LA OSCURIDAD QUE HE VISTO
7
Mi corazón
El cementerio de Ponyville está alejado de la ciudad por varios kilómetros. Reaver y sus conciudadanos abrieron un sendero por la nieve y construyeron el ataúd. Es un ataúd impecable de madera de fresno, en donde Reaver había tallado las marcas de Twilight y Lightdawn encerradas en un corazón, y la frase "Por siempre" encima, escrita con una impecable caligrafía.
En vez de celebrar una boda se celebra un funeral.
Las Princesas Celestia y Luna llegaron casi de amanecida y se enteraron de lo ocurrido. Fueron a darle el pésame a Twilight, pero estaba aturdida, como ausente. Todos la entendían.
Fluttershy camina apoyando su cabeza en el hombro de Reaver. Ambos están demasiado tristes para hablar.
Twilight los ve y ahoga un sollozo.
Ella camina tras el ataúd de Lightdawn, cargado por Big Macintosh y otros tres mineros aún más grandes que él. Junto a ella van las Princesas, sus amigas y Spike, todos cabizbajos. Y un poco más atrás, el resto del cortejo fúnebre, amigos recién hechos de Lightdawn, ponis que empatizaban con Twilight y admiradores de sus relatos.
Un camino que va hacia el cementerio.
En silencio lo dejan en la sepultura escavada y lo cubren. Twilight dice unas palabras en las que se sobreentiende el dolor que atraviesa su corazón como un puñal. La Princesa Celestia promete que se encontrará al asesino, pues no hay ninguna duda de que es un homicidio. Ningún suicida es capaz de cortar su cabeza y ponerla sobre su pecho.
Twilight deja un ramo de flores violetas, como su piel antaño llena de vida, sobre la tumba. Applejack intenta decir algo para consolarla pero las palabras se congelan, y sólo el silencio cubre el dolor de la poni. Todas ellas guardan silencio, y comprenden el dolor desgarrador que ella siente, pues ¿Quién no ha perdido un ser querido? Un padre, dos padres, un hermano, dos hermanos, un tío como un padre... y ahora un amigo que es más que un simple amigo.
—Nunca te olvidaré, Lightdawn. Debí haber hecho algo para cuidarte...
Rompe a llorar, mientras el cielo suelta crueles lágrimas de nieve, y el suelo se tiñe del blanco de las almas.
Al día siguiente comienza una fiesta en Ponyville. Como los ponis más prácticos no están dispuestos a desperdiciar una fiesta que lleva casi dos semanas preparándose, dicen que es en honor a los mineros que se esforzaron por apagar los incendios. La gran mayoría de estos fueron a Ponyville por la promesa de un gran festejo, y no tanto por el hecho de que dos ponis que se amaban se casaban. Así que comenzaron a celebrar. Las guitarras sonando y las botellas descorchadas resuenan burlonas en el silencio de luto en que está sumida la ciudad.
Twilight está llorando en la tumba de Lightdawn.
—Mi corazón está desgarrado, Lightdawn. No sé quién te mató, pero sé que podría haber hecho algo para haberlo evitado. Si te hubiera llevado a mi casa no habrías muerto...
—Es duro perder a quien más quieres —dice la voz sabia de Celestia—. A mí me ha pasado dos veces...
Twilight busca consuelo abrazando a su mentora.
—No puedo creer que no esté... tan hermoso fue nuestro reencuentro..., y murió...
Maestra y estudiante se funden en un abrazo.
—Princesa —dice Twilight, secándose las lágrimas—, escribí todo lo que recuerdo que hizo Lightdawn desde que llegó a Ponyville. No sé si sirva de algo.
—Servirá. Luna está decidida a atrapar al culpable —le sonríe—. Ahora vamos. Te resfriaras si te quedas mucho tiempo en la nieve.
Twilight asiente y dedica una última mirada a la tumba de su amado. Le consterna la inscripción de la lápida. La lápida fue hecha por un amigo de Reaver, un unicornio raro llamado Wisemurk, quien puso la inscripción que desconcierta a Twilight:
Lightdawn de Canterlot.
No está muerto lo que yace eternamente,
Y con las extrañas eras morirá hasta la muerte.
FIN
