Habiendo sido urgentemente llamado a primera hora de la mañana, Thatch continuo su camino a traves del Moby Dick.
Con paso seguro y veloz, sintiendo una urgencia y preocupacion que no mostraria jamas en otra circunstancia, el cuarto comandante siguio al doctor que con tanta desesperacion resignada habia ido en busca de ayuda, topandose para su suerte con el mismisimo Thatch. Dicha la noticia en cuestion, el comandante de la cuarta division no pudo hacer mas que perder la sonrisa y transformar su rostro en uno serio y preocupado, lanzandose a la caminata rapida en cuanto el medico comenzo a andar mientras le explicaba veloz y por encima la situacion. Se limito a asentir a cada palabra sin darle demasiada importancia porque a Thatch pocas cosas le importaban demasiado, centrandose tan solo en aquella preocupacion que si ocupaba su mente ahora mismo. Con paso ligero, a zancadas incluso, ambos hombres atravesaron el navio que comenzaba a volverse concurrido a cada minuto transcurrido, esquivando e ignorando expresiones desconcertadas o bien confusas. La noticia se extenderia veloz como la polvora dentro de poco tiempo, Thatch lo sabia bien, ignorando olimpicamente cada palabra o pregunta al aire que trataran de dirigirle al igual que hizo el propio doctor.
Bajaron escaleras y atravesaron pasillos de camarotes cuyas puertas comenzaban a abrirse, dando con su imagen veloz y apurada los buenos dias a mas de un pirata somnoliento, pasando de largo frente a ellos mientras, mas que caminar, parecia que volaban. En menos de dos minutos, consiguieron llegar a su destino, topandose rapido con la puerta abierta de la enfermeria a la que Ace habia sido tan asiduo durante 5 terribles dias.
-Por aqui.- Dijo el doctor a la vez que caminaba frente al cuarto comandante, girandose un segundo con apuro para dedicar al otro una miradita indicativa. Thatch no le dio importancia y decidio morderse la lengua porque, por primera vez en mucho tiempo, sabia que la situacion no estaba para ninguna broma, notandose él mismo como demasiado malhumorado y afligido como para hacer de sus burlas algo benigno. Tampoco pretendia andar haciendo daño a la gente, aunque esto a Thatch tampoco es que le importara demasiado.
Con paso seguro el cuarto comandante basicamente adelanto al medico en un par de zancadas, haciendo uso de su altura mayor y su complexion alargada, adentrandose en la enfermeria a primera hora de la mañana.
Sin embargo, nada mas entrar, lo unico que Thatch pudo hacer fue detenerse en medio de la sala, contemplando sin saber como reaccionar la escena frente a sus ojos. Escucho al medico jadear ligeramente cansado a su espalda, haciendole recomponerse un tanto del encontronazo repentino. Finalmente, Thatch no pudo hacer mas que chasquear la lengua para si mismo, incapaz de separar la mirada de aquella imagen nunca esperada, ni siquiera en la peor de las desgracias, para limitarse a permanecer donde estaba.
-Vaya... me lo habias dicho... - Dijo el cuarto comandante con voz baja, pero mas resignada que preocupada, dedicando sobre el doctor tras él una miradita fugaz. -Pero no me lo podia creer hasta que lo viera con mis propios ojos.- Thatch suspiro, llevandose las manos hacia los bolsillos con actitud ligeramente derrotada. Definitivamente, ni siquiera para él andaba la situacion como para las bromas. Los amigos, para Thatch, eran sagrados.
-Lleva asi toda la noche... - Dijo el medico con preocupacion total, notandosele que no habia sabido que mas hacer y que, ademas, habia tratado mil y una cosas. -Al principio, lo deje estar... pero ahora... empieza a preocuparme.- Con un suspirito como era su costumbre, el doctor se encogio tensamente de hombros, viendo como el cuarto comandante asentia un par de veces pensativas.
-Entiendo.- Se limito Thatch a contestar, analizando despacio la escena que se mostraba frente a sus ojos.
Sobre aquella cama, antes tan blanca, en la que la pobre Ifára habia estado agonizando durante 5 dias ya no se encontraba ella sola. Sentado sobre el colchon de sabanas manchadas de sangre y revueltas, Ace se mantenia ovillado sobre si mismo, abrazando el cuerpo ya sin vida de la niña entre sus brazos con total desesperacion. Con el rostro escondido en su cuello blanco y sin pulso, el segundo comandante no pronuncio una palabra ni ningun sonido mas alla de su propia respiracion entrecortada, dejandoles saber claramente que debia estar llorando o bien habiendolo hecho hacia muy poco. O a punto de hacerlo de nuevo, Thatch no lo sabia demasiado bien pero tampoco aquel detalle le importaba demasiado. Ahora, lo unico importante era ver a Ace roto y completamente perdido, abrazandose al cadaver de una muchacha como si semejante cosa pudiera dar una vuelta de tuerca y devolverla a la vida. Thatch nunca imagino que pudiera llegar a ver semejante quiebra y caida de un hombre como Ace. Era muy complicado.
-¿Y dices que lleva asi toda la noche?- Cuestiono el cuarto comandante, preocupandose de verdad cuando razono la cantidad de horas que Ace debia llevar en estado semejante y en la misma posicion incluso terrorifica.
-Si... toda la noche y las pocas horas de la mañana. He intentado todo, pero a mi no me escucha.- Confeso el doctor, habiendo salido a la busqueda de algun amigo del muchacho frente a ellos como unica solucion posible.
-Ya... - Thatch, finalmente, volvio a suspirar de manera baja y mas recompuesta, comenzando a asimilar lo que habia ocurrido y cual habia sido la respuesta de Ace. Ifára habia muerto, no habia duda de ello y su cadaver andaba firmemente apresado por el otro para demostrarlo, siendo ahora mismo lo unico que le preocupaba como se habia tomado el pobre Ace la desgracia. Decidido a intentarlo al menos, el cuarto comandante cerro los ojos con disgusto un segundo, comenzando a caminar hacia la cama ocupada por un Ace que no parecia ser el mismo de ayer.
Se planto junto a él en pie y el segundo comandante no se movio, causando que el ambiente se cargara de unos segundos silenciosos y tensos, largos. A Thatch no le gustaba ni el silencio ni la tension.
-Ace, chico... - Dijo calmado y tranquilizador, viendo que como unica respuesta el aludido escondia el rostro todavia mas sobre el cuello de la niña fallecida y la apretaba mas fuerte. -Pobre muchacho... - Thatch se susurro esto mas a si mismo que a ninguno de los dos presentes, negando con la cabeza decepcionadamente una vez lenta. -Venga, Ace... no puedes estar asi mas tiempo.- Y el cuarto comandante elevo una de sus manos con claras intenciones de tocarle o bien deshacer el mismo el abrazo, logrando tan solo que el segundo comandante negara con la cabeza rapidamente.
-No... - Ace lloriqueo bajamente su negacion, sonando su voz ahogada tanto por el llanto y la angustia como por andar escondido sobre su piel blanca. Pero Thatch no se daba por vencido tan facilmente, teniendo que contener un suspirito para continuar con su labor. Con algo de inquietud e incertidumbre, que no sabia como iba a reaccionar el otro, el cuarto comandante termino de hacer lo que pretendia, posicionando su mano grande sobre el hombro hundido y agotado del otro. Por desgracia, en cuanto Ace sintio el contacto de los dedos sobre la piel lo unico que hizo fue zafarse de ellos con un movimiento brusco y una nueva negacion con la cabeza, no cambiando su posicion ni un apice a pesar de la pequeña revolucion.
A Thatch no le quedo mas remedio que retirar su mano y guardarse ambas en los bolsillos, analizando pensativo al muchacho sobre la cama. Era una imagen tan triste como aterradora, se dijo Thatch, analizando las sabanas manchadas de sangre y el cuerpo sin vida de la chiquilla. Era una lastima, realmente. Habia sido una niña preciosa.
-Dejame... no quiero, dejame... - Le susurro Ace con aquella voz ronca, agotada y llorosa, abrazandola con fuerza y apegandola contra si mismo.
Thatch no sabia que hacer porque nunca se le dio bien consolar a la gente ni ser un tipo sensible y empatico, terminando por bufar bajo y frustradamente.
Viendo que él no iba a conseguir nada, el cuarto comandante se giro sobre sus propios pies con eficacia, alejandose de la cama para atravesar la estancia en un par de zancadas directo hacia la salida.
-¿A donde vas?- Cuestiono el doctor con confusion y preocupacion, viendo urgente que nuevamente se encontraba solo ante el mismo problema.
-A buscar ayuda.- Se limito el cuarto comandante a contestar mientras caminaba, no dignandose si quiera a girarse para mirar al medico. -Yo no valgo para esto y a mi no me va a hacer caso.-
Tan rapido como habia bajado hasta la enfermeria, Thatch salio de ella, dispuesto a cumplir con su cometido y obligacion para con su amigo a su manera.
Cierto, él no valia para eso y a él no iba a hacerle caso pero, al menos, Thatch conseguiria traer a alguien a quien Ace tuviera que obecer le gustase o no.
(Cambio de escena)
Nervioso y absolutamente preocupado, el doctor se retorcio las manos un tanto, dedicando sobre el par de enfermeras que lo acompañaban una miradita de desesperacion. Ellas que, al igual que el mismo medico, habian tratado por todos los medios que Ace reaccionara y se moviera de la cama, se limitaron a encogerse de hombros.
Frustrado, el doctor bufo con nerviosismo y su habitual mal humor, girandose sobre sus propios pies para observar la puerta abierta de la enfermeria. Como era de esperar, la noticia habia volado a velocidades pasmosas, habiendose llenado en poco tiempo el pasillo y alrededores de la salida por una buena cantidad de tripulantes mirones y preocupados. Los curiosos que, no recatandose demasiado, se dedicaban desde fuera a asomarse o bien mantenerse estaticos en una buena posicion donde poder observar, se limitaron a permanecer en silencio, contemplando incredulos la siempre fuerte y firme figura de su segundo comandante. Por desgracia, aquella actitud ferrea de gran guerrero del mar parecia haberse desvanecido del todo, mostrandose ahora frente a sus ojos un hombre roto, perdido y silencioso que abrazaba un cuerpo sin vida y no habia cambiado su posicion durante horas. Era bastante traumatico, pero fascinante a la vez.
Aun mas frustrado y nervioso que antes por tanta presencia y tanto silencio, solo roto por mumullos y chasquidos de lengua, el medico volvio a bufar. Cansado y no sabiendo que mas hacer, el doctor en cuestion volvio a girarse, decidiendo que si no andaba demasiado pendiente de los presentes no invitados quiza estos no lo molestaran tanto. Miro a Ace entonces y fue peor porque, como medico, se sentia responsable de semejante situacion dramatica de una manera u otra. Al fin y al cabo, él habia sido el encargado de su salvacion. Sin embargo, acostumbrado como estaba a semejantes situaciones, rapido supo que la culpa no habia sido ni suya ni de nadie, tan solo de la mala suerte y el azar o el cielo o vete tu a saber, diciendose veloz que él habia hecho cuanto estaba en su mano con los pocos medios que tenia. Maldijo el dia en que aquella muchacha se puso enferma. Nunca nadie habia imaginado que, realmente, aquella niña silenciosa fuera tan importante para Ace.
Los murmullos junto a la enfermeria se volvieron algo mas altos y revueltos, causando que el doctor prontamente saliera de sus pensamientos y dedicara su atencion sobre la puerta abierta. Sus propios compañeros de tripulacion habian dejado, sorprendentemente, de admirar la figura del segundo comandante, dedicando ahora sus miradas hacia el pasillo con evidente expectacion e incredulidad. Unos pasos pesados y conocidos, ruidosos pero no demasiado, enormemente firmes, le hicieron saber rapido de quien era la presencia tan admirada que llegaba, dedicando sobre el joven muchacho perdido una miradita de soslayo. No sabia como iba a reaccionar, ni siquiera sabia si seria una buena idea.
Finalmente, se encogio de hombros y suspiro resignadamente, observando como gran parte de los presentes no invitados se hacian a un lado para dejar paso a la mayor figura de autoridad en todo el famoso Moby Dick.
El imponente y enorme Barba Blanca se encamino sin espera hacia la estancia abierta fielmente seguido por Thatch y algunos de sus hijos pertenecientes a la segunda division, deteniendose en seco justo en medio de la sala en cuanto analizo la escena. Al igual que habia hecho el cuarto comandante minutos antes, el capitan gigantesco no parecio poder creer facilmente lo que estaba viendo, terminando por chasquear la lengua sereno y negar con la cabeza.
Y, como era de esperar, Ace no se movio ni un apice, ajeno al mundo exterior y a todo cuanto le rodeaba que no tuviera que ver con el cuerpo sin vida que abrazaba con desesperacion.
Algo recompuesto y siempre tan firme e irrompible, Barba Blanca decidio acercarse finalmente hasta su sufriente y joven hijo.
-Ace, niño... - Pero Ace no se movio y tampoco contesto nada, ignorando por primera vez en toda su vida a aquella figura paternal y de respeto total que tanto admiraba. -Se acabo.- Dijo el capitan tan conciso como realista, observando con esperanza como el joven Ace, al menos, se limitaba a afianzar su posicion y a abrazar mas fuerte el cuerpo de aquella niña cuyo nombre nunca conseguia recordar. -Ya basta, Ace. Se acabo. Esta muerta.- Sus palabras eran duras y el padre lo sabia pero, al igual que dolerian, tambien las considero como necesarias.
-No... - Lloriqueo Ace bajo, ronco y confuso, negando con la cabeza escondido sobre el cuello sin vida de la joven fallecida. No dijo nada mas, apretandola mas fuerte contra si mismo.
-Hijo... - Barba Blanca suspiro, teniendo que cerrar los ojos un segundo con reflexion para analizar las palabras que diria. Habia lidiado con cosas peores antes y, por mucho que le desagradara semejante escena, decidio hacer las cosas a su manera. Curiosos y con expresion preocupada, tanto Thatch como aquellos de la segunda division que habian entrado se asomaron tras la espalda de Barba Blanca con claras intenciones de observar. -Hijo, llevas horas sentado sobre una cama llena de sangre y abrazado a un cadaver... - Algo atraveso la espina dorsal del segundo comandante con dolor, estremeciendose de manera casi imperceptible pero no llegando a moverse ni un poco. -Lo sabes ¿Verdad?- Pero lo unico que recibio como respuesta fue un sorbidito bajo y ronco de nariz, observando Barba Blanca que no conseguiria nada con, simplemente, tratar de hacerle razonar. -No puedo permitir que uno de mis hijos se hunda de manera semejante. Es demasiado triste.- Espeto serio y disgustado, contemplando que, nuevamente, no recibia ninguna respuesta por parte de Ace. -Ace, eres fuerte. Lamento tu perdida pero eres mas fuerte que esto, asi que levantate.- Sin embargo, lo unico que el joven comandante hizo fue ahogar algo parecido a un lamento, escondiendose mejor sobre el cuello de la muchacha para soltar un murmullito de dolor apenas audible. -Levantate.- Repitio Barba Blanca mas firme, mas alto y de manera mas autoritaria, escuchando como a sus espaldas comenzaban a aglomerarse mas curiosos y espectadores de los debidos.
-No... - Contesto Ace en un susurro tan bajo que apenas si fue oido por nadie mas que Barba Blanca, causando que este no pudiera evitar mostrar una expresion de total sorpresa. Y, tras la sorpresa, llego la fuerza de nuevo.
-Como tu capitan y figura a la que juraste lealtad, te digo que te levantes.- Ordeno ya el enorme capitan, causando un silencio nervioso y tenso general. Con expresiones preocupadas e impacientes, seguros de que a Ace no le quedaria mas remedio que obedecer y levantarse, tan fiel como le conocian para con el capitan, sus compañeros y amigos le observaron expectantes. Por su parte, el viejo pero temible Barba Blanca espero silencioso, erguido cuan gigantesco era mientras analizaba a su hijo destrozado atentamente.
Y, sin embargo, Ace no se movio.
No se movio en absoluto, ni un palmo.
Los murmullos se hicieron hueco otra vez porque, jamas de los jamases, nadie se habia atrevido antes ni tan descaradamente a ignorar ninguna peticion u orden del padre, del capitan, de la mayor figura de autoridad de los mares.
Con tension e incredulidad esperaron a ver que ocurria, temiendo cualquier tipo de reaccion tormentosa o bien, simplemente, una actitud desconocida, observando al colosal Barba Blanca con total preocupacion.
Barba Blanca, para sorpresa de todos, se limito a suspirar y relajarse, hundiendose un tanto sus hombros en el proceso con derrotismo.
-Rovlowski.- Llamo el capitan, no separando todavia la mirada de sobre aquel muchacho quebrado que, supuestamente, era su siempre energico e impulsivo segundo comandante. Rapido, el aludido dio un respingo nervioso, acercandose hasta su padre y comandante sobre la cama con pasos ligeros y eficaces.
-¿Si, Padre?- Como buen chico de los recados mas que pirata, el pobre, Rovlowski se posiciono junto a su capitan, tratando de no mirar demasiado la figura del joven Ace para no quedarse con la imagen grabada en la cabeza. Era duro observar a tu superior al mando, al hombre que admiras y obedeces, a quien eres leal, en estado semejante.
-Trae a Marco.- Dijo Barba Blanca con un suspiro derrotado, pasandole el turno al primer comandante en cuanto comprobo que, de una manera u otra, él mismo no podia ni sabia hacer mucho mas.
Con una ligera sorpresa por semejante peticion, Rovlowski se recompuso rapido, asintiendo tan leal y eficaz como era para girarse y salir de la habitacion a toda velocidad.
Ciertamente, era la ultima carta que les quedaba por jugar al respecto.
(Cambio de escena)
Con paso acelerado, siguiendo de cerca al ordenado Rovlowski, Marco se abrio paso entre los curiosos para internarse en la enfermeria.
Y como habian hecho antes todos cuantos pisaron la estancia aquella mañana, no pudo mas que detenerse en seco justo en el medio de la sala.
Asi que, era cierto.
Ifára habia muerto, no habia duda de ello y su cadaver estaba alli para confirmarlo. Ace, ademas, no se lo habia tomado precisamente bien, si no de la manera en la que Marco penso que lo haria: quebrandose, colapsando. Habia sido demasiado para él, demasiado dificil de creer y habia ocurrido demasiado rapido.
La buena de Ifára habia muerto y Marco no pudo hacer mas que morderse la lengua con dolor, pensando que era una autentica lastima y que, en realidad, le habia cogido bastante cariño. Era una buena chica y mejor persona. Un alma bondadosa y tan sumamente dulce, que a Marco se le hacia tan especial como extraña. Quiza por su caracter tan dificil de encontrar se habia marchado. Era preciosa, buena, dulce, compasiva, empatica e inteligente. Su perfeccion le habia llevado a la muerte, seguramente. El mundo no estaba preparado para mantenerla.
Conteniendo él mismo sus propios sentimientos, que sinceramente le daba una completa lastima la desaparicion de la muchacha tras cinco dias de injusta agonia, el primer comandante clavo sus ojos sobre Ace. Alli sentado, el joven muchacho era observado por demasiados ojos curiosos como si fuera un animal de feria, incluidos los de su propio capitan y varios de sus muchachos. No estaba bien y Marco se dijo que, si a él le dolia como mil demonios, Ace debia andar realmente destrozado. Quebrado, colapsado. Justo como imagino que reaccionaria.
Recomponiendose y decidiendo guardarse sus propias emociones para si mismo, como siempre, Marco recorrio lo que le quedaba de habitacion rodeado por silencio y miradas expectantes que no le agradaron en absoluto, esquivando incluso al padre y capitan porque, ahora mismo, el unico que le parecia realmente importante y digno de atencion era Ace.
Ace, pobre muchacho.
Practicamente, la reaccion le salio sola e instintiva, puramente emocional a pesar de su frialdad exterior y serenidad constante, acercandose rapidamente a la cama ensangrentada para dirigirse a aquel que, abrazado a un cuerpo muerto y desesperado, la ocupaba sin moverse e incapaz de reaccionar de otra manera.
-Ace... no pasa nada... - Le susurro calmado y conciso, pero tranquilizador, inclinandose sin dudarlo hasta su amigo sufriente que de verdad lo necesitaba. -Ya esta... venga... - Agarro sus antebrazos tensos y cansados sin apretar, esperando el momento idoneo para deshacer él mismo el abrazo desesperado. Por su parte, Ace se limito a negar con la cabeza y sollozar bajo y ahogadamente, afianzando su agarre en cuanto adivino por instinto las intenciones del primer comandante. Pero Marco no se movio. Todavia no. -No puedes seguir asi... ha muerto, nada mas. Ahora ya no sufre ni lo hara nunca mas... ya se ha acabado.-
-No... yo... ella... - Susurro Ace ahogada y roncamente, perdido, afianzando su posicion escondida y encogida sobre el colchon de sabanas revueltas y rojizas. -Ella... Mi niña, no.- El joven lloro algo mas fuerte que las veces anteriores, teniendo que apretarse mas contra el cuello de la muchacha para, preso de su dolor y desesperacion, mecerse a si mismo ligeramente como un niño asustado en medio de la oscuridad.
-Ya esta. Se ha acabado, Ace... ha muerto.- Y es que por mas que le doliera decirlo una y otra vez, Marco sabia que era necesario que el otro terminara de asimilarlo, suavizando su agarre sobre los antebrazos de Ace pero no soltandolo. -Ahora ya no le pueden hacer daño... era una buena chica... demasiado buena y por eso... por eso ha muerto... tu siempre decias que era un angel ¿Cierto?- Le cuestiono, funcionando meramente por logica a la vez que sentimiento. Era una combinacion dificil pero efectiva.
-Si... un angel... - Respondio Ace con su voz rota y quebrada, abrazandola con fuerza y desesperacion para volver a estremecerse de dolor. -Ifára... - Volvio a llorar con toda su perdicion e incredulidad, incapaz de asimilar semejante perdida en tan poco tiempo.
-Entonces, tan solo ha regresado.- Marco afianzo su agarre sobre los antebrazos del otro, notando que pronto llegaria el momento de deshacer el abrazo. Solo necesitaba un poco mas de tiempo y conversacion. -Vamos, Ace... no pasa nada... se ha terminado. Ya esta.- Ace nego con la cabeza, aun preso de su desesperacion y dolorosa confusion. -Ya no sufre, ni le duele... sueltala y dejala descansar en paz.- Y Ace volvio a ahogar un quejido de llanto.
-P-pero... pero ella... todavia esta caliente... - Susurro el joven comandante, apretandola contra si mismo con fuerza como habia hecho durante toda la noche y parte de la mañana, desde que se deshizo muerta justo frente a sus ojos.
-Eso es porque llevas horas abrazando su cuerpo, Ace.- Marco chasqueo la lengua, adivinando facil y rapido el motivo de porque aquel cuerpo ya sin vida de Ifára continuaba calido. -Aceptalo. Ha muerto y es horrible, pero es la realidad. No puedes seguir asi. Dejala descansar en paz, por favor.- Y es que, ademas de que lo pensaba de corazon, Marco sabia perfectamente a que apelar y que palabras exactas pronunciar, observando como el joven Ace parecia suavizar la tension de sus brazos asi como andar sumido en un enzarzado debate interno. El segundo comandante volvio a estremecerse, escuchandose un sorbeteo de su nariz que indicaba su llanto doloroso a pesar de ser poco ruidoso, comenzando a aflojar la fuerza con la que mantenia el cuerpo sin vida de la joven. Marco aprovecho la situacion para tironear con cuidado, sin fuerza, solo por pura indicacion, notando como a regañadientes el otro parecia ceder finalmente. Ace preciso igualmente de varios segundos perdidos para dejarse hacer, temblando un tanto con dolor y tension nerviosa, comenzando a ser él mismo quien deshacia el abrazo.
El cuerpo inerte de Ifára fue dejado finalmente sobre las sabanas ensangrentadas con cuidado extremo, quedandose alli sin vida ni ningun movimiento. Parecia dormida. Era, sin duda, una dura imagen ante la que Ace no pudo hacer mas que cerrar los ojos con fuerza.
-No... - Volvio a decir con dolor total el segundo comandante, cubriendose el rostro con sus manos desesperadamente. Como un resorte, Ace se levanto finalmente del colchon casi con miedo, dejandoles claro a todos los presentes lo desgarradora que era aquella imagen repentina para él. Se giro sobre sus pies para darle la espalda al cadaver tan triste como bonito todavia, no pudiendo evitar el encogerse sobre si mismo aun en pie para llorar bajo sus dedos.
-Ace... - Marco extendio una mano cercana y toco su hombro hundido y tenso, consiguiendo que el otro diera un respingo nervioso para, sin mas, descubrirse el rostro repentinamente y lanzarse contra él. Completamente roto y desesperado, no sabiendo demasiado bien lo que hacia e importandole ahora muy, muy poco quien estuviera presente, Ace se apreso de la chaqueta de Marco con fuerza, pegando su frente contra el pecho del otro para comenzar a llorar otra vez. -Vale... vale... - Dijo Marco, habiendo mantenido los brazos en alto durante todo aquel proceso por mera estupefaccion, terminando finalmente por dejarle hacer y palmearle la espalda un par de veces. -No importa... ya esta... ya ha terminado.-
-Ifára... - Lloro el joven Ace mientras su hundimiento era visionado en silencio por ojos completamente incredulos y dolidos, terminando por fallarle las piernas un tanto y teniendo que ser sostenido firmemente por Marco para no caerse de repente. -Mi niña... Ifára... -
-Ya ha pasado, venga... - Dijo el primer comandante con algo de esfuerzo por andar sosteniendo ahora casi todo el peso del otro, luchando por hacerle volver a ponerse en pie del todo y por sus propios medios. -Necesitas un descanso.- Y, extrañamente, Ace obedecio y parecio completamente de acuerdo, poniendose temblorosamente en pie para acallar precaria y malamente el llanto. Como buen amigo y ahora hermano mayor, protector para con los suyos y su familia de piratas, Marco rodeo los hombros del joven Ace con un brazo, empezando a caminar despacio hacia la salida de la enfermeria.
Rapido, Thatch dio un respingo, saliendo de su propio shock para alcanzarlos en un par de zancadas. Quiza a él no se le dieran demasiado bien estas cosas pero, al menos, lo acompañaria en su dolor silenciosamente.
Acogido por la proteccion emocional y ferrea de Marco asi como por la atencion y seguimiento de Thatch, Ace se permitio unos segundos de silencio, sorbiendo por la nariz para elevar la cabeza perdidamente y dejarse llevar mientras caminaban hacia la puerta. Se topo con las miradas estupefactas de demasiada gente, muchas caras y muchos ojos, demasiados, consiguiendo que tan solo se sintiera mas confuso y humillado. No sabia desde cuando habia tanta gente.
Pero Ifára...
Ace se estremecio de nuevo y bajo la cabeza, cerrando los ojos para soltar otro sollozo ronco de dolor. Nuevamente, todo cuanto le rodeaba desaparecio a excepcion del brazo amigo de Marco y los pasos de Thatch a su espalda.
-¿Por que?- Se susurro entre llanto mas a si mismo que a ninguno de los presentes, no recibiendo respuesta ninguna mientras era llevado hacia la salida. -Era una niña... no es justo... mi canija... - Sus palabras no tenian demasiada coherencia y sus acompañantes no dijeron nada, dejandole ser y hablar cuanto quisiera sin necesidad de interponerse en sus propios pensamientos dolorosos.
En cuanto pusieron los pies en el pasillo de semejante manera, rapido la gran mayoria de los presentes hicieron un hueco ancho pero asfixiante, permitiendoles el paso sin alejarse demasiado para poder seguir contemplando la escena. Contemplando como hasta el mas fuerte de los hombres y el mas duro de los corazones podia romperse.
-Venga, ya esta... - Le dijo Marco de nuevo, observando de reojo como su joven amigo andaba todavia demasiado traumatizado como para ponerse a razonar.
-Ella... - Ace lloro mas ronco y mas fuerte, bajando la cabeza con dolor y no queriendo ser observado por puro instinto. Sin embargo, pronto aquello le dio igual en cuanto un nuevo desgarro interno atraveso su alma y corazon, fallandole nuevamente las piernas. Ace se deshizo del agarre suave de Marco y se dejo caer contra la cercana pared de madera, no pudiendo evitar el sollozar desgarradoramente para golpear la superficie con desesperacion. -¡No! ¡No es justo! ¡Mierda, no es justo!- Estallo el segundo comandante de pronto, volviendo a propinar un golpe a la pared por puro desahogo y sin pensar en lo que hacia. El ruido sordo causo un respingo general, pero la violencia no duro mucho mas, sin embargo, deshaciendose Ace nuevamente para dejarse caer contra la pared. Empezo a llorar otra vez y dejo que su cuerpo perdiera la fuerza, arrastrandose a traves de la superficie bajo la atenta mirada de todos los presentes. Ace callo al suelo despacio, suavemente mientras lloraba desesperado e incapaz de asimilar todavia la desgracia, quedandose finalmente sentado y con la espalda apoyada en la pared que habia golpeado.
Semejante quiebra no estaba bien en presencia de tantos ojos curiosos. De tanto subordinado y tanto compañero, tanto hermano, reaccionando Marco veloz en cuanto recapacito que, si seguian asi, cuando el tiempo pasara Ace se sentiria demasiado humillado y expuesto.
Y, para su total sorpresa, el primero en llegar hasta el segundo comandante no fue él mismo, si no Thatch.
-Venga, muchacho.- Dijo el cuarto comandante con toda su entereza, no soltando ni una sonrisa por primera vez en mucho tiempo. Se agacho a su lado y le paso un brazo fuerte tras la espalda, comprobando que el pobre Ace ahora mismo se dejaria manejar de cualquier manera. -Arriba.- Su voz sono algo presa del esfuerzo, tironeando del joven Ace que, malamente, al menos si le presto algo de su ayuda. Thatch consiguio ponerle en pie de nuevo a pesar de la debilidad y falta de ganas del otro, suspirando cansadamente el cuarto comandante en cuanto logro su tarea. -Buen muchacho.- Le dijo en un susurrito bajo y resignado, palmeando la espalda ancha de Ace un par de veces con complicidad. Finalmente, ambos hombres comenzaron a caminar despacio a traves de los pasillos, notando Thatch con molestia como los curiosos de turno les dejaban hueco para abrise paso. Tuvo ganas de comerselos vivos, pero se contuvo rapido, decidiendo que ahora era mas importante llevar al pobre Ace a su camarote y dejarlo escondido y en soledad. Dejarlo descansar. Que lo dejasen tranquilo.
Sin mas, Thatch contuvo un suspirito, comenzando a caminar apresando a un Ace perdido en el llanto que parecia al borde del desmayo nervioso.
Y, bajo la atenta mirada de todos los presentes, que no le quitaban ojo de encima, ambos comandantes desaparecieron en la primera esquina.
Con expresion afligida y dolorosa, Marco se mordio el labio inferior, todavia observando el lugar por el que se habian marchado sus dos amigos y compañeros.
Ace, pobre muchacho.
Las voces y murmullos asi como sonidos de movimiento causaron que el primer comandante se serenera de nuevo, notando que, realmente, se encontraba molesto. Las cosas precisaban de un punto final.
Asi que, sin intenciones de dejarlos marchar sin la leccion pertinente, Marco se giro sobre sus propios pies, congelando con tan solo una mirada a cada uno de los tripulantes presentes.
-Ver la caida de un hombre no es un espectaculo.- Dijo con toda su autoridad y enfado, elevando la voz lo suficiente como para ser oido por cuanto pirata anduviera por alli. Y, sin embargo, Marco no precisaba de gritar para aterrorizar a mas de uno o bien dar autenticas lecciones. Lecciones de esas que se graban a fuego en la memoria y cambian la perspectiva frente a muchas cosas. -Es un hecho atroz, doloroso y horrible.- Algunos parecieron totalmente avergonzados, bajando la cabeza para mirarse los pies atentamente, arrepentidos de la situacion. Otros, en cambio, reaccionaron confusos o dispuestos a replicar, causando que prontamente Marco se les adelantara con furia malamente contenida. -Ha sido muy decepcionante... Dedicandoos a observar como si se tratara de una atraccion de circo en lugar de dejarlo estar o bien intentar prestar vuestra ayuda.- Dijo con mirada culpabilizadora y dolida, clavando sus ojos en cada rostro presente que pudo interceptar. Entonces, aquellos que habian pensado replicar cualquier cosa rapidamente desistieron, sintiendo la punzada de la culpa y el regaño para reaccionar igual que el resto de sus compañeros caibzbajos. -Lo que ha ocurrido en esta habitacion durante los ultimos dias es una desgracia.- Adivinador de cada pensamiento, que conocia a sus hermanos y muchachos demasiado bien, Marco se irguio sobre sus propios pies, dispuesto a dejarles claro a cada uno de ellos cual seria la leccion de vida de hoy. -Una buena persona ha muerto.- Y es que Marco podria ser muy emotivo, comprensivo y correcto pero, cuando se trataba de ser lider y segundo al mando, simplemente era aun mejor. -Y eso es una desgracia, maldita sea.- Con amenaza incluso, el primer comandante fruncio el ceño sin poder evitarlo, siempre calmado pero autoritario, señalando un tanto al grupo numeroso de presentes. -Si uno de vosotros... si tan solo uno de vosotros se atreve a hacer algun comentario aliviado al respecto, si tan solo veo a alguien alegrarse por esto... juro que no respondo de mi reaccion. Os lo juro.- Sabia perfectamente lo que estaban pensando muchos de ellos. Si Ifára desaparecia, Ace permaneceria en el barco. Ace continuaria siendo el segundo comandante y el hermano de siempre, el guerrero, el salvaje, el pirata. Sabia perfectamente que muchos de ellos siempre habian visto a la recientemente desaparecida Ifára como una mera molestia. Una ladrona que les habia robado a Portgas D. Ace en demasiado poco tiempo y de manera facil. Semejante forma de razonar le disgustaba enormemente y lo enfurecia sobre manera. No habian entendido nada. -Nuestro hermano Ace... - Marco respiro hondo con intencion de relajarse, sonando finalmente mucho mas calmado y tranquilo que en la parte anterior de su discurso. Tampoco habia necesidad de sobrepasarse en sus palabras, conocedor perfecto del daño que pueden hacer si se pronuncian adecuadamente. - ... esta de luto... lo que significa que nosotros tambien. Somos una familia.- Y, ante estas ultimas palabras, hubo numerosos asentimientos convencidos e incluso emocionados, pareciendo que andaban dispuestos a darle todo su apoyo al segundo comandante. -Ace se recuperara, pero necesita tiempo... Y seguramente sea mucho tiempo.- Continuo el primer comandante, siempre rodeado de aquel aura de respeto y liderazgo natural. -Dejadlo estar. No le llameis o busqueis sin necesidad. Cuando este preparado para seguir adelante, él mismo lo hara. Es un chico fuerte.- Marco asintio para si mismo, convencido de sus propias palabras. -Espero que no trateis el asunto de manera tan pesima como la de hoy.- Dijo, soltando un suspirito pequeño y algo decepcionado al final de su frase. -Iros y dedicaos a vuestras obligaciones.- Finalmente, Marco produjo un cabeceo agotado y resignado, dispuesto a marcharse cuanto antes. Se giro sobre sus propios pies, comenzando a caminar hacia el lugar por el cual, apenas un par de minutos atras, Thatch habia desaparecido mientras cargaba con un Ace de pesimo estado emocional.
-¡Comandante Marco!- Una voz masculina lo hizo detenerse en seco, girandose el aludido con expresion seria pero curiosa, topandose con uno de sus propios muchachos observandole fijamente. El pirata en cuestion avanzo un par de pasos ante la marabunta de tripulantes, tragando saliva dificultosamente tanto por la emocion como por los nervios mientras su superior al mando clavaba sus ojos sobre él. -Eres... eres un gran hombre.- Dijo finalmente aquel pirata perteneciente a la primera division con todo su orgullo y convencimiento, asintiendo un par de veces seguras para afianzar la veracidad de sus palabras.
Marco no pudo hacer mas que llevarse las manos hacia los bolsillos y suspirar. La fama nunca habia sido una de sus metas principales, pero era bonito oir palabras semejantes de la boca de un buen subordinado.
-Gracias... - Contesto, sintiendose tan agradecido como preocupado en momento tan dificil como aquel. - ... y espero que vosotros demostreis que tambien lo sois.- Claramente, andaba refiriendose a como funcionarian frente a la problematica complicada y dolorosa del joven Ace, chasqueando la lengua para si mismo con desgracia mientras volvia a girarse, dispuesto a continuar el camino que habia comenzado.
Y, dejando siempre aquel aura de respeto total, de grandeza, de liderazgo natural, Marco desaparecio del lugar de la desgracia a traves de los pasillos.
(Cambio de escena)
Ifára.
Ifára habia muerto.
Ifára habia muerto y Ace no habia podido hacer nada.
Nada. Nada. Nada. Era un inutil, no era nada. Si ni siquiera habia podido protegerla, él no era nada.
Absolutamente nada.
Ifára habia muerto y la imagen de su cuerpo sin vida, su bonito cuerpo que ya no respiraba se le clavaba en la cabeza una y otra vez. Su cuerpo bonito sin vida, como una muñeca rota y blanca, muerta. Inerte. Deshecha.
Ifára habia muerto porque él no estuvo el tiempo suficiente a su lado. Porque no se la llevo de aquel barco y la alejo del peligro tan pronto como fuera posible. Ifára habia muerto por su culpa. Simplemente por su culpa. Por su enorme y soberana culpa. Porque era un inutil, porque él no era nada.
Ifára habia muerto porque Ace se nego a alejarla del mundo malo, del peligro, sabiendo desde el principio que ella no tendria nunca un hueco en semejante lugar y que el mundo era cruel. El mundo era cruel y malvado, pero tambien ordenado y sabio, llevandose a la buena de Ifára de sus tierras antes de que todo se desmontara y el puzle se deshiciera.
Ifára habia muerto porque ese no era su sitio. Ifára habia muerto por su empeño de estar junto a Ace.
Por lo tanto, la culpa era de Ace.
Solo de él. Soberano culpable. Inutil. Nada. Nada. Nada.
Ifára, la salvadora del mundo. El alma mas buena y calida que habia conocido. Un angel salvador. La representacion total de la esperanza y de que todo puede llegar a ser tan bonito como tu quieras que sea con esfuerzo y buen humor, de que en cualquier momento se puede llegar a ser feliz y de que todo el mundo tiene una buena cara.
Incluido él mismo.
Ifára, la salvadora del mundo. Del mismo mundo asqueroso y podrido que la habia dañado, esclavizado, golpeado, torturado y violado para finalmente asesinarla en el preciso momento en el cual era libre y andaba rozando la felicidad verdadera con sus dedos bonitos. El mundo estaba mal hecho. El mundo volvia a ser oscuro, hipocrita, peligroso y cruel porque Ifára, su salvadora, ya no estaba.
Ace volvia a odiar el mundo tanto como se odiaba a si mismo.
¡Maldita sea! ¡Malditos todos, todos ellos! ¡Maldito sea el mundo y sus desgracias sin sentido ni beneficio ninguno, sus injusticias crueles! ¡Malditos sean cada uno de aquellos que la hicieron sufrir por puro egoismo y maldad! ¡Maldito él que no pudo salvarla y termino por llevarla a la tumba! ¡Maldito mundo, hijo de la gran puta! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! ¡Hijo de la gran puta!
¡Malditos todos! ¡Todos y cada uno de ellos!
Ace se deshizo repentinamente del agarre que Thatch producia bajo sus hombros en menos de un segundo, preso de un sentimiento de total frustracion, de colera ciega e ira profunda. De desesperacion.
No sabiendo que estaba haciendo exactamente, dejando de razonar ni pensar nada mas alla de sus propias maldiciones y odios para con todo, el joven Ace golpeo la puerta de su propio camarote violentamente, causando que esta se tambaleara con peligro.
-¡Maldita sea!- Estallo Ace en un grito ronco y amenazador, tan desgarrado como terrorifico, no contento con que aquella puerta de madera se hubiera movido un poco. Con un gruñido bajo la agarro con fuerza, tirando de ella violentamente para arrancarla de sus goznes y lanzarla hacia el suelo, estallando el impacto en un golpe ensordecedor que hubiera estremecido hasta al mas valiente entre los valientes. -¡Maldita sea! ¡Mierda! ¡Hijos de la gran puta!- Ace no se callo tampoco ni se dio por satisfecho, arramplando en la estancia para destruir cualquier cosa que se topara en su camino. Preso de una ira que no entendia ni pretendia entender, ademas de sentirse del todo incapaz de controlar absolutamente nada, Ace paso del llanto deshecho a la violencia, agarrando la silla de su propio escritorio para lanzarla por ahi y destrozarla con el impacto. -¡Lo odio! ¡Apesta! ¡Esto apesta! ¡Es injusto! ¡Injusto y lo odio!- El sofa verde, aquel mueble algo viejo que el mismo Thatch, aun plantado sin saber que hacer justo en la entrada del camarote, le habia prestado hacia un tiempo le hizo detenerse un segundo en seco. Jadeando, el joven Ace contemplo el objeto de descanso en cuestion, recordando sin poder evitarlo por que motivo lo habia adquirido. A su cabeza acudieron imagenes que iban y venian, evocando en su mente el momento preciso en el cual él se habia sentado alli y ella, ella tan bonita y calida, le habia contado su pasado vagamente bajo sus caricias. La primera vez que le hizo el amor. Habia sido la primera vez que le hizo el amor y, antes, semejante recuerdo le resultaba agradable y dulce, calido y reconfortante. Ahora, sin embargo, era la mas dolorosa de las torturas.
Sumido de repente en un silencio solo roto por su propia respiracion agitada, Ace observo fijamente aquel sofa verde. Ahora, tambien lo odiaba porque le hacia daño. Lo odiaba ¡Como lo odiaba!
Sin mas, el segundo comandante arramplo tambien con aquel mueble en cuestion, comenzando a patearlo con violencia y sin ningun reparo, destrozando prontamente uno de sus laterales debido a su fuerza monstruosa que no andaba, precisamente, bajo control. Cuando penso que era suficiente, Ace no pudo evitar el continuar con el destrozo, lanzandose hacia el armario por ser, tan solo, el objeto que tenia mas cerca y que primero se topo con su mirada y colera tras el sofa verde.
Lo agarro de los laterales con claras intenciones de hacerlo caer y destrozarlo tambien, tironeando de aquel desdichado armario para llevar a cabo sus intenciones irracionales.
Y, extrañamente, Thatch no se hizo de rogar, atravesando el camarote velozmente en un par de zancadas para, en lugar de detenerlo, posicionarse al otro lado del mueble grande y llevar a cabo exactamente la misma accion que el segundo comandante. Complice y presente a su manera, ayudando como pudiera y de la unica manera que supiera, Thatch aporto su granito de arena, consiguiendo ambos hombres tirar aquel armario hacia el suelo con facilidad.
El mueble callo con estrepito y, seguramente, dejando una buena marca sobre la madera del suelo, estando a punto de llevarse tambien la cama por delante en su hundimiento. Esto no ocurrio por pura suerte, destrozandose un tanto contra la superficie dura y desparramando parte de su contenido textil por doquier, observando el espectaculo que habian causado ambos compañeros y comandantes en complicidad.
Thatch parecio satisfecho, mucho mas calmado y sereno que el otro. Sin embargo, Ace no debia estar de acuerdo ni sentirse aun preparado para detenerse, acercandose furiosamente hacia la pobre mesilla de noche que se habia librado por los pelos. La pateo con violencia, consiguiendo que se moviera hacia un lateral ruidosamente, comenzando a destruir los enganches, encolado y tornillos que la sostenian. La pateo una segunda vez y los cajones pequeños estallaron, y la pateo una tercera...
Y tuvo que detenerse en seco.
Tras la mesilla de noche austera y tan deshecha ahora, los ojos de Ace se encontraron con un agujero de borde irregular pegadito al suelo, en la pared.
Jadeando y con una leve incredulidad, el joven comandante analizo con estupefaccion aquel hueco, llegando a la conclusion irrefutable de que era la guarida de un raton.
La guarida de un raton. El mismo ratoncito que Ifára salvo de las desgracias hacia tiempo. El mismo ratoncito que causo que Ace, sin poder evitarlo, comenzara a conocer el interior calido de Ifára cada vez mas profundamente, cada vez mas interesado.
Aquel ratoncito que causo, sin pretenderlo ni saber nada del mundo humano, que Ace se enamorara de Ifára.
La violencia no pudo continuar y el joven Ace trago saliva, preso de su cabeza desconcertada y sufriente bajo la mirada atenta y curiosa de Thatch. Con expresion incredula y dañada, desgarrado y confuso con un mundo extraño cuyas decisiones no entendia, el joven comandante se acerco en un par de pasos temblorosos hacia aquel agujero de la pared, agachandose finalmente sobre el suelo para observar la guarida del raton sin saber demasiado bien que estaba haciendo.
Acerco su cabeza lo suficiente para poder analizar y ver algo en tanta oscuridad, topandose con los bordes irregulares creados por el animalito y algo parecido a un ovillito de papeles y telas roidas. El burruño aquel debia ser su cama y refugio, se dijo Ace, llegando a la conclusion irrefutable de que el ratoncillo seguia vivo sin duda ademas de haber compartido su mismo techo durante largo tiempo.
El raton seguia vivo y no se habia marchado de la habitacion.
El ratoncito diminuto que Ifára salvo debia haber crecido mucho. El ratoncito causante de que Ace se enamorara de Ifára.
Seguia vivo. Y Ace supo que seguiria vivo durante mucho, mucho tiempo.
Con una expresion de emociones indescifrables para ojos ajenos, Ace dejo de analizar aquella guarida pequeña, quedandose simplemente arrodillado sobre el suelo y frente a la pared. Entonces, a la furia la cubrio con fuerza la pena y melancolia, el odio paso a ser frustracion dolorosa y los gritos dejaron de tener mucho sentido, siendo rapidamente sustituidos por las lagrimas y el llanto desesperado.
Bajo un sollozo ronco y desgarrado, Ace comenzo a llorar y deshacerse torturado otra vez, cerrando los ojos con fuerza para negar con la cabeza un par de veces freneticas y dolidas. Tuvo incluso que apoyarse en la pared para no desvanecerse o algo peor, pegando finalmente las palmas de sus manos sobre la superficie a la vez que la frente.
Ifára.
Ifára habia muerto. Ifára ya no estaba en el mundo. El mundo era malvado y cruel de nuevo. Él no habia podido salvarla. Él era un inutil. Nada. Nada. Nada. No era nada.
La muerte debia haberle elegido a él en su lugar, en su bonito, calido y perfecto lugar.
Ace volvio a sollozar con total dolor y, su llanto, le pondria los pelos de punta con afliccion incluso a los hombres mas curtidos y mas insensibles.
La caida de un hombre. El hundimiento del espiritu poderoso. La quiebra del guerrero. El corazon fiero que se rompe y se vuelve doloroso.
Pero, si duele, significa que aun vive.
Unas manos repentinas y grandes lo sorprendieron un tanto durante su tortura interna y sus lagrimas desesperadas, causando que Ace se limitara a, simplemente, continuar llorando contra la pared de su camarote. Aquel contacto amistoso y compasivo pero no intrusivo se volvio complice, agarrandole bajo sus brazos temblorosos con claras intenciones de ayudarle a levantarse otra vez. En su perdicion actual y pesimo estado emocional, Ace no supo de quien se trataba inmediatamente a pesar de la evidencia, decidiendo que no tenia fuerzas para investigar nada y mucho menos para rebelarse.
-Venga, Ace.- Le dijo una voz demasiado conocida con toda su resignacion, reconociendo finalmente la identidad de aquel que trataba de levantarle. -Ya basta. Necesitas un descanso.- Thatch suspiro a su espalda, pensando Ace con curiosidad a pesar de todo lo extraña que sonaba la compasion en su voz normalmente jocosa y burlona. Al ver que el otro no oponia resistencia ninguna, Thatch decidio continuar con sus intenciones, tironeando del cuerpo tenso y agotado de su amigo con fuerza. Sorprendentemente, Ace no andaba para batallas ni guerras de ninguna clase, dejandose levantar y ser ayudado con complaciencia y confusion llorosa. Preciso igualmente de apoyarse tanto en el agarre y fuerza del otro como en la pared, evitando observar de nuevo aquella guarida pequeña que tantos recuerdos dolorosos despertaba ahora mismo en su ser.
Finalmente y con dificultad, el joven Ace se incorporo en pie sobre el suelo, agarrandose él mismo al brazo amigo de Thatch en cuanto sintio que las piernas no le respondian correctamente y que iba, de nuevo, a caerse de rodillas. Con cuidado y paciencia, el cuarto comandante cargo con la mitad de su peso y sus lagrimas silenciosas, con su alma perdida y su dolor, caminando ambos hombres despacio hacia la cama intacta por pura suerte tras el arrebato violento del joven Ace.
En cuanto sus piernas se toparon con el colchon, el segundo comandante se dejo caer sin ningun cuidado ni pensamiento logico de por medio, siendo rapidamente soltado el agarre por Thatch en cuanto analizo que ya podia abandonarlo a su soledad.
Tirado ahora sobre la cama, Ace se limito a permanecer en silencio con la mirada perdida y llorosa, no importandole en absoluto su aspecto precario y patetico asi como su posicion descuidada sobre el colchon. Sintio las sabanas bajo su cuerpo y la almohada cercana a su cabeza, captando su nariz sin poder evitarlo un aroma dulce y conocido que le hizo cerrar los ojos instintivamente. Movido por emociones y estando demasiado perdido, Ace atrajo aquella almohada hasta si mismo, arrastrandola sobre la cama hasta posicionarla bajo su cabeza. Hundio el rostro sobre ella y aspiro con delicadeza a traves de la nariz, sintiendo como su interior se amansaba de repente a la vez que se revolvia dolorosamente.
Era el aroma de Ifára.
El aroma de Ifára estaba impregnado por todas partes. Su aroma dulce, delicioso, tranquilizador y reconfortante.
De aquella manera, Ace permanecio en silencio, sumido en su propio sufrimiento a la vez que se dejaba embaucar por el perfume de ella una vez mas. Ahora, el mundo termino por desaparecer y solo quedo Ifára.
Ifára.
Solo quedaba el aroma de Ifára.
Le parecio escuchar unos pasos pesados a traves de la habitacion junto con un suspiro, decidiendo Ace que se estaba mejor de aquella manera perdida y semidormida que pendiente de la realidad. Se limito, por tanto, a quedarse donde estaba y como estaba, afianzando un poco por instinto su posicion sobre la cama a la vez que apegaba mas el rostro sobre la almohada.
-Luego vendre a... - La voz de Thatch volvio a hacerse hueco en la estancia y levemente en su cabeza, dando el cuarto comandante una especie de patadita curiosa a la puerta tirada sobre el suelo. - ... a colocarte esto.- Se limito a decir conclusivo, pudiendo Ace escuchar aquellos pasos conocidos otra vez.
El sonido de las pisadas de Thatch se hizo cada vez mas lejano hasta desaparecer por completo, llegando Ace a la conclusion de que debia haberse marchado.
Aunque esto ultimo no le importaba mucho.
Nada importaba ya porque solo quedaba el aroma de Ifára.
Perdido en su dolor y angustia, en su frustracion, en su desconcierto y llanto melancolico, Ace volvio a aspirar el perfume que desprendia aquella almohada bajo su rostro.
Ifára.
(Cambio de escena)
"Si la vida es puta, entonces hay que hacer algo para que deje de serlo tanto ¿No?"
Aquellas palabras bonitas, pronunciadas por su voz joven y dulce pero siempre cargada de una extraña sabiduria, acudieron a la cabeza de Ace sin permiso y como un rayo. Debido al impacto emocional que no andaba buscando, el joven pirata se estremecio de dolor en el colchon de su cama, ovillandose un tanto sobre si mismo para abrazar la almohada aun mas fuerte.
"Nunca sere tu enemiga."
Ace no queria recordar, ahora no, dedicando todo su empeño en dormir o, al menos, limitarse a andar tirado sobre la cama como un muerto viviente. Un muerto sin corazon ni alma, ni sufrimiento, ni dolor, ni llanto, prefiriendo ahora mismo sacrificar hasta la mas minima alegria por, tan solo, dejar de torturarse a si mismo sin poder evitarlo. Sin embargo, la cabeza de Ace le estaba jugando malas pasadas cada segundo, evocando inconscientemente cada imagen, cada palabra y sonrisa como la peor de las sentencias.
"Dices que me quieres, pero luego te vas con ella. Eres un mentiroso."
Otro nuevo estremecimiento de dolor insoportable le invadio de pies a cabeza sobre el colchon, llegando incluso a soltar un sollozo que sono ahogado debido al andar escondido sobre la almohada que mantenia su perfume. Él siempre dijo que la amaba, que la queria, que la adoraba y, sin embargo, la traiciono de una manera rastrera y estupida que ella no merecia en absoluto. Ace no merecia a Ifára. Lo demostro en el mismo momento que se dejo llevar por la situacion y se acosto con Circe como un animal salvaje. Ifára no merecia semejante dolor, semejante traicion. Ace nunca la trato como realmente se merecia. Ace nunca le dijo que la queria las veces suficientes. Ace nunca le demostro que la amaba con todas sus ganas y corazon. Ace se mostro reacio a darle una familia y la vida que ella siempre quiso. La traciono y, para colmo de males, ella ya lo sabia. Ifára lo sabia desde el primer momento en que lo hizo y, sin embargo, le perdono como el alma perfecta y de bondad infinita que era. Ifára le perdono, le dio otra oportunidad, le regalo su corazon a pesar de todo. Se regalo ella misma, entera y completa y, Ace, en lugar de agradecerlo lo suficiente, se habia limitado a disfrutarlo y derrocharlo. Si ella estuviera aqui ahora, de nuevo... si ella regresara...
Pero no estaba. No estaria nunca mas y Ace ya no podria darle la vida que se merecia ni redimirse de sus pecados.
Ifára habia muerto.
"Quiero hacerte feliz."
Ace lloro como un niño perdido sobre la almohada. Se suponia que él tambien lo habia querido y, sin embargo, ahora pensaba que no le regalo la felicidad completa y total que siempre merecio. En cambio, Ifára, con toda su perfeccion, le dio la mayor de las alegrias tan solo con su existencia y mera presencia. Tan solo con permanecer a su lado y dejarlo revolotear a su alrededor, encandilado y constante.
Portgas D. Ace no lloraba. Nunca.
Pero aqui estaba. Deshaciendose en llanto desesperado y silencioso, padeciendo estremecimientos de culpa y pena cada dos segundos y ovillado sobre el colchon como un chiquillo al que le da miedo la oscuridad. Porque si, ahora todo era oscuridad por mucho que la luz del sol se colara a traves de la ventana e iluminara la estancia. Ace no lo veia. Ace solo veia oscuridad y recuerdos, y palabras, e imagenes. Nada mas. Solo oscuridad, llanto, culpa, dolor, nostalgia, melancolia y miles de posibles escenas donde la pudo haber hecho feliz al completo.
"Conmigo eres el hombre mas bueno del mundo."
¡Con que poquito se conformaba, la pobre! Ace volvio a sollozar con dolor intenso, apretandose a la almohada para dejarse llevar por los sentimientos tortuosos. Al fin y al cabo ¿Que mas daba? Ahora todo era oscuridad y no quedaba nada. Ya no quedaba nada y el mundo era malo de nuevo. Ifára habia muerto. Ya no quedaba nada.
"Pero asi puedo escuchar tu corazon. El bonito y gran corazon de Ace."
Y Ace juraba que, tras evocar ese recuerdo, llego incluso a sentir su cuerpo calido y pequeño sobre su pecho, con la cabeza pegada a su piel y el oido encima de su corazon. Durante un segundo, no pudo evitar sonreir preso del ensueño falso, sintiendo un alivio inmenso a la vez que el llanto se transformaba en pura alegria, desapareciendo con estos sentimientos poco a poco el dolor.
Para volver con mas fuerza.
Pasado este segundo extraño, Ace se percato de que su mente torturada y confusa, una vez mas, le andaba jugando una mala pasada, sabiendo rapido que aquello era imposible y que ella ya no estaba. No estaria nunca mas.
"¿A cuantos has matado?"
No lo sabia. A diez, quiza a veinte. Quiza a cientos. No lo sabia. Tanta sangre derramada, tanto odio colapsando y estallando en violencia, tanta guerra, tantos golpes, tanto dolor propio y ajeno, tantas lagrimas y suplicas. Tanto odio. Odio. Dolor y odio ¿Y para que? Para terminar perdiendola. Para dejarla morir mientras la observaba preso de la impotencia. Para ver como su preciosa mirada, tan cargada de esperanza y brillo, iba apagandose poco a poco hasta terminar sin un atisbo de vida.
A diez, quiza a veinte. Quiza a cientos. No lo sabia.
¿Y para que?
Para nada. Por nada.
"Aunque te disculpes, esas vidas no volveran"
Y Ace se estremecio de nuevo, preso del dolor y la culpa, observando como sus propios fantasmas comenzaban a pasarle factura de la peor manera posible. Las muertes se pagan, la guerra se paga. La sangre se paga con sangre. Sangre por sangre. Habia arrebatado vidas sin pensar si quiera alguna alternativa, solo por odio y desquitarse. Hombres que consideraba enemigos pero que, en realidad, eran solo eso: Hombres. Eran padres, hermanos, hijos y amigos. Arrebatar vidas significa destrozar corazones de terceros. La sangre se paga con sangre. Sangre por sangre.
Ahora, habian derramado su propia sangre. Sus propios fantasmas le habian arrebatado a Ifára.
El mundo malo le estaba enseñando una leccion a su manera, la peor manera. Sufriria en sus propias carnes, en su propio corazon y alma, las atrocidades que él mismo hizo sin recapacitar un segundo. Sin compasion ni empatia. Sin atisbo alguno de humanidad.
La sangre se paga con sangre.
"Matar hombres es de malas personas. Salvar niños, no lo es."
Ace sintio un pequeño halo de esperanza extraña inundando su interior. Era un brillo insignificante, casi nulo pero que, sin embargo, estaba alli, diciendole que quiza tuviera una esperanza. Que quiza la filosofia de Ifára era mas acertada de lo que supuso desde el principio y que, incluso los monstruos como él, tenian posibilidad de redimirse. Que solo llevaban una mascara para protegerse del mundo que les hizo daño y que, en realidad, pueden ser hombres buenos y bondadosos. Humanos en lugar de monstruos.
Quiza dentro de él hubiera algo bueno.
Quiza Ifára tuviera razon.
Pero Ifára ya no estaba. No estaria nunca mas.
Con un quejido doloroso, preso del llanto desgarrado, Ace volvio a encogerse sobre si mismo con daño tortuoso.
"Tienes que ser una buena persona o todo en lo que he creido hasta ahora, todo en lo que me he apoyado para no volverme loca, se derrumbara."
No, Ifára. Ahora no podia pedirle algo asi. Ahora no. ¿Como perdonar al mundo que la habia destrozado para asesinarla cruelmente justo cuando estaba a punto de ser feliz? ¿Como redimir a los monstruos, a las serpientes, a las viboras y los rastreros?
Era imposible. El mundo se habia vuelto malvado y oscuro de nuevo.
"Me volvere loca y me morire."
Pero él no podia hacer eso. Se sentia completamente incapaz. Él no era un angel como Ifára ni poseia una bondad perfecta. Él no era un hombre de paz ni amabilidades, ni vida tranquila. No era un padre, ni un amante. Solo sabia de la guerra, del dolor y la soledad. Del odio, del abandono, de niños sobreviviendo en vertederos de basura y gente aprovechada y desesperada por todas partes.
Él no podia hacer eso.
"Solo tienes que compartir la carga un poquito, por favor."
Y su voz suplicante y llorosa acudio a sus odios como un espectro calido y salvador, como una rafaga de aire reconfortante que lo mecio cariñosa sobre aquel colchon. Su aroma, proveniente de la almohada que abrazaba, se volvio mucho mas intenso y arramplo en el cuarto como una centella luminosa.
Solo un poquito. Solo un poquito estaba bien. Era lo unico que de verdad Ifára le habia pedido en todo este tiempo.
De acuerdo, niña, Ace lo haria. Le ayudaria a llevar la carga y asi mantenerla viva.
Era una promesa.
"No. Juralo, eso es."
Y Ace haria cualquier cosa por ella. Ace se lo juraba, una vez mas, de aquella preciosa e inocente manera en la cual sus dedos se entrelazaron como los de dos niños desvalidos y llorosos.
Ya era un juramento.
(Cambio de escena)
-Vaya... - El pirata desaliñado y regordete de aspecto sucio suspiro con dolorosa resignacion, observando fijamente el cuerpo sin vida que yacia tumbado sobre la mesa de la bodega. -Es una pena, la verdad.- Dijo finalmente, chasqueando la lengua con disgusto para negar con la cabeza un par de veces aprehensivas. -Era una niña preciosa.-
-Era mucho mas que eso.- Por su parte, Marco se limito a soltar aquella frase sin demasiada emocion en su voz, contemplando él tambien el cadaver bonito y sereno que descansaba ahora sobre el mueble, oculto de las miradas y las inclemencias del exterior en la bodega del barco. Su acompañante y subordinado le dedico una miradita confusa a su superior, dandose por vencido y decidiendo tan solo encogerse de hombros en cuanto comprobo que el primer comandante andaba preso de sus propios pensamientos.
El cuerpo sin vida de Ifára permanecia inerte sobre la mesa, habiendo sido limpiado recientemente a la vez que arreglado lo maximo posible. Su aspecto, aunque cetrino y de una palidez excesiva, si parecia mucho menos alarmante y grotesco que cuando fallecio, habiendo sido incluso cruzadas sus manos sobre el pecho en posicion serena y apacible. Con sus enormes ojos cerrados que no se abririan nunca mas, parecia un angel dormido, se dijo Marco, no pudiendo evitar que sus propias emociones se arremolinaran dolorosas bajo su pecho. Habia sido una gran persona, una gran muchacha. Un alma pura y dulce de las que, por desgracia, escasean demasiado. Era injusto y una lastima. Solo era una niña.
Demasiado injusto y lastimoso. Demasiado repentino.
Una enfermedad letal que aparece de pronto y la hace agonizar durante cinco largos dias sin esperanza si quiera de aguantar hasta el hospital.
Con actitud pensantiva y confusa, Marco se llevo una mano hacia el menton para mesarselo, no separando la mirada del cuerpo bonito de Ifára a la vez que analizaba cada centrimetro de su rostro muerto y sereno.
Demasiado repentino.
-Bueno... - La voz del subordinado regordete que esperaba junto a él le hizo salir de sus cavilaciones extrañas, dedicando Marco sobre su acompañante una miradita fugaz de atencion. -Y ahora, ¿Que hacemos?- Cuestiono, conociendo perfectamente la respuesta pero deseando llamar la atencion de su superior, no pareciendo demasiado comodo con el silencio de aquella bodega solitaria con cadaver incluido.
Marco chasqueo la lengua silenciosamente, decidiendo que no era momento de ponerse a pensar en nada mas que aquello para lo que habian venido.
-Ya esta todo preparado, asi que subela arriba... - Contesto sin mas con su voz autoritaria y seria, guardandose en su interior las emociones propias y el dolor de la perdida. Hacia falta un pilar maestro y, semejante soporte, solo podia ser él mismo. Marco lo sabia y aceptaba su responsabilidad bajo cualquer precio. -Mientras tanto, ire a buscar a Ace.- Y esto seria lo mas penoso y dificil de todo, recapacitando que el joven Ace debia llevar mas de dos dias encerrado en su habitacion sin haber dado ni una minima señal de vida. La ultima vez que lo vio, se lo habia encontrado medio ido y preso de la mas infame de las depresiones, limitandose a permanecer tirado sobre la cama sin probar bocado ni mediar palabra alguna. Pobre muchacho.
-Este... - Su subordinado no parecio precisamente contento con la idea de cargar con el cuerpo de la chiquilla, buscando el hacer algun tipo de replica o comentario quejumbroso al respecto. Sin embargo, la mirada seria y tranquila de Marco se clavo sobre sus pupilas, demasiado autoritaria y convencida como para ser ignorada. -Como quieras, comandante.- Se limito a decir finalmente con un suspirito, inclinandose sobre el cuerpo inerte de la niña para colar las manos bajo su cintura y elevarla de la mesa. Con facilidad fisica pero dificultad psicologica, que el cadaver de una mujer tan joven fallecida por circunstancias como aquellas le ponia los pelos de punta hasta un lobo de mar como él, el subordinado de la primera division cargo cuidadosamente con su cuerpo bonito, siendo observado atentamente por su comandante a cargo. -Que tengas suerte.- Dijo sabiendo de la dificultad de la tarea de su superior, girandose sobre sus pies para comenzar a caminar hacia la salida de la bodega con aquella muchachita en brazos.
Por su parte, Marco se limito a observarle alejarse hasta la salida, incapaz de separar la mirada de sobre el cuerpo sin vida de la chiquilla.
Finalmente, el pirata regordete de aspecto sucio termino de subir las escaleras precarias y crujientes, abriendo la escotilla vieja para desaparecer de la bodega y cerrarla tras de si.
Y Marco se quedo tan solo en compañia del silencio y de sus propios pensamientos.
Demasiado injusto. Demasiado repentino.
Con un suspirito cansado, decidiendo que quiza no era aun momento de ponerse a analizar nada, que la muerte andaba excesivamente reciente todavia, el comandante de la primera division se llevo las manos hacia los bolsillos con los ojos aun clavados sobre la escotilla cerrada de nuevo. Sacudio la cabeza un par de veces en cuanto se percato de que su mente andaba otra vez por caminos detectivescos sin mucho sentido, buscando el estar atento y pendiente de cada cosa que ocurriera sobre el tema en cuestion a partir de aquel preciso instante.
Tenia que buscar a Ace y este le necesitaba. Le necesitaba atento, sereno, calmado y tan logico como siempre era.
Ya tendria tiempo de lamentarse por la perdida o bien dedicarse a la investigacion a pesar de que sabia, casi seguro, que esto ultimo no serviria de nada y apenas le otorgaria ningun resultado. Ifára habia enfermado gravemente y habia terminado por morir, nada mas.
Sin embargo, habia algo que no encajaba. No para Marco. Se dijo a si mismo que, al menos, si recapitulaba algo de informacion se quedaria tranquilo y podria dormir sin remordimientos.
Ifára merecia su atencion.
Pero esto seria mas adelante, cuando la muerte no anduviera tan excesivamente reciente y las cabezas de cada uno se volvieran a poner en su lugar correcto.
Con otro suspirito agotado y bajo, Marco comenzo a caminar hacia la salida de la bodega oscura y solitaria, no pudiendo evitar el echar un ultimo vistacito fugaz a la mesa que habia cargado con el cuerpo sin vida de la muchacha durante un dia y medio.
Ace le necesitaba. Y le necesitaba como siempre era.
Pobre muchacho. Pobre muchacha.
(Fin del capitulo)
Hello mis pequeños ratonidos!
Siento si he tardado demasiado, pero ultimamente he andado algo liadilla con mis cosas y obligaciones (Perras obligaciones, grrr... ¬¬) y apenas si he tenido tiempo de escribir.
Sin embargo, finalmente aqui esta el capitulo nuevo! Tengo que decir que la historia se esta volviendo del todo dramatica, lo se, y que esta parte ha tenido que hacersele dura a mas de una lloroncita (Yo tambien soy una llorona, no os sintais avergonzadas XDDDD).
Advierto, tambien, que quedan pocos capitulos ya y que, dentro de poco tiempo, esta historia a la que ando cogiendo tantisimo cariño finalizara aunque no quiera T-T. Algun dia tenia que llegar el fin! Pero aun le quedan unos pocos capis, yeah! (Tranquila, Maddy, respira hondo)
Poco mas que decir, gracias por leer y os quiero muchisimo. El verdadero amor de un escritor (Aunque sea una humilde y triste escritora de fics como yo) son sus lectores.
Espero que nos leamos pronto y a ver si puedo traeros el siguente capitulo a la velocidad que os mereceis, amores mios!
Un beso sabor naranja y un abrazo maternal:
Maddy
