Capitulo 6
Casey

Esa estúpida me las iba a pagar, por su culpa Fred me odiaba. Pero no me iba a ganar la batalla, él será mío y haré lo posible para que olvide a esa estúpida. ¿Qué creía? Ya estaba muerta, tenía que superarlo la vida es corta. Busqué entre mis cosas el ilusionador, es una pequeña botella que olía asquerosamente bien. Se la robe a Aien cuando supe los efectos de la misma, me rocié un poco por todo mi cuerpo, esta noche él sería mío.

Los efectos secundarios eran los mismos de una droga, atacaba la parte más sensible de tu cerebro y estoy segura que lograré persuadirlo.

Esperé a que todos se durmieran o al menos la mayoría para escabullirme dentro de un local que aun estaba en pie, lo utilizamos como baño y sabía que él estaba allí. Cuando entré lo vi, era un Dios personificado y sería todo mío. Su cuerpo desnudo era perfecto, su piel blanca con esos pequeños toques de color bronce a causa del sol resaltaban su musculatura. No era mucha pero si lo suficiente para hacerme babear e imaginarlo encima de mí.

Me quité toda la ropa antes de entrar a la ducha con él.

-Hola… -susurré seductoramente mordiendo el lóbulo de la oreja con fuerza.

-Sam… -gimió con fuerza. Había funcionado, el maldito líquido funcionaba.

Bese su cuello lentamente disfrutando de cada pedazo de piel disponible. Mi mano buscó instintivamente su miembro ya duro y listo para mí. Era imposible no sentirme excitada y decepcionada al mismo tiempo, él la deseaba a ella y no a mí. Sin embargo, no me importó.

Busqué a tientas sus hermosos labios y los ataqué con furia. Hace meses que deseaba tocarlo, sentir su calor. Me alzó entre sus brazos y me arrinconó mientras atacaba mi cuello. Su toqué era exquisito, podía sentir su miembro presionando mi cuerpo, esto iba a ser bueno.

-Te doy veinte segundos para largarte -me tensé ante sus palabras. –Lograste engañarme por varios minutos…

-¿Cómo lo supiste? –dije mientras buscaba mi ropa esparcida en el suelo.

-Ella está muerta… -susurró con la cabeza apoyada en la pared.

-Pero…

-Lárgate o te mato maldita zorra. Primero intentaste dejar a Carly y ahora me tratas de engañar. ¿Qué quieres? –Me tomó a la fuerza y me ubicó bajo su cuerpo, podía sentir como las lágrimas se acumulaban en mis ojos y mi corazón se aceleraba. -¿Quieres que te haga mía sin piedad? –sus lengua hacia un recorrido por mis pechos y eso fue todo para mí, estaba excitada.

Su boca atacó la mía y pude sentir mi sangre, pero no me importó esto era el cielo. Su cabello mojado caía de forma sexy sobre su frente y sus manos recorrían con rudeza mi cuerpo.

-¿Eso es lo que quieres? –gruñó fuerte al morder mi cuello.

-Sí… -gemí, creo que grité con todas mis fuerzas. Esto era condenadamente sexy.

-Pues no me tendrás. Me das asco –susurró mirándome a los ojos y sentí como mi estomago se retorcía.

Lo vi levantarse y terminar su baño ignorando mis sollozos y lanzándome miradas de desprecio de vez en cuando. ¿Qué había hecho? Me metí con lo más importante de su vida y me burlé de él de una forma cruel y despiadada. Me merecía todo esto y más. No me di cuenta cuando salió del lugar dejándome sola. Abracé mis piernas y me deje llevar por el dolor, "esa no es la forma de llegar al corazón de un hombre herido…" escuché una vocecilla en mi mente.

-Casey, vístete. Partiremos en veinte minutos –dijo Aien con un tono duro y autoritario. Ya nada quedaba de ese trato sutil y piadoso hacia mí-. Me has decepcionado, quiero que me regreses esa droga o me conocerás realmente.

No respondí, había recibido muy bien su mensaje. Me sequé y vestí rápidamente, pero ahora faltaba lo más importante. ¿Cómo iba a salir? ¿Cómo iba a mirarlo a los ojos después de esto? Nuevas lágrimas se acumularon en mi rostro y los temblores se incrementaron.

-Solo tienes que calmarte –escuché la voz de ella. –Está molesto, mucho diría yo. Pero si haces las cosas bien puedes ganarte su confianza de nuevo, la de todos.

-¿Por qué me ayudas? –gruñí.

-Eres tan solo una adolescente, perdiste a tus padres y todo lo que conoces. Nadie se ha acercado a ti lo suficiente como para enseñarte lo que es bueno o no. Fred te apoyo y supongo que fue tan ciego como para no notar tu atracción hacia él.

-¿Cómo lo conoces tanto? –la vi sonreír y suspirar.

-Es mi mejor amigo. Es el único familiar que tengo –se acercó a mí y me regaló una sonrisa. En esos momentos no sabía qué hacer, sentía un sabor amargo en mi boca y más lágrimas si eso era posible. –Solo cometiste un error, uno que esperamos no vuelvas a cometer.

-¿Cómo puedes perdonar que casi te matara? –la chica se encogió de hombros y sonrió.

-Vamos, comenzaremos de nuevo. ¿Está bien? –Asentí mientras me levantaba.

-Por cierto, me llamo Carly –suspiró al decir su nombre. –Puedes decirme Amy.

-¿Por qué? –ella era extraña, ¿Quién quiere cambiar su nombre?

-Carly no tiene familia, todos murieron –susurró mientras caminaba hacia la camioneta. –Amy tampoco, pero ese era el nombre de mi madre y quiero honrarla.

Me sentí muy mal por tratarla como lo hice.

-Fred, podemos viajar hacia el Sur. Está despejado y creo que hay algo interesante que deberías ver –informó moviendo sus ojos rápidamente, ya había controlado el funcionamiento de las lentillas.

-Muy bien –se limitó a responder. Me estremecí antes de acercarme.

-Fred… -no respondió y no esperaba otra cosa de él. –Solo quiero disculparme, entenderé si no me hablas. Cometí un error –me mordí la lengua, no iba a llorar, ya no.

Me giré para luego sentarme junto a Carly que me miraba sonriente. "Esa es mi chica" me susurró al oído y no pude evitar sonreír, que equivocada estaba.

-Carly… -susurré bajo, solo quería que ella me escuchara. –Yo di la alarma, yo los atraje.

Su cuerpo se tensó para luego relajarse un poco.

-Entonces tenemos un secreto. No te equivoques, no suelo dar terceras oportunidades –me advirtió y asentí antes de caer en un profundo sueño.