LA OSCURIDAD QUE HE VISTO


5

Daeargrynfeydd

La noche de ese mismo día yo no podía dormir. Ante Spike fingí que todo estaba bien, pero cuando él se durmió, yo lloré amargamente durante horas.

Estaba llorando cuando me sorprendió el primer terremoto.

En mi cama daba vueltas, intentando conciliar el sueño, mi pecho apretado por los sollozos. Entonces fue como si encima del tejado corriera un mar de gatos y el mundo pareció vibrar por unos segundos. Me sobresalté y me incorporé en la cama, respirando pesadamente con la boca abierta.

—¿Twilight? —oí la vocecita de Spike preguntar temerosa en la oscuridad.

—Spike, ven, acércate —dije preocupada, levantándome. En medio de la negrura me abrazó y yo incliné mi cabeza sobre él.

Entonces vino el segundo terremoto.

Spike cayó hacia atrás y yo alcancé a sujetarme, no sé de dónde. Un rugido cruel, como si un dragón despertara, y la tierra se remeció como queriendo quitar de su espalda todo rastro de los ponis. Hice brillar mi cuerno, y con Spike, nos protegimos bajo el marco de una puerta. Creo que ambos gritamos, mientras los libros se caían de sus estantes y los floreros caían y se rompían.

Entonces milagrosamente paró, y oímos los gritos de los demás ciudadanos, algunos pidiendo ayuda, otros gritando sólo por histeria. Alguien gritó que había un incendio. Oímos un revolotear de alas y un bullir de cascos corriendo por la calle. Con Spike nos aferramos y no queríamos salir de la dudosa protección que ofrecía el marco de la puerta.

Entonces vino el último terremoto.

Pareció que un dragón tomaba la biblioteca y la arrojaba hacia un lado. Veía el mundo girar ante mis ojos, pero no sé si era una ilusión óptica o porque yo salí girando por el suelo. Oí a Spike gritar, y me levanté, pero volví a caer. Era un terremoto violento, y estaba muy asustada. Abracé a Spike y traté de calmarlo, pero el pánico volvía todas mis palabras en un balbuceo incomprensible.

A lo lejos oí como se caía una casa. Oía también los gritos de pánico de los ponis. Spike musitó algo sobre el fin del mundo.

Cesó el temblor, y ambos lloramos de miedo y angustia. Rainbow Dash entró rompiendo una ventana para ver si estábamos bien. Salimos para afuera, para ver si podíamos ayudar, y Spike corrió hacia la casa de Rarity para ver si estaba bien.

Los edificios más antiguos se habían derrumbado. Varios muros estaban dañados. Cerca del límite de la ciudad, por el camino que lleva a Sweet Apples Acres, subía el humo de un incendio. Pero la multitud de ponis procedentes de Sitting Town ya lo tenían controlado y se preparaban para apagarlo, acostumbrados ellos al calor sofocante y al trabajo pesado.

Fluttershy y Reaver llegaron volando, preocupados por nosotros, Spike llegó con Rarity, y estábamos por ir a ver cómo estaba Pinkie Pie, cuando el suelo pareció temblar de nuevo. Pero no era un terremoto: una casa estalló, increíblemente, prendiendo fuego a las casas aledañas. Se oyó el rezongo general de los mineros, que parecían siluetas fornidas en la distancia. Todo era confusión y caos. Fluttershy estaba llorando y Reaver trataba de consolarla. Fuimos donde Pinkie y la encontramos atrapada bajo un montón de ingredientes de cocina. Todas juntas nos reunimos, incluso apareció el rostro de Applejack seguida por Big Macintosh y Apple Bloom, quienes se habían quedado con los mineros para proveerlos de manzanas. Reaver nos confió a Fluttershy mientras volaba con su gente para apagar el fuego.

Y entonces pensé en Lightdawn.

Me asusté terriblemente. Yo estaba con Spike y mis amigas, pero él estaba solo con su demencia. Recordé que me había ido muy enojada y él había quedado en el suelo muy apenado. Quizá estaba sufriendo alucinaciones, o quizá estaba aplastado bajo un escombro...

Corrí hacia su casa, y mis amigas me siguieron.

Pero no pude llegar hasta él.

La casa que había estallado estaba cerca de la casa donde vivía Lightdawn. Quedé enfrente de las líneas de ponis que con palas y cubetas, tierra y agua, intentaban apagar el fuego.

Reaver apareció, el rostro ennegrecido por el hollín, los ojos enrojecidos por el humo, tosiendo y con una pala al hombro.

Nos dijo que nos fuéramos de allí.

Le dije que quería estar con Lightdawn.

Nos explicó que el fuego no pasaba hacia las otras casas y que no me preocupara.

Quise pasar, pero Rainbow y Applejack me detuvieron. Me dijeron que era peligroso, y que alguien tan maduro como Lightdawn debía de estar bien.

Quise explicarle el problema de Lightdawn, pero me contuve. ¿Qué podrían pensar de él si les contaba que había consumido una droga horrible y había enloquecido? Seguramente ya no les caería bien. Así que acepté, y fuimos a otras partes de la ciudad, a colaborar con lo que podíamos, levantando de nuevo las precarias carpas de los mineros que se cayeron con los terremotos.

Ahora que lo pienso, es sorprendente que no hubiera habido réplicas del terremoto, y también es curioso que haya comenzado por un temblor despacio para terminar en uno destructivo. Es muy curioso...

La mañana nos sorprendió a todos agotados. Reaver y sus paisanos hicieron huecos en la nieve, y se durmieron apoyados en los muros de las casas o bajo los árboles que no se habían caído, todos negros, agotados y chamuscados; Fluttershy le llevó una manta, y ayudada por sus conejos y otros ponis abrigó lo mejor que pudo a los "bomberos de emergencia" como se llamarían burlonamente a sí mismos después. Rainbow y los pegasos vigilaban el cielo por si nubes de tormenta amenazaban el cielo. Applejack repartió canasto tras canasto repleto de manzanas entre los ponis que se habían quedado sin casa.

Aunque en Ponyville la destrucción fue más bien mínima, todos estábamos desolados. Un par de mineros fueron atrapados por las llamas y tenían la mitad del cuerpo quemado y varios más tenían quemaduras ligeras; el propio Reaver se chamuscó un ala pero no le dio importancia.

Yo y Ditzy estuvimos ayudando al Doctor Whoof, quien corría aquí y allá vigilando que nadie contrajera hipotermia y tratando a los heridos. Algunos afirmaban haber visto una sombra como un pegaso ondulándose como una serpiente volando hacia la luna; otros juraban haber visto que las llamas tomaban formas, formas horribles. Pero el Doctor decía que el pánico les hacía ver cosas.

Cuando terminó de revisar a todos los heridos, le conté brevemente el problema de Lightdawn y mi preocupación de que estaba loco, y juntos fuimos corriendo hacia la casa donde arrendaba mi amado.

El día había comenzado pésimo. Estaba a punto de ser el peor día de mi vida.