El susurro de las olas, suaves por la brisa marina nocturna, invadio el ambiente levemente oscuro e iluminado, tan solo, por la luz lunar y las hogueras del festejo, cada vez mas alejado de ellos ahora. A la banda sonora natural de la costa se le unio el ruido celebrativo de ambas tripulaciones, que continuaban dispuestas a darlo todo hasta el amanecer, resultando ahora incluso un murmullo apagado por el sonido del mar, mucho mas cercano y, por tanto, mas facil de escuchar.

Ace ya habia tenido suficiente, que debia ser de madrugada y no le apetecia acabar tan borracho como el resto de compañeros, terminando por alejarse del barullo estruendoso y apabuyante con Ifára de su lado para dirigirse, atravesando la playa tan bonita y suave aquella noche, hasta el colosal Moby Dick. Era curioso, porque la joven esclava parecia mas comoda que de costumbre, habiendose incluso quitado los zapatos para cargarlos en su mano bonita y sentir, asi, la arena humeda directamente bajo los pies descalzos.

-Pareces contenta.- Le dijo Ace, no pudiendo evitar la curiosidad y el admirarla un poquito, que Ifára estaba completamente animada de poder sentir el suelo arenoso contra la piel un par de pasos atras.

-Me gusta la playa.- Ifára por fin levanto los ojos de sobre sus pies, dirigiendolos sobre el para, rapida y en una carrerita corta, alcanzarle eficaz. -Me recuerda a mi casa.- Reconocio levemente nostalgica, dedicandole una miradita de reojo al mar amplio y oscuro.

-Ah... - Se limito el joven Ace a exclamar, embelesado con su imagen nocturna y melancolica pero decidiendo, no obstante, no ahondar demasiado en el tema espinoso. Al menos, de momento. -¿Sabes? Me has hecho ganar mucho dinero.- Como la veia silenciosa y meditabunda, el segundo comandante cayo en la cuenta de que preferia notarla mas animada, diciendole aquello entre orgulloso y divertido.

-¿Yo?- Curiosa, Ifára le dirigio una bonita mirada plagada de dudas, provocando que Ace no pudiera evitarlo y le ofreciera, caballeroso, uno de sus brazos. La chiquita no se hizo de rogar, aceptando el ofrecimiento para agarrarse suave pero eficiente.

-¡Claro! Me has dado suerte.- Convencido de ello, que por mucho que se lo negara era tan supersticioso para con la suerte como cualquier hombre de mar, Ace continuo caminando, sintiendo y admirando a la chiquita agarradita contra su piel. -Asi que, digamos que la mitad de ese dinero es tuyo... - Sorprendida del todo, Ifára le dirigio una mirada rapida de desconcierto, evitando veloz el contacto visual directo como era su costumbre. -Dime algo, lo que quieras, y yo te lo comprare.- Sonriente y alegre, el joven comandante espero la respuesta de la niña, que tan preciosa le parecia justo en aquel momento de soledad compartida y nocturna.

-¿Cualquier cosa?- Cuestiono ella, entre incredula e ilusionada.

-Si, cualquier cosa.- Asintio Ace, saboreando la incertidumbre y emocion repentina de Ifára. -Cualquier cosa que desees.- La bonita Ifára dio un botecito de pequeña animacion, llevandose repentinamente su mano, que sujetaba las sandalias, cerca del menton con actitud reflexiva. -Y bien ¿Que quieres?- Le cuestiono el joven pirata, disfrutando del momento y admirando cada una de sus expresiones, siempre tan dulces y tiernas.

-Chocolate.- Por fin, Ifára encontro la respuesta, tironeando ligeramente de su brazo para llamar la atencion del otro al completo.

-¿Chocolate?- Incredulo y desconcertado, el joven comandante elevo sus cejas con sorpresa, viendo como ella asentia un par de rapidas veces como respuesta afirmativa. -Te digo que te conseguire cualquier cosa, que cualquier cosa que desees te la comprare ¿Y me pides chocolate?- Era de lo mas extraño, pero divertido, admirando sin llegar a creerselo aun del todo la falta de ambicion de la chiquilla.

-Me gusta el chocolate.- Casi con suplica, Ifára se agarro a su brazo un poquito mas, arrebullandose junto a el un tanto para lograr ella tambien sus deseos.

-Esta bien... - Dijo Ace entre divertido y estupefacto, soltando finalmente una pequeña carcajada. -Entonces, la proxima vez que encontremos una isla con civilizacion, te conseguire chocolate.- Era de lo mas curioso, pero agradable, pareciendo que Ifára andaba ahora realmente contenta con la idea de conseguir, en un futuro cercano, su ansiado dulce.

-Gracias.- Ifára sonrio feliz y realmente agradecida, tan dulce y educada como siempre. Por su parte, Ace se limito a encogerse de hombros graciosamente, notandola suave contra el mientras caminaban tranquilos hacia el colosal navio, atravesando la playa murmurante. -¿Puedo preguntarte algo?- Aquello lo pillo ligeramente desprevenido, que habia estado perdido en el ambiente sereno y calido que se habia arremolinado alrededor de la muchachita.

-Claro.- Contesto el una vez analizo las palabras de la pregunta de aquella voz suave y tintineante, mirandola en espera de sus palabras.

-¿Por que tiene una "s" tachada?- Curiosa como la que mas, Ifára señalo con un cabeceo pequeño el tatuaje de su antebrazo, pareciendo que aquella cuestion habia rondado por su cabecita desde el primer dia.

-Oh, eso... - Ace asintio, suspirando despues con suavidad y silencio para dedicar una miradita nostalgica y dolorida al horizonte. -Tenia un hermano.-

-¿Un hermano?- Ifára era demasiado curiosa, agarrandose a su brazo un poquito mas en espera de respuestas.

-Si, un hermano... Murio cuando eramos niños.- Ya no era tan doloroso, porque Ace andaba curtido y habia aprendido a superar las desgracias con facilidad. Sin embargo, Ifára parecia culpable por haber metido las narices en aquel problema. -Esa "s" es un simbolo suyo. Me recuerda a el, para que no le olvide.-

-Lo siento.- Dijo ella con culpa y preocupacion en la voz, consiguiendo que el la sonriera tranquilizante. -¿Era mas pequeño?- Debio ser la expresion del otro o el ambiente, pero Ifára no pudo evitar continuar investigando cosas sobre el pasado y vida del segundo comandante.

-No, no lo era... Era de mi edad.- Realmente, acordarse a su hermano fallecido ya no era doloroso, mas bien nostalgico e incluso calmante, que su imagen sonriente de niño picaro traia recuerdos agradables. -¡Oh! ¡Pero si tengo un hermano pequeño!- Ace, repentinamente animado, la miro con una sonrisa orgullosa y los ojos mas brillantes que de costumbre, logrando que Ifára se sintiera mucho mejor. -Es un poco... - Ace penso que la palabra tonto estaba fuera de lugar, que Ifára no le conocia y no queria causarle una mala impresion de su hermanito sin siquiera haberle visto la cara. - ... lento. Pero es un buen chico, muy divertido. Te caeria bien.-

-Asi que, tienes un hermanito pequeño.- Dijo Ifára como respuesta, continuando ambos el camino nocturno mientras dejaba que su carita bonita se sumiera en una extraña nostalgia dolorosa. -Yo tambien tenia un hermanito.- Vaya, eso si que fue una sorpresa.

-¿Si?- Cuestiono Ace animado, sonriendola alegre tras haber evocado tanto recuerdo feliz de la infancia que, aunque dura, siempre seria mas dulce y bonita que la vida adulta. -¿Y donde esta?-

-Murio.- Sin mas, Ifára contesto su pregunta, tragando saliva un poco pero recomponiendose rapido del recuerdo.

-Lo siento.- Ace se sintio mal, como si hubiera metido la pata o fuera el soberano culpable de aquella muerte pasada. En realidad, todos lo eran, el mundo lo era, al igual que habia ocurrido con su tambien fallecido hermano. Por eso Ace odiaba al mundo pero, sin embargo, ahora que tenia a la dulce Ifára tan cerquita y serena, penso que quizas el mundo no fuera tan cruel y despiadado. Igualmente, era contradictorio porque, para una personita agradable y buena, pero buena de verdad, que se cruzaba en su camino, esta era victima total del mundo cruel que la habia condenado a la esclavitud. Pero, a la vez, si ella no anduviera en esa misma condicion, el mundo no hubiera permitido que Ace la conociera, mucho menos que la tuviera bajo su completa responsabilidad. Era confuso, y extraño, porque Ace ya no sabia que pensar del mundo.

-Seguro que aun cuidas de tu hermanito... - Ifára, por su parte, no parecia acusadora ni dolida ya, tironeando un poco de su brazo para sacarlo de sus pensamientos desconcertantes. - ... aunque nadie lo sepa ¿A que si?- Con una sonrisa segura, la joven esclava parecio descubrirlo repentinamente, haciendo que Ace se sintiera ligeramente incomodo.

-Bueno... - El era un tipo duro, un cruel delincuente y asesino del mar, un pirata fuerte y de piedra que no se dejaria amedrentar ni tambalear por absolutamente nadie. Pero Ifára, maldita sea, lo estaba reblandeciendo y parecia, cosa que lo hacia mas dificil, esperanzada con descubrir su lado amable y mejor cara, que le salia sola cuando andaba cerca de ella. Lo peor de todo era que el se dejaba y que, encima, no le importaba lo mas minimo. Ace no estaba acostumbrado a dejarse vencer sin oponer ninguna resistencia. -Si, algo asi.- Asintio finalmente. Que no estuviera acostumbrado no significaba que no andara mas que dispuesto a cederle la victoria a la niña.

E Ifára, pareciendo cada vez mas orgullosa de el, se limito a permanecer en silencio y dejar salir una sonrisita contenta y cerrada que a Ace le resulto lo mas bonito del mundo.

-Sabes... - Dijo Ace rompiendo el breve silencio, caminando despacio y tranquilamente hasta el ya muy cercano Moby Dick. -Yo no quiero a mucha gente... - Como se habia puesto serio de repente, Ifára no pudo evitar hacer lo mismo, escuchando atentamente cada palabra. - ... pero, cuando lo hago, lo hago de verdad.- Era una confesion extraña, razonaron tanto Ace como Ifára, no estando dispuesto el primero a dejar las cosas asi, sin mas. -Cuando quiero a alguien, estare dispuesto a matar, a morir si es necesario, e incluso a marchar hasta las puertas del mismo infierno si tengo que traerlo de vuelta.-

-No digas eso.- Ifára trago saliva, tan temerosa y asustadiza como era.

-¿El que?- Ace habia sido mas sincero que nunca en su vida, analizando la expresion preocupada de la muchacha con desconcierto.

-Lo de descender al infierno... Te traera mala suerte.- Ella no era demasiado supersticiosa pero, a pesar de todo, no le gustaba jugarsela. Mas vale prevenir que curar.

-Vaya.- Divertido con semejante contestacion, Ace chasqueo la lengua, no pudiendo contener una pequeña y breve risa. -Creo que el diablo ya me conoce lo suficiente como para tenerle confianza.- Ifára parecia realmente sorprendida por que el se aventurara sin inmutarse a semejantes atrevimientos, produciendo de repente un apretoncito suave sobre su brazo para llamar su atencion.

-Ace... - Dijo ella, bajando la cabeza hasta sus pies para evitar el mirarle directamente a los ojos.

-Dime.- Contesto el, notandola confusa y nerviosa por algo, llegando por fin hasta el Moby Dick para internarse en el de un momento a otro.

-¿Bajarias... - Ifára trago saliva, cogiendo aire para poder hacer la pregunta que deseaba pronunciar. - ... bajarias al infierno... por mi?- Y con miedo ante la respuesta, Ifára le dedico una miradita rapida y esquiva, mordiendose el labio inferior con ansiedad.

-Si.- Ace no necesito pensarlo demasiado, topandose de bruces con la realidad en cuanto la muchachita decidio plantearle cuestion semejante.

Como respuesta, Ifára elevo por fin la cabecilla, dedicandole su mas bonita sonrisa como agradecimiento total.

-Vamos, anda. Vamos.- Definitivamente, estaba vencido, sabia Ace, comenzando a caminar de nuevo hacia el interior del barco, que se habian detenido en seco cuando la muchachita decidio hacer su pregunta clave. Obediente, Ifára continuo la marcha, mas animada que al principio pero, extrañamente, no habiendo abandonado del todo sus dudas.

-Ace... - Repitio la niña de nuevo, queriendo llamar su atencion otra vez.

-¿Si?- Suspiro el segundo comandante, seguro de que vendria otra de sus preguntas. Subieron sin esfuerzo a traves de la rampa del navio pirata vacio ahora, estando sus tripulantes o bien de fiesta, o bien durmiendo la mona desperdigados por sus camarotes correspondientes.

-¿Me cortarias la lengua si fuera impertinente?- Con autentico pavor, Ifára se llevo la mano que sostenia sus sandalias hasta la boca como proteccion instintiva, recordando horrorizada la historia que Dadou le habia contado apenas unas horas antes.

-¿Perdon?- Aquello si que habia sido increiblemente sorprendente e inesperado, recibiendo la miradita brillante y nerviosa de la niña como confirmacion de las palabras pronunciadas. -¡No, Dios santo!- No sabia si echarse a reir o mantenerse igual de estupefacto, pensando con horror de donde diablos habia sacado la niña imagen semejante de el. -¡No voy a cortarte la lengua, canija! ¿De donde has sacado cosa semejante?- Incredulo y esperando una respuesta, Ace e Ifára llegaron a cubierta, mirando el segundo comandante a la chiquita con completo desconcierto.

-Du me conto que... en la casa en la que trabajaba antes, a un esclavo le hicieron eso.- Entre avergonzada por haber confesado su temor, al parecer, sin ningun fundamento, y temerosita, Ifára reconocio el origen de la historia. -A veces un dueño puede... parecer bueno. Pero luego, cuando esta descontento, no lo es... - Se aventuro a decir Ifára, sorprendiendose ella misma de su atrevimiento.

-Ya... - Ace chasqueo la lengua, entre molesto de nuevo con el mundo y comprensivo, que trataba por todos los medios de entenderla y conocer sus temores. Comenzaron a atravesar la cubierta solitaria y oscura, dirigiendose directos hacia el interior del imponente y silencioso ahora Moby Dick. -Pero Du tambien puede equivocarse ¿Verdad?- No iba el a defenserse, que preferia que ella se hiciera su propia idea. Seria mucho mas esclarecedor.

-Verdad.- Asintio Ifára entre insegura y satisfecha, caminando a su lado mientras el, sin esperar mucho mas, abria la puerta para toparse con el pasillo oscuro de paredes de buena madera.

-Pues entonces.- Serio, que no le habia gustado que ella temiera represalia tan horrible venida de el, Ace continuo andando, seguido por una Ifára todavia agarradita a su brazo.

-¿Te ha molestado?- Pregunto Ifára incomoda y culpable, ganandole de nuevo la partida sin ni siquiera saberlo.

-No.- Ace no era capaz de asentir ante semejante carita y vocecilla preocupada, que preferia hacer del asunto algo rapidamente olvidado y obviado. Era normal tener miedo, penso, aunque no le gusto lo mas minimo.

En silencio, siguieron su camino, resultando el ambiente extrañamente complice a pesar del momento incomodo y raro anterior. Rapido, Ifára se recompuso, que al fin y al cabo Ace le habia dicho que no le molestaba, y el joven por su parte decidio que no habia necesidad de excusarse de mejor manera. Entonces, con la falta de entretenimiento aparte y la ausencia de sonido, restando el de sus propios pasos, los sentidos del joven comandante se agudizaron sin permiso. Su piel sintio calida y deliciosamente las manos suaves y bonitas de Ifára, tan dulces, y su nariz capto el aroma que desprendia su cabello color chocolate y su cuerpo, tan delicado como demasiado tentador. El hambre regreso con fuerza mientras caminaba hasta el camarote, apresandole por dentro sin compasion y llegando a un punto incluso doloroso. Evito mirarla, que sabia las consecuencias que podria traerle, luchando contra si mismo y aquella lacerante sensacion de hambruna mientras ella lo seguia, ignorante de la situacion que el otro padecia.

Abrio la puerta de su camarote con un susurro levemente chirriante, resonando por todo el pasillo debido al silencio total y la soledad, dejandola pasar primero y luchando contra su instinto para que sus ojos no le dedicaran ni una sola mirada mas. Ni una sola hasta que se calmara, que llevaba arrastrando aquella insatisfaccion desde hacia mas de cuatro meses.

Respirando hondo discretamente, el joven comandante cerro la puerta del camarote, acentuando su problema el saberse completamente solo en la misma habitacion con ella, incentivado ademas la cuestion peligrosa debido a recapacitar sin quererlo en que nadie andaba presente o despierto. Es decir que, basicamente, estaban mas solos que nunca. Ifára estaba sola con el, y el estaba solo con Ifára.

La situacion no podia ser mas peligrosa.

Viendo que su cabeza se andaba desviando, Ace decidio evitar seguir prestandole atencion a la chiquita unos minutos para no acabar haciendo aquello contra lo que luchaba, escuchandola caminar silenciosa por ahi para, sin cuidado y tenso, dejarse caer sobre el sofa verde que Thatch le habia prestado hacia bastante tiempo.

Se llevo una mano hacia la cara con pesadumbre y frustracion, mesandose el puente de la nariz dolorosamente cuando sintio que la cabeza comenzaba a pincharle y el cuerpo le rogaba por satisfacer aquel hambre afilada y lacerante.

Solo necesitaba calmarse. No mirarla un par de minutos y la situacion se solucionaria.

-¿Estas bien?- Por desgracia, Ifára no le permitio la evasion total, cuestionando preocupada desde su sitio. Entonces, Ace levanto la cabeza y la miro, directo a los ojos dispares y brillantes, enormes, y toda aquella defensa se tambaleo peligrosamente hasta derrumbarse.

El hambre se hizo del todo insoportable, imposible de ignorar, y Ace penso en busqueda de excusarse que tampoco iba a hacerle nada malo.

-Si.- Le contesto serenandose un poco, notandose tenso y al borde del desmayo o la locura si no remediaba aquella hambruna dolorosa. -Ven... ven aqui.- Entre temeroso e inseguro, pero firme a pesar de todo, el joven comandante la llamo tanto con su voz como con un movimiento de la mano. Ifára, que debia andar notando algo nuevo, chica inteligente como la sabia, parecio reflexionarlo un par de segundos dudosos en completo silencio, analizando al otro con atencion. Finalmente, que sabia que no tenia el derecho a negarse, mucho menos andaba convencida de si realmente deseaba darse a la fuga, la muchachita dejo lo que estaba haciendo, caminando despacio pero eficaz hasta el.

Y una vez Ace habia vuelto a mirarla, ya no pudo quitarle los ojos de encima.

En cuanto la tuvo frente a el, sentado todavia en aquel sofa viejo pero que tan bien le sirvio de cama hacia cuatro meses, el joven Ace no pudo evitarlo, llevando las manos con cuidado hasta sus caderas. Con delicadeza, que no queria asustarla demasiado, acaricio despacio aquella zona redondita sobre su ropa, sintiendo un escalofrio agradable recorriendole la espalda ante la sensacion de su calor e imaginar lo agradable al tacto que debia ser aquella piel desnuda. Ifára parecio sorprendida, tensandose un poco al sentir sus manos fuertes acariciandola con cuidado, decidiendo tragar saliva nerviosa y mirar hacia otro lado.

Suspirando, que el hambre lo estaba matando pero era de necesidad mayor el mantenerse sereno, Ace dejo caer la cabeza contra ella, ocultando el rostro en su vientre plano pero blandito para, satisfechamente, aspirar un poco de su aroma impregnado en la tela.

-Hablame de ti.- Le dijo de repente, girando la cabeza para apoyar la mejilla, notando que queria saberlo todo de ella cuanto antes sin detener la caricia suave.

-¿D-de mi?- Con un susurrito, que Ifára parecia nerviosa y algo tensa pero, extrañamente, no incomoda, la chiquita cuestiono desconcertada y quieta.

-Si... ¿De donde eres?- Pregunto el otro, sintiendose preso de un embelesamiento absorvente, que se sabia sin salvacion en cuanto le puso las manos encima. El calor de su cuerpo contra la mejilla lo estaba adormeciendo, pero el contacto de sus manos contra sus caderas bonitas aumentaba aquel hambre lacerante considerablemente, espabilandolo.

-De una isla al sur de Grand Line... muy al sur... - Pero Ifára no pudo seguir hablando, sintiendo de repente que Ace habia separado su mejilla para colar una mano tranquila bajo su camiseta. Acaricio con las yemas de los dedos y mucho cuidado la piel de su vientre, aun mas suave y agradable de lo que pensaba, notandola estremecerse un poco y como aquella zona se erizaba agradecida por el contacto delicado. Ace llego a la conclusion de que era dulce, mucho, demasiado, levantando un poquito la tela para besar sin permiso la piel expuesta de su tripa bonita. Se sentia incluso mejor bajo los labios.

-Cuentame mas.- Le dijo contra la piel, abandonando un rato la atencion sobre su cuerpo para centrarse en ella y su carita. Ifára parecia mas confusa que asustada, a la vez que tensa y nerviosa, no sabiendo demasiado bien como debia tomarse sus caricias. Fuera como fuera, ella no se quejo.

-Era... - Trago saliva, notando nuevamente las manos cuidadosamente sobre la piel suave mientras la miraban con atencion, evitando ella el contacto visual directo. -Era un pueblo costero... un pueblo pequeño, sin importancia... el nombre no lo recuerdo.- Entonces Ace comprendio porque le gustaba tanto la playa. -M-mi padre... era el maestro... - Era dificil, seguramente, porque Ifára parecia nostalgica a la vez que distraida con el contacto suave, que le provocaba algun escalofrio agradable de vez en cuando. - ... mi madre trabajaba en la biblioteca... - La chiquita respiro hondo, no queriendo sin embargo volverse llamativa o emocional, que andaba en una situacion extraña y desconcertante, pero facil de adivinar y suponer. Tarde o temprano, Ifára sabia que terminaria pasando.

-Y tenias un hermanito.- Termino Ace con la descripcion de su familia, admirandola atentamente mientras mimaba su piel fragil y morena con cuidado.

-Si.- Asintio Ifára, tensa y algo llorosa por los recuerdos, que se estaba volviendo mas sensible a cada segundo. Facilmente contuvo el llanto en un momento, que se largo hacia el fondo, muy al fondo de su estomago, donde Ace pudiera hacerlo desaparecer, curtida en el arte de guardar las formas y evitar los arrebatos emocionales. Sin embargo, a la vez que parecia aliviarla, el contacto suave y el buen trato del otro la estaba sacando el lado mas emocional, que Ifára siempre fue sensiblona aunque tratara de ignorarlo.

-¿Que paso?- No dandola tiempo a un descanso mental, Ace cuestiono de nuevo, queriendo conocerlo todo mientras acariciaba su piel delicada.

-Yo... - Susurro Ifára, encogiendose de hombros nerviosa y teniendo que ordenar las palabras reflexivamente para que tuvieran sentido. -No se muy bien que paso... u-un dia estabamos en guerra, de repente... yo no sabia... que mi pueblo era partidario de la revolucion... tenia diez años, no lo sabia... - Realmente, los recuerdos eran confusos, porque Ifára era una niña y no habia entendido el motivo de semejante batalla y posterior destruccion masiva, mucho menos que su padre era seguidor fiel de aquel lider revolucionario y sus ideas de acabar con el sistema actual. Como habian sido un pueblito costero de personas cultivadas, pero sin importancia, los habitantes siempre pensaron que nadie sabria nada, mucho menos que el gobierno y la marina tomarian represalias. Pero el resultado fue bien distinto.

-No lo sabias.- Dijo Ace tranquilizador, sacandola de sus pensamientos tortuosos con rapidez.

-No, no lo sabia... - Era calmante, porque siempre se sintio instintivamente culpable a pesar de no existir motivo para ello, que ya se sabe que con las perdidas repentinas y dolorosas pasan ese tipo de cosas. - ... masacraron el pueblo... mi madre perdio una pierna... mi hermanito, mi padre y yo... estabamos ilesos... de milagro... - Ahora que lo estaba narrando, lo recordaba mejor, que se habia sumido con la caricia y el ambiente en una especie de trance entre sereno y desagradable. -Entonces... los soldados se llevaron a los supervivientes... qu-que encontraron... - Ahora venia la peor parte, Ace pudo notarlo, sabiendo tambien la importancia y necesidad que debia tener la chiquita por contarlo, que al fin y al cabo desahogarse era una curacion enorme para aquellos que han sufrido desgracias. - ... a mi madre la abandonaron a su suerte... porque estaba herida de gravedad y no serviria para nada... - Ifára trato de aguantar el llanto, cogiendo una bocanada rapida de aire para dejar escapar una misera lagrimita a la fuga. Y Ace, que aquello ultimo lo habia horrorizado hasta a el, se limito de momento a observarla y dedicar sobre sus caderas un apretoncito cariñoso y suave. -A nosotros tres, nos vendieron... nos llevaron hasta un campamento de esclavos... - Ace conocia como eran esos campamentos y la poca mercancia que sobrevivia. El que no se moria de hambre o sed, lo hacia por el trabajo, o bien lo asesinaban rapido por rebelarse o no ser lo suficientemente productivo. Ya se lo conocia, pero nunca le resulto de menor importancia, ajeno e indiferente a las barbaridades del mundo. Sin embargo, ahora no le resulto de la misma manera. -Nos marcaron, nos hicieron trabajar... a mi padre lo crucificaron por rebelde... - Ese tipo de pena de muerte tambien se la conocia, porque solia tomarse como castigo ejemplar para enseñar una leccion al resto de esclavos. -Al principio... gritaba mucho... pero pronto dejo de hacerlo... y murio.- Ifára parecio inmunizarse al dolor ahora que habia empezado a contarlo, llegando incluso a encogerse de hombros tensamente con resignacion. -Mi hermanito murio una semana despues, de hambre... Pero yo sobrevivi.- Y Ace le agradecia al cielo y todas las divinidades posibles milagro semejante.

-¿Que paso despues?- Le pregunto de nuevo, colando otra mano cariñosa bajo la tela que cubria su espalda para acariciar tambien aquella zona igual de cuidadoso y delicado.

-Me compraron... para trabajar en una casa. Gente rica... - Pero Ifára tambien habia sido, no solo pequeña, si no demasiado asustadiza y traumada con las vivencias como para ponerse a investigar, analizando que no recordaba exactamente a que se dedicaban sus dueños pasados.

-Nobles, supongo.- Respondio a las dudas el propio Ace, sintiendo como su piel suave parecia relajarse con las caricias tranquilizadoras y cariñosas.

-Si, creo que si... - Asintio Ifára, tragando saliva con ligereza y aun algo tensa. -Pase unos cuantos años trabajando en la casa... y luego volvieron a venderme... me vendieron por mucho dinero, creo recordar... - Tenia sentido, penso Ace, porque una Ifára adolescente y en pleno estado de salud debia valer una fortuna, que era tan increiblemente bonita y dulce, obediente y silenciosa. - ... a una casa de campo. Si, era una casa de campo. Alli pase un par de años, y no fueron malos tiempos... no me trataron mal... - Dijo Ifára de mejor humor ante aquellos ultimos y mas cercanos recuerdos, que apenas no habia pasado ni un año desde que se marcho de alli. -Entonces, un dia que andaba haciendo unos recados en el pueblo... me secuestraron.- O como quiera que se diga cuando coges sin permiso y obligadamente a un esclavo. -Me llevaron a un almacen con otros esclavos, y nos metieron en el recobeco de aquel buque... sin comida ni agua... para que les saliera el robo y contrabando lo mas barato posible... y me encontraste.- Y Ace comenzaba a pensar que, aquel ultimo logro salvador, habia sido lo mejor que habia hecho en su vida. Sin embargo, a pesar de la historia detallada, habia algo que aun lo dejaba dudoso.

-¿Por que estaban todos... bueno... - Ifára parecia muy sensible en aquel momento, resultandole el ser demasiado brusco una mala idea, que habia logrado un ambiente confiable y tranquilizador mediante la voz suave y las caricias cuidadosas. - ...todos... -

-¿Muertos?- Cuestiono Ifára, arrancandole una pequeña expresion de desconcierto al otro por semejante facilidad para decirlo.

-Si... muertos.- Respondio el joven Ace con un suspiro bajo e imperceptible, pensando que Ifára tenia la cabeza mas complicada de lo que parecia en un principio.

-Hubo un choque... y los que no murieron en el acto, murieron despues por las heridas.- Era exactamente lo que habia dicho Marco, el muy condenado, mucho mas analitico y astuto que el mismo. -Yo logre sobrevivir por pura suerte, aunque me lleve un buen golpe... - ¿Suerte? Ace no entendia como alguien con su vida pasada podia, si quiera, atreverse a mencionar la fortuna de ninguna manera. Ifára no habia tenido suerte, el habia tenido suerte de que saliera con vida de semejantes percances crueles y traumaticos. Pero ella, suerte, precisamente, no habia tenido nunca.

-Entonces, te encontre... - Y que bajara el diablo ahora mismo si aquello no era lo mejor que habia hecho nunca. Sin mas, Ace volvio a esconder el rostro sobre su vientre, ahora expuesto, notandose mas meloso y cariñoso que de costumbre. -Acariciame... - Fue mas una suplica que un mandato. Rapida y eficaz, como siempre, el joven comandante noto los dedos finos de Ifára atravesar su cabello con cuidado, razonando que aquella debia ser la sensacion mas agradable del mundo. La apreto un poquito mas contra si mismo, abrazandose a ella entre firme e inseguro, como si la chiquita no pudiera ser real y desapareciera de un momento a otro en cuanto se descuidara. Pero estaba ahi, no habia duda, que su mano pequeña y suave andaba acariciando su pelo despeinado con cuidado y buenas maneras. Una sensacion sublime. -Sabes, yo... - Nunca fue dado a las confesiones emocionales. Nunca. Pero ahora, era distinto, porque era Ifára y el, extrañamente, estaba dejando de ser tan el. O quiza siempre fue asi y ella lo estaba despertando. No lo sabia, pero igualmente estaba ocurriendo. -He sido horrible contigo... - Antes de que ella pudiera contestar nada, Ace continuo, escondido en su tripa agradable y bonita. -He sido cruel, desconsiderado, malvado, egoista, maleducado y muy, muy frio... No me gusta ser asi.- Y mucho menos con ella, razono el joven con dolor, apretandola un poquito mas contra si mismo, abrazado a su cintura estrecha.

-No lo haces a proposito.- Ella, tan calmante, comprensiva, contesto a sus quejas sobre si mismo con cuidado y delizadeza.

Aquello si que lo dejo sorprendido.

Entre confuso y desconcertado, el joven Ace no pudo evitar mirarla de nuevo, apoyando la barbilla sobre su piel para contemplarla.

-¿Por que eres tan buena?- Cuestiono incluso acusador, no pudiendo entender como una persona, una esclava, que tantos padecimientos habia sufrido a manos de terceros era capaz de continuar descubriendo el lado amable de cada ser viviente. -La vida ha sido mas puta contigo que con nadie... - A el, la solucion a semejante cuestion sobre la muchachita se le escapaba.

-Si... si la vida es puta... - Dijo Ifára entre insegura por pronunciar una palabra malsonante y convencida de sus palabras, acariciando todavia su cabello pero no atreviendose a mirarle a los ojos. -Entonces... hay que hacer algo para que deje de serlo tanto ¿No?- La chiquita se encogio de hombros, todavia algo tensa y confusa por la situacion en la que se encontraba, asi como la conversacion profunda. Ace lo entendia, pero no era capaz de compartirlo.

-Si la vida es puta... - Dijo Ace, mirandola seguro y convencido de sus palabras en igual manera. - ... yo le arrancare los ojos.- Ante semejante amenaza letal y terrorifica, Ifára se estremecio un poquito, tragando saliva pesadamente. Seguian impresionandola demasiadas cosas. -Lo siento.- Se disculpo Ace al ver su reaccion temerosa, que su intencion nunca habia sido asustarla mas.

-Ya he dicho que... que no lo haces a proposito.- Era demasiado buena para ser verdad. Con un suspirito bajo, el joven comandante volvio a esconder la cabeza sobre su piel, tan agradable y suave, sintiendose aliviado y sereno por dentro. Como siempre que la tenia cerca. Se permitio unos segundos de reflexion y ensoñacion, respirando sobre su vientre mientras, de nuevo, sus manos regresaban a acariciar los costados curvilineos y calidos de la chiquita. Su aroma lo embriago enorme y gratamente, sus dedos atravesando su cabello lo adormecieron, pero su calor y suavidad lo dejo mas hambriento. No podia calmarse, a la vez que andaba de lo mas tranquilo. Aquello iba a tener un desenlace de tematica evidente y Ace, apegado a los instintos e impulsos como era, no iba a evitarlo, que el destino es inamovible y ningun mortal es quien para cambiarlo.

-Canija... - Beso su piel otra vez, llamandola para nuevamente observarla atento. Era preciosa. Y maravillosa. Ifára era tan bonita por dentro como por fuera.

-¿Si?- Cuestiono ella, todavia nerviosa y con la vocecilla algo temblorosa por la intimidad y cercania del otro.

-¿Alguna vez... bueno... - Con esta pregunta, Ace iba a descubrirse a si mismo y sus intenciones evidentes, aunque razono que Ifára no era tan ingenua como para no haberselo esperado. - ... alguna vez has estado... con un hombre?- El sentido de la cuestion fue bastante claro.

-Oh... - Ifára dio un pequeño y leve respingo, tensandose algo mas cuando comprobo que sus sospechas estaban ya mas que aclaradas. - ... si... - Responder afirmativamente parecio hacersele complicado, aunque debia ser sincera, temiendo seguramente la reaccion de Ace ante la idea de que hubiera habido otros anteriormente.

-Ya veo... - Dijo el muchacho suave y tranquilo, que habia razonado como bastante evidente aquel si a su cuestion. Al fin y al cabo, Ifára era una esclava, una muy bonita que habia pasado por un par de dueños mas. Lo raro hubiera sido que anduviera completamente inocente en aspectos intimos semejantes. -¿Te hicieron daño?- Aquella ultima pregunta entre segura y preocupada si que la descoloco del todo.

Ifára no supo como responder en un principio, tragando saliva con pesadez y no pudiendo evitar, durante un momento breve pero revelador, dirigir sobre el otro una miradita fugaz y de completo desconcierto.

Razono entonces que aquella duda de Ace era sincera, rompiendo rapido el contacto visual para dirigir los ojos directos sobre la pared, solucion mas comoda y cobarde. Ifára nunca fue demasiado valiente.

-U-un poco... - Asi que se limito a responder, encogiendose de hombros y tratando de restarle toda la importancia posible al asunto, que era normal que ocurrieran esas cosas cuando padeces de condicion sin libertad.

Entonces, fue Ace quien tuvo que evitar el contacto visual, tragandose notablemente un bufido para apretar sus caderas algo mas fuerte, pero sin que doliera.

-¿T-te molesta que no... - Ante semejante reaccion evidentemente molesta del otro, Ifára trato de cuestionar con toda su preocupacion, siendo velozmente interrumpida por el joven comandante.

-Me molesta que te hicieran daño.- Tras aquella contestacion, Ifára no pudo explicarse porque, pero sintio como una sensacion calida de alivio y cariño la invadia por dentro deliciosamente. Por instinto, aumento la firmeza de la caricia sobre aquel cabello oscuro y revuelto, que comenzaba a hacerla sentir mejor el calor y cercania del cuerpo del otro. -¿Estas asustada?- Pregunto el joven Ace, viendo como sacaba a la chiquita de sus pensamientos. La notaba tensa, nerviosa y desconcertada, decidiendo directamente cuestionar si el motivo de ello era lo que se temia.

-Algo... - Ifára ya no iba a mentirle, que empezo a darle menos pavor y cada vez mas confianza. Se sentia segura, a pesar de todo, pero ella no tenia buenas experiencias con el sexo opuesto. Mucho menos, en semejante sentido de claramente inminente contacto intimo.

-Algo ¿Eh?- Se limito a repetir el, subiendo un poco las manos bajo su camiseta fina para acariciar la cintura fragil y estrecha. -¿Te doy miedo?- Y la respuesta posible le daba mas miedo a el que a ninguno.

-No.- "Ya no" hubiera sido una respuesta mas completa y sincera, pero innecesaria. Ifára nego con la cabeza un par de suaves veces, atreviendose, por fin, a mirarle a los ojos para dedicarle una sonrisita amable y segura. La situacion le asustaba, pero no la compañia, que empezaba a agradarla y a inundarla de una tranquilizante sensacion de seguridad y proteccion.

Fue respuesta suficiente. Tomandose aquello como una gran noticia, ademas de como luz verde para dejarse de planteamientos y tanta palabreria, el segundo comandante dio un ultimo beso a aquella piel bonita de su vientre, levantandose del sofa y rompiendo la caricia de ella asi como las suyas. La chiquita dio un ligero paso hacia atras, permitiendole ponerse en pie para enfrentarlo sin demasiados temores ahora, que empezaba a comprender suficientes cosas y a sentir otras muchas, mas extrañas y desconcertantes, pero que razono como buenas. Entonces, Ifára llego a la conclusion de que Ace no era una mala persona, a pesar de que tratara de fingirlo con todas sus fuerzas, si no un muchacho que habia nacido en el lugar equivocado, o en la familia equivocada, o en la epoca equivocada en el ambiente equivocado... No lo sabia. Solo sabia que el mundo se habia equivocado, y que le habia enseñado a ser salvaje y despiadado cuando, en realidad, el lado mas calido y blando de su interior rogaba por salir silencioso, pero suplicante.

Comprendio, entonces, que era de vital importancia una llave necesaria para que aquel lado amable pudiera mostrarse a la superficie, aunque fuera en su sola compañia e intimidad.

Le miro a los ojos y lo vio solo, furioso con el mundo injusto, perdido e incomprendido, como un gato callejero que se ha criado en las calles y solo aprendio a luchar por comida, matar semejantes para sobrevivir, llevarse la mejor parte y cazar peligrosas ratas enfermas.

Ahora que lo habia visto por dentro, a traves de sus ojos, era imposible que le diera miedo.

-Sabes lo que voy a hacer ahora... - Dijo de pronto, sacandola de sus pensamientos. Ifára habia mantenido el contacto visual que tanto esquivo momentos antes, volviendo a poner los pies en la tierra para notarlo cerca, muy cerca, que el se habia puesto en pie y ella tampoco habia hecho nada para alejarse.

-Aja.- Contesto ella, asintiendo tranquila y sabiendose, por primera vez, completamente necesaria para lograr un bien mayor.

-Si... si te molesta... - Con algo mas de dificultad, el joven Ace trago saliva, llevando no obstante las manos hasta el cuello fino de Ifára para acariciarlo. El contacto fue demasiado agradable, intimo y de intenciones evidentes, provocando por instinto que fuera el mismo Ace quien se acercara a ella aun mas. -Si algo de... de lo que haga te molesta... dimelo ¿Vale?- Inseguro, espero, notando la delicadeza de su cuello bajo las manos, el latir de su sangre caliente tan tranquilo y dulce ahora, su calor embriagante y calamante, su aroma delicioso y natural. Su mirada comprensiva, amable, cargada de buenos sentimientos y emociones agradables... Que se le clavaba en las retinas como un balsamo entre aliviante y doloroso que parecia, de pronto, poder adivinarlo todo.

-Vale.- Respondio por fin tras un breve silencio que al joven Ace se le habia hecho eterno, llegando hasta a sonreirle tranquila y puede que, incluso, feliz.

Entonces, Ifára escucho como el otro suspiraba bajo, pero tranquilo y menos culpable, sintiendo seguidamente que la caricia sobre su cuello se intensificaba con algo de ansiedad e impaciencia. Sin esperar mucho mas, que debia haber andado conteniendo los deseos peligrosos demasiado tiempo, el joven comandante aumento la cercania, la apego contra si mismo para, finalmente, besarla en los labios.

Fue un beso tranquilo y cariñoso. Al menos, en un principio, porque en cuanto Ace sintio su calor tan sumamente pegado a su propio cuerpo, el sabor de su boca y la suavidad de sus labios llenitos, no pudo evitar tensarse notablemente para poder tragarse las ganas de asaltarla como una maldita pantera. Sin embargo, las manitas suaves de Ifára se colocaron delicada e inseguramente sobre sus hombros, que no deberia ella andar acostumbrada a las muestras de cariño tan delicadas y consideradas, provocando que el joven Ace se serenara nada mas notar sus dedos cuidadosos y temerosos por atreverse a realizar tal contacto sin permiso.

Pero que se serenara no significaba que pretendiera abandonar la situacion tras un simple beso.

Ace intensifico el contacto y el abrazo, e Ifára ya estaba segura de lo que ocurriria de manera inminente, sobretodo cuando lo noto estremecerse y agarrar su cintura entre ansioso y con cuidado.

La unica cama del camarote estaba demasiado cerca y tentadora como para ignorarla, gritando silenciosa su invitacion de revolver las sabanas para dos unicos pasajeros.

Como testigo quedaria aquel sofa verde.

(Cambio de escena)

Suave como la seda y amansado cual gatito, Ace se desperto.

Apenas habia abierto los ojos cuando se percato, facilmente, que andaba acostado sobre un cuerpo calentito y mas pequeño que el suyo. Como siempre se le hizo dificil levantarse sin mas, al principio volvio a tratar de dormirse, notando la respiracion acompasada y tranquila de aquella personita que descansaba tambien bajo su peso. Sin embargo, la luz de la mañana, castigadora, que se colaba directa desde la ventana, provoco que desistiera y se limitara, al final, a permanecer donde estaba.

Fue en aquel instante que Ace se percato de que andaba acostado sobre Ifára.

Con la cabeza apoyada justo en el lugar donde el cuello termina y comienzan las claviculas, el joven comandante elevo un poco la mirada con cuidado, observando que ella, tan bonita y calida, todavia estaba dormida. Como no recordaba haber buscado a proposito semejante posicion aplastante, Ace razono entre culpable y divertido que debia haber caido fulminantemente dormido sobre ella en cuanto finalizo la tarea. Con mucho cuidado, que se le hacia hasta doloroso despertarla, el joven Ace rebusco la mejor manera de quitarse de encima sin ser notado, pensando que cargar con su peso no debia ser lo mas comodo, precisamente.

Apoyo las manos junto a sus costados y se elevo un poquito, consiguiendo que el colchon se hundiera un tanto y la chiquita se removiera un poco. Se mordio el labio con culpa, decidiendo que o llevaba a cabo ahora la accion evasiva o terminaria al final por despertarla, que entre el movimiento y la luz la cuestion comenzaba a hacerse mas que complicada. El hecho de tener la sabana encima cubriendole casi del todo tampoco ayudaba demasiado, decidiendose Ace al final por tentar a la suerte e impulsarse hacia el lateral desocupado de la cama.

Extraña y afortunadamente, logro su mision, dejandose caer silencioso y cuidadoso sobre el colchon con media sabana para si mismo, suspirando tranquilo al saberla liberada de su peso sin haberla despertado. Miro al techo neutro e impersonal del camarote, no pudiendo contener una sonrisita pequeña al razonar que hacia mucho tiempo que no se sentia tan bien y satisfecho. El hambre dolorosa habia desaparecido, al igual que aquella molesta sed, estirandose perezoso y animado bajo las sabanas con movimientos cuidados para no hacerse notar.

Entonces, Ace giro la cabeza sobre la almohada, encontrandose con su imagen serena y dormida. Penso que era el ser mas bonito del mundo, con aquellos ojos enormes cerrados y la expresion tranquila. Se le hizo cansada, pero en calma total, boca arriba con las manos descansando sobre la almohada y el cabello, cargado de aquellas ondas o rizos grandes color chocolate, revuelto por todas partes.

Asi, cansada pero tranquila, dormida y desnuda, era aun mas dulce y bonita si es que aquello era posible. Hacia demasiado tiempo que Ace no despertaba junto a alguna muchacha tras hacer el amor y sentia semejante sensacion entre el jubilo y la serenidad total. Con un suspirito satisfecho, regreso la mirada al techo neutro del camarote, decidiendo que por atrasarse aquel dia en comenzar sus tareas no pasaba nada, que su aroma delicioso y embriagador andaba flotando por toda la habitacion dulce y agradable.

Recordo, entonces, los momentos de la noche anterior antes de caer dormido, la manera en que ella se arqueo instintivamente felina cuando el hizo las cosas como debia hacerlas. Recordo sus ojos bonitos y siempre tan amables que brillaron aquella noche mas que nunca, su piel erizandose contra la suya como respuesta silenciosa y agradecida a las caricias cuidadosas. Ace habia sido un buen chico, respetuoso, delicado pero pasional, y habia logrado sentir como ella casi parecia deshacerse entre sus brazos gustosamente.

Simplemente, habia sido la mejor sensacion del mundo. Aquello era insuperable, no podria haber alcanzado momento tan sublime sin su compañia femenina tan serenante y cariñosa. Ifára era perfecta.

Como se sabia solo, que ella estaba dormidita como un liron y nadie andaba de espia, Ace elevo sus propias manos un segundo tras evocar los recuerdos agradables, analizando sus dedos y las palmas. Las giro un par de veces frente a sus ojos, pensando que eran grandes y algo duras, contrastando tanto con las de ella y su piel fragil y morena. Un poco asperas, que nunca habia recapacitado sobre semejante cuestion hasta ahora, dedicandole a la muchachita una mirada de reojo preocupado durante un instante.

Luego se dijo que, como no la habian hecho daño, sus manos estaban bien.

Regresando a su posicion anterior mas tranquilo, no pudo contenerse, girando la cabeza para que sus ojos pudieran revisarla cuanto quisieran sin necesidad de dar explicaciones o impedimentos de ninguna clase. Ace empezaba a saber lo que le estaba pasando, y el caso que ahora que la tenia bajo las mismas sabanas, en la misma cama y los dos igual de desnudos, le parecia hasta una noticia agradable. No le atraia, ni siquiera le gustaba.

Se habia enamorado como un idiota de Ifára.

Habiendose acostado con ella, la sensacion y obsesion por la muchachita no se habia desvanecido, si no que habia aumentado sin permiso ni consideracion. Pero, quiza, no era tan mala cosa y podria incluso hacer de su vida en el mar peligroso algo mucho mas bonito y alentador. Que ahora tendria alguien especial a quien echar de menos en un sentido de complicidad emocional. Alguien por quien preocuparse por puro capricho de hacerlo, con quien permitirse flaquear de vez en cuando. Pero sobre todo, alguien a quien querer de verdad. De verdad y en serio, que nunca ha sido lo mismo querer a un hermano, o a un compañero, a un padre o incluso a unos subordinados, que querer a una mujer.

Lo hacia sentir bien, asi que no habia porque tomarlo como un sentimiento peligroso.

Sin embargo, una cuestion peliaguda y de lo mas complicada ataco repentina la mente de Ace.

Ace nunca se habia planteado la esclavitud como un dilema moral. Siempre le fue indiferente en gran medida, que habia visto personas condenadas a semejantes padecimientos y servidumbre total por cientos de navios y lugares visitados. Ni llegaron nunca los desdichados esclavos a agradarle, ni tampoco fue capaz de odiarlos, porque solian importarle lo mismo que una mascota cualquiera. A alguno lo desprecio, considerandolos rastreros, cobardes y vengativos, que su situacion sin libertad no podria dejar siendo bueno a nadie y debia volver malo a muchos. Llego, incluso, a saberlo como un hecho natural. Una cuestion simple en aquel mundo injusto donde unos estaban hechos para dominar, y otros para ser dominados. Asi habia sido siempre, porque el ser humano debia funcionar de manera semejante, naciendo unos fuertes y otros debiles. Es decir, aunque sabia que por circunstancias de la vida y sus desgracias mañana mismo a el podrian tratar de condenarlo a ser esclavo, terminarian matandolo, Ace estaba seguro, porque su naturaleza andaba cortada para dominar, para ser fuerte y portar sobre los hombros el liderazgo. Sin embargo, siempre penso, a las personas como Ifára que son temerosas, blanditas, adaptables y fragiles, era facil doblegarlas y arrancarles la identidad, era una tarea simple y un hecho de lo mas sencillo el conseguir que cumplieran con tu absoluta voluntad. Hacerlo era hasta natural en el universo humano, donde unos nacen para dominar y otros para ser dominados.

Sin embargo, ahora que no podia evitar ver a Ifára con ojos distintos, que la consideraba incluso mejor que las personas mundanas, tan vulgares se le hacian los demas a su lado, Ace no sabia que pensar exactamente. Por una parte, razono si de verdad era ella debil y tan fragil en el sentido mental o emocional. Al fin y al cabo, despues de haber vivido lo que habia vivido, la pobre, la chiquita andaba en sus cabales y no habia perdido la cabeza. Es mas, Ifára no se habia vuelto rastrera ni vengativa, si no al contrario, y quiza fuera asustadiza por los traumas y sufrimientos vividos y no por propia naturaleza.

¿Estaba el hecho para mandar y ella para ser mandada por derecho de nacimiento, o era en realidad cuestion de una guerra injusta, de las circunstancias y la suerte?

Confuso y sumido en sus dolorosas preguntas sin conclusion, Ace volvio a girar la cabeza, topandose de lleno con su imagen dormida y maravillosa. Ifára se habia transformado para el en la salvadora del mundo, porque lo volvia algo agradable y le daba incluso esperanzas. Si existia alguien tan adorable como Ifára, debia por tanto tambien existir alguien mas con cualidades similares. El mundo no estaba solo cargado de monstruos, si no que habitaban a su lado algunos seres magnificos y desinteresados, mucho mas escasos que sus horribles compañeros de planeta, pero que al menos estaban ahi.

Y Ace razono que, aunque Ifára fuera unica, maravillosa, increible y perfecta desde sus ojos, debian haber en el mundo mas personitas igual de admirables y que se hicieran querer de la misma manera. Se pregunto, entonces, si acaso el hasta ahora habia tenido mala suerte y solo se habia topado con monstruos, al igual que Ifára. O que, quiza, el formara parte tambien del grupo de estos ultimos y no le hubiera importado nunca.

Hasta ahora.

Penso en liberarla algun dia cercano, pero se horrorizo ante la idea de que ella, seguramente, lo abandonara rapida como alma que lleva el diablo. Al fin y al cabo, nadie quiere permanecer junto a cualquiera de los hombres que te han esclavizado, aunque hubiera sido por poco tiempo. Ace se puso en su situacion, y el razono que se daria a la fuga inmediata ya fuera por pura venganza o por sentir un rechazo total para con el otro. En realidad, si el viviera en la situacion de Ifára, habria asesinado a demasiados dueños y señores como para seguir sirviendole a nadie como esclavo. Ace no se gustaba a si mismo, asi que ¿Como iba a gustarle a alguien como ella, que era todo lo contrario?

Se supo egoista, pero no estaba dispuesto a perderla bajo ningun concepto. Al menos, no se arriesgaria tan pronto. Podia protegerla, y aunque aferrarse a aquel salvavidas era desesperado y arriesgado, Ace se dijo que no tenia muchas mas alternativas.

Debia ser todo lo realista posible...

Y bueno con ella y asi, ademas de tratarla como se merecia, quizas, si tenia mucha suerte, Ifára terminaria al menos por cogerle cariño. Ace se conformaba con eso porque no creia en los milagros.

Debia llevar hasta una hora vagando despierto por su mente, cuando alguien llamo ruidosamente a la puerta del camarote. Ace dio un respingo sobre el colchol, incorporandose sentado como un resorte entre horrorizado y confuso.

-¡Ifára!- Una voz cantarina y conocida atraveso la madera, pareciendo divertida pero firme. -¡Levantate, dormilona! ¡Has vuelto a retrasarte!- Ace no sabia que Ifára tendia a dormirse por las mañanas, mucho menos que era la mismisima Joan-Marie quien solia venir a buscarla.

-No... - Dijo bajo y para si mismo, quejandose con dolor cuando vio a la muchachita revolverse bajo las sabanas, produciendo un gruñidito suave de protesta. -Mierda.-

-¡Esta vez te estas pasando, niña!- Grito Joan-Marie autoritaria pero sin dejarse su toque amable de madre mandona, aporreando la puerta insistente y ruidosa. -¡Vamos! ¡Tienes que trabajar!- Volvio a canturrear la mujerona al otro lado de la puerta.

Ifára se quejo mas fuerte, dandose la vuelta sobre si misma para mirar, aun medio dormida y con los bonitos ojos entreabiertos, a un Ace apurado que no sabia que hacer.

-Oh, no... - Susurro el segundo comandante, observando con daño como aquello contra lo tanto habia luchado comenzaba a ocurrir. Urgente pero suave, se inclino sobre ella, dandole un beso rapido en la frente bonita que le hizo cerrar lo ojos bicolores de nuevo. -Sshh... duermete.- E Ifára, que ni siquiera habia llegado a despertarse del todo, no iba a hacerse de rogar, obedeciendo rapido para remolonear un poquito y regresar a tratar de dormirse.

No pudo ni aliviarse cuando oyo de nuevo a Joan-Marie tras la puerta, sin detener su llamado insufrible sobre ella.

-¡Ifára! ¡No tengo todo el dia para andar detras tuya, niña caprichosa!- Comenzaba a perder la paciencia, al parecer, a pesar de que aquella escena debia haberse repetido miles de veces durante la ausencia de Ace. Sin embargo, Ifára no solia tener a este mismo para instarla a dormir de nuevo, evidentemente.

-Joder... - Se quejo el joven comandante entre dientes, saliendo de la cama para buscar y colocarse rapido como una bala los pantalones cercanos, escuchando como Joan-Marie no dejaba de hacer un ruido infernal.

-¡Arriba! ¡Arriba que ya es por la mañana!- Canturreo de nuevo la enorme mujerona, dispuesta a dar con la faltante de ambas muchachas esclavas y ayudantes.

Bufando y dedicando sobre Ifára, que trataba de dormir y Ace no sabia como podria hacerlo, una miradita rapida de reojo preocupadamente, el joven segundo comandante llego hasta la puerta resonante en una carrera. Sin mas la abrio, que andaba Joan-Marie haciendo demasiado ruido cuando el habia luchado con todas sus fuerzas por mantenerla dormida, que tan cansadita se le habia hecho en cuanto la vio por la mañana.

-¡No! Dejala dormir.- Dijo Ace abriendo la puerta repentino pero cuidadoso de no hacer mas sonido molesto aun, topandose con la imagen de Joan-Marie completamente estupefacta. Durante un segundo, la gran mujer abrio los ojos como platos, analizando de pies a cabeza al muchacho que, con el cabello revuelto y agarrandose los pantalones para que no se cayeran, la contemplaba con expresion reprendedora.

-Vaya... crei que por las horas, tu ya te habrias ido... - La mujerona elevo las cejas un par de veces con sorpresa y descubrimiento, comenzando a percatarse de lo que habria ocurrido en aquel camarote la noche anterior.

-¿Que?- Ace entonces se analizo a si mismo y su precaria vestimenta escasa, asi como la cara de sueño evidente y el cabello despeinado y delator. Abrio la boca para decir algo, pero no encontro una excusa rapida, provocando que Joan-Marie le interrumpiera velozmente.

-¿Donde esta Ifára?- Pero era evidente que ya imaginaba donde y en que situacion, inclinandose levemente hacia un lateral para poder divisar algo del camarote tras la espalda del joven pirata.

-Esta cansada... - Se limito a decir el con apuro, tratando de ocultar no sabia demasiado bien por que la huella del delito cometido. Por desgracia, Joan-Marie no era precisamente de escasa estatura ni corpulencia, divisando rapido la imagen de la chiquita que, desnuda bajo las sabanas, le daba la espalda tratando de continuar presa del mundo de los sueños.

-Oh... - Fue una exclamacion larga y reveladora, regresando Joan-Marie a su posicion en cuanto logro comprobar lo que andaba sospechando. No sabiendo muy bien como reaccionar, el joven Ace se llevo una mano grande a la frente, mesandola con frustracion. -No me la habras agotado demasiado ¿Verdad?-

-No, no... - Murmuro Ace molesto, chasqueando la lengua despues y no acertando a saber si debia sentirse enfadado, avergonzado o indiferente al haber sido descubierto. -Esta bien.- El muchacho pirata razono que, como ya le habian piyado, esconderlo o tratar de aparentar normalidad no serviria de nada. Ademas que se le haria dificil e incomodo. -Solo esta algo cansada.-

-Estabas tardando mucho.- Por su parte, Joan-Marie se encogio de hombros, picara y adivinadora, no dispuesta a regalarle un descanso mental. -Crei que te habias acostado con ella hacia mucho tiempo.- Y aquello hirio horriblemente el orgullo y dignidad de Ace.

-¿Que?- Dijo con el entrecejo fruncido, pensando que tipo de persona creian que era. -No la he tocado.- Sin embargo, tras aquella defensa ya sin ningun sentido, la expresion esceptica y divertida de la mujerona le hizo reaccionar rapidamente. -Bueno... hasta anoche.-

-Ya... - Joan-Marie iba a decir algo mas, pero veloz como el viento, que comenzaba a sentirse incomodo, Ace la interrumpio.

-Ademas, eso es personal mio... - Firme y molesto, que no queria que continuaran metiendo las narices en sus asuntos de manera tan descarada, el joven comandante entrecerro la puerta. - ...o nuestro.- Rectifico confuso, que no sabia porque dejar a Ifára fuera de aquel tema sin mas se le hacia doloroso y extraño.

-¡Pero... - Trato de quejarse Joan-Marie entre escandalizada y apurada al ver que el otro andaba deseando largarse y olvidarse de su persona cuanto antes.

-En un ratito te la mando ¿Vale?- Derrotado, que estaba aun algo atontado por el sueño ademas de seguro de que Joan-Marie no permitiria que la privaran de unas manos ayudantes, que se habia acostumbrado a trabajar menos, Ace suspiro mientras comenzaba a esconderse tras la puerta semi cerrada.

-Como quieras... lo que ella haga es decision tuya, a fin de cuentas.- La mujerona se resigno notablemente, encogiendose de hombros y logrando sobre el otro una expresion fugaz y dolorosa que paso desapercibida.

-Si, si... - Chasqueo la lengua el joven Ace, que aquellas cosas sobre la subordinacion total de la niña comenzaban a hacerle daño. -Buenos dias.- Y sin mas, conciso y claro, Ace le cerro la puerta en las narices, escuchando que Joan-Marie trataba de decir alguna ultima palabra mas. Sin embargo, debio desistir finalmente, pues el mismo la oyo al otro lado bufar frustrada y comenzar a caminar con aquel andar pesado y ruidoso.

Por fin, Ace pudo relajarse de nuevo.

Con alivio se dio la vuelta, apoyando la espalda en la madera fresca durante un momento para, confuso pero tranquilo, suspirar largamente. Recapacito que, el mismo, tampoco podia pasarse toda la mañana como un zangano sin hacer nada, por muchas ganas que tuviera de permanecer en la misma habitacion que una Ifára dormida y desnuda bajo las sabanas, dedicandole a la chiquita una mirada tristona sin poder evitarlo.

Ifára debia tener un sueño realmente pesado, quizas mas que el suyo propio, incluso, habiendo simplemente cambiado de posicion ahora boca abajo para continuar dormitando sobre el colchon.

Entre enternecido y molesto consigo mismo por lo que debia hacer, el joven Ace se dirigio hacia la cama ocupada, siendo todavia cuidadoso y delicado con el ruido, que despertarla abruptamente se le hacia terrible y en exceso dificil. Suspirando otra vez, se sento sobre el colchon a su lado, no pudiendo evitar tumbarse junto a su cuerpo calido en cuanto capto tan cercano su aroma embriagante y natural que comenzaba a saberse de memoria. Sin mas, el joven Ace colo una mano fuerte bajo su vientre desnudo pegado al colchon, consiguiendo un ruidito suave y protestante de la niña por el contacto inesperado que le arranco una sonrisa, pasando el brazo libre sobre su espalda. Acogida en aquel agarre la atrajo hasta si mismo, arrastrandola suavemente sobre la cama para llevarla hasta el. Facilmente le dio la vuelta y la apego contra su propio cuerpo, sabiendo seguro que ya debia haberse despertado por el movimiento obligado para abrazarla delicado y esconder un poco la nariz en su cabello chocolate. Olia demasiado bien y se le hacia dificil.

-Buenos dias.- Dijo Ifára por fin, adormilada todavia y pegada a su cuerpo, sintiendo el abrazo que no la dejaba separarse ni un milimetro y como el otro aspiraba entre las ondas de su cabello, embelesado.

-Buenos dias.- Contesto Ace, no pudiendo evitar acariciar su espalda estrecha y desnuda con el mismo cuidado y suavidad que habia tenido la noche anterior. -¿Como estas?-

-Bien.- Concisa, que parecia aun algo perdida por el reciente despertar asi como las caricias que la andaban atontando de nuevo, Ifára se limito a contestar contra su cuello. Sentir su aliento calido asi como su cuerpo desnudo tan cercano contra la piel, su aroma adictivo, el calorcito agradable que desprendia por haber salido recientemente del sueño y la suavidad de su espalda bajo los dedos, provoco que Ace casi dejara escapar un ronroneo gatuno, escondiendo la nariz nuevamente en su cabello despeinado y castaño.

-Hueles muy bien.- Dijo Ace entre ausente y distraido, notando como aquellas sensaciones comenzaban a ocupar la mayor parte de su mente y cinco sentidos.

-Gracias.- Se limito a contestar Ifára, no acostumbrada a los despertares suaves como aquel, mucho menos tras haber compartido la cama con alguien. Normalmente, directamente la echaban o bien hacian como si nunca hubiera ocurrido nada. Era confuso y, aunque lo analizo como agradable, Ifára no sabia muy bien como responder. Por tanto, se limito a dejarse hacer.

-Oye... - En cuanto Ace comprobo que si seguia asi acabaria por hacerle el amor de un momento a otro, cosa que le apetecia mas que nada en el mundo pero no tenia tiempo ya para andar de amante, dejo de olfatear y acariciar su espalda para permanecer abrazado, pero con la vista fija en el techo y las manos quietas, que andaban a punto de traspasar de nuevo el limite peligroso. -Tengo cosas que hacer... - Dijo molesto por ello, besando su cabecita rapido y seguro. -Y tu tambien. Es tarde.- Ifára permanecio en silencio, dejandose abrazar y mimar un poco mientras atendia a sus palabras. -Voy a ducharme.- Por su parte, el joven Ace suspiro fatigosamente tras aquella anunciacion, dandole un ultimo e instintivo beso a su frente bonita para acariciar su mejilla y poder observar, por fin, su carita despierta. -Vete espabilando mientras tanto ¿Vale?-

-Vale... - Ifára parecia levemente perdida en aquellos asuntos de protocolo mañanero tras haberse despertado desnuda en la misma cama que el comandante, asintiendo tranquila y mas comoda que de costumbre, sin embargo.

Fue suficiente, despidiendose por el momento el joven Ace con una sonrisa satisfecha para, luchando contra si mismo y las ganas por permanecer en la cama a su lado, levantarse del colchon y comenzar a caminar hacia el cuarto de baño.

En cuanto lo vio desaparecer tras la puerta, Ifára se permitio unos segundos de reflexion profunda, dejandose caer boca arriba para contemplar el techo neutro e impersonal del camarote. Por puro instinto, agarro el borde de la sabana con los ojos inamovibles sobre aquella superficie lisa, llevandola hasta la mitad de su cara para cubrir, estupidamente porque nadie la andaba viento, una sonrisita.

Habian sido una noche y mañana extrañas, novedosas, pero bonitas.

(Cambio de escena)

-¿Te dijo todo eso?- Cuestiono Dadou incredula y pareciendo realmente sorprendida, pegada a la encimera junto a su amiga mientras trajinaban, como siempre, con los trastos y alimentos de la cocina acogedora.

Ifára habia llegado tarde, mucho, pero la excusa fue evidente y no hizo falta decir palabra, habiendo recibido al llegar tan solo una miradita entre complice y reprendedora de Joan-Marie. Pronto, la eficaz Ifára se habia puesto a sus labores, no pudiendo evitar sin embargo narrarle cada palabra y expresion que el joven segundo comandante habia pronunciado en su presencia la noche anterior a su querida Dadou en cuanto, laboriosa, Joan-Marie las habia abandonado un rato.

-Si... - Contesto finalmente Ifára, con la mirada atenta sobre la patata que andaba despojando de su piel y el oido en las palabras de su amiga.

-¡Oh, Ifarita! Que tierno ¿No?- Dadou sono realmente ilusionada, disfrutando de la situacion de su compañera incluso mas que la nombrada. -Crei que seria un animal salvaje... - Pero veloz, la joven Ifára la interrumpio.

-Es un buen hombre.- Dijo la chiquita entre molesta por aquello ultimo y convencida, queriendo salir en defensa del joven Ace cuando razono aquel juicio como injusto. Lo entendia, porque ella tambien habia pensado lo mismo en un principio, pero las apariencias engañaban y ahora no podia evitar tener una opinion bien distinta.

-Al menos, contigo si lo es.- Dadou se encogio de hombros, asintiendo finalmente convencida de sus propias y palabras y aliviada con la suerte de su amiga.

-Supongo.- Ifára no iba a ponerse a discutir aquello, porque no sabia la contestacion exacta. Sin embargo, si podia ser bueno con ella, significaba que podria llegar a ser bueno tambien con los demas ¿Verdad?

-Ifára... - Repentinamente, Dadou sono completamente secreta y complice, dedicando sobre su amiga mas pequeña y bajita una miradita de reojo. -¿Te ha follado?- Ifára dio un tremendo respingo sorpresivo.

-¡Du!- Exclamo Ifára escandalizada ante semejante pregunta personal y dicha de aquella manera vulgar, dirigiendo a su amiga una expresion de total reproche y vergüenza.

-¿Lo hizo?- Pero Dadou supo rapido la respuesta, que conocia a Ifára demasiado bien y esta se habia sumido en un tenso silencio delator. -¡Ah, lo hizo! Te ha follado.- Rio Dadou picara y divertida del apuro de la otra, agarrando su muñeca complice y urgente.

-No lo digas asi.- Ifára, descubierta y sabiendose, ademas, en confianza, chasqueo la lengua, dedicandole una miradita reprochadora a la otra. -Suena... suena bruto.- Nunca le gustaron las palabras malsonantes, ademas que definir su experiencia sexual agradable de anoche mediante semejante expresion se le hacia de lo mas incorrecto.

-Como quieras.- Dijo Dadou nerviosa por saber cada detalle, tironeando de la muñeca fina de Ifára para lograr toda su atencion. -Pero, dime ¿Como fue?- Ni tiempo le dio a contestar cuando Dadou decidio seguir cuestionando. -¿Te hizo daño?- Incluso preocupada, la joven rubia le dedico una miradita comprensiva y empatica directa sobre los ojos bicolores.

-Oh, no... - Cuando recordo los momentos vividos durante la noche junto al joven Ace, Ifára no pudo contener una sonrisilla, regresando a su patata a medio descubrir por pura vergüenza instintiva. -No me hizo daño... - Daño, precisamente, no era lo que Ifára habia sentido.

-¡Ahun!- Dadou dio un bote repentino y animado, apretando el agarre de su muñeca delgada un par de veces mas con emocion nerviosa de amiga ruidosa. -¡Que suerte tienes!- Exclamo celosa pero sonriente, soñando despierta con el dia en que la fortuna tambien comenzara a apegarse a ella. -Chica, creo que te quiere.- Sin mas ni anestesia, convencida y segura de sus palabras, Dadou asintio firmemente.

-Tambien me lo dijo... - Pero a Ifára aquella cuestion debia hacersele un poquito mas complicada y menos digna de ninguna risa, provocando la estupefaccion total de la otra.

-¿Que te quiere? ¿Te dijo que te quiere?- Eso, Ifára no se lo habia confesado.

-Bueno... si.- Confusa, Ifára se encogio de hombros, comenzando a sentirse ahora mas comoda tras haber comenzado el tema peliagudo. -Lo dijo mientras... mientras... - De reojo miro a la expectante Dadou, regresando los ojos dispares y bonitos directos a la patata de nuevo. -Mientras lo haciamos... ya sabes.- Aquello era cierto, pero tanto Ifára como Dadou sabian que los hombres, en aquel momento determinado, pueden decir muchas cosas sin sentido ni razon alguna.

-Entiendo... - Mas tranquila, Dadou asintio reflexiva, dedicandole a su compañera una expresion calmante. -Pero, sabes, creo que es cierto... Tiene sentido ¿No?-

-No lo se, Du... - Era muy complicado e Ifára no estaba dispuesta a hacer de su vida un lio aun mas espinoso, encogiendose de hombros resignadamente. -Ni siquiera lo recuerda.- Aquello era mas que probable, porque Ace en el momento de su confesion no habia estado, precisamente, mentalmente alerta.

-¿Y eso que?- Pero Dadou era de soluciones faciles y tendia a simplificarlo todo, propinando un capon indoloro pero reprendedor a la cabeza de su amiga. -Si lo ha dicho sin pensar, mas razon que me das.- Y como respuesta silenciosa, Ifára nuevamente se limito a encogerse de hombros. -¿Tu le quieres?-

-No.- La respuesta de Ifára fue rapida y hasta decepcionada consigo misma, negando con la cabeza un par de veces tristonas.

-¿No te gusta estar con el?- Pregunto Dadou escandalizada e incredula de semejante negacion anterior.

-Claro que si.- Pero Ifára respondio tan segura y rapida como antes, dedicandole a su compañera una miradita fugaz de firmeza. -El me gusta... me gusta mucho... pero no le quiero. De momento.- Ifára era de corazon dificil, porque la habian tratado mal y nunca supo lo que era convertirse en el objeto de adoracion de nadie.

-De momento ¿Eh?- A Dadou no se le escapaba una, que andaba escuchando las palabras de su amiga con la misma emocion que si ella las viviera.

-Si las cosas siguen asi, seguramente terminare haciendolo.- Sonrio Ifára mas para si misma que para su amiga, asintiendo animadita a sus esperanzadoras palabras. Solo necesitaba tiempo. Por fin las cosas comenzaban a ir bien, por primera vez desde que cumplio los diez años, penso Ifára con ilusion.

-Bueno, bien dicho.- Asintio Dadou, didactica y con toda su actitud de hermana mayor. -El amor no solo funciona a primera vista, tambien esta el que se debe trabajar.- Y Dadou, que habia visto de todo para su juventud, asintio firmemente, segura de si misma y sus creencias.

-Es un buen hombre.- Ifára ya estaba convencida de eso, queriendo que su compañera lo tuviera bien claro. -Solo necesita que lo quieran.- Habian sido palabras mas para ella misma que para nadie, sabiendo Ifára mejor que nunca que, realmente, el joven Ace podia ser un chico considerado y suave si la vida dejaba de propinarle golpes. Solo necesitaba tiempo, y cariño, aquella llave necesaria que mostrara su mejor cara y lado bueno, aquel que suplicaba por salir. Con que, al menos, le permitiera flotar al exterior en su sola presencia, era un gran paso. Ifára ya habia visto la parte mala, pero ahora solo divisaba la buena, que con ella no habia vuelto a mostrarse salvaje ni despiadado.

-Si tu lo dices... - La saco Dadou de sus pensamientos con indiferencia, que no era ella tan complicada ni dada a reflexion como Ifára. -Y bueno, ¿Como fue despues de hacerlo? ¿Te dijo algo bonito?- La curiosidad de Dadou todavia no habia sido satisfecha del todo.

-¡Uy! Que va... - Respondio Ifára entre desconcertada y divertida, provocando que su compañera la observara atentamente. -Se quedo dormido como un muerto asi, de repente.- Abrio las manos con demostracion, como si quisiera aumentar el dramatismo y sorpresa del momento.

-¿En serio?- Incredula pero divertida, Dadou volvio a preguntar, tratando de no imaginarse semejante escena.

-Si ¡Te lo prometo! No sabia que hacer, asi que lo deje dormir.- Ifára no pudo evitar soltar una de sus risitas tintineantes, arrancandole a Dadou otra carcajada similar, aunque mas ruidosa y ronca que la suya.

Ya iba a salir la simple y de campo Dadou con algun comentario vulgar pero gracioso, cuando la puerta de la cocina se abrio, entrando Joan-Marie en su territorio tan autoritaria como amable.

Las chicas se habian sumido en un ambiente de risa algo tonta debido a la amistad y la conversacion anterior, provocando que Dadou se mordiera el labio inferior regresando veloz al trabajo e Ifára, con su patata en la encimera, tuviera que llevarse el dorso de la mano suave hasta la boca con un carraspeo.

-¿De que os reis tanto?- Pregunto la enorme mujerona entre divertida y recelosa, analizando a las muchachitas que tan dificilmente trataban de recuperar la seriedad.

-De nada, señorita Joan-Marie.- Se aventuro rapida a responder Ifára con una sonrisita cerrada, dedicandole a su compañera una miradita complice que paso desapercibida para la gran mujer.

-Anda, anda... - La mujerona del mar chasqueo la lengua, decidiendo que no era correcto tratar de meterse en asuntos de chicuelas, que ya andaba imaginando de que tema habian estado aquellas dos picaras hablando. Sin mas, se acerco hasta una distraida Ifára, provocando que esta le dirigiera una miradita confusa y preocupada. -Deja de marear a la patata y lleva algo de beber a los del tercer piso... - Culpable por haber sido descubierta en su distraccion, Ifára le dedico una mirada de despedida a su patata abandonada, asintiendo finalmente obediente. -Estan hablando de no se que ataque de la marina... yo que se.- Y tan tranquila, acostumbrada a amenazas semejantes, Joan-Marie se encogio de hombros. Sin embargo, Ifára era demasiado miedosa, como siempre, dando un enorme respingo para dedicarle a la mujerona una expresion de horror total. -¡Pero, niña!- Respondio Joan-Marie sorprendida ante la expresion aterrada de la muchachita, no sabiendo ya muy bien que hacer con ella y sus preocupaciones constantes. -¡Si no es nada! No va a pasar nada, niña. Solo es por... prevencion.- Aunque ni siquiera Joan-Marie andaba sabiendo a que se debia. Por su parte, Ifára trato de recomponerse un tanto, tragando saliva pesadamente para asentir desconfiada. -Y ahora ¡A trabajar!- Palmeo la mujerona la encimera, provocando que ambas chiquillas dieran un bote. -Haz lo que te he dicho, Ifára, que ya has vagueado bastante esta mañana.-

Y obediente pero todavia algo nerviosita, Ifára se puso a la tarea.

(Cambio de escena)

-Oye... - Dijo aquel pirata barbudo amante de los acertijos con quien solia desayunar, inclinandose sobre su silla alegre pero confuso. -Que buen humor tienes hoy ¿No, Ace?-

-¿Mmh?- Respondio el minimamente con una sonrisita animada y la actitud algo dispersa, que habia andado toda la mañana tan de buen humor como preso de una ensoñacion total. -Oh, si. Estoy contento.- Se limito a revelar, encogiendose de hombros para acomodarse, nuevamente, sobre el respaldo de su silla, que no estaba dispuesto a dar mas informacion de la necesaria.

Reunidos aquellos tripulantes de mas alto rango en la enorme y vasta sala del tercer piso, esperaban todos sentados en cada silla o cualquier cosa que pudieran utilizar como similar al enorme e imponente capitan. Ace sabia para que les habian convocado, que era algo comun contra lo que solian prepararse, escuchando y divisando el jolgorio y las conversaciones a gritos por toda la habitacion antes de que llegara el respetado padre. Una vez entrara ahi, todo quedaria sumido en silencio y formalidad total, prestandole todos la maxima atencion y solo hablando para dar una opinion que mejorara la situacion. Normalmente, la animacion y compañia de tanto esperpento del mar se le haria indiferente o desagradable tan temprano, pero hoy sin embargo lo contentaba e incluso animaba mas, que andaba contagiandose de tanta broma y sonrisa bruta. La sala ruinosa del tercer piso, aquella que usaban como habitacion para reuniones como la que esperaban tan solo por el tamaño, que en cuanto a decoracion ni un mueble tenia y limpieza le faltaba, hizo que el sonido de la voz de cada compañero resonara aun mas fuerte.

Frente a el y algo alejados, Marco y Thatch esperaban al igual que los demas, el segundo hablando sin parar sobre solo Dios sabia que cosa y el primero, por su parte, limitandose a asentir molesto por tanta palabrareia a semejante hora de la siesta.

Ace no pudo evitarlo, que andaba de un humor radiante, la verdad, sonriendo como saludo a ambos amigos y compañeros. Marco le correspondio con otra sonrisa mas serena, pero amable. Sin embargo, Thatch se limito a observarle, serio y silencioso, estatico.

Aquello lo desconcerto. Thatch no parecia de buen humor y, eso, era lo mas extraño del mundo.

-¡Ey!- Una mano gigante se estampo sorpresivamente sobre la espalda del segundo comandante, impulsandole hacia el frente un par de veces sin llegar, por suerte, a tirarlo de la silla. -¡Buenos dias, comandante!- Dijo una voz ronca y feliz tras el, girando veloz la cabeza el joven Ace para toparse con la imagen risueña de Marshall D. Teach.

-Buenos dias, Teach.- Contesto Ace, sonriendo formal y animado. Le caia bien ya que, aunque no lo conociera demasiado, siempre le resulto un tipo agradable y de trato facil.

-¡Vaya!- Teach le analizo de pies a cabeza, tan ruidoso y estrambotico como siempre. -¡Que buen aspecto tienes hoy, comandante!- Y, tras aquella exclamacion, solto una de sus caracteristicas y unicas carcajadas jocosas.

-Gracias.- Ciertamente, estaba de muy buen humor. -Pero sientate, no te quedes ahi parado.- Le dijo animado y haciendo un pequeño alarde de buena educacion, indicando con su mano el asiento libre junto a el. Con la sonrisa de oreja a oreja y falta de algunos dientes, el enorme y risueño Marshall D. Teach acepto la oferta rapidamente, acomodandose en el asiento señalado.

-¿Y a que se debe tan buen humor, comandante?- La pregunta repentina y algo alejada lo sorprendio un tanto, dando Ace un pequeño bote sobre la silla para toparse con la imagen de Thatch que, desde su asiento correspondiente, le observaba analitico y con una sonrisilla que no predecia nada bueno.

-No lo se.- Pero Ace no andaba dispuesto a estropearse el dia, encogiendose de hombros y razonando que, siendo su amigo, Thatch no podria pretender nada malo contra su persona. -Me habre despertado con buen pie.-

-¿Si? ¡Vaya, que gran noticia!- Dijo Thatch con ironia palpable y evidente, provocando que el primer comandante, posicionado a su lado, le dirigiera una miradita de advertencia. -Fijate que en mi caso ha sido lo contrario... - Ace se escamo un tanto, porque conocia al cuarto comandante demasiado bien.

-Lo lamento, entonces.- Se limito a decir, adoptando una expresion algo mas seria mientras, de pronto, todos parecian haberse sumido en un silencio gigantesco, atentos a la conversacion repentinamente tensa de ambos comandantes.

-¡No, por favor! No lo lamentes... - Respondio Thatch con su sonrisa peligrosa, dejandole claro que ahora vendria el comentario burlon de turno. -No vaya a ser que se te cambie la buena cara por esa de amargado perro que sueles traernos.- Sin embargo, antes de que Ace saltara con mas palabras desagradables, Marco decidio que era el momento de pasar a la accion.

-Thatch... ya basta.- Le dijo el primer comandante al aludido con una mirada firme y de advertencia, conociendo perfectamente el motivo de su repentino ataque verbal.

-Pero ¿Por que? ¿Acaso no es la verdad?- Dijo burlon el cuarto comandante, no dispuesto a abandonar aquella actitud molesta y directa contra el joven Ace.

-¿Que diablos te pasa?- El segundo comandante cuestiono entre enfadado y confuso, que no entendia a que venia semejante problema con su siempre fiel amigo. Marco, aliviado enormemente de que el otro no saltara al juego, parecio dedicarle incluso una expresion de agradecimiento.

-No, Ace. Que te pasa a ti.- Thatch se inclino un poco sobre su asiento, abandonando la sonrisa por primera vez en mucho tiempo. Iba a decir algo mas, pero la puerta de la sala se abrio cuidadosa, provocando que todos los presentes quedaran estaticos y silenciosos debido a la espera del capitan.

Sin embargo, la que aparecio a traves de ella fue la bonita esclava Ifára que, desconcertada por semejante ambiente de evidente tension, se limito a bajar la cabecilla un segundo mientras portaba las bebidas que Joan-Marie le habia encargado.

Entre decepcionados por la presencia de la chiquilla, que habian andado esperando al padre, y aliviados por su interrupcion que habia despistado a ambos contrincantes, los presentes se limitaron a dedicarla una mirada rapida de revision. Rapida menos la de Ace, que se clavo sobre ella sin poder evitarlo, no retirandole los ojos de encima ni un misero segundo.

Y asi, tensa e incomoda, que se sentia intrusa debido al ambiente peligroso y de silencio total, Ifára se interno en la sala con pasitos cortos.

-Ven.- Le dijo Ace en un susurro, sonriendola tan cariñoso y afable como habia sido con ella todo el dia y la noche anteriores. E Ifára, que era el unico aliado que parecia tener en aquella sala, no hizo que se lo repitieran dos veces, caminando hasta el segundo comandante velozmente. -Dejalas aqui.- El mismo Ace fue quien acogio el encargo de la niña entre las manos, posicionando en el suelo cercano aquellas bebidas pedidas hacia poco para restarle trabajo a la buena de Ifára. Por puro instinto, el joven pirata no pudo evitar coger su manita suave y agradable antes de que se fuera, dedicandole una sonrisa amable y significativa, complice, que fue velozmente correspondida por la chiquita. Atentos, los presentes observaron la escena, algunos divertidos, otros desconcertados, divisando como el siempre duro Ace no parecia querer soltar su mano. Por desgracia, Ifára tenia que marcharse, deslizando los dedos a traves del agarre con cuidado y sin perder la expresion agradada. -Hasta luego.- Dijo Ace con expresion amable, consiguiendo que ella, tensa e incomoda por el ambiente, pero agradecida con sus atenciones en publico, elevara una manita rapida como despedida.

E igual de silenciosa y veloz como habia entrado, Ifára se largo de la sala ocupada con un susurrito de la puerta al cerrarse tras ella.

Ace no pudo evitar admirar durante un par de segundos mas el lugar por donde acababa de desaparecer, recordando cada momento de la noche anterior y vivido junto a ella con una sonrisita boba.

Sin embargo, cuando desgraciadamente cayo en la cuenta de que andaba en presencia de demasiados ojos curiosos, el segundo comandante dio un respingo, regresando a su posicion anterior para carraspear con fuerza y fingir normalidad. Se topo con las miradas de sus compañeros, algunas adivinadoras y picaras, otras confusas y, otras, simplemente de lo mas divertidas.

Marco parecio tener que tragarse forzosamente una sonrisa, evitando el contacto visual con un descubierto Ace para, estiloso, cruzarse de piernas y analizar el rincon mas cercano de la sala.

Por su parte, Thatch le dirigia una mirada seria y de entrecejo fruncido.

Definitivamente, a su amigo le pasaba algo contra el.

-¿Que?- Se limito a decir Ace secamente, queriendo mantener la dignidad y dejandoles claro a todos los presentes que seguia siendo el mismo animal salvaje de siempre. Combativo, clavo la mirada sobre la del cuarto comandante, logrando que el otro afianzara aun mas su postura tensa y molesta.

-Nada.- Se encogio de hombros el cuarto comandante, no recuperando sin embargo su caracteristica e inmortal sonrisa. -Solo me preguntaba si acabarias tirandote a todas las mujeres de este barco.- Ahora, Ace empezaba a saber a que venia su ataque verbal repentino.

Abrio la boca, dispuesto a contestar, revisando primero con la mirada entre los presentes para cerciorarse de las identidades. Por desgracia, la imagen de una Circe altiva que, molesta y recelosa, analizaba al cuarto comandante varios asientos alejada de el, provoco que desistiera.

-Thatch, por el amor de Dios... - Vale que Ace tuviera un arrebato violento y digno de ser temido, pero un amigo era un amigo, y el no andaba dispuesto a humillarlo o bien acabar mal la discusion. Mucho menos, delante de tantos compañeros y de la mismisima Circe, evidente problema en cuestion. -Luego hablamos de... de eso.-

-Oh, no. Quiero hablarlo ahora.- Dijo Thatch, dolido y sintiendose terriblemente traicionado, que le habian estado ocultando secreto como aquel sin mas. Eso lo habia hecho aun mas dañino para su orgullo.

-Pero yo no.- Y es que empezaba a enfadarse, que lo estaban poniendo en evidencia cuando, encima, el trataba de luchar por el bienestar de su compañero.

-Cobarde.- Dijo el cuarto comandante entre dientes, sabiendo que aquella era la palabra prohibida.

-¿Como me has llamado?- Firme, con la furia recorriendole las entrañas, que Thatch le conocia demasiado bien y sabia como calentarlo, el segundo comandante se levanto de su asiento.

-Basta.- Se aventuro Marco antes de que la situacion se pusiera aun peor de lo que estaba, provocando que absolutamente todos los presentes le observaran atentos. -Estamos esperando a Padre, y vosotros a punto de saltar el uno sobre el otro. Esto es una maldita reunion de trabajo, no una convencion de verduleras.- Y asi, sin necesidad ni de elevar la voz, el primer comandante con toda su autoridad logro el cometido, consiguiendo que ambos contrincantes tensos decidieran dejarlo para otro momento. La mencion de padre siempre funcionaba, Marco ya se lo sabia de memoria. Finalmente, pudo respirar algo mas tranquilo.

Nuevamente, la puerta se abrio, pero ruidosa y notable a diferencia de con la chiquita, dejandoles claro la identidad de aquel personaje que acababa de llegar.

Abandonando cada uno sus pensamientos pertinentes al igual que la batalla entre ambos comandantes, todos contemplaron presos de admiracion y respeto totales la figura del padre, el capitan, el viejo pirata, entrando en la sala de la tercera planta ocupada por sus hijos de mayor rango.

Barba Blanca queria a todos sus polluelos por igual, pero cuando se trataba de guerra, su tripulacion funcionaba como el mas jerarquico de los ejercitos.

(Cambio de escena)

Tan desconcertada como confusa, que la curiosidad se la comia por dentro tras haber salido de aquella sala tensa, la joven Ifára entro en la cocina con una pequeña expresion ausente y preocupada. Algo no le gustaba.

-¿Que pasaba?- Cuestiono Joan-Marie en cuanto la vio aparecer por la puerta, habiendola mandado mas en mision de espia que de sirvienta.

-¿Eh?- Ifára andaba algo perdida, que cierta presencia tan cerca del joven Ace no le habia dado buena espina. -Ah... no lo se. El capitan no habia llegado todavia.-

-Vaya... - Con decepcion, Joan-Marie chasqueo la lengua, viendo que tendria que resignarse a quedarse con la incertidumbre hasta mas tarde. -Bueno... - Le resto importancia, agitando una mano en el aire con indiferencia. -Luego se lo puedes preguntar a Ace.-

-¿A Ace? ¿Yo?- Y es que a Ifára todavia le costaba hacerse a la idea, que era muy complicado desarragairse de las costumbres y el temor total al dueño asi, de repente.

-Evidentemente.- Dijo Joan-Marie segura, llevandose las manos hacia las caderas grandes con chuleria. -A ti te contara lo que sea.- Debia ser que todos estaban mas convencidos de los sentimientos del segundo comandante que la propia Ifára, pareciendo que la mujerona pretendia aprovecharse levemente de la cercania de ambos para andar de chismosa.

-¡Señorita Joan-Marie!- Ifára sono entre incredula y divertida, habiendo descubierto rapidamente las intenciones de su anfitriona. -No voy a hacerle de espia.- Con Joan-Marie era facil dejarse llevar por la confianza y atreverse a ser una chiquita algo mas valiente.

-¡Ah!- Exclamo la mujerona con falso y exagerado cataclismo, elevando sus manos de uñas estridentes al cielo como clamando por las divinidades. -¡Esta niña desobediente! ¡Despues de todo lo que he hecho por ti!- Pero como respuesta solo recibio una risita de Ifára, comenzando la muchacha a caminar para atravesar la cocina y llegar hasta la encimera, dispuesta a continuar el trabajo. -¡¿Y encima me ignoras?- Con escandalo incluso, que Ifára ya se sabia estas regañinas sin seriedad real de memoria, Joan-Marie se giro sobre sus propios pies, contemplando a la chiquita reprendedora.

-No deberia andar de chismosa, señorita Joan-Marie.- Rio la joven Ifára, dedicandole a su enorme anfitriona una expresion rapida de diversion.

-¿Sabes? Estas mimada.- Con caminar pesado tras sus palabras, fingiendo furia para ver si las defensas de Ifára flaqueaban, la gran mujer se acerco hasta ella, posicionandose a su lado para comenzar tambien con su propia labor. -Ese chico guapo te esta mimando.- E Ifára, que la conocia demasiado bien, le dirigio una sonrisita graciosa y condescendiente al saber que no lograria sacarla palabra. Al fin y al cabo, Ifára ademas de buena esclava era chica agradecida y, por lo menos, Ace merecia su lealtad. -¡Ah! ¡Que descarada!- Salto Joan-Marie incredula en cuanto vio la expresion de la muchachita, propinandole al suelo un pequeño pisoton que le añadiera dramatismo a la escenita. -Deberia darte una buena tunda, para que aprendieras.- Pero tanto Ifára como Joan-Marie sabian que aquella amenaza no poseia ninguna verdad, que la habia pronunciado miles de veces sin nunca llegar jamas a nada. -No te han pegado suficiente.- Asintio la mujerona como convencida de si misma, firme mientras comenzaba a despojar de su piel un par de patatas para el almuerzo.

-Señorita Joan-Marie, de verdad lo siento.- Ifára no podia aguantarse del todo la sonrisa, que aquella mujerona le sacaba la confianza y la seguridad. -Pero no pienso hacer de traidora. No esta bien.- Didactica incluso, la joven esclava termino su leccion, comenzando ella tambien a atacar alguna patata.

-Tenia que intentarlo.- Suspiro Joan-Marie derrotada, comprobando que la chiquita no parecia dispuesta a soltar prenda esta vez. Mañana temprano, se dijo, trataria de nuevo el sonsacarselo, cuando tuviera la guardia baja. -Al menos alguien... - Significativamente, la mujerona elevo las cejas un par veces, fingiendo andar completamente atenta a su labor. - ... puede confiar en ti.- Como respuesta a aquello, que Ifára habia adivinado rapido a quien se referian con aquel alguien, la niña se limito a sonreir.

-Por cierto... - Repentinamente, la joven esclava cayo en la cuenta de algo, dando un pequeño respingo para revisar veloz los alrededores de la sala acogedora. -¿Donde esta Du?- Cuestiono confusa, estando su amiga ausente desde que ella entro en la cocina.

-Se fue a cumplir con no se que encargo de Circe... - Joan-Marie se encogio de hombros, arrancando un asentimiento sobre la bonita muchacha. Ifára sabia que, aunque Joan-Marie fuera la dueña oficial de su compañera Dadou, la hermosa pero despiadada Circe siempre seria su compradora, debiendole la esclava rubia obediencia y respeto por pura correccion. -Se suponia que Dadou era mia.- Suspiro Joan-Marie sacandola de sus pensamientos, pareciendo entre molesta por el robo y preocupada, que conocia a Circe desde hacia demasiado tiempo.

Ifára abrio la boca, dispuesta a decir algo, pero rapido se mordio la lengua por pura educacion. Estaba envalentonandose con los buenos tratos y el que comenzaran a tenerla en cuenta mas alla de la cocina, razonando la niña que Circe no le agradaba. No le agradaba en absoluto. Sabia que la despampanante morena le estaba cogiendo mania y, aunque no andaba segura del porque exacto, Ifára podia olerse algo, que no era precisamente tonta.

-Haces bien en morderte la lengua.- Pero Joan-Marie debio adivinar el problema de su expresion de disgusto, que compartia mucho tiempo con la chiquita bajo el mismo techo. -No te la juegues con Circe, pequeña.- Fue un consejo, no una amenaza, dirigiendo sobre la jovencita una miradita de preocupada advertencia. -Se que te tiene mania, pero no entres en sus provocaciones o saldras perdiendo.-

-¡Uy! ¿Quien ha dicho nada?- Cuestiono Ifára algo altiva, que su orgullo de mujercita asustadiza tambien salia a flote de vez en cuando.

-Si, ahora hazte la digna... - Tras sus palabras, Joan-Marie solto un bufido exasperado, sintiendose no obstante preocupada en su interior por un posible encuentro futuro entre ambas mujeres. Apreciaba a Ifára, la adoraba como la que mas, pero Circe era una compañera de tripulacion, una mas antigua y, aunque no la considero jamas como una amiga, Joan-Marie se encontraba justo en el medio del problema. -Escucha... la vida en este mar es como... - Pensativa de pronto, sintiendo su lado mas maternal salir a flote, la enorme mujerona comenzo con su leccion. -Es como bailar un vals.-

-¿Un vals?- Levemente perdida, Ifára cuestiono confusa, pero atenta y con actitud de alumna aplicada.

-Si, es como bailar un mareante vals con un monton de peligrosos monstruos... - Asintio convencida de sus palabras la gran mujer, cerciorandose satisfecha de que la muchachita la andaba escuchando. -Si te aprendes los pasos a la perfeccion y rapidamente, sobreviviras. Si no, seguramente te devoraran viva.- Y Joan-Marie comenzaba a temer de verdad que Circe acabara por devorar a la asustadiza y dulce Ifára. -Que nosotras, las mujeres, tengamos en realidad un mundo aparte, no significa que este sea menos peligroso ¿Entiendes?- Joan-Marie sabia que Ifára era una chica inteligente, y que captaria veloz la esencia real del mensaje metaforico.

-¿Cree que yo he aprendido a bailar?- Pregunto la joven esclava, insegura y ligeramente desconcertada por semejante leccion extraña, pero necesaria.

-¡Oh! ¡Por ahora, has demostrado ser una gran bailarina!- Joan-Marie sono incluso orgullosa, arrancando sobre la chiquita una sonrisita pequeña de satisfaccion consigo misma. -Pero ten cuidado de no tropezar y caerte ¿De acuerdo?- Y repentinamente seria, preocupada en lo mas hondo, Joan-Marie agarro la muñeca fina de Ifára, provocando que esta tuviera que detener el trabajo para mirarla a los ojos. -No tropieces y te caigas, Ifára.-

-No lo hare, señorita Joan-Marie.- Sono segura, y mucho mas tranquila que su anfitriona, notando sin embargo que algo muy dentro de su interior gritaba socorro y alerta, pero bajito y suave todavia.

-Espero que tu pareja de baile sea igual de cuidadoso.- Y dando la conversacion por finalizada, la enorme mujerona guardo silencio tras su sentencia ultima, consiguiendo que Ifára no pudiera hacer otra cosa mas que imitarla.

Y asi, levemente perdidas en sus propios pensamientos, ambas mujeres continuaron a sus labores.

(Cambio de escena)

El buen humor de Ace habia comenzado a esfumarse para dar paso a una terrible sensacion de pesadez.

Entre la reunion tratada con el correspondiente plan sin sentido alguno, como siempre, y la actitud extraña de Thatch, a Ace le habia invadido una enorme desesperacion. Era su amigo y, como tal, lo primero que queria era solucionar las cosas cuanto antes, que debia ser honorable y leal y confesar en su cara bajo riesgo de pelea o llevarse algun puñetazo que Ace, como buen compañero, estaba dispuesto a soportar. Al fin y al cabo, le entendia.

En cuanto Barba Blanca salio de la sala del tercer piso, abandonando asi la estancia aquel aura de formalidad y respeto total que lograba sobre sus hijos, los tripulantes comenzaron a hablar de nuevo a gritos y levantarse ruidosamente, no esperando ni un segundo para dispersarse por el barco a cumplir con sus tareas pertinentes o bien hacer cuanto les diera en gana. Ace trato de acercarse a Thatch, pero el cuarto comandante debia haber abandonado aquellas ganas antes tan enormes por mantener una discusion, limitandose a ignorar sus llamados con expresion indiferente y a deslizarse fuera de la habitacion. Con Circe paso algo similar, que Ace estaba atento a su amigo pero no podia escaparsele ni una, no ahora, curioseando de reojo un poco tambien como aquella imponente mujer parecia hecha una furia.

Sin embargo, el joven Ace tenia la importante mision pendiente de explicarle las cosas correctamente a su compañero y buen amigo, eligiendo seguirlo a el para intentar que se detuviera.

Trato de alcanzarlo, gritando incluso su nombre de vez en cuando y no consiguiendo ni una palabra, que si Thatch no echaba a correr para no ser cogido era mas bien por puro orgullo. Asi, altivo e indiferente, castigando al desesperado Ace que se sentia mas culpable y rastrero que nunca, considerandose ahora un amigo traidor, el cuarto comandante le hizo recorrerse medio barco tras el, dedicandole al final alguna que otra expresion de cansancio molesto por que Ace no abandonaba su tarea buscadora.

Al final, Thatch se interno entre algun grupito charlatan y animado de tripulantes de su propia division, y lo perdio de vista.

Ace no se dio por vencido tan facilmente, que de verdad necesitaba la cuestion de solucion veloz o las cosas entre ellos acabarian siendo mas espinosas, dedicandose a la tarea de buscarlo y dar con el de nuevo. Pregunto a compañeros, correteo de arriba a abajo por el enorme navio colosal, subiendo y bajando escaleras en espera de toparse por suerte o desgracia con el cuarto comandante.

A la desesperada se dijo que lo buscaria en cada rincon y habitacion, tozudo como el que mas, comenzando a tomarse su encuentro como una cuestion personal de valia y compañerismo extremo cuando sus ojos se cruzaron con la puerta blanca y grande, aquella doble, de la cocina. Atravesando el pasillo poco concurrido por las horas, que preferian andar por cubierta en alguna sombra o bien en lugares mas frescos, el joven segundo comandante se acerco dispuesto a entrar en la estancia de Joan-Marie, decidiendo que quizas, hombre mujeriego como era Thatch, este se encontraba por alli para paliar el malestar con algo de divertida seduccion.

Sin embargo, no pudo ni acercarse dos pasos mas cuando la puerta se abrio descuidada y ruidosamente.

De la cocina salio la preciosa y dulce Ifára, pareciendo realmente apurada y en completa actitud de darse a la fuga rapida, mirando hacia el interior de la estancia con expresion urgente de gacelilla perseguida para, basicamente, echar a correr hacia ningun punto en concreto.

Como no andaba pendiente del camino por las prisas repentinas y la ausencia de tiempo, en una zancadita nerviosa se estrello contra el joven Ace, dando la niña una tremendo respingo asustado en cuanto sintio la resistencia de un cuerpo ajeno mucho mas grande que el suyo. Ifára giro la cabeza con total nerviosismo, aliviandose un tanto cuando comprobo la indetidad de aquel contra el que se habia chocado.

-Ey, ey... - Le dijo Ace, analizando su actitud esquiva y preocupada, que la muchachita no dejaba de mirar hacia atras con total apuro. -¿Que pasa?-

-Oh, nada.- Evidentemente, nada no podia ser, pero Ifára no parecia dispuesta a darle ninguna informacion ni perder el tiempo, deseando darse de nuevo a la fuga veloz.

-Vamos... - Se sintio levemente dolido, comprobando que ella no soltaba prenda y trataba, incluso, de esquivarlo para continuar su camino. -¿Que ha pasado?- Agarro sus muñecas delgadas con suavidad, topandose para su sorpresa total con que la chiquita oponia una leve resistencia, dedicandole miradas fugaces y preocupadas a la puerta abierta de la cocina.

-Nada.- Contesto ella de nuevo nerviosa y tensa, tironeando incluso del agarre de sus muñecas sin lograr liberarse todavia. -Dejame ir, por favor.- Incluso suplicante, la chiquita rogo con expresion desesperada de pronto, consiguiendo que un Ace completamente desconcertado y confuso no pudiera hacer mas que soltarla.

-Vale, pero... - Sin embargo, el segundo comandante no pudo decirle nada mas, contemplando estupefacto como Ifára lo esquivaba descaradamente para, igual de rapida y asustada, darse a la fuga a traves del pasillo. -¿Ifára?- Pero la niña no debia ni siquiera haberle escuchado una palabra mas, caminando a la velocidad de la luz tratando de fingir normalidad para subir las escaleras cercanas, habiendo recorrido los escalones de dos en dos si sus piernas mas cortas por la altura escasa se lo hubieran permitido.

Desconcertado todavia, que habia sido una escena de lo mas confusa y preocupante, el joven Ace observo como la bonita Ifára desaparecia hacia un piso superior ¿Acaso habia hecho algo tan malo para ser castigado de manera semejante, huyendo de su persona todos aquellos a los que queria y apreciaba?

Tragandose un quejido molesto y doloroso, el joven comandante se retiro aquel sombrero naranja y chillon de la cabeza, mesandose el cabello con una mano fuerte y confundida. Sin mas espera, continuo el camino directo a la cocina, cuya puerta andaba abierta de par en par, escuchando nada mas que silencio proveniendo de ella aunque la luz estuviera encendida con la intencion, ahora, ya no solo de encontrar a Thatch, si no tambien descubrir que diablos habia ocurrido.

Llego rapido y con caminar eficaz, girandose en el lugar correcto para toparse, finalmente, con la imagen del interior de aquella cocina acogedora donde mandaba Joan-Marie.

Sin embargo, Ace no pudo evitar detenerse en seco, no sabiendo demasiado bien si debia entrar o no cuando sus ojos, sorprendidos y desconcertados, analizaron la escena frente a el.

Estatica en el medio de la enorme estancia iluminada, se mantenia en pie Joan-Marie con expresion anonadada y tension total, analizando al recien llegado como ausente de su presencia, tragando saliva con pesadez en cuanto le identifico. La joven y delgada esclava rubia, Dadou creia recordar que se llamaba, habia decidido mantenerse con la espalda pegada a la pared de un rincon, asustada e incredula, no habiendose percatado todavia de la presencia del segundo comandante. Pero lo mas desconcertante y escamoso de todo fue que Circe, tambien interna en la cocina donde la tension era palpable, se mantenia con las manos apoyadas firmemente sobre la encimera, pareciendo que andaba buscando controlarse y aguantandose la colera. A sus pies, esparcidos por un posible impacto, descansaban los restos de cristal de algun objeto roto.

Al lado de Circe, clavado en la superficie de la encimera, peligroso y firme, se encontraba un cuchillo de cocina cuyo lugar, evidentemente, no era aquel.

Ligeramente boquiabierto, Ace entro en la estancia.

(Cambio de escena)

Jadeando toavia por las prisas y tratando de aparentar normalidad y calma total sin lograrlo, Ifára se detuvo en cuanto se vio a salvo.

Habia subido, por lo menos, tres pisos seguidos en fuga y preocupacion constante, logrando encontrar un rinconcito de paz y leve soledad para, sin mas, dejarse caer contra la pared de madera. Como era una esclavucha a la que andaban acostumbrados a ver por los pasillos, por muy guapita que fuera, nadie le presto demasiada atencion, pudiendo Ifára descansar tranquila y sin molestias de por medio.

Incredula de si misma, no sabiendo si debia sentirse orgullosa o reprenderse, la bonita muchacha se llevo las manos pequeñas hacia la cara, cubriendosela todavia cansada y con la respiracion rapida.

Recordo, entonces, los momentos vividos hacia apenas unos minutos para analizarlos y descubrir que diablos habia pasado exactamente.

Estaban en la cocina, como siempre, haciendo sus tareas tranquilamente y charleteando sobre bobadas. Riendose ella de vez en cuando, porque Joan-Marie hablaba por dos, mientras esta le contaba el ultimo chismorreo del Moby Dick, que se enteraba tarde o temprano la mujerona de todo. Ifára era una gran guardiana de secretos, asi que confiar en ella era sencillo, que andaba curtida en el arte del sigilo y disimulo por mucho que ella, tambien, hablara bastante en cuanto se contagiaba de aquel ambiente de complicidad femenina. Si le confesaba secretos a alguien era a Dadou, porque confiaba en ella como la que mas ya que, ademas de amigas totales, esta ultima tambien era esclava y sabian mantener la boca cerrada mejor que nadie.

Asi que en esas estaban, charleteando Joan-Marie y ella en espera de la divertida y curtida Dadou, cuando la puerta de la cocina se abrio un poco ruidosa, pero no fuerte ni estruendosa. Ifára dio un saltito, costumbre que no la abandonaba por muy comoda que se sintiera ahora en el navio enorme, mirando el lugar del ruido con la esperanza de toparse con Dadou. Sin embargo, cuan enorme fue su sorpresa cuando comprobo, entre disgustada y preocupada, como ademas de su amiga y compañera se internaba tambien en la cocina la siempre imponente y altiva Circe.

Razono Ifára por tanto que aquella reunion misteriosa del tercer piso deberia haber concluido, pues Circe andaba ya libre de ella, observando de reojo como la esclava rubia, con la cabeza gacha y actitud de respeto, recorria veloz la cocina para posicionarse junto a ella y continuar el trabajo en la cocina. Dadou parecia disgustada y algo tristona, decidiendo Ifára como buena amiga darle un codazo muy suavecito que pasara desapercibido para las otras mujeres. Sin embargo, Dadou ignoro el llamado.

-¡Vaya!- Exclamo repentinamente Joan-Marie con su tipica amabilidad, mirando a la hermosa recien llegada. -Buenos dias, Circe.- Ifára, por su parte, decidio tragarse la curiosidad por saber que le ocurria a Dadou para, por el momento, hacerse notar lo menos posible, que ya sabia ella la mania que le tenia Circe a su persona.

-Buenos dias, Joan-Marie.- Contesto la mujer de bonitas facciones arabigas, internandose en la estancia con toda su presencia poderosa para, orgullosa y altiva como solo ella podia ser, caminar en unas zancadas largas hasta donde trajinaban ambas esclavas.

Ifára trago saliva, sabiendo que debia aguantar el tipo y morderse la lengua pasara lo que pasara. Por su parte, Circe se limito a apoyar la espalda sobre la encimera con chuleria masculina, pero elegante, analizando a la esclava Ifára descaradamente. Incomoda, la chiquita fingio no notarlo, continuando a lo suyo mientras era revisada despectivamente por una Circe de sonrisa superior, comprobando de reojo que Joan-Marie le dedicaba una expresion preocupada.

-Y dime, Circe... - Dijo la mujerona con una sonrisa amable, tratando de calmar la tension repentina y los animos de Circe, que parecia realmente dispuesta a la batalla en cualquier momento. -¿Que te trae por aqui?- No sono a recelo, ni siquiera dudoso, si no de lo mas divertido y simpatico, que Joan-Marie lo ultimo que queria era aumentar la evidente tension de Circe.

-Oh... - Dijo la hermosa morena con altivez y sin perder su sonrisa suficiente, no consiguiendo Joan-Marie la mision de que dejara de analizar a una Ifára incomoda desagradablemente. -Venia a comprobar si de verdad esta esclava esta tan malcriada como dicen.- Entonces, Ifára ya estuvo aun mas segura que la cosa era con ella, una cuestion personal, comenzando a descubrir a que se debia semejante mania evidente sin sentido aparente. La chiquita esclava trago saliva, aguantandose las ganas hasta de mirarla para no entrar en su juego, que podria salir perdiendo y malherida.

-Circe... - Dijo Joan-Marie su nombre en busqueda de llamar su atencion y evitar problemas, no logrando por desgracia el cometido.

Al ver que Ifára la andaba ignorando descaradamente, la sonrisita suficiente de la hermosa morena se borro un segundo, revisando a la muchachita como si fuera el ser mas despreciable de la tierra. Chasqueo la lengua, no dispuesta a dejarse vencer por nadie, mucho menos por aquella esclava insignificante a la que comenzaba a considerar como una rival en potencia. Eso, ademas, era lo que mas dolia en su orgullo, el tener que considerarla hasta una rival. Le mostraria donde estaba su sitio y cual era su lugar.

Con movimientos lentos pero indicativos, chulescos, Circe acogio el primer objeto rompible que encontro, resultando ser un vaso de cristal fino algo viejo pero que serviria. Lo analizo un par de segundos con fingida atencion, cerciorandose de que Ifára la andaba observando de reojo para aumentar los nervios y la tension.

Y, sin mas, la hermosa pero retorcida morena abrio sus dedos largos, dejando caer aquel vaso que se estrello ruidosamente contra el suelo casi acertando en los pies de Ifára. Por suerte, no le llego a caer encima, estallando el cristal fino en trozos y mas trozos peligrosamente cortantes, desperdigados ahora por la zona escasa que separaba a ambas mujeres.

-Uy... que torpe.- Dijo Circe evidentemente falsa, dedicando a una Ifára que ya no podia seguir ignorandola una expresion de superioridad sonriente. Todas las demas permanecieron en silencio, dos preocupadas e Ifára, que habia girado la cabeza para observar estupefacta a Circe, se mantuvo igualmente callada pero comenzando a entrar en el juego. -Agachate y recogelo.- Completamente anonadada, que era el colmo de la humillacion, la joven Ifára bajo la cabeza, analizando aquel vaso roto a proposito por la imponente morena. -¡Oh! Y ten cuidado de no cortarte las manos, mocosa. No querras tener tambien que limpiar la sangre ¿Verdad?- Era demasiado. Ifára habia sufrido todo tipo de humillaciones y sufrimientos peores, pero ahora andaba mas valiente que de costumbre, ademas que su orgullo de mujercita asustadiza comenzaba a salir a flote. Ella ya sabia a que venian las provocaciones de Circe, conocia, ya segura, la solucion a aquel rompecabezas sencillo, que solo podia ser una cosa tan simple como peligrosa. Celos. Circe estaba celosa de ella. No era por su belleza o caracter, que Ifára sabia que no tenia sentido competir pues la otra era suficientemente llamativa fisicamente, ademas de tener caracter poderoso, como para no envidiar a nadie. Era algo mas profundo. No podia ser otra cosa.

Saberse provocada descaradamente por aquel motivo evidente asi como insegura, que Ifára no era precisamente un ejemplo de autoconfianza, la chiquita no pudo evitar permanecer quieta, que habia decidido por puro orgullo de mujercita asustadiza no obedecer, por una vez, a lo que le habian exigido.

Y, aunque le costo un horror y un debate interno, Ifára le dedico una miradita esquiva pero firme de seguridad y molestia, dejandole claro a la otra que no iba a llevar a cabo semejante cometido humillante, mucho menos a sus pies porque a Circe le diera la gana.

Entonces, la hermosa morena respiro hondo con sorpresa desagradable, abriendo los ojos avellanados un poco mas para, tensa y aun silenciosa, erguirse mucho mas alta que su contrincante y analizarla de pies a cabeza con una mirada que a Ifára le gusto menos que ninguna.

Enseguida, Ifára adivino que la habia liado y ahora tocaba correr.

-¡Tu!- Dijo Circe con un grito colerico, señalandola peligrosamente para abalanzarse sobre ella cuanto antes. Ifára, por su parte, en cuanto habia analizado su expresion habia comenzado a tratar de darse a la carrera, que un atrevimiento no la hacia tan valiente y segura como para enfrentarse en combate con Circe, pirata y mujer peligrosa como la que mas. -¡Estupida niñata!- Por desgracia, Circe tenia buenos reflejos ademas de ser mucho mas fuerte por su cuerpo mayor, agarrando a una casi fugada Ifára de los hombros con dureza. Sin mas, furiosa y estallada de colera, una iracunda Circe la estampo contra la encimera ruidosamente, haciendo que rodaran algunos utensilios y que la dañada Ifára soltara un quejidito suave de dolor. Dadou ahogo un grito y Joan-Marie se llevo las manos a la boca, no acertando ninguna a saber todavia muy bien que hacer. -¡Escuchame, esclava maldita!- Le dijo a la apresada Ifára, aumentando el agarre doloroso de sus hombros para estrellarla de nuevo contra la encimera, apegandose veloz a ella la terrorifica Circe y causar asi mas miedo e impacto.

-¡S-sueltame!- Pero debia ser que Ifára andaba tambien de orgullosa, no atreviendose a mirarla a los ojos con expresion de dolor a pesar de su exigencia temblorosa, pero dicha, al menos.

-¡Tu no vales nada a mi lado ¿Entiendes?- Circe solto uno de sus hombros para agarrar su menton con la misma fuerza y daño, girando la cabeza de Ifára para obligarla a mirarla directamente a los ojos peligrosos. -¡Tu existencia es insignificante! ¡Vales lo mismo que esta maldita encimera!- Le grito Circe colerica, tratando de calmar ella misma su propia inseguridad, que no entendia como podia perder contra una esclavita temerosa y sin valor. Y debio ser que Ifára lo estaba descubriendo puesto que, a pesar de la expresion de dolor evidente por el agarre descuidado y fuerte, que se revolvio la pobre sin librarse de el, algo en su mirada bicolor, de nuevo, no le gusto a Circe en absoluto. No estaba de acuerdo con ella. -¡¿Me estas desafiando?- E Ifára, aunque hubiera podido contestar a aquella pregunta, que la piernas le temblaban y la barbilla y el hombro le dolian como mil demonios asi como la espalda por el impacto, tampoco sabia la respuesta. -¡Agh!- Grito Circe de pronto, descontrolandose impulsiva y rabiosa para, sin darles tiempo a reaccionar a ninguna de las presentes, mucho menos a la apresada Ifára, soltar el hombro de esta y agarrar el cuchillo mas cercano. -Escuchame... - Le dijo entre dientes y amenazante, apresando mas fuerte el menton de una Ifára al borde del infarto en cuanto diviso el filo brillante de aquel enorme objeto cortante tan cerca de su rostro. -Si vuelves a mirarme asi... - Ifára estaba a punto de llorar, notando el frio del acero apegarse a su piel delicada con total amenaza. - ... te sacare esos ojos de gatita mestiza ¿Lo has entendido?- Y ahora que no gritaba y tenia un cuchillo entre las manos, a Ifára si que le daba miedo, segura de que Circe seria capaz de, realmente, arrancarle los ojos. -¿Lo has entendido, insignificante gatita mestiza?- Ahora, a Ifára lo unico que le importaba era la supervivencia, asintiendo nerviosa y frenetica a las palabras de la otra sin apartar los ojos dispares y brillantes por el llanto inminente del cuchillo amenazante. -Muy bien. Buena chica.- Dijo soltando su menton finalmente y apartando un par de centimetros aquel arma peligrosa. Evidentemente, Ifára no iba a quedarse ahi ni un segundo mas, que si en algo era experta y buena era en el arte de la fuga, esquivando veloz y con buenos reflejos el cuchillo para deslizarse como una bala a traves del cuerpo amenazante de la otra.

Sin darle tiempo a reaccionar, Ifára se dio a la huida, escuchando como Circe clavaba el cuchillo sobre la encimera con rabia y gritaba una maldicion, decidiendo que no tenia tiempo ni ganas de quedarse alli a comprobar los animos de la peligrosa mujer morena.

Fue en aquel instante que Ifára habia abierto la puerta de la cocina de par en par en su fuga, estrellandose contra el cuerpo fuerte de Ace sin percatarse, si quiera.

Se dijo asi misma que no era justo meterlo de lleno en aquel mundo de mujeres sin mas, aunque el ciertamente fuera el trofeo, evitandolo descaradamente para darse a la fuga veloz temerosa de que a Circe le diera por seguirla y aniquilarla de una vez por todas.

Le dolio dejarlo asi. Pero no era justo.

(Cambio de escena)

-¿Que ha pasado?- Cuestiono Ace tras analizar la tensa y extraña escena de la estancia, que se conocia el ambiente de la violencia de memoria. Con mirada inquisitiva pero confusa, clavo los ojos justo en la espalda de una Circe que descansaba aguantandose la furia apoyada en la encimera, sabiendo seguro que el problema que fuera tendria que ver con ella.

-Nada.- Contesto Circe, respirando hondo y no girandose todavia para encararlo.

-Nada... - Repitio el joven comandante con molestia, preguntandose que diablos le pasaba a sus mujeres ultimamente con aquella respuesta falsa y sin sentido. -¿Que teneis todas hoy con el nada?- Frustrado, Ace se llevo una mano hasta el puente de su nariz, masajeandolo firmemente para calmar un incipiente dolor de cabeza. -¿Que has hecho, Circe?- Pregunto por fin analizando tanto a la tensa aludida, que la conocia demasiado bien, como a aquel cuchillo junto a ella, empezando a temer que realmente alguien hubiera salido herido de gravedad. Ifára estaba bien, al menos fisicamente, que acababa de cruzarse con ella y no la vio ni un rasguño. Pero sabia como era Circe.

Como respuesta por el momento, la hermosa Circe se limito a suspirar pesadamente, afianzando el agarre sobre la encimera y no dispuesta todavia a darse la vuelta.

Era su comandante, a fin de cuentas, ademas de un compañero de tripulacion desde hacia bastante tiempo, llevandose Ace una mano grande tras la nuca para mesarsela, comenzando a caminar hacia la oculta y tensa Circe. Funcionaban parecido, asi que fuera lo que fuera lo que habria ocurrido, Ace llego a la conclusion de que podria calmarla mejor que ninguno.

-Ven, Dadou... - Escucho susurrar a Joan-Marie mientras el llegaba hasta la hermosa morena, dandose veloces a la fuga de la sala en tension las otras dos mujeres para dejarlos en soledad. Tras sus pasos, la enorme mujerona cerro la puerta silenciosamente, creando el ambiente intimo para que los otros dos solucionaran sus problemas de una vez.

Ahora, estaban solos y con la puerta cerrada. Circe podria confesarle que diablos habia hecho. Esperaba que no fuera algo grave, sabiendose responsable de los suyos que Circe, por muy molesta que fuera a veces, era tambien su subordinada y la apreciaba como tal.

-Y bueno... ¿Que has hecho?- Cuestiono de nuevo con serenidad, posicionado cerca de ella pero a una distancia prudencial. -Se que eres una mujer fuerte y de caracter, ademas de impulsiva, asi que imagino que te habras metido en algun lio... ¿Cierto?- Como si no la conociera.

-No.- Dijo ella por fin, dandose la vuelta sobre si misma con expresion seria y convencida, pareciendo que aun andaba tratando de calmarse de un arrebato de colera anterior. -No me he metido en ningun lio, he hecho lo que tenia que hacer.- En busqueda de calma, pero firme, la orgullosa Circe acomodo la espalda sobre la encimera, encarando a su comandante finalmente.

-¿Ah, si?- Con escepticismo y adivinanza, que ya imaginaba algun lio con un tripulante de otra division, cosa que habia pasado antes debido al caracter peligroso de Circe, Ace elevo una de sus cejas. -¿Y que era eso que tenias que hacer?-

-Enseñarle a una estupida gata mestiza cual era su maldito lugar.- Contesto ella con toda su mala sangre y convencimiento. Vale, Ace supo entonces que, definitivamente, Ifára habia salido ilesa de milagro y no corria asustada de alguna situacion violenta ajena, si no de la misma Circe.

-¡Mierda, Circe!- Ace se estampo una mano contra la cara entre molesto y cansado, que ya no sabia que hacer. Estaba harto, y comenzaba a sentirse perdido en aquel asunto de rivalidad femenina que se le hacia tan sumamente extraño. En su costumbre, no estaba bien que los hombres se metieran en asuntos de mujeres, que ellas solucionaban las cosas a su manera y ellos a los golpes, al menos en su mundo. Pero Circe funcionaba mas como un hombre en el sentido violento, pero con el añadido de ser retorcida y de emociones impulsivas. Asi que, Ace no sabia que hacer. -¡Dejala tranquila!- Se limito a exclamar, mirando a la otra tan molesto como confuso.

-¿Que?- Circe parecio indignada y dolida, analizando al segundo comandante de pies a cabeza. -¡Por eso esta tan subidita! ¡Es tuya y no le has enseñado donde esta su maldito lugar!-

-¡Circe, no te metas donde no te han llamado!- Ace empezaba a perder la paciencia, que con Circe solia pasarle a menudo por su actitud superior y sus reacciones violentas. Preso del ambiente y la provocacion, el joven pirata se acerco un par de pasos hasta la mujer morena, cuya actitud altiva y combativa no flaqueo en ningun momento. -¡Es asunto mio! ¡Tu misma has dicho que es mia ¿Verdad? ¡Entonces, es asunto mio el enseñarla lo que me de la gana!- No iba a consentirle semejante cuestionamiento y, aunque le doliera ahora decir este tipo de cosas, el orgullo le pudo al sentimiento.

-¡Eres debil!- Grito ella, dando un golpe sonoro con la palma de su mano sobre la encimera en la que andaba apoyada. -¿No lo ves? Estas permitiendo que ella te vuelva debil.- Eso habia sido un golpe bajo.

-¡Que tenga debilidad por ella no significa que sea debil!- Admitio Ace sin recapacitarlo si quiera, acercandose hasta Circe aun mas en plena posicion de combate verbal. La señalo peligrosamente, consiguiendo que ella tan solo le mirara igual de firme y segura. -¡¿Tu que sabras? ¡No he pedido tu opinion, y no eres nadie como para decirme lo que debo o no debo permitir!-

-¡Oh! ¡¿Y ella si lo es?- Circe comenzaba tambien a perder el control de sus palabras, atacandole directamente donde sabia que mas le doleria.

-¡Ella sera para mi lo que a mi me de la gana!- Estaba furioso, preguntandose con colera quien diablos se creia ella que era para cuestionar sus decisiones o acciones. Ya se lo habia dejado claro hacia tiempo. El no respondia ante nadie mas que su padre. Ante nadie mas. -¡Maldita sea, Circe! ¡Dejala tranquila!- Enfadado como andaba, Ace la acorralo contra la encimera un tanto, golpeando el mismo la superficie dura con la palma de su mano ruidosamente. Pero ella no se inmuto, tan firme y combativa como al principio.

-¡No puedo hacer eso!- Respondio de pronto, elevando aun mas la voz con disgusto, incluso. Ace abrio la boca para contestar algo furiosamente, pero ella le interrumpio veloz. -Dime... - Su actitud repentinamente seria, hasta dolida, que la cercania que tenian ahora provoco que Ace permaneciera en silencio por el desconcierto, consiguio descolocarlo el tiempo suficiente para que la otra terminara de hablar. -Te la has tirado ¿Verdad?- Eso si que fue sorprendente y repentino.

-¿Que?- Cuestiono confuso, analizando las palabras pronunciadas anteriormente. Por su parte, Circe respiro hondo, bajando la mirada con resignada frustracion. Para distraerse o algo similar, acogio con una mano de dedos largos el enganche de su sombrero naranja cuya cuerda colgaba abandonada sobre su pecho, jugueteando con el. El contacto repentinamente cercano y tranquilo desconcerto al segundo comandante aun mas. Entonces, recapacito, y por su mirada y actitud, Ace empezo a descubrir el porque de todo aquel embrollo y el odio por la pobre Ifára.

-Te la has tirado.- Se contesto a si misma Circe con total seguridad, provocando que el otro chasqueara la lengua. Esto si que era un problema mas serio, se dijo Ace, que Circe andaba implicada emocionalmente con el y no celosa de Ifára por su aspecto llamativo. Estaba celosa por su causa, no por la niña en si. Si hubiera sido otra mujer, hubiera pasado exactamente lo mismo. Maldijo Ace a todas las divinidades posibles, que no era lo mismo dejarle las cosas claras a una mujer que es mala por serlo, que por sentimientos hacia uno mismo.

-Circe... - Se dijo que debia ser suave y explicarle las cosas lo mas delicadamente que alguien como el pudiera, quedandose con las ganas al ser nuevamente interrumpido.

-Se que lo has hecho.- Suspiro ella entre dolida y resignada, elevando finalmente la cabeza para clavar sus ojos avellanados directos a las retinas del joven Ace. -Pero quiero que me lo digas tu.-

-Escucha... - Ace trato de explicarse nuevamente, no logrando nada mas que aumentar la frustracion de la mujer que, impaciente, tironeo del agarre de su sombrero hacia si misma para encararlo aun mas cerca.

-Dimelo.- Ordeno ella entre furiosa y dañada en lo mas hondo, acorralada por el otro sobre la encimera.

-Si, lo he hecho.- No habia motivo para ocultarle nada, que ella parecia mas que segura de ello y Ace no queria negar evidencia semejante. -Pero ¿Como... - Iba a preguntar como podia ella saberlo tan convencida, provocando que Circe, calmada de pronto y sin soltar el enganche de su sombrero, le mirara fijamente.

-Os escucharon.- Dijo, y Ace no pudo evitar abrir los ojos un segundo con sorpresa. Que recordara, el mismo no solia ser un tipo ruidoso entre la sabanas, quizas algo mas lo habia sido Ifára inconscientemente, pero no tanto como para ser escuchada fuera del camarote. Ademas, era complicado que, teniendo en cuenta la borrachera de los tripulantes, nadie hubiera despertado por un murmullito proveniente de la habitacion contigua. Quizas, algun curioso habia pegado el oido, penso Ace, resultandole esta solucion como la mas probable. Igualmente, no le importo demasiado el haber sido descubierto o no. -Empezaste mirandola... luego la seguias por todas partes... luego le dabas las gracias... le pedias las cosas por favor... seguiste dandola toda tu atencion y un trato especial y, finalmente, hasta te la follas... - Suspiro Circe con pesadez, sacandole de sus reflexiones con aquella descripcion rapida y por encima de su relacion con Ifára.

-Circe, es asunto mio.- Lo dijo calmado y suave, pero firme, buscando dejarle las cosas claras sin hacerle daño, que no le gusto nunca pisotear los sentimientos de las mujeres. Habia que ser agradecidos, y Ace agradecia mas que nada el ser apreciado de manera semejante. Pero al igual que habia que ser agradecidos, tambien habia que ser realistas.

-Lo que me pregunto... - Ella continuo, agarrando su mano sorpresivamente con delicadeza. Ahora si que empezaba a complicarse, porque Ace no era de piedra y Circe tenia aquel aura salvaje y atrayente, ademas que andaba demasiado cerca. Instintivo como el que mas, Ace espero y se dejo hacer. - ...es por que a ella si volverias a hacerselo... - Circe guio su mano directa hasta su pierna bonita y esbelta, provocando que con el contacto el joven Ace recordara sin quererlo la noche de pasion asalvajada que vivieron hacia tiempo. Circe era como un animal, al igual que el mismo. Eso lo complicaba aun mas. - ... y a mi no.- La mano de Ace viajo guiada por la de Circe a traves del interior de su muslo para casi toparse con su tentadora entrepierna, sabedora la mujer de como conseguir despertar facilmente los instintos de un hombre, mas aun si era tan impulsivo como su comandante.

Era una sensacion agradable que invitaba a hacer muchas mas cosas, Ace lo sabia y lo agradecia con gusto pero, a la vez, una imagen y vocecita en su mente impidio que aquel contacto fuera tan tentador como hubiese sido hacia cuatro meses y algo mas de una semana.

Le costo despertarse, que el calor y suavidad de aquella zona, asi como el aroma a sal marina de Circe que le hacia recordar muchas cosas, estaban atontandole facilmente, conteniendo los impulsos de saltar sobre ella por instinto. Sin embargo, la parte razonable de Ace salio en su defensa, pequeña pero firme, diciendole que no merecia la pena jugarsela ahora que habia logrado, tras mucho trabajo, la confianza de la dulce Ifára.

-No... - Dijo tras un largo silencio el joven comandante, deslizando su mano para liberarla del agarre suave y la peligrosa cercania, que le tentaba la evidente invitacion sexual como al que mas. -No volveria a hacerlo.-

-Pero quieres hacerlo.- Contesto ella molesta por haber sido rechazada a la vez que segura de si misma.

-Circe, por favor... - Casi con suplica, incluso, Ace la miro a los ojos, temiendo el problema de una Circe que andara tras el provocandolo de semejante manera. -Puedes tener al hombre que quieras de este barco... - Y eso era cierto, los dos lo sabian. Podia tener al que quisiera excepto a el, al menos ahora, porque antes las cosas eran bien distintas. Quizas eso era lo que mas hacia que Circe se sintiera tan sumamente celosa. -Al que quieras.-

-Quiero a este.- Ella no iba a darse por vencida tan pronto, volviendo a agarrar el enganche de su sombrero con total indicacion y posesion.

-Olvidate de mi en ese aspecto.- Lo dijo calmante y firme, pero pacificador, retirando el mismo la mano de ella y deshaciendo el agarre con tranquilidad.

-Pero... - Circe, caprichosa, iba a replicar, sin embargo Ace la interrumpio rapidamente al ver que aquello no terminaria nunca si no lo finalizaba el mismo.

-Lo siento.- Y sin mas, que habia sido demasiado chocante semejante descubrimiento sentimental ademas del intento explicito de conseguir un encuentro tan salvaje como el que compartieron hacia tiempo, el joven Ace se disculpo tanto con palabras como con la mirada, dandose la vuelta para marcharse de alli.

Circe no hizo nada para detenerle, contemplando su espalda amplia mientras caminaba hacia la puerta tranquilo, sintiendose rechazada a la vez que esperanzada.

Ace habia necesitado resistirse y reflexionar para no lanzarse sobre ella.

Le conocia demasiado bien.

(Cambio de escena)

Apenas si habia abierto la puerta, cuando se topo de golpe con una figura mas que conocida.

-¡Thatch!- Exclamo Ace realmente apurado en cuanto diviso al cuarto comandante cruzando el pasillo, agradeciendo a las divinidades el encontrarselo por pura suerte al fin.

Thatch, pareciendo igual de cansado que el mismo Ace despues de tanta carrera y darse a la fuga castigadora, decidio finalmente detenerse a regañadientes, andando ahora mas calmado debido a haber tenido un buen tiempo de reflexion.

Suspiro con resignacion, diciendose internamente que Ace era su amigo, al fin y al cabo, y que no era justo huir de su persona sin permitirle ni una minima explicacion.

Con esperanza, el joven Ace pudo al fin sonreir levemente animado por su detencion y evidente permiso de comenzar una conversacion con el otro, abriendo la puerta de la cocina para salir de la sala veloz y cerrarla, igual de nervioso, tras su espalda.

Sin embargo, la expresion de Thatch se contrajo con molestia durante la accion, habiendo visto fugazmente por el hueco de la puerta cerrandose la imagen de una Circe solitaria ahora y apoyada en la encimera. Ace adivino la solucion al cambio repentino sobre su compañero, abriendo la boca para excusarse en cuanto temio que Thatch volviera a ignorarlo para darse a la fuga, de nuevo, por todo el maldito navio gigantesco.

Sin embargo, este no se movio, revisandole de pies a cabeza con actitud dolida y traicionada, interrumpiendo su intento de decir palabra.

-No es justo.- Dijo el cuarto comandante con expresion enfurruñada de niño caprichoso, acercandose a su compañero con pasos pesados y algo inseguros. -No es justo que te quedes con las dos.- Thatch hablaba en serio, Ace pudo notarlo perfectamente, llevandose una mano grande a la cara con frustracion cuando recapacito en que, tras la vision de Circe en la cocina, su amigo lo estaba malinterpretando todo aun mas.

-Thatch, yo no... - Pero el otro volvio a impedirle continuar.

-Sabes que ella me gusta. Siempre me ha gustado, la que mas.- Y es que no era aquel hecho en si lo que le dolia a Thatch, si no que su amigo le hubiera traicionado descaradamente. -Y tu eres mi amigo.- Dijo encogiendose de hombros con molestia pero deseando recibir una explicacion, dejandole claro al otro el porque de su indignacion evidente. -Se suponia que tu andabas con Ifára.-

-Y ando con Ifára.- Se excuso Ace, decidiendo defenderse un poco a pesar de razonar que seria mejor dejar que el otro se desahogara un tanto.

-Pero ahora estabas con Circe.- Dijo el cuarto comandante acusador, como un detective que pilla al asesino con las manos justo sobre un cadaver reciente. -Y no te confundas. No me jode que te veas con ella, me jode que ni siquiera me lo hayas mencionado ¿Que pasa? ¿Acaso te doy lastima?- Thatch estaba molesto, mucho, sintiendose realmente humillado y pisoteado por uno de sus supuestos mejores amigos y compañeros inseparables.

-Thatch... en serio, yo no tengo nada con Circe.- Ace sabia que era dificil de creer debido al estado del otro y el haberse topado con la imagen de ella, solitaria en la cocina, y el saliendo de la misma sala. Sin embargo, espero que su amigo supiera tener la cabeza fria y la razon atenta. -Ni quiero tenerlo.- No, Ace ahora mismo solo tenia ojos y corazon para Ifára, pero admitirselo a si mismo era mucho mas sencillo que a terceros.

-Pero te acostaste con ella.- Thatch habia descubierto aquel secreto que Marco y el tanto se esforzaron en ocultar, mirando a su supuesto amigo traidor inquisitivamente.

-Si, joder, si... - Era cansino, y Ace estaba ahora de un humor pesimo tras tanto lio en demasiado poco tiempo. Se habia despertado feliz y de lo mas agusto, estropeandosele el dia complicada y rapidamente. Con cansancio, que se le estaba acabando la paciencia, Ace bufo, elevando las manos un segundo hacia el cielo. -Me acoste con ella, pero fue hace tiempo.-

-¿Y por que ni siquiera me lo mencionaste?- Cuestiono Thatch acusador, buscando con toda su esperanza el solucionar aquel embrollo, sin embargo, que apreciaba su amistad como el que mas.

-Porque no significo nada.- Se justifico el segundo comandante con la mirada mas sincera que tuviera, chasqueando la lengua pesadamente. -Fue una noche, habiamos bebido mucho ¡Y ni siquiera sabia por aquel entonces que ella te gustaba, por el amor de Dios!- Era cierto, entendiendo Ace porque el otro se sentia traicionado. -Escucha... no te lo dijimos nunca porque... no se, no queriamos herir tu orgullo.-

-Mi orgullo esta perfectamente.- Respondio Thatch un poco a la defensiva, que continuaba dolido pero mas tranquilo ahora que comenzaba a recibir la explicacion pertinente.

-Entonces ¿Por que te has puesto asi, eh?- Ace le conocia demasiado bien, ademas que no tenia sentido la actitud del cuarto comandante si realmente no se creyera humillado.

-¡Por que mis supuestos amigos me han estado ocultando semejante estupidez!- Estallo Thatch un tanto, bufando frustradamente. Ace le habia visto serio muy pocas veces, provocando que no supiera como terminaria aquella conversacion tensa. -¡Me la trae al pairo que tu te la hayas follado y yo no, Ace! ¡No soy una maldita damisela! ¡Estas cosas son asi, unos ganan y otros pierden! Lo que me jode, te repito, es que me lo hayas ocultado sin ton ni son.- Ese era el problema real, no sintiendose su compañero lo suficientemente celoso con el otro como para montarle el numerito. Thatch no se tomaba las relaciones con el sexo opuesto tan en serio como para eso.

-¿Es eso?- Cuestiono el segundo comandante, viendo que la situacion comenzaba a cobrar mayor sentido.

-¡Si, joder! ¡Es eso!- Thatch chasqueo la lengua ruidosamente, dando incluso un pequeño pisoton frustrado sobre el suelo de madera.

-Vale... - Suspiro el joven Ace, decidido a solucionar de una vez por todas aquel problema con su amigo molesto. -Entonces, lo siento. Siento habertelo ocultado. No pretendia humillarte.- Mas bien, Ace habia buscado lo contrario, comprobando que las cosas le habian salido al reves completamente. Siempre fue orgulloso, demasiado, pero disculparse con Thatch, compañero inseparable y complice de mil y una cuestiones y aventuras, le resulto mas necesario que mantenerse altivo y superior. No queria que las cosas terminaran peor, y se merecia una disculpa.

Durante un par de tensos segundos, Thatch analizo a su compañero, rebuscando cualquier resquicio de flaqueza en su expresion. Nervioso e incomodo, que le costaba a el mismo tragarse el orgullo una barbaridad tambien, el joven segundo comandante espero ansioso una respuesta de su compañero y amigo.

-Esta bien... - Finalmente, Thatch suspiro tranquilo, sabiendo el enorme esfuerzo que le costaba al otro aguantarse la actitud orgullosa de turno. Habia sido suficiente castigo. -Ahora, ya estamos en paz.- Sonrio el cuarto comandante, consiguiendo que el joven Ace casi terminara por desmayarse de alivio. Sereno ahora, que semejante conversacion y la posterior reconciliacion de la amistad habian logrado hacerle sentirse de nuevo animado, el segundo comandante se dejo caer un tanto para apoyar la espalda sobre la puerta cerrada. -Y bueno... entonces ¿No tienes nada con Circe?- No sono acusador ni molesto, si no tan picaro y divertido como siempre, acercandose a su amigo en actitud de complicidad masculina.

-No, no lo tengo.- Ace se encogio de hombros, sonriendo un tanto en cuanto observo el buen humor actual de Thatch. Al final, las cosas habian terminado bien.

-¡Oh!- Exclamo el cuarto comandante, soltando despues un par de carcajadas jocosas para, complice y malvado, pasarle un brazo fuerte a traves de los hombros amplios y separarlo de la puerta obligadamente. -Pero ella lo anda buscando desesperadamente.- Thatch tironeo del agarre descuidadamente, apresando a Ace un tanto para comenzar a caminar a traves del pasillo largo y solitario por las horas.

-Supongo... - Con dificultad por la fuerza opresora del brazo del otro y el andar obligado, pero divertido, Ace se encogio de hombros. - ... pero Circe no es quien me interesa.-

-Lo se, lo se... - Admitio Thatch con toda su gracia, suspirando fingidamente dramatico. -Es decir, que aun puedo conquistarla y arrebatartela justo frente a tus narices.-

-Claro, puedes intentarlo... - Contagiandose de aquella estupida rivalidad de machitos, Ace dejo escapar una carcajada seca y burlona, aflojando Thatch su agarre pero sin soltarle del todo mientras caminaban. -Pero dudo que lo consigas.- Como respuesta a aquello ultimo, Thatch le dedico una miradita curiosa, elevando una ceja recelosamente. -Soy realmente guapo.-

-Si... - Asintio Thatch burlonamente, apresandole nuevamente con fuerza bajo el agarre de su brazo. - ... y mezquino, agresivo, con un pronto terrible... - Enumero el cuarto comandante aquellos atributos malos y exagerados, provocando que un Ace bajo su brazo soltara un bufido. -¡Todo un caballero!-

-Eres muy gracioso... - Contesto el segundo comandante con ironia y molestia incluso infantil, no logrando librarse de la opresion.

-¡Desde luego que lo soy!- Thatch habia recuperado toda su gracia y personalidad burlona de costumbre, divirtiendose de lo lindo con la situacion sin parar de caminar. -Y dime, pequeño Ace ¿Te sirvieron mis consejos con la preciosa Ifára?- Cuestiono de pronto, apretando al otro aun mas contra si.

-Se podria decir que si... - Contesto el joven Ace dificultosamente por verse cada vez mas asfixiado por el brazo opresor de su compañero, que comenzaba a aplastarle a sabiendas.

-¡Jah! Se podria decir ¿Eh?- Pero Thatch conocia demasiado a su amigo, llevando un puño cerrado hasta la cabeza del otro para frotar los nudillos dolorosamente sobre su coronilla. Ace se revolvio quejumbroso, empujandole sin abandonar igualmente aquella actitud de compañerismo pero logrando, finalmente, sacarselo de encima. -Vamos, que te la has follado.-

-No lo digas asi... - Ace no sabia por que, pero semejante definicion vulgar a su experiencia agradable de la noche con Ifára no le gusto en absoluto, llevandose una mano tras la nuca para mesarsela ligeramente avergonzado. -Suena... suena bruto.- Y continuo caminando, no percatandose de la expresion de su compañero.

Levemente estupefacto, que Ace nunca habia sido demasiado sentimental, precisamente, el cuarto comandante se detuvo en seco, analizando la espalda del otro mientras andaba a traves del pasillo.

Finalmente, tuvo que tragarse una sonrisita adivinadora, dando un pequeño respingo para alcanzarlo velozmente en una carrera. Ace siempre seria como un libro abierto, por mas que tratara de ocultar todo lo referente a las emociones.

-Como quieras... - Le dijo Thatch poniendose a su lado como una bala, caminando ahora ambos a la misma velocidad y distancia. - ... pero ¿Como fue?- Picaro, el cuarto comandante le dio un codazo para llamar su atencion, no permitiendo al otro ignorar sus palabras.

-Agh... - Por su parte, Ace se limito a gruñir, no dispuesto a soltar prenda. Lo de Ifára no se contaba, se dijo, porque lo razono como diferente y mas personal que de costumbre. Podrian ser amigos, pero no le agrado en absoluto la idea de airear por ahi sus asuntos de alcoba con la muchacha. -¿Por que siempre terminamos hablando de mujeres?- Escapandose por la tangente descaradamente, el joven comandante cuestiono. -Parecemos un par de adolescentes con las hormonas revolucionadas.-

-Perdoneme usted, señor... no seremos adolescentes... - Thatch se lo estaba pasando en grande, soltando una carcajada jocosa y sabedora. -... pero las hormonas las tendremos revolucionadas de por vida. Aceptalo. - Asintio el cuarto comandante convencido de sus propias palabras. -Ademas ¿De que quieres hablar si no? Porque mira, chico, yo prefiero mil veces hablar de alguna preciosa muchacha que de la cara de feo de mis compañeros... - Ante semejante comentario, Ace no pudo contener una carcajada divertida. -O de Padre, en todo caso, que tampoco es precisamente la descripcion del erotismo.-

-Ten un poco mas de respeto, Thatch.- Trato el joven segundo comandante de reprenderle, no surtiendo el efecto deseado debido a que se le escapaba la sonrisa.

-Respeto, respeto... - Pero el otro no iba a dejarse vencer, repitiendo burlescamente aquella palabra. -El respeto no sirve para nada mas que ensombrecer la vida ¿Por que tomarselo todo tan en serio?- Se encogio de hombros, seguro de si mismo.

-Para no terminar siendo como tu.- Contesto Ace entrando en el juego, dirigiendose junto al otro directo a las escaleras que conducian a un piso superior.

-¡Como yo!- Thatch exclamo aquello fingiendo total escandalo, abriendo los ojos como platos un segundo para continuar rapidamente. -¡Yo soy la persona mas feliz de la tierra! ¿Quien no querria ser como yo?-

-Eres un bufon, Thatch.- Ace suspiro con gracia, comenzando a subir los escalones de madera, que chirriaron quejumbrosos bajo su peso.

-¡Pero un bufon feliz!- Exclamo alzando un dedo seguro hacia el cielo, siguiendo los pasos de su compañero segundo.

Y asi, como si jamas hubieran mantenido ninguna discusion ni problematica entre ellos, ambos comandantes desaparecieron escaleras arriba.

(Cambio de escena)

El humor de Ace habia vuelto a mejorar.

Tras aquella conversacion y reconciliacion clara con su amigo Thatch, el joven Ace habia ido en su compañia hasta cubierta, pululado un poco de aqui para alla charleteando con mas tripulantes que, o bien zanganeaban a la sombra, o bien trabajaban de sol a sol, los pobres.

Ace decidio tambien vaguear un ratito, pero un tiempo corto, que queria aprovechar la situacion de haber reanudado la amistad con Thatch a la vez que, se dijo, no estaba bien descuidar sus propias obligaciones.

Una media hora despues, notando que el tiempo comenzaba a calentarse a medida que continuaban su ruta por el Grand Line, el joven segundo comandante se dirigia hacia su camarote con una actitud animada y tranquila. Pronto vendria el verano, o como diablos se llamara al tiempo atmosferico en aquel mar malvado imposible de predecir, razonando que debia andar acercandose una ola de calor. Seguramente, por experiencia, esta ultima seria fuerte, se dijo mientras atravesaba el pasillo del piso correspondiente algo adormilado por la temperatura elevada. Aun era soportable, al menos, incluso le gustaba de momento, esperando que el termostato no subiera hasta limites desagradables.

Suspirando silencioso y para si mismo, Ace abrio la puerta de su camarote.

No pudo evitar sorprenderse levemente en cuanto sus ojos se cruzaron con los de Ifára, no esperando encontrarse con su bonita imagen a semejante hora en su habitacion.

La muchachita, sentada sobre la cama con las rodillas flexionadas, parecia haber estado recapacitando algo complicado, dedicandole una miradita igual de sorprendida por el mismo motivo que el del otro.

-Vaya... - Dijo finalmente Ace, cerrando la puerta tras de si con una sonrisa agradada, que su presencia calmante y dulce siempre le gustaba hasta cuando no se la esperaba. -Parece que se ha colado una canija en mi camarote.- Divertido, que le apetecia jugar un rato, el joven pirata se apoyo sobre la puerta de madera, contemplando atento la reaccion de la joven Ifára. Esta se limito a dedicarle una sonrisita fugaz, regresando la mirada perdida a la nada con evidente evasion mental. No parecia muy contenta, se dijo Ace, decidiendo rapidamente que era necesario cambiar la actitud de broma por otra mas comprensiva. -¿Que pasa?- Cuestiono preocupado y esperando que ella decidiera depositar su confianza en el, consiguiendo que Ifára le mirara de nuevo.

-Nada.- Se limito a contestar ella falsamente, encogiendose de hombros para abrazarse las rodillas.

-Nada... - Chasqueo la lengua, sintiendose entre dolido y cansado de aquella respuesta. -¿Por que todas decis nada cuando os pregunto que os pasa? Es evidente que nada no es.- No lo entendia del todo, logrando que la muchachita evitara su mirada nuevamente, entre culpable y tozuda. Viendo su actitud, Ace decidio cambiar de tactica y tantear primero el terreno. -Y bueno... ¿Que haces aqui a esta hora?- Pregunto suave y preocupandose por no parecer acusador, solo curioso, acercandose un par de pasos hasta la cama ocupada.

-Tenia un ratito libre... Joan-Marie me ha dado un descanso.- Ella contesto tan dulce y amable como solo Ifára podia ser, adivinando Ace rapido que aquel recreo se debia al incidente vivido con Circe. Joan-Marie, siempre amable y comprensiva. Ace se dijo que la muchachita estaba en buenas manos.

-¿Si? Eso esta muy bien. Todo el mundo necesita descansar.- Era una respuesta superficial y mas bien formal que personal, asintiendo el mismo a sus palabras mientras seguia preguntandose si ella terminaria por contarle el problema que la andaba torturando.

-¿Y... y tu?- Cuestiono Ifára curiosa pero algo temerosa, pareciendo que aun no llegaba a confiarse del todo como para preguntar por los asuntos de Ace.

-Oh, tengo que... - Aunque no sabia muy bien como definirselo, pensando si acaso Ifára entenderia de esas cosas. - ... tengo que revisar unas cosas.-

-Ah... - Exclamo ella desganada, tan cabizbaja y pensativa de nuevo como cuando entro en la habitacion. Vale, Ace ya estaba harto de andarse por las ramas.

-¿Es por Circe?- El joven comandante cuestiono sin mas, analizando la reaccion de la muchachita para tratar de reconocer una respuesta. Ifára le miro, confusa y algo preocupada de nuevo. -Sabes... no se... - Se encogio de hombros, llegando a la conclusion de que otra cosa no podria ser la que la andaba carcomiendo por dentro. -Quizas... podriais tratar... - ¿Tratar de que? Se pregunto Ace, no sabiendo exactamente que decir en semejantes circunstancias ni el consejo mas adecuado. - ... tratar de ser amigas.- Pero la expresion de disgusto y desagrado evidente de la joven le hizo rapidamente saber que aquello seria imposible y que, ademas de miedo, la sensacion que Ifára sentia por Circe no era precisamente amistosa. -O no... - Dijo excusandose, logrando que Ifára pareciera mucho mas de acuerdo con aquella negacion que con el consejo anterior. -Igualmente, Circe tampoco es tan mala como aparenta... - Salio Ace en su suave defensa para paliar el disgusto de Ifára por la otra, consiguiendo sin embargo que, por una vez, la muchachita le interrumpiera.

-No es por Circe.- Ifára debia estar algo molesta de que el hubiera decidido hablar asi de la otra mujer, razonando Ace que lo ultimo que queria era que ella se pensara traicionada. No queria meterse en aquel asunto femenino si podia evitarlo, que suficiente tenia ya con saber el porque de los celos de Circe.

-Entonces... - Contesto Ace algo culpable y amedrentado, extrañamente, con su reaccion de enfado ocultado en gran medida, percatandose de que le daba miedo que ella se molestara con el. Era algo nuevo, se dijo Ace, pero lo sentia de aquella manera le gustase o no. -¿Por que es?- Y espero que ella, por favor, decidiera confesarle sus problemas.

-Yo... - Ifára esquivo su mirada de nuevo, jugueteando con sus dedos sobre una de sus rodillas para reflexionar un poco antes de decidirse a hablar. -No me gusta ese tipo... - Finalmente, confeso entre insegura y tristona.

-¿Ese tipo?- Vaya, asi que no tenia nada que ver con Circe. Ace, que no habia esperado para nada respuesta semejante, pregunto desconcertado. -¿Que tipo?-

-Ese... ese grande... - Pero debia ser que o no recordaba o no conocia el nombre, mesandose las pantorrillas con una leve expresion de enfurruñamiento caprichoso. -El de la barba... -

-¿Thatch?- Pregunto Ace incredulo, recordando que su compañero tenia una pequeña perilla y era bastante alto.

-Oh, no, no.- Rapida Ifára nego con la cabeza, no pareciendo querer que Ace malinterpretara sus palabras bajo ningun concepto. -El no, el es muy divertido.-

-¿Quien?- Cuestiono de nuevo el muchacho, confuso y tratando de adivinar la identidad de aquel tipo supuesto.

-Aquel mayor... el de tu division.- Ante la expresion pensativa del otro, Ifára decidio dar una informacion mayor. -El que estaba sentado antes junto a ti.-

-¿Teach?- Ace lo dijo entre esceptico y receloso, pensando que seguramente la niña no se refiriera a el.

-Si, ese. Teach... - Pero debia ser que si, puesto que en cuanto escucho su nombre, Ifára asintio con convencimiento y preocupacion. -No me gusta.-

-Pero ¿Por que?- Incredulo, Ace se acerco un poco mas a ella, pensando que podria tener la niña en contra de alguien tan risueño y cordial como Teach. -¿Te ha dicho algo?- Pregunto mas asustado que curioso, razonando con mala sangre si acaso tendria que ponerse a cortar cabezas de un momento a otro.

-No.- Pero a pesar de la negacion, Ifára parecia completamente segura de su opinion sobre aquel subordinado que llevaba en el Moby Dick muchisimo mas tiempo que el propio Ace. -En realidad, creo que nunca me ha dirigido la palabra... -

-Canija... - El otro chasqueo la lengua, viendo aquel juicio como injusto y pronunciando el apodo con el que se referia a Ifára con disgusto.

-Es que... - Ella salio rapida en su propia defensa, apretandose un poquito mas fuerte las rodillas bajo su abrazo con inseguridad. -No se... no es un buen hombre.- E Ifára volvio a mostrar aquella expresion enfurruñada al recordar a su subordinado.

-No deberias juzgarle sin haberle conocido, canija.- Ace camino hasta la cama, acomodandose en cunclillas junto al colchon para apoyar las manos y mirarla de cerca. -Es uno de mis hombres.- No sono acusador, ni autoritario, pero si levemente dolido, temiendo que la niña le hiciera elegir un bando.

-Lo se, pero... - Ella dio un respinguito, dedicandole una expresion entre convencida e inquieta. -No me gusta... ¿Por que un hombre que lleva mucho mas tiempo que tu en el barco permite que le des ordenes sin ninguna queja?- Entonces Ace supo que Ifára y su curiosidad peligrosa habian estado investigando en secreto.

-Porque no es un tipo ambicioso, Ifára... no le interesan esas cosas de la comandancia.- Trato Ace de hacerla recapacitar, afianzando el agarre de sus dedos sobre el colchon para intensificar el contacto visual. -Me lo dijo hace tiempo, cuando me nombraron comandante de la segunda division.-

-Eso es mentira.- Ifára estaba demasiado segura de su opinion, negando con la cabeza totalmente preocupada e incluso asustada. -Te dijo que no era ambicioso, pero su mirada me dice lo contrario.-

-Canija, no seas asi, por favor.- Le rogo Ace con dolor, no queriendo que ella hiciera ningun juicio injusto sobre uno de sus muchachos, de los que tan orgulloso se sentia.

-¡Pero es la verdad!- Ella, entre indignada y completamente preocupada, elevo la voz un tanto, buscando que Ace creyera sus palabras. -No ambiciona tu puesto... pero... pero mira... mira raro.- Dijo Ifára no encontrando una definicion posible, temiendo el haber sido su motivo demasiado vago e incluso que podria interpretarse como paranoico.

-¿Raro?- Cuestiono Ace, elevando una de sus cejas con escepticismo.

-Si... yo... - Pero a Ifára ahora le andaba costando explicarse mas aun que al principio, notandose sin pruebas evidentes. Sin embargo, estaba segura de lo que decia. -No os aprecia. A ninguno. Lo veo en sus ojos... - Ace abrio la boca para replicar algo, pero la muchachita volvio a impedirselo tensamente. -No es un buen hombre.-

-Basta, Ifára.- Ace contesto seco y conciso, dedicando sobre la muchachita una mirada entre molesta y suplicante. -Le conozco desde hace mucho tiempo. No seas mal pensada.- Y es que Ifára comprobo con temor como Ace era tozudo, ademas de orgulloso, no dispuesto a admitir que una persona en la que confiaba tranquilamente pudiera ser un tipo sospechoso.

-¡No soy mal pensada!- Se defendio ella con indignacion y buscando por todos los medios que Ace reflexionara sus palabras, temerosa de su seguridad por pura intuicion. -Es un mal hombre. Su mirada... - Pero, abruptamente, Ace la interrumpio.

-¡Basta!- Dijo seco y cortante el segundo comandante, levantandose de su posicion para mirarla fija y tensamente. -¡No es justo que hagas esto, niña! ¡No intentes ponerme en contra de mis hombres!- Ifára dio un respingo entre asustado y decepcionado por su actitud repentinamente ruidosa y demasiado firme, esquivando de nuevo su mirada para abrazarse mas fuerte.

Y cuando la noto asi, disgustada e incluso decepcionada, Ace no pudo evitar sentirse terriblemente mal. En pie, se mordio el labio inferior, razonando que habia sido demasiado brusco con ella tan temprano, sabiendo que apenas andaba la pobre acostumbrandose a su cariño. Se dijo que Ifára no era uno de sus hombres, mucho menos un rudo lobo de mar, sabiendo Ace seguro que ella no tendria malas intenciones a pesar de creerla enormemente equivocada. Ace estaba acostumbrado a tratar con rufianes violentos y mujeronas curtidas, pero le costaba todavia saber como actuar con alguien de emociones inestables y dulces como Ifára. No queria hacerla daño.

-Lo siento... - Se disculpo por segunda vez en el mismo dia, suavizando la voz y las maneras lo mas que podia. Ella se limito a permanecer en su posicion, con las rodillas abrazadas ligeramente y expresion de dolido disgusto. -Oye... - Viendo que no lograba el cometido solo con pedir disculpas, que Ifára no tenia nada que ver con Thatch en absolutamente ningun aspecto, el joven segundo comandante se sento cuidadoso sobre la cama, manteniendose todavia a una distancia prudencial de la muchachita. -No queria decirte eso... se que no quieres ponerme en contra de nadie.- Claro que el lo sabia, analizando su reaccion como demasiado brusca e impulsiva. No lo habia recapacitado ni un segundo, habiendose dejado llevar por uno de sus arrebatos desagradables. -¿Estas enfadada?- Cuestiono incluso curioso por semejante evento nunca antes visto, inclinandose para poder ver su carita mejor, que ella evitaba el contacto visual. Ifára movio la cabeza un tanto con algo de inseguridad, no sabiendo exactamente que era correcto decir en aquella circunstancia.

-No.- Mintio la muchacha descaradamente, no concordando sus palabras con su actitud de molestia evidente.

-Pero si que lo estas.- Seguro, Ace contesto la verdadera respuesta a su pregunta, viendo como Ifára no lo ponia en duda una vez habia salido la realidad a la luz. -Canija, entiendeme... - Notandola flaquear en su molestia, que Ifára no estaba acostumbrada a mantenerse digna, el joven Ace se acerco un poco a su lado con cuidado y movimientos lentos. - ... se que lo haces con buenas intenciones, pero no puedes decirme algo asi, sin mas, y esperar que yo no salga en defensa de uno de los mios. - La muchachita, aunque todavia no le miraba, parecio pensarlo detenidamente, adoptando una expresion entre culpable y comprensiva. -No tienes pruebas, y yo si.- Finalmente, Ifára decidio dejar de hacerse la muchachita digna, dedicandole una miradita rapida algo curiosa. -Llevo conviviendo con el mucho tiempo.- Se explico Ace al notarla desconcertada por sus palabras anteriores, esperando una respuesta de ella.

-Quizas... - Dijo Ifára tragando saliva con pesadez, afianzando el abrazo de sus rodillas que actuaba como barrera emocional e instintiva contra Ace debido al enfado supuesto. -Quizas me equivoque.- Se encogio de hombros insegura, diciendose que a lo mejor se habia precipitado en su juicio. Sin embargo, una vocecita en su cabeza que siempre solia llevar razon le dijo que no, que su opinion era cierta, decidiendo Ifára tragarse el orgullo para no hacer daño al otro o estropear la relacion agradable.

-Quizas.- Ace se sintio mejor, que ella habia recapacitado y ya no parecia tan molesta.

-Pero... - Sin embargo, Ifára no habia terminado. -¿Y si te equivocas tu?- Cuestiono fingiendo una falsa indiferencia, haciendo que Ace se acercara un poquito mas. El saberla preocupada por su persona, aunque fuera un minimo, le hizo sentirse el hombre mas afortunado de la tierra, no pudiendo evitar que se le escapara una sonrisita calida.

-Entonces, asumire las consecuencias cuando llegue el momento.- Y dio aquel tema por finalizado, viendo como ella asentia suavemente y con las piernas, todavia, resguardadas bajo el abrazo. -Y ahora... ¿Todavia estas enfadada conmigo o dejaras que me acerque?- Con tranquilidad y buen humor espero, observando como la muchachita parecia pensarlo un par de segundos rapidos. Por fin, Ifára giro la cabeza, mirandole de nuevo para sonreirle bonita y agradable. Sin mas, Ace elimino la pequeña distancia que los separaba mientras la niña deshacia el abrazo protector que mantenia como barrera infraqueable, acomodando la espalda el joven comandante sobre su cuerpo calido sin esperar permiso ni palabra. Algo desconcertada en un principio, Ifára dejo que el otro se medio tumbara sobre ella, mirandole con expresion estupefacta y perdida ante la idea de no saber que hacer exactamente. Luego, recordo tras unos segundos que a Ace, el dia anterior, le habia acariciado el cabello revuelto y que eso parecio agradarle bastante. Ifára no supo el por que exactamente, pero la idea de hacerlo sentir bien se le hizo de lo mas tentadora, decidiendo finalmente posicionar sus dedos calidos sobre el hombro del otro para, con la mano libre, comenzar a atravesar su pelo oscuro con delicadeza. Ace se estremecio un segundo con agradecimiento, acomodandose mejor sobre ella y cerrando los ojos instintivamente. -Eso se siente muy bien... - Susurro el muchacho algo perdido, notando como el calorcito y comodidad agradables de su cuerpo unidos a la temperatura del ambiente, su aroma calmante asi como la caricia demasiado relajante lo estaban adormilando irremediablemente. Ser mimado por Ifára como un niño caprichoso era lo mejor que podria sentirse nunca, se dijo, notando como todo parecia desaparecer de su mente excepto la sensacion de su cuerpo como asiento y sus dedos serpenteando entre sus cabellos. Cada vez mas ausente y notando que en cualquier momento caeria dormido, Ace se dejo hacer con gusto.

-Ace... - Llamo ella de pronto, no deshaciendo la cercania ni la caricia.

-¿Mmh?- Y es que Ace ahora mismo no tenia ganas ni de abrir la boca, limitandose a hacer un ruidito cuestionativo y a elevar las cejas un momento.

-¿Sobre que trataba la reunion del tercer piso?- Ifára y su curiosidad, que no la abandonaria nunca.

-¿Te estas aprovechando de mis debilidades para husmear en mis asuntos?- Pregunto el sin ni siquiera abrir los ojos, resultandole el asunto de lo mas divertido.

-L-lo siento.- Sin embargo, la risita que Ace dejo escapar hizo que Ifára se tranquilizara nuevamente.

-Dentro de poco encontraremos una isla civilizada... - Le dijo explicativo y ausente, no pudiendo evitar bostezar como un gato perezoso. -La marina siempre trata de seguir nuestros pasos asi que, a veces, nos topamos en el puerto de la isla donde vayamos a parar un par de buques armados.- Ifára se tenso un poquito, tragandose el temor ante la idea de otra futura batalla. -Normalmente, unas semanas antes nos reunimos para trazar un plan de contraataque, ya sabes... - Noto sus dedos algo nerviosos a traves de su pelo, elevando una mano vaga pero tranquilizadora para tantear a ciegas en busca de su cuello bonito. -No te preocupes.- Le dijo adivinador de sus miedos, mesando meloso aquella zona de piel suave con cariño y adormecimiento. -Solo es por prevencion. No suele pasar nada.- Y si se los encontraban, los aplastarian rapido, pero eso no seria muy agradable de oir para la impresionable Ifára, siempre tan enemiga de la violencia. Entonces, Ace recordo con todo el disgusto del mundo aquello por lo que habia ido a su camarote. -Eso me recuerda... - Dijo molesto y teniendo que contener un gruñido, notando la caricia y la cercania como demasiado relajante y deliciosa. Si seguia asi, terminaria dormido como un muerto. -Que tengo trabajo.- Y sin mas, que si se quedaba un solo segundo asi no seria capaz de alejarse otra vez, Ace se incorporo ligeramente, abriendo los ojos y quedandose sentado de espaldas a la muchachita. Atontado se llevo una mano a la cara, arrastrandola a traves de ella un tanto para espabilarse lo maximo posible.

Curiosa, Ifára observo por encima del hombro amplio del otro como este rebuscaba en sus bolsillos, sacando lo que debia ser un mapa de la zona y gran parte del mar que andaban recorriendo.

-¿Que es?- Cuestiono sin poder evitar apoyarse en los hombros de Ace, elevandose un tanto la chiquilla para ver mejor.

-¿Eh?- Andaba aun medio ido, teniendo que analizar las palabras dudosas de ella. -Oh, un mapa... es para ver posibles... estrategias. Si le toca a mi division, tendre que hacerme cargo de la mayor parte del ataque y la defensa.- Por decirlo de algun modo, porque Ace era mas dado a arremeter con todo que a ponerse a reflexionar antes y durante la batalla.

-¿Y que tienes pensado?- Curioseo ella de nuevo, notandose mas animada y entretenida con aquel mapa que el mismo Ace.

-Pues... - El joven Ace se llevo una mano al menton con actitud pensativa, analizando aquel pedazo de papel levemente arrugado por andar arrebullado en el bolsillo de su pantalon. -En caso de encontrarnos con la marina... entrar por aqui.- Llego Ace a la conclusion sin pensarlo mucho, señalando el camino con un indice indicador arrastrandose sobre el mapa. Siempre prefirio las decisiones faciles y simples.

-¿Por ahi?- Ifára, incluso escandalizada, produjo un apretoncito pequeño sobre los hombros fuertes del joven comandante, arrancandole al otro una expresion de ligera inseguridad. -¿Piensas entrar directamente?- Como un energumeno, penso Ifára en finalizar su frase, pero rapido decidio omitir aquella parte ofensiva.

-Eh... si.- Pero Ace ya no estaba tan convencido, que la niña parecia totalmente incredula de semejante plan de entrada. -¿No?- Se encogio de hombros, girando la cabeza un segundo para dedicarle a ella una mirada fugaz de duda.

-Bueno... - Ifára suspiro, no queriendo herir el orgullo del otro, que era el verdadero comandante, con una respuesta rotunda y seca. -Puedes hacerlo asi... pero tambien... - Suave y comprensiva, la chiquita colo un brazo aventurero sobre el hombro de Ace, señalando el mapa con indicacion total. Era como los juegos de estrategia, se dijo ella, resultandole totalmente logico y razonable. - ... tambien puedes entrar por aqui... asi, evitaras que, en caso de que este la marina, esta os vea nada mas llegar y podais preparar mejor el ataque y ellos no esten listos para la defensa... - Entre incredulo y atento, Ace asintio despacio, analizando con ojos rapidos el camino y zonas que el dedo de Ifára indicaba. -Quiza asi incluso podais evitar la batalla... - Maldita sea, era de lo mas logico y el ni siquiera lo habia visto, sintiendose rapidamente como un estupido. Ya iba a decir alguna afirmacion, cuando ella continuo. -Ademas, si hay batalla, en esta zona el viento estara a tu favor la mayor parte del dia.- Sintiendose fantasticamente, que a Ifára le encantaba desentrañar todo tipo de cosas, la muchachita sonrio satisfecha consigo misma, ajustando mejor el agarre suave sobre los hombros amplios de Ace.

-¿El viento?- Pregunto el no saliendo de su asombro, que nunca imagino que ella pudiera tener cabeza para este tipo de asuntos guerreros.

-Eres de fuego ¿No?- Ifára lo veia de lo mas evidente, provocando que el joven comandante tuviera que recapacitarlo un poco mas. Era logico, se dijo, no andando el normalmente pendiente de ese tipo de cosas que, en realidad, en plena batalla eran de lo mas importantes. El viento a su favor, consistiendo el fuego su arma, podria ocasionarle incluso la victoria, resultando el que estuviera en direccion contraria a su espalda como peligroso para los suyos y menos eficaz de lo que podria ser.

Ifára era mucho mas reflexiva e inteligente que el, al menos en asuntos logicos y de estrategia. Habia que aceptarlo.

-Esta bien.- Ace se recompuso un tanto de su total asombro anterior, chasqueando la lengua y cerrando aquel mapa. -Ya esta, te cedo el puesto de comandante.- Dijo con broma pero admiracion evidente, arrancandole a la muchachita una risita divertida y satisfecha consigo misma.

-No digas eso, era sencillo. Tu tambien podrias haberlo pensado.- Ifára, siempre tan buena y dulce.

-Espero no tenerte nunca como enemiga.- Dijo el joven Ace abriendo los ojos con fingido temor un momento, dedicandole una miradita rapida graciosa y de cariño.

-Nunca sere tu enemiga.- Ifára pronuncio aquello repentinamente. Quiza fue sin pensar, o incluso pudiera ser que no fuera realmente en serio, eso Ace no podia saberlo. Ace solo sabia que aquella frase, tan simple pero a la vez tan esperanzadora, se le clavo directa en el pecho como una flecha indolora a la vez que inamovible. Un arrebato suave y calido de cariño le inundo por dentro repentinamente, sintiendose de pronto el hombre mas valorado e importante de todo aquel mar peligroso.

No pudo evitarlo, girando la cabeza para toparse con su carita bonita, dedicandole Ifára una sonrisita nerviosa entre avergonzada y confusa por sus propias palabras. Llevo una mano grande y cuidadosa hasta su menton, acogiendolo con suavidad y acariciando sus mejillas despues con el dorso, admirando sus facciones que tan perfectas se le hacian como su mirada, siempre bondadosa, compasiva y comprensiva.

-Lo se.- Le dijo seguro de sus palabras, sabiendo que si podia enamorarse mas de Ifára, en aquel momento lo estaba haciendo como un estupido.

Y sin esperar respuesta la beso, tratando de que ella adivinara con el contacto todo el sentimiento posible que Ace andaba guardando dentro.

A Ace, de sus dos caras supuestas, comenzaba a agradarle mas la buena que la fria y malvada.

(Fin del capitulo)

Oh! Siento si he tardado demasiado!

Espero que os guste este capitulo. La historia comienza a hacerse cada vez mas intrincada y emocional... La verdad que es todo un culebron y a veces me cuesta, o no me gusta demasiado porque lo veo muy pasteloso o intrincado, o intrincado-pasteloso (Definicion nueva que me acabo de inventar)

Igualmente, me esta agradando bastante el resultado, y espero conseguir que le cojais cariño a la buena de Ifára que se va a meter en mas de un lio, la pobre XDXDXD (Agh, no deberia haber dicho eso D= ajajaja)

Uuuh Ace empezo siendo muy malo verdad? Pero ahora se nos esta volviendo blandito y afelpado cual amoroso peluche... El amor, que al malo lo vuelve bueno, y al bueno lo puede volver muy malo (Toma frase profunda XD!)

En fin, me despido por hoy, y espero que disfruteis leyendo tanto como yo lo hago escribiendo esta historia de amor !

Un beso de sandia dulce dulce!

Maddy