Habian pasado cuatro meses.
Cuatro meses lejos del navio cargados de caminatas, busqueda, bullas peligrosas con bandas enemigas y, tambien, algo de diversion y descanso de vez en cuando.
Si no se habia recorrido la maldita mitad del Grand Line tras aquella alimaña escurridiza del Olonés, diria entonces que bajara el diablo alli mismo para llevarse su alma cuanto antes. Pero el joven segundo comandante, Portgas D. Ace, y sus asalvajados muchachos habian cumplido con el cometido, no sin sufrimiento y cruenta batalla de por medio, para regresar final y satisfechamente a casa.
Durante los cuatro meses, Ace sin embargo no habia podido, por mas licor que bebiera y mas contrincantes que destrozara, olvidarse de aquella muchachita flaca y diminuta que habia rescatado de un recobeco plagado de cadaveres podridos. Era como una sensacion constante de sufrir de hambre y sed. Al principio, creyo seguro de si mismo que se le pasaria, que con la lejania y el viaje largo asi como entretenido, aquella prioridad y desagradable sensacion se marcharia tan prontamente como habia llegado.
Por desgracia, no habia tenido suerte y, a Ace, el recuerdo de los escasos dias compartidos con aquella chiquita esclava y silenciosa no le abandonaron jamas durante cuatro largos e intensos meses. Aquella sensacion metaforica sedienta y hambrienta no se le pasaba, confuso como estaba el en problemas de tematica similar al que padecia.
Durante el viaje, como el muchacho joven y de buen ver que era, Ace habia compartido mas de un momento apasionado e intimo con alguna que otra chicuela o mujercita, sabiendose gran amigo de revolver las sabanas junto al sexo opuesto. Los resultados no fueron malos, para nada, que semejantes diversiones siempre traen alegria y buen humor a los hombres de la mar. Los primeros dias, con el calor y la suavidad de la piel desnuda de un cuerpo femenino pegado al suyo, la sensacion de hambre se aliviaba enormemente y, aunque la sed continuara molestando, habia que reconocer que era un hecho bastante esperanzador ademas de agradable. Le hacia sentirse bien y lo entretenia.
Sin embargo, debio ser que andaba medio loco porque, a los dos meses, se descubrio a si mismo torturandose con el recuerdo vivo de Ifára. Sintiendose un masoquista y ablandado comandante, Ace continuo con su lucha contra aquel hambre y sed mediante la misma medicina. Como minimo, le hizo el amor a una mujer por cada puerto, golpeandose de bruces con la realidad cuando descubrio, pasados dos meses, que continuaba hambriento antes, durante, y despues del acto de falso amor. Muchacho obstinado como seria hasta el fin de sus dias, Ace se dijo en su orgullo que a el nadie le vencia, ni siquiera en sueños y recuerdos, tratando de ignorar el desagradable sentimiento de hambruna y deshidratacion para volverse aun mas tozudo en su remedio, que no le daba ya ninguna solucion.
Entonces, un dia en que andaba enredado entre las cobijas de una cama en compañia de no sabia ni que mujer, Ace tuvo que admitir y comprender demasiadas cosas complicadas. Su analisis y sorpresa total empezaron cuando se noto, pasados varios minutos, mucho mas meloso y delicado que de costumbre. Pero el realmente ni importancia le dio, razonando por instinto que aquello estaba bien, que era de necesidad mayor ser un chico dulce y que ella se lo merecia. Que tenia que ser bueno, cuidadoso de no hacerla daño o asustarla y buscar la satisfaccion y placer del contrario por encima de todas las cosas. Entonces, justo en aquel momento en el que Ace habia transformado aquella danza antes frenetica y salvaje en algo lento y cuidadoso, la mujer bajo su cuerpo ronroneo entre sus brazos.
Y, aunque habia sonado suavecita como la seda, Ace no pudo evitar detenerse en seco y abrir los ojos de par en par.
Debido a la evasion mental y de la logica por razones mas que evidentes, Ace hasta aquel momento no se habia percatado de que andaba imaginandose a otra persona.
Fue un momento entre aterrador y esclarecedor.
Llego Ace, por tanto, a la conclusion irrefutable de que estaba loco por Ifára.
Estaba loco por una esclava y no de una manera comun en su persona pues, apenas habiendo convivido una semana con ella y ademas largandose cuatro meses de viaje, continuaba en su cabeza vagando y poseyendolo en cada momento de flaqueza.
No sabia si era una buena noticia o una horrible, pero de que habia ocupado la mayoria de sus pensamientos constantemente durante la caza del Olonés, no tenia duda alguna.
Estaba loco por su esclava... Y no era el hecho en si lo que lo asustaba, si no lo problematico que podria volverse. Y que lo estaba convirtiendo en un tipo con dos caras y el comenzaba a no saber cual era la verdadera.
Justo en aquel instante, la joven entre sus brazos suplico que continuara, y Ace tuvo que dejar de pensar en nada porque, evidentemente, no iba a abandonarla asi, que la pobre no tenia culpa de nada.
Sin embargo, pasado aquel momento de pasion y llegado el dia siguiente, Ace no pudo quitarse de la cabeza el instante en el que se detuvo en seco por el shock ni su descubrimiento posterior.
Poco a poco, lo asumio, y la sensacion de hambre continuo siendo tan intensa como al principio... pero la sed se volvio insoportable. Esta ultima era aun mas terrible pues, por mas que bebiera, por mas mujeres que conociera en su sentido mas intimo y por mas que tratara una y otra vez, la sed lacerante y hasta dolorosa parecia haberse apropiado de su cuerpo para siempre.
Y de aquella manera, el joven comandante de la segunda division habia vivido los cuatro meses de busca y captura, regresando al colosal Moby Dick entre sediento y resignado con sus muchachos celebrandolo triunfantes. Ignoraron, en un principio, los animos y gritos de bienvenida de sus compañeros, a los que tanto hacia que ni veian, dirigiendose directos hasta el camarote de su viejo padre para terminar finalmente con aquella mision que tan larga se les habia hecho. La cubierta acabo plagada de personajes a cada cual mas jubiloso por el triunfo evidente de su segunda division, orgullosos del logro como si ellos mismos hubieran, tambien, participado. Sin embargo, los abrazos, bienvenidas y palabras de emocion por verles de nuevo, llegarian despues y eso todos lo sabian.
Por su parte, Ace y los suyos llegaron directos hasta la puerta del camarote del imponente padre, que por las horas deberia andar todavia alli metido, llamando a la puerta conteniendo la celebracion interna para mostrarse lo mas respetuosos y leales que la situacion les permitiera.
Y de aquella manera, nada mas llegar, bajo la atenta mirada de su idolatrado capitan, uno de los muchachos de la segunda division dejo caer sobre la mesa del camarote principal el contenido pesado de una bolsa negra.
Resono la cabeza del Olonés en cuanto se choco con la madera, dando una leve vuelta el resto mortecino para enseñarle a Barba Blanca su rostro sin vida, sangrante y de color azulado debido al tiempo que llevaba alli, metido en la bolsa negra.
Ante imagen semejante a primera hora de la mañana, el viejo capitan pirata no pudo hacer mas que levantar una ceja molesta.
-Joder, Rovlowski... - Dijo Ace chasqueando la lengua, retirando la mirada con asco y desagrado de aquella cabeza de aspecto para nada fresco. -No tires esa cosa en la mesa.- Por su parte, el pobre Rovlowski, culpable de que lo que quedara del Olonés anduviera por la mesa del capitan, se limito a asentir veloz para solucionar la imagen desagradable.
-Es igual.- Con un movimiento de la mano, sin separar la mirada de la vidriosa e inerte de su rival vencido, Barba Blanca hizo detenerse a aquel tripulante de la segunda division.
-Hemos cumplido, Padre.- Ace lo dijo seria y firmemente, permitiendo a su lado mas formal y leal salir a la luz. Sus muchachos, orgullosos, asintieron casi al mismo tiempo. -El Olonés y los suyos han muerto.-
-Oh, si. Vivo no esta, desde luego.- El capitan parecia entre molesto por haber sido sorprendido con una cabeza muerta a primera hora, y satisfecho con su segunda division al cumplir el encargo, admirando todavia aquel pedazo del cadaver. -Lo habeis hecho bien... ¿Alguna... baja?- E incluso con miedo ante la idea de perder a alguno de sus hijos, el gigantesco capitan cuestiono, no sin apartar todavia la mirada de aquellas facciones muertas y sangrantes.
-Ninguna, Padre. Hemos sido afortunados.- Contesto Ace como era su cometido ya que, al fin y al cabo, era el lider de aquella manada.
-No. Habeis sido habiles.- Finalmente, Barba Blanca aparto los ojos de aquel otro decapitado, dedicandole a sus hijos una expresion de serio orgullo que les hizo sentirse como los guerreros mas fuertes y valerosos del planeta. -Me siento orgulloso de vosotros.- Dijo el viejo y adorado capitan, mirando a cada uno de sus hijos detenida y largamente para que supieran, cada cual de ellos, que sus palabras eran ciertas.
-Gracias, padre.- Ace se sentia ahora mejor que nunca, satisfecho consigo mismo por haber logrado arrancar aquella expresion y reconocimiento a su padre y capitan. El resto de compañeros parecian andar con la misma alegria pero en silencio, limitandose a agradecerle a su superior total mediante una expresion animada y orgullosa.
-Y ahora ¿A que esperais?- Dijo Barba Blanca con un chasquido de la lengua, irguiendose tan gigantesco como era. -¡Largo de mi camarote e id a la cubierta, con el resto de vuestros hermanos!- Mas no tuvo que decir, saliendo disparados cada miembro de la segunda division, comandante incluido, hacia la puerta para poder al fin ser recibidos correctamente por los amigos y compañeros que habian dejado atras durante cuatro largos meses. -¡Ah! Y Rovlowski... - El aludido tuvo que detenerse en seco, dandose la vuelta sobre sus pasos mientras el resto de ellos lo esquivaba, presos de unas enormes ganas de ver caras conocidas y celebrarlo como animales. -Llevate esta... - Chasqueo la lengua Barba Blanca, buscando como denominar a la cabeza en cuestion mientras la miraba curioso. - ... esta cosa de mi mesa.-
Y obediente, el pobre Rovlowski asintio.
(Cambio de escena)
-¡Ace!- Dijo Marco en cuanto pudo hacerse un hueco entre la animada marea humana que recibia a sus heroes, abriendose paso a traves de la primera fila. -¿Como ha ido?- Con una sonrisa alegre pero serena, como siempre, el primer comandante logro llegar hasta su amigo y compañero, dandole un abrazo complice de colegas machitos cargado de palmadas sonoras en la espalda.
-¡Oh! ¡Bien, bien!- Ace se encontraba bastante emocionado con tanto barullo y gente en la cubierta, que debia andar cada pasajero del enorme navio celebrandolo en la zona exterior. -Ha sido un poco cansado, pero nos ha salido a pedir de boca.-
-¡Si, ya lo he oido!- Marco parecia tan alegre y satisfecho con el resultado del viaje como su amigo, asintiendo animado un par de veces. -Aunque habeis tardado mucho.-
-Era un tipo muy escurridizo ese Olonés.- Dijo el joven Ace encogiendose de hombros, arrancandole una carcajada corta al primer comandante. Sin poder evitarlo, el muchacho pirata comenzo a rebuscar con la mirada a traves de la gente la figurita inolvidable y flaca que lo habia estado torturando durante meses, llegando incluso a ponerse de puntillas con la esperanza de toparse con ella.
-¿Que buscas?- Pero Marco lo sabia, porque era un tipo demasiado astuto y observador como para ser engañado. Sin embargo, preguntar se le hizo mas correcto y divertido.
-¿Eh?- Por su parte, Ace se limito a cuestionar ligeramente perdido por mantener la atencion en otros asuntos, dirigiendo sobre su compañero una mirada confusa.
-La estas buscando ¿Verdad?- Y con una sonrisa suficiente, Marco le habia descubierto vilmente.
-¡Ah! No... yo no... - El joven segundo comandante trato de excusarse y negar la evidencia, decidiendo que una vez se lo habia asumido a si mismo, no pasaria nada por reconocerlo ante un amigo cercano y de verdad. -¿Donde esta?- Se limito a preguntar, comenzando a sentir aquella sed cruel con mas fuerza que nunca.
-Esta por aqui... la acabo de dejar atras.- Marco chasqueo la lengua con molestia por haber perdido a la aludida, comenzando el tambien a rebuscar con la mirada entre la marabunta de personas sonrientes.
-¿Como esta? ¿Esta bien?- Y es que Ace no podia esperar a verla para saberlo, notando aquella sed insoportable y la preocupacion sobrevolando su cerebro.
-¡Ah!- Repentinamente, Marco dio un respingo indicativo, elevando la mano entre la gente para señalar a un punto en concreto. -¡Mirala!-
Ace no la habia visto, pero igualmente comenzo a caminar hacia el frente, dispuesto a sumergirse en la marabunta ruidosa para dar con ella de una vez por todas.
-Por aqui, Ace... por aqui.- Con un suspirito divertido, el primer comandante cogio a su compañero de los hombros antes de que se diera a la fuga, moviendo su cuerpo para guiarlo hacia la direccion correcta.
-¡Gracias!- Agradecio el muchacho con una sonrisa de oreja a oreja, siendo liberado de las manos de su amigo para dirigirse derecho hacia el lugar indicado. Por su parte, Marco le regalo un par de palmaditas condescendientes sobre la espalda mas, observando a su joven compañero desaparecer entre la inmensidad humana.
Ciertamente, resulto una tarea complicada, esquivando colegas abrazados o bien que bromeaban rudamente, empujando complice pero firme hombros ajenos, saludando veloz y con sonrisas fugaces a aquellos que lo detenian para felicitarlo o darle la bienvenida, analizando con la mirada cada rincon y recobeco de la cubierta donde pudiera divisar a la figura principal de sus pensamientos y sueños durante tanto tiempo.
Pronto observo en una escasa lejania, como una chiquilla de baja estatura se abria camino dificultosa pero velozmente, pidiendo perdon incluso cuando empujo con su hombro ligero a uno de los fornidos tripulantes. Como una niña que va a ver los juguetes de navidad, la muchacha en cuestion atraveso la marea animada y festiva hasta alcanzarlo, justo en el momento en el que Ace ya daba la revision en aquella zona por perdida
Sin mas, la jovencita llego hasta el, pareciendo que iba a abrazarlo pero conteniendose en el ultimo segundo. Se limito a quedarse en pie, notablemente nerviosa por el encuentro, dedicandole un bonita expresion con una sonrisita cerrada y dulce.
Y de no haber sido por dicha sonrisa conocida y los ojos bicolores, de brillo inconfundible, Ace no la hubiera reconocido.
Confuso y desconcertado, con expresion de total extrañeza, el joven Ace no pudo evitar cogerla de la cintura para elevarla sobre el suelo unos cuantos palmos, analizando a aquella joven que tan animada se habia acercado hasta el repentinamente.
Ifára habia cambiado. Y de manera impresionante. Parecia que, con la buena vida y la alimentacion correcta, la chiquilla habia cogido el peso que le faltaba de la forma mas correcta y eficaz de la tierra. Su complexion, aunque seguia siendo pequeña y delicada, resultaba que no era de una delgadez enfermiza, precisamente, habiendose convertido su cuerpo en una escultura suave de preciosas curvas femeninas y marcadas. La cintura seguia siendo estrecha, razono Ace ahora que la tenia acogida de aquella zona, revisandola detenida e impresionadamente, mientras que las caderas y las piernas habian dejado de ser huesudas para transformarse en otras de una redondez perfecta. Resultaba, tambien, que su cabello castaño supuestamente rebelde, no era tal, si no rizado en realidad, habiendose vuelto laceo en un principio por la deshidratacion y la notable falta de vitaminas. La melena de ahora, discola igualmente como su predecesora, ademas de mas larga y brillante era deliciosamente ondulada y ensortijada en ondas grandes y suaves que caian a traves de sus hombros y parte de su espalda estrecha. La piel era mas morena y saludable, sin contusiones, hematomas ni heridas, quitando aquella cicatriz a fuego de la parte superior del antebrazo bonito. Le llamaron la atencion irremediablemente sus ojos que, aunque estos eran la parte que menos habia cambiado, brillaban mas felices, animados y tranquilos que nunca. Y la boca pequeña, enmarcada ahora por unos labios llenitos e hidratados.
Pero, sin duda, aquello que mas cuestion y duda levanto sobre un estupefacto Ace, fue que su cara angulosa no era asi por naturaleza, si no redonda en realidad. Redonda como un quesito o como la luna llena, penso Ace a medida que empezaba a recomponerse del inesperado cambio brusco y tan enorme.
Ifára habia pasado de ser una muchacha bonita, a una pequeña diosa... Y la sed de Ace se calmo un tanto.
-¿Donde esta la chiquita flaca y temblorosa que rescate de un agujero?- Dijo Ace sonriendo completamente incredulo, consiguiendo como respuesta una risita conocida de ella para, nuevamente, dejarla en el suelo sin parar de revisarla una y otra vez. -Canija, ahora tienes carita de queso.- Analizo por centesima vez las mejillas redondas y rellenas, asi como cada faccion de su carita antes tan flaca y cuadriculada.
-No me diga eso, por favor.- Entre divertida y tristona, Ifára bajo la cabeza un segundo con vergüenza, resultandole a Ace mucho mas confiada que antes, sin embargo. -Me sentire gorda.-
-¿Que? ¡No, no!- No era el efecto que habia deseado crear, negando con la cabeza velozmente para comprobar como ella escuchaba atenta y animada. -Bueno, has engordado... - Eso era obvio, pero menuda la manera en que lo habia hecho. -Pero... vaya... - Aun no habia salido de su estupefaccion. Aquella muchacha era evidentemente Ifára, porque otra no podia ser, pero poco tenia que ver con la esclavita asustada y en constante tension que habia conocido cuatro meses antes. Sin duda, la habian tratado mejor que bien. -Vaya... estas... -
-¡Buenisima!- Con furia repentina, Ace se giro hacia el desdichado que habia decidido terminar su frase sin permiso, topandose de repente con una cara amiga. -¡¿Como estas, Ace?- Thatch casi que se lanzo sobre el, sonriendo tan burlon y divertido como siempre. Como buen amigote y complice, le paso un brazo descuidado alrededor de los hombros amplios, provocando que Ifára dejara escapar otra de aquellas risitas suaves tan suyas. -A que es la chica mas guapa que has visto nunca.- Con gracia y galanteria, el cuarto comandante guiño un ojo picaro a la niña, que no parecio muy incomoda por andar, seguramente, mas que acostumbrada a los cumplidos de aquel bromista mujeriego. Sin embargo, lo sorprendente fue la respuesta de Ace.
-Si, si lo es... - Dijo el segundo comandante con algo de ensoñacion no deseada, dedicando a la joven esclava una mirada sincera y serena que provoco que ella evitara aquel contacto visual con una sonrisita agradecida.
-Oh ¿Lo admites?- Entre sorprendido y malvado, Thatch apreto el agarre sobre sus hombros con mas fuerza, dispuesto a comenzar con alguna de sus molestas puestas en escena para dejarlo en evidencia. Sin embargo, se lo impidieron repentinamente.
-¡Thatch!- Una voz ronca y profunda, voz de persona entrada en la madurez, les hizo girar la cabeza hacia el foco del sonido. -¡Cuanto tiempo!- Dijo Marshall D. Teach con una sonrisa gigantesca y falta de algunos dientes, abriendose paso directo y veloz hacia el cuarto comandante.
-¡Teach!- Por su parte, Thatch correspondio igual de animado que quien le habia llamado, liberando a Ace finalmente para largarse a saludar a otro desaparecido compañero de la segunda division. -¡Vaya! ¡Creo que estas mas viejo que la ultima vez que te vi!-
-¡Agh! ¡Maldito picaro!- Siguiendo la broma, el gigantesco y sonriente Teach dejo escapar una de sus carcajadas estruendosas y caracteristicas, recibiendo al cuarto comandante con un golpe amistoso sobre la espalda amplia.-¡Tomemos algo, Thatch! ¡Eres un tipo divertido!-
-Si, soy adorable... - Dijo el cuarto comandante como resignado, encogiendose de hombros mientras comenzaba de nuevo a caminar entre la marabunta ruidosa. -¡Vamos a por esa copa!- Y sin mas, ambos hombres se alejaron de alli bajo un aura de total complicidad. O, al menos, de aparente complicidad.
Aparente porque Ifára no parecia pensar lo mismo, habiendo seguido cada uno de los pasos de Teach con miradita recelosa.
-¿Que pasa?- Y Ace, que no habia sido capaz de quitarle los ojos de encima a la preciosa esclava, cuestiono medio recompuesto todavia de su estupefaccion.
-Oh, nada.- Pero Ifára era rapida y estaba acostumbrada a fingir, dando un botecito nervioso para dedicarle nuevamente toda su atencion. -¿Como ha ido el viaje, señor?- Ace ya iba a contestar instintivamente tras escuchar su vocecita no tan quebrada como antes, cuando analizo cada palabra de la pregunta.
-¿Señor? ¿Me llamas señor?- Que Ace recordara, aquel asunto habia sido aclarado desde el primer dia, cuestionando confuso para sentir un pequeño pinchacito dolorido sobre el corazon.
-¿Le molesta?- Culpable y complaciente, que a pesar del tiempo y la confianza que parecia haber logrado Ifára seguia siendo una buena esclava, esta le pregunto para cumplir con sus deseos.
-No, pero... - Trago saliva sin que se notara, observando su ahora carita redonda con duda. - ... crei que te habia dicho que no me llamaras asi.-
-¡Ah!- Ella dio un botecito, llevandose las manos bonitas a la boca un momento con culpa y horror. -¡Lo siento, señor! ¡Digo, Ace! Es que me he acostumbrado y no lo recordaba.- Vaya, aquello si fue un pinchazo doloroso, chasqueando Ace la lengua con resignacion final. Al parecer, que el recordara cada segundo, palabra y movimiento de ella no significaba que la chiquita tuviera la misma capacidad. O le diera la misma importancia. -Lo siento, de verdad.-
-No importa.- Dijo el con una sonrisa tranquilizadora, que culpa la muchacha no tenia de que hubiera andado con ella en la cabeza cada minuto del dia. -Pero no lo hagas ¿De acuerdo?-
-Claro, Ace. No lo hare.- Niña obediente, Ifára asintio firme, resultandole ahora que la veia tan confiada mucho mas graciosa y bonita. Seguia siendo algo timida y nerviosa, pero nada tenia que ver con aquella chiquitaja que vivia con el terror mas visceral atravesado entre las venas. -Lo siento mucho. Siento haber olvidado que no era de tu agrado.- Algo debio olerse Ifára de la expresion del otro de sonrisa melancolica y cargada de resignacion, pareciendo mas culpable que antes.
-Ah, vamos. No es para tanto.- Pero Ace lo ultimo que queria era hacerla sentir mal de ninguna manera, chasqueando la lengua en fingida molestia. -Querias saber como ha ido el viaje ¿Verdad?- Tampoco iba, evidentemente, a perderse una oportunidad de ser escuchado por ella, a la que tanto habia echado de menos lo quisiera el o no.
-Si, por favor.- Conteniendo gran parte de la ilusion, que las buenas esclavas siguen siendo recatadas a pesar de lo bien que las hayan tratado, Ifára sonrio espectante y animada.
-Pues ha ido bien. Conseguimos cumplir con el objetivo principal y, ademas, he podido visitar sitios que no habia visto todavia.- Esa era la parte bonita, que Ace no se iba a poner a narrarle a la impresionable y dulce Ifára los detalles escabrosos o sangrientos. Mucho menos durante el primer minuto que la veia tras cuatro meses sin parar de pensar en ella. -¡Oh!- Exclamo Ace con un ligero respingo en cuanto recordo algo de lo mas interesante, provocando que ella le prestara toda su curiosa atencion. -Y te he traido algo.- Enseguida, el joven segundo comandante retiro su inseparable mochila de sus hombros, dejandola sobre el suelo para comenzar a rebuscar en el interior.
-¿Para mi?- Completamente incredula, Ifára se llevo una mano al pecho con asombro, no pudiendo contener que sus ojos bicolores brillaran de ilusion.
-¡Claro, niña! ¿Para quien si no?- Esas fueron sus palabras de evidente respuesta, saboreando completamente los nervios e ilusion de la muchachita que esperaba emocionada por recibir un regalo. -Lo vi en... una isla de por ahi, en un mercadillo... - Dijo mientras buscaba entre trastos, topandose finalmente con la tela suave y agradable. - ... y me acorde de ti.- Eso era cierto. Ace, preso de su ensimismamiento constante, habia ojeado un dia unos puestos tenderos para toparse, sorprendentemente, con una bonita bufanda o pañuelo amplio, que el no conocia de esas cosas, que le recordo a la niña irremediablemente. El tejido entrelazado y ligeramente brillante era de un azul aguamarina y de un verde intenso, justo como sus ojos bonitos que no podia sacarse de la cabeza. En el momento que lo vio, penso en robarlo o algo parecido, que para eso era un pirata, pero rapido llego a la conclusion de que mas agradable le resultaba la idea de comprarlo para ella. -Toma.- Dijo por fin, saliendo de sus pensamientos para ofrecerle a la niña aquella prenda de resguardo de aspecto bonito y calido. Por su parte, Ifára parecia completamente anonadada, acogiendo entre las manos su nuevo pañuelo como si fuera el tesoro mas grande que habia visto jamas.
-¡Muchisimas gracias!- Dijo la muchachita con su nueva prenda entre las manos, comenzando a palpar la tela doblada con ilusion y admiracion total sin quitarle los ojos de encima a la susodicha. -No tenias que haberte molestado.- Pero ella, a pesar de sus palabras, parecia realmente mas feliz con la idea de que alguien la hubiera tenido minimamente en cuenta que con el objeto en si. -Parece caro.- Y lo era, Ace lo recordaba con disgusto, que estaba tejido a mano y con buena tela.
-Bah... no lo fue tanto.- Era mentira, pero ella parecio mas tranquila tras sus palabras. Ifára desdoblo por fin aquel pañuelo amplio con cuidado y manitas delicadas, admirando la suavidad y el brillo de la prenda nueva. -¿Te gusta?- Evidentemente, la chiquita parecia encantada con su regalo, llevandoselo junto al rostro para acariciar la mejilla contra el delicadamente.
-Es suave como un gatito.- Dijo ella con toda su gracia y dulzura natural, arrancandole una sonrisa satisfecha al joven pirata. -Muchas gracias.- Embelesada con el tacto del pañuelo, Ifára lo mantuvo alli mientras continuaba la conversacion.
-Te pega.- Admirando la escena tierna y tan bonita que se desarrollaba justo frente a sus narices, Ace no pudo evitar analizar que, efectivamente, los colores del tejido eran igual o muy similares a los de los ojos de la chiquita. -¿Sabes? Ahora no lo vas a usar mucho porque el clima es calido... pero pronto te servira.- Era por continuar hablando con ella, comprobando animado que la muchachita le prestaba toda su atencion sin soltar aquel pañuelo de fino brillo. -El tiempo en Grand Line es muy caprichoso... Ademas, asi... - Esto le iba a costar mucho mas que hablar del tiempo, pero el joven Ace ya habia asimilado sus sentimientos y gusto por la muchacha. -Si... me voy otra vez... bueno, cuando nos separemos... - Trago saliva disimuladamente, llevandose una mano hacia la nariz para rascarse el puente en una malamente fingida indiferencia. - ... sabras que cuido de ti.- Ella iba a sonreir pero, de pronto, su expresion se sumio en una enorme confusion.
-¿Separarnos?- Ifára cuestiono desconcertada, dando de pronto un respingo nervioso con total expresion de horror. -¿Me vas a vender?- Y casi se cae sobre el suelo fulminada presa de un desmayo, pareciendo que en cualquier momento se tiraria a sus pies para rogarle suplicante que no hiciera tal cosa.
-¿Que? ¡No!- De donde habria sacado Ifára semejante conclusion a Ace se le escapaba, no pudiendo sin embargo evitar sentirse bien cuando comprobo la desesperacion que su carita habia tomado ante la idea de enviarla lejos. -¡No voy a venderte!- Le hizo hasta gracia, regalandole una risa divertida a la niña que lo miraba cada vez mas aliviada. Aquella idea de la venta habia quedado desechada hacia mucho, mucho tiempo. Ahora mismo, ya podian ofrecerle todo el oro del mundo, que Ace no se la cederia a absolutamente nadie ni bajo pena de cruel tortura. -¿De donde has sacado cosa semejante?-
-C-crei que... - Insegura pero tremendamente tranquila, Ifára apreto un poquito mas aquel pañuelo entre las manos delicadas y pequeñas.
-Creiste mal, canija.- Le interrumpio el joven comandante, chasqueando la lengua. Ciertamente, aunque divertida su reaccion, habia sido un tanto decepcionante que ella creyera, en serio, que el seria capaz de arrancarla del barco asi, sin mas. Aunque claro, hacia cuatro meses y una semana quiza si hubiera podido hacerlo sin pestañear. -Y ahora, dime ¿Te han tratado bien?- La respuesta era evidente, que no habia mas que ver su aspecto maravilloso y saludable, pero el joven Ace preferia cambiar el tema de conversacion y escuchar de sus propios labios como andaba su estado de animo.
-Si, muy bien.- Ifára seguia siendo escueta y concisa en determinadas circunstancias, asintiendo sin embargo sonriente y convencida. -Han sido todos muy amables conmigo.-
-Me alegro.- Dijo Ace con una sonrisa tranquila, no pudiendo evitar analizar constantemente su belleza nueva, que tan repentina y sorprendente se le hacia todavia. -¿Donde esta Joan-Marie?- Ahora que lo pensaba, ni se habia acordado de aquella mujerona.
-Esta en la cocina preparando las cosas de vuestra llegada.- Por su parte, la esclava Ifára sonrio dulce como solo ella podia ser, volviendo a doblar entre las manos aquel pañuelo suave con delicadeza total. -¿Quieres ir a verla?-
-Desde luego, vamos.- A Ace no le hizo falta preguntar si iba a ser acompañado, recibiendo un animadito asentimiento de la niña tras sus palabras. Rapida y eficaz, que eso no habia cambiado, Ifára le dejo empezar a caminar primero por puro protocolo, siguiendole en cuanto lo tuvo en frente.
Asi y juntos, ambos desaparecieron de la cubierta.
(Cambio de escena)
En cuanto llegaron a aquella puerta doble, de imponente color blanco y madera maciza, el joven Ace llevo su mano fuerte hasta el pomo.
Entonces, empujo con facilidad para abrirse paso, apartandose caballeroso y permitiendo que ella se internara antes en la estancia. Desconcertada con el despliegue de educacion para con su persona, que no andaba acostumbrada a semejantes muestras de respeto, mucho menos se las habia esperado de el, a Ifára le costo reaccionar un par de segundos, analizando la situacion recelosa y confusa. Sin embargo, con diversion incluso Ace le indico mediante un movimiento de su mano libre que podia aventurarse a la cocina antes que el, provocando que ella, por fin, sonriera vergonzosamente y aceptara el educado gesto.
-Gracias.- Dijo suave como era siempre, internandose en la cocina grande animada y energica como debia haber andado toda la mañana. Enseguida, el segundo comandante fue tras ella satisfecho, curioseando y revisando la estancia culinaria que tanto, extrañamente, habia echado de menos. Sus ojos repararon entonces en la figura esbelta y delgada de una joven que no conocia, no pudiendo contener una mueca pequeña de desconfianza ya que, al fin y al cabo, el no tendia a la amabilidad con los desconocidos en su hogar por regla general. El cabello de un rubio cenizo de la joven caia en cascada por ser laceo y de largo hasta la cintura, peleando esta con algunos trastos sobre la encimera para facilitar el trabajo de la enorme Joan-Marie, a la que todavia no veia por ninguna parte. Ifára, en cambio, si parecia conocerla, animando su expresion en cuanto la diviso para dirigirse veloz a su lado.
-¿Quien es?- Pregunto Ace con curiosidad y desconcierto, provocando que tanto la una como la otra detuvieran sus acciones. La joven alta y desconocida se dio la vuelta con respeto, permitiendole ver su rostro mientras bajaba la mirada hasta sus pies. No era muy agraciada, aunque tampoco podria considerarla como fea, llegando a la conclusion de que, simplemente, no destacaba ni por lo uno ni por lo otro. Quiza fuera, tambien, que al lado de una Ifára en total estado de belleza y salud cualquier mujer media quedaria eclipsada, que ademas de su bonito aspecto la chiquita irradiaba un aura calida y alegre que antes no poseia con tanta potencia.
-¡Oh!- Dijo Ifára rapida en cuanto contemplo la expresion analitica y desconcertada del joven comandante, sintiendose un poco maleducada por ni haber avisado. -Es Dadou. Circe se la envio como regalo a Joan-Marie por su cumpleaños.- Asi que, otra esclava en la cocina. Ace no entendia para que tanta necesidad de hacerse con otra nueva cuando ya tenian a la bonita y eficaz Ifára. Es mas, Circe era de su division, y no recordaba que hubiera enviado nada durante los cuatro meses. Aunque tampoco habia andado lo suficientemente pendiente, la verdad.
-Buenos dias, señor.- Dijo la tal Dadou respetuosa y educada, siendo sin embargo mucho mas confiada y comoda de lo que Ifára fue en un principio, cuando llego al gigantesco Moby Dick.
-¿Es amiga tuya?- Debia ser asi porque la chiquita habia sonreido nada mas verla, corriendo a su lado con animacion.
-Si, lo es.- Dijo Ifára con una expresion afable y convencedora, consiguiendo que su supuesta amiga y compañera de condicion sin libertad le dedicara una sonrisita complice de agradecimiento.
-Ah, eso esta bien.- Entonces, Ace se relajo, que buena idea y noticia se le hizo que Ifára pudiera lidiar con alguien que no fueran rufianes o mujeronas curtidas del mar. Congeniaba mas con aquella niña Dadou, seguramente.
-¿Te creias que tenias la exclusividad?- La voz amable, divertida, que le llego justo tras la espalda le hizo dar un respingo momentaneo, girandose veloz en cuanto reconocio la identidad de aquella que habia preguntado jocosa.
-¡Joan-Marie!- Dijo el segundo comandante con evidente animacion, topandose finalmente con la imagen inconfundible de la mujerona estrambotica pero tan bondadosa. -¡Vaya! ¡Que alegria verte!-
-¡Chico guapo!- Por su parte, Joan-Marie no le dio tiempo ni de respirar, atrapandolo rapida como el viento en un abrazo maternal y aplastante que lo piyo de completa sorpresa. Mientras era mortalmente apresado, el joven Ace pudo escuchar una risita conocida y malamente contenida de la muchachita Ifára, junto a otra cuya identidad analizo por descarte como de Dadou. -¿Como ha ido el viaje?- Finalmente lo libero, cuestionandole feliz y animada para sacarlo, tambien, de sus pensamientos.
-Bien. Genial.- Sonrio Ace, asintiendo alegre por semejante muestra de cariño repentina. -Ha sido un poco largo, pero ha salido a la perfeccion.-
-¿Conseguisteis enseñarles una leccion?- Joan-Marie podria ser muy amable pero, por mas que lo negara, tambien era una orgullosa pirata perteneciente a la tripulacion del temido Barba Blanca.
-Si, Joan-Marie... Si lo conseguimos.- Pero el joven Ace no queria ponerse a hablar de ello frente a Ifára, que su lado oscuro comenzaba a gustarle cada vez menos en su presencia suave y calmante. -Y bueno ¿Como que te la han regalado?- Con un cabeceo, señalo sintiendose animado a la presentada como Dadou que, en pie junto a su compañera y amiga, contemplaban la escena divertidas y silenciosas.
-Pues ya ves... Circe me la envio por mi cumpleaños... - Aquello parecia desconcertarla un tanto, que Circe no era dada a semejantes muestras de afecto. Sin embargo, se encogio de hombros, decidida a no despreciar nunca una ofrenda hecha con toda su buena voluntad. -Me ha venido muy bien, la verdad.- Dijo, dedicandoles una sonrisita a ambas jovenes. Repentinamente, Joan-Marie se mostro firme y autoritaria, llevandose las manos a las caderas con completa chuleria. -Niñas, no os quedeis ahi paradas ¿Que no veis que os andan esperando arriba? Las cosas no se sirven solas ¿Sabeis?- Y con aquel regaño, ambas mujercitas dieron un respingo casi a la vez, decididas a ponerse en marcha sin necesidad de que se lo repitieran dos veces.
-Vamos, Du.- Dijo Ifára susurrante y divertida antes de marcharse, acogiendo las muchachas entre las manos los trastos pertinentes para echar una mano eficaz a la anfitriona y dueña de aquella acogedora cocina, que tanto trabajo por delante tendria en el dia de hoy. Como despedida temporal, amable y feliz Ifára le dedico al joven Ace una miradita rapida con su bonita sonrisa cerrada y dulce, provocando que el otro no pudiera hacer mas que corresponderla mediante la suya. No queria que se marchara tan pronto, pero penso que tampoco era una buena opcion el acapararla sin sentido alguno, que ya andaba tranquilo con su estado comprobado, ademas que la veria, ahora, siempre que quisiera. Definitivamente, ya no tenia tanta sed.
Con un abrir y cerrar silencioso de la puerta, las jovenes chicas desaparecieron de la cocina dispuestas a cumplir con su tarea.
-Bueno... - Suspiro Joan-Marie, viendo divertida como el otro se mantenia con la mirada perdida clavada en el lugar por el que la chiquita acababa de partir. -¿Que te parece?- A Joan-Marie no se le escapaba una.
-Esta... - Ace penso que Ifára estaba de muchas maneras actualmente, razonando que habia cosas que seria de muy mala educacion pronunciar delante de una dama. - ... diferente.- Finalmente, sus ojos abandonaron aquella puerta blanca cerrada recientemente, dirigiendo su mirada sobre la enorme mujerona.
-Oh, si. Lo esta.- Joan-Marie asintio completamente de acuerdo, bufando un momentito con algo de molestia. -Aunque tambien esta algo contestona.-
-¿Contestona?- Desconcertado y curioso, el joven Ace cuestiono sobre aquella informacion.
-Si, bueno... tampoco mucho. Quiero decir, la chiquita se porta muy bien y todo el mundo la adora. - La ultima revelacion a Ace no le extraño en absoluto. -Pero esta algo... mimada.- Resignada finalmente, que tampoco parecia darle ninguna importancia, Joan-Marie se encogio de hombros. -Marco la ha dejado hacer cuanto le diera la gana.-
-¿Ah, si?- Realmente, le hizo gracia, no pudiendo evitar que se le escapara una carcajada ronca y divertida. -Asi que anda mimada... - Y poco o nada le importaba a el semejante cosa, que le hizo sentir hasta mas satisfecho con la estancia de la niña sin su supervision en aquel barco.
-Si, si... tu riete que asi nos pasa.- Suspiro Joan-Marie con un reproche ligero pero igual de animada y divertida. -Entre todos, la vais a convertir en una caprichosa y desobediente muchachita. Como es tan guapa, os pasais el dia babeando tras ella y dejandola hacer cuanto quiere... -
-Pero ¿Tan grave es el problema?- Ace tampoco queria que Ifára se convirtiera en una niña mimada, que le traeria problemas tanto a el como a ella.
-¿Que? ¡Oh, no!- Rapida, Joan-Marie nego con la cabeza, dispuesta a solucionar el lio que ella misma habia montado. -Era una broma. En realidad, sigue portandose muy bien, pero ahora es mas agradable y esta cogiendo confianza.- Aquella frase fue completamente aliviante, asintiendo el joven comandante con calma ante las buenas noticias. -La hemos tratado bien, supongo.- Se encogio de hombros la mujerona finalmente, resignada a ser incapaz de manejar a sus esclavas con mano firme o de hierro.
-Si, se nota... - Nuevamente, la mirada de Ace se perdio en aquella puerta blanca, razonando que realmente Ifára tenia un aspecto impresionante y parecia feliz.
-Se ha vuelto una chica preciosa en muy poco tiempo ¿Verdad?- La frase repentina le hizo girarse con sorpresa, teniendo que analizar las palabras dichas debido al haber andado preso de una ensoñacion. Sin embargo, Joan-Marie no le dio tiempo a contestar. -Y, aunque sigue siendo asustadiza y muy obediente, ya no es tan calladita como antes. Se ha vuelto muy simpatica... - Y a medida que hablaba, Joan-Marie parecia cada vez mas y mas preocupada, contrastando su expresion con sus palabras esperanzadoras. -Ten cuidado con eso.- Aquello si lo piyo por sorpresa.
-¿Por que?- Esceptico, Ace levanto una de sus cejas. Se suponia que aquellas cualidades dichas eran buena cosa, algo agradable y digno de celebrarse.
-Porque se ha vuelto una tentacion muy golosa ¿Entiendes?- Seria y concisa, Joan-Marie continuo. -Ahora, la chica llama la atencion demasiado como para que andes al descuido. Si no estas pendiente, podrian pasarle cosas... - Pero ante la expresion de furia contenida por solo imaginar determinadas escenas del otro, Joan-Marie decidio suavizar la palabra descriptiva. - ... cosas desagradables. O podrian tratar de robartela, tambien. Ahora debe costar mucho dinero.- Ace habia preferido no pensar en cosas semejantes, que lo ultimo que queria era andar de paranoico y dispuesto a asesinar a cualquiera que se atreviera tan solo a mirarla. Evidentemente, no iba a hacer aquello ultimo, pero de ahi a ir de descuidado para con la niña, habia un trecho muy grande. Ace sabia como funcionaban las cosas en el mar peligroso demasiado bien como para tentar a la suerte. -¿Sabes? Si no fuera por Marco y por el respeto del que gozas aqui... seguramente, Ifára no estaria ni tan a salvo ni tan feliz.-
-Eso lo se.- Tuvo que evitar continuar imaginando cosas desagradables, que acabaria de mal humor y apenas habia puesto los pies de nuevo en el barco. -Pero a la canija no va a pasarle nada.- Orgulloso y autosuficiente, Ace se cruzo de brazos.
-Ah... ¿Y como piensas conseguir eso?- Joan-Marie debia andar dispuesta a picarle, porque no contuvo aquella pregunta cargada de gracia.
-Facil. A quien intente sobrepasarse...- Altivo y convencido de lo que estaba diciendo, Ace continuo con su respuesta mas que evidente para el, sabedor del daño que pueden hacer los hombres desesperados en el mar ante chiquilla tan bonita y graciosa. - ... le arranco las piernas. Y al que trate de robarmela, directamente lo matare.-
-Esa ha sido una respuesta tan terrorifica como segura.- Asintio Joan-Marie, mujer curtida entre piratas que ya no se escandalizaba con facilidad.
-Es lo que haria.- Indiferente, el joven comandante se encogio de hombros, seguro de que, realmente, aquello si no algo peor seria lo que le haria al desgraciado que tratara o si quiera pensara en hacerle algo semejante a su muchachita.
-Si, y eso es lo que mas miedo me da todo.- Dijo Joan-Marie entre en serio y con gracia, arrancandole al otro una sonrisa resignada consigo mismo. -Por cierto ¿Que era eso tan bonito que Ifára llevaba al cuello?- Definitivamente, a Joan-Marie no se le escapaba una.
-Oh... una bufanda... o un pañuelo amplio... - Ace trato de buscarle una definicion, dandose cuenta de que no valia como gran identificador de modas. -No lo se. No entiendo de esas cosas.- Finalmente, se encogio de hombros, no importandole tampoco el hecho de tener tan poca idea sobre el nombre de la prenda.
-Aja... - Dijo Joan-Marie como si nada le sorprendiera o llamara la atencion de aquello, dirigiendose directa hacia su encimera querida para continuar ella tambien su trabajo. -Pues es muy bonita... ¿De donde la habra sacado?- Aunque Joan-Marie ya sabia la respuesta.
-Se la traje yo. Pense que le vendria bien cuando el tiempo refresque.- Indiferente, Ace volvio a encogerse de hombros, no viendo debido a la posicion de la otra como a la mujerona se le escapaba una sonrisita graciosa y satisfecha.
Sin embargo, Joan-Marie no pudo decir nada mas, escuchando como la puerta volvia a abrirse cuidadosamente.
Ifára y la nombrada por la misma como Du entraron en la cocina tan risueñas y agradables como eran entre ellas, dirigiendose directas hacia la encimera junto a su enorme anfitriona para continuar con la tarea.
Viendose ya como un estorbo y que poco tenia que hacer alli y mucho en cubierta, Ace suspiro suavemente, analizando con aprecio la espalda estrecha y el nuevo cuerpo bonito de la chiquita que, eficaz y animada, comenzaba a trabajar al igual que su compañera. Penso con gracia que poca tarea debia quedarle ya a Joan-Marie, que habia tomado una jubilacion anticipada mediante la compra de una esclava y el alquiler, por decirlo de alguna manera, de la otra aunque hubieran sido gratuitas. No pudo evitar, igualmente, que sus ojos se centraran en aquel pañuelo amplio o bufanda que tan agradablemente habia recibido Ifára, deslizandose despues despacio a traves de las curvas tentadoras del cuerpo bonito.
Definitivamente, Ifára habia cambiado mucho. Demasiado y para bien, ademas.
-Bueno, señoritas.- Dijo finalmente, ignorando la manera repentina en la que, nuevamente, el hambre habia regresado con fuerza y comenzaba a hacerse paso sobre la sed. -Yo me marcho.-
-¿Tan pronto, chico guapo?- Joan-Marie detuvo su trabajo un segundo, dedicandole una miradita tristona que le arranco una carcajada.
-Si, chica guapa. Me estan esperando arriba.- Jocoso y divertido, Ace se llevo las manos hasta los bolsillos con toda su chuleria natural, dispuesto a largarse de la cocina cuanto antes y solucionar varias dudas freneticas que habian colmado prontamente su cabeza hambrienta.
-Auhn, esta bien. Espero que nos veamos luego.- Y, mientras se despedia, la gran mujer observo como Ifára le dedicaba al otro una miradilla de reojo curiosa.
-Claro, Joan-Marie.- Dijo Ace, abriendo la puerta de la cocina sin girarse para no aumentar su confusion. -Hasta luego, chicas.- Como una bala, el joven pirata desaparecio de la estancia, largandose seguramente hacia el barullo del que el seria el protagonista ya que, al fin y al cabo, habia sido lider de la mision cumplida gustosamente.
En el momento que se quedaron las tres mujeres en soledad, Dadou dejo escapar una risita complice y delatora.
-Sshh... calla.- Le ordeno Ifára susurrando entre apurada y avergonzada, tratando malamente que Joan-Marie no escuchara nada. Como si tal cosa, Dadou carraspeo, provocando que la joven Ifára la mirara con mas reproche que antes todavia, comprobando que su amiga no sabia disimular correctamente.
Por su parte, Joan-Marie se limito a elevar los ojos al cielo con resigancion total.
Esclavas o no, no eran mas que un par de jovencitas, como todas.
Y secretamente, Joan-Marie no pudo evitar envidiar de una manera sana su juventud.
(Cambio de escena)
-Bueno... ¿Y que hago?- Demasiado sincero, que el alcohol andaba haciendo estragos en su sistema y confusion, Ace se inclino frente a Marco en plena actitud de secretismo. Llevaban ya, por lo menos, celebrando su propia bienvenida y la de sus hombres como toda la mañana y gran parte de la tarde. Evidentemente, como buen festejo de rufianes la comida y la bebida no habian faltado, precisamente, encontrandose el propio Ace en un estado medio que no llegaba ni a la embriaguez, ni a la sobriedad. A diferencia del resto, el primer y el segundo comandante no habian bebido tanta cantidad de momento, que sabian seguro que la cosa se alargaria hasta solo Dios sabe cuando, queriendo mantenerse en un estado saludable que los hiciera disfrutar sin necesidad de desmayarse. Con el paso de las horas, el joven Ace se habia tragado la confusion y dudas castigadoras como mejor podia, riendo y charlando de un lado a otro activo y energico. Sin embargo, llego un punto en el que, entre el alcohol, que tanto ayuda a la confesion con amigos, y la duda aquella constante, le habia pedido a Marco amablemente mantener una charla esclarecedora. Como buen amigo, el primer comandante, en un estado similar a su compañero recien llegado, acepto la peticion, terminando por sentarse ambos en el rinconcito mas solitario que encontraron de la abarrotada y celebrativa cubierta mientras comenzaba a anochecer.
-¿Que haces de que?- Marco pregunto con duda y recelo, analizando a su amigo de arriba a abajo mientras sostenia su jarra recien cargada entre las manos.
-Marco... - Suplicando y algo molesto por la ausencia mental de su compañero, Ace se inclino un poco mas hacia el.
-Oh.- Por fin, el primer comandante cayo de nuevo en la cuenta del tema de conversacion, asintiendo un par de veces reflexivas. -¿Que quieres que te diga? Solo trata de ser amable.- Se encogio Marco de hombros, que tampoco entendia el tanto de esas cosas como para andar de consejero de nadie. -Y ser tu mismo y todas esas cosas... - Dijo quitandole toda la importancia del mundo al asunto, que ya se lo temia desde hace demasiado tiempo y recibio la noticia como algo evidente. Tranquilo, se llevo la jarra hacia los labios, dando un trago largo y profundo que le sento a las mil maravillas.
-Eso no me ayuda.- Con molestia y apuro en la voz, el segundo comandante agarro su propia jarra, abandonada junto a el desde el principio de la conversacion, cuando le habia contado la historia a su compañero.
-No creo que sea tan complicado... no se.- Se encogio Marco de hombros otra vez, tratando de comprender la confusion y problema del otro. -Ni que halla algun tipo de solucion universal o algo asi.- La mirada tan suplicante como decepcionada de Ace le hizo suspirar cansado. -Yo que se, Ace. A mi no se me dan bien estas cosas, soy tan bruto y simplon como tu.- Repentinamente, Marco dio un respingo, elevando un brazo con expresion indicadora hacia alguien que debia andar tras la espalda del joven Ace. Curioso y preocupado por que su compañero decidiera huir sin prestarle ayuda, el segundo comandante giro la cabeza, encontrandose con un Thatch en estado semejante al de sus amigos que, tras haber visto el saludo de Marco, se dirigia directo hasta alli.
-¿Thatch?- Pregunto lleno de recelo el joven Ace mientras el nombrado aun andaba acercandose, consiguiendo que el otro asintiera indiferente.
-Quieres consejo ¿No? ¿Quien mejor que el?- Como si aquello fuera completamente evidente, el primer comandante ignoro la expresion nada convencida del otro, regresando su jarra a hacia la boca para dar otro trago largo.
-Pero tu la conoces mas.- Dijo Ace con un susurro apurado, bajando la voz para no ser oido por el cada vez mas cercano Thatch.
-Si, la conozco mas. He estado con ella cuatro meses, pero... - Con conviccion total, el primer comandante dejo la jarra nuevamente en el suelo junto a el, mirando fijamente a los ojos confusos de su pobre compañero. - ... el problema esta en que a mi no me interesa de la misma manera, por lo que no me he fijado en ella de esa misma manera. Asi que, sigo sin poder ayudarte.- Ace abrio la boca para quejarse de algo, pero rapido tuvo que callarse cuando comprobo que el otro no le estaba prestando atencion. -¡Ey! ¡Thatch!- El cuarto comandante ya habia llegado con su sonrisa mas abierta que de costumbre por la bebida, teniendo las manos descansadamente ocultas en los bolsillos.
-Hola, muchachotes ¿Que pasa que me llamas con tantos animos?- Divertido de cualquier situacion, Thatch cuestiono al culpable de su presencia, dirigiendo sobre un Ace apurado y enfurruñado una miradita fugaz.
-Pues que le gusta Ifára y no sabe que hacer.- Sin anestesia, Marco lo solto de golpe, llegando incluso a señalarle con indicacion como si no fuera evidente de quien andaba hablando.
-¡Marco!- Le grito Ace reprochador y molesto, que no habia sido nada agradable el haber confesado sus secretos sin pensarlo ni dos veces.
Por su parte, Thatch se limito a observarle curioso, pero para nada sorprendido.
-¿Que?- El primer comandante se encogio de hombros, indiferente al momento incomodo que habia conseguido sobre su compañero. -Es la verdad y Thatch es tu amigo.-
-Si, pero... - Una cosa es que fuera la verdad y, otra muy distinta, que esta tuviera que ser gritada por ahi sin mas.
-¡Aja!- Thatch le interrumpio triunfal y repentino, irguiendose orgulloso y altivo todo lo alto que era. -Y buscas ayuda del mejor ¿Eh?- Aquel comentario provoco que Ace no supiera exactamente que decir, queriendo negarse por una parte y, por otra, rogar ayuda de su siempre mujeriego amigo.
-Si, busca ayuda.- Nada, que Marco se empeñaba en contestar por el.
Sin esperar un minuto mas, Thatch se sento junto a los otros dos, haciendole hueco tanto Ace como Marco irremediablemente.
-Veras... - Ya se habia resignado, el pobre, que ademas se le hacia tentador confesar sus problemas a sus buenos amigos para encontrar una solucion posible. -Yo... yo... - Pero nunca sirvio para este tipo de cosas, no sabiendo exactamente que decir.
-Dile lo que me has dicho a mi.- Le indico Marco, provocando que el joven Ace adoptara una expresion sorprendida.
-¡¿Todo?- Y, maldita sea, es que habia sido toda la historia.
-Supongo.- Sin embargo, a pesar de la ultima palabra afirmativa de Marco, Thatch los interrumpio veloz.
-¡Woh, woh, woh!- Dijo elevando las manos en indicacion de detencion, negando con la cabeza sonriente. -Para el carro, que no necesito tanta informacion.- Ace se sintio mucho mas aliviado ahora. -A ver... - El cuarto comandante se puso levemente serio, algo de lo mas sorprendente, dirigiendose hacia el sufriente Ace con expresion reflexiva. -Te gusta Ifára ¿No?-
-Si... - Tuvo Ace que admitir, que ya no le quedaba mas remedio que aceptarlo y tratar de buscar una solucion.
-¡Jah! Normal, a mi tambien.- Pero la expresion que su compañero segundo le dirigio le hizo arreglar las cosas rapidamente antes de que trataran de asesinarlo. -Pero a mi me gustan todas las mujeres.- Asintio el cuarto comandante para darle total veracidad a sus palabras, consiguiendo el cometido de que el otro, aun levemente receloso, se relajara un tanto. -Y ¡Vaya! Sabia que serias un tipo celoso.-
-¡Thatch!- Le dijo Ace de mal humor, comenzando a perder la paciencia.
-Vale, vale... - El cuarto comandante chasqueo la lengua, negando con la cabeza. -Que humos... - Pero antes de que Ace pudiera decirle algo desagradable, Thatch continuo. -Entonces, te gusta.- Como respuesta primera, recibio un bufido molesto e impaciente del otro.
-Ya te he dicho que si.- Era algo incomodo y vergonzoso, sintiendose como un niño perdido en la tematica que trataban.
-Y ¿Cual es el problema?- Thatch se encogio de hombros seguro de si mismo, tratando de comprender cuan grave seria la situacion. -Es tu esclava. Tiratela y ya esta, no va a decirte que no.- Tampoco podria la chiquita negarse. Eso tanto Ace, como Marco y Thatch lo sabian, cosa que complicaba aun mas la situacion del segundo y perdido comandante. -Venga, que pareces nuevo, Ace. Si me dices que fueras un chiquillo casto, puro y virginal, todavia... - Sin embargo, Marco lo interrumpio.
-Mira que eres animal a veces ¿Eh?- Masticando con mal humor, el primer comandante le dirigio una miradita rapida y reprochadora a un confuso Thatch.
-¿Que? ¿Por que? A ella no le va a pasar nada y el se quedara tranquilo.- Thatch, a menudo, tambien era de soluciones faciles, viendo sus palabras como lo mas evidente del mundo.
-Pero es que yo... - Por fin, Ace entro en la conversacion de nuevo, sintiendose tan tentado como horrorizado ante la solucion que Thatch habia propuesto. Estaba hambriento y aquella sensacion no hizo mas que aumentar, habiendose la sed apartado a un plano mas satisfecho. - ... yo no quiero... bueno, no quiero hacer eso.- El buscaba otra cosa, no solucionarlo a lo simple y primitivo. Por su parte, Thatch se limito en un principio a abrir los ojos, alejandose ligeramente del incomodo Ace para comenzar a caer en la cuenta del problema verdadero.
-Oh... - Exclamo el cuarto comandante asombrado incluso, asintiendo poco a poco. -Es decir, que te gusta en serio.- Tragando saliva y evitando la mirada de los otros dos, Ace produjo un movimiento afirmativo con la cabeza, llevandose su jarra a la boca para ahogar un poco las penas. -Haberlo dicho antes, pense que solo querias follartela.- Marco, que tambien andaba bebiendo, casi se atraganta.
-¡Es que mira que eres animal, en serio ¿Eh?- Le reprendio el primer comandante con molestia e indignacion, provocando que el otro le mirara divertido.
-¿Que dices? A las cosas por su nombre.- Dijo Thatch defendiendose burlonamente, tan expresivo como solo el podia ser. -Yo creia que hablabamos de follar... - Thatch se llevo el dorso de una mano hacia la palma de otra para chocarlo con sonora indicacion, provocando un bufido por parte de Marco. - ... y resulta que hablamos de hacer el amor.- Sin embargo, ante semejantes palabras dichas de aquella manera, Ace no pudo contener una carcajada. Thatch siempre le arrancaria la risa facil hasta en el momento mas incomodo y desesperado. -¿O no?- Le cuestiono repentinamente el cuarto comandante, notando a su compañero mas preso ahora del ambiente complice y masculino, perfecto para las confesiones de aquella clase.
-Supongo.- Se encogio de hombros con una sonrisilla divertida como residuo de la carcajada anterior, pensando que, definitivamente, se le hacia mas facil hablar con Thatch del tema femenino que con Marco, tan correcto y estirado.
-Muy bien... y para eso, evidentemente tienes que gustarle, que supongo sera tu problema.- Espero el cuarto comandante, comenzando a dejar salir su actitud mas didactica. Por su parte, el joven Ace volvio a asentir, llegando finalmente a la cumbre del problema. -Quieres gustarle a la preciosa Ifára, que se fije en ti de otra manera menos "amo y esclavo" y todo ese rollo... ¡Y no sabes como!-
-No, no se como.- Nego Ace con la cabeza, comenzando a inclinarse mas hacia el cuarto comandante.
-Muy bien... veras. Quitando todo eso de se tu mismo, se amable y blah, blah, blah... - Ante aquello, Marco le dirigio una miradita rapida y asesina al comandante didactico. -Que eso ya lo damos como obvio... - Ace asintio, prestando toda su atencion. -Necesitas saber unas cosillas basicas. Veras... las chicas como Ifára... - Para aumentar el dramatismo y la escucha, Thatch tambien se inclino, bajando el tono de voz a uno mas secreto y confidente. - ... lo han pasado mal, tienen poca confianza y, ademas, andan en peligro constante todo el tiempo, porque les puede pasar cualquier cosa a las pobres... Cualquier cosa. Imagina que a mi me diera el punto y quisiera, asi de pronto, llevarmela a la cama. Podria hacerlo tantas veces como quisiera y a nadie le importaria lo mas minimo... - Rapido, Ace lo interrumpio, sintiendo nuevamente aquella furia asesina en cuanto imagino ciertas escenas nada agradables.
-Ahorrate eso.- Le advirtio entre amenazante e indicador.
-Vale, vale... - Por su parte, Thatch asintio varias veces, dispuesto a continuar con su leccion. -Pero lo que quiero decirte, es que le hagas sentir tranquila ¿Sabes? Ofrecele proteccion, que a tu lado piense que no le pasara nada malo... Eso implica, tambien, que controles un poco tus... arrebatos.- Confuso, Ace elevo las cejas un momento. -¡Vamos, Ace! No va a fiarse de alguien que ande partiendo bocas sin ton ni son.-
-Eso lo se.- Era evidente, chasqueando despues la lengua el segundo comandante. -Ademas, no le gustan esas cosas, que recuerde.- Realmente, Ifára no le habia parecido nunca gran amiga de la violencia.
-Evidentemente no. No le gustan. No es una muchachita salvaje y desbocada que quiera aventuras... Quiere proteccion y estar a salvo ¿Entiendes? Dale eso, y se pegara a ti como un precioso y suave peluche.- Ace se llevo una mano al menton pensativamente, razonando las palabras de su compañero. -Lo que yo no puedo garantizarte, es que le llegues a interesar en serio. Podria pegarse a ti por pura comodidad e instinto de supervivencia.- Se encogio, finalmente, Thatch de hombros, resignado a la parte mala del problema.
-Eso no me importa.- Y aquellas palabras seguras despertaron la total estupefaccion en los otros dos que, incredulos en un principio, le observaron en espera de una explicacion.- Solo quiero... que me acepte y... sea feliz.- Porque Ace tampoco pedia milagros, sabiendo que seria imposible que alguien como Ifára, tan delicadita y suave, se fijara en una persona no solo asalvajada y peligrosa como el, si no tambien violenta y que no se porto en un principio, precisamente, como un caballero. -Si ella prefiriera irse con otro tipo, o con otro esclavo, que me da lo mismo... simplemente lo entenderia.-
-¿No tomarias represalias contra ella?- Thatch cuestiono, curioso y animado ante la logica de su compañero.
-No, no lo haria.- Dijo el joven Ace, convencido de sus propias palabras.
-Ya, pero al otro lo matarias.- Y es que a Marco le resultaba una solucion demasiado bonita conociendole como lo hacia desde demasiado tiempo.
-Obviamente.- Asintio Ace, y Thatch fue el unico que parecio comprenderle a la perfeccion, imitando su movimiento afirmativo. -Pero a ella, la dejaria tranquila.-
-¡Vaya, aunque celoso, eres un buen tio!- Le dijo Thatch con admiracion, palmeandole la espalda animadamente.
-Sois idiotas... los dos.- Pero Marco, a pesar de sus palabras, se resigno, que sus amigos eran como eran y ya andaba el mas que acostumbrado a barbaridades como aquella.
Ya iba Thatch a decir algo en su defensa, cuando dio un bote animado, girando la cabeza hacia alguien cercano con una sonrisa gigantesca y brillante.
-¡Vaya, vaya!- Dijo felizmente, dispuesto a desplegar todo su arsenal de seduccion aprendida. -¡La diosa de los mares ha venido a visitarnos!- Dicho el comentario adulador de turno, tanto Marco como Ace supieron enseguida de quien se trataba.
-¿Que hay?- La hermosa y altiva Circe, tan recien llegada tras cuatro meses de largo viaje como su comandante, se cruzo de brazos masculina pero elegante.
-Buenas noches, Circe.- Le dijo Marco tan correcto como siempre tras comprobar el cielo, ya oscuro y plagadito de estrellas.
-Si, buenas noches.- Saludo Ace con un cabeceo, entre indiferente y formal.
-Y digame, diosa de los mares ¿A que debemos este tremendo honor?- Thatch no le quitaba la vista de encima a la morena de facciones arabigas, demostrandoles a sus amigos una vez mas que sentia tremenda debilidad por aquella mujer.
-He venido a ver a los dioses de los mares.- Sonrio con sus dientes perfectos y sus labios carnosos Circe, siguiendole el juego a su pretendiente constante.
-Vaya, gracias.- Ace andaba ahora de mejor humor, que los consejos del cuarto comandante le habian aclarado un poco. Por su parte, Marco, mas listo y espabilado que sus compañeros, se limito a permanecer en silencio con indiferencia.
-¡Oh, que gran adulacion la tuya!- Mas animado que nunca ademas de borracho, Thatch ensancho su sonrisa si es que era posible, admirando a aquella imponente mujer como si fuera la escultura mas perfecta sobre la faz de la tierra.
-Y dime, comandante... - Pero Circe no parecia sentir lo mismo que el pobre Thatch, dirigiendose chulesca a su superior con un cabeceo altivo. -¿Donde has dejado a tu gata mestiza?- Y la expresion de Ace se ensombrecio. La miradita de advertencia de Marco no se le escapo, por suerte, conteniendo los deseos de saltar con algo desagradable para limitarse a permanecer tenso en su sitio.
-Esta haciendo su trabajo.- Seco y molesto, Ace se llevo la jarra a hacia los labios, bebiendo largamente para dirigir la mirada hacia ningun punto en concreto.
-Sorprendente.- Dijo Circe con ironia, asintiendo un par de veces para aumentar el dramatismo de las palabras. -Di por seguro que estaria contigo. Al fin y al cabo... - Suspiro alto y cansadamente, provocando que Ace no pudiera evitar prestarle un minimo de atencion. - ... se me hace de lo mas extraño que no ande restregandose contra tu pierna como la gata en celo que es.- Y Marco chasqueo la lengua con resignacion total, sabiendo que la explosion seria inminente.
-¿Que has dicho?- Manteniendo la calma falsamente, Ace dejo su jarra con un golpe sordo sobre el suelo, dirigiendo a la mujer morena una mirada combativa que fue rapidamente correspondida por la otra.
-He dicho que es una gatita encelada y mestiza que corretea por todo el barco meneandose como una zorrita.- Y con una sonrisilla autosuficiente pero guerrera, Circe decidio decir cuanto se le antojara y de la peor manera posible.
Ace se levanto violentamente del suelo, dispuesto a caminar hasta aquella maldita mujerzuela para dejarle, de una vez por todas, las cosas claras.
Sin embargo, el sentir una mano tironeando ligeramente del bajo de su pantalon le hizo detenerse un segundo, bajando la cabeza para toparse con un Marco que, aun sentado, le dedicaba una miradita de advertancia y negacion ante las acciones impulsivas que estaba a punto de cometer.
El segundo comandante, sintiendo que le temblaban hasta las manos de colera, se mordio el labio inferior, sabiendo que su compañero y amigo siempre llevaba la razon y la serenidad a cualquier conflicto.
-Dejala... - Dijo Marco sin soltar su pantalon, analizando a una Circe que, chulesca y pareciendo animada con la idea de hacer estallar la furia del otro, esperaba impaciente su llegada. -Esta celosa. Dejala.- Y es que Marco no era tan facil de engañar.
-¿Yo?- Circe se llevo una mano al pecho con seriedad e indignacion, analizando ahora despectivamente al primer comandante. -¿Por que iba yo a andar celosa de una pequeña y cobarde esclava?-
Entonces Ace trato de volver a la carga, sintiendo que la furia le atoraba y obstruia cada poro de la piel. Sin embargo, Marco volvio a impedirselo, comenzando el ahora aquel combate de miradas con la mujer peligrosa.
-Ace, Ace... - Le dijo tranquilizador, notando aliviado que el otro se contenia. Al menos, de momento. -Calmate.-
Queria enseñarle una leccion, que dejara de hablar asi de la buena y dulce Ifára que mal no le hacia a nadie, sabiendola ya seguro celosa de su nueva belleza que comenzaba a quitarle el puesto a la siempre ganadora y luchadora Circe. Asi que, Ace hizo otro ademan de pelea detenido por su eficaz compañero, teniendo que tragarse la furia para, finalmente, morderse incluso la lengua.
-¡Agh!- Bufo con molestia y total frustracion, deshaciendo el agarre de precaucion sobre su pantalon mediante un movimiento no muy amable de su pierna. -Me largo de aqui.- Se llevo las manos hasta los bolsillos con violencia, dandose la vuelta malamente para marcharse de alli antes de soltarle barbaridades y dejarse llevar por algun arrebato colerico. Pisando fuerte y ruidosamente, sin girarse que no queria ni mirarla, Ace se largo del lugar de reunion de sus amigos para evitar problemas mayores y mas peligrosos... Bajo la atenta y molesta mirada de Circe.
Una vez lo supo demasiado lejos como para escuchar nada, Marco rompio el repentino silencio incomodo.
-Esto no es por Ifára.- Le dijo a la mujer morena con conviccion y seriedad, consiguiendo por fin toda la atencion de la otra. -Dejalo tranquilo.-
-¿A quien?- Thatch parecia confuso y perdido, clavando los ojos primero sobre un serio y sereno Marco, y luego sobre una tensa y descubierta Circe, siendo para su disgusto completamente ignorado.
-¿Que pasa si no quiero hacerlo?- Y es que Circe no se andaba con chiquitas, aunque tuviera que enfrentarse incluso al segundo de abordo del brutal Moby Dick.
-Entonces, terminare haciendo que te releguen de tu puesto a limpiar las letrinas durante toda tu vida a bordo de este barco.- Pero Marco tampoco se andaba con rodeos, tan sereno como amenazante. -Y sabes que puedo hacerlo. Padre siempre me escucha.- Como respuesta, recibio un silencio largo, pero no por ello menos combativo y obstiado. Mas racional que todos los presentes, el primer comandante termino por suspirar. -Dejalo tranquilo, Circe. A Ace nunca le has interesado mas alla de lo fisico, y nunca le interesaras de otra manera.- Le dijo finalmente, acogiendo su jarra entre las manos para propinarle otro trago considerable, mas calmado y comprensivo ahora.
-¿Ace?- Thatch volvio a cuestionar confuso, pareciendo levemente dolido y decepcionado. Sin embargo, Marco sabia seguro que no traicionaria a un amigo por ninguna mujer.
-Es suficiente con eso.- Circe no se daba por vencido, mostrando sin dudarlo aquella tremenda confianza en si misma. -No necesito ni pretendo que este enamorado de mi.-
-Claro que no es suficiente con eso, mujer. No seas tan presuntuosa.- Thatch analizo tras aquellas palabras del primer comandante, debatiendose internamente, que Marco parecia mas molesto que de costumbre, no sabiendo el pobre que bando elegir ni a quien defender tras el conflicto.
-No soy presuntuosa.- Circe no habia perdido los estribos, sonriendo a su rival actual con orgullo y altivez. -Conozco perfectamente mis capacidades.-
-Pues tus capacidades no le hacen efecto, Circe.- Dijo Marco firme y conciso, comenzando el tambien a sentirse enfadado. Por suerte, era dueño de un gran y profundo autocontrol. -Que se acostara contigo un dia que andabais borrachos como cubas no significa nada.- Y Marco metio el dedo directo en la herida.
-¿Se acostaron juntos?- Incredulo, que aquella informacion habia sido eficazmente oculatada para no herir su orgullo masculino de gran conquistador, Thatch dirigio sobre Marco una mirada anonadada.
-Si, se acostaron juntos... - Le dijo Marco, prestando finalmente atencion al cuarto comandante pero sin apartar los ojos de la mirada de Circe, cada vez mas dolida y molesta. -Pero no significo nada.-
-Eso no lo sabes.- Pero Circe no iba a dejarse vencer, que era de caracter obstinado y tozudo, cruzandose de brazos altiva y superior. -Ademas ¿Quien dice que tenga que significar nada?-
-Si solo te interesara por el sexo, no andarias de arpia tras Ifára.- Definitivamente, a Marco no le engañaria nunca, mucho menos se dejaria manipular, que andaba demasiado espabilado y preparado para las mujeres como Circe. -Ahora en serio, Circe. Por ti. Dejalo tranquilo.-
-¿Quien eres tu para decirme a mi lo que tengo que hacer?- Lo mas malditamente horrible de todo el asunto era que, Circe, le recordaba a Ace en demasiadas cosas. Era como una version femenina del segundo comandante, solo que mas perversa y cortada con mala sangre. Sin embargo, andaban hechos los dos bajo el mismo patron. Orgullosos hasta volverse peligrosos, obstinados, tozudos, violentos e impulsivos. La diferencia andaba en que Ace tenia un lado bonito... Y Marco cada dia dudaba mas que Circe fuera poseedora de la misma virtud.
-Tu superior a bordo de este maldito barco.- Dijo Marco finalmente, imponiendo todo su respeto y autoridad sin necesidad ni de levantarse del sitio. -Y como tal, te exijo que dejes a mi amigo vivir su vida tranquilo.- Masticando las palabras, que comenzaba a perder su infinita paciencia, el primer comandante observo a su contrincante sin flaquear ni un segundo.
Nuevamente, un silencio tenso y peligroso, tan solo roto por el sonido festivo de los demas tripulantes ajenos a la discusion, se hizo cargo de la escena.
Al final, Circe termino cediendo, respirando hondo para calmarse tan altiva e imponente como siempre seria.
-Dame tiempo.- Dijo con total seguridad, inclinandose un momento hacia el primer comandante para, chulesca, girarse con un movimiento acompasado de todo su cuerpo y caminar lejos de alli. Y mientras se marchaba, Marco sabia que ella andaba refiriendose a la captura de su compañero segundo, resultandole aquella idea no sabia porque exactamente como en exceso peligrosa. Circe no le daba buena espina, de ninguna clase, sabiendo su cercania sentimental de un riesgo atroz por puro instinto.
Una vez se interno entre la marabunta pirata y animada, Marco suspiro, tan inquieto como resignado.
Las cosas se acabarian complicando.
-Un momento... - Sin embargo, la voz de Thatch lo saco de sus pensamientos.
Giro el rostro, topandose con la expresion entre traicionada y dolida del cuarto comandante.
-¿Se acostaron juntos?- Dijo Thatch de una manera que analizo como preocupante, teniendo ahora el que encargarse de solucionar el problema.
Definitivamente, las cosas acabarian complicandose.
(Cambio de escena)
-Bueno... - Dijo Dadou con gracia, rompiendo aquel silencio comodo y complice que se habia adueñado de ellas. -¿Y que?- La muchachita rubia cuestiono mirando a su amiga de reojo mientras ambas continuaban doblando y colocando las sabanas pertinentes en el cuarto de lavanderia.
-¿Que de que?- Contesto Ifára con algo de curiosidad como de indiferencia, no dandole demasiada importancia a semejante pregunta jocosa mientras seguia a su trabajo.
-Le gustas.- Dadou no iba a darle lugar a treguas ni escapadas a su compañera, rematando la cuestion con una sonrisa sabedora y suficiente.
-Sshh- Apurada y comenzando a preocuparse, que era de mantener secretos, Ifára le chisto fuerte y con urgencia, revisando los alrededores del cuarto solitario velozmente. -Calla, Du ¿Y si alguien te oye?- Lo ultimo que le faltaba a ella era meterse en lios por tema semejante.
-¡Oh, vamos!- Dadou chasqueo la lengua, que era mas simple y de campo que su amiga, continuando con el trabajo junto a la otra. -Aqui no hay nadie, Ifára.- Era cierto, pero Ifára se sabia algo paranoica, que suficientes apuros y problemas habia sufrido y vivido ya. Como respuesta, simplemente ladeo la cabeza, no sabiendo que decir ante aquella evidencia. -Pero le gustas.- Con gracia, Dadou pincho con un dedo acusador y divertido el costado de su compañera, que dio un respingo entre sonriente y enfurruñada. -Lo sabes ¿Verdad?-
-Du, claro que lo se.- Y es que Ifára no era tonta, que andaba demasiado curiosa y observadora para no darse cuenta. Habria que estar ciega. Le dirigio de reojo una miradita fugaz a su amiga, que la respondio con expreison desconcertada. -Pero... no se si es... buena noticia.- Concisa y clara, Ifára continuo con su labor, tratando de evitar aquella conversacion.
-¿Como que no?- Sin embargo, Dadou no pensaba permitirle cumplir con su deseo de huir del tema. -¡Te conviene completamente!- Dadou parecia mas emocionada y feliz con la noticia que ella, agarrando su muñeca fina cariñosamente para tironear un poco y conseguir su mirada bicolor sobre ella. -Se que da un poco de miedo, pero... - Rapida, Ifára la interrumpio.
-No es por eso.- Dijo convencida, esquivando nuevamente el contacto visual directo con la otra. -Es bueno conmigo.- Al menos, actualmente si lo era. Ademas, Ifára todavia recordaba como, hacia cuatro meses, la protegio firme e inquebrantable en pleno bombardeo enemigo. Eso era algo que no podria olvidar absolutamente nadie. Le debia su seguridad.
-¿Entonces?- Dadou, que no entendia las dudas y problematica que su amiga tenia frente a aquello, se encogio de hombros en espera de una explicacion.
-No se, Du... - Realmente, Ifára no tenia muchos argumentos a su favor, chasqueando la lengua suavemente. -Es que... me resulta chocante o algo asi... - Nuevamente, la expresion de Dadou era de un total desconcierto e incomprension. -Quiero decir... es raro ¿No? Que un hombre libre, joven, que puede tenerlo todo... se fije en una esclava de manera mas... - No sabia como explicarlo, dedicando a su amiga una muequita confusa. -¿Intensa?-
-¡Ah! ¡Ifára!- Dadou bufo, doblando una de aquellas sabanas con mal humor. -No es tan extraño. Ya lo he visto antes.-
-Si, yo tambien.- Era cierto. No era una noticia nueva aquella circunstancia, pero muy distinto era ser espectadora, que participe directa de la cuestion. -Pero... no se.-
-¡No te entiendo, chica!- Exclamo Dadou, dedicandole una miradita reprochadora y de regaño a la otra. -Tienes mucha suerte, y la vas a desperdiciar. Nosotras no tenemos esa opcion, Ifára. Deberias agarrarte como una desesperada al unico foco de seguridad que tienes ahora mismo.- Didactica, que Dadou habia vivido toda su existencia como esclava y conocia mucho mas del tema, ademas que era de mejor adaptacion, dijo aquellas palabras completamente segura de ellas.
-Ese es el problema.- Por su parte, Ifára no veia las cosas tan claras y faciles, suspirando preocupada e inquieta. -Ahora mismo lo tengo... pero ¿Que pasara si me aferro a ello y, de repente, desaparece? Ya sabes como son estas cosas... al principio demostrara mucho afecto y, cuando se canse, me dejara sola de nuevo.- Y es que Ifára no iba a arriesgarse sin mas, que suficientes palos le habia dado la vida.
-¿Que mas te da? Disfrutalo mientras tanto.- Se encogio Dadou de hombros, envidiando sanamente la supuesta suerte de su compañera. -Incluso te ha traido la bufanda esa, o lo que sea.- Dadou tampoco debia ser gran conocedora de modas.
-Si... ¿A que es bonita?- Dijo Ifára con gracia y emocion, que nunca antes habia recibido presente semejante, mucho menos sin que esperaran nada a cambio.
-Esa no es la cuestion, Ifára... - Pero Dadou continuo con el tema tratado, dispuesta a enseñarle una leccion de supervivencia total a su amiga. -La cuestion es que se ha gastado dinero en ti sin que se lo pidas, ni siquiera pretendiendo nada a cambio.- De acuerdo con aquello, Ifára asintio insegura igualmente, reflexionando y grabandose las palabras de Dadou cuidadosamente. -Eso debe significar algo ¿No? Los dioses te envian señales, no cuestiones su voluntad o tendras problemas.- Chica supersticiosa como era, que a algo hay que aferrarse cuando te encuentras en situaciones desesperadas y sin escapatoria posible, Dadou decidio apelar a las divinidades.
-No estoy cuestionando a los dioses, ni a las animas, ni a nada semejante.- Ifára era mas de la idea de ni llegar a creerselo del todo ni ser totalmente indiferente a ello, sabiendo que en su circunstancia era mejor no arriesgarse en absolutamente ningun aspecto. -Simplemente, no lo veo tan sencillo. No quiero tener una vida tranquila un tiempo, para despues tener que adaptarme de nuevo a andar sola y a mercez de la buena suerte o la compasion de los señores.-
-Deberias aprovechar la oportunidad.- Agarrando su mano de nuevo, que Dadou parecia decirselo de corazon y en busqueda de lo mas conveniente para su amiga, tironeo de su muñeca nuevamente para lograr su atencion. -Sigo sin ver el problema.-
-No quiero acostumbrarme.- Ese era el problema. Ifára, que era menos curtida y mas blanda que su compañera, dejo la tarea para dedicarle una miradita de socorro y refugio a Dadou.
-¡Oh, Ifárita! ¡No me mires asi que sabes que me emocionas!- Dijo Dadou entre molesta y enternecida, chasqueando la lengua con un pisoton suave y enrabietado sobre el suelo. -Anda, ven aqui.- Extendio sus brazos con cariño de hermana mayor, provocando que la otra se lanzara al abrazo sin dudarlo. -Eres una llorona.- Pero no sono a acusacion verdadera, si no mas bien bromista mientras acogia a la otra entre sus brazos.
-No estoy llorando.- Dijo Ifára como defensa contra su pecho escaso pero firme de mujer delgada, sintiendose infantilmente humillada pero calidamente a salvo durante un ratito.
-Vale, vale. No estas llorando.- Dadou lo dijo condescendiente, incluso, acariciando la cabecilla de la otra con mimo y proteccion, que era mas fuerte y mejor superviviente que su amiga. -Ifára, ¿A ti te gusta?- A pesar de todo, Dadou no pensaba dejar el tema en el aire.
-No lo se... - Se encogio de hombros entre el abrazo de la otra, completamente indecisa y perdida a la deriva.
-Igualmente... - Finalmente, Dadou la separo de su cuerpo, no rompiendo del todo el contacto mediante un agarre de sus hombros mas pequeños. -Tiene que gustarte. Es tu dueño, asi que no te queda mas remedio.- Con maternalismo didactico incluso, Dadou decidio terminar la leccion de una forma verdadera y clara.
-Lo se... - Por su parte, Ifára se limito a asentir, estando segura unicamente de aquellas ultimas palabras.
-Entonces, no hay mas que hablar.- Dijo Dadou finalmente, liberando a su compañera preocupada. -Simplemente, deja que haga lo que le da la gana.- Continuando a lo suyo, la rubia alta se dio al trabajo, dedicando miradas rapidas a su aun quietecita compañera. -Si no se cansa, para ti perfecto. Si se cansa, adaptate porque sera lo que el destino te ha preparado.- Escuchando atenta, Ifára asintio como buena alumna. Rapida, se puso tambien a la tarea junto con la otra, continuando con aquella accion de doblar y guardar en un monton. -Solo estate pendiente ¡Y alerta! Asi interpretaras las señales correctamente y no tendras ese problema que tanto temes.- Dadou simplificaba y facilitaba las cosas, que veia una salida por muy pequeña que fuera a casi cualquier contratiempo. Al fin y al cabo, si habia sobrevivido era gracias a ello. -¿De acuerdo?-
-Si, tienes razon, Du.- Mas tranquila y segura, que la conversacion de enseñanza la habia aclarado varias cuestiones, Ifára asintio.
-Chica lista.- Dijo Dadou incluso orgullosa de su mas bajita amiga, acogiendo velozmente su menton con una mano cariñosa para romper el aura de tension y preocupacion. -¡Agh! ¡Malvada!- Apreto el agarre sobre sus mejillas con una sonrisa, arrancandole a la otra una expresion entre enfurruñada y divertida. -Eres tan guapa ¿Por que eres tan guapa? Seguro que querias dejarnos mal a todas las demas ¿Verdad? Dime cual es el secreto.-
-Vamos, sueltame.- Le dijo malamente debido al aprenton sobre sus mejillas, haciendo un suave y ligerito ademan de aparte con una sonrisita.
-¡Bah! Egoista.- Y fingiendo desprecio, Dadou solto su barbilla finalmente, provocando una risita de la otra.
Apenas les dio tiempo a continuar con su tarea ni dos minutos, cuando el barco se zarandeo levemente con un frenazo suave. Tanto la una como la otra dieron un respingo por lo repentino y no esperado de aquel movimiento del navio, mirandose primero entre asustadas y curiosas.
-¿Que ha sido eso?- Cuestiono Ifára, mucho mas temerosa y de susto facil que su compañera curtida y de campo.
-No lo se... - Dadou se limito a encogerse de hombros con recelo, disuesta a analizar el problema y situacion.
-¿Nos hemos parado?- Volvio Ifára a preguntar, rogandole al cielo porque fuera simplemente aquello y no un problema mayor. Dadou no le respondio, dejando las sabanas dobladas por sus manos recientemente sobre el monton sin mucho cuidado. Valiente y mas madura, la alta rubia se dirigio veloz hasta la ventana, agarrandose al alfeizar para acercarse mejor y ver a traves del cristal optimamente. Por su parte, Ifára se mantuvo estatica y tensa en su posicion, esperando impaciente con ansiedad temerosa la respuesta y solucion de su amiga inspeccionadora.
-¡Tierra!- Dijo finalmente Dadou con un gritito animado, dando un salto feliz ante la imagen que estaba visionando. -¡Han encontrado una isla!-
-¡¿En serio?- Ifára no se iba a hacer esperar, que entre la curiosidad y la contagiosa alegria de la otra, se dejo invadir por un estado energico similar. -¿Una isla?- Llego veloz hasta su compañera asomada, haciendose un hueco junto a ella para admirar tambien el recien encontrado lugar. Era cierto. Ifára no podia ver mucho, pero la playa la saludo con toda su belleza y candor nocturno. Siempre le gusto la playa. Le recordaba a su casa. -¡Oh! La playa.- Dijo entre ilusionada y nostalgica, presa de una ensoñacion animada.
-¡Claro que "oh, la playa!- Burlona, Dadou rompio el encanto aquel en el que Ifára acababa de sumirse, pareciendo realmente impaciente por pisar tierra firme. -Es una isla ¿Que quieres que tenga la costa? ¿Melocotones?- Ifára se limito a permanecer en silencio, no considerando necesario responder a semejante pregunta evidente.
-¡Que bien! ¡Tierra firme!- Dijo Ifára con toda su emocion, pensando detenidamente cuando fue la ultima vez que puso los pies sobre algo que no flotara en el mar. No pudo hacer una cuenta exacta, pero segura estaba de que hacia mucho, mucho tiempo. -¡Vamos!- Curiosa como era y presa ahora de la ilusion, la joven Ifára le dirigio a su amiga una expresion sonriente de total animacion.
-¿Que?- Pero no pudo cuestionar Dadou mucho mas, viendo como su compañera se alejaba de la ventana velozmente. -¿Adonde vas?-
-¡A cubierta!- Ifára, eficaz y ansiosa por descubrirlo todo y analizar aquella tierra mejor, coloco las sabanas que habia estado doblando sobre su monton correspondiente. -¡Vamos a verlo!-
-Joan-Marie nos regañara si descuidamos el trabajo, Ifára.- Le dijo Dadou preocupada, deseando no obstante el lanzarse a la aventura curiosa tanto como su amiga.
-Oh, venga. No se dara cuenta.- Suplicante, Ifára contemplo a la otra, casi rogandole con la mirada que aceptara la proposicion al igual que comenzaba a contagiarle del todo los animos observadores. -¡Solo sera un momento! ¡Por favor!-
-Mierda, Ifára... - Dadou no era de educacion demasiado fina, chasqueando la lengua con molestia. -Vamos, anda, vamos antes de que te de un infarto.- Sin embargo, tan veloz como su compañera se alejo de la ventana, dirigiendose hasta una Ifára que no pudo contener un saltito feliz.
Y como dos balas, ambas muchachas desaparecieron de la sala.
(Cambio de escena)
"¡Tierra!" Habia gritado algun borracho estupefactamente en cuanto diviso la nombrada.
Fue terminar de pronunciar aquella palabra, y la ya de por si animada cubierta se sumio en el caos mas enorme y ruidoso, levantandose todos de sus asientos, otros abandonando partidas de cartas a medio empezar, dejando conversaciones en el aire o incluso tirando las copas de sus manos. Tan estupefactos e incredulos como aquel que habia avisado de su descubrimiento, cada pirata presente se lanzo a la barandilla del navio, no pudiendo creer todavia semejante descubrimiento esperanzador hasta que no lo vieran con sus propios ojos. Incluso el mismisimo Barba Blanca, que andaba de animacion y celebracion alcoholica al igual que sus muchachos, se dirigio directo hasta el borde de su colosal navio, haciendole velozmente sus borrachos y festivos hijos un hueco.
Ace no podia creer que tuviera tanta suerte. Acababa de llegar aquella misma mañana y, en medio de su propia celebracion, ademas, resultaba que encontraban un lugar donde poder plantar los pies y relajarse. Cuando vives demasiado tiempo flotando a la deriva en el mar salvaje, la vision de un pequeño y misero islote como el que estaba, ahora mismo, admirando, resulta la fuente absoluta de la felicidad y la emocion.
Y el resto de tripulantes debian compartir el mismo sentimiento, pues estallaron en jubilo e ilusion celebrativa en cuanto revisaron aquel pedacito desierto de tierra sin vida civilizada. Se trataba de una zona pequeña, salvaje y natural que no debia haber sido tocada por la mano destructiva del hombre o, al menos, no habia sido alterada. Gritaron y rieron incredulos de su suerte nocturna, revisando cada granito de arena de la costa con la mirada, deseosos y ansiosos por bajar a asalvajarse del todo en plena playa y tierra firme.
Fue justo en aquel instante cuando la mirada de Ace cayo en que, junto al gigantesco Moby Dick a punto de hundir el ancla, habia otro navio colosal. Estupefacto y no sabiendo todavia demasiado bien si serian buenas o malas noticias, o si acaso la presencia de terceros les afectaria, analizo el vehiculo maritimo desconcido, sacando rapido la conclusion de que por suerte o desgracia no se trataba de un buque de la marina. Apenas pudo el segundo comandante ni ver la bandera, cuando lo sacaron de sus dudas abruptamente.
-¡Newgate!- Grito una voz estruendosa y colosal desde el navio desconocido, provocando un silencio absoluto de cada tripulante del Moby Dick.
-¡¿Eh?- Dijo Barba Blanca al haber sido nombrado por su apellido con tal arrogancia y vozarron. Malhumorado y comenzando a prepararse para destruir navios y tripulantes junto a sus muchachos, el temible capitan se giro y contemplo a aquel supuesto nuevo enemigo.
-¡Viejo delincuente!- Ya iban todos los tripulantes del Moby Dick a lanzarse al ataque contra el desdichado que habia cometido el delito de referirse a su capitan de manera tan impertinente, cuando el propio Barba Blanca los detuvo.
-¡Yakup Al-Din!- El viejo Barba Blanca grito tan impresionado como repentinamente emocionado, pareciendo agradablemente sorprendido. -¡¿Que diablos haces aqui, rufian?- Ante la mencion de tan conocidisimo nombre, los muchachos del Moby Dick estallaron en murmullos de incredulidad, hablandose los unos a los otros para cerciorarse de la identidad real de aquel otro capitan.
-¡Hare cuanto me venga en gana, Newgate!- Un hombre de aura y edad tan imponente como el mismisimo Barba Blanca se irguio sobre la barandilla de su navio pirata, secundado por una bastisima tripulacion de numero similar al del primero. Su barba roja y canosa, larga casi hasta la altura del ombligo, ondeo rebelde en el aire, estando el cabello de su cabeza mas blanquecino cubierto con un turbante crudo y apretado. Las ropas arabigas, de aparente aspecto cuidado y elegante, eran la guinda de su presencia energica y peligrosa. -¡¿Como te trata la vida?- No eran enemigos, los piratas del Moby Dick ya lo sabian, habiendo oido desde la infancia cuentos e historias de la amistad y complicidad extraña que aquellos dos famosos capitanes mantuvieron en el pasado, antes de separar caminos.
-¡Mejor que a ti por lo que veo, Al-Din!- Barba Blanca parecia contento, razonaron sus hijos, dejando escapar una de sus profundas y resonantes carcajadas inconfundibles. -¡Estas mas viejo que nunca!-
-¡Que un deshecho decrepito como tu me diga semejante impertinencia es una aberracion!- Pero Al-Din no se noto molesto, siguiendo aquel juego de dura complicidad entre lideres de los mares. -¡Por lo que veo, andabais de celebracion!- Dijo el peligroso capitan de barba roja, analizando a la asalvajada tripulacion de su viejo amigo.
-¡Exacto! ¡Pero el ron se nos esta terminando!- Rio Barba Blanca, provocando que sus hijos le miraran entre divertidos y estupefactos todavia por tal encuentro de titanes.
-¡¿Oh, si? ¡Que gran desgracia! ¡Como caballero que soy, no puedo permitir que un viejo amigo celebre nada sin licor suficiente!- Galante, que tenia unas maneras exquisitas a pesar de su fama y peligrosidad, Al-Din hizo una pequeña reverencia respetuosa. -¡¿Nos permitirias unir festejos a cambio de nuestro alcohol?- Y la tripulacion de Yakup Al-Din estallo en gritos y aullidos animados al igual que habia hecho momentos antes la del capitan contrario en cuanto divisaron tierra.
-¡Faltaria mas!- Dispuesto a bajar hasta la playa cuanto antes, Barba Blanca rio felizmente, contagiando a todos sus polluelos de aquella animacion total.
Ace llego a la conclusion de que tenia la mejor suerte del mundo.
(Cambio de escena)
Si una fiesta en el Moby Dick ya era salvaje de por si, a esta le unes otra tripulacion similar e igual de numerosa, mas cantidad de fuerte alcohol, una playa y un cielo nocturno, y el resultado se convertia en simplemente bestial.
Asentados en la playa, ambas bandas de salvajes piratas habian unido fuerzas celebrativas rapidamente, convirtiendose en hermanos en apenas dos horas los unos de los otros, que el licor y la diversion hacian maravillas. Asi, el estruendo y las risas inundaron la pequeña isla desierta rapidamente. A la oscuridad total le vencio la luz ambarina de las hogueras, y al piar de los pajaros tropicales, le sustituyeron los gritos de guerra de alguno que se pegaba con otro o los cantos alcoholizados de dos que andaban como mejor amigos aquella noche.
La tripualcion de Al-Din resulto mas hospitalaria y amigable que ninguna, aceptando rapido a los compañeros marinos a pesar de sus diferencias evidentes, que los primeros eran mucho mas arragaidos a las costumbres, la educacion de su patria oriental y desertica y las creencias religiosas. Sin embargo, seguian siendo rufianes piratas como el que mas, compartiendo su alcohol extranjero y mucho mas fuerte que el ron, para que negarlo, a la vez que mas dulce y facil de tragar.
De aquella manera, Ace, siendo un gran amigo de las fiestas y la animacion como era, se dejo llevar rapidamente por el ambiente, terminando por sentarse en uno de los bartulos y cajas que habian improvisado como sillas frente a una mesa plegable. Alrededor de esta ultima, se concentraron varios tripulantes de Al-Din en circunstancias similares al segundo comandante, rodeados por un circulo de algun que otro curiosillo que queria ver el resultado de la reunion alcoholica y animada.
-Vamos, vamos... - Dijo el joven Ace con suplica y emocion, besando su puño cerrado que contenia aquel par de dados que podrian bien hacerle ganar una buena cantidad de dinero, bien hacersela perder. Nunca fue gran amigo de los juegos de azar con apuestas de por medio, porque era un riesgo innecesario y se conocia demasiado bien. El problema que tenia era que, una vez empezaba, chico orgulloso como el que mas, no se detendria hasta ganar el ultimo centavo, consistiendo esta tarea casi imposible a no ser que la suerte estuviera de su lado. Sin embargo, entre el alcohol y la fortuna de la que parecia disfrutar aquel dia, Ace se aventuro a las apuestas de dados, siendo aceptado rapidamente por el circulo jugador en cuestion. -Venga, hacedme ganar.- Hablandole a aquel par de elementos de azar por pura costumbre y nerviosismo, Ace finalmente agito su mano, lanzandolos sobre la mesa ruidosamente.
Contuvo el aliento, inclinandose al igual que todos los presentes mientras el par de dados giraba tortuoso sobre la mesa plegable.
Un seis y un uno. Siete.
-¡Si!- Grito Ace con jubilo, cerrando un puño triunfal para elevarlo en el aire. Llega a salir un misero numero menos, y hubiera perdido aquella partida.
-Es un jugador afortunado.- Uno de los contrincantes pertenecientes a la tripulacion contraria asintio convencido de sus palabras, mirando al compañero mas cercano para decir aquello con su acento arabe y suave. Mientras tanto, Ace recogia de sobre la mesa lo apostado en aquella ronda, saboreando la victoria y la ganancia de algo mas de dinero para su bolsillo.
-Si, pero la fortuna es caprichosa.- Dijo otro de los tripulantes de Al-Din con similar acento, mesandose su barba oscura que cubria parte de la cara morena. -Apuesto... - Enseguida, jugador empedernido como buen pirata, aquel tipo se llevo una mano al bolsillo de su tunica, plantando sobre la mesa cuidadosamente unos cuantos billetes. -100 berries.-
-Pues yo lo subo a 200.- El otro tripulante de Al-Din no iba a hacerse esperar mas, colocando tambien su parte de dinero sobre la del otro. El circulo de curiosos comenzo a hacerse mas grande, contemplando que la cantidad apostada empezaba a aumentar asi como la rivalidad de los jugadores.
-300.- Dijo Ace sintiendo el espiritu de competicion y la adrenalina absorviendole por dentro, dejando el dinero sobre la mesa y frotandose despues las manos velozmente con nerviosismo.
-Uh... empieza a ser mucho dinero.- Con expectacion, aquel tripulante de larga barba de Al-Din pronuncio, cogiendo los dados azarosos en su mano para comenzar el turno. -Digo que saldra... - Pensativo, se llevo una mano morena al menton, reflexionando la respuesta ampliamente. -Menor de siete.- Y tras aquello, agito los dados dentro de su mano cerrada, susurrandole alguna formula supersticiosa antes de atreverse a lanzarlos. Finalmente, se aventuro al riesgo apostador, rebotando aquellos dos elementos numericos sobre la mesa para dar un par de vueltas sobre si mismos.
Un cuatro y un cinco. Nueve.
-¡Agh!- Dijo el perdedor, chasqueando la lengua molesto pero no perdiendo las formas ni siquiera bajo los efectos del alcohol. -Nueve.- El dinero quedo sobre la mesa, tentador y esperando que algun alma caritativa se lo llevara con el.
-La diosa de la victoria no esta contigo esta noche, hermano.- Le dijo su compañero de tripulacion, satisfecho de poder ser el quien ganara los 300 berries.
-Eso parece.- Suspiro el perdedor, pasandole los dados al joven Ace.
-Me toca.- El segundo comandane, mas expresivo y nervioso que los otros dos, se mordio el labio inferior con ansiedad, acogiendo aquel par de dados en su puño para lanzarse a la partida de nuevo. -Sera siete o mayor.- Agito la mano, soplando un segundo sobre los dedos cerrados como costumbre, conteniendo el aliento para, sin esperar mas, lanzarlos sobre la mesa ruidosamente.
Un dos y un cuatro. Seis.
-¡Maldita sea!- Maldijo el joven comandate, propinando un pisoton molesto al suelo arenoso de la playa.
-¿Se acaba tu suerte, Puño de Fuego?- El que aun no habia jugado su partida cuestiono con sorna, alzando una mano abierta para que le pasaran el par de dados.
-Nah, dame tiempo.- Chasqueo la lengua el joven Ace, comenzando a notar como el sentimiento competitivo se hacia mas fuerte.
-Bien... digo que saldra... - El jugador actual agito su mano ya cargada con aquel par de cuadrados numerados, admirando el dinero sobre la mesa con esperanza. -Menor que siete.- Y sin darles tiempo casi a recomponerse, los lanzo sobre la mesa cuidadosamente.
Un cinco y un dos. Siete.
-¡Oh!- Dijo quejumbroso el recientemente lanzador de dados, tan desilusionado como los otros dos. -Parece que ninguno hemos sido sonreidos por la fortuna en esta ronda.-
-Aumento la apuesta.- Sin esperar ni un segundo mas, el compañero de tripulacion del primero rebusco de nuevo entre los bolsillos, sacando otro par de billetes. -Ahora son 450 berries.- Dijo, dejando el dinero sobre el resto, que comenzaba a amontonarse peligrosamente en el centro de la mesa plegable.
-550.- Su compañero, que debia ser tan competitivo como el mismo Ace, dejo otros cien en el mismo lugar.
-Venga.- Dijo Ace con una palmada al aire, que tampoco iba a ser menos. -650 berries.- Y sin mas, los dejo sobre la mesa, convencido de su propia suerte.
-¿Oh, si?- Sin embargo, aquel otro competitivo no parecio agradado ante semejante despliegue de seguridad, sacando de su manga amplia otra buena cantidad de dinero. -800 berries.- Triunfalmente los dejo sobre el monton, arrancando la espectacion y emocion total de los curiosos que se concentraban alrededor de la partida.
-900.- Dijo Ace mientras dejaba el dinero faltante en la mesa, comenzando a picarse rapidamente. Por eso no solia jugar, se dejaba llevar enseguida.
-1300 berries.- El que aun no habia entrado en aquella rivalidad no quiso hacerse esperar, contagiandose tambien de la tension y el comprobar quien se arriesgaba mas.
-2000 berries.- Su compañero de tripulacion comenzo a ponerse temerario, consiguiendo, como no, que los otros hicieran lo mismo.
-2500.- Dijo Ace, colocando ruidosa y firmemente el dinero sobre la mesa.
-3000 berries.- Aquel barbudo rebusco de nuevo, llevando a cabo la misma accion exacta que el segundo comandante.
Mierda. Ace no tenia tanto dinero como para subir la apuesta.
-Esperad un momento.- Dijo el joven comandante bajo la atenta mirada de los otros dos. Sin mas, se levanto de la mesa, dispuesto a encontrar a Thatch o Marco para que le prestaran el dinero faltante. Que andara escaso de ello no significaba que Ace abandonara la partida. No iba a permitir que le ganaran, menos aun ahora que andaba metido de lleno en aquel extasis apostador y combativo. -¡Enseguida vuelvo!-
-¡Esta bien, hermano!- Y adivinadores de sus intenciones, los otros dos asintieron, observando atentos como el segundo comandante desaparecia entre la muchedumbre celebrativa.
Por eso no solia jugar.
(Cambio de escena)
-Menuda nochecita... - Bufo Dadou malhumorada, rabiando tan solo de pensar el trabajo que tendrian por delante si la fiesta continuaba alargandose. Como respuesta, su compañera y amiga se limito a sonreir, rellenando una de las botellas de las decenas que aun quedaban mediante aquel barril cargado de licor extranjero. -Y tu ¿Por que estas tan contenta?- Dadou se giro un segundo, llevandose las manos a las caderas con indignacion para dedicar sobre su amiga una miradita incredula.
-No se... - Dijo Ifára encogiendose de hombros, pareciendo mas animada que de costumbre. -Me gustan estas cosas.- Y es que, aunque no estuvieran metidas de lleno en el ambiente celebrativo, mucho menos las tuviera en cuenta ningun festejado como esclavas que eran, el sonido de las risas y el jolgorio inundaba los oidos de Ifára agradablemente.
Un poco apartadas del resto, tanto ellas como el grupo educado y trabajador de morenos esclavos de Al-Din se encargaban de la tarea de abastecer y satisfacer las demandas alcoholicas de ambas tripulaciones. Alrededor de una fogata amplia que habian encendido entre todos tanto para resguardarse del frio como para conseguir luz suficiente, las dos muchachas no se relacionaron demasiado con el resto, que estaban acostumbradas a andar a lo suyo y suficiente trabajo tenia cada cual como para entablar amistades.
-Maldita sea, Ifára... - Se limito a decir Dadou entre dientes, comenzando de nuevo a ponerse manos a la obra con aquella labor de rellenar suficientes botellas para repartirlas despues entre los algo alejados piratas. -Estas cosas significan trabajo. Mucho trabajo para nosotras.- La joven rubia y delgada nego con la cabeza, chasqueando la lengua con resignado disgusto.
-Si, pero... - Ifára sin embargo no se dejo convencer, tan alegre y agradada con el ambiente. - ... hay mucha gente. Eso esta bien.- A Ifára, aunque continuara siendo miedosa y temerosa de casi todos, le seguian gustando las personas y sus voces risueñas. -¡Y la playa!- Aquello ultimo lo dijo con aun mas felicidad.
-¿Y eso que?- Pregunto Dadou con incomprension, demostrandole a su amiga que andaba de bastante mal humor y que no era partidaria de la misma opinion.
-Me gusta el aroma del mar.- Ifára suspiro entre nostalgica y contenta, agachandose un momento para acoger entre las manos otro par de botellas, que resonaron con un tintineo cuando chocaron entre si suavemente.
-Eres imposible.- Por su parte, Dadou decidio no darle mas vueltas ni dudas a las contestaciones de su amiga, que Ifára era tan facil de contentar como de asustar. -Y a todo esto ¿Donde se ha metido Joan-Marie?- Dadou podria ser muy respetuosa delante de los señores, pero luego, cuando se encontraba en confianza y soledad entre el resto de esclavos, le importaban bastante poco las formas y correcciones.
-Oh, esta por ahi... - Dijo Ifára, indicando el barullo festivo que se desarrollaba indiferente a ellas con un cabeceo indicador. -Creo que estaba algo borracha la ultima vez que la vi.-
-¡Perfecto!- Ironica y aun mas molesta que antes, Dadou casi que gruño aquello, elevando las manos al cielo con cataclismo. -Como estamos nosotras para hacerlo todo, ella se va de jolgorio ¿No? Ademas... - Un dedo acusador aunque ella no fuera culpable señalo a Ifára con firmeza. - ... voy a tener que ser yo la que despues cargue con ella hasta su camarote si bebe demasiado.-
-Somos esclavas, Du.- Ifára se encogio de hombros con resignacion, continuando la tarea mientras mantenian aquella conversacion.
-Eso lo tengo muy claro y es lo que mas me jode.- Y es que Dadou, aunque hubiera vivido toda su existencia presa de la esclavitud, no parecia contenta con su condicion a pesar de haberla asumido hasta las mas profundas entrañas. -Que no me puedo quejar.-
-Joan-Marie es una buena mujer.- Ifára sabia que tampoco podia quejarse, pero con Joan-Marie siempre tuvo algo mas de valentia. Al fin y al cabo, su actitud incluso maternal daba confianza a aventurarse con algun atrevimiento de vez en cuando.
-¿Estas loca?- Sin embargo, Dadou no debia estar tan dispuesta a las quejas respetuosas como su compañera, que la contemplo con una expresion de escandalo al igual que si Ifára hubiera perdido la cabeza de pronto. -No te fies de semejante cosa, Ifarita.- La joven Ifára abrio la boca para contestar, pero rapido tuvo que desistir debido a la interrupcion de su amiga. -¿Sabes cuantos buenos señores y amos he visto transformarse de pronto por alguna impertinencia de su esclavo? Una vez, recuerdo, a un compañero mio de la casa donde trabajaba antes... - Dadou, para dar mas dramatismo a sus palabras, acogio el hombro fino de la otra, provocando que Ifára diera un respinguito y le prestara toda su aterrada atencion. - ... que se atrevio a decirle al señor que el trabajo estaba mal administrado ¿Sabes lo que le paso?- Tragando saliva nerviosamente, Ifára nego con la cabeza. -¡Le cortaron la lengua!- Y tras aquella brutal historia del esclavo impertinente, Ifára no pudo evitar llevarse las manos a su propia boca con horror. Lo peor de todo era que se lo creia, que suficientes cosas habia visto y vivido como para atreverse a negar semejante agresion. -Y lo siento... - Sin embargo, Dadou no andaba tan impresionada, dejando a la otra en su estado de shock para continuar trabajando. - ... pero no quiero que me arranquen la lengua.-
-Yo... - Solo imaginar la escena, provocaba que un escalofrio de panico atravesara toda su espalda bonita. -Yo tampoco.- Y sin recomponerse aun del todo, Ifára volvio a su trabajo y tarea.
-Al menos, hay muchos esclavos aqui.- Dijo Dadou, revisando el concurrido y laborioso grupo de morenos esclavos de la tripulacion de Al-Din para cerciorarse del esfuerzo que se ahorraban entre todos. -Ese Al-Din debe ser un tipo muy rico.- Ifára asintio, convencida de aquello ante el comprobar que, aquel capitan de barba roja, podia permitirse una numerosa cantidad de personas compradas. -¡Oh!- Repentinamente, la joven rubia dio un botecito entre animado y sorprendido, llevando rapido una mano al hombro fino de la otra para acaparar toda su atencion. -Fijate en eso.- Dijo Dadou mordiendose el labio inferior con gracia.
-¿En que?- Tan curiosa como era, Ifára dejo un segundo sus tareas, revisando el ambiente en busqueda de algo llamativo que habia levantado semejante reaccion.
-¿Acaso estas ciega?- Cuestiono Dadou con complicidad, agarrando sin dudarlo el menton de su amiga para guiar su cabeza. Dejandose manejar, que Ifára queria descubrirlo todo, sus ojos bicolores y grandes se toparon de lleno con los de otro muchacho, oscuros y brillantes. Se trataba de un joven que, algo alejado de ambas chicuelas, habia detenido tambien su trabajo para analizarlas atenta y largamente. Sus facciones agradables y bonitas de muchacho guapo la sorprendieron en un primer momento, que era mas dificil encontrar esclavos atractivos que esclavas agraciadas, analizando rapida e instintivamente su piel morena y curtida por el sol a la vez que su complexion delgada, pero alta y fibrosa.
-Ah... - Dijo finalmente Ifára una vez comprobo que lo que tanto habia llamado la atencion de su amiga no era mas que un joven, regresando a su tarea y tragandose ligeramente la decepcion. Habia esperado algo mejor. -Si, es guapo.-
-Es casi tan guapo como tu.- Con una risita boba, Dadou, sin dejar de revisar a aquel muchacho esclavo una y otra vez, pincho el costado de la otra mediante uno de sus dedos delgados para hacerla dar un saltito. -Y no te quita los ojos de encima.- Casi le hacia mas ilusion a ella que a la observada.
-¿Si?- Sin embargo, la joven Ifára seguia siendo una jovencita, no pudiendo evitar sentirse adulada ante semejante despliegue de atencion de un muchacho tan guapo como aquel. Con curiosidad, levanto la cabecilla un segundo, correspondiendo al contacto visual con el otro para, rapidamente una vez comprobo la veracidad de las palabras de su amiga, regresar a su posicion anterior.
-¡Si!- Exclamo Dadou con ilusion, llevando las manos hasta la cintura de su amiga para zarandearla un par de suaves veces. -Haz algo.-
-¿Que?- Aquello si que la piyo por sorpresa, cuestionando primero confusa para, despues, chasquear la lengua silenciosamente. -No. Mejor no.- Y es que lo ultimo que Ifára pretendia ahora era meterse en lios semejantes, que conocia los problemas y preocupaciones sin sentido que podrian traerle.
-¡Pero ¿Por que? ¡Es guapisimo y le gustas! ¡Te esta comiendo con los ojos!- Entre escandalizada y divertida, Dadou murmuro altamente para no ser demasiado escuchada, arrancandole a la otra una de sus risitas pero sin lograr el cometido. -No pasara nada... solo un par de palabras inocentes... -
-No me interesa.- Dijo finalmente la joven Ifára, negando con la cabeza suave con una sonrisa graciosa ante tal despliegue de animosidad. -Es muy guapo, pero no le conozco de nada.- Eso era cierto, e Ifára no andaba dispuesta a buscarse problemas tan solo por una carita bonita. Ademas, no le interesaba, realmente.
-¡Uy!- Dadou dio una palmadita feliz, todavia pendiente de aquel joven. -Eso se puede arreglar... - Ante semejantes palabras, la joven Ifára se detuvo en seco, admirando a su amiga incredula y horrorizada. -¡Eh!- Llamo Dadou a aquel muchacho guapo sin esperar el beneplacito de la realmente protagonista de la cuestion, provocando que Ifára negara con la cabeza nerviosa.
-¡No, Du! ¡No le llames!- Pero no pudo decir mucho mas.
-¡Si, tu! ¡Ven aqui!- Divertida y con toda la seduccion que le fue posible, Dadou comenzo a agitar una mano hacia el atractivo desconocido.
-Du... - Se limito a decir quejumbrosa y murmurante Ifára, comprobando con horror que el otro no se haria esperar mucho mas. Altivo y seguro de si mismo, que debia andar acostumbrado a las atenciones femeninas, el guapo y joven esclavo de Al-Din comenzo a caminar hacia ellas. Contemplo Ifára igual a la mas cruel de las torturas como el chico las alcanzaba facil y deprisa, que la distancia no era tan larga como ella hubiese querido y, en cuanto lo tuvo a su costado, que andaba mas interesado en Ifára que en la otra, la primera bajo la cabeza rapida para tratar de ignorar la situacion problematica.
-Hola, señorita.- Dijo aquel joven esclavo con garbo y educacion, dejando a ambas chicas admirar su acento arabigo y suave. Ifára trago saliva, que sabia que se estaban refiriendo a ella e ignorando a la otra, notando la presencia masculina cerca por mucho que tratara de evitarla. Sin embargo, Dadou no iba a consentir tal cosa, pinchando nuevamente con un dedo el costado curvilineo de la pobre Ifára. Acusadora, la joven agredida dio un respingo, dedicandole a la otra una miradita significativa que consiguio, tan solo, un bufido impaciente de Dadou. -Oh... ¿Ni siquiera me saludas?- Divertido y fingiendo un leve tono triste, el joven guapo se hizo notar nuevamente.
-Hola.- Dijo Ifára por fin, dedicandole una miradita de reojo al muchacho mientras, tratando de parecer lo mas indiferente que pudiera sin perder la amabilidad del todo, regresaba al trabajo. Si, era realmente guapo.
-Que voz tan suave y bonita.- Sabedor del juego de la seduccion, el joven esclavo se apego un poquito mas a la incomoda Ifára, no quitandole aquella mirada oscura y profunda de encima. -Tan bonita como tu, señorita.-
-Gracias.- Le dijo con una sonrisita agradecida, que un cumplido asi a cualquiera le hace un minimo de ilusion, recogiendose parte de su cabello rizado tras una de sus orejas nerviosamente.
-Yo me voy a llevar esto... - Dadou cogio las primeras tres botellas que se toparon en su camino, comenzando a largarse de alli a la velocidad del rayo sin que la otra pudiera, si quiera, atreverse a quejarse.
Con expresion de socorro y panico total, Ifára observo anonadada como su amiga le abandonaba vilmente con aquel chicuelo interesado enormemente en su persona. Era lo ultimo que necesitaba ahora mismo.
-Soy Karim... - Dijo el otro sin mas, educado y cortes, provocando que la joven Ifára diera un respingo y saliera de sus pensamientos. -¿Puedo saber tu nombre?- Casi le suplico, provocando que la pobre muchacha no pudiera evitar dejar salir su lado mas amable.
-Ifára.- Ella se limito a sonreirle cordial, que no queria darle esperanzas vanas pero tampoco ser desagradable, provocando que el otro se apegara un poquito mas.
-Encantado, Ifára.- Como respuesta a su despliegue de seduccion, el recientemente presentado como Karim tan solo recibio otra sonrisa amable pero levemente fria. -¿Sabes? Eres realmente preciosa... - Genial, penso Ifára con horror, sabiendo ya que definitivamente si acabaria metiendose en un lio sin buscarlo si quiera. - ... y pareces una chiquita verdaderamente maravillosa... -
-Gracias.- Se limito a decir Ifára de nuevo, que comenzaba a inmunizarse ante la gracia y cumplidos de aquel joven esclavo moreno.
-Pero no es solo tu belleza... - Rapido, que la veia un hueso duro de roer, el muchacho Karim comenzo a ayudarla en su tarea, dispuesto a deplegar todo su arsenal. -Son tus ojos que, ademas de poseer unos colores increibles... tienen algo... especial. Tienes una mirada preciosa, Ifára. Tan dulce... - Y se acerco demasiado, provocando que Ifára, rapida y de buenos reflejos, esquivara el contacto de su mano masculina sobre su mejilla llenita con un movimiento de la cabeza. -Auch.- Se quejo falsamente Karim, llevandose una mano al pecho con actitud dolorosa pero sin perder su sonrisa segura y serena. -Eres una muchacha malvada, Ifára.-
-No lo soy.- Por fin, ella se aventuro a abrir la boca, negando con la cabeza algo indignada un segundo.
-¡Oh! Entonces, si no lo eres... - Karim se apego de nuevo, consiguiendo que Ifára no pudiera hacer mas que abandonar sus labores para esperar sus palabras sin atreverse a mirar sus ojos mas de cinco segundos, que comenzaban a ponerle nerviosa. - ... no te importara consolar a este pobre desdichado.- Viendo que las defensas rotundas de la muchachita flaqueaban, ya fuera porque sus artimañas habian causado efecto o bien porque ella comenzaba a amedrentarse, el joven Karim acogio su barbilla pequeña mediante un agarre suave de su mano, acercando su rostro al de Ifára sin mas.
-¡Oh, no!- Dijo ella, deshaciendo veloz el agarre para, indignada y comenzando a asustarse, que estas cosas le daban pavor porque sabia los sufrimientos que podrian hacerle pasar a una esclava, tratar de alejarse. -Dejame, no quiero.-
-Pero ¿Por que no?- Karim cogio el antebrazo de Ifára con firmeza, pero sin apretar demasiado, provocando que la chiquita no pudiera darse a la fuga tan facilmente como penso. Ifára, presa del desconcierto y el nerviosismo, lo encaro un segundo, topandose con sus facciones bonitas de muchacho guapo completamente confusas.
-No quiero, ya te lo he dicho.- Comenzando a molestarse incluso, Ifára le dijo incomoda y tensa, rogando porque aquel muchacho fuera un buen chico y no le causara problemas o la hiciera daño. La joven Ifára ya habia sufrido bastantes desgracias y habia visto otras muchas, sabiendo que, como esclava, podrian hacerle cualquier cosa y nadie levantaria un dedo en su defensa, ya fuera el culpable un hombre libre o incluso otro esclavo.
-Si, ya me lo has dicho, pero ¿Por que no quieres?- Insistente y cercano, aunque no amenazante, Karim volvio a cuestionar sin deshacer el agarre, dejandole a Ifára mas claro aun que antes que no debia andar acostumbrado a que las mujeres le dijeran que no.
-No... - Ifára no se atrevia a decirle a nadie una contestacion desagradable o demasiado dura, que tenia buen corazon, limitandose a encogerse de hombros resignadamente. -No eres mi tipo.-
-¡Claro que si!- Exclamo Karim con una sonrisa grande y brillante, repentinamente animado y orgulloso. -Yo soy el tipo de cualquiera, mujer.- Seguro de si mismo como el que mas, el joven esclavo se palmeo el pecho con su mano libre, que la otra andaba deteniendo la fuga inminente de la chiquita.
-¡Jah!- Ifára dejo escapar aquella ironica carcajada, comenzando a aventurarse a, al menos, encarar a aquel muchacho descarado. -Eres muy creido para ser un esclavo ¿Sabes?- Con gracia incluso, que aquello ultimo que dijo le habia resultado divertido, Ifára no pudo contener una risita.
-Y tu eres preciosa, Ifára.- Sin embargo, Karim no iba a permitir que ella se saliera con la suya, pareciendo embelesado de pronto para, atractivo pero directo, inclinarse hacia su rostro bonito aun mas.
-Seguro que se lo dices a todas.- A Ifára no se le ocurrio contestacion y excusa mejor, evitando la cercania mediante un pasito pequeño de su cuerpo hacia atras. Como si no se conociera ella a los tipos como Karim.
-Ninguna es tan preciosa como tu.- El chico era buen seductor, habia que reconocerlo. Pero Ifára ni era una presa facil ni una chiquilla alocada, mucho menos temeraria, decidida ahora a salirse con la suya y lograr tranquilidad sin heridos de por medio.
-Dejame marchar y hacer mi trabajo, por favor.- Quejumbrosa y con suplica, Ifára tironeo caprichosa del agarre mantenido en su antebrazo.
-No puedo hacer eso.- Dijo Karim con dolor en la voz y romanticismo en los ojos, apegandose a la nerviosa e incomoda Ifára aun mas. -Ahora que te he conocido y visto de cerca, no puedo.- Ifára penso con desgracia porque diablos tenia ella tan mala suerte.
-¿No tienes nada que hacer? Porque yo si.- Comenzaba a alterarse, que la cercania no deseada la estaba asustando y poniendo nerviosa.
-No podre hacer nada tras haber visto tu rostro y oido tu voz, Ifára.- Y Karim, que no se daba por vencido, ademas que no permitiria que ninguna presa femenina se le escapara tan facil y descaradamente, continuo con sus artimañas que no parecian hacer efecto sobre aquella muchacha tan preciosa. -Mi cabeza me torturara contigo constantemente.-
-Acabaran pegandote por desobediente.- Como ella era miedosa y temerosa, Ifára trato de apelar al terror del otro, tragando saliva deseosa de que la liberaran sin percances desagradables ni secuestros fugaces de por medio.
-No me importa.- Comenzaba a ponerse serio, orgulloso en demasia y acostumbrado a hacer con sus compañeras encandiladas cuanto le diera la gana, acercandose aun mas a la muchachita mediante un eficaz tiron del agarre contra si.
-No sabes lo que dices.- Le dijo Ifára, mas asustada y tensa a cada momento, que se veia presa y no sabia como salir de esta. Reviso los alrededores, comprobando desesperanzada que nadie prestaba demasiada atencion al juego de Karim, indiferentes con el destino de la muchachita. Dadou tampoco aparecia por ningun rincon, que Ifára sabia que ella no era culpable a pesar de sentirse traicionada ahora mismo. -Dejame ir, por favor. Me regañaran y... - Trato de apelar a su compasion, pero no consiguio nada mas que, aquel apreton bajo su antebrazo, se hiciera mas fuerte.
-Ninguna mujer me ha dicho que no.- Karim no sono molesto, ni si quiera alterado, pero si firme y seguro, oculta bajo aquella faceta de seduccion su lado amenazante.
-Para todo hay una primera vez.- Dijo Ifára, tironeando de aquel agarre sin conseguir soltarse, la pobre, que tenia poca fuerza y estaba asustandose cada vez mas.
-No si puedo evitarlo.- Karim comenzo a enfadarse, que definitivamente estaba acostumbrado a tomar cuanto quisiera y de la manera que se le antojara. En el submundo de los esclavos, mas oscuro y desdichado que el piso superior de los hombres libres, Karim era el rey, soberano y señor. Ifára ya lo habia visto antes, porque sabia que, incluso entre desgraciados sin libertad, cuando el numero lo permitia se daba una especie de jerarquia. Eso la hizo comprender que estaba perdida, porque nadie acudiria en ayuda de una esclava silenciosa sin importancia a pesar de que el agresor fuera, igualmente, tan esclavo como ella misma.
-Por favor, dejame ir.- A pesar de todo, Ifára no pudo evitar continuar suplicando, tratando de alejarse desesperada sin lograrlo. Tampoco podian llamar la atencion demasiado, que temia ella llevarse la peor parte en caso de una resolucion violenta del conflicto. Al fin y al cabo, si los castigaban, este seria sufrido por ambos, e Ifára, la pobre, no habia hecho nada malo y mucho menos queria ser dañada de ninguna manera. -A-ademas... ¿Sabes quien es mi dueño?- Con la voz temblorosa, que se veia perdida y sin salida, Ifára decidio lanzarse a la desesperada y apelar, en lugar de a la compasion, al instinto de supervivencia del otro.
-Si... - Dijo Karim entre esceptico e indiferente, haciendo del agarre algo mas fuerte y doloroso en lugar de lo contrario. Sin mas, la apego contra si, provocando que Ifára casi tropezara y cayera al suelo de no ser porque, para su suerte o desgracia, se estrello contra el pecho del otro. -¿Y que?-
-Si nos ve... ¡T-te matara!- Aunque Ifára no estaba, precisamente, segura de ello, que no sabia si debia confiar o sentir un miedo visceral de aquel que andaba utilizando, ahora mismo, como via de salvacion. -¡Nos matara a los dos!- Le dijo entre aterrada y cada vez mas histerica, viendose aprisionada y sin escape posible. Nadie parecio inmutarse de la cercania no deseada y, si lo hizo, simplemente la ignoro.
-No me asusta.- Le contesto Karim, seguro de si mismo e indiferente a sus ojos bicolores cada vez mas llorosos y asustados.
-No le conoces.- Dijo Ifára, notando una lagrimita rebelde y silenciosa escaparse sin permiso, que se le estaban agotando las cartas de escape. -¡Lo hara! Si nos ve te matara... - Pero Karim andaba curtido y aprendido en este tipo de ruegos y excusas, agarrandola de la barbilla sin mucho cuidado ni delicadeza. Ifára comenzo a llorar, silenciosa pero desesperada ¿Por que tenian que pasarle estas cosas a ella precisamente hoy, que nadie andaba pendiente? Si al menos supiera cercanos a la dura Joan-Marie, al protector Marco o a la curtida Dadou... O quizas, al menos, si supiera cercano a...
Pero Ifára no pudo pensar en ninguna esperanza vana mas, que la habian agarrado del menton con fuerza y la acercaban demasiado. Karim no se dejo ablandar, dispuesto, ademas, a concluir con lo que iba a comenzar ahora mismo. Seguramente, razono Ifára con horror, la arrastraria en breves momentos hasta algun lugar solitario y oscuro, que facil seria tenerla abandonada y a su mercez en una playa desierta con tan solo piratas borrachos y festivos, indiferentes a su desgracia y al submundo oscuro de los esclavos.
Se supo perdida pero, lo mas extraño de todo, fue que en el ultimo segundo por su cabeza paso un unico nombre al que pedir socorro.
Ifára le rogo a las divinidades que apareciera.
(Cambio de escena)
Cuan colosal fue el panico de Dadou cuando comprobo que el haberse dado la fuga no habia sido una gran idea, precisamente.
Horrorizada se quedo tras haber servido las botellas pertinentes, decidiendo volver a aquel rinconcito de la playa ocupado por los esclavos, inmersos en su trabajo, para contemplar con sus propios ojos que habria sido de la bonita y dulce Ifára y aquel otro muchachito guapo.
Se topo, entonces, con la escena lejana de que ella andaba llorando asustada y que el, ni amable ni delicado, la tenia presa y dispuesto a hacer cuanto quisiera, que Dadou se conocia esa mirada entre violenta y lujuriosa de memoria. Penso en arramplar con todo y sacarla de alli, pero rapido la idea se le esfumo de la cabeza cuando razono, histerica y desesperada, que ella no tenia fuerza suficiente para batallar contra aquel muchacho esclavo y que, ademas, serian castigados los tres de la peor manera posible por estropearle la noche a alguno de los piratas.
Sin llamar la atencion de momento, que pensaba piyarlo con las manos en la masa por cerdo y por abusador de chiquillas desamparadas, Dadou le rogo a sus tan adorados dioses que tuvieran compasion de Ifára y le dieran tiempo suficiente para ser salvada sin desgracias de por medio, que era una buena niña y nunca habia hecho mal como para ser castigada de manera semejante.
Asi que, Dadou se dio a la carrera veloz, abandonando las tareas para centrarse, tan solo, en la busqueda de cierta persona a traves de la festiva marabunta. Evito por todos los medios estrellarse o tropezar con alguno, que lo ultimo que precisaba ahora era de meterse en embrollos con los hombres libres que la hicieran bien perder tiempo, bien tener que desistir de la tarea buscadora, corriendo como una loca entre hogueras, mesas de juego y tripulantes borrachos.
Desesperada al ver que no tenia tanto tiempo como para malgastarlo, Dadou estuvo a punto de ponerse a gritar su nombre como una enferma, desechando la idea rapidamente en cuanto sus ojos se toparon, por fin, con la figura y persona que tan desesperadamente necesitaba su en peligro amiga ahora.
Alli estaba, en pie hablando con el primer comandante, un tipo que a Dadou siempre le habia caido bien a pesar de considerarlo aburrido y demasiado estirado. Parecian discutir sobre algo, pero rapido aunque a regañadientes, aquel tipo, Marco creia recordar, rebusco en sus bolsillos para prestarle a la figura de salvacion que por fin Dadou habia encontrado algo de dinero. Agradecido, el otro sonrio contento, guardandose los billetes de su compañero y amigo en un recobeco de su pantalon oscuro y levemente caido.
Dadou decidio que no tenia tiempo de seguir cotilleando, lanzandose a la carrera veloz para, basicamente, estar a punto de tirarse a sus pies. Sin mas, que no estaba la cosa como para andarse con rodeos, Dadou se agarro de su brazo con desesperacion total, provocando que el segundo comandante diera un respingo sorpresivo ante semejante contacto descuidado y no esperado. Por su parte, Marco permanecio en silencio, anonadado.
-¡Señor!- Grito la joven Dadou presa de la histeria, jadeando cansada debido al esfuerzo y comprobando como el otro le prestaba, ahora, toda su estupefacta atencion.
-¿Que diablos pasa?- Ace no se andaba con rodeos, mucho menos cuando le habian dado tremendo susto sin motivo aparente. Contemplo con mirada entre molesta y desconcertada a la joven esclava que se habia lanzado sin pensarlo ni dos veces contra su brazo, cerciorandose rapido que se trataba de aquella amiga que Ifára le habia presentado esa misma mañana. Entonces, se dijo que debia ser mas amable con ella.
-¡Por favor, señor!- La muchacha debia estar realmente nerviosa e histerica, agarrando su brazo fuerte con sus manos delgadas como si este pudiera salvarlo de cualquier cosa.
-¿Que ha pasado?- Cuestiono Marco como espectador de la escena, mucho mas sereno y tranquilizador ademas de curioso.
-Ifára... - Dijo Dadou, y logro tan solo con la mencion del nombre la reaccion esperada.
-¿Ifára?- Ace pronto se giro para encararla, acogiendola de los hombros con firmeza pero sin llegar a hacerla daño. -¿Que pasa con Ifára?- El estomago del segundo comandante dio un vuelco peligroso, sintiendo un miedo enorme y visceral atravesandole las entrañas. Si su amiga habia acudido a el, desesperada e histerica diciendo su nombre, no podrian ser buenas noticias. -¡¿Que pasa con ella?- Poniendose realmente nervioso, el joven Ace no pudo evitar zarandearla sin mucho cuidado, haciendo finalmente a la otra recomponerse de la carrera.
-Habia un muchacho... - Pero ahora que le tenia delante, tan urgente y tenso, Dadou llego a la conclusion de que soltarlo sin anestesia seria una decision atroz, pensando que si acaso no seria peor el remedio que la enfermedad. - ...un joven esclavo interesado en Ifára y... cuando... cuando volvi... - Perdiendo la paciencia, Ace la zarandeo un par de veces mas.
-¡Cuando volviste ¿Que?- Ante la voz nerviosa y conocida de su amigo, Marco elevo una mano tranquilizadora, pero rapido se contuvo de tocarlo al pensar que, quiza, iba a ser mejor dejarlo hacer libremente por una vez. Dependia de la noticia.
-¡Yo lo vi! La tenia agarrada contra su voluntad y... vine a buscarle... - Sin darle tiempo ni a terminar la frase temblorosa, Ace la solto, dispuesto a largarse de alli en ayuda de la muchachita cuanto antes.
-¡¿Donde esta?- La ira comenzo a ocupar y nublar su juicio, uniendose a ella un miedo colosal que le hacia pensar en morirse alli mismo, o matar a todos los presentes ante la sola idea de que a Ifára un cualquiera se atreviera a tocarle un pelo de su preciosa cabeza. Ademas, obligada y descuidadamente. -¡Dime donde esta!-
-Alli... - Indico Dadou con su voz y un señalamiento tenso y tembloroso, que se recomponia de la escena, la carrera y el ver al segundo comandante en semejante actitud asesina y nerviosa. -Al fondo... con los esclavos... - Dispuesto a arrancar cabezas, Ace se lanzo a la carrera.
-¡Ey! ¡Espera, Ace!- Marco trato de detener a su amigo por puro instinto, que lo sabia de gran facilidad para perder los estribos. Sin embargo, pronto razono si acaso no seria lo mejor, observandole alejarse entre la marabunta y la celebracion mientras el, reflexivo y preocupado, se quedaba estatico en su sitio frente a una jadeante y nerviosa Dadou. -Has hecho bien.- Le dijo el primer comandante a la joven esclava, consiguiendo que esta asintiera un par de veces.
-Gracias, señor.- Agradecio Dadou, aun cansada y temblorosa.
Decidieron, por tanto, mantenerse alli y darle a Ace rienda suelta por una vez.
(Cambio de escena)
Estaba perdida, ya lo habia asimilado.
Al final, Ifára decidio que era mejor asumir su situacion, lo que pasaria despues y como el mundo continuaria girando, ignorante de su desgracia o indiferente a ella.
Sintio que el agarre de su mandibula se hacia mas fuerte y comenzaba a doler al igual que el del antebrazo, que ya se le hacia insoportable, cerrando los ojos la chiquilla con fuerza para evadirse de la realidad como mejor pudiera. Esa solia ser la tactica mas eficaz.
Sintio el aliento del otro sobre sus labios y, casi por instinto, que Ifára lo habia asumido, trato de resistirse con un movimiento de cabeza. El agarre sobre su mandibula se hizo aun mas fuerte y doloroso, llegando a sentir incluso como la carne interior de sus mejillas se clavaba contra los dientes, quejandose llorosa y bajo por el daño asi como la situacion indeseable. Ifára empujo el cuerpo ajeno y peligroso con su mano libre, pero no consiguio nada, notando como la mano grande de Karim estaba a punto de retorcerle el antebrazo si seguia resistiendose de cualquier manera.
Asi que, se limito a llorar en silencio, con los ojos cerrados con fuerza y sintiendo como dolia, rogandole a los dioses de los que tanto hablaba Dadou que la cosa fuera rapida y el grado de daño fisico no aumentara mucho mas durante una mas que posible y futura agresion.
-¡Eh!- Un grito cortante, alto y furioso interrumpio la escena peligrosa, provocando que Karim diera un respingo tenso y sorprendido, soltandola sin mas. Viendose repentinamente libre, que Ifára no habia estado la pobre como para prestarle mucha atencion a nada, se limito a abrir los ojos y llevarse una manita sobre la mandibula dolorida, contemplando como su agresor observaba ahora hacia un punto fijo con expresion de estupefacto panico. -¡¿Que crees que haces?- Entonces Ifára reconocio la voz, porque era la misma de aquel nombre ultimo que se le habia pasado por la cabeza como un rayito de esperanza, girando la cabeza impresionada e incredula hacia el mismo lugar que el asustado Karim.
El segundo comandante de los piratas de Barba Blanca, asi como su dueño oficial durante cuatro meses y algo mas de una semana, Portgas D. Ace, habia hecho por fin acto de presencia, analizando a un tenso y silencioso Karim como si fuera el insecto mas venenoso y repugnante de la tierra.
-Yo... - Escucho Ifára susurrar a Karim sin ser oido, todavia presa de una enorme incredulidad por semejante aparicion repentina y en el ultimo momento. Entonces, los ojos oscuros del joven y furioso Ace se clavaron sobre los dispares de ella, que andaban llorosos y gritando socorro desesperadamente.
-Ven.- Le dijo a Ifára tan firme como protector, tragandose la ira un momento para dirigirse a ella. -Ven aqui.- Ifára no iba a hacer que se lo repitieran dos veces, deseosa por estar a salvo y encontrar resguardo, alejandose aliviadamente de aquel desdichado esclavo a la velocidad de la luz. Sin que el otro se atreviera a detenerla, que se veia decapitado de un momento a otro, la chiquita asustada y llorosa recorrio la distancia que la separaba del segundo comandante con una carrera rapida, logrando llegar hasta el. Entonces, un sentimiento de completa seguridad la invadio desde la punta de los pies hasta el ultimo cabello de su cabeza, notando como el joven Ace la cogia de la mano y, sin mas, la hacia colocarse tras el para evitar que el otro ni siquiera pudiera dirigirle una sola mirada mas. -¿Estas bien?- Le pregunto suave y sin soltarle la mano todavia, protegida tras su espalda amplia y notandola por el agarre tensa y asustada.
-S-si... - Contesto Ifára bajito y temerosa, asintiendo mientras se notaba aun algo abrumada por tanto momento dificil y aquel extraño sentimiento de seguridad que no habia esperado.
-¿Te ha hecho... - Ace trago saliva, sintiendo una furia animal y asesina, asi como un horrible malestar, de tan solo imaginar lo que andaba pensando. - ... algo?-
-No.- Nego Ifára, deseando tan solo salir de alli sin sufrir ningun percance violento mas.
-Porque no le ha dado tiempo.- Sin embargo, Ace no debia estar de acuerdo con ella, entrecerrando los ojos con amenaza para analizar a aquel desgraciado esclavo que se habia atrevido si quiera a tocarla.
-Yo... - Volvio a repetir Karim, viendose el ahora perdido y en peligro total. Una vez entraba un hombre libre en el submundo de los esclavos, la jerarquia estaba clara, porque no habia mas rey, soberano, ni señor que aquel que, a diferencia de ellos, gozaba de su derecho de ser persona en lugar de posesion. Ahora, Ace podia hacer cuanto quisiera, acabar con quien quisiera y destruir cuanto quisiera, teniendo quiza como unica consecuencia el pagar por las posibles perdidas. Y por su cara, Karim analizo que no le importaria desprenderse de algo de dinero.
-¡Tu!- Ace rompio el silencio con un señalamiento peligroso y amenazante sobre el joven esclavo, que no se atrevio a moverse no fuera a empeorar la situacion. -¡Maldito esclavo!- Escondida tras su espalda, Ifára no podia ver su expresion, pero si adivinarla con tan solo escuchar su voz y comprobar el panico de Karim.
-S-señor... - En su defensa, Karim hablo tembloroso, elevando las manos al frente como vana proteccion. -Ella me... me sedujo.- Debia ser la excusa que ya habia puesto antes, pues Karim espero con nervios que la bola colara facilmente. Incredula, Ifára no pudo evitar ponerse de puntillas para asomarse a traves del hombro tenso de Ace, dedicandole al esclavo temerosa una expresion horrorizada. Ahora, solo faltaba que realmente las culpas y posteriores consecuencias tuviera que pagarlas ella.
-Mentira.- Sin embargo, Ace no era facil de engañar de manera tan burda y aprendida, mucho menos cuando apreciaba a Ifára de aquella manera poderosa e iba a ponerse de su parte pasara lo que pasara.
-¡P-pero, señor, yo... - Karim vio que no tenia esperanzas, negando con la cabeza tenso y perdido. Sin embargo, pronto tuvo que guardar silencio cuando comprobo como, conteniendo el saltar sobre el y descuartizarlo salvajemente, Ace elevaba una mano indicadora de que se callara.
-Ahora... - Dijo el segundo comandante aparentemente tranquilo, pero evidentemente furioso tan solo por sus movimientos fuertes y la mirada peligrosa. - ... voy a matarte.- Y saboreando el terror en la cara de muchacho guapo de su futura victima, el joven comandante llevo una mano segura hasta la parte alta de su pierna, topandose rapido con aquel cuchillo inseparable que lo acompañaba a menudo. No iba a quemarlo, que no lo necesitaba ni lo merecia, tan solo le rebanaria la garganta como a un animal sacrificado. Que sintiera la muerte, su sangre derramandose sin parar a traves de su cuello, que le doliera, que se retorciera... Que supiera que habia cometido el peor error y delito del mundo.
Karim no supo si echar a correr o morirse alli, de un infarto, antes que el otro le alcanzara, sabiendo su destino sellado mientras contemplaba, horrorizado y no asumiendo la situacion del todo, como Ace habia sacado aquel arma blanca de su funda y parecia de lo mas capaz de aniquilarlo sin ningun esfuerzo ni remordimiento.
Sin embargo, justo cuando dio el primer paso, la manita que acababa de soltar agarro su muñeca, tironeando suave pero indicativa. Levemente confuso, Ace giro la cabeza, encontrandose con la miradita aun acuosa y suplicante de la chiquita.
-No lo hagas.- Le dijo Ifára con ruego, apretando un momento su muñeca con apuro, mirandole fija y largamente.
-¿Por que?- Cuestiono Ace, no entendiendo el significado de que ella, verdadera victima, no deseara una venganza.
-No lo hagas, por favor.- E Ifára se limito a repetir, mordiendose el labio inferior con urgencia y preocupacion total. Su mirada bicolor, vidriosa y brillante, atraveso el cerebro del joven Ace como una flecha al rojo vivo, descolocandolo internamente primero para, pasado un segundo, serenarlo inexplicablemente.
Finalmente, Ace suspiro, sabiendo que ya no podria hacerlo.
-Largate.- Dijo, girando nuevamente la cabeza para contemplar a aquel aterrado y guapo esclavo.
-¿Que?- El muchacho no debia poder creerlo, sacudiendo la cabeza un poco en completa tension.
-¡Que te largues antes de que te arranque la cabeza!- Ace estallo un tanto, provocando que el otro diera un bote de panico debido a la voz elevada repentinamente. -¡Vamos! ¡Fuera!- Y el chico esclavo de bonitas facciones, que no creia como podia tener tanta suerte, no necesito que se lo repitieran dos veces, dandose a la fuga desesperada hacia algun lugar lo suficientemente lejos del joven comandante. -¡Si vuelvo a verte una maldita vez mas en toda la noche, te matare!- Le amenazo mientras desaparecia pisando la arena como la presa histerica que acababa de salvarse que era, tragandose el joven comandante las ganas asesinas respirando hondamente en busqueda de autocontrol.
Una vez aquel desdichado esclavo desaparecio en la oscuridad de la playa, alejandose de el lo mas que podia, Ace volvio a recordar que, todavia, podia sentir los dedos calidos de Ifára alrededor de su muñeca. Se giro sobre si mismo, dispuesto a encararla y pedirle explicaciones de algun tipo, que no entendia su decision y porque habia preferido dejarle marchar en lugar de enseñarle una leccion. Aunque fuera, una paliza, un dedo cortado o algo similar. Algo que le hiciera recordar durante el resto de su vida de esclavo lo que le ocurriria si trataba de hacer semejante cosa una sola vez mas. Sin embargo, como respuesta silenciosa de la niña solo recibio una sonrisita cerrada y dulce, agradecida, pareciendo completamente orgullosa y satisfecha con el.
Entonces, a Ace las ganas asesinas se le esfumaron, al igual que el deseo sin cumplir por enseñarle una leccion. A Ace se le esfumo hasta el instinto animal que llevaba dentro, que se arrebullo suave y calido en su estomago como una vulgar mascota.
Ifára parecia feliz, y orgullosa de el, cosa que se le hizo tremendamente suficiente y digna de celebrarse.
-Vamos, anda... vamos.- Suspiro resignado y sabiendose vencido, asumiendo la derrota con facilidad por primera vez en su vida.
-¿Adonde?- Cuestiono Ifára, recompuesta del incidente y tan curiosa como siempre.
-No pienso dejarte sola en lo que queda de noche.- Seguro de si mismo, el joven pirata bufo, no dispuesto ya a abandonarla por ahi bajo ningun concepto. -Escucha, si alguien vuelve a tratar algo semejante, dimelo. O no te dejes. Sea esclavo, sea libre, dimelo o no te dejes ¿Vale?- Suave pero firme, que sabia que Ifára era una esclava obediente y haria lo que el mandara, el joven Ace espero su respuesta evidente.
-Como quieras, Ace.- Respondio ella, asintiendo con la cabeza y notando un increible alivio adueñandose de todo su ser.
Y sin mas, el joven Ace le paso un brazo fuerte con suavidad a traves de los hombros estrechos, sintiendo la calidez de su piel bajo la ropa, que tan tranquilizante y calmante comenzaba a hacersele.
Por su parte, Ifára se limito a dejarse llevar, no pareciendo para nada desagradada con la idea y, extrañamente, ni siquiera nerviosa o incomoda.
Asi y juntos, se internaron entre la marabunta ruidosa bajo la mirada, atenta y aun asustada, de algun que otro esclavo curioso que habia sido espectador de aquella escena.
(Cambio de escena)
-¡Eh, hermano! Eso es trampa.- Dijo entre divertido y sorprendido aquel pirata barbudo de Al-Din, sentado sobre algun bartulo alrededor de la mesa plegable.
-¿Que? ¿Por que?- Ace estaba ahora de mejor humor, que a pesar de la escena de aquel esclavo atrevido dificil de tragar, una vez superada la ira se encontraba animado y feliz. Sobretodo ahora, que tenia a la joven Ifára junto a el, sonriendo silenciosa y nerviosita, pero graciosa. Sin mas, se dejo caer descuidado de si mismo sobre alguno de los trastos que andaban utilizando como sillas, agarrando la muñeca fina de Ifára sorpresivamente para, no esperando ni una respuesta de su parte, tironear de ella y hacerla sentarse sobre una de sus piernas. No pudo evitarlo, y ella, aunque un poco tensa al principio, se dejo hacer silenciosa y animada con el ambiente, notando como las manos grandes del segundo comandante sujetaban su cintura en un agarre mas parecido a una caricia que a lo anterior. Se sentia bien, extrañamente, y era agradable. Asi que Ifára, ante todo muchacha agradecida con el buen trato, se limito a sonreir y ser amable.
-Se suponia que la partida la jugabas tu.- Volvio a repetir aquel tripulante de Al-Din, sonriendo entre extrañado y divertido. Por su parte, aquel compañero tan competitivo como el mismo Ace solto una carcajada elegante, analizando la graciosa situacion de ver a aquella muchachita inmersa entre tanta reunion de lobos de mar de manera semejante.
-¡Oh! Y voy a jugarla yo.- Contesto Ace entre indignado y divertido, apegandose un poco mas el cuerpo suave y calido de la muchachita sentada sobre su pierna. Sintio su aroma sin poder evitarlo, que olia a dulce y a limpio, embriagandole tanto aquel olor natural como el calorcito agradable de su piel bajo la ropa. Entonces, el hambre regreso con fuerza, y el joven Ace tuvo que hacer un esfuerzo enorme para ignorar aquella sensacion y evitar una reaccion peligrosa. -Ella solo va a acompañarme.-
-Bueno, no hay ninguna norma que prohiba la presencia de esclavos.- Divertido con la escenita, que se lo andaba pasando en grande, aquel otro tripulante de Al-Din dijo con una sonrisa. -Menos aun de muchacha tan bonita.- Ante el cumplido suave y galante, Ifára sonrio agradecida pero silenciosa.
-La contare como amuleto, entonces.- El barbudo moreno solto una carcajada seca y masculina, mesandose la barbilla oculta por el cabello oscuro mientras observaba, de nuevo, aquel monton de dinero apostado que esperaba por un nuevo dueño.
-¡Exacto!- Exclamo Ace con una sonrisa, tan divertido con la idea como los otros dos. Instintivamente apreso la cintura de la niña con un brazo suave pero posesivo, inclinandose un tanto hacia la mesa para coger con su mano libre una de las botellas de fuerte licor. -Como amuleto esta bien.- Sin mas, se llevo aquel recipiente de cristal hacia los labios, propinandole un trago largo y profundo con facilidad. Por pura formalidad y costumbre, le ofrecio la botella a la chiquita que, obediente y no sabiendo muy bien que hacer, directamente correspondio sus deseos, acogiendola ahora ella entre las manos. Ifára se llevo la botella cargada hacia los labios llenitos mas cuidadosa que el joven comandante, dandole un trago rapido para, veloz, sentir que el contenido alcoholico y fuerte le abrasaba la garganta. -¡Ey!- Dijo Ace en cuanto vio su carita tras beber aquello, que Ifára parecia entre dolorida y asqueada todavia por sentir la fuerza del licor. -¿No estas acostumbrada a beber?- Ifára abrio la boca para coger algo de aliento tras el calor que sufria su garganta, negando con la cabeza como unica respuesta. -¡Vaya, lo siento!- Y divertido, el joven Ace dejo escapar una carcajada secundada por el resto de los presentes, retirandole aquella botella de las manos a la niña que, sin necesidad ni de que se lo pidieran, la cedio rapidamente.
-No bebas de esto, entonces.- Aquel tripulante barbudo de Al-Din le dijo a la muchachita, tan divertido con la escena como el propio Ace. -Es fuerte.- Y sin mas, el arabigo pirata propino a su propia botella un señor trago que hubiera hundido hasta al mas bebedor de los borrachos.
-Bueno... - Ace andaba animado, que la compañia y enorme cercania de la chiquita lo ponia de buen humor, agarrandola seguro pero sin apresarla. -¿Continuamos?- Deseoso por continuar con el juego azaroso de los dados, el segundo comandante se palmeo la rodilla libre con nerviosismo y emocion.
-¡Ah! ¿La vas a apostar?- Señalo con un cabeceo aquel competitivo tripulante de Al-Din a la chiquilla, pareciendo realmente tentado con la idea de ganarsela en una partida.
-¡Claro que no!- El joven Ace salio rapido en su defensa, apretandola un poquito mas fuerte. -Ella es solo para mi.- El joven comandante debia andar algo borracho, penso Ifára, razonando que cosas semejantes no diria delante de terceros sin mas. Sin embargo, no supo exactamente porque, a ella le hizo verdadera ilusion, sintiendose como alguien especial y valioso por primera vez en su vida.
-Vaya.- Chasqueo la lengua decepcionado el barbudo compañero del otro, internandose sin embargo en aquel juego y diversion. No eran una amenaza, Ifára pudo comprobarlo, analizando que parecian simpaticos y, realmente, agradados con el segundo comandante. Debian haber hecho buenas migas.
-Hermanos, ahora si continuemos.- Competitivo como era, el otro tripulante de Al-Din se froto las manos un par de segundos con extasis jugador, admirando la buena suma de dinero que habia terminado por formarse sobre la mesa. Acogio los dados que andaban esperando por su momento de gloria, provocando que todos los presentes se sumieran, de pronto, en un silencio tenso y expectante. -Digo que saldra... - El arabigo tripulante reflexiono unos segundos, llevandose el puño cerrado con aquel par de objetos numericos dentro hasta la boca. -Menor que siete.- Preso de la emocion, Ace no pudo evitar apretar un poquito mas fuerte y nervioso la cintura de Ifára, inclinandose sobre la mesa. Ifára, que no era muy dada a los juegos como aquel, noto como los dedos del otro le hacian unas suaves cosquillas por el nerviosismo, decidiendo no decir nada y disfrutar de la sensacion tierna. Finalmente, aquel pirata de Al-Din agito su mano con suavidad, lanzando los dados sobre la mesa sin pensarlo ni dos veces.
Un seis y otro seis. Doce.
-¡Maldita sea!- Se quejo el perdedor, chasqueando la lengua con todo su enfado contenido, que los tripulantes de Al-Din no eran partidarios de perder las formas jamas. Por su parte, tanto Ace como el otro compañero lo celebraron internamente, escapandoseles las sonrisillas al ver que aun podian llevarse el botin con ellos. Ya era mucho dinero.
Ifára no entendia a que venia tanta emocion y disfrute con las apuestas, menos aun cuando analizo las posibles jugadas, logica pero levemente perdida por no conocer las normas. Llego a la conclusion de que no habia manera exacta de predecir el numero que podria salir, asi que ella no comprendia porque jugarselas todas a la suerte y el azar. Sin embargo, Ace parecia que lo disfrutaba y lo vivia emocionado, decidiendo que ella no era quien como para romperle la ilusion y el extasis jugador.
-No es tu noche de gloria, hermano.- Dijo su compañero entre compasivo y satisfecho, abriendo la mano para que le pasaran aquel par de dados. -Siete o mayor.- Sin mas, que era de arriesgarse antes que reflexionar demasiado, aquel tripulante competitivo de Al-Din acogio los cuadrados numerados entre sus dedos, agitando la mano un par de veces para, veloz, lanzarlos sobre la mesa con un ruidito, dando un par de vueltas sobre la mesa plegable.
Un uno y un cinco. Seis.
-¡No puede ser!- Dijo el nuevo perdedor, elevando las manos al cielo con cataclismo. -Diosa de la victoria ¿Que he hecho yo?- Bufo finalmente al no encontrar respuesta, llevandose los dedos hasta la frente para mesarsela molesto. Era mucho dinero. -Ten... - Le dijo finalmente al ansioso e impaciente segundo comandante, pasandole los dados con nerviosismo y preocupacion. Andaba rogando, seguramente, a su diosa victoria que no se pusiera del lado de los piratas de Barba Blanca, razono Ifára, deseando ella tambien que aquella diosa fuera una buena divinidad y no hiciera que el joven Ace cayera en desgracia.
-Vamos... Sera siete o mayor.- Dijo Ace suplicante a su puño, mucho mas efusivo y de caracter que los otros dos mientras acogia los dados con fuerza y total tension. Repentinamente, apreto a la joven Ifára aun mas contra si, provocando que esta diera un pequeño respingo de sorpresa al notarlo tan cerca de pronto. -Tu y tu bonita cara me vais a dar suerte.- El joven comandante, preso de la emocion, los nervios y el ambiente tenso, le dijo aquello a la chiquita sin apartar los ojos de la mesa plegable, pareciendo convencido del poder de su nuevo amuleto.
-¿Que tengo que hacer?- Le pregunto Ifára, entre animada por el cumplido y asutada por el futuro. ¿Y si no salia bien? Ifára sentia, de pronto, una enorme responsabilidad sobre sus hombros, puestas todas las esperanzas en la fortuna y el poder del azar, del que ella no solia fiarse.
-Nada.- Contesto el joven pirata, preso de la tension, agitando la mano con los dados dentro un par de veces rapidas. -Solo sopla.- Ace llevo su puño cerrado hasta la boca de la muchachita, esperando impaciente a que cumpliera su mandato. Contagiandose levemente de aquel ambiente extraño caracteristico de los juegos de azar con apuestas de por medio, Ifára obedecio, soplando suave y divertida aquella mano que le habian ofrecido. -Bien.- Y sin mas, que andaba realmente instintivo aquella noche, el joven Ace le dio un beso rapido sobre el hombro descubierto a la muchacha, lanzando los dados a la mesa y apretando sus costados curvilineos con expectacion total.
Ifára se mordio el labio inferior, olvidando rapido la tematica del porque tanta muestra cariño para, igual de tensa y responsable, observar como los dados giraban sobre la superficie plegable de una forma que le resulto exageradamente lenta. Por instinto puro, tambien, se agarro a la rodilla de Ace donde andaba sentada con ambas manos, inclinandose hacia el frente al igual que su acompañante cercano, que la agarraba como si ella fuera el unico salvavidas existente en medio del oceano. Y los dados, como si quisieran hacerles sufrir la mas cruel de las torturas, dieron un par de bamboleos mas, deteniendose finalmente para mostrar el resultado de la suerte de ambos.
Conteniendo el aliento, todos los presentes se inclinaron aun mas, analizando los numeros que mostraban aquellos malvados dados.
Un cuatro y un tres. Siete.
Los otros dos se quejaron entre incredulos y molestos con su diosa de la victoria, pateando el suelo arenoso de la playa para desfogarse sobre el lo maximo posible. Algunos anduvieron de acuerdo y tambien gruñeron molestamente, pero otros tantos, espectadores de la partida, habian elegido el bando del segundo comandante, estallando felices incluso antes que el ganador.
-¡Si!- Lleno de jubilo y triunfo, Ace se levanto de su asiento, habiendose caido Ifára de bruces de no ser porque aun la mantenia firmemente agarradita. No podia creerse su buena suerte, que anadaba el dia completamente a su favor, recogiendo veloz e incredulo aquella considerable suma de dinero de sobre la mesa plegable bajo la mirada tristona de sus contrincantes y la curiosa de la chiquita, ahora en pie junto a el. -¡Canija!- Le dijo a ella repentinamente con una sonrisa de oreja a oreja que casi parecia la representacion grafica de la alegria, no dandole tiempo ni de reaccionar a la pobre. Sin esperar respuesta, el joven comandante la agarro de la cintura nuevamente, elevandola sobre el suelo para darle, sin anestesia, un par de vueltas. Finalmente, con Ifára aun incredula de semejante reaccion veloz y mareante, la dejo sobre el suelo arenoso de la playa, pasandole un brazo a traves de los hombros estrechos para llevarsela mas cerca de si mismo y plantarle un beso rapido sobre la sien. Parecia realmente contento, penso Ifára y, extrañamente, eso la hizo feliz, pero de verdad. No en el sentido esclavo de que su mision era esa, conseguir la satisfaccion del dueño en cada campo posible, si no en el real. Como persona. Llego entonces a la conclusion de que debia apreciar al joven Ace mas de lo que penso en un principio, resultandole de pronto un tipo que, al menos con ella, era cariñoso y divertido. Y la protegia, ademas, pensando reflexiva que, quiza, Dadou tuviera mas razon de la que pensaba.
-¡Ha funcionado!- Dijo boquiabierto el tripulante barbudo, analizando la escena celebrativa tras la victoria de su contrincante. -¡Le ha dado suerte!- Y es que los piratas de Al-Din solian ser bastante supersticiosos.
-A lo mejor es una santa.- Respondio entre divertido por la expresion de su compañero y molesto por la perdida de tanto dinero el otro, encogiendose de hombros resignadamente.
-¡Te la compro!- Repentinamente, aquel pirata educado y de barba oscura señalo a la niña con un dedo indicador, dedicando al joven Ace una mirada entre suplicante y esperanzada.
-De eso nada.- Respondio el joven comandante con una risita superior, acercandola aun mas contra si mismo. -Es mi amuleto.- E Ifára, que comenzaba a sentirse comoda y agradada con las muestras de reconocimiento y cariño, simplemente se agarro al costado del otro con suavidad y una sonrisita cerrada.
-No insistire, entonces. No voy a jugarmela con alguien que tiene a los dioses de su parte esta noche.- El supersticioso tripulante de Al-Din se meso su barba oscura, suspirando resignado y melancolico por su dinero perdido, que descansaba ahora felizmente en los bolsillos del segundo comandante.
-Exacto, mi buen señor. Y, siento deciroslo... - Ace andaba que no cabia en si de gozo, llegando a la conclusion de que era una gran noche. - ... pero mi santa y yo nos retiramos invictos de la partida.-
-Te dara suerte.- Señalo aquel tipo competitivo, que habia asumido la derrota, serenamente a la muchachita apresada bajo el abrazo del otro, pareciendo tan animada ahora como su mismo dueño.
-¡Seguro!- Y sin mas, que ya les habia sacado a los pobres hasta el ultimo centavo, Ace sonrio convencido, asintiendo felizmente con la cabeza para darse la vuelta con la niña agarradita a el. -¡Espero jugar con vosotros en otra ocasion!-
-Nosotros no, hermano.- Contesto divertido uno de los perdedores, viendoles marchar entre celoso y resignado.
Ace no solia jugar, pero cuando caia en la tentacion, ganar significaba mejor trofeo que el dinero.
(Fin del capitulo)
Hello!
Aqui el capitulo de turno, larguiiiiiiiiiiiiiiiisimo como todos los de sta historia, ultimamente... Bueno, no tengo mucho que decir aparte de que soy libre! Vacaciones, vacaciones, vacaciones !
Aajajaja asi que, podre dedicarle mas tiempo al fic, espero. Por cierto, a alguno le sonara el pilar base de la tematica del fic de otra historia... pero es que era tan bonita que no pude evitar tomar prestada la esencia de esta ultima *-*! (No desvelo cual es para evitar las sorpresas del final, que no quiero reventaros nada)
En fin, soy una plagiadora (Pero leve eh? ¬¬ la mayoria es original, al igual que el fic anterior Jum! XD)
Un besito enorme y relleno de mermelada
Maddy
