Capitulo 3: Reencuentro.
- Por favor, ¡Déjeme unirme al coro escolar! –suplicó una niña de ocho años de edad.
- Lo siento, Hatsune-san, pero como ya se lo he dicho, por política de la institución debe ser al menos alumno de secundaria para poder inscribirse.
- ¡Pero falta mucho tiempo para que ocurra eso! ¿No podía hacer una excepción, sólo por esta vez? –rogó con ojos de perrito.
- Me temo que no, señorita Hatsune, y por favor no vuelva mañana a seguir insistiendo –dijo la profesora antes de marcharse con paso firme.
- Pero… sólo quiero cantar… -dijo con un triste tono de voz.
- Es porque tu voz madura cuando creces –dijo una voz femenina a su espalda que provenía del auditorio, donde se realizaban las prácticas del coro- no te preocupes, de seguro podrás entrar al coro antes de que te des cuenta.
Miku se dio vuelta y se encontró con la persona de la que provenía aquella bella voz. Era una chica de unos catorce años de edad que se encontraba sonriéndole, con los ojos de un color similar a los de ella misma, y con una larga y rosada cabellera. Miku se sintió repentinamente nerviosa, esa chica era realmente hermosa, nunca había visto a una persona con facciones tan perfectas como las de esa muchacha. De repente ella se acercó y movió suavemente con sus dedos un mechón de su flequillo que estaba sobre sus ojos.
- No te preocupes por la maestra, es un poco exigente, pero no dejes que te afecte –dijo mientras retiraba su mano de la frente de la niña- tienes un cabello de un color muy especial, ¿sabías? –mencionó como cumplido con una dulce sonrisa en su rostro.
- T-también lo es el cabello de onee-sama –dijo tartamudeando levemente la pequeña.
- Jajaja, puede ser cierto –dijo con modestia la chica – Bueno, te espero entonces para cuando puedas entrar en el coro de la escuela, ¡No te desanimes! -la motivó antes de desaparecer de la vista de Miku.
Miku se quedó unos segundos parada en el mismo lugar con los ojos muy abiertos y enfocados en la dirección en la que la chica se había marchado. "Parecía un ángel" pensó.
Cuando por fin llegó el día en el que Hatsune Miku entró a la secundaria, la hermosa chica que había conocido hace cuatro años atrás se graduaba de preparatoria. Había mucha diferencia de edad, por lo que no les tocó en grupos juntas. Solamente una duda rondaba en el cerebro de Miku desde que conoció aquella figura celestial, y que siempre la asaltaba incluso después de su graduación, y esa duda era el enigmático nombre de la chica de cabellos rosados, el cual nunca supo.
Miku ya entraba a segundo de preparatoria, con sus dieciséis años cumplidos.
Se dirigía hacia su salón cuando creyó ver por vista periférica una silueta rosada.
- ¿Qué?...
Rápidamente se dio vuelta para ver que había sido lo que pasó por ahí, pero no encontró absolutamente nada fuera de lo normal, más que el alboroto por parte de los estudiantes que buscaban que clase se les había asignado.
"Debe ser mi imaginación", pensó Miku. Sin darle mayor importancia continuó su camino hasta llegar su nuevo salón.
Como los primeros asientos ya se encontraban ocupados, se sentó en la segunda fila. No sabía si era su imaginación, pero sentía que la estaban observando, y cuando se daba vuelta para comprobar sus sospechas todos cambiaban de posición. Precisamente, Hatsune Miku no pasaba desapercibida, dejando de lado el hecho de que su cabello turquesa verdoso casi alcanzaba el suelo cuando estaba sentada, considerando que siempre lo llevaba recogido en dos altas coletas como de costumbre, era la voz principal en el coro de la escuela, y siempre atraía todas las miradas de la gente. A pesar de ser consciente de ello, siempre le hacía sentir escalofríos a la chica. "A pesar de que todos me conocen, para mí son unos completos extraños", pensó Miku aún con escalofríos.
La campana sonó, y el profesor no tardó en llegar. Todos los alumnos se pusieron de pie e hicieron la reverencia. Cuando Miku levantó la mirada luego de la reverencia su corazón dio un salto estruendoso como si lo hubiesen golpeado con un gran mazo dentro de su pecho. Repentinamente su rostro ardía, y su pulso pareció volver pero con una velocidad el doble de lo normal. No, no estaba loca, si había visto algo extraño esa mañana. Frente a ella se encontraba su mayor lamento desde hace años, una frustración por incertidumbre, una oportunidad perdida que podía recuperar, y que ahora se encontraba escrito en el pizarrón. Dichosas palabras escritas por tan delicada mano, fueron como un vaso de agua tras días de insufrible sed.
"Por fin… Megurine Luka, mejor dicho Megurine Luka-sensei". "Al fin conozco… tu nombre".
Miku no pudo evitar mostrar una amplia sonrisa ante tal satisfacción, aquello que nunca pensó que podría llegar a saber porque ya era demasiado tarde entró por la puerta y fue anotado frente a sus ojos, dejando sin habla a todo aquel que alguna vez haya dicho que las cosas no llegan por si solas.
- Buenos días a todos, mi nombre es Megurine Luka y seré su profesora tutora y de matemáticas. Pueden llamarme Luka-sensei si lo desean, pero no los presiono, puedes llamarme como mejor les acomode –dijo con una sonrisa.
Miku ya había olvidado que los ángeles podían sonreír de una manera tan hermosa, ya que la última vez que había visto la sonrisa de uno fue hace ocho largos años.
¿Pero qué rayos estaba pensando? Con la cara de un ángel o no, con una hermosa voz o no, con unas delicadas y bellas manos o no, esa señorita era ahora su profesora, y sus pensamientos podrían fácilmente ser interpretados como algo distinto a una simple admiración. "Además… ella es una mujer… una mujer al igual que yo… es extraño que tenga unos pensamientos como estos…". "Pero… ¿Por qué mi corazón no deja de latir con tanta fuerza?", pensó Miku.
- Hanagami.
- Presente.
- Hatori.
- Presente.
- Hatsune. ¿Hatsune? ¿Hatsune Miku?
- ¡Ah, ah! ¡Sí! –Pronunció Miku fuera de sí, lo que provocó que el salón estallara en carcajadas y ella se sonrojara de vergüenza- Presente… -pronunció con un sonido casi imperceptible, pero que Luka alcanzó a oír, a lo que reaccionó con una leve sonrisa.
"Así que Hatsune Miku…" pensó Luka. "Recordaba que era Hatsune, pero no sabía su primer nombre… Miku-chan". Sonrió aún más al pensar en aquello.
- Ya ya, es suficiente, ¿Puedo continuar? –dijo Luka tratando de calmar a sus nuevos estudiantes.
Luego de pasar la lista Luka se puso de pie.
- Muy bien, no perdamos más tiempo, vamos, saquen sus libros –dijo Luka de forma autoritaria.
Las matemáticas nunca habían sido el fuerte de Miku, y solía dormirse cada clase, y aquella clase, aunque demoró más tiempo, no fue la excepción.
En el sueño de Miku todo estaba muy oscuro, y la única luz mostraba una pequeña mariposa de color verde-turquesa, que revoloteaba por el aire hasta detenerse posándose sobre la palma de una bella mano con uñas de color rosa, que al momento de juntarse, ambas se consumieron en un intenso fuego, y en lugar de salir humo negro, subía un blanco vapor. Una armoniosa melodía se dejaba oír durante la escena, donde predominaba un piano, pero repentinamente fue reemplazado por el estruendoso sonido de la campana, anunciando el fin de la clase.
- Bueno, que tengan un buen día. Hatsune Miku-san, ¿Podría acompañarme por favor? –dijo Luka.
Miku se puso completamente nerviosa, su corazón se aceleró apenas Luka mencionó su nombre. "Puede ser… ¿Qué me haya reconocido?" pensó. Pero eso era imposible, ya que no había ningún motivo para que ella la recordase, sin embargo ella no podría nunca olvidar la imagen un ángel. Entonces, ¿Qué podría ser?
Ni Luka ni Miku pronunciaron una palabra durante su trayecto. Todas las posibilidades que había formulado Miku se desvanecieron cuando se detuvieron frente a la sala de detención, la cual se encontraba vacía ya que estaban en recreo. Una vez que se encontraron dentro del salón, Luka cerró la puerta.
- Sensei… -pronunció Miku rompiendo el silencio avergonzada con la vista fija al suelo.
Luka no respondió, como si no hubiese escuchado nada. Se acercó a Miku, con una mano agarró uno de sus brazos y con la otra levantó su rostro desde su mentón, acercándolo al suyo. Miku abrió los ojos de par en par, y su rostro se sonrojó de forma instantánea. Su respiración se había vuelto completamente nula, sentía como si el tiempo se hubiese detenido durante un segundo.
- No vuelvas a quedarte dormida en mi clase –pronunció Luka en un susurro.
Miku quedó petrificada con los pies pegados al suelo mientras veía a Luka darse la vuelta con disposición de marcharse.
- Nos vemos la próxima clase, Miku-chan –dijo antes de cerrar la puerta tras ella.
En cuanto Miku escuchó el sonido de la puerta al cerrarse fue como si se hubiese descongelado y por inercia dejó a su pesado cuerpo desplomarse en el suelo. Su respiración se había vuelto jadeos, la transpiración ya se había hecho presente, su rostro continuaba enrojecido. "¿Qué es esto? ¿Qué me sucede? ¿Porqué sentí… que mi corazón iba a derretirse?" pensó. Aquellos sentimientos eran mucho más intensos en comparación con la admiración de hace unos minutos.
"Pobre e ingenua niña, caí rendida a tu favor"
:D! adivinen qué? pasaba por aquí y me dí cuenta de que todos mis comentarios en este cap habían sido borrados e_e (aunque vine con intenciones de hacer unas correciones) Pero no se preocupen, seguramente no habré dicho nada importante xD Más que señalar que supongo que todos saben cual es la melodía del sueño de Miku, no? :)
Y que bueno, aunque creo ke a estas alturas de más está decirlo, el próximo capítulo se titula: "Cosas de niños" no duden en pasar a verlo!
Y bueno, recordarles la desgracia de las bananas D: asi que manden un bonito review y evitenle sufrimiento al pobre de Len, un poco de compasión xD y NUNCA es tarde para reviewiar, adoro recibir sus comentarios sea la fecha que sea :3
bye!
