Disclaimer: Crepúsculo no me pertenece, es obra de Stephenie Meyer.
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/Te guiaré en las sombras\ .
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Capítulo I
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"Conociendo al engreído, gruñón e irritable Edward Cullen"
Bella POV'S
Ese día aparentaba ser normal, cuando me levanté, no tuve ningún presentimiento extraño, ninguna corazonada, ni la más mínima sospecha de que mi vida daría, ese mismo día, un giro de trescientos sesenta grados.
Recuerdo que aquella mañana era una verdaderamente fría, el invierno se había instalado ya y me incitaba a quedarme dentro del resguardo de mis frazadas. Lujo que por supuesto no podía darme. La nieve cubría por completo la gran ciudad, los pequeños cristales no paraban de caer y amenazaban con sumergirnos en su espesura.
Al observar la ventana vi que el viento soplaba con gran fuerza, provocando uno que otro remolino, danzando con los copos de nieves que seguían su paso violentamente.
Miré el reloj con desgano, en tan solo dos minutos darían las seis de la mañana, hora en la que mi cuerpo debería abandonar la comodidad y el calor para sentir el frío estremecer mi blanca piel. Apagué el despertador un minuto antes de que comenzara a sonar, no quería despertar a Charlie, mi padre, quien hacía dos meses se encontraba postrado en cama, producto de una serie de preinfartos que atacó a su pobre corazón.
Pero si por el contrario, el sonido despertaba a mi "madre", no me sentiría para nada culpable.
Mi verdadera madre, Renée, murió cuando yo contaba con diez años, en un accidente aéreo que en esa época conmocionó al país y en el que murieron más de doscientas personas, incluyendo un curso de niños que viajaban por primera vez.
Desde entonces habían pasado ocho años, dos años luego del accidente, mi padre, de la manera más impredecible posible, apareció en mi casa con una mujer joven de pelo rojo anaranjado furioso y ojos negros que no me provocaban ni la más mínima simpatía. Victoria resultó ser mi peor pesadilla, mi padre se casó rápidamente con ella y la llevó a vivir a nuestra casa, a la casa donde mi madre, él y yo vivimos desde que era capaz de recordar. A dormir a la misma cama donde antes lo hacía mi adorada madre, mi aventurera , alegre y atolondrada verdadera madre, aquella mujer que daba luz a todo lo que tocaba, de espíritu adolescente y gran corazón, que no dudaba ni un segundo en dar muestras de afecto.
Nunca llegué a entender como es que Charlie se decidió por la mujer que en esos momentos compartía el mismo techo que yo.
Victoria era todo lo contrario a René, era falsa, interesada, celosa, antipática, histérica, materialista, envidiosa, desagradable, todos los malos atributos que una mujer puede tener, ella los reunía todos. Aunque sólo hacía falta mirar su aspecto para tener una mínima idea de por qué Charlie, como hombre que era, la había elegido a ella. Físicamente era atractiva, eso no hay manera de negarlo, pero lo que tenía de atractiva lo tenía de bruja. Adoraba hacerme la vida imposible, creo que era uno de sus mayores entretenimientos, bueno, luego de su afición por malgastar nuestro dinero en estupideces.
Ella estaba celosa, eso era obvio, siempre buscaba la manera de alejarme de Charlie, de hacerle ver lo mala hija que era, de lo irresponsable y descuidada, y sobre todo de lo supuestamente cruel que yo era con ella.
Yo solamente pude batallar durante los dos primeros años, intentaba defenderme, poner en evidencias las falsas acusaciones, pero nada cambiaba, ella siempre seguía con los mismo jueguitos.
Charlie intentaba intermediar entre nosotras, lograr una convivencia más "armoniosa", como decía él, pero sus esfuerzos nunca dieron frutos, así que terminó por resignarse, él me conocía lo bastante bien como para saber que clase de persona era, nunca dudó de mi.
Mi familia siempre perteneció a la clase media, René trabajaba en relaciones públicas, el día de su muerte viajaba a California para establecer unos contactos. Charlie, por otro lado, era policía, uno de los pocos policías honestos que existían, pero luego, con su enfermedad, lo jubilaron forzadamente, lo que lo mantenía un poco deprimido, ya que su trabajo era su vocación y en verdad lo disfrutaba.
Las cosas iban bien entonces, claro, hasta la llegada de mi nueva "madre", quien se encargó de estropearlo todo, era una compradora compulsiva, se vestía con las ropas más elegantes, los conjuntos más caros, gastando cada centavo de los ahorros que mis padres habían juntado, incluidos mis fondos para la universidad. Nos dejó en la banca rota, a duras penas podíamos pagar los gastos generales de la casa y los alimentos con la jubilación de Charlie, pues ella también se ocupaba de gastar gran parte de esta también.
Mi padre ya no decía nada, cada día lo veía más agotado, por lo que yo tampoco abría la boca muy seguido, no sabiendo que esto lo perjudicaría. Era mejor dejar todo lo más tranquilo que se pudiera, aunque yo tuviera que callar todo y agonizar en el intento.
El año anterior había terminado la secundaria con excelentes notas, lo que me facilitó una media beca para ingresar en una de las universidades más prestigiosas, aún así, debí comenzar un trabajo de medio tiempo en la cafetería de un autoservicio para poder cargar con el resto de la cuota y algunos gastos para la medicina de Charlie, era bastante duro, pero valía la pena el esfuerzo.
Había decidido seguir el profesorado de Lengua y Literatura, para luego, si la cabeza me daba, hacer una licenciatura en Literatura Universal. Los libros han sido siempre mi pasión y lo único que me ha permitido distraerme lo suficiente como para ograr olvidarme de lo demás.
Me levanté rápidamente, intentando hacer el menor ruido posible. Se escuchaban los suaves ronquidos de Charlie en la otra habitación.
Como había predicho, el frío atravesó mi piel, poniéndomela de gallina. Fui casi corriendo hasta el baño para preparar el agua para mi ducha, volví a la habitación para buscar la toalla y la ropa y regresé al baño.
El agua estaba simplemente exquisita, no daban ganas de salir, pero no podía retrasarme más, mi horario de trabajo comenzaba a las siete en punto y finalizaba a las tres de la tarde, ocho horas redonditas en las que tenía que hacer mi convincente sonrisa forzada y atender a los clientes con mi mejor cara.
Salí del baño con algo de sufrimiento, ya peinada y cambiada. Llevaba mi pelo castaño oscuro suelto y ordenado, y vestía un vaquero gris tiza simple con una camiseta blanca debajo de un suéter grueso bordó con cuello de tortuga.
Fui hasta la cocina para tomar un rápido café. Puse el agua a calentar y esperé mientras hojeaba sin mucho interés una revista de moda y chimentos que seguramente le pertenecía a Victoria. Me reía de la sarta de estupideces que allí decía, no entendía qué persona en su sano juicio le interesaría esas cosas, me vino a la mente la cara de Victoria – Bueno... dije en su sano juicio- murmuré divertida.
Había personajes que no tenía la menor idea de quienes eran, y supuestamente decía la revista que eran famosos. Tampoco ayudaba mucho el hecho de que casi nunca prendía la televisión y si lo hacía, era únicamente para ver el noticiero, no tenía tiempo para interesarme por esas chabacanerías.
¿ El soltero más codiciado conquistado al fin?
- decía el título de una nota que leí con rapidez sin darle demasiada importancia, más de lo mismo.
La semana pasada se ha visto como el famosísimo y reconocido pianista, compositor y cantante, Edward Cullen, cenaba en el exclusivísimo restaurante Resort, al parecer deslumbrado con la bellísima Tanya, la reconocida mundialmente supermodelo que se rumorea, ha estado rondando incesantemente al joven artista en los últimos meses. Entérese de todos los pormenores de este acalorado encuentro en la página 27.
- ¡Qué ganas de entrometerse en la vida de los demás!- exclamé algo indignada cerrando la revista y arrojándola al sillón más cercano.
-¿Bella?- escuché decir a mi padre desde su habitación. Avancé con paso presuroso hasta ella y me sorprendió no encontrar a la culebra a su lado.
-Lo siento papá, no quise despertarte- la culpa hizo mella en mí, y todo por esa estúpida revista.
- No cariño, ya estaba despierto – intentó tranquilizarme- ¿Ya te vas a trabajar?- preguntó un poco avergonzado, aún no soportaba la idea de que yo tuviera que salir a trabajar, y el quedarse en la cama, sabía que se atormentaba por eso.
- Si, me tomo un café y salgo, ¿Quieres que te traiga algo? ¿Te preparo ya el desayuno?- me acerqué hasta su cama, y me senté a su lado. Cuánto me dolía verlo en esa situación.
- No querida, estoy bien, luego lo hará Vicky, no te preocupes.-
- A propósito, ¿dónde está ella?- le pregunté aparentando verdadero interés.
- Se quedó en lo de su prima, la que vino de viaje, al parecer tiene problemas con el marido o algo así y ella fue a animarla... es tan buena- dijo un poco orgulloso
- "y tú eres tan ciego papá"- pensé asqueada, nunca habíamos conocido a esa "prima" que supuestamente vino a la ciudad, las veces que Charlie intentó persuadir a Victoria para que la trajera ésta se negaba rotundamente, con cualquier tipo de excusa barata, está bien, mi padre podía creérselo, pero yo no era tan ingenua, y más conociéndola como lo hacía.
- ah- pronuncié sin entusiasmo, haciendo una mueca de desagrado que él pasó desapercibida.
Entonces miré el reloj, eran las seis y media, tomé un vaso que estaba en la mesita de luz al lado de la cama y fui directo a la cocina, el agua estaba hirviendo así que aproveché para prepararme el café, luego lo dejé arriba de la mesa, llené con agua el vaso que había traído y volví a la habitación de Charlie. Abrí el cajón de la mesita de luz y tomé una de las tantas cajas con pastillas. Saqué una y se la di junto con el vaso de agua, él se tomó la pastilla y el agua sin chistar y me devolvió el vaso con una sonrisa de agradecimiento. Regresé a la cocina, volví a llenar el vaso con agua y se lo dejé en la mesita de luz junto con otra pastilla.
- Esta te la tienes que tomar a las doce en punto, no te olvides , igualmente voy a poner la alarma – le dije como a un niño mientras ponía programaba el reloj que estaba en la mesita de luz, él volvió a sonreír.
- Muchas gracias hija-
- De nada papá – le sonreí con cariño – ahora me voy a desayunar por que sino no hay forma de que llegue a tiempo-
Me dirigí hacia la puerta bajo su mirada atenta.
- Bella, hija- me llamó, me dí media vuelta
- Dime.
- Te quiero. – me sonrió nuevamente, me sorprendió que me dijera eso, él nunca fue una persona muy abierta en ese sentido, era un poco cerrado en cuestión de sentimientos, al igual que yo, pero me alegró que lo hiciera.
- Yo también te quiero papá- me miró con emoción en los ojos y salí de la habitación con una sonrisa en la cara.
Luego de esto, tomé el desayuno rápidamente: un café y unas galletitas de agua, mi estómago no daba para mucho en las mañanas. Tomé la mochila que le pertenecía a mi madre y que usaba en sus viajes y me la puse al hombro , estaba bastante pesada, pues llevaba los libros de la facultad, decidí hacer algo de contrapeso y saqué un par de libros para llevarlos en los brazos, de esa manera hacía menos presión sobre mi pobre espalda que no daba para más.
Volví a la pieza de Charlie para saludarlo.
- Ya me voy papá, no te olvides de tomar la pastilla – le dije acercándome a él.
- Cuídate mucho hija, te lo ruego- me miró preocupado, yo me extrañé y me senté en la cama.
- ¿Qué pasa papá?- le pregunté inquieta mientras lo cubría mejor con las frazadas.
- Nada Bella, es solo que... tengo una sensación extraña – dijo colocándose una mano el pecho. Yo me alarmé.
- Voy a llamar al médico- iba a pararme pero Charlie me sostuvo el brazo.
- No cariño, no es eso, no te preocupes... es más bien como... un mal presentimiento- suspiré aliviada.
- Ah, era eso...- le sonreí tranquilizadoramente- no te alarmes papá, voy a estar bien, no hay razón para que te preocupes, deja a ese corazón tranquilo de una vez.- Él no se mostró muy convencido, me extrañó, pues nunca fue de hacerle caso a ese tipo de cosas.
- Te prometo que voy a cuidarme más hoy, si eso te hace feliz- intenté calmarlo.
- Gracias hija- suspiró un poco más tranquilo.
- Bueno, me voy, tu también cuídate mucho, y no te olvides de las pastillas, por favor- le rogué, el se acercó y me besó la frente con cariño, eso también me extrañó, parece que se estaba tomando muy en serio lo del mal presentimiento.
Salí de la casa velozmente, el viento frío golpeó mi cara, tenía exactamente diez minutos para llegar hasta donde mi trabajo, que por suerte quedaba lo suficientemente cerca como para llegar a tiempo, aún si iba caminando, pero eso sí, tenía que apresurarme, lo que se complicaba con el hecho de que las veredas estaban recubiertas de nieve y me hacían resbalar.
En ese momento recordé lo que Charlie había dicho y sonreí divertida, con la suerte y el poco equilibrio que tenía, lo más probable es que me terminara cayendo y rompiéndome una pierna.
Intenté avanzar lo más rápido pero cuidadosamente posible, no quería causarle un disgusto a Charlie, su corazón estaba demasiado débil como para ese tipo de cosas.
Al fin logré llegar justo a tiempo a la estación de servicio, y sin ninguna pierna rota, sonreí orgullosa de mí misma y entré al lugar que estaba en perfecta temperatura, como siempre.
No había muchos clientes, aún era temprano.
- Hola Bella ¿frío?- escuché una voz femenina detrás de la caja registradora.
- Hola Angela, si, hace un frió que no tienes idea- dije yendo detrás del mostrador para saludarla. Crucé una puerta y llegué hasta los vestidores, fui hasta mi casillero para sacar mi uniforme y dejé allí las cosas que cargaba y la ropa que traía.
Me vestí rápidamente y salí a la parte delantera del negocio ya con el uniforme del trabajo, que consistía en un pantalón negro algo ajustado y una remera verde musgo con el logo de la empresa, que podíamos usar sin problemas ya que dentro de la cafetería estaba lo único que me alentaba a despertarme cada mañana y dirigirme en medio de la tempestad hacia aquél lugar, el aire acondicionado.
También era obligatorio tener el pelo atado prolijamente y encima de éste, una gorra negra con el logo y un cartelito con mi nombre en la remera.
El día aparentaba ser tranquilo, había clientes, pero no los suficientes como para agobiarme, aunque aún era temprano, pero no tenía muchas expectativas de que el número aumentara demasiado, el día era bastante frío y la gente evitaba salir a las calles sino tenía ningún tipo de obligación, sentí envidia por un momento por aquellas personas que contaban con esa posibilidad, pero se me pasó rápidamente, después de todo allí adentro se estaba calientito y tranquilo, y el aroma a café invadía el ambiente haciéndolo verdaderamente agradable.
En el local estábamos atendiendo solo Angela y yo, y nos la estábamos arreglando sin ningún tipo de problemas.
- oye Angela, ¿hoy me acompañarás a la universidad o te pasa a buscar Ben?- pregunté mientras preparaba dos capuchinos para un joven que esperaba en la barra.
La universidad a la que asistía no quedaba muy lejos de la cafetería, por lo que tranquilamente podía ir hasta allí a pie, además, ésta estaba de camino a la casa de Angela, por lo que caminábamos juntas luego de salir del trabajo.
Pero la rutina había cambiado en los últimos tiempos, desde que Angela y Ben comenzaron a salir juntos.
Ben era un chico que trabajaba en el turno noche en la misma estación de servicios que nosotras, pero en el área del surtidor, era simple, honesto y simpático, me caía bien, pero eso no evitaba que yo sintiera un poco de celos cuando me vi un tanto distanciada de mi amiga por su relación. Aunque esto tuviera que ver gran parte por mi culpa, por mi orgullo, cada vez que ellos salían juntos me decían si no quería acompañarlos, pero la mayoría de las veces argumentaba alguna excusa para librarme de aquella situación, está claro que a nadie le gusta estar con dos personas que se besan más de lo que se hablan y que para colmo se miran con esas miradas de enamorados que hacen sentir tan incómodos al resto, aquellas miradas de la más profunda devoción y cariño, que me hacían sentir una desgraciada solterona.
"ya te va a tocar a ti", me habían dicho en una de las ocasiones que me burlaba de sus continuas y melosas demostraciones de cariño, ya era empalagante solo el hecho de verlos.
Recuerdo haber bufado y decirles "no tengo tiempo para eso", ellos se rieron, pero era la más pura verdad, no tenía tiempo para andar perdiéndolo con esas cursilerías, sino estaba trabajando estaba en la universidad, sino estaba allí, estaba cuidando a Charlie, y sino, me ocupaba de los estudios y de algunos quehaceres de la casa. No tenía casi tiempo libre, y lo poco que tenía lo usaba para leer o escuchar algo de buena música clásica, o algunas que otras bandas de rock . "Llevas una vida de vieja" me había dicho Angela, y era probable que así fuera, pero de todas maneras lo disfrutaba, o por lo menos no me parecía una vida tan mala.
Hubo un momento de silencio
- No, no creo que Ben venga hoy a por mi- dijo mi amiga casi en un susurro mientras limpiaba una parte del mostrador, me preocupé.
Le di los dos capuchinos al joven de la barra y me volví a mi amiga, que estaba con la mirada perdida.
-¿Qué va mal?- le pregunté intentando ocultar mi voz ansiosa, era raro verla de esa manera, con la mirada perdida y melancólica.
- No tengo ganas de hablar de eso....- dijo seria, pero luego su mirada cambió por completo a una de completa furia. – No, ¿sabes qué? Si tengo ganas de hablar...- dejó caer violentamente el trapo con el que estaba limpiando y se apoyó con sus dos manos en la barandilla trasera. – Es simple, ¡es un idiota!- el tono alto estaba comenzando a llamar la atención de los pocos clientes del lugar – Ayer fuimos a comer a su casa, una cena con sus padres, ¡imagínate!, yo fui con toda la ilusión de que al fin la situación se iba a poner un poco más seria, claro, comer con los padres, es el primer paso para afianzar la relación, que iba a ser presentada formalmente como su novia..- decía mientras movía sus manos con exageración.- ¡Pero no! Adivina, me presentó si, pero como su amiga ¡Su amiga! ¿Puedes creerlo? Y yo que creí que nuestra relación iba a dar un paso más...- finalizó furiosa mientras sus ojos comenzaban a tomar el aspecto perdido y melancólico de hacía unos momentos.
- Angela...- le dije con voz suave mientras ponía una mano en su hombro - no te pongas así...seguramente no lo hizo a posta... – tenía los ojos un poco aguados, jamás la había visto de ese modo. – habla con él...
En ese momento se escuchó la campanilla de la puerta de entrada, indicando que nuevos clientes ingresaban, Angela permaneció de espaldas, sin inmutarse, no estaba en las mejores condiciones para atenderlos.
- yo me encargo – le dije apretando su hombro amigablemente, me di media vuelta y observé a las personas que se dirigían al mostrador. Me quedé sorprendida.
Eran tres chicos, de los cuales, uno era fuerte, tan musculoso que parecía un verdadero levantador de pesas y de pelo oscuro y rizado y ojos color café. Otro, mas alto y delgado, era igualmente musculoso y tenía el cabello del color de la miel y ojos azules. El último era desgarbado, el más guapo diría yo, y llevaba despeinado el pelo castaño dorado, tenía dos orbes verdes y un aspecto más juvenil que los otros dos.
Los primeros dos, el musculoso y el de ojos azules parecían inspeccionar el lugar con la mirada, mientras que el que venía al frente, miraba sin muchas ganas a su alrededor, tenía aspecto aburrido y sus manos descansaban en los bolsillos.
Me llamó la atención lo bien vestidos que estaban los tres, parecía como si fuesen a una fiesta, estaban con trajes sumamente elegantes y formales.
Se acercaron lentamente hasta el mostrador y yo no pude evitar quedarme un poco pasmada, el que venía al frente era realmente guapo, pero tenía una mirada arrogante que no me inspiraba confianza.
- Buenos días, ¿En qué puedo ayudarles? – dije en tono amable dirigiéndome al más corpulento, que venía detrás, tenía una sonrisa simpática en la cara.
- Hola...si, espere un segundo por favor..- me dijo amablemente y se dirigió a sus acompañantes que se estaban sentando en unas banquetas de la barra – ¡Oigan!, Jasper, Edward... ¿Que van a querer?-
- Para mí está bien un capuchino – dijo el de ojos azules.-
- ¿Y tú Edward?- volvió a preguntar el corpulento esta vez con un tono cansado al ver que el otro se encontraba algo distraído, parecía molesto.
- Cualquier cosa Emmet – le respondió simplemente para luego dirigirse a su otro compañero, aunque su voz sonaba a enfado, era increíblemente profunda y aterciopelada- No tengo tiempo para estar esperándola Jasper... ¿Dónde se supone que se metió?-
Emmet soltó un suspiro y volvió a mirarme, yo esperaba paciente frente a la caja registradora.
- Lo siento ... – miró el cartelito con mi nombre- ¿Bella?- yo asentí con una sonrisa- ... ¿sirven submarinos aquí?- me consultó con un brillo en sus ojos, parecía un niño que pedía caramelos a su madre. volví a asentir amablemente, la felicidad cruzó su rostro. – ¡Genial!, entonces quiero: un submarino, un capuchino y "lo que sea" para el gruñón.- dijo con una sonrisa burlona, imitando pobremente la voz de su acompañante, yo me reí de su expresión y al parecer el otro lo escuchó, porque le dirigió primero una mirada de enfado a él y luego la posó en mí, yo me callé al instante pero no pude evitar dirigirle una mirada divertida al corpulento, luego me volví para preparar las bebidas.
- Si no le dices que venga en este instante me largo de aquí – refunfuñaba Edward. – tengo demasiadas cosas que hacer, no tengo tiempo para...
- Es tu familia Edward, te guste o no son tus primos, y no te queda otra que asistir a ese bendito casamiento... además Alice dejó de lado todos sus compromisos para organizarla... no me vengas con excusas- se quejó el que respondía al nombre de Jasper.
- No es lo mismo, a ella le gusta lo que hace, es su trabajo.. además, serán mis primos, pero ni siquiera los recuerdo, estoy seguro que me invitaron solo por interés...
- Interés o no hermanito, no dejan de ser familia, asi que será mejor que te comportes, no quiero que salgas corriendo antes de que siquiera pongan la marcha nupcial como la última vez, mamá sigue enojada aún con la última escapada, asi que deja ya de actuar como una estrella..- dijo Emmet
Se escuchó un leve gruñido por parte del aludido.
- Yo te aviso Jasper, en cuanto mi queridísima hermana no llame en los próximos cinco minutos, me marcho de aquí – le amenazó serio.
Yo mientras tanto servía el capuchino, la leche para el submarino y un café simple y los deposité en una bandeja, me di media vuelta para encontrármelos nuevamente, puse la bandeja en el mostrador y le entregué a cada uno su pedido.
- Aquí tienen- dije mientras le daba a Emmet su enorme vaso con leche y puse a su lado dos barritas de chocolate amargo, el los miró con una sonrisa en el rostro y dijo:
- mmm... justo lo que necesitaba- me reí de su inocencia al hablar.
Luego le serví al de ojos azules que me dedicó un amable:
- Muchas gracias
y al fina le entregué el café simple al chico más guapo pero al parecer más quejoso del grupo, sus ojos se depositaron en el café, lo miró con recelo durante unos instantes para luego desviar su mirada hasta mis ojos.
-¿Es descafeinado?- preguntó bruscamente, yo me sobresalté un poco, lo miré dudosa y luego contesté:
- No... es un café común- le dije simplemente, esperando que no fuera uno de esos clientes...
- Yo quería un descafeinado- dijo como si fuera lo más obvio del mundo frunciendo el seño, a lo que le respondí levantando una ceja "relájate Bella, relájate" me repetía internamente. Era uno de "esos" clientes.
- Lo siento, pero el muchacho me dijo "Lo que sea", en ningún momento me especifico nada. – le dije un poco molesta, pero intentando mantener mi tono amable.
- "Lo que sea" menos esto, me parece que es algo obvio... – dijo señalando con desagrado su taza humeante. " contrólate Bella" me decía mi voz interna.
- Y es algo obvio porque...-
- Todo el mundo sabe que detesto el café común – dijo con arrogancia, estaba a punto de estallar, pero mis instintos de supervivencia me decían que no debía permitir que un cretino me arruinara la mañana.
- ¡Ah!, lo siento, pero qué tonta fui, cómo no lo vi antes, disculpe mi ignorancia...- dije con sarcasmo, que al parecer el no notó, pero que sus acompañantes si, los miré, me miraban confusos pero divertidos-... dígame entonces joven, quiere que le de el descafeinado en una taza como la de los demás plebeyos o prefiere una taza de oro digna de la realeza- ya mi sarcasmo se hizo tan obvio que terminó dándose cuenta, me miró con enojo, pero con un brillo indescifrable.
-¿Me estás diciendo que no sabes quien soy?- me preguntó incrédulo, sentí un cosquilleo en mi mano, estaba a punto de golpearlo, y eso que no era una persona violente, pero era demasiado temprano para tener que soportar ese tipo de cosas.
- Claro que se quien es..- el brillo de su mirada desapareció y volvió a mirar con desagrado la taza-...está claro que usted se trata del cliente más insoportable e irrespetuoso que tuve hasta el momento- le dije sin más preámbulos, ese día decididamente no estaba del mejor humor. El levantó su vista sorprendida inspeccionando detalladamente mi rostro. Escuché las risas de los otros dos, los miré confundida ¿Es que acaso estaban todos locos?
- Esto es imposible... – murmuró asombrado Jasper pero a la vez divertido, por otro lado Emmet rompió a carcajadas.
- Paga - soltó el grandote mientras intentaba recobrar la compostura.
Yo los miraba sin lograr entender nada, ¿Se habrían escapado de algún psiquiátrico?No, no con esas ropas, pero entonces...¿Qué era lo que me estaba perdiendo?
Edward mantenía en su mirada un aspecto indescifrable, pero no apartaba sus profundos ojos verdes de los míos, como intentando leer mis pensamientos,
- No, olvídalo, esto no es posible- dijo aún sorprendido Jasper, me miraba intrigado, como esperando algún tipo de reacción en mí, yo solo viajaba con mi mirada por el rostros de aquellos extraños jóvenes, que me observaban como si fuera una autentica rareza. –Discúlpame que te pregunte esto, no quiero sonar descortés pero... ¿Tu eres de este planeta?- se dirigió Jasper hacia mí , yo levanté una ceja, estaba al borde del colapso nervioso, de manera que si no me decían rápidamente que es lo que les causaba tanta gracia en mí, iba a explotar. Fruncí el ceño, esto me estaba haciendo enojar, las risas del más corpulento no paraban de resonar por toda la cafetería
- Se puede saber de qué diablos...- comencé a decir enojada
Al final, Angela se dio vuelta curiosa por todo el jaleo, cuando la miré a los ojos me congelé, su cara era de una extrema sorpresa, estaba atónita, su rostro poniéndose de todos colores mientras dirigía su mirada a Edward, a quien volví a mirar y me di cuenta que no apartaba su mirada extrañada de mí, luego volví al rostro de Angela quien al parecer intentaba hablar pero no salían palabras de su boca.
- Angela... ¿Estás bien?- le pregunté preocupada, mientras ella no despegaba su vista de Edward, pasé varias veces mi mano delante de su cara pero nada, no respondía. – Angela.... Angela... ANGELA!- le grité ya cansada zarandeándola por el hombro, ella enfocó su mirada en mi- ¿qué demonios te sucede?
- El...el es...- comenzó a tartamudear mientras señalaba con un dedo tembloroso a Edward- el es... es....- me impacienté.
- ¿¡Quien!? ¿Lo conoces?¿ Es un conocido tuyo? ¿Un amigo? ¿Un ex-novio? ¿Quien?- intentaba darle algún sentido a su comportamiento, pero jamás la había visto así. Sentí más fuertes las carcajadas de Emmet y vi que tenía sus manos en el estómago a causa de ellas. Lo miré enojada.
- E..Edward.. Cu..Cullen- dijo aún en estado de shock., yo esperé que continuara hablando, que completara lo que iba a decir, porque francamente no entendía absolutamente nada, y aunque aquel nombre me sonaba levemente, me imaginé que debía ser a causa de Angela, claro, debía ser algún pariente o amigo de ella,
Escuché unos murmullos de parte de los pocos clientes que estaban en la cafetería, los miré y todos tenían sus miradas curiosas e interesadas puestas en nuestra dirección, seguramente por el escándalo, pensé.
- Angela, si no me dices quien es no sabré que es lo que pasa...
- ya..te lo... dije Bella, es Ed-ward Cull-en- intentó decir como si me estuviera aclarando todo, ¿Y se suponía que debía conocerlo? Volví a mirar al chico con evidente cara de confusión, miré a los otros dos que aún seguían riéndose, Jasper disimuladamente, pero Emmet no, y cada vez que veía mi rostro confundido lo hacía con más ganas.
De repente vi a Angela más pálida de lo normal y la vi desvaneciéndose delante de mí, yendo a parar al suelo de una. Me arrodille a su lado para comprobar que estaba desmayada.
- Angela, Angela, ¿Qué te pasa?- le pregunté moviéndola un poco, pero esta ni se inmutaba, suspiré con cansancio, Jasper y Emmet se habían aproximado a mi lado.
-Otra más... Edward.. ¿A cuántas chicas más piensas hacerle lo mismo?- dijo Emmet divertido, yo lo miré furiosa, a mí no me parecía nada divertido, mi amiga se encontraba en el suelo, desmayada, pero... ¿Por qué?.
Me levanté en el acto y me acerqué hasta Edward mientras lo apuntaba inquisitoriamente con mi dedo índice, el no se había movido de su lugar.
- Tú!... ¿Qué le hiciste a mi amiga?- Emmet volvió a estallar en risas ante la cara de sorpresa de Edward, quien luego le dedicó una fulminante a Emmet.
- Yo no le hice nada- dijo simplemente mirando hacia otro lado,
Me volví hacia Angela que aún permanecía despatarrada en el suelo
-Disculpa...- me dirigí al musculoso
- Emmet- me dijo con una sonrisa
- Disculpa Emmet, ¿podrías ayudarme a llevarla atrás? – el asintió con la cabeza
Ambos nos dirigimos a los vestuarios con Angela colgando de cada brazo y la depositamos en un sofá al lado de los lockers.
- No te preocupes, tu amiga va a estar bien, es solo la emoción, luego de unos minutos se les pasa- me dijo como si nada mientras yo chequeaba los pulsos vitales de Angela.
- ¿Emoción? ¿Emoción de qué?- dije confundida y el volvió a reírse, pero esta vez no tan exageradamente.
- Ay Bella, dime la verdad, ¿De qué planeta vienes? Prometo que no te denuncio a la CIA, es solo curiosidad- dijo divertido, yo lo miré con el ceño fruncido.
- Mira, sino me dices de que va todo esto te juro que...-le dije ya con un color rojo de la furia en la cara, mis ojos comenzaban a humedecerse por la ira.
- ¡No!, ¡No!, Los rayos X no, por favor- dijo riendo para luego salir corriendo fuera de los vestuarios.
Intenté despertar nuevamente a Angela, dándole unas palmadas en las mejillas, pero nada sucedió, suspiré con cansancio, y recordé que había dejado el mostrador solo, así que no tenía otra opción más que salir de ahí.
Cuando llegué los vi de nuevo allí, como si nada hubiese pasado, pero había algo extraño, alrededor del de ojos verdes, del tal Edward Cullen, se encontraban los pocos clientes que había en la cafetería, todos con un papel en las manos, luego miré a Edward y estaba escribiendo aún con el rostro de enfado algo en los papeles que le ofrecían. Me quedé parada en la puerta unos segundos intentando descifrar la situación, entonces la lamparita se encendió en mí. Él, Edward Cullen, debía de ser alguna personalidad, algún sujeto famoso, no quedaba otra explicación, pero...¿Tanto lío solo por eso?
Me acerqué a Emmet que estaba tomando su submarino mientras me miraba con una sonrisa burlona en el rostro, yo dejé caer mis hombros rendida, Jasper también me observaba divertido.
- Es famoso ¿no?- les pregunté con cansancio. Ellos sonrieron y asintieron a la vez. - ¿Y tanto escándalo por eso?-
- No Bella, lo gracioso es que tú no lo conoces, y... ¿sabes cuantas chicas de tu edad conocimos que no tienen la más remota idea de quien es?- me preguntó Jasper, yo negué con la cabeza.
- Ninguna- contestó Emmet- Tú eres una verdadera rareza. – y luego se echó a reír nuevamente. Yo puse los ojos en blanco.
- Bueno, disculpen mi ignorancia...- dije sarcásticamente-... pero aún no entiendo, ¿Quién es exactamente?
- ¿Pueden dejar de parlotear ya?...¿y dónde está mi descafeinado?- se escuchó la voz aparentemente molesta pero profunda y aterciopelada de Edward mientras nos fulminaba con la vista, al parecer ya había logrado sacarse a la gente de encima.
- Ya se lo sirvo – mascullé con desagrado, este chico era demasiado arrogante.
- Oye estrellita ya es hora de que bajes de tu pedestal, un día me vas a agarrar con los cables cruzados y te voy a bajar a las patadas.- dijo Emmet bebiendo lo último de su submarino. Me pareció escuchar un gruñido de parte de Edward.
Terminé de preparar el descafeinado sin muchas ganas, estaba a punto de dejárselo en la mesada, justo frente a Edward, cuando pasó algo que jamás creí que pasaría...
Sorpresivamente la puerta del vestuario que estaba detrás de mi se abrió rápidamente, empujándome y haciendo que perdiera el poco equilibrio con el que nací, no se cómo, pero yo terminé en el piso, miré mis manos para chequear que la taza estuviera en ellas, y así era, pero mi cara se transformó a una de horror cuando me di cuenta de que estaba completamente vacía, levanté la mirada con cautela, temiendo encontrarme con el peor espectáculo...
...y así fue.
Angela estaba a mi lado mirándome con cara de arrepentimiento y culpabilidad, al parecer ella me había empujado cuando abrió la puerta del vestuario, desembocando el desastre total.
- Oye Bella,¿ te encuentras bien?- me preguntó Jasper tratando de reprimir la risa, acto que Emmet no logró y se encontraba en el piso, con lágrimas en los ojos y agarrándose la barriga.
- Ay... estrellita...tu cara... es... de...foto- logró decir Emmet con dificultad.
"tragame tierra" pensé al ver a Edward, que me miraba con una ira y odio incontenible, todo su intachable traje estaba bañado con café, pero donde en realidad se notaba era en la camisa que en algún momento fue inmaculada, pero que en ese instante tenía grandes manchones marrones, volví a mirarle la cara, pero luego me arrepentí, a cada segundo estaba más y más rojo de ira, su mandíbula estaba tensa y sus fosas nasales dilatadas, en ese momento me vino a la cabeza "si las miradas matasen..."
Abri la boca para pedirle disculpas pero él se me adelantó y comenzó a gritar como un loco.
- ¡¿PERO QUÉ DIABLOS TE SUCEDE?!, ¡MIRA LO QUE LE HICISTE A MI TRAJE!,¿TIENES IDEA DE LO QUE CUESTA? NI CON TU POBRE SUELDO PODRÍAS LLEGAR A PAGARLO, ¡ESTÚPIDA!...- estalló de repente, hasta el momento yo escondía mi cara detrás de la barra, pero en cuanto escuché su insulto me paré de golpe.
- Mire, yo lo lamento en verdad, no fue a propósito, solo fue un accidente, pero nunca, ¡NUNCA EN TODA MI VIDA VOY A PERMITIR QUE ME INSULTEN EN MIS NARICES!, ¡NO ME IMPORTA QUIEN SEA, ASÍ FUERA EL MISMÍSIMO REY DE INGLATERRA ME IMPORTARÍA MUY POCO!. – contraataqué enrojeciendo también de furia. Escuché que un celular sonaba y que Jasper contestaba.
- Bueno chicos, ¿Por qué no se calman?- dijo Emmet un poco nervioso
- ¡¿Cómo quieres que me calme Emmet?!, Estoy a punto de ir a un casamiento y esa...esa torpe ¡Me arruinó todo el traje!.
- ¡No fue queriendo!- me defendí
- ¡Eso no me importa! No debería estar permitido contratar a gente tan inútil y torpe como tú!
- ¡Por lo menos yo no soy un arrogante mediocre que se cree mucho pero que como persona deja mucho que desear!
- ¡Tu qué sabes! ¡No sabes nada! – miró a Angela que permanecía parada y un poco pálida- ¿Dónde está el gerente?!- le preguntó aún encolerizado,
- E..el gerente n..no se encuentra en este m..momento- respondió ella a duras penas con la mirada baja, la cara de furia de Edward no se relajaba.
- ¡¿Y quién está a cargo ahora?!- volvió a preguntar casi gritando.
-E..ella- me señaló sin mirar y yo seguí mirando fijamente a Edward con el seño fruncido, el gruñó sin despegar su mirada encolerizada de mi rostro.
- Edward, ya cálmate, ella no lo hizo queriendo...- intervino Emmet conciliadoramente.
- Edward, llamó Alice, nos está esperando cerca de aquí- habló Jasper quien hasta el momento se mantuvo alejado de la discusión para evitar los gritos y poder hablar por celular.- ...Tengo una camisa en el auto que te irá, déjala ya, no tiene sentido seguir discutiendo, no lo hizo a posta. – finalizó colocando una mano en el hombro de Edward quien se relajó levemente, me dirigió una mirada encolerizada, se giró sobre sus zapatos y comenzó a caminar hacia la salida bajo la mirada atenta de todos los del lugar que hasta el momento habían estado pendientes del incidente.
- Lo siento Bella, mi hermano es un poco... irritable... – se disculpó Emmet avergonzado.
- No, tiene razón...aunque no tendría que haberme insultado, en verdad, no lo hice queriendo.
- Lo se, te vi, no llevas culpa, ahora dime... ¿Cuánto te debo?- dijo sacando la billetera.
- ¿Bromeas? Yo soy la que tendría que preguntar eso- no quería saber, pero sabía que era mi responsabilidad, y también sabía que iba a doler mucho escuchar la respuesta- ¿cuánto sale un traje como ese?- pregunté intentando que no se notara lo cobarde que me sentía en esos momentos, inconscientemente me mordí el labio inferior. El comenzó a reir.
- No Bella, ni siquiera lo pienses, él usa esos trajes como descartables, estoy seguro que eso es lo que menos le interesa, pero ya te dije, es un gruñón, y no hay nada que se pueda hacer al respecto... además, estoy seguro también de que no quieres saber el precio..¿a que no?- Sentí como el calor se depositaba en mis mejillas a causa de la vergüenza, el carcajeó.
- Si que eres rara Bella, me caes bien- dijo aún riéndose- Adios- me saludó amistosamente con la mano y se dirigió hacia la puerta. – y no te preocupes por Edward, no dejaré que te ocasione problemas- me prometió desde la puerta y me guiñó un ojo graciosamente.
Esa promesa me hizo sentir más tranquila, era consciente de que si supuestamente Edward era tan famoso, con tan solo una queja me tirarían de patitas a la calle en un segundo. Pero me aliviaba un poco el no tener que preocuparme por eso, solo esperaba que aquellas palabras no fueran en vano y que el arrogante de su hermano no se hallase tan resentido por eso, sino decididamente estaba en el horno.
Di un largo suspiro, intentando asimilar todo lo que había sucedido, era increíble pensar como en un dos por tres ese chico me había sacado de mis casillas, podría ser el chico más guapo que halla visto en mi vida, pero eso no quitaba lo desquiciante que podía llegar a ser. Por un tiempo me detuve a pensar, si todas las personas famosas eran igual de arrogantes en la vida real, y tal vez fuera cierto, pero eso era lo que más me molestaba, ¿cómo es que la gente podía volverse fanáticas de personas tan repugnantes, que parecían haber perdido toda la humanidad con el estrellato?.
No me di cuenta de la mano que reposaba en mi hombro, ni de la voz que me llamaba desde la realidad, hasta que sentí un apretón en mi brazo. En ese momento caí en cuenta de la vista de la mayoría de los clientes que reposaban en mí, curiosas y de los murmullos que se extendían por toda la cafetería.
- ¡Bella!- me llamó casi gritando mi amiga que permanecía a mis espaldas. Yo me sobresalté y volteé para mirarla.
- ¿Eh?¿qué pasa?- le pregunté distraída.
- Dios, ¡hasta que reaccionas!, ¿Estás bien?
- ¿Yo? Si, si, ¿Por qué no habría de estarlo?- tomé una rejilla para comenzar a limpiar el enchastre que había provocado en la barra con el café.
- Pues... todo eso, fue de lo más... insólito- dijo más para ella que para mí, recordando lo de hacía unos minutos. – yo.. Bella.. yo lo siento mucho.. no pensé que estabas detrás de la puerta... en verdad, lo lam...- comenzó a disculparse bastante apenada.
- No te disculpes,- le interrumpí- no tienes por qué, solo fue un accidente, no es tu culpa que el reaccionase de manera tan exagerada.
- Si, pero él podría quejarse...y si lo hace es muy probable que...
- Ya para- le dije algo molesta, era su costumbre agobiarse de más con los problemas que aún no llegaban. – Su hermano me dijo que no lo haría, y aunque cabe una posibilidad de que lo haga, aún no lo sabemos, no te hagas lío con los problemas que aún no ocurrieron.-
- Vale... igual lo siento.-
Yo fruncí el ceño y no le respondí, sabía que no lograría nada discutiendo con ella.
- Tengo curiosidad... ¿En verdad el es tan conocido?- le pregunté, curiosa-.. porque los chicos que venían con él no paraban de mirarme como si estuviera loca, hasta comenzaron a insinuar que yo no era de este planeta..¿Para tanto es?- comencé a recordar aquellas miradas de asombro, las risas de Emmet, el brillo en la mirada de Edward...
No podía negarlo, el era extremadamente guapo, sus ojos verdes eran muy llamativos, pero parecían esconder algo, como si detrás de ellos se escondiera algo de humanidad, y su aspecto me recordaba a la perfección de un dios griego, y su piel blanca, cual porcelana, me daban ganas de comprobar si era tan suave al tacto como se veía, tan sedosa como aparentaba, o quizá como el mármol, se me vino a la mente El David de Miguel Angel, ¿sería que él era una especie de supermodelo o algo por el estilo? Si, era lo más probable, aunque también cabía la posibilidad de que fuera un actor, uno de esos súper atractivos que llaman más la atención por su belleza que por su talento.
La voz de Angela volvió a sacarme de mis pensamientos.
-¡Pero Bella! ¿Cómo puede ser que no le hayas conocido? Digo...es Edward Cullen, por el amor de Dios- dijo súbitamente emocionada, como si hubiese recordado de repente mi estupidez.- Sale en todos lados, ¡hasta hay chicas que llevan su imagen en sus mochilas!–
Guau, ¿tan conocido era?. Pude entender un poco por qué era tan engreído, no era otra cosa que alimentar al cerdo... bueno, aunque él de cerdo no tenía ni jota, o por lo menos no en el aspecto físico, porque si hablamos de su carácter....
Pero de repente un haz de luz cruzó por mi mente, ¡Si!, había escuchado su nombre en otro momento, o mas bien, leído... al principio pensé que era a través de Angela, pero ahora que recordaba bien, ese mismo día había estado hojeando una de esas patéticas revistas de chimentos, ¡claro! De ahí lo tenía, ¿pero yo qué iba a saber? Si no fuera porque ese día lo había leído, no me lo hubiese creído.
- Sabes que no tengo tiempo ni ganas para andar pensando en esas cosas Angela, me conoces bien...
- Si, lo se, pero nunca creí que estuvieras taan desactualizada, digo, ¡Es Edward Cullen!- dijo aún emocionada, yo la miré con una ceja levantada, ella tampoco era muy fanática de ese tipo de banalidades, por eso me asombró la manera en la que hablaba, al parecer ese tal Edward tenía que ser muy conocido.
Bufé inconscientemente, ¿cómo una persona tan desagradable podía ser tan afamada? En ese momento recordé por qué nunca me había llamado la atención aquel mundo de puerilidades, ni siquiera en mis años de secundaria, donde el espíritu adolescente acostumbra empujarnos por ese abismo.
Pero tengo que aceptarlo, nunca fui una adolescente normal, siempre me encontré un poco apartada del resto de mis compañeros ya que nunca coincidíamos ni en los gustos, ni en los intereses, ni en los deseos, ni en las aspiraciones....
Si bien desde que nací tuve la peculiaridad de parecer mentalmente más madura, desde que mi madre falleció esa madurez se hizo más abrupta, y aún más con la repentina enfermedad de mi padre, las responsabilidades que tenía no eran las mismas que las de mis compañeros, ni la de la mayoría de los chicos de mi edad, no tenía otra alternativa, me tocaba crecer o crecer.
No me había dado cuenta de que mi cara de enfado no se había desvanecido, hasta que escuché la risa baja de Angela.
- No te cayó bien ¿a que no?- me dijo con una risilla burlona.
- Es un cretino, aún no entiendo como la gente puede estar detrás de él de esa manera, ¿pero qué se cree? ¿qué por ser famoso tiene a todos a sus pies? Pues no señor, yo nunca voy a humillarme por que sea popular ni mucho menos, no lo hice en la secundaria y no lo voy a hacer ahora, porque al fin y al cabo tiene esa misma actitud arrogante que la mayoría que se creen superiores, ¡por favor!- y volví a bufar mientras limpiaba en el suelo las gotas de café que habían chorreado de la barra.
Luego de esto las horas pasaron con rapidez, sin otro tipo de incidente, pero no pude dejar de pensar en lo que había sucedido, rogando que eso no me costara mi trabajo, si eso sucedía no tenía ni la más mínima idea de qué es lo que iba a hacer.
Cuando ya se hizo la hora de marcharme, Jessica, una de las empleadas que nos suplantaba llegó a cumplir su horario, pero el infierno se desató cuando Angela le contó a Jessica acerca de la "visita" de nuestro peculiar cliente. De ahí en más no pude escuchar nada más, tuve que taparme los oídos cuando me dirigí al vestuario para no escuchar aquellos chillidos de colegiala que inundaron todo el local, no podía creer cómo es que podían emocionarse tanto por algo así.
Me vestí rápidamente, escuchando de fondo las voces histéricas de mi compañeras de trabajo, me puse la mochila al hombro y tomé en brazos los libros para luego insuflarme coraje y enfrentarme a dos mujeres, según mi opinión, completamente desquiciadas.
Justo cuando Jessica comenzó a recriminar mi trato al "pobre" Cullen, vi que una persona de aspecto nervioso y con un ramo de flores en sus manos se asomaba por la puerta, era Ben.
Angela se quedó un poco pasmada pero noté una sonrisa tímida en sus labios, por más que lo quisiera, era imposible que ella y Ben estuvieran peleados, era algo que iba en contra de la naturaleza.
- Luego me cuentas- le dije al oído a mi amiga con una sonrisa sincera y despreocupada para, luego de un saludo rápido a Jessica y Ben, dirigirme a la salida.
Me sentí un poco decepcionada de que Angela no me acompañara, pero prefería que se arreglara con Ben y no tener que verla con esa mirada perdida tan anormal en ella, además, luego de lo que había pasado ese día, no tenía la menor ganas de seguirla escuchando criticarme por mis costumbres antisociales y hurañas.
El frío me golpeó la cara nuevamente ese día, la temperatura había bajado considerablemente y la tormenta de nieve no había cesado, avancé con más precaución que antes debido a los pisos resbaladizos y al viento que no me permitía ver con mucha claridad. En ese momento me arrepentí de no haberme ido de mi casa con alguna campera, puesto que el suéter, aunque fuera grueso, no era suficiente para contrarrestar el frío, pero igual no tenía que caminar demasiado, solo unas cuadras y ya podría estar a salvo de aquel glacial tiempo.
Cuando tan solo me quedaba una cuadra para llegar a la Universidad pude notar algo que me horrorizó inmediatamente.
Estaba esperando para cruzar las calles, cuando pude divisar, con algo de dificultad, una figura pequeña y delgada que avanzaba rápidamente por la vereda de enfrente, observando algo en sus manos, pero al parecer, ese algo, se deslizó por sus dedos y comenzó a rodar hasta el medio de la calle, fue ahí cuando me pareció ver un anillo, pero no estaba muy segura, no me inmuté, pensé que la figura de abrigo verde escarlata esperaría hasta que el semáforo cambiara para recoger aquel objeto.
Pero mi corazón se detuvo de golpe cuando la vi correr en dirección al pequeño círculo, pasando por alto el hecho de que el semáforo estaba en verde, y que un auto se acercaba en su dirección a toda velocidad.
Mi cara cambió a una de horror, mi corazón volvió a palpitar pero con una velocidad impresionante ante aquella escena, mis ojos se abrieron como platos y un grito ahogado salió de mi boca, un grito, que aunque leve, la figura pareció escuchar ya que cambió su cabeza a mi dirección, y entonces vi su rostro, era una muchacha de pelo negro corto y rebelde, con cada punta señalando en una dirección, tenía aspecto de un duendecillo, sus facciones eran finas pero hermosas y su piel era pálida como la cal.
Esperé que se moviera pero permaneció allí, en medio de la calle, en medio de la trayectoria de aquel vehículo.
- ¡ALICE! - escuché un grito profundo y desgarrador proveniente de la vereda de enfrente, pero como a media cuadra.
Luego de eso todo pasó en un segundo...
Sin pensarlo siquiera corrí con todas mis fuerzas en dirección a la figura, y me abalancé inevitablemente sobre ella, empujándola con fuerza, como lo haría un jugador de Rugby, quitándola del camino, de la trayectoria del automóvil que había atinado inútilmente a clavar los frenos, pero que con el hielo no pudo evitar deslizarse por el pavimento, creando un chirrido espantoso.
De repente vi al auto abalanzándose hacia mí, sin tiempo ni siquiera a reaccionar, me llevó por delante provocando un sonido sordo, elevándome por el capó haciendo que los libros que tenía aún en mis manos volaran por el aire, para luego encontrarme golpeando el vidrio delantero, provocando un dolor horrendo en mi cabeza que había chocado con el vidrio, haciendo que este se rasgara y volviendo a caer al suelo aparatosamente.
El dolor que sentí era incomparable, no podía mover mi cuerpo, seguramente me habría roto más de un hueso y algunas costillas y sentía que un líquido caliente se deslizaba por mi oreja.
Escuché algunos gritos, no era capaz de abrir completamente los ojos, estaba desarmada, completamente adolorida en algunas partes y en otras simplemente entumecidas, seguramente por el frío.
Vi a duras penas un par de figuras acercarse a mi, escuché la voz desesperada pero musical de una mujer, que parecía estar afligida, la voz ronca de un hombre que no paraba de parlotear y excusarse incesantemente, pero luego escuché otra voz, una completamente opuesta a la anterior, pero increíblemente conocida, una voz profunda y aterciopelada, también parecía preocupada.
Con gran esfuerzo intenté abrir un poco más los ojos para ver de quien se trataba, pero todo estaba demasiado borroso, logré divisar un poco las siluetas, como si no fueran más que sombras.
Sabía que había alguien allí, frente a mí, intentando llamar mi atención, pero no era capaz de enfocar mi vista en un punto fijo, la oscuridad intentaba envolverme, nublándome la vista un poco más a cada segundo, pestañeé un par de veces, intentando quitarme de encima la negrura pero era imposible...
... pero luego de unos instantes logré un poco más de claridad, la suficiente para lograr enfocar mi vista.
Y fue allí cuando me encontré con aquel par de ojos verdes e increíblemente hermosos repletos de ansiedad, vi su rostro de ángel y lo reconocí, creí por un segundo que estaba en el mismísimo cielo, pero aquel dolor no podía ser posible en el paraíso, vi sus labios moverse rápidamente, pero no lograba entender lo que decía, por un momento quise alargar mi mano y borrar las líneas de preocupación que estaban surcando su nívea frente, pero me fue imposible, sentí mis brazos como si fueran de plomo.
Aquellos ojos, tan conocidos pero desconocidos a la vez me transmitían una paz absoluta, como si fueran todo lo que deseaba ver, como si con eso pudiera partir de este mundo sin preocupación alguna.
Fue entonces, en medio de aquella fantástica visión que la oscuridad me rodeó por completo y comenzó a empujarme, cada vez con más fuerza, con más persistencia, como una manta del más pesado metal, intentando cubrirme por completo, y yo había comenzado a flaquear, a dejarme caer, a dejarme vencer, a dejarme empujar al abismo, no pensaba en nada más que en el sentido por el que seguir luchando frente a semejante cosa, si realmente valdría la pena seguir en este mundo lleno de dolor y sufrimiento, en esta soledad en la que voluntaria y silenciosamente me fui recluyendo.
¿Me reuniría con Reneé? Si es que existía algo después de esto, ¿Iría al mismo lugar que ella? De golpe la extrañé como nunca, quería estar con ella, recordar el sonido de su voz, sus juegos, sus risas, todo lo que me recordaba a la época en la que fui feliz, todo lo que me recordaba lo diferente que hubiese sido mi vida si ella no hubiese partido tan deprisa, en esos momentos dejé ganar un par de centímetros a la oscuridad, tenía una razón para morir, la esperanza de encontrarme con ella.
Pero de repente una voz, seguramente mi propio subconsciente me susurró al oído "Charlie", me llevó un momento recordar a quien le pertenecía ese nombre, y asociar aquel nombre con el rostro amable y cansado de mi padre.
¿Qué pasaría si yo muriera? ¿El se enteraría hoy o quizás dentro de un par de días? ¿Victoria estaría con él? ¿La bruja se alegraría? ¿El débil corazón de él soportaría semejante noticia? Lo más probable era que no, entonces una ráfaga de sentido cruzó por mi mente "¡NO!", no podía morir, no podía dejarme aplastar por aquella pesada manta de oscuridad, debía luchar, debía luchar por él, no me importaba mi vida, en lo absoluto, no tenia mucho sentido mi existencia, pero la de él si, no podía dejarlo morir, y menos por mi culpa.
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