Estaba de camino a reportarme en Jubilife cuando la vi por primera vez. La lluvia estaba tan fuerte que me fue imposible ver su silueta de pie, apoyada a una pared del Centro Pokémon. Croagunk quiso acercarse, pero volvió a mí cuando la frialdad del agua hizo contacto con él. Creí que ella probablemente ya no estaría ahí cuando yo volviera de aquel asunto pendiente.

Pero me equivoqué.

Croagunk y yo salimos tarde de nuestra junta con la policía local. La lluvia aún no se detenía, lo cual me molestó mucho porque a pesar de traer un paraguas el agua caía sobre nosotros y me empapaba completamente. Pasamos junto al Centro Pokémon otra vez y ella seguía ahí. Esta vez Croagunk no se intimidó por el agua, corrió hacia ella como si de una gran amiga se tratase. En un principio, la chica parecía no notar a mi compañero, hasta que él jaló su mano con suavidad.

Me acerqué con cuidado. No quería molestarle, pero en verdad quería irme a casa y tomar refugio de la lluvia. Ella miró a Croagunk antes de agacharse para acariciarle las mejillas; mi pokémon parecía disfrutarlo mucho, nunca lo había visto tan contento. Moví el paraguas para que también la cubriera a ella, y al notar que ya no llovía sobre ella, levantó su mirada.

No sé ni cómo fue, y acepto que me tomó por sorpresa, pero no pude despegar mi mirada de su rostro. Parecía que estaba llorando, y la presencia de Croagunk le había animado un poco más.

-Es un lindo pokémon –dejó de acariciarlo; Croagunk volvió a mi lado –Nunca había visto a uno tan afectuoso con algún desconocido

-Ah… ¿sí? Bueno… me parece curioso que él lo haya hecho. No tiene mucha confianza con las personas –pensé mejor mis palabras, yo quería saber qué hacia ahí –No pude evitar el darme cuenta de que estabas…

-Sí, te vi pasar. Llevo mucho tiempo aquí

-¿No piensas ir a casa?

-No soy de aquí. Ni de Sinnoh. Vengo de Kanto. Soy una entrenadora viajera, llegué aquí con ayuda de mi Charizard y ahora no sé a dónde ir

Me sorprendió el enterarme que había llegado ella sola hasta aquí. Bueno, apoyada por sus pokémon.

-Por lo mientras, ¿por qué no vienes conmigo? Puedes quedarte en mi departamento y cuando estés lista para irte…

-Gracias –me interrumpió; me desagrada que la gente haga eso, pero esta vez no me molestó –Supongo que debo pagarle por su hospitalidad

-No es necesario. "Para servir y proteger", eso dice nuestro lema

Me sonrió. Nunca había visto una sonrisa tan genuina y llena de agradecimiento en toda mi vida. Si de alguna manera pudiera haber visto mi rostro, confiaría en que en ese momento me sonrojé como jamás lo había hecho.

Grace (su nombre era perfecto) y yo caminamos juntos hasta mi departamento. Ella me contó que había estado en Johto y Hoenn, participando en las diferentes ligas pokémon y que había conocido a tantas especies de pokémon y personas.

-Pero ninguna tan agradable y amable como tú –terminó, esta vez estoy seguro de que me sonrojé

Bajo el techo de mi departamento le dije que podía tomar una de mis camisas mientras su ropa se secaba. Ella tomó una camisa blanca de mangas largas. Le quedaba tan grande que parecía que traía encima una bata.

Nos sentamos a la mesa para beber café. Yo estaba hambriento, pero no tanto como ella. Quise saber aún más sobre Grace.

-Debió haber sido difícil cuando te marchaste de casa. Tu familia debe extrañarte

Su mirada se entristeció.

-La verdad es que no tengo familia… bueno, algo así… Mis papás me abandonaron en Ciudad Viridian cuando yo tenía cinco años. Los únicos verdaderos amigos que he tenido desde entonces son los pokémon que he capturado

Decidí cambiar de tema, Grace parecía preferir no hablar más de lo que había pasado hace 13 años en Kanto. Conversamos por horas, admito que disfruté de su encantadora compañía.

Cuando llegó la hora de dormir, le ofrecí mi cama. Yo podía dormir en un sillón porque nunca lo había hecho y porque ella merecía dormir bien. Con esa timidez que hasta ahora me cautiva, ella aceptó.

-Espero que puedas dormir bien –me dijo mientras se acostaba

-Mañana te mostraré la ciudad –yo estaba seguro que ella se quedaría más tiempo

No escuché su voz. Supuse que ya estaría dormida.

A la mañana siguiente desperté emocionado a pesar de que hacía un poco más de frío y que seguía lloviendo. Miré hacia la cama, pero ella ya no estaba. No estaban sus pertenencias, y la camisa blanca que ella usó la noche anterior estaba sobre una silla.

Había una nota sobre la mesa y dinero. Tomé la nota rápidamente y la leí.

"Looker, muchas gracias por dejarme dormir en tu casa. Me pregunto ¿tú y yo somos amigos? Porque, si es así, eres el único amigo humano que he tenido. Sigue lloviendo, así que me llevé tu paraguas. Espero no te moleste, por eso te dejo dinero por si necesitas otro. Hasta pronto."

Sentí algo extraño. Tenía tiempo que no me ocurría, pero fue la primera vez que lo sentí tan fuerte. Ese sentimiento de vacío era demasiado fuerte y no pude evitar sentirme triste. Tomé el dinero que me había dejado y lo miré un rato.

Fue la primera vez que me importó tanto el tener dinero.