cuando terminamos de cenar, todo el lugar estaba sumido en silencio. Subimos tranquilamente al piso diez, los cuatro primeros pisos estaban confinados a los prisioneros y esclavos. En el momento que entramos a la habitación nos colocamos las mascarillas, las lágrimas de dolor no se hicieron esperar, ese gas era un veneno lento pero seguro.

-Veinte minutos más... y estábamos muertos… -Casey jadeaba y tocaba su pecho con fuerza.

-Mierda esto duele… -murmuré adolorida.

-Cada vez es menos… antes dolía más –dijo Fred tratando de regular su respiración.

-Y dolerá cada vez menos, tienen nuestros genes en su sangre. Hasta ahora posiblemente han mutado –esa noticia nos descoloco, ¿mutamos?-. No me miren de esa forma, mutan su ADN, se vuelven compatibles al nuestro.

-Wohoo, cada vez mejor –intervino el castaño con sorna antes de entrar en la ducha.

Esto en definitiva era frustrante tenerlo en nuestro grupo, la tensión se elevaba a niveles inimaginables cuando sucedía algo así. Había que ser ciego para no notar el atractivo de ese chico, tenía el cuerpo propio de un Dios, ojos inexpresivos y a la vez expresivos que te llevaban al cielo. Ese chico era nuestra ruina, al menos para Casey y para mí.

Nuestra relación no pasará a mayores nunca, me atrae y posiblemente le atraemos como instinto primario, pero sus sentimientos le pertenecían a una sola persona. Igual que los míos, sin embargo, la pequeña Casey se veía cada vez más ilusionada y atraída por Fred.

-¿En qué piensas? –preguntó Aien acercándose a mí.

-En él…

-Atractivo en verdad, la mujer que logré ganárselo no se arrepentirá de nada. Lo tiene todo. –Su comentario logró erizar mi piel.

-Sabes que no ayudas en nada… -Ella sonrió ante mi comentario y asintió en modo de respuesta. Minutos más tarde salió del cuarto de baño vestido completamente, estaba preparado para las rondas y nosotros también.

Esperamos a que se hicieran las doce de la noche, este era un día especial ya que burlaríamos todos los sistemas de seguridad de este edificio y rescataríamos al menos a diez personas. Caminamos sigilosamente por los pasillos y lo hicimos con mayor cuidado al bajar las escaleras, lo que menos queríamos era llamar su atención.

-¿Están preparadas? Hay muchos guardias en ese lugar y burlarlos será difícil… -advirtió él susurrante.

-Matemos a unos cuantos –susurró excitada la menor del grupo, ella siempre tan expresiva. No pude evitar rodar los ojos.

Cuando entramos en territorio enemigo sabía que algo iba mal, el impulso electromagnético estaba descontrolado, nos habían descubierto.