LA OSCURIDAD QUE HE VISTO
1
Unaussprechlichen Geheimnisse
De más está decir que Pinkie Pie hizo una fiesta en honor a Lightdawn. Él al principio estaba más cerrado como una ostra, callado como una estatua, abriendo la boca para pronunciar una frase de vez en cuando; pero cuando ya agarró confianza, comenzó a hablar y a hablar y a hablar. Mis amigas lo encontraron muy agradable y él agradeció mucho la fiesta ya que no tenía muchos amigos.
Había arrendado un apartamento. Y aunque yo le dije que perfectamente podía irse a vivir a la biblioteca conmigo, él declinó la oferta porque no quería molestar.
—Además —recuerdo que dijo sonriendo—, traigo mi propia biblioteca en mi mochila.
Venía a visitarme casi todos los días. A pesar del tiempo, nuestra amistad no sólo no se había deteriorado, sino que pareció hacerse más fuerte. De vez en cuando me invitaba a comer, y en ocasiones me quedaba mirando con una expresión ausente por largos periodos de tiempo.
Ya les dije que soy tonta y no pude interpretar esas señales, ni tampoco las señales que lo llevaron a la muerte.
Comenzó a escribir libros y relatos de misterio y terror. Era muy bueno para eso, y cuando leía algún escrito suyo, casi podía pensar que era de verdad todo aquello que estaba plasmado en el papel. Ahora ese pensamiento me aterroriza.
Un día lo fui a visitar. Su apartamento estaba muy ordenado: en el muro justo al frente de la entrada dos puertas, la de la derecha su dormitorio y la de la izquierda su cocina; dos mesas, una pequeña en medio de dos sofás, donde se encontraba leyendo, y otra grande con dos sillas cercana a la cocina donde comía; en un pequeño estante rectangular sus libros, tan antiguos que ya sus páginas se teñían de amarillo. Las paredes estaban pintadas de gris, y una gran ventana en el muro izquierdo a la puerta principal dejaba entrar la luz a montones.
Cuando entré me saludó efusivamente, como era natural en él, y me invitó a pasar.
—Siéntate y espérame —dijo antes de entrar a su cocina—, iré a ver si todavía me quedan margaritas para unos sándwiches...
Me senté en el sofá opuesto, y leí los títulos de sus libros. Estaban escritos con letras doradas en sus anchos dorsos, en caracteres cursivos. En su biblioteca coexistían alfabéticamente libros de ciencia y física pesada con libros de la fantasía más grande. Libros de estrellas, planetas, vampiros, brujería, álgebra, historia, naturaleza y demás.
Levité el libro que Lightdawn había dejado sobre la mesita y lo acerqué a mí para echarle una hojeada. La portada no tenía ninguna palabra, así que me dio curiosidad. Abrí el libro en su primer capítulo para leer. Me sorprendí sobremanera al leer las primeras líneas
UNAUSSPRECHLICHEN GEHEIMNISSE
Traducido al equestriano común por Lightdawn de Canterlot el año del sol 3011
Libro original escrito por el Barón Von Pfertz en el año del sol 2894.
Introducción al mundo antiguo...
—¡Noooo! —chilló Lightdawn, y la bandeja con sándwiches se escurrió de su boca— ¡Twilight, cierra ese libro AHORA!
Me asusté, y el libro cayó al suelo con un estruendo. Tenía muchas páginas, y logré darme cuenta que algunas hojas tenían símbolos, diagramas y dibujos de cosas extrañas.
—¡Twilight! ¡Twilight! —estaba profundamente asustado, como si yo hubiera hecho algo horrible— ¡Twilight! ¿Leíste algo de este libro?
—No —conseguí balbucear.
—¿Tú lo tradujiste? —le pregunté.
No quería hablar de ese libro, casi estaba sudando por el pánico. ¿Que tenía ese libro que le aterraba tanto que yo lo leyera?
—Sí. Lo traduje del fillymán original. Sé hablarlo bien, mi padre me enseñó.
—¿Qué significa UnaussprechlichenGeheimnisse?
No quería decirme, quería dejarme al margen de ese libro, pero contra su voluntad me dijo.
—Significa Secretos innombrables en fillymán.
Miró nervioso hacia la ventana, como si en cualquier momento algo fuera a entrar.
—Mira, Twilight —me miró fijamente a los ojos—. Cuando vengas a verme, prométeme que nunca vas a leer estos libros antiguos.
—¿Por qué?
—Es importante que no los leas —sus ojos suplicaban casi saliendo de sus órbitas—. Por favor, promételo.
Su mirada me derritió.
—Lo prometo.
Me pareció una promesa vacía. Pero su rostro se iluminó enormemente cuando oyó esas dos palabras. Por el resto de la tarde mi mente regresó a aquel asunto, ¿Por qué Lightdawn no quería que leyera sus libros?
Yo todavía creía en ese entonces que la lectura sólo hacía bien.
Ahora que murió me doy cuenta que esos libros lo enloquecieron. O de verdad le revelaron secretos innombrables.
