Como Ifára vio que lo racional y tranquilo no surtia ningun efecto, finalmente decidio lanzarse a la desesperada.
-Pero ¿Por que no quieres hablar conmigo?- Cuestiono del todo dolida y con la respiracion entrecortada por la carrerita, que andaba persiguiendo a la otra a traves de los pasillos.
-No podemos ser amigas.- Contesto la joven esclava Dadou en un tono de voz monocorde y convencido, continuando su camino laborioso mientras cargaba con un par de trastos. -Ya no se puede.-
-¡Claro que se puede!- Ifára trato de controlar tanto su estado emocional y nervioso actual como el volumen de su voz, consiguiendolo a duras penas. -Nosotras... ¡Ay!- Pero no pudo concluir su frase, estando a punto de caerse debido a un traspies por el caminar rapido y poco atento a la vez que la pierna herida, manteniendo el equilibrio Ifára gracias a sus buenos reflejos.
En cuanto escucho el quejidito y el ligero golpe, Dadou se detuvo en seco por puro instinto, girando la cabeza veloz y preocupada para analizar el estado de la chiquilla que andaba siguiendola desde hacia varios minutos.
Tan sorprendida como confusa, ilusionada incluso, la joven Ifára correspondio su expresion mientras se mesaba el tobillo un tanto.
Entonces, Dadou reacciono, dando un respingo casi imperceptible para ajustar el agarre sobre los cachibaches que cargaba y, de nuevo, darle la espalda y comenzar a caminar.
-¡Du!- Exclamo Ifára, alcanzando a la otra de nuevo mediante un par de zancaditas dolorosas. -Somos amigas. Yo te quiero, te quiero mucho... - Estaba a punto de llorar otra vez, se noto la muchachita, conteniendo las lagrimas para tratar de ponerse lo mas seria y segura que pudiera, pero convencedora a la vez. -Y se que tu tambien me quieres.- Dijo, recordando que hacia apenas un segundo la joven Dadou se habia preocupado por su estado fisico tras el tropiezo. -¿Por que no pueden seguir las cosas como siempre?- Y es que Ifára, por mas que lo entendiera, no podia aceptarlo sin mas. Era demasiado doloroso.
-Porque yo soy una esclava y... - Contesto Dadou con su tono monocorde y serio, formal pero sin ser amable, caminando a traves del pasillo mientras alcanzaban la conocida puerta blanca que daba a la cocina. - ... usted, señorita, no lo es.- Aquellas palabras de respeto y educacion excesiva se clavaron sobre el corazon de Ifára como un puñal envenenado, causando que, sin poder evitarlo, la chiquita se detuviera en seco.
Dolida en lo mas hondo, incredula y horriblemente estupefacta, Ifára trago saliva.
-P-pero... - No sabia que decir, conteniendo precariamente el llanto para, de nuevo, afianzar el paso y alcanzar a la otra temblorosamente, que no habia dejado su caminata. -¡Du, no puedes hacer esto! Simplemente... no puedes... - Pero si podia, descubrio Ifára completamente destrozada, topandose finalmente con la puerta doble y cuidada de la tan querida estancia culinaria. -¡Du, espera, por favor!- En un intento desesperado, Ifára exclamo aquella suplica, llegando incluso a acoger temblorosa e insegura el antebrazo delgado de una Dadou que, dolorosa y firme, le daba la espalda mientras sostenia sus cacharros.
Y sin embargo, terriblemente obediente a la vez que parecia totalmente indiferente, Dadou se detuvo.
Por un segundo, Ifára penso que, quiza, las cosas terminarian solucionandose y que aun quedaba algo de esperanza, por muy pequeña que esta fuera.
-¿Si, señorita?- Sin embargo, todas estas ilusiones volvieron a desvanecerse en cuanto la joven Dadou cuestiono aquello como la buena esclava que era.
-¿T-te has parado por que has querido o... - Con ojos llorosos y mirada suplicante, rogando por cada poro de la piel la respuesta mas alegre, la muchachita Ifára continuo. - ... o por que te lo he... - Ifára no queria pronunciar la palabra "ordenado". - ... te lo he dicho?-
-Siempre hare lo que me ordenen, señorita. Sea lo que sea.- Fue una respuesta lo suficientemente clara y dolorosa como para causar que la tozuda Ifára se diera por vencido. Horriblemente dolida, torturada emocionalmente a la vez que resignada del todo, la muchachita deshizo el agarre sobre el brazo de la otra velozmente, pareciendo incluso que el contacto habia comenzado a quemarle.
Y sin embargo, aumentando el daño sin proponerselo si quiera, Dadou no se movio de su sitio.
-P-puedes... irte... - Ifára le dio permiso. Le estaba dando permiso a su amiga sin desearlo lo mas minimo, abrazandose a si misma con dolor para protegerse un tanto instintivamente.
Finalmente, Dadou asintio, explicandole la leccion a la joven Ifára y donde estaba el lugar de cada una de la manera mas dura y clara posible, girandose sobre sus propios pies para largarse de alli a sus tareas.
E Ifára no pudo hacer mas que morderse el labio llenito con fuerza y persistentes ganas de llorar.
Resignada y conteniendo un sollozo fuerte que traeria consigo las lagrimas si no lo detenia a tiempo, la chiquita solitaria y triste abrio la puerta de la cocina con un murmullito, internandose en la estancia con su aura melancolica y llorosa.
-Uh... - Joan-Marie, siempre tan amable y considerada, trato de sonreir malamente en cuanto la vio, pareciendo que la pobre mujerona buscaba las palabras adecuadas que pronunciar. -¡Hola!- Se limito a exclamar finalmente, regresando como siempre la atencion sobre su encimera para asi evitar ninguna conversacion incomoda o dificil. Si Ifára queria hablar, ya lo haria ella por su voluntad.
-Hola... - Contesto Ifára con un susurrito, levantando finalmente la mirada bicolor de sobre sus pies para, decaida y de lo mas perdida, revisar la estancia por pura costumbre.
Cuan enorme fue la sorpresa de Ifára cuando, paseando la vista a traves de cada rincon de la cocina, se topo con la imagen conocida y nada agradable de Circe. La hermosa morena, tan alta y altiva como la sabia, se limito a observarla, deteniendo sus acciones laboriosas sobre la encimera con su tipica actitud superior.
Que se encontrara, sin embargo, junto a la enorme Joan-Marie evidentemente trabajando, fue lo que mas desconcerto a Ifára de todo.
-¿Que?- Cuestiono finalmente la mujer hermosa con un encogimiento molesto de hombros, analizando la expresion desagradablemente estupefacta de la muchachita. Y, por primera vez, Ifára noto desconcertada que Circe no la miraba con odio. Vio superioridad, vio altivez y orgullo, puede que incluso rencor pero, odio, no. El odio de costumbre y el desprecio no aparecio por ninguna parte.
-Oh... nada.- ¿Que iba a decir? La verdad no, desde luego, analizando que por muy extraña y nueva que fuera la situacion, meterse en lios con Circe nada mas llegar al barco no era la mejor idea del mundo, precisamente.
-Circe ha estado ayudandome desde hace un par de dias... - Se adelanto velozmente Joan-Marie a dar una respuesta, viendo preocupada que el ambiente se volvia ligeramente tenso y desconcertante. -Desde que tu... que a ti... bueno, ya sabes.- Si, Ifára sabia que se referia a su secuestro y ausencia, no resultandole igualmente aquella explicacion tan logica como le hubiera gustado. Que Circe no solo se ofreciera a ayudar a alguien, si no que ademas fuera trabajando en la cocina, conseguia que la chiquita sintiera que, en demasiado poco tiempo, la realidad habia dado un giro radical e inamovible.
-No solo valgo para la guerra y para follar ¿Sabes?- Circe nunca podria ser amable, espetandole a la chiquita aquellas palabras ofendidas con su tipico orgullo de guerrera. -Tambien se trabajar.- Ifára no lo negaba, pero aun asi se le seguia haciendo de lo mas extraño. Se limito, igualmente, a permanecer atenta y silenciosa.
-Echale una mano, por favor.- Dijo Joan-Marie tranquila y laboriosa, causando que Ifára no pudiera contener dedicarle una miradita confusa e incredula ¿Desde cuando Joan-Marie, su anfitriona, la matriarca de las cocinas, le pedia las cosas por favor? ¿Desde cuando las ordenes se habian transformado en peticiones?
-Yo... - Titubeo la chiquita, tratando de manejar la confusion y desconcierto por tanto cambio repentino e inesperado mientras observaba a Circe, esperando segura alguna de sus quejas o palabras de amenaza mortal. Sin embargo, mas aun aumento su sorpresa extraña cuando comprobo que la hermosa y altiva morena no parecia molesta, ni siquiera tensa o desagradada, limitandose tan solo a permanecer en silencio y continuar su trabajo. -V-vale.- Y, sin mas, que tampoco queria hacerse de rogar ni causar la ira de nadie, acostumbrada como estaba a la sumision a pesar de todo, Ifára dio un respinguito, dirigiendose veloz hacia la encimera para posicionarse nerviosa al lado de una Circe que parecia de lo mas tranquila.
Y en un mutismo largo que duro demasiado para disgusto de Ifára pero indiferencia de las otras dos, estas ultimas continuaron trabajando y la chiquita comenzo la tarea.
Era demasiado subrrealista, se dijo Ifára.
-Asi que... - La voz ronca pero elegante de Circe rompio el silencio por fin, susurrando un tanto para dejar claro que pretendia conversar con Ifára sin la enorme Joan-Marie de por medio a pesar de la cercania. Ya esta, era demasiado subrrealista e Ifára lo sabia, poniendose rapidamente en alerta y a la espera de algun comentario doloroso e hiriente. - ... ya no eres una gatita mestiza ¿Eh?- Y sin embargo, las palabras de Circe sonaron hasta divertidas en lugar de peligrosas, sonriendo tan altiva y superior como siempre pero no despreciativa ni amenazante. -Ahora, eres una gatita de raza y pedigri.- Concluyo la preciosa mujer con toda su gracia, dedicandole una miradita rapida de revision al hombro herido y cubierto de Ifára.
-Eso parece... - No sabia que decir en realidad, tragando saliva de manera imperceptible mientras contenia una tension instintiva, trajinando con los cacharros de la encimera sin poner demasiada atencion al trabajo.
Y cuando las manos largas y curtidas de Circe se cruzaron con las suyas para acoger la misma taza, la chiquita Ifára no pudo contener un respingo de panico, alejandose un pasito de precaucion sin proponerselo.
-Cobarde.- Le dijo Circe con gracia, mostrandole con indicacion el objeto de ceramica del que acababa de apropiarse.
-Me pegaste.- Contesto Ifára levemente dolida en su orgullo de mujercita asustadiza, justificando su reaccion de miedo para volver a ponerse a la tarea, levemente recompuesta del arrebato nervioso anterior.
-¡Jah!- La carcajada jocosa de la alta mujer causo que la chiquita a su lado le dedicara una miradita de receloso desconcierto, atenta a cada movimiento de la otra no fuera a ser todo algun tipo de artimaña preparada. -Bienvenida al Moby Dick. Aqui, las cosas funcionan asi ¿Que esperabas? No eres la primera con la que he tenido gresca ni seras la ultima, creeme.- Cierto, en realidad. Circe no era famosa en el barco por sus grandes aptitudes para la conversacion pacifica, precisamente. -Ademas... - Dijo la hermosa morena de pronto, revisando de reojo pero descaradamente las facciones magulladas de una Ifára a su lado. - ... por lo que veo, o te las buscas tu sola o los dioses te aborrecen.- Aquello sono a broma burlesca, Ifára lo noto facilmente, no siendo a pesar de todo pronunciada con el daño al que Circe la tenia acostumbrada.
-¡Yo no me busco nada!- Espeto Ifára con su voz suave de niña enfadada, dedicandole a Circe una miradita de total y enfurruñado reproche.
-Ademas de cobarde, eres caprichosa.- Respondio Circe con un suspirito divertido, regresando su atencion a los cacharros con los que trajinaba sobre la encimera. -No entiendo a Ace.- La hermosa morena se encogio de hombros, refiriendose evidentemente a la actitud y caracter de la chiquita a su lado y el porque su comandante preferia la compañia de Ifára.
-¡Solo estas celosa!- Le dijo Ifára molesta y comenzando a perder los nervios y la logica, que el dia habia sido demasiado duro y movido como para andar con la cabeza fria. -Estas celosa porque Ace prefiere estar conmigo que contigo.- Eso lo sabian las dos.
-¡Escuchame!- Pero que lo supieran no significaba que fuera sencillo de escuchar. Con una incipiente molestia y naciente malestar, Circe dejo su labor sobre la encimera, girandose un tanto para encarar a la otra y señalarla amenazante. -Sabes que puedo ser una autentica zorra ¡Lo sabes! y resulta que no lo estoy siendo.- Ifára, por mucho que le costara reconocerlo y muy confusa, asustada tambien ahora, que estuviera, andaba completamente de acuerdo con las ultimas palabras de Circe. -Asi que, no me vengas con esa mierda.- Dijo Circe incluso dolida. Entonces, Ifára supo rapidamente que Circe tambien tenia su corazoncito, que su punto debil era Ace y que la habia hecho daño con aquel simple comentario.
-Chicas... - Se escucho la voz de Joan-Marie entre regañando y preocupandose, siendo sin embargo ignorada por las otras dos que, ahora, andaban inmersas en su propio mundo de rivalidades y batallitas.
Finalmente, Ifára suspiro para si misma y mentalmente, regresando de nuevo a sus tareas sobre la encimera.
-Lo siento.- A Ifára no le importaba pedir disculpas a pesar de que la otra hubiera empezado, sabiendo segura que habia dañado los sentimientos de una Circe que, aunque no podia definirla como agradable, si la consideraba hoy soportable.
-Yo tambien.- Que Circe se disculpara si que fue la sorpresa mas grande de todas, causando que la chiquita Ifára hasta diera un respingo para dedicar a la preciosa morena una expresion estupefacta. -Todo.- Parecia sincera y andaba diciendo que lo sentia todo, evitando la orgullosa Circe el contacto visual directo por su empeño en parecer mas fuerte y superior de lo que debia ser en realidad.
E incredula todavia, que tuvo incluso que repetir las palabras pronunciadas por la otra en su cabeza un millar de veces, Ifára sonrio agradada.
¡Quien le iba a decir a ella que la mayor alegria una vez regresara al Moby Dick iba a darsela Circe!
Ifára se encontraba de lo mas desconcertada, perdida, abandonada y confusa.
-Tu lugar... - Sin embargo, Circe decidio no darle una minima tregua, suspirando largamente antes de continuar. - ... ya no esta con Dadou.- E incredula de que ella supiera de semejante cosa personal y ruptura de su amistad, Ifára la miro con sus ojos grandes bicolores. -¡Venga ya! Se os oia a traves de la puerta, estupida.- A pesar de la palabra malsonante dedicada a su persona y la falta de tacto, Ifára no se sintio ofendida en absoluto. Era extraño, pero Circe parecia hablarle asi a todo el mundo. O a casi todo el mundo. -Dadou tiene razon en lo que te dijo... Lo entiendes ¿Verdad?-
Ifára lo entendia, pero no queria aceptarlo.
Observando de reojo a la otra mientras notaba como un nudo lloroso le oprimia la garganta, Ifára trago saliva con pesadez.
Finalmente, sin mirarla a los ojos, Ifára asintio.
Y fue el asentimiento tembloroso mas dificil de su vida.
(Cambio de escena)
Ifára respondia escondiendose por ahi cuando algo iba mal entre ellos y Ace, por su parte, solia hacerlo bien evitandola o bien huyendo de su persona hasta que no quedara mas remedio que regresar al camarote.
Asi que, como Ace solia responder de aquella manera, no fue de extrañar que aquel dia hiciera exactamente lo mismo. Era cobarde e inmaduro, lo sabia, pero tampoco podia evitarlo del todo o queria hacerlo, que ella tambien tenia su respuesta infantil y no le parecia justo querer cambiarlo si la chiquita no andaba dispuesta a hacer algo similar.
Finalmente, la noche le callo encima tras un dia extraño de charletas animadas pero falsas algunas, como obligadas, igual a si unos pocos de sus compañeros estuvieran callandose algo ferbientemente por mucho que se murieran de ganas por espetarselo en la cara. Ace sabia bien lo que callaban y era cierto que, por mas que tratara de ignorarlo, le molestaba y le dolia bastante. Sin embargo, Ace se decanto por actuar tambien y hacer como si fuera un idiota que no se enteraba de nada.
A pesar de todo, lo que a Ace mas le dolia era como debia sentirse la pobre Ifára frente a aquellas miradas.
Aquellas miradas juzgadoras, despreciativas, acompañadas encima de una actitud de evidente desden y superioridad.
Para desgracia de ambos, creyeron que el asunto de la liberacion seria mucho mas facil y bonito de lo que era en realidad ¿Que le estaba pasando a Ace, que ahora se descubria a menudo como un soñador idealista en lugar de alguien realista y pesimista? Sin duda, lo que le pasaba era Ifára, pero a él no le molestaba en absoluto.
En cuanto al asunto complicado de la libertad, ella se habia golpeado de bruces con la realidad injusta y malvada y él no habia sabido llevarlo como Dios manda, penso Ace dirigiendose hacia su camarote en plena noche ya. No habia sabido como reaccionar, que decirla o bien como consolarla o hacerla sentir mejor, no ocurriendosele al segundo comandante ninguna idea sencilla y solucionadora.
Hasta hacia apenas unas horas.
Hacia unas horas, a Ace si se le habia ocurrido una idea.
Una idea que, hacia apenas un año antes, jamas de los jamases se hubiera pasado por su cabeza o la hubiera reconocido como posible y buena.
Definitivamente, queria a Ifára demasiado.
Con estos pensamientos el joven comandante se topo de lleno con la puerta de su camarote, dejando escapar un largo suspiro cuando comprobo que la luz ambarina de su lamparita se colaba bajo la madera. Que Ifára estuviera ya en la habitacion no le sorprendio por las horas, pero si que andara despierta todavia, razonando Ace con cansancio si acaso le tocaria discusion antes de irse a dormir. Sacudiendo la cabeza ligeramente para evadirse un tanto de aquellos pensamientos, el joven pirata llevo una mano hasta el pomo, girandolo despacio para internarse en el camarote compartido.
Abrio la puerta para toparse con la imagen de una Ifára que, sobre el colchon, como siempre, andaba sentadita con las rodillas pegadas al pecho. Por su expresion bonita pero extraña Ace supo que la niña debia estar esperandole, cerrando despacio tras su espalda y no sabiendo descifrar con que clase de palabras o cuestion iba Ifára a salir ahora.
-Lo siento.- Le dijo la muchachita con voz suave y culpable, mesandose un tanto las pantorrillas como solia ser su costumbre en casos semejantes.
-¿Ah?- Vale, Ace no estaba acostumbrado a que fuera ella la que tuviera motivos para disculparse, no pudiendo evitar dedicar sobre la chiquita una miradita de desconcierto mientras no le salia ni un sonido mas.
-Lo siento... - Repitio ella, evitando un momento el contacto visual directo con expresion dolorosa y culpable. -S-siento haberte dicho... esas... esas cosas... y haberte gritado.- En situaciones como esta, Ace no podia evitar pensar que Ifára era, simplemente, un ser adorable.
-Oh, ya... - Ace asintio un par de veces, dedicandole una sonrisita rapida y tranquilizadora.
-Es solo que... estaba molesta y-y triste... y saltaste con eso sobre Dadou y yo... - Ace lo entendia y conocia perfectamente la naturaleza de su arrebato en la mañana, sabiendo el significado profundo y como él, encima, lo habia estropeado aun mas por su falta de tacto y comprension. -No quiero volver a ser esclava. No es verdad.- Concluyo ella, regresado finalmente el contacto visual para dedicarle una miradita bicolor y llorosa, casi suplicando por que Ace supiera aquello ultimo y no se arrepintiera de su nueva libertad.
-Lo se.- Claro que lo sabia. Ifára se habia dejado llevar por las emociones inestables y fuertes del momento, espetando aquella peticion sin sentido ni deseo real.
-B-bien... lo siento.- Dijo Ifára con voz ligeramente temblorosa, encogiendose un tanto sobre si misma para abrazarse las rodillas y asentir un poquito.
-No pasa nada.- Ace no se sentia ofendido y ya habia desistido hacia mucho tiempo en sus intentos por molestarse con Ifára. Simplemente, se le hacia imposible que un enfado con ella durara mas de dos segundos. -Lo entiendo... - Y la mirada incluso esperanzada, confusa un tanto, de ella se clavo directa sobre las retinas del otro, causando que Ace se sintiera obligado a expresarlo un poco mejor. -O, al menos, intento hacerlo.- Esto ultimo era una gran verdad. -Aunque parece que nunca lo consigo... - Dijo Ace derrotado, dejando escapar sin poder contenerlo un suspirito resignado.
-Con que lo intentes es mas que suficiente.- Y aquellas palabras de Ifára innundaron el interior de Ace con un calorcito agradable y profundo, arracandole una sonrisita encandilada y orgullosita consigo mismo.
Quiza Ace no lo hacia tan mal como creia.
-¿Me dejas ver como va?- Dijo el segundo comandante señalando con un cabeceo el hombro herido de Ifára, que se notaba demasiado sensiblon y expuesto como para continuar en silencio.
-Aja.- Respondio la niña con un asentimiento, sonriendo un poquito al ser gran adivinadora de las reacciones del joven Ace.
Sin mas, el segundo comandante se separo de la puerta por fin, dirigiendose hacia la cama ocupada para acomodarse sentado en el borde. Con cuidado y facilidad gracias a que Ifára le dejaba hacer y ayudaba en lo que podia, el joven Ace llevo las manos hacia el vendaje que él mismo habia anudado, comenzando a desatarlo con delicadeza total. Ella solto un quejidito que no fue alarmante, solo molesto, haciendo que Ace no se preocupara demasiado y continuara su tarea. Finalmente, mas cuidadoso y delicado que antes, incluso, comenzo a despegar aquellas vendas de sobre la piel, descubriendo la quemadura reciente y de aspecto peligroso en poco tiempo.
La silueta grabada al rojo de su propia mano lo saludo, observando analitico la hinchazon de la quemadura abrasante, su color todavia alarmante y el aspecto doloroso de la estampa, teniendo Ace que luchar fieramente contra su mente cuando esta se empeño en revivir el momento desagradable en que fue creada.
A pesar de todo, la herida no iba mal dentro de lo que cabe, y su funcion era cumplida a las mil maravillas: La marca anterior habia desaparecido por completo.
Bajo la atenta mirada de una Ifára curiosa, como siempre, Ace abrio el cajon de su mesilla de noche cercana, sacando del interior aquel ungüento que el medico le hizo en su momento. Desde que tuvo que usarlo con ella, Ace no habia querido que aquella pasta medica y curativa anduviera demasiado lejos por pura paranoia, lo sabia, pero asi se sentia mas tranquilo y a dia de hoy la idea habia resultado de lo mas util.
Hablando de ideas...
-Canija... - Dijo Ace con un tono de voz bajo y pensante, manteniendo la mirada atenta sobre la quemadura mientras se preparaba para deshinflamarla con aquella crema antes de volver a vendarla.
-¿Mmh?- Ese sonidito fue suficiente como respuesta, andando la niña pendiente tanto de su rostro como de sus manos sobre la herida.
-¿Estas comoda... aqui?- Pero por la miradita desconcertada de ella, Ace supo que debia explicarse mejor. -Quiero decir... en el barco... ¿Estas comoda en este barco?-
-Oh... - Exclamo la niña, tragando saliva ligeramente mientras parecia reflexionar su respuesta. -Si... - Pero Ace la conocia demasiado bien.
-Mentirosa.- Lo dijo incluso divertido, continuando cuidadoso su accion curativa a la vez que la conversacion. -No estas comoda... ¿No te gusta el Moby Dick?- Sus preguntas eran para conseguir informacion e Ifára lo noto velozmente, pensando la pobre por donde queria salirle Ace en realidad.
-Bueno... - Ya la habian descubierto, asi que opto por decir la verdad, reflexionando a pesar de todo cada palabra que diria con cuidado. - ... me gustaba mas antes.- Antes de volver como una mujer libre, la verdad. -T-todavia me gusta... es solo que... - Ifára no estaba hecha para aquel mundo. Eso podria saberlo cualquiera con tan solo mirarla.
-Ya no tienes amigos... Solo me tienes a mi y a Joan-Marie... - Ace concluyo la frase de la niña, arrancandole sin poder evitarlo una expresion de dolor emocional que, aunque mala, era necesaria. -Yo no puedo estar contigo todo el tiempo... y Joan-Marie es mas tu jefa que tu amiga o compañera... Tampoco podras hacer nuevos amigos aqui.- Era cierto. Dolorosa o no, la realidad era aquella y nada podria cambiarla asi, sin mas. Ifára todavia no entendia a que venian exactamente las duras pero sinceras palabras de Ace. -Marco te aprecia en lo mas hondo, pero te ve como una niña o una hermana pequeña, no una igual o una compañera... Y Thatch... bueno, a él todo le importa un carajo si no tiene que ver consigo mismo, Marco o yo.- Era doloroso escucharlo a pesar de que lo sabia, mordiendose el labio la joven Ifára para contener alguna lagrimita rebelde mientras Ace continuaba su labor curativa. -Ademas... este sitio es peligroso para ti. Ya lo hemos comprobado... - Por desgracia, lo habian comprobado de la peor manera posible. - ... si hubiera llegado un poco mas tarde... solo el cielo sabe que hubiera pasado contigo... - Y aquello si que causaba que el corazon de Ace se desgarrara en pedacitos dolorosos y sufrientes. -Tu no puedes defenderte sola con esta vida ni en este barco.-
-Pero yo... - Dijo Ifára llorosa y sin saber demasiado bien que responder, dando un respinguito pequeño cuando las manos de Ace se posicionaron de nuevo sobre su herida cuidadosamente.
-Ifára, no puedes. No en este barco ni viviendo con un pirata... Mucho menos si ese pirata es el segundo comandante del mismisimo Barba Blanca.- La chiquita abrio la boca con evidentes intenciones de responder, causando que Ace se adelantara rapidamente. -¿No lo entiendes? Mucha gente querra hacerte daño... eres mi punto debil y un blanco facil en este maldito barco... - Y la mirada seria, convencida pero dolorosa del joven Ace se clavo sobre la llorosa de la chiquita, aumentando asi la veracidad de sus palabras. -Y yo no soy todopoderoso, canija... Puedo protegerte una vez, dos, incluso tres... pero una cuarta quiza no pueda... - Eso si que lo mataba de dolor. -Y entonces ¿Que ocurrira? No quiero ni pensarlo... - Dijo Ace con un suspirito, evitando que su cabeza evocara imagenes horribles por todos los medios. -Tu no puedes vivir asi, ni en este barco.-
-P-pero tu... - Ifára volvio a tratar de reprochar algo, temiendo cada vez mas que la decision de Ace fuera alejarla de su lado. Por desgracia, él volvio a impedirle cualquier tipo de replica.
-Ifára... si te pasa algo malo... - Dijo Ace, deteniendo incluso la accion curativa durante un segundo, evitando sus ojos bonitos para no verse tan expuesto y sensible como se sentia en realidad. Solo ella podria conseguir algo semejante. -Si te pasa algo malo, me mataran... ¿Entiendes? Me mataran si te pasa algo malo.- Ace ya no podia concevir un mundo sin Ifára, que era su salvadora y fuente de toda bondad, de toda buena voluntad y sentimiento bonito. Si ella desaparecia, o bien sufria algun tipo de mal demasiado grande o peligroso, Ace sabia que acabaria muerto por dentro.
-¿P-por que me dices... todo esto?- Finalmente, Ifára se atrevio a preguntar lo que andaba carcomiendola por dentro desde que el joven pirata comenzo su monologo, tragando saliva la niña pesadamente ante el temor de una respuesta dolorosa.
-He... he estado pensando... - Bueno, ahora venia la parte mas dificil de toda aquella idea y unica solucion posible que se le habia ocurrido, costandole mas el hablar debido a que se trataba de una situacion peliaguda. -Veras... tengo algo de dinero ahorrado ¿Sabes?... no soy rico, precisamente, pero sera suficiente y... - La expresion de Ifára se torno de pleno terror y llanto, comenzando a pensar que Ace terminaria por alejarla de él y su vida peligrosa. Lo entendia, pero ella no queria hacerlo bajo ninguna circunstancia. Sin embargo, el joven comandante continuo, no percatandose de su rostro dolido debido a que andaba con los ojos pendientes en la herida que continuaba tratando. -Y... he pensado en comprar... una casa... una casa en alguna isla tranquila que este bajo nuestro territorio... una isla bonita y sencilla, ya sabes... ademas, si esta bajo la bandera de Padre no tendremos problemas con... con la ley y... nadie sabra que antes eras esclava... podras hacer amigos y... - Pero Ifára lo interrumpio rapidamente.
-¿Tendremos?- Cuestiono, porque no podia creerlo del todo, abriendo los ojos como platos un segundo mientras trataba de recapacitar cada palabra anterior.
Como respuesta primera, Ace correspondio su mirada por fin, teniendo prontamente que evitarla cuando se sintio demasiado abrumado.
-Si, bueno... la idea era encontrar un sitio agradable, comprar una casa... e irnos a... a vivir alli... - Entonces, Ace no pretendia alejarla de su lado, precisamente, analizando la muchachita que aquello era una preciosa proposicion de convivencia y vida tranquila. Una vida sencilla, facil y bonita sin percances peligrosos ni problemas legales. Una vida como la que Ifára tenia de niña y siempre deseo volver a tener. -Claro que si no quieres, puedes irte tu sola.- Esto ultimo lo dijo veloz y temeroso, tratando de fingir serenidad mientras que a Ifára, ahora mismo, ya no se le escapaba ni una.
-Oh, Ace... - Ifára no pudo evitarlo, acogiendo entre sus manos elegantes las mejillas del segundo comandante. Mimosa y sintiendo un profundo arrebato de cariño, la muchachita tironeo de su rostro un tanto, obligandole a encararla con cuidado y facilidad. -Pero tu... tu no quieres irte.- Y es que era muy dificil imaginar al salvaje e indomable Portgas D. Ace dejando los mares para irse a alguna islita tranquila en compañia de una chiquita sensiblera y suave como ella.
-Quiero que seas feliz... y estar contigo. Y eso te haria feliz.- Se limito el segundo comandante a responder, evitando nuevamente el contacto de sus ojos para escapar suavemente del agarre cariñoso. Con un suspirito, se levanto de sobre el colchon, incorporandose en pie en el suelo para dirigirse hacia la comoda en busca de vendas nuevas mientras Ifára no dejaba de observarle, entre enternecida y preocupada.
-Si, me haria feliz... - No iba a mentirle, que Ace la conocia demasiado bien y la cuestion era demasiado seria. -Pero eres un pirata.-
-Puedo ser campesino, tambien... o quiza pescador. - Respondio Ace despreocupadamente, encogiendose de hombros mientras abria los cajones en busca de algunas vendas con que cubrir la herida.
-Siempre seras un pirata. Si plantases un huerto, serias un pirata sembrando patatas.- Dijo ella, no pudiendo contener una sonrisita divertida ante sus propias palabras.
-La idea no me disgusta.- Sin embargo, Ace no parecia dispuesto a darse por vencido, pareciendo que la idea le agradaba mas a él que a la misma Ifára. -Imaginatelo... - Dijo con gracia, abriendo los brazos un segundo con ligera solemnidad fingida. -Portgas D. Ace, el unico pirata sedentario con las mejores patatas de todo Grand Line.- Incluso Ace solto una risita con la broma, respirando hondo despues para continuar con su busqueda entre los cajones.
Ifára estaba empezando a ilusionarse, que no podia evitarlo, arrastrandose un tanto a traves del colchon para mirarle entre curiosa y emocionada.
-¿Y yo que haria?- Le cuestiono, deseosa de sumergirse en aquel sueño de futuro juntos.
-Tu... no se... - Contesto Ace encogiendose de hombros, fingiendo una total indiferencia mientras disfrutaba la reaccion bonita de la chiquilla. -¿Que quieres hacer?-
-P-podria trabajar, tambien... en lo mismo que tu o... - Ya esta. La habia convencido y Ace lo sabia, topandose sus dedos finalmente con aquellas vendas que tanto buscaba.
-¿No quieres estudiar?- Y es que el joven comandante la conocia demasiado bien y sabia perfectamente cuales serian sus sueños e ilusiones secretas.
La respuesta de Ifára fue de lo mas sorprendente. Abriendo de repente los ojos bonitos de par en par, la niña afianzo su posicion sobre el colchon de manera inquieta, pareciendo que trataba de decir algo que no llegaba a salir.
-¿P-podria?- Le cuestiono incredula y por pura costumbre, clavando completamente atenta su mirada bicolor en un joven Ace que regresaba a su lado.
-Claro.- Se le escapo incluso la risa, observando de reojo sus reacciones emocionadas y su expresion de una ilusion hasta infantil. -Podras hacer lo que quieras.- Dijo, sentandose en el mismo lugar anterior sobre el colchon para comenzar a cubrir su quemadura reciente.
-Me gustaria... - Los ojos de Ifára brillaron mas que nunca, dedicando una miradita rapida a la pared como si aquello fuera un sueño imposible que dio por perdido hacia demasiado tiempo. Como si pronunciarlo pudiera hacer que desapareciera de golpe y dolorosamente. -Me gustaria... ser maestra.- Era un deseo muy bonito, se dijo Ace.
-¿De verdad?- El joven comandante cuestiono con una carcajadita corta, cubriendo delicado la marca dolorosa de nuevo. -Eso esta muy bien, pero tendras que estudiar para conseguirlo.- Y la sonrisa de Ifára regreso de nuevo, aun mas grande y luminosa que antes.
-Lo se, no me importa... - Contesto ella tan suave como la seda, admirando como el otro cubria su hombro cuidadosamente. -Pero... - De repente, su expresion feliz e ilusionada, soñadora, se desvanecio rapidamente, notandose insegura y temerosa sin motivo aparente. - ... los estudios valen dinero... los libros, clases, titulos... -
-Si, es cierto que valen dinero... bastante.- Hablo el joven Ace con un suspirito despreocupado, anudando eficazmente el nuevo vendaje. -Pero ya sabes, no me importa trabajar unos años para pagartelos.- Con Ace todo parecia realmente facil y sencillo.
-Yo tambien puedo trabajar.- Rapido ella salio en su ayuda, apurada y culpable de que el otro decidiera darlo todo por su persona de manera desinteresada como aquella. -Y-yo me los costeare y... y estudiare tambien y... - De sus labios sonaba mas dificil, se dijo Ifára ¿Como lo hacia él?
-Bueno, puedes hacerlo asi tambien... aunque seria agotador. Sin embargo, ahora puedes decidir y yo te ofrezco otra alternativa.- Entendia la necesidad de Ifára por valerse por si misma despues de tantos años sufriendo enjaulada, decidiendo Ace facilmente que ella escogeria la opcion que mas le agradase. -Ya elegiras la opcion que mas te agrade en su momento.- Concluyo, finalizando aquella tarea curativa con mimo y cuidado.
-Esta bien.- Ifára sonrio, agradecida, encandilada, soñadora y esperanzada, sintiendo que su imaginacion se volvia real y la idea de una vida feliz, libre y tranquila se haria cierta y posible. Nunca se sintio mas feliz. Nunca. -Entonces, compraremos una casa en una isla bonita y segura... viviremos alli y tu seras el unico pirata sedentario.- Ante esto ultimo, incluso la propia Ifára tuvo que reirse un tanto, recordando el titulo que Ace habia puesto a sus hipoteticas patatas. -Estudiare... y podre... ser la maestra del pueblo y tu... vendras a buscarme cada atardecer... cuando los alumnos se hayan ido del aula y yo termine de recogerlo todo... - Dijo ella, soñando despierta y comenzando a imaginar un futuro agradable y comodo junto a un segundo comandante mas mayor, mas de campo y mas curtido que ahora.
-Claro que ire a buscarte... pero... - Aquella ultima palabra causo que la chiquita despertara finalmente de su ensoñacion, dedicandole al otro una miradita confusa e impaciente. - ... a cambio, quiero tener un perro.- Vaya, eso si que no se lo esperaba.
-¿Un perro?- Cuestiono ella entre desconcertada y divertida, admirando la expresion de ilusion contenida del joven pirata.
-Si, me gustan los perros... Uno que me haga compañia mientras trabajo en el campo, o en la costa... Un gran y leal perro pastor.- Dijo él, dejandose llevar tambien por la ensoñacion contagiosa de la muchachita que, feliz, sonreia con toda su animacion. -¿Podria tener uno?- Era evidente la respuesta, pero a Ace le apetecia jugar un poco.
-Mmh... bueno... - Dijo ella, fingiendo pensarlo detenidamente mientras se llevaba una manita al menton y dedicaba la vista al techo. -Esta bien. Podras tener tu gran y leal perro pastor.- Era divertido darle permiso a alguien que, apenas hacia un dia, se suponia era su dueño oficial, aunque fuera de broma.
-¡Bien! Es un gran trato, señorita... acepto el contrato.- Y, sin mas, Ace le tendio una de sus manos grandes como lo haria el mas elegante negociador, causando que Ifára no pudiera hacer mas que reir y estrecharla con la suya. Ya esta, el pacto andaba cumplido y ambos habian aceptado la propuesta. La situacion no podia ser mas agradable y feliz, penso Ifára, que apenas unos meses antes ni habria imaginado posible el tan solo rozar semejante sueño. -Tendremos un perro magnifico, un huerto o un bote pesquero magnificos y una futura maestra magnifica.- Entonces, la mirada de Ifára volvio a clavarse sobre la suya, mas seria y sincera incluso que al principio.
-¿Y niños?- Su pregunta fue pronunciada en un tono de voz bajo y esperanzado, apretando la chiquita sin poder contenerlo la mano del otro con cariño, aun entrelazados sus dedos.
-¿N-niños?- Ace sabia a lo que Ifára se referia, en realidad, que era algo demasiado evidente y él no era ningun estupido. Sin embargo, la pregunta repentina y complicada a pesar de su simpleza causo que tuviera que recapacitarlo detenidamente.
-Si... niños... - Repitio ella, serenandose para transformar la conversacion en algo mucho mas serio y real. -Ya sabes a lo que... a lo que me refiero.- Ace lo sabia. Se estaba refiriendo a tener hijos y, aquel tema, si que era realmente complicado y peliagudo.
Con un suspiro largo y pesado, el joven comandante deshizo el abrazo de sus manos, chasqueando despues la lengua incomodamente.
-Quieres... niños... - Tendria que haberselo esperado, se dijo Ace a si mismo, reflexionando que Ifára tenia toda la pinta de ser una chica familiar. Sin embargo, Ace nunca quiso pensar en algo semejante por cuestiones evidentes, evitando su mirada bicolor que tan insegura y preocupada parecia de repente.
-Si, si que quiero.- Observo ella como el joven comandante suspiraba de nuevo, llevandose una mano tras la nuca para mesarsela tenso e incomodo. Ante el movimiento conocido y la actitud notable de malestar, Ifára se aventuro rapido a continuar explicandose, decidiendo que semejante apuro debia ser por miedo. -¡P-pero no ahora mismo! Quiero decir... en un futuro... - Vale, Ace si podia lidiar con eso.
-¡Ah! Ya veo... bueno, quiza en un tiempo... - Quiza en un tiempo a Ifára se le olvidaria la cuestion o él cambiara de idea ¿Quien sabe? Sin embargo, para su desgracia la muchachita lo interrumpio.
-Aun soy joven... pero en un par de años... - Y sin proponerselo si quiera, Ifára volvio a levantar el telon de aquel embrollo problematico.
-¡¿En un par de años? ¡Eso no es un tiempo!- Estallo Ace con panico evidente y urgencia total, levantandose de la cama como un resorte para incorporarse en pie tensamente sobre el suelo de madera. La expresion culpable y de preocupacion extrema que Ifára le dedico fue suficiente para que no se diera a la fuga rapida, llevandose el pobre Ace las manos a la cara con desesperacion. -Lo siento ¿Vale? P-pero es que... es que yo... - Ace bufo tras sus dedos fuertes, descubriendose finalmente el rostro para notarse aun mas incomodo que al principio. -Yo no puedo... no puedo tener hijos, Ifára.- No, no podia. Ace siempre se habia negado ante aquella idea, desde niño.
-¿P-por que no?- Cuestiono ella bajo y preocupada, analizando cada reaccion y palabra del segundo comandante.
-No puedo tenerlos.- Se limito Ace a responder, negando con la cabeza mientras tragaba saliva pesadamente.
Entonces, Ifára debio entender algo o creer que lo hacia, abriendo la boca un segundo con asombro para asentir un par de veces lentas.
-¡Oh! E-entiendo yo... lo siento ¡No queria hacerte sentir mal! E-es solo que... no lo sabia y... - Y ahora que Ifára recordaba, Ace siempre extremaba las precauciones en aspectos semejantes cuando se trataba de practicar el sexo, pensando la niña con desconcierto si todo habia sido en realidad una pantomima para no ser descubierto. -No importa, Ace... podemos... no se... algo se nos o-ocurrira... No debes sentirte mal por no poder... bueno... eso...- Definitivamente, Ifára habia pensado que el problema era otro, la pobre.
-¿Que? ¡Oh, no! No es eso... - La situacion se le estaba escapando de las manos, se dijo Ace, negando con la cabeza velozmente al descubrir que tipo de problema se creia Ifára que tenia. -Quiero decir... Niña, puedo tener hijos... fisicamente hablando si, puedo tenerlos... p-pero yo... yo no debo... tenerlos... - Definitivamente, tendria que terminar confesandole a ella su horrible secreto.
-¿Que no debes... tenerlos?- Cuestiono Ifára, mirandole entre recelosa y dolida, que no entendia ni un apice que diablos estaba pasando. -¿No quieres tener hijos?- Si Ace respondia simplemente que no, la cosa se solucionaria y ya se encargaria el instinto paternal de comerle la cabeza en un futuro.
-No es tan sencillo... - Por desgracia, aunque Ace habia dicho la palabra no, esta habia venido acompañada de otras, haciendo que la cuestion se complicara aun mas.
-¿E-es por mi? ¿N-no quieres... tener hijos conmigo?- Ifára y sus llorosas inseguridades, siempre presentes y dispuestas a hacer que hasta el mas callado confesara cada uno de sus secretos.
-¡Oh, no! ¡Canija, no tiene nada que ver contigo!- Rapido Ace contesto, negando con la cabeza ante su mirada bicolor que, llorosa y desconcertada, permanecia pendiente a cada palabra y movimiento. -De verdad... No tiene nada que ver contigo... yo... s-si pudiera... aun no pero... si pudiera... sin duda tendria contigo todos los hijos que quisieras.- Y su miradita recelosa y dolida le hizo tener que asegurar aquello aun mas. -Te lo prometo.-
-¿Entonces?- Esta bien, Ace tenia que confesar o todo seria un fiasco.
-Yo... yo no puedo tener... hijos... porque... porque... - Para Ace nunca fue facil hablar de esto. Para Ace siempre fue un secreto impronunciable, imposible y doloroso. Para Ace siempre fue fuente de rechazo, de su dolor y de una infancia triste y solitaria. Para Ace siempre fue algo prohibido, simplemente eso. Sin embargo, Ifára era Ifára, y su bondad no tenia limites. - M-mi sangre esta... maldita... - Ifára era Ifára y su bondad no tenia limites, asi que no lo despreciaria, ni lo odiaria o rechazaria por su sangre y herencia genetica. Era imposible que ella se asqueara de nadie, ni siquiera de semejante secreto. Simplemente, era imposible. -P-por eso yo... yo no puedo tener hijos porque... si mi sangre esta maldita... la suya tambien lo estaria y-y... no es justo... - Entonces, si sabia que era imposible ¿Por que diablos le costaba tanto y le daba tanto miedo?
-Ace... ¿De que estas hablando?- Ifára, la pobre, no entendia nada y comenzaba a preocuparse demasiado.
-Yo... - Tenia que decirselo, soltarlo sin mas y jugarsela a la suerte. Ya no podia dar marcha atras. -Soy el hijo bastardo de Gold D. Roger.- Lo pronuncio veloz como el viento y en un susurro nervioso, notando como una herida dolorosa se abria aun mas sangrante en su interior.
-¿Que?- Cuestiono ella, no estando segura de lo que acababa de escuchar y mucho menos pudiendo creerlo asi, de primeras y sin mas.
Ace se dijo que ya habia confesado, asi que, callarse ahora seria una idea aun peor.
-Que soy el hijo bastardo de Gold D. Roger.- Y entonces, esta vez si, la miro, mostrandole sin poder evitarlo a traves de sus ojos oscuros cada sentimiento, cada emocion y dolor vivido por cuestion como aquella, notandosele igualmente el terror por ser rechazado y devuelto a la soledad. Ifára tenia sus inseguridades, pero las de Ace eran aun mas peligrosas y reales. -S-sabes quien es ¿Verdad? Tome e-el apellido de mi madre... - Claro que ella lo sabia, sobre todo teniendo en cuenta su expresion repentinamente anonadada y congelada, hablando Ace por el mero hecho de decir algo que rompiera aquel silencio repentino.
-Mentira.- Dijo Ifára, boquiabierta y totalmente incredula, dificultandole las cosas sin ser consciente de ello ni pretenderlo.
-Es la verdad.- Y ojala no lo fuera, pero la realidad es incambiable.
-Tu... eres el hijo de Gold D. Roger... eres el hijo del rey de los piratas... - Entonces, Ifára se sumergio un tanto en su propio mundo, dedicando la mirada directa a sus rodillas para hablarse mas a si misma que al otro. -Asi que... tuvo un hijo... y tu eres el hijo de Gold D. Roger... - Incomodo y carcomido por la incertidumbre, Ace se mantuvo tenso y estatico en su posicion.
-Si... - Se limito a responder, sintiendo que su estomago se habia transformado en un nudo nervioso que le estaba abrasando y apenas le dejaba respirar.
-P-perdona... es que... - Ifára parecia de repente temblorosa, tratando la pobre de recomponerse ante noticia como aquella. Insegura y con movimientos de malos reflejos, la chiquita se recogio parte de su melena discola tras la oreja, aun pendiente total de sus rodillas. -Es solo que... es dificil de creer y-y asumir... asi, sin mas... Lo siento.-
-No pasa nada. Lo comprendo.- Claro que lo comprendia, esto si, pero eso no significaba que Ace, ahora mismo, se encontrara bien y no sintiera un miedo visceral e instintivo a ser despreciado por ella.
-¿P-por que no... me lo dijiste?- Y aquella pregunta sono incluso a reproche.
-Mira como estas.- Dijo Ace indicativo y resignado, conteniendo la tension y el nerviosismo para señalarla fugazmente. -Blanca como la cera y temblando... parece que vayas a desmayarte ¿Como iba a decirtelo?-
-L-lo siento... de verdad que si... pero es que es dificil... ha sido tan de repente que... - Ifára respiro hondo, se llevo las manos hacia la cara para cubrirse el rostro y, repentinamente, solto todo el aire que habia tragado mientras sacudia la cabeza eficazmente. Hecha semejante accion extraña, mas recompuesta que antes, la chiquita se atrevio finalmente a mirarle a los ojos de nuevo. -Ya esta. No pasa nada... - Una sonrisita insegura pero sincera adorno su preciosa cara, y el nudo dentro del estomago de Ace se aflojo poco a poco hasta desaparecer.
Su nerviosismo se marcho volando, al igual que su miedo total a ser rechazado se escapo por la ventana, entrandole ahora unas enormes ganas de llorar de agradecimiento.
Sin embargo, se contuvo, porque Portgas D. Ace no lloraba.
-¿No te importa?- Pero, a pesar de todo, Ace tenia que preguntarlo directamente.
-No. De donde provengas no me importa.- Contesto ella, negando con la cabeza para asegurar aun mas su respuesta.
-Soy el hijo bastardo de Gold D. Roger.- Dijo Ace, como si no entendiera del todo a la muchachita a pesar de la felicidad que le estaba regalando.
-Y yo ayer era una esclava.- Segura y recompuesta por fin, didactica incluso, Ifára no estuvo dispuesta a darse por vencido.
-No es lo mismo.- En su tozudez, Ace suspiro frustrado, notando que la sensacion de aceptacion total para con la niña era tan agradable como inesperada, en realidad.
-Para mi si.- Y por su mirada y tono de voz, Ace supo que Ifára ya daba aquella cuestion por zanjada, notando que el nudo de su estomago se habia transformado en uno en su garganta que, feliz, luchaba por hacerle esconderse en cualquier habitacion a llorar como una niña.
Gracias a los cielos, Ace pudo contenerse, ocultandose bajo su mejor fachada de fuerza y despreocupacion.
Ifára le habia aceptado.
Entero, completo. Le habia aceptado con todo, ahora si.
Ace no podia ser mas feliz ni quererla mas. Seria imposible.
-Entonces... ¿D-de verdad vas a comprar una casa?- Su voz suave e insegura, temerosita la pobre, lo saco de sus pensamientos, haciendo que diera un pequeño respingo y tuviera que analizar sus palabras con cuidado.
Ace solto una risita divertida ¿Por que Ifára actuaba como si él tuviera motivos para enfadarse?
-Si, comprare una casa.- Ace asintio seguro de si mismo. Queria a Ifára, la adoraba, no habia cosa mas importante ni ser mejor que ella en el mundo. A Ace ya no le importaba nada lo suficiente como para abandonarla o separarse de ella.
-¿Y... y tus sueños? Quiero decir... eres un pirata... Desde niño querias ser un pirata, me dijiste, para ser mas libre que nadie... - Y a pesar de todo, Ifára siempre pensaba mas en los demas que en si misma. Se moria de ganas por largarse, andaba deseando vivir tranquila a su lado, estudiar y cumplir sus propias ilusiones. Y sin embargo, ella siempre anteponia el bienestar ajeno al suyo propio. Dios... ¡La queria demasiado! -¿Q-que sera de tus sueños?-
Su sueños, ahora, estaban con ella.
-Oh... bueno... - Dijo el joven Ace, encogiendose de hombros con su tipica despreocupacion, recompuesto ligeramente del haber tenido que confesar tan terrible secreto. -Eso ya no me importa tanto.- La sonrio, para calmarla y hacerla sentir bien.
A Ace no le importaba sacrificar un par de cosas por ella.
Le parecia un trato justo.
(Cambio de escena)
"Tengo que hablar con Padre"
Eso era lo que Ace le habia dicho como despedida en la mañana, temprano, justo antes de darla un beso rapido sobre la frente y levantarse de la cama. Como Ifára siempre seria de sueño pesado, al principio no hizo demasiado caso de sus palabras ni las analizo siquiera, limitandose a asentir perdida para volverse a ovillar bajo las mantas mientras Ace se dedicaba a pulular por el cuarto con su eficacia habitual.
Finalmente, el joven pirata termino de alistarse, caminando hacia la puerta del camarote en un par de zancadas veloces, dejandola dormitar sobre la cama deshecha para largarse a cumplir su cometido.
Ifára durmio un cuarto de hora mas... y otro cuarto de hora mas...
Hasta que recapacito por fin en lo que Ace habia pronunciado antes de marcharse.
Como un resorte, repentinamente la chiquita se incorporo sentada sobre la cama, completamente despierta ya y sorprendiendose incluso ella misma por semejante rapidez.
Sola en el camarote, Ifára no pudo evitar sentir una oleada de terror que, seguida de un ambiente fresco que comenzaba a contrastar tanto con el calor sofocante de hacia un par de dias, no conseguia otra cosa que empeorar su estado de animo.
Ace le habia dicho que tenia que hablar con su padre, aquel capitan que consideraban figura de autoridad y respeto total y que tanto pavor imponia sobre Ifára sin poder evitarlo. Estaba segura de que no era un mal hombre, pero ella siempre seria cobarde y aquel aura de poderio superior y peligroso que rodeaba al temido Barba Blanca hacia meya sobre su escaso valor, imaginando una audencia del joven Ace con aquel gran pirata en cuestion. La escena no le agrado, porque la puso nerviosa, sabiendo rapido y preocupada el tema a tratar que Ace sacaria en plena conversacion. Para colmo de males, conociendole como lo hacia, el segundo comandante iria directamente al grano y sin andarse por las ramas de ninguna manera, Ifára lo sabia bien.
Sabia tambien, sin duda alguna, que Ace iba a charlar con su capitan sobre su despedida en cuestion.
Recordo entonces Ifára la conversacion mantenida la noche anterior, como él le habia ofrecido una vida tranquila y juntos asi como le habia confesado un secreto inconfesable.
Asi que, Ace iba en serio. No se trataba de un cuento para encandilarla y dejarla tranquila un tiempo, o bien un plan hipotetico que podria cumplirse, quiza, en un futuro lejano.
No. Ace hablaba en serio e iba a tratarlo con su capitan y figura paterna esa misma mañana.
Ifára queria marcharse ¡Vaya si queria! y la idea de abandonar el barco cuanto antes y dejarse llevar por una vida feliz, campesina y pacifica, donde ella pudiera ser quien era sin que nadie supiera quien fue en el pasado y Ace estuviera a su lado, no hacia otra cosa mas que inundarla de alegria y optimismo. De esperanza, sentimiento que creyo perdido hacia mucho, mucho tiempo.
Sin embargo, su imaginacion preocupada y peligrosa no pudo evitar el pincharla molestamente.
Si Barba Blanca se negaba, si le decia que no, que bajo ninguna circunstancia Ace podria abandonar el barco por una niña canija y asustadiza sin valor como ella, Ifára sabia que tendrian grandes problemas. En el mejor caso, Ace haria cuanto su capitan quisiera, siempre tan agradecido y admirado por su persona, y el sueño precioso de una vida juntos en paz se desvaneceria como la bruma. Pero Ifára sabia tambien que Ace era testarudo como el que mas, que haria siempre cuanto le diera la gana por puro orgullo y que tendia a la sobervia por naturaleza. Es decir, que en el peor de los casos, Barba Blanca se negaria, Ace se dejaria llevar por el orgullo y se largaria de todas maneras, arrastrandola a ella consigo hasta la perdicion, evidentemente. E Ifára le seguiria, claro que si. Le seguiria hasta el mismo infierno, pero eso no significaba que realmente quisiera semejante destino.
Aunque, claro, se suponia que Barba Blanca era un buen capitan, un pirata que, aunque terrorifico, era mas padre que bandido.
Era mas probable que no se negara y dejara a su querido hijo cumplir con sus propios deseos ¿Verdad?
Pero ¿Y si eso no pasaba? ¿Y si Ace utilizaba las palabras incorrectas y acababan a la gresca? ¿Y si, entonces, la idea de ocupar un pedacito de la tierra bajo la proteccion de aquel pirata poderoso se convertia en un imposible? ¿Que harian con la ley? ¿Que pasaria con Ace, que era perseguido y conocido por todo marine viviente en todo el gigantesco mar?
¿Y si Barba Blanca se negaba y Ace, fiel a su bandera, se deshacia de ella y la abandonaba en soledad? En alguna islita tranquila y pacifica, cierto, pero en soledad y con el corazon roto, igualmente.
Sacudiendo la cabeza fuertemente, Ifára se dijo que estaba pensando demasiado y que era una mujercita cobarde e insegura, decidiendo levantarse de la cama mientras trataba de imponerse algo de despreocupacion y tranquiladad. Cogio del armario ropa mas abrigada que la que acostumbraba ultimamente debido a que la temperatura estaba empezando a bajar notablemente, acogiendo entre las manos rapidamente aquella bufanda o pañuelo amplio que Ace le regalo hacia un tiempo, cuando llego de un viaje largo y ella casi hasta se habia olvidado de él.
Quien le iba a decir a ella que aquel tipo brusco que tanto miedo le daba, aquel joven arisco y peligroso, iba a transformarse al final en el amor de su vida.
Era extraño, pero bonito, se dijo Ifára mientras abrazaba con cuidado la prenda en cuestion, cargando rapidamente con las demas para dirigirse hacia el cuarto de baño, que no tenia tiempo que perder encandilandose por ahi.
Ademas, si mantenia la mente ocupada en el trabajo y el alistarse, dejaria de preocuparse por la charla que Ace y su capitan tendrian aquella mañana. Si es que acaso no la habian empezado ya...
Trabajando a la velocidad de la luz en cuanto se sorprendio de nuevo dandole vueltas, Ifára se ducho, se arreglo un poquito como mejor pudo y se vistio con ropa ancha de entretiempo, ajustando alrededor de su cuello fragil la bufanda o pañuelo que tanto queria y tan suavecito se le hacia.
En estas rapido salio de la habitacion de aseo, dirigiendose hacia la puerta para salir a los pasillos y atravesarlos eficazmente, luchando contra su mente que parecia empeñada en el pesimismo y la preocupacion constante.
Su intuicion poderosa le decia que Barba Blanca era un padre comprensivo, y su intuicion nunca solia equivocarse.
Sin embargo, a pesar de todo Ifára no podia evitar preocuparse, aunque fuera un poquito, que andaba nerviosa y con algo de ansiedad por saber que diablos ocurriria.
Andando segura para regalarse a si misma algo de semejante actitud, Ifára llego finalmente a su destino, topandose con las puertas blancas y dobles, enormes, de la tan conocida y querida cocina. Sin querer esperar mucho mas, que entonces volveria a ponerse a pensar en cosas inadecuadas, la muchachita se interno en la estancia culinaria, respirando hondo algo de aire por la nariz para fingir toda su calma y serenidad.
Horrible fue la situacion cuando, estupefacta, Ifára se topo directamente con la figura de Dadou.
Estatica en su sitio, la muchachita y ex-esclava abrio la boca un segundo, titubeando algo incoherente y murmurante que no significo nada, puesto que no se le ocurria nada bueno que decirla, mientras la puerta se cerraba por si misma tras su espalda.
Por su parte, la aun esclava Dadou se recompuso rapido del encontronazo, dedicando sobre los ojos bonitos de Ifára una miradita fugaz que, aunque rapida, a Ifára casi le arranco el corazon del pecho. En sus ojos adivino decepcion, traicion, quizas envidia, puede que incluso odio, sentimiento que ella nunca creyo posible captar en la mirada conocida de su querida Du, que tan calida y protectora se le hizo siempre.
Fue un segundo o puede que menos, incluso, pero a Ifára no se le escapo, observando como la otra, rapida, bajaba la cabeza respetuosa como haria en presencia de cualquier persona libre. Al igual que una exhalacion, Dadou continuo su camino, esquivando eficazmente a la estatica y anonadada Ifára para largarse de la cocina a cumplir con sus labores en el comedor.
E Ifára juro que un viento gelido, congelante, que se clavaba hasta los huesos, dejo huella sobre ella cuando Dadou habia pasado por su lado velozmente.
No pudo evitarse un escalofrio, abrazandose a si misma por puro instinto al escuchar la puerta de la cocina volver a cerrarse, notando que hacia mucho mas frio que cuando se desperto.
No lo soporto, tampoco, simplemente no pudo soportarlo, sorprendiendose de que ni siquiera tuviera ganas de llorar a pesar de que el pecho se le habia vaciado de pronto y sin anestesia. Con la mirada perdida en ningun punto fijo, aun abrazadita sobre si misma, Ifára camino lenta e inseguramente hacia la mesa blanca posicionada en un rinconcito de la cocina, buscando un lugar donde sentarse a no hacer nada durante un periodo de tiempo corto, pero que necesitaba enormemente.
Cual fantasma, la niña acogio una de las sillas, la arrastro silenciosamente sobre las baldosas y se sento, acomodando las manos entrelazadas sobre la mesa en una posicion tensa.
Du la despreciaba. Du la odiaba.
Las miradas no mienten.
-¿Quieres un cafe?- Una voz conocida y femenina, aspera pero elegante, la hizo dar un respingo, no sacandola del todo de sus pensamientos a pesar de todo.
Sorprendida, como regresando de otra dimension, Ifára dirigio la vista hacia el lugar del sonido, topandose con la imagen bonita pero chulesca de una Circe mañanera que, tan altiva como siempre, esperaba al lado de la mesa impaciente.
-¿Que?- No se habia enterado bien, mucho menos podia creerse semejante estampa ni ofrecimiento, diciendose por dentro que tendria que empezar a acostumbrarse a ver a Circe en la cocina a menudo.
-Que si quieres un cafe.- Repitio la hermosa morena, haciendo un movimiento de cabeza que hizo bailar su preciosa melena mientras chasqueaba la lengua. -He hecho algo para mi y Joan-Marie y ha sobrado un poco... - Y, entonces, los ojos arabigos y bonitos de Circe dejaron de ser tan peligrosos, clavandose sobre los de Ifára con algo parecido a la compresion. Parecido, porque era una tarea realmente dificil leer nada sobre la mirada de Circe cuando se trataba de emociones amistosas. -Te vendra bien... ¿No quieres una taza?- Dijo incluso maternal, consiguiendo que Ifára se sintiera aun mas confusa. Definitivamente, era imposible descubrir nada en los ojos de Circe.
-Oh... si... esta bien.- Se limito Ifára a responder, dedicandole una sonrisita fragil y temerosa al no saber como reaccionar exactamente. Circe, evidentemente, habia visto la escena del encontronazo desagradable, reaccionando a su manera pero reconfortante, al fin y al cabo. Era extraño, pero agradable, se dijo Ifára.
Sin mas, la preciosa y chulesca morena asintio, dirigiendose rapidamente a la encimera cercana para, con sus movimientos algo masculinos pero elegantes, comenzar a verter el cafe de la jarra sobre una taza de desayuno.
-Y supongo que lo querras con leche... - Dijo Circe con un suspirito, haciendo que Ifára observara su bonita espalda mientras ella continuaba la tarea. - ... y con mucho azucar. Con una cantidad insana de azucar... - Y es que por mas ofensas que soltase por la boca, Circe ya no le sonaba amenazante ni dañina, decidiendo Ifára que esa era, simplemente, su forma de ser. -Te pega eso del azucar. He acertado seguro.-
-Uh... si.- Si, habia acertado, encontrandose Ifára todavia completamente desconcertada.
-Entonces, con leche y mucho azucar.- Hablo la preciosa Circe mas segura aun, asintiendo una rapida vez para comenzar a mezclar el cafe como Ifára preferia.
-Si, por favor.- Contesto Ifára con su educacion habitual, no sabiendo si debia levantarse a ayudarla o bien dejarla continuar. Como Circe no parecia dispuesta a recibir colaboracion de ninguna clase, ademas que se lo habia ofrecido e Ifára no queria ofenderla bajo ninguna circunstancia, finalmente se decidio por esperar, aun tensa y completamente traumada por tanto cambio repentino.
Du la odiaba. Circe la trataba bien. Ace queria ser campesino en lugar de pirata. El rey de estos ultimos tenia un hijo y ella compartia la cama con él cada noche. Ella ya no era esclava.
¿Que diablos estaba pasando en el mundo?
Ifára no lo sabia.
-Aqui tienes.- Y, nuevamente, Circe la saco de sus pensamientos, posicionando la taza caliente de reconfortante cafe justo frente a sus narices.
Deseosa de algo calido que la espabilara asi como de conseguir un momento tranquilo, Ifára se lanzo sobre el recipiente cargado de porcelana, propinandole un sorbito rapido.
-Gracias.- Le dijo a Circe en cuanto trago y, con su sonrisa, Ifára le estaba agradeciendo algo mas que un simple cafe. Era el gesto.
Circe tambien sonrio e Ifára nunca habia visto formarse en sus labios semejante gesto de manera tranquila, sin que implicara alguna mala accion o pensamiento de por medio.
Era... raro. Pero agradable.
-Sabes, puedo hacer que vuelva a hablarte.- Dijo Circe de pronto, acomodando una mano larga y bonita sobre la mesa que Ifára ocupaba. Confusa, la chiquita levanto los ojos de sobre el cafe, esperando una explicacion mejor que llego rapidamente. -Me refiero a Dadou. Aunque se la regale a Joan-Marie, me debe obediencia porque yo soy su verdadera dueña. Yo la compre, asi que hara lo que yo le diga.- Ifára conocia perfectamente las reglas de los esclavos, no precisando de explicaciones de ningun tipo. Sorprendida un tanto por el ofrecimiento, en un principio Ifára permanecio en silencio, sosteniendo su cafe entre las manos pequeñas con cuidado. Eso fue en un principio, porque rapido nego con la cabeza, dedicando sobre Circe una miradita de pequeño reproche que no pudo contener.
-Eso es horrible.- Dijo la chiquita, dandole un nuevo sorbito a su taza dulce de cafe.
-Bueno, yo solo te he ofrecido mi ayuda.- Contesto Circe tan despreocupada y chula como era su costumbre, encogiendose de hombros mientras aun mantenia aquella mano sobre la mesa. Por primera vez, la cercania de Circe resultaba mas complice que peligrosa. -Otra cosa es que tu prefieras escupirme en la cara en lugar de aceptarla.- Y es que por mas palabras feas que dijera, Circe ya no sonaba peligrosa ni ofendida. Era asi, Ifára ya comenzaba a saberlo.
-¿Por que?- Escamada, que era inevitable sentir recelo por la otra y su repentino cambio de actitud, Ifára cuestiono velozmente, dejando claro por su voz la evidente desconfianza. -¿Por que quieres ayudarme?- Hacia tan solo una semana, Circe queria asesinarla, no ayudarla. Como primera respuesta, Circe se limito a encogerse de hombros otra vez. -Se supone que me odias... - O, al menos, antes lo hacia con toda su alma.
-No te confundas. No somos amigas.- Respondio Circe veloz como el viento, dejando claro que sus palabras eran ciertas debido a su tono de voz cortante y conciso. -Y nunca seremos amigas. Es imposible.- Y era aun mas extraño cuando Ifára se sorprendio a si misma como, incluso, levemente decepcionada. -Sin embargo, ahora somos compañeras... y yo cuido de los mios.-
-¿Es porque ahora soy libre?- Cuestiono Ifára sin poder evitarlo, dedicando sobre Circe una miradita fugaz de confusion. Ante semejante pregunta, la preciosa morena suspiro tan altiva como siempre, dejando oir su aliento salir de manera larga y ruidosa.
-Mira, gatita... puedes tomarlo como quieras, pero es un cambio demasiado importante.- E Ifára lo sabia mejor que nadie, otra cosa que supiera que tambien debia serlo para los demas. El plan no habia sido ese. -Muchos no lo entenderan y querran no notarlo por pura estupidez y el jodido orgullo... otros, en cambio... simplemente lo aceptaran.- Y por su mirada que, aunque tan indescifrable, si tenia un ligero brillo resignado, Ifára supo a que grupo pertenecia Circe.
-¿Y tu eres del segundo grupo?- No pudo evitar soltar una risita porque ella era amable y dulce por naturaleza, propinandole un sorbito pequeño y nuevo al cafe que mantenia entre las manos.
-Si, supongo que si.- Sorprendente y agradable fue oir a Circe reir tambien. No fue una carcajada larga, ni una risotada, simplemente una risa ronca y corta que a Ifára le resulto de lo mas reconfortante.
Las cosas andaban de lo mas extrañas, era cierto.
Pero Ifára se dijo que, por gozar de los buenos cambios en lugar de regodearse en los malos, tampoco pasaba nada.
(Cambio de escena)
-¿Estas seguro?- La pregunta sono extrañada, pareciendo mas un suspiro que palabras, acomodandose mejor y cansadamente sobre su sillon inmenso y reconfortante.
-Si.- Respondio el joven Ace con toda seguridad, asintiendo un par de veces firmes para aumentar asi el convencimiento sobre el otro.
-Ya veo... - El tan apreciado como temido Barba Blanca chasqueo la lengua, mascando un segundo con actitud pensativa para dedicar sobre su mesa una mirada de reflexion. Parecia disgustado, pero tambien buscaba ser comprensivo, noto Ace rapidamente, acomodado él igualmente en una silla frente a su adorado y admirado padre.
Como unica barrera separatoria, solo estaba aquella mesa de madera que, hacia ya un tiempo, habia servido como bandeja de plata para la cabeza muerta del Olonés.
En un futuro, Ace tendria que acostumbrarse a dejar de ver cosas como aquel asunto de la cabeza como "normales".
-Padre, no se disguste... - Ace se sintio mal, culpable y mezquino, como casi siempre que notaba disgustado a su padre por algo que él hubiera causado, inclinandose un tanto hacia el imenso capitan con actitud pacificadora. -Yo... - Pero fue rapidamente interrumpido.
-Llegas aqui, a primera hora de la mañana, haciendo que me preocupe como un condenado al decirme que tienes que comentarme algo urgentemente... - Espeto el viejo Barba Blanca con toda su autoridad sin necesidad alguna de elevar la voz, no separando si quiera todavia la mirada pensativa de sobre la mesa. -Y todo para largarme que quieres abandonar mi tripulacion para irte a vivir la vida de un miserable Don Nadie.- Tragando saliva pesadamente, no sabiendo como debia sentirse exactamente ni por donde andarian los tiros en la conversacion, Ace se limito a bajar la cabeza un tanto y asentir. -Y, encima, me suplicas que te ceda proteccion para tu vida de miserable Don Nadie en alguno de mis territorios... - Barba Blanca asintio de mal humor, pareciendo no obstante tranquilo y sereno. Era demasiado mayor como para no haber aprendido a controlar su genio. -¿Y me dices que no me disguste?- Cuestiono el inmenso lobo de mar, dedicando finalmente sobre su hijo una mirada que haria doblegarse hasta al mas discolo de los demonios.
-Lo siento, Padre.- Ace se disculpo realmente culpable, pero decidido a no darse por vencido bajo ninguna circunstancia.
-Lo se, niño estupido y tozudo.- Contesto el viejo capitan con cansancio, cruzandose de brazos resignadamente sobre su gigantesco sillon. -Y tambien se que acabarias haciendolo de todos modos... Como siempre. Siempre termina sudandotela mi opinion o la de tus compañeros.- Al fin y al cabo, aunque no de sangre seguia siendo su padre, y lo conocia a las mil maravillas. Como a cada uno de sus hijos.
-Bueno, eso no es exactamente asi... - Salio Ace rapido en su defensa, no abandonando a pesar de todo un tono de total respeto para con su capitan. -Pero si, acabaria haciendolo de todos modos.-
-Es solo que... solo... - Entonces, Barba Blanca se mostro confuso. Se mostro confuso, humano, real, mas padre de lo que Ace le habia visto jamas a la vez que mas viejo en sus facciones mayores contraidas por el desconcierto doloroso. -Ace, no es por tu caso... esto ya lo he vivido antes... - Dijo el viejo lobo de mar, mas paternal que villano, inclinandose un tanto tambien sobre su asiento para encarar mejor al muchacho frente a él. - ... quiero decir, muchos de mis hijos me han abandonado antes por mujeres y sueños de formar familia.- La nostalgia cruzo sin piedad el rostro viejo del capitan, pero mas parecio una del tipo feliz, como si evocar los recuerdos felices de hijos perdidos por amor fuera algo de lo que enorgullecerse, en realidad. -Pero tu... no lo entiendo, Ace. Este viejo y anciano pirata, este padre de familia de gamberros y delincuentes, no lo entiende.-
-Quiero estar con ella y ofrecerle una vida agradable. La quiero.- Se limito Ace a responder, no ocurriendosele realmente ninguna explicacion mejor y mas simple que esa.
-Eso tambien lo he oido antes ¡Jah!- Exclamo el viejo Barba Blanca con una carcajada jocosa, diviertiendose ante los recuerdos y como cada uno de sus hijos perdidos parecia seguir el mismo guion. -Pero tu... siempre crei que tu serias como Marco... siempre con nosotros. Y, ahora, me dices que te vas... - Y en cuanto el viejo capitan noto que el padre sensiblero comenzaba a salir de su interior, rapidamente cambio de tactica, mostrando su lado mas burlon y superior. Como si Ace no le conociera ya lo suficiente... -Quiero decir, lo entenderia de cualquiera ¿Pero de ti? ¿Como iba a esperar que ninguna muchacha se fijara en ti mas alla de para revolver las sabanas un rato? Tienes modales, cierto, pero eres salvaje y mezquino, sobervio, rebelde sin motivo y excesivamente impulsivo... - Ante semejantes palabras, Ace no sabia si echarse a reir o molestarse, decidiendose finalmente por mostrar una sonrisilla y elevar las cejas un tanto, bastante de acuerdo con la descripcion de su padre. Tampoco él se hubiera imaginado jamas semejante cosa, pero aqui estaba, pidiendo a su amado capitan su beneplacito para largarse como un perro traidor y desagradecido. -Supongo que esa... esa chiquilla... - No recordaba su nombre, y eso que Ace ya se lo menciono mas de una vez, buscando el viejo pirata en su memoria dicha palabra indicativa de su identidad. Como el segundo comandante esperaba, no la encontro, limitandose su capitan a continuar. -Supongo que esa niña es demasiado buena niña... Y, o es muy tonta, o tiene un amor insano por las causas perdidas.- Esta vez, Ace si que tuvo que reirse.
-¡Si! Lo segundo seria lo mas acertado.- Dijo Ace con gracia, dandose una palmadita ligera sobre la rodilla flexionada con burla hacia si mismo.
-Ya veo... reza para que no se le pase semejante obsesion y gusto, muchacho.- El viejo capitan parecia algo recompuesto por fin de la noticia, siguiendo la broma un tanto para, nuevamente, suspirar y acomodarse mejor sobre el respaldo del enorme sillon comodo. -Entonces... de verdad quieres marcharte a vivir la vida de un Don Nadie... - Ace asintio una vez que, aunque rapida, fue suficiente respuesta. -Crei que querias fama, que todo el maldito y podrido mundo supiera de tu existencia, de tu nombre... - Dijo el viejo e imponente lobo de mar, nuevamente serio y tranquilo. -Querias ser mas libre que nadie ni nada.-
-Bueno... esas cosas ya no me importan tanto... - Ahora, en la mente de Ace el espacio mas grande lo ocupaba una sola imagen que tenia el nombre de Ifára, la verdad.
-Tambien he oido eso antes.- Volvio a reir el viejo capitan y padre, chasqueando la lengua despues sonoramente. -Pero vas a renunciar a todo cuanto querias, lo sabes ¿Verdad? Renuncias al mar, a la vida salvaje, a las guerras y los cañones... a la libertad total y absoluta que solo puede regalarnos la normalmente breve pero intensa vida del pirata.- Y es que Barba Blanca, por mas años que hubiera vivido y mas situaciones que hubiera conocido, nunca se desencantaria de su forma de vida, demostrandole a Ace quien era realmente el pirata mas verdadero y grande que podria navegar nunca sobre Grand Line.
-Lo se.- Dijo el joven comandante, no pudiendo contener dedicar sobre la mesa de madera una miradita perdida de dolor. Lo echaria de menos. Lo echaria mucho de menos y sabia, al igual que Ifára, que siempre seria un pirata, aunque fuera uno terrestre y sedentario. Siempre. Para siempre.
-Eres hombre de guerra y aventuras, chico... No un amante, ni un padre, ni un marido.- Y seguro de sus propias palabras, el viejo padre y capitan Barba Blanca dicto su sentencia, dedicando sobre su joven hijo la mirada mas segura del mundo. -Pero creo que el disfraz de cualquiera de ellos te sentaria a las mil maravillas. Puedes marchar en paz y cuando quieras, y te aseguro que tendras mi proteccion hasta el dia en que la bastarda muerte venga a llevarme con ella al infierno.- Ace se sintio emocionado en lo mas hondo, bendecido por su padre verdadero aunque no de sangre y capaz de llevar a cabo el mas maravilloso de los milagros.
-Gracias, Padre. Gracias por todo.- Dijo el joven comandante, admirando con una sonrisa serena y sincera como su viejo capitan parecia luchar contra el sentimentalismo y las emociones. -Se que le gustan las sensiblerias aunque no lo admita... - Este seria el regalo de Ace. - ... asi que, le dire que si estoy vivo es gracias a usted, que le quiero y no existira jamas hijo mas orgulloso de su padre que yo, Portgas D. Ace.-
-Agh... niño estupido.- Exclamo Barba Blanca de pronto, poniendose a la defensiva rapidamente en cuanto noto como su pequeño vastago apelaba a sus sentimientos paternales. -Largate de aqui antes de que me arrepienta y te arroje por la ventana.- Y con una sonrisa, Ace asintio, dispuesto a incorporarse en pie rapidamente y correr a traves del barco en busca de la bonita Ifára, que tenia grandes noticias para ella. Sin embargo, el movimiento indicativo de detencion que la mano enorme de Barba Blanca produjo, le hizo pararse en seco a la espera de sus palabras. -¿De verdad es tan importante?- Y por su mirada, Ace supo perfectamente a lo que andaba refiriendose.
-La quiero. La quiero de verdad.- Contesto el joven comandante seguro y sincero en su confesion, causando que el dolido pero comprensivo padre asintiera un par de veces.
-Si alguna vez te arrepientes... las puertas del Moby Dick siempre estaran abiertas para ti al igual que los brazos de tus hermanos... Para ti y para cualquiera de tus seres queridos.- Dijo solemne el lobo de mar peligroso para con cualquier enemigo, pero de bondad perfecta para su familia marina, causando que un Ace admirado totalmente al igual que agradecido asintiera de nuevo. -Y, ahora, desaparece de mi habitacion... - Rapido y obediente, Ace termino de levantarse. - ... tengo que encontrar a alguien que acompañe a Thatch y su division como negociadores.- Y el joven Ace no pudo evitar detenerse en seco.
-¿Negociadores?- Se lo debia a su padre y a cada uno de sus hermanos. Seria su regalo de despedida para estos ultimos.
-Eh... si.- Curioso, Barba Blanca se inclino sobre su asiento de nuevo, admirando como su joven segundo comandante parecia de pronto realmente interesado. -Es un asunto sin demasiada importancia... Pronto entraremos en territorio de algunos mocosos duros y prefiero las palabras a las armas como opcion primera. Thatch tiene una lengua afilada, pero inteligente.- En eso, Ace no podia estar mas de acuerdo, escuchando atentamente la explicacion de su capitan. Viendose tan fieramente oido, Barba Blanca continuo, adivinando facilmente las intenciones de su joven hijo. -Sin embargo, no quiero enviarlos solos por pura prevencion. Thatch es tan astuto como impredecible y, por suerte o desgracia, sus hombres moririan por salvarle el cuello a ese zorro.-
-Entiendo.- Dijo el segundo comandante adoptando sin poder evitarlo su actitud mas militar y espartana, apartando los sentimentalismos y emociones a un lado por el analisis calculador. -¿Y seria mucho tiempo?- Barba Blanca elevo sus cejas con sorpresa ante aquella pregunta.
-No... quiza un mes como mucho... pero pensaba que querias marcharte cuanto antes.- Contesto el viejo lobo de mar, adivinador facil y rapido de las intenciones del segundo comandante de su flota.
-Bueno, tampoco cuanto antes... sera mi despedida y forma de daros las gracias.- Y es que Ace no andaba dispuesto a abandonarles sin mas, mucho menos cuando vio que lo necesitaban y que podria ayudar en algo antes de desaparecer. Ademas, asi no seria tan duro y podria, poco a poco, hacerse mejor a la idea.
-¿Estas seguro? Podria alargarse.- Dijo el enorme padre y capitan por pura formalidad mas que por idea, que estaba deseando que Ace se quedase mas tiempo aunque fuera lejos del barco, pero navegando al menos bajo la misma bandera. -Puedo enviar a Marco en tu lugar, si quieres.- Ace sabia que su padre preferia casi siempre la compañia del buen y leal Marco a su lado, siempre dispuesto a dar el punto mas racional y logico de cada cuestion. A veces, Ace se preguntaba con gracia quien era realmente el capitan.
-No, ire yo. Necesito hacerlo.- Era facil ser sincero con Padre, porque él lo era con todos y cada uno de sus hijos, hasta con el de rango mas bajo. -Ademas, asi puedo poner en orden algunas cosas y buscar una buena casa.- Dijo el joven Ace, pensando que aquel viaje de negociador seria un buen y ultimo recuerdo que mantener de su querida tripulacion. -Ifára podra tambien hacerse a la idea y arreglar sus propios asuntos.-
-Eso es. Ifára... se llama Ifára.- Dijo el viejo Barba Blanca de pronto, llevandose una mano al menton con actitud pensativa para tratar de grabarse bien el nombre en la cabeza, aunque Ace sabia que mañana ya se le habria olvidado. -Bueno, no tengo inconveniente alguno en que lo acompañes tu... pero partiriais mañana.- Noticias repentinas como estas Ace ya se las sabia de memoria, que en el Moby Dick las cosas no funcionaban con paciencia y lentitud.
-Mañana esta bien.- Dijo Ace, temiendo por dentro en realidad como diablos se tomaria la niña semejante noticia. Igualmente, le gustase o no Ace pensaba hacerlo de todos modos, como siempre. Se lo debia a los suyos.
-Asunto arreglado, entonces.- El viejo capitan y pirata asintio solemne, mesandose el vigote un tanto con actitud despreocupada. -Se lo dire a Thatch. Y llevate a algunos de tus subordinados, por si acaso. El tiempo me ha enseñado que mas vale prevenir que curar.-
-Si, Padre.- Obediente y respetuoso, Ace cabeceo afirmativamente, esperando por pura costumbre el permiso de su mayor figura de autoridad aceptada para marcharse.
-Puedes irte, Ace. Se un buen hijo y hazme sentir orgulloso, seas pirata, negociador o campesino.- Dijo finalmente el viejo y temible Barba Blanca con un movimiento indicativo de la mano, causando que finalmente su joven segundo comandante produjera un nuevo asentimiento y se diera la vuelta sobre sus pies.
Orgulloso de si mismo y altivo por naturaleza como seria hasta el fin de sus dias, Ace se marcho del camarote de su querido y respetado padre.
Y Barba Blanca se dijo a si mismo para reconfortarse por dentro obstinadamente que Ace regresaria tarde o temprano, pasaran dos meses, tres años o diez.
Al fin y al cabo, el niño lo llevaba en la sangre.
(Cambio de escena)
Como una centella, Ace atraveso los pasillos largos y cada vez mas concurridos del colosal Moby Dick.
Sabiendo facilmente que en menos de media hora todo el maldito barco conoceria las nuevas y frescas noticias, el segundo comandante se dio toda la prisa que pudiera, evitando igualmente el mostrarse demasiado urgente o nervioso para no levantar sospechas. No es que fuera hostil o desdeñativo con sus hermanos y compañeros, para nada, pero Ace era Ace, y no le gustaba conversar sobre sus decisiones y asuntos personales sin mas y con cualquiera.
Preferia guardarse sus cosas para si, dar respuestas sencillas y simples, concisas, donde el interlocutor pertinente se limitara a asentir y no seguir haciendo preguntas rebuscadas.
Las conversaciones profundas las reservaba para Marco, que era el unico capaz de sonsacarle cualquier cosa y hacerle pensar detenidamente.
Sin embargo, gracias al cielo Ace no se cruzo con el primer comandante y, aunque lo hubiera hecho, este no sabria aun nada de sus intenciones, atravesando el joven pirata los pasillos y escaleras del ya lleno de vida y movimiento Moby Dick.
Ace alcanzo facil y rapido la puerta doble de la cocina, sabiendo que por las horas Ifára deberia estar alli y, si no, seria facil dar con ella, que Joan-Marie andaria por el comedor sirviendo desayunos y sabria del paradero exacto de la chiquilla. Sin esperar un segundo mas, que debia darle las buenas nuevas, el segundo comandante abrio la puerta de la estancia, decidido a internarse en la cocina para dar con la chiquita en cuestion.
No pudo, sin embargo, evitar nada mas entrar que una expresion de total sorpresa se adueñara de su rostro, cerrando la puerta despacio tras su espalda.
Habia oido risas femeninas provenientes del interior, quedandose estupefacto en cuanto comprobo cual era la identidad de ambos sonidos simpaticos. Parado aun en su sitio, que no podia creerlo asi, sin mas ni anestesia, Ace observo como la muchachita Ifára, sentadita junto a la mesa del rincon de la cocina, detenia su chachara para observarle, siendo su compañera nada mas y nada menos que la ardiente y peligrosa Circe.
Incomodo pero aun preso de su estupefaccion, el joven pirata observo como ambas mujeres le observaban atentas y silenciosas de pronto, curiosas por su aparicion repentina y actitud de total sorpresa.
No era agradable ni facil toparse con ambas bajo el mismo techo que él mismo.
No era agradable ni facil porque Ace, con tanto lio y salvamento, habia llegado incluso a olvidarse de su horrible error y desliz.
Ahi estaban, ambas mujeres que se odiaban y luchaban antes tan fieramente por cualquier cosa, juntitas y pareciendo que habian compartido un rato agradable.
Y ahi estaba él, el hombre causante de la problematica y el peor embrollo de faldas que habia vivido nunca.
Casi preferia que se llevaran mal...
-¿Ace?- Confusa por semejante paron en seco y expresion incredula, Ifára finalmente hablo, atenta a cada movimiento del recien llegado muchacho.
-Eh... vaya.- Se limito a contestar, encogiendose de hombros mientras trataba de recomponerse. Bueno, se suponia que seria una nueva etapa. Habia que pasar pagina, se dijo Ace, notando que a pesar de todo cuanto se decia a si mismo seguia siendo incomodo y doloroso. -No sabia que... os llevarais... tan bien.- Era una buena noticia. Asi, al menos no tendria que estar preocupado por como reaccionaria Circe si le daba alguno de sus arrebatos histericos y violentos.
-Oh, bueno, si... supongo.- Se limito a contestar la joven Ifára, dedicando una miradita preocupada de reojo a la mujer junto a ella. Circe no quiso andar demasiado pendiente de nada, ya fuera por celos o dolor, Ifára no lo supo exactamente, comprobando levemente tranquila que la preciosa morena parecia, simplemente, indiferente.
-Bueno... eso esta bien.- Dijo Ace, aun preso de su estupefaccion y total incomodidad. Mierda, se le habia olvidado por completo, pero ahora... Ahora lo recordaba perfectamente. Alejarse de Circe y su veneno toxico seria un gran alivio. Ace se dijo que no era justo, pero se le volveria a olvidar.
-Ah, si... - Contesto la chiquita, asintiendo rapido un par de veces con nerviosismo. Su mirada inquieta y bicolor se clavo sobre la oscura de Ace, preguntandole dudosa con sus ojos las noticias que andaba esperando, ya fueran buenas o malas, y que el otro parecia de pronto empeñado en alargar. -Y... ¿Que tal?- Cuestiono Ifára significativamente, hablando en clave para no llamar demasiado la atencion de ninguna curiosa.
-¡Oh!- Entonces, Ace desperto rapidamente de sus pensamientos dolorosos y castigadores, dando un leve respingo. -Si, cierto, si... ¿Puedo hablar contigo un momento?-
-Claro... - Respondio Ifára conteniendo malamente su tension y ansiedad, levantandose de la silla como un resorte bajo la atenta y curiosa mirada de Circe. -Ahora vuelvo... - Le dijo a la otra fugazmente, esquivando a la velocidad de la luz la mesa para acercarse al joven comandante mediante pasitos rapidos eficaces.
Sin mas, Ifára llego rapidamente junto a Ace, abriendo este ultimo la puerta a su espalda para salir de la cocina y mantener una conversacion en el pasillo que, si bien no era demasiado intimo, al menos podrian evitar mejor oidos indiscretos o chismosos.
Una vez se vieron mas o menos a salvo en un rinconcito cercano, Ifára velozmente lo encaro, retorciendose las manos pequeñas con toda su inquietud y preocupacion.
-Me gusta tu pañuelo.- Dijo Ace con gracia sin poder evitarlo, señalando con broma aquella prenda bonita que él mismo le habia regalado.
-Ace... - Ifára parecia suplicar mas que reprocharle nada, nerviosa total y al borde de la histeria si él no le daba de una vez por todas las noticias pertinenetes.
-Vale, vale... esta bien.- Nada, se acabo la broma y el disfrutar de su incertidumbre, soltando el segundo comandante un pequeño suspiro. Con una miradita rapida, Ace se cercioro de que los compañeros que pasaran por alli no andaban pendientes de ellos y sus palabras, inclinandose un tanto hacia la atenta Ifára para aumentar la intimidad y el secretismo. -Nos iremos de aqui sin problemas... - Le dijo con una sonrisa, e Ifára no pudo evitar hacer lo mismo y relajarse notablemente. Repentinamente presa de un arrebato de felicidad y alivio total, la chiquita ya iba a saltar sobre él con alguna muestra bonita de cariño, deteniendose rapidamente en cuanto Ace se aventuro a abrir la boca de nuevo. -Pero... - Estatica por su seriedad repentina, Ifára se detuvo en seco, atenta y confusa. - ... antes tengo que hacer un viaje.- Vale, eso si que ella no se lo esperaba.
-¿Que?- Cuestiono desconcertada del todo, esperando impaciente una buena y detallada explicacion.
-Bueno, Padre necesitaba a alguien que acompañara a Thatch y los suyos como negociador y... - Ligeramente temeroso, el segundo comandante se llevo una mano tras la nuca para mesarse el cabello de la zona, evitando la mirada cada vez mas confusa de Ifára. - ... me he ofrecido para ello.-
-¿Te marchas?- Le dijo ella, totalmente estupefacta e incredula. Rapido, Ace se aventuro a hacerla comprender como mejor pudiera.
-Solo sera un mes, canija, puede que incluso menos y... - Pero Ifára rapidamente lo interrumpio.
-¡¿Un mes?- Cuestiono con voz aguda y demasiado alta, alejandose incluso un pequeño paso del otro por puro instinto, que no habia esperado noticia semejante tras la alegria de la primera.
-Si, pero sera el ultimo viaje, te lo prometo.- Pacificador y sereno, que no queria llamar demasiado la atencion ni largarse dejandola enfadada, Ace elevo las manos un tanto, continuando su charla cuando comprobo que Ifára esperaba mas palabras. -El ultimo. Es un viaje sencillo de negociacion, puro parloteo y tranquilidad.- Dijo Ace al observar la expresion tan disgustada como preocupada de la niña, contemplando facilmente como ella parecia relajarse un tanto tras su explicacion breve, pero eficaz. -Mañana me ire y... - Nuevamente, Ace fue abruptamente interrumpido.
-¡¿Mañana?- Cuestiono Ifára con su tono de voz nervioso y demasiado alto, dando ella misma un respinguito veloz en cuanto comprobo que andaba llamando la atencion demasiado. Conteniendo malamente el estado nervioso del que era presa, la niña se inclino un tanto hacia él con confidencia, no abandonando igualmente su total disgusto estupefacto. -¿Mañana?- Repitio mas bajo y susurrante.
-Si, mañana. Pero volvere pronto, muy pronto y, entonces, nos largaremos de aqui ¿Vale?- Sin embargo, sus palabras tranquilizantes no consiguieron el efecto deseado.
-Acabamos de llegar ¿Y ya quieres irte?- Le reprocho Ifára con acusacion y dolor, no pudiendo entender del todo a que venia semejante decision repentina.
-No, canija, no es que quiera irme. Es que tengo que hacerlo.- Y, aunque sereno y pacificador, Ace si que sono convencido y seguro de sus palabras, sabiendo rapidamente Ifára que, una vez que algo se le habia encasillado entre ceja y ceja, no habria forma de sacarlo. -Se lo debo.- Pero ella no andaba aun recompuesta, que demasiadas emociones estaba sufriendo en muy poco tiempo, evitando el contacto visual directo cuando noto que tarde o temprano terminaria, como siempre, por romper a llorar. -Eh, venga... oye... - Le susurro Ace con consuelo, aventurandose rapidamente hacia ella para acoger sus manos bonitas y delicadas entre las suyas, mucho mas asperas y grandes. -Mirame a los ojos, canija... - A regañadientes, Ifára obedecio tras pensarlo un par de segundos, dedicando sobre los ojos del otro una miradita disgustada pero, en el fondo, preocupada en lo mas hondo y asustada. -Se lo debo a los mios... No quiero irme sin darles nada a cambio despues de todo lo que han hecho por mi.- Ifára titubeo en su cabezoneria, sorbiendo un tanto por la nariz cuando la noto mas congestionada de lo que deberia estar, andando la pobre al borde de las lagrimas. -Lo entiendes ¿Verdad?- Y, esperanzado, Ace le dio un apretoncito cariñoso sobre las manos acogidas entre sus dedos, observando como Ifára, aunque triste, parecia mucho mas relajada que la principio.
-Si, lo entiendo... pero ¿Por que tienes que marcharte? ¿No puede Thatch ir solo?- Ifára pateo el suelo caprichosamente una vez suave, enfurruñandose llorosa como solia hacer cuando algo no le gustaba. -¿Por que tienes que ir tu? Hay mil hombres fuertes en este barco.-
-Canija... - Ace no pudo evitar cerrar los ojos un segundo con dolor latente, sacudiendo rapidamente la cabeza para evitar los arrebatos sentimentales o desagradables. Apresando sus manos todavia, el segundo comandante la acerco hacia si mismo, colocando sus dedos fragiles cerca de su propio rostro para que lo encarara mejor y leyera sobre sus ojos oscuros. - ... no me lo hagas mas dificil, por favor.- E Ifára tenia una bondad absoluta y perfecta, Ace lo sabia, esperando impaciente una respuesta que no llego rapidamente.
En silencio, Ifára volvio a sorbetear por su naricilla pequeña y bonita, admirando los ojos sinceros de Ace en los que tan bien podia leerse cada pensamiento.
-Esta bien.- Dijo ella finalmente con derrota y resignacion, asintiendo un par de veces rapidas y nerviosas. -P-pero solo sera un mes ¿Verdad?- Insegura, Ifára cuestiono por puro temor instintivo, arrancandole al otro una sonrisita agradecida cuando comprobo que, finalmente, él habia ganado la partida.
-Si, solo sera un mes.- Aunque Ace no sabia exactamente si llegaria a alargarse su ausencia, la verdad. Igualmente, preferia confiarse en que el viaje no se torciera y él regresara en el tiempo estipulado, decidiendo que mas valia dejarla tranquila ahora y reñir despues, que no marcharse con ella molesta y dolida.
-Y entonces... nos iremos.- Dijo la niña, buscando relajarse mientras se tragaba malamente el llanto inminente que peleaba por salir en su garganta.
-Si, nos iremos. Nos iremos pase lo que pase ¿De acuerdo?- Y sus palabras, esta vez, si consiguieron el efecto deseado, consiguiendo que la chiquita le mostrara una de sus bonitas sonrisas que, aunque insegura y llorosa, al menos si era sincera.
-De acuerdo.- Asintio ella, liberando sus manos del agarre para llevarlas a su rostro y limpiarse levemente el borde de los ojos dispares, que casi andaban desbordados.
Y, sin darle tiempo ni de sonreir, Ifára se lanzo repentinamente sobre él, abrazandose a su cuello con fuerza para colgarse de este facilmente y sus hombros anchos. Un tanto desconcertado por lo sorpresivo del abrazo desesperado, Ace no pudo hacer en un principio mas que notarla asi, apretadita a su cuello y cargando todo su peso sobre el cuerpo del otro.
Finalmente, en cuanto se recompuso, Ace correspondio a la muestra de cariño, rodeando su cintura estrecha con sus brazos para mantenerla sobre el suelo mejor y mas facilmente.
-Te quiero, no lo olvides. Sabes que te quiero.- Le susurro Ace por puro arrebato emocional, contagiado de su entusiasmo y afecto. Su aroma lo embriago agradablemente, como siempre, uniendose a la sensacion placentera y bonita la suavidad de su piel morena junto a la de aquel pañuelo bicolor que portaba.
-Si, lo se.- Casi que lloriqueo Ifára escondida en el hueco de su cuello, apretandose un poquito mas contra el otro en busca de su cariño.
-Bien, eso me deja mas tranquilo.- Ace rio un poquito y, entonces, se hizo el silencio. Porque ya no importaban las miradas curiosas, despreciativas o divertidas. Ya no importaban porque, ahora, tan juntos y cercanos, en el mundo no existian mas que ellos dos. Solo ellos dos. Solo Ifára y Ace. -Y, bueno... continuando con lo del principio... ese es un pañuelo realmente bonito... o bufanda... - Dijo el segundo comandante graciosamente, fingiendo una total seriedad que le arranco a la niña escondida en su cuello y colgada de sus hombros una risita divertida. -¿De donde lo has sacado? No me creo que una niña pobre y chiquitaja como tu lo halla podido comprar.-
-Me lo regalo un pirata.- Contesto Ifára tan graciosa como el segundo comandante, no pudiendo contener una carcajadita suave que a Ace se le hizo deliciosa.
-Malditos piratas... Y yo que, siendo campesino, pretendia comprarte algun regalo agradable... - Con fingida molestia y decepcion, el joven Ace chasqueo la lengua, dejando finalmente a la chiquita Ifára sobre el suelo de madera. -Y resulta que un delincuente del mar se me ha adelantado. Como supero yo ahora eso ¿Eh?-
-No lo se... - Ifára se encongio de hombros entrando rapidamente en el juego, dedicandole una miradita de desconcierto actuada al pañuelo que protegia su cuello del frio. -Planta patatas.-
Y Ace no pudo evitar echarse a reir con todas sus ganas.
(Fin del capitulo)
AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAah
Perdonad mi tardanza!
Soy una vaga lenta y descuidada, y esta vez no tengo excusa. Simplemente, me he ido de fiesta demasiados dias (Estoy de vacaciones totales XDXD) y he descuidado, no solo la historia, si no toda mi vida en general juas juas! (Maddy anda descontrolada! Escondez a vuestros niños y lindas mascotas o hara rituales satanicos con ellos! Waaaaaaah D= XDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD)
Perdonaz ese lapsus entre parentesis, estoy enferma y digo mas tonterias que seriedades XDXD
Bueno, hablando del capitulo... Muy complicado de escribir y no se porque realmente, tampoco parece tan intrincado cuando lo leo O-O! Si, Ace se nos va nuevamente, pero es comprensible que lo haga, el pobre... Y a que no os imaginabais que llegaria a renunciar a todo, todo, todo, por la dulce Ifára?
Se convertira Ace en el mejor plantador de patatas de todo Grand Line? Conseguira Ifarita ser maestra y que Ace la vaya a buscar cada atardecer (Realmente cursi este capitulo)?
Sera la bruja tan mala como la pintan? (pregunta maliciosa, jeh jeh)
Todo esto y mucho mas en "El vals de los monstruos" ! (Redoble de tambores) Como se me va la pinza LOL! XD
Bueno, en definitiva, un besazo gigante gigante y lo siento por las faltas de ortografia y demas, pero es que cuando escribo... Me emociono!
Besitos sabor naranja y abrazos de mono titi!
Maddy
