-Hazlo.- Le dijo ella, casi hasta se lo ordeno, sentada tensamente en el borde de la cama barata, pero comoda.

Conteniendo el aliento, arrodillado en el suelo frente a su maravillosa persona, Ace elevo una mano insegura hacia el hombro bonito de Ifára.

-No... - Finalmente, el segundo comandante bufo bajo y frustrado, regresando a su posicion anterior para negar con la cabeza. -No puedo, canija.-

-Pero dijiste que lo harias.- Le reprocho Ifára con decepcion y voz suave de niña caprichosa, palmeando una vez rapida el borde de la cama como mayor muestra de queja.

-Lo se, pero... - Por su parte, Ace cerro los ojos un segundo con dolor profundo, chasqueando despues la lengua sonoramente. -Es que no puedo... No puedo hacerte eso.- Dijo derrotado y dandose por vencido, llevandose una mano nerviosa e incomoda hasta la nuca para mesarsela un tanto.

-Pero... - Ifára iba a quejarse de nuevo, decidiendo callar cuando recapacito que no se le ocurria mucho mas que decir a su favor, mordiendose el labio inferior llenito nerviosamente. Finalmente, la chiquita se limito a permanecer en su posicion expectante, evitando el contacto visual directo.

-¿No podriamos... - No dandose por vencido todavia, que su mirada bicolor y llorosa lo estaba matando asi como su actitud decaida, Ace decidio aportar alguna solucion mas optima y sencilla. -No se... - Dijo, encogiendose de hombros arrodillado sobre el suelo de madera desgastado. -¿No podriamos, simplemente, taparla o algo asi?-

-La odio.- Contesto Ifára como respuesta firme y convencida, tan segura como dolorosa, llevandose su propia mano elegante hasta el hombro para cubrir aquella marca indicadora de esclavitud.

-Si, tambien lo se... - El joven Ace suspiro frustrado, topandose con que la niña no iba a atender a razones de ninguna clase. -Pero yo... Ifára, no puedo.- Y es que solo imaginarlo le hacia sentir un daño interno desgarrador, teniendo que cerrar los ojos de nuevo cuando su cabeza recreo escena posible como aquella. -No puedo hacerte eso. Te va a doler... - Cuando observo como ella iba a responder algo con queja, Ace rapidamente se adelanto a cualquiera de sus suplicas y protestas. -Mucho.-

Acomodados bajo el techo envejecido de aquel hostal humilde en el que habian decidido aposentarse para pasar la noche antes de continuar el viaje, tanto Ace como Ifára se sumieron en un tenso y extraño silencio. Ella que, sentadita aun en el borde de la cama permanecia igual de nerviosa, casi incluso reprochandole muda al otro su falta de palabra y miedo a hacerla daño, se limito a tratar de parecer indignada sin conseguirlo del todo. Por su parte, el joven Ace no pudo evitar sentirse mal a la vez que completamente frustrado, viendose incapaz de dañarla de ninguna manera posible y, ademas, a conciencia. El cantico nocturno de algun insecto se colo a traves de la ventana de manera ahogada por el cristal, haciendole recordar vagamente que ya se encontraban en tierra firme y en la misma isla donde todo aquel maldito viaje de busqueda desesperada habia comenzado.

Llegaron en plena noche, agotados, hambrientos y sedientos, decidiendo detener el camino antes de continuar cuando tanto Ace como sus dos camaradas comprobaron preocupados que el niño pequeño se caia redondo del sueño e Ifára no se encontraba en mucho mejor estado. Finalmente, se dieron por vencido, alquilando tres habitaciones en el primer hostal barato que encontraron y donde pudieron, finalmente, abastecer el estomago, apagar la sed y tratar de reponer el cuerpo con sueño y descanso.

Al niño lo dejaron al cuidado de la dueña del local, que dijo que si sin dudarlo con mucho gusto y alegria por los mas pequeños. Era una mujer amable y bonachona, de esas señoras regordetas que tienen pinta de buena madre y sonrien con mejillas rojizas a la vez que pueden tener mayor autoridad que el mas temible de los piratas. Era una buena mujer, una señora de fiar, se dijo Ace, decidiendo tanto él como Ifára que no era una buena idea que el pequeño durmiera en la misma habitacion que ellos dos. No era una buena idea por la maldita proposicion que la muchachita le hizo y él, muy envalentonado y estupido, habia aceptado erroneamente.

Ahora se arrepentia de ser tan impulsivo y tan poco racional.

-Entonces... - Rompio Ifára el silencio tenso finalmente, haciendo que Ace saliera de sus pensamientos con velocidaz. -Lo hare yo.- Y sin mas, la niña se lanzo sobre la mesilla de noche, dirigiendo las manos directas hacia aquel cuchillo de caza tan afilado que reposaba sobre el mueble pequeño y humilde.

-¡No!- Ace dio un respingo de panico nervioso, dandole gracias al cielo por sus buenos reflejos cuando pudo levantarse como un resorte e interceptar el arma blanca antes que ella, acogiendola, asi, bajo sus dedos mas fuertes y rapidos. -¡¿Te has vuelto loca?- Le espeto el segundo comandante con mas preocupacion que reproche, observando que, como unica respuesta, Ifára permanecia silenciosa con expresion firme y segura. -¡No puedes usar un cuchillo para eso, Ifára!-

-¿Por que no?- Dijo ella buscando parecer lo mas altiva y orgullosita que pudiera, sabiendo que tarde o temprano Ace cederia a cada una de sus suplicas, como siempre. -¡Si tu no quieres ayudarme, tendre que hacerlo sola!- Un nuevo ataque directo al corazon, se dijo el joven pirata, no pudiendo evitar el tragar saliva con pesadez para dedicar sobre ella una miradita de disculpa.

-Quiero ayudarte... pero... - Tuvo que callar un par de segundos, buscando las palabras adecuadas mientras permanecia en pie frente a ella, aun teniendo firmemente apresado el cuchillo entre los dedos por si acaso le daba nuevamente el arrebato. -Me pides algo muy dificil, canija... No puedes pedirme algo asi.- No era justo. No era justo ni para él ni para ella.

-¡Entonces lo hare yo sola!- Estallo de nuevo la muchachita con voz quebradita y llorosa, comenzando a notar como sus ojos se volvian vidriosos y nublados. Siempre seria de lagrima facil.

-¡Oh! ¿Con un maldito cuchillo de caza?- Ace no pudo evitar el dedicar sobre ella una mirada de reproche por su reaccion peligrosa anterior, zarandeando un par de veces tensas aquel arma mencionada. -¿Que pretendes? ¿Desangrarte tu sola o cortarte el brazo, niña?-

-¡Lo que sea!- Pero Ifára no atendia a razones, ya no y menos en semejante momento nervioso, que andaba todavia demasiado sensible y traumatizada con lo vivido en los ultimos dias. Comenzando a llorar mientras luchaba notablemente contra las lagrimas, la chiquita trato de dedicar sobre el otro la miradita mas firme que tuviera, consiguiendo un nuevo bufido doloroso sobre Ace. -¡No me importa! ¡No la quiero conmigo y hare lo que sea para que se vaya!- Dijo con daño y urgencia, pareciendo de repente que se avergonzaba de si misma por semejante actitud y perdida de los estribos, apretando la niña fuertemente el borde de la cama bajo sus manos bonitas y evitando, nuevamente, el contacto visual directo. -La odio... - Y, entonces, empezo a llorar mas fuerte y de verdad, dirigiendo directos los dedos hacia sus mejillas para tratar de manejar las lagrimas.

-Oh... no... - Ace sintio que su estomago se retorcia terriblemente hasta un punto tortuoso, preso de la culpa y la imagen tan triste de la que andaba siendo espectador. -No llores... - Le suplico incluso, buscando un tono de voz suave y tranquilo y no consiguiendo su cometido calmante. -Canija, no llores... - Ifára trato de serenarse sin exito, mesandose el hombro marcado con dolor para encogerse un poquito sobre si misma y ahogar precariamente un sollozo atorado en la garganta que luchaba por salir. - ... no... - Ace no pudo evitarlo, caminando hacia ella velozmente y tirando por el camino su cuchillo de caza, arrodillandose nuevamente a sus pies mientras ella lloraba perdida y desesperanzada. -Encontraremos otra solucion... Ya lo veras ¿Eh?- Le dijo con suavidad y mirada significativa, acogiendo entre sus manos las piernas de la muchahita llorosa para acariciarlas con mimo.

Sin embargo, Ifára nego con la cabeza.

-No quiero otra solucion... - Dijo llorosa y dolida, abandonando el tono caprichoso y enfurruñado anterior por otro resignado y torturado. Otro tono mucho mas sincero. -Quiero que desaparezca... que se marche... no la quiero conmigo... quiero poder ir por la calle sin problemas... - Su frase termino en aquel sollozo que, finalmente, no pudo soportar por mas tiempo, causando que el segundo comandante se abrazara a sus rodillas ahora temblorosas. - ... entrar en un sitio y que me traten como una persona... qu-quiero... - Continuo ella tan dolorida como estaba en realidad, estremeciendose notablemente y encogiendose aun mas sobre si misma. - ... quiero ser una persona... -

-Eres una persona.- Le dijo el joven Ace muriendose por dentro ante semejante imagen y palabras, apretando un poquito mas fuerte el abrazo sobre sus piernas. -Una maravillosa.- Pero su adulacion agradable y sincera no tuvo el efecto deseado, continuando la pobre niña presa del llanto y los recuerdos dolorosos.

-Quiero ser una persona.- Repitio la chiquita entre lagrimas y sollozos bajos, buscando el secarse las mejillas con el dorso de su mano pequeña una y otra vez. -Solo quiero ser una persona... -

-Vale, vale... - Ya esta. Ace, como siempre, habia terminado cediendo. -Esta bien ¿De acuerdo? Lo hare.- Dijo, elevando las manos en una posicion pacificadora y calmante, escuchando como ella sorbeteaba a traves de su nariz bonita ¿Como decirle que no a semejante ruego? ¿Como negarle la humanidad? Ace no podia hacer eso.

-¿De verdad?- Contesto ella aun entre lagrimitas y sollozos, liberando la cara bonita finalmente de bajo el escondite de sus dedos para dedicar sobre el otro una miradita brillante de sorpresa e ilusion.

-Si... - Derrotado, el segundo comandante suspiro, decidiendo que si de verdad queria llevarlo a cabo lo mejor era no pensar en ello ni imaginarlo si quiera. Con un suspirito bajo y dolido, Ace se incorporo en pie sobre el suelo de madera vieja mientras ella lo revisaba atenta, acomodandose finalmente en el borde de la cama junto a la muchahita llorosa.

-¡Oh, Ace! De verdad, graci... - Ifára iba a lanzarse sobre él con alguna de sus bonitas y dulces muestras de cariño en cuanto lo tuvo cerca, siendo velozmente interrumpida por una mano firme y abierta del joven pirata. Obediente pero nerviosa, la niña mantuvo la pequeña distancia, llevando sus dedos inquietos ahora hacia sus propias rodillas para juguetear un poco con ellas.

-No me agradezcas esto.- Le dijo el segundo comandante, adoptando una expresion que trato de ser firme, pero se noto mas bien insegura. -Te lo he advertido ¿De acuerdo?- Ante sus palabras, ella asintio velozmente, recordando como hacia apenas unos momentos escasos Ace le habia advertido preocupadamente de que seria, sin duda, algo mas que doloroso. -¿Estas completamente segura?- Y es que Ace, en realidad, no queria hacerlo bajo ninguna circunstancia, rogando por que la niña se lo pensara mas detenidamente y decidiera dar marcha atras.

-Si.- Por desgracia, Ifára no hizo lo que el otro deseaba, afirmando segura y nerviosa tanto con sus palabras como con un nuevo cabeceo convencido.

-Esta bien... - Habia perdido la batalla, reconocio el joven pirata rapidamente, suspirando frustrado y resignado a su suerte. -Vamos... acercate... - Iba a ser horrible, doloroso y algo que jamas podria borrar de su cabeza, notando como ella se acercaba sobre el colchon viejo pero comodo rapidamente. Sin querer esperar mucho mas, que sabia que el pensarlo demasiado seria aun peor, el segundo comandante clavo sus ojos oscuros sobre la marca a fuego de su hombro bonito, elevando una mano para llevarla hasta alli. Sin embargo, en cuanto las yemas de sus dedos se pusieron en contacto con la piel, en cuanto sintio su delicadeza, su calor y su suavidad, tuvo que retirar la mano y devolverla a su posicion original. Expectante e impaciente, pero silenciosa, Ifára observo como el joven Ace contenia un bufido y se masajeaba el puente de la nariz pecosa con la misma mano que la habia rozado, pareciendo que el pobre andaba preso de algun debate interno.

Finalmente y tras un par de segundos, Ace volvio a suspirar, afianzando su posicion sentada sobre el colchon para, nuevamente, elevar una mano y dirigirla hasta su hombro marcado.

Esta vez, no dio marcha atras, apresando la piel bajo sus dedos con velocidad y tironeando de ella, estampandola contra si mismo porque sabia que lo necesitaria, que iba a llorar, que le iba a doler e iba, mas que posiblemente, a acabar gritando de sufrimiento.

Sin embargo, ella lo necesitaba.

Al principio, Ifára solo pudo sentir sorpresa, el cuerpo del otro y aquella mano calida apretando su hombro fragil sobre la marca a hierro candente. Esto fue solo al principio puesto que, en apenas unos pocos segundos, los dedos, antes de una calidez agradable, se volvieron abrasantes y la palma de su mano parecia hecha de carbon al rojo vivo. Entonces, llego el dolor, el dolor lacerante e insoportable de la piel quemada, tratando Ifára de aguantarlo valiente cuando se dijo una y otra vez que era lo que queria, que ella misma lo habia suplicado y que, cuando todo terminara, aquella maldita marca habria desaparecido para siempre.

Por desgracia, la temperatura terrible de su mano se volvio aun mas elevada y, junto al aumento de los grados, le sobrevino el dolor correspondiente. Se hizo insoportable e Ifára dejo de pensar con lucidez o razonamiento logico, nublandosele la cabeza ante semejante padecimiento lento e insufrible, lacerante, abrasivo, del que su piel sensible comenzaba a ser presa.

Grito de dolor y empezo a retorcerse con violencia como Ace habia predicho, la pobre, sabiendo el segundo comandante que ahora ya no habia vuelta atras y dejarlo a medias seria aun peor que haberlo empezado, incluso. Sufriendo cada lloro y grito, cada quejido, como si los andara sintiendo tambien sobre la propia piel, Ace la apreto un poquito mas contra si mismo, abrazandola con su mano libre para buscar que no se moviera demasiado y se hiciera ella, inconscientemente, aun mas daño del necesario.

El tan conocido olor de la carne quemada inundo su nariz en cuanto aparecio el humo y, por primera vez, a Ace no se le hizo indiferente o normal. No, esta vez, se le hizo horrible, puede que incluso asfixiante, notando que llegaba a revolverle el estomago y darle ganas de vomitar.

No era el olor a carne quemada de siempre. Era el olor de la carne quemada de Ifára.

-¡No! ¡Basta!- Ella grito y suplico desesperada, presa del dolor y la falta de lucidez que causa para retorcerse bajo el agarre fuerte del otro sin conseguir liberarse, comenzando incluso a golpearle con su brazo sano sobre el pecho. -¡Basta, por favor! ¡Te lo suplico! ¡Ace, para! ¡Basta!- Pero él no la solto porque sabia que, ahora, no podia hacer cosa semejante por muy tentadora que fuera, limitandose a morderse el labio con fuerza y dolor y a apresarla aun mas contra si mismo.

-Shh... queda poco... - Aun no era el momento. Solo un poco mas y la marca desapareceria bajo la nueva que estaba creando, sintiendo incluso ganas de llorar cuando comprobo que la pobre niña no hacia mas que intentar escapar a la vez que buscaba su resguardo instintivamente, escondiendo la cabeza bajo la mandibula de Ace. -Solo un poco mas... aguanta solo un poco mas... - El humo empezo a aumentar al igual que el dolor, si es que era posible, notando el segundo comandante bajo los dedos como la piel delicada y sensible se deshacia por la temperatura excesiva e insoportable. Se arrepentiria toda la vida de hacerle esto y tendria pesadillas durante años. Ace ya estaba seguro de ello.

-¡Basta! ¡Sueltame, Ace! ¡Sueltame, por favor! ¡Por favor!- Rogo y suplico, lloro sin parar, se revolvio y no pudo hacer mas que sufrir y sentir dolor durante unos segundos eternos e insufribles, desconcertada y torturada sin saber si debia huir o buscar su proteccion. Estaba perdiendo la coherencia mental.

-Queda muy poco... muy poquito, canija... sshh... - Le chisto suave al oido y la abrazo mas fuerte contra si, dedicando sobre su hombro abrasado un apreton veloz y fuerte que, aunque sabia que le doleria aun mas, haria la tarea terrible mucho mas rapida y corta. Finalmente, Ifára grito otra vez y el segundo comandante deshizo el agarre de sobre su hombro, liberando a la pobre y llorosa niña tan velozmente como la habia apresado.

Ifára no pudo decir nada mas, desvaneciendose sobre él en cuanto finalizo la tarea maldita.

-¿Canija?- Le susurro preocupado y suave, admirando a la chiquita desmayada entre sus brazos. Evidentemente, ella no respondio, habiendo perdido la consciencia debido al dolor insoportable. Adivinador de la cuestion de porque Ifára andaba ahora desvanecida sobre su cuerpo, Ace chasqueo la lengua con culpa, dedicandole una pequeña revision visual al nuevo aspecto de su hombro. La marca habia desaparecido, cierto, pero habia sido sustituida por otra mucho mas grande y cubriente con la forma de su propia mano, aumentando la apariencia peligrosa debido al aspecto reciente y abrasado de la nueva señal. Ace comprendia su insistencia y necesidad de deshacerse de aquella marca a fuego, aquella marca que no solo la señalizo como quien tiene una res, si no que encima no la dejaba hacer una vida normal. No la dejaba ser persona, como ella misma le habia llorado suplicante. Sin embargo, que lo entendiera no significaba que se sintiera orgulloso o de acuerdo con la cuestion, que hubiera preferido mil veces buscar algun tipo de solucion indolora o bien, simplemente, de camuflaje. No tenia que haber cedido a sus ruegos...

Al menos, Ifára era una persona libre. Ahora si y al completo, penso Ace con un suspirito buscando excusarse a si mismo.

El segundo comandante no pudo contener el acariciar su cabello chocolate con mimo mientras la sentia debil y desmayada sobre él, acogiendola despues entre los brazos para levantarla con facilidad. Asi, el joven Ace deshizo un tanto las mantas viejas e impersonales para acomodarla sobre el colchon con delicadeza, admirando la nueva marca desde una perspectiva mas cientifica con la intencion de poder darle los cuidados necesarios sin sentirse culpable o preocupado mientras llevara a cabo la tarea curativa.

Para cuando la niña despertara, la quemadura le doleria mucho y seguiria haciendolo durante dias, no pudo Ace evitar pensar con malestar mientras rebuscaba en el interior de su mochila, dando por perdida la tarea de tratar de ser frio para con la herida que él mismo habia hecho. Finalmente, Ace le puso algun calmante con suavidad sobre la piel abrasada recientemente, agradeciendole al cielo que la chiquita estuviera inconsciente y no sintiera el dolor para, inmediatamente despues, cubrirla con vendas limpias tras una pequeña desinfeccion.

Ya esta. Estaba hecho.

Ifára era libre.

Ifára era libre y Ace estaba, de nuevo, solo. O lo estaria muy pronto, demasiado pronto para sobrellevarlo correctamente, recapacito el muchacho pirata con melancolia.

Ace no pudo evitarlo, dedicandole a la niña tumbadita sobre el colchon que se reponia del percance provocado una miradita de nostalgia prematura, pensando él como diablos iba a seguir su vida sin mas despues de haberla conocido, tenido entre sus brazos, besado, alabado y adorado.

Iba a ser dificil, mucho. Y era mejor ser realista que no andar ilusionandose con situaciones que nunca ocurririan o palabras que nunca llegarian, en realidad, odiando a su propia cabeza y corazon ya que buscaban, sin permiso, mil y una alternativas antes que sufrir su perdida.

Finalmente, Ace suspiro suave y resignado, tan dolorido como ella misma incluso, tumbandose a su lado calmante y bonito para acomodarse junto a su cuerpo calido. Cerro los ojos y no pudo evitar arrastrarse sobre el colchon un tanto hasta que estuviera pegadita a su cuerpo, sintiendo su nariz el aroma conocido y maravilloso de la niña. Ifára olia a dulce y a limpio, o algo parecido. Ace no lo sabia exactamente, solo sabia que Ifára olia a Ifára y eso era suficiente para encantarlo y dejarlo embobado, queriendo memorizar su perfume natural por puro instinto y miedo a su perdida.

Con los ojos cerrados, el calor de su cuerpo era aun mas agradable y calmante, la suavidad de su respiracion excesivamente relajante y el murmullito casi imperceptible que hacia su pecho perfecto al inhalar y exhalar simplemente sublime. Ace apago la luz ambarina de la mesilla de noche, se acomodo un poquito mejor sobre el colchon junto a ella y, por fin, cubrio a ambos bajo las mantas impersonales pero agradables.

El canto ahogado de los grillos y el sonido de la respiracion de Ifára lo acompaño hasta que se quedo dormido.

(Cambio de escena)

Cuando Ifára se desperto, ademas del dolor, tambien sintio algo agradable.

El cuerpo dormido y tranquilo de Ace se encontraba pegado al suyo, preso el joven de un sueño que ya debia ser profundo a la vez que demandante de cariño. Esto ultimo lo supo porque, en cuanto Ifára abrio los ojos y se recompuso del daño lacerante del brazo un tanto, ademas de notarlo a su alrededor lo vio cerca, muy cerca, abrazado a su cuerpo y escondido como un niño sobre su pecho de jovencita bajo la escasa luz nocturna.

Ifára no pudo evitar sonreir agradada y algo embobada todavia por el desmayo.

Con cuidado, movio su brazo sano porque el otro le dolia demasiado de momento, buscando no perturbar el sueño tranquilo del joven Ace para acariciarle el cabello oscuro delicadamente. A Ifára le gustaba su pelo. Le gusto desde la primera vez que sus dedos pasearon entre los cabellos porque era una sensacion curiosa ademas de agradable. Era negro como el carbon, de aspecto salvaje y descuidado pero suave y fino en realidad. Se volvia docil bajo los dedos y olia a champu y a muchacho, a juventud. Ademas, Ifára sabia que a Ace tambien le gustaba ser mimado y acariciado aunque nunca se lo hubiera dicho exactamente con aquellas palabras, consistiendo esto ultimo un aliciente. Su pelo era como el mismo Ace, se dijo Ifára perdida en su propio embrujo, aumentando un poquito la intensidad de la caricia pero sin que llegara a despertarlo. Le gustaba su pelo. Le gusto desde la primera vez...

Ace dejo escapar un sonidito agradecido y dormido que parecio una especie de ronroneo suave, afianzando su posicion encogida sobre el colchon para rebuscar con la cabeza y esconderse mejor bajo el cuerpo de la niña.

Una vez hizo esto, satisfecho entre sueños se relajo de nuevo, causando que Ifára tuviera que guardarse una risita y continuara su tarea cariñosa.

Le gustaba su pelo y acariciarlo hasta que se quedara dormido. Notarlo estremecerse primero y comenzar a relajarse despues hasta que, finalmente, no pudiera evitar terminar por caer preso del sueño. Era divertido y agradable observar como Ace solia tratar de luchar por puro instinto y cabezoneria, cerrandosele los ojos por si solos y tratando el joven de mantenerlos abiertos y despiertos sin lograrlo. Nunca lo conseguia e Ifára siempre ganaba, consistiendo aquella escena que acababa de recrear en su cabeza una de sus acciones favoritas. Le gustaba acariciar su pelo hasta que se quedara dormido porque un Ace dormido, como el que tenia ahora mismo escondido sobre su pecho, era un Ace tranquilo y aniñado. Le hacia parecer sereno, dulce e incluso indefenso, cosa que nunca veria nadie mientras estuviera despierto.

Excepto ella misma, claro, penso Ifára. Ella si habia visto muchas cosas de él que nadie mas habia contemplado ni lo haria jamas.

Esto ultimo la hacia sentir importante y especial pero, a la vez, siempre le resulto una lastima no poder compartir la experiencia sorprendente.

Con un suspirito suave, Ifára acogio la cabeza de Ace bajo sus dedos, protegiendole en su sueño con su cuerpo mas pequeño y besando, despues, su frente con total delicadeza.

Finalmente, la muchachita apoyo la mandibula estrecha sobre su cabeza dormida, notandole revolverse agradecido de nuevo y buscar mayor resguardo inconscientemente.

E Ifára volvio a quedarse dormida.

(Cambio de escena)

-Oh ¿Tambien te gustan los cuentos a ti, Lysander?- Dijo aquella mujer joven de facciones armonicas y perfectas, incluso, inclinandose un tanto mientras apoyaba las manos sobre el habito que cubria sus rodillas para dirigirse al pequeño.

El timido y acobardado Lysander se limito a asentir con la cabeza entre cohibido y sonriente, levemente escondido tras las piernas atleticas del joven Ace.

-¿Si?- Cuestiono de nuevo aquella mujer joven, aquella religiosa amable con aspecto de diosa griega y simbolo de la belleza angelical que les habia dado la bienvenida, pareciendo de lo mas divertida con las reacciones simpaticas del pequeño Lysander. -¿Y sabes leer?-

Esta vez, el niño nego con la cabeza, pareciendo que aquella señorita le agradaba pero, a la vez, le hacia tomar precauciones por tan solo ser una desconocida todavia.

-¡Vaya!- La religiosa fiel seguidora de su doctrina en cuestion chasqueo la lengua divertidamente, haciendo que sus habitos y vestiduras cubrientes hondearan al compas de sus movimientos. -Pues, entonces, tendras que aprender o no podras conocer mas cuentos.-

-Leamelos usted, señorita.- Hablo por fin Lysander con algo de descaro y simpleza infantil, como si lo que acababa de pronunciar fuera algo mas que evidente.

-Niño... - Por su parte, Ace se hizo notar, dedicando sobre el pequeño escondido tras sus piernas una miradita de regaño. - ... no seas maleducado.-

-¡Oh, no se preocupe!- Exclamo rapido la joven y hermosa religiosa, pareciendo una ninfa recien salida de alguna novela fantastica y mitologica. -No me importa.- Y, nuevamente, aquella fiel de sus divinidades regreso la atencion al pequeño Lysander, demostrandoles magnificamente el porque habia decidido dedicarse a los niños ademas de a la religion.

Embobados por su belleza increible y casi subrrealista, los tres piratas no pudieron hacer mucho mas que mirarla estupefactos y levemente boquiabiertos, pensando en como diablos semejante mujer despampanante habia decidido pasar el resto de sus dias presa del celibato.

-Dime, Lysander... - Dulce y preciosa, amable encima, la joven religiosa se dirigio de nuevo al pequeño, dispuesta a continuar con la divertida conversacion. -¿Te gustaria aprender y poder leer todos los cuentos que quisieras?-

Mas atento que al principio, que aquello empezaba a llamar su atencion enormemente, el pequeño niño asintio desde su escondrijo.

-¡Que bien!-Jugo la señorita, dando un par de palmadas rapidas y divertidas al aire. -Entonces, si te quedas con nosotras podras hacer eso y aprender muchas otras cosas ¿Quieres quedarte?-

Animado y relajado ya, Lysander asintio con su cabecita de niño un par de rapidas veces.

-Ven conmigo.- La religiosa de belleza impresionante y facciones perfectas le hizo una seña de acercamiento con la mano, causando que el pequeño se lo pensara un tanto durante un par de segundos. Finalmente, pasado el tiempo de reflexion que creyo suficiente Lysander salio de su escondrijo despacito y precavido, esquivando las piernas del joven Ace para dirigirse directo hacia la preciosa joven cubierta por habitos oscuros. -Que niño tan bueno.- Dijo aquella belleza subrreal mas para si misma que para el resto, cogiendo de la mano al niño silencioso que, simplemente, decidio dejarse hacer. -¡Oh!- Exclamo con fingida sorpresa, llevandose una mano hacia la mejilla para mejorar la actuacion y causar la total curiosidad del observador Lysander. -Pero, antes, tendremos que tapar esa marca ¿No crees?- Dijo la joven hermosa de manera divertida y simpatica, escondiendo bajo la gracia el motivo triste y para nada agradable de sus palabras. Curioso y levemente desconcertado, el pequeño niño le dedico una miradita de revision a la marca a fuego de su hombro pequeño. -Mira, le pondremos esto... - Y, sin mas, la religiosa joven saco un pañuelo blanco e impoluto de tela de su bolsillo, atandolo eficazmente sobre el brazo y seña a hierro candente de Lysander. -Ala, ya esta... pero no te lo quites delante de la gente ¿De acuerdo?- Aunque amable, la joven sirviente de los dioses si sono firme y autoritaria, haciendo que el niño Lysander se desconcertara un tanto mas. -Sera un secreto nuestro, Lysander. Si alguien de fuera del convento se entera de que tienes esa marca, me enfadare ¿Vale?- Convento o lo que fuera aquello, penso Ace levemente embobado todavia por la imagen preciosa de aquella mujer, recapacitando que mas bien parecia un colegio u orfanato cargado de niños y religiosas.

Finalmente, el pequeño Lysander asintio tras una nueva revision de la marca, obedeciendo a la religiosa amable.

-Bien dicho.- Contesto la mujer con su sonrisa radiante de dientes impolutos, causando que el niño moreno imitara su expresion rapidamente. Repentinamente, la religiosa de belleza inigualable dedico una mirada rapida de revision sobre el patio amplio de aquel edificio antiguo, deteniendo el analisis en cuanto sus ojos se cruzaron con lo que andaba buscando. -¡Hermana Clarise!- Exclamo con llamado la hermosa jovencita, elevando su mano libre con indicacion.

Velozmente, una algo madura mujer dejo lo que andaba haciendo, dirigiendose directa hacia su compañera de religion con caminar pesado pero eficaz. En cuanto llego, lo primero que hizo fue dedicar sobre los tres silenciosos y boquiabiertos comandantes una expresion de reproche y regaño como una maestra estirada, pillandoles in fraganti y adivinando facilmente lo que estaban pensando de su bonita compañera.

Por suerte para ellos, la religiosa y diosa griega evito cualquier tipo de reprimenda malhumorada sin siquiera proponerselo.

-Mira, hermana... este es Lysander.- Dijo la joven con su voz dulce de campanillas, dedicando una miradita feliz al pequeño que aun tenia de la mano. -Es nuevo y va a quedarse con nosotras ¿Verdad?- El niño asintio algo perdido todavia, dandole una miradita de revision ahora a la otra religiosa mayor y regordeta.

-Hola, Lysander.- Saludo la mujer madura y de baja estatura, sonriendo ampliamente al pequeño y cambiando drasticamente su actitud al dirigirse al infante. -Bienvenido y que los dioses te bendigan. Yo soy Clarise.-

-Si... llevalo con los otros, hermana, por favor.- Y la muchacha preciosa le tendio la mano que acogia la del pequeño Lysander, siendo rapidamente sustituida la suya tan bonita y perfecta por la rechoncha y graciosa de la otra.

-Claro... vamos, Lysander. Te presentare a tus compañeros.- Sin mas, la tal hermana Clarise se llevo al niño Lysander de la mano que, obediente pero desconcertado por tanto cambio drastico, se limito a seguirla.

Mientras caminaba guiado por aquella mujer rechoncha de aspecto humilde, el niño no pudo contener girarse un segundo, dedicando sobre el segundo comandante una miradita curiosa.

Cuando comprendio ligeramente que ocurria, alejandose cada vez mas de aquellos tres extraños hombres del mar, Lysander elevo su manita libre para hacer un movimiento de despedida.

Ace no pudo hacer mas que sonreir un poco e imitarle.

Era un adios y el niño, ahora si, lo sabia.

Finalmente, el pequeño y silencioso esclavo Lysander desaparecio a traves de las puertas de aquel edificio antiguo, siendo atetamente observado por Ace.

Estaria bien y cuidarian de él perfectamente. Lysander no seria esclavo nunca mas.

Por fin el mundo comenzaba a curarse.

-Bueno... - Suspiro la hermosa religiosa cubierta de habitos, sacando al joven pirata de sus pensamientos y revision atenta. -Muchas gracias por traerlo.-

-¿Ah?- Embobado tanto por la despedida como por la imagen maravillosa, Ace tuvo que analizar cada palabra que acababan de decirle. -Oh, no, no... muchas gracias a vosotras por acogerlo.- Dijo el segundo comandante con una sonrisa, no pudiendo evitar que su lado seductor y mujeriego peleara fieramente por salir a la luz.

-Tenemos muchos niños con... problemas parecidos... - Con pena incluso, la religiosa regalo una miradita rapida de revision a sus alrededores, analizando velozmente y por encima las caritas infantiles que pasaran por alli. - ... cuidaremos bien de él.-

-¡Eso seguro!- Exclamo Ace con su sonrisa mas deslumbrante y actitud simpatica, pensando sin razonarlo mucho que, por tontear un poco, tampoco pasaba nada. -Se nota que le encantan los niños y que, ademas, se le dan bien.- Como respuesta, la preciosa mujer cubierta por habitos rio con una carcajada que sonaba a campanillas.

-Oh, si... bueno, es en los niños en quienes soy mas devota.- Dijo ella humilde pero convencida, soltando un suspirito encandilado en cuanto observo de reojo las caritas infantiles de nuevo. Sin embargo, cuando toda su atencion regreso hacia el joven Ace y adivino, facilmente, el significado de su expresion tras haber pronunciado aquellas palabras, la religiosa joven velozmente hablo otra vez. -Ademas de en los dioses. Primero los dioses, luego los niños.- Era un hueso duro de roer.

-Ya veo... - Pero Ace no era de los que se daban por vencido, resultando el reto mucho mas divertido ahora. Solo seria un juego inocente y benigno, que el segundo comandante no estaba dispuesto a crear problemas entre señoritas una segunda vez. -Igualmente, los niños saben de quien deben fiarse y de quien no por puro instinto... - Dijo el joven pirata con una sonrisa maliciosa que trato de mostrarse inocente, llevandose las manos hacia los bolsillos en una pose orgullosa pero no demasiado altiva. - ... Y se ve que de usted no solo se fian, si no que la quieren mucho y buscan su compañia ¿Sabe?- Adulada pero humilde, la religiosa escucho atentamente, no sabiendo exactamente que decir al respecto. -Aunque claro... - Continuo el joven Ace, no pudiendo contener la miradita significativa y directa a los ojos claros y azul intenso de la muchacha. - ... no me extraña en absoluto.-

-Oh... ya... - La joven y preciosa religiosa se sonrojo un tanto de manera exquisita, comenzando a ponerse nerviosa y apurada sin poder evitarlo. -Muchas gracias por el halago, supongo... -

-No es un halago, señorita. Es la pura verdad.- Estaba siendo mas divertido de lo que Ace pretendio en un principio, sintiendose animado por la actitud entre adulada e incomoda de la preciosa y esbelta muchacha. -Yo nunca halago, solo soy sincero. Y sinceramente le digo que desprende usted... - Dijo Ace fingiendo pensar detenidamente lo que iba a decir a continuacion, dedicando una miradita rapida y reflexiva al cielo para, segundos despues, volver a fijarla sobre la religiosa. -No sabria como decirlo... es su aura... o su alma ¿Sabe? Es realmente calida y confiable.- Ace sabia bien que palabras decir a cada mujer en el momento oportuno. -Su bondad y belleza interior inundan el patio, señorita.- Dijo el joven comandante como preso de un embrujo incluso mistico, admirando a la muchacha cual devoto seguidor.

-Y-yo... ¡Oh, vaya!- Avergonzada pero evidentemente agradecida, la religiosa y diosa griega sonrio entre feliz y nerviosa, retorciendose las manos perfectas y palidas un tanto. -No se que decirle... Eso ha sido... ha sido muy bonito.- Admitio finalmente, no percatandose de la sonrisilla triunfal que la expresion de Ace adopto, recomponiendose rapido el muchacho para parecer igual de inocente y encandilado que al principio.

Ace abrio la boca con evidentes intenciones de continuar con su juego de flirteo, teniendo que detenerse para su desgracia en cuanto sintio un brazo fuerte apresandole sin mucho cuidado a traves de los hombros.

-¡Ey, pequeño Ace!- Exclamo Thatch con una sonrisa radiante y picaresca, indicandole en secreto su reproche silencioso. Curioso y levemente molesto por su interrupcion, Ace se trago un bufido, notando como el cuarto comandante apresaba sus hombros con fuerza. -¿Donde esta la preciosa Ifára?- Cuestiono Thatch malicioso, hablando con la suficiente claridad y volumen como para que la religiosa bonita escuchara cada palabra.

-Esta en el hostal... durmiendo todavia, supongo.- El segundo comandante se vio descubierto y despertado del embrujo del flirteo abruptamente, recordando la imagen dormida de una Ifára que aun se recuperaba de su quemadura reciente cuando decidieron, en la mañana, salir hacia el convento u orfanato.

-Ah, ya veo... - Continuo Thatch, satisfecho al observar de reojo que aquella despampanante religiosa andaba atenta a cada palabra con curiosidad. -Es que me resultaba raro ¿Sabes, mi pecoso amigo? Como no la dejas sola ni para ir al baño... - El cuarto comandante se encogio de hombros aun apresando al otro, fingiendo que no tenia en mente unas segundas intenciones.

-¡Oh!- Exclamo de pronto la preciosa muchacha, sustituyendo su sorpresa inicial por una sonrisa animada y mas comoda. -¿Es su prometida?- La pregunta curiosa pero feliz hizo que Thatch tuviera que tragarse una carcajada de jubilo, esperando impaciente la respuesta del joven Ace.

-Eh... no. No es... - Pero, para su infinita desgracia, el segundo comandante fue rapidamente interrumpido.

-Deberia serlo pronto.- Contesto Thatch con gracia y fingido enternecimiento, zarandeando un tanto al amigo bajo su agarre mientras comenzaba a dedicarle toda su atencion a aquella religiosa de increible belleza. -¿Sabe? Este pipiolo de aqui ya ha encontrado el amor ¿No es una maravilla?- Ace ya habia perdido la batalla, se dijo internamente con un suspirito molesto, contemplando como su compañero cuarto se decidia a ser ahora él quien jugara la partida.

-Si, si lo es... El amor es el mayor regalo de los dioses.- Dijo la religiosa joven con toda su devocion y admiracion angelical, asintiendo serena y convencida.

-¡Exacto! ¡Estoy completamente de acuerdo con usted!- Con entusiasmo y alegria total, el cuarto comandante secundo las palabras de la joven, soltando el agarre sobre Ace sin mucho cuidado y casi lanzandolo al suelo. -Sin embargo... - La actitud animada en principio de Thatch se perdio de pronto, adoptando la expresion mas perdida y tristona que tenia bajo la manga. - ... en mi caso aun sigo esperando por ese regalo... - Ace no pudo hacer mas que contener un gruñido entre burlon y molesto, decidiendose por permanecer en silencio y quedarse entre bastidores hasta que fuera su momento de saltar al ruedo de nuevo.

-Oh, no este triste por eso.- Dijo la joven religiosa compasiva y maternal, incluso, acercandose un tanto al dolido y melancolico Thatch. -Los dioses tienen encargado un destino para cada uno de nosotros... Tarde o temprano, su destino le llevara hacia la mujer que amara durante el resto de su vida.- Ace habia decidido adular su espiritualidad, y Thatch se habia decantado por apelar a la compasion.

-Si, lo se... pero, aun asi, es dificil esperar.- Contesto el cuarto comandante con un falso suspirito, contemplando como cada una de sus palabras conseguian las reacciones deseadas. -Es decir... ¡Vaya! Es tan desconcertante... pero a la vez tan esperanzador... - Entonces, la mirada de cordero degollado se clavo sobre la preciosa y clara de aquella joven mujer, causando que esta ultima se decantara por permanecer en silencio. -Podria estar en cualquier parte... la mujer de mis sueños, quiero decir.- Y su expresion significativa casi gritaba la respuesta e identidad de aquella supuesta mujer de su vida, apresando sin permiso y velozmente las manos blancas y finas de la religiosa. -En cualquier parte... - Repitio Thatch, aprovechando el repentino agarre y el desconcierto que desperto despues sobre la muchacha para continuar. -El amor de su vida tambien podria estar en cualquier parte, aparecer en cualquier momento... o ser quien menos espera, mi querida y devota señorita.- Y la religiosa parecio realmente perdida y anonadada, no sabiendo si echar a correr, gritarle alguna barbaridad o finalmente seguirle el juego.

-El amor de su vida son los dioses, las animas o lo que sea.- Una voz cortante y seria rompio el momento tenso velozmente, causando que Thatch no pudiera contener una expresion enfurruñada al reconocer la identidad de aquel que habia hablado. Ace decidio aguantarse una carcajada. -Vamonos.- Y, sin mas, el siempre firme y autoritario Marco agarro sin piedad el cuello de la camisa del cuarto comandante por la espalda, tironeando de él como lo haria un enfadado hermano mayor. Ace no pudo contener mas una risotada burlona para con el arrastrado contra su voluntad, causando que la molestia de Marco tambien se cerniera sobre él. -Yo soy el unico que se ha comunicado con Padre estos dias y sabe donde esta el barco... Si no te mueves... - Le espeto amenazante al segudo comandante, causando que este rapidamente se amedrentara un tanto y tragara saliva con pesadez. - ... te juro que te dejo en tierra.-

-No te atreveras.- Pero la mirada seria y convencida del primer comandante le dijo lo contrario. -Eh... hasta otra, señorita.- Dijo el joven Ace, despidiendose con un cabeceo veloz de la muchacha preciosa para alcanzar al primer comandante y al arrastrado Thatch, que ya habian comenzado a caminar, en un par de zancadas.

-Disculpe las molestias.- Respondio Marco como despedida sin si quiera girarse, tironeando de su compañero picaro y bufon a la vez que observaba de reojo como Ace llegaba hasta ellos.

Desconcertada, la diosa griega se limito a observar a los tres comandantes y piratas, decidiendo finalmente que no merecia la pena buscarles excusas o explicaciones de ningun tipo. Encogiendose de hombros, la muchacha hermosa se dio la vuelta, comenzando a caminar de nuevo hacia la puerta del viejo edificio.

-¡Adios, mi querido angel sirviente de los dioses! ¡Adios!- Thatch nunca seria un tipo remilgado o vergonzoso, gritando aquello a los cuatro vientos como si fuera un condenado a muerte que dirigen hacia la horca. Por su parte, la religiosa no dijo nada ni se digno a mirarlo de nuevo, alejandose cada vez mas a la vez que los otros continuaban su camino.

-Es una monja, por el amor de Dios.- Exclamo Marco con molestia e incredulidad, incluso, analizando incomodo pero serio como varias miraditas de otras religiosas se clavaban sobre ellos con total reproche e indignacion.

-¡Y que monja!- Para desgracia del estirado y correcto Marco, el joven Ace tampoco se andaba con rodeos, soltando hasta un silbidito de admiracion incredula. Al fin y al cabo, no volverian a verlos por alli, asi que la imagen que dieran tampoco se les hacia importante. -Quiero volver a mi infancia para que me ingresen aqui.-

-Yo creo que me hare sacerdote.- Dijo Thatch con complicidad, aun arrastrado por el primer comandante.

-Se que la respuesta sera una rotunda negativa, pero... - Marco solto un suspirito cansado, caminando mas a prisa cuando cotemplo con horror interno como las monjitas o religiosas andaban dispuestas a echarlos antes de que se fueran ellos mismos. -¿Vosotros no teneis limites, acaso?- Dijo, apurando aun mas el paso en cuanto sus ojos se toparon con la salida de aquel patio del convento u orfanato.

-Bueno, las diosas, supongo... Las diosas no se pueden tocar.- Contesto el joven Ace siguiendo la broma, asintiendo solemne en cuanto termino sus palabras. -Cuando muera, si voy al cielo tendre que contenerme.-

-¿Estas de broma?- Sin embargo, Thatch no debia estar de acuerdo, dedicando sobre su amigo una miradita rapida de fingida incredulidad. -¡Que desperdicio ignorar a las diosas! ¿Sabes como debe ser compartir las sabanas con una de ellas? Imagina... ser santificado entre sus piernas seguro que no tiene precio.-

-¡No blasfemes aqui, maldita sea!- Exclamo Marco rapidamente, tan escandalizado como preocupado mientras se acercaban cada vez mas a la salida y arrastraba a su compañero perverso. -¿Acaso quieres que la maldicion de los dioses te siga durante el resto de tu vida?- Y es que Marco preferia no jugarsela demasiado, que no le gustaba bromear con lo que no conocia o no podia ver.

-Mas miedo me da que me quemen por hereje o algo asi... - Contesto Thatch con toda su calma y diversion, encogiendose de hombros cuando comprobo como las miraditas escandalizadas y furiosas de varias religiosas se cernian sobre su persona arrastrada. -Es mas posible y creible que ninguna maldicion divina ¿Has visto sus caras? Seguro que quieren utilizarme para algun ritual de exorcismo o algo asi.-

-No juegues con lo conoces, Thatch.- Le espeto Marco cada vez mas molesto e incomodo, llegando casi a echar a correr en cuanto descubrio la puerta de salida cada vez mas cerca. -Mucho menos en el lugar donde le rinden culto a las divinidades en cuestion.-

-¡Agh! ¡El diablo! ¡El diablo corroe mi alma!- Para desgracia del correcto primer comandante, Thatch decidio jugar un poco mas, que tanta monserga y educacion comenzaba a resultarle demasiado divertida como para dejarla tranquila. -¡Yo lo he visto! ¡Lo he visto!- Grito cual loco poseido por el mismo diablo, llegando incluso a retorcerse con dolor fingido e insoportable en cuanto una religiosa paso demasiado cerca para su desgracia. -¡Se lo juro! ¡Lo he visto en mis pesadillas y no me deja dormir! ¡Quiere sangre! ¡Sangre de mujer!- Viendo que se dirigian a ella, la pobre monjita en cuestion dejo escapar un gritito ahogado, echando a correr velozmente para esconderse por ahi o bien avisar a alguien mas.

Ace no pudo hacer mas que comenzar a reirse a pleno pulmon, contemplando la escena de falsa posesion y locura del cuarto comandante.

-¡Mierda, Thatch!- Exclamo Marco cada vez mas furioso y perdiendo los estribos, actitud y reaccion que solo alguien como Thatch podria conseguir tan facilmente, notando ademas el primer comandante como la vergüenza ajena comenzaba a transformarse incluso en propia. -¡Calla la boca!-

-¡No puedo! ¡El diablo me corroe las entrañas! ¡Uargh!- Contesto Thatch finalizando la frase con un gruñido de bestia sufriente, causando que el pobre Marco no pudiera hacer mas que afianzar el agarre sobre su camisa y, basicamente, echar a correr hacia la puerta.

Por su parte, Ace se dedico a reir y seguirles, observando las miradas aterradas de las mas creyentes e ingenuas y las furiosas de aquellas que, en cambio, eran mas curtidas y espabiladas.

¿Que mas daba? Al fin y al cabo, no volverian a verles nunca mas.

(Cambio de escena)

Con un gruñidito suave de molestia, Ifára se desperto.

Habia tratado de remolonear un tanto entre las sabanas como era su costumbre pero, para su desgracia total, el roce inoportuno de la almohada sobre su hombro herido causo que desistiera. El dolor lacerante de la piel quemada bajo las vendas la espabilo mas de lo que deseaba y de una forma para nada agradable, bufando la chiquita finalmente en cuanto dio la tarea por perdida.

Resignada, Ifára se incorporo sentada sobre el colchon, teniendo que cerrar los ojos bicolores un segundo cuando la luz intensa del sol la golpeo de lleno.

Debia ser bien entrada la mañana o principio del mediodia, se dijo, notando que su estomago se retorcia un tanto en busca de comida.

Curiosa como seria siempre, la niña se meso el vientre codicioso y todavia vacio, dedicando una miradita rapida de revision al lugar en la cama junto a ella.

Ace no estaba.

Ifára no se habia dado cuenta del momento en que el joven pirata habia decidido desaparecer, cosa que le resulto hasta divertida cuando recordo que habia dormido escondido en su cuerpo y entrelazado a su cintura. Significaba que Ace habia tenido cuidado y hecho maravillas para no despertarla, no pudiendo la chiquita el contener una sonrisilla graciosa por su consideracion. Vale que tuviera el sueño realmente pesado, pero si el joven Ace hubiera sido descuidado, si hubiera terminado por despertarla.

Por estas cosas tan simples pero bonitas, Ifára queria a Ace.

Lo demas solia olvidarsele cuando se topaba con acciones y detalles semejantes.

Detalles como el de anoche, penso repentinamente Ifára, cerciorandose poco a poco y topandose con la realidad cuando un pinchacito molesto provino de su hombro herido. Abrio los ojos ya de por si grandes aun mas, dando un leve respingo para revisar sorprendida todavia la zona vendada y abrasada.

Entonces, Ifára no pudo evitar sonreir incredula y nerviosa, como si aquello fuera un sueño que creyo imposible y acababa de cumplirse, teniendo que contener un gritito de jubilo por pura timidez y educacion.

Podia tener un aspecto terrible, podia estar enrojecida, levemente hinchada y doler como mil demonios, pero para ella dejo de ser una herida peligrosa para transformarse en un llamado y simbolo de esperanza, de vida. Era una resurreccion, se dijo Ifára, llevandose una manita cuidadosa y ansiosa hacia el vendaje que cubria la reciente quemadura.

Ifára habia perdido su alma e ido al infierno para, finalmente, recuperarla y regresar a la vida.

Ella siempre creyo que se quedaria en el infierno, y que solo la muerte natural seria su fuente de salvacion a semejante suplicio.

Sin embargo, Ifára habia vuelto a la vida.

Con un quejidito molesto e inconsciente debido al contacto de sus dedos sobre la herida cubierta, la chiquita tuvo que detener su accion tactil, observando todavia el lugar donde aquella marca de esclavitud no apareceria nunca mas. Tendria otra cicatriz, era cierto, una mas grande y notable, pero semejante cosa le parecia una vanalidad comparada con el significado y sufrimiento de la otra. La estetica de su hombro le daba igual, porque ahora aquella nueva marca a fuego no significaria nada para los demas. Nada para los demas, pero para ella si.

Era la mano de Ace. Por eso para ella siempre tendria un significado.

Ifára dejo escapar un suspirito entre enternecido y tranquilo, abandonando la revision constante de su hombro tras unos segundos mas. Sintiendo de repente un arrebato de cariño hacia el joven pirata y enormes ganas por verle, aunque solo fuera un ratito, la chiquita se levanto de la cama como un resorte, dirgiendose directa al cuarto de baño para asearse un poco y comprobar su estado estetico.

La pierna ya casi no le dolia, asi que se ducho a la velocidad de la luz y, nada mas salir y vestirse comodamente, Ifára se lanzo hacia el espejo pequeño pero eficaz, admirando su propio reflejo bonito y el estado de sus facciones.

Tenia la cara rasguñada y ligeramente dañada todavia, analizando la pobre con una leve desilusion como su rostro no estaba en su mejor momento ni apogeo, la verdad. Tras un suspirito resignado, Ifára se peino los rizos rebeldes y mojados con sus dedos como mejor pudo, diciendose que las heridas de su cara al menos estaban mejor que ayer y que Ace ya las habia visto, asi que tampoco eran para tanto.

Con un encogimiento de hombros y dedicandose una ultima mirada, Ifára salio del baño como una centella, dirigiendose directa hacia la puerta de la habitacion para recorrer el pequeño hostal en busqueda del segundo comandante.

Atraveso el pasillo facilmente, que las dimensiones del local eran humildes y minimas, escuchando rapidamente alguna conversacion masculina que provenia del exterior y salida del hostal.

Animada al reconocer una de las voces, que se la sabia de memoria ya y podria saber su identidad incluso a un kilometro de distancia, Ifára dio un pequeño respingo, aumentando la velocidad de su caminar para salir a la calle y encontrarse por fin con aquella persona que le habia venido a la mente casi nada mas despertarse.

-Buenos dias, señorita.- Le dijo la casera en cuanto se cruzo en su camino, deteniendo un segundo su barre que te barre para saludar cordial y animada a una de sus inquilinas.

Ifára no pudo evitar pararse en seco, dedicandole a la mujer madura y rechoncha una miradita incluso estupefacta.

Escoba en mano, la casera amable correspondio sus bonitos ojos con otros tambien desconcertados por semejante reaccion.

Finalmente, la estupefaccion de Ifára fue sustituida por una alegria desbordante, sonriendo la niña de manera maravillosa y pareciendo, incluso, la representacion grafica de la felicidad.

-¡Buenos dias!- Dijo, y la casera rio divertida por su animacion y actitud dulce y contagiosa, consiguiendo que la chiquita finalmente continuara su camino incluso mas contenta que al principio.

Le habian dado los buenos dias. No, no solo le habian dado los buenos dias, si no que ademas la habian llamado señorita, penso Ifára mientras caminaba hacia la puerta.

Señorita. Señorita Ifára. No sonaba muy bien, pero eso le daba igual.

Ahora era una persona. Ahora si y del todo.

Presa total de semejante felicidad y animacion desbordante, Ifára recorrio la escasa distancia que la separaba de la puerta en dos zancaditas veloces, mordiendose el labio inferior para ahogar un quejidito instintivo en cuanto su pierna pincho molestamente.

Casi no le dolia, casi. Aquel dia, su cojera solo molestaba de vez en cuando.

Finalmente recompuesta de la punzadita malvada, Ifára abrio la puerta que daba a la salida, topandose con la imagen clara y brillante de una mañana que se le hizo la mas bonita del mundo.

Rapido, su sonrisa se ensancho en cuanto sus ojos bicolores se toparon con la figura tan buscada del joven Ace, observando la muchachita divertida como este parecia mantener una acalorada conversacion con sus dos compañeros y camaradas.

Las miradas de los tres hombres se volcaron de pronto sobre la recien llegada chiquita, callando ellos de pronto y sin motivo aparente mas alla de su dulce presencia. Pareciendo incomodos, incluso, abruptamente permanecieron en silencio, observando fija y largamente a la joven Ifára mediante expresiones que no supo identificar claramente.

Entonces, bajo la luz intensa del sol y rodeados por las conversaciones de aquellos habitantes que pasaban por alli sin prestarles atencion, Ifára se percato de un detalle para nada esperanzador y demasiado desconcertante.

Y su bonita sonrisa desaparecio de golpe.

-¿Adonde vas?- Le pregunto directamente al segundo comandante, analizando con ojos confusos aquella mochila y compañera de viaje que Ace, sorprendentemente, parecia cargar sobre su hombro lista para la partida.

-Eh... - El joven pirata parecio haber sido descubierto de pronto, no sabiendo exactamente que decirle ni de que manera. Tenso y extraño, conteniendo notablemente la dificultad y dolor de la supuesta situacion, Ace se permitio unos segundos de silencio incomodo. Por su parte, tanto Thatch como Marco decidieron hacerse a un lado velozmente, palmeando el hombro del segundo comandante cada uno a su manera para comenzar a caminar a traves del pueblo. Les estaban dejando solos y ambos le habian dado a Ace un toque de consuelo, se dijo Ifára cada vez mas incredula, admirando de reojo como aquellos otros dos piratas se largaban, sin duda, camino hacia la costa cercana.

-¿A-adonde vas?- Repitio Ifára con nerviosismo y tremendas ganas de llorar, que comenzaba a adivinar lo que estaba pasando aunque no quisiera creerlo. Apretadita contra el marco de la puerta abierta, la muchachita trago saliva pesadamente, notando como sus ojos bonitos se volvian vidriosos ¡Maldita sea su sensibilidad! ¡Maldita sea su facilidad para llorar! Con estos pensamientos, Ifára consiguio contenerse.

-A la costa. - Contesto por fin el segundo comandante, regalandole a la chiquita una sonrisa claramente falsa. -Ya hemos dejado al niño y... - Le costo continuar enormemente, buscando por todos los medios el joven pirata la manera delicada pero eficaz de aclarar la situacion. -Bueno... no podemos quedarnos aqui mucho mas tiempo... Nosotros tres no... - Pero Ifára lo interrumpio rapidamente.

-¿Y yo?- Cuestiono la chiquita con dolor notable y lacerante, apretando mas fuerte el marco de la puerta en cuanto las ultimas palabras del joven Ace fueron analizadas detenidamente.

-Tu... - Sin embargo, el que parecio flaquear ahora fue el mismo Ace, evitando la mirada bicolor de Ifára mientras trataba por todos los medios de mantener el tipo. Luchando por parecer tan despreocupado y fuerte como solia, el segundo comandante se llevo una mano tras la nuca para mesarsela tensamente. -Tu puedes... puedes quedarte... ya no... - Atenta y dolida, Ifára permanecio a la espera, observando extrañada e incredula todavia como él buscaba sin descanso las palabras adecuadas y mas sensibles. -Ya no eres una esclava... ahora eres una mujer libre y... y puedes quedarte... no estas obligada a venir conmigo y... - Sin embargo, la muchachita lo interrumpio nuevamente.

-¿N-no quieres... - Ifára se apreso aun mas fuerte contra la puerta, pareciendo incluso que se romperia los dedos por la intensidad, contemplando las facciones de muchacho guapo del segundo comandante. - ... estar conmigo?- Y la expresion de Ace se transformo en la imagen misma de la confusion.

-¿Que?- Le costo asumir semejante pregunta dicha con tremendo dolor y al borde de las lagrimas, teniendo que recapacitar en su cabeza cada silaba para cerciorarse de que eran ciertas. -¡Claro que si! Yo quiero estar contigo... pero tu... - Debia ser que Ifára no andaba dispuesta a dejarle terminar.

-¿Ya no me quieres?- Y la idea de una posible respuesta negativa parecia que terminaria matandola de dolor.

-¡Canija, yo te adoro!- Exclamo Ace mas sincero que nunca en su vida, razonando la expresion de Ifára como lo mas horrible y dañante del universo. Ace nunca imagino que, de verdad, ella podria llegar a apreciarle tanto. Ni siquiera en sus mas bonitos y agradables sueños. -Te adoro, te lo juro... pero tu... mereces una vida tranquila... necesitas una vida tranquila.- Era cierto, se dijo Ace con el alma destrozada, buscando en sus facciones bonitas pero tan dolidas con la idea de ser abandonada algun deje indicador de que estaba de acuerdo con él.

-¡Mentira!- Exclamo la chiquita comenzando, finalmente, a llorar a pesar de que trataba con todas sus fuerzas de evitarlo, espetandole la ofensa aquella como una niña resentida. -¡No me quieres! I-incluso te ibas sin despedirte... - Aquello si que dejo medio muerto al segundo comandante.

-¡No! Iba a entrar ahora mismo.- Contesto Ace, negando con la cabeza desesperado para que ella creyera sus ciertas palabras. -Iba a hacerlo, de verdad que si. No pensaba dejarte sola sin decirte nada, canija... - Ace no era tan malo ni tan cobarde.

-¡Pero te vas! ¡Y quieres dejarme sola!- Le espeto Ifára, sintiendo como toda su animacion y felicidad anterior, todas sus esperanzas y sueños futuros, se derrumbaban repentinamente.

-¡Por el amor de Dios, Ifára! ¡Yo no quiero dejarte sola! ¡Yo te quiero! ¡Sabes que te quiero!- Ante semejante confesion dicha en voz demasiado alta y sin ninguna vergüenza, varios transeuntes se detuvieron a escuchar un par de segundos, admirando la escena emotiva de reojo. -Y por eso yo... - ¿Cuando se habia sentido tan inseguro y amedrentado? Ace no lo recordaba, solo sabia que su expresion entre decepcionada y dolida, asi como su mirada acusadora pero llorosa, lo estaban matando poco a poco. -Quiero que seas feliz y... y que tengas una vida tranquila... sin peligro, ni sangre, ni rufianes... yo solo... - Como ella sabia perfectamente, Ace nunca fue bueno en las charlas emocionales, saliendole las palabras sinceras de forma bastante temblorosa e insegura. - ... solo pretendo dejarte en paz... que puedas olvidar todo... todo lo que te ha pasado y... y eso... quiero... - Ace chasqueo la lengua, estampandose una mano con fuerza sobre la cara para, sin cuidado, arrastrarla a traves de ella. -Quiero que seas feliz.-

Tragando saliva culpable y tenso, Ace le dedico una miradita rapida a la niña, teniendo que evitar velozmente el contacto visual.

Él habia estado seguro de que Ifára andaria encantada con que desapareciera de su vida y pudiera, ella sola y con sus medios, empezar de cero.

Sin embargo, ella no parecia contenta, precisamente.

-Quieres que sea feliz... - Repitio la muchachita en un susurro, incluso, serenandose repentinamente pero adoptando una actitud realmente seria.

-Si.- Confeso Ace rapidamente, teniendo que terminar sus palabras en un suspiro cansado.

-Pero no quieres que sea feliz contigo... - Con la misma pose repentinamente seria, puede que incluso didactica, Ifára pronuncio aquellas palabras extrañas de evidente reproche.

Entonces, el segundo comandante no pudo evitar que su estomago se sintiera sumido en un calorcito desbordante y agradable, que su corazon diera un vuelco sopresivo y que, en su garganta, se formara, incluso, un nudo emocionado pero incredulo.

Ace levanto la cabeza por fin, mirando directamente a sus preciosos ojos con otros totalmente estupefactos.

-¿Eres feliz conmigo?- Cuestiono Ace, pensando que acabaria por echarse a llorar delante de toda la isla maldita si las cosas continuaban igual de sentimentales.

-Si.- La respuesta rapida y segura de Ifára le arranco al otro un brillo fugaz de total agradecimiento sobre las pupilas, provocando que Ace se limitara al final por respirar hondo y asentir sin mirarla. -Quiero una vida tranquila... pero si no es con Ace... no la quiero.- Incluso enternecida con su reaccion y actitud, que Ifára comenzaba a comprender lo que al otro se le habia pasado por la cabeza cuando decidio marcharse sin ella, la chiquita deshizo finalmente el agarre sobre la madera, relajandose rapida y segura.

-Acabaras haciendome llorar delante de todo el mundo, niña malvada... - Le espeto el segundo comandante mientras se mordia el labio y mantenia los ojos ligeramente humedos, evitando mirar su rostro directamente para no terminar, realmente, por echarse a llorar.

-Llorar no es malo.- Contesto ella, sabiendo facilmente el tipo de respuesta que recibiria a continuacion.

-No voy a hacerlo, asi que desiste.- Que se contendria a las mil maravillas y no lo haria, Ifára tambien lo sabia, observando enternecida como el otro se pasaba una mano nerviosa a traves del cabello oscuro.

-Ahora soy libre ¿No?- Cuestiono la muchachita con tranquilidad y convencimiento total, que andaba ahora segura de como terminarian las cosas aquella mañana.

-Si, lo eres.- Respondio el segundo comandante, teniendo aun la mirada esquiva para resguardar su lado sentimental hacia las profundidades de su estomago. Esa cara debil y blandita solo tenia derecho de salir en soledad, o bien en la intimidad con Ifára.

-Significa, entonces, que puedo elegir lo que yo quiera... - Y, justo en aquel instante, la muchachita se separo finalmente de la puerta abierta, caminando con su gracia natural hasta un joven y emocionado Ace que no sabia, exactamente, que mas hacer o decir. Sin esperar ni una palabra, Ifára le alcanzo facilmente, movimiendo su mano bonita para encontrarse cariñosamente con la del otro. Sorprendido con la muestra de afecto, el joven comandante observo como la chiquita entrelazaba sus dedos delgados con los suyos sin dudarlo un instante, no pudiendo evitar darle por puro instinto un apretoncito suave. - ... y yo elijo quedarme con Ace.-

Ace tuvo que tragar saliva y mirarse los pies como si fueran lo mas interesante del mundo.

-Argh... joder... - Se quejo el joven pirata en un susurro molesto, sintiendo como todo su interior celebraba sin cesar semejante respuesta y muestra de afecto. Ifára era libre y habia decidido permanecer a su lado. Ifára le queria. Quiza Ace no fuera tan horrible y vil como él mismo se creia...

-¿Vas a llorar?- Divertida, la chiquita pincho un poco en su orgullo para relajar el ambiente, conteniendo ella misma las ganas de ponerse a gritar de jubilo como una loca.

-No.- De momento, penso Ace, que si seguian asi acabaria haciendolo y arrepintiendose despues durante mucho, mucho tiempo. Demasiado como para ceder. Portgas D. Ace no lloraba, mucho menos delante de terceros y a plena luz del dia. -Vamonos.- Y, de semejante manera, Ace tironeo un tanto del agarre de su mano suave, dandose la vuelta sin soltarla para comenzar a caminar hacia la costa. Sonriente y tranquila, que el dia habia vuelto a su cauce feliz, Ifára lo siguio.

La esperanza y sueños de futuro se mantenian en pie. Y nada ni nadie podria arrebatarselos nunca mas.

-Oh ¿Sabes que me han llamado señorita?- Le dijo la muchachita con diversion e ilusion evidente mientras marchaban, directos y de la mano, hacia la costa.

-¿Ah, si?- Cuestiono el joven Ace, dedicandole una miradita rapida y graciosa de curiosidad.

Exacto. Nada ni nadie.

Solo Ace e Ifára estaban ahora en el mundo.

Ace era el mundo de Ifára.

Ifára era el mundo de Ace.

(Cambio de escena)

Como ya se habian imaginado, localizar el Moby Dick fue un juego de niños.

Evidentemente, su respetado capitan y querido padre no era capaz de abandonar a ninguno de sus hijos a la deriva a pesar de haberlos amenazado con semejante horror, encontrandose el barco colosal navegando cercano a la ultima isla que pisaron.
Regresaron al enorme navio, al hogar mas real y verdadero, entre sonrisas y carcajadas animadas, que siempre se echaba de menos el calor de un sitio querido aunque hubieras desaparecido por poco tiempo.

En cuanto pisaron la cubierta, les dieron la bienvenida, pero no hubo demasiada celebracion ni las burlas socarronas o los abrazos aplastantes de costumbre, limitandose la gran mayoria de sus compañeros a tratar de decir algo gracioso sin conseguir mucha conversacion. Las miradas curiosas, algunas divertidas, otras incluso reprochadoras, de varios tripulantes y camaradas se clavaron sobre los recien llegados, admirandolos de reojo para comprobar su estado, tanto el de los tres desaparecidos comandantes como el de la niña en cuestion.

Ace noto facilmente como él era mas centro de atencion que ninguno, decidiendose por ignorar los ojos curiosos que lo observaban para continuar su camino, aun apresando fuertemente la mano bonita de Ifára mientras contestaba amable a los saludos de turno. Se percato con sencillez de como, aunque escasos, algunos de sus compañeros parecian recelosos o bien en total desacuerdo con sus acciones de busqueda y salvamento, de cariño incondicional y de evidente liberacion de una esclava sin que esta, apenas, hubiera hecho nada para merecer tal regalo desde sus ojos.

Le dio lo mismo. Lo que pensaran los demas era, simplemente, innecesario.

Ifára tambien se percato. Y tambien le dio lo mismo.

Finalmente, el capitan enorme, el pirata mas temido y poderoso de su era, les dio la bienvenida con una simple mirada y total silencio, analizando a sus pequeños vastagos con firmeza y autoridad. El poderoso Barba Blanca parecio tratar de mostrarse molesto o bien castigador, pero no pudo hacerlo, terminando tan solo por soltar un bufidito divertido y un asentimiento de resignacion.

Lo hecho estaba hecho, al fin y al cabo, y Ace sabia que ya tenia por fin su visto bueno para con su relacion extraña, pero bonita.

Las cosas no podrian ir mejor.

Sintiendose un poquito fuera de lugar, que ella realmente no conocia a casi ninguno de los tripulantes seriamente, Ifára termino por deslizarse del agarre cariñoso en cuanto comprobo como el segundo comandante comenzaba una conversacion burlona con uno de sus propios subordinados. Ace dio un respinguito pequeño y la miro, y ella se encogio de hombros con carita significativa, logrando prontamente que el joven regresara su atencion a la charla y ella pudiera largarse a saludar a los suyos.

Viendose libre en todos los sentidos posibles, ademas, Ifára corrio como una centella hacia el interior del navio colosal, recorriendo pasillos y escaleras con la unica intencion de dar los buenos dias a sus dos personas importantes. Exceptuando a Ace, por supuesto.

Totalmente ilusionada y animada con la idea, notando como se le escapaba la emocion por cada poro de la piel morena, la joven y bonita Ifára se topo finalmente con aquellas conocidas puertas dobles y blancas de la cocina, pensando que nunca le habian resultado tan queridas y preciosas hasta ese dia.

Sin poder esperar ni un segundo mas, la chiquita empujo la madera buena y pesada con toda su fuerza, abriendo la estancia de par en par y ruidosamente para toparse, con alegria total, con la maravillosa y enorme imagen de Joan-Marie.

-¡Señorita Joan-Marie!- Exclamo Ifára a gritos alegres y con los brazos abiertos graciosamente, contemplando divertida la expresion estupefacta de la enorme mujerona.

Atenta a su encimera y sus cacharros, como siempre, la encargada de las cocinas y soberana del mundo de mujeres del Moby Dick clavo sus ojos incredulos sobre la escena no esperada, pareciendo que no podia creer que, de verdad, Ifára se encontrara alli sana y salva.

-¡Pequeña niña!- Grito finalmente la enorme mujerona, tirando incluso por la sorpresa repentina varios de los trastos que mantenia entre las manos de uñas estridentes. No le importo en absoluto, abriendo los brazos ella tambien de manera temblorosa mientras comenzaba, como no, a llorar de pura emocion y felicidad. -¡Ven aqui!-

E Ifára no iba a hacerse de rogar, evidentemente, recorriendo la escasa distancia que las separaba en una carrerita veloz para lanzarse a sus brazos y pecho enorme, pero comodo y maternal.

-¡Oh, estas a salvo! ¡Ifára! ¡Ifarita!- Lloriqueo Joan-Marie, apretando el cuerpo de la muchachita hasta el borde de la asfixia mientras, incluso, la elevaba de sobre el suelo con escalofriante facilidad. -¡Estas a salvo! Crei que no volveriamos a verte... estaba aterrada, tan aterrada de que tu... de que estuvieras... ¡Oh, gracias al dios del mar! ¡Gracias, gracias! Tenia tanto miedo de que... - No pudo continuar hablando, soltandosele un sollozo de mujer mayor que se hizo eco por toda la estancia.

-La quiero mucho, señorita Joan-Marie.- Confeso Ifára con su ternura y dulzura natural, apretandose mimosa al cuello de la otra como una niña lo haria con su madre.

-¡Lo se!- La enorme mujerona curtida lloriqueo mas alto todavia, apresando con fuerza la cintura de la chiquita que tan infima parecia a su lado. -¡Ah! ¡Pero no soy yo la que ha sufrido, si no tu! ¿Como estas? ¿Como estas tu?- Cuestiono desesperadamente preocupada, deshaciendo el abrazo de oso un tanto para revisar la carita bonita de Ifára.

-Estoy bien.- Le dijo la chiquita, sonriendo tan radiante y contenta como se sentia aquel dia.

Por desgracia, Joan-Marie no debia estar de acuerdo con ella.

-¡Ah! ¡Tu cara! ¡¿Que le han hecho a tu bonita cara?- La enorme mujerona la libero finalmente, llevandose las manos grandes de uñas estridentes hacia la boca con total horror. -¡¿Te han golpeado? ¡Oh, Dios santo! ¡Pobre pequeña!-

-No, no... bueno, si... - Sin embargo, Ifára tuvo que contener la explicacion de turno en cuanto comprobo que sus palabras no estaban, precisamente, tranquilizando a la otra. -Quiero decir que yo... estoy bien. No es nada, en serio. Solo son unos golpes y me han dado mas fuerte otras veces... - Joan-Marie solto un gritito malamente ahogado, causando que la pobre Ifára decidiera simplificar la contestacion aun mas. -Estoy bien y no es nada ¡Ni siquiera me duele, se lo prometo!-

-V-vale... es que... me han asustado esas... todas esas... - Dijo Joan-Marie con enorme dificultad y tratando de mantener la compostura, indicando con un indice tembloroso las facciones rasguñadas de la joven Ifára. -Esas marcas y heridas.-

-No son nada, de verdad.- Tan dulce y comprensiva como siempre, la muchachita trato de calmarla aun mas.

-Si, si... eso espero... - Contesto Joan-Marie con un suspirito pesado, no pudiendo evitar que su mirada se desviara hacia los rasguños y morados de vez en cuando con total preocupacion. -Tengo que darle las gracias a ese chico guapo personalmente... ¡Aun no puedo creer que estes aqui! Yo... pense que tu... ya habia perdido la esperanza... - Y, nuevamente, la enorme y siempre tan fuerte Joan-Marie tuvo que ahogar un sollocito, llevandose las manos hacia la cara con temblores y emocion. -P-pero estas aqui... y viva... - Dijo la curtida mujerona del mar, respirando hondo para tratar de recomponerse de su arrebato lacrimogeno y observando como, sonriente y radiante, la chiquita asentia veloz. -Muy viva, por lo que veo.- No pudo contener una carcajadita graciosa, sorbeteando por la nariz mientras rebuscaba entre sus bolsillos algun tipo de pañuelo o trapo limpiador de llantos. -Espero que tanta aventurita y secuestro no te hayan hecho desobediente, pequeña niña... - Joan-Marie nunca cambiaria, comenzando alguno de sus juegos de autoridad y fingida mala sangre. -No me gustaria un pelo que te me volvieras rebelde.- Ifára habia estado esperando palabras semejantes para dar su noticia real, la mejor y mas grande de todas.

-Ya no tengo que hacer lo que usted me diga.- Le dijo de repente a la enorme Joan-Marie con todo su orgullo de mujercita asustadiza, observando satisfecha como esta levantaba la cabeza y la miraba completamente estupefacta. -¡Mire!- Ifára no podia continuar manteniendo aquello en secreto, elevando su brazo herido y vendado para mostrarle a la otra la realidad de su situacion actual.

-¿Q-que es eso?- Cuestiono la gigantesca Joan-Marie aun sin enteder demasiado, que tanta emocion y buena noticia la estaban confundiendo un tanto.

-¡Soy libre!- Y sonaba incluso mejor si lo decia en alto y a voces, se dijo Ifára, no pudiendo evitar el sonreir todavia incredula para admirar aquel vendaje esperanzador.

-¡¿En serio?- Como platos, los ojos amables y llorosos de Joan-Marie se clavaron sobre el hombro cubierto de la niña, acercandose a ella un par de pasos con total incredulidad. Ifára asintio animadisima y de lo mas feliz, dotando a la otra de una respuesta afirmativa. -¡Oh, mi niña! ¡Que buena noticia!- Y casi tan ilusionada como la misma Ifára, Joan-Marie volvio a abrir sus brazos, invitando a la niña a un nuevo abrazo que fue rapidamente correspondido. -¡Felicidades! ¡Eso ha sido por ser tan buena y amable! ¡Los dioses te han dado ese regalo por tu buena voluntad! ¡Te lo mereces!- Ifára penso que poco habian tenido que ver los dioses, limitandose no obstante a permanecer abrazada y sonreir. Al fin y al cabo, Ifára no era demasiado supersticiosa pero, al igual que la mayoria de los esclavos, preferia no jugarsela. Ex-esclava en su caso, rectifico mentalmente con velocidad. -Pero, entonces... - Repentinamente la voz de Joan-Marie la saco de sus pensamientos, captando facilmente Ifára un deje de preocupacion y dolor en sus palabras. -¿Ya no trabajaras aqui, conmigo en la cocina?- Se sintio aun mas querida cuando los ojos de la mujerona enorme volvieron a ponerse llorosos.

-¡Pero claro que si, señorita! Vendre a ayudarla todos los dias.- Y es que Ifára no andaba dispuesta a abandonarla sin mas, liberandose del abrazo para corresponder la mirada vidriosa de la otra con una mucho mas segura y calmante. -Seguire ayudandola en la cocina ¡No pienso abandonarla con todo el trabajo!- Realmente, a Ifára le gustaba su trabajo en la cocina, pero mucho mas le agradaban sus compañeras de labores.

Y justo cuando Ifára comenzaba a recordar la imagen y figura de cierta otra camarada, la puerta de la cocina volvio a abrirse a sus espaldas.

Nerviosa y con total emocion, la chiquita se giro sobre sus pies, topandose con una expresion tan estupefacta como la de Joan-Marie pero en facciones mucho mas jovenes y alargadas.

Era Dadou. Su querida y mejor amiga Du. El unico pilar complice y femenino que habia tenido durante toda su estancia en aquel navio pirata. Ifára nunca habia tenido muchas amigas, que su situacion peligrosa y precaria, opresiva, no invitaba precisamente a las confidencias ni camaraderia, apreciando por tanto la relacion agradable y divertida con Dadou como el tesoro mas grande sobre la tierra.

Era Dadou. Su querida y mejor amiga Du que, incredula y al borde de las lagrimas, observaba a la recien llegada con ojos agradecidos para con los dioses, en los que tanto creia, mientras aun no podia moverse de su sitio.

-¡Mira quien esta aqui, Du!- Exclamo Joan-Marie para cortar el silencio extraño, que veia que ninguna de las dos chicas parecia capaz de empezar la conversacion.

-Du... - Ahora, Ifára si que iba a llorar y tampoco pensaba impedirlo, notando rapidamente como en su garganta se formaba un nudo de llanto feliz. -Estoy bien.- Se adelanto a la pregunta de turno, observando como su amiga y camarada comenzaba, al igual que ella misma, a ser presa de un lloriqueo incredulo y emocionado.

-Te he echado de menos.- Dijo la joven esclava Dadou con un sollozo malamente ahogado, abriendo sus brazos delgados con claras intenciones de lanzarse sobre su amiga antes desaparecida. Y es que para Dadou era un milagro, que conocia a la perfeccion los procedimientos terribles y la mas que posible muerte que sufriria una esclava que ha sido robada.

-Yo tambien, Du.- En estado semejante al de su compañera y amiga, Ifára camino temblorosa por el llanto hacia los brazos abiertos que invitaban a un agarre largo y aplastante, sorbeteando la naricilla por el camino mientras decidia dar su gran noticia sin pensarlo ni dos veces. -Ahora soy libre... - Le dijo Ifára con total ilusion y felicidad, causando que, de pronto, la delgada y esbelta Dadou detuviera cada uno de sus movimientos.

-¿Que?- Ifára ya se habia esperado reaccion semejante, recordando como Joan-Marie se mostro igual de incredula y estupefacta hacia apenas unos segundos.

-Que soy libre ¡Libre!- Exclamo la muchachita Ifára con un saltito, incluso, que hasta a ella misma le costaba todavia creerselo. -Mira, me han liberado, ya no soy esclava... - E Ifára mostro su hombro vendado al igual que habia hecho con la enorme Joan-Marie, admirandolo mucho mas serena y enternecida debido a la complicidad que tenia con Dadou.

Sin embargo, la reaccion de Dadou no fue la que Ifára habia esperado.

Sin decir palarba, la joven rubia analizo con ojos entre dolidos e incredulos el hombro cubierto de su antes compañera de situacion social, tragando saliva notablemente mientras parecia, ahora y de pronto, al borde del llanto histerico.

-¿Du?- Cuestiono Ifára sin entender la reaccion extraña y dañada de su siempre amiga, observando con dolor total como la otra comenzaba, sorprendentemente, a alejarse un par de pasos sin dejar de contemplar la quemadura reciente. -Du... s-soy libre pero... pero no importa ¿Verdad?- Por desgracia, la joven y todavia esclava Dadou no se noto de acuerdo, negando con la cabeza lentamente mientras se mantenia, ahora, a una distancia prudencial y llorosa de la otra. -No pasa nada... Du... - Y Dadou volvio a producir un gesto negativo y tenso con la cabeza, comenzando a llorar traicionada e incredula. -Yo... soy tu amiga.- Dijo Ifára sintiendo como su corazon se partia en mil pedazos y su espiritu se desgarraba dolorosamente, comenzando ella tambien a ser presa de un llantito apagado. Desesperada, Ifára se acerco un poquito mas, elevando una manita temblorosa hacia el antebrazo delgado y claro de Dadou. Mas dolio su corazon y mucho mas se desgarro su alma cuando comprobo, horrorizada, como la joven esclava se apartaba igual a si sus dedos abrasaran, evitando cualquier tipo de contacto y cercania. -S-soy tu amiga.- Repitio Ifára con la voz entrecortada por un sollozo inminente, regresando rapido a su posicion anterior para buscar, instintiva y extrañamente, el perdon y beneplacito de la otra muchacha.

-Ya no podemos ser amigas.- Segura de sus propias palabras pero pareciendo incluso traicionada, decepcionada, desilusionada, Dadou camino de espaldas hacia la puerta, dedicando sobre una destrozada Ifára su mirada mas sincera. -Espero que... que seas muy feliz.-

Y sin mas, la joven esclava Dadou, la unica amiga que Ifára habia tenido desde hacia demasiados años, desaparecio de la cocina como una exhalacion del viento.

Ifára solo pudo mantenerse estatica y llorar, admirando el lugar por donde la otra acababa de desaparecer.

Con semejante rapidez y velocidad, su querida y mejor amiga Du habia decidido desaparecer de su vida.

(Cambio de escena)

Caminando tan rapido como habia hecho durante todo el maldito dia, Ifára atraveso la cubierta animada y colorida mientras contenia el llanto con todas sus fuerzas.

Dar con la figura mas que conocida e inconfundible del joven Ace fue una tarea sencilla, escuchando la niña una de sus carcajadas jocosas y sonoras elevandose por encima del resto de murmullos y conversaciones.

Dando uno de sus respinguitos acostumbrados, Ifára continuo el camino, dirigiendose directa hacia el lugar del ruido mientras esquivaba, con cuidado y cabeza baja, los cuerpos musculados y fuertes de algun que otro tripulante y los altos y atleticos de varias mujeronas del mar. Tuvo que pedir hasta disculpas cuando se choco con alguien que no conocia demasiado, excusandose con su vocecita timida y temblorosa para largarse a la fuga veloz sin esperar explicaciones de ningun tipo, teniendo en mente ahora tan solo toparse con el segundo comandante.

Finalmente le vio, analizando que aquella espalda tatuada y ancha no podia ser de otra persona, que sus dedos delgados la habian recorrido demasiadas veces en la noche como para no saber de su identidad, habiendo echado a correr si su pierna herida todavia se lo hubiera permitido.

Calmado y jocoso, con su actitud despreocupada y altiva por naturaleza, el joven Ace se mantenia sentado sobre el suelo con varios compañeros atentos a su alrededor, contando seguramente las peripecias y desventuras de su ultimo viaje de rescate. Le vio animado, tranquilo y feliz, pero Ifára en aquel momento no dejaba espacio para los razonamientos ni logicas de ninguna clase, andando la pobre demasiado dolida y traumada con la reaccion de Dadou como para ponerse a reflexionar.

Sin mas, Ifára atraveso el corto tramo que le quedaba para llegar hasta aquel grupo de rufianes jocosos que reian burlones.

-¡Teniais que haberla visto, en serio!- Exclamo Ace de lo mas divertido y disfrutando de la atencion, dedicando miradas incredulas a cada uno de los presentes posibles. -¡Era impresionante! ¡Una puñetera monja impresionante! Evidentemente, Thatch y yo empezamos de las nuestras y... - No pudo continuar todavia, estallando los espectadores y compañeros de cuentos en risas jocosas y picaras, sabiendo facilmente a que se referia Ace con aquellas palabras ultimas. -Y, bueno, la chica la verdad que era impresionante... ¡Aun no puedo creer que fuera una monja! ¡Una monja semejante mujer! Sus dioses o lo que sea deben estar locos para permitir... - Ace tuvo que callar de nuevo, pero esta vez no fue por el sonido de las risas o del comentario burlon de turno. Prontamente detuvo su narracion en cuanto sintio que un dedito le pinchaba indicador sobre el hombro ancho, girando la cabeza curioso y desconcertado para toparse, extrañamente, con la imagen de Ifára.

Sus compañeros se callaron tan rapido como él mismo, mirando a la muchachita de reojo con expresiones divertidas algunos. Algunos, porque a Ifára no se le escaparon aquellas otras... Aquellas otras miradas de recelo y reproche, de regaño y malestar, que analizaban su presencia sin mucha alegria ni cuidado. La primera vez que las noto y reconocio, a Ifára no le habian importado en absoluto pero, sin embargo, ahora se le clavaban en el pecho como dagas al rojo vivo.

No la reconocian como mujer, pero tampoco como esclava. Era extraño. Parecian mantenerla en una situacion sin nombre entre el ser una simple posesion y estar, al mismo tiempo, gozando de una condicion que no le pertenecia.

Para ellos, Ifára siempre seria una esclava. Una despreciable y pequeña esclava que, aunque guapa, no hacia mas que buscarle problemas y preocupaciones al segundo comandante de su tripulacion. Una misera esclava, un jarron de porcelana cara, una muñeca bonita con la que esta bien jugar un rato pero que habia, de pronto y sin explicacion, avanzado un escalon en la escalera social sin tener semejante derecho de nacimiento.

Una esclava fuera de su sitio.

Y para Dadou era algo parecido, tambien, pero al reves.

¿Por que todos se empeñaban en hacer tanto caso a las etiquetas, derechos y condiciones? ¿Por que tenia que dividirse el mundo humano entre dominantes y dominados? ¿Entre libres y esclavos? Ifára ya no lo entendia.

-¿Canija?- La voz repentinamente preocupada de Ace la saco de sus reflexiones dolorosas, dando la niña un pequeño respingo de sorpresa. -¿Que ha pasado?- Cuestiono el joven comandante en cuanto analizo su expresion dolida y desesperada, reconociendo facilmente aquellos ojos humedos y las mejillas levemente enrojecidas. Ifára habia estado llorando y parecia, realmente, que terminaria por hacerlo de nuevo de un momento a otro.

-Yo... necesito... - Ace comprobo extrañado y cada vez mas preocupado como a la muchachita parecia costarle hablar, mirando de reojo con sus ojos bicolores y esquivos los rostros de un par de tripulantes. -Necesito hablar contigo, por favor.- El silencio total que se adueño de la zona tampoco ayudaba mucho, se dijo Ace.

-Ah, claro.- Finalmente, respondio, asintiendo un par de veces mientras trataba de notarse sereno y tranquilo, levantandose del suelo prontamente para incorporarse en pie junto a la muchacha. -Ahora vuelvo, muchachos.- Dijo el segundo comandante con una sonrisilla y mirada fugaz para sus compañeros abandonados, disculpandose un tanto con aquellas palabras a pesar de que, conociendo a Ifára como la conocia, estaba casi seguro de que no regresaria temprano.

Una vez vio que él parecia mas que dispuesto a escuchar y enterarse de que diablos ocurria, Ifára le agarro de la muñeca con suavidad pero firmeza, tironeando del joven y ahora sorprendido pirata hacia un mejor sitio para entablar conversacion.

Mas que confuso por sus reacciones y caminar tenso, casi hasta enfadado, Ace la siguio sin ninguna queja ni batalla, dejandose guiar hacia un rinconcito solitario de la cubierta mientras pensaba, tan amedrentado como sintiendose estupido, que la muchachita habia oido su conversacion anterior y no le habia agradado, precisamente.

Entonces, Ifára se detuvo en seco en cuanto alcanzo el sitio indicado y solitario, soltando el agarre sobre la muñeca del otro para girarse sobre sus pies y encararlo rapidamente.

-Vuelve a hacerme esclava.- Le espeto de pronto con un extraño enfado y la mirada vidriosa de rabia, causando que el joven Ace no pudiera hacer mucho mas que abrir los ojos y contemplarla estupefacto.

-¿Perdon?- Contesto Ace completamente confuso, no entendiendo a que venia semejante mandato despues de haberle incluso suplicado el borrar aquella marca a dolor. Ifára era mucho mas complicada de lo que parecia, Ace lo sabia mejor que nadie.

-Que vuelvas a hacerme esclava.- La chiquita no parecia haber recapacitado sus palabras ni un poquito, dando incluso un pisoton caprichoso sobre el suelo de madera mientras luchaba por mostrarse firme en lugar de echarse a llorar.

-¿Que?- Y es que Ace aun no salia de su asombro, analizando a la muchachita frente a él como si esta hubiera, definitivamente, perdido el juicio de repente. En cuanto noto que la niña apretaba los puños y sus ojos bonitos se volvian aun mas vidriosos, Ace se aventuro veloz a continuar. -¡Pero que dices!- Exclamo Ace en cuanto recapacito por fin su peticion, bajando la voz prontamente al comprobar que habian llamado la atencion de algun que otro curioso. -¿A que viene esto ahora, Ifára?-

-Quiero volver a ser esclava.- Ella le dijo aquello de manera hasta infantil, cerrando los puños pequeños con fuerza mientras luchaba por no comenzar la llantina rabiosa y triste. -Quiero volver a serlo... puedes hacerlo ¿No?... me hiciste libre y puedes... - No era tan sencillo e Ifára lo sabia aunque no andara dispuesta ahora a razonar nada, terminando, finalmente, por comenzar a llorar levemente silenciosa mientras se cubria la cara con sus manos bonitas. -Quiero volver a ser esclava... yo... - Pero no pudo terminar de hablar, muriendo sus palabras en un sollocito ahogado tras sus dedos.

-Pero... - Ace se encontraba demasiado perdido y desconcertado como para entenderla en absoluto, sintiendose hasta molesto por su actitud y semejante orden repentina despues de todo el padecimiento sufrido. -Pero ¿Por que?- Le cuestiono sincero y desconcertado, queriendo a pesar de todo el segundo comandante conocer la realidad de los hechos y su explicacion pertinente.

Entonces, Ifára volvio a sollozar un poquito, descubriendose la cara bonita pero llorosa mientras buscaba normalizar su respiracion agitada sin lograrlo.

-Du... - Tuvo que cerrar los ojos con fuerza un segundo, volviendolos a abrir finalmente para dedicar sobre el suelo de madera una mirada de lo mas dolida y mortificada. -Du no me habla.- Dijo Ifára finalmente, abrazandose a si misma a la vez que, con una mano, trataba de limpiarse las lagrimas de sus mejillas redondas.

-Ah... - Ace se sintio aliviado en lo mas hondo y tuvo, incluso, que contener una sonrisita de gracia por haber pensado hasta mil cosas posibles, suspirando un tanto antes de continuar. -Asi que, es por eso.- Ifára solo se estaba dejando llevar por el disgusto del momento, se dijo Ace, decidiendo que era mejor permanecer sereno.

-¡Si, es por eso!- Sin embargo, Ifára no parecio sentirse mejor ante la tranquilidad y alivio del segundo comandante, respondiendo con peor humor y todavia mas dolida que al principio. -¡Du es mi unica amiga!- Estallo Ifára con total daño emocional y llanto, causando que Ace comenzara a sentirse, de nuevo, mas perdido y desesperado que al principio. Él no sabia como tratar estos temas correctamente, mucho menos consolar a una jovencita sensible cuya unica amiga ha decidido darla de lado. -Ella es mi amiga... es la unica amiga que tengo en el mundo.- Lloro Ifára mas silenciosa pero mucho mas triste y dolorida.

-Yo... yo soy tu amigo.- Ace no sabia que decirle exactamente, tratando de que, al menos, ella no se sintiera tan sola como se notaba ahora mismo.

-Ace, no es lo mismo.- No, no era lo mismo, chasqueando la muchachita la lengua con frustracion al verse del todo incomprendida. -Du es mi amiga... tu eres... - Ifára no sabia como definir exactamente su relacion con el joven Ace, buscando velozmente las palabras adecuadas en cuanto analizo la expresion tensa y expectante del muchacho frente a ella. -No se que eres exactamente, pero no eres mi amigo.-

-Claro que si.- Contesto Ace incluso ofendido, buscando respuestas que no llegaron a traves de los ojos bonitos y llorosos de Ifára.

-¡Ace, no! ¡No es igual!- Ifára no estaba en condiciones optimas como para andarse con rodeos o tener la suficiente paciencia, cubriendose la cara un par de segundos tras sus manos para, acto seguido, volver a su posicion anterior. -¿Soy yo para ti lo mismo que son Marco y Thatch?- La respuesta era evidente.

- ... no... - A regañadientes incluso, Ace finalmente tuvo que confesar aquello, dandole la razon a la nerviosa muchachita.

-Pues entonces... Du es mi amiga... - E Ifára volvio a sollozar con dolor de tan solo recordar como, hacia apenas unos escasos minutos, su unico soporte amistoso y complice habia decidido desaparecer de su vida sin mas. -Nunca tengo amigas... Quiero a mi amiga... - Lloriqueo Ifára, siendo dolorosamente observada por un Ace que se sentia de lo mas inutil y perdido en tema semejante. -Pero ella... ella me dijo que... que ya no podiamos ser amigas... -

-¿Por que?- Cuestiono el segundo comandante inseguro y temeroso de hacerla llorar aun mas, pensando que, al menos, la dejaria desahogarse o algo similar.

-Porque ella... ella es una esclava y yo... - Ifára lloro mas fuerte y parecia que entendia la decision de su amiga aunque no quisiera hacerlo, mesandose suavemente la quemadura cubierta de su hombro aun herido.

-Pero ¿Y eso que?- Ace se encontraba del todo desconcertado, que cuestiones semejantes de muchachas y esclavos se escapaban de su conocimiento y comprension. -Ayer mismo tu tambien eras una esclava y yo no.-

-¡Ya te he dicho que no es lo mismo!- Estallo Ifára totalmente desesperada y llorosa, sintiendose cada vez mas y mas incomprendida. No estaba en condiciones de razonar ni ser logica. Necesitaba comprension. Necesitaba a su amiga. -He sido tan tonta que... que pense que... que daria igual pero... - Ifára nego con la cabeza tortuosa y dañada profundamente, pareciendo realmente desilusionada y decepcionada consigo misma. -Pense que no le importaria... p-porque a mi no me importa lo que ella sea... p-pero resulta que... que no.- Concluyo la chiquita con otro sollocito malamente ahogado, mesandose los antebrazos bajo su propio abrazo lloroso.

-Sigo sin entenderlo.- Ace no iba a mentir, que no se le daba bien y se le notaba a la legua su desconcierto, encogiendose de hombros con resignacion. -Entonces ¿Solo por eso ya no te habla?-

-¿Como que solo por eso?- Cuestiono la muchachita con total incredulidad, causando que el segundo comandante notara facilmente que estaba metiendo la pata cada vez mas. -Nunca podremos volver a ser amigas mientras ella sea esclava y yo no ¿No lo entiendes?- Y por su expresion, Ifára estuvo segura de que no, no lo entendia. -Ya no podemos ser amigas porque... ahora yo siempre... estare en otro nivel... en otro mundo.- A pesar de todo, la chiquita continuo buscando su comprension del problema, tratando de darle una explicacion entendible. -Por mucho que yo no lo vea asi... en realidad... Du y yo nunca mas seremos iguales. No para el mundo... - Otro sollocito ahogado corto su discurso, teniendo la joven Ifára que sorbetear un tanto por la nariz y recomponerse como mejor podia. - ... ni para ella... cuando yo tambien era esclava al menos... - Pero Ifára no pudo finalzar de hablar, no encontrando ni las palabras adecuadas ni las ganas de ponerse a buscarlas, en realidad.

-Pues si ese es el problema, entonces, te estas dando la solucion tu sola.- La mirada llorosa de Ifára se clavo sobre la del joven Ace, dedicandole la niña una expresion del todo confusa e incluso esperanzada. -Quiero decir... ella es una esclava ¿No? Y tu ya no lo eres... - Nerviosa y tensa, impaciente, Ifára asintio un par de veces rapidas. -Dile que siga hablandote, que siga siendo tu amiga y listo. No puede negarse, asi que... - Para Ace era sencillo, terminando por encogerse de hombros mientras observaba, cada vez mas inseguro, que la expresion de Ifára no se notaba precisamente aliviada ni convencida.

-¿E-estas diciendo que... - La muchachita trago saliva con pesadez, pareciendo que no queria creer las palabras que Ace acababa de pronunciar. - ... que obligue a Du a ser mi amiga?-

-Eh... si.- Respondio Ace con total temor ahora, que veia claramente que estaba metiendo la pata sin proponerselo ni entender el porque exacto. -Bueno... tu ahora eres una mujer libre. Du tendra que hacer lo que tu le digas y... - Pero el segundo comandante fue interrumpido abruptamente por una Ifára en peor estado de nervios que al principio.

-¡Ace!- Con total incredulidad, puede que incluso indignada, Ifára pronuncio el nombre del otro tan llorosa como ofendida, causando que el pobre pirata se limitara a permanecer en silencio. -¡No! ¡¿Como puedes decirme que haga algo asi? ¡Es horrible! ¡Eso ha sido horrible!- La chiquita dejo de controlar el volumen de su voz y la fuerza de sus movimientos, causando que los curiosos aumentaran en numero y su conversacion intima comenzara a ser de lo mas atendida. -¡No entiendes nada! ¡No has entendido absolutamente nada!- Perdido, desconcertado y asustado con la idea de que ella se enfadara con él, Ace abrio la boca con claras intenciones de salir en su propia defensa, siendo velozmente su intento interrumpido, de nuevo, por la tensa y llorosa muchachita. -¡Yo creia que tu lo entenderias! ¡Sigues siendo el mismo bruto del principio!-

A Ace no se le ocurrio nada mas que decir, completamente estatico por su reaccion repentina y sus reproches dolorosos, observando traumado como ella no parecia dispuesta a andarse con rodeos o razonamientos. Tampoco tuvo tiempo de reaccionar, en realidad, comenzando Ifára a ser presa de un llanto aun mas nervioso y descontrolado para, tapandose la cara veloz y desesperada, darse la vuelta sobre sus pies y echar a correr como una centella. Sin esperar a ninguna palabra ni explicacion, la chiquita se dio a la fuga rapida, esquivando a los curiosos observadores para esconderse sola e incomprendida en algun lugar que la hiciera sentir segura.

Y, asi, el joven Ace se quedo en silencio, observando fijamente el camino que Ifára acababa de recorrer a toda velocidad.

Si ya habia sido dificil tratar con una esclavita delicada y sensible como Ifára, mucho mas iba serlo cuando dicha mujercita se encontraba repentinamente liberada y golpeada de bruces por la realidad.

Ifára se sentia sola y, por mucho que ahora fuera una mujer libre y con sus derechos en teoria, en la practica no todos iban a estar dispuestos a celebrar su nueva condicion o a hacer como si nada hubiera ocurrido.

La gente del mar es demasiado inflexible en sus creencias como para cambiarlas de repente por una chiquita timida y llorosa.

Y todo el mundo a bordo del navio sabia quien era Ifára. O mejor, sabian lo que habia sido hacia demasiado poco tiempo.

Ace, en cambio, solo sabia que la queria demasiado.

(Fin del capitulo)

Hola, hola!

Agh, siento si este capitulo es demasiado corto o vago, pero es muy necesario en la historia.

Pido disculpas tambien por la tardanza, creo que ha sido demasiado larga pero llevo un par de dias que me encuentro un poquito cansada y con dolor de cabeza .

Espero, ademas, que comprendais tanto a Ifára como al pobre Ace, que se esta volviendo un buen tipo, pero simple en sus soluciones, y ella esta cada vez mas desconcertada. A Ifára el mundo la esta volviendo loca! Pobre... en fin u-u

Sacad vuestras propias conclusiones, es mucho mas divertido =D!

Poco mas que decir, en realidad XD. Ojala lo hayais pasado bien leyendo y os agrade la historia, en el siguiente capitulo espero dejaros con los ojos llorosos de emocion (No dire si buena o mala muajajajjajaa)

Un besazo sabor nata y un abrazo cariñoso oso oso:

Maddy