En cuanto el sol fuerte de la mañana entro en el camarote, no pudo contener un gruñido.

La luz clara por las horas, proveniente de la ventana grande y alta, se colo sin compasion a traves de los escasos recobecos de su sombrero, haciendo que tuviera que cerrar los ojos con fuerza para paliar el dolor repentino. Gruño de nuevo, y mas fuerte, retorciendose un poco en el sitio con respaldo de la misma dureza que la superficie donde andaba tirado. La cabeza le dio un par de vueltas dolorosamente, la boca andaba seca y pidiendole a gritos algo de hidratacion asi como, cada musculo de su cuerpo, parecia que rechinaba quejumbroso por el exceso.

Pronto, el joven comandante de la segunda division, Portgas D. Ace, cayo en la cuenta de que era preso de una respetable resaca.

Arrastrandose no muy cuidadosamente, el muchacho pirata se ayudo de la pared para ponerse en pie no sin esfuerzo, levantandose el sombrero una vez lo consiguio para recibir, directa sobre los ojos, la luz aquella mañanera que se le clavo en las retinas como una aguja. Le costo un par de pestañeos fuertes el acostumbrarse al sol que se colaba a traves del vidrio de la ventana, estirandose como un gato perezoso al comprobar con gusto que habia conseguido levantarse lo suficientemente temprano y por si solo, dispuesto ahora a comenzar con sus tareas matutinas a bordo del Moby Dick.

Un bultito ovillado descansaba sobre su cama, acogido bajo las sabanas protectoras y cubierto casi al completo, notando el joven Ace su respiracion acompasada debido al sueño profundo por el movimiento suave. Con un suspirito bajo, camino silenciosamente hasta el comodo colchon donde Ifára debia andar todavia dormida como un lironcito, resultandole aun dificil de asumir que ahora tenia a aquella muchachilla esclava bajo su tutela y responsabilidad. Ace, como comandante, estaba acostumbrado a mandar y ser lider, teniendo incluso el don por naturaleza que ya antes de eso habia sido incluso capitan. Pero no era lo mismo lidiar con un puñado de animales salvajes de mar, que con cositas delicadas y dulces como Ifára. Igualmente, los hombres bajo su mando hacian, realmente, lo que les venia en gana, pero la chiquita ni se atrevia ni tenia el destino de su parte para eso, que al fin y al cabo era una esclava y las propiedades no toman decisiones por si mismas.

Con la mirada cansada y retirandose el sombrero para, sin mucho cuidado, basicamente lanzarlo sobre la comoda, el joven Ace se inclino un poco frente a la cama, dispuesto a analizar algo mas a la ocupante en cuestion.

Como habia imaginado, la chiquita debia andar todavia por el quinto sueño, tapada hasta la barbilla con toda su eficacia y echa un ovillito bajo las mantas, pareciendole tan asustada como cuando la encontro, sucia, herida y llorosa, de entre todos aquellos muertos como compañeros de escondrijo. Los rasguños que ocupaban las mejillas y parte del puente de su bonita nariz andaban mejor que ayer, menos inflamados y mas asperos, que comenzaba a formarse una costra fina y esperanzadora sobre ellos. No le quedaria cicatriz y, en poco tiempo, la piel fina y delicada volveria a ser tan suave y agradable como debia haberlo sido antes del golpe. Un tiempo en el barco, comiendo como era debido y llevando una vida lo mas saludable posible harian el resto, dejandola menos flacucha y debil y mas redondita y luminosa.

La muchachilla solto un suspiro pequeño y casi imperceptible, ovillandose todavia mas en busca del calor de las sabanas que la cubrian casi entera.

Se le hizo fragil y cansada, y el segundo comandante decidio que por ser blando por una vez, mientras nadie estuviera de espectador, no pasaria nada. Asi que, el joven llego a la conlusion de que debia ducharse primero (Que apestaba a alcohol todavia), asearse, alistarse en general y dejarla dormir un poco mas, que seguramente precisara del descanso en mayor medida que el.

Ace era rapido para ese tipo de cosas, que por no hacer ni llevar, ni las camisas se cerraba, terminando la tarea en un periquete para salir del cuarto de baño bastante mas animado. El agua de la ducha habia conseguido su funcion principal, espabilarlo, y la resaca, aunque ligeramente persistente, se habia ido en su mayoria por el desagüe junto con el resto.

-Ey... - Susurro primero, pegado a la cama para despertarla, que tampoco considero correcto el dejarla alli toda la mañana sin hacer nada. -Vamos, despierta.- Viendo que con una vocecilla no iba a lograrlo, Ace llevo una de sus manos hasta el hombro de la chiquita, zarandeandola un par de veces con cuidado. La verdad que le daba pena tener que despertarla a lo bruto, viendolo innecesario pero si sonando lo suficientemente firme para que fuera considerada una orden y no una peticion. Ademas, por lo que habia visto de ella, como le diera por echarle un grito seguro que le provocaba un infarto. -¿A que esperas, niña?- Ifára se removio un poquito, produciendo algun ruidillo suave dificil de escuchar. -Tienes cosas que hacer. No seas perezosa.- Los bonitos ojos de la muchacha le dieron los buenos dias al fin, abriendose despacio y poco a poco para, al igual que habia tenido que hacer el, pestañear fuerte un par de veces por recibir la luz de lleno. -Arriba.- No necesito decirle ni una palabra despertadora mas, incorporandose la niña sentada como un resorte en cuanto comprobo su identidad, tensa como una ramita y con mirada culpable. Ace no pudo hacer mas que suspirar. -Buenos dias.- La educacion ante todo.

-Buenos dias.- Con su voz suave y temerosa, Ifára correspondio al saludo mañanero, llevandose las manos hacia el regazo para mirarselas atentamente y evitar, asi, contemplar los ojos del otro.

-¿Te dijo algo Joan-Marie?- Alistado ya y preparado para largarse y comenzar la jornada laboral en cuanto fuera posible, Ace se llevo las manos a los bolsillos, mirando a la niña todavia sentada sobre la cama.

-Que volviera... al dia... siguiente.- Con aquel miedo persistente, la muchachita asintio, dirigiendole una miradita fugaz que pronto fue desviada.

-¿Y a que esperas?- La chiquilla no se hizo esperar mas en cuanto escucho aquella pregunta ironica, dando un respingo para levantarse de la cama como una centella. -Quieta, quieta... - Suspiro resignado el joven comandante, haciendole una seña de detencion con la mano que ella obedecio a la perfeccion, permaneciendo en pie y estatica junto al colchon. -Coge algo de ropa de mi armario y duchate. Luego, te vas con Joan-Marie. Recuerdas como ir hasta alli ¿Verdad?- Espero la respuesta, e Ifára asintio silenciosa y atenta. -Muy bien. Yo me marcho.- El joven Ace ya iba a darse la vuelta, pero la mirada curiosa de la chiquilla se lo impidio un segundo. -Tambien tengo cosas que hacer.- Tras esto, se encogio de hombros, caminando activamente hasta la puerta para, sin despedidas de por medio, llevar la mano hacia el picaporte algo viejo y desaparecer tras la puerta.

Ifára, levemente confusa y desorientada todavia, se permitio unos segundos de ausente reflexion.

Veloz, dio un respinguito y, obediente, se puso a la tarea.

(Cambio de escena)

-Llegas tarde, Ifára.- Esas fueron las primeras palabras que Joan-Marie le dedico en cuanto la vio cruzar a traves de la puerta, autoritaria siempre en su cocina como era a pesar de su amabilidad. Joan-Marie era una mujer de caracter curtido, Ifára podia notarlo perfectamente, provocando con aquellas palabras que, eficaz y cabizbaja, recorriera la estancia veloz hasta llegar a su lado. -Hay que ver... - Suspiro la gran mujer entre decepcionada y enternecida, pasandole a la chiquita un par de cacharros para que los llevara hasta la pila cercana. -Crei que serias mas obediente, teniendo en cuenta que acabas de llegar.- Pero Ifára, chica fiel y agradecida, no iba a decir que su tardanza era debida a que Ace no la habia despertado temprano, limitandose a abrir el grifo de la cocina para dejar parte de los cacharros en remojo y facilitar una limpieza posterior.

-Lo siento.- La disculpa le arranco un chasquidito de la lengua divertido a la otra que, a pesar del regaño, demostro que no andaba enfadada.

-¿Que ha pasado?- Joan-Marie le cuestiono, abriendo facilmente y sin necesidad de ponerse de puntillas ni subirse a ningun taburete el mueble mas alto de su cocina.

-Me dormi, señora. Lo siento.- Rapida, regreso al lado de su anfitriona en aquella sala, ayudando veloz y eficaz a preparar las cosas correspondientes.

-Señorita.- Joan-Marie la corrigio rapido, ligeramente ofendida ante el termino indicativo de madurez.

-Lo siento, señorita.- Y obediente, conteniendo sin lograrlo del todo una sonrisita, Ifára respondio a la protesta como debia ser.

-Mucho mejor.- La mujer enorme se llevo una mano a la cadera para erguirse con orgullo, mostrandole una hilera de dientes perfectos y grandes a la chiquita. -Pero el desayuno no se prepara ni se sirve solo ¿Sabes?- Con su cazo como arma, Joan-Marie lo agito en el aire un par de veces con falsa amenaza, provocando que Ifára se apurara en la tarea. -Si vas a andar de dormilona, deberia dejar que Ace te tirara por la borda.- Pero la broma no tuvo el efecto benigno deseado, que hizo que la joven Ifára le dirigiera, durante un instante, una miradita de suplica y terror. -¡Niña!- Con escandalo incluso, Joan-Marie cambio su expresion a otra compasiva, viendo como la chiquita seguia con la labor ahora mas preocupada que nunca. -¡Nadie va a tirarte por la borda!- Sin embargo, aquella amenaza que el muchacho Ace le habia dedicado el dia anterior, cuando apenas si acababa de despertarse de la horrible desgracia del contrabando del que habia sido presa, se le habia grabado a Ifára en la cabeza tan a fuego como la marca de su hombro.

-¿Lo promete?- Ifára no tenia miedo de Joan-Marie, porque la veia amable, compasiva y buena. Pero del segundo comandante si, que al fin y al cabo, no solo se le hacia temible por tener la vida en sus manos, si no tambien porque era un pirata y ella nunca habia escuchado historias agradables de estos. Si a Ace le daba por acabar con ella, simplemente tendria que hacerlo y facilmente, ademas, e Ifára sabia que a nadie le importaria lo mas minimo y que si bien la tiraba realmente por la borda, bien la tiraba por una ventana, alli no habria pasado nada.

-¡Claro que lo prometo, chiquilla!- Sin embargo, Joan-Marie no debia estar de acuerdo con Ifára, asintiendo firme y veloz unas cuantas veces. -¿Como voy yo a dejar que lancen al mar a una muchacha tan bonita, eh?- Joan-Marie le arranco una risita cuando, maternal incluso, le revolvio el cabello ya de por si rebelde con gracia. -Y ahora ¡A trabajar!- Un mandato autoritario repentino fue suficiente, dando la joven Ifára un respingo para continuar eficazmente con su labor.

Sin embargo, no pudieron trabajar ni dos minutos cuando, descuidada y ruidosamente, aquella puerta pesada de la cocina se abrio de par en par, internandose el nuevo recien llegado en la estancia para dejar, altiva y superiormente, que se cerrara por su propio peso.

-Oh... vaya.- Joan-Marie, que siempre era tan amable, no pudo evitar cierto tono de sorpresa, incentivando la curiosidad despierta y constante de Ifára que, aunque silenciosa y cabizbaja, solia andar atenta a todo cuanto la rodeaba. -Muy buenos dias, Circe.- Pero a Ifára no se le hizo tan contenta como normalmente.

Por el rabillo del ojo, tratando de pasar lo mas desapercibida posible, Ifára contemplo con fascinacion como una mujer joven cruzaba, con toda su gracia y poderio, la cocina ocupada antes solo por ellas dos. Su cabello largo hasta la estrecha cintura tan negro como el carbon, cargado de bonitas ondas de brillo natural volo suave al compas de sus pasos de gran diosa, dados por unas piernas que a Ifára se le hicieron larguisimas y fuertes, pero torneadas. Todavia en ropa de dormir, seguramente, la belleza de piel acaramelada llego con una gracia y altivez tal, que Ifára creyo si acaso era una reina, moviendo las caderas grandes y redondas al compas de cada uno de sus movimientos. Su rostro ovalado y de perfecta simetria, con ojos oscuros y avellanados y facciones arabigas desperto la fascinacion total de la otra, que se sintio tan chiquita y poca cosa a su lado, a pesar de que la recien llegada no debia ser mucho mayor que ella.

-Buenos dias.- Orgullosa y algo seca, pero sonriente, la nombrada como Circe se acerco hasta el frutero sin pedir permiso, agarrando una manzana de aspecto fresco.

-Bueno ¿Y a que has venido?- Por su parte, Joan-Marie cuestiono mas curiosa que antipatica, observando como la otra, con su caminar seguro y poderoso, se dirigia hacia la mesa mas cercana.

-Tenia hambre.- Era chula, orgullosa y de dificil dominio, Ifára pudo notarlo, todavia escondidita tras el enorme cuerpo de Joan-Marie. -Tardas demasiado.- Con una risa grave y elegante, la nueva inquilina de la cocina apoyo la espalda sobre la mesa con movimientos masculinos, dandole una mordida a su recien adquirida manzana. Fue en ese preciso instante que su mirada se cruzo con la dispar de Ifára, que andaba admirandola sigilosamente, provocando que la muchachita rapido girara la cabeza y regresara a sus labores. -Y ¿Esta quien es?- No sono muy amable, habiendo descubierto finalmente a la pequeña mujercita que trabajaba junto a Joan-Marie.

-Oh, es Ifára.- Con una sonrisilla, la enorme mujer giro la cabeza un momento para dirigirse a la otra mientras Ifára quiso, no supo muy bien porque, no llamar demasiado la atencion de Circe. -La trajo Ace ayer por la tarde, despues del saqueo.- Pero la despampanante joven no resulto tan contenta como Joan-Marie, levantandose superior de su sitio para, digna y altiva, llegar hasta la silenciosa y nerviosa Ifára velozmente. No iba a esperar mucho mas, deslizando una mano por la parte lateral de la cabeza de Ifára para, sin miramientos, agarrarla del cabello y girar su rostro hasta que pudiera mirarla directa a los ojos. Algo dentro de Ifára dijo que no se llevarian bien, y que a Circe no le agradaba demasiado a pesar de que ni minima palabra habian mediado todavia, analizandole la mujer morena inquisitiva con una sonrisilla desagradable.

-Asi que esta es la esclavita del comandante ¿Eh?- Dijo casi entre dientes, no soltando todavia el agarre doloroso y pegado a su cabeza hecho para demostrar tanto su superioridad como para poder verla la cara. Temerosa, Ifára esquivo su mirada hacia ningun punto en concreto, regresandola nuevamente para volver a desviarla y asi unas cuantas veces, nerviosa como estaba por la cercania amenazante y repentina.

-Vamos, Circe, no seas mala.- Reprendedora pero acostumbrada al caracter peligroso e indomable de Circe, Joan-Marie chasqueo la lengua, provocando que la aludida le dedicara una miradilla fugaz y despectiva. Finalmente, la belleza morena mastico con un chasquido, soltando descuidadamente a la joven Ifára para regresar a su mesa y su manzana. -¿A que es guapa?- Incluso con orgullo maternal, Joan-Marie cuestiono, dandole la espalda a la orgullosa y chulesca Circe por andar de vuelta a su trabajo sobre la encimera.

-Esta muy flaca.- Masticando su fruta recientemente adquirida, Circe reviso con desprecio a la muchacha. -Y tiene ojos de gato mestizo.- Superior, produjo un cabeceo digno, retirando la mirada oscura para dirigirla a ningun punto en concreto. -No me gustan.- Ifára estaba ya segura del todo de que no le habia causado una gran impresion, precisamente, laboriosa y eficaz mientras trataba de no llamar mas la atencion y tragarse la incomodidez de semejante descripcion.

-Podrias dejarle algo de ropa.- Pero Joan-Marie siempre se tomaba las cosas desde el lado mas optimista, revisando de reojo la ropa masculina que tan enorme le venia a Ifára. -Tambien le estara grande porque es chiquitina, pero mejor que la que lleva... - Rapidamente Circe interrumpio sus palabras.

-No voy a andar por ahi dejandole mi ropa a las esclavas.- Seca y con desprecio, Circe casi sono indignada e incredula de que a alguien se le ocurriera proponerle semejante cosa. -Ademas, si tanto la necesita, que venga Ace a pedirmelo. Es suya ¿No?- Otro mordisco fue dado sobre la manzana, que resono con un crujidito humedo.

-Deberias ser mas respetuosa. Al fin y al cabo, es tu comandante.- El regaño de Joan-Marie no tuvo demasiado efecto, bufando Circe con burla.

-Sigue siendo como todos.- Se encogio de hombros, acomodandose mejor sobre la mesa ocupada.

-¡Amor mio!- Una voz repentina y masculina, animada y jovial, se hizo eco en la estancia seguida del conocido sonido de la puerta cerrandose, provocando que la atencion de las tres mujeres fuera puesta en el lugar en cuestion. -¿Como esta la mujer de mis sueños, que no me deja dormir con el recuerdo de su belleza, esta mañana?- El comandante de la cuarta division abrio los brazos teatrero y como sufriente de amor, dirigiendose hacia Joan-Marie con toda su confianza.

-¡Agh! Joven picaro... - Pero no pudo contener una risita entre boba y agradecida, chasqueando la lengua mientras a Ifára, pegada a ella y oculta, se le escapaba una sonrisa cerrada y breve de diversion.

-No es picardia, mi preciosa mujerona.- Thatch recorrio la estancia en un par de zancadas veloces, cogiendo la mano de Joan-Marie con galanteria, casi tan grande como la suya propia. -Es sinceridad.- Finalmente, beso el dorso suave y fugazmente, provocando que la sonrisilla de Ifára se acentuara ante la escena.

-Claro, claro. Como si no nos conocieramos, Thatch.- Suspiro entre graciosa y cansada, negando con la cabeza decepcionadamente.

-¡Claro que es sinceridad, bella Joan-Marie!- El cuarto comandante se llevo una mano al pecho con total dolor e incredulidad, pareciendo realmente que andaba sufriendo por un amor no correspondido. -¡Pura y clara sinceridad! ¡Total verdad la que acabo de decirte!- Teatral, señalo al techo con mirada firme y convencida, arrancandole una risita no solo a la enorme y cortejada Joan-Marie, si no tambien a la oculta y pequeña Ifára. -¡Ah! ¿Que ha sido eso?- Pero a pesar de actuar confuso, Thatch ya habia divisado la presencia de otra personita tras el cuerpo grande de Joan-Marie, inclinandose hacia un lateral y poder, asi, identificar a la muchacha anonima todavia. -¡Dios Santo!- Se llevo una mano grande hacia la boca un segundo, revisando a la muchacha Ifára que no sabia si reirse o esconderse como un conejito. -P-pero... ¿Quien me lo iba a decir a mi?- El cuarto comandante continuo con su actuacion, esquivando a la enorme Joan-Marie para llegar hasta la muchachita y, galante, revolotear a su alrededor. Ifára tuvo que dejar las labores, aguantandose la sonrisa por tanta animacion e inquietud de aquel comandante activo. -¿Quien me iba a decir a mi que de debajo de los muertos y tanta mugre salen angeles como este?- Joan-Marie solto una carcajada corta y graciosa e Ifára, que no sabia que decir ni hacer, se limito a dejar salir una sonrisita cerrada y nerviosa. -¡Que increible descubrimiento!- A Thatch nadie le paraba los pies, cogiendo las manos de Ifára en plena pose de adulacion. -Dime quien es tu dueño que te compro inmediatamente, aunque tenga que vender hasta el ultimo rincon de mi camarote.- Evidentemente, Thatch sabia perfectamente quien era el supuesto dueño de Ifára, habiendo visto como este ultimo la sacaba de aquel agujero. Sin embargo, le gustaba jugar con las damas y, como tal, el cuarto comandante continuo a lo suyo. -¡Que digo del camarote! ¡Vendo el barco entero con mis compañeros dentro, y todo! ¡Lo juro!- Ifára no era tonta, y sabia que andaban jugando con ella, pero era imposible no sentirse adulada y divertida ante semejante situacion y palabreria galante.

-Anda, anda... No me la engatuses.- La voz de Joan-Marie provoco que la atencion del cuarto comandante se centrara de nuevo en ella, no soltando todavia las manos pequeñas de la joven. -No creas nunca una palabra de lo que este hombre te diga.- Con diversion, la enorme mujer señalo al ahora incredulo comandante, dedicandole a una atenta Ifára una mirada de graciosa advertencia.

-¡Pero mi amada Joan-Marie! ¿Como puedes decir eso?- Pareciendo completamente ofendido de nuevo, Thatch solto por fin las manitas de Ifára, dispuesto a revolotear ahora alrededor de la enorme mujer. -Yo soy un tipo decente ¡Honrado y decente!- Pero alguien no debia estar de acuerdo con eso.

-Los chacales del desierto son mas decentes que tu.- La voz ronca y elegante de Circe no se hizo esperar mas, llamando la antecion de los presentes con aquellas palabras ofensivas y altivas. Thatch, como respuesta, se limito a girarse sobre sus pies, dedicandole ahora toda su atencion a aquella belleza de facciones arabigas.

-Vaya... parece que la diosa Afrodita ha bajado a visitarnos.- Inmunizado a lo insultos femeninos de cualquier tipo, Thatch se acerco hasta una chulesca Circe apoyada sobre su mesa que, aun, continuaba mascando su manzana. -Digame, diosa Afrodita ¿Que le trae por este humilde barco pirata?-

-Tienen buenas manzanas.- Le siguio la broma, conociendose desde hace mucho y encogiendose de hombros para, divertida pero superior, mostrarle aquella fruta nombrada con un movimiento de su mano.

-Por un momento, pense que dirias mi nombre.- El cuarto comandante fue preso de la resignacion, negando con la cabeza decepcionadamente. -Pero sabia que era un sueño imposible de cumplir.- Una carcajada jocosa escapo de los labios carnosos de la hermosa Circe.

-Sabias bien.- Superior, elevo la cabeza en un movimiento digno que hizo ondear su frondosa melena, dandole un nuevo mordisco largo a su manzana a medio comer.

-¡Eres tan mala conmigo, Circe!- Lloriqueando quejumbroso, el comandante mujeriego fingio una terrible pesadumbre, suspirando triston y melancolico.

El juego, sin embargo, no siguio por mas tiempo, abriendose nuevamente aquella puerta doble de una manera mucho mas cuidadosa y lenta, sin embargo.

-Pero ¿Que diablos?- A Joan-Marie se le estaba acabando la paciencia, mirando al punto del sonido con expresion molesta y un bufido. -¿Acaso mi cocina se ha convertido en el punto de encuentro del barco?- Debia ser asi pues, importandole poco o nada la opinion de Joan-Marie al respecto, el comandante de la primera division se interno en la cocina con aquella aura de respeto sobrevolando a su alrededor.

-Buenos dias, Joan-Marie.- Ignorando el comentario desagradable, Marco suspiro cansadamente, atravesando la estancia directo a su destino. -¿Como te va la mañana?- Sin embargo, no iba a olvidar los comentarios de cortesia de turno, dirigiendose a la enorme mujer mientras rebuscaba con la mirada.

-No me quejo.- Se encogio de hombros, y Marco asintio, dando por fin con aquella chiquita temblorosa y fragil que habian recogido, el dia anterior tan solo, de un agujero plagado de muerte.

-Buenos dias... eh... - Pero Marco no se sabia su nombre, provocando que Ifára diera un botecito en cuanto noto que se estaban dirigiendo a ella.

-Ifára. Se llama Ifára.- Salvadora Joan-Marie que la veia perdida y asustada de todo y todos, decidio contestar por la muchacha.

-Buenos dias entonces, Ifára.- Cordial pero tan serio como era, Marco repitio aquel saludo de buenas formas mañaneras.

-Buenos dias, señor.- La muchachita contesto con la suavidad casi aniñada caracteristica de su voz, produciendo un cabeceo respetuoso y leve para con el otro. Marco, en cambio, se llevo una mano al menton reflexivamente durante un par de segundos, analizando a la muchacha que, algo incomoda, se dedico a esperar quietecita y callada.

-¿Sabes leer y escribir?- La pregunta del primer comandante la piyo algo de sorpresa, teniendo Ifára que, rapida para ser lo mas eficaz posible, revisar las palabras de la duda.

-Si, señor.- Una vez se recompuso asintio un par de veces, esperando curiosa el porque de aquella pregunta.

-Oh, bien.- El primer comandante le sonrio sereno, haciendo despues una seña indicadora con la cabeza de seguimiento. -Ven conmigo.- Ya iban a ponerse en marcha hacia Ifára no sabia donde para hacer tampoco tenia idea de que, cuando Marco se detuvo en seco. -¿Has desayunado?- La respuesta silenciosa de la muchachita no se hizo esperar mas, negando con la cabeza un par de suaves veces. -Vaya... desayuna primero, entonces.-

-Tiene que ayudarme a servir la comida.- Joan-Marie, algo indignada y apurada de perder su ayudante en plena hora punta, interrumpio veloz la conversacion.

-Bueno, pues que haga lo que tenga que hacer.- Suspirando resignado el primer comandante se encogio de hombros, dandose la vuelta y dejando a una Ifára aun mas confusa y curiosa que al principio. -Cuando termines... - Mientras caminaba giro la cabeza, dirigiendole una ultima mirada a la chiquita que, aun quietecita, se dedico a observar. - ...me bucas ¿Vale?- Ella asintio, y el primer comandante se despidio veloz de todos los presentes elevando una mano al aire, no sin antes de salir agarrar tambien una de aquellas manzanas apetitosas sin pedir el permiso de Joan-Marie.

-Agh... aqui todos hacen lo que les da la gana.- Quejumbrosa, la enorme mujer de uñas pintadas y coloridas gruño, regresando a su tarea.

Y los demas no podrian estar mas de acuerdo.

(Cambio de escena)

-Eran... - Completamente reflexivo, Ace se llevo una mano grande al menton para mesarselo, contemplando con la mirada ligeramente perdida su recientemente terminado desayuno. -Dos puertas ¿No?- En espera de la respuesta, le dirigio una miradita rapida y dudosa al compañero pirata que tenia en frente, provocando un asentimiento del otro.

-Exacto, dos... dos puertas.- Sonriente por haber provocado toda aquella expectacion, que andaba su mesa del comedor abarrotado con un pequeño grupo en la misma situacion pensativa que el segundo comandante, el pirata barbudo y algo mayor respondio.

-Y un angel y un demonio.- Otro de los piratas que formaban aquel equipo pequeño del desayuno elevo dos dedos huesudos por su delgadez natural frente a la cara del pensativo Ace, bufando despues con completa frustracion. -Llevamos un buen rato dandole vueltas y nada.- Molesto incluso, gruño exhasperado, dirigiendole al pirata barbudo y satisfecho una miradita de reproche. -¡Vamos, tio! Dinos la respuesta.-

-De eso nada, caballeros.- Altivo e intelectual como era en realidad, el pirata de frondosa barba castaña y algo canosa nego con la cabeza, apoyando mas comodamente la espalda sobre su silla correspondiente. -¿De que serviria que os diera la respuesta? ¿Donde estaria, entonces, lo interesante de la cuestion?-

-¡A la mierda la cuestion!- Estallo otro de los presentes, cansado de darle vueltas a aquello sin lograr salir del laberinto mental e impaciente por conocer el resultado. -Dinos la puñetera respuesta, que me has estropeado el desayuno.- Pero el pirata barbudo solo volvio a reir.

-Dos puertas... - Por su parte, Ace continuaba en las mismas, no encontrando por mas que buscara la solucion posible al problema que le habian planteado nada mas llegar a la mesa.

-¿Alguna respuesta?- Aquel intelectual de barba castaña y abundante se inclino un poquito hacia el llegado mas recientemente, provocando que el segundo comandante chasqueara la lengua.

-No... nada. No se me dan bien estas cosas.- Se cruzo de brazos, entre indignado y pensador, dirgiendo la vista perdidamente al plato de nuevo para rebuscar entre los recobecos de su mente.

-No puede ser tan dificil.- Otro de los compañeros de mesa bufo, prestandole atencion repentina a todos los presentes y elementos de la sala con total frenesi. -¡Eh! ¡Espera!- Grito de repente con una sonrisa y una elevacion indicadora de su mano, provocando que el resto le mirara, algunos divertidos y otros desconcertados.

-¿Que haces?- Aquel huesudo y flaco pirata cuestiono confuso, provocando que el otro contestara sin girarse si quiera a encararlo.

-A lo mejor acierta, y todo.- Se rio jocoso, no pareciendo muy convencido de sus propias palabras. -Sera divertido. ¡Ey! ¡Chiquita!- El pirata volvio a llamar gracioso y efusivo, provocando que el segundo y joven comandante elevara los ojos al techo un momento por la repentina idea de su compañero. -¿Como se llama?- Nervioso y apurado, que se le iba sin percatarse, el pirata que gritaba se giro hacia el muchacho un momento.

-Ifára.- Respondio Ace, encogiendose de hombros y no entendiendo muy bien cual era el proposito de traer a la chiquilla hasta aqui.

-¡Ifára!- En cuanto escucho su nombre a gritos divertidos, la muchachita joven se detuvo de su tarea, que andaba pululando de un lado a otro del comedor recogiendo y poniendo platos, vasos y demas. -¡Chiquita, ven aqui!- Ella se quedo estatica un momento, topandose con la imagen de un pequeño grupo de piratas que, unos sonrientes otros resignados, esperaban en su sitio. Suspirando, Ace se giro en su silla, dirigiendole a la niña una mirada tranquilizadora para, serenamente, indicar que se acercara con una mano. Rapida y obediente, que no era lo mismo recibir ordenes de desconcidos que de su dueño oficial, Ifára se acerco con pasitos rapidos hasta la mesa ocupada, revisando a todos y cada uno de ellos con su miradita evasiva y confusa.

-Ven, sientate.- El joven Ace le paso una mano tras la cintura en cuanto la tuvo cerca, haciendo que facilmente se acomodara en la silla junto a el. Impaciente y confusa, Ifára permanecio en silencio, viendo como el pequeño grupo de piratas se inclinaban hacia un tipo algo mayor de barba castaña y canosa. -Escucha esto.- Comenzando a contagiarse de la animacion y la diversion de los demas, el comandante de la segunda division le dirigio a la niña una mirada rapida de indicacion con una sonrisa, apoyandose cruzado de brazos sobre la mesa para, nuevamente, darle toda su atencion a aquel pirata barbudo. E Ifára, la pobre, no pudo mas que hacer lo mismo que ellos.

-Bien... - Aquel tipo de barba castaña sonrio satisfecho de ser escuchado por alguien nuevo, dirigiendose claramente a la chiquilla recien llegada a la mesa. -Imagina, por un momento, que has muerto.- Ifára, todavia confusa, asintio. -Tienes delante de ti dos puertas, dos puertas exactamente iguales.- Con indicacion, el barbudo señor elevo dos dedos frente a la muchachita, produciendo ahora el mismo un cabeceo afirmativo. -Una te conducira al cielo, pero la otra lo hara al infierno. Tras tu espalda, tienes a dos tipos tan iguales entre ellos como las puertas lo son entre si. Uno es un angel y el otro un demonio y, evidentemente, tu no tienes manera de saber cual es cual.- Se trataba de un acertijo, Ifára comenzo a saberlo superada la confusion inicial, comenzando a acumular en su cabeza cada dato que le estaban proporcionando. -El angel siempre dice la verdad y el demonio siempre miente, y la unica forma que tienes de saber cual es la puerta que te llevara al paraiso... - Intelectual y altivo, el barbudo pirata elevo una mano nuevamente, mostrandole a Ifára su dedo indice. -Es hacerle una pregunta a uno de tus dos acompañantes. Solo una pregunta, una sola a alguno de los dos, no puedes hacer mas.- El resto del grupo, tan atentos de nuevo a la adivinanza como lo estaba ahora Ifára, asintieron casi a la vez. -Pues bien, pequeña ¿Cual es la pregunta que tienes que hacer para descubrir la puerta correcta?-

Todas las miradas, incluida la de Ace, se clavaron sobre Ifára, esperando curiosos una respuesta rapida que no llego a tal velocidad. Pensativa de pronto, la chiquilla trato de evadirse de la incomodidad de ser tan fijamente observada, llevandose una manita al menton para, con miradilla perdida como la del comandante hacia unos escasos momentos, plantearse la cuestion en su cabeza unas cuantas veces mas. Penso que era sencillo, y logico, respirando hondo para armarse de valor y superar el temor y el apuro de ser fuente total de atencion de tanto hombreton y rufian.

-Le preguntaria a cualquiera de los dos que puerta me indicaria el otro si le pregunto por la del cielo.- Ifára miro un segundito corto a aquel que le habia planteado la adivinanza que, sorprendido, se echo hacia atras en su silla. El resto, por su parte, aun no asimilaron del todo la solucion. -El demonio siempre miente, asi que si le pregunto eso a el me señalara la del infierno... Y el angel, como siempre dice la verdad, si le pregunto a el me indicara tambien la del infierno... En todo caso, la puerta señalada siempre sera la del infierno, consistiendo la otra la del paraiso... - Incomoda de pronto por su atrevimiento y palabreria segura, Ifára bajo la cabeza, revisando veloz e incomoda a todos los presentes, que comenzaban a parecer cada vez mas incredulos. -¿V-verdad?-

-¡Exacto!- El pirata barbudo parecio recomponerse mas rapido que los demas de su conmocion, dando una palmada triunfal al aire para, victorioso en lugar de la niña, propinar un golpe feliz a la mesa de madera. -¡Maldita sea, eso es! ¡Es mas lista que todos vosotros, cabezas de serrin!- Algunos rieron todavia sorprendidos, otros no podian creerlo por el momento, arrancandole a Ifára las palabras aduladoras de aquel que habia dictado el acertijo una de sus sonrisitas cerradas y nerviosas. Por su parte, el joven Ace todavia andaba recomponiendose, mirando a la niña con los ojos ligeramente abiertos y las cejas elevadas por la sorpresa. -Niña, niña.- El llamado nervioso del barbudo señor le provoco un saltito, regresando Ifára la atencion nuevamente sobre este. -Ifára te llamabas ¿No?-

-Si, señor.- E Ifára respondio, inclinadita sobre la mesa como todos los demas ahora.

-Vale, Ifára, escucha este... - Mas emocionado que nadie en el mundo, el pirata de barba castaña se giro nervioso en su silla, alcanzando de la mesa de al lado tres tazas blancas de vieja porcelana y un puñado de terrones de azucar. Con movimientos nerviosos por la fascinacion de compartir su intelecto y gusto por los acertijos con alguien, dispuesto a comprobar la eficacia mental de Ifára, el señor de barba canosa dispuso las tazas frente a todos y los terrones a un lado, deseando comenzar una nueva adivinanza. -¿Como colocas diez terrones de azucar en tres tazas vacias... - Señalando cada una de las tazas, los movimientos y palabras del pirata fueron atentamente seguidos por todos los presentes. - ... de manera que en cada taza halla un numero impar de terrones?- Y frotandose las manos, el hombre de barba cana y castaña espero, dirigiendo sobre Ifára una miradita brillante de ilusion.

Ifára volvio a respirar hondo, conteniendo el temor y comenzando a pasarlo incluso bien, inclinandose un poquito mas sobre la mesa para, insegura y nerviosa, coger la primera taza. Pensativa, que tampoco era un genio la pobre y necesitaba reflexionarlo bien, ademas de que ahora parecian haber puesto todos grandes expectativas sobre su persona, Ifára finalmente se acerco el puñado de terrones de azucar y el resto de las tazas. En la primera taza, introdujo un terron, y ya iba alguno a decir algo cuando el propio Ace elevo una mano indicadora, haciendole callar mientras observaba fijamente las acciones de la muchacha. En la segunda taza, Ifára introdujo cuatro y, por fin y ya mas segura de la respuesta, en la tercera metio cinco terrones de azucar. Anonadados, los piratas contemplaron como Ifára, tan poquito espabilada que parecia al principio, cogia la taza primera cargada con un terron y la ponia sobre la segunda, terminando la accion como si hubiera creado una bonita obra de arte.

-Ya esta.- Sonrio dulcemente contenta y animada, observando su creacion y respuesta al acertijo que le habian propuesto.

-¡Si!- Celebro el pirata barbudo, provocando que todos los presentes lo miraran estupefactos. -¡Exacto, niña! ¡Muy bien!- Parecia que no cabia en si de gozo, lanzandose sobre la mesa para alcanzar una de las manitas de Ifára, que fue estrechada y sacudida nerviosamente unas cuantas veces. -¡Que muchacha tan lista!-

-Bien hecho.- Con orgullo sorpresivo, el joven Ace le paso un brazo fuerte alrededor de los hombros fragiles, acercandola contra si mismo en un movimiento repentino que la piyo por sorpresa, dejandose llevar en tension tras dar un respingo. El segundo comandante ignoro su reaccion primera, haciendo lo que le daba la gana, como siempre, para darle un apretoncito cariñoso sobre los hombros pequeños con una sonrisa. -No sabia que fueras tan lista, canija.- E Ifára, que no iba a hacerle un feo desplante, mucho menos desechar la oportunidad de estar mas comoda y a gusto en su compañia, que al fin y al cabo no sabia cuanto tiempo tendria que permanecer en el Moby Dick, se limito a corresponder su sonrisa con otra mas timida y a dirigirle una miradita rapida y evasiva.

-¡Y guapa, ademas!- Otro de los piratas respondio con animacion, pareciendo que andaban realmente divertidos con la presencia femenina de Ifára en la mesa. -¡Lista y preciosa! ¡Menuda ganga has encontrado, Ace!- Como respuesta, Ace no pudo hacer otra cosa mas que reirse, manteniendo todavia a la chiquita bajo el agarre suave.

-Si, parece que si.- Realmente, andaba sorprendido, pero contento. El que la chiquita hubiera hecho acto de presencia en la mesa no solo endulzaba el desayuno con su aura tranquila si no que, ademas, habia arrancado la animacion y fascinacion tanto de el mismo como del resto de sus compañeros cercanos. -Desayuna con nosotros.- Sus palabras consiguieron mas risas, afirmaciones y asentimientos de los presentes, que parecian mas que de acuerdo con aquello. Evidentemente, Ace no espero la respuesta, que Ifára iba a quedarse alli si el asi lo queria. -¿Has desayunado ya?-

-Todavia no.- Su vocecita de pajarito sono algo mas tranquila y segura que de costumbre por tanta actitud amistosa, encontrandose sin embargo levemente incomoda por la cantidad de gente, acostumbrada como debia estar a que no la tomaran en cuenta.

-Todavia, todavia... - Ace chasqueo la lengua con divertida molestia, buscando con la mirada la figura grande de Joan-Marie. -Pues yo quiero que desayunes ahora, conmigo.- Era extraño pero, pasado el mal humor del dia anterior, que el joven comandante no habia estado dispuesto en su momento a complicarse la vida, Ifára comenzaba a agradarle, viendo su silenciosa y pequeña presencia como algo que hacia del ambiente una cosa mucho mas llevadera y dulce. El fuerte contraste que hacia la chiquita con aquel mundo lleno de rufianes, maleantes, mujeronas de la mar, zorras y asesinos ladrones era brusco, mucho, pero interesante y divertido. -¿Que te apetece comer? ¿Te gustan las tostadas?- Le dedico una mirada fugaz y curiosa, esperando su respuesta mientras todavia, de reojo, contemplaba los alrededores para dar con Joan-Marie.

-Si, muchas gracias.- A Ifára le gustaban las tostadas, pero aunque no lo hicieran hubiera igualmente respondido lo mismo. Al fin y al cabo, era de agradecerse y merecedor de sorpresa que la trataran bien, a pesar de que el joven Ace continuara haciendo con ella cuanto le viniera en gana. Andaba, de todas formas, un poco descolocada, pues el comandante no le habia causado en un principio una impresion precisamente buena, mas bien terrorifica y de malvado tipo del mar. Ahora sin embargo la tenia acogida bajo su abrazo y sonreia sin parar, luciendola con orgullo delante de sus compañeros y queriendo disfrutar de su compañia. Era extraño y desconcertante pero, evidentemente, ella no diria palabra.

-¿Si? A mi tambien.- El muchacho asintio, dando un bote sorpresivo en cuanto reconocio la figura de considerables proporciones femeninas. -¡Eh! ¡Joan-Marie!- A gritos, que en el Moby Dick las cosas se decian cuanto mas brusco mejor, Ace llamo la atencion de la mujer que, desde su posicion alejada en el enorme comedor, se giro eficaz hasta que sus ojos claros dieran con el joven comandante. -¡Traenos unas cuantas tostadas, por favor!-

-¡¿Para ti?- La voz ruidosa de mujerona que tenia Joan-Marie atraveso la estancia desde la otra punta, no pareciendole a nadie sin embargo algo grotesco o digno de atencion. -¡Entonces, tendre que traer una tonelada!- Ace rio con gracia y a gusto, conociendo el mismo su estomago que, a menudo, parecia no tener fondo.

-¡Traenos las tostadas y listo, Joan-Marie!- A nadie, tampoco, parecio llamarle la atencion el hecho de que Ifára se encontrara sentada junto al joven Ace, pegadita a el debido al agarre suave del brazo sobre sus hombros ya que, al fin y al cabo, de todo se habia visto en el Moby Dick y en el mundo, en general.

-¡Vale, vale!- El refunfuño de la mujer enorme sirvio de afirmacion al hecho de que cumpliria con aquel cometido, abriendose paso por todos los rincones del abarrotado comedor para ir por el pedido.

-Si no te das prisa cuando traigan el desayuno, niña... - Aquel pirata huesudo y delgado se dirigio a la pequeña Ifára, que no pudo hacer mas que escuchar atenta y contagiandose de la diversion. - ... Ace devorara tu parte, la mia, la del vecino, la mesa, los platos y, si le apuras, a ti incluida.- Rieron todos jocosos y burlones tras aquellas palabras, asintiendo divertidos entre codazos dedicados los unos a los otros, incluyendose el mismo Ace en el juego.

-¡Oh, que divertido!- El segundo comandante lo dijo ironico pero entrando en la broma, provocandole una de sus sonrisitas timidas a la muchacha. -No te preocupes... - Un zarandeo suave de sus hombros le hizo girar la cabeza, teniendo que mirar al joven pirata, que le dedico una expresion indicadora de que andaba divirtiendose de lo lindo. -Ninguno vamos a comerte.-

-¡Pero si a todas las mujeres del proximo puerto!- Se aventuro veloz uno de los piratas, provocando una nueva oleada de carcajadas complices, guiños picaros y nuevos codazos entre si. Ifára nunca habia estado inmersa de lleno y comodamente en una reunion de hombres salvajes y descarados, resultandole bastante mas divertida la compañia de aquellos delincuentes del mar que andar por la cocina. -Eh, Ifára ¿Alguna vez has estado en alguna reunion de tripulaciones pirata?-

-No, señor.- Ifára, evidentemente, nunca habia si quiera estado con piratas hasta estos dias, negando con la cabeza suavemente.

-¡Oh, te gustara!- Asintio el lobo de mar, sonriendo radiante tanto a ella como al resto. -Si hay suerte, pronto tendremos una. Es raro que no nos hallamos cruzado con algunos colegas todavia.- Los demas asintieron, algunos con las mismas ganas que el primero, otros menos convencidos.

-No tientes a la suerte.- El segundo comandante, que no soltaba todavia a la chiquita, le dirigio una miradita entre recelosa y de advertencia a aquel que habia hablado, manteniendo sin embargo la sonrisa. -Quizas no sean "colegas" y tengamos que hundir el barco.- Pero la idea aquella les emocionaba a todos tanto como la de una reunion amistosa. A todos menos a Ifára, obviamente, que lo ultimo que le faltaba era verse inmersa en plena batalla pirata.

-¡Aguafiestas! ¡Seguro que, la proxima, sera una buena juerga!- Aquel lobo de mar continuo con su animacion, contagiandosela a la gran mayoria de los presentes. -Lo pasaras bien, niña... - Repentinamente, el pirata miro al joven segundo comandante, dudoso. -Porque la dejaras estar ¿Verdad?- Una expresion no demasiado convencida por parte de Ace fue puesta sobre Ifára, siendo el objeto clave de la conversacion pero no participando apenas en ella.

-Ya veremos.- Finalmente, chasqueo la lengua, regresando la atencion sobre su compañero.

-¡Ah! ¡Que inflexible!- Sin embargo, a nadie le escandalizaron ni molestaron aquellas ultimas palabras, continuando todos con su plena actitud festiva y animada. -Igualmente, si no la dejas me la llevo yo en secreto y listo.- Una nueva explosion de carcajadas y bromas secundo la mocion.

-¡Jah!- Rio burlon y suficiente, altivo, el segundo comandante, demostrando todo su orgullo natural. -¿Te crees que voy a dejar que me robes sin mas?-

-¡Tus tostadas, chico guapo!- Cantarina y eficaz, que casi parecia haber salido de la nada, Joan-Marie planto en todo el medio de la mesa una fuente mas que considerable de las pedidas tostadas, interrumpiendo la conversacion.

-¡Me muero de hambre!- No iban a dejar a la desdichada comida ni reposar un segundo, lanzandose al ataque rapidamente uno de los piratas cercanos sin miramientos. Aquello, evidentemente, desperto una especie de batalla campal por la comida, comenzando incluso algunos a patearse bajo la mesa y empujarse sobre ella para lograr el mejor pedazo, pero sin abandonar aquellas sonrisas complices de compañerismo. El segundo comandante la solto finalmente para unirse a la fiesta sin pensarlo ni dos veces. Ifára no podia meterse en aprieto similar a ese, que no valia para peleas y mucho menos andaba de atrevida como para robar el desayuno de ninguno de los presentes. Ya creia, la pobre, que acabaria quedandose sin desayunar, cuando todavia medio batallando, el joven Ace le tendio un par de tostadas recien salidas de la bandeja, cada vez mas vacia.

-Toma... - Dijo sin prestarle mucha atencion, que la comida era demasiado importante como para desecharla a un lado. -Para la proxima... - El joven comandante empujo la cabeza de uno de sus compañeros, agarrando otra tostada para hacerse dificultosamente con ella. - ... si no te das prisa, te quedas sin comer.-

-Gracias.- Cogiendo su recien proporcionado desayuno, Ifára agradecio, consiguiendo un cabeceo afirmativo del otro que, sin mucha delicadeza, se lanzo a la batalla campal por el alimento. Era entre aterrador y divertido, con cierta dosis de interes, viendo la escena violenta que se desarrollaba frente a sus ojos curiosa mientras, notandose mas comoda ahora que nadie le prestaba atencion, disponerse a desayunar tranquila con espectaculo incluido.

Aunque claro, el problema que estaba temiendo Ifára era que, en caso de que a Ace le diera de nuevo el arrebato porque se sentara a desayunar con la tripulacion, como diablos iba ella a lograr nada que llevarse a la boca, pensando que mucha suerte seria que dicho joven le solucionara la tarea dos veces.

Al final, en la bandeja, por no quedar, no quedaron ni las migajas, habiendo desaparecido todo su contenido a una velocidad impresionante tras rellenar el estomago de tanto hombre de evidente buen comer. Apenas si habia la pobre empezado a desayunar, y ellos ya habian devorado su parte, no sabiendo Ifára si debia apurarse o seguir con la misma velocidad. Se decanto por la primera opcion, que no era de su agrado molestar o llamar la atencion, terminando con la segunda tostada dificultosamente, pero logrando el cometido sin que nadie se percatara demasiado. Entonces, Ifára recordo las palabras de Marco, el primer comandante, y se vio inmersa en un debate interno.

-Ace... - No podia levantarse de la mesa sin mas, porque no era correcto en su caso, dirigiendose al muchacho cercano.

-¿Si?- Entre curioso y satisfecho tras el atracon, el joven Ace le dedico una miradilla interesada.

-¿Puedo... puedo irme?- Sono temerosa, que no queria parecer despectiva ni con ganas de largarse, cosa que tampoco tenia, la verdad. Aquella mesa era divertida.

-Claro... - No le dio tiempo a Ifára ni a levantarse todavia cuando el joven segundo comandante se lo impidio. - ... pero ¿Tan pronto?- Realmente, estaba disfrutando de su compañia silenciosa, que conseguia del ambiente algo menos bruto y mas suave, a pesar de que ella apenas hiciera nada por llamar la atencion.

-¿Quieres que me quede?- Complaciente y bien educada en su condicion de esclava, Ifára volvio a sentarse del todo sobre su silla, esperando una respuesta a la que obedecer.

-Si, pero... - Antes de que Ace pudiera terminar, otro de los piratas lo interrumpio sin compasion.

-¡Quedate!- Entre risas, los demas secundaron sus palabras, asintiendo y volviendo a crear todo el alboroto posible. El joven comandante chasqueo la lengua con resignacion, regresando nuevamente la atencion sobre la muchachita.

-Supongo que tienes cosas que hacer.- Ya iba a dejarla marchar cuando, de nuevo, otro de sus compañeros se lo impidio.

-¿Y que mas da? Es tuya ¿No? ¡Dile que se quede!- Triston y poniendo un exagerado puchero infantil, aquel pirata huesudo pidio.

-Vamos, dejadla tranquila.- Ace no pudo evitar dejar escapar una risa divertida ante la actitud de sus compañeros, no dando sin embargo su brazo a torcer. -Canija, puedes irte.- Libre por fin de marcharse, Ifára se levanto de su silla, deslizandose silenciosa a traves de todos aquellos maleantes bajo la atenta mirada del segundo comandante y sus compartidores del desayuno. Con un suspiro largo, el joven Ace se quedo mas tranquilo cuando comprobo que salia del comedor sin percances, girandose despacio y con una sonrisita serena de nuevo hacia la mesa.

-Eh, Ace.- Aquel pirata de barba castaña adorador de los acertijos llamo su atencion, inclinandose sobre la mesa un tanto. -Traetela mas veces, es agradable.- Asintio aquel señor barbudo convencido, y los demas parecieron de acuerdo.

-Si, es adorable.- Otro de los compañeros sonrio animado, habiendose sentido todos mejor tras la presencia dulcemente femenina de la niña, a la que no andaban acostumbrados ninguno de los presentes.

-Y muy obediente.- Dijo otro con admiracion hacia el segundo comandante.

-Es una buena chica.- Mucho mas no supo decir Ace, que tampoco la conocia tanto. Sin embargo, habia sufrido de un pequeño cambio en cuanto a la opinion sobre Ifára, pasando de la indiferencia e incluso la molestia sin sentido, al agrado y ¿Para que negarlo? Algo de afecto. Le enternecia, porque parecia perdida y delicada entre tanto animalejo, incluyendose a si mismo, divirtiendole incluso el hecho de que diera tanto respingo y botecito asustado. Con el tiempo, penso, ya se le pasarian, pero por lo pronto era hasta gracioso verlo.

Quizas no hubiera sido un descubrimiento tan malo.

(Cambio de escena)

Tan silenciosa como un ratoncito, Ifára se deslizo en la habitacion que le habia indicado Joan-Marie.

No pudo evitarlo y, curiosa, comenzo a analizar cada rincon de la recien descubierta estancia para, incluso con la boca abierta como una boba, quedarse un ratito en su sitio y poder cotillear un poco. Librerias enormes le dieron la bienvenida, asi como un par de escritorios de buena madera, cuidados y brillantes por el barniz, papeleo por todas partes, documentos cargando las nombradas estanterias, abarrotado como estaba el lugar de todo aquel material infinito tanto de escritura como de lectura.

Trago saliva, impresionada todavia, que no habia visto cosa semejante en su vida, revisando el techo alto y lejano de madera con espectacion total.

-Pasa, no te quedes ahi.- La voz del primer comandante la hizo dar un enorme respingo, sintiendose como una tremenda maleducada por haberse quedado ahi, plantada en la puerta, sin llamar ni avisar. Sin embargo, Marco no parecio molesto, regresando a su tarea junto a uno de los escritorios, analizando un papel ligeramente amarillento.

-Lo siento.- Piyada in fraganti, Ifára se disculpo como mejor sabia.

-No importa. Ven.- No se dio la vuelta, indicandole con un gesto de la mano que se dirigiera hasta alli. Rapida y obediente, la muchacha recorrio la gran estancia, no sin antes pararse un segundo para revisarla nuevamente boquiabierta, dando un ultimo respingo de sorpresa y casi corriendo hasta llegar junto al otro. -¿Quieres saber que es todo esto?- Adivinador pero amable, tan sereno como siempre, el primer comandante le dirigio una miradilla divertida en cuanto la tuvo a su lado.

-Por favor, señor.- Ifára y su curiosidad, que nunca la abandonaria.

-Digamos que es... - No parecia saber muy bien que responder, elevando la cabeza un tanto para revisar el tambien la habitacion altisima pero algo estrecha. - ... nuestro cuaderno de bitacora.- Entonces Ifára llego a la conclusion irrefutable de que, aquel navio, debia haber recorrido mas mundo que ella y todos sus antepasados juntos. -Evidentemente, no es un cuaderno, pero aqui estan registrados todos los viajes y lugares que hemos visitado... - Marco mostro una sonrisa nostalgica, regresando la vista hacia el papel en sus manos. -Aqui hay cosas escritas incluso desde antes que yo llegara.-

-Entonces, debe ser mucho tiempo... - Lo dijo sin pensar, dandose cuenta rapido de su error.

-¡Ey! todavia soy joven, mujer.- El primer comandante no se molesto por su comentario repentino, riendo incluso ante semejantes palabras. -Pero si... es mucho tiempo.- Fascinada todavia por la sala, la joven Ifára no pudo evitar revisarla de nuevo. -Venga, ayudame a clasificar esto por fechas ¿Quieres?- Sin darla tiempo a curiosear mas, Marco le señalo un reboltijo de papeleo, tan amarillento como el que sostenia entre las manos, que reposaba sobre el escritorio, entendiendo ahora Ifára a que habia venido esa pregunta de si sabia leer y escribir.

Aquello era una tentacion demasiado fuerte para la curiosidad de la muchacha que, no siendo muy eficaz esta vez, comenzo a realizar la tarea bastante despacio, leyendo y releyendo cada letra de aquella informacion increible de lugares lejanos e incluso, algunos, subrrealistas. Era fascinante, como soñar despierta y viajar tambien, pensando si acaso ella alguna vez tendria la oportunidad de ver cosas semejantes y pisar suelos desconcidos. Rapido, le dio miedo, porque ella no era de envalentonarse a tierras virgenes ni de luchar con fieras, pensando que andaria mejor buscando la comodidad y paz antes que tanta aventura. Pero, igualmente, no era lo mismo leerlo que vivirlo, resultandole de lo mas interesante la primera opcion, curiosa como seria siempre. Al primer comandante no parecio importarle la velocidad de Ifára, limitandose a hacer su trabajo y dejarla a su aire, que parecia que hasta la muchacha lo andaba disfrutando.

Sin embargo, pasado un tiempo breve, tuvo que romper aquel mutismo.

-Y bueno... - Se encogio Marco de hombros, fingiendo una indiferencia total como si fuera a charlar sobre el tiempo. -¿Te esta tratando bien?- Fue una pregunta algo sorpresiva.

-Si, señor.- Ifára asintio veloz y robotica, como si se lo supiera de memoria, no andando dispuesta a dar informacion sobre aquel en cuyas manos se encontraba su vida ahora mismo.

-Ya veo... - Pero no parecio muy convencido, mirando de reojo como ella continuaba su labor. -¿Te da miedo?-

-¿Perdone?- Levemente confusa entre semejante cuestion peliaguda y que andaba vagando por los escritos de los papeles, Ifára pregunto, deteniendose finalmente con algunas hojas amarillas todavia entre las manos.

-Ace ¿Te da miedo?- Y como si tal cosa, Marco si continuo con el trabajo, dejando a la pobre Ifára descolocada y no sabiendo que decir exactamente. Lo suyo seria decir la verdad, pero las cosas no eran tan simples y sencillas, que no esta bien que los buenos esclavos contesten y hablen sobre lo que no les conviene. Perdida, Ifára se quedo en un silencio delator, tragando saliva con pesadez para, culpable, abrir la boca y responder una falsa negativa que no pudo salir. -Puedes decirmelo. Ni le voy a ir con el cuento, ni me voy a poner en su contra... - Marco no le dio lugar a treguas ni evasivas, continuando con aquel planteamiento mientras, a diferencia de Ifára, seguia con lo suyo. - ... es demasiado amigo mio para eso.-

-Parece un poco... - Por fin, se atrevio a contestar, temiendo igualmente si acaso aquella conversacion le traeria una mala fortuna. - ... frio.- Sonaba mejor que lo que andaba pensando, resultandole, de todas formas, completamente desconcertante, teniendo en cuenta que el dia anterior habia sido un desagradable total y, hoy en el desayuno, alguien divertido y hasta amable.

-Frio... - Dijo el primer comandante pensativo, razonando la respuesta de la muchacha. -Si, puede ser... - Marco suspiro con resignacion, no levantando la vista de su papel en ningun momento. -Pero no deberias tenerle miedo, no es tan malo como se lo hace.- Ace no era un santo, precisamente, y Marco lo sabia pero, como ni el mismo ni ninguno de los tripulantes del barco lo eran, razono rapido que no era quien para juzgarle de malvado. Tampoco es que lo fuera. Simplemente, como todos ellos, era un rufian violento y despreocupado del mar. Vale, eso no sonaba muy bien, pensando que no se le ocurriera decirle a la pobre chiquilla semejante descripcion sobre ninguno de los piratas del Moby Dick jamas.

-Dijo que me tiraria por la borda.- Ya que habia empezado, Ifára no iba a callarse del todo, adoptando una expresion mas enfurruñada que asustada, incluso. Aquella amenaza no se le habia olvidado a la pobre, viendolo como un hecho mas que posible y Marco, ademas, se le hacia mucho mas agradable y bueno que el segundo comandante.

-¿En serio?- Una carcajada divertida y corta proveniente del otro le hizo dar un botecito, mirandole ahora con algo de estupefaccion. -No creo que te tire por la borda.- Le habia hecho mas gracia que escandalo, Ifára pudo notarlo perfectamente, no saliendo todavia de su asombro. -Es cierto que el chico es un poco... distante, al principio.- ¿Distante? Amenazar a las muchachitas con tirarlas por la borda no era ser solo distante, precisamente, no queriendo tampoco Marco decir una mala palabra sobre su compañero. -Pero es que esta acostumbrado a andar solo. Ha tenido una vida dificil... - Aunque claro, ahora que lo pensaba detenidamente, no era una excusa demasiado factible para una esclava, que a saber lo que habria vivido. -Dale tiempo y se volvera agradable.-

-Si, señor.- Ifára no estaba nada convencida, limitando a asentir como un borreguito y listo.

-En serio, has tenido suerte.- Iba a asentir convencido, pero se contuvo. -Bueno, o lo que sea que pueda tener una persona condenada a la esclavitud.- Entonces, Ifára noto que aquel tema a Marco no le gustaba, o al menos no le era tan indiferente o evidente como al resto, que parecian la mar de tranquilos y acostumbrados a ello. Incluso la propia Ifára lo veia como algo que le habia tocado en la vida, como si Dios fuera señalando a cada uno de los recien nacidos y los fuera dividiendo en dos categorias insalvables: Este, sera esclavo; este otro, libre. -¿Sabes?- Su voz la saco de sus propios pensamientos, dando uno de sus respingos. -Deberias irte, empieza a hacerse tarde y Joan-Marie me va a matar.-

-¿Me voy?- Cuestiono Ifára que, a pesar de que habia transcurrido un buen rato, apenas si habia trabajado suficiente y prestado su ayuda.

-Si, vete tranquila.- Sin embargo, a Marco este hecho debia darle igual, revisando sin parar sus papeles, inmerso en su mundo de escritos y fechas. -Hasta otra, Ifára.-

-H-hasta luego, señor.- Y sumamente confusa pero obediente, Ifára atraveso la estancia abarrotada de documentos para, sin atreverse a mediar pregunta mas, abrir la puerta y desaparecer de alli tan silenciosa como habia venido.

No pudo evitar, sin embargo, que se le quedara una pequeña mueca desconcertada en cuanto se vio en soledad.

(Fin del capitulo)

Ooooooh yeah!

Regrese muajaja ¿Que hay? XD

Poco tengo hoy k decir o.o ah! si, un dato curioso... sabiais que estuve complicandome la cabeza tras escuchar el "acertijo de las dos puertas", y justo a la noche siguiente lo vi en una pelicula? Alucine! Eso es el karma o algo... que miedo D=! XD Por cierto, x si hay algun interesado, la pelicula se llamaba "La habitacion de Fermant" o algo asi ^^ y me comentaron que tb aparecia en "Laberinto"... debe ser que es un acertijo mas famoso de lo que pense O.O!

Oh! Y agradecer especialmente a fan de ace sus comentarios y atencion a mis historias, que siempre anda ahi para animarme y recordarme que cuentan conmigo ò.ó yeah! Quiero decirte que, ahora que me queda poco para terminar los estudios (Un dia o dos si!) dedicare tiempo a leer tus historias con mucho gusto y regresarte tremendo cariño =)!

Un besazo gigante y lleno de amor para cada uno que lea estas palabrejas!

Maddy