Capitulo 5
Freddie
"Desperté y estaba de nuevo en mi habitación, todo estaba como antes. ¿Había posibilidades de que todo fuera un sueño? Pues todo indicaba que estaba en lo correcto. El olor a tocino y huevos despertó en mí un apetito voraz, no puedo imaginar un día sin mi madre. Me duché y me vestí rápidamente antes de ir a la cocina donde se encontraba mi madre. Se le escuchaba feliz y de buen humor.
-Hola, osito, te hice tu desayuno favorito –saludo besando mi frente.
-Mamá, no sabes lo bien que se siente verte –dije abrazándola, contento de que todo eso era una simple pesadilla.
-Estás muy cariñoso hoy, ¿Estás preparado para esta noche? –preguntó contenta por el cariño y los nervios regresaron a mí de golpe. –Tranquilo, no recibirás un no por respuesta. Eres un chico muy inteligente y caballero, te enseñé bien y no hay forma que ella te rechace. Ella te ama, lo sé… -sus palabras me tranquilizaron.
-Eso espero… -susurré aun envuelto entre sus brazos.
Pasé todo el día arreglando el apartamento, todo tenía que ser perfecto. El camino de flores hasta la escalera de emergencias. Todo sucedió tal cual como lo había imaginado, la llevé a cenar a uno de los mejores restaurantes de Seattle, luego subimos a la azotea donde tuvimos nuestro pequeño picnic.
-Sam, ¿Quieres un chocolate? –ella sonrió emocionada cuando deje al descubierto la caja de bombones, eran sus chocolates favoritos. –Aquí tienes, solo come con cuidado… -me sentía nervioso.
Esperé varios minutos hasta que una sonrisa triste apareció en sus labios, toda la felicidad que sentía se evaporó al ver su rostro.
-Como quisiera decir que sí… -susurró con voz de ultratumba.
-Pero…
-Como quisiera decir que sí… -repitió con el mismo tono mientras sus ojos perdían ese brillo especial.
Ella repitió la frase muchas veces mientras su cuerpo desaparecía entre pequeños hilos negros. El color desapareció dando paso a un grisáceo y espeluznante ambiente. El rostro de Sam dejo de ser y pronto se vio cubierto por hebras de cabello blanco y rubio.
-Como quisiera decir que sí… pero estoy muerta… -al escuchar las últimas palabras no pude evitar gritar. Sus palabras se repetían una y otra vez llevándome a la locura hasta que…"
-Freddie, despierta –la voz de una mujer me envió de vuelta a la realidad.
-¿Carly? –pregunté con voz ronca.
-Solo fue un sueño. Tranquilo, estoy aquí –sus brazos me rodearon y la más cruel desesperanza se apoderó de mí.
Esto tenía que ser un maldito sueño. Por primera vez en mucho tiempo sentí el deseo de morir. Por ese motivo no dormía, esos sueños me atormentaban cada vez más. Me enloquecían.
-Sí… solo fue… -las sirenas de los Korvens resonaron por todo el lugar, nos habían encontrado. –No puede ser… Aien, Samara, Casey… -grité fuerte y claro.
-Aquí estamos, ¿Cómo nos consiguieron? –gritó Aien mientras ayudaba a dos chicos a subir a la camioneta.
-No lo sé… -grité como respuesta. Podía sentir como el veneno entraba en mi sistema, quemaba, pero extrañamente está vez era menor el dolor. –Casey, ayuda a Carly a…
-Que se ayude sola… -dijo pisando el acelerador. Mi cuerpo se tensó cuando vi la silueta de Carly cada vez más lejos.
No quise pensar, solo actué. Me dejé caer de la camioneta mientras escuchaba los gritos de Carly que se acercaba a toda velocidad. No había tiempo para examinar mis heridas, teníamos que escapar ahora o moriríamos. Busqué las luces traseras de la camioneta y corrí hacia ellas mientras sujetaba la mano de Carly con fuerza.
Cuando entramos en la camioneta un silencio sepulcral se apodero de todos, la tensión era palpable y lo que menos quería hacer era hablar. Busqué en el sistema algo que me indicara la falla, pero no tuve éxito. Pasaban las horas y nadie se atrevía a hablar.
-Las lentillas funcionan a base de pensamientos e impulsos que tu cerebro envía. ¿Deseas moverlo? Solo hazlo, manda la orden y hazlo. –le expliqué de forma sencilla.
-Marea un poco… -susurró cohibida.
-Lo sé, pero es más fácil de lo que parece. Tienes acceso a cualquier arma o sistema existente, es sencillo, lo harás bien –dije dibujando una sonrisa en los labios que me fue correspondida inmediatamente.
Dejamos atrás la devastación de Toronto y entramos a un nuevo territorio, estaba desierto. Podía ver la preocupación en la mayoría de los rostros, pero no había porque preocuparse, estaban muy lejos de aquí. Cuando la camioneta se detuvo y el campamento estuvo listo, mi cuerpo fue invadido por la ira.
-¿Por qué? –pregunté conteniéndome.
-¿Ah? –respondió Carly confundida.
-¿Por qué, Casey? –pregunté nuevamente, está vez mi tono de voz subió mucho.
-No entiendo lo…
-Cállate si no quieres que lo haga yo. Estuve cerca de perderla y tú estás tranquila, eres una maldita… no me provoques… -me giré sobre mis talones para luego desaparecer de ese lugar. Necesitaba respirar.
Sin proponérmelo, los recuerdos de ese sueño golpearon mis pensamientos y mi ser. Las lágrimas corrieron por mis mejillas, hundí mi cabeza entre mis piernas para ahogar mis sollozos.
-Aun te amo… ¿Por qué te fuiste? –dije entre sollozos.
Aun la amo, nunca dejaré de hacerlo…
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