Disclaimer: Crepúsculo no me pertenece, es obra de Stephenie Meyer.
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/Te guiaré en las sombras\ .
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Capítulo X
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" Tan cerca, tan lejos "
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No me imaginaba cómo las cosas podrían seguir empeorando, de acuerdo, mi padre estaba ya fuera de peligro pero los conflictos en mi vida parecían no querer detenerse jamás. Mi corta existencia era el material más jugoso para cualquier escritor de drama y tragedia. Esperaba que no fuera así, esperaba que mi vida no terminara en tragedia, aunque en realidad, pensándolo bien, todas las vidas terminan siendo trágicas, todos terminan muriendo, no existen los finales felices en el mundo real, no existen Bellas que recuperan la vista por arte de magia, ni personas cien por ciento confiables, ni padres inmunes a la enfermedad y la muerte, no, eso es una vil fantasía que nuestra propia mente ha inventado con el único propósito de que la raza humana no termine con un suicidio colectivo, he aquí el surgimiento de la esperanza.. El último de los males en la caja de Pandora.
Ya no sabía cómo debía continuar, me encontraba tan perdida que no se me ocurrían vías de escape y tampoco me topaba con ninguna señalización que me indicara mi camino… no, si bien la realidad suele ser bastante más cruda para el común de la gente, la mía era un pedazo de carne sangrante y con vida, era un poderoso imán para la mala suerte y los acontecimientos desafortunados, y lo peor es que por mi vida desgraciada y maldecida por el cielo debían pagar todos los que me rodeaban, todos los que tenían un poco de apego a mí. Así que ya no resultaba ser la única afectada, arruinaba la vida de cualquiera que tuviera contacto conmigo.
Así era mi pensamiento en ese entonces, un poco deprimente ¿a que si?, pero no pueden decirme que mi vida no estaba para un drama.
Mi charla con los Cullen fue más sencilla de lo que pensé, mi estado de nerviosismo era evidente, dudo que alguno de ellos hayan pasado por encima el hecho de que mi cuerpo parecía temblar como si fuera un celular gigante en modo vibrador, y por supuesto, como consecuencia, mi actitud tartamudeante y mi nula elocuencia al inicio no me ayudaba para nada en la tarea. (a saber: tenía que recriminarle a las personas que me cuidaban, me daban techo y comida, y parecían ser el ideal de amabilidad y buen samaritanismo por lo que yo creía era una traición).
Mis manos sudaban como locas, estaba sentada junto a Esme y ella me sostenía como siempre, con esa actitud que me recordaba tanto a mi madre, cariñosa y preocupada.
Los cinco Cullen estaban ahí, raramente un poco de suerte para mí, o no.
Se escuchaba un murmullo algo tenso antes de que yo comenzara a hablar, había tensión en el ambiente y estaba segura que sabían lo que iría a decir, esto, más allá de una queja, de un reclamo, era por mí, porque yo quería, necesitaba volver a confiar en ellos, eran prácticamente mi única conexión con el mundo y los que me sostenían en esta dura etapa, los necesitaba ahí, los necesitaba honestos. Nunca el asunto de poder confiar ciegamente había sido más literal.
Tuve tres intentos fallidos antes de comenzar a hablar, mi mano fue apretada por una más cálida y suave que reconocí al momento como la mano de Esme, una dulce mujer… una dulce mujer que también me había engañado, retiré mi mano con algo de brusquedad pero me sentí culpable al instante, cerré mi mano en un puño, aún la rabia se encontraba dentro de mí, no furiosa y a punto de estallar, pero sentía esa piedra en mi pecho, ese nudo en mi garganta, era rabia mezclada con decepción. Necesitaba purgar esto, necesitaba hacerles saber cuánto me había afectado, quería terminar con esta tensión en mi cuerpo, esta sensación de incomodidad.
- No puedo creer que lo hayan hecho- dije al final, esas palabras no salieron con enojo ni rabia y mucho menos con cólera, fue como un pensamiento dicho en voz alta, como un suspiro triste y cansado. Escuché a Alice intentar replicar pero la detuve
-No Alice, por favor, déjame terminar, necesito terminar-recalqué, Alice se mantuvo en silencio, - Yo se que esto lo hicieron porque se preocupan por mí, y además soy consciente del pedido de mi padre, pero aún así… - me detuve en un susurro- aún así yo me he sentido traicionada- alguien más quiso meter bocadillo, me pareció que fue Edward, quien se había mantenido muy silencioso desde que regresé, pero yo no me detuve a verificarlo- quiero que por un momento se pongan en mi lugar, ustedes son para mí prácticamente mi único contacto con el mundo exterior, yo he confiado en ustedes, nunca dudé, estoy en sus manos y siento que esa confianza la han utilizado, se han aprovechado, porque yo seré ciega pero no soy una niña, soy una persona no una mascota, tengo derechos, derechos que deben respetar, y no aprovecharse de mi condición para ocultarme cosas que tengo el derecho de saber, pónganse en mi lugar, ¿acaso preferirían una dulce mentira a una amarga verdad cuando se trata de la salud de alguien de su familia, de lo que más quieren en este mundo?- me silencié, se produjo un silencio sepulcral- no soy tan débil, no lo soy cuando la vida de alguien a quien amo está en riesgo, de hecho no lo soy en lo absoluto, me hice cargo de mi familia cuando mi madre falleció, y era apenas una niña, nunca le mostré verdadera tristeza a mi padre porque sabía que no ayudaba, y aún cuando mi padre calló enfermo, he trabajado y trabajado en mi vida para demostrar que de ninguna manera soy alguien débil y no pienso detenerme ahora. Les agradezco en demasía por todo lo que han hecho por mi y mi familia, no quiero sonar desagradecida porque la verdad es que han hecho tanto que todo esto me cuesta una barbaridad decirlo- suspiré con cansancio- pero debían saberlo, deben saber cómo esto me hizo sentir, yo me considero alguien fuerte y deseo con todo mi corazón que ustedes crean en mí y en mi fuerza-
Ese fue el discurso más sincero y largo que había dado en mi vida, me sentía liberada y transparente como nunca antes.
- No quisimos que te sintieras así Bella- habló Carlisle, apesadumbrado y sorprendido, también parecía algo desconcertado, como si estuviera cayendo en cuenta de algo- sabes que no lo hicimos con malas intenciones y creímos correcto cumplir con la petición de Charlie- el tono suave de su voz hacía creer que estaba hablando más consigo mismo que conmigo- pero llevas razón y lo lamento, en tu lugar… si algo le sucediese a Esme o a cualquiera de mis hijos, no soportaría que me lo ocultaran. Creo que ninguno de nosotros nos tomamos el tiempo de ponernos en tu lugar.
- Queremos que confíes en nosotros cielo, te consideramos ya como una de nosotros- sentí que el calor se acomodaba en mi pecho- y con esto que dijiste veo que no estamos haciendo nada para que eso ocurra ni que te sientas así- Esme sonaba arrepentida, y la culpa volvió a aguijonearme, pero era lo correcto si quería sentirme completamente cómoda entre ellos.
- No era para tanto Bells, te dejaré que me mientas en todo lo que quieras para remediarlo, es más, seré tu lacayo o por un mes si así.. ¡ouch!. – Emmet, siempre queriendo alivianar todos los ambientes. Supuse que Alice lo había golpeado.
- Bella, te prometo que esto no volverá a suceder- Alice sonaba incluso más arrepentida que Esme- Te considero mi amiga, y al menos en lo que a mí respecta, no volveré a ocultarte nunca jamás nada como esto.
- Creo en ti- La voz profunda de Edward justo detrás de mi hizo que mi cuerpo vibrara, esperaba que ellos no lo notaran- creemos en ti Bella, sabemos que débil no eres. Lo has demostrado desde el día en que te conocimos, nunca dudamos de tu fortaleza.
Sus palabras hacían que mi corazón se llenara del calor que solo el cariño puede darte. Ellos eran especiales para mí, cada uno. Supe en ese momento que jamás podría olvidarlos, estarían siempre en mi corazón, a donde fuera que la vida me llevara y que mucho menos podía enfardarme mucho rato con ellos. Era buenas personas, tan simple como eso, pero ese tipo de bondad que raramente se encuentran.
- Los perdono…y gracias- Les dije de corazón, el temblor de mi labio inferior casi me pone en ridículo, pero la masa gigante que era Emmet se apresuró a levantarme y darme esos abrazos de osos que tanto me reconfortaban. Sonreí mientras sentí que toda la tensión se iba por debajo de la puerta. Ahora todo estaba bien.
Esa noche, luego de cenar, había decidido salir un momento al jardín para disfrutar de la brisa que el comienzo de la primavera traía consigo. El aroma de los jazmines ubicados a pocos metros de mí inundaba mis fosas nasales y me hacían reclinar la cabeza hacia atrás, satisfecha.
Creía que el encuentro con mi padre relajaría la creciente preocupación que se había apoderado de mi cuerpo apenas supe de su recaída pero la sentía allí, la sentía tensionar mis nervios, la sentía aflojarme por dentro y sentirme débil ante el mundo.
¿Qué haría si Charlie desapareciera? Esa idea no dejaba de rondarme la cabeza, era como un pequeño y ruidoso mosquito aleteando sobre mis más profundos temores. Si mi padre dejara de existir… ¿Cómo sería capaz de manejarlo? ¿Cómo sería capaz de sobrevivir al golpe?
Desde que mi madre se había marchado, fuimos él y yo, sentía que mi responsabilidad era cuidarlo, era mantenerlo feliz, era hacerle superar el dolor que la pérdida de Esme nos había causado. Con la llegada de Victoria ninguno de esos sentimientos cambiaron, él siempre sería mi padre, siempre sería Charlie, mi familia, todo lo que me quedaba, a quien debía cuidar, a quien debía proteger.
Odiaba ese sentimiento, esa amenaza que había sentido al separarme de Charlie en el hospital, ese terrible miedo que me mordía el corazón y me hacía temblar, sentirme una niña otra vez, una niña indefensa que no podía hacer nada para ayudar a su padre, porque yo no podía hacerlo, yo no podía pelear con la muerte, la que nos llega a todos. Aunque yo decía ser fuerte, no lo era lo suficiente, no podría retenerlo en esta vida, no podría librarlo de la enfermedad, no podía…
-¿Bella?- Su voz suave y preocupada me sacó de mis cavilaciones. -¿Qué ocurre? ¿Te encuentras bien?- Sus pasos se apuraron y lo sentí estacionarse justo frente a mi.
Entonces me percaté de la humedad en mi rostro y el temblor de mis manos, había estado llorando sin darme cuenta. Era débil, al fin y al cabo lo era…
- Bella…
Y entonces ocurrió, sin yo quererlo, mis miedos y la preocupación y calidez en la voz de Edward hicieron mella en mi corazón e hicieron rebalsar el vaso de mis temores. Odiaba sentirme débil, odiaba no poder proteger a Charlie, odiaba ser una carga para todos, odiaba temer, odiaba sentir que el miedo me tenía atada de pies y manos, odiaba que el miedo me atara el corazón.
Un quejido se me escapó cuando una nueva oleada de lágrimas me tomaron desprevenida y aumentaron los temblores en mi cuerpo.
- No quiero perderlo Edward. No puedo… No creo poder… con eso.
Mi voz salía lastimosa, pero no podía controlarme, ese miedo apuntalándome el corazón, tan débil, tan débil…
-Oh Bella- susurró, y el tono herido de su voz me desarmó por completo. Sus brazos me rodearon automáticamente y yo me resguardé en su pecho, mojando con mis lágrimas su camiseta.
Era un desastre, hacía unas pocas horas había estado jactándome de mi fortaleza y en ese instante sentía que si los brazos de Edward no me estuvieran apretando, mi cuerpo se rompería en pedacitos.
- Edward…- Lloré, quería disculparme por la escena, quería agradecerle, quería decirle cómo me sentía, pero por sobre todo, quería que me abrazara más fuerte, quería que esa calidez me traspasara..
Y como si me hubiese escuchado, apretó sus brazos fuertemente alrededor de mi cuerpo, de manera tan protectora que los sentimientos que esa simple acción me provocó, me dejaron paralizada. Sentí que nada podía hacerme daño, me sentí fuerte, allí, en los brazos de Edward, sentí que podía vencer a todos mis miedos, como si jamás pudiera romperme, como si todo ese temor fuera absurdo, como sí todos los vacíos se llenaran...
Unos minutos después, logré que mi respiración se calmara, las lágrimas habían dejado de salir y los temblores habían desaparecido por completo. Suspiré, me sentía mucho mejor, pero no deseaba que el se apartara. Me sentía tan bien allí, me sentía en paz. Lo sentí a él también relajarse, no me había dado cuenta que él también había estado completamente tensionado, él se preocupaba de verdad..
- Estoy aquí- Dijo simplemente, pero yo no necesité nada más, sabía lo que quería decir, estaba allí, estaría allí, no estaba sola, como aquella vez, él estaba conmigo, cada vez que me quebraba, él estaba conmigo…
- Gracias, Edward… Gracias- susurré, de corazón.
Edward estaba allí, yo estaría bien, yo podría con esto, todo saldría bien, podía pensar esas cosas, podía pensarlas entonces.
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Los días continuaron pasando en la casa de los Cullen sin inconvenientes. Edward se había marchado finalmente a su gira por Latinoamérica que había postergado por la enfermedad de mi padre, no podía evitar sentir aquel cosquilleo cuando veía que él se preocupaba tanto por mí y mi familia. Aunque ya no sabía cómo sería su próxima forma de tratarme, había comenzado a prepararme para que me ignorara violentamente cada vez que él se acercaba, aunque ya no lo hacía y se había inclinado al Edward amable y simpático que se reía de mi nerviosismo y me trataba como si realmente fuera alguien importante en su vida, como si pudiera sentir mi dolor en él mismo, como si me quisiera. Era lindo ese Edward, deseaba que fuera el mismo siempre.
Era extraño pensar en Edward como alguien famoso, sólo una vez lo había visto comportarse de manera arrogante, que si vamos al caso, fue la primera y última vez que lo ví. Nunca más me resultó un patán, cortante y frío en ocasiones, además de bipolar si, no un patán.
La gira duraría alrededor de dos semanas pero siendo el día siete ya sentía que había transcurrido un mes.
Era patético darse cuenta de la falta que me hacía cuando en realidad él apenas si me dirigía la palabra cuando estaba cerca. Aunque siempre estaba cerca, yo lo notaba por más que permaneciera en silencio. Sentía la frescura de su perfume cosquillearme el rostro cada vez que él ingresaba a la habitación, o la cadencia irregular de su respiración antes de hablarme, incluso podía identificarlo por el sonido pausado y claro de sus pasos firmes.
Si diablos, estaba tan obsesionada que hasta creía poder escucharle los latidos de su corazón.
Me sentía terriblemente estúpida y apenada conmigo misma, no podía darme el lujo de querer a ese muchacho imposiblemente perfecto. Lo único que lograba era cavar, metro a metro, mi propia tumba. ¿Dónde estaba mi lógica e indiferencia de la que siempre me jactaba? ¿Dónde había quedado la Bella que se burlaba del amor mientras permanecía recluida en la biblioteca más cercana? Quizás el golpe en la cabeza no sólo había afectado mi vista sino también mi raciocinio.
- Que cara Bella, parece que estuvieras a punto de comer vómito ¿Qué te pasa?- Sólo dos personas conocía que podían decir semejante cosa, pero sabía que Emmet estaba en el trabajo y reconocía esa voz a la perfección.
- Jake, eres un asco- reí, nos habíamos hecho amigos tan rápido que no recordaba haberme sentido incómoda en algún momento con él, de esa manera que los recién conocidos lo hacen.
Rió a viva voz, orgulloso de si mismo y se tiró a un lado del sillón sin delicadeza alguna.
- Al menos logré que sacaras esa cara. Aunque esta es igual que la anterior, pero algo es algo.
- ¡Jacob!- Reí más e hice volar mi mano en su dirección.
-¡Oye! Cuidado, casi me sacas un ojo- El sillón vibraba con sus risotadas de lobo. Era increíble la manera en la que lograba sacarme tan rápido de mis preocupaciones.
- Esa era la idea, Jacob Black.
- Bruta.- se quejó.
- Lo lamento señorita, me comportaré como corresponde de ahora en adelante.- me burlé.
- Oh, gracias caballero- dijo, con su voz de travesti mal realizada- pero qué considerado ¿Gusta pasar a tomar una tacita de cianuro?
- No será mucha molestia
- Ahóguese usted.
- Después de usted.
Colapsamos en risas mientras él golpeaba el sillón como si no fuera capaz de hacer otra cosa.
-¡ No puedo creer que lo miraras!
- A mi madre le gustaba, lo mirábamos cada tarde en un canal de habla hispana pero subtitulado- intenté controlarme, pero me di cuenta que nos comportábamos como dos idiotas y esto solo potenció mi risa.
- Eres de lo que no hay, de verdad eres especial pequeño topo.
- Tu también lo eres Jake, mi querido perro guía, estoy pensando en ponerte una correa y sacarte a pasear.
- Tu eres más especial, especial como Rafa Gorgory
- Si soy Rafa Gorgory, tu eres sus mocos.
- ¿Quién es un moco de Rafa Gorgory?- La pregunta de Alice nos hizo reís aún más, tanto que nos costaba respirar, parecíamos dos niños.
- ¡Alice! Dile a Bella que deje de descalificar mi hombría y de tratarme de perro y de moco porque no respondo de mí. – Se quejó, como un niño que lo hace con su madre.
- Beeella, ¿Qué te dije de tratar de moco a la gente?
Eso fue todo, necesitaba irme de allí o acabaría ahogándome con mi propia saliva. Como pude me levanté, encorvada por las risas, tomé a mi fiel bastón Jorge, aunque no lo necesitara ya allí adentro y me dirigí a la cocina.
- ¡Están locos!- les chillé, mientras abría las puertas y aún escuchaba sus risas.
- ¿Qué sucede allí cariño? ¿Alice intenta maquillar al pobre de Jacob otra vez?- Seguí riéndome mientras recordaba las insistencias de la pequeña Cullen y los gritos de Jacob cuando ésta le metió un delineador en el ojo ante su negativa de convertirse en su Barbie peluda, como ella decía.
- No, solo les falta alguien que les ajuste los tornillos.
Esme se rió, dulcemente
- Eso es cierto.
Era tan feliz en esa casa, era imposible que me sintiera sola cuando ellos se la pasaban entre risas y bromas
Jacob era también prácticamente de la familia, se paseaba por la mansión un par de veces a la semana haciéndonos compañía, no había seguido a Edward en el viaje ya que debía atender los negocios allí en la ciudad, preparando todo para el próximo CD.
Me encontraba junto al teléfono cuado éste comenzó a sonar.
- ¿Puedes atender cielo? Estoy con las manos mojadas.
- Claro – Manoteé y levanté el tubo- Familia Cullen-
Se hizo silencio del otro lado, pero estaba ochenta por ciento segura de que podía escuchar una respiración.
- ¿Hola? ¿Me escucha?
- Bella- Dijo él, y mi corazón saltó en mi pecho.
- Edward- murmuré, media ahogada. Me sorprendía que llamara por el teléfono de línea, él solía comunicarse con su familia mediante el celular.
- ¿Cómo estás?- Preguntó, con esa voz profunda que me convertía en papel mojado.
Me había convertido en una incauta irremediable, de eso no había dudas.
- B.. bien bien- agonizando sin ti- gracias ¿Y tú? ¿Cómo está yendo la gira?
Lo escuché suspirar, parecía adolorido.
- Latinoamérica siempre es muy amena, muy acogedora, el público te hace sentir como en casa, pero no es casa ¿Sabes? Es difícil estar lejos de mi familia, de mis amigos…- lo sentí tomar aire, con dificultad- creo que me siento algo solo.
Sentí un apretón en el pecho al escuchar su voz cargada de sincera melancolía. Era tan extraño escucharlo hablarme tan abiertamente.
- ¿Qué puedo hacer?- Me salió en un suspiro, pero de inmediato me arrepentí.
Escuché su risa encantada del otro lado y agradecía que al menos le sacara un poco de angustia.
- Bella- Susurró, la sonrisa notándose en su voz. – No hay nada que puedas hacer… aunque, quizás.. ¿Podría pedirte un favor? Si no quieres no dudes en decírmelo, no quiero atosigarte.
Pídeme que vaya al infierno a cortarle la cola al diablo y lo haré.
- Claro- me limité a contestar, por temor a que se me saliera el respeto propio por la boca.
- Yo..¿Te molestaría si te llamase día de por medio?..es decir.. me gustaría.. me haría bien.. tu sabes… me haría sentir acompañado.- dijo, nervioso como nunca lo había escuchado.
Me quedé muda ante sus palabras, ¿habían ocurrido los últimos cinco segundos de conversación? O había estado divagando demasiado y él me preguntó algo completamente distinto y coherente, algo como que si le pasaba con su madre o que le diera un mensaje a Jacob.
- Entiendo.. descuida, sólo es una tontería mía, no te..
- ¡NO! No, digo..- bien Bella, excelente demostración de pánico- no hay problema, me gustaría.. estaría bien por mi.- intenté controlar mi voz desesperada, realmente daba vergüenza ajena.
Volvió a suspirar, de alivio me pareció, pero lo dudaba
- Gracias Bella- Otra vez, la sonrisa en su voz.
-Edward, sales en cinco – Escuché que alguien le decía.
- De acuerdo- respondió él, alejado del teléfono- Tengo que marcharme, mañana te llamaré a las cinco ¿está bien para ti?
- Perfecto- sonreí, mi corazón parecía que quería estallar en mi pecho, esto no podía ser bueno.
- Adios Bella, cuidate mucho- susurró, parecía más alegre.
- Adios Edward, extráñame- le solté, a modo de broma y quise morderme la lengua.
- Siempre- dijo y colgó.
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Él no llamó día de por medio, lo hizo todos los días, para mi grata sorpresa y siempre a las cinco de la tarde, con una puntualidad que no creía posible, dado que la diferencia horaria hacía difícil de calcular con tal precisión a menos que mantuviera un reloj sin modificar, pero lo hacía. Llamaba estuviese donde estuviese, a punto de dar un concierto, saliendo de una entrevista, en el avión, en la limusina, incluso hubo una ocasión que lo hizo mientras le cortaban el cabello. Me reí de él aquella vez, no creí que pudiéramos llegar a acercarnos de esa manera, era tan agradable.
Me pasaba media hora antes rondando cerca del teléfono, temiendo no escucharlo, moviendo el pie con nerviosismo, comiéndome las uñas, parecía una colegiala.
- ¿No son adorables?- Esuché que le decía Esme a Alice mientras salían de la habitación cuando el teléfono comenzaba a repiquetear, rodaba los ojos siempre que hacían un comentario así, no quería que la esperanza hiciera mella en mi corazón, aunque sabía de sobra que eso probablemente ya había ocurrido.
Edward me contaba de sus conciertos, cuando estuvo en Buenos Aires, Argentina, donde lo recibieron con un inflable de su imagen y del ataque de risa que le agarró sobre el escenario. Sus fans lo amaban, fuera donde fuera, ¿y quién no lo haría?
- Me gusta todo eso, claro, como a cualquiera pero… lo que en realidad me hace feliz es la música, todo esto, el dinero, la fama.. todo eso es accesorio, y a veces puede complicarte un poco la vida, a veces no sabes si te quieren por lo que eres o por lo otro, es complicado...a veces me gustaría que no me conocieran así ¿Sabes? Cómo tú ¿recuerdas? Y aún cuando supiste que era famoso me gritaste como si fuera un patán más, eso jamás me había pasado.. – rió por lo bajo, aunque se había puesto pensativo, había algo en su pasado que lo perturbaba, podía reconocerlo enseguida, mi pasado también estaba lleno de fantasmas.
- Cuando un patán es un patán no hay atenuantes a eso, dinero, fama o poder- me reí, él también- pero supongo que a veces Edward, hay que hacer algunos sacrificios. Tu amas la música, amas lo que haces ¿crees que podrías vivir sin eso?
No lo pensó demasiado, y contestó un rápido – No .
- Ahí lo tienes entonces, tómalo todo o déjalo todo, a veces no hay puntos medios, a veces es todo o nada, debes aprender a querer incluso aquello que no te gusta en pos de eso que amas, así funcionan las cosas.
Se quedó callado un minuto
- Gracias Bella- susurró con sentimiento, aunque media adormilado, la gira lo traía cansado- de verdad, muchas gracias.
-No es nada, ahora duerme Edward, y mañana me cuentas que tal te fue en el concierto de esta noche ¿de acuerdo?-
- Por supuesto..- susurró- Hasta mañana Bella, cuídate mucho.
- Adios Edward, extráñame- le sonreí al teléfono, como una boba.
- Siempre.
Hablar con Edward no era lo mismo que hablar con Jake o Emmet, no bromeábamos todo el rato, era más íntimo y serio, de esa manera en que no puedes esconderte tras un mal chiste y desviar el asunto.
Desde que tuve uso de razón siempre desencajé entre mis grupos de pares, mi padre me contó que Renee solía decir que de alguna manera ella había parido un alma antigua con forma de bebé. Según él, no lloraba en lo absoluto, no hacía berrinches y siempre me les quedaba viendo, como si supiera lo que hacían y decían aún sin tener a edad para pararme sobre mis dos pies.
Si esto era así, mi vida continuó de la misma manera, siempre sentí que mis pensamientos transcurrían en otra frecuencia e incluso que era una anciana encerrada en un cuerpo de adolescente. Nunca creí poder encontrar otra alma vieja. Nunca, hasta que encontré a Edward.
De alguna manera podíamos estar varios minutos en silencio y a la vez saber que en ocasiones lo único que necesitábamos era saber que el otro estaba del otro lado. Nunca había tenido ese tipo de conexión con nadie y eso me asustaba. Yo no quería salir herida, aún temía que de un día para el otro decidiera imponer la ley del hielo nuevamente y no volviera a dirigirme la palabra, temía a sus cambios de humor y temía sobre todo a volverme dependiente de él y no saber qué hacer conmigo en su ausencia.
Aunque, pese a todo esto, pese a lo que quería o no quería, había sentimientos que me eran imposibles de manejar. No sabía muchas cosas, no sabía cómo sería mi relación con Edward de allí en adelante, no creía posible que él fuera a fijarse en mí, no sabía siquiera si volvería a llamar al día siguiente, pero de una cosa estaba absolutamente segura.
Yo ya no tenía remedio.
Estaba completa e irremediablemente enamorada de Edward Cullen.
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N/A
¿Qué opinan? ¿Les gustó? Flojito ¿Verdad? Estoy de vacaciones así que me puse a continuar e iniciar fics, sé que lo lógico sería terminar los que dejé inconclusos antes de publicar nuevos, pero lamentablemente a mi no me suele guiar la lógica.
Hice este capítulo con la intención de introducirle la canción de Sin Bandera, Kilómetros, pero por el tema de los derechos de autor y toda la bola me di cuenta que no debía, así que esto quedó. Quizás en la próxima haga un pov Edward e intente transmitir la idea, quizás no, quien sabe…
¿Sugerencias? ¿insultos? ¿Correcciones horrográficas? Ya saben.
Pueden pasar por mi nueva historia si quieren, Puerto de Ángeles, así me dicen si vale la pena seguirlo.
Un saludo a todos, espero estén bien.
.SHYKA-CHAN.
