Extrañamente, fueron dias felices.

Extrañamente porque Ifára nunca penso que seria posible alcanzar semejante estado animico en soledad total y sin la compañia y complicidad amistosa de nadie.

Sin Ace para consolarla o aguantar sus arrebatos emotivos, pensamientos profundos o momentos intimos, Ifára al principio se sentia desesperada, solitaria, abandonada y como una sombra. Una sombra silenciosa y sin nadie que la apreciara que pululaba temblorosa a traves de los concurridos pasillos del Moby Dick, navio colosal donde podia haber mas de mil tripulantes, pero a la vez no haber ningun compañero para los desdichados como ella.

Se dio cuenta a las dos escasas semanas que ella, por mas que tratara, nunca formaria parte de aquel mundo de piratas y rufianes. De hombres salvajes y mujeronas curtidas. Ifára nunca seria ni lo uno, ni lo otro, fuera ahora libre o antes esclava.

Asumida ya del todo semejante cuestion, llego tras esto la superacion del problema, resignandose Ifára a la idea de mantenerse siempre al margen quisiera o no, que nunca encajaria aunque la hicieran un hueco. Al principio le resulto injusto, cruel y tortuoso, pero pronto se le hizo comprensible y significativo hasta que, finalmente, volvio a resignarse, pero de una manera comoda y feliz. Empezo a aprender a valerse por si misma y a no depender tanto de los demas, cosa que hizo desde siempre quisiera o no ya que, al fin y al cabo, habia sido una esclava y habia andando firmemente sujeta a la voluntad y caprichos de sus dueños y señores.

Viendola sola, Marco, aquel comandante agradable pero siempre algo distante para gusto de Ifára, se acerco a ella un par de veces con la idea evidente de hacerle la estancia y ausencia temporal de Ace algo mas llevadero. Sin embargo, aunque él la apreciaba y ella se lo agradecia en lo mas hondo, nunca pudieron encajar del todo ni llegar a nada mas que una conversacion formal y superflua. La cuestion y problematica del asunto era sencilla: Ifára era timida, pero emocional en el fondo, asi que precisaba de que la descubrieran y sonsacaran los pensamientos en un principio hasta que, finalmente, cogiera confianza. Sin embargo, Marco no era de esa clase de persona porque, de una manera u otra, se parecian demasiado en lo mismo: Los dos tendian a callar al principio y mostrarse formales, pero frios y distantes a su manera.

Por mas que trataran, solos y sin intermediarios, Ifára y Marco no llegaron a ser amigos cercanos, que a la primera le faltaba valor y al segundo un caracter pasional o dicharachero.

Por otra parte, Joan-Marie y su trato simpatico, emotivo y sentimental, pero autoritario, permanecio como siempre, con la unica diferencia de que ahora a veces le pedia realizar tareas de manera formal o mas educada que anteriormente. Al principio, a Ifára la desconcertaba, pero en poco tiempo tambien se hizo a los cambios y comprendio que, siendo antes esclava y ahora mujer libre, las cosas habian dado un giro y ella, quisiera verlo o no, tendria que lidiar con la cuestion y adaptarse a ella pacificamente.

Dadou, en cambio, no volvio a hablar con ella.

No como antes.

Los primeros dias, Ifára continuo con su lucha, sus suplias y sus ruegos para no conseguir nada mas que palabras de esclava y evasivas gelidas. Miradas dolorosas como aquella, aquella de odio que nunca se le olvidaria, tambien. Viendo que no funcionaba y comenzando a tirar la toalla, Ifára le dio algo mas de cancha y se limito a observarla de soslayo o bien poner excusas para toparse junto a la otra, diciendose a si misma que quiza la buena de Du precisaba de tiempo y de hacerse a la idea. Diciendose que ya se acercaria la otra cuando viera el momento y estuviera preparada.

Por desgracia, esto no ocurrio nunca e Ifára, por mas que le doliera, no pudo hacer mas que darse por vencido y abandonar. La espinita continuo clavada y lo haria para siempre, Ifára lo sabia, pero se resigno como con todo a dejarla estar y hundirla profundamente, donde nadie pudiera verla ni sentirla y solo ella la sufriera en soledad o momentos de flaqueza.

En cuanto a Circe, la sorpresa fue inmensa. Circe se convirtio en el mayor apoyo de Ifára durante la ausencia temporal de Ace para su total estupefaccion, consistiendo una compañera agradable y animada con la que pasar las horas muertas y el tiempo de trabajo en la cocina. Aunque Ifára habia regresado y Circe ya no era estrictamente necesaria, esta continuo pululando por las cocinas, cumpliendo tanto con su deber de miembro de la segunda division y guerrera como de ayudante de Joan-Marie. Empezaron a tomar el cafe por las mañanas en aquella mesita de la cocina para finalmente convertirlo en una especie de costumbre donde ambas lo pasaban bien, siendo siempre Circe la que servia las tazas ya que era la mas madrugadora.

Si bien no eran amigas, que ambas sabian que esto era imposible y Circe se lo dejaba en claro mas de una vez, sobre todo cuando Ifára sobrepasaba la linea del tan solo llevarse bien a la confianza, la chiquilla si reconocia que gracias a ella andaba bastante mas contenta que al principio. Circe podia ser agradable y divertida una vez la pillabas el truco y aceptabas su caracter peligroso, ademas de un gran apoyo, que su fuerza y altivez atraia a Ifára como una especie de iman. La admiraba, porque era preciosa pero de aspecto salvaje, segura de si misma hasta un punto alarmante, elegante pero masculina, no se andaba con rodeos de ninguna clase y nada le importaba lo que pensasen los demas de ella o sus acciones.

En definitiva, era todo lo que Ifára nunca seria y, por eso mismo, la admiraba y envidiaba, pero solo un poquito y de manera sana.

A veces, Circe le recordaba a Ace pero en version femenina y, esto ultimo, si la ponia celosa pero a la vez hacia que quisiera seguir cerca de ella. Echaba de menos a Ace y Circe era una especie de sustito.

Era enfermizo, pero Ifára no lo hacia aposta.

Pasaban los dias e Ifára, aunque sabia que nunca tendria un sitio en aquel gigantescon navio, simplemente comenzo a adaptarse a su situacion. Se iria pronto, en cuanto Ace regresara se marcharian en poco tiempo, asi que ¿Por que andar sufriendo nada cuando podia, simplemente, disfrutarlo lo mejor que pudiera? Esta filosofia optimista fue la causante de su bienestar emocional durante su partida.

Sin embargo, pasadas tres semanas y cuando tan solo faltaba una mas para cumplirse el mes, Marco un dia la cuestiono en cuanto vio el momento si era cierto que Ace pensaba marcharse.

Al principio, Ifára no supo que contestarle, descubriendose ella sola sin quererlo ni proponerselo. Finalmente, le dijo la verdad y Marco no se mostro sorprendido, que las noticias volaban en el Moby Dick tarde o temprano y él, ademas, solia ser el primero en enterarse de todas.

Ifára temio que Marco se lo echara en cara o bien la considerara la causa total de semejante separacion dolorosa, siendo verdad esto ultimo de una forma u otra, en realidad. Sin embargo, Marco, siempre tan comprensivo, logico y sereno, se limito a asentir, pareciendo dolido aunque tratara de mostrar lo contrario pero no culpandola de nada.

Como Ifára con sus cosas, Marco se resigno con las suyas.

Tras este incidente, Ifára temio totalmente que Circe tambien supiera de las buenas nuevas y su situacion pacifica de compañerismo, que no de amistad por mas que una tratara, se terminara abruptamente para regresar a la rivalidad y los ataques sin compasion.

Sin embargo, lo supiera o no, Circe nunca le dijo nada y su trato para con ella no cambio en absoluto, asi que Ifára llego a la conclusion de que incluso la fuerte y dura morena habia optado, tambien, por resignarse.

Fue entonces cuando Ifára empezo a encontrarse enferma.

No era nada alarmante, que siempre fue bastante delicada y tampoco se sentia especialmente debil o mal. Simplemente, una especie de gripe o resfriado, no lo sabia bien, decidiendose por que no era nada serio y se le pasaria pronto y no merecia la pena molestar al doctor de la tripulacion. Vomito alguna vez, pero esto lo achaco, evidentemente, a los nervios y la ansiedad de tanto cambio repentino y la espera impaciente. Igualmente, cuando algun dia le daba fiebre, esta era bastante baja e Ifára llego a la conclusion facil y razonable de que, estando con las defensas bajas, el cambio repentino de la temperatura calurosa y elevada a otra fria y cada vez mas baja habia hecho mella sobre su salud.

Era normal y le habia pasado antes, alguna vez, pero no lo recordaba bien porque Ifára nunca tuvo tiempo ni permiso para estar enferma y tomarse un descanso. Ademas, estaba acostumbrada a forzarse hasta limites inhumanos y esto, en comparacion, era un juego de niños, asi que continuo como si nada a pesar de su malestar.

Algo debia notarse en su cara, forma de moverse y aspecto fisico, porque mas de una vez varios de sus escasos seres cercanos le cuestionaron si se encontraba bien. Entonces, Ifára se limitaba a asentir y decir que, ultimamente, andaba algo malucha, pero que no debian alarmarse y se le pasaria pronto.

Apenas si se habia dado cuenta, cuando paso un mes.

Y Ace no regreso.

Rapido le llegaron noticias de que se habian retrasado un poco, pero que andaban bien y volverian cuanto antes, e Ifára se lo tomo mejor de lo que hubiera esperado nunca.

Estando en el navio bastante comoda en lugar de a disgusto, cosa que penso en un principio, aunque nerviosa Ifára se limito a no darle demasiada importancia, diciendose que no pasaba nada por esperar un par de dias mas.

Transcurrio un mes, una semana y dos dias de la siguiente.

E Ifára ahora si que empezaba a preocuparse.

Con la noche fria ya haciendose eco y abriendose paso entre el Moby Dick, Ifára decidio tratar de alejar los pensamientos negativos y peligrosos a un ladito, dispuesta a ovillarse bajo las mantas y echarse a dormir.

Y, aunque tarde, lo consiguio.

(Cambio de escena)

El viaje habia sido sencillo, tranquilo y bastante divertido.

Si se habian retrasado no habia sido nada mas que por Thatch, su division tan fiestera y despreocupada como su comandante y los propios subordinados de Ace que, una vez se vieron libres y sin demasiadas obligaciones, se decidieron por disfrutar de la vida y pasarlo bien.

Al principio, Ace no vio esto con buenos ojos porque era el mas interesado en regresar. Andaba preocupado por Ifára y su reaccion ante un retraso, o bien si estaba sufriendo y él, por su parte, se dedicaba a hacer el animal por ahi.

Sin embargo, Ace era facil de convencer con las palabras adecuadas y Thatch era experto en esto ultimo, terminando por unirse a la fiesta y la buena vida durante unos dias mas. Se dijo que debia disfrutar de ello porque no volveria a vivirlo, ademas que sus propios hombres parecian necesitarlo tanto o mas que él mismo. Asi que, finalmente, Ace se resigno e hizo la vista gorda y, aunque le tentara enormemente, se limito a unirse a las fiestas puramente amistosas y nunca cuando tuvieran que ver con mujeres. Era extraño porque no estaba acostumbrado, pero se dijo que por Ifára merecia la pena y él ya habia estropeado las cosas lo suficiente como para andar de mujeriego y conquistador.

El flirteo inocente estaba bien, pero de ahi a dejarse engatusar con el alcohol de por medio, habia un paso demasiado grande. Ace se conocia a las mil maravillas y no queria arriesgarse.

En cuanto al motivo verdadero del viaje, todo salio perfecto y funciono como debia ser. Era escuchar el nombre del temido Barba Blanca y toparse con dos de sus mas fuertes comandantes, y la gran mayoria de capitanes decidian optar por escuchar y aceptar el trato de dejarles pasar por su territorio pacificamente. Los mas novatos y jovenzuelos o bien se aterraban o bien respondian impulsivamente, teniendo que enseñarles de vez en cuando una pequeña leccion, pero nada serio ni peligroso. En cambio, los mas maduros y de mas renombre se limitaban siempre a asentir atentos y aceptar serenamente, diciendo despues algunos que le dieran recuerdos de parte de tal capitan a su buen padre.

No era cobardia, si no respeto. Ace podia diferenciar bien entre ambas cosas.

Finalmente, pasado el mes estipulado llego aquella semana y dos dias de fiesta y locuras, de disfrute y libertad absoluta, que por no tener ni la autoridad de un capitan tenian esta vez. Regresaron cansados pero satisfechos, habiendo disfrutado todo cuanto pudieron y amansados como gatitos, que se habian desahogado suficiente y ya no precisaban de mas destruccion festiva.

Subieron al barco conocido, al hogar que consideraban el Moby Dick, en plena madrugada, acogidos por el aire frio que incluso a Ace y su fruta del diablo le resultaba incomodo. Debido a las horas, no fueron interceptados por la mirada ni oidos de nadie ademas que habian sido silenciosos por pura diversion, atravesando la cubierta con miradas complices para largarse cada uno a lo suyo como una centella e internarse en el navio.

Por su parte, Ace permanecio en el exterior, diciendose que tenia algo mas divertido y agradable que llevar a cabo. Ya solo y abandonado incluso por Thatch, que a saber que diabluras estaria ocasionando, Ace se dirigio sigiloso el lugar exacto que buscaba, asomandose a la barandilla del navio gigante para cerciorarse de que estaba bien encaminado y no cometeria errores de ninguna clase.

Una vez comprobado esto, el segundo y recien llegado comandante se inclino sobre la madera, apoyando la manos firmemente en el borde para impulsarse hacia el mar sin soltarse, que ser temerario no era lo mismo que estar loco o buscar el suicidio. Eficazmente y silencioso como un felino dispuesto a cazar, Ace bajo trepando con facilidad desde la barandilla hasta el lugar en cuestion, agarrandose bien el borde de la ventana conocida en cuanto la alcanzo rapidamente.

Primero analizo un tanto la estancia por pura curiosidad, topandose con que estaba a oscuras y que veia poco. Sin embargo, en unos segundos su vista se acostumbro a la negrura, analizando rapido los muebles y disposicion de su propio camarote. En el centro de la habitacion, sus ojos rapidamente se toparon con la cama conocida que tanto habia echado de menos, recorriendola despacio y analitico para reconocer rapidamente lo que debia ser un cuerpo ovillado bajo las mantas. Ifára estaba dormida, no habia ninguna duda, cosa que no le sorprendio en absoluto e incluso aumento su deseo de entrar.

Echaba de menos su calor, su aroma dulce y su piel suave, tan acogedora y conocida toda ella y en todos los sentidos, abriendo finalmente la ventana el segundo comandante con cuidado y silencio.

Se sabia su habitacion a la perfeccion y no era la primera vez que hacia locuras semejantes, asi que fue sencillo, deslizandose en el camarote como un gato que forma parte de la misma noche y su oscuridad. Silencioso y casi imperceptible, el joven Ace llego hasta la cama ocupada, topandose con su añorada y bonita imagen durmiente. Apenas si podia divisar su carita hasta la nariz, que la niña andaba tapada con toda su gracia como si su vida dependiera de ello. Sonrio con la escena porque le gusto y le enternecio, manteniendose en pie junto al colchon mientras ella continuaba dormida, ajena a su alrededor y dandole la espalda.

Primero se dedico a observarla durante unos segundos largos y agradables.

Finalmente, con mucho cuidado se deslizo sobre la cama y bajo las mantas tan silencioso como habia entrado en el camarote, sabiendo que ella no llegaria a despertarse tan pronto ni tan facil.

En cuanto su aroma y su calor lo envolvieron, Ace tuvo que arrastrarse a traves del colchon y apegarse a su espalda estrecha y bonita, notandola revolverse un tanto bajo el sueño mientras el se decidia por besarla en la nuca y abrazarla con cuidado.

-¿Ace?- Cuestiono Ifára medio dormida todavia, adivinando facil y rapido de quien eran las manos melosas que la estaban acariciando. Igualmente, todavia no distinguia bien entre el sueño y la realidad, asi que opto por preguntar el nombre perdidamente.

-Dime.- Contesto él en un susurro divertido, hundiendo la nariz en su cabello para aspirar mejor su aroma agradable con un suspirito.

-Bonita forma de entrar... - Ifára se cercioro finalmente de la identidad del otro asi como de su veracidad, decidiendose por jugar un poco y dejarse mimar. - ... como un ladron.- Ace no pudo contener una risita boba.

-Es mi camarote, asi que tecnicamente tu eres la intrusa.- Contesto el joven pirata, besando con cuidado su hombro bonito para dejar que sus manos bajaran peligrosamente hasta las caderas. Entonces, donde antes notaba redondez y piel blandita bajo los dedos, sintio mas angulos y escasez que de costumbre, no pudiendo evitar una expresion desconcertada. -¿Estas mas delgada?- Cuestiono Ace con algo de preocupacion, que no era normal una perdida de peso notable en tan solo un mes, una semana y dos dias.

-Puede ser.- Ifára se encogio de hombros levemente, aun con los ojos cerrados y embelesada por el calor del otro y sus caricias agradables, que tanto lo habia echado de menos en todos los sentidos. -No me he fijado, la verdad... - Reconocio la muchachita, reflexionando por primera vez que, ultimamente, la ropa le andaba algo mas holgada que normalmente.

-No iras a volverte flaca y huesuda como cuando te encontre ¿Verdad?- Y aunque sono con broma, tambien se le noto un deje de preocupacion e inquietud, escondiendo la nariz en su cuello fragil mientras acariciaba ahora su cintura, mas delgada tambien de lo que recordaba. -Eso me preocuparia.- Confeso para despues soltar un suspirito sobre su piel sensible, haciendola estremecerse graciosamente.

-¿Vas a hacerme el amor?- Solto Ifára con todo su encandilamiento y totalmente embrujada por el otro, acomodandose mejor sobre el colchon mientras disfrutaba de sus atenciones y caricias.

-Quiza... - Ace se encogio de hombros como si anduviera indiferente al respecto, sintiendo por dentro un arrebato pasional e instintivo que contuvo para continuar con el juego un poco mas. -¿Quieres que lo haga?-

-Si.- Y aunque la respuesta era evidente, Ifára decidio expresarla igualmente, no pudiendo evitar soltar un suspirito agradecido en cuanto sintio que las caricias de Ace se volvian mas demandantes y peligrosas, pero siempre suaves.

-Esta bien.- Le susurro en el oido, y noto con toda su gracia como un escalofrio recorria su espalda bonita ante el tono grave e intimo que tanto conocia. -Pero, antes, quiero saber porque mi canija ha adelgazado tanto en tan poco tiempo.- Y es que por mas ganas que tuviera de abordarla como una pantera en celo, la preocupacion no lo abandonaba y Ace precisaba el quedarse tranquilo.

-Ultimamente no me he encontrado muy bien.- Ifára finalmente confeso, restandole total importancia al hecho de haber estado mas debil que de costumbre. No se habia percatado de la perdida de peso, pero rapido entendio que debia ser un efecto secundario del malestar.

-¿Estas enferma?- Cuestiono él atento a cada una de sus palabras, retrasando el deseado momento de pasion por un bien mayor mientras permanecia abrazado a su cuerpo.

-Creo que si... - Suspiro ella, no habiendo recapacitado demasiado en el porque de su malestar fisico. -O algo parecido, no lo se muy bien. Debe ser una gripe por el cambio brusco de temperatura.- Ifára era bastante delicada y Ace lo sabia, pero no por ello conseguia sentirse tranquilo ante la noticia.

-¿Y has ido a ver al doctor?- Cuestiono el joven comandante, dandole un apretoncito cariñoso y significativo sobre la cadera mas delgada ahora.

-No... - Y antes de que Ace pudiera saltarle con algun reproche o regaño, Ifára se le adelanto. -No lo veo necesario. Tampoco me he encontrado tan mal ni ha sido demasiado serio. Solo un par de dias con fiebre y algun mareo, nada mas.-

-¿Estas segura?- Ace se sentia preocupado pero, como se sabia sobreprotector y algo paranoico en cuanto a su bienestar, opto por no ponerse nervioso y hacerla el mayor caso posible.

-Si, Ace. No te preocupes. Pronto se pasara.- Tranquilizadora, mucho mas despreocupada ella en su problema que el mismo Ace, Ifára contesto, deshaciendose nuevamente bajo las caricias mimosas que regresaban.

-Pero has perdido peso... bastante... - Y es que, si bien no era una perdida alarmante, a Ace si se le hacia del todo notable, que se sabia su cuerpo y cada curva de memoria. El resto de tripulantes y compañeros, como la habian observado dia tras dia, no se habian percatado del cambio tan rapidamente y necesitarian de atenta observacion para ello. En cambio, Ace solo precisaba de sus manos, Ifára lo sabia bien.

-Es que tengo poco apetito estos dias... - Lo noto revolverse inquieto a su espalda, no pudiendo la niña contener una sonrisita y tranquilizarlo un poco mas. -Pero regresara en cuanto me recupere con todo su esplendor... ya lo veras.-

-Prefiero una Ifára rellena a una debil y flaca.- Dijo el segundo comandante con gracia, besando melosamente su cuello bonito y delicado.

-Mentiroso.- Con diversion y embelesamiento, ella volvio a cerrar los ojos, dejandose hacer mientras continuaban con aquel juego tipico y anterior al momento pasional.

-Lo digo en serio.- Contesto él, perdiendose en su aroma agradable y su calor reconfortante que, a la vez que lo serenaba, lo volvia loco y hambriento.

-¿Quieres decir que si adelgazara mas dejaria de gustarte?- Ifára continuo, fingiendo un reproche indignado y falso.

-Niña, me gustarias aunque fueras un maldito caiman.- Semejante confesion repentina y absurda le arranco una carcajada a la chiquilla, causando con su risa que Ace la abrazara un poquito mas fuerte. -Oh, y tengo una noticia que darte, casi lo olvido... - Despertar la curiosidad de Ifára era una tarea sumamente facil, saboreando Ace rapidamente su incertidumbre y nerviosismo en cuanto pronuncio las palabras adecuadas. Antes de que ella preguntara nada, el joven pirata se la adelanto, sonriendo divertido con su actitud atenta. -He comprado una casa.- E Ifára reacciono como esperaba.

-¿Si?- Velozmente, la niña se giro sobre si misma entre los brazos de Ace, encarandolo con rapidez para dedicarle una expresion tan ilusionada como confusa. -¿Donde? ¿Como es?- Cuestiono cerca, muy cerquita del otro, arrancandole una sonrisa satisfecha y algo maliciosa al segundo comandante, que realmente disfrutaba con estas cosas.

-Pues es... - Pensativo, Ace dedico una miradita fugaz y perdida a la almohada, evocando la imagen de aquella construccion y buscando las palabras adecuadas. - ... es humilde, y bastante pequeña... nada del otro mundo.- Reconocio el joven pirata finalmente con algo de vergüenza, incluso, encogiendose de hombros con resignacion mientras ella escuchaba con atencion total. -Pero es bonita.- Ciertamente, la casita en cuestion no era precisamente un palacio, que Ace la reconocio como vieja y puede que hasta algo ruinosa, pero con encanto. Sin embargo, cuando la compro se dijo que unos dias haciendo cambios y reparaciones harian maravillas. -Esta en las afueras de un pueblito bastante pequeño en una isla pacifica y muy tranquila... te gustara.- O, al menos, eso es lo que Ace deseaba.

-Ace, me gustaria aunque fuera una cueva en medio de la nada.- Contesto Ifára velozmente, y el joven comandante dejo escapar una carcajada en cuanto recapacito en el parecido con su propio comentario del caiman.

-Bueno, me alegro por eso, supongo... pero, por suerte, no es una cueva en medio de la nada.- Ace se sentia bien, a gusto y feliz, abrazandola con cariño de la cintura sin poder contener el arrebato del todo. -Aunque... bueno... - Dijo de pronto pensativo, llevandose una mano rapida tras la nuca para mesarsela, levemente incomodo. - ... un poco en medio de la nada si esta... pero es todo campo. Todo campo... si te asomas a la ventana del dormitorio todo cuanto veas sera campo... - A Ace le habia gustado esto ultimo mas que cualquier otra cosa, no pudiendo evitar una miradita levemente perdida y soñadora. -Ademas, el pueblo no esta muy lejos... se puede ir andando y se tarda poco... la gente es muy agradable y no les importan los piratas. Al fin y al cabo, su hogar es parte del territorio de uno de ellos.- Dijo Ace, soltando incluso una carcajadita seca y jocosa. -Es un pueblo costero... - Y, entonces, el joven pirata volvio a clavar su ojos sobre ella, disfrutando enormemente de como su expresion se transformaba en una entre emocionada e incredula. -Y tiene una playa preciosa.-

-¿De verdad?- Cuestiono finalmente Ifára, habiendo vivido totalmente la descripcion que Ace acababa de darle. Con ilusion incluso infantil, la chiquilla se apego un poquito mas a su cuerpo, apoyando las manos delicadas y calidas sobre su pecho con nervio.

-Si, de verdad... - Y ella sonrio contenta y feliz, muy feliz, achuchandose rapidamente contra él para acomodar la cabeza en su hombro ancho. -Ya te he dicho que la casa no es nada del otro mundo, pero... bueno, no esta mal.- Dijo resignado, aceptando su cariño y su calor con todo su agrado y orgullo.

-No, es perfecta.- Sin embargo, Ifára no debia estar de acuerdo con él, apretandose melosa aun mas contra el otro. -Sera perfecta siempre... incluso si el techo se nos cayera encima o las goteras inundaran cada rincon... seguiria siendo perfecta.-

-No se si soy un buen albañil, pero veo que me he buscado una chica poco exigente.- Contesto Ace con gracia, luchando porque su emocion e ilusion interna tras semejantes palabras bonitas no saliera a la luz demasiado. Era una mala costumbre, pero costumbre al fin y al cabo.

-Crei que ibas a hacerme el amor.- Que Ifára le espetara aquello repentinamente con una miradita letal, puede que incluso de reproche, causo que durante un par de segundos Ace se limitara a observarla atontado.

Finalmente, en cuanto se recompuso, Ace no hizo que se lo pidieran dos veces.

Todo era perfecto.

(Cambio de escena)

Se desperto con la luz de la mañana, como siempre, alumbrando el sol de manera fria y azulada debido a las temperaturas frescas.

Comodo y de lo mas agusto, el joven Ace se estiro un tanto, deteniendo la accion abruptamente en cuanto se percato, aun adormilado, de que andaba con Ifára acostadita sobre él. Entre agradecido y apurado, el segundo comandante espero un par de segundos para cerciorarse de que ella seguia dormitando profundamente, terminando finalmente la accion de estirarse con mas suavidad y delicadeza que al principio.

Penso en deslizarse bajo ella y levantarse, que tendria seguramente cosas que hacer y poner en orden aquella mañana, sobre todo teniendo en cuenta que acababan de llegar y, encima, tenian planeado marcharse en pocos dias y cuanto antes.

Sin embargo, la imagen bonita de Ifára durmiendo sobre su pecho igual de desnudo que ella misma, protegida casi del todo por las mantas, le hizo rapidamente cambiar de idea.

No pudiendo ni queriendolo evitar, en realidad, Ace se acomodo mejor y nuevamente bajo su cuerpo calido, moviendo la cabeza hacia un lateral para que la luz del sol no lo molestase demasiado y pudiera, otra vez, relajarse y abandonarse al sueño un ratito mas.

Y Ace se volvio a domir durante una larga y reconfortante media hora.

Para volver a despertarse.

Esta vez, lo que le desperto fue una especie de abrazo extraño que, en lugar de esto ultimo, parecia mas bien un apreton desesperado. Con un parpadeo perdido y somnoliento, Ace abrio los ojos otra vez, bajando rapidamente la cabeza para encontrarse con la culpable de dicho contacto.

Se topo entonces con un nudo de mantas y sabanas sobre su pecho, arrebullada la niña bajo tanta tela mientras buscaba una buena posicion en la que abrazarse a sus costados y hacer del contacto algo mucho mayor y cercano. Confuso y recien despierto, el joven Ace levanto el borde de aquella manta calida que usaban cuando el frio comenzaba a apretar, observando finalmente como la chiquilla, evidentemente despierta, se escondia sobre su pecho un tanto temblorosa.

-¿Que pasa?- Cuestiono él entre desconcertado y divertido, decidiendo que de momento la situacion era demasiado extraña como para echarse a reir.

Ifára dio un respinguito nervioso por las palabras no esperadas, apegando la mejilla llenita sobre la piel del otro y asi, finalmente, dedicarle una miradita algo perdida y atontada.

-Eres muy calido... - Contesto Ifára como solucion al problema, volviendo a arrebullarse demandante de calor contra él. - ... y hace mucho frio esta mañana.- Le parecia que temblaba un poquito y Ace se pregunto si, realmente, la temperatura era tan baja como para que la niña tiritara hasta escondida bajo las mantas.

-¿Ah, si?- Ace no podia cerciorarse correctamente del frio real, echandole un vistacito al ambiente y el cielo que mostraba la ventana para ver si se topaba con alguna pista. Se dijo que, al menos para él y su fruta del diablo, el aire parecia fresco, pero no punzante ni tampoco llegando a invernal, consiguiendo continuar desconcertandose cada vez.

-Hace frio... - Repitio ella, achuchada sobre su pecho y escondida bajo las mantas.

Entonces, Ace volvio a observarla, analizando con cuidado cada faccion y movimiento. Receloso, comprobo con malestar las mejillas levemente sonrojadas y la tez acalorada, los surcos oscuros bajo los ojos bonitos que indicaban una mala noche y la mirada que, aunque despierta, se le hacia levemente perdida y mas vidriosa de lo que deberia ser.

-Canija, ¿Tienes fiebre?- Cuestiono finalmente el segundo comandante, llegando a la conclusion irrefutable de que aquellos signos y frio excesivo no podian ser por nada mas.

-Mmh... no lo se... - Ifára contesto rapido y bastante perdida, sonando su vocecilla suave algo mas temblorosa y debil que de costumbre. -Quiza... Estoy algo mareada y tengo mucho frio.- La chiquita confeso, escondida y acogida por el calor antinatural que desprendia siempre el cuerpo de Ace.

-Dejame ver... - Analitico y preocupado, el joven Ace llevo una mano cuidadosa hasta el rostro de la muchachita, la cual rapidamente se dejo hacer y mostro un tanto su bonita cara. Con delicadeza y atencion, el segundo comandante coloco sus dedos sobre la frente de Ifára, teniendo que hacer un verdadero esfuerzo para distiguir si la temperatura andaba como debia o, por el contrario, demasiado alta. -Yo no se ver bien esto... - Dijo Ace derrotado y con un suspirito, resultandole la tarea revisionadora bastante dificil. Al fin y al cabo, su propia temperatura era demasiado alta como para hacer de doctor. Finalmente, resignado retiro la mano de sobre su frente, deshaciendo el contacto sin llegar a ninguna conclusion clara. -Creo que si tienes fiebre, pero no debe ser demasiado alta porque te noto algo fria.- Atenta y ligeramente perdida, Ifára asintio, que sentia la cabeza embotada y dolorosa y los sentidos demasiado vagos. -Si te notase como yo, entonces deberiamos empezar a preocuparnos... mi temperatura corporal es muy alta.-

-Lo se.- Dijo Ifára con su vocecita cansada y debilucha, soltando un suspirito breve y agotado para comenzar a incorporarse.

Confuso, Ace observo sin saber todavia que decir como la niña deshacia el contacto a regañadientes, separandose de su calor pero no abandonando la proteccion de las mantas. Levemente enferma y con algun escalofrio de por medio, la chiquita finalmente se puso en pie, apresando firmemente las mantas sobre sus hombros bajo la mirada atenta de Ace, comenzando Ifára a caminar hacia el armario cercano.

Sin poder evitarlo, le recordo al primer dia que la vio, cuando la saco de la enfermeria como un salvaje.

Evocar semejantes imagenes pasadas lo lleno de una nostalgia agradable pero, a la vez, hizo despertar su instinto de alarma por una causa desconocida.

-¿A donde vas?- Cuestiono el joven pirata aun sobre la cama, cubierto por la unica y misera sabana que Ifára le habia dejado como propina.

-A la cocina. Tengo cosas que hacer y se me va a hacer tarde.- Se limito ella a contestar como si fuera lo mas obvio del mundo, abriendo finalmente el armario para comenzar a rebuscar prendas de abrigo suficientes.

-¡Pero que dices!- Alarmado un tanto, el segundo comandante se incorporo sentado sobre el colchon cual resorte, admirando como la chiquita no parecia compartir su preocupacion. -Estas enferma. Deberias quedarte en la cama.- Sin embargo, Ifára se limito a mostrarle una sonrisilla fugaz y agradecida, ignorando completamente su consejo para comenzar a atravesar el camarote hacia el cuarto de baño. -Quedate un rato, al menos... - Como veia que la tactica anterior no funcionaba, Ace decidio optar por la suplica, mostrandole una miradita de ruego que la hiciera desistir. - ... espera a que llame al doctor y te eche un vistazo ¿Eh?- Durante un segundo, Ifára parecio pensarselo, tentada con la idea de descansar y tomarse un dia libre. Por desgracia, esto solo duro un segundo, porque rapido la niña nego con la cabeza y continuo su camino.

-No puedo, Ace... Joan-Marie me necesita.- Dijo ella como respuesta principal, batallando tanto con las mantas que portaba sobre los hombros como con las prendas que cargaba. -Ademas... - Se aventuro rapido la niña a continuar en cuanto lo vio dispuesto a replicar, interrumpiendo su intento para continuar hablando. - ... no puedo dejar a Circe sola con todo el trabajo, no estaria bien.- Ace obvio el hecho de que Ifára hubiera suprimido la figura de Dadou de aquella frase, dispuesto a lanzarse al debate sin la intencion de dejarla ganar.

Sin embargo, tuvo que contenerse ya que algo llamo poderosamente su atencion.

-¿Circe?- Cuestiono el joven Ace con confusion, observando como ella abria la puerta del cuarto de baño. -¿Todavia trabaja contigo en... en la cocina?- Trago saliva con pesadez, sintiendo rapidamente aquella culpabilidad dolorosa y molesta que casi se le habia olvidado. Casi.

-Aja.- Ifára asintio tranquila, no pareciendo adivinar en absoluto que se le pasaba por la cabeza al joven pirata. -¿Ocurre algo?- Y Ace supo velozmente que su expresion terminaria delatandolo.

-¡Oh, no!- Exclamo inocente, negando con la cabeza un par de veces tensas pero convencedoras. -Es solo que... bueno, no sabia que os hubierais hecho... amigas.- Eso, por una parte estaba bien pero, sin embargo, por otra mucho mas peligrosa y espinosa podria ser considerado algo terrible. Ace se sintio malvado y egoista, diciendose una y otra vez que debia alegrarse por que Ifára no tuviera enemigos. A pesar de todo, el miedo cobarde y visceral a ser descubierto continuo.

-No somos amigas.- La contestacion repentina de Ifára lo saco de sus pensamientos velozmente, pareciendo que la niña andaba mas que convencida con aquello. -Solo tomamos el desayuno juntas y nos llevamos bien, pero nada mas.- Las mujeres eran un gran misterio. En el mundo de Ace, sus compañeros de desayuno eran considerados amigos. Quiza no como lo eran Marco y Thatch, pero amigos a fin a de cuentas.

-Ah, entiendo.- Iba a cuestionarle cual era la diferencia, pero se contuvo, razonando que preferia que aquella conversacion terminara cuanto antes. -¿De verdad vas a ponerte hoy a trabajar? Estas enferma.- Lo dijo como un niño, incluso, dotando a sus palabras del mejor tono dolido y suplicante que conocia.

Como respuesta primera, Ifára solto una risita, chasqueando despues la lengua dulcemente.

-Si.- Y, sin mas, se introdujo finalmente en el cuarto de baño con su armadura de tela y cargamento, cerrando la puerta tras sus espaldas para darse una ducha y alistarse antes de salir.

Ace se dijo que estaria pendiente y hoy la visitaria de vez en cuando.

Solo para cerciorarse de que estaba bien y acallar aquella vocecita de alarma que no entendia del todo.

(Cambio de escena)

Apenas si habia terminado de espabilarse del todo y recorrido una pequeña parte del Moby Dick, cuando fue rapidamente interceptado.

-¡Ey, Ace!- Exclamo una voz conocida con amabilidad a sus espaldas, causando que el aludido se girara velozmente sobre sus pies. Entonces, la sonrisa del segundo comandante se ensancho amistosa, contemplando con gracia como Marco parecia bastante cansado. Debia haberlo estado buscando desesperadamente, se dijo Ace.

-¡Vaya!- Por su parte, el segundo comandante se limito a permanecer en su posicion, siendo rapidamente correspondida su expresion sonriente por Marco con otra similar, pero mas tranquila y contenida. -¡Dichosos los ojos!-

-Dichosos los ojos que te ven a ti.- Contesto Marco entre burlon y sincero, elevando velozmente una mano fuerte que fue estrechada sin demora por su amigo y compañero. Como buenos hombres duros del mar, ambos comandantes apretaron firmemente la mano del otro, sacudiendola un tanto con fiereza complice de un lado a otro. Finalmente, una vez dieron la tarea de saludo como suficiente, se soltaron, dispuestos a continuar con alguna charla amistosa tras largo tiempo sin verse.

-¿Como han ido las cosas por aqui?- Rapidamente Ace rompio el silencio pequeño, siendo siempre el mas hablador y dicharachero de los dos. -¿Habeis sabido funcionar sin nosotros?- Dijo con altivez y fingida arrogancia, arrancandole al otro una sonrisilla burlesca.

-Oh, perfectamente... Es la primera vez en mucho tiempo que no sufrimos de percances peligrosos o demasiado problematicos... me pregunto por que sera.- Marco era un rival demasiado duro y Ace lo sabia, decidiendo dar la batalla de palabras por perdida.

-Uh... que aburridos... - Dijo Ace con disgusto para despues chasquear la lengua, esperando con algo de ilusion que Marco cuestionara como les habia ido su viaje. A Ace siempre le gusto narrar batallitas, y el primer comandante era tan bueno conversando como escuchando historias.

Sin embargo, la pregunta que esperaba no llego.

En cambio, la expresion de Marco se ensombrecio un tanto, notandose un deje de preocupacion en su siempre serena expresion.

-Oye, Ace... - Y por su rostro y tono de voz, el joven comandante supo que se avecinaba un tema serio, no pudiendo evitar el contener una miradita curiosa y desconcertada. Abrio la boca dispuesto a decir algo, pero rapidamente dejo el intento en cuanto comprobo que su compañero iba a continuar. -Me han dicho que te marchas.- Solto Marco sin mas, tan serio como lo conocia, tratando de no mostrar ninguna de sus emociones para notarse siempre impasible, calmado y racional. Un apoyo universal para cada tripulante.

-Oh... veo que la noticia ya ha volado ¿Eh?- Era gracioso porque, tarde o temprano, por mas que uno tratara de guardar secretos siempre solia ocurrir lo mismo, no pudiendo evitar Ace que se le escapara una sonrisilla.

-Entonces, es cierto.- Dijo Marco mas para si mismo que para el otro, asintiendo pensativo un par de veces pequeñas mientras clavaba la vista sobre sus pies.

-Si, es cierto.- Y Ace no pudo hacer mucho mas que encogerse de hombros entre gracioso y resignado, observando como su compañero parecia tragar la pildora amarga a su manera, siempre sereno y comprensivo. Frio pero cercano.

-Vaya... - Dijo Marco, y al joven comandante casi le sono como un suspiro, elevando finalmente los ojos para clavarlos sobre los del otro. -Es extraño... pero creo que lo comprendo.-

-¿Tu?- Le cuestiono Ace con sorna, elevando las cejas una vez de manera esceptica.

-He dicho que creo comprenderlo, no que lo haga.- El primer comandante se encogio de hombros, sabiendo incluso él mismo que siempre seria un hombre de mar leal para con el padre y peligroso para sus enemigos. Rapidamente decidio cambiar de tema porque no le gustaba hablar de su persona, adivinando Ace sus intenciones debido a conocerlo demasiado bien. -Te vas con Ifára ¿Verdad?- La respuesta era evidente, pero Marco decidio continuar por el camino formal y correcto.

-Me voy por Ifára.- Respondio velozmente el segundo comandante, sabiendo él mejor que nadie los motivos de su cercana y planeada partida.

-Lo se.- El primer comandante asintio convencido, pareciendo dolido con la perdida de un amigo pero no ofendido para con ninguno de los dos. Marco, siempre tan comprensivo y empatico. -Es solo que me resulta... extraño... Es algo dificil de esperar viniendo de ti.-

-No soy tan egoista.- Rapido Ace salio en su defensa, sabiendo facilmente a que andaba refiriendose su amigo y compañero.

-No, ya no.- Y Marco suspiro, pareciendo tan melancolico como orgulloso del otro, llevandose las manos hacia los bolsillos con su aura imponente y autoritaria por naturaleza. -Igualmente ¿Estas seguro de tu decision?- Un brillo de esperanza casi imperceptible se noto sobre los ojos oscuros del primer comandante, causando que el joven Ace no pudiera contener un suspirito culpable.

-Si, estoy seguro.- Y su respuesta segura, sincera y clara fue suficiente para que aquel rayito en sus pupilas se esfumara.

-Esta bien... - Resignado finalmente, Marco se encogio de hombros, comenzando a caminar a traves del pasillo con intenciones evidentes de desayunar. Veloz y leal, Ace lo alcanzo facilmente, manteniendo su paso para permanecer a su lado durante la marcha. -Espero que seais felices, entonces, y que todo os vaya bien.- Lo deseaba de corazon y Ace lo sabia, pero aun asi el pobre Marco no pudo evitar que se le notara un pequeño tono traicionado.

-Gracias.- Dijo Ace como respuesta agradecida, dedicando una sonrisa sincera al otro.

-De nada, lo deseo de verdad.- Marco, siempre tan correcto y formal. -Sin embargo, estoy casi seguro de que volveras algun dia.- Dijo el primer comandante seguro de si mismo, causando que, rapidamente, el joven Ace abriera la boca dispuesto a replicar. Por desgracia, descubierto su intento, fue interrumpido de nuevo. -Quizas pase una semana, o un mes, o diez años... Pero volveras a este barco. Te conozco y lo se.-

-Ni siquiera tu lo sabes todo, Marco.- Conteso Ace entre resignado y divertido, limitandose a decir aquello como unica respuesta mientras caminaban hacia el comedor.

-¿Sabes? Esa chica te hace bien.- Marco sonrio, y esta vez lo hizo de verdad y sinceramente, logrando con sus palabras que la expresion de Ace se tornara confusa.

-¿Por que dices eso?- Pregunto el joven comandante de una manera incluso infantil, cuestionandose internamente que diablos trataba de decirle el otro y a que se referia exactamente.

-Por nada.- Por desgracia, el primer comandante decidio continuar con aquella expresion divertida, guardando su opinion y motivos para tan solo si mismo. -Y, ahora... - Rapido, Marco decidio tirar por otros senderos en cuanto comprobo que Ace andaba dispuesto a volver a la carga, continuando ambos su camino a traves de los pasillos cada vez mas concurridos. - ... cuentame como es tu nueva casa y donde esta.-

Y como habia esperado, la expresion recelosa del joven Ace se torno en una de ilusion, dispuesto el muchacho a narrarle con todo detalle la descripcion pedida.

Asi, entre asentimientos atentos de uno y palabras efusivas del otro, ambos amigos se dirigieron al comedor.

(Cambio de escena)

Ciertamente, el dia de Ace estaba siendo agotador.

No era solo el hecho de que tenia mas trabajo que de costumbre, sobre todo teniendo en cuenta que se marcharia pronto y sentia enorme culpabilidad en cuanto dejaba algo desatendido o bien no participaba en las labores piratas de turno. No era solo eso.

La causa principal de su agotamiento era el dar explicaciones una y otra vez, teniendo que lidiar a cada segundo con cada compañero que, aventurado y valiente, se acercaba hasta él para cuestionarle exactamente lo mismo que Marco aquella mañana. Por desgracia, aunque algunos se limitaban a asentir calmados y serenos como este ultimo, otros no reaccionaban de manera semejante, mostrandose incluso ofendidos y traicionados, o bien simplemente enfurruñados como niños.

Hasta sus propios hombres y subordinados se notaron en total desacuerdo y disgusto para con su decision de partida, limitandose en su mayoria a resignarse y permanecer en silencio pero sin dejar de dedicarle miraditas de soslayo y pequeño reproche. Semejantes reacciones causaban que Ace se agotara ademas de sentirse inmensamente culpable. Le hacian pensar que los estaba abandonando, cosa que era cierta en parte, sustituyendolos por una chiquilla con la que no habia convivido ni la mitad de tiempo que con ellos ni vivido la misma cantidad de cosas.

Sin embargo, Ace no era de los que se daban por vencido facilmente.

Tozudo y orgulloso por naturaleza, una vez tomaba una decision esta continuaria firme hasta que no quedara mas remedio o bien no lo soportara mas, manteniendose en la misma posicion incambiable lo miraran como lo miraran y le dijeran lo que le dijeran.

Tendrian que terminar por resignarse y aceptarlo, se dijo Ace mentalmente, calmandose tras recapacitar que sus hermanos y compañeros lo harian tarde o temprano.

Pasada la mañana, la hora de la comida y parte del mediodia de semejante guisa, el joven Ace finalmente se decanto por huir y darse a la fuga un rato, decidiendo que Ifára debia andar ahora en un momento de poco trabajo y seria buena idea el hacerle una visita.

Todavia estaba algo preocupado y, aunque se le habia olvidado un tanto su estado de salud y malestar tras tanta charleta y miradita enfurruñada, en cuanto se vio solo atravesando los pasillos a plena hora de la siesta aquellos pensamientos regresaron.

Acelero el ritmo por puro instinto y urgencia sin mucho sentido, queriendo echarle un ojo para quedarse por fin tranquilo y asi hacer de su dia algo menos agotador. En menos de dos minutos, Ace se recorrio el navio colosal a buena marcha, alcanzando finalmente la puerta doble y conocida de la cocina. Con un cuidado minimo, la abrio sin mas, notando como sus nervios se calmaban enormemente una vez habia por fin llegado a su destino.

Aliviado, Ace contemplo desde su sitio la espalda estrecha y bonita de Ifára, atenta la niña a la encimera y sus cacharros sin todavia haberse percatado de su presencia recien llegada.

-Vaya... - Dijo el segundo comandante graciosamente, causando que la chiquilla diera un respinguito de sorpresa y se girara rapidamente hacia él. -¿Estas sola?- Cuestiono confuso, revisando la estancia velozmente para cerciorarse de que no habia nadie mas en la estancia.

-Ah... si.- Ella contesto con la vocecita debil y cansada, pero audible por lo menos, regalandole una sonrisita fugaz para regresar a su trabajo atentamente. -Circe esta haciendo sus cosas de... - Pero Ifára no sabia que decir exactamente ademas que no tenia la cabeza en buenas condiciones para ello, teniendo que pensar detenidamente las palabras que pronunciaria a continuacion. - ... sus cosas de pirata... - Con esto, Ace entendio a que se referia, asintiendo una vez como respuesta. - ... y Joan-Marie anda recogiendo por el comedor.- Concluyo Ifára, haciendosele a Ace mas cansada y ausente de lo que la habia notado en la mañana.

-Y te quedas tu aqui sola, enferma y con todo el trabajo.- Contesto el joven pirata entre preocupado y molesto, recorriendo la distancia que los separaba facilmente y sin necesidad ni de cerrar la puerta. -No es justo.-

-No tengo todo el trabajo.- Rapida, Ifára le reprocho un tanto con su voz de niña temblorosa, continuando a lo suyo mas torpe y lenta de lo que solia ser. -Ademas, las otras dos no estan precisamente descansando, tampoco.- Dijo la niña, defendiendo velozmente a sus ausentes compañeras de cocina. Sin embargo, Ace no iba a darse por vencido tan facilmente, apoyando una de sus manos grandes contra la encimera para arrinconarla un tanto, pero con suavidad.

-¿Como te encuentras?- Le pregunto, tratando de analizar sin que se notara mucho el estado de su rostro bonito y sus movimientos debiles que, aun asi, seguian siendo bastante eficaces.

-Bien... creo.- Contesto ella poco convencida con un encogimiento de hombros, teniendo que detener un segundo sus acciones para llevarse una mano pequeña hacia la frente. Cerro los ojos, apretandose con sus dedos delgados un tanto la zona cubierta mientras buscaba algo de relajacion.

-Tienes mala cara.- Rapido como el viento, Ace mostro su desacuerdo, abrazandola cuidadoso de la cintura mientras observaba como Ifára abandonaba su descanso breve. -¿Seguro que te encuentras bien?-

-Si, si... - Pero era evidente que no, cerrando la niña los ojos con fuerza un breve segundo cuando noto lo que debia ser una punzadita dolorosa. -Pasame eso ¿Quieres?- Cuestiono cansada, señalando con una mano rapida una taza cercana de porcelana. Obediente y preocupado, el joven pirata alcanzo facilmente el objeto pedido, acercandolo a la mano pequeña y torpe de la chiquita.

Sin embargo, la taza se le resbalo de entre los dedos, estando a punto de estrellarse y destruirse contra la encimera si no hubiera sido porque Ace volvio a atraparla al vuelo.

Ifára no era una persona torpe, Ace lo sabia bien.

-Estas enferma.- Se limito el segundo comandante a decir de nuevo, tratando de sonar mas serio y convencido que antes. -Y me parece que mas que esta mañana.- Esta vez, visto su casi accidente con la taza de porcelana, Ifára no replico, permaneciendo en su posicion para apoyar las manos pequeñas y torpes ahora sobre la encimera, estando aun Ace a su espalda. -Necesitas un descanso.-

-¿Sabes? Creo... creo que me voy a sentar un rato.- Dijo ella derrotada, y Ace penso que debia encontrarse realmente mal para llegar a ceder a semejante cosa. -Me duele la cabeza y tengo el estomago revuelto.- Viendo que parecia dispuesta a moverse tarde o temprano, el muchacho pirata finalmente la libero, alejandose de ella un par de pasos cortos. Ifára, por su parte, aun permanecio sobre su sitio, soltando un suspirito cansado mientras se mantenia aun con la encimera bajo sus manos.

-Deberias irte a la cama.- Ace mantuvo la esperanza de lograr que se acostara un rato y permaneciera en descanso, cosa que habia intentado desde por la mañana sin conseguirlo.

-Quiza lo haga... quiza si... - La niña, esta vez, parecia mas dispuesta a dejarse convencer, cerrando los ojos otra rapida vez cuando sintio algo que Ace analizo como un leve mareo. -Pero, de momento, voy a... a sentarme un rato... - Le dedico una sonrisita vaga y fugaz, pero sincera, respirando hondo la chiquita para buscar el sentirse levemente mejor. -Deberias marcharte a tus cosas, seguro que te echaran de menos.- Dijo la niña, siempre tan pendiente de los demas y sus sentimientos incluso enferma. -Tampoco es justo que yo acapare hasta tus ultimos dias en este barco. Es tu familia, al fin y al cabo ¿No?-

-Si... - Pero Ace no estaba del todo convencido, teniendo que reflexionar profundamente las palabras didacticas pero suaves de Ifára. -¿Me prometes que te sentaras un rato, al menos?- Suplico incluso, dedicando sobre la jovencita una mirada preocupada y de ruego.

-Si, Ace... voy a sentarme un rato... - Contesto sincera Ifára, cogiendo nuevamente una honda bocanada de aire. -Y si sigo encontrandome mal, me ire a la cama, te lo prometo.- Bueno, al menos, Ace habia conseguido un gran paso.

-Esta bien.- Mas aliviado y relajado al ver que ella finalmente comenzaba a ceder, el segundo comandante sonrio tranquilizador, dando despues un suspirito pequeño. -Me voy entonces. Luego te veo.- Dijo, dejandole claro a ella que regresaria a cerciorarse de su estado de salud. Como respuesta, Ifára asintio con una sonrisita forzada, aun pegadita junto a la encimera. A regañadientes pero sabiendo que ella tenia razon a su modo, el joven Ace se giro sobre sus pies, dispuesto a marcharse de la cocina y dejarla descansar y tomar sus propias decisiones. Sin embargo, a medida que se acercaba a la puerta, aun abierta, Ace tuvo la imperiosa necesidad de echarle un ultimo vistazo y decir algo mas, deteniendose un segundo para volver a girarse y pronunciar aquello que necesitaba decir. -Si necesitas algo... - Sin embargo, no pudo continuar.

No pudo continuar porque, lo que vio de repente, lo dejo momentaneamente helado.

Ifára se encontraba tensa, inclinada sobre la encimera mientras buscaba normalizar fieramente su respiracion, demasiado entrecortada y violenta para ser saludable. Con las manos incluso blancas de apretar con tanta fuerza el borde de la encimera, por el rostro de la chiquilla cruzo una expresion de dolor absoluto, de tortura interna, ahogando malamente un grito que sono a quejido desgarrador.

-¿Ifára?- Cuestiono Ace con la expresion desencajada y aun sin acertar a moverse, resultandole la escena como demasiado preocupante y peligrosa como para acertar, todavia, a moverse. Hacia un segundo, estaba bien. Estaba enferma, cierto, algo febril tambien, pero bien. O, al menos, no tan mal.

La niña no contesto, presa de su repentino ataque extraño mientras buscaba, todavia, normalizar su respiracion. Cerro los ojos con fuerza y volvio a quejarse, temblandole las piernas bonitas notablemente mientras trataba de controlarlas sin lograrlo, la pobre. El aliento le falto un segundo, comenzo a volverse blanca como la cera, abrazandose de repente con dolor y desesperacion la cintura, cubriendo aquella zona de su cuerpo que comenzaba a doler aun mas que la cabeza y de una manera insoportable.

Entonces, Ace contemplo horrorizado y estatico en su posicion como Ifára se inclinaba aun mas contra la encimera, apretando fuertemente su cintura y vientre para, nuevamente, producir otro quejidito peor ahogado que los demas. Sus piernas y manos temblaron con mas fuerza y la realidad dejo de tener sentido, deshaciendose finalmente Ifára para dejar que sus extremidades terminaran fallando y, asi, dejarse caer medio desvanecida hacia el suelo.

Fue en ese momento que Ace reacciono.

A la velocidad de la luz, con el corazon en un puño y todavia no pudiendo creer semejante escena terrible, el joven pirata corrio hasta ella, agarrandola al vuelo para evitar que se golpeara violentamente contra las baldosas duras de la cocina.

La acogio entre sus brazos y la noto temblar con fuerza, encogida sobre si misma debido a un dolor lacerante y repentino que era demasiado agudo como para pensar en nada o decir nada. Ace se sentia desesperado, inclinado sobre el suelo mientras sujetaba su cuerpo pequeño que parecia ahora mas fragil que nunca, a punto de quebrarse, teniendo que apoyar la mitad de ella sobre el suelo de baldosas para mantenerla, al menos, tumbada y a salvo de caidas.

-¿Ifára?- Volvio a cuestionar como un idiota, acogiendo su cara contraida de dolor con su mano libre para analizarla un tanto. Ella no respondio, medio desvanecida y no haciendo mas que estremecerse y quejarse con lloriqueos sufrientes, dandose cuenta el joven pirata de que ya no tenia una fiebre normal. Ifára estaba ardiendo. Su frente ardia tanto, que hasta los dedos del joven comandante lo notaron nada mas rozar su piel cada vez mas palida. -¡Ifára!- Sacudio un tanto su carita en cuanto noto que iba a desmayarse, no queriendo que ella se desvaneciera por puro terror visceral a que no volviera a despertarse. -¡Vamos, niña! Reacciona... pequeña, reacciona... - Con la voz desgarrada y temblorosa, preocupado en extremo y sintiendo que cada estremecimiento y muestras de dolor de ella las notaba el mismo, Ace funciono por puro instinto, desesperado e incluso lloroso. -Ifára... - Ella parecio tratar de mantenerse plenamente consciente, luchando contra sus ojos bonitos y buscando que se abrieran de nuevo. Sin embargo, otra tortuosa punzada de dolor se lo impidio, teniendo que quejarse otra vez para dejarse llevar por el sufrimiento imposible de ignorar. -¡Canija! ¡Dios Santo! ¡Canija!- La sacudio un tanto pero, nuevamente, no hubo respuesta alguna mas alla de estremecimientos y quejidos, encogiendose Ifára aun mas sobre si misma como un ovillo aterrador, blanco y tembloroso. Sufriente, el rostro y cuello de la niña comenzo a ser cubierto por un sudor frio e insano. -Por favor, canija... - Desesperado y con ella entre sus brazos, tan debil y torturada, mas fragil que nunca, Ace elevo la cabeza un segundo con ojos aterrados e incluso vidriosos, rebuscando por los alrededores con la mirada algun ente salvador que les diera un poquito de su ayuda.

Fue en aquel instante que sus ojos oscuros se toparon con los de Dadou que, estatica bajo el marco de la puerta abierta, contemplaba la escena tan congelada como Ace lo habia hecho al principio.

La joven esclava permanecio estupefacta durante el leve segundo que Ace la observo en silencio, apresando a Ifára entre sus brazos sobre el suelo de baldosas.

-¡No te quedes ahi parada, maldita sea!- Estallo el joven comandante finalmente, dotando a sus palabras de la mayor desesperacion y regaño. Sin embargo, Dadou todavia no se movio, pareciendo que le andaba costando una barbaridad asimilar la situacion. -¡Muchacha atolondrada! ¡Busca al medico!- Le espeto Ace con un grito tan furioso como asustado, logrando que, finalmente, con los ojos llorosos y estupefactos la joven y delgada muchacha diera un respingo violento. Obediente y pareciendo que finalmente comenzaba a asumir lo que su mirada habia contemplado, Dadou se lanzo a la carrera, dispuesta a cumplir fielmente con el encargo del joven Ace. -¡Trae al puñetero medico!- Grito el pirata mientras observaba marchar a su mayor esperanza actual, regresando velozmente su atencion sobre la chiquilla temblorosa que, aun deshecha en dolor y escalofrios, permanecia medio ausente entre sus brazos. -Aguanta un poquito... solo un poquito... - Dijo Ace con el tono mas tranquilizador que consiguio, saliendole mas bien lloroso y desesperado. -Solo sera un poquito mas... - Entonces, como un rayo, la mente de Ace fue atravesada por aquella escena de hacia un tiempo, cuando él mismo elimino a dolor y peticion de ella la marca a fuego de su antebrazo por otra mas grande y significativa. Habian sido, basicamente, las mismas palabras. -Solo un poco mas... - Repitio confuso, perdido y desesperado, apretandola un tanto contra si mismo en cuanto la noto desfallecer finalmente para mecerla con cuidado y sin mucho sentido.

Todo habia sido perfecto.

Todo habia ido a la perfeccion.

Y ya se sabe que la perfeccion o no existe, o es simplemente inalcanzable.

(Fin del capitulo)

Wohoooooooooooooooo!

A que he sido rapida esta vez?

Ahora estoy mas emocionada e inspirada porque me encanta el drama, y estamos llegando a uno de los momentos mas cumbre de la historia, os lo garantizo!

Se que os habre hecho sufrir con este capitulo, yeah! lo se y soy malvada, pero eso ya lo sabiais ¿Verdad? Muajajajaja

Como si no nos conocieramos, picaruelas... jeh, jeh, jeh...

Espero ser tan rapida cn el siguiente capitulo como con este y no dejaros comiendoos las uñas durante demasiado tiempo.

Poco mas que decir ¡Gracias por leer y dedicar tiempo a esta historia!

Besos de lima limon y mucho amor sincero y emocionado!

Maddy