Si el calor del islote que habian visitado anteriormente, aquel de los tratantes y la venta ilegal de esclavos, habia sido insoportable, ahora podria analizarse la temperatura como absolutamente inhumana.
Caminando pesada y lentamente bajo el sol torturador y asesino, sol que casi parecia querer aniquilar cada forma de vida que paseara bajo sus rayos, tres de los comandantes principales de la tripulacion pirata de Barba Blanca seguian su camino conteniendo los jadeos y quejidos por el calor.
A la cabeza, siendo el mas rapido por pura voluntad de continuar que por fuerza, la verdad, Ace era seguido de cerca por sus dos amigos y camaradas, siendo Marco el segundo en aquella hilera extraña y Thacth el tercero y ultimo. En silencio total, los primeros parecian tratar de fingir que todo andaba bien, que el sol del mediodia en aquella isla desertica y mortal no era tan atroz y que el camino a pie tampoco era para tanto.
Por su parte, Thatch se dedico a quejarse cuanto le diera la gana hasta que estaba tan acalorado y cansado que se quedo sin voz, por primera vez en su vida, limitandose a soltar de vez en cuando bufidillos molestos y asfixiados.
La isla cuya direccion habia sido cedida por aquel tratante, aquel al que Ace habia dejado desfigurado de por vida, si es que acaso sobrevivia, habia resultado ser una de las tierras mas aridas y secas que ninguno de ellos habia visto.
Se toparon con lo que debia ser un pueblo, situado en la costa extremedamente calida de la isla, haciendose cargo los tres piratas de algunas provisiones de alimento y demas, pero sobre todo de agua. Mucha agua.
Los pocos y morenos, quemados incluso, habitantes del poblado en cuestion les huyeron en su mayoria o bien les dedicaron miraditas esquivas de desagrado y pavor, decidiendo Marco ser ahora él mismo quien se hiciera cargo de interactuar con las personas. Gracias a sus buenos modales y cordialidad, a su seriedad, el primer comandante logro en menos de una hora la informacion que necesitaban, pronunciando las palabras adecuadas y nunca diciendo que se trataba de un campamento de esclavos.
Les hablaron de unas minas, situadas en el centro de la isla donde poca gente se atrevia a ir a pie, teniendo en cuenta los kilometros de asesino desierto que las separaban de la escasa civilizacion. Era evidente, de todas maneras, que el ciudadano que les habia indicado la direccion y lugar sabia que, aquello, aunque minas tambien era otra cosa, decidiendo igualmente hablar en clave como lo hizo el propio Marco.
Era el colmo de la hiprocresia social, se dijo Ace, pero poco le importaron en ese momento las cuestiones morales cuando Ifára andaba desaparecida y a saber en que condiciones.
De todas formas, era evidente que la marina se llevaba su parte del botin.
La sociedad estaba podrida, se dijo Ace.
Debido a aquellas acciones era por lo que se encontraban en su situacion actual, caminando en fila india y cada uno en su posicion y silencio, mas Thatch con sus resoplidos, a traves del desierto mortal y en pleno mediodia, que la jornada habia pasado rapido mientras avanzaban y el sol, ahora, se encontraba en su total apogeo para colmo de males.
Agotado fisicamente pero demasiado firme y preocupado como para tener ninguna intencion de detenerse, Ace elevo la cabeza un tanto, llevandose una mano a la frente bajo el ala de su sombrero para retirarse parte del sudor y dedicar una miradita rapida al sol.
Por su parte, Marco continuo a lo suyo, tratando de mantener el tipo y la dignidad como era su costumbre.
Thatch, en cambio, no era tan impasible y poco le importaban las opiniones ajenas, soltando un bufido quejumbroso mas fuerte que sus predecesores.
-Agh... - Dijo el cuarto comandante, mirando molesto como sus dos compañeros mas adelantados continuaban su camino sin intencion de detenerse jamas. Esto hacia que, para su desgracia, el propio Thatch no pudiera hacer mas que seguirlos. -¿No te la podian haber robado en invierno o algo asi?- Cuestiono sin compasion, causando que Ace se tuviera que tragar una palabra malsonante y continuara su camino, ignorandole olimpicamente. -Maldita sea... - Y es que Marco tampoco parecia dispuesto a hacerle mucho caso, andando sin descanso el primer comandante un par de metros frente al quejumbroso Thatch. -¡Oh, un lagarto!- Exclamo de pronto, dedicandole una miradita rapida a aquel animalejo pequeño y reptiloide que, en cuanto fue interceptado por su mirada, se escondio de nuevo entre la arena abrasadora. -¿Como cojones puede sobrevivir nada aqui? Esto mas que una isla parece una maldita sarten... - Nuevamente, no recibio de sus compañeros mas que silencio y sus espaldas. -Descansemos un rato ¡Por el amor de Dios!- Casi que suplico, terminando su ruego caprichoso en un resoplido de calor insoportable.
-Mejor no... - Finalmente, Marco se digno a contestar, no pudiendo evitar que se notara su respiracion agotada y jadeante un tanto. -No tenemos tiempo.- Le espeto a su quejumbroso amigo, girando la cabeza un segundo para dedicarle una miradita de pequeña disculpa.
-Tiempo, tiempo... - Thatch estaba de mal humor, cosa rara en él pero no imposible, chasqueando la lengua el cuarto comandante con indignacion. -No tenemos tiempo, me dices, y es posible que para cuando lleguemos ella ya este... - Tenia la boca demasiado grande, se dijo Thatch, sobre todo cuando Ace se detuvo de pronto, en seco, sobre la arena ardiente y el sol inmisericorde.
No sabiendo si debia mantener el orgullo o bien permanecer en silencio, Thatch imito al segundo comandante, parando su andar abruptamente para contemplar la espalda tensa de un Ace sumido en un nervioso mutismo.
Y a Marco no le quedo mas remedio que hacer lo mismo.
Con disgusto, este ultimo analizo primero al joven comandante, para despues dedicarle una miradita de revision rapida a su compañero cuarto, decidiendo veloz que debia tomar cartas en el asunto o las cosas podrian truncarse en el peor momento posible.
Ace andaba demasiado sensible, y Thatch tenia la lengua demasiado afilada.
-Aun es pronto.- Dijo Marco con convencimiento, clavanso sus ojos serenos y tranquilos sobre la espalda amplia del detenido Ace. -Ni siquiera han pasado 24 horas desde que se la llevaron. Esta viva.- Y, rogando por dentro al cielo que funcionara, Marco espero igual de tenso, conteniendo la impaciencia y el nerviosismo.
Finalmente, tras unos segundos como de dolorosa reflexion, Ace volvio a moverse para continuar su camino.
Marco suspiro aliviado y no pudo evitar, por si acaso, dedicar una miradita fugaz de reproche a su amigo tras él.
Como respuesta, Thatch se limito a encogerse de hombros, acelerando el paso rapido cuando comprobo que sus dos camaradas y compañeros de marcha ya habian emprendido la caminata de nuevo.
Y continuaron la ruta bajo el sol inmisericorde.
(Cambio de escena)
Debia ser bien entrada la tarde.
Al final, Ace tuvo que ceder a los ruegos del cuarto comandante por detenerse, sobre todo cuando Marco se le unio a su manera, pero con la misma necesidad e insistencia.
Ace, en cambio, aunque estaba en estado similar y su cuerpo le gritaba por cada dedo y cabello, suplicando algo de agua y descanso, por resguardarse un tanto del sol insoportable, quiso continuar. Sin embargo, no pudo llevar a cabo sus intenciones, sintiendose incluso desfallecer por el esfuerzo excesivo en semejante ambiente asesino a pesar de que, sus piernas, seguian funcionando a la misma velocidad por pura fuerza de voluntad.
Finalmente, Ace tuvo que ceder a regañadientes, acomodandose junto a sus compañeros en la primera roca lo suficientemente grande que encontraron. Esto no fue dificil, que alli solo habia arena, lagartos y piedras, dejandose caer rotundamente cada uno de ellos bajo la escasa sombra de la roca, abasteciendo al organismo de agua suficiente pero limitada, que aun no sabian la cantidad de camino que les quedaba por recorrer.
En silencio, que ni fuerzas ya para hablar ni resoplar tenian, permanecieron alli un buen rato, tratando de recomponerse mientras el pobre Thatch sufria, encima, las quemaduras en la piel debido a los rayos aniquiladores. Marco y Ace tenian mejor suerte en percances como aquellos gracias a sus frutas del diablo correspondientes, pero eso no significaba que los estragos de semejante calor no fueran igual de terribles y enfermantes que para el resto de mortales.
Al fin y al cabo, la temperatura alli si que era, realmente, inhumana.
Parecia el mismo infierno.
Pasados unos minutos que no contaron, Ace se puso en pie como un resorte, decidido a continuar el viaje y sabiendo sus amigos, rapidos como el viento, que no tenia ahora el pobre la cabeza y corazon lo suficientemente bien como para atender a razones.
Conteniendo un suspirito, ambos amigos lo imitaron velozmente.
(Cambio de escena)
Cual atroz sentencia, velozmente les sorprendio la noche.
Y cual automata, ignorando a su cuerpo quejumbroso y dolorido, Ace continuaba andando.
Siempre fieles y cercanos, que sabian seguro que Ace haria lo mismo por ellos cuando fuera necesario, sus compañeros de comandancia lo seguian mas lentos e inseguros, temblandoles incluso las piernas debido al esfuerzo sobrehumano que andaban haciendo. Por muy fuerte y valeroso o resistente que seas, las inclemencias del tiempo afectan hasta al mas poderoso, y mucho mas lo hacen cuando llevas horas y horas eternas caminando cual energumeno a traves de un desierto mortal, habiendote detenido nada mas que unos miseros minutos.
Sin embargo, Ace no podia pensar en nada mas que en Ifára.
Las palabras que Thatch habia pronunciado al mediodia, cuando a punto estuvo de decir que Ifára, posiblemente, estuviera totalmente desaparecida del mundo (Ace no se atrevia si quiera a unir la palabra "muerte" en la misma frase que "Ifára".) se le habian grabado dolorosamente en la cabeza y el pecho. Asi, el joven Ace no podia detenerse, que sabia seguro que la supervivencia de la chiquita dependia de ellos, de la prisa que se dieran y la eficacia que tuvieran.
Si la noticia de que tres comandantes principales de Barba Blanca andaban a la gresca como salvajes, aniquilando cuanto se encontrara en su camino por causa y busqueda de la muchachita, llegaba a los oidos de aquellos que ahora la tenian entre las manos, significaria la mas atroz de las desgracias. Si se enteraban, entonces, de que Ace andaba desesperado por dar con ella y recuperarla, que era evidente quien estaba realmente interesado en encontrarla, seguramente se desharian de la muchacha lo mas rapidamente posible. Para colmo de males y aumento de la prisa, el joven Ace sabia que la noticia en cuestion no tardaria demasiado en llegar a orejas no deseadas, y entonces la seguridad de Ifára desapareceria y su vida, que ahora mismo pendia de un hilo, se encontraria seriamente en peligro.
Caminando sin descanso bajo la luz de la luna, las estrellas y el calor, que comenzaba a transformarse en un frio congelante, Ace le dedico al cielo una miradita rapida de suplica.
Rogo que estuviera bien, viva y sin un rasguño. Rogo por encontrarla en las minas aquellas, con el resto de esclavos y que, si bien la pobre Ifára no estaria precisamente contenta con el ambiente y los tratos, al menos estuviera ilesa fisicamente.
Rogo, tambien, porque no la hubieran vendido en cuanto se enteraran de que alguien andaba buscandola como un loco peligroso y letal, sabiendo Ace seguro que si les daba la vena y se la cedian a algun noble, entonces estaria perdida y recuperarla se volveria una tarea del todo imposible.
Se conformaba, de momento, con que estuviera viva y en el campamento de esclavos, o las minas, o como diablos quisieran llamarle.
Ace nunca fue religioso. Es mas, Ace nunca creyo en las divinidades y siempre se dijo que, en caso de que realmente existieran, estas eran crueles y diabolicas, sadicas, riendose del mundo y sus desgracias. Nunca se atrevio a negar su existencia en rotundo, por si acaso, pero siempre se dijo que la presencia de un dios misericordioso, o un anima bondadosa o cualquier tipo de ente superior con buenas intenciones, era simplemente imposible.
Sin embargo, tan desesperado y desfallecido estaba Ace que incluso cerro los ojos mientras miraba al cielo, suplicando por dentro y en silencio el ser escuchado por cualquier divinidad, o por las estrellas, o por la luna, que eso le daba igual. Suplico que se apiadaran, ya no de él, si no de Ifára, que lo merecia de verdad y andaba cortada bajo el mismo patron que los angeles mas dulces y buenos. Al menos, esto si era asi desde su perspectiva.
Suspirando resignado, Ace continuo su camino sin descanso, sintiendo como las temperaturas extremas y cambiantes del desierto lo sorprendian ahora con un frio artico que atravesaba hasta los huesos.
Funcionaba por pura voluntad, andando incluso robotico, no sabiendo realmente cuanto tiempo habia pasado desde que decidieron atravesar la arena y cuanto les quedaba para llegar a su destino.
Se olvido hasta de que andaba acompañado de sus dos mejores amigos y camaradas, que su cabeza estaba tan agotada como su cuerpo y se mantenia en vilo, despierta y frenetica, gracias al recuerdo imborrable y permanente de Ifára.
Marco y Thatch, sin embargo, no pudieron mas, deteniendose en seco para tomar un descanso necesario y recuperar el cuerpo, que suplicaba ademas de por el sueño por algo de agua y alimento.
Nuevamente, tuvieron que obligar a Ace a detenerse.
(Cambio de escena)
Tuvieron que obligarle a detenerse y tambien a comer algo.
Lograron poco y, al final, dieron la tarea por perdida, que Ace no parecia dispuesto a poner de su parte ni a recuperar fuerzas como cualquier otro muchacho normal. No. Ace ahora no estaba dispuesto a hacer nada mas que no fuera caminar en busqueda y encuentro de la muchachita, como si el hecho de no comer, de no dormir, de no deshacer la tension ni un segundo, evitara el encontrarse ahora mismo detenido junto a una nueva roca mientras el tiempo malvado pasaba.
A pesar de todo, Ace lo hacia inconscientemente.
Trato de comer, pero extrañamente no tenia hambre, que se le habia formado un nudo en la boca del estomago. Un nudo que le recordaba que no lo merecia, que no precisaba de ningun tipo de comida hasta que no diera con ella. Solo bebio agua, eso si fue algo necesario, haciendolo obligandose a si mismo cuando recapacito que, si realmente queria continuar la marcha y busqueda, era importante el evitar morir deshidratado o enfermarse por la misma cuestion.
Cuando llego la hora de dormir, sus compañeros calleron rapido presos de un sueño profundo y reparador, un sueño agotado, siendo Ace el unico que permanecio igual de despierto y nervioso que en el momento que se entero de que alguien se habia llevado a su pequeña.
No es que no lo intentara. Normalmente, dormir se le hacia una de las tareas mas faciles del mundo. Pero hoy, por desgracia, no fue posible, evocando sin descanso ni pretenderlo la imagen de una Ifára en a saber que situaciones en cuanto cerraba los ojos mas de dos segundos.
Evoco, tambien, su bonita sonrisa, su preciosa voz suave y sus palabras, sus maravillosas palabras que siempre sabian decir cosas dulces e inteligentes. Que siempre sabian calmarlo y volverlo manso junto a un par de caricias, o bien ayudarlo en sus propias tareas y estrategias de guerra y pirateria.
Sus palabras que sabian soñar, querer y aliviar el dolor de cualquier ser sobre la tierra.
Ifára era perfecta. Ifára era la salvadora del mundo.
Era necesario que el mundo malvado no aniquilara a su creacion mas perfecta, mas maravillosa y bonita.
Era necesario que el mundo se redimiera de las desgracias y sufrimientos inhumanos que la habia hecho padecer.
No era por capricho.
Simplemente, era necesario.
(Cambio de escena)
Al dia siguiente, habiendo caminado toda la mañana y parte de la tarde, finalmente llegaron a su destino.
Alli estaban aquellas minas supuestas o campamento de esclavos, deteniendose en un principio los tres agotados comandantes justo frente a ellas. Situadas en pleno desierto, la zona en cuestion y sus enormes dimensiones ocupaban un vasto area de la superficie arenosa, siendo marcados sus limites por unos muros rusticos de piedra y madera construidos sin ningun gusto estetico, pero fuertes y resistentes. Tuvieron que levantar la cabeza para observar el fin de aquellos muros altisimos que le daban al lugar aspecto de fortaleza, incluso, analizando despues con total analisis las puertas grandes de madera semi abiertas, cosa que no sorprendio a ninguno. Al fin y al cabo, para todo aquel que se escapara no le esperaba nada mas que la muerte, teniendo que recorrer kilometros de desierto sin provisiones y preso de unas facultades fisicas pesimas, como casi todos los esclavos que no fueran domesticos.
Eran las puertas del infierno.
Como le prometio a ella una vez, Ace habia bajado hasta las puertas del infierno solo por Ifára y para Ifára.
Respiro hondo antes de decidirse a entrar, notando el ambiente ardiente de nuevo y como sonidos metalicos de trabajo junto a alguna voz humana le llegaba hasta los oidos, proveniendo del interior. Ahora lo entendia mejor. Eran minas y campamento a la vez. Tenia sentido, porque los esclavos trabajaban gratis y, asi, el lugar conseguia sacar beneficio economico suficiente para mantenerse a si mismo tanto como a sus propietarios, dedicandose estos ultimos no solo a la venta del metal, si no tambien a la de mercancia humana.
Era siniestro pero, a la vez, logico desde la perspectiva mas fria y comercial.
Decidiendo que ya habia sido revision suficiente, Ace recorrio la poca distancia que le separaban de las puertas de madera algo podrida, plantando una mano sobre una de ellas para empujar facilmente y poder internarse.
Sin hacerse esperar, Marco y Thatch lo siguieron velozmente tras un respingo, topandose en cuanto entraron los tres comandantes con la imagen del campamento en cuestion. El lugar era grande, lo suficiente como para albergar una gran cantidad de personas y minas pero no tanto como para que su limite no fuera facilmente visionado, siendo sencillo vigilar a la mercancia trabajadora gracias a la forma redonda de los muros. Sobre la arena del desierto convertido en negocio, Ace vio a varias personas de aspecto precario e insalubre trabajar de aqui para alla mientras que otras, en muchas mejores condiciones y actuando altivamente para con aquellos que sabian indefensos, se dedicaban a gritar ordenes, reir entre ellos jocosos o bien simplemente supervisar. Fue facil saber quienes eran los esclavos y quienes los esclavistas.
Alrededor de los muros, se encontraba lo que debia ser la construccion y habitaciones, los despachos precarios del lugar hosco y rustico y demas estancias cerradas, analizando Ace los techos y ventanas sin cristales construidos de manera similar a las mismas murallas.
Sin embargo, lo que mas les llamo la atencion fueron las cruces, situadas en el centro del circular campamento sobre la arena arida, funcionando asi como fuente de temor y ejemplo de que les ocurriria a aquellos desdichados que se pasaran de la raya.
Ace ya habia visto otros campamentos de esclavos antes con sus crucificados correspondientes, que era un metodo comun en aquellos lugares, pero por primera vez le asquearon enormemente. Un escalofrio desagradable recorrio su espalda cuando recordo que el padre de Ifára habia muerto de manera semejante.
Sacudiendo la cabeza y no habiendo aun sido interceptados por la mirada de ninguno de los hombres libres, Ace decidio deshacerse por ahora de aquellos pensamientos de rechazo ya que no los necesitaba en ese preciso momento, dirigiendose sin mas hacia el centro del campamento minero para dar con el lider del lugar.
Anduvieron asi hacia las tres cruces en cuestion, y Ace no pudo evitar el echarles un vistazo. Se arrepintio rapidamente cuando su mirada se cruzo con la opaca y vacia de un pobre joven clavado sobre los postes grandes de madera astillada, un joven que podria ser él mismo y cuya edad no sobrepasaria la suya, teniendo este el cuerpo destrozado y sufriendo ya los estragos de la podredumbre y las aves carroñeras. Junto a este, en la cruz del centro, se encontraba lo que debio haber sido un hombre maduro, o algo parecido. Ace no pudo saberlo debido a que su piel estaba de color parduzco y evidentemente descompuesta, al igual que todo su cuerpo, dando la tarea analitica por perdida cuando recapacito que, realmente, no podria saber en semejantes condiciones si aquel habia sido un hombre, un joven fuerte o una mujer grande.
Y, finalmente, rematando aquel espectaculo macabro, en la tercera cruz, se encontraba el cadaver crucificado de una mujer. Era la unica cuyos ojos se encontraban cerrados, teniendo una expresion triste pero serena que sorprendio a Ace un tanto, sobre todo teniendo en cuenta el dolor insoportable de ser clavado en una cruz sin miramientos y la terrible muerte que espera tras esto. Y sin embargo, aquella mujer, cuyo cadaver era evidentemente el mas reciente de los tres, no daba muestras de tortura o sufrimiento fisico, pero si emocional y espiritual. Ace no pudo evitar el contemplarla mas a fondo. A pesar de su aspecto fallecido, no debia llevar alli clavada ni dos semanas, topandose con que aquella pobre mujer apenas si llegaba a la frontera de los treinta. Sus facciones eran bonitas, se dijo instintivamente, conteniendo un suspirito disgustado cuando recapacito que estaba admirando la belleza de una muerta.
Como si hubiera adivinado su reflexion, un ruido de revolverse tras su espalda le hizo dejar de mirar las cruces.
La imagen de un Marco blanco como la cera lo sorprendio enormemente al principio, no sabiendo ni Thatch ni Ace que hacer por el momento. Sin mas, el primer comandante y su rostro totalmente descompuesto, que parecia aun asi estar el pobre luchando porque no se notara, se estremecio notablemente, teniendo que llevarse una mano a la boca cuando sintio que el contenido de su estomago iba a ser rapidamente expulsado en forma de vomito.
Asi que, viendose preso del trauma y los recuerdos desagradables, Marco se dejo caer sobre la arena, sentandose en el suelo ardiente para cubrirse la boca con una mano temblorosa que trataba de aparentar serenidad.
-Marco... - Dijo Ace rapidamente, acercandose a su compañero un par de pasos. Sin embargo, el primer comandante se limito a negar con la cabeza como si no hubiera motivo para preocuparse, buscando el normalizar su respiracion y recuperar la salud de su estomago.
-¡Chico, pareces un fantasma!- Exclamo Thatch con su gracia habitual, caminando él tambien hasta un mareado y preso de las nauseas Marco. -¿Estas bien?- Mas serio, el cuarto comandante cuestiono, posicionandose junto a su amigo enfermo para llevar una mano preocupada hasta su hombro tenso. Algunas miradas curiosas de esclavos se clavaron sobre los tres recien llegados, siendo interceptadas un par de ellas por Ace y consiguiendo, sin proponerselo si quiera, que los pobres cazados bajaran la cabeza temerosamente y continuaran su camino.
-Si... estoy... - Dijo Marco tembloroso y luchando por recuperar la compostura, asintiendo sin convencer a nadie mientras Ace se acercaba hasta posicionarse frente a él. - ... bien... - Pero cuando Marco le dedico una miradita rapida a las cruces junto a ellos su rostro dijo todo lo contrario, arrepintiendose Ace velozmente de haberse puesto tan cerca y justo delante de sus narices. Sin darle tiempo a reaccionar, el pobre Marco se estremecio notablemente, terminando por vomitar el contenido de su estomago sobre la arena y parte de las botas de Ace.
-Agh... - Ace no pudo evitar quejarse con asco, dando un pasito veloz hacia atras cuando aquella sustancia desagradable llego hasta sus zapatos desgastados, sacudiendolos un tanto hacia un lateral para librarse un poco del vomito.
-Si, estas cojonudamente.- Se burlo Thatch con su comun ironia, palmeando divertido el hombro de un Marco tembloroso y palido mientras contenia las ganas de reir por la escena anterior.
-Lo siento.- Marco levanto la cabeza de nuevo, dedicando sobre el segundo comandante una miradita de disculpa y malestar, estando el pobre aun sentado y enfermo sobre la arena.
-No importa.- Y es que tampoco era para tanto, mucho menos para enfadarse, que comprendia perfectamente el porque de que a Marco le afectaran demasiado aquellas escenas macabras de esclavitud. -Es comprensible... - Pero Marco lo interrumpio rapidamente.
-Es este olor... el olor... - Dijo incluso con dolor, llevandose un mano hasta la frente para mesarsela. -Tambien son los esclavos muertos... pero sobre todo el olor... - Confusos un tanto, Ace y Thatch observaron a su amigo sufriente, tratando de captar aquel aroma mencionado mediante un par de respiraciones. Sin embargo, no notaron nada mas alla del olor putrefacto de los cadaveres, el de la arena y, lejano, el del sudor de los que aun andaban con vida y trabajando, no sabiendo exactamente a cual de ellos se referia el primer comandante. -¿No lo notais?- Cuestiono Marco mareado todavia y con una pequeña incredulidad, terminando por chasquear la lengua frustrado. Nunca llegarian a comprenderlo del todo, por mas que sus amigos lo intentaran. -Es el olor... todo esto tiene un olor caracteristico... no huele solo a muerte, ni a sudor, ni a arena, tampoco a sangre o humanidad... es todo junto... o algo asi... no se... - Concluyo Marco, encogiendose de hombros resignado para, nuevamente, sentir otra arcada peligrosa apoderarse de su garganta. Esta vez, tanto Ace como Thatch se alejaron un poquito por pura precaucion, observando como el primer comandante detenia el ademan de vomitar de nuevo y negaba con la cabeza. -Yo... no puedo estar aqui.- E incluso disculpandose, pero a la vez suplicando, Marco dirigio sus ojos sobre el joven segundo comandante, queriendo a pesar de todo el ayudar y ser util en su busqueda.
-No importa, marchate.- Le contesto Ace conciso y serio, pero no reprochandole absolutamente nada, comprendiendo perfectamente la respuesta enferma de su pobre compañero. -Ni siquiera debias haber entrado... - Y como contestacion silenciosa, Marco asintio seguro de aquellas palabras. -Esperanos fuera, sera lo mejor.-
Sin esperar un minuto mas, deseando largarse de aquel maldito campamento minero que tan malestar le daba, tantos recuerdos desagradables le traia y tan de punta los pelos le ponia, Marco se incorporo en pie poco a poco sobre la arena, logrando que Thatch se lanzara a ayudarle por puro instinto de complicidad.
-No, no... - Dijo Marco, que no pensaba humillarse mas, rechazando amablemente el brazo amigo que le ofrecia el cuarto comandante. Marco, siempre digno y sereno hasta en la peor situacion posible. -No te preocupes, puedo solo.- Concluyo, poniendose en pie finalmente algo tambaleante e inseguro. Se irguio una vez consiguio el suficiente equilibrio, evitando mirar nada mas de aquel lugar que no fueran sus dos camaradas, ajustandose precariamente la camisa abierta sobre sus hombros para parecer lo mas tranquilo posible. -Os esperare fuera.-
Y asi, Marco se dio la vuelta sobre sus propios y temblorosos pies, dirigiendose directo hacia la puerta bajo la atenta mirada de sus dos amigos. Parecia querer desaparecer cuanto antes, caminando a veloces zancadas para quedarse fuera resguardando la mirada en los muros, que no era lo mismo saber que pasaba en aquel lugar que verlo por dentro y con sus propios ojos.
Una vez lo observaron salir, Ace se encogio de hombros para si mismo, escuchando a su lado un suspirito resignado de Thatch.
-¿Puedo ayudarles en algo?- Dijo una voz desconocida y masculina a sus espaldas, provocando que ambos piratas y comandantes dieran un respingo de sorpresa. Rapido se giraron, topandose con la imagen de uno de aquellos tratantes o comerciantes que, entre receloso y preocupado, daba muestras claras de haber corrido hacia ellos tras el numerito que habian montado hacia apenas unos segundos. No debia ser mas que un jovencito, se dijo Ace, analizando las facciones masculinas todavia suaves y su cuerpo delgado, razonando con dolor incluso como diablos un muchachuelo asi era capaz de actuar tan vilmente como para pertenecer a aquel negocio de opresores. -¿Señor?- Cuestiono el muchacho dirigiendose, directamente, hacia Ace, admirando extrañado como el segundo comandante la analizaba sin ninguna vergüenza con una ceja esceptica en alto.
-Eh... - Gracias al cielo que Thatch estaba alli para actuar de interlocutor, que el otro no parecia dispuesto a mediar ningun tipo de dialogo que no fuera desagradable o bien a base de los puños. -Si, si puedes ayudarnos, muchacho.- Dijo el cuarto comandante, asintiendo con su tipica animacion para sonreir amable a aquel chicuelo.
-Oh... - Por su parte, el jovencito parecio desconfiar de Ace enormemente, costandole una barbaridad retirar su atencion de sobre el segundo comandante para dedicarsela, ahora, al alegre Thatch. -¿Y en que puedo ayudarles?-
-Estamos interesados en hacer unas compras.- Convencido de sus palabras, el cuarto comandante asintio un par de veces, contemplando con disgusto como el muchacho le lanzaba miradas rapidas de revision a un tenso y silencioso Ace. Debia ser que aquel niño era mas intuitivo de lo que pensaban.
-¿Ah, si?- Cuestiono con algo de escepticismo y fingiendo curiosidad, clavando sobre Ace unos ojos desconfiados y recelosos que no le gustaron un pelo, mordiendose Thatch la lengua cuando observo como el segundo comandante chasqueaba la lengua y cerraba los puños.
-Si.- Dijo Thatch velozmente en cuanto vio que el ambiente se volvia tenso, posicionandose rapidamente entre ambos jovenes. -Hemos recorrido todo este maldito desierto para llegar hasta aqui. Nos dijeron que vuestra mercancia es la mejor.- Thatch era un gran conversador, agasajando rapidamente el negocio al que aquel muchacho pertenecia con sus palabras y sonrisa.
-¿Han venido andando?- El chicuelo retiro su antecion de sobre Ace para dedicarle al otro una miradita incredula y graciosa de ojos como platos, no pudiendo creer que nadie fuera tan loco como para atravesar semejante lugar a pie solo por unas compras. Sin embargo, cuando analizo las pintas y aspecto precario, ademas de cansado, de ambos comandantes, se dijo que debia ser cierto.
-Aja.- Asintio Thatch con una sonrisita orgullosa y convencida, llevandose las manos a las caderas con su tipica actitud chulesca. -Por eso mi amigo se puso enfermo. Le ha dado un golpe de calor o algo asi... - Thatch tambien era un gran mentiroso, encogiendose de hombros con resignacion para soltar un resoplido cansado.
-¡Normal!- Exclamo el muchacho aun incredulo, asintiendo con la cabeza un par de veces seguras. -Si atraviesan el desierto asi, sin mas, lo que me extraña es que ustedes dos esten... - Y su mirada volvio a ponerse recelosa y desconfiada, analizando de pies a cabeza a ambos hombres y su aspecto que, aunque malo y cansado, al menos no parecia tan terrible y enfermo como el de aquel que habia vomitado. - ... sanos y salvos.- Concluyo, llevandose una mano al menton con actitud analitica. -¿Quienes son?- Definitivamente, aquel chicuelo era demasiado listo para su propio bien.
-¿Y a ti que te importa?- Finalmente, Ace se hizo notar con su mal humor y tension correspondiente, espetandole aquello al muchachito con expresion atemorizadora y amenazante. Thatch se dijo con fastidio que no habian hecho buenas migas. -Llevanos con el que mande en esta asquerosa mina, o campamento, o lo que diablos sea y cierra la boca.- Desobediente, el jovencito abrio la boca con evidentes ganas de responder algo desagradable, haciendo que Thatch temiera velozmente que toda su actuacion se viniera a pique. Necesitaban ser sibilinos y serenos o todo saldria mal.
-Somos... - Dijo el cuarto comandante a la velocidad de la luz, interrumpiendo el intento de responder de aquel muchachuelo. - ... un par de pobres piratas que quieren hacer unas compras.- Concluyo, sonriendo de oreja a oreja para afianzar su posicion de barrera entre los dos enfrentados.
-Ya veo... - Pero el chiquillo no se dejaria convencer tan facilmente, no tras la actitud extraña de aquel otro joven que se le hacia tan peligroso y sospechoso, asintiendo falsamente mientras reflexionaba. -¿Y si le digo, señor, que no necesitamos venderles nada en el dia de hoy? Las cosas nos van realmente bien con la mina.- Mintio el chico, dispuesto a sonsacarles toda la informacion posible.
-Entonces... - Pero Thatch no era un contrincante sencillo, mucho menos se dejaria vencer por un chiquito de tres al cuarto que apenas si sabia manejar todavia su astucia, consiguiendo que el cuarto comandante anduviera dispuesto a desplegar todo su arsenal. - ... yo te dire que no somos nosotros los interesados, niño, si no que venimos en nombre de alguien mucho mas importante.- Dijo con seguridad total y sonrisa autosuficiente, causando que la curiosidad del muchachito creciera enormemente.
-¿En nombre de quien?- Cuestiono el joven, atento ahora completamente al cuarto comandante y sus palabras.
-En nombre del mismisimo Barba Blanca.- Otra mentira como una casa, pero una mentira que funcionaria a las mil maravillas. La expresion de aquel chicuelo tratante se transformo en un poema, terminando por abrir los ojos como platos y la boca en una exclamacion muda de asombro total.
-¡Mentira!- Exclamo el chico por puro instinto, negando con la cabeza incredulo y totalmente sorprendido.
-Verdad.- Thatch no perdio en ningun momento los nervios ni la actitud suficiente, observando como la bomba que acababa de lanzar tenia el efecto deseado. -Me presentare... - Dijo solemne, carraspeando incluso una altiva vez para dotar a sus siguientes palabras de una mayor grandiosidad. - Soy Thatch, comandante de la cuarta division de los piratas de Barba Blanca... - Se palmeo el pecho con orgullo mientras hablaba, contemplando como la expresion del chiquillo se volvia cada vez mas incredula. - ... y este pecoso de aqui atras... - Continuo, señalando a un Ace tenso tras su espalda con un pulgar indicativo. - ... es Portgas D. Ace, comandante de la segunda division ¡Seguro que has oido hablar de nosotros!- Era evidente que si, sobre todo teniendo en cuenta que el joven no parecia aun salir de su asombro e incredulidad.
-S-si... pero... - Sin embargo, era una noticia demasiado grande e importante para ser asimilada a la ligera, causando que el niño se debatiera entre la incredulidad total y la desconfianza. - ... eso no es posible... ¿Por que iban a venir aqui dos comandantes de... - Ace no estaba dispuesto a perder el tiempo ¿Acaso era ciego y no habia visto su enorme tatuaje cuando se acerco, silencioso como una rata, hasta sus espaldas?
Con un guiño de su ojo derecho, el joven Ace logro que el zapato de aquel chicuelo desconfiado empezara a arder un tanto, conteniendo las ganas de abrasarlo vivo cuando recapacito que solo era un niño, y que ademas precisaban de una minima discrecion. El jovencito dio un respingo, soltando un grito bajo de miedo y sorpresa cuando observo su calzado preso de las llamas, pisoteando la arena un par de veces nerviosas y rapidas para apagar el fuego pequeño facilmente.
Jadeando un tanto por el susto, la noticia y el movimiento, el joven tratante les dedico una mirada entre aterrorizada y admirada.
-¿A que esperas?- Le espeto Ace sin mas, pateando la arena una vez para provocarle al otro un respingo y sacarlo asi de su asombro. -Queremos ver a tu maldito jefe, no a un niño cansino y atolondrado que no sabria reconocer un berry ni a un centimetro de distancia.- Sin anestesia, el segundo comandante se cruzo de brazos altivo, observando como el chiquillo en cuestion parecia reaccionar mientras Thatch se encogia de hombros con fastidio.
-S-si, señor.- Contesto el muchachuelo, girandose sobre si mismo con movimientos nerviosos de respeto y algo de miedo, para que negarlo, teniendo evidentes intenciones de llevarlos hasta el lugar indicado. -Siganme.- Esperando ser seguido, el chiquillo comenzo a caminar sobre la arena, siendo velozmente imitado por ambos comandantes sin esperar ni un segundo mas.
En la lejania, Ace noto nuevamente las miradas curiosas de algunos esclavos.
(Cambio de escena)
-¡Señor Mazzola!- Exclamo el chiquito nervioso y sin llamar a la puerta si quiera, internandose abruptamente en la habitacion calurosa y grande que funcionaba de despacho para su jefe.
-¿Pero que diablos te pasa, chico?- El tal Mazzola levanto finalmente la mirada de sobre sus papeles, que debia andar repasando las cuentas y numeros de su negocio, sentado como un marques frente a su escritorio iluminado por la luz natural proveniente del exterior. Sus manos cayosas y grandes de hombre maduro se detuvieron en seco, retirando las gafas que precisaba para leer de sobre sus ojos pequeños que completaban unas facciones algo maltratadas por el tiempo y el sol. Sorprendido, observo como su jovencito subordinado jadeaba y recuperaba el aliento, no sabiendo como reaccionar ante la presencia de dos desconocidos que lo seguian, internandose en su despacho tras él. -¿Quienes sois?- Cuestiono Mazzola con voz grave de tenor, analizando a los recien llegados con curiosidad. -¿Clientes?-
-¡Si, señor Mazzola!- Pero el chico se adelanto a cualquiera de los dos comandantes, recuperando finalmente la respiracion para dedicar sobre su jefe una miradita igual de sorprendida que hacia unos minutos. -¡Son clientes! ¡Son comandantes de Barba Blanca y vienen en su nombre!- El chicuelo solto la noticia sin mas, logrando una reaccion similar en su maduro lider. Sin creerselo todavia, Mazzola contemplo a ambos recien llegados, viendo como Thatch sonreia orgulloso y Ace, por su parte, se dedicaba a analizar la estancia con frenetismo, buscando entre cada recoveco visible la imagen conocida y dulce de la chiquita que tan desesperadamente andaba buscando.
-¡Pero que descortes soy!- Exclamo Mazzola con una sonrisa amable y repentina, arrastrando su silla ruidosamente para levantarse y saludar a los recien llegados como era debido. Rapido, Thatch acorto la distancia, tendiendole una mano amiga que fue velozmente estrechada por Mazzola.
Ace se mantuvo al margen, no queriendo acercarse hasta aquel lider de lobos sin que fuera necesario, decidiendo que tenia cosas mas importantes que hacer. Preso de un mutismo y encerrado, en realidad, en su propia mente, escucho lejanamente como Thatch se presentaba animado al igual que Mazzola, soltando de vez en cuando alguno de ellos una broma que fue gratamente correspondida con una carcajada del otro. Escucho, incluso, como el chiquito desaparecia respetuoso de la estancia, comenzando el segundo comandante a analizar cada centimetro del cuarto precario y desgastado.
Era una habitacion grande y alargada, pero carente de muebles exceptuando la mesa vieja y la silla igual de antigua, sabiendo Ace rapidamente a que se debian sus dimensiones cuando, a la derecha, sus ojos se toparon con unos cuantos barrotes.
Jaulas.
Una hilera de jaulas metalicas y oxidadas le dio la bienvenida al joven Ace, recordando sin poder evitarlo aquel islote cargado de esclavos y su construccion de piedra. En este caso, las prisiones estaban dentro de una habitacion y no eran tan grandes ni tan numerosas, comenzando Ace a caminar a traves de ellas para revisar su interior por puro instinto. Estaban vacias, todas vacias, diciendole silenciosamente que habian albergado y albergarian a otros esclavos recien llegados o bien demasiado rebeldes, viendo que en el suelo de alguna que otra habia signos evidentes de que alli habia estado un ser humano.
Todas vacias, excepto una.
Junto al escritorio viejo de madera roñosa de Mazzola, la jaula mas cercana estaba ocupada, no habiendolo notado ni siquiera Ace en su analisis de no ser porque el habitante de aquella prision se movio sobre el suelo. Curioso, el segundo comandante se acerco hacia los barrotes, ignorando la conversacion sin sentido y animada que ahora, estando de nuevo sentado Mazzola, continuaban Thatch y este ultimo. Observo, bajo la pequeña iluminacion que llegaba hasta la celda y la sombra de los barrotes, acurrucado en un rincon cercano del cubiculo infimo, lo que era sin duda un niño. Un niño pequeño, se dijo Ace, observando como el crio flaco y moreno, despeinado y de aspecto poco cuidado, parecia dibujar algo en la madera del suelo con una piedra blanca que, aunque no pintaba mucho, si era suficiente para un infante en una jaula. No debia tener mas de 6 años, penso Ace con dolor, que siempre le gustaron los niños a pesar de su propio aspecto y vida peligrosa.
Silencioso y no queriendo asustarle, el joven Ace se acunclillo frente a la jaula, observando como el niño dibujaba lo que debia ser una casita de formas simples e infantiles.
Fingiendo una total curiosidad, el segundo comandante hizo mas ruido del necesario a proposito, admirando la obra del chiquillo desde su posicion al otro lado de los barrotes. En cuanto el niño se percato de su presencia, dio un respingo entre asustado y sorprendido, manteniendose estatico en su posicion arrodillada sobre el suelo para dedicarle una miradita de pavor y nerviosismo.
-¿A ver?- Cuestiono Ace con suavidad, que los niños eran un tema aparte y siempre le serian intocables, inasustables e indañadables, asomandose un tanto a traves de los barrotes para mirar la casita dibujada en el suelo. -¿Me dejas verlo?- Le pregunto hasta con gracia, pero fingiendo una total seriedad y curiosidad, observando como el niño parecia bastante desconcertado y se apegaba contra la pared, aun con la piedra en la mano. Pareciendo que lo pensaba detenidamente, finalmente el pequeño asintio. -Gracias.- Le dijo Ace, admirando la obra infantil que ya antes habia contemplado. -¡Vaya! Dibujas realmente bien.- No era verdad, evidentemente, pero solo era un niño, halagandolo Ace con simpatia y suavidad cuando comprobo que aquel crio parecia realmente asustado todavia. Incredulo de sus palabras y orgullosito un tanto, el pequeño miro a su interlocutor mayor, conteniendo notablemente una sonrisita feliz. -¿Es tu casa?- Le cuestiono Ace sin dejar aquel tono de voz suave y amistoso, casi incluso infantil, tambien, esperando con aquello que el niño respondiera a sus preguntas.
Como unica contestacion silenciosa, que andaba demasiado nervioso y desconfiado con cada hombre libre, el pequeño asintio al joven Ace.
-Oh, entiendo.- Dijo Ace, llevandose una mano al menton con fingida actitud pensativa para volver a revisar el dibujo en cuestion. -Seguro que es muy bonita.- Hablar en pasado no seria algo demasiado considerado, se dijo Ace, decidiendo seguirle el juego al pequeño. -¿Y donde esta tu mama?- Entonces, la expresion del chiquito se volvio sombria, lo mas triste y sombria que puede ser la mirada de un niño pequeño, evitando el contacto vistual directo para dedicarlo, como una flecha, sobre el suelo de madera. Dispuesto a responder a pesar de todo, el pequeño niño acogio mejor la piedra entre sus dedos, dibujando junto a la casita un par de rayas blancas y simples.
Era una cruz.
Ahora, Ace sabia quien era aquella mujer crucificada.
-Tambien era muy bonita.- Le dijo Ace, sabiendo que esta vez no quedaba otra que hablar en pasado, viendo como el niño se debatia entre la incomprension a lo que sucedia a su alrededor y la resignacion. El corazon de Ace se rompio en pedacitos cuando lo noto encogerse de hombros, lanzandose el pequeño hacia el dibujo para continuar creando su arte infantil y sencillo pero tan esclarecedor. Empezo a hacer garabatos a los que Ace, esta vez, no encontro ningun significado, no pudiendo evitar el enternecerse un tanto cuando lo vio tan atento y gracioso a lo suyo. -¿Como te llamas?- Le cuestiono al pequeño dibujante, comprobando confuso que el niño no parecia querer prestarle mas atencion de la necesaria. Por su parte, Ace no se dio por vencido, decidido a conseguir que aquel niño le dedicara, al menos, una sola palabra. -Yo me llamo Ace.- Y, suave pero seguro de si mismo, el segundo comandante colo una mano amistosa entre los barrotes para que fuera estrechada como signo de presentacion, consiguiendo una reaccion de lo mas sorprendente. En cuanto noto los dedos fuertes de Ace demasiado cerca atravesando los limites de su jaula, el niño dio un respingo nervioso y preocupante, arrastrandose sobre el suelo de madera hasta el rincon mas alejado del joven comandante. Con expresion de panico, el pequeño se ovillo un tanto en la esquina oscura, abrazando sus rodillas flacas como seguridad instintiva mientras sus ojos, atentos y asustados, no se apartaban ahora de Ace, como si este fuera algun tipo de peligroso ser. Aquella reaccion si que le partio el corazon, pero esta vez de verdad. -¿No me dices como te llamas?- Sin embargo, el niño no respondio ni le dieron tiempo, escuchando Ace rapidamente una voz a sus espaldas.
-No te empeñes, Portgas... - Suspiro con su voz masculina el tal Mazzola, al que Ace apenas si habia hecho ningun caso, girando la cabeza el segundo comandante para mirar serio a aquel que habia hablado. -Solo habla con las mujeres.- Mazzola andaba pretendiendo ser simpatico y cordial, pero Ace le odiaba, le odiaba mas que nunca ahora que habia visto y sabido el destino de la pobre madre de aquel niño encerrado, tragandose toda su ira malamente y, asi, ponerse en pie con movimientos tensos. -Bueno, a lo que estabamos... - Dijo el lider de aquel campamento, dedicando nuevamente toda su atencion al divertido Thatch mientras que Ace decidia interesarse, finalmente, por aquella conversacion negociadora y ridicula. -¿Que busca exactamente tu capitan?-
-Oh, realmente, nada en concreto... - Dijo Thatch con su animacion de siempre, encogiendose de hombros despues. -Busca un buen equipo. Un grupo que trabaje bien y nos sirva en el barco. Que esten saludables y sean obedientes.- Atento a cada palabra, Mazzola entrecruzo las manos sobre su mesa y papeles abandonados, no percatandose de la mirada de odio total que Ace clavaba sobre él, aun al margen de la conversacion.
-Entiendo... - Dijo Mazzola serio y atento, que los negocios nunca se los tomaba a la ligera, buscando en su cabeza las preguntas necesarias para alcanzar las supuestas expectativas de aquel capitan. -¿Esclavos domesticos o de trabajo?-
-De ambos.- Por su parte, Thatch era el mejor actor que Ace habia visto jamas, no pudiendo evitar el dedicarle una miradita de reojo rapida. -Los de trabajo, que sean fuertes y obedientes y, los domesticos, que sean dociles y educados.-
-¡Claro! ¡Eso era de esperar!- Rio incluso Mazzola, que las cosas serian mas faciles de lo que penso en un principio.
-Espero que sepa que el dinero no es el problema... - Thatch sabia lo que tenia que decir, cuando y a quien, inclinandose un tanto hacia su interlocutor con complicidad. -Es el mejor pirata de todo el puñetero mar... Por lo tanto, espera su mejor mercancia.- Y atento completamente, saboreando del todo ya la fama y el dinero que poseeria en poco tiempo, Mazzola se llevo una mano hacia el menton para mesarsela reflexivo.
-Y tendra la mejor.- Asintio finalmente aquel lider de lobos, dispuesto a dotar al pirata tan poderoso de su mejor mercancia y, asi, no solo hacerse con una gran suma economica, si no tambien con una buena publicidad para su negocio. Satisfecho tras estos pensamientos, Mazzola sonrio cortes, acomodando mejor la espalda sobre su silla vieja, que crujio un tanto con queja. -¿Que os parece si discutimos los detalles mientras bebemos algo, caballeros?- Les dijo, internando a Ace finalmente en aquella conversacion, que se limito a dedicarle una miradita seria y mortal de desprecio.
-¡Ah! ¡Eso seria grande!- Thatch, por su parte, asintio animado un par de veces, consiguiendo que la sonrisa de Mazzola se ensanchara ante su actitud graciosa. -No hay nada mejor que una jarra de cerveza fria en medio del desierto ¿Verdad, amigo?-
-¡No, nada mejor!- Exclamo Mazzola, rapidamente contagiado del ambiente festivo que el cuarto comandante podria conseguir hasta en la peor situacion. -Y tu, Portgas ¿Quieres una cerveza?-
Ace abrio la boca, pero no iba precisamente a decir algo agradable.
-Si, él tambien tomara una.- Suerte que Thatch se le adelanto rapido como el viento, causando que Ace tuviera que mantenerse en su tenso y peligroso silencio. -Es que es un poco callado.- Dijo el cuarto comandante en cuanto se topo con la expresion desconcertada de Mazzola, arreglando rapidamente la situacion extraña que se habia formado.
-Oh, comprendo.- Mazzola asintio sereno, relajando la postura nuevamente para sonreir cordial. -Eso no es algo malo. Sobre todo si eres el jefe.- Y Mazzola rio de su propia gracia, causando que Thatch lo secundara rapidamente con complicidad y Ace, por su parte, se dedicara a entrecerrar los ojos con aun mas desprecio. -¡Ah, ya casi se me olvidaban esas cervezas!- Exclamo Mazzola con buen humor, chasqueando la lengua para girarse en su silla y, asi, dedicar una mirada a la puerta situada al fondo de la habitacion. Ace ya habia recapacitado en aquella salida, razonando que debia ser una estancia contigua, un almacen, o bien una entrada a la sala siguiente, no importandole demasiado de que se trataba en realidad. -¡Lucille!- Estallo de pronto Mazzola con un vozarron autoritario y grave, haciendo gala de su poder alli y su tono de tenor. -¡Lucille, mueve el culo hasta aqui y traenos tres cervezas!- Y sin mas, Mazzola se giro de nuevo en su silla con satisfaccion, escuchando el joven Ace como, tras la puerta, llegaban unos soniditos y murmullos de movimiento y cristales procedentes de la estancia oculta.
-¿Lucille?- Cuestiono Thatch con curiosidad, dedicandole tambien a la madera resonante ahora una miradita rapida de revision.
-Si... - Mazzola suspiro, pareciendo incluso derrotado ante la sola mencion de la tal Lucille, chasqueando finalmente la lengua para negar con la cabeza. -Esta un poco atolondrada y tiene que aprender muchas cosas, pero pronto se volvera obediente... - Y Thatch asintio con fingida atencion, escuchando otro murmullito procedente de la habitacion. -¡Lucille, maldita sea!- Volvio a exclamar Mazzola con total impaciencia y una nueva vociferacion, girandose en su silla otra vez para mirar la puerta con enfado. -¡No tengo todo el puto dia ¿Sabes? ¡Trae las puñeteras cervezas, niña torpe!- Era sorprendente como podia cambiar la actitud de una persona cuando se trataba de eslabones sociales, se dijo Ace con mas odio todavia. -¿Ves?- Por su parte, Mazzola volvio a girarse sobre la silla vieja y quejumbrosa, dedicando sobre Thatch una mirada cansada. -Una atolondrada... Creo que es un poco tonta y, definitivamente, no se de donde vino pero esta completamente mimada. No la han acostumbrado a trabajar.- Dijo Mazzola, dispuesto a continuar cuando comprobo como la mirada de Thatch y de Ace se volvia, repentinamente, excesivamente atenta y seria. -Yo la llamo Lucille pero... tenia un nombre muy raro... - Hablo, llevandose una mano al menton con actitud pensativa a la vez que dirigia la vista sobre el techo, buscando en su cabeza aquel nombre extraño en cuestion. -Bah, no lo recuerdo.- Blandiendo una mano al aire con actitud despreocupada, Mazzola se dio por vencido, escuchando como el picaporte de la puerta tras su espalda se giraba despacito y con cuidado. -La llamo Lucille porque, hace tiempo, tuve una gata con el mismo nombre.- Ace no pudo evitar que su corazon diera un vuelco peligroso dentro del pecho, clavando la mirada sobre aquella puerta de madera crujiente que comenzaba a abrirse. Por su parte, Thatch trago saliva preso de una enorme y repentina tension. -Era una buena gata, y tenia unos bonitos ojos... - Y la tal Lucille se mostro finalmente al exterior, con la vista clavada en el suelo y cargando, la pobre, como mejor podia con aquellas tres cervezas ordenadas. Ace casi se desmaya de repente. -Tenia un ojo de cada color ¿Sabes?- Dijo Mazzola, pero ya nadie le estaba escuchando.
Con los ojos clavados en ella e incredulos, como si llevara años y mas años sin contemplarla, sin saber de su existencia, el joven Ace observo a una Ifára temerosa y obediente que, no habiendo aun despegado su vista del suelo, atravesaba la estancia silenciosa como un ratoncito. Su pecho se oprimio aun mas fuerte y su respiracion tuvo que ser contenida por puro instinto, admirandola avanzar a pasitos cortos pero eficaces, portando entre los dedos elegantes lo que le habian pedido y pareciendole, extrañamente, que cogeaba un poco.
Pero era Ifára. No era Lucille. Era Ifára, no habia ninguna duda al respecto.
Era Ifára.
Y era el cabello ensortijado, rebelde y chocolate de Ifára. Y eran las manos pequeñas y calentitas de Ifára. Y era la preciosa cara redondeada de Ifára. Y eran las piernas esbeltas y perfectas de Ifára aunque cogearan un poco. Era su piel morena, su aroma inconfundible que podia embriagar a Ace a metros de distancia.
Y, cuando ella levanto la cabeza por fin, Ace tambien se dijo que eran los ojos de Ifára los que se clavaron sobre los suyos.
Abruptamente, la muchachita detuvo su caminar de repente, abriendo sus ojos bicolores con total estupefaccion para hacer algo similar con su boca llenita, debatiendose de pronto entre la total incredulidad, la sorpresa inesperada o bien el engaño mental. Como si fuera un sueño y no fuera posible que él estuviera alli, en la misma sala, bajo el mismo techo y en el mismo desierto, la niña no pudo evitar que el agarre sobre las cervezas se aflojara por la imagen y estas, no teniendo ninguna sujecion, cayeran ruidosamente sobre el suelo de madera, rompiendose el cristal y desparramandose el contenido a traves de la superficie.
Los ojos de Ifára se volvieron vidriosos, al igual que su respiracion se transformo en rapida y entrecortada, notandosele a la pobre que estaba a punto de echarse a llorar de un momento a otro pero no atreviendose, todavia, a hacerlo, no fuera a ser un espejismo y desapareciera de repente.
Ademas, tenia la atencion de todos los presentes en la sala puesta sobre ella, pero no le importo. Solo le importaba la presencia de uno de aquellos hombres.
-¿Lucille?- Cuestiono Mazzola de pronto, observando como la muchacha se habia detenido en seco para despues, completamente desconcertado, analizar la expresion similar a la de ella del segundo comandante. Mazzola fue ignorado completamente.
Ace no pudo esperar ni un segundo mas, atravesando la estancia en un par de zancadas nerviosas y rapidas para llegar, finalmente, hasta la estatica Ifára.
La abrazo, la abrazo con cuidado pero a la vez con desesperacion total, como si temiera que la chiquita no fuera real y desapareciera de un momento a otro, notandola tensa y no sabiendo como reaccionar bajo sus brazos fuertes.
Estaba viva, Ifára estaba viva. Estaba viva porque Ace sentia su calor, su corazon latir desvocado, su respiracion dificultosa chocandose contra su cuello, la suavidad de sus hombros estrechos y el olor agradable de su pelo, no pudiendo evitar el joven comandante hundir la nariz un momento entre los cabellos y aspirar profundamente.
Estaba viva.
Entonces, Ifára debio terminar de creerselo, porque comenzo a llorar sobre su hombro amplio y, finalmente, se abrazo a su cuello como una desesperada para cerciorarse de que era real, por si acaso.
Sus sollozos inundaron la estancia ahora tan silenciosa, apretandola Ace mas fuerte contra si mismo y logrando, asi, que la niña supiera que estaba a salvo, que no la habia olvidado y no lo haria nunca y que, definitivamente, si tenia que descender hasta el mismo infierno por ella lo haria.
-¿Estas bien?- Le susurro Ace, acogiendo su carita redonda bajo los dedos para separarla un tanto de si mismo, topandose con sus facciones dulces algo magulladas y heridas. Tenia el labio partido, una mejilla ligeramente hundida y amoratada ademas de un redondel negruzco alrededor del ojo, desistiendo Ace de preguntarle como se habia hecho eso cuando ella, de nuevo, volvio a sollozar bajo sus manos. -Shh... no pasa nada... estoy aqui... - Y es que era imposible no volver a abrazarla, notando como era ella ahora quien, basicamente, se lanzaba a sus brazos con desesperacion total.
-¿Que esta pasando?- Cuestiono Mazzola con total incredulidad, dirigiendo sobre Thatch una mirada rapida de confusion, esperando recibir una respuesta. Sin embargo, el cuarto comandante se limito a encogerse de hombros, observando la escena de reencuentro desde su posicion.
Nuevamente, Mazzola fue ignorado completamente.
Esta vez, Ifára se separo de él un tanto, aun llorando mientras acogia las mejillas del otro entre sus manos calidas y suaves, analizando las facciones masculinas del hombre del que, definitivamente, estaba enamorada y ademas habia venido hasta alli. Ace habia venido por ella. Ace no se habia olvidado de ella. Ace la queria, Ace la adoraba, e Ifára sabia ahora seguro que aquellas palabras que le dijo siempre habian sido ciertas.
-¿Que te ha pasado?- Le cuestiono Ifára con dificultad debido al llanto, tratando de sonar lo mas seria y tranquila posible mientras analizaba el rostro ojeroso y cansado de un Ace aun abrazado a ella. No pudo evitar que sus ojos se posaran con dolor sobre cada muestra de cansancio y sufrimiento, de malestar interior, paseando una mano rapida y cariñosa a traves del cabello oscuro y algo sucio por el viaje del joven Ace. -Pareces agotado... -
-Estoy bien.- Y es que ahora Ace no pretendia que se preocuparan por él, que lo unico que importaba alli era Ifára y su bienestar, no pudiendo evitar el notar como en su garganta se formaba un nudo doloroso. -Yo... - ¿Hacia cuanto que Ace no tenia ganas de llorar, pero de verdad? Mucho, muchisimo tiempo, razonandolo como algo casi incluso desconocido y tan solo propio de su infancia y en escasos momentos. Sin embargo, ahora mismo Ace tenia unas horribles ganas de llorar, notando como el nudo de su garganta se volvia mas apretado y sus ojos se nublaban un tanto, teniendo que morderse el labio inferior con fuerza para contenerse por pura costumbre. -Yo... lo siento... - Le dijo a Ifára, porque Ace sabia que la culpa era suya y de nadie mas, lanzandose a sus brazos para apretarla, de nuevo, contra si mismo, pero ahora totalmente desesperado. -Lo siento. Lo siento mucho... - Si, estaba llorando, pero nadie mas que Ifára tenia porque saberlo, escondiendo rapidamente el joven Ace la cabeza en el cuello de la niña. -Lo siento... -
-Sshh... ya esta.- Y, esta vez, tuvo que ser Ifára la que consolara su llanto, mucho mas contenido y silencioso que el suyo propio, pero llanto al fin y al cabo, acogiendo su cabeza escondida con suavidad mediante una mano cariñosa para mecerlo un poquito. -No importa. No ha sido culpa tuya... Estoy bien... No importa.- Ifára siempre seria tan buena y comprensiva.
Definitivamente, era un angel, se dijo Ace, y toda la culpa se marcho un poquito junto con las lagrimas, oculto todavia en el hueco calido y comodo de su cuello.
La habia recuperado. La habia recuperado e Ifára no lo odiaba, no lo despreciaba. Le estaba abrazando, le estaba consolando y preocupandose por su estado.
Ifára le queria.
No podia ser otra cosa.
-¡Vosotros no habeis venido aqui a comprar nada!- Repentinamente, Mazzola volvio a estallar con su voz de tenor, mirando la escena emotiva y de reencuentro que se desarrollaba a sus espaldas con expresion anonadada. -¡¿Quienes diablos sois?- Y es que Mazzola no era idiota, ni mucho menos, dedicando ahora miradas rapidas y furiosas al pirata frente a él, para despues contemplar de manera similar a la pareja abrazada.
Esta vez, la voz grave y profunda de Mazzola si alcanzo los oidos de Ace, para total desgracia del primero, logrando que toda aquella culpa, toda aquella emotividad y llanto se esfumaran velozmente.
Y la ira regreso.
Apegado a Ifára, que la notaba todavia tensa y llorosa entre sus brazos, agarradita a su cuerpo con desesperacion todavia, el joven Ace levanto la cabeza de su escondrijo, correspondiendo la mirada de Mazzola con otra que enmudeceria hasta al mismisimo diablo.
Ace le odiaba y, ahora que habia visto las facciones rasguñadas de Ifára a la vez que su leve cojera, le odiaba todavia mas.
-Yo soy un buen amigo... - Dijo Thatch finalmente, volviendo su expresion seria y tranquila de repente para señalarse a si mismo con indicacion. Si, Thatch era un buen amigo, pero no precisamente de Mazzola, cosa que este ultimo capto en un instante. -Y él... - Continuo el cuarto comandante, apuntando ahora con su indice a un joven y tenso Ace que luchaba por no saltar sobre Mazzola cual animal salvaje. - ... es un hombre furioso.-
Entonces, aquel lider de lobos se giro sobre su silla de nuevo, topandose con la expresion condenatoria del segundo comandante.
-F-fuera de mi despacho... - Dijo con total inseguridad Mazzola, tragando saliva pesadamente al saber, seguro, que su orden no seria obedecida para su total desgracia.
-La has golpeado.- Sin embargo, Ace no se movio ni un milimetro, Thatch tampoco e Ifára andaba apegadita al primero, pronunciando aquello el segundo comandante con su rostro impasible y mirada peligrosa.
-Si, pero... - Vale, Mazzola se habia descubierto a si mismo, comenzando el hombre a ponerse realmente nervioso e inseguro cuando noto como los ojos del joven pirata se entrecerraban un tanto.
-¿Por que?- Cuestiono Ace, notando entre sus brazos como Ifára comenzaba a ser consciente del mundo que la rodeaba y a volverse algo mas apurada.
-E-esta mimada y... - Mazzola empezo a comprender muchas cosas, cosas que no predecian nada bueno para su persona, debatiendose entre el miedo y el orgullo fieramente. - ... vino algo rebelde... qu-queria irse y yo... tuve que enseñarle cual era su lugar... - Y a medida que continuaba hablando, la tension de Ace se volvia mas y mas fuerte, al igual que su odio, admirando a Mazzola como si este fuera la rata mas asquerosa y sucia del planeta.
-Ace... no pasa nada.- Ifára salio rapido con intenciones evidentes de calmar los animos, susurrando suave y tranquilizante al joven comandante que todavia la mantenia entre sus brazos. Lo conocia demasiado bien. -Estoy bien... No ha sido... - Pero, por desgracia, esta vez Ace no andaba dispuesto a escucharla, no retirando su mirada de la del nervioso Mazzola y causando que Ifára, resignada pero preocupada, se decidiera por callar y pensar algo mejor.
-No se atrevio a decir que queria marcharse... pero lo note... conozco esa mirada... yo... - Continuo Mazzola en su defensa, hablando cada vez mas alto debido al silencio mortal que se habia adueñado de la habitacion. -¡No puedo consentir una desobediencia! ¡Tienen que saber quien manda y donde esta su lugar!-
-Entonces, si que has sido tu... - Ace queria saberlo, y ya lo tenia claro, seguro de la identidad de aquel que se habia atrevido a dañar a la chiquita.
Ifára volvio a decir algo, pero Ace no la escucho.
-¡Y volveria a hacerlo!- Estallo Mazzola en un grito, golpeando su mesa con fuerza en un arrebato extraño, que se sabia al borde del abismo. Repentinamente, recapacitando sus palabras y delante de quien las habia pronunciado, el jefe de los tratantes abrio los ojos de par en par, buscando recuperar la compostura sin lograrlo del todo.
-Esa ha sido una mala respuesta... - Thatch se hizo notar de nuevo, que no le gustaba la falta de protagonismo, chasqueando la lengua decepcionado para negar con la cabeza un par de veces. -¿Que mas has hecho?- Cuestiono el cuarto comandante, cruzandose chulesco de brazos mientras miraba a un desconcertado y nervioso Mazzola.
-¿Que?- Confuso y perdido, el lider de lobos se dirigio a Thatch, no entendiendo el significado exacto de su pregunta.
-Que si le has hecho algo mas... ya sabes... - El cuarto comandante continuo, encogiendose de hombros sin ningun remordimiento ni problema. -Algo... - Iba a decir una burrada o alguna vulgaridad, pero se contuvo rapido cuando observo de reojo la expresion peligrosa de su joven compañero. -Algo "raro"... - Comenzando a comprender, Mazzola abrio sus ojos pequeño aun mas, echandose incluso hacia atras en su silla chirriante. -Sera mejor que lo digas ahora porque él... - Dijo Thatch, inclinandose un tanto sobre le mesa con actitud de confianza y diversion, como siempre, apoyando las manos chulescamente en la madera. - ... querra saberlo... - Y era evidente a quien se referia, causando que Mazzola le dedicara al segundo comandante una miradita rapida de revision nerviosa. - ... y hara que se lo digas de la peor manera posible.- Asintio Thatch con convencimiento un par de veces, topandose con la expresion desencajada y sudorosa ahora del aterrado Mazzola.
-¿Ace?- Ifára estaba pendiente de hasta el mas minimo detalle, dedicandole una miradita nerviosa y aun llorosa al hombre que todavia la estaba abrazando. -¿De que esta hablando?- Pregunto, pero la muchachita lo sabia, cuestionando mas por puras ganas de llamar la atencion del otro y evitar un conflicto que por conocimiento.
Por desgracia, Ace se limito a pasar una mano a traves de su espalda estrecha como unica respuesta, no separando la mirada de sobre Mazzola.
-No. - Mas tranquilo de repente, que veia que se libraba de un castigo peor, el lider de los tratantes se acomodo algo relajado en su silla, respirando hondo a traves de la nariz. -No hice nada de eso que estas pensando. Aparte de para... - Echando una nueva miradita rapida de revision al joven comandante, Mazzola continuo, dirigiendose al atento y despreocupado Thatch. - ... educarla, no la he puesto la mano encima para nada mas.- Parecia sincero, en realidad, y el alivio de Ace por el bienestar de Ifára se hizo mayor, pero el odio y la furia no disminuyeron.
Era extraño. La fortuna debia haberse puesto de parte de Ifára, en realidad.
Quiza si fuera un amuleto, recordo el joven comandante, viniendole a la mente instintivamente imagenes pasadas de apuestas, dados y un par de piratas refinados de otra tripulacion.
Tuvo ganas de sonreir, pero se contuvo.
No era momento de ser feliz. Todavia no.
-Uh... - Por su parte, Thatch parecia de lo mas sorprendido, que no podia creerse que Ifára, al final, saliera viva y sin ninguna lesion peor que las que tenia. -¿En serio?- Cuestiono esceptico, buscando la verdad en la expresion segura y convencida de Mazzola.
-Si, en serio.- Asintio el lider de aquellos lobos, causando que el cuarto comandante se llevara, incluso, una mano hasta la sien para rascarsela con confusion.
-Es que es muy inusual... - Y casi pareciendo que andaba excusandose, Thatch continuo la conversacion con Mazzola, recapacitando que no parecia andar tratando de engañarlos. -Quiero decir... ¡Vaya! Es raro que un hombre no se beneficie a sus bonitas esclavas ¿No?- Si, si era raro, mucho, pero eso no significaba que no fuera ser posible.
-Lo es, quiza... - Contesto Mazzola, algo mas tranquilo y despreocupado que al principio de aquella conversacion amenazante. -Pero no me la juego con mi mercancia.- Y, sin mas, asintio convencido, logrando que Thatch se llevara los dedos al menton para mesarse la perilla descuidada.
-¡Que tipo tan profesional ¿Eh?- Exclamo el cuarto comandante con gracia y sorna, que no era un hombre facil de convencer ademas de desconfiado por naturaleza bajo aquel disfraz de bufon, en realidad. -Pero se me sigue haciendo raro... - Ahi habia gato encerrado, se dijo Thatch, analizando inquisitivo cada centimetro del rostro de Mazzola al igual que hacia con cada movimiento, buscando algo que pudiera delatarlo. Sin embargo, no lo encontro, que el lider de lobos simplemente se encogio de hombros con tranquilidad. Aun asi, Thatch no pensaba darse por vencido tan pronto. -Es solo que... no lo entiendo, en realidad... ¿Por que no ibas a hacerlo?- Cuestiono el cuarto comandante confuso y algo despistado ya, inclinandose un poco mas sobre la mesa vieja de madera. -¿Por que?-
Pero Mazzola no contesto, chasqueando la lengua frustrada y cansadamente.
Si, si que era raro, se dijo Ace, que Blackbone les habia dado un motivo algo mas logico para no haber saltado sobre Ifára en su momento. Sin embargo, este tipo, este tal Mazzola no se habia excusado con suficiente fuerza, diciendo tan solo que él no se la jugaba con su mercancia y, aunque alli algo olia a chamusquina, si parecia andar contandoles la verdad en cuanto al no haber abusado de la niña en un sentido sexual.
Era raro.
Entonces, como un huracan, como una luz desagradable y amarillenta, algo llego hasta la cabeza del segundo comandante, iluminandola en un parpadeo veloz pero lo suficientemente esclarecedor.
A su mente acudio la imagen de aquel chiquillo que les habia atendido en un principio, el desconfiado muchachito que apenas si acababa de desaparecer de la estancia hacia unos minutos... La imagen de ese chiquillo, y la del niño encerrado en su jaula en aquella misma habitacion.
A Ace le dieron ganas incluso de vomitar, desencajando la expresion un segundo con horrorizada incredulidad para, sin pensarlo si quiera, apretar los hombros de Ifára bajo sus dedos con mas fuerza de la necesaria.
-¿Q-que pasa?- Cuestiono ella en un susurrito temeroso, topandose con la imagen de un Ace cada vez mas tenso y furioso.
-Ya se porque... - Dijo el joven Ace pero, realmente, no la estaba hablando tan solo a ella, pronunciando aquellas palabras con voz lo suficientemente alta para ser escuchado por todos los presentes.
Completamente curioso, Thatch se irguio de nuevo sobre el suelo de madera, admirando a su compañero adivinador en espera de una respuesta.
-¿Como?- Pregunto Mazzola, analizando la expresion asqueada del segundo comandante, que comenzaba a transformarse en una cada vez mas maliciosa y peligrosa.
-Se porque no la has tocado.- Con voz seca y cortante, arrepintiendose incluso de haber adivinado semejante secreto terrible, Ace solto finalmente los hombros de Ifára, deshaciendo el abrazo para dejarla alli tensa y preocupada. -No te gusta ¿Verdad?- E incluso sonrio, pero con amargura y total malicia, caminando altivo hacia el sentado Mazzola.
Curioso, Thatch le dedico una miradita confusa e impaciente al tratante.
-Ya te he dicho que no me la juego con... - Pero fue abruptamente interrumpido.
-Mentira.- Espeto Ace, deteniendose finalmente cuando tuvo el respaldo de la silla y al propio Mazzola justo frente a él. -Es porque no te gusta.- Y, sin mas, el segundo comandante llevo las manos hasta la vieja madera, apresando entre los dedos el respaldo de la silla para hacerse notar y, asi, aumentar el miedo y significado de sus palabras.
-¿Y eso que?- Tragando saliva pesadamente pero buscando aparentar tranquilidad, el maduro Mazzola elevo la cabeza lo suficiente para mirar a su nuevo interlocutor, situado peligrosamente cerca de su espalda.
-A ti te gusta... otra cosa ¿Verdad?- Y con actuada actitud de complicidad, ficcion notablemente falsa, Ace continuo, meciendo la silla de atras hacia delante un par de veces tensas, pero suaves todavia. -Algo mas... mas tranquilo... mas facil... - El segundo comandante asintio, y Thatch sabia que, tarde o temprano, la bomba estallaria de la peor manera posible. -Algo mas... pequeño.-
-¿D-de que hablas?- Pero por su expresion nuevamente nerviosa y sus palabras temblorosas de voz de tenor, Mazzola volvio a descubrirse a si mismo.
-¡¿En serio?- Incredulo y con la boca abierta, como si le hubieran confesado el secreto mas sorprendente de la tierra, Thatch se dirigio hacia el nervioso y pillado Mazzola. -¡Tio! Uagh... Vaya, si que das asco... - Dijo el cuarto comandante, apartando la cara del maduro tratante como si este desprendiera un hedor insoportable. -Me repeles hasta a mi ¡Y eso es decir mucho!- Thatch nunca perderia el sentido del humor ni la actitud divertida.
En un silencio tenso y de depredador atrapado, de cazador cazado, Mazzola permanecio en su posicion estatica sin saber que hacer exactamente.
Finalmente, actuo por puro instinto y arrebato nervioso, tratando un ademan veloz y violento de levantarse de su silla.
-¡Sientate!- Por desgracia para él, Ace era mas joven, mas fuerte y tenia mejores reflejos, espetandole aquello con toda su autoridad y aumentando la orden con una mano sobre el hombro del otro, empujandole de nuevo a su posicion anterior. -Bien... - Dijo, palmeando un tanto la zona oprimida bajo sus dedos con falsa y peligrosa actitud amistosa, notando como Mazzola cerraba los ojos con fuerza un segundo y tragaba saliva pesadamente. -Al menos, trata de no ser un cobarde, Mazzola... - Sin embargo, rapido el segundo comandante se arrepintio un tanto de sus palabras, volviendo a apretar dolorosamente el hombro ancho del otro. -Aunque eso es una peticion dificil... Sobre todo si se trata de un tipo al que le gusta... - Entonces, algo extraño paso, callando Ace de repente cuando su mente recapacito, aunque fuera un poquito, en que habia alli dos presencias suaves que no merecian ser aun mas traumatizadas, y menos de manera tan brutal. Estaba Ifára, tensa y nerviosa a su espalda y, junto a la mesa ocupada ahora por tres hombres adultos, se encontraba la unica jaula con habitante de toda aquella maldita estancia. No, no lo merecian.
-¿El que?- Por desgracia, a Thatch aquello le dio igual. -¿Follarse a niños?- Simplemente, Thatch era Thatch y no se tomaba nada en serio, ni siquiera semejante cuestion terrible, terminando la frase del joven Ace a su modo y manera.
Como unica respuesta, el segundo comandante le dedico a su compañero frente a él una miradita disgustada de reproche, logrando tan solo que Thatch se encogiera de hombros con disculpa.
-Por eso solo le habla a las mujeres... - Y mas que para Mazzola, el segundo comandante lo pronuncio para si mismo, sintiendo una punzadita de dolor directa al corazon que, rapidamente, se convirtio en un odio mayor. Sin mas, traslado la mano de sobre el hombro del otro hasta su cabellera corta, pero lo suficientemente larga como para ser agarrada, apresando entre los nudillos las hebras canosas para tironear de ellas dolorosamente. -Esto va a ser genial- Y Ace le sonrio, obligandole a mirarle directamente a los ojos, aumentando el miedo, la amenaza y el daño en los que serian, eso seguro, sus ultimos momentos. -No tendre ningun remordimiento.- Esta vez, era imposible, porque no habia ser mas despreciable sobre el planeta, mas rastrero, mas vil, que aquel hombre nauseabundo de cuya cabellera andaba tirando ahora mismo.
-¡Portgas!- Suplico Mazzola sin ningun sentido ya, que se sabia acabado, logrando sobre su atacante tan solo una expresion cansada. Parecia que todos se habian puesto de acuerdo en rogar su apellido.
No necesito decir palabra mas, tironeando un poco del agarre de su pelo para, tranquilo pero furioso por dentro en realidad, sin ningun autocontrol ya, que la puerta se habia abierto y cerrarla seria casi imposible, exponer mejor la piel de su cuello y comenzar a liberar su querido e inseparable cuchillo de caza.
-¡No!- Grito Mazzola desesperado, y empezo a revolverse con fuerza bajo el agarre en un movimiento que Ace solo pudo analizar como molesto. Cansado de aquel hombre odioso, del asco que le producia y de sus nauseabundos gustos, el joven pirata empujo la cabeza de aquel que se habia atrevido no solo a golpear a Ifára, si no a dañar una de las pocas cosas en el mundo que Ace respetaba mas que nada, estampando su cara contra la mesa ruidosamente. Calculo la fuerza suficiente para no matarlo ni dejarlo inconsciente del todo, sabiendo por el quejido de dolor y el crujido que salio de su rostro que le habia partido la nariz. Mareado y perdido, confuso, Mazzola y su cara ahora sangrante fueron separadas de la mesa, regresandolo Ace a la posicion peligrosa anterior.
-Estate quieto, maldita sea.- Le espeto el joven comandante, que comenzaba a perder del todo la escasa paciencia que tenia. Por su parte, Mazzola se limito a soltar un gruñidito desconcertado y dolorido, cerrando y abriendo los ojos en un desesperado intento por ajustar la vista de nuevo. -Ahora si... bien.- Dijo Ace, retirando del todo su fiel arma blanca de la funda para, firme e impasible, exponer nuevamente el cuello ancho del asqueroso tratante y posicionar el filo justo sobre la yugular. Seria un trabajo facil, pero sucio, se dijo Ace. Muy sucio, él mismo se aseguraria de que asi fuera.
Entonces, no quedo nada mas. No quedo nada mas que el odio, la ira, la furia y el asco, el instinto salvaje y asesino. No quedo nada mas que Ace, el cuchillo, Mazzola, el cuello y la vena palpitante que le andaba rogando por dejar de latir.
-¡Ace!- No quedo nada mas hasta que aquel llamado se hizo presente en la sala, despertando el segundo comandante del embrujo macabro en cuanto reconocio la voz suave que pronunciaba su nombre. -¡¿Que vas a hacer?- Pregunto Ifára sin mucho sentido, que la respuesta era evidente, corriendo hasta él con su cojera en un intento desesperado por detener su violencia. No se atrevio a girarse y encararla, todavia no, sabiendo seguro ya el joven Ace que, si Ifára le alcanzaba, si sentia su piel contra la suya, si Ifára le tocaba, no seria capaz de hacerlo. Por favor, que no le tocara, no esta vez. Mazzola lo merecia. Merecia la muerte y suficiente favor le hacia solo con cortarle el cuello. Mazzola lo merecia. Mazzola debia morir.
Habia que terminar lo empezado.
Por favor, que Ifára no le tocara.
-¿Q-que vas a hacer?- Repitio ella mucho mas cerca, deteniendose a menos de medio metro de distancia del joven comandante. Temerosa y no sabiendo como debia reaccionar exactamente, la chiquita elevo una mano suave e insegura, dispuesta a alcanzar el hombro del otro y, asi, obligarlo a encararla.
Por desgracia, en el ultimo segundo, Ifára no se atrevio a inmiscuirse en aquella escena, retirando los dedos tan temblorosamente como los habia elevado.
-Lo siento.- Le dijo Ace de nuevo con toda su disculpa, pero demasiado firme y seguro como para hacerla creer que desistiria de su empeño, notando como Mazzola aun se debatia en la inconsciencia bajo su agarre.
-Ace... por favor... por favor, dejalo.- Ella suplico, incluso, tan compasiva y buena como seria hasta el fin de sus dias, razonando la pobre hasta la necesidad de ponerse de rodillas si la situacion se volvia mas extrema. Ifára nunca seria amiga de la sangre, ni de la venganza, mucho menos de la guerra o la muerte, sabiendo Ace seguro que no soportaria facilmente tras todo lo vivido estos ultimos dias el verlo a él degollando sin compasion a un hombre. Era un hombre vil y rastrero. Para Ace ni siquiera era un hombre pero, para Ifára, si lo era. Para Ifára era un ser vivo, y no habia nada mas apreciado para ella, que tanto habia perdido, que la vida misma.
-Thatch... - Repentinamente, la voz de Ace se hizo presente de nuevo en la estancia, saliendo de sus pensamientos en cuanto escucho un sorbeteo suave de nariz proveniente de su espalda. Ifára estaba llorando.
-¿Si?- Cuestiono el cuarto comandante con curiosidad y total atencion, que aquella escena entre violenta y emotiva lo estaba entreteniendo enormemente.
-Llevatela de aqui.- La peticion fue sencilla, clara y concisa, causando que el cuarto comandante asintiera en menos de un segundo y se pusiera manos a la obra.
-¿Que?- Pero para Ifára nada fue tan sencillo, ni tan claro ni tan conciso, admirando llorosa y confusa la espalda amplia del tenso segundo comandante. -¡No, Ace! ¡Espera!- Por desgracia, la muchachita no pudo rogar mucho mas, notando rapidamente los brazos fuertes de Thatch alrededor de su cintura estrecha. Facilmente, el cuarto comandante la elevo del suelo sin esfuerzo a pesar de que Ifára trato de revolverse, cargandola en su hombro fuerte con enorme sencillez. -¡Ace! ¡Espera, dejalo!- Pataleo, lloriqueo mas fuerte, trato incluso de mostrarse enfadada, topandose con que andaba siendo cargada sin compasion hacia la salida de la estancia. -¡Por favor! ¡Dejalo! ¡Ace!- Pero no fue escuchada, buscando la mirada del joven Ace en cuanto lo vio de frente, con los ojos clavados sobre la coronilla de Mazzola y el cuchillo amenazando peligrosamente la vida de este ultimo.
-Luego nos vemos.- Se limito Thatch a decir mientras cargaba con la niña facilmente a pesar de su revolucion y lloriqueos, apresando el pomo de la puerta para abrirla despreocupadamente.
-¡Ace! ¡Espera! ¡No lo hagas!- Sin embargo, el cuarto comandante tambien fue totalemente indiferente a los ruegos de Ifára, saliendo de la estancia sin miramientos ni necesidad de pensarlo detenidamente. -¡Ace!-
Y, finalmente, la puerta se cerro.
Ace pudo escuchar los gritos de la dulce Ifára al otro lado pero, rapido, el sonido se volvio cada vez mas tenue hasta que, en menos de tres segundos, desaparecio.
Thatch podia ser muy eficaz cuando se lo proponia seriamente.
Ahora, en aquella habitacion solo quedaban él mismo y Mazzola.
Sin ganas de alargar mas de lo necesario sus acciones siguientes, Ace tironeo de nuevo del cabello del apresado lider de lobos, afianzando mejor la posicion peligrosa y ajustando el filo de su cuchillo sobre la piel.
Solo quedaban él mismo, Mazzola y aquel niño, recordo Ace rapidamente.
-Niño... - Dijo el segundo comandante suave, pero firme y convencido, dedicando su mirada directamente a la figurita pequeña y escondida entre la oscuridad de la jaula. Debia estar asustado. -Lo que va a pasar no sera algo agradable... - Y, entonces, Ace escucho satisfecho como algo se removia tras los barrotes con un murmullito, esperando silencioso que el habitante de aquella celda se mostrara de nuevo. Un par de segundos despues, el pequeño y delgado esclavo se arrastraba a traves del suelo de madera, asomandose precavido hacia la luz natural que se colaba por las rejas. Y el niño miro al segundo comandante con expresion desconcertada de no saber que ocurria exactamente, pero a la vez seguro de conocer la realidad de los hechos por puro instinto. -Deberias... - Pero Ace fue abruptamente interrumpido.
-P-portgas... - Dijo Mazzola mareadamente, sonando ahora su preciosa voz de tenor completamente nasal debido al golpe recibido. -T-te lo suplico... - Maldito y estupido abusador de niños.
-Callate.- Sin compasion de ningun tipo, el segundo comandante tironeo con fuerza del cabello apresado del otro, logrando un grito quejumbroso del amenazado Mazzola. -Estoy hablando con el niño.- Y, sin mas, Ace chasqueo la lengua molesto, dirigiendo nuevamente su mirada y atencion hacia aquel pequeño asomado entre los barrotes. Obediente, Mazzola opto por callar. -Deberias cerrar los ojos y taparte los oidos.- Le dijo al niño, pero este ultimo se limito a contemplarlo con sus ojos negros y enormes, tan inmensos como profundos. -Pero si, por algun casual, quieres verlo... si por venganza por lo que este hombre te ha hecho, o pensaba hacerte... o por lo que le hizo a tu madre... quieres verlo... - Solo era un niño, Ace lo sabia, pero un infante que ha vivido demasiados padecimientos y sufrido tales tormentos crece mas deprisa de lo que deberia. - ... yo no te lo impedire, aunque no te lo aconsejo.- Suspiro el segundo comandante, observando como la expresion del pequeño esclavo no cambiaba ni un apice a medida que hablaba. -Aun asi, te doy a elegir.-
El chiquillo infante respondio al nuevo silencio de Ace con otro mutismo, analizando quieto como una estatua pero nervioso los ojos oscuros del joven pirata.
Unos momentos de reflexion mas tarde, el niño cerro los parpados con fuerza, mucha fuerza, contuvo el aliento, y se tapo los oidos con sus diminutas manos.
-Chico listo.- Dijo Ace y, sin mas, dejo que el filo de su cuchillo tomara la iniciativa y desgarrara la carne de Mazzola.
Ace habia bajado al infierno, llegado a sus puertas, encontrado a Ifára y matado al mismo diablo.
(Cambio de escena)
-Mira... - Susurro Ifára con simpatia al niño que, sentado sobre su regazo, parecia totalmente atento a las palabras de la joven. Viendose escuchada, Ifára señalo rapidamente el cielo nocturno y plagado de estrellas, agrupando con su mano pequeña un cierto equipo de astros. - ... esa es la Osa Mayor.- Y mas que sorprendido, que debia hacer mucho que no podia disfrutar del exterior y su magnificencia, el pequeño admiro con la boca semi abierta la constelacion pronunciada e indicada, mecido por el movimiento que las olas hacian sobre el pequeño velero.
-La Osa Mayor... - Repitio el niño, contemplando el cielo nocturno y estrellado como si fuera la maravilla mas espectacular de la historia.
-Si... - Ifára asintio con una risita dulce y tintineante, ajustando mejor el agarre del pequeño sobre sus rodillas, sentadita ella tambien en el borde del velero. -Y, cerquita, esta su hija, la Osa Menor... - Indicativa, nuevamente señalo otro grupo cercano de estrellas, mostrandole al chiquillo cual era la ahora nombrada constelacion.
-¿No se perdera?- Cuestiono el pequeño con toda su inocencia e imaginacion infantil, pudiendo incluso ver como aquellas estrellas cobraban vida y tomaban forma de seres vivos en movimiento.
-Oh, no... No se perdera porque tienen a la Estrella Polar, que siempre indica al norte... ¿Ves esa estrella de ahi?- Ifára volvio a señalar otro de los astros brillantes, causando que, tras unos segundos de busqueda y reflexion, el niño en su regazo finalmente asintiera. -Pues esa es la Estrella Polar... La Osa Mayor se queda tranquila porque ella le ayuda a cuidar de su hija. Nunca se perderan la una de la otra mientras tengan la Estrella Polar.-
-Pero ¿Y si se enfada la Estrella Polar y se marcha?- Pregunto el pequeño con preocupacion, incluso, que la curiosidad e imaginacion infantil a veces es demasiado rebuscada. -¿Y si se apaga de repente, o deja de apuntar al norte? ¿Que hara entonces la Osa Mayor?- Con dudas enormes y dejando mayor lugar a la fantasia, el niño miro a Ifára en busqueda de respuestas, topandose con la expresion sorprendida de la muchachita. Evidentemente, Ifára no sabia que decirle exactamente, que ella habia sido quien empezo a explicar constelaciones como si fueran seres vivos y magicos o parte de algun cuento, quedandose en un silencio atrapado.
-Oh... pues... - Dijo finalmente la muchachita, decidiendo correr el riesgo y optar por una respuesta sencilla. -Si algo de eso pasase, supongo que mama osa tendria que coger de la mano a su hija, la Osa Menor, y asi buscar juntas a la Estrella Polar para regañarla por traidora.-
-Ah, entiendo.- El niño asintio ligeramente convencido, regresando la mirada profunda a las estrellas y logrando que Ifára suspirara suave con alivio. -Pero ¿Y si la Osa Menor se separa de su mama en el camino y se pierde?- Nada, que el pequeño no parecia dispuesto a darle tregua a la pobre muchacha.
Desde su posicion, sentado en la otra punta del pequeño navio, Ace no pudo hacer mas que sonreir, viendo como Ifára volvia a pasar verdaderos apuros para responder a las dudas de aquel curioso jovencito. El viaje de vuelta habia sido largo, pesado y mas cansado que el de ida, incluso, atravesando el desierto mortifero y extremo para regresar a la costa y, asi, recuperar su unica forma de transporte. Ciertamente, aunque Ace ya no tenia aquella angustia horrible y torturadora, asesina, que lo habia acompañado durante todo el maldito viaje, el trayecto a traves de la isla desertica habia sido mas largo de lo que penso. Al fin y al cabo, ya no iban los tres comandantes solos, si no que encima andaban acompañados de un niño pequeño y una jovencita no acostumbrada al deporte y, encima, algo coja todavia, habiendo tenido que hacer mas paradas de las que hubieran necesitado tan solo siendo tres.
Finalmente, agotados y reventados tras casi tres dias de caminata, que no habian tenido fuerzas ni siquiera para hablar durante el trayecto, llegaron a su destino y se embarcaron de regreso a la mar querida.
A pesar de todo, Ace penso que habia merecido la pena tan solo por tenerla de vuelta y por escuchar sus historias fantasticas narradas para aquel niño que solo hablaba con las mujeres. Si, merecia la pena enormemente, se dijo el segundo comandante cuando la admiro desde su sitio, contando un nuevo cuento que explicara otra constelacion.
Un murmullo a su lado lo saco de sus pensamientos, causando que diera un ligero respingo y girara la cabeza hacia su derecha. El cuarto comandante chasqueo la lengua, estirandose perezoso despues para, confianzudo y adormilado, sentarse sin esperar invitacion junto a su camarada entretenido.
-Vaya, creia que estabas durmiendo como un muerto.- Susurro Ace con diversion, que no queria interrumpir la graciosa conversacion que mantenian Ifára y aquel niño.
-Estaba... - Escupio Thatch en un tono de voz similar, dedicandole una miradita de reproche a un lateral del bote. Levemente curioso, el segundo comandante siguio la direccion de los ojos del otro, topandose con la imagen de un Marco que, arrebullado en un rincon del velero pequeño, dormitaba profunda y silenciosamente. Le hizo gracia. -Pero ese maldito pajarraco inmortal da patadas ¿Lo sabias?- No, Ace no lo sabia, teniendo que contener una carcajada burlona que luchaba por salir de su garganta.
-Crei que tendria el sueño tan estirado como la actitud.- Bromeo el segundo comandante, regresando su mirada directamente al espectaculo tierno de enseñanza que se desarrollaba frente a él.
-Pues no... - Por su parte, Thatch no parecia interesado en Ifára, el niño y las estrellas, alcanzando mediante un pie malhumorado su bolsa de viaje cercana. -Me ha dejado las costillas hechas un jodido cristo... - Se quejo Thatch con mala sangre, que no era el bufon de siempre cuando se acababa de despertar, mucho menos si encima habia sido descuidadamente. Sin mas, el cuarto comandante rebusco en el interior de su gastada bolsa de viaje, sacando veloz y eficaz lo que era sin duda una botella de licor.
-¿De donde diablos la has sacado?- Cuestiono en un curioso susurro el joven Ace, observando confuso como su compañero le propinaba a la botella un profundo y largo trago.
-De las minas asquerosas. Se la vi a uno de los negreros esos y supe que la necesitaria... - Hablando claro, Thatch habia robado una botella de alcohol por puro capricho, arrancandole al segundo comandante otra nueva risa ahogada. -Ya sabia yo que mi instinto nunca falla.- Y, tras aquello, volvio a propinarle un nuevo trago enorme a la botella, chasqueando la lengua despues de que el alcohol pasara por su garganta para paladearlo mejor. -No esta mal... - Dijo resignado pero satisfecho, asintiendo un tanto mientras miraba el recipiente de cristal verdoso.
-¿Sabian beber, al menos?- Divertido, el joven comandante se acomodo mejor sobre su asiento, escuchando todavia como banda sonora las lecciones bonitas de Ifára para con el niño.
-Algo asi... - Respondio Thatch con gracia, que el alcohol lo estaba poniendo ya de mejor humor, tendiendole al otro sin dudarlo la botella en cuestion. -Comprueba y juzga tu mismo, mequetrefe con pecas.- Admirando el licor ofrecido, Ace se dijo que un trago fuerte nunca venia mal tras haber sufrido demasiados percances y situaciones extremas, encogiendose de hombros finalmente para acoger la botella entre los dedos.
Sin pensarlo dos veces, el segundo comandante se llevo el recipiente hacia los labios, tragando un par de veces rapidas pero profundas parte del contenido ardiente. No estaba mal.
-No, no esta mal... aunque no lo considero saber beber.- Dijo Ace con sorna, limpiandose un tanto la boca con el dorso de su mano grande.
-Bah, que sabras tu de beber.- Thatch chasqueo la lengua, soltando una carcajadita baja y burlona. -Y no, Ace, la cerveza no cuenta. Eso no puedo considerarlo como alcohol, aunque lo sea.-
-Idiota.- Se limito el segundo comandante a responder, propinandole otro trago largo a la botella con una sonrisita divertida en los labios.
Ambos se sumieron en un pequeño silencio, pasandose el licor decente de mano a mano para compartirlo mientras admiraban la escena didactica y bonita que se desarrollaba frente a ellos, estando Ace atento mientras que Thatch se limitaba a permanecer en silencio entre sus propios pensamientos.
Finalmente, que nunca seria gran amigo del silencio, el cuarto comandante chasqueo la lengua.
-¿Para que te lo has traido?- Cuestiono mas curioso que acusador con un susurro, señalando con un cabeceo indicativo al pequeño niño que reposaba sobre el regazo de Ifára.
-No podia dejarlo alli... - No, Ace no habia sido capaz, recordando la expresion estupefacta que sus camaradas adoptaron en cuanto lo vieron salir de alli con el niño en brazos.
-Liberamos a todos los demas ¿No?- Sin embargo, Thatch nunca seria facil de convencer, continuando con la conversacion que tan incomprensible se le hacia a él. -Los liberamos, matamos a la mitad de los tratantes, la otra mitad se dio a la fuga... Y asi los nuevos hombres y mujeres libres tendran provisiones suficientes para largarse de alli... Los liberamos, pero nada mas, que se busquen la vida... - Dijo el cuarto comandante hablando seriamente como pocas veces lo hacia, cruzandose de brazos para mirar significativamente a su camarada. Ace, por su parte, se limito a permanecer todavia en silencio, con los ojos clavados sobre el pequeño y la muchachita pero los oidos atentos al otro. -Y sin embargo, te has traido a ese niño. Solo a ese niño.-
-No podiamos dejarlo solo. La madre estaba crucificada y el padre, mas que posiblemente, tambien este muerto.- Dijo Ace, dandole un nuevo sorbo veloz a la botella que tenia ahora entre las manos. -Es muy pequeño.-
-Pero sabes que se hubieran encargado de él los demas... - Y es que Thatch, cuando se decidia por descubrir, no se daba por vencido ni se dejaba convencer, continuando tan adivinador como satisfecho. -Lo sabes. No puedes llevartelo al barco, eso tambien lo sabes.-
-Evidentemente, no pretendo meterlo en el Moby Dick.- Incluso ofendido, Ace respondio, evitando a pesar de todo el contacto visual directo con el otro. -No es lugar para un niño pequeño.-
-¡Oh!- Fingiendo enorme sorpresa y comenzando a divertirse de verdad, Thatch elevo las cejas un par de veces, dispuesto a sonsacarle lo que pretendia desde un principio. -Y dime entonces, grandioso heroe ¿Que piensas hacer con él? Porque si no puedes meterlo en el barco, mucho menos tirarlo al mar despues del esfuerzo de haberlo salvado y tampoco te veo yo pinta de abandonarlo... ¿Que solucion ha decidido nuestro nuevo heroe libertador? ¿Que piensas hacer con el niño, Ace? ¿Comertelo?- Thatch podia ser realmente molesto cuando se lo proponia.
-Idiota... - Repitio entre dientes el segundo comandante, sintiendo un tanto sobre la cabeza los estragos de la bebida pero no de una manera poderosa o a tener en cuenta. -Ya se nos ocurrira algo... lo dejaremos por ahi, en la isla donde... - Donde habia empezado toda aquella maldita y terrible busqueda, se dijo Ace, teniendo que cerrar los ojos con fuerza un segundo ante los recuerdos dolorosos y recientes. Habia sido una gran masacre. Una masacre de la cual, ahora mismo, Ace no se sentia demasiado orgulloso. No tanto como lo hubiera estado en años pasados o, al menos, indiferente. Pero ahora no. Habia algo que lo reconcomia por dentro. Quiza fueran las suplicas de las ratas asesinadas, o los llantos, o la violencia en si misma... O la mirada llorosa de Ifára. - ... en la isla donde nos topamos con Blackbone.- Dijo Ace finalmente, tratando de que su nueva y dañante inseguridad culpable no se notara demasiado. -Creo que alli habia un grupo de religiosas o algo asi... Un colegio. Cuidaran del niño.-
-Ah, que bonito, si... - Respondio Thatch con un cabeceo de fingida ternura, arrancandole al otro la botella de entre las manos. -Pero, aun asi querido Ace, no has respondido a mi pregunta... ¿Para que te lo has traido?- Ace, realmente, no sabia responder a aquello. Se limito, por tanto, a permanecer en silencio. -¿Para calmar tu conciencia, quiza?- Y Thatch acerto de lleno, sabiendolo desde el principio y adoptando su expresion mas victoriosa.
Sin mirarle a los ojos, el segundo comandante le arrebato la botella de las manos a su compañero sin mucha simpatia, propinandole un veloz y largo trago al contenido alcoholico.
-Quiza.- Confeso Ace vagamente en cuanto elimino el licor de su boca, sabiendose descubierto en algo que ni se atrevia a reconocer frente a si mismo.
-Buen chico.- Y, sin mas, Thatch le palmeo la espalda un par de veces complices, satisfecho con su cometido para levantarse de su sitio. Una vez en pie, el cuarto comandante se estiro cual gato prezoso sobre el suelo del bote mecido por las olas, cediendole la botella robada a su compañero. -Me voy a dormir... creo que ya estoy lo suficientemente anestesiado como para no sentir las patadas de ese pimpollo.- Dijo el cuarto comandante, elevando una mano chulesca y animada como despedida temporal. -Buenas noches, gran heroe.-
-Idiota.- Ace no tenia muchas ganas de ponerse a discutir con Thatch, mucho menos de rebatirle algo que él mismo sabia como cierto, limitandose a soltar aquel apelativo malsonante con la vista clavada sobre la chiquita y el pequeño. El cuarto comandante solto una risita, regresando al rincon del bote para acomodarse junto al dormido Marco.
Entonces, se hizo el silencio, solo roto por el murmullo de las olas y la brisa suave, cada vez mas notable a medida que se dirigian hacia el norte.
Y pasaron varios minutos que a Ace se le hicieron eternos, pero necesarios, perdido en la imagen de la joven Ifára cuyo infantil compañero habia caido, finalmente, preso de un sueño largo y profundo sobre sus rodillas.
Era una bonita imagen, se dijo Ace.
-Ace... - Repentinamente, la voz suave de la muchachita se hizo hueco entre las olas, la brisa y el murmurar fragil de las respiraciones de los tres dormidos, causando que el aludido en cuestion elevara la cabeza un tanto.
-¿Si?- Cuestiono él, sintiendose ligeramente confuso cuando comprobo que la niña evitaba su mirada y, a la vez, adoptaba una expresion bastante mas seria de lo habitual en sus facciones bonitas, pero todavia rasguñadas.
-¿A cuantos has matado?- La pregunta fue dicha sin anestesia, sin reflexiones de por medio pero si con firmeza e incluso enorme dolor, esperando la muchachita la respuesta terrible del otro mientras acariciaba suavemente el cabello oscuro del pequeño durmiente.
-No lo se... - Ace no iba a mentir mas. No se le daba bien y le causaba casi mas problemas que soluciones, sobre todo teniendo en cuenta que Ifára, evidentemente, sabia que el numero de victimas no habia sido solo uno. -A diez... quiza a veinte... No lo se.- Ciertamente, no habia llevado la cuenta.
-Veinte... - Repitio Ifára para si misma en un susurrito doloroso, mordiendose el labio inferior llenito un momento.
Nuevamente, se hizo el silencio.
-¿Estas enfadada?- Pero Ace se vio obligado a romperlo en cuanto sintio la culpa castigadora abrasandole las entrañas, suplicando con la mirada que la muchachita, al menos, mantuviera el contacto visual.
-Si.- Dijo ella rapidamente, afirmando con la cabeza a la vez que con sus palabras. Finalmente, como un angel acusador que acaba de caer del cielo para redimir al pecador de sus faltas y mala vida, Ifára elevo la cabeza, clavando sobre el joven Ace sus ojos bicolores y enormes. -Pero tambien estoy contenta de estar aqui, contigo... asi que es un poco dificil de explicar como me siento.- Lo era, porque se le hacia de lo mas contradictorio, debatiendose entre la felicidad de saberse importante para el otro y el rechazo por aquel que desprecia la vida. Era demasiado complicado.
-Sabes que no soy bueno en las charlas emocionales... Aunque lo intente.- Confeso el segundo comandante, no sabiendo exactamente como debia reaccionar o que palabras pronunciar.
-Si, lo se... - Suspiro Ifára, conocedora de la falta de experiencia y habilidad del joven Ace para tematica semejante.
-Solo puedo disculparme, si quieres.- Estaba dispuesto a hacerlo si ella se lo pedia.
-Aunque te disculpes, esas vidas no volveran.- Contesto ella dolorida y resignada, regresando su mirada hacia la cabellera oscura y suave de aquel niño que dormia en su regazo.
-Lo siento.- Lo dijo por puro instinto y culpabildad.
-No volveran.- Ifára nego con la cabeza, conteniendo el llanto emotivo para aparentar la mayor serenidad y firmeza que pudiera. -¿Sabes? Cuando creo que lo he descubierto todo sobre ti, entonces haces algo que cambia mi perspectiva enormemente... - Se atrevio ella a decir, que demasiados momentos dificiles habia tenido que padecer en muy poco tiempo como para andarse, ahora, callando sentimientos.
-Eso es porque tu eres un angel y yo una mala persona.- Ace habia tenido eso claro desde el principio.
-Ace, tu no eres una mala persona.- Y su mirada bicolor y segura, convencida de sus propias palabras a la vez que compasiva para con el otro, se le clavo directa en las retinas al segundo comandante. Se sintio, de repente y entonces, como aquel niño indefenso y pequeñito que descansaba sobre el cuerpo comodo de la muchachita. Muy indefenso y pequeñito. -Yo se que no eres una mala persona, pero... eso es lo que mas me desconcierta de todo. Eres el hombre mas bueno del mundo y, de repente, haces algo que el Ace que esta conmigo, el que yo conozco de verdad y en soledad, no podria hacer nunca... - Ifára tenia una cabeza mas complicada y pensante de lo que parecia, Ace ahora lo sabia mejor que nunca y lo estaba comprobando, esperando silencioso y culpable, desconcertado tambien, que ella continuara. -Matar hombres es de malas personas... salvar niños, no lo es.- Dijo Ifára tan confusa como el segundo comandante, en realidad, acariciando mimosa y con cariño el cabello del pequeño que se removio un poquito bajo su sueño reparador. -Pero yo se que una mala persona no podria ser como tu eres a veces, ni hacer cosas como las que tu haces a veces... - Y entonces, Ifára sonrio tranquila, feliz y esperanzada, causando que el joven Ace se sintiera el ser mas dichoso e importante sobre la tierra. -Asi que, yo se que tu eres una buena persona. Tienes que ser una buena persona o... todo... - Su voz se quebro un tanto, su sonrisa preciosa se esfumo, cerrando los ojos la niña con fuerza en cuanto noto que comenzaban, de nuevo, a nublarse y volverse llorosos. - ... todo en lo que he creido hasta ahora... todo en lo que me he apoyado para no volverme loca... - Ifára empezo a llorar sin poder evitarlo, luchando por no estallar en llanto mientras buscaba el seguir hablando sin sorbeteos ni sollozos de por medio. -Todo se derrumbara... y se ira a pique y yo... me volvere loca, y me morire... seguire caminando, seguire hablando y respirando, pero en realidad me morire... No dejes que aquello que me ha mantenido con vida durante años desaparezca, Ace... Por favor, te suplico que no dejes que se derrumbe... - Le rogo ella entre lagrimas y desesperacion, buscando la pobre Ifára aun asi el mantener la serenidad sin lograrlo del todo. -Tu eres fuerte, puedes sostener sobre tus espaldas un poquito de mis creencias... Ya no puedo hacerlo sola... No puedo mas yo sola... Te lo suplico, Ace, no dejes que se derrumbe o me morire... Solo tienes q-que... compartir la carga un poquito, por favor. Es lo unico que te he pedido de verdad en todo este tiempo.- Finalmente, las palabras de Ifára culminaron en un sollocito ahogado precariamente que no se hizo ruidoso, pero si lo suficientemente alto como para que Ace escuchara cada sonido de su respiracion y dolor, cada fibra de su sufrimiento.
Entonces, Ace entendio del todo, ya completamente, la filosofia de Ifára.
-L-lo hare.- Respondio de lo mas inseguro y culpable, dolorido y sintiendose mas vil y rastrero que nunca, sentado y tenso sobre su sitio mientras se debatia entre el ir corriendo a sus brazos o bien permanecer donde estaba. Parecia que Ifára se romperia de un momento a otro.
-Prometelo.- Ifára suplico entre lagrimas, negando repentinamente con la cabeza tras cambiar de opinion. -No... juralo, eso es.- Y con mucho cuidadito, con delicadeza extrema, Ifára deslizo sus brazos bajo la espalda pequeña de aquel niño, elevandole un tanto para dejarlo descansar un poco mas lejos de ellos dos. Finalmente, la muchahita recupero su posicion y asiento anteriores, no queriendo inmiscuir a absolutamente nadie mas en los asuntos de ambos.
-Te lo juro.- Y es que, ahora mismo, Ace le hubiera dado la razon y obedecido en cualquier cosa que le dijera.
-Juralo con dedito.- Estallo ella de pronto, secandose las mejillas malamente con el dorso de su mano pequeña.
-¿Que?- Aquella clase de juramento lo pillo desprevenido del todo, causando que Ace se limitira a mirarla entre confuso y totalmente desconcertado.
-M-mi hermanito y yo... jurabamos asi... - Dijo Ifára con un sorbeteo de su naricilla bonita, cerrando la mano derecha para extender unicamente su dedo meñique. -Y quiero que jures asi conmigo, por favor.- Era incluso infantil, pero eso lo hacia aun mas enternecedor e inquebrantable, levantandose velozmente el segundo comandante de su asiento.
-Esta bien, esta bien... - Era importante para Ifára, asi que ahora tambien era importante para Ace, que ya estaba atravesando facilmente el navio pequeño y durmiente en un par de zancadas. En cuanto llego a su lado, el joven pirata se arrodillo frente a ella, imitando la posicion de su mano mas pequeña para llevar a cabo aquel juramento de niños, pero no por ello menos verdadero.
Finalmente, Ifára entrelazo su dedo meñique con el de Ace, tironeo del agarre una sola vez suave pero firme y, tras aquello, nuevamente lo libero.
El pacto habia sido sellado.
-A-ahora es un juramento... - Dijo Ifára con su voz llorosa y susurrante, teniendo al segundo comandante arrodillado justo frente a ella. -Y no puedes romperlo porque... porque lo has jurado como lo haciamos mi hermanito y yo y... y... - No pudo seguir hablando, que nuevamente la niña estallo en llanto y tuvo que callar para cubrirse la cara bonita tras las manos.
-Vale, no puedo romperlo... - Ifára estaba destrozada, en realidad, y esto no hizo mas que aumentar el dolor y culpabilidad de Ace. Sin mas, el joven comandante se lanzo sobre ella, apresandola en un abrazo protector y cariñoso que la hizo, por suerte o desgracia, desahogarse todavia mas y llorar con mayor intensidad. -Vale... ya esta, todo se ha terminado... - Le chisto suave al oido mientras la notaba estremecerse bajo sus brazos, acariciando su cabello chocolate con mimo en un intento por calmarla y hacerla sentir a salvo y segura. - ...todo se ha terminado, estas a salvo, nadie mas volvera a hacerte daño y yo he hecho un juramento contigo... -
-¡Y no puedes romperlo!- Le espeto ella entre lloriqueos aun escondida en su pecho, hablandole de aquella manera perdida e incluso infantil. Ifára no estaba tan bien como creyo en un principio.
-No voy a romperlo... sshh... ya esta, se ha terminado... - Entonces, ella se lanzo sobre él con mas fuerza, apretandose a su cuerpo completamente desesperada.
-¡Oh, Ace! Ha sido horrible... lo habia visto antes, pero ahora... no podia soportarlo... Ha sido horrible... todas esas caras... los gritos, las voces, las cruces, los muertos, las moscas... - Un nuevo sollozo ahogado por el pecho del otro acompaño sus palabras, notando la muchachita como los brazos fuertes de Ace la abrazaban con mayor eficacia y escondite. -Las cruces... sobre todo las cruces... y los niños... veia a mi hermano en cada niño, te lo juro... y las marcas a fuego... las marcas a fuego, como si fueran ganado... como ganado... a las personas... - Habia perdido la coherencia en su discurso.
-Basta.- Suave pero firme, que se estaba destrozando el corazon y los nervios ella sola, Ace trato de hacerla callar un poquito, escondiendo él mismo su preciosa cabeza bajo su mandibula. -Ya basta canija, no es bueno para ti... - E Ifára se limito a seguir llorando, apretada contra él como si fuera el unico ser vivo que habia visto tras años de soledad. -Se ha terminado. No volveras a verlo... -
-¡Pero lo veo!- Dijo ella entre lagrimas de daño y desesperacion, llegando incluso a golpear indoloramente el pecho del segundo comandante. -Cierro los ojos, y lo veo... - Entonces, Ifára se estremecio notablemente hasta el punto de parecer tan fragil como el cristal mas fino, como una hoja seca en medio de la calle, abrazandose a si misma bajo los brazos del otro. -Y la odio... - Susurro con llanto y daño profundo, apresandose repentinamente bajo sus dedos la marca a fuego de su propio hombro. -La odio, la odio, la odio, la odio... - Estaba oprimiendose fuerte y clavandose las uñas, observo Ace con urgencia y preocupacion total, sabiendo que terminaria por hacerse daño. -La detesto, no la soporto... es como si todavia quemara, la odio... -
-Esta bien... acabaras haciendote daño.- Ace no sabia que mas hacer, limitandose a dejarla llorar y permitirle su arrebato histerico, pero completamente necesario, acogiendola de su muñeca delgada para separar su mano de la piel ya enrojecida. Le costo mas de lo que imagino en un principio, que Ifára parecia querer incluso arrancarsela a dolor y de cuajo, liberando finalmente el hombro dañado que poseia aquella marca grabada a hierro candente.
-La odio... - Dijo la muchahita entre estremecimientos y lagrimas desesperadas, luchando vanamente contra el agarre sobre su muñeca sin conseguir nada, la pobre.
-Lo se... pero no puedes hacerte esto a ti misma.- Era la peor escena que Ace habia presenciado en su vida, sintiendo como el corazon se le desgarraba dolorosamente tan solo con imaginar como debia sentirse la chiquita que lloriqueaba entre sus brazos ahora mismo. -Necesitas calmarte y descansar... y dormir. No has dormido casi nada estos dias... -
-Tu tampoco lo has hecho.- Y mas que preocupada, sonaba incluso acusadora, como una niña a la que su padre regaña y ella le hecha en cara la misma cuestion.
-Yo estoy bien, pero tu debes estar agotada... - Le susurro el segundo comandante, acariciando su cabello suave y ensortijado con intenciones evidentes de calmarla. -Necesitas dormir.-
-P-pero si cierro mis ojos... lo veo... y quema... - Lloriqueo ella, todavia tensa y aterrada pero pareciendo, sin embargo, mucho mas tranquila ahora que habia estallado y se encontraba protegida bajo los brazos del otro. -Todavia quema... tengo miedo, Ace. Tengo mucho, mucho miedo.-
-Vamos, yo estoy cuidando de ti... - Ace trato de sonar tan seguro como gracioso, incluso, buscando relajarle los animos y la mente a la pobre Ifára. -¿De que tienes miedo?-
-E-es verdad... - Sin embargo, ella no parecia estar tomandoselo a broma, en absoluto, que necesitaba dejar que todo saliera para continuar. El vaso se habia llenado hasta los topes, se habia desbordado y precisaba de vaciarse para volver a ser rellenado. -Si estoy contigo, no puede pasarme nada.- Dijo la chiquita llorosa y asustada, acomodando la cabeza sobre el corazon del segundo comandante con descanso intranquilo. -A-aunque a los demas si... a los demas si pueden pasarles cosas... p-pero lo has jurado... asi que no puede pasar nada malo.-
-Nada malo, eso es.- Ya esta, parecia que la tormenta se estaba marchando, al menos de momento, notandola estremecerse nuevamente entre sus brazos.
-Hace frio... - Repentinamente, las palabras de Ifára sonaron mas relajadas, mas suaves y mas tipicas de su persona, apretandose un poquito en busqueda de calor.
-Si, hace algo de fresco... - Dijo Ace notando como su preocupacion comenzaba a aliviarse enormemente, aspirando el aire del ambiente para notar el viento fresco y el aroma salado del mar. -Estamos yendo hacia el norte y la ola de calor debe estar empezando a pasarse.-
-¿Puedo dormir aqui, contigo?- Pregunto ella en un susurrito, acomodandose mejor dentro del abrazo ya que conocia, en realidad, la respuesta evidente.
-Claro, canija.- Ace deshizo un momento el agarre de sus brazos con la intencion de dejarla colocarse en una posicion mas optima para dormir, escondiendola nuevamente en cuanto la supo comoda.
-Buenas noches.- E Ifára cerro aquellos preciosos ojos que tantas lagrimas habian derramado en tan joven vida, apoyando la mejilla sobre su pecho calido y notando su cuerpo relajarse agradablemente. Entonces, la cabeza de Ace fue atravesada por una idea, por una luz cegadora y deslumbrante que le hizo saber que no quedaba alternativa. Que le hizo conocer que las cosas no podian continuar igual, y que solo él tenia la solucion perfecta y entera a aquel problema y peligro constante sobre la niña.
Tragando saliva pesadamente, Ace le dedico una miradita rapida de revision a aquella marca grabada a fuego sobre su hombro y su preciosa piel.
-Canija... - Ya no habia vuelta atras, una vez hiciera la pregunta indicada seria jugarsela a la suerte. Seria todo o nada. Y Ace sabia que, si no lo llevaba a cabo esa misma noche en aquel preciso momento, nunca mas se atreveria a hacerlo.
-¿Mmh?- Respondio ella cada vez mas adormilada con un ruidito suave, removiendose un tanto bajo su abrazo calido y protector.
-¿Quieres ser libre?-
(Fin del capitulo)
Oh baby!
Como estais?
Me ha parecido un mal capitulo, a vosotros no? Excepto el final, que era necesario y muy emotivo (Estaba realmente inspirada en ese momento) lo demas me ha parecido pesado y repetitivo -.-
Bueno, aun asi, esta escrito ejemp ejemp y ya pues lo publico y no os hago esperar mas. Igualmente, creo que podria hacerlo mejor T-T
Las cosas se han complicado y se han arreglado ¿Seguro? Muajajaja quiza todo se complique mas ¿Aceptara Ifára la repentina proposicion de libertad despues de tantos años de esclavitud? ¿Tendra miedo de cambiar drasticamente su forma de vida y se negara? Y si la acepta ¿Abandonara a Ace? ¿Se quedara a su lado?
¿Esta Maddy chiflada? (Coreando: Si ò.ó!)
En fin, un besazo gigante sabor algodon de azucar y un abrazo de cariño cariñoso y amoroso!
Gracias por leer!
Maddy
