Capítulo 5: Día del amor… ¿O de los enamorados?
- ¡Vamos ya! ¡Despierta de una vez! –dijo Rin destapando de golpe a su hermano gemelo.
- Hum, déjame en paz –dijo Len escondiéndose debajo de la almohada.
- Ni hablar, no quiero volver a llegar tarde –respondió la chica con determinación.
- Cinco minutos más… -rogó el rubio muchacho.
- ¡Pero si dormiste diez minutos más! ¿Tienes idea de la hora que es? Vamos, apúrate, te espero abajo para desayunar.
- Ok, ok, ¡Ya voy! –Respondió Len con cólera- ¡Jo! ¡Qué sueño! –dijo en un bostezo cuando su hermana ya había bajado.
Se levantó de mala gana y se lavó la cara en el baño. "Rayos, otro grano" pensó Len cuando levantó el rostro mirándose en el espejo. Por suerte estaba en su frente, por lo que lo podía ocultar fácilmente entre su cabello, tomó un peine y se peinó como de costumbre. Una vez vestido, tomó a toda prisa un elástico para su cabello, y mientras bajaba las escaleras se armó su coleta alta de siempre.
- Oh, hiciste huevos, gracias –dijo Len al momento de morder una tostada tomando asiento frente a su hermana.
- Cielos –respondió ella molesta- tienes catorce años y aún no puedes levantarte por ti sólo.
- Lo siento, mi despertador no sonó.
- ¡Pero si sonó! ¡Sonó durante mucho rato! –protestó Rin.
- … ¿En serio? –preguntó Len realmente sorprendido.
- Dios, eres incorregible.
El adolescente se atoró de repente.
- Rayos, se te han quemado los huevos, están horribles –mencionó bebiendo un vaso de jugo de naranja.
- Hum, que maleducado –dijo Rin evidentemente molesta- deberías ser más agradecido.
- ¡Oh! ¡Ya es tarde! ¡Me voy! –gritó Len levantándose a toda prisa de su asiento y dirigiéndose hacia la entrada para ponerse sus zapatos.
- ¡Ah! ¡Yo también! –exclamó Rin e imitó a su gemelo.
De camino a la escuela pasaron por un almacén por fuera. Éste estaba decoradísimo de muchos corazones, lleno de rosado y rojo, de cupidos colgando desde el techo.
- Que raro, ¿Por qué estará todo de rosado? –preguntó Rin.
-Tonta, mañana es el día de San Valentín, ¿En qué mundo vives? –dijo Len tomándole el pelo.
Rin puso cara de falsa molestia que cambió rápidamente por duda.
- San Valentín… ¿El día de los chocolates?
- Originalmente el día de los enamorados, pero sí, ese mismo –afirmó Len con una sonrisa divertida.
- ¡Whoa! ¡Qué emoción! Ojala me lleguen muchos –exclamó Rin con una inocente sonrisa.
- Tonta, las chicas les dan chocolates a los chicos.
- Ah… es verdad –dijo Rin golpeándose suavemente con su puño sobre su cabeza.
Hubo una leve pausa.
- Len… ¿A ti te gustaría recibir chocolates? –preguntó suavemente Rin.
- ¿Eh? –pronunció Len intentando sonar calmado, sin poder evitar el sonrojo- M-me da igual… -dijo desviando la mirada aún sonrojado.
La simple idea de que Rin le regalara chocolates el día de San Valentín lo ponía nervioso, pero sabía que era imposible, ¿Por qué habría de regalarle chocolates a su hermano? Eso era cosa solo de… enamorados.
Al llegar a la escuela se encontraron con Miku.
- ¡Miku! ¡Buenos días! –gritó Rin saludándola con señas con la mano a lo lejos.
- ¡Ah! Buenos días Rin-chan –respondió al saludo con una sincera sonrisa- Oh, buenos días Len-kun.
- Mm, buenos días –dijo Len un poco distraído.
- ¿Te has enterado Miku? ¡Mañana es el día de San Valentín! –anunció Rin con entusiasmo.
- Oh, es cierto, que rápido pasa el tiempo…
- Y bien, ¿Le comprarás un chocolate a algún chico?
- No lo creo –dijo Miku con una sonrisa un poco incómoda- no tengo a ningún chico a quién dárselos.
- ¡Qué desperdicio! Siendo tan popular…
- ¿Y tú, Rin-chan?
- Um… no realmente –respondió la chica sonriendo y jugueteando con un mechón de su cabello ligeramente sonrojada.
Len se sobresaltó con la pregunta de Miku, pero lo que más le llamó la atención fue la reacción de su hermana. "¿Rin tendrá… a alguien que le guste?" se preguntó extrañado. Pero el sonido de la campana lo sacó de sus pensamientos devolviéndolo a la tierra a la fuerza.
- ¡Ah! Ya comenzará la clase, ¡nos vemos, Miku! –dijo Rin antes de disponerse a salir corriendo.
- Ok, nos vemos Rin-chan –mencionó Miku antes de darse vuelta y caminar tranquilamente hacia su salón que no se encontraba lejos.
Len también se movió a paso calmado hacia su salón.
-Vamos Len, apresúrate, llegarás tarde –le gritó Rin desde un poco más lejos que él.
- Pasaré antes al baño, adelántate tú, Rin –propuso de forma calmada.
- Bueno… -respondió un poco extrañada, pero decidió no tomarle más importancia y se fue a toda prisa.
Len, en efecto, se dirigió al baño y se lavó la cara con agua fría para despejarse. Dejó que las gotas cayeran desde sus mechones de cabello que se asomaban sobre su rostro mientras veía el agua escurrirse por la cañería. Tenía la expresión completamente seria. "¿Por qué… estoy tan intranquilo?" pensó Len aún en la misma posición. Cerró la llave del lavamanos y se marchó del baño, pero sin intenciones de ir a su salón. Subió las escaleras con las manos es los bolsillos hasta llegar a la azotea, donde el viento despeinaba sus largos cabellos. Se dejó caer contra el enrejado que rodeaba el lugar y se deslizó sentándose en el piso. Su expresión seguía seria mirando hacia el horizonte. "Ni yo mismo sé que me pasa…" "Desde que Miku preguntó eso… me siento… raro… ¡Argh!" pensó mientras colocaba su cabeza sobre su mano, apretando su frente y despeinando su cabello, con los ojos cerrados y la frente arrugada. Dio un largo suspiro. Se imaginó a Rin de la mano con otro muchacho, con su cabeza apoyada sobre el hombro de un extraño, entre los brazos de otro hombre, debajo de un pervertido y repugnante ser que la usaría como un trapo. "¡Maldición!" no pudo evitar golpear el suelo con un puño con toda su fuerza, su respiración estaba agitada, mostraba los dientes con la cabeza agachada y la sangre le hervía. "¡No lo permitiré! ¡Definitivamente nunca lo permitiré!" pensó Len con rabia. Pero se detuvo en seco cuando recordó de quien se trataba de quien se estaba imaginando. ¿Cómo podía pensar de ese modo sobre su hermana? Eso… era algo muy parecido a los celos, y por algo que incluso no había ocurrido aún, pero que era inevitable que ocurriría algún día. Esa frustración de no poder hacer absolutamente nada para impedirlo oprimió el pecho de Len. Pero él estaba completamente confundido, ¿Por qué sentía tantos deseos de evitarlo? ¿Por qué no soportaba imaginarse a su hermana con nadie más que con él? Eso era raro, muy raro… Eso no parecía ser parte de un amor fraternal normal. ¿Por qué se sentía de ese modo? ¿Por qué no aguantaba las ganas de gritar lo más fuerte que le fuese posible? ¿Por qué no podía soltar su cabeza entre sus manos? ¿Por qué tenía deseos de atrapar a Rin y no dejarla ir nunca más? ¿De guardar celosamente su sonrisa? ¿Por qué quería encerrarla como a una princesa en una torre, para que no pudiese escapar jamás? Se odiaba a sí mismo por ser tan egoísta, se odiaba aún más por ver a su hermana como algo de su propiedad, algo que sólo él podía poseer, pero que lamentablemente no era así, y eso era algo que Len debía asumir...
- Hiroki.
- Presente.
- Ikisawa.
- Presente.
- Kagamine, Len.
- ¡Ah! Está en el baño… -dijo tímidamente Rin.
- Ya se ha tardado, ¿No es así? –observó el profesor.
- Debe de haberle ocurrido algo… -respondió suavemente la rubia con la mirada clavada en el suelo.
- Hum… confiaré en su palabra, señorita Kagamine, pero ya sabe sobre las consecuencias si miente por tratar de proteger a su hermano.
Rin asintió con la cabeza en silencio. Len se había demorado mucho, estaba preocupada. "¿Qué le habrá ocurrido?" se preguntó apoyada sobre su mesa mordiendo su lápiz. Comenzó a dibujar distraídamente figuras en su cuaderno. Casi sin notarlo dibujó una llave de Sol junto con una llave de Fa, que se unían de tal forma que formaban un corazón. Su mente estaba completamente ocupada con Len. No era normal que lo que acababa de pasar con Len ocurriese, pero más que preocupación sentía mucha curiosidad. Con su mente en los cielos y sin su hermano a su lado, Rin fue vencida rápidamente por el sueño.
- ¿Qué es eso? –pronunció una bella voz divertida muy cerca de su oído.
- ¿Ah? –dijo Rin aún somnolienta.
- ¿Durmiendo en clases? Eres una irresponsable, Rin –afirmó esa familiar voz muy entretenida.
- ¡Len!, me… me asustaste -aseveró Rin mientras intentaba ocultar los dibujos de su cuaderno.
- ¿Qué era eso? ¿Qué estás ocultando? –le preguntó Len comenzando un juego de forcejeo para obtener el cuaderno.
- ¡No es nada! –exclamó Rin completamente roja apoderándose del cuaderno.
- Eran las figuras de nuestros colgantes, ¿no es así? –aventuró Len divertido.
- No, no es cierto –sostuvo Rin un poco molesta.
- No mientas, lo vi mientras dormías –confesó Len con una traviesa sonrisa.
- ¿Y con eso qué? –dijo Rin resignada, completamente roja de vergüenza, desviando la vista al otro lado.
- Formaban un corazón –dijo Len en una media sonrisa torturando aún más a su gemela.
Len sólo consiguió que Rin agachara la cabeza de tanto esconder su rostro.
- Me pregunto… si de verdad se puede hacer esa forma con nuestros colgantes originales –mencionó Len.
Rin se levantó extrañada encontrándose con el hermoso rostro de su hermano a pocos centímetros del de ella, lo que provocó que aumentara su pulso. "¿En qué minuto Len se ha vuelto tan guapo?" pensó. No se había vuelto más guapo, era simplemente que Rin recién lo había comenzado a notar, ya que Len ahora parecía más un hombre que un niño, después de todo, ya eran adolescentes.
- ¿Q-qué estás…?
- A ver, quédate quieta… ¡Oh! Es cierto, en verdad forman un corazón –exclamó Len con entusiasmo sosteniendo ambas figuras formando el dichoso corazón.
Rin tragó saliva al tener a Len tan cerca. Habían estado en muchas ocasiones así de cerca, pero ahora se sentía un poco nerviosa, ya que las otras veces no recordaba que Len oliera tan rico, ni que el roce de su mejilla contra la suya fuese tan suave, ni que su respiración fuese tan cálida…
- ¡Hey, Len! Vamos a ir a jugar basketball en la cancha, ¿Te nos unes? –le preguntó uno de sus compañeros despertando a Rin quien se encontraba sumida en sus pensamientos.
- ¿Basket? ¡Siempre! –respondió Len con entusiasmo e incorporándose rápidamente- ¡Nos vemos después, Rin! –dijo desde la puerta antes de desaparecer al trote.
Rin se quedó clavada en su asiento y lentamente apoyó su sonrojado rostro sobre sus brazos. Notó que su corazón estaba descontrolado, tenía mucho calor… "¿Qué rayos?" se preguntó Rin molesta. "Ese maldito Len, todo es su culpa… él fue quien se puso tan cerca mío… ¡y él tiene la culpa de ser tan…! De ser tan…" Rin simplemente no encontraba la palabra que completase sus pensamientos, y eso la molestó, hundiendo aún más su cabeza entre sus brazos. "¿Por qué mi corazón no se calma? Ya ha pasado bastante desde que Len se fue…" Tener tantas dudas en la mente no la podían dejar tranquila, y eso se notaba desde lejos. Golpeó suavemente la mesa con un puño cerrado, con la cabeza apoyada sobre ésta. Su expresión molesta se había vuelto una mirada preocupada y un poco triste.
- Len… -susurró en esa posición.
"¿Por qué te has vuelto dueño de mis pensamientos?" pensó Rin angustiada.
- Argh… -pronunció Rin al momento que se levantaba de su asiento decidida a dar un paseo para relajarse y refrescar su mente.
Caminaba tranquilamente por el patio disfrutando del aire. Aunque no hacía calor, el sol brillaba en el cielo.
- ¡Len!
Esa simple palabra que escuchó a lo lejos arruinó por completo su plan de distracción, golpeando fuertemente su corazón, haciendo que retumbara dentro de su pecho, y que su expresión estuviera lo más lejos posible del concepto de tranquilidad.
- ¡La tengo! –dijo el culpable del reciente casi ataque de nervios de Rin.
Un rápido suspiro acompañado de un sonrojo fue parte de la reacción de Rin al ver a Len en lo alto de la argolla con el balón en su poder a punto de encestar. De repente le pareció que todo a su alrededor se había desvanecido en un blanco fondo, volviéndose Len en el protagonista de su cuadro de visión. Sintió que el tiempo se había vuelto más lento, permitiendo ver las brillantes gotas de sudor desprenderse de su cuerpo en cámara lenta, oír todo sonido distorsionado, escuchando el eco del sonido del rebote de la argolla y los rebotes de la pelota golpeando el suelo, sin mencionar la perfecta risa de Len más larga de lo normal, con una mayor amplitud de lo normal…
- ¡Jo, Len! Haz mejorado un montón –observó uno de sus amigo debilitando el trance en el que Rin estaba envuelta.
. Jajaja, nada que ver, es talento natural –bromeó Len tratando de parecer engreído.
- Jaja, ¿A quién tratas de engañar? Es porque te has vuelto más alto.
- O quizás se volvió alto gracias al basket –sugirió otro de los participantes.
- Ustedes cállense ya –dijo Len con el rostro ligeramente molesto con una sonrisa amenazadora.
- Jajaja, no te enfades Len, sólo son bromas.
Rin decidió marcharse de aquel lugar antes de que notaran que se encontraba observándolos, sobre todo por la posición en la que se encontraba que la evidenciaba como una espía.
- Por cierto, Len no ha sido el único que ha crecido… si saben a lo que me refiero –intervino uno de sus compañeros con una pícara sonrisa.
- ¿De qué estás hablando? –preguntó Len sospechando hacia donde se dirigía esa observación.
- Jeje, tienes toda la razón, Rin-chan también se ha vuelto una chica más desarrollada…
Len comenzó a irritarse a causa de ese comentario tan directo.
- Por no decir que se ha vuelto toda una belleza, es como la versión femenina y mejorada de Len.
- Sin mencionar sexy...
- ¡DEJENSE DE ESTUPIDECES! –intervino Len notablemente irritado echando humos, mostrando los dientes con los puños cerrados.
- Ah, Len, no tienes porqué sobresaltarte tanto por algo que no tiene importancia.
"¡Algo que no tiene importancia!" repitió Len en su mente. Len levantó la vista con una mirada aterradora envuelta en ira, eso había colmado su paciencia y estampó uno de sus apretados puños en el rostro del idiota que lo había provocado. Puños iban y venían en una improvisada pelea. Fueron rápidamente separados por los testigos del repentino pleito, quienes tuvieron mayor dificultad en calmar a Len.
- ¡¿Qué demonios te sucede? Ya sé que son gemelos, ¡pero esto es demasiado! –manifestó enojado el jadeante atacado.
- ¡No me jodas! –gritó Len aún atrapado, librándose de un fuerte y ágil movimiento, alejándose indignado del lugar.
"¿Cómo se atreven a hablar así de mi hermanita? ¡De mi Rin!" pensó Len, pero luego escuchó una voz en su mente que decía: "¿De tu Rin? ¿De nuevo con eso?" Esas palabras dentro de su mente lo hicieron detenerse bruscamente y observar hacia el suelo. "Es cierto… mi reacción de hace un rato no fue una reacción normal tratándose de mi hermana… ¡Pero no pude evitarlo! Ese montón de idiotas…" Len se imaginó nuevamente las imágenes que habían atacado su mente esa misma mañana, el bello y reluciente cuerpo de Rin, su suave piel siendo acariciada por unas sucias manos, el sonido de su placer provocado por uno de esos degenerados seres, una repugnante lengua recorriendo su perfecto y blanco pecho… Su mandíbula no podía estar más tensa, sus uñas estaban a punto de atravesar las palmas de sus manos, y una pared fue víctima de su desahogo en un fuerte impacto, dos impactos, tres… Pero Len se detuvo pensando que no tenía caso… por mucho que la idea lo fastidiara, tanto hasta el punto de despertar sus deseos homicidas, no podía hacer absolutamente nada para que fuese distinto, ni se encontraba mucho menos en posición de protestar. "Nosotros somos… familia" esa palabra golpeó el estómago de Len, su garganta se anudó con sufrimiento. Él era la única familia de Rin… "¿Por qué tiene que ser ella…?" se preguntó Len mientras sus pensamientos aún oprimían su corazón. Lágrimas de repudio hacia sí mismo brotaban de sus ojos… se estaba dando cuenta de algo que no era un asunto sencillo. "Rin… ¡Rin!" "Mi tierna hermanita, Rin… ¡Rin!... Que alguien… que alguien me ayude… quien sea…" suplicó desesperadamente el alma del rubio muchacho, del cual sus lágrimas no dejaban de brotar desde sus claros y azulados ojos. "Vuelve a mi lado… por favor… Rin… te necesito" pensó. Que egoísta, no podía intentar de manchar a su hermana con el pecado, debía de alejarse de ella y formatear de alguna forma su confundido corazón, sabía que eso era lo que debía hacer, pero no podía, no se sentía capaz, si incluso apenas podía pensar con claridad. Len se encontraba atrapado en la incertidumbre de escuchar a la mente o al corazón, no sabía cuál de los dos dominaba sobre el otro.
- ¡Len, ahí estas! Vámonos a casa –dijo Rin con una sonrisa incorporándose de un salto.
Rin se detuvo en seco cuando observó el rostro de Len, el cual se encontraba sangrando. Su expresión cambió a una rotunda preocupación.
- ¿¡Qué te ha ocurrido! –le preguntó Rin sobresaltada observando su rostro de cerca.
- No es nada Rin, no te preocupes…
- ¡Pero si tu labio está sangrando! –exclamó Rin sacando un suave pañuelo de su bolsillo.
Len quedó paralizado cuando sintió el suave tacto de los dedos de Rin sobre su mejilla junto con el del pañuelo que frotaba con suavidad sobre la comisura de sus labios. Entrecerró los ojos conmovido ante la bondad de su linda gemela y por el tierno gesto. Todo a su alrededor se pareció haber desvanecido en una nube blanca. Len oía con claridad sus latidos, pero intentó que su preocupación respecto a que la chica los oyese no arruinase ese mágico momento.
Rin movía su mano con movimientos lentos y suaves, temía que su mano comenzara a tiritar, pues lo veía probable. Entrecerró sus ojos al fijar la vista en los labios de Len, aquellos labios le parecían perfectos, casi esculpidos por el mismo dios otorgándoles la divinidad de un ángel. Una duda asaltó su mente, y se trataba precisamente sobre el sabor de ese par de labios, del cómo se habría de sentir el tacto por parte de ellos…
Sus pensamientos fueron rápidamente difuminados al sentir el cálido tacto de una mano sobre la que estaba sosteniendo su pañuelo. Se sorprendió tan solo por unos segundos y levantó la vista para encontrarse con un par de hermosos ojos de color turquesa claro, que la miraban fijamente desde hace un rato. Sintió como el calor coloreaba de rosado sus mejillas.
- ¿Ves que no era nada? Te dije que no te preocuparas –susurró Len en un amable y suave tono de voz.
- Es cierto… -admitió Rin sin moverse un centímetro de su posición.
Ninguno de los dos deseaba romper la atmósfera que se había formado. Ambos se reusaban inconscientemente a cambiar de posición, pero Rin fue la primera en ceder.
- Perdón, me he preocupado demasiado… -dijo mirando hacia el suelo con una leve sonrisa mientras se frotaba la nuca.
- Esta bien, estoy feliz por eso… -pronunció Len con dulzura, lo que hizo sonreír aún más a su hermana.
- B-bueno, vámonos ya a casa –dijo Rin en un esfuerzo para volver a la realidad.
Salieron juntos de la escuela, y a lo lejos Rin divisó un par de largas coletas color verde-agua.
- ¡Miku~! –gritó desde donde se encontraba.
- Rin-chan, tan animada como siempre –destacó Miku con una sonrisa.
- Volvamos todos juntos a casa –propuso Rin.
Ya se encontraban a medio camino, Rin parloteando sin cesar como era de costumbre, cuando Miku se detiene repentinamente.
- Lo siento chicos, recordé que hoy tenía algo importante que hacer… Discúlpenme por favor, vuelvan a casa sin mí.
- ¿Ah? ¿Miku? ¿Sucedió algo? –preguntó Rin algo preocupada.
- No, no es nada Rin-chan, no te preocupes. Bueno, nos vemos –dijo Miku antes de desaparecer a toda prisa en dirección contraria.
"Se nota de lejos que es mentira… en fin, realmente no me interesa" pensó Len.
- ¿Le habrá ocurrido algo malo? –le preguntó Rin a su hermano.
- No te preocupes, ella estará bien –dijo Len pensando que su hermana realmente era ingenua.
Cuando llegaron a casa Len se desplomó sobre el sofá de la sala de estar con un largo suspiro.
- Haa~ esto exhausto –expresó Len, por no decir adolorido a causa de la pelea.
- ¡Ah! Len… olvidé que hoy había que hacer las compras… pero no te preocupes, voy en seguida –avisó Rin desde la entrada.
- No importa, te acompaño…
- ¡No!... Quiero decir, no te preocupes, sé que estás cansado, no me molesta ir yo sola –añadió Rin un poco nerviosa- de verdad, quédate en casa…
Antes de que Len pudiese protestar, Rin ya se había marchado cerrando de un portazo. "Que extraño…" pensó Len. "Generalmente me ruega que la acompañe a todos lados…" "¿Acaso… está pensando en hacerse un poco más independiente?". El rubio se preocupó por su último pensamiento, pues lo que menos quería en el mundo era distanciarse aunque fuese tan solo un poco de su gemela, pero como hermano debía de estar orgulloso de ella por su acto de madurez… Su mente ya había sido considerablemente abrumada, lo suficiente por ese día, por lo que decidió no pensar mucho sobre aquello y prendió la televisión para distraerse.
Ya habían pasado cinco minutos y ella seguía en la misma posición, mirando fijamente aquel producto dudando su llevarlo o no. Más que ser indecisa, no era precisamente una decisión sencilla, ya que se trataba de nada menos que de ingredientes para preparar un chocolate de San Valentín casero. "¿Le gustará si lo hago…? Pero él mismo dijo que le daba igual… ¿Y si no lo valora? No, Len no es de despreciar los gestos amables de los demás… pero, ¿Se trata de simple amabilidad el regalar un chocolate de San Valentín? ¿No lo encontrará un poco raro? Después de todo, ¿Por qué habría alguien de regalarle un chocolate se San Valentín a su propio hermano?… de seguro lo encontraría raro… pero… si no lo compro, estoy segura de que me arrepentiré luego, además, no pasa nada si lo quiero como hermano…" Rin detuvo sus pensamientos y cambió radicalmente su expresión. "como hermano…" volvió a pronunciar en su mente. Pero, ¿Era cierto? ¿Simplemente lo quería como a un hermano? ¿Nada más?... Bueno, que más podían ser sino hermanos gemelos…
Rin decidió no preocuparse más por el asunto, ya que sólo lograba, por un motivo que desconocía, deprimirse un poco. Finalmente decidió considerar el día de San Valentín como el día del amor, y no como el día de los enamorados… y si Len no pensaba de la misma forma, pues problema suyo, aunque pensar en esa posibilidad exaltaba de cierto modo a Rin, pero no de forma negativa…
Sin darle más rodeo al asunto, la adolescente metió dentro del carrito todo lo que iba a necesitar para hacer un delicioso chocolate. Ya con todo lo que necesitaba, se dirigió a la caja para pagar por su compra, cuando le pareció ver una silueta verde azulada en la tienda de chocolates de la calle de al frente. "¿Miku?" se preguntó Rin arrugando la frente confundida. Pero al momento de salir de la tienda con sus bolsas no pareció reconocer absolutamente nada fuera de lo normal. "Debió haber sido mi imaginación" dedujo sin darle importancia devolviéndose a su casa tarareando una melodía.
Aahh! una semana verdaderamente es mucho tiempo! . bueno, aki les traje un kagaminazo ke decidí cortar en dos caps ya ke me kedo más largo ke one-shot xD asike lo parti por la mitad, espero no haberlo arruinado con el corte D: bueno, en lo personal me encanta este cap! me divertí mucho escribiendolo :P buneo aki les dejo un link por si no pueden imaginarse el corazón de sus colgantes: http:/ spa . fotolog . com / photo /58 / 40 / 51 / thexadictsx / 1278560146394_f . jpg (eliminen espacios) y por si por ene motivo no les funcionó, me tomé la molestia de ponerla como avatar de perfil :3 es simplemente hermosa y eso... xD review me pliss! x3 y bueno, les deseo una bonita semana :3
Hasta el prox viernes~
