Llegué a Hearthome demasiado emocionada. Había escuchado que la ciudad era muy bonita y que la gente era amable y amistosa. Pero lo único que vi fueron calles vacías y nubes grises. De pronto, la suave llovizna se convirtió en una lluvia un tanto fuerte, justo como en aquél día, así que saqué el paraguas. Aún no decido si lo robé, lo pedí prestado, lo compré o lo renté. Cuando la lluvia dejó de caer sobre mí, no pude evitar pensar otra vez en él.

Su amabilidad, su rostro y cómo se sonrojaba cuando le decía algún cumplido los tenía aún presentes. Desde que me había ido de Jubilife en mis pensamientos estaba él. Admito que el extraño sentimiento que tengo cada vez que pienso en él, que aquél interminable cosquilleo que me molesta y que me agrada, y que la tonalidad roja de mi rostro nunca los había experimentado. ¿Será eso lo que la gente llama "amor"?

¿Looker se acordará de mí? Ya habían pasado como tres meses desde que nos conocimos, y hasta ese momento no lo había vuelto a ver. Conocí a más personas, capturé a más pokémon, conseguí medallas, pero yo deseaba volver a encontrarme con Looker.

Caminé por las calles de Hearthome sin saber qué cosa buscaba hasta que me topé con una iglesia o algo así. Estaba abierta y vacía, y entré porque estaba cansada de caminar y tenía frío.

Miré los murales que había adentro del edificio con mucha atención. En ellos había gente con pokémon, cooperando. Se veían felices a pesar de ser pinturas al óleo y cristales pintados. Me senté para descansar un rato y para pensar.

Me acordé de él y quería que estuviera conmigo porque lo extrañaba mucho. Sentí nostalgia, soledad y tristeza en conjunción con algo más agradable que aún no puedo describir muy bien. Esa extraña emoción era tan fuerte que sentí un nudo en la garganta y, frente a esas pinturas tan vívidas y sonrientes, comencé a llorar. Creo que me dolía el pensar que ya nunca lo volvería a ver y que si me hubiera quedado en Jubilife esto no me estaría pasando. No sé en qué demonios pensaba cuando me fui de su departamento.

Un rato después, mientras yo seguía llorando, sentí una mano sobre mi cabeza. No podía ver con claridad a la persona que estaba de pie frente a mí porque mis lágrimas me lo impedían.

-Te encontré –le escuché decir

Lo escuché claro y sonreí. Me levanté lo más rápido que pude y lo abracé con fuerza. Él también me abrazó, de una manera más gentil. Looker estaba ahí, conmigo, y sólo para mí.

Levanté mi rostro para verlo otra vez, y él secó mis lágrimas con esa forma tan amable que sólo conozco (y conoceré) de él.

-Nunca imaginé encontrarte por aquí –él estaba feliz de volver a verme; sólo lo supe

-Yo no creí que volvería a verte –le respondí; y yo seguía llorando

-Te llevaste mi paraguas favorito, tenía que recuperarlo

Me sentí culpable por lo que había pasado con el paraguas, y no pude evitar mostrar mis emociones de culpabilidad. Su risa me hizo dejar de pensar que estaba molesto.

-Compré otro, no te preocupes –su semblante cambió a uno muy serio –Yo sólo quiero saber ¿Por qué te fuiste?

-No quería molestarte… -me sentía apenada, de verdad era una situación rara

-No fuiste ninguna molestia. Me agradó estar contigo

Hubo un silencio sobrecogedor, yo no sabía qué más decirle o qué más hacer. Él se quedó mirándome, como si esperara algo de mí.

-Yo… yo te extrañé –sentí que mi corazón se había acelerado –Te extrañé mucho…

Nos miramos directamente a los ojos por unos segundos. Igualmente nunca voy a saber por qué lo hice o que me pasó, pero casi de la nada, jalé de su gabardina para acercarlo más a mí y lo besé en los labios. Él no puso objeción, se inclinó hacia mí y me abrazó más fuerte.

Me sentí feliz y culpable, pero más que nada culpable. ¿Por qué? Si yo deseaba encontrarlo y besarlo. Lo empujé y salí corriendo, sentí esa impetuosa y estúpida necesidad de abandonarlo otra vez. Lo escuché gritar mi nombre, parecía que estaba preocupado, pero no miré hacia atrás para saber si me seguía o no.

¿Las personas que se enamoran también tienen ganas de huir?