Capitulo 8

Puedo decir con toda certeza que odiaba mi nueva vida, mi cabeza dolía horrible y había perdido el 30% de la audición. Esas malditas explosiones me dejaron en un coma profundo y ahora solo estaba segura de una cosa, quería morir. Me levanté de esa estúpida camilla y observé a todos los doctores y enfermeras caminar de un lado al otro. ¿Dónde estaba y quien se había atrevido a salvarme?

-Sabes que fue estúpido lo que hiciste allá afuera –espetó sin emoción alguna Yuri y solo pude gruñir una respuesta. –No puedes estar abusando cada vez que veas a uno de los nuestros, eres jodidamente fuerte pero nosotros somos más fuertes que tú, entiéndelo.

-¿Lo que no entiendo es porque no me dejas morir de una vez? No quiero ser un maldito primero, ni siquiera soy buena fingiendo y para completar me otorgas algo que no domino –grité llamando la atención de todos.

-Muy bien, Sabrina, la cosa es así. Puedes querer morir, tus razones tendrás y no nos importa ¿cierto? –dijo León fijando su mirada en Yuri que se encogió de hombros. –Eres un elemento fuerte acá y para que tus lentillas funcionen tienes que confiar en ellas como otra parte de tu cuerpo. Es una maldita memoria, tu segundo cerebro y tienes que darle toda la información. No lo diré otra vez.

Por mi podía irse al infierno León. Me quité la horrorosa bata de hospital y salí de allí sin decir palabra alguna. Desperté de un coma hace seis meses, al principio no podía caminar y tampoco hablar. Al principio me desesperé por saber donde me encontraba y quien era. Ese era otro detalle, no tenía ni la más puta idea de cuál era mi pasado.

-Dios, mi cabeza va a reventar… -tenía que parar de pensar, pero no podía siempre tenía las mismas imágenes en mi cabeza pero sin sonido. Podía ver a personas hablar conmigo y no escucharlas, eso era frustrante.

-¿Cuándo aprenderás a quedarte y terminar el tratamiento? –dijo Yuri preocupada.

-Cuando sea legal matar a un Korvens por el culo –su cara se transformó, no había ira y tampoco se le veía ofendida. Ella estaba aguantando las ganas de reír.

-Eres difícil y algo sádica al tener esos pensamientos.

-Tranquila, si eso pasa tu vivirás para reírte de ellos –dije masajeando mi cabeza, podía sentir el calor por todo mi cuerpo.

-¿Aun nada? –preguntó Verónica, una de las chicas que había encontrado mi cuerpo.

-Oh sí, recordé que mi nombre es Jacqueline y que era tu vecina –exclamé con sorna. Ella solo negó con la cabeza y se sentó a mi lado.

-Puedes ahuyentar a todos pero a mí no –era cierto, insultaba y lastimaba a todos a mí alrededor pero ella seguía a mi lado. –No fuerces tu cerebro, puedes recordar eso es solo una traba a superar.

-Ese es el detalle, no puedo ya ni sé cómo recuperar la memoria. Son seis meses y es estresante. Me siento como un artefacto inservible…

-¿Cómo se siente un artefacto inservible? –preguntó Yuri entre risas.

-Inservible y olvidado –respondí de forma natural. Escuche sus risas, pero las ignoré.

Me llevé la mano al cuello donde reposaba una improvisada cadena con dos cosas importantes. Sabía que eran importantes porque cuando las veía mi corazón se derretía. De pronto el dolor de cabeza aumento y no pude evitar gritar. Era insoportable el malestar que me causaba, me arrastré un poco hacia un bote de basura y comencé a vomitar, esto era desagradable y el dolor no hacía más que aumentar.

-No puedo… -susurré antes de caer en la inconsciencia.

¿Cuánto tiempo dormí? No lo sabía pero volví a despertar en la insípida cama de hospital, sin embargo, el dolor de cabeza había desaparecido. Mis ojos divisaron un punto llamativo en mis manos, algo faltaba.

-Nos diste un susto tremendo, Sabrina –gritó León acercándose a mí.

Decidí ignorarlo, tenía un mundo de información en mi cabeza. Podía ver mapas, ver los lugares invadidos por Korvens y sobre todo pude ver un grupo extraño dirigiéndose hacia nosotros.

-¿Me vas a escuchar o pretenderás ignorarme siempre? –lo miré a los ojos y pude ver como cada musculo de su cuerpo se tensaba. –Tus ojos -susurró.

-Se acerca un grupo numeroso de personas o Korvenianos, no lo sé. Tenemos que estar preparados. –Dije mirándolo fijamente, no había una gota de vacilación en mi voz. –No me digas Sabrina, yo soy…

Freddie
Había dejado de manejar, Aien insistía que me veía agotado pero estaba equivocada. Mis ojos quedaron fijos en el cielo rojo, desde la invasión las noches y los días eran iguales. Se había borrado del cielo las estrellas, el sol y la luna; se había borrado todo lo hermoso al igual que mi vida.

-¿En qué piensas? –preguntó Carly que estaba acostada en mis piernas.

-En las cosas que hemos perdido como el sol, las estrellas, todo… -susurré buscando su mirada. -¿Tienes algo que decirme?

Se sonrojó adorablemente y esquivó mi mirada.

-Te he visto, te gusta –susurré divertido.

-¿Cuenta enamorarse cuando no tienes esperanzas? –entendía a la perfección sus palabras.

-Pero enamorarse es tener esperanzas, Carls, aun tienes esperanzas… no como yo –susurré abatido.

Mis ojos se llenaron de lágrimas que traté de ocultar. Carly se acercó y me abrazó con fuerzas, eso logró hacerme sentir peor, no quería llorar.

-También encontraras esperanzas, Freddie, tengo fe de que así será –yo negué con la cabeza secando las lagrimas de mis ojos.

-Ya nada puede devolvérmela, ya no tengo esperanzas solo ansias de morir…