Cuando Grace salió huyendo del edificio dejó todas sus cosas, incluso a sus pokémon. La lluvia estaba más recia, pero poco le importó. Le daba incluso vergüenza el volver por sus compañeros pokémon porque ¿Cómo iba a mirar a la única persona que le trató tan bien después de tal actuación?

Al mismo tiempo que ella salió huyendo, Looker tomó todas las pertenencias de la chica y salió tras ella, con la misma velocidad con la que perseguía criminales.
-¡Grace! -gritó él; la entrenadora se detuvo en seco -Tus cosas... las dejaste...
Seguía dándole la espalda cuando comenzó a sollozar. La lluvia quería desvanecerse y dar paso a la suave llovizna.
-No tienes por qué temer... –dijo deteniéndose detrás de ella –No hay razón para llorar...
-Deberías estar molesto... -titubeó un poco, pero dio la vuelta y lo miró a los ojos –He leído en libros y visto en películas que son los chicos los que siempre dan el primer paso...
-Oh, pero, si tú no lo hubieras hecho, yo tampoco. Sabes, ese tipo de cosas no son lo mío. Es más fácil dispararle a un criminal que tomar la mano de una mujer

Ella le sonrió. Aún derramaba lágrimas, pero le sonrió. Looker le dio sus pertenencias con cuidado, sin apartar su vista de ella. Sabía que nunca podría dejar de mirarla. La chica tomó sus cosas, intranquila como pocas veces.

No sabían de qué manera reaccionar, ni qué decir o si debían moverse. Ella, de un movimiento sorpresivo, soltó sus pertenencias y abrazó con fuerza al oficial, atrayéndolo hacia su cuerpo. Él, por su parte, le correspondió con gentileza.
-Podemos viajar juntos si lo deseas. Sin separarnos jamás -susurró Looker
-¿Lo prometes?, ¿De verdad vamos a estar juntos?
-Para siempre –reafirmó

El abrazo duró hasta que la llovizna terminó.


El pequeño Roger Burke se despertó con la luz del relámpago y el estruendo del trueno. Abrazó con fuerza a su Charmander de peluche, pero el miedo fue mayor y corrió buscando a su mamá.

Su cabello negro estaba tan desarreglado como el de su padre cuando despertaba y sus ojos cafés tan adormilados como los de su madre cuando se desvelaba. Buscó por la casa, arrastrando a su Charmander y con el cuello de su pijama azul desarreglado.

La encontró en la sala de la casa, con la televisión encendida pero de pie a la ventana, mirando la lluvia solemnemente. Jaló la mano de su mamá, casi sacándola de un trance; ella lo miró y lo cargó.

-Tenía miedo, mami -ella no respondió, y siguió mirando hacia afuera -¿Y papá?
La mujer besó la frente del niño y lo sentó en un sillón junto a ella.
-Ya viene… -parecía nerviosa -No debe tardar

La lluvia arreciaba, y ella parecía preocuparse un más. Roger se acercó y se sentó sobre ella, mirándola con cuidado, como si jamás la hubiera visto.

De pronto, alguien comenzó a golpear la puerta con insistencia. Ella corrió con el niño en brazos, y abrió con trepidación y al verle su rostro mostraba alivio.
-¡Papá! -el niño saltó hacia su padre, quien lo abrazó con fuerza
-Tardaste en llegar, Robert
-Charizard estaba cansado, y no podía dejarlo mojarse así que tuve que caminar

Se miraron por unos segundos en silencio, hasta que su hijo habló
-Papá, ¿Atrapaste a muchos malos en Unova? –el niño parecía emocionado
-Sí, a todos -bajó a su hijo y lo despeinó aún más
-Hey, Roger, ¿Por qué no le traes a papá el dibujo que hiciste en la escuela? -la mirada del chiquillo se iluminó y corrió hacia su habitación, casi haciendo que su Charmander de peluche levantara vuelo.

Robert se quitó la gabardina mojada mientras su esposa le traía una toalla para secarle el cabello. Estaba cansado por la caminata y el largo viaje que emprendió.
-Ya que terminé esta misión puedo retomar mi trabajo como investigador privado, así que, si quieres, mañana podemos ir al cine o...
-A Jubilife. Roger quiere saber en dónde nos conocimos
-Me parece perfecto, Grace

La tomó por la cintura y luego la besó en los labios; le había extrañado como nunca. Y la lluvia sólo le hacía extrañarla más.