Celebrativos, que habia sido un exito el saqueo y abordaje de aquel buque lujoso de ricachones, los tripulantes del barco principal, del Moby Dick primero y mas enorme, le mostraron al imponente capitan los trofeos conseguidos entre risas, burlas y codazos complices.
La carcajada profunda de su capitan, tan caracteristica ella, resono por todos los rincones del navio, provocando un silencio general y sonriente de sus impulsivos y violentos polluelos.
-Parece que os ha ido bien.- El enorme y viejo, pero no por ello menos peligroso, Edward Newgate, mejor conocido como Barba Blanca, sonrio orgulloso a sus muchachos.
-¡Mejor que bien, padre!- Un piratilla de bajo rango fue el primero en hablar, gritando animadamente para ser, rapidamente, secundado por toda la tropa con gritos y risas animadas.
Nuevamente, Barba Blanca dejo escapar una carcajada retumbante, llevandose tranquilamente aquel barril enorme que utilizaba como vaso a los labios. Una de las jovenes y bonitas enfermeras dio un pasito preocupado hasta el hombre mayor, deteniendose en seco rapidamente en cuanto fue presa de la mirada de advertencia de su paciente, que poco caso las hacia. Temerosa y habiendoselo pensado mejor, la enfermera regreso a su posicion calmada y silenciosa.
-Marco ¿Cuanto tenemos?- El viejo capitan pregunto a su mas fiel y cercano hombre, el segundo de abordo, logrando que este se acercara un par de pasos hasta el imponente señor.
-Lo suficiente para vivir holgadamente, al menos, tres meses, padre.- Levemente orgulloso, que se le notaba en la mirada y la posicion erguida, el comandante de la primera division sonrio a la figura de admiracion por excelencia mientras algun que otro descarado le daba palmaditas condescendientes en la espalda. Aquel dia, el Moby Dick parecia especialmente animado. -Sin contar con los gastos innecesarios... - Giro la cabeza con amenaza hacia el resto de los tripulantes, chasqueando la lengua con pesar y decepcion para, nuevamente, regresar la atencion sobre su enorme Padre. - ... y ridiculos de algun que otro anormal, claro.-
-¡Brindo por eso!- Divertido de observar a sus muchachos, que tan jovenes se le hacian en su mayoria, Barba Blanca elevo su barril un momento, regresandolo nuevamente hasta su boca para dar un enorme y colosal trago al contenido alcoholico. -Celebremoslo.- Como gran pirata, abandonar cualquier excusa para armar un escandalo consistia una autentica aberracion, arrancando una ovacion general que hizo crecer la animacion con todo su ruidoso esplendor.
-¡Que corra el ron!- Otro de lo tripulantes dio un salto animado para chocar sus pies en el aire celebrativo, comenzando todos sus compañeros a pulular nerviosos de un lado a otro, decididos a descargar la adrenalina del saqueo reciente en una fiesta que, seguramente, se alargaria hasta buena parte de la noche.
-El ron robado de los ricachones, diras.- Thatch, tan animado y asiduo a los festejos como siempre, rio jocoso, dispuesto a mandar traer el mismo el nombrado alcohol saqueado. -O cava... - Pomposo y en actuada elegancia, el cuarto comandante elevo una mano a la altura de su barbilla, en un gesto exagerado de gran señor. -¿Sidra?- Repentinamente confuso, Thatch le dirigio una mirada de socorro al compañero mas cercano. -¿Que coño beben los ricos?-
-Champagne ¿No?- El aludido se encogio de hombros, igual de perdido que su comandante en los asuntos alcoholicos de los adinerados.
-¡A la mierda!- No iba a andarse con rodeos, dando un pisoton firme y animado contra el suelo para, con una sonrisa de oreja a oreja, llevarse unas manos chulescas a las caderas. -¡Que corra el ron, el champagne, la sidra, el cava y hasta el alcohol de quemar!- Absolutamente todos los presentes debieron estar de acuerdo con el comandante, pues prontamente estallaron en nuevos gritos, risas y carcajadas, correteando de aqui para alla en busqueda del nombrado liquido embriagador.
-¿Que mas cosas interesantes habeis traido?- El capitan volvio a hablar, siendo ignorado por la mitad de sus muchachos, que pululaban por todas partes y tenian la atencion puesta en otras cosas mas festivas.
-Dinero, joyas... - Ace, que habia estado contemplandolo todo divertidamente entre bastidores, finalmente se hizo notar, encogiendose de hombros con una sonrisilla satisfecha. -Objetos de valor, cosas vendibles... - Pensativo, el joven pirata trato de enumerar lo posible que su cabeza levemente despistada le permitiera, comenzando incluso a contar con sus dedos mientras dirigia la vista al cielo.
-Oh, tambien algo de ropa... ropa cara, ya sabes padre.- En su ayuda, Marco completo como mejor pudo la lista, provocando un asentimiento tanto del segundo comandante como del querido capitan.
-Y una muchacha.- Jocoso, Thatch no pensaba dejar las cosas como estaban tan facilmente. Por su parte, Ace dio un leve respingo, dirigiendole a su maldito compañero una mirada reprochadora y de odio, que ya se sabia el los problemas que terminaria trayendole su dichoso descubrimiento.
-¿Una muchacha?- El enorme y respetado Barba Blanca se inclino desde su silla, observando a sus tres comandantes con curiosidad pintada en el rostro viejo.
-Bueno... Si.- Ante el silencio del resto, roto por los gritos de jubilo y las copas, que comenzaban a ser llenadas y chocadas rapidamente, Marco se encogio de hombros. -Una esclava.- El capitan, ligeramente perdido y desconcertado, que aquel buque asaltado no parecia de los que portaban mercancia humana, elevo una ceja blanca con escepticismo. -Habia una especie de almacen oculto o algo asi. Contrabando de esclavos, padre.- Marco continuo la explicacion, dispuesto a arreglar aquella expresion duvitativa que se habia adueñado de su capitan. -Toda la mercancia estaba muerta... Menos una chiquita.-
-Entiendo.- Como quien escucha la caida de la bolsa, Barba Blanca asintio, atento y pensativo.
-Pero ¿No es la esclavitud ilegal?- Un curioso tripulante de bajo rango que andaba cotilleando la conversacion salio de repente con aquello, provocando varias risas burlonas y miradas de fingida incredulidad.
-Y la pirateria tambien ¡Y aqui estamos!- Con toda su indiferencia, el comandante de la segunda division se encogio de hombros, aguantandose una carcajada ante semejante cuestion evidente.
-Me estaba preguntando, padre... - Pero Thatch no iba a perder la oportunidad de crear lio y alboroto, acercandose a su padre y capitan un par de pasos para conseguir toda su atencion. -¿Que hacemos con ella?-
-Deberiamos venderla ¿No?- Antes de darle tiempo a contestar al realmente preguntado, uno de los subordinados del cuarto comandante salio a dar su opinion. -Que se quede aqui unos dias, coja buen aspecto y despues, la vendemos. Es una buena inversion.- La mitad de los presentes asintio, y los restantes parecieron pensarlo detenidamente, buscando alternativas o defectos a aquel plan.
-Las chicas jovenes tienen buen precio, sobre todo si son bonitas.- Otro tripulante de bajo rango secundo la mocion, provocando, sin embargo, que una mirada despreciativa y asqueada del primer comandante se clavara en todos ellos. Nadie parecio notarlo, excepto Ace. Pero el ya se conocia la historia no significando eso, sin embargo, que su opinion al respecto cambiara o bien lo soltara a gritos. Decidio callarse, que aquellas eran cosas de Marco y no suyas y el, como buen compañero, no se metia en donde no le llamaban.
-Podriamos quedarnosla, tambien. Puede servirnos de ayuda. Que trabaje, digo.- Un nuevo curioso hablo, teniendo su copa correspondiente y cargada firmemente sujeta entra las manos.
-¿Quien la encontro?- En el momento que su capitan, padre y figura de total autoridad y admiracion pregunto aquello, Ace supo que definitivamente, acabaria complicandose la vida sin sentido ni deseo de ello.
-El comandante Ace, padre.- Uno de sus propios subordinados lo delato con todas sus buenas intenciones, provocando que el nombrado comandante le dirigiera una miradita rapida de reproche.
-¡Oh, cierto! Fue el pequeño Ace.- La voz burlona y satisfecha de Thatch le llego directa al cerebro, y Ace no pudo evitar respirar hondo para calmarse y no acabar a puñetazos con el.
-Entonces... - Barba Blanca, tan sereno y calmado como siempre, que nada le impresionaba ya, se inclino hacia su joven y mas reciente comandante. Y este, por mas que no quisiera, no tuvo mas remedio que corresponder a su mirada. -Es tuya. Tu decides.-
-A mi me da lo mismo.- El aludido se encogio de hombros, que no queria el meterse en problemas de propiedades complicadas y ventas ilegales. -Por mi, como si os la comeis.- Tras aquellas palabras desagradables, Ace le dirigio a su comandante compañero y al delator subordinado una miradita amenazante, entrecerrando los ojos con todo su mal humor.
-¡Pero es tuya!- Por desgracia, no iba a salir del aprieto con facilidad, acercandose incredulo otro de los tripulantes hasta el. -Ya sabes como son las normas del Moby Dick.- Si, Ace lo sabia. Pero si podia, por una vez, saltarselas, mejor.
-Si, ya lo se. Quien lo encuentra, se lo queda.- Chasqueo la lengua, cruzandose de brazos con orgullo y firmeza. -Pero... - Sin embargo y para su desgracia, fue abruptamente interrumpido.
-¡Pues entonces!- Compañero y disfrutando de lo lindo con sus apuros, Thatch se lanzo hasta el, pasandole un brazo alrededor de los hombros fuertes. -Tu la encuentras, tu te la quedas.-
-Yo no la quiero.- Ace comenzaba a ponerse de mal humor, deseando librarse de aquel embrollo y ponerse a beber como un cosaco, al igual que el resto de sus compañeros. -¿Para que leches quiero yo una chiquita diminuta y miedosa?- Altivo, se cruzo de brazos, dirigiendole a su padre una miradilla fugaz de socorro.
-¿Y por que, entonces, la sacaste de alli?- La voz de Marco, siempre tan didactica e infundidora de respeto le hizo girar la cabeza hasta el, topandose con su imagen cruzada de brazos.
Se hizo un leve silencio, y todos los ojos se posaron sobre el joven segundo comandante, inquisitivos, curiosos y analiticos. Observado malamente, sintiendose incomodo y exhasperado, Ace abrio la boca dispuesto a contestar algo desagradable.
-¡Ace!- Un llamado que creyo salvador se hizo hueco entre tanto pirata asalvajado por la celebracion y tanta tension ante la posible respuesta, haciendo que Ace se girara sobre si mismo con alivio. Sin embargo, casi se le cae el alma a los pies cuando descubrio, desgraciadamente, que no era una solucion a ninguno de sus problemas, precisamente. -Se ha despertado.- El medico del barco le hablo animadamente, inconsciente de que Ace no parecia precisamente contento. Al parecer, todos habian dado por hecho su propiedad sin requerir su opinion, acatando las normativas del Moby Dick a rajatabla. -Estaba algo deshidratada y mal alimentada pero, por lo demas, la chiquilla esta sanita como un roble.-
El viejo y adorado capitan dejo escapar una carcajada resonante ante la escena que se desarrollaba frente a sus ojos, tan divertida que se le hacia al experto lobo de mar.
-Parece que no vas a librarte esta vez, Ace.- Su padre y verdadera autoridad le hizo tener que morderse la lengua para no contestar una barbaridad, comprobando con molestia que, al final, tendria que hacerse cargo de su descubrimiento femenino quisiera o no.
Con un gruñido malamente contenido, aguantando las ganas poderosas de dar un pisoton al suelo, el joven Ace siguio al doctor animado para dar con la esclava recogida de entre los muertos.
(Cambio de escena)
Sin esperar si quiera a llamar, que andaba de un humor de perros, escuchando el sonido festivo de gritos y ovaciones animadas de la cubierta, el muchacho pirata abrio la puerta de la enfermeria con firmeza, deseando unirse cuanto antes a la celebracion.
Se topo de lleno con la imagen de una de las enfermeras guapas con su uniforme correspondiente que, asustada por la sorpresa repentina, dio un respingo para mirar al recien llegado con los ojos claros abiertos de par en par.
La joven esclava, libre de suciedad por fin, sentada en la camilla y cubierta eficazmente por una enorme sabana colgando de sus hombros, que debian haberle quitado la ropa andrajosa y maloliente, dio un salto aun mayor que la otra, dirigiendole una miradita entre asustada y resignada de su suerte con aquellos ojos dispares, mas llamativos ahora que estaba limpia y en mejores condiciones. Ace no pudo evitar, siendo un hombre, que uno no es de piedra, fijarse en que la chavala era poseedora de una preciosa carita, pareciendole sin embargo que andaba demasiado delgada todavia como para estar completamente saludable. Los rasguños ya no tenian aspecto enfermo e infeccioso, curados por el medico, mientras que el hombro que el mismo habia tenido que colocar parecia amoratado pero, seguramente, ya indoloro. Tenia el pelo castaño, de aspecto suave y brillante, mas alla de los hombros y ligeramente rebelde por naturaleza, pudiendo Ace al fin comprobar cual era el aspecto real de su cabello sin el polvo y la mugre de por medio.
Igualmente, mucho no podia adivinar de ella bajo aquella enorme manta, quitando su carita bonita y sus ojos enormes de diferente color.
Sin compasion, que no estaba ahora mismo su humor en el estado mas optimo, Ace recorrio la habitacion medicinal en un par de rapidas zancadas, cogiendo a la muchachita de su muñeca delgada para tirar de ella y que se pusiera en pie. La enfermera le dirigio una miradita mala de reproche, pero Ace la ignoro porque, realmente, poco le importaba su opinion al respecto, haciendo que la chiquita se levantara obediente y ajustara como mejor podia el agarre sobre aquella manta que tapaba su desnudez.
Igual de firme y rapido como habia llegado, Ace tironeo de ella e hizo que lo siguiera, teniendo la pobre casi que correr tras el debido a sus piernas mas cortas y debiles en aquel instante preciso.
-Maldita sea... - Quejumbroso y de mal humor, Ace chasqueo la lengua, tironeando de la niña que, con algun traspies, trataba de que su caminata pareciera lo mas eficaz que fuera posible. Tenia miedo, Ace pudo notarlo porque estaba temblorosa y no se atrevia ni a mirarle a la cara, no queriendo la chiquita buscarse mas problemas con su nuevo captor. -Debi haberte dejado donde estabas.- Como fuente de sus problemas, Ace se giro un segundo sin parar de caminar ni deshacer el agarre, provocando que, asustada e incluso culpable, la niña bajara la cabeza aun mas. El joven comandante suspiro, resignado y veloz, atravesando los recobecos y pasillos del barco mientras muchos otros de los habitantes del lugar, entre copa y copa, miraban la imagen divertidos e incluso producian algun silbidito debido a la escasa ropa de la bonita muchacha. Ella parecio estremecerse, pero Ace no estaba de humor para consolar a nadie, mucho menos a una esclava temblorosa fuente de sus problemas actuales y causante, absoluta, de que no andara el haciendo las mismas animaladas que sus compañeros. -¿Como te llamas?- Sin dejar de caminar y dignarse, si quiera, a girarse, Ace cuestiono.
-Ifára, señor.- A su voz suave, temblorosa, como de pajarito herido le costo llegar a su destino por tanto jaleo, consiguiendo finalmente viajar hasta los oidos del joven comandante.
-Bueno, es bonito.- Ace era un hombre de soluciones simples, encogiendose de hombros para continuar guiandola, firme y veloz, a traves del barco. -¿Cuantos años tienes? ¿Lo sabes?- Algunos esclavos, nacidos en esas mismas condiciones en las que vivirian hasta su muerte, no tenian demasiada idea de la fecha de su nacimiento, sabiendo tan solo vagamente la edad aproximada.
-D-diecinueve.- La joven Ifára contesto obediente con aquella voz quebradita y suave, siguiendo a su nuevo dueño mientras sostenia, como si pudiera protegerla de todos sus males, aquella manta enorme que la cubria con eficacia.
-Entonces, lo sabes.- Luego, Ace recordo que le habian dicho recientemente que las chicas jovenes y bonitas, justo como Ifára, se vendian bien. No era una idea del todo deseschable, pero ya se le ocurriria que hacer con ella. No le agradaban los lios de esclavos y posesiones humanas, que los mercaderes y tipicos compradores asqueaban hasta a los piratas mas temidos.
Con movimientos bastante fuertes, que andaba molesto, el joven Ace llego hasta su camarote, abriendo la puerta de manera similar a como lo habia hecho con la de la enfermeria para, sin demasiado cuidado pero tampoco una intensidad excesiva, tirar de ella hacia el interior. Cerro tras de si, dejando a la niña en pie y tensa, cabizbaja y temblorosa, dandole la espalda a la madera. Dando rienda suelta a todo su mal humor, que ya no cargaba con nadie, el joven comandante de la segunda division se dirigio hasta su armario, austero y bastante escaso de prendas y variedad, abriendolo ruidosamente para comenzar a rebuscar sin miramientos.
-Vamos a buscarte algo que ponerte.- Como era de soluciones faciles y rapidas, Ace no andaba dispuesto a tener que perder el tiempo justamente en ese momento, buscando con la vista lo mas pequeño que tuviera para lanzar sin compasion las prendas desechadas sobre la cama. -Te estara enorme, pero ya solucionaremos ese problema.- Basicamente era como hablar solo, que Ifára no se atrevia ni a abrir la boca, la pobre, cabizbaja y nerviosita en el sitio donde la habian dejado. Finalmente, Ace decidio que los unicos pantalones largos que tenia le irian bien por primera vez, sacandolos del armario junto con una sudadera de un rojo fuerte que pocas veces se habia puesto, la verdad, y un cinturon para que no se le andaran cayendo. -Ten, ponte esto.- Obediente, la niña corrio hasta el para no acentuar el notable enfado del otro, cogiendo la ropa prestada con delicadeza pero eficacia.
Sin embargo, temerosa y todavia no recuperada del shock de los muertos y el cambio repentino de ambiente, Ifára no se movio.
-¿Que pasa?- Lo dijo desconcertado, teniendo ahora mismo la cabeza mas en las nubes y en terminar con aquel lio, que no deberia el andar por ahi vistiendo muchachas si no mas bien emborrachandose como un salvaje con sus compañeros. Los ojos dispares y bonitos de Ifára se clavaron en los suyos un segundo con miedo y duda, y rapido se desviaron hasta sus pies como si aquel atrevimiento tuviera como final el peor de los destinos. -Oh... - Ace, por fin, cayo en la cuenta del problema, suspirando con resignacion para darse la vuelta sobre sus propios pies. -Esta bien. No mirare.- Pero era un tanto ridiculo que una esclava andara con vergüenzas de ese tipo que, al fin y al cabo, no solo se las usa para trabajar en la mayoria de los casos. -¿Sabes? He visto suficientes mujeres desnudas en mi vida. No creo que vaya a saltar sobre una muchachita flaca y canija como tu.- Definitivamente, Ace estaba de mal humor, cruzandose de brazos y manteniendo su posicion girada a pesar de las palabras que acababa de pronunciar. Escucho el murmullito de la manta y la ropa deslizandose sobre la piel con velocidad, esperando pacientemente a que ella terminara.
En poco tiempo, sintio unos deditos delicados y largos rozandole el hombro con temor, haciendole girarse nuevamente para, asustada de cualquier cosa, toparse con una Ifára ya vestida que dio un respingo que casi la hace tropezar. Incluso burlon, Ace se limito a elevar una de sus cejas con expresion orgullosa y superior.
-¿E-esta... enfadado conmigo, señor?- La muchachita bajo la vista de nuevo, con su mirada esquiva y temerosa clavandose en todas los puntos posibles del suelo, evitando por todos los medios que se topara con el hombre que tenia en frente.
-¿Que?- Al joven pirata la pregunta le piyo levemente desprevenido, dudando un segundo largo de lo que acababa de cuestionarle con aquella vocecilla suave y tintineante. Debio ser que apelo a su compasion un poquito, porque Ace suspiro y razono que, al fin y al cabo, ella no tenia la culpa del todo. -No... no lo estoy.- Chasqueo la lengua con algo de resignacion, provocando que la esclava Ifára se relajara un tanto, pero sin deshacer aquella posicion cabizbaja y tensa. -Y no me llames señor, niña. No me gusta.- Notandose que estaba siendo demasiado blando, y los piratas no debian ser blandos, Ace la esquivo sin miramientos, abriendo de nuevo la puerta de su camarote para, con una seña, indicar que ella se moviera obediente y lo siguiera de nuevo. -Me llamo Ace. Asi que, llamame Ace.-
-Vale, Ace.- Ifára lo alcanzo rapido, que no tenia la gana de disgustarlo bajo ninguna circunstancia, sabedora la pobre de los problemas que desplantes semejantes podrian traer.
Saliendo de nuevo al pasillo concurrido, el joven comandante de la segunda division comenzo a caminar, seguido por la muchachita temblorosa cuya cabecilla seguia igual de baja que al principio, dirigiendo, sin embargo, miraditas curiosas y rapidas a los rincones y tripulantes del enorme navio. La pobre chiquilla casi tuvo que correr, incluso, acelerando Ace la marcha en cuanto vio que la cosa terminaria pronto y que no era necesario tirar de nadie. Como una bala, se detuvo frente a otra puerta, algo mas grande y pesada que las anteriores de tan ligera madera, siendo esta doble y de color blanco. Ifára, que tampoco tenia muchas mas opciones, se detuvo tambien, posicionandose a la espera junto a el.
-Escucha.- Sin esperar ni un segundo mas, con autentica prisa y ningun miramiento, Ace agarro a la muchacha de la barbilla de manera suave, pero firme, haciendo que la chiquita no tuviera mas remedio que mirarle a los ojos temerosamente. -Portate bien, se obediente y no me causes problemas.- Como respuesta silenciosa, Ifára se limito a asentir como mejor pudo debido al agarre de la mano fuerte. -Si lo haces, nos llevaremos bien. Si no, te tirare por la borda ¿Queda claro?- E Ifára, que veia que el otro no se andaba con juegos, volvio a asentir mas rapido que antes, tragando saliva dificultosamente. -Pareces una chica lista, asi que supongo que haras lo que mas te conviene.- El joven Ace deshizo su agarre a igual velocidad que como lo habia comenzado, colocando una mano tras su espalda para empujarla suavemente hacia delante, abriendo la puerta en el proceso.
-¡Joan-Marie!- Animado pero con tanta prisa como al principio, Ace entro guiando a la muchacha que, curiosa, inspeccionaba los artilugios y muebles de la nueva estancia. Llego a la evidente conclusion de que era la cocina, resultandole bastante grande y mas acogedora que lo poquito que habia visto todavia del navio colosal, no pudiendo evitar elevar la cabecita graciosamente para analizar cada baldosa, cacharro o electrodomestico. -¡Mira lo que te traigo!-
-¡Muy buenas tardes, chico guapo!- Una mujer de dimensiones bastante considerables, regordeta y de mejillas enrojecidas que, eficaz y en su salsa, trajinaba de un lado a otro por la estancia, se detuvo de sus labores, dandole la bienvenida al conocido recien llegado. Sin embargo, en cuanto sus ojos claros, de aspecto cansado pero amable, repararon en Ifára, la tal Joan-Marie no pudo contener una expresion confusa. -¡Uy! ¿Quien es?- Ifára dio un nuevo botecito, bajando la cabeza veloz para retorcerse las manos en su regazo, incomoda y asustada.
-Una esclava. La encontre en el saqueo de esta mañana... - Suspirando incluso por su mala suerte, Ace palmeo el hombro de la tensa jovencita, que se limito a permanecer en silencio. -Asi que, supongo que ahora es mia.- Pero Joan-Marie no tuvo la reaccion que Ifára esperaba.
-¡Oh, pobrecita niña!- Amable y aplastante, la gran mujer acogio las manos de la niña, tirando de ella y arrancandola del agarre de Ace para darle un abrazo de oso que casi la deja sin aliento. -Seguro que estas tan asustada... - Joan-Marie acaricio su cabeza maternalmente, separandola de si misma con facilidad debido a la considerable diferencia de dimensiones, manteniendo todavia sus manos sobre sus antebrazos. -¿Te da miedo este animal?- Una miradita fugaz y reprochadora se clavo sobre Ace, que andaba acostumbrado a aquella mujer y su confianza de hacia demasiado tiempo.
-Oye, Joan-Marie, no la pongas encima en mi contra, mujer.- Pero al joven Ace le divertia la compañia de la señora Joan-Marie, dura pero amable mujer donde las hubiera.
-¡Ey! es muy guapa.- Joan-Marie analizo el rostro de la muchachita que, avergonzada ligeramente y no queriendo llamar la atencion bajo ningun concepto, evito su mirada para clavar los ojos dispares, como no, hasta sus pies. -¿A quien se la has robado?- Con graciosa picardia la mujer rellena le guiño un ojo, teniendo aun a la pequeña chiquita presa del agarre de sus manos.
-A nadie, en realidad.- El comandante de la segunda division se encogio de hombros, guardandose las manos fuertes en los bolsillos bajo la atenta mirada de Joan-Marie. -Estaba oculta en un recobeco bajo el suelo con un monton de cadaveres.- Pero a la pobre mujer no le resulto una pildora tan facil de tragar.
-¡Ah!- Joan-Marie dio un respingo que bien podia competir con los de Ifára, llevandose una mano de uñas pintadas y estridentes hasta la boca para, con horror, taparla en una expresion de pavor total. -¡Pero pobre niña! ¡Dios santo! ¡¿Bajo el suelo? ¡¿Con un monton de cadaveres?- Repitio las peores partes de aquella descripcion, volviendo a abrazar a la muchacha con fuerza que, no acostumbrada a semejantes demostraciones, no supo si corresponderla o quedarse como estaba, tiesa como un palito.
-Si, si... oye... - Las prisas le regresaron al joven comandante, que estaba dispuesto a despedirse durante un tiempo de ambas mujeres y largarse a hacer el salvaje. -Dale algo que hacer ¿Quieres? Yo me tengo que ir... -
-¿Que?- Joan-Marie le dedico una mirada desconcertada, volviendo a separar a la fragil Ifára de si misma para prestarle toda su atencion al muchacho pirata. -¿Me la dejas a mi?- Y es que Joan-Marie podia ser muy amable, pero una cosa era ser buena, y otra muy distinta dejar que los demas le cargaran con sus obligaciones.
-Pues si. Ahora no tengo... tiempo.- Mentira, pero Ace queria largarse a lo suyo. -Ademas, no se me ocurre nada que pueda hacer por mi, de momento.- Ace asintio pensativo, revisando a la muchacha cabizbaja en busqueda de algo en lo que poder dedicarla. -Esta mejor aqui, en la cocina contigo, que no por la cubierta o los camarotes.-
-Eso es muy cierto.- El asentimiento de Joan-Marie parecio casi una sentencia, dejando libre por fin a la muchacha, que se mantuvo obediente a su lado. -Estas mejor conmigo que con esos sucios y malvados piratas... - Aquellas palabras le arrancaron una sonrisita divertida a la muchachita y Ace, inevitablemente, llego a la conclusion de que para suerte o desgracia de ella, era muy bonita.
-Tu tambien eres un pirata.- Joan-Marie era muy divertida y el joven comandante no solia despreciar la oportunidad de bromear con ella.
-¡De eso nada!- El orgullo y dignidad de aquella enorme mujer salio a flote con toda su furia, elevando un dedo hacia el cielo incluso con enfado por semejante ofensa. -¡Yo soy cocinera! ¡Cocinera, muchacho! ¡Y ademas, la mejor cocinera de Grand Line!-
-Si, si... eso ya me lo se.- Bueno, era suficiente, acentuandole las prisas el haber escuchado una carcajada general proveniente de la cubierta. -Ahora si, me voy.- Ace ya iba a largarse rapido como el viento, deteniendose en seco sin embargo un segundo para, autoritario pero mas amable tras la visita a Joan-Marie, que solia ponerlo de buen humor, señalar a la chiquilla. -Portate bien.- Como respuesta veloz, Ifára asintio. -Y tu... - El dedo indicador de Ace se deslizo ahora hasta la enorme Joan-Marie, suavizando su expresion a una incluso de suplica. -... no me la mimes mucho.-
-Vale, vale... - Joan-Marie agito una mano en el aire con indiferencia, suspirando arrogante y cansada. -Ahora, largate.-
Y con una risilla divertida, Ace se esfumo de la cocina.
(Cambio de escena)
Al final, la celebracion estridente y pirata se habia extendido, como ya andaban oliendose, hasta la madrugada.
La cosa empezo como siempre, con el alcohol de copa en copa y de garganta en garganta, para subir rapido hasta la cabeza, provocando que el ambiente se volviera a medida que el tiempo y la embriaguez avanzaba cada vez mas alocado y sin sentido. Incluido el capitan, que no iba a perderse en la vida semejante oportunidad de beber sin control y hasta que la vision se nublara, todos fueron activos participes de la fiesta, jugando a las cartas para apostar cualquier cosa que se les viniera a la cabeza, reirse sin parar unos a costa de otros o bien, incluso, acabar a puñetazos y a los golpes sin ton ni son y por las mismas tonterias de siempre.
Thatch termino, extrañamente para todos por lo bien que parecian llevarse siempre, batallando con Marshall D. Teach, aquel subordinado mayor de Ace que tanto tiempo llevaba en el barco, dandose una verdadera paliza a manos desnudas que trato de ser detenida. Sin embargo, rapido acabo convirtiendose en una especie de batalla campal de bandos, que unos apoyaban a Thacth y otros a Teach. Suerte para el cuarto comandante que siempre conto con tantisimos amigos.
Por su parte, Marco acabo con tal exceso que termino vomitando por la borda, ayudado por algun que otro camarada compasivo mientras hablaba, y hablaba, y hablaba... Que Marco cuando bebia, extrañamente, solia volverse un gran conversador.
En cuanto a Ace... Bueno, Ace habia bebido demasiado, como todos, pero por suerte no termino a los golpes con nadie, mucho menos echo los estomagos al mar, revoloteando de aqui para alla y de grupo en grupo tan activo como era de por si, mas aun si se sobrepasaba con las copas. A la madrugada comenzo a sentirse realmente cansado, mareado y somnoliento, llegando a caer fulminantemente dormido sobre su jarra para, debido al impacto de su cabeza, derramarla y estar a punto de reventarse el cristal sobre la frente. Sus compañeros primero se rieron de el, evidentemente, despertandolo despues mediante zarandeos fuertes y alguna bofetada, que Ace borracho era imposible de levantar de manera delicada o incluso moralmente correcta.
Asi, dolorido por el golpe y realmente bebido, Ace se habia despertado tan rapido como cayo dormido, comprobando su alrededor y como aquella fiesta comenzaba a volverse deprimente tras el subidon del alcohol y su posterior bajon, del que andaba ya sufriendo el los estragos al igual que casi toda la numerosa tripulacion. Finalmente, se puso en pie, despidiendose de los que se cruzaran en su camino que anduvieran lo suficientemente sobrios para ser conscientes de la realidad, caminando torpe y pesado hasta su camarote. Sufrio algun tropiezo ruidoso, pero trato de andar lo mas silencioso que pudiera, no queriendo despertar a aquellos que, antes que el, habian decidido largarse a dormir la mona.
Casi dejandose caer contra la puerta, Ace llevo una mano hasta el picaporte, costandole acertar el lugar donde estaba situado debido a la oscuridad y la mala vision. Abrio la puerta tratando de que no hiciera demasiado ruido, no lograndolo del todo y consiguiendo, al menos, un chirrido no demasiado estridente. El joven y ebrio comandante se deslizo a su comodo camarote, que mas bonito que nunca jamas le resultaba ahora por la esperanza de dormir, cerrando la puerta velozmente para, suspirando, apoyar las manos en el marco de madera junto con su cabeza.
Si no se movia rapido de ahi, terminaria de nuevo cayendo dormido como un enfermo, resultandole esta vez el golpe mucho mas doloroso, sobre todo teniendo en cuenta que estaba en pie y frente a una puerta.
Costandole una barbaridad, el joven Ace se dio la vuelta dificultosamente, apoyando nuevamente la espalda contra la firme madera para evitar caerse con el movimiento de giro.
-¡Ah!- El susto repentino fue tal, que el muchacho no pudo contener un grito por la sorpresa no esperada, llevandose una mano al pecho en cuanto comprobo la identidad del ocupante en la oscuridad de la habitacion. La joven Ifára se encontraba sentada en el suelo, con el cabello rebelde mas revuelto todavia y carita de tanto susto como la suya momentos antes. -¡Dios! Que susto... - Casi le habia dado un infarto, notando el corazon desvocado relajandose poco a poco debido a que todavia mantenia la mano en el mismo lugar. -¿Que haces aqui?- Su voz sono realmente borracha incluso para el mismo, deslizando la mano de su pecho hasta su cara para colocarla sobre su frente y arrastrarla hacia abajo, buscando espabilarse. -Bueno, claro... tampoco tienes otro sitio en el que estar.- Ifára no parecia saber que contestarle, o no se atrevia a ello, haciendo que Ace decidiera darse las respuestas a si mismo. -¿Sabes? Eres preciosa.- La señalo un par de veces con los peores reflejos de su vida, apoyado sobre la puerta y viendo como ella, realmente desconcertada, simplemente le miraba desde su posicion. -Tienes suerte.- Ace no sabia a que venia semejante cosa y halago, pero le dio lo mismo, diciendoselo porque, al fin y al cabo, era verdad. Luego razono que Ifára era una esclava, y quiza el ser tan bonita como ella no era, precisamente, algo afortunado. -O no tienes suerte... No se.- Torpe, Ace iba a caminar, pero decidio que era mejor esperar un rato a que se le calmara el mareo. Entonces analizo el pelo revuelto, el que estuviera sentada en el suelo y la carita bonita, de expresion bastante cansada y desconcertada. -¿Estabas durmiendo en el suelo?- Entre incredulo e impresionado por el descubrimiento, Ace abrio mucho los ojos un momento, suspirando ruidosamente despues.
-N-no me importa... - Con su voz de pajarito, Ifára le quito hierro al sunto, pareciendo que le costaba menos mirar al otro a la cara entre tanta oscuridad y tan tremenda borrachera.
-No voy a dejar que duermas en el suelo, canija.- Arrastro las palabras debido a su estado, chasqueando la lengua pesaroso para cerrar los ojos fuertemente, sintiendo que la vision demasiado constante le daba dolor de cabeza. -¡Vamos! ¡Tampoco soy tan malo!- Por su parte, la pobre muchachita no se atrevia a hacer nada, manteniendose en su lugar y contemplandole cada vez mas confusa. -Vete a la cama.-
-¿Y-y tu?- Casi con miedo, tartamudeando todavia temerosamente, Ifára pregunto, no entendiendo demasiado bien que nadie le cediera la cama a alguien de su condicion.
-¿Yo?- Llevo una mano torpe y sin reflejos hasta su sombrero, que permanecia en su cabeza desde no recordaba exactamente cuando, bajandolo del ala para cubrirse gran parte del rostro. -Yo me duermo en cualquier parte... - Una carcajada corta y seca escapo de los labios de Ace, que se cruzo de brazos con su inseparable sombrero plantado en la cara. -Hasta en el suelo, si me apuras... Y ahora que estoy borracho, todavia mas.- Ace era pleno consciente de su estado ebrio, evidentemente, no dandole sin embargo demasiada importancia al hecho. -Ahora, vete a la cama.- Ifára, que no podia salir de su asombro, la pobre, se quedo quietecita y estatica en el mismo sitio. Con un gruñidito molesto el joven comandante volvio a levantarse su sombrero un tanto, mirando sus ojos bonitos y dispares con los suyos, bastante adormilados. -¿A que esperas?- Su mano se movio rapida y torpe en una accion indicadora que la hizo dar un respingo, levantandose veloz y obediente del suelo para caminar, todavia insegura, hacia la cama en cuestion. -Chica lista... ¿Sabes? Tienes unos ojos bonitos... - Debia ser que andaba de confidencias, porque Ace no parecia estar dispuesto a callarse cada cosa que se le pasara por la cabeza. -Me gustan... Y una mirada muy dulce... si.- Finalmente, Ace dejo caer el sombrero sobre los ojos de nuevo, comenzando a deslizarse a traves de la puerta para, suavemente, dejarse caer sentado hasta el suelo del camarote.
En menos de diez segundos, Ace se quedo dormido.
(Fin del capitulo)
Ando realmente histerica con esta historia, en serio, se me van a salir los ojos porque aprovecho cada momentito posible para escribirla y, en realidad, me cuesta parar una barbaridad!
La tenia en la cabeza desde hace bastante tiempo, y ando estudiando y escribiendo, estudiando y escribiendo... Por eso lo de que se me van a salir los ojos XD (O no, pero acabare al final con una miopia de caballo ajajaja)
Por cierto, no seais muy duros con el pobre Ace, de momento, dadle tiempo que cambie su forma de pensar y ver las cosas eh? (Pero si, por el momento es un autentico animal, y lo seguira siendo un poco mas hasta que pase el tiempo suficiente, pero no mucho tiempo eh?)
Un besazo enorme con sabor a limon y mucho amoooooooor!
Maddy
