-¡Ey, Marco!- En cuanto le vio por el pasillo, el joven Ace se lanzo a gritar su nombre, provocando que el primer comandante se detuviera en seco. -Ayudame con esto, por favor.- Observo rascandose la nuca el mueble pesado, sabiendo que podria cargarlo perfectamente el mismo. Sin embargo, mucho mas facil seria la tarea con cuatro manos fuertes tirando en lugar de dos, ademas que a Ace le agradaba la compañia serena y didactica de su amigo y superior al mando. El primer comandante le miro curiosamente, acercandose hasta el tranquilamente pero sin borrar de su cara aquella expresion de duda.

-¿Y esto?- Marco se acerco hasta su compañero y el mueble en cuestion, cruzandose de brazos con aspecto receloso y reflexivo.

-Es un sofa.- Chico de respuestas simples como era, el joven comandante de la segunda division se encogio de hombros, dandole un leve puntapie al sofa verdoso y algo viejo, pero de aspecto comodo, como si quisiera comprobar su resistencia. -Era de Thatch, pero me lo ha... - Regalado no era la palabra, pero tampoco le habia obligado a pagarlo. - ... prestado.- Si, eso era mas correcto.

-Que es un sofa ya lo veo.- El primer comandante parecio incluso molesto de semejante respuesta evidente, analizando el mueble comodo como si fuera un objeto de dudosa inofensividad. -Pero ¿Para que lo quieres?-

-Necesito otro sitio donde dormir.- Y sin esperar una palabra mas, el joven Ace se inclino junto a uno de los laterales del sofa, colando las manos debajo para elevarlo a medias. -¿Me echas una mano?- Marco reacciono, aun reacio ante semejante contestacion, imitando las acciones del otro pero en el lado contrario.

-¿Otro sitio?- Seguia confuso, levantando el mueble finalmente entre ambos para, un poco torpes por la enorme y aparatosa mercancia, comenzar a caminar con el cuerpo de perfil y el rostro de frente a traves del pasillo.

-Si, bueno... - Algunos de los compañeros de tripulacion del gigantesco navio se cruzaron con ellos, dedicandoles miraditas curiosas e incluso divertidas por semejante cargamento, cuyo destino y utilidad era desconocida para el resto. -La chica duerme conmigo, asi que necesito otro sitio.- Dijo Ace para, despues, producir un pequeño reajuste del sofa verde que provoco que el primer comandante tuviera que hacer lo mismo.

-¿Es para Ifára?- Interesandose algo mas en la conversacion y destino del mueble comodo, Marco cuestiono con curiosidad.

-Oh, no, no... - Pero Ace nego con la cabeza, continuando con la vista pegada al frente para evitar choques de ningun tipo o accidentes no deseados. -Es para mi. Ella se ha apropiado de mi cama.- Lo dijo incluso con gracia, continuando ambos el camino torpe hasta el camarote, vacio en aquel momento de la tarde, de Ace.

-De tu cama.- Las palabras con una sonrisita entre dientes y para si mismo de Marco no llegaron del todo a oidos del segundo comandante, que giro la cabeza un segundo.

-¿Has dicho algo?- Sono perdido y levemente confuso, demostrandole que realmente no habia escuchado sus ultimas palabras.

-Que va.- Y Marco se encogio de hombros, secretamente satisfecho.

-¿Sabes? Es una muchachita muy lista.- El joven Ace seguia a lo suyo, no dandole la misma importancia ni sentido que el otro compañero a sus propias palabras. -Quizas me sea mas util de lo que pense.- Ya iba Marco a decirle si acaso entonces se pensaria lo de tirarla por la borda para picarlo un poco, cuando recordo que debia contenerse para no causarle problemas a cierta personita y continuar siendo poseedor de la confianza de la misma.

-No me digas... - Dijo Marco levemente burlon, tratando aun asi de que su compañero no lo notara demasiado. -Me ha estado ayudando hoy.-

-¿Si?- Ace le dirigio una miradilla interesada a su compañero, cargando ambos con aquel sofa de dimensiones considerables a traves del barco. -¿Que tal se ha portado?-

-Oh, bien... muy bien.- Aunque Ifára no habia trabajado tampoco como una descosida, habiendo sido el objetivo de Marco el mantener aquella corta pero reveladora conversacion.

-Me alegro por eso. - Ace comenzaba a sentirse orgulloso de su tembloroso descubrimiento, que tantas buenas sorpresas le andaba dando en apenas un dia, bajando dificultosamente ahora ambos las escaleras de madera que chirriaron quejumbrosas.

-Si... oye... - Debido a la inclinacion de la bajada el primer comandante se encontraba en la parte mas alta, teniendo que mirar a su compañero desde arriba y aumentando asi, sin quererlo, aquella aura de respeto que tanto parecian notar los demas. -¿Sabes que sabe leer y escribir?-

-¿Y?- Semejante pregunta si se le hacia desconcertante al muchacho, que habia dado aquel conocimiento en cuanto a la muchacha por hecho.

-Pues que lo hace con fluidez, que tiene educacion y cultura, seguramente, y... - Pero el otro, rapido, lo interrumpio.

-Vale, pero ¿Y eso que?- Ace, a veces, no era muy espabilado, o al menos no tanto como el primer comandate, mas maduro y reflexivo.

-No creo que haya nacido esclava.- Tras aquellas palabras, el joven segundo comandante abrio la puerta de su camarote mediante su pie dado que tenia las manos ocupadas, notandose cada vez mas desconcertado.

-Quizas no haya nacido esclava... - Dejaron el mueble pesado sobre el suelo de madera de la habitacion, comenzando ahora a arrastrarlo un poco hasta dar con un lugar apropiado. - ... pero ahora lo es.- Y sin mas, Ace se encogio de hombros. El primer comandate no parecio nada contento con semejante contestacion indiferente, abriendo la boca un segundo con tremendas ganas de decir algo bastante duro cuando, reflexivo como siempre era, se lo penso mejor.

-Supongo que si.- Finalmente, Marco se resigno, suspirando pesaroso en cuanto dejaron, por fin, el cargamento en el sitio que Ace decidio como mejor.

-Marco... - Se sacudio las manos tras la tarea aparatosa, dedicandole a su nuevo mueble una miradita fugaz para, despues, dedicarle a Marco otra entre apenada e incomoda. -Yo lo siento, pero no me gusta hablar contigo de estas cosas. - La expresion significativa del joven Ace, que sabia perfectamente a que se referia al igual que el otro, que conocia el problema aun mejor y mas cercanamente, fue suficiente para finalizar con el tema de conversacion.

-Lo entiendo... - Y es que mas no podia decir, tratando de apelar hacia su propia empatia lo mas que pudiera, encogiendose de hombros serenamente. -Solo... - Chasqueo la lengua, decidido a salir del camarote y dedicarse a sus cosas. - ... trata de ser amable.- Sin mas, Marco se dio a la marcha, dirigiendose al pasillo bajo la mirada de un Ace mas que sorprendido.

-¡Pero si soy amable!- Entre estupefacto e inseguro, el joven segundo comandante lo siguio un tanto, viendo como el otro ni se daba la vuelta a encararlo.

-Mentira.- Fue incluso una broma, girandose un leve segundo mientras no detenia su camino a traves de aquel pasillo que acababan de recorrer cargando con el sofa. -Eres un cerdo despiadado del mar, como todos nosotros.- Y notando que no iba a lograr mucho mas, el joven Ace dejo de seguirlo, plantado en medio del pasillo con la misma expresion de idiota.

-Soy amable.- Pero no sono muy seguro de si mismo, observando como el otro desaparecia en la primera esquina. Algunos de los compañeros que pululaban por ahi le dirigieron miraditas burlonas y divertidas, dejandole claro que, aunque no habian escuchado la conversacion completa, si parecian en desacuerdo con sus ultimas palabras.

Confuso e inseguro, Ace regreso a sus tareas de comandancia mientras le daba vueltas a la cabeza.

(Cambio de escena)

Habia sido un dia cualquiera.

Ni nuevos saqueos, ni descubrimientos, ni siquiera un minimo visionado de tierra donde poder encayar y visitar algun pueblo o ciudad interesante. Un dia aburrido, comun, mediocre pero agradable, como cada minuto que pasaba en el Moby Dick, navio que adoraba cada vez mas.

La noche le sorprendio bastante rapido, no percatandose demasiado del paso del tiempo debido a la rutina clasica de revisiones, recuentos sin sentido que nadie se tomaba demasiado en serio y charletas, algunas brutas y otras mas profundas, con sus subordinados y camaradas. Al final, el joven Ace se dirigio hasta su camarote con nuevo sofa incluido, sin sentirse ni demasiado completo ni demasiado cansado. Simplemente, se sentia normal, aburrido, comun... de igual manera que habia sido aquel dia a bordo del colosal navio.

Sin embargo, no pudo borrarse las palabras de Marco del todo, presentes en su cabeza como un fantasma pesado y zumbante que lo habia sorprendido durante la jornada cuando menos lo esperaba o necesitaba.

Su sorpresa fue bastante grande cuando se topo con la puerta de su camarote entre abierta, llegando a la conclusion irrefutable de que, aquello, era signo evidente de que la muchachita habia llegado antes que el. Como era curioso y le divertian estas cosas, empujo silencioso la nombrada puerta, dispuesto a comprobar que andaria haciendo la chiquilla y por que apenas escuchaba sonido alguno proveniente del interior. Penso que quiza andaria dormida, pero su sorpresa aumento un tanto cuando, pasando desapercibido, Ace se topo con una escenita algo particular.

Ifára se encontraba en una esquina del camarote, dandole la espalda a la puerta mientras, agachada en el piso de madera y pareciendole mas diminuta que nunca, parecia batallar suavemente con algo que correteaba por el suelo. Mas curioso todavia, el joven comandante espero a divisar a que venia semejante accion, contemplando divertido que se trataba, nada mas y nada menos, de la captura de un raton. La esclava Ifára consiguio, con buenos reflejos, agarrar eficaz pero suavemente la cola finita del animal, elevandolo un poco primero para observarlo a la luz. El roedorcillo, tremendamente pequeño y grisaceo, que le hizo pensar a Ace que debia tratarse de un raton joven si acaso no era aun una cria, estiro las patitas con miedo en cuanto se vio preso, no retorciendose sin embargo ni moviendose mas alla de aquel acto reflejo. Ifára, sin embargo, no resulto ser una cazadora ni depredadora como el animalito temia, llevandolo tras observarlo un ratito hasta su otra mano para, protectora pero firme, atraparlo inofensivamente entre sus dedos largos y delgados. Como si aquello fuera un autentico tesoro, Ifára se levanto por fin, todavia contemplando sus manos en cuyo interior se encontraba esa nerviosa bolita de pelo. Y Ace, tan sigiloso como habia entrado, decidio acercarse hasta el rincon donde ella permanecia, no dandole tiempo ni a darse la vuelta.

Cuando estuvo lo suficientemente cerca, piso mas fuerte el suelo para que el ruido de las botas llamara su atencion, provocando que, sorprendida y tan asustadiza como siempre, la joven esclava diera un respingo y se girara sobre si misma, topandose con su imagen y llevandose, en un acto reflejo, aquel ratoncito encerrado mas cerca de su pecho.

-¡No le hagas daño!- Aterrada incluso ante la idea, Ifára le rogo con suplica en la mirada y apuro en la voz, consiguiendo que el otro, tan cerca ahora, elevara las cejas con autentica sorpresa. -T-te lo ruego.- La muchacha no tenia lugar en el que esconderse o alejarse, arrinconandose mas ella misma contra la esquina del camarote. -Solo es un ratoncito.- Entonces Ace penso algo dolido en, si acaso de verdad, a ella le parecia tan malo.

-No voy a hacerle daño.- Por una parte le hizo incluso gracia su reaccion protectora, arrancandole una sonrisa divertida que la desconcerto aun mas, todavia apresando al roedor bajo su agarre y cercania. -Quieres salvarlo ¿No?- Espero sabedor de la respuesta, viendo como, finalmente, tras unos segundos de sufriente reflexion ella asentia. -Eso esta muy bien pero... - El muchacho pirata relajo su postura un tanto y trato de sonar mas tranquilizador, buscando que ella dejara de mirar con aquella aprension al pequeño ser que respiraba entre sus dedos. - ... hay un problema respecto a eso.-

-¿Cual?- Confusa, Ifára elevo la cabeza para dedicarle su mirada temerosa y bicolor, esperando su explicacion. Ace no pudo contener una pequeña risa.

-Veras... - El joven se alejo un poco de ella y su posicion arrinconada, dirigiendose a la ventana cercana y alta para abrirla un poquito. - ... no puedes liberarlo por aqui, porque acabaria ahogandose.- E Ifára contemplo su pequeño tesoro entre los dedos bonitos, asintiendo finalmente mas para si misma que para el otro. -Estamos en un barco, asi que sacarlo al exterior lo mataria.- Observo con gracia como ella se mordia el labio, atenta al animalito apresado. -Al pasillo tampoco puedes llevarlo, porque no creo que se encuentre con otros tan... - Dijo, pensando un segundo la palabra correcta mientras ella permanecia atenta. - ... compasivos.- Eso sonaba bien.

-Y... ¿Que hago?- Confusa y temerosa del destino del roedor pequeño, Ifára le dirigio otra de sus miraditas.

-Dejalo en el suelo.- Lo dijo amable e indicador, señalando el suelo nombrado con una pequeña sonrisa pero sin quitarle la vista de encima a la chiquilla.

-¿No te importa?- Incluso recelosa de semejante respuesta de permitir al ratoncillo vivir a su anchas por el camarote, Ifára cuestiono, apegandose un poco a aquel ser apresado de nuevo.

-A mi no.- Era una escena de lo mas enternecedora ¿Para que negarlo? Ace se encogio de hombros con gracia. -¿Te da miedo?- Aunque era evidente que no, pero lo dijo por acto reflejo, recordando que, normalmente, a las mujeres y muchachas no solian agradarle los ratones y similares.

-No.- Nego Ifára tanto con su voz suave como con la cabeza.

-Entonces, dejalo en el suelo.- Tras aquellas palabras, Ifára lo miro insegura durante un par de segundos, pareciendo que precisaba de reflexionar la decision profundamente. Sin embargo, debio ser por el tono de voz, las palabras o la expresion tranquilizadora que, la joven esclava, al final decidio confiar un poquito, agachandose nuevamente en aquel rincon para, preocupada todavia, soltar al animalito. El raton diminuto salio a la fuga precipitada en cuanto se vio liberado, desapareciendo bajo la cama en un abrir y cerrar de ojos. Fuga de la que Ifára, nuevamente en pie, no se perdio ni un segundo.

Una vez se recompuso de aquella escena recientemente contemplada, Ifára se relajo un momento, para despues volver a quedarse tensa y cabizbaja al notar que el joven comandante continuaba alli, bajo el mismo techo. Por su parte, Ace se limito a suspirar, entre cansado y resignado.

-¿Has cenado?- Fue mas por curiosidad o relajar el ambiente que por interes, dirgiendose hacia su recientemente adquirido sofa para, sin mucho cuidado de si mismo, dejarse caer sentado.

-Si.- Dijo ella obediente y temerosa, como siempre.

-Bien... - El muchacho pirata dirigio la mirada directa a sus propios pies, comenzando a quitarse las botas pesadas que eran sus compañeras de tantas idas y venidas. -¿Has visto el sofa?- Era evidente que si, puesto que el mismo andaba sentado sobre el y ella, ademas, habia llegado antes. Sin embargo, aunque el joven comandante no se entendia, fue por pura intencion de comenzar algun tipo de conversacion.

-Si.- Volvio a responder Ifára de manera similar.

-¿Que te parece?- Curioso, Ace analizo el nombrado mueble en el que andaba acomodado en aquel instante, revisando nuevamente su color y aspecto.

-Es bonito.- Se aventuro, por fin, Ifára a decir algo mas.

-Bueno... esta algo viejo.- Y Ace palmeo ruidosamente indicador el reposabrazos, dando constancia de aquella antigüedad. -Pero me servira.-

-¿Es para ti?- Aquello si que debio piyarla por sorpresa, ya que la muchacha levanto la cabeza un momento para, con los ojos enormes algo abiertos, mirarle con confusion y desconcierto total.

-Claro ¿Para quien si no?- Con un encogimiento de hombros, el muchacho se acomodo mejor, tumbandose en el sofa para cruzarse de brazos relajadamente. -Te has adueñado de mi cama... - Aunque era el mismo quien se la habia cedido, pero bueno. - ... asi que necesito otro sitio donde dormir.-

-Lo siento.- Culpable y temerosa, todavia en aquel rinconcito, Ifára se excuso.

-No pasa nada.- Evidentemente, Ace no iba a hacerla cargar con un hecho del que ella no era culpable, estirandose perezosamente despues para notar el sueño comenzando a hacer meya sobre si mismo. -Oye, canija... Marco me ha dicho... - Y a Ifára casi le da un paro cardiaco cuando escucho aquello, temiendo que el otro, traidor, hubiera revelado parte de aquella conversacion que creyo secreta. - ... que sabes leer y escribir fluido.- Ifára nunca habia sentido alivio semejante.

-Bueno... - Antes de que pudiera acabar su contestacion ambigua, el otro la interrumpio.

-No seas modesta.- El joven Ace, con la mirada clavada en el techo, tumbado sobre su nuevo sofa, chasqueo la lengua. -Es cierto ¿Verdad?-

-Si, lo es.- E Ifára tuvo que admitir sus conocimientos amplios en cuanto a lectura y escritura.

-Tu... - Trago saliva, inseguro pero ocultandolo a las mil maravillas, no sabiendo porque exactamente el tema que iba a tratar se le hacia espinoso y confuso. - ... no has nacido esclava ¿A que no?- No la miro, pero ella si lo hizo, resultandose realmente sorprendida por semejante pregunta.

-No.- Tan concisa y de corta respuesta como debia ser, Ifára contesto suave y sigilosa.

-Ya... - Bueno, Ace ya se lo estaba esperando, no entendiendo si aquello complicaria mas las cosas o no. -¿Cuanto... cuanto tiempo... - Habia que reconocer que era una pregunta dificil, pensando bien y detenidamente las palabras que iban a salir de su boca. - ... cuanto tiempo llevas... asi?- Ifára comprendio rapido que querian decirle, tratando de recordar el tiempo transcurrido en su vida de joven esclava.

-No lo se.- Pero fue sincera, no pudiendo encontrar una cifra exacta. -Unos diez o nueve años.- Era mucho tiempo y el joven Ace miro el lado positivo, llegando a la conclusion de que ya andaria acostumbrada e inmunizada a aquella condicion sin libertad ni autoridad sobre si misma. O quiza...

-Ifára.- Dijo en cuanto vio que su cabeza comenzaba a liarse y sumirse en una especie de debate confuso, provocando que ella diera un respinguito atento.

-¿Si, Ace?- Y tan obediente como siempre, Ifára espero la peticion que, seguramente, vendria tras aquella pronunciacion de su nombre propio.

-Vete a dormir.- La orden clara, suave pero firme, fue suficiente para que ella se aventurara veloz y complaciente hasta el colchon, retirando cuidadosa las mantas para internarse entre ellas, protegida y acogida por fin bajo el calor y lo comodo del lugar de descanso. Como era su costumbre se ovillo un poquito, tapandose hasta lo maximo posible para dejarse caer, suavemente, presa de un sueño profundo y reparador que necesitaba.

Extrañamente, a Ace le costo dormirse aquella noche.

(Cambio de escena)

Desde el incidente del ratoncito intruso, Ace se sumio en un larguisimo periodo interno de confusion y curiosidad total, desgracia que le duraria mas de lo que nunca hubiera esperado en su vida. Claro que el, eso ultimo, todavia no lo sabia.

¿Por que una esclava, una persona que vive obligada a servir a los demas, que debia, mas que posiblemente, haber sufrido todo tipo de situaciones desagradables, se preocupaba por la vida de un pequeño ser insignificante? Deberia andar llena de odio, de ganas de sobrevivir aunque fuera a costa de otros o al menos indiferencia, no de instintos protectores para con los mas pequeños y debiles. Aquello lo desconcertaba enormemente, porque no lo entendia del todo, pero le llamaba la antecion y lo colmaba de interes.

Tuvo que pasar mas de una semana para que Ace se diera cuenta de que le gustaba mirarla.

Solo eso, mirarla.

Mirarla de reojo mientras hacia sus labores de aqui para alla por el navio; mientras pululaba silenciosamente por el abarrotado y concurrido comedor, ya fuera por la mañana, el mediodia o la noche. Mirarla mientras trajinaba de ayudante en la cocina, poniendo el la mala excusa de que iba a visitar a Joan-Marie en busqueda de algo que habia tenido que pensar antes de entrar; o mirarla mientras dormia, que esa era la situacion mas sencilla pero mas comprometida si era descubierto, tambien. Mirar las expresiones bonitas que hacia cuando alguien le gastaba una broma graciosa, o bien mirar sus sonrisillas cerradas y dulces cuando alguno le dedicaba un cumplido amable. Mirar, tambien, sus respingos asustados por cualquier sonido sorpresivo, o mirar como asentia eficaz y rapida a cualquier mandato u orden que le dieran.

Le gustaba mirar sus manos pequeñas pero elegantes, de dedos largos y delgados, en movimiento cuando llevaba a cabo alguna tarea. Tambien le gustaba mirar sus ojos esquivos sin que se diera cuenta, de lejos, que eran tan enormes, brillantes y bonitos, cada uno con un color mas llamatvo que el anterior. El brillo de su pelo cuando se aventuraba a la cubierta, o por la luz que se colaba a traves de alguna ventana, reflejandose el sol en el cabello rebelde y castaño. Mirar como los rasguños y heridas de su carita comenzaban a cerrarse y desaparecer, dejando al descubierto una piel tersa, de aspecto suave y levemente morena. Mirar su caminar sigiloso de pasitos cortos, pero eficaces, y como comenzaba a coger una graciosa confianza con Joan-Marie que, secreta y extrañamente, empezaba a envidiar. Mirarla hablar con Marco, con quien parecia comoda y tranquila, risueña a veces, confusa otras. Mirar como se ovillaba en la cama mientras dormia, que tan serena y dulce se le hacia, convirtiendolo poco a poco en una extraña costumbre que adopto el mismo antes de poder pegar ojo...

En definitiva, le gustaba mirarla.

Pero no fue hasta pasada mas de una semana que el joven Ace se percato de semejante aficion vigilante, sorprendiendose un dia en el comedor a si mismo cuando, teniendo las risas y burlas de sus compañeros como banda sonora, uno de ellos tuvo incluso que golpearle el hombro para que despertara de su ensoñacion. Entonces, Ace se dio cuenta de que dicho entumecimiento mental se debia a que su atencion andaba en la chiquilla y todos sus pasos, sus acciones y expresiones, no entendiendose a si mismo pero habiendolo hecho sin ni siquiera darse cuenta. El dia siguiente, trato de evitarlo y controlarse, pero en cuanto dejaba de andar pendiente, en el momento que se relajaba y las defensas flaqueaban, regresaba el problema y Ace volvia a descubrirse a si mismo mirandola hacer cualquier cosa, o bien buscandola para, evidentemente, poder llevar a cabo la misma accion.

Era algo instintivo. Ace no sabia porque lo hacia exactamente, ni tampoco si eso era una buena o una mala cosa, solo sabia que era agradable, calmante y que lo dejaba tranquilo. Que lo serenaba, le hacia sentirse bien y, en definitiva, le gustaba.

Al final, dejo de considerarlo un deseo problematico, que al fin y al cabo, por mirar no pasaba nada, viendo que era una cosa contra la que no podia batallar por mas que luchara y que no hacia mal a nadie. Alguna vez, ella lo descubrio, cosa sencilla teniendo en cuenta que, si andaban en la misma habitacion o lugar cercano, el no le quitaba los ojos de encima, pero no parecio tomarle importancia ni que la molestara. Igualmente, si lo hacia, no dijo una palabra en su presencia sobre ello.

Ace llego a la conclusion en poco tiempo pero tras mucha vigilancia, de que Ifára era una buena chica. Una buena chica y no en el sentido pirata o delictivo, que ahi, entre ellos cualquiera es un "tipo legal" o "un buen tio", si no una buena chica de verdad.

Que tenia buen corazon y, por tanto, por mirarla no pasaba nada.

Como muchos de los ultimos dias, el joven Ace se dirigio a la cocina, lugar al que andaba sospechosamente asiduo ahora, pensandose la excusa de turno por el camino. Sin embargo, empezaba a acostumbrarse y a ni siquiera tomarselo en serio, dejando a su faceta mas impulsiva agarrar el control ya que, al fin y al cabo, esta siempre solia ganarle la partida a la racional. Asi que, en mitad de la mañana, habiendo terminado ya de desayunar hacia un par de horas y perdido, por tanto, la vision de la muchacha, Ace se dijo que le apetecia beber algo de agua, entrando en la cocina acogedora y de grandes dimensiones para conseguir paliar aquella sed repentina y extraña que le habia dado de pronto.

-¡Hola, chico guapo!- Dijo animadamente Joan-Marie en cuanto le vio cruzar la puerta, saludandole sonriente y agradable como siempre.

-Buenos dias, Joan-Marie.- Estaba un poco nervioso, como cada vez ultimamente que se aventuraba a la cocina, temiendo por instinto el que sus intenciones verdaderas fueran descubiertas. Sin embargo, aquello pronto se le pasaba y, como siempre, Ace terminaba haciendo lo que le daba la gana. Fugazmente, el segundo comandante busco la figura pequeña y delgada de Ifára, dando con ella escondida tras la enorme mujerona, para su desgracia.

-Y ¿Que te trae por aqui?- Era la pregunta que siempre le estaba haciendo estos dias Joan-Marie con su enorme sonrisa.

-Oh, tengo algo de sed... - Desde su posicion, con la mujer grande en medio, Ace no podia mirar a Ifára, decidiendo aventurarse chulescamente en la estancia para dar con la mesa cercana. -Solo quiero un vaso de agua.- El joven Ace se acomodo en una de las sillas blancas con indiferencia, teniendo ahora a la chiquita, fuente de toda su atencion, lo suficientemente cerca como para poder llevar su accion de mirarla de reojo a cabo.

Joan-Marie, que andaba trajinando entre los cacharros de su cocina, parecio tratar de decir algo, pero se lo impidieron abrupta y sorpresivamente.

-¿Tienes que venir hasta aqui para conseguir un vaso de agua?- La voz conocida y elegante de Circe le hizo dar un pequeño bote sobre la silla, razonando desde cuando diablos estaba ella en la misma estancia. Con el despiste de la muchacha y el haber ido directo a cumplir sus deseos, el joven pirata ni se habia percatado de su presencia imponente y orgullosa, dirgiendo rapido la vista sobre la hermosa Circe. Andaba cerca, junto a la pila llena de platos del desayuno, apoyada en la encimera tan chula y altiva como solo ella podia ser.

-Buenos dias, Circe.- Ignorando la cuestion, Ace decidio salirse por la tangente, chasqueando la lengua con molestia debido a aquella pregunta desagradable de su subordinada. Prontamente puso su atencion secreta sobre Ifára que, obediente ayudante de Joan-Marie, habia cogido uno de los vasos de vidrio para llenarlo de agua, esclava complaciente como era.

Cuando Ifára, nerviosita e incomoda, llego hasta la pila, Circe le dirigio una mirada de desprecio y superioridad que a Ace, no supo exactamente porque, no le gusto demasiado. La chiquita cumplio rapida con su tarea, que tampoco parecia agradarla la cercania de la otra, dirigiendose hasta la mesa ocupada para dejar aquel objeto de cristal ahora cargado frente a el.

-Gracias.- Le dijo con una expresion sincera y tranquilizadora, arrancandole a ella una sonrisita cerrada y bonita. Ultimamente, parecia mas comoda y relajada en su presencia. Eso estaba bien, asi que el joven comandante no iba a hacerla un desprecio, llevandose el vaso de agua recien traido hacia la boca.

-¿Le das las gracias a una esclava?- Pero Circe no debia pensar lo mismo que el, saltando con aquella pregunta con curiosidad e incluso burla.

-Pues si.- Como duro y buen comandante, Ace no iba a permitir que ningun subordinado cuestionara sus acciones y decisiones, mucho menos de aquella manera superior y chulesca. -¿Cual es el problema?- Por su parte, Ifára decidio no meterse en mas apuros, que suficiente tenia ella con lo suyo, regresando rapida al lado de Joan-Marie que, preocupada, contemplaba la escena que acababa de desarrollarse entre aquellos dos.

-Se volvera desobediente.- Circe, despectiva, volvio a dirigir sobre la pequeña y nerviosa Ifára otra miradita desagradable, revisandola de pies a cabeza con notable disgusto. -No te hace ningun favor. Es su mision en la vida.- No eran las palabras lo que le estaba molestando, si no el tono de su voz, las miradas aquellas y la actitud. Ace no sabia cual era la razon autentica de su enfado, pero estaba ahi, y el no iba a consentir que nadie se saliera con la suya directamente frente a sus narices.

-Ifára... - Pero Joan-Marie si debia saber mas que el mismo, observando con preocupacion en los ojos a ambos combatientes que, firmes y a cada cual mas orgulloso que el anterior, llevaban a cabo ahora un combate de miradas peligrosas y mantenidas que no parecia presagiar nada bueno. - ... lleva esto a... - Rebusco a tientas entre los trastos de la encimera, haciendo que la chiquita diera un respingo sorpresivo ya que, al igual que su anfitriona, habia permanecido atenta a aquella posible e inminente discusion. - ... llevalo al comedor.- Dijo Joan-Marie tendiendole un par de platos limpios que de nada iban a servir ya, que la hora del desayuno habia terminado hacia mucho y la del almuerzo no andaba lo suficientemente cercana. Pero Ifára todavia no se movio, pasando sus ojos bicolores primero hacia los platos, y luego hacia los otros dos, no atreviendose a reaccionar todavia. -¡Ifára!- El nuevo y alto llamado de Joan-Marie que, firme, golpeo la encimera con una mano para despertarla de su embotamiento la hizo responder un tanto. -Obedece, niña.- E Ifára, que no iba a negarse a acatar una orden, acogio los platos entre las manos pequeñas, comenzando a caminar hacia la puerta con pasitos cortos pero rapidos sin perder, la pobre, la preocupacion. Con un sonidito bajo y recatado, desaparecio de la cocina, quedandose tan solo bajo su techo una Joan-Marie que no sabia que hacer para calmar los animos, y un Ace y una Circe como dos leones a punto para la batalla.

-Esa... - Finalmente, Circe se aventuro, que no iba ella a perder bajo ninguna circunstancia, acomodandose aun mas chula y altiva sobre la encimera. - ... gata mestiza tuya no me gusta.- Con una sonrisa suficiente, la hermosa y fuerte mujer concluyo su comentario.

-¿Y a mi que me importa?- No se levanto de su silla, ni perdio los estribos, cerrando sin embargo los puños sobre la mesa ante semejante falta de discreccion y recato de un subordinado. Circe siempre hacia cuanto le venia en gana, pero la segunda division no funcionaba asi. Una cosa era tomarse la libertad de decir o hacer ciertas acciones no deseadas o mal vistas en secretismo, y otra muy distinta, hacerlo en su cara. Mucho peor era atreverse a cuestionarle maleducada y desagradablemente delante de nadie. -No tengo porque darte explicaciones.- Decidio dejar el tema, que lo estaba poniendo de mal humor, regresando a su vaso de agua para ni siquiera dignarse a dirigirle la mirada.

-No me gustan sus ojos.- Por desgracia, Circe no iba a permitirselo.

-Te repito: ¿A mi que me importa?- El joven comandante chasqueo la lengua, conteniendo el enfado y la indignacion.

-Oh, nada... claro.- Dijo Circe con toda su ironia, comenzando a revisarle ahora a el de pies a cabeza, provocando que Ace apretara tanto su vaso entre las manos que a punto estuvo de hacerlo estallar. -Yo no soy tu gata mestiza.-

-¡Circe!- Firme y claro, molesto, el joven Ace se giro en su silla, dedicandole a la otra una mirada de advertencia para señalarla peligrosamente. -Te estas pasando.- Una cosa era admitirselo a si mismo, otra muy distinta, hacerlo delante de los demas. Los chicos malos como Ace no deben tener debilidades, mucho menos permitir que, en caso contrario, estas sean descubiertas y gritadas a los cuatro vientos.

-No es mi culpa que andes todo el dia revoloteando detras de esa esclava.- Circe parecio ofendida, no dispuesta a dar su brazo a torcer ni a arrepentirse de nada, mirandole combativa directamente a los ojos. -¿Que clase de comandante descuida sus obligaciones por andar pendiente de una... - Pero no pudo terminar. Perdiendo la paciencia y los estribos, cosa facil de conseguir, Ace se levanto ruidosa y descuidadamente de su silla, comenzando a caminar hacia la voluptuosa mujer completamente furioso.

-Escuchame.- Amenazante, Ace la alcanzo facil en un par de zancadas, provocando que ella por puro instinto se apegara mas contra la encimera, viendose arrinconada por el otro y sus dimensiones mayores. -¡Yo no respondo ante ti!- La señalo con la ira escapandosele por cada poro de su piel, y Circe parecio amedrentada, notando las acciones de inminente violencia de su comandante. -¡Ni ante ti, ni ante nadie!- Sin embargo, la mujer trato de aguantar el tipo, manteniendo aquella mirada combativa y firme que no causo mas que un aumento del enfado. -¡Solo respondo ante Padre! ¡Solo ante Padre y no ante una mujerzuela de bajo rango que se cree la maldita diosa del mar y no es mas que una chiquilla despendolada con aires de gran señora!- Ante tal ofensa, Circe abrio la boca para contestar en su defensa, pero fue incapaz de hacerlo. Sobre todo teniendo en cuenta que Ace le propino un ruidoso y fuerte golpe al mueble que reposaba justo sobre su cabeza, provocando un respingo de panico en ambas mujeres. -¡¿Queda claro?-

-Ace... - Pacificadora y preocupada, que nunca habia tenido la mala suerte de verlo tan fuera de control, Joan-Marie elevo una mano hacia el, retirandola rapidamente al notar que el joven no le prestaba ninguna atencion.

-¡¿Queda claro?- Repitio Ace de nuevo, dandole otro tremendo golpe al mueble que hizo que su puerta de madera se descolgara de una de sus esquinas.

-S-si... - Amedrentada, la hermosa y orgullosa Circe se cubrio con sus brazos en busca de proteccion, asintiendo temerosa finalmente ante tal despliegue de fuerza bruta y descontrol.

-¡Bien!- Con un bufido final, que tampoco era su deseo sobrepasarse del todo, Ace le dedico una ultima mirada de advertencia, dandose la vuelta para largarse de aquella maldita habitacion que tanta furia le habia despertado en un segundo.

Caminando mediante ruidosas y fuertes pisadas, ignorando la mirada entre amedrentada y molesta ahora de Circe, y la preocupada e incredula de Joan-Marie, el joven segundo comandante fue directo a la puerta. Sin embargo, tuvo que detenerse en mitad de la sala.

Con cara de estupefaccion se quedo cuando, tensa y con los ojos como platos, la esclava Ifára se topo de lleno con su persona, contemplandole con una expresion mas cercana al panico que a la sorpresa y detenida en seco, tiesa como un palo.

Algo dentro del joven Ace hizo un fuerte chasquido, mirandola incredulo mientras su respiracion todavia se mantenia rapida y profunda por el arrebato de colera repentino.

El comandante rompio veloz y frenetico el contacto visual, esquivandola firmemente y haciendo que ella diera un pasito lateral y rapido para evitarle, provocando que la frustracion creciera dentro de su ser. Se alejo de alli de la misma forma que habia caminado antes de toparse de golpe con la chiquita, pensando en porque diablos las divinidades le odiaban de aquella manera y su suerte se habia largado de vacaciones.

-¡Maldita sea!- Maldijo a gritos antes de desaparecer del todo, golpeando la puerta para desahogar las ganas de aniquilar y destrozar cualquier cosa que se cruzara en su camino.

Un silencio tenso, entre inquieto y asustado, se hizo prontamente hueco en la estancia en cuanto Ace desaparecio. Las tres mujeres permanecieron mudas, Circe tratando de recomponerse y recuperar el orgullo, Joan-Marie completamente incredula y boquiabierta, e Ifára muerta de miedo y presa de una desagradable estupefaccion.

-V-venga... - Joan-Marie, sin apartar aun los ojos de la puerta, trago saliva, respirando hondo para recuperar el control de su cocina. -Hay mucho que hacer... - Tartamudeo ligeramente, sacudiendo la cabeza nerviosamente para espabilarse. -¡Venga!- La palmada ruidosa y repentina sobre la encimera que aquella mujerona llevo a cabo hizo que Ifára diera un bote asustado, mirandola velozmente para comprobar que se estaban dirigiendo a ella. -¿A que esperas, niña?- Y aguantandose el llanto, que era de susto demasiado facil y aun a dia de hoy bastante impresionable, Ifára obedecio, acercandose temblorosa a una Joan-Marie casi igual de nerviosa que la muchacha. -T-ten, guarda esto.- Le dijo tendiendole un par de cacharros culinarios. Algo debio conmoverle de los ojos llorosos de Ifára pues, con convencimiento y la poca serenidad que le quedaba, Joan-Marie asintio afirmativa un par de veces. -Tu no tienes la culpa.-

-Claro que si.- En cuanto escucho las palabras acusadoras de Circe, Ifára detuvo su tarea un segundo con la mirada fija en la pared para, respirando hondo, evitar no echarse a llorar de rabia y continuar su labor. La tenia miedo, igual que a casi todas las personas del barco, ademas que no se consideraba con el valor suficiente como para dedicarle a aquella mujer cualquier tipo de palabra desagradable. Al menos, de momento.

-¡No, no la tiene!- Sorprendente le parecio, sin embargo, que Joan-Marie estallara en su defensa, girandose hacia Circe completamente firme. Suspirando pesadamente, que Joan-Marie tampoco debia ser de pelear si podia evitarlo, esta regreso sobre su encimera. -La culpa es tuya... - A pesar de que no habia tomado la decision mas violenta, Joan-Marie continuo dirigiendole miradas acusadoras a la otra que, dañada en el orgullo y furiosa, escuchaba con expresion molesta.

-¿Mia?- Incredula, Circe se llevo una mano al pecho un segundo, mirando despues completamente indignada a la enorme mujer para señalar furiosamente la puerta. -¡Yo no tengo la culpa de que no sepa controlarse!-

-¡No! ¡Nadie tiene la culpa de eso pero... - Estallo Joan-Marie, dando un nuevo golpe sobre la encimera que casi le provoca un infarto a la pobre Ifára. - ... deberias ser mas racional y no tentar a la suerte!-

-¡Ace no me da miedo!- Ahi estaba, la herida total en el orgullo, esa que provoco que Circe, en completa actitud de combate, se inclinara hacia la enorme Joan-Marie.

-Pues hace un momento lo parecia.- Mas ancha que larga, la mujerona regreso superior a sus cosas con una Ifára silenciosa y temblorosa a su lado.

-¡Agh!- Y finalmente, Circe opto por largarse tambien, que aquella cocina a ella tampoco la habia puesto, precisamente, de buen humor. -Callate.- Con desprecio total escupio ese mandato, recorriendo rapida y a zancadas furiosas la cocina para, al igual que Ace habia hecho, desaparecer por la puerta dejando un aura de tension y molestia.

Ifára penso con desgracia que no habia empezado la mañana con buen pie.

(Cambio de escena)

-¡Maldita sea!- Repitio el joven Ace su maldicion, sentado frente a un barril como mesa improvisada en plena cubierta para dar, furioso, otro golpe sobre el objeto de madera.

-Ey, ey... - El primer comandante, que le habia interceptado por el pasillo en cuanto lo diviso con esos humos, produjo un movimiento pacificador mediante sus manos grandes, buscando calmar la ira del otro. -Tranquilizate... -

-¡Sabes que no pego a las mujeres! ¡Lo sabes!- Sin embargo el joven Ace no parecia dispuesto ni capaz de ser tranquilizado, propinandole ahora una fuerte patada al barril que, de no ser por el agarre eficaz de Thatch, lo hubiera mandado por los aires. -Pero... - Luego lo penso detenidamente, y su frustracion crecio todavia mas cuando razono en su furia que no hubiera sido capaz, de todas formas, de ponerle una mano encima. -¡Zorra!- El segundo comandante no estaba en su mejor periodo ni momento, llevandose una mano furiosa sobre la frente para arrastrarla nervioso a traves del cabello.

-Oye, no te pases... - Aunque lo dijo calmado y casi con suplica, la mirada ofendida de Thatch, que se habia unido a ellos en medio del camino hacia cubierta, le hizo estar a punto de lanzarse sobre el y darle un puñetazo por defender a semejante mujer.

-Me pasare lo que me de la gana.- Hablando entre dientes, el joven comandante se inclino sobre el barril y, como el cuarto comandante no iba a ser menos, este hizo lo mismo con similar actitud de combate.

-Vale, vale... - Gracias al cielo que Marco era un pilar basico del grupo, colocando una mano fuerte sobre la frente de cada uno para, sin miramientos, empujarlos de nuevo a su posicion anterior. -No os peleis ahora entre vosotros, por favor.- Marco siempre seria figura de respeto y serenidad, consiguiendo que, finalmente, los otros dos abandonaran el intento, suspirando Thatch resignado mientras que Ace se cruzaba furiosamente de brazos.

-Yo no soy debil.- El joven Ace dijo aquello importandole poco o nada que sus compañeros y amigos preguntaran, sintiendose herido en su orgullo por haber sido, no solo descubierto vilmente, si no tambien puesto en evidencia delante de terceros. Para agrabar aun mas la situacion, Ifára, por su carita asustada, debia haber contemplado toda la escena de despliegue furioso y eso, a Ace, extrañamente era algo que le trastocaba del todo. No sabia que le enfadaba mas, si el haber sido humillado por aquella mujer que encima era su subordinada, o que la chiquita lo hubiera visto todo. -No lo soy.- Incluso como un niño molesto, el joven comandante chasqueo la lengua, negando con la cabeza para si mismo.

-¡Claro que no eres debil!- Thatch decidio que no era el momento de ser un rival en potencia, si no un amigo, sonriendole amplia y convencidamente. -No lo eres ¡Para nada lo eres!- Sono incluso exagerado, abriendo los brazos al cielo para recibir una miradita todavia furiosa, pero con un brillo inseguro, por parte de Ace. -¿Verdad que no lo es, Marco?- Pregunto, dirigiendole rapido al primer comandante una expresion sonriente de socorro.

-Todo el mundo tiene debilidades.- Pero Marco no debia andar de acuerdo con Thatch, hablando tan serio y didactico como siempre para arrancarle a este una mueca de pavor. -Yo tengo debilidades, Jozu tiene debilidades, Circe tiene debilidades... Hasta Padre tiene debilidades.- Suspiro tras estas palabras, consiguiendo que Ace se relajara un tanto y comenzara a mirarlo con total aprension y ligera culpa. -Y Thatch tiene a las mujeres.-

-¡Oye!- Con una actitud quejumbrosa, el cuarto y aludido comandate le dirigio una expresion de reproche a Marco, el cual continuaba serio y tranquilo, convencido de sus propias palabras.

-Es cierto, siempre te pones de parte de esa... - Ace hablaba lo que le salia del interior, reprochador y con la colera palpitando en la garganta, consiguiendo que Thatch se pusiera de nuevo a la defensiva.

-¿Que ibas a decir?- Le interumpio el cuarto comandante abruptamente con una sonrisa que no presagiaba nada bueno.

-¡Bueno, ya basta!- Marco siempre salvador. El primer comandante propino un golpetazo a la mesa con firmeza y determinacion total, logrando el cometido deseado. Los otros dos, entre molestos y culpables por andar a las malas entre si, le dirigieron una miradita de reojo desagradable que no paso a mayores. -Es lo que nos faltaba... acabar ahora nosotros a golpes por lios de faldas. - Marco, resignado y notando que terminaria acabandosele la infinita paciencia de la que hacia gala, termino por suspirar, buscando algo de tranquilidad.

El sonido repentino de unas carcajadas roncas y jocosas les hizo dar un tremendo respingo, girandose los tres comandantes para comprobar que habia sido aquel estallido ruidoso venido de pronto. El segundo comandante y sus confidentes actuales observaron como, entre burlas y risas estruendosas, un grupo de los tripulantes llevaba a cabo una machita competicion de fuerza a base de violentos pulsos justo en el barril, funcionando tambien como mesa, de al lado.

Con un bufido, que todo le molestaba y crispaba los nervios ahora, Ace regreso a la conversacion, observando como los otros dos hacian algo similar pero de mucho mejor humor.

-El caso es que... - Entre dientes, el joven pirata continuo, abriendo la palma de su mano para golpearla contra la madera, indicador y tragandose la horrible ira a punto de estallar como mejor pudiera. - ... me ha dejado en evidencia.- No gritar era lo mas dificil que habia hecho en su vida, rogandole al cielo por encontrar forma alguna de canalizar semejante enfado violento. -¡Y soy su puñetero superior!- Sin embargo, no lo consiguio del todo, terminando por elevar la voz de una manera aspera que ponia los pelos de punta.

-Venga, ya sabes como es.- Como Thatch parecia preferir permanecer en silencio y mirando hacia otro punto con molestia, Marco decidio tomar las riendas de la conversacion el solo, buscando lograr la tranquilidad del otro.

-¡Me importa una mierda como sea!- Pero el comandante de la segunda division no andaba con intenciones de dejarse calmar ni convencer, golpeando de nuevo aquel barril con el puño que, al final, Marco temio que acabaria por estallar de tanto sufrimiento. -Por esa regla de tres yo... - Estupfactos y temiendose la peor de las desgracias posibles, los otros dos compañeros observaron como, sin mucho cuidado ni aviso previo, parte del contenido alcoholico de alguna jarra perdida caia sobre la espalda y nuca de Ace.

Se quedaron en silencio sepulcral, Marco rogandole al cielo porque Ace apelara a su parte mas razonable y serena, y Thatch haciendo un esfuerzo sobrehumano para no estallar en carcajadas.

Por su parte, Ace se mordio el labio inferior, manteniendo una posicion estatica de tension muscular total para, con furia mal contenida, cerrar los puños sobre el barril, y volver a abrirlos. Esta accion se repitio un par de veces mas, quedando su pequeña mesa improvisada innundada en un mutismo nervioso de total inquietud, como la calma que precedia a la tormenta.

Ya habia Marco conseguido relajarse al momento que noto a su mas joven compañero respirar hondo, cuando alguien lo estropeo.

-¡Eh, disculpa, Ace!- Divertida, la voz de Squad llego hasta los oidos nada agradables ahora del aludido y accidentado pirata, provocando que este ni se girara todavia. Marco no pudo evitar llevarse una mano a la frente con fuerza y perdicion total. -Estabamos echando un pulso, y esa mierda salio volando por el impacto.- Dijo Squad, inconsciente de la furia palpitante del otro. Al parecer, aquella jarra si provenia de la mesa contigua, habiendo salido disparada de alli para, desdichadamente, estrellar su contenido contra la persona menos indicada en aquel momento.

Ace arrastro la silla ruidosamente, apoyando las manos sobre el barril con fuerza para, finalmente, levantarse y partir todas las bocas que fueran necesarias. Sin embargo, rapido ante semejante reaccion de evidente violencia, el primer comandante se lanzo sobre el, agarrando sus hombros con firmeza en tension total y volviendole a sentar.

-Vamos, calmate.- Dijo entre autoritario y complice, viendo mas tranquilo como el muchacho a punto de saltar sobre el cuello de alguien asentia tensamente. Mientras tanto, Thatch no sabia exactamente que hacer, batallando internamente entre visionar la situacion que tan divertida se le hacia o ser un buen amigo.

-¡Tampoco hace falta ponerse asi!- Debia ser que Squad no pensaba dejar las cosas como estaban, siendo el tambien otro rufian violento y orgulloso. -Solo ha sido un poco de jodida cerveza, exagerado.- Y el resto de aquella mesa rieron jocosos y completamente de acuerdo.

-Lo mato.- Dijo el segundo comandante sin necesidad, de momento, de elevar la voz, volviendo a producir la misma accion ruidosa de levantarse. No habia ni empezado a ponerse en pie, cuando la voz rasposa de Squad volvio a hacerse presente.

-¡¿Que has dicho?- Entre incredulo y combativo, Squad se levanto de su mesa, apoyando las manos sobre su barril correspondiente para, con una sonrisa burlona, inclinarse hacia la espalda de Ace. -¿A quien vas a matar tu, mujercita?- En el Moby Dick ninguno se andaba con chiquitas y, si habia que empezar una pelea por una misera jarra de cerveza, se empezaba.

-¡Lo mato!- Definitivamente, Ace se levanto como un resorte para tirar la silla en el camino, dandose la vuelta dispuesto a reventar bocas cuando, sin miramientos y viendo que las cosas comenzaban a descontrolarse, Thatch y Marco se lanzaron sobre el. -¡Lo mato a el y a todos!- El primer comandante sujeto sus hombros con fuerza, tirando el cuarto de sus antebrazos al ver que el muy maldito oponia una resistencia atroz a ser contenido de ninguna manera.

-¡Venga, sueltalo Marco!- Chulesco y altivo, Squad se llevo una mano al cinturon, haciendole con la otra una seña indicadora y burlesca de cercania. -¡Sueltalo que le vamos a dar bien por el culo!- Ante aquello, Ace se revolvio mas fuerte de lo que jamas habia hecho en su vida, sabiendo que podria haberse librado, facilmente, mediante sus poderes de la fruta del diablo. Sin embargo, las normas del Moby Dick impedian el uso de cualquiera de estas para batallar entre ellos, manteniendo a pesar de todo los tripulantes su propio codigo a rajatabla.

-¡Lo mato!- Y el joven Ace, en un arrebato total de colera y violencia, logro soltarse en un segundo de debilidad, lanzandose como un cosaco a aquella pelea que, prontamente, se convertiria en una batalla campal.

Asi funcionaban las cosas en el Moby Dick.

(Cambio de escena)

Ifára, todavia, no habia superado el incidente ocurrido en la cocina.

Una y otra vez recordo en su cabeza como, entre asustada y estupefacta, habia visionado sin quererlo a aquel comandante arrinconar aterradoramente a Circe para, violentamente, golpear el mueble de manera peligrosa con mirada amenazante. No sabia que pensar del joven Ace, porque a veces se le hacia simpatico, otras distante, otras amable y, otras veces, terrorifico. Este ultimo adjetivo lo habia andado superando durante la ultima semana, llegando a la conclusion de que, quiza, hubiera pensado mal demasiado pronto. Sin embargo, apenas estaba ella tratando de cambiar su opinion, cuando se topo de lleno con la escena violenta de la que el habia sido el creador, no sabiendo ahora la pobre Ifára que demonios debia pensar.

Sin embargo, una vocecita en su cabeza le decia que se alegrara, porque el parecia haber saltado en su defensa y Circe, que tanto le desagradaba y tantas cosas horribles le decia, se lo merecia.

Pero esa vocecita la analizo como su parte malvada, a la que no habia que escuchar demasiado porque no estaba bien regocijarse del sufrimiento ajeno por mucho que odiemos a la otra persona.

Quizas Circe se mereciera muchas cosas, pero Ifára decidio fijarse y admirar mas la reaccion de Joan-Marie, que habia sido valiente y la mas correcta, y parecia no haberle tenido ningun miedo a aquella hermosa pero terrible mujer morena. Se sintio mal consigo misma, porque ella no tenia valor suficiente para enfrentarse a Circe, tan sola y diminuta que se sentia en aquel enorme navio. Ademas, ella era una esclava chiquitaja y desnutrida que acababa de llegar hacia demasiado poco y que, de momento, no se atrevia a hacer mucho mas que acatar ordenes en robotismo y silencio total y permitir que se le escapara alguna sonrisita cuando la situacion parecia conveniente. Circe llevaba alli solo sabe Dios cuanto tiempo y, ella, solo llevaba algo mas de una semana y ni siquiera era un tripulante. Mucho menos, era un pirata.

No, Ifára era una esclava, la esclava, ya oficial incluso, de Portgas D. Ace... Del que no sabia si tener un miedo atroz o un sentimiento de seguridad.

En esas estaba la pobre Ifára, cargando algunos trastos por el pasillo del piso mas alto del Moby Dick, ese cuyas paredes dan con cubierta, pensando perdidamente en sus cosas cuando, sin aviso, la madera junto a ella revento.

Fue sorpresivo y, la pared cercana, justo en frente de sus narices y a apenas dos escasos metros de ella, simplemente estallo por algun impacto en exceso fuerte con un estruendo insoportable. A Ifára se le calleron los trastos del susto, observando como, lo que se temio como algun tipo de peso muerto u objeto, resulto ser una persona, estrellandose esta contra la pared contigua a la reventada que, al menos, no se rompio tambien.

Abrio los ojos como platos, pensando quien diablos podia soportar un golpe tan sumamente fuerte como para romper una pared de semejante manera, analizando para su sorpresa total que aquel proyectil humano no era otro mas que el mismo Ace.

Este, tirado contra la otra pared tras haber roto de espaldas la que daba con la cubierta, estaba consciente y furioso, ayudandose de la madera resistente para levantarse y, seguramente, volver a la carga, que debian andar en peleas y bullas. Ifára, no saliendo aun de su asombro total y horror, que ella no andaba acostumbrada a semejantes batallas, observo incredula que el comandante tenia la cara hecha un cromo, con la nariz sangrante, un ojo que comenzaba a amoratarse y el labio con similar aspecto que la primera.

Alguien grito su nombre buscando pelea, levantandose resistente y veloz el segundo comandante, recompuesto rapido de semejante golpe atroz, para volver a la carga, viendo Ifára que no sabia donde meterse al supuesto contrincante entrar por el agujero recien hecho. Un tipo alto, palido y de pelo largo, con aspecto peligroso y lo que le parecio una araña tatuada en la frente, hizo acto de presencia en el pasillo con su rostro en condiciones semejantes a las del joven Ace.

Ya iban a ponerse de nuevo a la gresca, cuando Ifára dio un respingo nervioso y repararon en su presencia.

Squad no le dio importancia mas alla de un segundo, girando de nuevo la cabeza hacia su contrincante para continuar la guerra que habian creado en un momento.

Sin embargo, Ace no fue capaz de hacer lo mismo.

Con los ojos entre sorprendidos e incredulos, observo a la muchachita flaca y temblorosa que, incapaz de moverse todavia y con expresion de pavor, contemplaba la escena desde su posicion cercana. Sus miradas se cruzaron un momento y Ace, entonces, se convencio de que no podria continuar aquel conflicto violento. Con un bufido de frustracion total, el recientemente estampado y sangrante Ace cerro los puños con tension no canalinazada de suficiente manera.

-¡Mierda!- Dijo mas para si que para el resto a pesar del grito, propinandole un tremendo pisoton al suelo para, bajo la mirada estupefacta tanto de Squad como de Ifára, al igual que la de muchos curiosos que habian comenzado a aglomerarse alrededor, darse la vuelta furioso y comenzar a caminar direccion a su camarote.

-¡Ey! ¡Ace, espera!- Squad mas que enfadado, parecio preocupado, elevando una mano hacia el joven que se largaba como si no entendiera que el mismisimo Portgas D. Ace evitara terminar una batalla de ningun tipo.

Ace no dijo nada, empujando a gran parte del circulo de curiosos cuyos rostros parecian tan preocupados como el de Squad, largandose de alli tan furioso como habia llegado. Todos observaron su marcha extraña, que nunca habian visto cosa semejante, no sabiendo si tomarselo a broma o temer por el estado mental de su joven compañero.

Por su parte, pasados unos pocos segundos, Ifára no pudo hacer mas que seguirlo.

(Cambio de escena)

-Estupido Squad.- Escupio Ace con toda su mala sangre. -Debi haberle... Auch... - No pudo terminar su amenaza, quejandose un poquito cuando aquel paño mojado en desinfectante le rozo el labio partido.

-L-lo siento.- Ifára, entre asustada y confundida, pero obediente, se disculpo por el daño, regresando a su labor cuidadora en cuanto el otro se recupero del escozor reciente.

Sentando en su cama con la cara todavia sangrante y destrozada, Ace suspiro buscando calmarse, notando a la chiquita de rodillas tras su espalda que, subida en el mismo colchon, trataba de desinfectar las heridas sin hacerle daño.

-No pasa nada... - Y en cuanto dijo aquello, Ifára parecio calmarse, volviendo a acariciar sus magulladuras con aquel paño desinfectante. -Es solo que... - No se habia desahogado del todo, soltando un bufido de furia como final de su frase. Andaba inquieto, tenso y con ganas de pelea, resultando todo demasiado dificil si ella, temblorosa y asustadita, permanecia detras con su presencia silenciosa, pero dulce y calmante. -¿Sabes? Podria haberle ganado. - Dijo para mantener el orgullo tan herido como la cara, propinando un puñetazo a la palma de su mano que provoco que Ifára diera uno de sus respingos. La niña trago saliva, tratando de volver a la carga cuando Ace dio una patadita al colchon mediante uno de sus pies, ahora descalzos. -¡Deberia haberlo hecho!- Noto de nuevo la colera en la garganta, rogandole, suplicandole por que la dejara salir, provocando que cada musculo de su cuerpo se pusiera en tension total.

-Si te mueves tanto, no puedo.- La voz suave y mas miedosa que de costumbre, casi como el primer dia que la conocio, de Ifára le hizo relajarse, escuchando la peticion de ella para, buscando tranquilidad, recomponerse de un posible arrebato furioso.

-Lo siento.- Ante la disculpa, cosa que le extraño pero decidio no preguntar, la joven Ifára volvio a su labor, tratando ahora de limpiar aquella nariz herida y manchada de sangre que comenzaba a secarse. -Pero me cabrea ¿Sabes? Que se salga con la suya, digo.- El joven Ace se giro un poco para hablar con ella, observando dolido como la chiquita daba un respingo asustado para, con evidente miedo, bajar la cabeza. El suspiro, y decidio no darle demasiada importancia por el momento.

-P-parecia preocupado.- Como un pajarito, Ifára se atrevio a dar una pequeña opinion, evitando el contacto visual con el otro mientras curaba sus heridas.

-Si, bueno... - Suspiro de nuevo, notando aquella manita cuidadosa bajo el paño mojado en desinfectante. -No es normal dejar una pelea asi como asi.- E Ifára se pregunto a si misma si acaso andaban todos tan locos en aquel navio como para que semejante paliza mortal fuera algo comun y que, ademas, debia terminarse. Incomoda y en silencio, Ifára continuo su labor, permitiendole el muchacho aquel contacto sin ninguna resistencia. -Pero supongo que tu no entiendes de eso... - Ella no contesto, y Ace se giro otra vez para poder ver su cara bonita. Sin embargo, un nuevo respingo asustado se adueño de la muchacha, provocando que, molesto y frustado, el joven comandate herido chasqueara la lengua. -Deja, deja... - Dijo apartando la cara para indicarla que detuviera la accion desinfectante, cogiendo el mismo el paño de sus manos pequeñas con movimientos no demasiado agradables. -Ya lo hago yo.- Estaba de mal humor, demasiado, sintiendose mas culpable y aun mas frustrado cuando ella, cabizbaja y tensa, dejo que el otro llevara a cabo su antes labor de curacion. Sin embargo, Ace no hizo otra cosa mas que tirar el paño contra la cama, llevandose una mano a la cabeza para arrastrarla a traves de su pelo, entre confuso y extraño. -¿Sabes? Yo... yo no soy asi... - Pero era mentira, que Ace se conocia demasiado bien e Ifára, ademas, no parecia muy convencida a pesar de su mutismo y posicion cabizbaja. -Bueno, si soy asi pero... - No estaba acostumbrado a las confesiones emocionales, asi que andaba costandole una barbaridad, prefiriendo decir aquello que saliera solo e instintivamente. -No voy a... a hacer daño... a nadie.- Ifára levanto la mirada bicolor un segundo, produciendo finalmente aquel esperado contacto visual. -O si... ¡No lo se!- Era mas dificil de lo que pensaba, volviendo a soltar el joven Ace un bufido para calmarse y conseguir terminar lo que andaba pasandosele por la cabeza. -Pero... a ti no... no voy a hacerte daño.- Ace no entendia porque andaba el dandole explicaciones, que ni siquiera se las habian pedido, a una esclava flaca y temerosa. Sin embargo, penso que le apetecia hacerlo y que, ademas, ahora se sentia mucho mejor. Con miedo a no sabia que exactamente, espero en silencio una respuesta de ella, que se limitaba a mirarle entre confusa y, extrañamente, agradecida, aunque todavia no le resulto muy convencida de que sus palabras fueran sinceras.

-Gracias.- Dijo finalmente Ifára, consiguiendo una sonrisa tranquila y rapida de Ace.

-Se que lo que has visto... de mi no es muy... - El joven comandante trago saliva, sorprendiendose cuando noto que era el mismo quien evitaba el contacto visual directo. - ... esperanzador, pero... soy un buen tipo.- Ifára tampoco entendia porque su dueño supuesto andaba dandola explicaciones de ninguna clase, pero le agrado. Se sintio bien, y mas valorada, no pudiendo evitar un sonrisita cerrada y nerviosa. -O al menos, no soy tan malo.- Se mantuvieron en un silencio entre incomodo y revelador que duro bastante, Ace con la mirada clavada en la pared de enfrente, e Ifára con sus ojos fijos en la espalda del otro. Fue un momento extraño, pero a ella se le hizo agradable e incluso necesario.

Al final, el joven herido volvio a recoger aquel paño que habia tirado sobre la cama momentos antes, tendiendoselo a la muchachita en indicacion de que podia continuar con su tarea abandonada. En mutismo, ella obedecio suave, regresando a acariciar sus heridas con cuidado para no hacerle mas daño.

-Tu pelo huele a cerveza.- Dijo Ifára con una risita pequeña y divertida que, definitivamente, a el le encanto. Nunca la habia oido reir o, al menos, no tan claro y de cerca.

-¿Que?- Se sintio levemente confuso, teniendo que analizar las palabras que habia dicho debido al haberse sumergido, rapidamente, en sus pensamientos tras escuchar aquella carcajada dulce y tintineante. -Oh... si, cierto. Me tiraron una jarra.-

-¿Y por eso la pelea?- Ifára lo dijo tratando de sonar cuestionativa, pero al muchacho no se le escapo su tonito receloso e incredulo malamente escondido. Se sintio bien, porque ella, ahora de verdad, parecia mas comoda y menos tensa y asustada. Era, definitivamente, una sensacion agradable. Era mejor incluso que mirarla.

-Me han puesto perdido.- Dijo Ace con excusa divertida, encogiendose de hombros y sintiendo como, aquel mal humor apresado en la garganta que se moria por salir, comenzaba a desaparecer de una manera tan suave y delicada como la misma Ifára. -¿Sabes? Me parece que voy a ducharme.- Con un chasquido resignado de su lengua, el segundo comandante se comenzo a incorporar, haciendo que Ifára detuviera de nuevo su tarea y le mirara confusa. -Tienes razon.- Se puso en pie sobre el suelo, girando la cabeza para pegar la nariz contra la piel de su propio hombro y aspirar rapido una sola vez. -Apesto a cerveza.- Era confuso por que, por una parte, andaba deseando quedarse alli y dejar que ella curara sus heridas pero, por otra, la idea de andar oliendo desagradablemente a alcohol con la chiquita tan cerca se le hacia incomoda.

Y sin mas, Ace se dirigio hacia el cuarto de baño bajo la miradita esquiva y curiosa de Ifára.

(Cambio de escena)

No habia ni siquiera salido de la ducha, cuando un enorme estruendo resono a traves de todo el navio.

Un gigantesco temblor se adueño del vehiculo colosal y maritimo tras el ruido ensordecedor, perdiendo el joven Ace incluso el equilibrio en la ducha y estrellandose, peligrosa y violentamente, contra la pared de baldosas. Gracias al cielo que tenia buenos reflejos y consiguio evitar un impacto directo a su cabeza mediante el apoyo de sus manos sobre la porcelana, maldiciendo al agua por impedirle usar su fruta del diablo, con la que era mucho mas sencillo esquivar los golpes.

Apenas se habia recompuesto, y otro golpetazo, como de explosion, hizo que el gigantesco Moby Dick se tambaleara violentamente de nuevo.

Ace se escurrio sobre sus pies y se salvo gracias a que logro agarrarse a la cortina, estando esta a punto de reventarse por el esfuerzo de soportar todo su peso. En seguida, en cuanto el temblor ceso y fue sustituido por un fuerte vaiven, Ace se permitio unos segundos de reflexion, llegando a una conclusion irrefutable. Conocia ese estallido, conocia este tipo de temblores repentinos ¿Como no hacerlo? Que un pirata no reconociera el rugido de los cañones explotando y estrellandose contra el enemigo era un autentico delito imperdonable. No podia ser nada mas.

Se trataba, sin duda alguna, de un ataque enemigo.

Entonces, a Ace solo se le paso una unica cosa por la cabeza. De momento, tenia una prioridad.

Ni siquiera se detuvo a pensarlo, saliendo de la ducha para vestirse a la velocidad de la luz mientras escuchaba ahogadamente debido a las paredes, los pasos veloces, los gritos de furia y los preparativos para la defensa, seguido seguramente de una brutal ofensa, de sus compañeros de tripulacion.

Temblando de corage y nervios, que el instinto de pelea le estaba volviendo a salir seguido, extrañamente, de un miedo visceral que Ace no andaba acostumbrado a sentir, salio de alli abriendo la puerta ruidosamente y de par en par mientras el barullo que armaban el resto de tripulantes comenzaba a volverse ensordecedor. Fue poner un pie en la habitacion principal de su humilde camarote, y comenzar a rebuscar freneticamente con la mirada, topandose, finalmente, con la imagen de la chiquita.

Entonces aquel miedo visceral se alivio enormemente.

Ella que, sentadita en un rinconcito de la habitacion mantenia las rodillas firmemente pegadas al pecho mientras se cubria la cabeza con sus brazos debiles y flacos, parecia aun mas aterrada que aquel ratoncito liberado del que Ace no habia podido olvidarse.

Corriendo nervioso llego hasta la esclava Ifára, que andaba la pobre en estado de tension total, no habiendo sabido que diablos habia sido semejante estruendo seguido del correspondiente temblor de todo el barco.

-¡¿Estas bien?- Pregunto un Ace preso de los nervios y la preocupacion, agachandose velozmente junto a ella para comprobar su estado. Ifára solo dio un respingo, apretando mas sus piernas contra el pecho en actitud de defensa y miedo total. -¡Eh!- El grito la hizo por fin alzar la cabeza, no dandola tiempo el segundo comandante a abrir la boca si quiera. -¡¿Estas bien?- La cogio de los antebrazos, zarandeandola levemente para que reaccionara por fin.

-S-si.- Aunque Ifára no parecia andar la pobre emocionalmente bien ahora mismo, al menos no estaba herida de ninguna manera, provocando que Ace casi se desmayara de alivio.

Luego recordo que estaban sufriendo un ataque en aquel preciso instante.

-¡Levanta!- Sin mucho cuidado, que la cosa no andaba para galanterias, el joven segundo comandante colo las manos bajo sus brazos para levantarla sin permiso, pensando freneticamente donde diablos iba ahora a meter a la muchachita. E Ifára, la pobre, que andaba mas aterrada que sorprendida, simplemente se dejo manejar sin oponer resistencia.

Ni dos centimetros se levantaron del suelo, cuando Ace escucho el silbido de otra bala. Iba a producirse otro impacto inminente.

El estruendo volvio a ser brutal y perdieron el equilibrio, llevando el muchacho instintivamente una mano a la cabeza de Ia joven Ifára para, con fuerza, aplastarla contra su pecho.

Ace se estrello contra la pared cercana nuevamente, cayendo esta vez sentado sobre el suelo con ella agarradita como una desesperada a su cuerpo. A punto estuvo de arder en llamas como acto reflejo, pero afortunadamente recordo que andaba con cierta personita contra el y que, aquello, hubiera sido incluso peor que el impacto en si.

Otro silbido cortando el aire mas.

Ace la apreto contra si mismo para cubrirla tanto con brazos como con piernas.

Al silbido le siguio el estruendo y, tras este, otro nuevo zarandeo insoportable del barco. Gracias a la posicion ovillada con la chiquita encima, cubierta bajo el abrazo protector y eficaz que casi la cortaba la circulacion, Ace evito que se movieran demasiado, rogandole a todo su cuerpo que trabajara como nunca en su vida para evitar un golpe. Lo logro...

Entonces, solo quedo esperar un tiempo de precaucion.

Unos segundos tras aquel ultimo impacto, el joven comandante elevo la cabeza, cuya mandibula habia estado pegada sobre la de Ifára, para revisar los alrededores. Agudizo el oido en busqueda de un nuevo silbido amenazante, notandola tan apretada como si fuera a morirse alli mismo si le soltaba, llegandole tan solo el sonido de sus compañeros preparandose para el contraataque y la respiracion asustada de la chiquita.

Entonces, volvio a recordar que tenia unas obligaciones con las que cumplir como buen pirata y comandante.

Pero habia una prioridad.

-¡Vamos!- Nervioso y en tension total, Ace comenzo a incorporarse sin apenas darle tiempo de reaccion, provocando que una estupefacta y aterrada Ifára casi se cayera al suelo. Consiguio al menos mantener el equilibrio, aunque las piernas delgadas le temblaban y fallaban debilmente, notando la pobre que las lagrimas se le escapaban de sus ojos dispares porque muy valiente, sinceramente, nunca habia sido. -¡Vamos, levanta!- Ace termino del todo el intento de la chiquita por incorporarse, agarrandola de la mano con fuerza para tironear eficaz y nervioso.

Casi la arrastro hacia la puerta mediante zancadas veloces y dificiles de seguir, que Ifára tenia las piernas mas cortas y mas debiles que nunca antes, no soltando aquel agarre opresor de su mano para, sin mucho cuidado, golpear la puerta con la otra y salir del camarote.

En cuanto pusieron los pies en el pasillo del barco, los sonidos de guerra y carreras de un lado a otro innundaron los oidos de la chiquilla, pero apenas pudo ver nada con detenimiento debido a que Ace, sin pararse en ningun momento, continuo su camino esquivando compañeros e ignorando llamados hacia su persona. Ella nunca habia visto y sufrido cosa semejante y se sentia como en otro mundo, no siendo consciente aun del todo de la realidad mientras, como un juguete, se dejaba arrastrar por el otro.

-¡Comandante!- Era el primero de su division que se acercaba lo suficiente, pareciendo tan nervioso y tenso como el mismo aludido. -¡Tenemos que... - Pero su superior no le dejo continuar.

-¡Llevatela!- Dijo el segundo comandante, dispuesto a largarse a la batalla y ponerla a salvo cuanto antes. Con movimientos veloces y tensos, empujo a Ifára hacia el otro, provocando que el pobre subordinado no tuviera mas remedio que agarrarla de los brazos con total estupefaccion. -¡Escondela por ahi!- Lo ultimo que a Ace le faltaba era que, en caso de una posible invasion, se la llevaran al ver la marca de su hombro como trofeo de guerra. El ya conocia el funcionamiento de las cosas en el mar peligroso y sabia que, a pesar de que terminarian echandolos a patadas en caso de que el enemigo consiguiera entrar, en un descuido facil les seria robarsela para despues regodearse a gusto.

-P-pero... - Su subordinado, con la niña que no acertaba a moverse agarrada, se dirigio a su comandante con expresion incredula y anonadada. -¡Comandante! ¡Tenemos que... -

-¡Tu no tienes que hacer nada!- Le grito furioso y nervioso, señalandole peligrosamene con advertencia. -¡Ocupate de ella!- A Ace le necesitaban, a aquel piratilla de bajo rango, solo le necesitaba el.

-S-si, comandante.- Inseguro y decepcionado por perderse la oportunidad de la guerra, asi como realmente estupefacto por semejante mandato, el pobre subordinado asintio tembloroso.

A Ace no le hizo falta una palabra mas para largarse de alli, sabiendo seguro y mas tranquilo en aquella cuestion que sus hombres eran buenos hombres, fieles lobos de mar que no desobedecerian ni traicionarian sus ordenes aunque fuera bajo amenaza de tortura. Corriendo como una centella, atraveso el navio entre gritos de los demas piratas, algunos de rabia, otros de jubilo, consiguendo llegar hasta cubierta para comprobar que diablos estaba sucediendo y quien era el desdichado que se atrevia a bombardear el buque del mismisimo Barba Blanca.

-¡¿Que es todo esto?- En cuanto arramplo en cubierta, el segundo comandante grito para hacerse oir entre tanta marabunta y aullido, logrando miradas sorprendidas, otras aliviadas de los que pertenecian a su propia division e incluso, algunas, reprochandole su tardanza. Observo atentamente como la superficie del navio se habia transformado en una autentica marea humana de tripulantes dispuestos a la guerra, comenzando ya a asomarse a las barandillas para, paladeando la polvora, la muerte y los golpes, mirar fijamente hacia el enemigo con las expresiones mas terrorificas que un pirata puede poseer.

-¡Nos atacan!- Escucho decirle a gritos a uno de sus subordinados, provocando que el joven comandante se pusiera en camino veloz para unirse a su division. El ruido era ensordecedor, los cañones andaban listos, los cuchillos ya silbaban en el aire por la impaciencia de sus portadores. Todo estaba preparado para hundir el navio rival.

-¡Uh! ¡Gran genio!- Thatch andaba cerca, pudiendo Ace oir una de sus sarcasticas bromas perfectamente tras aquella contestacion evidente de su subordinado. Con una sonrisa inevitable, el muchacho pirata se adentro en la marabunta amenazadora, posicionandose veloz lo mas cercano que pudiera a su aglomerada division para, sintiendo la adrenalina apoderandose de su sangre, asomarse el tambien a la barandilla. Pronto le hicieron hueco, contemplando al enemigo con expresion espectante e impaciente, sintiendo al guerrero del mar que llevaba dentro y que rogaba por salir.

-¡Maldita sea!- Grito con furia pero deseos de lanzarse cuanto antes al barco contrario, subiendo un pie en la barandilla de madera y ayudandose con una mano para mantener el equilibrio. -¡¿Por que leches nos estan atacando los piratas del Olonés?- Confuso y con la ira rascandole las piernas, que rogaban por saltar, Ace contemplo la insignia del barco pirata atacante. -¡Crei que teniamos un pacto!- Ese era el trato. Ellos se mantenian pacificos, y el capitan Jean-Francisc "El Olonés" les permitia cruzar su territorio sin percances de por medio. Sin embargo, alguien no parecia de acuerdo con el plan en su etapa final.

-¡Lo teniamos!- Escucho gritar a Thatch quien, cercano frente a su propia division, amalgamada con la suya al igual que todas, se mantenia tambien sobre la barandilla con una sonrisa. -¡Pero parece que no les caemos tan en gracia como creiamos!- La carcajada jocosa del cuarto comandante era inconfundible, disolviendose rapido entre la del resto y sus aullidos de guerra.

-¡Comandante!- Uno de sus subordinados cercanos vocifero su cargo, haciendo que Ace tuviera que girarse un segundo. -¡Se estan acercando!- Era cierto. El muy maldito del Olonés creia tenerlas todas consigo, navegando cada vez mas cercano sin miramientos ni preocupaciones de ninguna clase.

-¡Arrogante del demonio!- A Ace aquello le enfurecio, queriendo abrasar, degollar y reducir a cenizas todo aquel maldito barco con cada tripulante dentro. Era el colmo de la arrogancia. Atreverse a atacar mediante grotescos cañonazos a la tripulacion mas fuerte del mundo no traia consecuencias agradables, sabiendo Ace seguro que cada uno de sus compañeros sentia exactamente lo mismo que el. -¡Nos ha traicionado!- Ya iba a saltar, que sentia al enemigo lo suficientemente cerca como para alcanzarlo facilmente, provocando que toda su division estallara de impaciencia y ansiedad ante la lucha cercana.

-¡Espera, maldita sea!- Sin embargo, la voz de Marco, que tanto respeto imponia entre la tripulacion pirata, le hizo desistir, sabiendo que en aquella circunstancia dejaba de ser amigo para transformarse en evidente superior. -¡Espera la puñetera orden!- Tragandose la colera infernal, los nervios y las ganas por volverse un animal salvaje y arramplar con todo, Ace tuvo que cesar su intento de batalla.

-¡Si yo te entiendo, Ace!- Thatch y su tono jocoso y burlon, que nunca le abandonaba. -¡Pero mami es demasiado cruel!-

-¡Vete al infierno, Thatch!- En situaciones como aquella, Marco no se andaba con rodeos. En pie a diferencia de los otros dos, mucho menos serenos y mucho mas impulsivos, el primer comandante esperaba serio y dispuesto a cualquier cosa pegado a la barandilla cargada de personas armadas, contemplando al enemigo y condenandolo a sufrir la peor de las desgracias.

-¡Tranquilos, muchachos!- Se giro el cuarto comandante, dirigiendose a su division. -¡Esta batalla esta ganada! ¡Son temerarios, incautos, estupidos y mucho mas feos!- Ante la broma todos estallaron en las risotadas de turno, provocando que Thatch regresara su atencion sobre el enemigo con satisfaccion total.

-¡Llevemonos la cabeza del Olonés!- Uno de los tripulantes vocifero con voz ronca de cruel pirata, provocando un estallido general de gritos de guerra, alzamientos de armas y aullidos presos de loca adrenalina.

-¡Su cabeza!- Al segundo grito pidiendo la nombrada cabeza del capitan rival, las divisiones comenzaron a descontrolarse poco a poco, empujandose entre ellos y arrinconandose aun mas contra la barandilla, contagiando e innundando el ambiente de aquella tension y ansiedad por la sangre.

Uno de los cañones del barco del Olonés estallo de nuevo, pudiendo Ace incluso oler la polvora humeante antes del impacto.

Esta vez, el choque fue mucho mas sufrido que el resto debido a encontrarse en el exterior, zarandeandose el barco con violencia extrema. Algunas de las tablas saltaron, astilladas, volando por los aires frente a las narices de los piratas de Barba Blanca e hiriendo a mas de uno de los nombrados.

-¡Hijo de puta!- Escucho el segundo comandante mientras luchaba por mantener el equilibrio a alguno de su division.

-¡Hundamos su maldito barco!- Un pirata justo a la espalda de Ace vocifero con rabia, elevando su cuchillo en el aire y provocando que el muchacho no pudiera evitar una sonrisa hasta divertida.

-¡Llevemonos su oro junto a su cabeza!- Ace penso satisfecho que sus muchachos parecian aun mas emocionados, valientes rufianes del mar dispuestos a cometer cualquier a atrocidad. En tension total, subido a la barandilla mientras el barco trataba de recomponerse del ultimo impacto, Ace no pudo evitar apretar el agarre de su mano sobre la madera con fuerza. Estaba nervioso, con la violencia trabada entre las manos y el cuerpo que, casi por si solo, parecia que le ardia a pesar de que no andaba cubierto de sus fieles llamaradas. Sonrio, con fuerza, instintivamente peligroso.

-¡Espero que tengan esclavas!- Un escalofrio desagradable y repentino recorrio la espalda amplia del segundo comandante cuando escucho aquellas palabras de uno de sus hombres, sorprendiendose de si mismo debido a haber oido antes atrocidades mucho mas nefastas al borde del Moby Dick sin inmutarse.

Entonces, toda la furia, aquella colera atrapada en su garganta, el cuerpo ardiendo por dentro y las piernas que picaban de impaciencia, estallaron.

-¡Maldita sea!- Sin mas, Ace se agarro a una soga cercana, reajustando el agarre al rededor de su muñeca con intencion inminente de saltar a cortar gargantas y reventar rostros. Ciego de ira por no sabia exactamente que motivo, el joven comandante se irguio sobre la barandilla abarrotada, manteniendo el equilibrio para lanzarse, cuanto antes y sin esperar un segundo mas, a la batalla brutal que andaba a punto de desarrollarse. Su division estallo de jubilo, demostrandole que lo seguirian hasta las puertas del infierno si era necesario. Ace considero aquello como una luz verde para comenzar.

-¡Portgas!- La voz de un Marco furioso y colerico le llego vaga y lejana debido a los gritos ensordecedores de sus muchachos, decidiendo el segundo comandante que la ignoraria. Ya no aguantaba mas. -¡Espera la puta orden!-

Ace tenso la soga resistente apresada bajo su agarre, coloco las piernas en posicion, y se dispuso a impulsarse al vacio.

Sin embargo, una voz le impidio continuar.

-¡Olonés!- El grito largo, vociferante, que haria temblar hasta al mismisimo diablo, provoco que absolutamente toda la tripulacion se sumiera en un silencio total y repentino, girando cada uno de los presentes la cabeza para contemplar a la mayor figura de respeto. El capitan, el padre, el rey de los mares estaba en pie, tras la marabunta humana en la que ahora consistian sus hijos, observando al enemigo con la expresion mas terrorifica del planeta. -¡Maldito traidor sin orgullo!- Seria imposible que el aludido no le escuchara. La profundidaz y potencia de la voz del mismisimo Barba Blanca era inimitable, haciendo estremecer a sus muchachos de admiracion, y a sus enemigos de terror.

Ace, al igual que todos sus compañeros, que ya no habia comandantes ni rangos en presencia de Padre, sintio la adrenalina atacando con mas fuerza, atento y estatico sin embargo ante semejante figura de respeto total.

El viejo y temible Barba Blanca golpeo el suelo de madera con su arma.

Todos, conteniendo el aliento, esperaron.

Y el viejo y temible Barba Blanca sonrio aterradoramente.

-¡Arrastremos ese barco hasta el fondo del mar!- Y, sin mas, el gigantesco e imponente capitan grito casi con tanto jubilo como sus polluelos tras aquellas palabras.

Ahora si habian recibido la puñetera orden.

(Cambio de escena)

Ace ya se lo sabia de memoria y, aun asi, le encantaba.

Parecia que habia nacido para ello, arramplando salvajemente en aquel barco enemigo al igual que todos los demas. Al sonido de los cañones rapido lo sustituyo el de los alaridos de dolor, los gritos de guerra, las ordenes a voces que nunca eran del todo obedecidas y las risas terrorificas de los que, como el, lo disfrutaban en serio.

Sin embargo, Ace preferia normalmente permanecer en silencio, concentrado, para sentir asi el instinto de supervivencia en todo su esplendor, aquello mas primitivo del ser humano apresando su cerebro y todo su cuerpo. No habia nada mas peligroso que semejante posesion pero, a la vez, era fascinante. Era como volver a ser animal, a ser salvaje pero manteniendo la razon minimamente, escuchando las voces, los estallidos y golpes. Oliendo la sangre, la polvora, el sudor y el odio del contrincante. Viendo las expresiones amenazantes y firmes, las manos grandes que sotenian sus armas con fuerza. Sintiendo las heridas de sus subordinados tanto como las suyas propias, la fuerza de algun golpe bien dado directa al rostro... Para despues recuperarse a la velocidad de la luz y tomar terribles represalias contra aquel que se atreviera a tocarle tanto a el como a los suyos.

Con el capitan a su lado, la cosa fue mas rapida y sencilla, al igual que aun mas violenta y peligrosa que de costumbre. El viejo lobo de mar se habia tomado la situacion como personal, evidentemente, batallando junto a todos sus hijos y aniquilando a cualquier alma en pena que tuviera valor suficiente como para tocarles un solo pelo de sus bonitas cabezas.

Eran uno porque, en la familia de Barba Blanca, cuando hay que luchar, se lucha, y se lucha olvidandose del individualismo para centrarse, tan solo, en el instinto colectivo mas espartano y antiguo del mundo.

Ese era el secreto. La solucion a la pregunta de que, quitando el hecho de su fuerza mayor y el enorme poderio de cada tripulante, la victoria anduviera siempre junto a ellos. La victoria, gran adoradora de los colectivos, siempre refleja luz sobre aquellos quienes eligen la union en lugar de la suerte.

La batalla fue ganada desde el principio, a pesar de que el Olonés y los suyos parecieron no andar en sus cabales, lanzandose a la ofensa suicida durante demasiado tiempo. Al final, quedaron pocos, murieron muchos, otros cientos fueron vencidos con facilidad, para darse a la fuga vilmente el capitan y sus supervivientes.

Presos de la colera y la guerra, que arranca corazones o bien los inunda de violencia, los piratas de Barba Blanca trataron de impedir semejante huida cobarde, odiando la arrogancia del Olonés que se habia atrevido a declararles batalla para decantarse por largarse en el mejor momento.

Sin embargo, la cosa les salio a pedir de boca a los muy malditos, logrando el cometido veloz para desaparecer entre las aguas mediante botes y demas vehiculos de repuesto, provocando que la tripulacion ganadora estallara en gritos y ataques esquivados por los perdedores mas por pura suerte que habilidad.

La batalla habia concluido pero, sabian cada uno de ellos, no quedaria asi.

Porque nadie traicionaba a la familia de Barba Blanca y vivia para contarlo. Mas tarde o mas temprano, no quedaria una cabeza sobre su cuello.

Finalizada, por tanto, su lucha, el joven Ace junto al resto de la tripulacion regresaron al colosal navio, contentos al comprobar que no habia ninguna baja pero iracundos por la fuga. Enseguida, cada cual comenzo a hacer sus tareas pertinentes en casos similares, haciendo recuento de los daños, recuperando a los heridos o bien, simplemente, celebrandolo salvajemente mediante gritos, carcajadas y exclamaciones de triunfo.

Por su parte, a la cabeza del segundo comandante regreso aquella extraña prioridad que tan freneticamente le habia poseido al inicio del bombardeo, comenzando a atravesar el barco, lleno todo de barullo y movimiento, para dar con su preocupacion instintiva y constante en cuestion. Habia sido una batalla extraña a pesar de todo porque, aunque Ace habia dado cuanto tenia y se habia sumergido de lleno en aquel extasis primitivo, la prioridad maldita no desaparecio de su cabeza, resultandole tanto un problema como un incentivo.

Un problema cuando se noto distraido por ello, un incentivo cuando recordo que debia evitar, a toda costa, que el enemigo pusiera un solo pie en el barco.

Sin embargo, por el momento Ace decidio no continuar dandole vueltas, eliminando la distancia mediante veloces zancadas mientras el resto corrian a igual velocidad pero, desde luego, con objetivos muy distintos. Llego hasta el lugar donde recordaba haberla dejado, topandose de lleno y para su suerte con aquel subordinado a quien se la habia cedido bajo custodia.

-¿Donde esta?- Apenas si le presto atencion, en realidad, buscando Ace con la mirada la figurita de pequeñas proporciones femeninas.

-¡Ah, si!- Dijo su subordinado, quien se habia perdido la batalla, con un respingo fiel, decidiendo no hacer preguntas a su comandante al respecto sobre el porque de semejante reaccion de proteccion desesperada. -Por aqui.- Sin esperar mucho mas, aquel hombre se dio la vuelta, comenzando a caminar a prisa al ver que su comandante lo seguia con nerviosa rapidez.

Llegaron a una habitacion cercana, un camarote desconocio y de aspecto comun, que demasiados tripulantes habia a bordo del Moby Dick como para que Ace y el resto reconocieran el de cada uno de ellos. La puerta estaba abierta y, por tanto, el segundo comandante, cubierto de sangre tanto propia como del enemigo, rasguños y heridas de guerra, entro directo sin esperar indicacion alguna. Reviso los alrededores con nerviosismo y creciente preocupacion, que hasta que no lo comprobara por si mismo no se quedaria tranquilo, para toparse con nada. Entre molesto y confuso, le dirigio una miradita rapida a su subordinado que, tras el, se habia mantenido en la puerta del camarote.

-En el armario.- El tipo señalo el mueble en cuestion, respondiendo a la pregunta que los ojos de su comandante acababan de hacerle. Sin embargo, la reaccion no fue la que esperaba.

-¡¿La has metido en el armario?- Grito Ace entre incredulo y furioso, comenzando a acercarse a su subordinado de manera peligrosa. -¡¿Como se te ha ocurrido semejante estupidez?- Y es que Ace, debatiendose entre las ganas de comprobar su estado y golpear a su estupefacto subordinado, temio horriblemente que con el zarandeo y los cañonazos el armario hubiera resultado mas una amenaza que una salvacion.

-¡Dijiste que la escondiera por ahi!- El pobre hombre elevo sus manos en señal de defesa, contemplando la expresion iracunda de su superior. Dispuesto a continuar con aquella discusion, Ace abrio la boca, pero rapido recordo que tenia una prioridad que atender y comprobar. Con un bufido de molestia absoluta, se giro para continuar su camino, dirigiendose directo al mueble en cuestion.

Bajo la atenta y confusa mirada del otro, que no comprendia a que venia tanto jaleo por una misera y pequeña esclava, el joven pirata abrio la puerta del armario de par en par, analizando rapido el interior ahora iluminado por la propia luz del camarote.

La vision de su esclava Ifára le dio la bienvenida, encontrandosela en pie, cubierta con sus brazos en pleno estado de panico mientras se mantenia arrinconada contra la pared de aquel recobeco estrecho. Parecia ilesa, aunque temblaba incontrolablemente y resulto estar, todavia a pesar de que habia finalizado la batalla, llorando silenciosa y aterrada.

Cuando, por fin, pudo comprobar el estado de su prioridad instintiva, Ace creyo que se desmayaria de alivio.

Sin embargo, lo mas extraño y desconcertante de todo llego cuando, con un violento respingo en cuanto sintio la luz golpeandole bajo los brazos que usaba como defensa, Ifára se lanzo sobre el sin pensarlo ni un segundo. La chiquita le abrazo con fuerza, agarrandose a su cintura en un desesperado intento por buscar proteccion, habiendo estado sola, a oscuras, escuchando el estallido de los cañones y sintiendo entre aquellas paredes estrechas los zarandeos constantes del navio.

Ace supo que, en semejante circunstancia, la muchachita se hubiera lanzado a los brazos de cualquiera, sintiendola completamente temblorosa, tensa y aterrada a la vez que sus lagrimas andaban mojandole el pecho pintado con algunas manchas de sangre y polvo por las caidas. No estaba acostumbrado a las muestras de cariño, menos aun de manera repentina como aquella y mucho menos tan desesperadas por su persona, asi que le costo reaccionar, dejandose abrazar sin corresponder demasiado a su demanda de resguardo.

Entonces, mientras ella lloraba y temblaba tan sumamente cerca, al olor de la sangre lo sustituyo el del cabello de Ifára, al sonido de los cañones y los gritos, el de los sollozos ahogados de Ifára, y a la sensacion de los golpes sobre la piel, la del cuerpo calido y fragil de Ifára.

Ace lo reconocio como algo nuevo, pero agradable.

Suspiro, en calma por fin, notandola agarrarle todavia desesperada, presa la pobre de un ataque de nervios por el miedo y tanto movimiento, que no debia ser demasiado valiente. A esto debio sumarsele el hecho de que pareciera vivir continuamente en un estado de terror, penso Ace, cerrando los ojos un segundo con alivio y serenidad para, finalmente, corresponder al abrazo suavemente, contrastando con el tan desesperado y tembloroso de ella.

-No vale tanto dinero.- Dijo su subordinado, que habia permanecido como espectador de la escena de salvamento entre desconcertado y receloso. Por su parte, Ace se limito a dedicarle una miradita rapida de disgusto por romper la magia de aquella sensacion que tan sublime e hipnotizante se le habia hecho, decidiendo que preferia andar pendiente de la niña llorosa y traumatizada que se agarraba a el con fuerza, escondida en su pecho.

Para cerciorarse un tanto, no pudo evitar separarla un minimo segundo, acogiendo su carita lacrimosa bajo sus manos para revisar el rostro bonito. Sus ojos bicolores le miraron aterrados y suplicando ayuda, que no era ella amiga de la guerra como el, mientras los de Ace repasaron cada faccion y milimetro de piel de su carita.

Estaba bien.

Una vez separo sus manos, viendo que las piernas de Ifára parecian temblar tan fuertemente como todo su cuerpo, simplemente tironeo de su cintura, provocando que ella instintivamente se agarrara a su cuello para ayudarle con la tarea. El joven Ace la cogio en brazos como una niña, siendo su peso tan escaso por la delgadez aun enfermiza de la que era presa, notando como las piernas debiles y ahora torpes de ella se enrollaban alrededor de su cintura. Ifára, una vez se sintio a salvo del todo, simplemente se dejo manejar, escondiendo la cabeza en su hombro para apretarse con fuerza.

Y, sin mas, Ace se dirigio directo hacia la puerta del camarote con su cargamento femenino, no sin antes dirigir sobre su subordinado una miradita despectiva.

-Idiota.- Le dijo, comenzando a caminar hacia el pasillo directo a su propia habitacion para dejarla alli, tranquila y protegida. El pobre insultado aun no salia de su asombro, no comprendiendo el semejante cosa, mucho menos por una niña esclava en la que ni un centavo se habian gastado. Ace, quiza en otra circunstancia, tampoco lo hubiera entendido. Ahora tampoco lo hacia, pero simplemente le salia solo y, chico impulsivo como era, no iba el a negarle nada a su parte mas instintiva.

No habia sin embargo atravesado el pasillo ni tres metros, cuando una voz le hizo detenerse en seco.

-¡Ace!- Ese no era un subordinado, era la voz de Marco, provocando que el muchacho no pudiera evitar recordar incluso con gracia como lo llamaba por el apellido siempre en momento de guerra. -Padre quiere hablar contigo.- Eran palabras mayores, asi que Ace no pudo continuar su camino sin mas.

-¿Ahora?- Sin girarse si quiera, notandola todavia temblando y estremeciendose al menor ruidito, el segundo comandante cuestiono levemente molesto.

-Si, ahora.- Pero el sonido imperante y claro, aunque levemente compasivo ante semejante escena emotiva, le dejo claro que no podria librarse esta vez.

Ace necesito un par de segundos de reflexion. No era un buen momento, Ifára todavia no habia dejado de llorar.

Pero se trataba de Padre.

-Dile que enseguida estoy con el.- Y sin mas, reajusto el agarre que mantenia sobre la niña, caminando veloz hacia su destino para, al menos, dejarla alli y no abandonada en semejante estado por los pasillos.

-¡¿Adonde vas?- Curioso y a gritos, la voz del primer comandante le volvio a llegar mientras andaba.

-¡A dejarla en mi camarote!- Dijo Ace, desapareciendo en la primera esquina.

Y Marco, suspirando, parecio incluso agradado con semejante respuesta.

(Cambio de escena)

-Me han dicho que estas algo descontrolado ultimamente.- Barba Blanca no parecia molesto por ello, mas bien preocupado, observando a su joven hijo sentado frente a el.

-Ya... - El joven Ace chasqueo la lengua con la miradilla perdida entre los tripulantes que, tras la lucha, pululaban por la cubierta haciendo sus tareas. Penso molesto en quien habia sido la sabandija que le habia ido con el soplo al capitan, llegando a la conclusion de que nunca tendria manera de saberlo. Padre no soltaria prenda y, evidentemente, el culpable del chivatazo tampoco.

-¿Por que?- Aquel aura imponente le hizo sentirse obligado a mirarle a los ojos, que si habia algo que Ace respetaba por encima de todo, era el propio respeto.

-No estoy descontrolado.- Dijo el segundo comandante en su defensa, orgulloso como seria hasta el fin de sus dias. Cruzado de piernas sobre el suelo, frente a la mirada serena pero autoritaria del gigantesco capitan, Ace no pudo evitar llevarse una mano hasta el puente de su nariz para mesarselo. Le dolia la cabeza de tanta confusion en muy poco tiempo. Tanto cambio brusco y contraste repentino no podia ser bueno para su salud. -Estoy como siempre.- Pero no se lo creia ni el mismo.

-¿Estar dispuesto a saltar a un barco enemigo sin esperar ni una orden es estar como siempre?- Padre no parecia contento, mucho menos animado, inclinandose imponente sobre su colosal asiento para dirigirle una mirada tan molesta como preocupada.

-Yo... no fue... - Iba a decir que la situacion no habia sido exactamente esa, pero rapido se contuvo. Nunca fue gran mentiroso, mucho menos podia serlo jamas con su adorado y admirado padre mirandole de aquella manera directa y adivinadora, que parecia poder leer en cada celula de su cuerpo. -No es tan sencillo, Padre.- Suspiro finalmente, encogiendose de hombros y deseando que lo dejaran en paz.

-Ace... - Por fin, el enorme capitan suspiro pesadamente, dirigiendose hacia su hijo en plena actitud de paternalismo didactico. -Siempre has sido un niño impulsivo... mucho, a veces demasiado. Pero respetuoso para con tus superiores... Y responsable de los tuyos.- Esa ultima frase no le gusto un pelo al regañado, que no pudo contener un fruncimiento de su ceño.

-Soy... - Pero su padre lo interrumpio.

-¡Lanzarse a la batalla temerariamente, sabiendo que van a seguirte tus hombres, no es ser responsable!- Estallo Barba Blanca con decepcion, sintiendose rapidamente mal en su interior por, quiza, andar siendo demasiado duro. Eran sus muchachos, sus hijos y, al fin y al cabo, el tambien habia sido joven. Ademas, Ace siempre seria un niño complicado, que tenia un pasado demasiado abrupto y una sangre demasiado problematica.

-Lo siento.- Se sintio culpable, molesto consigo mismo y mezquino. Solo alguien como Padre podria conseguir algo asi.

-Lo se.- Seguro de sus palabras, el imponente y temible capitan asintio, observando a lo lejos como sus pequeños piratillas correteaban de un lado a otro con fines de recomponer el barco dañado. -Pero podria haber tenido graves consecuencias. Lo sabes ¿Verdad?-

-Si, Padre.- Suspiro Ace, entre cansado y culpable.

-Son tus subordinados, tus seguidores, tus compañeros, algunos tus amigos... - El viejo capitan se inclino aun mas, dispuesto a enseñar a uno de sus hijos perdidos una leccion irrefutable e inamovible. -Pero, ante todo, son tus hermanos.-

-Soy un buen comandante.- Ace se habia visto obligado a decirlo, pensando con horror que su padre andara realmente decepcionado tanto con el como consigo mismo por haberle designado tal responsabilidad.

-No me malinterpretes, Ace... - Sincero y serio, el viejo capitan continuo ante la expresion melancolica e insegura de su joven hijo. -Eres un buen comandante. Se que eres un buen comandate.- Y el muchacho pirata, que tan niño y mocoso se sentia frente a su temible capitan, noto una tremenda sensacion de bienestar tras oir decir aquel reconocimiento. -Por eso me pregunto ¿Que te paso?- Al parecer, a pesar de aquel cumplido, Barba Blanca no andaba satisfecho del todo.

Realmente, ni el sabia la respuesta exacta, abriendo la boca un segundo para volver a cerrarla. Chasqueo la lengua, evitando nuevamente el contacto visual. No podia escapar de aquello y, teniendo a su padre justo frente a sus narices, contemplandole expectante en espera de una respuesta tranquilizadora, provoco que no tuviera mas remedio que confesar.

-Escuche... escuche algo.- Dijo Ace incluso con dolor, llevandose una mano fuerte a la frente para atravesarla despues por el cabello oscuro y despeinado. Definitivamente, era muy confuso, recordando aquel momento en que una simple frase, oida en otras visperas de batallas o incluso de peores maneras, le habia arrancado tal arrebato de colera impulsiva. -Algo que no... - Nuevamente, la voz del subordinado culpable con su tono lujurioso, refiriendose a la idea gustosa de que los enemigos poseyeran esclavas para tomarlas de la peor manera, provoco que la ira se atorara justo en su garganta. Gracias al cielo que la figura de Padre siempre controlaria cualquier impulso. -No se que me paso.- Era cierto, ni el lo sabia. -Pero me enfureci.- Se enfurecio y quiso pagarlo con el enemigo.

-Ya veo... - Padre no cuestiono ni pregunto por la frase maldita que habia provocado semejante arrebato en su joven comandante, decidiendo al parecer que ni habia necesidad ni era de su incumbencia. -Creo que... necesitas desaparecer de aqui un tiempo.- Aquello si que lo dejo medio muerto.

-¿Que?- Incredulo ante semejantes palabras de su padre, Ace abrio los ojos con desagradable sorpresa, deseando que sus oidos no funcionaran correctamente.

-Quiero que la segunda division vaya tras el Olonés.- Pero Padre no parecia estar bromeando ni haberse equivocado, sonando de pronto tan imperativo como antes preocupado.

-¿Que? ¡¿Por que?- Llego incluso el joven comandante a gritar, estando tentado hasta de levantarse de su sitio.

-¡Necesitas un jodido desahogo, o yo que se!- Nuevamente, el capitan estallo un tanto ante el regañado muchacho, habiendo tomado ya una decision. -Ordenar las cosas en tu cabeza.-

-¡Pero... - Sin embargo, su padre volvio a interrumpir sus quejas.

-Te vendra bien. Y alguien tiene que cumplir con nuestra costumbre.- Aquella costumbre casi milenaria de acabar con cualquiera que se atreviera a tocar a uno solo de los miembros de su familia, incluido su hogar.

-¡Tardare meses!- Ace aun no lo habia asimilado del todo, poniendose en pie finalmente para, incredulo y estupefacto, dirigirse a su padre en pleno estado de tension.

-¡Tardaras lo que tengas que tardar, Ace! ¡Y no me cuestiones!- Sin embargo, Barba Blanca era un padre, uno casi tan tozudo y orgulloso como sus hijos.

-¡¿Me esta castigando?- Simplemente, no lo podia creer. Tampoco habia considerado su accion como digna de semejante represalia.

-¡No, Ace! ¡Te estoy dando un tiempo para que te calmes!- Barba Blanca tambien se puso en pie, imponiendo toda la autoridad de la que gozaba en aquel navio y gran parte del oceano.

-¡Padre!- Por ultima vez, su capitan y figura de total respeto le interrumpio.

-Es una orden.- Ante semejante imperativo del padre sereno, convencido y firme, Ace estuvo seguro de que no tendria escapatoria posible a tal orden, o castigo ejemplar. -Mañana os quiero a ti y a los tuyos fuera del barco.- Fin de la discusion.

-Si, Padre.- Y entre dientes, conteniendo la frustracion y las ganas de cuestionar cada una de las palabras de su capitan, el joven comandante asintio. Por su parte, Barba Blanca suspiro, pareciendo algo disgustado por haber perdido los estribos de vez en cuando durante la conversacion problematica.

-Puedes irte, Ace.- Dijo su capitan serenandose nuevamente, indicandole a su obstinado hijo que podia marcharse.

-Gracias, Padre.- Aunque no sabia que debia agradecerle en este momento. Comenzando a resignarse, el segundo comandante se levanto de su sitio, seguro de que no habria posibilidad alguna de esquivar la orden de aquella gigantesca figura de respeto. Con pasos pesados y lentos, que a la furia la andaba sustituyendo un tremendo sentimiento de cansancio, el joven Ace se dirigio directo hacia el interior del barco.

Habia sido un dia demasiado movido.

(Cambio de escena)

A medida que Ace se dirigia a su camarote, comenzo a recapacitar sobre la idea de largarse una temporada.

Quiza no fuera un plan tan pesimo como penso en un principio, en el cual su orgullo tremendo habia tomado parte en el juego ante el hecho de considerar aquello como un castigo. Como un ejemplo para el resto de sus hijos que, ademas de buenos chicos entre ellos, debian seguir sus lecciones.

Sin embargo, ahora que lo pensaba mas tranquilo y detenidamente, quizas estuviera bien. Necesitaba un descanso mental, ordenar las cosas en su cabeza, al igual que habia dicho su padre, y desahogarse notablemente con la batalla que mantendrian de nuevo contra el Olonés y sus supervivientes en cuanto los encontrara. Porque si, Ace estaba seguro de que daria con ellos y, asi, aniquilarian cada resto y pedazo del enemigo cobarde, siendo el problema mayor el tiempo que tardarian. El Olonés era buen navegante, mejor estratega que lo primero y, ademas, un tipo rastrero. Eso lo hacia de buena facilidad para el escondrijo, las fugas y tambien las emboscadas peligrosas, temiendo el segundo comandante este ultimo hecho debido a que, tanto el como los suyos, eran de una mayor impulsividad y solian funcionar por instinto.

Gracias al cielo que el instinto no le solia fallar nunca al joven pirata.

Rapido la noticia de su partida se habia extendido como la polvora, algun curioso de oido atento habria tomado parte anonima de la conversacion con su padre, provocando que durante el trayecto hacia su camarote varios compañeros le dirigieran miraditas extrañas. Algunas andaban compasivas, otras complices y, otras, tan resignadas como el mismo. Los de su propia division, que comenzaban a desaparecer dentro de sus camarotes para organizar y poner en orden las cosas antes de zarpar, se le hicieron incluso emocionados por la aventura venidera, que hacia mucho que no salian ellos solos a cumplir un encargo guerrero. Ace, como portador de una comandancia sobre sus hombros, ya habia viajado en soledad junto a sus secuaces a semejantes mandatos o simplemente en manera de negociador. Normalmente, en este ultimo caso, sabiendole impulsivo y de trato dificil, solia acompañarle otra division con su lider correspondiente.

Sin embargo, esta vez se lo habia tomado demasiado a pecho, sintiendose infantilmente reprendido y castigado, que sus hombres no sentian lo mismo y parecian, aparte de hasta animados con la idea, incluso indiferentes a ello. Habia que cumplir con una mision y, por suerte o desgracia, les habia tocado a ellos semejante obligacion inamovible para mantener el honor tanto de su tripulacion como de su padre.

El honor era demasiado importante como para ignorarlo. Era un asunto superior.

Chasqueando la lengua silenciosamente, el joven Ace abrio la puerta de su camarote para poner el tambien todos sus asuntos en orden, pensando que poco o nada necesitaba el llevarse que tan acostumbrado estaba a vivir de manera precaria.

La imagen calmante y suave de Ifára, sentadita sobre la cama con las rodillas flexionadas hacia el pecho le hizo sentir bien, como siempre ultimamente, llegando a la conclusion de que no le apetecia tanto marcharse como normalmente. No se entendio a si mismo.

Quiza si necesitaba un descanso y poner las cosas en orden en su cabeza.

El viaje le vendria bien.

En cuanto escucho el sonido de la puerta abriendose, Ifára dio un botecito, elevando la cabeza para curiosear la presencia del recien llegado a la estancia.

-Hola.- Le dijo Ace con una sonrisa rapida y cordial. Nada nuevo, simplemente, una expresion formal pero amable de saludo. Ifára no contesto, limitandose a sonreirle tambien de aquella manera cerrada y nerviosa, deshaciendo veloz su actitud para, aun no recompuesta del todo, abrazar sus piernas y apoyar la barbilla de nuevo sobre las rodillas. -¿Como estas?- Ella, ante la pregunta, se meso un poquito la pantorrilla, razonando la respuesta.

-Bien.- Contesto con su voz suave. Era mentira, Ace pudo notarlo, sabiendola ya seguro de susto demasiado facil. Pero estaba ilesa y se le pasaria pronto.

-¿Sabes?- El segundo comandante cerro la puerta finalmente, apoyando acto seguido la espalda contra la madera fresca para encararla resignadamente. -Voy a tener que marcharme... - E Ifára volvio a levantar la cabecilla, entre confusa y preocupada. Penso en llevarsela consigo, pero rapido cayo en la cuenta de que aquello no ayudaria a su estado mental actual, mucho menos podria la chiquilla debatirse a gusto entre tanto animal dispuesto para la batalla y la muerte. No era una buena idea. -Sera un tiempo... corto.- Aunque Ace no sabia lo que tardaria exactamente. Dependia de la suerte y la habilidad tanto de los suyos como de los contrarios. -No te preocupes, le dire a Marco que este pendiente.- Ante su expresion y silencio tenso, el joven pirata se vio obligado a dotarla de una proteccion, que no es buena noticia para una esclava el quedarse abandonada a su mala suerte y mercez de cualquiera. -El cuidara bien de ti.- De eso, tanto Ace como Ifára estaban seguros.

Finalmente, Ifára asintio mas tranquila, y Ace envidio secretamente a su amigo y compañero.

-¿Puedo preguntar algo?- Timida y nerviosita, que aun todavia no se atrevia a tomarse la autoridad del otro a la ligera, Ifára pidio permiso para resolver sus dudas.

-Claro.- Y Ace probo a sonreirla tranquilizador, que aquellas muestras de respeto excesivo comenzaban a gustarle cada vez menos. Definitivamente, todo se estaba volviendo demasiado extraño.

-¿A donde... - La chiquita apreto el abrazo sobre sus piernas un poquito mas fuerte, evitando el contacto visual para clavar la mirada sobre sus pies pequeños. -¿A donde vas a ir?-

-A matar al Olonés.- Dijo Ace seco, conciso y claro. Ante semejante respuesta sin anestesia, Ifára le dirigio una miradita rapida entre horrorizada y asustada con la idea, decidiendo pronto que poco podia ella hacer y limitandose a permanecer en silencio. Veloz, Ifára asintio resignada, regresando su atencion sobre los pies descalzos.

Ace decidio analizarla un par de segundos, accion que tanto le agradaba, revisando la piel fina y ligeramente morena, los ojos dulces y bicolores perdidos sobre la colcha ahora y las manitas pequeñas, pero elegantes, agarrando sus piernas delgadas. Le parecio presa de sus propios pensamientos y preocupada, deseando internamente que aquellos sentimientos fueran por su persona y su estado durante el viaje. No podia saberlo. Es mas, Ace incluso dudaba de que ocurriera esa ultima y bonita opcion, pero por soñar un poco no pasaba nada. Le hacia sentir bien.

Respiro hondo, separando la espalda de la puerta fresca para, con pasos tranquilos pero decididos, sentarse en la cama junto a ella. Rapida, Ifára le hizo sitio tensamente, nerviosa tanto con la cercania como por el lugar en el que habia decidido el otro acomodarse tambien.

Haciendo caso omiso de aquello, que como siempre andaba funcionando por instinto, el segundo comandante decidio analizarla mas de cerca que nunca e Ifára evito el cruce de sus miradas, pero le dejo hacer cuanto quisiera. Mas perdido en sus propios pensamientos que al principio, el joven Ace analizo ahora las mejillas, ligeramente hundidas por la delgadez, las pestañas azabache, espesas y rizadas, la nariz pequeña y graciosa y los labios que, antes resecos y finos, comenzaban a tomar forma redondeada debido a la hidratacion y los buenos cuidados. Pero sobretodo su mirada dulce, que parecia tan cargada de compasion, comprension y nostalgia, incluso ahora que andaba tensa.

Sin mas, que suficientes confianzas se habia tomado y podia tomarse, teniendo en cuenta que la estaba contemplando fijamente justo a su lado, Ace le paso un brazo alrededor de los hombros pequeños y debiles con suavidad, notandola dar un leve respingo. Entonces, actuando por impulso y haciendo, como siempre, lo que le apetecia, el joven Ace acaricio su mejilla con el dorso de la mano grande, notando que la piel de su carita era tan suave como imagino mil veces. Ifára se tenso, nerviosa y no sabiendo que hacer ni como sentirse, tan perdida y confusa como el mismo. Estatica en su posicion, simplemente dejo que el otro mimara un poco la piel de su mejilla, contacto que, aunque inesperado y sorpresivo, si se le hizo agradable y llevadero.

Entonces Ace se acerco un poco mas, e Ifára tuvo que contener un respingo cuando sintio su respiracion calida sobre la mejilla libre.

-Canija... - Dijo suave y bajo, casi susurrando, provocando que Ifára se estremeciera un tanto no sabia si de miedo o agrado por aquella sensacion de calidez. -¿Puedo darte un beso en la mejilla?- Era una peticion inocente, conteniendo Ace en realidad y no sabia porque motivo un deseo mucho mas peligroso y desvocado. Sin embargo, aunque sabia seguro que podria haberlo cumplido, su cabeza y todo su ser le dijeron que no. Que bastaba con aquello.

Ifára trago saliva, entre nerviosa y confusa.

-¿M-me pides permiso?- Eso si que era sorprendente, no atreviendose sin embargo a mirarlo ante tal despliegue de repentina suavidad en una persona que jamas creyo como paciente o capaz de un trato delicado. No estaba acostumbrada a ello, mucho menos andaba segura de como interpretarlo, limitandose a dejarse acariciar y a permitir la cercania otro.

Por su parte, Ace no pudo contener una risita contra su mejilla.

-Es de mala educacion responder a una pregunta con otra pregunta.- Sin romper la caricia ni el abrazo, el comandante se apego un poquito mas, apretandola suave contra si mismo hasta un punto que considero como correcto y que no aumentara su miedo.

-Lo siento.- Se disculpo Ifára, aun perdida y confusa, dejandose hacer.

-Y ahora ¿Puedo?- Y aunque sabia que podria hacerlo de todos modos, Ace espero una respuesta de su parte que llevar a cabo.

Ifára volvio a tragar saliva, reflexiva y tensa, nerviosa pero no incomoda, sin embargo, asintiendo finalmente como afirmacion a aquella pregunta.

Sin esperar mucho mas, Ace hizo lo propio, besando la piel de la muchacha con cuidado. Era calida, aun mas suave bajo los labios y se sentia en exceso agradable. Alargo el contacto un poco mas de lo necesario, porque era una sensacion superior, sublime, teniendo sin embargo cuidado de no resultarle a la chiquita como un peligroso depredador.

Se trataba de un contacto facil, un beso inocente que no le traeria malestar ni daño a la muchachita. Esto ultimo era algo que ya no queria provocarle bajo ningun concepto.

Ace regreso a la realidad en el peor momento, separando su rostro del de ella con desgana y poca velocidad.

-Tengo que irme.- Dijo mas molesto que convencido, chasqueando despues la lengua resignadamente. -Hay mucho que hacer antes de irnos.- Ace no podia descuidar sus obligaciones por mucho que deseara hacerlo, por primera vez en su vida, ademas, retirando el abrazo tan lentamente como habia detenido el beso contra su mejilla.

Ifára, una vez se vio liberada, observo curiosa y perdida como el otro se levantaba de la cama, directo hacia la puerta. Sin embargo, no pregunto ni dijo una palabra al respecto.

Definitivamente, todo andaba demasiado desordenado, penso Ace, largandose del camarote antes de que ocurrieran cosas mas comprometidas o peligrosas.

A la mañana siguiente, temprano, tuvo que marcharse.

(Fin del capitulo)

Woooooooooooooooooooooooooh !

He terminado los estudios! Y hoy, a celebrarlo! Creo que pase la prueba y con buena nota, ademas *-*! Ya solo me queda esperar XD

Bueno, en cuanto al capitulo (No quiero tampoco contaros mi vida ajajaja) ha salido largo, lo se, pero era necesario para comenzar a colocar los bonitos pilares del romance complicado.

Mi prosa es un poco laberintica y dificil de seguir me parece . lo siento si os mareo mucho, pero es que soy realmente descriptiva ¿No creeis? u-u en fin, mi estilo es mi estilo y, bueno o malo, es el que tengo JUAS!

Un besazo y si! Soy rapida con los capitulos eh? ajajajaja (Lo vivo cuando escribo ¿Que le voy a hacer?)

Con amor gigante y universal:

Maddy