Capitulo 3

Freddie

Las alarmas estaban encendidas y maldije internamente por no anteponerme a sus movimientos. Luces rojas y amarillas parpadeaban sin cesar revelando la ubicación del enemigo, esta demás decir que se trataba de nosotros.

-Muy bien, traten al menos de rescatar a diez personas. De preferencia jóvenes, no podemos hacer nada con ancianos y mucho menos niños –grité lo más fuerte que pude mi orden, las alarmas de los Korvens pueden ser ensordecedoras.

-¿Qué intentaras hacer? –Gritó Samara desde el pasillo.

-Entretenerlos… ahora corran –grité separándome del grupo.

Corrí por el pasillo contrario donde se encontraba la mayor concentración de Korvens, estaban subiendo las escaleras por un lado y por el otro bajando. La mejor distracción en esos momentos era la onda sónica. Ellos mostraban cierta sensibilidad a ese tipo de sonidos, era muy parecido al silbato de un perro. Codifiqué rápidamente en un pequeño teclado digital para configurar mi arma. Minutos más tarde podía escuchar el silencio seguido de los gritos de dolor.

Busqué a las chicas sin éxito alguno, ya habían escapado o eso creía. Accedía las cámaras de vigilancia para buscarlas, ellas no estaban en el edificio y lo comprobé al recibir un mensaje codificado, esperaban por mí.

Paseé mi mirada por todo el lugar, no sería fácil escapar cuando tenía al menos 80 de ellos rodeándome. Lo mejor era salir lentamente, sin llamar mucho la atención. Bajé las escaleras con calma, trataba de no acelerar mis latidos y así pasar desapercibido. Aun podía escuchar los gritos y lloriqueos de los Korvens, sin embargo, esa jugarreta de mi parte duraba tan solo 10 minutos. Miré mi reloj y sentí como mis labios se secaban, tenía 20 segundos para salir de ese lugar.

Olvidé respirar y sobre todo permanecer calmado, mi prioridad era vivir, morir no era una elección. Mientras corría podía sentir el jodido veneno penetrar mis pulmones como si de cuchillos tratase, era la primera vez que inhalaba tanto sin esperar la recuperación total o parcial del mismo.

-Humano… -eso era todo, me habían descubierto. Las alarmas sonaron con mayor intensidad si eso era posible, todo esto me estaba enloqueciendo y debilitando al mismo tiempo. Pero no podía rendirme, ellas que ahora eran mi familia esperan por mí junto a un grupo de personas que esperan vivir.

-Mátalo… -pude detectar un débil atisbo de forcejeo que detuvo mi escape.

No estaba equivocado, forcejeaba con una chica de seguro la tomó como su esclava. Estuve a punto de dejarla, pero algo dentro de mí me lo impedía, no podía dejar a un lado mis creencias y mi verdadero ser.

Sin pensarlo disparé hacia el grupo de personas, ya estaba aturdido y mi pecho quemaba como el mismo infierno. Pude detectar la sorpresa en sus ojos, de seguro no se esperaban a un humano con armas digitales. Me acerqué a la chica que me observaba aterrorizada, no podía culparla. Mi aspecto era mil veces parecido a un Korvens que a un humano.

La alcé sobre mis hombros antes de correr, ya mi vista estaba fallando por falta de oxigeno puro. Podía escuchar los disparos de ambos lados y eso fue todo, la oscuridad se apoderó de mí.

-¿Crees que mejore? Inhalo 97% de veneno, por poco lo perdemos –podía escuchar los sollozos de Casey, había aprendido a quererla, era más un sentimiento de hermandad que otra cosa.

-Estará bien, solo está dormido y pronto despertara. Es más no me extrañaría que en estos momentos nos está escuchando… -esa era Aien, me conocía tan bien que a veces deseaba matarla. Dibuje una sonrisa y sin poderlo evitar comencé a reírme. –Te lo dije.

-Oh Dios, ¿te encuentras bien? –preguntó alarmada. A veces podía sacarme de quicio, no me malinterpreten, la quiero pero era estresante tanta atención.

-Sí, no te preocupes. Para la próxima tenemos que movernos con mayor cautela –susurré incorporándome del duro y frio concreto. -¿Dónde estamos?

-En Toronto o lo que queda de este lugar –dijo Samara acercándose a mí. –Cuando te recuperes tienes que ver algo.

-¿Cuántos? –pregunté con ansiedad, tenía que saber si nuestro sacrificio no fue en vano.

-Quince cuando mucho más la chica que trajiste. Nos diste un susto monumental, Fred, casi entras en coma –no pude evitar sorprenderme ante sus palabras ¿Coma? Diablos me sobrepase está vez. –Tienes una semana dormido, una semana que no sabemos si en estos momentos nos están acechando.

No le respondí, solo hice lo que me estaba pidiendo. Accedí a la red de los Korvens, estaban 1900 Km de nuestra posición y ni siquiera se acercaban un poco, estamos a salvo por los momentos.

Camine por el campamento improvisado, ninguno de los nuevos se atrevía a mirarme a los ojos, de seguro pensaban que yo era uno de ellos.

-Es fácil, ¿ves? Súper compatible con estas lentillas, puedo decirle a Fred que te ayude a manejarlo –dijo Aien con una sonrisa en el rostro.

La chica solo asintió y fijo su mirada en el suelo. Puedo decir con toda confianza que sé cómo se siente. Sé cómo es ser invadido lentamente por el ADN, sé que es sentirse sucio.

-Hola, ¿Digital? Por lo menos no estoy solo en eso –bromeé más para mí que para ella.

-Qué sabes tú… -espetó con ira. Sí, era tan familiar.

-Más de lo que quiero. ¿Cómo te llamas? –pregunté curioso. Ella no respondió lo cual era lógico así que decidí revelar mi nombre para ver si funcionaba un poco de confianza. –Bueno, mi nombre es Freddie Benson, pero aquí todo me dicen Fred.

-¿Freddie Benson? –su respiración se aceleró y gruesas lágrimas caían por sus mejillas. -¿Fredward?

-¿Cómo sabes mi nombre? –Mi voz se había perdido por completo.

-Soy… Carly. Oh por Dios… estás vivo –gritó alegre y abrazándome.

Mi mente estaba en blanco, trataba de poner todo en orden. Carly estaba viva y estaba junto a mí… ella no murió… viva. Tarde varios segundos en notar sus sollozos y los míos, sus brazos rodeaban mi cuello con fuerza y los míos su cintura.

-Freddie… -dijo mientras tomaba mi rostro entre sus manos. –Estaba muerta hasta hoy, pensé que todo estaba perdido… estás vivo. Dos años Freddie, dos años sola en esa cárcel esperando mi turno para morir. –Carly sollozaba cada vez más fuerte y yo trataba de consolarla.

-¿Spencer? –Tenía miedo de saber su respuesta.

-No lo sé… estaba en batidos locos y todo se volvió oscuro. Cuando desperté estaba encerrada en un camión con varias mujeres, el resto puedes imaginarlo –susurró derramando varias lágrimas. -¿Y Sam? ¿Está contigo?

La garganta se me cerró y pude sentir la herida en mi corazón abriéndose nuevamente, esto fue más de lo que pude soportar.

-Carly… la perdí, no pude cuidarla –lloré como nunca lo había hecho, el aire me faltaba y los sonidos lastimeros que salían de mi boca se hacían cada vez más fuertes. Sentí sus brazos alrededor de mi cuello y sus lágrimas en mi hombro