Capitulo 4
Casey
¡Maldita sea! ¿Qué rayos pasaba con ese hombre para que se arriesgara de esa manera? No solo estaba inhalando ese veneno infernal sino que se estaba arriesgando por alguien que no conocía. Lo sé, ese era parte de nuestro plan, salvar personas y todo aquello… pero ¿Por qué tenía que ser tan testarudo? Lo vi correr cargando a la chica, él estaba muy pálido y agotado, podía notarse a simple vista.
-Se va a desmayar, tenemos que ayudarlo –advertí mientras leía sus signos vitales. Él moriría si no se purificaba su sangre.
Aien y Samara fueron por él mientras yo cuidaba a esas personas que ni conocía y ni siquiera me importaban. Parecía algo egoísta mi pensar, pero era cierto. Escuché disparos y gritos a la distancia, era imposible no temer por ellos.
-Enciende la camioneta, es hora de irnos… -gritó Aien acercándose con una chica. Por su vestimenta supe que era una esclava sexual o iba a serlo.
Hice lo que me ordenaron y en el momento exacto que Fred, Samara y Aien se montaron me olvide de la seguridad, y de todas esas personas que estaban con nosotros. Si nada de esto hubiera ocurrido de seguro tendría a miles de policías persiguiéndome, la velocidad que llevaba era un delito en cualquier parte del mundo.
Viajamos por horas hasta llegar a una ciudad olvidada, había escombros y todo eso, pero no había signos de vida humana.
-Es seguro aquí, ¿Cómo sigue? –pregunté temerosa.
-Muy mal, me ha costado mucho mantenerlo estable –gruñó Aien con impotencia.
Todo era culpa de esa chica, esa mujer estúpida que ahora dormía profundamente.
-Es un estúpido –susurré con ira antes de desaparecer entre los escombros.
Así pasaron los días y él aun no reaccionaba. Me obligaron a prestarle alguna de mis posesiones a la nueva, no quería pero tampoco podía negarme. Una noche, me acerqué al lugar donde Fred se encontraba. Estaba acostado bajo una camilla improvisada y su rostro mostraba una paz que nunca había visto en él.
-¿Crees que mejore? Inhalo 97% de veneno, por poco lo perdemos –no pude evitar sollozar, maldición este hombre me iba a volver loca.
-Estará bien, solo está dormido y pronto despertara. Es más no me extrañaría que en estos momentos nos está escuchando… -Fred comenzó a reír y mi corazón a latir rápidamente-. Te lo dije.
No pude evitar abrazarlo y preguntarle si estaba bien. El me otorgó una vaga respuesta que logró molestarme, ¿Cuándo se daría cuenta que me interesaba y mucho? Tal vez no estaba siendo clara en mis mensajes, pero este hombre podía ser ciego a veces. Lo observé moviendo sus ojos de forma irregular, estaba entrando en su red, ese lugar peligroso que podía delatarnos pero que solo él podía controlar.
Se levantó y lo seguí, no podía estar del todo bien cuando sus signos vitales me demostraban lo contrario. Estaba deshidratado y algo anémico, eso se lo otorgo a la falta de comida. Fred se acercó a la tonta por la que casi muere, al ver cómo le contestaba a sus preguntas no lo soporte, me giré y comencé a explorar el sitio.
Aunque ya lo conocía como la palma de mi mano no me iba a quedar allí a ver como lo maltrataba. Me deje caer en uno de los escombros a muchos metros de distancia para luego cerrar mis ojos. Cuando lo vi por primera vez me pareció un chico interesante y hasta probablemente me atraía más como un hermano que como hombre. Sin embargo, su cuerpo se desarrollo a niveles inimaginables, tenía ese porte tan dominante y sus músculos que hacían perder la cabeza de cualquier mujer.
Estoy segura que Samara fantaseo varias veces cuando él estaba bajo la ducha, puedo asegurar que lo deseo tanto como yo lo deseé y aun lo hago. No descansaré hasta que Fred se fije en mí, él será mío.
Fin Casey POV
Carly
Estaba soñando, esto tenía que ser una maldita pesadilla. No solo me tienen atrapada en este lugar sino que me asignan a un jodido primero para ser su esclava sexual. Me bañaron y vistieron a la fuerza, dos años esperando la muerte para terminar así, esto tenía que ser una broma.
Mi custodia me obligó a entrar en una de las habitaciones más sombrías y macabras que pude ver en mi vida. Las paredes estaban pintadas de un tono rojo sangre y mantenía como trofeos pedazos de piel. Podía sentir como mi estomago quería expulsar toda su contenido o la falta del mismo ya que no recordaba cuando fue mi última comida.
Me concentre en los movimientos del primero, estaba estudiándome y al parecer le gustaba lo que estaba viendo. Sabía por boca de otras mujeres que ellos eran capaz de proporcionar un placer inimaginable, pero yo no quería siquiera probar de eso. No quería perder mi virginidad con uno de ellos, era asqueroso.
Cuando sentí su mano en mi hombro no pude evitar alarmarme, pero su tarea no iba a ser fácil. Si estaba en mis manos me negaría hasta que no pudiera mover un musculo más. Sin embargo, escuchamos el accionar de las alarmas, había rebeldes y eso en parte me aliviaba.
Su mano tomó un puñado de mi cabello y me arrastró con él escaleras abajo. No era para nada amable, me trataba como un objeto y eso me daba mucho que pensar con respecto a mi futuro. Su agarré se hizo insoportable mientras él se retorcía de dolor, ¿Qué rayos pasaba con estas cosas? No podía llamarlos de otra forma.
-Aseguren las salidas, no se escaparan está vez… -su voz era ronca y algo acida lo que hablaba mucho de su personalidad.
Me arrastró sin miramientos hasta el lobby de ese edificio, era la primera vez en dos años que salía de esa jaula y solo deseaba que todo terminara.
-Humano… -lo escuché gritar. Mi pecho ardía a causa del veneno, esta cosa no solo quería torturarme también deseaba matarme si seguía aquí. Comencé a retorcerme y forcejear, si tenía una oportunidad de escapar este era el momento. –Mátalo… -volvió a gritar agitado y lo escuché reírse mientras se acercaba a mi odio y susurraba –Me proporcionaras mucho placer humana…
Una luz salió de la nada e impacto justamente en el hombro del primero, esa era mi oportunidad. Entonces lo vi, otra de esas cosas me tomaba por la cintura, me estaban secuestrando nuevamente. Su respiración se hizo cada vez más sonora y una fuerte tos lo atacó, era lo más parecido a una infección en los pulmones. Me pregunto ¿cómo estas cosas pueden enfermarse si son inmunes al veneno?
No habían pasado treinta segundos cuando mi cuerpo impacto contra el suelo y otros se acercaban. Disparaban tanto que aturdía, sentí a una de ellas levantándome y empujando mi cuerpo hacia una camioneta mientras la otra traía, con mucho esfuerzo, el cuerpo inerte de esa cosa. Ew, ¿Estaba muerto?
-¿Cómo te llamas? –preguntó una de ellas, no estaba de ánimos para responder algo tan básico e inservible si de igual forma me iban a matar.
Me alimentaron y vistieron. Después de una semana entendí que solo querían salvarnos de ese lugar y no sé porqué me sentí decepcionada. La verdad es que yo solo quería morir, no sabía nada de mi hermano y mi padre, ellos seguramente estaban muertos, mis mejores amigos estaban en Bushwell Plaza y eso quedo totalmente destruido.
-Disculpa, pequeña. Me gustaría hacerte unas pruebas –miré a la Korvens con recelo, ¿Qué clase de prueba?-. No te preocupes, solo quiero saber que armamento puedes llevar.
Comenzó a escanear mi cuerpo con sus ojos, al parecer ella era una especie de doctora o científico. La vi sonreír emocionada y luego mirarme a los ojos.
-Hermoso color de ojos, lástima que ya no podrán disfrutar de ellos –sus palabras me alarmaron, ¿me iba a sacar los ojos o qué?-. Te he dicho que no te preocupes, ¿vale? Este dispositivo de acá tiene las lentillas que harán tus ojos violáceos. La habilidad que te otorgaré solo lo tiene uno de los nuestros y tener a otro pues, ayuda –dijo encogiendo sus hombros.
Se acercó a mí y examinó mis ojos antes de verter dos pequeñas gotas, una en cada ojo. La sensación era extraña y sumamente inquietante, esto era lo más parecido a gotas de limón en tus ojos que lentamente se esparcen por todo tu cuerpo.
-Es fácil, ¿ves? Súper compatible con estas lentillas, puedo decirle a Fred que te ayude a manejarlo –dijo ella con una sonrisa en el rostro.
-Hola, ¿Digital? Por lo menos no estoy solo en eso –Ja, que gracia. ¿Desde cuándo estas cosas tienen sentido del humor?
-¿Qué sabes tú? –escupí con ira, no me iba a dejar de uno de ellos.
-Más de lo que quiero. ¿Cómo te llamas? –preguntó, es un estúpido si piensa que contestaré a su pregunta. –Bueno, mi nombre es Freddie Benson, pero aquí todo me dicen Fred.
Mi respiración se detuvo, ¿Freddie Benson? No podía ser una coincidencia, tenía que ser él.
-¿Fredward? –pregunté esta vez con más fuerza en mi voz.
-¿Cómo sabes mi nombre? –la sonrisa que mantenía momentos atrás se borró por completo.
"Oh Dios, es él…" chillé internamente.
-Soy… Carly. Oh por Dios… estás vivo –grité abrazándolo con fuerza.
Las lágrimas se acumularon en mis ojos y deje fluir todo el dolor de la perdida en ese abrazo. Ya no estaba sola repetía una y otra vez en mi mente. Mis sollozos llamaron la atención de todos en especial a ellas, las chicas que nos habían rescatado.
-Freddie… -dije mientras acunaba su rostro entre mis manos. –Estaba muerta hasta hoy, pensé que todo estaba perdido… estás vivo. Dos años Freddie, dos años sola en esa cárcel esperando mi turno para morir. –No pude contener mis sollozos y solo pude sentir sus brazos rodeando mi cuerpo.
-¿Spencer? –preguntó con temor.
-No lo sé… estaba en batidos locos y todo se volvió oscuro. Cuando desperté estaba encerrada en un camión con varias mujeres, el resto puedes imaginarlo –susurré-. ¿Y Sam? ¿Está contigo?
-Carly… la perdí, no pude cuidarla –mi corazón se detuvo. Mi mejor amiga, mi hermana había muerto y él estaba sufriendo aun por su perdida. Malditos Korvens que se atravesaron en nuestro camino. En ese momento lo abracé era lo único que podía hacer, su dolor no se compararía nunca con el mío.
No sé cuantas horas estuvimos en esa posición, abrazados. Lo vi caer en un sueño profundo y tranquilo, la verdad es que no estaba segura si eran constantes estos descansos. Sus ojos tenían pequeñas bolsas, eso significaba una cosa, falta de sueño.
-Disculpa, ¿puedo preguntarte algo? –la que me había dado las lentillas habló. -¿Quién eres?
-Mi nombre es Carly –mi voz salió ronca y un poco quebrada.
-Sí, ya sé quién eres. Él nos ha contado mucho sobre ti, eres como su hermana. –Asentí ante su afirmación. –Es bueno para él saber que no está solo y para ti también. Mi nombre es Aien y estoy aquí para ayudar, no soy enemiga.
-¿Sabes que tardaré mucho en confiar en ti? –espeté sin emoción alguna.
-No esperaba más. Él tardo casi dos años en confiar en mí, él es lo más cercano a una familia como ustedes dicen… Descansa, mañana entrenaras junto a Fred…
-Su nombre es Freddie –corregí de inmediato.
-Él prefiere ser llamado Fred, dice que su antiguo yo murió… -baje mi rostro y observé el suyo.
-¿Cuánto has sufrido, Freddie Benson? –susurré antes de caer en un profundo sueño.
