Disclaimer: Crepúsculo no me pertenece, es obra de Stephenie Meyer.


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/Te guiaré en las sombras\ .

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Capítulo VIII

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"Mi problema llamado Edward Cullen"

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Edward pov's

Era lo único que me faltaba

De algún modo debía de haber previsto que algo así pasaría. Era obvio, ella era más que simplemente bonita, y de verdad que Alice no había ayudado en nada vistiéndola así.

Pero ¡Diablos! tenía ganas de matar a Jacob Black.

Era bueno en lo suyo, no podía negarlo, tenía ese nosequé para relacionarse con la gente y caer bien, era atrevido y un tanto impulsivo, pero..¿Tenía que meterse con Ella? ¿Justamente con Ella?

Una vocecita en mi cabeza me decía que de no haber sido él, hubiese sido cualquier otro. De una u otra manera algo así sucedería, y yo no podría hacer nada para evitarlo, no tendría que hacer nada para evitarlo...

Oh, pero jamás hubiese esperado que esta repentina ola de ira se apoderase de mí, esto claramente no estaba en mis planes.

¿Tan difícil se me iba a hacer intentar alejarme de ella? ¿Cuánto había pasado...cinco horas y ya dudaba de si iba a ser lo suficientemente fuerte como para cumplir con la regla que me había autoimpuesto?

Vamos, tu eres más fuerte que eso Edward. Me alentaba patéticamente a mi mismo.

Pateé una de mis zapatillas que rodó hasta debajo de la cama y me dejé caer en ella, exhausto.

Si ella no fuera tan buena, si él no fuera tan aprovechador, si Alice no fuera tan cooperativa, y si yo no fuera tan...egoísta..

¿Egoísta?.

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Bella pov's

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Por esa noche me prohibí terminantemente pensar en Edward Cullen, no quería seguir creándome historias y bajar aún más mi autoestima, prefería esperar hasta el día siguiente y aclarar con él las cosas.

Entendería si había tenido un mal día, digo, todos los tenemos, y también tenemos derecho a estar de mal humor, y si ese fuera el caso, me gustaría invitarlo a hablar conmigo, deseaba que él confiara en mí, porque algo me decía que él no era de esas personas que cuentan sus problemas, y en ocasiones, y yo lo sabía muy bien, esto te podía jugar una mala pasada.

Me di media vuelta en la cama y me dejé caer en los brazos de Morfeo.

Esa noche soñé con Edward- cuando no - pero fue un sueño que me dejó un mal sabor.

Al comienzo fue como siempre, él y su maravilloso rostro, sus ojos verdes brillantes, con sentimiento, sus facciones preocupadas, era un buen sueño, pero de repente apareció aquel otro Edward, el de mirada fría y palabras cortantes.

Me daba la espalda y se alejaba de mi, entonces yo lo seguía, llamándolo, pero él ni siquiera parecía percatarse, y cuando yo ya me sentía frustrada y algo triste al darme cuenta de que aunque lo llamara el no respondería y que cada vez parecía estar más y más lejos de mí, unos brazos forzudos me rodearon, susurrándome con la voz grave de Jake

- El siempre ha sido así.. bueno, casi siempre-

casi

y fue ahí cuando la inminente pregunta brotó de mis labios

-¿casi?-

Entonces todo se desvaneció y me desperté, nuevamente en la oscuridad.

El radioreloj me dijo que eran las once y media de la mañana.

Me resultó extraño que Alice no me hubiese ido a despertar. Entonces recordé que me había dicho la noche anterior, que ese día debía ir a verificar algunos anteproyectos para algún evento importante a la oficina que habían montado con Esme en el centro de la ciudad, y que regresaría a eso de las cuatro.

Eso era un alivio de verdad, no es que me molestara su presencia, todo lo contrario, pero necesitaba empezar a valerme por mí misma, y para eso antes que nada debía practicar, solamente esperaba no lastimarme demasiado en el proceso.

Lo primero que hice fue tomarme una ducha, ya sabía donde estaba cada cosa asi que no se me hizo problemático, como no había llevado a Jorge, tuve particular cuidado en no tropezarme con el peligrosísimo escalón que quedaba a medio camino.

Me alivió enormemente que Alice hubiese dejado preparado cada conjunto de ropa que combinaba en cada percha, eso me ahorró muchísimo tiempo, y sobre todo, una segura puesta en ridículo, si no era buena eligiendo qué ponerme cuando tenía la vista intacta, ni siquiera habría que aclarar cómo era sin ella.

Tomé el conjunto que se me hizo más normal, era un jean con una camiseta de modal, no tenía ni idea de qué colores eran, pero mientras taparan lo que tendrían que tapar, todo estaba bien. Finalmente, tomé unas zapatillas negras de tela que le había pedido especialmente a Alice que me dejara a mano, ya que además de combinar con todo, eran de lo más cómodas.

Cuando terminé me sentí sumamente satisfecha, me había vestido sin inconvenientes, por lo menos que yo notara, y sin necesitar la ayuda de nadie -en el proceso, claro está, no contaba la pre ayuda de Alice-.

Tomé a Jorge, que reposaba en la mesita de luz y salí nuevamente de mi cuarto, me percaté del silencio que dominaba la casa, seguramente cada uno estaría con sus obligaciones.

Claro Bella, no pueden estar pendientes de tí todo el tiempo, ellos también tienen una vida... me corrijo, ellos sí tienen una vida.

Entonces recordé que Alice me había dicho que Charlie dejó un mensaje en el contestador en el teléfono de la casa el día anterior, cuando yo estaba aún en la sesión de compras con el duendecillo. Asi que fui directo al teléfono que reposaba en la pared del pasillo, justo al lado de una maseta y arriba de una mesita que tenía lo que parecía ser un cuaderno, o quizás una agenda.

Apreté el 5, allí habían dejado guardado el número de mi padre para cuando quisiera hablar con él. Era increíble cómo pensaban en cada detalle, eso hizo que una onda cálida me atravesara, el sentirse tan cuidada era de verdad algo agradable.

Se escuchaba el tono de llamada del otro, ¿Estarían en casa? Si, tenían que estarlo, por lo menos no creo que Charlie se hubiese marchado a algún lado con su salud aún delicada, entonces.. ¿Estaría Charlie bien? Comencé a preocuparme cuando al octavo tono nadie respondía, estaba por cortar y llamar de nuevo cuando alguien levantó el tubo del otro lado. Se escuchaban risas de fondo.

- ¿Diga?- Esa era la voz de Charlie, suspiré de alivio, parecía contento.

- Hola papá- le dije, con una inevitable sonrisa en la boca.

- ¿Bells?-

- Si papá, ¿Cómo te encuentras?-

- Bien princesa, ¿Y tú cómo estás? ¿Cómo te tratan allí? ¿Estás cómoda? ¿Sucedió algo? ¿Estás bien?- preguntó con cierto tono de preocupación, me vinieron unas ganas terribles de abrazarlo, en ese momento caí en la cuenta de lo mucho que le echaba de menos.

- Estoy muy bien papá, no te preocupes, aquí me tratan de maravilla, son todos muy buenos conmigo- Bueno, había una persona..- ¿Y como anda todo por allí? Pareces contento, ¿Qué hacías?-

- Ah hija, ¿A que no sabes quien está aquí?, ¿Recuerdas a Harry y Sue Clearwater, los que se habían mudado a Atlanta hacía unos años?-

- Si, los recuerdo- Harry siempre había sido compañero de Charlie y se había criado los dos en Forks, eran muy amigos, y yo solía jugar con sus hijos cuando era una niña, no recordaba muy bien sus nombres, creo que la niña se llamaba Leah, ahora tendría más o menos mi edad.

- Pues están aquí de visita, compraron unas pizzas, ibamos a ver un partido de los Rangers- volví a sonreir, hacía tiempo que no escuchaba a Charlie tan animado.

- Cuanto me alegra papá, de verdad, pero ten cuidado con la sal, ya sabes lo que dijo el médico-

- Ya se, ya se Bells, no te preocupes,ah, Vicki te manda saludos-

- Dile que gracias- le dije de mala gana, por lo menos Victoria estaba haciendo que mi padre fuera feliz, eso era todo lo que le pedía.

- Se lo diré, cuidate mucho Bells, a ver cuando te pasas por aquí ¿vale?, te extraño.-

- yo también te extraño pa, ve a ver el partido, y tu también cuídate mucho.-

- Lo haré, te quiero Bells- Se le notaba la emoción en la voz, y se me formó un nudo en la garganta.

- Yo también te quiero papá, mucho- le dije, intentando con todas mis fuerzas de que mi voz no se quebrara y que él no se preocupara.- Adios, luego hablamos- le dije y corté antes de que dijera algo más que me hicieran saltar las lágrimas, últimamente estaba demasiado sensible.

Me quedé unos segundos allí de pié, esperando a calmarme, me ponía tan feliz que mi padre estuviera feliz y acompañado, eso le haría muy bien a su corazón, pero por otro lado me sentía algo triste de no tenerlo aquí, él era la única prueba de que la familia que me crió y me hizo tan feliz en mis años de infancia no había sido una alucinación mía, un recuerdo implantado.

Suspiré y avancé cautelosamente hasta la cocina – escalón de por medio- y el aroma de Edward llegó a mi en el acto. No pude evitar ponerme nerviosa, y querer volver sobre mis pasos, pero sabía que ese comportamiento cobarde no serviría de nada, tarde o temprano tendría que enfrentarlo.

Parecía que estaba tomando el desayuno o algo, ya que se escuchaba el tintineo que producía al revolver con la cucharita.

- Bbuenos días Edward- me salió la voz algo temblorosa y me sentí una estúpida, esperaba que no lo notara.

El tintineo se detuvo y pasaron dos interminables minutos hasta que el sonido recomenzó.

Yo ya sentía que la garganta se me obstruía, herida y molesta, me las arreglé para llegar hasta la heladera.

¿Por qué no me contestaba? Ni que le hubiese pedido todavía una explicación, solamente lo había saludado, ¿Era tan complicado para él mostrar aunque sea un poco de amabilidad?, ni siquiera estar de un pésimo humor justificaba eso . En ese momento supe que de ser esta la situación, hoy no obtendría respuesta alguna.

Está bien, no sabía cual era su problema, pero si planeaba ignorarme yo no me quedaría atrás, ni que lo necesitara.

Tomé el jugo de naranja que recordaba estaba en un compartimento, a la izquierda. fui hasta donde estaban los vasos y esta vez tomé la precaución de seleccionar uno de plástico que Alice había dejado al alcance. Me serví con el mayor de los cuidados el jugo y avance a paso de tortuga hasta la mesada.

Debía de resultar muy graciosa a la vista, yo no se cómo él no se reía, pero a esta altura, ni siquiera estaba segura de si él estaba tan cuerdo como creía.

Luego de dejar el jugo a salvo en la mesada, me puse a pensar dónde había dicho Alice que estaban las galletitas y esas cosas.

Evalué la opción de solicitar la ayuda de Edward, pero si ni siquiera había querido saludarme, no creía que quisiera auxiliarme, y no me importaba, yo podía valereme perfectamente por mí misma, no necesitaba de la ayuda de nadie, y menos de la suya.

Si, claro, ¿A quien intentas engañar Bella? ¿No te han dicho que no es sabio engañarse a uno mismo..?

Callé a mi voz interna, sabía que tenía razón, pero jamás lo admitiría.

Comencé a repasar mentalmente la cocina mientras me desplazaba por ella, tanteando, había dejado a Jorge sobre la mesada.

"A ver, en los cajones... no, allí solo hay utensilios, en la encimera.. no, en los compartimentos inferiores, no, ahí están las reservas de comida, en los compartimentos superiores, podría ser..."

- ¿Qué buscas?- su voz brusca me acobardó y me quedé quieta un segundo antes de responder.

- ¿Llas ggalletitas?- sonó como a pregunta, y..¿Desde cuando era también tartamuda?

- Siéntate, yo te las busco- Hubiese parecido una actitud amable de no haber sido porque por su tono cortante de voz daba a entender que alguien le estaba amenazando con un arma en su cabeza para hacerme ese favor.

Volví hasta mi lugar intentado que su comportamiento no me afectara, todavía no tenía mis respuestas, pero por el momento esperaría a que el antiguo Edward regresara, si es que lo hacía.

No pasaron más de cuatro segundos hasta que mi mano izquierda, que estaba apoyada sobre la mesada, sintiera la lata de galletas rozarla.

- Gra..cias- dije, intentando que la cordialidad no abandonara mi pobre voz.

No dijo nada y yo me dispuse a seguir con mi plan de ignorarlo mientras tomaba mi desayuno.

El silencio que había no era ese cómodo que se produce cuando las personas disfrutan de sus alimentos en compañía, no, era más bien ese otro, el que hace que las personas se apresuren lo más que puedan, y en ocasiones se atraganten con tal de terminar con esa tortura.

Y finalmente terminó, le di mi último sorbo al jugo de naranja y me dispuse a dejar cada cosa en su lugar hasta que, cuando no, mi torpeza natural dio la nota. Me tropecé con Dios sabe qué y fui a parar con vaso y todo al suelo.

- Auch- había evitado que mi cara diera con el suelo colocando mis codos debajo, y dejando que la mayoría de mi doloroso peso cayera sobre ellos.

Ni siquiera tuve tiempo para enderezarme cuando sentí que dos manos fuertes me tomaron por debajo de los hombros y me alzaron con destreza, poniéndome nuevamente en pie.

- ¿Qué no puedes ser más cuidadosa?- me increpó Edward de manera inesperadamente ruda.

Yo me quedé helada y con la cara hirviendo por lo menos por dos minutos hasta que no pude evitar contenerme y le repliqué:

- ¿¡Se puede saber que rayos te pasa conmigo!?-

Se quedó mudo mientras yo intentaba adivinar cuál sería su reacción o qué es lo que mostraba su perfecto rostro, o si en sus ojos se verían el hielo del Edward indiferente o el fuego del Edward con emociones.

- No se que quieres decir- me dijo, indiferente, yo tuve que apretar mis puños con fuerza para desviar la rabia, y no dejar que se notara en mi voz.

- Oh vamos Edward, ¿No me saludas? ¡Ni siquiera me hablas!-

- ¿Y qué se supone que estamos haciendo ahora? ¿Transmitiendo mensajes telepáticos?- preguntó ácido.

- Tu forma de hablar... tu tono de voz- no sabía cómo hacerle entender lo mucho que me fastidiaba que no me dijera que rayos le estaba pasando.

- ¿¡Qué¡? ¿Te molesta?- preguntó, con burla mezclada con una nota de rencor. Noté que se había acercado lo suficiente a mi como para que pudiera sentirle su respiración en mi cara.

Me sorprendió que como cobarde que siempre era, esta vez no haya salido corriendo en ese instante para encerrarme en mi habitación, y que por el contrario, me animara a gritarle en la cara.

- ¡Si! ¡Me molesta!-

- No te preocupes, te haré un favor, no te molestaré más- dijo con la voz más fría y cortante que había escuchado y se alejó de mí para abandonar la cocina.

Me quedé quieta hasta escuchar la puerta de entrada ser azotada con fuerza.

En ese momento sentí cómo una mano invisible se cerraba sobre mi corazón, y la humedad de mis pupilas me hizo reaccionar.

Yo no lloraría por Edward Cullen, si él tenía un problema de actitud no era asunto mío, yo no lo necesitaba, claro que no, esto no me afectaba en nada, era solo la rabia, nada más.

- ¿Bella?- Esme se acercó y se puso justo frente a mí- Oh cielo, pensé que continuabas descansando, no sabía que estabas despierta hasta que escuché los gritos, ¿Estás bien? ¿Edward y tú estaban discutiendo?- colocó sus manos en mis hombros con suavidad.

Entonces un par de lágrimas solitarias se desbordaron de mis ojos.

¡Diablos! ¡Qué débil era!

- Oh querida- murmuró ella con pena y me abrazó maternalmente. Dejé caer mi cabeza en su hombro, mientras ella me acariciaba el pelo con una dulzura que me hizo recordar a René y sus abrazos. Lloriqueé un poco, me sentía completamente frustrada, no lograba comprender a Edward ni el revoltijo de emociones que él provocaba en mí.

- No le hagas caso cariño, el sólo intenta protegerse- murmuró con esa voz tan tranquilizadora.

- ¿Protegerse? ¿De mí?- aventuré, confundida. ¿Qué podía hacerle yo? Una ciega, torpe y simplona.

- No cielo, de él mismo- respondió y yo levanté la cabeza, aun más confundida- Verás.. él no ha tenido un pasado sentimental muy.. agradable, él no siempre ha sido como es ahora, solitario y frío, esa es solo una coraza que ha construido para que nunca le vuelva a suceder lo que ya le ocurrió en una ocasión. Simplemente está asustado-

Estuve tentada a preguntarle de qué ocasión estaba hablando, pero sabía que si hubiese querido decirlo hubiese hecho más hincapié en ese tema. De todas maneras ya me encargaría de averiguarlo.

- Cuando era pequeño, Edward siempre fue un ser sumamente gentil y cariñoso, que no tenía inconvenientes en mostrar abiertamente sus sentimientos y abrir su corazón, pero..- noté que se controlaba para no soltar algo, en vez de continuar formuló una pregunta- ¿Qué harías tú si entregaras tu corazón a alguien y esta persona terminara pisoteándolo?-

Ni siquiera tuve que pensarlo.

- Lo guardaría con siete llaves y las tiraría al mar- y entonces lo entendí- Oh-

Edward había sido lastimado y ya no dejaría que lo hicieran de nuevo.

- Pero no entiendo, ¿Qué tengo que ver yo? ¿Por qué actúa así conmigo?-

No lo comprendía ¿Qué? ¿Acaso yo le recordaba a aquella estúpida persona que había jugado con su corazón?, ¿Es que ella tendría mis ojos, o mi pelo, o su piel era del pálido del mío? ¿O podía ser que esa persona también fuera ciega? ¡Ya sé! Tal vez era una torpe sin remedio como yo. Eso tenía sentido, quizás por eso había cambiado su actitud justo después del incidente de aquella noche en la que me desmayé ridículamente frente a él, o que él haya reaccionado hace instantes de esa forma tan brusca ante mi tropiezo.

Si, eso era lo que más sentido tenía, y a la vez hizo que se me revolviera el estómago.

Yo era torpe, siempre lo fuí y siempre lo sería, no habría manera de que pudiese evitarlo, y eso quería decir que jamás le agradaría.

Jamás.

La suave risa de Eme hizo que me alejara de mis tristes pero realistas deducciones. Fruncí el ceño sin comprender la causa de su gracia.

- Oh vamos cielo, no me digas que aún no te has dado cuenta, creo que está bastante claro- dijo con suavidad mientras sentía que me acomodaba un mechón detrás de la oreja.

- ¿Que no me diera cuenta de qué?-

- De que obviamente mi pequeño está en..-

- ¡Mamá! ¡Bella! ¡Jorge!- El inoportuno grandullón llegó a nosotros velozmente y nos rodeó con sus forzudos brazos, estrechándonos con fuerza.

Iba a decirle al hercúleo ser que le regalase un poco de aire a mis pulmones cuando Esme se me adelantó.

- Hijo, no..respiramos- Él se rió y afortunadamente nos soltó.

Luego de que Emmet llegara, no tuve oportunidad de hablar con Esme nuevamente, a solas, porque estaba claro que jamás lo haría en su presencia, me daba escalofríos de tan solo imaginarme qué pasaría si él se enterase que yo estaba preguntando sobre su hermano menor, tendría que soportar las burlas marca Emmet por toda mi solitaria vida.

Estuve toda la tarde intentando deducir qué es lo que Esme habría querido decirme, su última frase se me venía a la cabeza una y otra vez...

- De que obviamente mi pequeño está en..-

¿Enfadado? ¿Enojado?, eso no hacía falta que me lo dijera, estaba bastante claro, como ella había dicho, él lo había dejado lo suficientemente claro hacía rato, pero la pregunta aún era ¿Por qué? ¿Por qué estaba tan enfadado conmigo? ¿Por qué debía protegerse de mi? ¿En qué me parecía yo a esa maldita que lo había dañado?.

No encontraba una respuesta coherente, y por otro lado no podía parar de pensar en él, porque aunque intentara negármelo, él si me importaba, él si afectaba mis emociones, yo si lo necesitaba, a mi si me preocupaba, a mi no me era indiferente.

Jamás en todos mis años había tenido que pasar por esto, jamás me había visto a este nivel de confusión por un muchacho, ni siquiera en mis años de instituto, cuando la mayoría de las chicas se arrastraban detrás de los chicos, saltaban de emoción por ellos, se peleaban con ellos, lloraban por ellos...

¿Justo ahora tenía que pasarme esto? ¿Cuando aún no me había adaptado completamente a mi ceguera, cuando mi vida había dado un completo giro de un día para el otro, y aún no había sido capaz de asimilarlo?.

Porque él me hacía sentir cosas que antes jamás había sentido, todo era completamente nuevo para mi, y a veces me constaba entender que yo seguía siendo la misma Bella, la que jamás hubiese siquiera imaginado que esto llegaría a pasarle, la que no se emocionaba ni se entristecía con facilidad, a la que no le afectaban las palabras de alguien más hasta llegar a las lágrimas, a la que rara vez se percataba de su corazón pues este no latía de la manera desigual como lo hacía ahora, deteniéndose, helado, por un momento, encogiéndose de dolor al otro, y latiendo tan rápido como las alas de un colibrí al otro..

Tanto pensar hizo que me doliera tremendamente la cabeza, asi que le dije a Esme que no comería y que me iría a recostar. Ella estaba preocupada, lo noté en su voz, y me ofreció unas pastillas para la jaqueca o llamar a Carlisle para que me revisara.

Pero me negué a las dos cosas. Ninguna de las dos opciones solucionaría mi problema.

Mi problema llamado Edward Cullen.

...


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N/A

¡Buenas, buenas! Aquí un nuevo capí tardé, lo se, lo siento..

¡¡Feliz 100 reviews para todos!!

Muchísimas gracias a las siguientes personas por sus comentarios:

aridenere

miadharu28

aiiram

analhicullen

CuteMoon

Montse

Carmen Cullen 116

kattiiiH

1107

angelic-layer

Amelie 666

Izhavo

PRISGPE

AkHaNe

Nonita

Marieswan

Rebeeca Cullen- la verdad es que si había subido el cap, pero luego recordé que me faltaba las notas de autor asi que lo eliminé, lo siento, no quise confundirte, gracias por leer.

Nely*

mechiikagome

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Gracias también, como siempre, a todos ellos que no dejan comentario pero se toman su tiempo para leer. Y a todos los q pusieron a esta historia en favoritos o alertas.

Eso es todo.

Que tengan una hermosa semana. Los quiero.

.SHYKA-CHAN.