LA OSCURIDAD QUE HE VISTO

Basado en el relato "Los Perros de Tindalos" pero con notables variaciones.


4

La Oscuridad me acecha

Mis amigas se tomaron muy bien la noticia de que me iba a casar con Lightdawn. Rarity comenzó a hacer mi vestido de novia y el traje de Lightdawn, y Pinkie Pie dijo que prepararía la fiesta. Applejack me felicitó, al igual que Rainbow Dash y Fluttershy, quien casi se pone a llorar de la emoción. Temía que Spike se pusiera celoso, pero se lo tomó muy bien y hasta se alegró tanto que se puso a correr por toda la sala.

Nosotros queríamos casarnos lo más pronto posible y decidimos dejar la ceremonia para dos semanas más adelante. Estaba muy feliz. Me alegré muchísimo cuando le envié una carta a la Princesa Celestia anunciándole mi matrimonio y ella me contestó diciendo que ella y la Princesa Luna iban a venir.

Reaver, el novio de Fluttershy, llamó a sus tres amigos de Sitting Town para invitarlos al evento. Pero sus amigos le dijeron a otros, y estos a otros, y en cuatro o cinco días llegó un contingente de mineros y agricultores que levantaron casi un mercado, y Pinkie Pie estuvo en su salsa organizando la fiesta más grande que la ciudad había visto.

Pero si yo estaba feliz, Lightdawn estaba nervioso.

—No soy dado a las multitudes —recuerdo que me dijo, medio en cierto, medio en broma—. Tengo miedo de que me dé un ataque de pánico y arruinar el mejor día de mi vida.

Pero él mismo no le dio importancia a eso.

Invité a Zecora, y ella casi me asfixia del abrazo que me dio. Me dijo que en su tierra los matrimonios eran sagrados, y casi llora al recordar a un amor de hace algún tiempo.

Todo estaba saliendo muy bien. La Alcaldesa me expresó su preocupación sobre el impacto que podía tener la llegada de semejante mar de ponis a la economía de la ciudad, pero después rió y dijo que no importaba. Reaver y sus amigos se llevaron a Lightdawn una noche, según ellos para cumplir con una "tradición", y mi amigo al día siguiente amaneció en la entrada del Bosque Everfree.

El vestido que Rarity me hizo era precioso. Verdaderamente se notaba que se había esforzado enormemente.

Todo estaba saliendo tan bien...

Hasta que llegó aquel fatídico día.

Tres días antes de casarnos, Lightdawn me envió un mensaje con un gorrión pidiéndome que fuera verlo.

Lo que vi fue tan extraño que me asustó.

Había sacado todos los muebles, y con masa de escayola había redondeado todas las esquinas de las paredes, de las ventanas y de las puertas, excepto de la principal; su hogar parecía una esfera aplastada y completamente desolada. Él mismo estaba mirando la puerta con los ojos afiebrados por el terror.

—¿Q-qué pasó aquí? —conseguí balbucear.

—Lo siento Twilight —estaba llorando, y a juzgar por sus ojos rojos, estaba llorando desde hace horas—. No cumplí mi promesa.

—¿Qué dices?

—Volví a consumir la droga.

Aquello fue terrible para mí en esos momentos. Ya podía hilar lo que según yo había pasado: el rompió su promesa, sufrió terribles alucinaciones irreales y enloqueció. Y al llegar a esa conclusión sentí tanto pesar en mi corazón que podría haberme puesto a gritar. Pero en lugar de gritar, dije, con los ojos a punto de botar sus lágrimas:

—Lightdawn, ¿Cómo pudiste?

—¡Lo siento! Intenté ver nuestro futuro, si íbamos a ser felices —dejó de mirarme a los ojos y su mirada se perdió en el vacío, como aún luchando contra recuerdos espantosos—. En lugar de eso vi el Apocalipsis.

A mi pesar, comencé a asustarme.

—Tú sufrirás mucho, Twilight, y tus amigas también. Verán morir al amor. El cielo se cubrirá de sangre. Canterlot arderá. Nuestras Princesas serán vulgares esclavas de un rey sangriento. Nuestro continente será un trozo de madera quemada. Todo será horrible, todo, pues los que no deben ser despertados serán despertados por sus degenerados esclavos. En seis meses a partir de la noche de las pesadillas —comenzó a sollozar, cubrió sus ojos con sus cascos—. Tú sufrías mucho, Twilight, sufrías sin parar.

—¡Nunca debías haber conseguido esa droga! ¡Has alucinado terriblemente! —grité, creo que llorando también, y no quería ir a consolar a Lightdawn aunque me desgarraba el alma verlo tan angustiado.

—Me descuidé, Twilight, amor mío, dueña de mi corazón —consiguió articular entre sus lágrimas— ¡Me descuidé y me han visto! —comenzó a golpearse la cabeza contra el suelo— ¡Oh, Twilight! ¡Me han visto y me han olido!

—¡Lightdawn! —corrí a detenerlo.

Pero él se volteo con una expresión tan siniestra que me aterré y retrocedí.

—¡Me han visto y me han olido! ¡Los Perros de Tindalos!

—¡Lightdawn, cálmate! —lo golpeé en la cara con un casco y el pareció volver en sí. Se acurrucó entre mis patas como un potrillo, aturdido.

—Los vi durante un momento horrible —sollozó—. Todo el mal del universo parecía concentrarse en sus cuerpos flacos y famélicos. Pero, ¿tenían cuerpos? Los he visto un instante y no puedo afirmarlo. Son horrores del alma y son tan espantosamente reales...

Se calló y se aferró a mí. Yo lloraba en silencio. ¿Cómo podía yo no llorar, si mi amigo de la infancia, el poni que amaba y con el que me iba a casar, se estaba volviendo un adicto a las drogas o peor, un desequilibrado mental? Era demasiado para mí.

—Pero creo que puedo escapar de ellos —musitó débilmente tras unos momentos eternos—. Ellos sólo pueden llegar hasta mí cruzando los ángulos. Y he eliminado todos los ángulos de esta habitación. Estoy a salvo, puedo sobrevivir.

Recuerdo que mentalmente maldije a las drogas y cerré los ojos en un rictus de dolor mientras Lightdawn hablaba. Me convencí con dolor de que estaba loco.

—Esto no puede seguir así —le dije—. No puedo creer que hayas enloquecido por culpa de esa droga. Nunca lo hubiera siquiera imaginado. ¿Por qué Lightdawn? Nos vamos casar, te amo, pero yo no puedo soportar que te hagas daño a ti mismo.

—Mañana trae al Doctor para que me revise —me contestó, ya repuesto del todo, y mirándome avergonzadamente—. Lo siento, Twilight. Fui un tonto. Si sobrevivo a los Perros de Tindalos, nunca volveré a probar esta caja de Pandora.

—¡No me entiendes! —creo que lo remecí y lo miré desesperada— ¡Eso me dijiste hace dos semanas! ¡Y poco antes del día con el que soñé toda mi vida, te veo tirado aquí, demente y loco por culpa de esa cosa! —creo que me puse a llorar— ¡Ya no eres el mismo, ahora estás loco, LOCO!

Y creo que lloré por varios minutos. Él me miraba con esa mirada dulce que solía tener.

—Si te hace sentir mejor —me dijo calmadamente—. Después de que nos casemos iré a un centro psiquiátrico. Lo siento, amor mío, lo siento.

Yo estaba muy enojada con él. Me fui sin decir nada.

Creí que había perdido la cordura, y eso me dolía mucho. Ahora me aterra pensar que quizá, tan sólo quizá, pudiera tener razón.