Disclaimer: Crepúsculo no me pertenece, es obra de Stephenie Meyer.


/Te guiaré en las sombras\

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Capítulo II

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"Conociendo a la torpe, voluble e inadaptada cajera llamada Bella"

Edward POV'S

Ese día había sido simplemente agobiante, me había levantado temprano en la mañana gracias a la visita de mi "adorada" hermana y su novio Jasper, que por supuesto venían a asegurarse de que yo no escapara de la obligación familiar a la que me habían impuesto.

¿Por qué tenía que ir a ese casamiento? Hacía años que no veía a mis primos, creo que la última vez había sido cuando yo tenía doce años, y ya habían pasado siete años de eso, a duras penas recordaba sus rostros, ¿por qué tenía que ir?

Recuerdo que la noche anterior me había inventado mil y una excusa para librarme del atolladero, pero Alice había refutado cada una con la misma excusa, la misma que también Emmet exponía cada vez que me veía con la intención de abrir la boca para quejarme: "son familia", simple, solo eso y tiraban abajo cada uno de mis argumentos válidos y racionales.

Maldije tres veces antes de abrir la puerta, el timbre no paraba de sonar insistentemente, deduje al instante quien era.

- ¿Qué quieres Alice?- dije en el marco de la puerta bloqueándole el paso con los ojos entrecerrados y el pantalón del pijama aún puesto.

- ¿QUÉ HACES AÚN DE ESA MANERA?- gritó empujándome y corriéndome del paso, venía de la mano de Jasper quien me dedicó una sonrisa nerviosa, y es que Alice, a pesar de trabajar como organizadora de eventos se ponía especialmente frenética cuando las fiestas estaban ligadas a ella.

- No grites Alice, ¿No ves que me acabo de despertar?- cerré la puerta mientras me pellizcaba el puente de la nariz, no sabía como es que Jasper podía soportarla todo el día en ese estado de ánimo.

- ¡POR ESO MISMO TE GRITO!- si ella fuera inteligente sabría que no le convenía ponerme de mal humor en las mañanas, y más en un día como este. -¿SABES LA HORA QUE ES?

- Calma cielo, no te alteres- le dijo tranquilamente Jasper con sus manos en los hombros de ella, quien se relajó al instante, ya me había acostumbrado al efecto extrañamente tranquilizador que desprendía Jasper siempre que quería, y comprendí que mi hermana no podía haber encontrado mejor pareja que esa, se complementaban.

Alice comenzó de nuevo, esta vez en plan sarcástico.

- Edward, hermanito mío, ¿Podrías hacerme el favor de irte a vestir en este instante antes de que me agarre un síncope?.

Gruñí un poco antes de contestar

- Que conste que lo hago solo porque si no lo hiciera luego tendría que soportarlos pasándome factura en lo que les dure la memoria.- dije en un murmullo mientras me retiraba al baño para darme una ducha.

- ¿Ves Alice? Sin gritos todo es más fácil- escuché que le apremiaba el pollerudo de Jasper

Nunca entendí a los hombres como él, y puede que tenga que ver con el hecho que jamás sentí por nadie lo que ellos se profesaban, mi vida era bastante activa, los conciertos, ensayos, publicidad, eventos y demás obligaciones me dejaban agotado al final del día, no tenía mucho tiempo para ir de fiesta en fiesta como lo hacían la mayoría de mis colegas, la verdad es que jamás me atrajo ese tipo de vida, mis responsabilidades estaban primero y no podía ni quería tener demasiadas distracciones.

Digamos que era un adicto al trabajo, me gustaba lo que hacía, había sudado mucho para llegar hasta donde estaba, mi música siendo reconocida a nivel mundial, aunque decididamente no esperaba semejante furor, y esa era la parte mala del asunto.

Las crías resultaban ser un dolor de cabeza, cada vez que salía era siempre la misma historia: gritos y más gritos, y obviamente uno que otro desmayo, no, eso era infaltable en un día estándar.

Me asombraba lo fanática que se podía volver la gente, ¿Cómo es que se podían desquiciar tanto solo por verme? Y no voy a negarlo, aunque eso significaría para la mayoría de los hombres un sueño hecho realidad, se volvía una pesadilla en la realidad, llegó un momento en que empezó a desagradarme el hecho de que la gente estaba más interesada en mí, físicamente, que en lo que respectaba a mi música, lo único que a mí me importaba.

Pero hay que aceptarlo, esto de ser famoso tenía sus aciertos, la gente obedecía cada uno de mis caprichos (claramente no estamos incluyendo en este grupo a mi familia que no paraban de llevarme la contra), me facilitaban todas las cosas, no me negaban nada, me trataban como si fuera un rey y me daban todo cuanto estuviera a su alcance y más.

Esa era la parte buena de la cuestión, nadie, exceptuando a mi familia, me negaba nada ni me contradecía, por más que yo estuviera diciendo la burrada más grande del planeta, yo siempre tenía la razón...

y nadie se atrevía a rebatirlo.

Claro, todos menos Ella, la persona que había vuelto mi día en el más insólito y desesperante que era capaz de recordar.

Luego de que Alice se despidiera de nosotros y se nos uniera Emmet, nos pusimos en marcha, Jasper en su Wolksvagen bordó y mi hermano y yo en mi adorado y flamante Volvo plateado, había insistido en ir solo, pero al parecer desconfiaban de mi y temían que me escapara en cualquier momento, y no estaban muy errados, pues yo buscaba en mi mente cualquier excusa válida para correr en lo que canta un gallo.

Llegamos a una estación de servicio con la "maravillosa" noticia de que mi "inteligente" hermano mayor había perdido la dirección de la iglesia donde se iba a oficiar la boda, así que Jasper tuvo que dejarle un correo de voz a mi hermana para esperar que nos enviara de nuevo la dirección.

Ya me imaginaba la cara de Alice cuando se enterara de la estupidez de su hermano mayor, y una pequeña parte de mí sentía lástima por Emmet, pero solo muy pequeña, pues si la suerte me acompañaba tal vez podría librarme de esta boda más fácilmente de lo que me imaginaba.

Pero evidentemente la suerte no me acompañaba ese día, o eso aparentaba.

Cuando entré a la cafetería junto con Jasper y Emmet, me alivié de que no hubiera prácticamente gente, eso hacía las cosas más llevaderas, aún era temprano para soportar aquellos gritos histéricos.

Nos sentamos en la barra mientras Emmet pedía algo para tomar, no veía la hora de irme, eso de esperar y hacer tiempo no era lo mío.

Luego de preguntarle a Jasper dónde diablos se había metido mi insufrible hermanita pude escuchar que Emmet hacía sus típicas bromas con la cajera, no se como hacía Rosalie para aguantarlo tanto tiempo, debe ser alguna capacidad propia de los Hale, ya que su gemelo Jasper parecía tener la misma cualidad, Alice era bastante molesta cuando quería, pero Emmet... es que parecía que nunca iba a crecer!.

Me volví para mirarlos y ver por vez primer a Ella, quien se estaba riendo pero se calló al instante bajo mi mirada, por un momento creí que era mi poder de "estrella" actuando, pero vi que le dirigió otra mirada divertida a mi hermano, eso me hizo enojar más.

Seguí discutiendo con Jasper por mi asistencia al casamiento a lo que se sumó Emmet una vez más con su típica excusa de ; "Son familia", ya me sabía de memoria ese discurso.

Luego de un rato la cajera nos sirvió las bebidas, primero el submarino de Emmet (no se que extraña fascinación tiene con esa cosa), a Jasper le dio un Capuchino y a mi me dio un café simple.

¡Un café simple! ¿Me estaba bromeando? Ni siquiera era descafeinado, solo agua marrón con un poco de azúcar, ¿Esta chica era tonta o qué?

Con toda la paciencia de la que fui capaz le pregunté a la incompetente si el café era descafeinado, solo por preguntar, no es que no lo supiera ya, pero me interesaba saber si se había dado cuenta de tamaño error.

Ya todo el mundo estaba acostumbrado, todos lo negocios donde había ido sabían que yo no tomaba los cafés simples, ¿Es que acaso ella era una inadaptada social o simplemente me lo había hecho para hacerme rabiar?

Estuve discutiendo un poco con ella, haciéndola ver donde estaba el error, pero me sorprendió la manera en la que me hablaba, y la manera en la que me miraba, tenía ojos color chocolate con leche, para nada desagradables según mi opinión, pero eso no quitaba lo irrespetuosa que era. ¿Era consciente de a quién se estaba dirigiendo? Porque no lo parecía, me hablaba como a otra persona más, como si no supiera quien era yo, pero eso era claramente imposible, y más teniendo en cuenta lo joven que era, para que eso fuera posible tendría que vivir encerrada en una burbuja.

No, no era posible...

- ¡Ah!, lo siento, pero que tonta fui, cómo no lo vi antes, disculpe mi ignorancia...- sabía que eso no era posible, es que yo siempre tuve un "don" especial para darme cuenta del tipo de gente con solo una mirada, y esta era obviamente una más...- dígame entonces joven, ¿Quiere que le de el descafeinado en una taza como la de los demás plebeyos o prefiere una taza de oro digna de la realeza?- vale, estaba siendo sarcástica, ¡cómo no lo ví antes! Me sentí un completo estúpido, pero... ¿Quién se creía ésta hablándome así? ¿Podría ser posible...? Estuve escrutando sus facciones, su piel era blanca como el marfil, y unos mechones marrones se escapaban por delante de la gorra.

- ¿Me estás diciendo que no sabes quien soy?- le pregunté algo incrédulo mientras analizaba sus reflejos, cualquier señal de debilidad y yo me daría cuanta en un instante.

- Claro que se quien es...- lo sabía, imposible..., volví a mirar el asqueroso brebaje frente a mí- ...está claro que usted se trata del cliente más insoportable e irrespetuoso que tuve hasta el momento- ¡plaf! Lo dijo así como así, volví a levantar la vista para chequear si mentía, pero no noté la menor duda, mi hermano y Jasper estallaron en risas, como siempre Jasper un poco más reservadamente que el exagerado de Emmet.

Vi que la chica nos miraba con aspecto confundido y enojado, Jasper murmuró algo así de que era imposible, lo mismo que yo creía, pero es que o esa chica mentía muy bien o por muy extraño que pareciera nos estaba diciendo la verdad.

Emmet nos recordó lo de aquella vieja apuesta, una que habían hecho Jasper y él en mi presencia , habían apostado doscientos dólares, acerca de encontrar a una chica joven que viviera en la ciudad y que no tuviera la menor idea de quien era yo, por supuesto yo en ese momento habría apostado del mismo modo que Jasper, porque eso era francamente imposible, o por lo menos eso creíamos...

Jasper no lo creía, yo tampoco y Emmet no paraba de reírse.

La chica comenzó a enrojecer, y sospeché que no era por mi, como en la mayoría de los casos, pues tenía una mirada de furia que se notaría a cien metros. o era porque yo era muy bueno para leer personalidades, o porque esta chica se mostraba demasiado transparente, como un libro abierto pero que a la vez me despertaba mucha intriga.

En un momento, otra muchacha que trabajaba allí, y de la que ni siquiera me había percatado se puso frente a nosotros, con el rostro poniéndose de todos colores, pero eso no me interesaba mucho, era la reacción que había esperado en Ella, de la que no lograba despegar mi vista, ¡Diablos! Parecía que de verdad no me reconocía y no podía evitar inquietarme

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Miré el cartelito que tenía en el uniforme, se llamaba Bella, ¿Sería un diminutivo o su nombre real? Vi que su amiga me señalaba, atónita, como siempre, y juzgando la situación, se desmayaría en...cinco...cuatro...tres...dos...uno... ¡Pum!, ¡me encantaba tener razón!, las risas de Emmet se acallaron un poco, por fin!. Escuché un comentario idiota proveniente de mi hermano,¿Es que acaso se consideraba tan divertido? Por lo menos en esta ocasión no le hizo broma a la supuesta Bella quien lo miró furiosa.

Ella se levantó del suelo, donde estaba arrodillada junto a su amiga desmayada para apuntarme inquisitoriamente echándome la culpa, la miré sorprendido ¿yo qué había hecho? No era mi culpa que la gente sufriera de ese frenesí para con los famosos, lo único que faltaba, que ahora me culparan por las incoherencias de los demás..

Emmet volvió a estallar en risas, y lo miré con odio, ¿cómo puede ser tan tarado?

- Yo no le hice nada- le dije simplemente esquivándole aquella mirada acusadora, ¿hacía falta que lo explicara?

Luego le pidió a mi hermano que la ayudara a llevar a su amiga atrás, quien no tardaría en recobrar el conocimiento, de eso estaba seguro, como dije, eso era propio de un día estándar.

Las pocas personas que estaban en la cafetería se acercaron para pedirme autógrafos, y no pude negarme, aunque mi carrera no dependiera de la opinión pública, la influenciaba en gran parte, lo contaba como una de mis responsabilidades como artista, una bastante agobiante.

Mi hermano cruzó primero por la puerta corriendo, me pregunté qué estupidez había hecho para que justificara esa cara de burla que llevaba. Seguramente se había encargado de seguir gastando a la cajera Bella, quien apareció luego de un instante, cuando estaba firmando los últimos autógrafos.

Escuché que murmuró algo con aspecto cansado, y mi hermano y Jasper asintieron a la vez, luego intercambiaron un par de líneas más cuando Emmet se echó a reir de nuevo, me molestaba mucho no poder escuchar su conversación, no es que fuera un cotilla ni nada por el estilo, es que simplemente en esta ocasión me molestaba, no tenía explicación.

Me quejé de mi descafeinado y escuché que ella respondía con desagrado, ni que me importara.

- Oye estrellita ya es hora que bajes de tu pedestal, un día me vas a agarrar con los cables cruzados y te voy a bajar a las patadas.- dijo el idiota de Emmet, si supiera que yo estaba demasiado hastiado de su comportamiento excesivamente simpático y burlón no me seguiría molestando de esa manera, gruñí un poco para no tener que contestarle lo que tenía en la punta de la boca.

Me quedé mirando la puerta con claras intenciones de marcharme, pero intenté refrenar mis instintos por un momento, luego no quería soportar las miradas de decepción de mi madre, quien valora demasiado ese tipo de asuntos concernientes a la familia, lo mismo que Carlisle, seguramente estarían un buen rato sin dirigirme la palabra, últimamente me criticaban mucho sobre mi alejamiento de ellos, sobre que le estaba dando demasiada importancia a mi carrera, y sus típicos discursos moralistas, yo escuchaba, si, pero eso no significaba que estuviera de acuerdo, después de todo eran mis padres, supongo que ese era su deber.

Estaba distraído pensando en esto cuando lo impensable sucedió; no se como, pero de un momento a otro un líquido caliente con olor a café me empapó toda la camisa y el traje negro que Alice había elegido esa mañana para mí.

La cólera se depositó en mi cuerpo y fue irrefrenable, en cuanto vi quien había sido la responsable de tamaño accidente enrojecí de ira.

La incompetente de la cajera estaba en el suelo con la taza del descafeinado en sus manos, pero obviamente vacía, ya que el contenido había ido directo a mi. ¡Carajo! Me estaba quemando y encima en poco tiempo tendría que ir a una boda con ese mismo traje, ¿Esa chica era estúpida o se hacía?.

Primero, no tenía idea de quien era yo, sirviéndome cualquier cosa, y ahora tiraba todo el maldito descafeinado sobre mi persona. Tenía ganas de matar, me estaba descontrolando, si no se retiraba de mi vista en ese mismo instante no saldría con vida, y para colmo tenía que soportar las risas insoportables de mi hermano que resonaban por toda la cafetería, esto era el colmo...

-- ¡¿PERO QUÉ DIABLOS TE SUCEDE?!, !MIRA LO QUE LE HICISTE A MI TRAJE!,¿TIENES IDEA DE LO QUE CUESTA? NI CON TU POBRE SUELDO PODRÍAS LLEGAR A PAGARLO, ¡ESTÚPIDA!...- me saqué de quicio, eso no podía negarlo, pero es que esa situación me estaba superando, además de que ya de por sí ese día no estaba de buen humor por la maldita boda, tuve que encontrarme justamente con una persona como ella, no, mi autocontrol no era tan fuerte.

- Mira, yo lo lamento en verdad, no fue a propósito, solo fue un accidente, pero nunca, ¡NUNCA EN TODA MI VIDA VOY A PERMITIR QUE ME INSULTEN EN MIS NARICES!, ¡NO ME IMPORTA QUIEN SEAS, ASÍ FUERAS EL MISMÍSIMO REY DE INGLATERRA ME IMPORTARÍA MUY POCO!.- me dijo roja de ira, ¡como si tuviera el derecho a enojarse después de lo que me hizo!

Emmet intentó calmarnos, pero fue en vano, mi traje estaba hecho un desastre, mi camisa impresentable, ¡yo no podía arruinar mi reputación por esa incompetente!

Seguimos discutiendo un rato más y le pregunté a su compañera que había aparecido de la nada dónde estaba el gerente, me dijo que no estaba y que para colmo la que estaba a cargo era la inútil que había arruinado mi apariencia, ¿cómo pueden poner a cargo a una persona así?

Emmet intervino otra vez pero ni siquiera lo escuché, al que sí escuché fue a Jasper decirme que Alice ya se había contactado y que tenía una camisa en el automóvil, me calmé un poco, pero aún sentía mi sangre hervir y no era capaz de relajar la mandíbula.

Me di media vuelta y salí del lugar no sin antes ver por última vez a la culpable de que mi día haya empeorado notoriamente, quien todavía no había bajado la guardia y me miraba con esos particulares ojos color chocolate con leche. Si no fuera tan...

Llegué hasta mi volvo y puse un poco de música para relajarme mientras esperaba que mi hermano se dignara a venir, ¿Qué tanto estaba hablando con esa chica?

Vino unos pocos minutos después con cara de desaprobación, se subió y comenzó a regañarme.

- No debiste tratarla así.

- yo trato a la gente como quiero, no me molestes.- arranqué el auto, Alice nos esperaba a una cuantas cuadras, si hubiese sabido antes que la iglesia estaba tan cerca me hubiese ahorrado todo ese escándalo, esa cajera me había fastidiado desde el principio,

- Edward, ¡haber cuando maduras eh!- ¡ja!, justamente él me lo decía- , no puedes seguir creyéndote el ombligo del universo. – yo bufé, no tenía ganas de discutir, ya había sido suficiente por un día, pero al parecer Emmet tenía más que decir, y me sorprendí al notar que estaba serio, algo raro en él. – Bella simplemente fue empujada por la puerta que abrió su amiga, era de verdad cuando te dijo que no lo hizo queriendo...- la culpa me pinchó un poquito, bueno, eso le quitaba un poco de responsabilidad del asunto. Pero aún así, debía de ser más cuidadosa, y su compañera también, eso no quitaba lo que le había hecho a mi traje, lo único importante era el resultado, y esa chica, la tal Bella, la había fregado. – no te cayó bien ¿a que no?- yo lo miré como diciendo, ¿estás loco?- vale, vale, no me refería a lo de la camisa, sino al hecho de que no te conociera- se rió un poco entre dientes- creo que eso fue lo que más te molestó, no creo que hayas hecho tanto drama si hubiese sido una de tus fanáticas, que seguramente se habrían ofrecido a limpiarte la camisa con la lengua...- yo no le contesté, de verdad que no quería discutir...

Tuvimos que estacionar a un par de cuadras de la iglesia, ya que todos los lugares estaban ocupados, cuando bajamos del auto nos encontramos con Alice que venía directo a nosotros, y me alarmé cuando vi su cara transformarse a medida que se acercaba y me miraba con más detalle.

- ¡Edward! ¿Qué demonios te pasó? – me gritó Alice histérica.

- Solo tuvo un pequeño percance- dijo Jasper con tranquilidad pero con una ligera sonrisa en los labios. – Toma la camisa del maletero- me apuntó mientras se llevaba a mi hermana de allí, no dejándole ni tiempo a quejarse.

Yo obedecí a regañadientes, me puse la camisa, pero me quité el saco que aunque no se notara demasiado las manchas, yo lo hacía, y eso para mí era suficiente.

La boda transcurrió demasiado lenta para mi gusto, el cura no paraba de hablar, y yo estaba a punto de dormirme cuando se escuchó : "entonces los declaro marido y mujer"

Al fin, el tormento había terminado, encontré a mi madre restregándose las lágrimas de los ojos, siempre tan sentimental.

Yo, que ya estaba acostumbrado a llamar la atención, no me sorprendió el hecho de que la gente se acercara para pedir autógrafos o sacarme fotos, pero todo eso fue tolerable, nada podía ponerme de peor humor, nada podía competir con la incompetente de la cafetería. Con la joven de ojos achocolatados que había logrado sacarme de mis casillas con más facilidad de la habitual.

Luego de la ceremonia se hizo un brindis con los familiares y amigos más íntimos, por suerte no hubo fiesta ni muchas personas con las que lidiar.

Partieron el pastel e hicieron algunos ritos típicos de los casamientos, como esa estupidez de la liga, o cuando tiraron el ramo de la novia, y lo de tirar de las cintitas para conseguir el anillo. Que para sorpresa de todos, lo consiguió mi escandalosa hermanita Alice, quien estaba más que emocionada y no paraba de tirarle indirectas al pobre de Jasper, que se notaba bastante nervioso por la situación. Y no era para menos.

Cuando terminó por fin todo aquello no había sido tan, tan malo como imaginé, obviamente no estaba en mis lista de mis cosas favoritas, pero tampoco de las que no volvería a repetir.

Emmet estaba de muy buen humor acompañado de Rosalie, Jasper luego de pasar por las indirectas de mi hermana se relajó por completo y disfrutó de lo que restó de la reunión, mis padres también estaban contentos, Carlisle charlando con su hermano, el padre de la novia, y Esme yendo de aquí para allá junto con la madre, aunque sentí su mirada más de una vez en mí, seguramente preguntándose cuándo su hijo encontraría al amor de su vida, como dije, siempre tan sentimental.

Sabia que ella sentía un poco de pena por mi vida solitaria, y recordaba las muchas conversaciones en las que me instó a salir y relajarme, pero eso no formaba parte de mi naturaleza, y si lo hacía simplemente era por publicidad, o por alguna razón lógica que no me dejara alternativa.

Como por ejemplo, la salidas con Tanya, no podía negarlo, ella era muy hermosa, pero su personalidad dejaba mucho que desear, era bastante superficial y egocéntrica, simplemente salía con ella para que no me molestara todo el día con sus insistentes llamadas, y por sobre todas las cosas, para que los medios de comunicación no comenzaran a divagar acerca de mi sexualidad por no salir con cualquier cantidad de chicas, sabiendo que con solo decir una palabra tendría a quien quisiera en la palma de mi mano, y no es que sea arrogante ni mucho menos, es simplemente la realidad.

Claro, si en el camino no me encontraba con alguna mujer estrafalaria, ridícula, torpe y claramente una excluida social como la de la cafetería que ni siquiera me había reconocido, y para colmo se había atrevido a gritarme, a mí, a Edward Cullen, una de las personalidades más importantes de ese año según la revista People.

Y nuevamente me encontré pensando en esa insulsa, ¿cómo es que no podía quitármela de la cabeza? La odiaba, seguramente esa era la razón, por que... ¿cuál podría ser la otra posibilidad?

La voz de Alice me apartó de mis pensamientos.

- Edward, voy a buscar a Jasper, seguramente estará esperando en el auto, nos vemos en casa ¿no?- me dijo caminando en dirección donde habían quedado los coches.

- Eh.. si, eso creo, le prometí a mamá que pasaría por allí-

Y la vi marchar con su abrigo verde escarlata por entre la tormenta, jugando con algo en su mano. Luego de unos momentos escuché el sonido de un motor parando junto a mí, ahora que lo recordaba yo también debería ir en busca del auto, cuando me volteé a ver de quien se trataba me sorprendí al hallar a Jasper, quien había traído el coche por la calle contraria, de modo que no tuvo posibilidad de encontrarse con Alice.

Suspiré y me dirigí hacia mi auto con una extraña sensación en mi pecho, ¿qué era aquello?, hice unos pasos y comencé a caminar más rápido cuando la sensación se hizo más y más fuerte, dominándome por completo, llenándome de ansiedad, no sabía que era aquello, que era eso que me atormentaba sin sentido alguno.

Cuando al fín pude distinguirla estaba a casi una cuadra de distancia, apreté el paso, pero me asaltó el pánico cuando la vi cruzar la calle, ¡con el semáforo en verde!, y de repente la situación se transformó en una completamente irreal, como en un sueño, como en una pesadilla.

Un auto, un Cadillac negro iba en su dirección, y sin intencion alguna de detenerse.

La desesperación hizo mella en mí, el espanto transfiguró mi rostro, mi hermana estaba a punto de ser arrollada por un auto y yo no llegaría para ayudarla, estaba demasiado lejos.

- ¡ALICE!- grité con desesperación cuando la vi inmóvil en medio del camino. "maldición" me dije corriendo, a sabiendas de que no llegaría, no siendo un simple humano.

Fue entonces cuando ocurrió lo impensado, y me quedé helado viendo como otra figura aparecía en la escena, quitando de en medio de la trayectoria a mi hermana, y quedando ella en su lugar.

De repente el conductor del automóvil pareció darse cuenta de la situación a lo que atinó a clavar los frenos bruscamente, inútilmente, ya que las calles estaban congeladas y el hielo provocó que este siguiera deslizándose, provocando un chirrido insoportable.

La figura se quedo quieta, seguramente presa del pánico, y un dolor me golpeó inesperadamente en el corazón, como una maldita premonición, la peor de las sensaciones que era capaz de recordar.

E inevitablemente todo pasó, el auto se llevó por delante a la frágil figura, con un sonido sordo pero escalofriante, haciendo que el cuerpo recorriera todo el parabrisas, vi volar por el aire lo que parecían ser libros, pestañeé con incredulidad y cuando abrí los ojos nuevamente todo había terminado.

El cuerpo yacía inerte en el suelo, escuché los gritos de mi hermana desesperada, me acerqué a zancadas hacia el lugar con el corazón en la mano, no sabía por qué pero una pena indescriptible se había apoderado por completo de mí.

Cuando llegué al lugar, la ví, era Ella, no podía ser, simplemente no podía. "Ella, no"

Escuché que mi hermana hablaba por celular, afligida, pidiendo una ambulancia. Algunas lágrimas comenzaron a deslizarse por sus ojos.

- Yo no se lo que pasó, de repente se me cruzó, frené, pero el hielo no me detuvo...- el que hablaba era el conductor del vehículo, un par de personas se asomaron para luego cubrirse las bocas por la sorpresa.

Pero como en un sueño, no era capaz de prestar demasiada atención a mi alrededor, fui directo a donde estaba ella, Bella, la cajera de la cafetería, con los ojos entrecerrados.

Me arrodillé a su lado

-No te preocupes, la ambulancia ya viene- le dije cerca de su cara, quitándole algunos cabellos de sus ojos, aparentemente se había dado un fuerte golpe en la cabeza, ya que la sangre bajaba por su oído y se vertía rápidamente por el pavimento, haciendo un pequeño charco - vas a estar bien ¿me escuchas? Todo va a estar bien- sentí un fuerte opresión en mi pecho, ella tenía la vista perdida, en ese momento deseé ocupar su lugar ¿por qué? ¿por qué tenía estas sensaciones? hacía unos instantes estaba convencido que la odiaba, pero ahora, viéndola en ese estado, lastimada, ensangrentada, con la mirada perdida, con aquellos ojos chocolates mirando el vacío, me sentía morir. ¿podría ser que...? no, no lo creo...¿o si?

Pestañeó un par de veces, estaba haciendo un esfuerzo para enfocar la vista, y cuando posó sus ojos en los míos mi corazón comenzó a latir frenéticamente, ¿por qué? ¿solo por su mirada? ¿por qué?.

En esos momentos solo deseaba que me gritara, que me insultara, que me tirara mil cafés hirviendo, no me importaría, pero no soportaba ver como se le estaba yendo la vida, no soportaba el solo hecho de pensar que aquellos ojos podrían dejar de existir. Me miró, estaba tan débil.

- Oye, sigue con nosotros, no te atrevas a dejarnos ¿entiendes? Debes luchar, por favor, lucha, ya pronto la ayuda llegará, solo aguanta un poco más, ¿De acuerdo? Solo un poco más... - sus ojos comenzaron a cerrarse, el miedo me gobernó, la impotencia, necesitaba saber que ella seguiría en el planeta tierra, necesitaba que permaneciera con vida, no sabía por qué, pero no podía evitarlo, en ese momento me sentí tan vulnerable. – ¡No!.. no cierres lo ojos... por favor...Bella...resiste...- mis voz comenzó a temblar, y no precisamente por el frío.

En ese momento escuché la sirena de la ambulancia aproximarse, solo esperaba que no fuera demasiado tarde. Alice sollozaba a mi lado, también estaba arrodillada junto a Bella, la ambulancia se situó cerca de nosotros y el personal se acercó.

Yo me quedé parado, pasmado, viendo cómo le colocaban el cuello ortopédico y la subían a una camilla, sentí una picazón en los ojos y cuando fui a frotarlos con mi mano me di cuenta de que estaba llorando, ¿qué me pasaba?¿por qué me sentía así?.

- Disculpen, ¿la conocen?- nos preguntó un paramédico a mi hermana y a mí. Alice negó con la cabeza y le explicó rápidamente lo que había pasado, luego volteó a mirarme.

- Creo que él la conoce...- dijo mirándome sorprendida, al parecer también había notado las lágrimas, yo me encontraba aún en estado de shock sin ninguna explicación racional. – Edward..- me llamó en un hilo de voz – creo que deberías acompañarlos..-

yo me despejé y miré a mi hermana , luego al paramédico y luego a la ambulancia, asentí rápidamente.- yo les avisaré a los demás, nos veremos en el hospital.- su voz temblaba aún, y se fue corriendo.

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