~ Los personajes de APH no me pertenecen, sino a la mano de Hidekaz Himaruya. Este fanfic está hecho sin fines de lucro alguno, sino por simple entretenimiento.
Ya sale Rusia, gracias por esperar ^^~
~ Progress
Por Berseker.
TERCER CAPÍTULO
Antes de subir al autobús, había conseguido una cobija para cubrirse en todo el camino. Había comprado un boleto directo a la ciudad sin escalas, así no perdería tiempo, pero tampoco nadie lo interrumpiría. Puso un pie en el primer escalón para subir, y luego se dispuso a buscar un asiento libre entre toda la gente. Caminó un poco, hasta llegar al lado de un joven. Preguntó por el asiento y este accedió sin respingar.
No tardó mucho en que el camión se llenara, al contrario, hubo gente que ni siquiera pudo subir. Y es que no era un viaje en el cual se fueran parados, debías de comprar tu boleto con anticipación. Soltó un suspiro, sintiéndose aliviado por haberse apurado. Dejó recargar la cabeza y sacó una barra de chocolate de su bolsa. La partió en trozos, ofreciéndole al joven de al lado, quien la aceptó con una sonrisa.
- ¿Para dónde vas? –le pregunto con confianza
- Voy para México, señor –le dijo, refiriéndose a la capital- Voy a buscar trabajo.
- ¿Y la escuela? –alzó una ceja, cuestionando con interés-
- No, señor, necesito más el dinero. La escuela no me sirve ahorita.
Fernando no siguió preguntando más. Se dedicaron a comer lo que habían comprado y a escuchar la historia que el joven tenía para contar. México solo lo escuchaba con detenimiento, tratando de analizar su situación. Al cabo de las horas, terminó de hablar y se dispusieron a dormir, pero algo no lo dejó a él. El viaje iba a ser largo, todos lo sabían.
Trabajo. Trabajo para tener dinero y poder comer en el día. Parecía que sólo necesitaban eso, pero incluso él sabía, mejor que nadie, que la escuela era importante. Aun él, cuando era pequeño, asistió a su escuela para prepararse como era debido –y para evitar los regaños de su abuelo si no lo hacía- y aún después lo hizo –fuese para adaptarse a la vida con Antonio-, siempre se trataba de aprender algo nuevo sin importar la edad que fuese. A través de la ventana, lograba ver varias patrullas resguardando los caminos. Las luces molestaban a algunos, así que solo cerraban la cortina, para dejarles continuar con su profundo sueño.
Se les unió y terminó por dormirse, sin soñar nada esta vez. Aun seguía cansado por el viaje, más aun, había evitado ver a los oficiales en la entrada al país, aunque más bien aprecia favor de Texas el dejarlo pasar como si nada. Sonrió un momento entre sueños, por un momento no sintió presión alguna sobre él. Eso era bueno, al menos por ahora.
- Fernando, despiértese…
Sintió unos codazos y empezó a escuchar susurros histéricos. Poco a poco abrió los ojos, topándose con una oscuridad que reinaba el camión ahora.
- ¿Qué…? ¿Pero qué está pasando?
Trató de levantarse, pero su acompañante lo jaló con fuerza para que se quedara en su asiento. Escuchó los rezos de un par de señoras atrás, pero todo se aclaró cuando escuchó la puerta abrirse, dándole paso a un par de sujetos con pasamontañas y una cuerno de chivo en mano.
Tenía sentido, los habían parado a mitad de la carretera.
- ¡QUIEN HAGA UN RUIDO, ME LO CARGO AHORA MISMO, CARAJO! -habló con fuerza
Una niña pequeña comenzó a llorar de pronto. Sus alaridos exasperaron al hombre, quien alzó el arma en dirección a ella. Su madre trató de protegerla, pero Fernando se levantó primero, acercándose con el ceño fruncido. Sus ojos brillaban con la poca luz que se colaba por las ventanas, pero esto solo hizo a su segundo acompañante alzar el arma jalar el gatillo sin pensarlo dos veces.
Varios de los presentes gritaron al verlo caer entre el espacio de ambas filas de asiento, pero este, después de unos segundos, se llevó la mano a la herida, volviéndose a reincorporar con dificultad. La bala había atravesado la carne de su cuerpo, ensuciando la camisa que su pequeño le había regalado. Soltó una maldición cuando sintió la profundidad de la herida. Se acercó al que tuvo enfrente, sacando su arma de la bolsa.
- No creo que te convenga hacer eso… -dijo meneando la cabeza- No conmigo, cuando necesito hablar…
Iván guardó su celular y volvió a sentarse en la sala de espera en el aeropuerto. Llevaba más de tres horas esperando al joven que se supone, debía de haberlo ido a recoger. Miraba insistente los minutos que pasaban, desesperándose un poco, pero tampoco quería partir sin él. Sus mirada violácea se entrecerró, cavando duda dentro de su mente. Apretó con fuerza la manija de su maleta y comenzó a jugar con esta, para así matar un poco de tiempo y continuar con su espera.
Se suponía que ese viaje lo había planeado desde semanas atrás. Por esas épocas del año, cuando las vacaciones se acercaban, dedicaba un par de días a pasarlos en casa de Fernando. Disfrutaba mucho estar en su país, pasear por sus calles y recoger girasoles antes de regresar, pero más que eso, le gustaba el tiempo que pasaba con él. Solo que él parecía no llegar.
- ¡Señor Iván!
El ruso volteó instantáneamente a ver quien le llamaba. A lo lejos, pudo ver a uno de los hombres de México, acercándose a todo lo que daban sus pies. Iván se levantó, bajando la mirada para verle directo. Esperó a que el otro tomara un poco de aire, Iván solo sonrió como era costumbre.
- Lo… Lo sentimos, señor… -exclamó, regresando su aliento con dificultad- Pensamos que el señor Fernando ya se encontraba aquí, pero… Parece que no es así…
- ¿Fernando no está en casa? –preguntó con su suave voz- No lo sabía…
- Lo sentimos, señor. Nos apena que haya esperado tanto tiempo aquí –dijo antes de tomar su maleta- Sígame por favor, cuando el señor Fernando regrese, irá personalmente a verlo.
- Da… -ambos hombres comenzaron a andar
Pero no le importaba el tiempo que esperaría por él, sino qué cosa se le había cruzado para que no fuera a recibirlo. Salieron fuera, donde un auto personal lo llevaría al hotel donde se hospedaría. De un momento a otro, el cielo comenzó a llorar y la gente que transitaba por las calles, corría a resguardarse en un lugar seguro. Rusia pegó su mirada al cielo, que no tardó en oscurecerse.
Cualquiera podría pensar que se trataba de una lluvia típica de la temporada, pero el estatus en el que él se encontraba, le daba a pensar más cosas sobre los demás. Se preocupó con levedad y sus ojos decayeron un instante. Ahora menos podría dejarse de preguntar a dónde había ido a dar el mexicano ahora.
Un par de días habían pasado y Texas no dejaba de despegarse del teléfono, esperando una llamada. Luchaba contra sí mismo y sus ansias de querer marcarle, pero sabe perfectamente que México era de los que siempre llamaban cuando llegaba a casa, solo que ahora parecía que su viaje no tendría fin. Se desesperó y golpeó el piso con la suela de sus botas y cogió la bovina, marcando ese número que se sabía de memoria.
Esperó unos segundos y la voz de una de sus ayudantes habló desde el otro lado.
- ¿Diga?
- Oh, yes… Excuse me, is Fernando there? –preguntó, tratando de sonar natural, pero ansiando escuchar la respuesta de la otra- It's Texas…
- Oh, excuse me, but Mr. Fernando is still out and we don't know when he will return –contestó, sonando preocupada. ¿Fuera? Bueno, era obvio. Ese tipo de cosas no estaban para decirse a cualquiera
- Understood…
- Do you want to leave him a message?
- N-no… -respondió apresurado- I-It's OK, thank ya.
Colgó y se levantó de su asiento. Quería confiar en las palabras que le había dicho Fernando, pero el pendiente no lo dejaba tranquilo. Salió afuera, buscando a uno de sus empleados de confianza. Le dio un par de billetes y le pidió que consiguiera periódicos mexicanos, lo más rápido posible. El otro no hizo preguntas y accedió, partiendo en su búsqueda. El joven solo pudo regresar a su despacho, pidiendo que le llevaran una taza de café negro.
Al cabo de unos minutos, una de sus sirvientas tocó la puerta y este le permitió entrar. Traía el café en una mano, y en la otra, varios periódicos. Le agradeció y le pidió que lo dejaran solo un momento. No bajó la sonrisa hasta que escuchó la puerta cerrarse. Después de unos segundos, tomó uno de los diarios y lo examinó detenidamente. Muertos, nuevas reformas y un par de delincuentes detenidos, hojas enteras dedicadas al futbol y varios anuncios. No encontró lo que buscaba y siguió con el otro, hasta que en uno de ellos, una pequeña notita le llamó la atención.
- "Intento de secuestro de un autobús…" –tomó un sorbo a su café- Se dirigía de Monterrey a la capital… -le pasó la mirada encima- Sólo se confirma la desaparición de una persona…
Se levantó de golpe y su mano buscó con desespero el teléfono otra vez. Marcó otro número, esperando a que le contestase. Entonces logró escuchar un par de risillas al otro lado de la bocina, antes de preguntar quien era y con quería hablar. Texas alzó una de sus cejas y la voz le tembló un poco.
- Soy Texas…
- ¡Oh, pero si eres tú, cabrón! –habló con jubilo- ¿Acaso ya te hartaste de Alfred y piensas regresar? ¿O qué?
- No, no hablo para eso, Nuevo León –le contestó hastiado- Sólo quería preguntarte… Si habías visto a Fernando por ahí…
- …-el regio se quedó callado un momento y, como si pusiera una mano en uno de los auriculares, comenzó a murmurar a otras personas- Oh, no, no, no lo hemos visto –regresó a hablar, tan natural con su acento, que se oyó tonto-
- No me tienes que mentir. Lo recogí hace unos días por mi casa…
- ¡¿QUE LE HICISTE QUÉ? –pareció caerse de su silla- ¡MÉNDIGO MORRO DESALMADO, ¿ENTONCES TÚ FUISTE QUIEN SE LO ROBÓ? –le gritó con todo lo que pudo, dejando sordo al pobre hombre que le había llamado- ¡DÍME DONDE ESTÁ!
- ¡Debió volver a tu casa a tomar un camión de regreso a la suya! –avisó, preocupándose más. Esa reacción claramente lo dejaba más que preocupado, ni siquiera había avisado a Nuevo León que pasaría por su casa- Escucha, me pidió que Alfred no se enterara de nada, así que no hagas un alboroto…
- ¿Te pidió eso? –sonó dudoso
- Deberías de comunicarte a su casa… -Nuevo León hizo un sonido de manera repulsiva- Hazlo, ¿quieres?
- Pus ya qué… -exclamó, erizándole el cabello hasta la última punta. El solo pensar que tendría que hablar con Distrito Federal lo llenaba de un sentimiento de querer írsele encima- Ya me ocupo de eso, pero dime, ¿qué le pasó?
- ¿Que qué le pasó? –sonó exaltado- ¿No deberías de saberlo tú?
- No me chingues, Texas… -se llevó una mano a la frente- Fernando había venido a mi casa para ayudarme con unas cosas, pero él se adelantó… Así que cuando llegué, ya no estaba…
- ¿Cómo? –De manera que Alfred había tenido que ver en todo eso- Dammit, ¿y ahora?
- Ese tonto… -soltó un suspiro- Yo me encargo, Texas, si pasa algo, te avisaré. Te hablo luego.
- Sí… -pudo decir por último y escuchó la llamada cortarse. Parecía que ni el regio estaba al tanto de lo que pasaba en su estado, aunque era de razonarse si el ataque había pasado en otro lado.- Que se encuentre bien…
Rusia siguió con su espera. Se había negado a salir del hotel hasta que el otro se decidiera a aparecer, pero esa espera parecía ya más un encierro y una condena para él mismo. Por un momento salía a pasear al vestíbulo del mismo, sentándose a esperar sin dejar de ver la puerta. No podía creer que Fernando no apareciera. Él nunca le había hecho una grosería así y no creía que se la hiciese. Probablemente, Alfred había conseguido que el mexicano le dejase de hablar.
- Net, Fernando nunca aceptaría eso… -susurró algo para sí mismo, pero después negó con la cabeza- Lo más seguro es que se presente a la conferencia de prensa, da, eso debe de ser…
Y con la esperanza de mañana, volvió a regresar a su habitación.
Esperó a que la noche llegara y con ella, un nuevo mañana. El día se había vuelto brillante y resplandeciente, como aquellos que tanto le encantaban. Se levantó de buen humor, poniéndose el mejor traje que tenía para el evento. Se acomodaba la corbata, cuando uno de sus ayudantes tocaba a la puerta, dándole aviso que el coche ya había llegado para recogerlo. Tomó su bufanda y se la volvió a colocar en su lugar, con mucho orden en el acto.
Salió del hotel, rumbo a donde sería la cede de su encuentro. Bajó del auto y pudo sentir la mirada de algunos periodistas, a quienes le sonrió amablemente y los invitó a pasar. Cuando abrió las puertas, aquella bonita sonrisa que se había dibujado en su rostro, cayó al suelo, solo de ver que Fernando no se encontraba en el acto. A cambio de él, uno de sus representantes le esperaba, un tanto nervioso, pero al final tendría que hacerlo. Iván caminó a prisa hacia donde el otro, llamándolo para preguntarle lo mismo que él se preguntaba desde que había tocado tierras mexicanas.
- ¿Y Fernando?
El otro simplemente se excusó, diciendo que Fernando seguía fuera.
- ¿No podemos esperar a que Fernando llegue? –insistió con un poco de fuerza en sus palabras, esta vez no logrando contener la frustración que se formaba por dentro
- Discúlpeme, Señor Iván, pero esta vez… Creo que el señor Fernando no podrá asistir.
Sin poder creerlo, Iván tomó su lugar frente a todos, cogiendo las hojas que había preparado para su discurso de agradecimiento. El aura del lugar se lograba sentir un tanto decaído y los murmuros comenzaron a esparcirse a través de los oídos del albino. Era mentira, Fernando no lo había dejado, simplemente tenía que atender un par de asuntos por su cuenta.
- Y, por último… -Rusia volteó a ver directo a las cámaras que tenía en frente- Rusia siempre estará con México.
Al otro lado del televisor, con un bote de helado en mano, Alfred soltó un par de carcajadas que se escucharon por toda la casa. Su jefe apareció detrás de él, mirando de reojo lo que la heroica nación veía. El rubio siguió comiendo su helado, finalizada la transmisión. Todo eso había sido como ver su caricatura favorita.
- It seems that Mexico didn't attend his conference with Russia, uh? –exclamó su jefe
- Yup –respondió, volteando a verle con una sonrisa victoriosa-
- Alfred, did you not get involved with this, right?
- Not it all, it's just… Mexico took his place as he should, no? –volvió a reir- Can you arrange a meeting with NAFTA?
- Alfred, what do you want?
- Show the world who is the hero that Mexico needs…
La joven capital canturreaba al son de su radio, mientras veía barrer a la señora que atendía la casa. Una semana, siete malditos días que ya asimilaba que fueran ocho y hasta un mes. Adentro, su jefe hacía un escándalo. A penas había recibido la forzosa invitación donde su desaparecida nación tenía que encontrarse con el Tratado de Libre Comercio. Se daba de topes y no dejaba de contestar llamadas de sus pequeños, por esa misma razón, Distrito Federal ya no lo escuchaba, porque solo lo tenía tenso. Incluso Rusia se había parado enfrente de la casa, antes de partir de regreso.
Pero había algo raro en todo esto. Por un momento había dejado de escuchar las quejas que usualmente el Estado de México, Nuevo León, Chihuahua y otros más le hacían. Pensó que con la situación era normal, pero, cada que escuchaba sus voces por el auricular del teléfono, sentía una extraña atmósfera rodearlos. No mala, no, era todo lo contrario a eso. Era una sensación de paz, que hasta cosa le daba.
Miró al portero de su casa leyendo el periódico. Se acercó con él para pedírselo por un momento. Tuvo la necesidad de hacerlo y así lo hizo. Se sentó donde se había levantado y buscó instintivamente una cifra, de la cual todos habían pasado por alto.
- ¿Pero qué chingados…?
Una camioneta se estacionó enfrente de los portones cerrados a su casa. El chico no se la pudo creer cuando vio la bota bajarse primero y luego a la persona que volteó a verle, con una sonrisa sin motivo. Cerró la puerta, agradeciendo antes, y la miró partir. Entonces regresó a mirarle, pidiendo al cuidador de la puerta que la abriera de favor.
- ¡FERNANDO!
La capital se paró antes que todos y de un golpe abrió la puerta. No se la podía creer, aun tenía la camisa con la sangre ya seca y el pelo todo enmarañado, sin contarle la suciedad en el cuerpo y el rostro demacrado. Inclusive no pudo diferenciar entre las secuelas de desatenderse como persona y las marcas que le quedarían como nación. Lo abrazó con fuerza, pero este lo evitó un poco, a penas acariciando su cabeza.
-Tranquilo, no me pasó nada –atinó a decirle, pero el otro se había quedado sin palabra alguna- Y-Ya estoy de regreso, no te pongas así.
- Es la primera vez que haces una jaladota así –le reprochó en la cara- Pero antes de que hagas algo, dime qué significan esos números en el periódico.
- Eso, hijo, -hizo una pausa, mirándole con alegría- Significa que todo va a estar mejor.
Pero esas palabras significaban más que un deje al viento. Eran palabras diferentes, de una persona que no era la misma, de alguien a quien se le escuchaba hasta el caminar distinto a como lo hacía antes.
De un momento a otro, de una forma cálida y sin fuerza, las tazas de delincuencia en el país habían bajado poco a poco. Nadie lo había notado, pero incluso el aire que ahora tocaba su cuerpo, se sentía más placentero del que pudo haber conocido en todo ese tiempo.
CONTINÚA
Está bien si muero acribillada. Gracias a Juan Nikté por los comentarios y a todos los demás por regalarle tiempo a este escrito C:. Por cierto, unas disculpillas por eso de los estados, igual no estoy muy acostumbrada en ello, pero lo vi un tanto necesario para el fic. Era eso o la misma virgen bajaba a salvarlo xDD. OK, no. Nos estamos leyendo pronto.
