Disclaimer: Crepúsculo no me pertenece, es obra de Stephenie Meyer.


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/Te guiaré en las sombras\ .

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Capítulo IX

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"Mentiras patológicas"

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Bella pov's

Sentía como si una acopladora se hubiese pasado por sobre mi cabeza, era una sensación horrible, por más que había "dormido"- que en realidad habían sido sólo sueños, demasiado vívidos para mi gusto- no había podido descansar ni un segundo.

Gruñí un poco antes de darme la vuelta y estirar la mano hacia el radioreloj.

- Dieciocho horas, veintidós minutos, trece segundos- contestó la voz mecánica.

¿¡Ya eran las seis y media de la tarde!? ¿Por qué nadie me había ido a despertar?. Agucé el oído para ver si podía percibir algún sonido, voces o movimientos en la casa. No escuché nada, supuse que las puertas y las paredes eran lo suficientemente gruesas para dejar escapar cualquier sonido.

Tendría que levantarme, me sentía un parásito sin hacer nada, sin ni siquiera intentar hacer nada.

Puse mis pies en el suelo, y me percaté que ni siquiera me había sacado las zapatillas para dormir, pos supuesto que mi intención no había sido dormir.. dormir, es decir, técnicamente solo me iba a recostar, pero el cansancio mental me había derrumbado.

Me puse de pie, y el dolor de cabeza se hizo más latente, tal vez ahora sí aceptaría las pastillas que Esme me había ofrecido, de otro modo, no parecía que el dolor estuviese dispuesto a menguar.

Intenté aplanar mi pelo que daba la impresión de ser un nido de aves silvestres, pero me resigné al darme cuenta de que era un caso perdido, me quité la gomita que tenía en la muñeca y me hice una coleta lo más ordenadamente posible que era capaz sin un espejo, y sin la persona que pudiera verlo.

Tomé a Jorge de encima de la mesita de luz, lo estiré y salí de mi habitación.

El silencio aparentaba ser el mismo afuera, no escuchaba ningún movimiento, fui hasta la sala de estar con cautela y parecía no haber nadie, ni el sonido de la televisión, ni voces ni nada.

En cuanto me dirigí a la cocina pasó exactamente lo mismo, esto ya no me estaba gustando, es decir, no esperaba que todos estuvieran las veinticuatro horas a mi disposición, pero tampoco me hacía gracia estar completamente sola en un monstruo de casa y yo, como siempre, en mi completa oscuridad.

Volví a la sala de estar y me senté, algo tensa, en el sofá más próximo, el silencio era absoluto, esperaba que alguien apareciera, quien fuera. Por supuesto que no un psicópata con máscara de hockey y sierra como temía, pero si cualquiera que no quisiera asesinarme.

Bueno, tal vez Edward era la excepción, creo que en ese caso si hubiese preferido al asesino psicópata.

Pasaron cinco, diez, quince minutos, consultaba el reloj de mi muñeca a cada rato, pero nada, el tiempo parecía no querer favorecerme.

Escuché un sonido proveniente de la ventana, como si alguien estuviese rayando el vidrio. Se me puso la piel de gallina. Pronto fui también consciente del sonido de gotas que llegaban de la cocina.

Gota, gota, gota, gota.

Esto se estaba haciendo exasperante. El viento afuera soplaba con fuerza, o por lo menos eso me parecía.

Nuevamente el sonido de la ventana me sobresaltó, y un escalofrío me recorrió de pies a cabeza. Esto de verdad que no ayudaba para nada con mi jaqueca.

"Que alguien aparezca, que alguien aparezca" – deseaba con todas mi fuerzas, ahora la presencia de Edward no me parecía tan mala idea.

"tal vez están arriba" pensé esperanzada, pero me aterraba subir las escaleras, no conocía nada de los pisos superiores, y no quería destrozar ninguna pieza de valor incalculable, como parecía serlo todo en esa casa.

"Esperaré un rato más, quizás alguien venga y no tenga que arriesgarme a romper nada.. y tampoco romperme nada"

No pasaron más de dos minutos cuando lo que parecía ser un arañazo en el vidrio, chirriante y escalofriante me hizo parar de golpe, y correr tropezándome un par de veces en el camino hasta llegar a las escaleras.

"Cobarde", me repetía una y otra vez, pero sin retroceder ni un paso. Eso si, tuve que bajar un poco la velocidad a lo hora de subir las escaleras. Las escalones no eran tan altos, pero si eran bastantes.

Llegué hasta arriba como pude, no sin tropezarme en el último escalón, y eso que tenía el bastón.

Avancé lo más cuidadosamente posible por lo un pasillo, tanteando por ahí con suavidad, por suerte, el lugar parecía estar despejado.

- ¿Hola?- pregunté como tonta, me sentía en una película de terror de bajo presupuesto en donde la víctima escucha sonidos misteriosos y pregunta ¿Hay alguien ahí?- ¿Esme? ¿Alice?...¿Emmet?

Nada, absolutamente nada, a estas alturas mi corazón parecía estar en mi cabeza, literalmente.

Fue entonces cuando escuché.. ¿Música?, un sonido no tan lejano, lo seguí, avanzando por el interminable pasillo, la música se hacía más nítida y casi me sentía feliz, había alguien, ¡Había alguien! No estaba sola, y que yo sepa Jason no aparecía con ese tipo de música, digo, no era de esa escalofriante y misteriosa que te pone tremendamente tensa.

Si, como verán, ver películas era mi única conexión con el mundo "Hollywoodense" . Bueno, otra cosa de las que me debía olvidar. En esos momentos jamás había pensado que la vista era algo tan importante en mi vida, y mucho menos que la iba a perder, pero supongo que es como dicen: No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes.

Llegué hasta una puerta, justo donde terminaba el pasillo, la música parecía provenir de ahí. Era un sonido verdaderamente relajante, un piano, las notas eran lentas y delicadas, extrañamente eso parecía aliviar un poco mi dolor de cabeza.

"Momento".

Piano, música, música, piano..

¿Sería que..?

Escuché una voz tarareando por sobre la melodía.

Era él, estaba completamente segura, pero lo que más me preocupaba era la manera asombrosamente perfecta en la que se deslizaba por las teclas, o la maravillosamente irreal entonación… digo, por favor, esa voz ni siquiera parecía humana…

Me apoyé en la pared que estaba a un lado de la puerta y me deslicé lentamente hasta tocar el suelo. No me atrevía a entrar, desde allí me sentía lo suficientemente segura, y si aparecía algún fantasma o psicópata asesino Edward escucharía mis gritos, y quizás, si estaba de buen humor y me odiaba un poquito menos que en la tarde, me auxiliaría. Pero por el momento me mantendría allí, en el límite.

La música era de verdad tranquilizante, actuando como un sedante de acción rápida, ya la jaqueca había desaparecido casi por completo, para mi alivio, y sin la necesidad de tener que drogarme.

Me costaba imaginar que esa voz perteneciese a alguien que por momentos podía resultar tan frío e hiriente. Casi imposible, pero la verdad era que podía identificar débilmente la voz grave y aterciopelada en ella.

Dejé reposar mi cabeza en la pared.

Me sentía tan confundida, tan impotente, tan frustrada…

¿Qué se supone que debía hacer? Alejarme de él probablemente sería la mejor opción. Pero no me creía capaz de hacer aquello. No sabía muy bien el porque, ni cuándo fue que comenzó esto. Pero ahora sabía lo que se sentía no ser correspondida, nunca antes me había pasado, porque nunca antes había sentido nada como esto por nadie.

Y por Dios, que mal se sentía, ahora no me atrevía a criticar a esas personas que pasaban por esto, que lloraban y gritaban por otros.

Me sentía decepcionada de mí misma, de mi debilidad, de mis sentimientos.

Y tenía todo el tiempo unas ganas terribles de llorar, de ir y reclamarle a gritos qué diablos le sucedía, por qué simplemente no me podía dar un por qué, la razón por la que me trataba así, la razón de su rechazo.

Solo el saberlo resultaría un alivio para mí. Ya había aceptado que jamás alguien como él, perfecto en casi todos los sentidos podía fijarse en alguien como yo, pero por lo menos deseaba estar con él, como amiga, como alguien en quien confiar, alguien con quien se podría desahogar.

No recuerdo en qué momento fue que me relajé a tal punto de quedarme dormida…

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Edward pov's

Era de noche, el silbido del viento aumentaba de intensidad de a momentos, las ramas de los árboles cercanos a la casa tocaban las ventanas, pero todo eso era tapado por el sonido de mi amado instrumento, el antiguo piano de cola que había permanecido en esta casa desde que tenía memoria. No me lo había llevado al departamento a pesar de lo encariñado que estaba con él, no me sentía capaz de sacarlo de ese entorno de pisos de madera y muebles de roble que siempre lo habían rodeado. En mi domicilio estaba la nueva generación de pianos digitales, bastante bueno para mi sorpresa, pero sin el alma que siempre había creído que tenía este.

Dejé que las notas rasgaran el silencio. Mientras en mi mente venía una y otra vez la discusión con mi madre, que, en los diecinueve años de vida que tenía, ni una sola vez la había visto ponerse en esa postura, ni a la mezcla que me resultaba sumamente extraña entre su voz y su mirada, ambas revestidas de una seriedad inesperada.

Eran las cinco de la tarde, regresé a las casa de mis padres cuando me enteré que en la sala de sonido, donde se supone ensayaríamos, estaba siendo refaccionada por los de mantenimiento, estuve un tiempo dando vueltas por la ciudad, realmente no tenia muchas ganas de regresar y verla…a ella. Bella.

¿Por qué?

Sencillo, porque ya ni siquiera sabia que pensar al respecto. Apenas ayer me había sentido tan seguro, tan inquebrantable con lo que quería y sentía, y ahora parecía que se me había ido todo por el desaguadero.

Es decir, si, estaba claro que yo sentía algo sorprendentemente intenso por Bella, pero a veces simplemente…

Agh, no lo se, me daba rabia, que ella estuviera tan ajena a todo, a mi conflicto interno, a la postura en la que me había plantado.. y no podía evitar que la idea de que todo lo que me había propuesto hacer fuera una inutilidad… En fin, tenía la cabeza hecha un completo revoltijo.

Por otro lado, su rápida resignación me había dado de lleno en el estómago.

Ok, lo sabía, yo no podía esperar menos, era obvio que si yo no le dirigía la palabra, ella no insistiría demasiado, y también era coherente que su cara de enfado fuera evidente, pero tenía que admitirlo, me molestaba.

¿Y que esperabas Edward, una salva de aplausos?

Bien, lo acepto, soy un crío ¿De acuerdo? Pero no era capaz de actuar de otra manera, esto era lo que tendría que haber hecho en aquella ocasión, hacía ya tiempo, esto era lo que mi cabeza me había reprochado una y otra vez haber hecho, alejar, alejarla a ella, a… Heidi- aún me costaba pensar en su nombre- haber evitado que se metiera tan dentro de mi para que luego se arrancara, desgarrando y destrozando todo a su paso.

Pero en ese entonces ya era tarde para arrepentimientos. Ahora yo estaba roto, y de verdad que por esa y muchas otras razones, Bella no debería permanecer cerca de mi, no tendría que formar parte de mi vida, de mi..

Era por ella

Era por ella

No por mi, por ella

Había llegado a la casa, y desaparecido lo más rápidamente que pude por las escaleras, no tenía la más mínima intención de cruzarme con Bella, me metí a mi habitación y ya estaba por recostarme cuando mi madre había irrumpido en mi cuarto, me había mirado con una expresión indescifrable, mezcla de pena y enfado y se había sentado a los pies de mi cama.

Nos quedamos unos minutos mirándonos en silencio. Yo sabía que ella quería abordar un tema delicado y que estaba buscando la manera de afrontarlo. Su pregunta no se hizo esperar más.

- ¿Qué estás haciendo hijo?-

Me quedé mirándola por cinco segundos más hasta que su mirada penetrante me intimidó y tuve que voltear la vista hacia la ventana, las cortinas azules estaban descorridas y podía observar el sol comenzando a ocultarse, los débiles rayos anaranjados bañaban el cuarto.

- No entiendo a qué te refieres mamá- le dije aunque tenía una idea bastante clara de hacia dónde se encaminaba.

- ¿Qué estás haciendo con tu vida Edward?- ese era "el tono", se notaba a leguas que esta conversación iba a ser de las serias.

- Hago lo que puedo mamá- le dije, desganado- hago lo que puedo- repetí, más para mí, sentándome en el colchón con los pies en el suelo y los codos apoyados en mis piernas. Mantuve mis manos unidas observando distraídamente cómo la luz dorada les daba algo de color.

- Yo se que puedes hacerlo mejor hijo- Se acercó y se sentó a mi lado. – No entiendo por qué te empeñas en alejar lo que te hace feliz- murmuró, con tristeza en la voz, me sentía un desgraciado al darme cuenta de la manera en la que ella parecía sufrir por mi causa. Una causa perdida. Yo ya no tenía esperanza de ser feliz-

- Sino te importa mamá, no quiero hablar de esto ahora- le corté. Esto era algo que de verdad no tenía intenciones de hablar con ella.

- No hijo, hablaremos ahora- dijo, y ahí lo supe, por la determinación en su voz, que no dejaba derecho a réplica.

- No tiene caso mamá, ya déjalo- hice un último intento, aunque sabía ya de sobra que sería completamente inútil.

- No lo dejaré Edward, porque este asunto ahora no solo te concierne a ti. Bella está sufriendo con tu actitud, y de verdad que estoy intentando comprenderte, lo hice durante todo este tiempo Edward, y creí por un momento que dejarías todo atrás como debe ser, pero parece que te niegas a hacerlo -

Si, decididamente esta sería una incómoda conversación, hablaríamos del pasado, un pasado que planeaba dejar justo ahí, y de Bella, y a veces mi madre parecía un ineludible detector de mentiras, por lo que no me quedaba otra que hablarle con la verdad, de todos modos no me dejaría en paz hasta sonsacarme todo.

Bufé con fastidio y lo solté

- Yo no quiero hacerla infeliz mamá, ella se merece algo mejor que esto- me señalé, con frustración- yo no soy lo que ella necesita, los paparazzis, la prensa, no quiero exponerla, no quiero que la lastimen, siento que … debo protegerla, por eso tengo que lograr que se aleje de mi, es por ella, quiero… necesito que esté a salvo… - no me dejó acabar.

- Y esa historia que te has inventado.. ¿De verdad te la has creído?- Dijo casi duramente, me quedé atónito.

Fruncí el ceño.

- ¿Qué quieres decir?-

- Vamos hijo, soy tu madre, y al parecer se mejor que tú la verdadera razón por la que haces esto y la que no te atreves a aceptar.-

Me quedé mudo.

- ¿Y cuál se supone que es esa razón?- le dije, con recelo.

- Tu-

- ¿Cómo?-

La miré, descolocado, y ella relajó un poco el semblante.

- No es por ella cielo, no es a ella a quien intentas proteger, no es a ella a quien estás evitando lastimar, es a ti.-

-…- Miré el suelo fijamente, intentando procesar lo que ella me decía, intentando asociar esa razón con la que yo tenía, o creía tener.

- Pero te equivocas si crees que ella es como esa… Heidi- dijo su nombre como si fuera una grosería, pero cambió abruptamente al continuar- Bella es…ella es la persona más desinteresada que he conocido y no creo que jamás en su vida desearía lastimar a nadie, al menos no de forma intencional.- observé que reprimió una pequeña sonrisa al final.

- Asi que..¿Qué estás diciendo? ¿Qué yo intento proyectarme en ella? ¿Qué yo me he estado mintiendo inconscientemente? – aún no creía que estuviera hablando en serio, no sabía de dónde había semejante disparate.

- Eso es exactamente lo que digo hijo, eso no quiere decir que no te preocupes por ella, lo haces, eso es cierto, pero tu inconsciente ha tomado esa herramienta para fortalecer la excusa que tú mismo te has creído-

Me levanté de la cama, algo confundido y molesto, y me acerqué a la ventana.

- ¿Y hace cuánto se supone que te has recibido de psicóloga mamá?, digo, podríamos haberte organizado una fiesta o algo, para celebrar- le dije amargamente.

- Solo digo lo que veo hijo- respondió ella gravemente.

- ¿Y qué es lo que crees que ves?- pregunté fríamente sin apartar la mirada de la ventana

- Que tu temor a abrirte no solo te está haciendo infeliz a ti, sino que está lastimando a los que te quieren. Tú me decías que ella no se merece una portada en las revistas de chimentos, pero ¿Debo creer que sí consideras que se merece el dolor que le está causando tu indiferencia y tu desprecio? ¿En serio has encontrado algo de lógica en que una persona como ella se sentiría más lastimada por el que dirán de unos desconocidos que por el rechazo de alguien querido? ¿Cuál crees que le afecte más a ella? Tu viste su rostro, tu viste lo que provocan tus palabras o tus silencios ¿Eso es lo que crees que ella merece? ¿Cuánto sentido tiene eso para ti?- mi madre había comenzado a levantar la voz, algo que en rarísimas ocasiones hacía, pero lo que más me impresionó no fue ese hecho, lo que me dejó atónito no fue su tono ni la seriedad de su voz, sino, la realidad de sus palabras.

¿Podría ser que yo…?

No, ¿cómo podría ser? Es decir…yo…no, no es posible..¿o si?

Oh, demonios.

Recargué mi frente en el vidrio, y ella se acercó hasta mi.

- Solo quiero que lo pienses hijo- me dijo, su tono había vuelto a ser el de siempre, supuse que ya había dicho todo lo que tenía que decir, terminó colocando una mano en mi hombro con suavidad- y que te fijes bien lo que vas a hacer- me hizo que me volteara a verla, tomo mi cara entre sus manos y besó mi frente con cariño. - no vaya a ser que luego te arrepientas y no haya nada que puedas hacer-

Luego de esas palabras se había marchado, dejándome aún más embrollado que antes.

Y ahí me encontraba yo, tratando de darle un sentido coherente a mis pensamientos, comenzaba a evaluar la posibilidad de hacer algún tipo de terapia psicológica, psicoanálisis, terapias cognitivas, asistir a un grupo de ayuda, lo que sea, o tal vez, simplemente debía comprarme un libro de autoayuda, no creía poder verbalizar mis conflictos internos con nadie, si ni siquiera en mi propia cabeza tenían sentido.

Y para colmo mamá: siempre con sus tan puntuales, precisos y dolorosos comentarios realistas que me dejaban alerta, con la misma eficacia que producía tomarme cinco tazas de café seguidos, con los ojos como buho, pero sin daños gástricos colaterales.

Si no fuera mi madre, si hubiese sido una empleada y la hubiese podido despedir, ya lo habría hecho..¿Qué persona en su sano juicio le dice a otra que no lo está y que se miente para sentirse mejor, lo que está haciendo? ¿Qué madre supuestamente compasiva le dice a su hijo la verdad que su subconsciente tenía tan celosamente guardado? ¡Por algo lo hacía! Por algo se le decía "mecanismo de defensa".

Mi madre había llegado con pasos calladitos a reventar mi perfecta burbuja de auto-compadecimiento y auto-victimización, me había besado la frente y se había marchado como si nada, y de la misma forma silenciosa.

En esos momentos no habría sido tan malo haberme creído que mi progenitora era un repollo y no la dulce y sincera mujer que hacía completamente imposible la tarea de odiarla.

La verdad apesta- me dije a mi mismo. Ahora no solo me sentía como un reverendo idiota al repasar los patéticos motivos que me habían llevado a tomar la decisión de alejarme de Bella, sino que me sentía de lo más culpable por hacerle sentir mal y no tener una excusa aceptable por ello.

Una cosa era divertirme haciéndola enfadar, o soltar algún comentario para que Emmet lo hiciera, pero otra cosa completamente distinta era ver el dolor en sus hermosas facciones, dolor que mis mentiras patológicas y yo habíamos provocado.

Y diablos, me sentía como todo un rufián, ella estaba en el mismo grupo que estaba Esme, esas personas que al hacerlas sufrir cometes un pecado capital.

Empecé a tararear la canción que había comenzado a componer para mi último cd.

¿Qué se le dice a alguien que ignoraste dos veces para luego tratarla de una manera estúpidamente brusca, que lo sientes?

"Ah, hola Bella, siento haber actuado como un patán, es que es ocasiones suelo ser un tanto bipolar producto de mi subconsciente y mi madre reventaburbujas, ¿Podrías perdonarme? Prometo que para la próxima vez que el pasado amenace mis próximas decisiones te avisaré.."

No tenía idea de nada, pero había algo de lo que estaba a cada momento más y más seguro: había metido la pata hasta el fondo, para variar.

No sabía que haría de ahora en adelante, no tenía la cara para enfrentarme a Bella, ni corroborar lo que, estaba completamente seguro, ella sentía: su odio hacia mi. Y no la culpaba, en absoluto, yo hubiese sentido lo mismo… bueno, en realidad, dudo que alguna vez pudiera odiarla verdaderamente.

Era increíble la manera en la que me había involucrado con ella, ni siquiera años hubiesen sido suficientes con cualquier otra persona para establecer este lazo íntimo que me ataba a ella. Con solo una persona había sentido algo parecido…y no tenía ganas de pensar ni recordad eso en esos momentos.

No sabía si podía arreglar las cosas con Bella, lo dudaba seriamente, cualquier cosa que la haya unido a mi, deseos de amistad o lo que sea, yo lo había arruinado con toda las letras. Porque por lo menos yo le había importado en algo ¿no? Por algo le había afectado un poco mi puesta en escena. Y Yo había tirado todo eso a la basura, y ahora estaba, solo, sin esperanza y con una culpa que me atormentaba a cada momento un poco más.

- Tsk- dejé caer mis manos bruscamente sobre las teclas, emitiendo un sonido completamente desafinado. Frustrado, cerré la tapa que las protegía y me levanté de la banqueta.

Arrastré mis pies desganados hasta llegar a la puerta, se me hacía raro que nadie hubiese ido a interrumpirme, Alice y Esme ya tendrían que haber regresado, habían ido a llevarle las medicinas a Charlie, Carlisle se estaba ocupando de controlarlo de cerca, algo en los últimos análisis que habían salido en el historial lo habían dejado inseguro. Emmet había ido a una cita con Rosalie, sino me equivocaba ese mismo día se decidiría todo, aún no entendía cómo es que se habían demorado tanto en dar ese paso, Alice y Jasper no habían tardado más de un día… bueno, ellos eran algo diferentes al resto. Su relación no ralló nunca lo normal.

Aún así me había percatado perfectamente que Emmet y Rosalie estaban hechos el uno para el otro, de una manera diferente, pero igual de fuerte.

Me llevé una enorme sorpresa al salir de aquella habitación, lo primero que vi fueron un par de piernas extendidas a un costado, en cuanto reconocí a la persona, y en cuanto me percaté de que estaba inconsciente, me preocupé, ¿Qué hacía ella aquí, tirada en el suelo? ¿Qué le pasaba?

Me agaché y le observé más de cerca, una ola de alivio me envolvió, ella estaba dormida, lo notaba por el ritmo regular de su respiración, y por sus facciones, completamente en paz, había pasado mucho tiempo viéndola dormir en el pasado como para no reconocerlo, y de cierta forma me alivié también porque ella parecía estar teniendo un buen sueño, era fácil darse cuenta cuando estaba teniendo alguna pesadilla, su rostro siempre lo demostraba, y yo, en esos momentos ya conocía cada uno de sus gestos, los había analizado uno por uno mientras ella no me veía, a veces me sentía un maldito obsesivo, pero no había nada que pudiera hacer al respecto.

Me pregunté nuevamente qué haría ella ahí, cómo es que se las había arreglado para llegar hasta allí, tenía entendido que no conocía la parte superior de la mansión, me preocupó que se lastimara en el camino, la inspeccioné superficialmente. Ciertamente su incapacidad para mantenerse en pie en una superficie estable no ayudaba en nada en su ceguera.

No era muy prudente que ella se manejara sola por la casa, pero Alice me había dicho que se empeñaba en hacer las cosas sola, esa era otra de las cualidades que admiraba de ella, su valentía, solamente sentía pánico cuando ésta se convertía en temeridad, como cuando se había plantado frente al Cadillac y había salvado de una muerte segura a mi hermana menor.

La alcé en brazos con el fin de dejarla en su habitación, a pesar de que ya lo había hecho antes, me percaté de que de verdad era muy livianita. Tendría que consultar con Carlisle cuál sería su peso ideal, no quería que se pusiera anémica ni nada por el estilo, no podía ser normal que pareciera estar hecha de algodón.

Dejé que reposara su cabeza en mi pecho, y deleitándome con el delicioso aroma a fresas, la aferré con seguridad a mí.

Bajé con cuidado por las escaleras y me dirigí a su habitación.

Recorriendo ese tramo de la mansión no escuché más sonidos que el del viento agitar las ramas y golpear algunas ventanas y el de mis pasos.

Llegué hasta su cuarto, y, con algo de dificultad, abrí la puerta con el codo

La dejé con suavidad en la cama y me quedé observándola un momento antes de correrle algunos cabellos caoba que caían desordenados sobre su rostro.

Estaba tan embelezado mirándola que me sobresalté cuando mi celular comenzó a sonar desde mi bolsillo derecho. Salí corriendo de la habitación mientras la música de Claro de Luna comenzaba a sonar con más intensidad.

Miré la pantalla antes de contestar en un susurro

- Alice-

- Hola Edward- había un matiz extraño en su voz.

- ¿Qué pasa Alice? ¿Por qué aún no han llegado? ¿Está todo bien?-

- No, ocurrió algo- me ponía más nervioso a cada segundo.

- ¿Qué? ¿Qué ocurrió?- le pregunté, algo exasperado.

- ¿Está Bella allí?-

- No, la dejé en su cuarto ¿Me puedes decir que diablos sucede Alice?-

- ¿Dices que la dejaste en su cuar..?-

- ¡Alice!- me quejé, aunque sin abandonar los cuchicheos.

- Vale, pero tienes que prometerme que no se lo dirás a Bella.. bueno, teniendo en cuenta que no le diriges la palabra, supongo que no tendré que..- por su forma de hablar parecía bastante nerviosa.

- Alice, ¿¡puedes soltarlo de una vez!?- ahora si, estaba completamente exasperado.

- Es Charlie- Dijo, y se me cortó la respiración

N/A

¡Al fin!¡¡No tienen idea de lo que me costó escribir este apestoso capítulo!! Lamento mucho la tardanza, pero de verdad es que prácticamente tuve que darle a las patadas para que saliera.

En fin, aquí estoy de nuevo, insatisfecha con el cap., como de costumbre, pero agradecida por los hermosos reviews que dejan.

De verdad niñas, gracias.

Que tengan una buena semana. ;)

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.SHYKA-CHAN.