Como un huracan, Ace arramplo en la habitacion.

El sonido estruendoso de la puerta abriendose violentamente causo un respingo nervioso general, tanto sobre el medico del barco como en el par de enfermeras bonitas que lo ayudaban, deteniendo en seco sus acciones por el susto.

Ace los ignoro olimpicamente, rebuscando frenetico con la mirada entre el unico par de camas que habia en la habitacion pequeña que era la enfermeria.

No le hizo falta buscar demasiado, sin embargo, puesto que un quejido agudo de dolor indico perfectamente donde se encontraba la persona que andaba buscando.

Como movido por un resorte, Ace atreveso el cuarto en un par de zancadas veloces, nuevamente indiferente a aquellas dos enfermeras y el doctor que, atentos y mudos ante su persona, se mantuvieron estaticos alrededor de la cama ocupada.

-Ace, ¿Que haces aqui?- Cuestiono finalmente el medico, preocupado por su presencia asi como por ser molestado durante un momento critico de su trabajo.

Ifára grito de dolor, retorciendose sobre la cama y bajo las mantas revueltas sin ser demasiado consciente de cuanto la rodeaba, sudando frio y temblando violentamente.

-¡Ace, no puedes estar aqui!- Volvio a repetir el doctor, pero Ace no le hizo ningun caso, inclinandose junto a la niña, que no paraba la pobre de moverse y lloriquear dolorosamente, por puro arrebato emocional e instintivo. -¡Maldita sea, muchacho! ¡Largate!- Y es que, como buen medico, no estaba bien que una persona cercana a un paciente todavia en semejante estado, que se la habian traido de esa guisa aquella misma tarde, anduviera a sus anchas por la habitacion para entorpecer aun mas el trabajo y sufrir.

Sin embargo, para su desgracia Ace no era de los que hacian demasiado caso, limitandose a inclinarse aun mas hacia la cama para estar mas cerca de ella, tan sufriente y desesperada.

-No pasa nada... - Le susurro a la niña que se quejaba y retorcia febril sobre la cama, llegando incluso a alcanzar su mejilla llenita con una mano. La noto ardiendo, sudando frio y presa de temblores que podrian considerarse hasta convulsiones, no pudiendo evitar que por su rostro se cruzara una sombra de sufrimiento emocional. El contacto repentino hizo que, por un instante, Ifára fuera consciente de la realidad un minimo, lanzando un brazo desesperado hasta él para pasar la mano pequeña por la nuca y tirar de los cabellos hacia si. Ace aguanto el dolor y se dejo llevar, sabiendo que la chiquilla no sabia demasiado bien lo que estaba haciendo y andaba demasiado desesperada, notando el joven comandante como sus dedos delgados lo arrastraban hasta que sus frentes se encontraron. No pasa nada, no importa. Ifára podia hacer lo que quisiera, no pasa nada. Lo que padeciese Ace ahora mismo era indiferente, no importa. -Sshh... no pasa nada, no importa... - Le susurro Ace a una Ifára deshecha de respiracion insana y violenta, acogiendo su cara ardiente entre las manos grandes. -Tienes que ser fuerte... se solucionara, se pasara... pero tienes que ser fuerte.- Trato incluso de sonar didactico y lo mas sereno y calmado que pudiera, firme y fuerte, como siempre, porque ella lo necesitaba y Ace no tenia derecho a flaquear ahora mismo. No pasa nada, no importa.

Ifára produjo un movimiento vago parecido a un asentimiento, teniendo que detener la accion en cuanto noto que un nuevo y mas potente relampago de dolor la atravesaba por dentro de pies a cabeza. Con un grito desgarrado, la niña solto el cabello de su nuca repentinamente para apresar los antebrazos trabajados del otro, llegando incluso a clavarle las uñas mientras su expresion, antes tan dulce y preciosa, se contraia con daño insoportable.

Esto no podia seguir asi.

-¡Maldita sea!- Grito Ace de pronto, dedicando su mirada mas furiosa y desesperada al medico cercano. Con Ifára tenia que mostrarse fuerte, firme y calmado. Sin embargo, con los demas a Ace le daba igual como se comportara ahora mismo. -¡Dale algo!- El medico parecia dispuesto a semejante cosa mucho antes de que a Ace se le ocurriera, manejando desde hacia un par de segundos atras una jeringuiya de eficaz contenido. Con una miradita de regaño, el cascarrabias pero buen doctor se acerco a la cama. Ifára, por su parte, se retorcia y quejaba con mas fuerza que antes, si es que esto era posible.

-Sujetala.- Le dijo sin mas con toda su voz robotica y laboral, acostumbrado como estaba a escenas y padecimientos semejantes. Era un profesional y Ace lo sabia, obedeciendo rapidamente su mandato para apresar asi a la pobre chiquilla contra la cama. Extrañamente, como no parecia enterarse de demasiado, la desdichadita se revolvio con fuerza bajo el agarre que el segundo comandante producia sobre sus hombros, no parando en ningun momento de lloriquear y retorcerse de dolor. -Normalmente, esto lo hacen las enfermeras... - Dijo el medico con un suspirito, acomodandose mejor sus gafas redondas mientras analizaba la jeringuiya a contra luz. - ... pero ya que estas aqui... - Se encogio de hombros tranquilo y guardando su molestia mientras Ace luchaba facilmente contra la enferma Ifára, que ya no se sabia si se resistia al agarre o simplemente le dolia todo demasiado como para estarse quieta.

-Le duele mucho.- Le dijo Ace entre desesperado y suplicante, recibiendo como respuesta una miradita rapida de obviedad por parte del medico, que no andaba contento con su presencia en semejante momento.

Guardandose algun comentario mordaz y sarcastico para si, el medico de la tripulacion se inclino sobre la muchacha apresada, encontrando la vena de su antebrazo a una velocidad que solo unos ojos expertos podrian utilizar. Sin esperar un segundo mas, que era inhumano dejarla estar asi de sufriente sin ton ni son, el doctor clavo finalmente la aguja sobre la piel temblorosa, inyectando el contenido de la jeringuiya en la sangre de Ifára.

-Ya esta.- Dijo el doctor una vez finalizada la tarea, irguiendose tranquilo y suspirante nuevamente junto a la cama. -Tiene un efecto rapido.- Explico mejor en cuanto noto que la expresion de Ace lo miraba confuso y demasiado preocupado, aun apresando a la pobre chiquilla que se retorcia bajo su agarre suave, pero eficaz.

Esta lucha extraña solo duro un par de segundos mas, sin embargo, comenzando Ifára de repente a volver sus movimientos mas debiles y perdidos. Sus ojos bicolores se hicieron vidriosos, su respiracion comenzo a calmarse un tanto, y los quejiditos fueron deteniendose poco a poco y bajando su volumen.

Finalmente, los ojos de Ifára se cerraron y su cuerpo se relajo sin remedio, cayendo dormida profundamente debido al efecto de la sedacion y los analgesicos.

Los hombros de Ace se hundieron y su agarre sobre ella se deshizo lentamente, pudiendo notarse aliviado durante unos segundos.

Solo unos segundos, porque rapido su mente y corazon fueron apresados con fuerza como por una mano de hierro candente.

Casi arrodillado junto a la cama, Ace giro la cabeza para dedicarle al doctor su mirada mas desesperada, observando como este y sus enfermeras parecian pulular tranquilos a sus tareas por la pequeña habitacion.

-¿Que le pasa?- Cuestiono el joven comandante tragando saliva, costandole una autentica barbaridad el dejar de vigilar a la muchacha que, agotada y palida, dormitaba sedada sobre el colchon.

El medico detuvo sus acciones en seco al ver que andaban hablandole a él sin duda, abriendo la boca un segundo con evidentes intenciones de contestar. Sin embargo, en el ultimo momento se contuvo, limitandose a hacerle una seña indicativa de seguimiento al otro mientras soltaba un suspirito largo. El amargo pero buen doctor camino hacia la salida de la enfermeria bajo la atenta mirada de un Ace nervioso y confuso, causando que este ultimo no supiera exactamente por que decantarse.

Finalmente, ehandole una ultima mirada de soslayo y dolor a la chiquilla enferma, a regañadientes el joven pirata se incorporo en pie sobre el suelo, siguiendo a aquel medico de la tripulacion hacia los pasillos del Moby Dick.

Una expresion significativa del doctor basto para que las enfermeras asintieran y continuaran a lo suyo, sabiendo ambas lo que tenian que hacer, como y cuando.

Y, asi, ambos hombres salieron del cuarto medico, encontrandose uno tan acostumbrado y calmado, y el otro al borde de un ataque de nervios.

Una vez Ace cerro la puerta cuidadosamente tras su espalda, no pudo guardar silencio por mas tiempo.

-¿Que le pasa?- Repitio el muchacho, dedicando sobre el doctor frente a él una expresion suplicante que no pudo controlar. Ahora mismo, Ace dudaba de que pudiera controlar nada.

-No lo se.- Contesto el medico encogiendose de hombros resignadamente, retirandose las gafas redondas para descansar la vista un rato.

Aquello era demasiado.

-¿Que?- Incredulo y no queriendo creer bajo ninguna circunstancia lo que acababan de decirle y estaba ocurriendo, que era imposible para él asimilar desgracia como la actual tan repentinamente, el joven Ace abrio los ojos como platos con panico. -¡¿Como que no lo sabes?- Y llego la ira como forma de defensa, como siempre.

-No, no lo se.- Contesto el doctor con algo de molestia, no pudiendo sin embargo continuar con semejante actitud recta puesto que, en menos de un segundo, Ace se le habia echado encima y lo agarraba firmemente de la bata blanca, empujandole contra la pared de madera cercana con un ruido sordo.

-¡¿Como que no lo sabes?- Volvio Ace a repetir preso tanto del panico como de la furia sin sentido, ignorando la expresion de daño del medico para estamparle un tanto contra la superficie dura, elevandolo del suelo un par de centimetros con facilidad gracias a su diferente complexion. El doctor, aunque quejumbroso y reducido, tambien era un pirata de una forma u otra, dispuesto a saltar a la gresca si fuera necesario. Sin embargo, en cuanto observo de nuevo la expresion de Ace, sus ojos desesperados y vidriosos escondidos tras una falsa furia, decidio contenerse. -¡Tienes que saberlo! ¡Eres medico ¿no?- Exclamo el segundo comandante apretando fuertemente la bata blanca, apresandose a su unica fuente de esperanza mas que produciendo ninguna amenaza. -¡Tienes que saberlo!-

-¡Si! Soy medico... - Dijo el doctor aprisionado entre dientes y algo dificultosamente debido al agarre, zafandose violentamente en cuanto noto que, tras escucharle hablar de nuevo, Ace habia suavizado un tanto la potencia de sus dedos. Liberado, el medico molesto le echo una miradita de total reproche, observando como, esta vez, el muchacho no parecia con las ganas ni la fuerza suficiente como para lanzarse de nuevo contra nadie. - ... pero no un adivino. No se que le pasa.- La mirada atenta de Ace se mostro con todo su dolor y perdicion, esperando a pesar de todo por pura tozudez que el medico le dijera algun comentario milagroso o esclarecedor. -Mira... los sintomas los tengo bastante claros, por ahora... - Tras notarlo tan desdichado, que ya habia lidiado con casos peores antes, el medico del barco suspiro, relajandose rapidamente para mostrarse lo mas tranquilo y profesional que pudiera. -Lo que no se es la enfermedad ¿Lo comprendes?- Ace lo comprendia, pero no queria hacerlo.

-E-esta mañana... estaba bien... - Dijo el joven comandante con una voz baja y perdida, dedicando sobre sus pies una mirada preocupada en extremo y demasiado incredula todavia. -Estaba enferma... pero... pero estaba bien.- Y es que, definitivamente, habia ocurrido demasiado rapido como para asimilarlo facilmente. Era imposible. Ace penso por pura supervivencia y esperanza que, si se habia puesto enferma tan de repente, a lo mejor se recuperaria igual de rapido. Él no era medico y, esta vez, se alegro enormemente.

-Ya... - El doctor chasqueo la lengua, conociendo al joven Ace y sabiendo que no le agradaria en absoluto el mostrarse compasivo a pesar de su situacion y estado actual, limitandose por tanto a guardarse los sentimientos de consuelo para si. -Pero ahora no lo esta... Necesita pruebas.-

-Hazlas, entonces.- Contesto el segundo comandante mas suplicante que autoritario, la verdad, abandonando finalmente la lucha contra las emociones temerosas. -Asi sabras lo que le pasa ¿Verdad?- Inseguro, el joven Ace observo atentamente al doctor, contemplando como este continuaba igual de sereno e inquebrantable que siempre.

-Si... lo sabria si pudiera hacerlas.- Aquello si que fue un golpe letal directo al pecho, no pudiendo evitar Ace que un flechazo de dolor atravesara su expresion y enmudeciera completamente. -Por desgracia, aqui no tengo los medios necesarios para procedimientos complicados. Solo tengo lo basico y estrictamente necesario.-

-P-pero... - Ace titubeo, luchando fieramente contra el nudo opresor y asfixiante que se habia formado de pronto en su garganta. -Padre... y sus maquinas... - Sin embargo, el medico lo interrumpio rapidamente.

-Ace, aqui no tengo el material necesario.- Dijo conciso y claro, tratando de simplificar aquella conversacion que tan dolorosa se estaba haciendo.

-¡Eso es mentira!- Ace se notaba desesperado y demasiado nervioso como para creerse nada de lo que no quisiera creer, estallando con aquella acusacion sin fundamento repentinamente. -¡¿Que hay de las maquinas de Padre y todos esos jodidos cachibaches que siempre usas con él? ¡Eso es material medico ¿Verdad?- Como respuesta y para mayor desesperacion, el doctor chasqueo la lengua y nego con la cabeza un par de veces sin decir palabra. -¿V-verdad?- Volvio Ace a cuestionar, tragando saliva de una manera hasta dolorosa, que la garganta se le habia secado y se parecia demasiado a la lija.

-Si, Ace, es material medico... pero no es el que necesito para esto.- Hablando claro y sereno, el doctor trato de funcionar de la manera mas responsable y considerada que pudiera, viendo resignado que tendria que explicarle cada detalle al impulsivo segundo comandante. -Tenemos las maquinas de Padre porque sabemos lo que le pasa y lo que necesita. Es decir, que esas maquinas son para su caso y para ayudarle con su enfermedad... No valen para otra cosa, Ace. Por eso las tenemos en el barco, porque sabiamos desde el principio lo que necesitabamos y que le ocurria... Y por eso, tambien, nos hicimos con ellas ¿Entiendes?- Ace no estaba ahora para atender a nada, teniendo que reflexionar poco a poco cada palabra pronunciada. Finalmente, levemente perdido en si mismo, el muchacho asintio. -Sin embargo, de lo que yo te estoy hablando es de otro tipo de material y maquinas... Maquinas para hacer pruebas, muchacho.- Sabiendo con quien hablaba y su falta de conocimientos en este ambito, el amargo doctor decidio suprimir la jerga medica que no fuera totalmente necesaria, dando la explicacion mas sencilla y clara que pudiera. -No se lo que le pasa a esa niña, Ace. Necesita un hospital.-

-¿H-hospital?- El segundo comandate tuvo incluso que echarse un pasito hacia atras por puro instinto emocional, alejandose del doctor como si este tuviera la culpa de su desgracia. -Pero... pero no es tan grave... - Y a semejantes conclusiones habia llegado tan solo él mismo por pura comodidad y, nuevamente, supervivencia.

Sin embargo, la mirada seria y sincera del medico contestaba a su pregunta.

Ace tuvo que contener el aliento y llevarse una mano hacia el rostro para cubrirselo, perdido, confuso y desesperado. Portgas D. Ace no lloraba, nunca. Mucho menos delante de terceros o en pleno pasillo, por muy de noche que fuera. No lloraba, nunca... Solo lo habia hecho delante de...

Necesitaba controlarse.

Con un bufido doloroso y demasiado escalofriante como para ser normal, Ace finalmente se descubrio el rostro, controlando el arrebato malamente mientras sentia que el nudo de su garganta se apretaba todavia mas.

-Aun asi... - Notandolo tan destrozado y nervioso, tan confuso como debatiendo contra si mismo, el doctor elevo las manos en posicion pacificadora, llamando nuevamente la atencion total del segundo comandante. - ... es pronto todavia para saber nada ¿De acuerdo? Apenas si me la habeis traido hace unas horas.- Ace estaba empezando a asimilar demasiadas cosas dificiles de tragar de golpe y sin anestesia, evitando la mirada del medico todo cuanto pudiera para asentir nerviosamente. -Esperemos a ver como marcha la cosa y, entonces, podremos hacer suposiciones.- Este detalle era mas esperanzador, se dijo Ace en su dialogo interno, respirando hondo a traves de la nariz para buscar recomponerse un tanto.

-Pero... necesita un hospital.- Y es que esto ultimo a Ace no se le habia pasado en absoluto.

-Si... - Respondio el medico, y Ace volvio a asentir igual de perdido, tratando de controlar sus emociones turbulentas actuales. -Sin embargo, dentro de dos semanas o asi daremos con una isla urbanizada. Al menos, eso han dicho los navegantes y, tu sabes, muchacho... siempre aciertan.- El doctor, extrañamente, llego hasta a sonreir. Una sonrisa que no estaba acostumbrado a mostrar, por lo que salio bastante forzada y falsa, pero estaba ahi, al menos. Esto, a Ace lo alivio enormemente. Era sorprendente lo facil que es hacer feliz o bien desgraciado a una persona que se encuentra presa del momento. -Alli habra un hospital o por lo menos una clinica. Podran tratarla como es debido y saber lo que le pasa.-

-Cierto... si, cierto.- Respondio el segundo comandante, notando como una llama esperanzada surgia en su estomago y deshacia un tanto el doloroso nudo de su garganta. Solo dos semanas y todo se solucionaria. Dos semanas, y las cosas podrian encauzarse de nuevo y ser perfectas otra vez. Solo dos semanas. Quiza, incluso antes de eso Ifára ya se habria recuperado. No importa, no pasa nada.

-Bien... - El medico parecio sentirse por fin aliviado, suspirando otra vez como solia ser su amarga costumbre. -Y ahora, muchacho, tengo que volver al trabajo.- Habiendo arreglado la situacion como mejor podia y dando la tarea por finalizada con exito, el medico de la tripulacion elimino la escasa distancia que lo separaba de la puerta de la enfermeria, siendo atentamente observado por un Ace con evidentes intenciones de seguirlo. Por desgracia, el doctor en cuestion lo noto prontamente, colocandose altivo y didactico sus gafas redondas para dirigir sobre el joven su mirada mas autoritaria. -Y tu, Ace, deberias irte a la cama.-

-Quiero estar con ella.- Dijo el muchacho pirata sin dudarlo un instante, causando que el doctor bufara impaciente.

-Ahora no es un buen momento. Esta sedada, retorciendose y con demasiada fiebre como para enterarse de nada.- Sus palabras se clavaron sobre Ace dolorosamente, causando que una expresion dañada cruzara su rostro de manera fugaz. Sintiendose un insensible en el fondo, pero sabiendo que era necesario para hacerle ceder en su cabezoneria de muchacho, el medico amargo volvio a suspirar, como siempre. -Vuelve mañana o solo seras una molestia.- Dijo, apelando a la idea de que su trabajo fuera hecho de la mejor y mas eficaz manera, sabiendo seguro que con eso el joven Ace cederia facilmente por primera vez.

-V-vale.- Se limito Ace a contestar, conteniendo las ganas de discutir el asunto con tan solo pensar en que, realmente, pudiera entorpecer su trabajo y empeorar asi el estado de Ifára.

-Buenas noches.- Con un cabeceo, el doctor abrio la puerta, comenzando a atravesarla tan enfurruñado y profesional como era.

-Si... buenas noches.- Pero apenas pudo dedicarle ninguna palabra de protocolo nocturno, desapareciendo el medico en el interior de la enfermeria pequeña, cerrandole la puerta en las narices y casi estampandosela en la cara.

Detenido en seco, preso total de la preocupacion y de demasiadas emociones encontradas de pronto, Ace permanecio frente a la madera recientemente cerrada durante varios segundos perdidos y largos.

Finalmente, trago saliva, sintiendo aquel nudo un poco menos apretado pero presente y doloroso todavia, para darse la vuelta sobre sus pies y comenzar a caminar con los hombros hundidos y la mirada confusa.

Sabia de antemano que no podria dormir esta noche.

No importa. No pasa nada.

(Cambio de escena)

-¿Sabes? He tenido una bonita mañana y esperaba que el mediodia fuera igual de maravilloso... - Dijo burlon y jocoso, como siempre, pero bastante molesto e ironico de lo que solia ser, alcanzando eficazmente a su compañero que, veloz, recorria el pasillo firmemente. -Iba a beber un par de cervezas con mis muchachos, luego pensaba dormir una reparadora siesta que embelleciera mi ya de por si gallardo rostro... - Suspiro cansado y levemente enfurruñado, dedicando sobre su amigo caminante y serio una mirada de total reproche. -Pero ¡Claro! Obviamente, tenia que venir el gran Marco, heroe de nuestro barco, a comerme la cabeza y hacerme sentir culpable hasta que aceptara su proposicion... ¡Que digo proposicion! Mas bien ha sido imposicion... - Pero para su desgracia, Marco no dijo nada todavia, limitandose a continuar su camino mientras era fielmente seguido por el otro. -¡Loado seas, oh, gran Marco!- Definitivamente, estaba molesto.

-Callate, Thatch.- Se limito a decir el primer comandante, notandose mas tenso y nervioso de lo que solia ser normalmente.

-Callarme, callarme... ¿Para que? Igualmente, al final siempre se hace lo que tu quieres.- Casi como un niño caprichoso, Thatch solto aquello entre dientes con expresion mohina, no deteniendo a pesar de todo su camino y estando dispuesto a seguir a sus escasos amigos hasta el infierno. Quiza, Thatch fuera una persona egocentrica, arrogante y tan divertido como retorcido pero, sin embargo, si tenias la enorme suerte de caerle lo suficientemente en gracia como para entablar amistad se convertiria siempre en el mas fiel de los compañeros. Thatch apreciaba a sus amigos porque desconfiaba de la humanidad en general. -Ademas, ¿Que diablos pintamos nosotros ahi, querido Marco?- A pesar de la pregunta, Thatch no dejo decir palabra al primer comandante, haciendo gala de su gran facilidad para hablar sin parar. Estaba nervioso, en realidad, Marco lo conocia demasiado bien y se sabia su barrera defensiva de memoria. -Yo te lo dire. Nada. No pintamos absolutamente nada ¿Que vamos a arreglar nosotros con nuestra presencia? Vale que somos simpaticos, Marco, pero no tenemos la capacidad para hacer milagros y, entre tu y yo, tampoco somos tan guapos como para sanar a nadie solo con un vistazo.- Finalmente, Marco termino por tener que chasquear la lengua.

-Thatch, hablas demasiado.- Se limito a decir por el momento, continuando su camino directo hacia el destino planeado en cuestion.

-Y tu demasiado poco. Por eso no ligas.- Contesto el cuarto comandante con toda su gracia, tratando de controlar su propio nerviosismo y preocupacion. -Ademas, yo deberia ser el molesto, no tu. ¡Que diablos!- Exclamo de repente, alzando las manos al cielo durante un instante con cataclismo e indignacion. -Estoy molesto. Me has arrastrado hasta aqui con una barata apelacion a la compasion y los sentimientos, sabiendo que soy un amigo adorable y que terminaria cediendo a tus artimañas de gran señor ¡Jah!- Definitivamente, Thatch estaba molesto y se sentia frustrado, pero Marco sabia que el porque de ello no era lo que le andaba contando. -Y cuando acepto como un imbecil, llego y me encuentro con que Ace no esta por ninguna parte.-

-A Ace solo Padre ha sido capaz de moverlo de alli para que comiera algo.- Dijo Marco lo mas sereno y calmado que pudo, conteniendo el mismo su propio nerviosismo a su manera y saliendo prontamente en defensa del segundo comandante. -Necesita un descanso.-

-Me parece estupendo, Marco.- Contesto Thatch sin intenciones de darle una tregua, acelerando el paso en cuanto comprobo que Marco hacia exactamente lo mismo. -Pero a mi el unico que me importa de toda esta milonga es Ace.- El cuarto comandante confeso, poniendose serio por primera vez en mucho tiempo. Estaba siendo sincero, ahora si. Marco pudo notarlo. -Mira... sinceramente. Esa niña es muy graciosa, simpatica, bonita y todo cuanto quieras. Me agrada, de verdad que si... pero, realmente, me la trae al pairo. Ademas, ¿Cuanto tiempo lleva en la enfermeria? Solo desde ayer por la tarde. No es tan grave.- Thatch chasqueo la lengua, dando su opinion mas sincera y realista, fiel a su filosofia de vida.

-Lleva enferma mas tiempo. Yo he estado conviviendo con ella aqui, en el barco.- Dijo Marco rapidamente, interrumpiendo un momento el monologo interminable del cuarto comandante.

-Bah, como sea... Lo que quiero decirte es que, si esa niña me importa algo, es por que le importa a Ace ¿Lo comprendes?- Thatch bufo un tanto con frustracion, observando como andaban cada vez mas cerca de la puerta que daba a la enfermeria. -No entiendo que pintamos nosotros dos solos junto a su cama. De verdad, no lo entiendo.-

-Es sencillo y tu mismo te has dado la respuesta.- Marco respondio con toda su correccion y tranquilidad, como siempre, notando facilmente el cuarto comandante como parecia mas sensible y estirado de lo habitual. -Dices que Ace te importa, y el estado de Ifára esta estrechamente ligado a su bienestar. Te interese o no la salud de la muchacha, sabes perfectamente que eso influira enormemente sobre su persona.- Marco y sus palabras concisas e imposibles de debatir.

-Bueno... si, pero... - Inseguro, Thatch trato de discutirlo por puro orgullo, siendo rapidamente interrumpido por un Marco que, finalmente llegado a su destino, se detenia justo frente a la puerta buscada.

-Pues ya esta, entonces. El asunto se ha terminado y discutirlo seria ridiculo.- Dijo el primer comandante con su aura autoritaria y de lider por naturaleza, causando que Thatch no pudiera hacer mucho mas que producir una expresion molesta. A regañadientes todavia, el cuarto comandante se coloco junto a su compañero, observando cansinamente como este llevaba una mano hasta el pomo para abrir la puerta. Rapidamente, el olor a medicinas y estancia medica los inundo sin remedio, internandose ambos comandantes en la enfermeria pequeña sin esperar permiso de ningun tipo.

-Buenas tardes.- Dijo Marco tan formal y correcto como era siempre, regalando sobre el doctor levemente sorprendido una expresion de disculpa por interrumpir. Por su parte, Thatch se dedico a curiosear con la mirada, encontrandose rapidamente con la cama ocupada y cercana. -Lamento la interrupcion, pero queriamos ver como se encuentra Ifára.- Ignorando la conversacion formal que iba a producirse, el cuarto comandante atraveso la estancia pequeña, caminando hasta el colchon con total curiosidad.

La imagen de una Ifára blanca como la cera, sudando frio y deshecha por la fiebre lo hizo tragar saliva hasta a él, recordando como hacia apenas un mes estaba tan bonita y graciosa como la mas simpatica de las ninfas. Presa del delirio a la vez que los sedantes, la chiquilla solto un quejidito casi inaudible, removiendose boca arriba un tanto sobre la cama mientras que, por su expresion, debia andar teniendo un sueño dificil o bien demasiado vivido.

-¿Como se encuentra quien?- Le cuestiono aquel medico al recien llegado Marco con confusion, causando que este ultimo no pudiera evitar elevar las cejas un tanto sorprendido.

-Ifára.- Pero por la expresion del doctor, aquel nombre no le decia nada en absoluto. Era doloroso ver como la gran mayoria de las personas se dedican a ignorar a los demas y ver solo para si mismos, se dijo Marco con frustracion. -La niña, la muchachita de Ace.- Se resigno finalmente el primer comandante a decir, indicando con una mano rapida la cama ocupada junto a la que Thatch andaba curioseando.

-¡Ah! Si, si.- Exclamo el medico con un asentimiento adivinador, cruzandose de brazos descansadamente para darles a entender que, ahora mismo, si era buen momento para las visitas. -Ahi la teneis, en la cama.- Estando haciendo un paron para evitar forzarse demasiado a si mismo, que ademas poco tenia mas que hacer por el momento, el doctor acomodo la espalda sobre la mesa cercana, observando como Marco asentia veloz para dirigirse directo hacia la niña tumbada.

Posicionandose junto a Thatch, el primer comandante se inclino un tanto sobre la cama, observando a la muchacha febril que, entre alucinaciones que iban y venian, imagenes que aparecian y se desvanecian y lloriqueos bajos, se revolvia ligeramente bajo las sabanas revueltas.

Ante semejante imagen, Marco no pudo hacer mas que tragar saliva al igual que su compañero, notando que su pecho se oprimia con dolor. Ifára era una buena chica, una personita decente de las pocas que quedan ademas de alguien importante.

Para Marco, la gran mayoria de la gente era importante.

La vio sufriente y enferma, muy enferma, pensando con dolor y desgracia que solo era una chiquilla y no tenia que estar padeciendo semejante mal, que ya habia sufrido bastante en una vida tan joven. Luego penso en Ace y en como debia sentirse, llegando a la conclusion de que si hasta él se notaba afligido por la situacion, Ace deberia andar muriendose de dolor por mas que fingiera ser fuerte e inquebrantable.

No era justo, en absoluto.

Preso de sus pensamientos y reflexiones propias, el primer comandante no pudo evitar llevar una mano tranquila hasta la mejilla ardiendo de la chiquilla. La habia cogido cariño y le agradaba como persona.

En cuanto las yemas de sus dedos se toparon con la piel temblorosa de sudor frio, la niña produjo un quejidito algo mas fuerte que los anteriores, revolviendose otra vez sobre la cama para abrir los ojos medianamente. Rapido, Marco retiro su mano con miedo de haber hecho algo que no debia o bien andar tomandose demasiadas confianzas, analizando despues con calma que la mirada bicolor de Ifára se encontraba demasiado perdida y vidriosa como para estar molesta. O consciente.

-¿Papa?- Cuestiono Ifára presa de algun delirio o mundo que solo existia ahora mismo en su cabeza, temblando por el frio de la fiebre a la vez que su voz sonaba quebrada y cansada en exceso.

Marco elevo las cejas con sorpresa por semejante nombre, ignorando como Thatch a su lado tenia que contener una carcajadita.

-... no... - Se limito el primer comandante a contestar sin mucho sentido, observando que la pobre Ifára no parecia enterarse de lo que ocurria a su alrededor. Durante un par de segundos, los ojos bicolores y semi abiertos de la niña continuaron clavados sobre su persona, ausentes pero extrañamente esperanzados. Finalmente, la chiquilla volvio a lloriquear con dolor, cerrando los parpados para revolverse sobre el colchon, palida y febril.

-Papa... salvame... - Dijo perdida en sus mundos mentales de recuerdos e imagenes mezcladas, soltando un sollocito de niña desolada que le arranco el corazon de cuajo.

Con un parpadeo largo y pensante, Marco dio la revision por terminada, girandose sobre sus propios pies para mirar al doctor aun acomodado sobre la mesa de estudio.

-¿Que le ocurre?- Cuestiono el primer comandante con tono serio y cordial, causando que el doctor correspondiera sus ojos rapidamente.

-No lo se.- Contesto sincero el medico amargo, negando con la cabeza disgustadamente para despues soltar un suspirito. -Necesita un hospital donde le hagan las pruebas necesarias. Con lo poco que tengo aqui, no puedo saberlo.- Como respuesta, Marco se limito a asentir.

-Y ¿Como va?- Volvio a preguntar, deseando sonsacarle al otro toda la informacio posible.

-Pues... - Pero el medico debio razonar que habia abierto la boca demasiao pronto, dedicando sobre el mueble mas cercano una miradita contrariada. - ... peor. Ayer vino enferma; hoy esta muy enferma.- Dijo finalmente el medico del barco con uno de sus supiritos, mirando nuevamente al primer comandante. La expresion preocupada y confusa de este ultimo causo que el doctor se encogiera de hombros, descubriendo que Marco precisaba de mayor informacion. -Delira por la fiebre... y los vomitos la estan agotando.- Nego con la cabeza entre resignado y disgustado, chasqueando despues la lengua con suavidad.

-¿Vomitos?- Cuestiono Marco tan serio y tranquilo como siempre, nervioso y preocupado por dentro en realidad, decidiendo que aceptaria la verdad fuera esta como fuera.

-Si... es raro.- Confeso el doctor con algo de desconcierto, notandose por su expresion y facciones cansadas que habia andado toda la noche y parte de la mañana luchando por conocer los motivos de semejante enfermedad. -Es raro, pero vomita todo cuanto he intentado darle... Ha llegado a vomitar hasta un vaso de agua. Vomita incluso cuando no tiene nada en el estomago.- Dijo el medico serio y pensativo, retirandose sus gafas redondas para frotarlas sobre la bata vieja y blanca. Una vez termino la tarea, se encontro con la expresion atenta de Marco que, aunque tranquila, si parecia ligeramente confusa. Por su parte, Thatch rebusco con la mirada junto a la cama de la niña, no pudiendo evitar que se le escapara una expresion de pequeño asco cuando sus ojos calleron en la palangana metalica de uso evidente. -Eso es raro. Que vomite solidos es mas comun y de esperar... pero liquidos... - El doctor chasqueo la lengua de nuevo, cruzandose de brazos pensante y reflexivo. -Si sigue asi, habra que alimentarla por via intravenosa... Al principio, pense que podria ser algun tipo de infeccion virica... - En cuanto dijo palabras semejantes, rapidamente el cuarto comandante dio un respingo, alejandose de la niña tumbada como si de repente esta hubiera empezado a arder. -Pero no, no es nada contagioso ni ningun virus.- Finalizo el doctor, dedicando sobre el curioso y silencioso ahora Thatch una miradita de regaño. -Ayer por la noche, me dije que tenia que ser una infeccion de tipo digestivo... y por eso la fiebre.- El medico volvio a dedicar toda su atencion sobre Marco, viendo como este asentia de vez en cuando y se notaba realmente interesado en cada palabra. -Sin embargo, es raro, porque tampoco es eso... es como si todo su sistema digestivo hubiera enfermado de repente... - Estando confuso incluso el propio doctor, este se llevo una mano al menton mal afeitado para mesarselo pensativamente. - ... pero no es una infeccion... parece algo autoinmune... o quiza algun tipo de bacteria... - Dijo, enmudeciendo de pronto durante un par de segundos para perderse en sus cavilaciones complicadas. Finalmente, dando las investigaciones mentales y sin pruebas por perdidas, el doctor suspiro como era su costumbre. -No lo se. Con los pocos medios que tengo aqui, no puedo ni hacerle un analisis de sangre como Dios manda. Necesita un hospital.- Marco abrio la boca, dispuesto a preguntar algo, notandosele totalmente perdido y traumado bajo su mascara serena. Sin embargo, no pudo decir palabra, siendo Thatch quien lo interrumpio velozmente.

-Y no puedes... no se... - Dijo el cuarto comandante, encogiendose de hombros mientras dedicaba sobre la niña enferma una miradita fugaz. -¿No puedes abrirla para ver que le pasa o algo asi?- Como respuesta primera, la mirada mas escandalizada que el serio Marco pudiera mostrar fue clavada sobre su persona.

-Soy un doctor, no un carnicero.- Exclamo el medico del barco entre dientes, notandose ofendido por que alguien fuera capaz de proponerle semejante cosa. -Si la abro sin razon, tal y como esta seguramente me la cargue. No es un bolso ¿Sabes? Las autopsias solo valen con los muertos.- Thatch, viendo que no entendia nada de medicina ni podia ayudar mucho, simplemente se encogio de hombros, girandose sobre sus pies para regresar a su tarea de curioso.

-Pero ¿Es tan grave?- Temeroso, Marco trago saliva de manera imperceptible, sabiendo de antemano cual seria mas o menos la respuesta.

-Tiene una temperatura tan alta que sufre de alucinaciones, tiene que estar sedada la mayor parte del tiempo por los dolores y, a veces, vomita hasta sangre.- Las palabras duras y concisas, sin anestesia, del doctor causaron sobre el primer comandante un pequeño shock, limitandose a permanecer estatico y silencioso. -Vomitar sangre significa hemorragia interna... y lo peor es que ni siquiera se el porque.- Como medico, semejante caso era desesperante. Como persona y ser cercano, era una desgracia.

Aun mudo, el primer comandante se mantuvo en su posicion, observando atento al doctor que, una vez pronunciadas aquellas ultimas palabras, termino por volver a suspirar y acomodarse de nuevo sobre la mesa.

Con temor, Marco abrio la boca para despues cerrarla abruptamente, no atreviendose asi y de primeras a hacer la pregunta que andaba carcomiendolo desde que entro a la enfermeria y la vio alli, tirada en la cama con aspecto semejante.

Finalmente, respiro hondo para prepararse, sabiendo que era de vital necesidad el conocer la respuesta de aquella cuestion.

-¿Se va a morir?- Alguien tenia que decirlo y Marco lo sabia, decidiendo ser él quien cargara sobre sus hombros fuertes semejante responsabilidad.

Frustrado a la vez que derrotado, el amargo doctor chasqueo la lengua, llevandose una mano cayosa hasta la sien para masajearla cansado.

-Si el mar la quiere, no... Pero si, en cambio, la quiere el cielo... - Marco asintio resignado. Conocia el significado de semejante respuesta extraña. El doctor ya habia hecho todo cuanto estaba en su mano de momento, no teniendo los medios necesarios en el navio ni el tiempo suficiente como para descubrir nada. Era una cuestion de azar, por mas que doliera. Estaban dejando la vida de una pobre niña al azar, y lo peor de todo es que no quedaba mas remedio, que no podian hacer otra cosa. Si el mar queria a Ifára, la llevaria veloz y todavia viva hasta el hospital mas cercano. Sin embargo, si por el contrario la preferia el cielo, se la llevaria pronto.

-Joder... - Se limito Thatch a decir con un susurrito entre dientes, llevandose las manos grandes hasta los bolsillos con perdicion. Él tambien lo habia entendido.

Sombrio pero firme, tan firme y solido como solo Marco podia ser, este permanecio en silencio desde su sitio, reflexionando perdido un tanto mas la situacion. Por desgracia, no encontro resolucion posible por ninguna parte.

-Gracias.- Finalmente, asintio formal, dispuesto a largarse de aquella sala y colocar mejor sus pensamientos. Habia sido una noticia demasiado dura y repentina.

-Hago mi trabajo.- Respondio el medico, relajandose un tanto decaido sobre la mesa en la que andaba apoyado. El primer comandante no pronuncio palabra mas, girandose eficaz hacia la puerta con evidentes intenciones de salir de la enfermeria. Sin embargo, un movimiento de la mano del medico le hizo detenerse en seco. -Antes de que se me olvide... No le digais nada a Ace... - La expresion de Marco se torno confusa y meditabunda, debatiente, provocando que el doctor rapidamente se explicara algo mas. -Lo que tiene que saber, ya se lo he dicho yo esta mañana... pero no necesita tanta... tanta informacion.- Esto ultimo, Marco tambien lo entendia.

-Entiendo. Sera como digas.- Asintio correcto el primer comandante, comenzando a andar nuevamente hacia la puerta una vez comprobo que la charla desagradable habia terminado. Sorprendido en medio de su curiosidad y reflexion propia, Thatch dio un leve respingo, observando como su amigo y compañero parecia dispuesto a largarse. Sin esperar un segundo mas, que lo ultimo que queria era quedarse alli en soledad, el cuarto comandante rapidamente lo alcanzo, despidiendose del doctor con un cabeceo simpatico.

Sin embargo, por desgracia hasta Thatch sabia que la cosa no andaba para bromas de ninguna clase.

(Cambio de escena)

Ifára llevaba 24 horas enferma.

24 horas de fiebre, vomitos, malestar doloroso, sudores frios, delirios, temblores, analgesicos y estremecimientos.

Ace llevaba 24 horas en vilo.

24 horas de preocupacion total, terror, sufrimiento interno, nervios, incredulidad, esperanzas por la mas minima nimiedad, rezos sin sentido y, a veces, incluso resignacion.

Sabiendo que, definitivamente, esta noche tampoco podria dormir, el segundo comandante se limito a permanecer en silencio, recientemente echado por el doctor de la enfermeria a la que era tan asiduo. En otro momento y circunstancia, Ace habria razonado facilmente que su presencia constante era una molestia y un entorpecimiento del trabajo medico ademas de innecesaria. Es decir, en otro momento y circunstancia, Ace habria optado por esperar paciente y saber que, visitara o no a la persona enferma en cuestion, su estado no cambiaria estuviera él presente o no.

Sin embargo, eso seria en otro momento y circunstancia, que por mas que Ace tratara de razonarlo y comportarse debidamente, no podia evitar el querer pasarse las 24 horas del dia pendiente y pegado a la pobre Ifára.

Ifára.

Ifára estaba muy enferma. Aun no lo habia asumido del todo.

Como le habian echado por tercera vez en aquellas 24 horas terribles y demasiado largas, Ace se limito a permanecer en silencio, acomodandose sentado sobre el suelo de madera frente a la puerta de la enfermeria, apoyando la espalda en la pared. No podria dormir ni estar atento a nada mas, ya lo habia intentado antes, decidiendo finalmente el esperar paciente a que, de nuevo, el doctor permitiera su presencia en la habitacion junto a la cama de la muchacha. Sabia, ademas, que no le dejarian pasar hasta dentro de bastante tiempo, pero Ace no podia moverse de alli ni dedicarse a otras tareas. Padre ya lo habia intentado y él se lo agradecia de corazon, de verdad lo hacia. Sin embargo, esto no significaba que Ace fuera capaz de abandonarla de ninguna manera, ya fuera fisicamente o bien en forma de pensamiento. De ninguna manera. Era imposible.

En su cabeza solo habia imagenes de Ifára. Imagenes de como estaba antes de aquellas 24 horas y como se encontraba ahora.

Imagenes de Ifára y de total culpabilidad, pensando Ace sin poder evitarlo como serian las cosas ahora si él, tan estupido y tozudo, hubiera optado por quedarse en el barco tranquilamente en lugar de largarse mas de un mes junto a Thatch y los suyos.

Seguramente, las cosas serian bien distintas e Ifára andaria ahora a las mil maravillas. Puede que incluso andara con él en una isla tranquila donde hubieran comprado una casita algo ruinosa, pero bonita.

Pensamientos incontrolables como este le hicieron producir un quejidito de dolor sin poder evitarlo, llevandose Ace una mano hacia el rostro con pesadez para arrastrarla a traves de la cara.

Luego, Ace se decia que Ifára estaba enferma y esto no podia ser culpa de nadie, asintiendo para si mismo por pura supervivencia emocional mientras se recordaba que solo seria asi durante dos semanas.

Dos semanas sufriendo, la pobre, es cierto, pero una vez llegaran a aquella isla urbana que el medico le habia mencionado, todo se solucionaria en poco tiempo. Ifára necesitaba un hospital y este llegaria pronto. Solo tenian que ser fuertes durante dos semanas.

Y sin embargo, Ace se sentia a la vez inseguro.

Ifára parecia ahora tan fragil, tan debil, tan facil de romperse... Dos semanas...

Sacudio la cabeza, queriendo disipar velozmente semejantes pensamientos que ni siquiera en su cabeza e imaginacion podia asimilar.

Solo tenian que ser fuertes dos semanas.

Un murmullo repentino de pies cercanos le hizo dar un respingo, sorprendido notablemente por que hubiera una presencia a su lado y él ni se hubiera dado cuenta. Con mirada curiosa y expresion cansada, Ace elevo la cabeza un tanto desde su posicion, topandose con la imagen conocida del primer comandante en pie junto a su persona.

El joven pirata le sonrio de manera cerrada, forzada y falsa, regresando rapidamente su atencion vaga hacia la puerta frente a él, aun tirado sobre el suelo y apoyado en la pared.

Debia tener un aspecto realmente patetico, se dijo Ace, sobre todo en cuanto noto que Marco, silencioso y estirado como siempre, se acomodaba a su lado en posicion similar.

Sentados ambos frente a la puerta de la enfermeria, permanecieron en un silencio extraño y mudo, complice, mientras miraban perdidamente a la habitacion cerrada en cuestion.

-¿Como esta?- Cuestiono Marco bajo y calmado, no apartando los ojos oscuros de la puerta vigilada. Sabia como estaba, pero preferia hacer como si nunca hubiera pisado la enfermeria. Ace lo necesitaba y Marco ya habia decidido cargar con aquella responsabilidad sobre los hombros.

-Bueno... - El joven Ace lo penso un tanto, con los ojos clavados en el mismo lugar que el otro mientras su expresion agotada pero nerviosa se tornaba en una derrotada. -Enferma.- Dijo como conclusion final, conteniendo un bufido de protesta e injusticia para continuar en la misma posicion que al principio.

-Ah... - Exclamo Marco como unica afirmacion, asintiendo un par de veces perdidas. -¿Y lo esta mucho?- Tambien sabia la respuesta, seguramente mas incluso que el propio Ace, decidiendo Marco igualmente el continuar haciendo las cosas a su manera.

Ace permanecio en un silencio tenso durante varios segundos, pareciendo que necesitaba reflexionar enormemente la respuesta. No era lo mismo pensar y guardarlo todo bajo llave en uno mismo, que directamente contarlo y hacerlo real.

-Esta sufriendo.- Contesto Ace finalmente, teniendo que tragar saliva con fuerza mientras mantenia los ojos clavados sobre la puerta cerrada. -Pero solo seran dos semanas... - Rapido, el segundo comandante se aventuro a continuar hablando, sabiendose atentamente escuchado por Marco a pesar de que este tampoco le estaba mirando a él. -Solo dos semanas y podremos llevarla a un hospital.- Dijo Ace realmente convencido y serio sobre esto ultimo, viendo de reojo como el primer comandante asentia. -Entonces, todo se habra solucionado.- El propio Ace realizo tambien un movimiento afirmativo con la cabeza, pareciendo que estaba hablandose mas a si mismo que al compañero junto a él. -Se pondra bien.-

-Seguro.- Respondio Marco velozmente y pareciendo de lo mas sincero. Sin embargo, la respuesta se le hizo a Ace demasiado robotica y facil como para ser real, evadiendose de estos pensamientos cuando se dijo que andaba siendo paranoico. -¿Que es lo que te ha dicho el doctor?-

-Que esta muy grave y no sabe como terminara todo esto.- Dijo el segundo comandante sin mas ni ningun tipo de anestesia, no pudiendo evitar el fruncir el ceño un tanto con molestia. -Pero yo se que sobrevivira. Siempre lo hace. Ifára es fuerte y ha pasado por cosas peores... ademas que, en cada desgracia, la fortuna siempre se pone de su parte.- Ace volvio a asentir mas para si mismo que para el otro, notandosele totalmente seguro de cada palabra que decia y cada vez mas recompuesto de su dolor. -Ifára siempre sobrevive.-

-Vaya, eso es sorprendente.- Se limito Marco a contestar, sabiendo rapido que Ace necesitaba hablar un poco mas. Nunca se lo diria, pero se conocian demasiado bien.

-Si que lo es... arrasaron su pueblo y su casa, y ella sobrevivio... la han secuestrado dos veces y tambien sobrevivio... salio viva de un choque en un barco estando escondida en el rincon mas bajo del navio... - Ante este recuerdo, a pesar de la imagen de aquel almacen humano lleno de muertos, Ace no pudo evitar sonreir un poquito para si mismo, nostalgico con la escena de su encontronazo no esperado. Quien iba a decirle a él que alcanzaria semejante tesoro en dia como aquel y de manera como esa. -Incluso salio intacta del secuestro de Blackbone... O casi intacta.- Dijo rapidamente en cuanto recordo que algunos golpes si se habia llevado la pobre niña, soltando el segundo comandante un pequeño suspirito aliviado. -La suerte la aprecia. Eso es algo innegable.-

-Parece que si, cierto.- Pero a pesar de sus palabras, Marco se pregunto si acaso Ifára no seria mas bien como un amuleto. Los amuletos no tienen suerte, solo se la regalan a quienes los tengan mas cerca.

-Sabes yo... - Ace respiro hondo, acomodando mejor la espalda sobre la pared de madera para, incomodo por la conversacion que andaban manteniendo, elevar un tanto la cabeza y mirar directo al techo. - ... al principio, no la entendia... No la entendia en absoluto.- Confeso el segundo comandante, consiguiendo que su amigo y compañero lo escuchara atentamente. -Pero ahora si... y a ti tambien.- Con sorpresa, Marco elevo las cejas un tanto, no pudiendo evitar una sonrisita divertida y pequeña.

-¿A mi?- Cuestiono curioso y con algo de gracia, viendo como la expresion del otro tambien se mostraba amable y calmada.

-Si, a ti tambien... las cosas son diferentes ahora.- Ace se encogio de hombros, regresando nuevamente su mirada oscura sobre la puerta cerrada de la enfermeria.

-No, las cosas no son diferentes. Tu eres diferente ahora.- Marco, siempre tan didactico y sabio. -Has cambiado.-

-Lo se... - Claro que Ace lo sabia. Al fin y al cabo, el unico que habia tenido que lidiar con dichos cambios confusos y con nuevas formas de pensar no habia sido otro mas que él mismo. -Pero no me disgusta... aunque me asusta volverme debil.- Ace se estaba confesando, Marco lo noto prontamente. Solo él podia conseguir algo como esto de manera tan sencilla.

-Yo creo que ha sido un buen cambio, Ace.- Contesto Marco sereno pero convencido, sonando tan aliviante y seguro como siempre. -Sentir empatia no es una debilidad, si no una virtud. Entender los pensamientos y emociones de los demas o, al menos, intentarlo, te hara mas fuerte y poderoso que ninguno... ya lo veras.- Y es que no habia mas que ver a Marco que, bajo aquel velo de seriedad total y frialdad absoluta, escondia en realidad un alma bondadosa siempre pendiente de cuantos le rodeaban. -En este mundo, los monstruos no existen por naturaleza y solo llevan una mascara. Si la vida los castiga demasiado o bien no aprenden a tiempo, simplemente se cubriran el rostro con esa mascara. Si, en cambio, la vida aunque dura de por si les muestra algunas cosas interesantes, se la retiraran rapido o bien no la necesitaran nunca.-

-Tienes mucha fe en la humanidad, Marco.- Contesto Ace con una sonrisita incluso divertida, adivinando facilmente la forma de pensar del primer comandante. Antes no la entendia en absoluto, pero ahora si. Ahora la entendia demasiado.

-Quiza... - Dijo Marco, encogiendose de hombros con toda su resignacion. - ... pero la experiencia me ha enseñado que, hasta el mas temible de los monstruos, puede ser el hombre mas amable y piadoso del planeta frente a sus hijos... Eso solo me indica que todo el mundo tiene esperanza y puede ser una gran persona. Solo necesita aprender.- Marco hablo con toda su correccion y tono moderado, sabiendo sin embargo el segundo comandante que, de una forma u otra, él tambien se estaba confesando.

-¿Todo el mundo?- Cuestiono Ace con curiosidad, mirando ambos atentamente la puerta cerrada a pesar de que andaban pendientes de las palabras del otro.

-Bueno... siempre hay excepciones, por desgracia, pero no creo que sea la regla general... mira a los nobles, por ejemplo. Su desagradable y cruel forma de pensar es fruto de una educacion y cultura erronea... - Marco suspiro derrotado, cruzandose de brazos pensativamente. -Coge a un niño recien nacido de la nobleza y crialo en este barco... Veras como sale una persona completamente distinta. Hay excepciones en todos los casos, tanto en los buenos como en los malos... pero creo que los motivos para tener esperanza son mas fuertes que los que nos hacen perderla.- Conclusivo, el primer comandante asintio convencido de su propias palabras, dejando al joven Ace sumido en un pequeño silencio pensante.

Ifára creia en exactamente lo mismo.

Y él... él comenzaba a cambiar su forma de ver el mundo.

Quiza Ace tambien necesitaba quitarse la mascara.

-Marco... - Dijo el joven comandante de pronto tras un breve mutismo, causando que el otro le mirara un segundo fugazmente.

-¿Mmh?- Pronuncio como unica cuestion, regresando Marco su mirada a la puerta cerrada de la enfermeria.

-¿Alguna vez te has enamorado?- Era una pregunta extraña y Ace lo sabia, sobre todo teniendo en cuenta que, como amigos, deberian haberse confesado y comentado cosas como aquella en mas de una ocasion. Sin embargo, ahora que Ace lo pensaba, Marco nunca solia hablar de si mismo mas alla de una breve mencion que funcionara en el momento clave, pero que no dijera demasiado. Como esperaba desde un principio al hacer semejante pregunta, el primer comandante le observo con sorpresa repentina, parpadeando un par de veces asombrado mientras trataba de recapacitar.

-Bueno... - Estaba incomodo aunque luchara por que se notara lo contrario, cogiendo aire a traves de la nariz para expulsarlo despacio y sonoramente. -Si, una vez me enamore.- Confeso finalmente, afianzando su posicion comoda y tirada sobre el suelo de madera.

-Vaya... - Levemente sorprendido pero de una forma agradable, Ace asintio reflexivo, llegando a la conclusion de que se le hacia de lo mas extraño el imaginar al imapasible Marco prendado de ninguna muchacha. -¿Y fue hace mucho?- Ya que habian empezado la conversacion, mas valia continuarla y descubrir mas cosas interesantes.

-Paso antes de que tu llegaras al Moby Dick... - Dijo el primer comandante, diciendose que por hablar un poco mas tras haber confesado tampoco causaria ningun mal. Al fin y al cabo, aunque no le gustara hablar de si mismo, sus amigos tampoco le preguntaban demasiado, siempre respetuosos para con su forma de ser. -Yo tendria unos... no se, quiza 18 o 19 años.- Marco se encogio de hombros, siendo ahora atentamente escuchado por un Ace de lo mas curioso que, preso de tanto padecimiento, necesitaba evadirse y charlar durante un rato pacifico.

-¡Oh! ¿Y quien era?- Ace se mostro curioso y divertido, totalmente sorprendido de que el otro decidiera contarlo sin miramientos ni silencios de ninguna clase.

-Era de otra tripulacion... una pirata. Creo que incluso era mayor que yo.- Preso de los recuerdos borrosos que tan pocas veces habia confesado, el primer comandante tuvo que llevarse una mano al menton para mesarselo pensativo, buscando en su memoria las imagenes y escenas pertinentes. -Se llamaba Estela y era... bueno, era una mujer curiosa.-

-Una mujer curiosa... - Repitio el joven comandante con gracia, esperando atento algo mas de informacion.

-Si... era bastante... - Pero no parecia encontrar un adjetivo que calificara perfectamente a aquella curiosa Estela del pasado, teniendo que suspirar con derrotismo finalmente. -Gritaba sin parar y como un autentico hombreton, adoraba la gresca y las peleas y dudo mucho que hubiera leido un libro en toda su vida... Recuerdo que llevaba el cabello corto como un chico y la ropa descuidada.- Ante semejante descripcion para nada esperanzadora, Ace no pudo evitar el soltar una carcajada. Confuso, Marco detuvo su charla, dedicando sobre el risueño muchacho una miradita de desconcierto.

-Es solo que... - Tuvo que relajarse y calmar su respiracion un poco, soltando un suspirito divertido antes de continuar. -¡Vaya! No te pega en absoluto.- Comprendiendo un poco a que se referia, Marco se encogio de hombros con resignacion.

-No lo se... Pero a mi me encantaba. Estaba loco por esa mujer.- Ace pagaria cualquier cosa por poder dar marcha atras en el tiempo y contemplar, al menos, un par de segundos de semejante historia de amor.

-¿Que paso?- Cuestiono el segundo comandante con diversion, atento y pendiente total a cada palabra de su compañero.

-¿Tu que crees que paso? Nada.- Y por primera vez en mucho tiempo, Ace vio a Marco sonreir con gracia que, aunque moderada, si parecio sincera y de verdad, diciendose a si mismo que debia andar realmente comodo como para confesar cosas como aquella sin mas. -Ella era demasiado ella, demasiado pasional y fiera... y yo me pase toda nuestra convivencia en silencio y vigilandola de reojo, pero sin dirigirle la palabra a no ser que fuera estrictamente necesario... Las pocas veces que hablamos, ademas, fui tan soso y frio como siempre. Encima, me trataba como un sirviente y creo que ni siquiera llegue a caerle bien... pero yo estaba loco por ella.- Resignado a su mala suerte y falta de iniciativa sentimental, Marco se encogio de hombros, causando que Ace tuviera que aguantarse una carcajada aun mayor.

-Es una historia divertida. Siempre crei que terminarias siendo sacerdote o algo similar.- Dijo Ace con toda su gracia, notando como la expresion del otro se tornaba un tanto ofendida.

-Me gustan las mujeres, pero no preciso de ir gritandolo por todas partes o jugueteando con cuanto se me cruce.- Una vez dicha su defensa, Marco se acomodo sobre la pared chulescamente, mostrando una expresion seria y altiva. -No necesito afianzar mi masculinidad. Me siento lo suficientemente seguro en cuanto a ella como para no ir alimentandola.-

-¡Auch!- Ace hizo una especie de quejido de dolor acompañado de la expresion fingida de turno, llegando incluso a dedicar sobre el otro una miradilla de reproche. -Eso ha sido un golpe bajo.-

-Te lo has buscado solo.- Se limito Marco a decir como respuesta, adivinando Ace que el primer comandante siempre seria un rival demasiado duro como para humillarlo de ninguna manera.

El joven Ace no pudo hacer otra cosa mas que reir y estar de acuerdo.

Sin embargo, esta situacion agradable no duro mucho mas tiempo, abriendose de repente la puerta frente a ellos y desapareciendo el embrujo protamente. La expresion de Ace se torno de nuevo seria y preocupada, sus facciones tan cansadas y faltas de sueño como al principio, completamente atento ahora al doctor agotado que salia de su sala de trabajo.

Marco tuvo que contener un suspirito derrotado.

-Oh... - Sorprendido un tanto de verlos alli a ambos, sentados y pareciendo que esperaban algo justo frente a la puerta, el doctor no pudo evitar una exclamacion pequeña, dedicando sobre el tenso Ace una miradita de resignacion. -Iba a comer algo y tomarme un pequeño descanso.- Confeso el medico amargo, adivinando facilmente lo que el segundo comandante andaba haciendo alli. -Puedes pasar, si quieres.- Pero era evidente que si queria, levantandose el joven Ace como un resorte de su sitio para dirigirse directo hacia la enfermeria, ahora despejada y de puerta abierta.

Sin esperar un segundo mas, Marco observo todavia sentado sobre el suelo como el otro desaparecia dentro de la estancia medica, cerrando la puerta silenciosamente tras su espalda y regresando a su mundo actual de mente en vilo y esperanzas rebuscadas, pero necesarias.

Marco y el doctor se dedicaron una mirada similar, preocupados ambos por la misma cuestion peligrosa, pero cada uno a su manera.

Finalmente y a la vez, no pudieron hacer mas que suspirar.

(Cambio de escena)

A las 24 horas fatidicas le siguieron otras 5, luego otras 12, seguidamente un par de horas mas...

Pasaron 5 dias e Ifára continuaba enferma.

5 dias desde que se desmayo en medio de la cocina, temblorosa y febril, aterradoramente debil, justo frente a las narices de un Ace incredulo que no podia asimilar la veracidad de la escena.

Ifára continuaba enferma y, cada segundo, cada hora y dia en el cual la pobre niña seguia en estado grave semejante y sin poder moverse de la cama, a Ace se le hacia una autentica tortura. Sin embargo, Ace sabia que tenia que ser fuerte y soportar porque, como ya se habia dicho mil veces, ella lo necesitaba. No importa. No pasa nada.

Ella solo tendria que soportar el dolor, los temblores, las alucinaciones por la fiebre, el frio, el sudor gelido y los vomitos sanguinolentos durante un par de dias y una semana. Solo un par de dias y una semana y todo se solucionaria, todo saldria bien y todo volveria a ser tan agradable y perfecto como al principio. Eso era lo que Ace se repetia constantemente para afianzarse y poder ser fuerte, porque no importa, no pasa nada. Él no importaba ahora. A él no le pasaba nada.

Sin embargo, pasaron esos 5 dias en la enfermeria e Ifára no mejoraba aunque Ace no quisiera verlo ni pensarlo si quiera. Preferia apresar fuerte la esperanza de que tan solo tuvieran que soportar durante un par de dias y una semana. Agarrarla fuerte, muy fuerte, tan fuerte que sus dedos sangraran y sus brazos acabaran inservibles por el sobreesfuerzo, pero no soltarla pasara lo que pasara.

Pero Ifára no mejoraba. Es mas, parecia que empeoraba a cada segundo.

Tras los gritos de dolor y retorcimientos violentos, las palabras sin sentido, a voces a veces, y la respiracion sonora, para Ifára llego el agotamiento. Dejo de gritar para pasar, simplemente, a producir lloriqueos bajos y quejiditos de animalito herido. Los retorcimientos violentos desaparecieron y fueron simples estremecimientos, porque su cuerpo parecia no poder aguantar ningun movimiento notable. Las palabras sin sentido continuaron a menudo, pero ahora eran susurros temerosos que se desvanecian en el aire de la misma manera que sus delirios. Y, finalmente, la respiracion sonora se volvio simplemente entrecortada, agotada y dificultosa, pero en lugar de ruidosa era ahora casi imperceptible. La fiebre continuo tan alta y tortuosa como al principio al igual que los temblores y los vomitos porque la niña y su cuerpo enfermo no podian controlarlos, pareciendo sin embargo que cada minimo movimiento le dolia insoportablemente. Ace no se separo de ella en todo lo posible, causando una discusion acalorada cada vez que el doctor le ordenaba marcharse a descansar o bien le obligaba a apartarse del camino y dejar de molestar. Al final, el joven Ace terminaba cediendo porque andaba aterrado para con el estado de la muchacha y él, lo ultimo que queria, era convertirse en un impedimento para su recuperacion, largandose de la enfermeria dispuesto a volver un par de horas mas tarde. Estos momentos eran los peores, que estar lejos de ella solo lo dejaba mas en vilo y le oprimia el pecho con una angustia dolorosa que casi le arrancaba el corazon. Ace se limitaba a esperar cuando era echado de la enfermeria, teniendo siempre que ser sus propios compañeros quienes se acercaran a él con claras intenciones de animarlo o hacerle olvidar un rato en lugar de al contrario. A veces, se limitaba simplemente a salir de la sala y sentarse frente a la puerta hasta que el doctor permitiera su presencia de nuevo y, entonces, Ace entraba otra vez y regresaba a los temblores, al miedo, a las alucinaciones y la fiebre. Regresaba de nuevo a tener que contener cada minima flaqueza en su interior para parecer calmado y tranquilo, quitarle hierro al asunto y decirla que pronto llegarian a un hospital y todo saldria bien. Regresaba a ello porque no importa. Porque no pasa nada.

Ifára tenia sus momentos, igualmente. Aunque la gran mayoria del tiempo estaba sedada y semiinconsciente, o bien simplemente dormida y presa de un sueño desagradable y dificultoso, tambien gozaba de escasos minutos de lucidez. Estos momentos eran aun mas dificiles, al menos para Ace, porque ella, aunque no hablaba mucho, parecia mas consciente de su estado y situacion que el mismo segundo comandante. Ifára entonces se limitaba a sonreir contenta pero agotada, sumamente cansada y fragil, optando mejor por escucharle hablar sobre nada que abrir ella la boca demasiado, que se le iba la vida con cada respiracion innecesaria.

Por desgracia, estos eran los momentos mas escasos y cortos y, generalmente, Ifára estaba sedada o delirando. O las dos cosas juntas, lo que hacia de su razon una mera sombra de lo que fue en realidad. Es mas, toda Ifára parecia ahora la mera sombra de lo que fue anteriormente, habiendose convertido en una niña medio muerta que apenas si podia respirar correctamente, mucho menos levantarse de la cama sin que sus piernas fallaran y se estampara contra el suelo. En apenas 5 dias, su cara bonita andaba perlada por el sudor insalubre, los ojos preciosos y bicolores, vidriosos y rodeados por ojeras profundas y, su piel morena y graciosa, estaba blanca como la cera.

Ifára ya no era la misma Ifára durante la mayor parte del tiempo, porque su cabeza abandonaba el mundo real y se marchaba a volar por los suyos propios y mentales. Por los recuerdos de una vida demasiado traumatica y dolorosa, ocupada ahora su cabeza por aquellas cosas de las que no quiso hablar antes con la intencion de olvidarlas fuera como fuera. Por desgracia, todo acaba explotando tarde o temprano y de una manera u otra, escapando cada sufrimiento no confesado y cada situacion narrada por encima y sin importancia en forma de vivencia delirante, alucinaciones y palabras sin mucho sentido. Como Ace andaba todo el tiempo que le dejaran pegadito a su cama, se entero de muchas cosas atando cabos y uniendo sus propios recuerdos, que ella se habia atrevido a confesarle bastantes cosas de su vida pasada y sus sufrimientos a pesar de que no ahondaba nunca demasiado en el tema. Cuando deliraba y susurraba cosas sin mucha conexion, a veces hablaba con sus padres al aire como si tuviera nuevamente diez años, otras conversaba sus propios pensamientos sufrientes durante algun momento horrible o bien, simplemente, lloraba. Le hablo de gatos, de barcos pesqueros, de juegos en la playa, de quemaduras, de cruces y victimas, del juramento que hicieron hace tiempo, aquel que llevaron a cabo tras su secuestro, y de un niño que tenia hambre. Este era el tema predominante y la figura de la que mas solia susurrar, en realidad, atando Ace cabos rapidamente y llegando a la conclusion de que debia tratarse de su hermanito, familiar querido del que Ifára nunca jamas habia hablado antes mas alla de unas meras palabras que no contaban nada. Sin embargo, a veces lo confundia con Lysander y lo llamaba de tal manera y, otras, lo mencionaba como Malik, asi que Ace no sabia demasiado bien a quien se referia de los dos exactamente.

Ace se dijo que Malik debia haber sido el nombre de aquel hermanito pequeño que murio de hambre, sin duda. Ifára nunca se lo habia dicho antes.

En semejante situacion estaba el joven Ace, recientemente echado de la enfermeria a la tarde del quinto dia, viendo anochecer en cubierta mientras varios de sus muchachos trataban de arrancarle alguna carcajada o bien hacerle olvidar un rato. Ace se lo agradecia de todo corazon, pero no andaba la situacion como para charlas animadas ni fiestas nocturnas, limitandose a fingir escuchar para continuar tan perdido en si mismo como al principio. Le estaban contando chistes o alguna historia divertida, alguna anecdota desternillante mas por la narracion en si que por la tematica, haciendo Ace como que atendia a la vez que el resto de sus muchachos se carcajeaban a gusto. No les culpaba. A fin de cuentas, ellos no estaban sufriendo en realidad tragedia ninguna. Con las historias y palabreria pirata de sus compañeros alrededor, acogidos bajo el cielo amarillento cada vez mas oscuro, Ace hizo un asentimiento con sonrisa falsa mientras recordaba como, recientemente expulsado de la enfermeria y habiendo recorrido apenas dos pasos, se habia topado de lleno con Joan-Marie.

La pobre mujerona parecia que lo habia estado buscando aunque no lo admitio por puro orgullo acostumbrado, titubeando al principio palabras formales y amables que no llevaban a ninguna parte. Ace espero porque sabia perfectamente que habia venido a hacer alli, saliendo finalmente la pregunta que tanto parecia andarse guardando la mujer soberana de las cocinas. Finalmente, con las lagrimas en los ojos a punto de caer y los labios temblorosos, luchando por que no se notara demasiado su malestar y angustia sin conseguirlo, Joan-Marie le cuestiono por el estado de Ifára. Ace no la mintio demasiado, se dijo, pero si suavizo la situacion enormemente al saberse él mismo como mas sensible y considerado que nunca para con los seres queridos de Ifára, diciendole que la cosa no estaba tan terrible como andaba en realidad. Iba a aconsejarle que fuera a visitarla pero rapido se lo guardo, diciendose a si mismo que, si la pobre ya estaba a punto del llanto nervioso, seguramente ya la hubiera visitado en secreto y sin que casi nadie supiera nada. Conocedora casi total y muy posiblemente del estado real de la niña, Joan-Marie asintio con un fingido y leve alivio, dedicandole una miradita incluso agradecida por su consideracion y mentira benigna. Ambos sabian la verdad pero prefirieron hacer como si nada, despidiendose con las palabras agradables de turno para largarse cada uno a lo suyo. Se conocian demasiado bien.

Un golpe sobre el barril que hacia de mesa lo sobresalto un tanto y saco de sus pensamientos, topandose con una carcajada general y con que semejante arrebato ruidoso no habia sido mas que parte de alguna nueva historia divertida de su compañeros.

Conteniendo un suspiro, Ace volvio a mostrar su sonrisa falsa casi tan agotado como la misma Ifára, diciendose que era la primera vez en su vida en la que era incapaz de dormir por mucho que lo intentara. A las carcajadas se le unieron los gritos risueños y golpes de machitos sin mucho significado, preguntandose el segundo comandante si ya habria pasado el tiempo suficiente como para poder regresar al lado de la niña o bien tendria que esperar hasta mañana. La segunda opcion seria una noticia terrible. Pasar noches en vela en tension total y contando cada segundo que pasaba hasta el amanecer, no era precisamente sano ni agradable.

Fue justo en aquel preciso instante que andaba mas atento cuando un ruidito a su espalda lo sorprendio. Una voz suave que contrastaba con las roncas y raidas de sus compañeros le dijo algo que no pudo oir por tanto ruido festivo, optando el segundo comandante por girarse para reconocer la identidad de la persona recien llegada.

-S-señor... - Dijo la esclava Dadou justo a su espalda, retorciendose las manos nerviosamente mientras se miraba los pies con incomodidad y temor. Ace no pudo evitar el elevar las cejas con sorpresa un segundo, preguntandose cuando habia tenido ningun tipo de relacion con Dadou mas alla de lo que Ifára le contaba. Las carcajadas y palabreria estrambotica se ahogo rapidamente, atentos y curiosos cada uno de los presentes a la joven y delgada esclava que habia aparecido de repente en busca del segundo comandante.

-¿Si?- Cuestiono Ace con leve desconcierto, consiguiendo que la muchacha flaca diera un nuevo respingo. Durante un instante, la joven Du elevo la mirada para clavarla sobre los ojos del otro, mostrandole unas pupilas llorosas y nerviosas, angustiadas, como de dolor profundo, aunque Ace no supo como identificarlas exactamente. Sin embargo, tan a prisa como le habia mirado, rapidamente la joven esclava parecio entre escandalizada y sorprendida tanto por su atrevimiento como por el aspecto ojeroso del otro, bajando la cabeza velozmente. -¿Si?- Volvio a repetir Ace al ver que ella parecia haber perdido la voz de repente, afianzando cada letra pero no sonando amenazante ni molesto. Parecia asustada e incomoda y, se hablasen o no, Ifára la apreciaba y si lo hacia debia ser por algo. Dadou no parecia una mala muchacha y, ciertamente, verla asi le hacia sentir malvado.

-Ah... yo... - Dijo ella con un titubeo suave y tembloroso, teniendo que carraspear y retorcerse las manos de nuevo para recomponerse y continuar. -Es solo que... - Su voz se perdio y se hizo cada vez mas baja, pareciendo que la pobre se ponia aun mas nerviosa por andar haciendole esperar y ademas delante de un monton de tipos duros. Cerrando los ojos llorosos un momento, Dadou respiro hondo, dispuesta a continuar. -Q-queria saber... como esta e-ella... yo... - Los demas no entendieron nada y se les noto demasiado, pero Ace si capto facilmente la esencia del mensaje, asintiendo un par de veces pensantes mientras la muchacha frente a él se dedicaba a mirarse los pies nerviosamente.

-Bueno... - Dijo el joven Ace con un suspiro, no pudiendo evitar el sentirse levemente enternecido por aquella amistad que, aunque rota, parecia que continuaba en forma de sentimiento y aprecio. -Esta enferma.- Se limito el segundo comandante a decir, chasqueando la lengua con disgusto propio tras sus palabras. Dadou le miro fugazmente de nuevo, terminando por asentir un par de veces convencidas pero insatisfechas. -Mira, ¿Por que no vas a verla?- Y la joven esclava dio una especie de respingo nervioso e incomodo. -Le hara ilusion.- Reconocio Ace, sabiendo perfectamente que, si la pillaban lucida, una visita de Dadou haria de lo mas feliz a la enfema Ifára.

-Yo... - Titubeo Dadou de nuevo, tan timida y recatada como solo era en presencia de personas libres. La joven esclava trago saliva, pareciendo que buscaba recomponerse y llevar a cabo un enzarzado debate interno. Finalmente, asintio con la cabeza una vez temblorosa, pero firme, dedicando sobre los ojos de Ace otra nueva mirada fugaz. -Si... l-lo hare, si... lo hare, señor... - Parecia que queria decir algo mas y no se atrevia, temblandole la mandibula fina y angulosa un tanto a pesar de que trataba de controlarlo. Dadou abrio la boca, pero no dijo nada, cerrandola nuevamente para que se le escapara una lagrimita angustiada y rebelde. Definitivamente, queria decir algo mas, asi que Ace espero paciente a que la muchacha pusiera en orden sus emociones extrañas y se atreviera a hablar. Y, finalmente, Dadou volvio a abrir la boca. -P-pero yo... - Sin embargo y por desgracia, no pudo susurrar nada mas.

La puerta que daba con el interior del navio se abrio de par en par con un ruido sordo, causando que todos los presentes retiraran velozmente su atencion para posar una mirada sorprendida sobre el lugar en cuestion. Y a Ace casi le da un infarto.

Observando al recien llegado en que, jadeando un tanto por la carrera y las prisas se limitaba todavia a quedarse donde estaba, el joven Ace se levanto abruptamente de su asiento, tirando durante el proceso el taburete viejo al suelo sin que le importara lo mas minimo. Sus ojos oscuros se abrieron, su expresion se torno en una extremadamente preocupada y nerviosa, admirando desde su posicion en pie y estatica al doctor de la tripulacion. Recien llegado a cubierta, el medico mencionado trato de normalizar su respiracion, dejandole ver sin pretenderlo que, sobre la manga derecha de la bata, en lugar de blanco solo habia un rojo intenso. Rojo intenso. El rojo de la sangre. Era sangre manchando la manga derecha de su bata de doctor.

-Ace.- Dijo sin gritar, pero lo suficientemente alto como para ser oido por el otro, causando que el joven comandante abriera la boca temblorosamente para preguntar.

Pero no fue necesario, porque la mirada del medico se lo dijo todo.

Como una centella, Ace ignoro las miradas preocupadas y resignadas de sus compañeros y la estupefacta y llorosa de Dadou, lanzandose a la carrera nerviosa para atravesar la cubierta en menos de un parpadeo. Llego hasta el doctor y lo esquivo sin importarle ahora lo mas minimo, cruzando la puerta tan veloz como frenetico para ser seguido rapidamente por este ultimo. Su corazon parecia que iba a reventar, le dolia respirar y la garganta se habia transformado en brasas y lija, ignorando semejantes padecimientos para tan solo limitarse a correr. Correr a traves del navio lo mas rapido que pudiera, correr cruzando camarotes, pasillos y esquivando compañeros estupefactos. Correr hasta dar con la enfermeria.

No viendo nada ni escuchando nada que no tuviera que ver con su destino y los pasos mas torpes y lentos del doctor tras él, Ace casi se callo de bruces en su carrera frenetica e histerica, recomponiendose rapidamente del traspies para continuar corriendo. La puerta de la enfermeria estaba abierta y Ace, en cuanto la vio, acelero el ritmo si es que era posible, perdiendo su sombrero por el camino pero no importandole en absoluto. Ahora no habia nada mas.

Basicamente, se lanzo hacia el interior de la sala medica, teniendo que detenerse jadeante y en seco en medio de la habitacion en cuanto se topo con semejante escena.

La cama ocupada por la niña parecia sacada del peor escenario de lo grotesco, analizando estupefacto las sabanas manchadas de sangre cercanas al rostro asi como parte de la almohada. Estuvo a punto de gritar, pero la mirada de Ifára que, aunque debil y vidriosa, se clavo sobre sus pupilas le hizo enmudecer. Con dificultad y respiracion demasiado entrecortada y quejumbrosa, Ifára le sonrio como siempre hacia y como solo ella podia saber hacer, dejandole ver tambien que parte de su cara andaba con sangre seca. Ifára habia vomitado sangre. Una cantidad escandalizadora y enorme de sangre. Solo sangre, nada mas.

Finalmente, los pies de Ace se movieron solos, atravesando la estancia para llegar hasta ella lo mas rapido que pudiera. Practicamente se dejo caer junto a la cama, antes tan blanca, arrodillandose a su lado mientras no podia despegar la mirada de la suya. Sus ojos bicolores le dieron un mensaje claro al igual que su sonrisa, pero Ace no quiso notarlo ni descifrarlo. Era imposible para él. Imposible.

-Ella... ella queria... - La voz del doctor se hizo hueco en la estancia a su esspalda pero a Ace no le importo, observando atento cada respiracion fuerte y entrecortada de la chiquilla, cada temblor violento y agotado. Cada quejido ahogado de dolor. -Queria verte y me dijo que te llamara.-

Ace no pudo hacer mas que acoger su mano pequeña entre las suyas porque parecia que ella lo habia intentado en un sobreesfuerzo, apresandola con cuidado extremo y cariño total. Trato de sonreirla, incluso, pero aunque lo logro no debio salir demasiado bien, notando facilmente que su piel antes morena estaba ardiendo demasiado y presa de aquel sudor frio y espeluznante.

-¿E-estas triste?- Su voz era rota, debil, fragil y mas suave que nunca, retorciendose la niña un tanto sobre la cama ensangrentada cuando un nuevo pinchazo de dolor que no pudo aguantar demasiado la estremecio. Sin embargo y a pesar de su estado, Ace supo que estaba consciente y lucida. Que no estaba sedada, tambien. Esto ultimo era muy extraño. Demasiado extraño. Era imposible.

-No ¿Por que iba a estarlo?- Mintio Ace con su sonrisa debil, notando con dolor como ella ahogaba constantemente quejidos y parecia estar buscando controlar los temblores violentos.

-Pero... pero si... - La pobre Ifára tuvo que callar entre medias para no desfallecer por la falta de oxigeno, volviendo a sonreirle de aquella manera cuando el dolor desaparecio por unos segundos. - ... si que lo estas... - Él abrio la boca con claras intenciones de replicar algo divertido, callando rapidamente en cuanto comprobo que la niña pretendia interrumpirlo. -Ace... e-eres... eres un... un mentiroso horrible.- Algo parecido a una risita trato de salir de sus labios secos, deteniendo rapidamente el intento cuando una nueva punzada de dolor se hizo demasiado intensa. Ifára callo de golpe y cerro los ojos con fuerza, tratando de que su cuerpo le permitiera encogerse sobre si misma un momento y apretando las manos de Ace. Estaba debil. Demasiado debil. Era imposible.

Ace no pudo hacer mas que tragar saliva con dificultad, acercandose a la cama un poco mas y recomponiendose todo cuanto pudiera. No importa. No pasa nada.

Finalmente, Ifára volvio a relajarse un poco, abriendo sus ojos bicolores de nuevo para sonreir otra vez.

-Y... y sin em-embargo... te... te empeñas en me-mentir... - Dijo ella incluso divertida, produciendo quejiditos ahogados cada segundo.

-Bueno... soy tozudo, ya lo sabes.- Contesto Ace tratando de sonar gracioso a pesar de la situacion y la absoluta falta de ganas, guardandose para si mismo aquel panico que comenzaba a transformarse en incredulidad.

-S-si... lo... lo se... - Ella ensancho su sonrisa malamente, guardando aliento para poder pronunciar mas palabras. -¿Sabes?... N-nunca te... te lo he dicho... te lo he dicho... antes... p-pero te quiero... - Y semejante confesion hizo que el corazon de Ace se estremeciera dolorosamente y no pudiera continuar con su fachada, mordiendose el labio inferior con fuerza en cuanto noto que sus ojos comenzaban a nublarse y a picar. No, ahora no. Ahora no podia llorar. Tenia que ser fuerte. Por ella, por ella. Ace consiguio recomponerse un tanto, escuchandola respirar tan dolorosamente y viendola debil y perdida, como si la mitad de su ser se hubiera largado a otro mundo. -Te quiero... n-nunca te lo he dicho antes... te quiero... no se porque no te lo he dicho antes... - Ifára tuvo que callar abruptamente, estremeciendose nuevamente y temblando con violencia por el dolor.

-Sshh... ya basta. Te estas agotando. No hables, deberias descansar.- Le dijo Ace con toda su preocupacion total y malestar, dandole un apretoncito cariñoso a su mano temblorosa y ardiente.

-¡No!- Exclamo Ifára tan alto como le permitiera el dolor y su voz quebrada, buscando recomponerse de la ultima punzada insoportable con los ojos cerrados con fuerza. -Quiero... - Dijo, deshaciendose finalmente sobre el colchon nuevamente temblando y estremecida. -Necesito... hablar contigo.-

-¿Por que? Hablas conmigo todos los dias. Espera a... - Pero no pudo continuar, callando rapidamente en cuanto comprobo que ella volvia a tratar de hablar.

-P-porque... no... no podre... hacerlo nunca mas.- Ahi estaba la verdad. Lo que le decian sus ojos y su sonrisa, su cuerpo marchito y la sangre sobre el medico y las sabanas. Pero era imposible.

-No digas eso, canija.- Dijo Ace con una sonrisa, tozudo en su posicion por mera supervivencia propia y emocional. Por esperanza ya vana y sin sentido. -Te vas a poner bien. Dentro de poco daremos con un hospital y te pondras bien.-

-Ace... n-no... no voy a llegar al hospital.- Ifára conocia su destino y no parecia importarle demasiado. Y, aunque habia comenzado a llorar, este llanto fue silencioso y resignado, vagamente sonriente, pareciendo mas preocupada y dolida por el estado de él que por el suyo propio. Ifára iba a morir como siempre habia vivido: pendiente de los demas. -Escucha... - Pero, esta vez, Ace si tuvo que interrumpir su intento.

-No, canija, no.- Empezaba a creerselo, pero a la vez era imposible y no podia hacerlo porque dolia demasiado, porque era impensable e inasimilable, negando el segundo comandante con la cabeza un par de veces suaves. -Te vas a poner bien, pequeña. Solo eres una niña.- Ace sonrio malamente, y sus ojos se nublaron aun mas y el nudo de su garganta se volvio mas apretado, teniendo que hacer un esfuerzo epico para no echarse a llorar como un niño. -Solo eres una niña... tienes que ponerte bien. No seria justo y tu eres una superviviente.- Dijo el segundo comandante, engañandose a si mismo con la esperanza vana de la suerte supuesta de la muchacha.

-Ace... - Pero Ifára no debia estar de acuerdo, tratando incluso de incorporarse levemente sobre el colchon sin conseguirlo en absoluto. - ... me voy a morir.- Le dijo con una sonrisa cargada de lagrimas silenciosas, buscando la pobre que él asimilara la situacion en lugar de preocuparse por si misma. Como siempre. Moriria como vivio.

-No.- Trago saliva y volvio a negar con la cabeza, no pudiendo evitar llevarse su mano pequeña y apretadita entre las suyas mas cerca del rostro. -Tu no te vas a morir.- Y solo la mencion de aquello le quebro la voz y causo que, nuevamente, tuviera que contener el llanto sin conseguir demasiado, dando una profunda bocanada de aire para, al menos, no sollozar como un chiquillo. -Tu no te puedes morir, Ifára. Solo tienes que aguantar un poco mas... No puedes... - Pero tuvo que callar rapidamente, observando impotente y tenso, muriendose por dentro, como ella volvia a ser presa del dolor y se tensaba en un quejido malamente silenciado. -Dios... esto no puede estar pasando... - Se susurro a si mismo, dedicando una miradita al techo en busca de las divinidades desaparecidas. Nunca fue religioso, pero, por favor, estaba dispuesto a convertirse en todo un devoto tan solo por unos dias mas. Solo unos dias. -Por favor... no puede estar pasando... - Pero nadie le contesto.

-E-escuchame... - Su voz susurrante y quebrada, mas rota a cada segundo que pasaba, mas dificultosa y con menos aliento, volvio a suplicar toda su atencion, olvidando Ace velozmente al cielo para mirarla fijamente, al borde del llanto y todavia demasiado incredulo. -M-me muero... p-pero... pero... me gustaria... - De nuevo, Ifára tuvo que callarse por la falta de oxigeno.

-No vas a morir, canija... no... solo eres una niña... te recuperaras y... y seras una gran maestra ¿Eh?- Le dijo el destrozado segundo comandante con una sonrisa temblorosa e insegura, acercandose al colchon un tanto mas. -Se que vas a serlo... - Ella sonreia pero por pura ternura, no por convencimiento, causando que Ace tuviera que soltar su mano para acariciar, sin poder evitarlo, su mejilla ardiente y perlada de sudor frio. -No puedes morir, por favor... - Ace paso de la incredulidad y la tozudez a la desesperacion, suplicandole a la niña con mirada vidriosa mientras acogia su rostro tembloroso entre las manos grandes. -Tu... tu y yo... vas a vivir conmigo... no puedes morirte... - Ifára nego con la cabeza suave y debilmente, causando que Ace no pudiera evitar afianzar el agarre delicado sobre su rostro enfermo. -Tendremos todos los hijos que quieras pero, por favor... no me hagas esto.- Ace ya no tenia ninguna coherencia reflexiva ni racional, rogando sin sentido a la pobre Ifára como si semejante decision, como si el vivir o morir, se encontrara en sus manos. Ya le habia suplicado a las divinidades y no le habian escuchado. Ahora mismo, Ace suplicaria a cualquiera cosa. -Tenemos una casa... ¿No quieres verla?- Ifára sonrio con mas ganas, con mas ilusion, pero nunca convencida. Ella sabia cual seria su destino en muy poco tiempo.

-Quemame... - Dijo de pronto la chiquilla temblorosa, ahogando sus quejidos y su dolor, sus temblores, su cuerpo cada vez mas debil y sin energia. Sin vida suficiente para continuar un dia mas. -Quemame y... y lleva... lleva mis cenizas alli... - Aquella idea parecio gustarla muchisimo, clavando su mirada bicolor y soñadora, pero sin ninguna esperanza ya, sobre la oscura del segundo comandante. -P-pero quiero que... quiero que me quemes tu... -

-No vas a morir.- Repitio Ace, diciendoselo mas a si mismo que a ella, negando tozudo con la cabeza un par de veces nerviosas.

-Ace... quemame... y... mis cenizas... lleva mis cenizas alli... - Él abrio la boca con claras intenciones de repetir lo anterior, causando que Ifára hiciera el mayor esfuerzo de toda su existencia para adelantarsele. -P-por favor, Ace... p-prometeme que... que lo haras... quiero... quiero que... q-que lo hagas, por favor... ¿Lo haras?- Ahora, Ace no pudo seguir actuando ni engañandose.

-Si.- Basicamente lo lloro, sorbiendo por la nariz mientras notaba que, ahora si, iba a comenzar el llanto. Sabia que ella se preocuparia, asi que Ace lo contuvo todo lo posible, teniendo que mirarse los pies durante un segundo para recomponerse malamente. Malamente porque apenas logro nada una vez volvio a elevar la cabeza y se topo con su imagen, su imagen viva. Su ultimo aliento de vida. -Lo siento. Me acoste con Circe.- Le dijo de repente, porque Ace ya no razonaba en absoluto y solo funcionaba por puras emociones, sabiendo que no era justo dejarla morir sin confesar primero. -Perdoname. Tenias razon... lo hice... p-pero fue un error estupido... soy estupido, perdoname... - Suplico, incluso.

-¿Ah, si?... l-lo imaginaba... - Ifára, extrañamente, en lugar de desprecio o molestia solo mostro su sonrisa, causando que Ace no pudiera evitar el mirarla con doloroso y total asombro. -E-el dia... el dia que... que lo hiciste... cuando... c-cuando llegaste y te... te abrace... olias como ella... - Asi que, ella ya lo sabia.

-Perdoname.- Volvio a rogar el joven Ace, deshaciendose en llanto nervioso por dentro mientras luchaba fieramente porque no se notara por fuera. Era demasiado buena para ser real, por eso se iba.

-D-despues de... de eso... te dije que... que seria una nueva etapa... asi que... ya no importa.- Ella trato de encogerse de hombros sin conseguirlo, encontrandose demasiado debil y temblorosa como para hacer ningun movimiento. -N-no... no lo hiciste en... en esa... e-esa nueva etapa ¿Verdad?- Y por primera vez, la mirada de Ifára se torno asustada por la respuesta.

-No, nunca mas.- A la velocidad de un rayo Ace nego con la cabeza fervientemente, queriendo dejarle claro a la niña enferma y fragil que semejante desliz no volvio a cometerse. -Fui un estupido. Perdoname.-

-B-bien... - Satisfecha y tranquila con la respuesta, Ifára produjo algo parecido a un asentimiento, conteniendo otro quejido de dolor mucho mas debil que los anteriores. Eso, ahora mismo, no era una buena señal. -T-trata... trata bien a los... a los esclavos... - Obediente, Ace asintio como el niño lloroso en el que se estaba convirtiendo ahora, decidiendo que cumpliria cada una de sus voluntades. - ... y... y se bueno... se bueno con... con la gente... re-recuerda que... que... que me lo... me lo juraste c-como haciamos... mi hermanito y... y yo.- Su voz suave y bonita, cantarina, apenas si era ya un susurro dificultoso, buscando la niña que el segundo comandante la escuchara atentamente y lograndolo con la mayor eficacia del mundo.

-No puede estar pasando... - Volvio Ace a susurrar preso de su desesperacion, teniendo que llevarse las manos al rostro para cubrirselo durante unos segundos y negar con la cabeza fuertemente tras sus dedos.

-Eres... eres una buena... una buena persona.- Dijo Ifára con su sonrisa, estremeciendose en su dolor cada vez mas debil y soportable otra vez. Ace se descubrio la cara de nuevo para tener que morderse el labio y quebrarse por dentro.

-Dios... - Lloriqueo, incapaz de asimilar lo que sabia que ocurriria en demasiado poco tiempo y de forma inminente. Entonces, un murmullito de roce le llego a los oidos, dando un respingo nervioso para mirar veloz al lugar del sonido. Ifára, con la mirada mas perdida y opaca que nunca, con los temblores mas suaves y la respiracion mas imperceptible, parecia que trataba de llevar una mano hasta él.

Velozmente, el joven Ace la acogio entre la suya, llevandola él mismo hacia su propio rostro para facilitarle el trabajo y el esfuerzo, notandola ya incapaz de levantar el propio peso de su brazo.

Sus dedos delgados y finos atrevesaron vaga y debilmente la piel de sus mejillas, paseando las yemas precariamente a traves de los pomulos y la piel bajo sus ojos.

Ella sonrio, perdida, ida. A punto de desaparecer y desvanecerse como el angel que era en realidad.

-S-siempre... - Su voz era tan debil que apenas si podia escucharla, su mirada cada vez mas apagada. Tan solo quedaba un brillito de la grandeza enorme y maravillosa que caracterizo a sus preciosos ojos bicolores. A su ojo azul aguamarina que le recordaba al color del mar, y su ojo verde intenso como signo de la esperanza. -Siempre me gustaron... las pecas.- E Ifára se deshizo sobre el colchon.

El brillito desaparecio. Su respiracion dejo de existir porque el corazon ya no la latia y los pulmones no funcionaban. Su mirada se quedo perdida, muerta, vacia, contemplando a la nada con la boca entreabierta y muda para siempre.

El peso de su brazo y mano ahora inerte recallo sobre los dedos de Ace.

Al quinto dia, Ifára habia muerto.

(Fin del capitulo)

Poco que decir. Lamento la espera, pero he estado enferma de nuevo (Si, soy delicada).

Siento este capitulo triste, pero era necesario para la historia que no acaba aqui, por cierto.

Me ha costado una barbaridad escribirlo. Adoraba al personaje de Ifára y narrar su muerte ha sido terrible a pesar de que lo tenia pensado desde el principio, pero ella me gustaba aunque yo misma la haya creado. Era dulce.

Un beso sabor melocoton y no me odieis:

Maddy