Respirando hondamente para cargar sus pulmones de oxigeno y prepararse ante lo que vendria a continuacion, Marco finalmente llamo a la puerta.
Como habia esperado, no recibio ninguna respuesta, teniendo que chasquear la lengua de manera imperceptible debido a su frustracion contenida y tanto nervio guardado bajo llave. Parado frente al camarote de Ace, el primer comandante decidio regalarle a este ultimo unos segundos cortos de reflexion y tranquilidad, dedicandose a observar la puerta de madera algo maltratada por los golpes que se habia llevado hacia un par de dias.
Pasado el tiempo cedido, Marco volvio a llamar a la puerta con algo mas de fuerza, pero nunca con urgencia o molestia.
Nuevamente, no recibio respuesta, cosa que ya imaginaba desde el principio.
-Ace... - Decidio finalmente pronunciar el nombre del joven lo suficientemente alto como para que fuera oido al otro lado de la puerta, acercando el mismo la oreja un tanto contra la madera. -Se que estas ahi... No has salido de tu habitacion durante dos dias enteros.- Dijo el primer comandante con un suspirito, topandose con el silencio y mutismo de aquel que se mantenia oculto en su camarote. -Venia a buscarte porque... bueno... - Marco no queria ser insensible y gelido en exceso, pero tampoco sentimental o blandito, que sabia necesaria su logica y frialdad en situacion como aquella. - ... vamos a... hacerle un funeral o... o algo asi.- Y es que, a pesar de todo, seguia siendo complicado decirselo al mismo Ace asi, sin mas, aunque estuviera escondido tras la puerta. Como hombre racional, Marco espero en silencio, topandose nuevamente con mutismo total al otro lado de la puerta. Sin embargo, esta vez si le parecio escuchar un murmullito de movimiento bajo que, aunque leve, al menos estaba ahi e indicaba la atencion y existencia del joven Ace. Esto fue suficiente permiso para continuar hablando. -Ya estamos todos fuera, en cubierta, y... todo esta listo, tambien... solo faltas tu.- Ace no dijo nada pero Marco juraba que podia sentir su presencia cercana y mas despierta, mas atenta a la realidad, junto a la puerta maltratada y cerrada a cal y canto. Volviendo a cargar los pulmones de oxigeno, Marco se llevo las manos hacia los bolsillos de su pantalon negro y largo. La ropa formal y oscura no solia ser utilizada en el Moby Dick pero, tratandose de funerales y demas ceremonias de respeto a los caidos, siempre solia hacerse una excepcion. Con indicacion nueva tras el pequeño silencio, el primer comandante volvio a golpear la puerta mediante sus nudillos con suavidad, buscando tan solo el volver a llamar la atencion del otro. -¿Vas a venir?- Trago saliva de manera imperceptible y espero tenso, buscando que su voz y actitud se mostrara lo mas serena posible en caso de un encontronazo con Ace o bien mas conversacion.
Al otro lado de la puerta, Marco pudo escuchar como la respiracion del joven segundo comandante se entrecortaba un poco, pareciendo que tomar semejante decision se le complicaba enormemente con total agonia.
- ... si... - Finalmente, el murmullito de Ace pudo llegar hasta el oido cercano de Marco, sonando su voz tan quebrada y agotada como el primer comandante habia imaginado.
Con un asentimiento calmado, Marco se separo un tanto de la puerta maltratada, decidiendo que tampoco era necesario el obligarlo a decir o responder mas preguntas. Ya habia conseguido suficiente por un dia.
-Bien... te esperamos fuera.- Dijo el primer comandante, escuchando otro sonido de movimiento dentro de la habitacion cerrada. Dandose por satisfecho, Marco se giro con las manos firmemente apresadas en sus bolsillos, dispuesto a largarse de alli y dirigirse directo hacia cubierta. Espero unos segundos mas de los necesarios por si acaso a Ace le daba la vena y le dedicaba alguna palabra, resultando esta tarea como inutil en cuanto Marco se percato de que esto seria mucho pedir y que suficiente tenian con poder verle la cara tras dos largos dias.
Decidiendo que no podian seguir perdiendo el tiempo sin sentido ni beneficio, Marco se marcho con su caminar digno por naturaleza, conteniendo cada una de sus emociones tormentosas como hacia con sus manos dentro de sus bolsillos.
Al menos, Ace habia dicho que si.
(Cambio de escena)
La cubierta, abarrotada, fue iluminada por la luz clara y soleada de la mañana.
Aunque hacia frio y el ambiente era fresco, el tiempo atmosferico parecia andar burlandose de ellos y su situacion, regalando un cielo azul intenso sin ninguna nube de por medio que taponara la vision bonita y agradable. Una brisa congelada se hizo hueco a traves de los numerosos presentes, arremolinandose como una espiral entre cada uno de los serios y sombrios piratas para arrancarles un estremecimiento que trato de ser contenido como los fuertes rufianes del mar que debian ser.
Imapacientes e incomodos en su mayoria, con expresion seria y sombria, callados como mudos totales, la tripulacion numerosa del Moby Dick espero estaticamente cada cual en su posicion, observando sin ser capaces de apartar los ojos aquella escena triste que se desarrollaria frente a sus miradas en pocos minutos.
A traves del silencio solo se escuchaba el llanto malamente contenido y desgarrador de la enorme Joan-Marie, colocada entre bastidores en un lugar lo suficientemente lejano como para no aumentar el dolor pero tambien lo suficientemente cerca como para no perderse detalle. La mujer curtida y enorme no podia detenerse y resonaban sus sollozos histericos y perdidos a traves de toda la silenciosa cubierta, recordandoles una y otra vez a los presentes que aquello se trataba de un funeral y que, aquella niña, en realidad estaba muerta en lugar de dormida. Joan-Marie trato de ser consolada por varios amigos y admiradores, pero no consiguieron nada, buscando la pobre mujer el controlarse sin lograrlo ella misma tampoco. Como su primer comandante les habia dicho, se trataba de una desgracia. Una buena persona habia muerto, una mujer joven con toda la vida por delante, una chiquilla. Y esto, simplemente, era una desgracia. No habia que darle mas vueltas.
Posicionada en plena cubierta, pegadita a la barandilla del barco colosal para que no hubiera percances no deseados, la muchacha Ifára yacia sin vida con sus bonitas facciones palidas y apacibles. Tumbada como una princesa que espera el beso que la hara despertar de nuevo, la niña fallecida parecia dormitar sobre el lecho de ramas y flores secas aromaticas y naturales. Bajo esto, se habia colocado una placa metalica lo suficientemente grande como para acoger su cuerpo pequeño y parte de sus plantas deshidratadas, pudiendo asi evitar cualquier problema y que parte de la cubierta no estallara, tambien, en llamas junto con la niña.
Pura naturaleza y aroma para una princesa dormida. Una lastima que los cuentos de hadas no fueran realidad y que Ifára tampoco fuera una princesa. Una lastima que, en lugar de esperando un beso, estuviera simplemente muerta. No volveria a despertarse nunca mas. Una lastima.
El llanto desesperado de Joan-Marie volvio a resonar como un cantico desgarrador, estremeciendo a los presentes al igual que habia hecho la juguetona brisa hacia unos segundos.
Su primer comandante tenia razon. Era una desgracia.
El sonido de la puerta que daba con el interior del barco abriendose cuidadosamente les hizo dar un respingo general entre tanto silencio, dedicando cada pirata su mirada hacia aquel lugar por donde debia haber entrado algun recien llegado.
Portgas D. Ace hizo, finalmente, acto de presencia y dio señales de vida, teniendo que cerrar los ojos con fuerza un segundo en cuanto sintio que la luz del sol mañanero le quemaba las retinas. Una vez se recompuso un tanto del dolor, el joven comandante elevo la cabeza para, simplemente, observar, revisando los alrededores de la abarrotada cubierta para toparse con la mirada de cada uno de los presentes. Sus ojos cansados, ojerosos y mas vacios que de costumbre se encontraron con los de los demas, no sabiendo si debia sonreirles o bien simplemente ignorarlos. Lo primero no le apetecia en absoluto, asi que se limito a seguir revisando, encontrandose con todos sus compañeros. Todos.
Estaba su padre entre la marabunta, al fondo, presidiendo la escena con complicidad y fuerza sobrenatural, con su aura imponente y su tamaño terrorifico como el dios de los mares que era en realidad. Sus propios subordinados le miraron con valentia y fuerzas regaladas, apoyandole, admirandole incluso en semejante estado y ausencia de ganas por continuar, sintiendo Ace que aquellas expresiones eran, actualmente, el mejor balsamo que pudiera recibir. Nada de lastima, nada de compasion. Solo fuerzas y animos. Le conocian bien.
Sus ojos oscuros, ojerosos y cansados al igual que todo su cuerpo se toparon con los felinos de Circe. La mujer hermosa permanecia, tan altiva y orgullosa como solo ella podia ser, en medio de la tercera fila, arremolinada entre la segunda division para dedicarle una miradita seria que lo reviso de pies a cabeza. No hubo decepcion, tampoco comprension ni compasion. Solo revision y una indicacion de que, incluso ella, tambien consideraba el hecho una desgracia. Su pelo negro como la noche le hizo fijarse inconscientemente en lo sombrio que resultaba semejante color a juego con el resto de la ropa azabache, tanto la de ella como la de la mayoria de los presentes, no pudiendo Ace evitar el revisionarse tambien a si mismo. Pantalones largos y negros, camisa por primera vez en mucho tiempo igual de oscura como la prenda anterior y absolutamente nada mas. Ni sombrero, ni pulseras, ni siquiera la brujula con la que habia llegado a domir. Nada. Ni una nota de color que pudiera romper el cuadro.
Ace estaba de luto absoluto y, al parecer, el resto de sus compañeros se habian solidarizado de la misma manera.
Un llanto desgarrado de mujer le hizo dejar su propio analisis y elevar la cabeza, topandose con la mirada llorosa de la siempre dura y fuerte Joan-Marie. Dejando paso a todo su sentimiento, la soberana de las cocinas se cubria la mitad del rostro regordete con un pañuelo de tela blanco que, pronto, acabaria tan empapado en lagrimas como sus mejillas, habiendo aumentado el llanto doloroso en cuanto sus miradas se cruzaron. En sus ojos, Ace si pudo ver compasion y daño emocional propio de una madre, incluso, no dandole importancia al primer sentimiento porque, fuera orgulloso o no, conocia a Joan-Marie y sabia que no podia pedirle frialdad y silencio. Ella tambien estaba en su derecho de sufrir y sobrellevar la situacion como supiera y le viniera en gana. Ace lo entendia y la dejaria ser.
Thatch y Marco tambien se encontraban entre los presentes, como no, posicionados justo en primera linea mientras sus ojos amigos se encontraban por fin con los del segundo comandante. El primero se limito a permanecer erguido y chulesco, como siempre, llegando incluso a regalarle una de sus sonrisas maliciosas de bufon del diablo que Ace agradecio enormemente. El segundo, por su parte, andaba tan serio y gelido como debia ser, con las manos ocultas firmemente en sus bolsillos al igual que hacia siempre que andaba tenso o con las emociones desordenadas. Sin embargo, Ace sabia que Marco no dejaria entrar a nadie en semejante cuestion y se dedicaria a ser usado como pilar maestro, cosa que él mismo conocia como lo mas necesario del mundo ahora mismo. Ace no estaba como para consolar a los demas, mucho menos para funcionar de figura de orden o calma. Por una vez, permitiria que el resto tomaran la iniciativa y él se limitaria a dejarse llevar por la marea. No se sentia capaz de hacerse el tipo duro.
Siguiendo la misma linea de vision, sus ojos oscuros continuaron el camino, pasando de la primera fila a un poco mas alante.
Y, entonces, todo desaparecio.
Solo quedo la figura de Ifára tumbada sobre aquel lecho de plantas secas y aromaticas. El cuerpo sin vida de Ifára, blanco como la cera pero tan apacible y sereno como la mas bondadosa y pura de las divinidades. Parecia que estaba durmiendo, pero Ace sabia que esto no era cierto ya que su pecho bonito y perfecto no se movia ni un apice. Ya no habia calor en su piel, ni aquel brillo vital en su cabello ensortijado y maravilloso. Sus ojos bicolores e increibles no volverian a abrirse nunca mas ni a mirarle de aquella manera preciosa. Aquella preciosa manera en la que miraba a todos los seres vivos. De sus labios llenitos, un tanto secos ahora, no saldria jamas palabra alguna mas. Nunca mas le diria cosas bonitas e imposibles de creer al principio pero que, a pesar de su idealismo, resultaban ser ciertas al final de una manera u otra. Nunca mas oiria su nombre dicho de su boca. Nunca mas escucharia su risa maravillosa y cantarina, dulce, tan suave como toda ella.
Nunca mas. Tan solo en sus sueños y recuerdos podria revivir semejantes cosas. Solo en sus sueños y recuerdos Ifára podria seguir existiendo.
Porque Ifára habia muerto. Ahora, Ace si lo sabia. Lo sabia demasiado bien. Lo sabia perfectamente.
Estaba llegando a la asimilacion. Pero asimilacion no significa superacion.
Con los ojos clavados sobre el cuerpo inerte de la muchachita, incapaz todavia de romper el contacto visual de sus parpados cerrados, Ace comenzo a caminar a traves de la cubierta, abriendole paso rapidamente cada presente con el que se cruzaba. Atraveso las hileras de piratas que mas parecian ahora una simple marea oscura, siendo atentamente observado por sus hermanos y compañeros mientras él continuaba revisando el cuerpo sin vida de la muchachita.
Nunca mas. Habia muerto.
Ace tuvo que detener su camino abruptamente cuando se topo, sin haberse percatado si quiera, con un cuerpo grande tan alto como él mismo pero mucho mas blandito y redondo. Rompio su analisis visual de manera instintiva, notandose desconcertado y confundido por el despertar repentino para mirar, perdido, a aquella figura con la que se habia chocado de pronto.
La mirada llorosa de Joan-Marie se clavo sobre la suya, comenzando Ace a despertar del todo y a cerciorarse de que se habia encontrado con la enorme mujer sin haberselo propuesto. Joan-Marie, semi oculta tras su paño de lagrimas, parecio tratar de contenerse y permanecer en silencio, no pudiendo conseguir sin embargo semejante mision. Termino por soltar un sollozo aun mas alto y nervioso que los anteriores debido al haberse encontrado, directamente, con el mismisimo Ace, verdadera figura sufriente y ser querido de Ifára como lo habia sido ella tambien. La mujer curtida apenas le dio tiempo de reaccion a ninguno, apartandose el pañuelo del rostro para, sin pensar y actuando como la pura emocion que solia ser, lanzarse contra él y apresarlo en un abrazo aplastante.
Fue extraño porque Ace no estaba acostumbrado a las muestras de cariño o compasion, al consuelo femenino y maternal, limitandose a dejarse oprimir mientras ella lloraba desesperada contra su hombro. No sabia si Joan-Marie precisaba de apoyo o bien pretendia regalarle el suyo o, quiza, era un poco de ambas cosas, terminando Ace por deshacer un tanto su posicion tensa y estatica para abrazarla tambien de una manera mucho mas perdida y desacostumbrada.
-Pobrecita... - La escucho sollozar bajo sobre su hombro, apretandose contra él como si fuera la unica figura flotante en un naufragio desafortunado. -Solo era una niña... pobrecita... - Lloro Joan-Marie, causando que Ace sintiera una punzada dolorosa atravesandole el pecho. Conocia semejante ataque emocional porque lo habia estado viviendo de manera constante durante algo mas de dos dias, terminando por corresponder el abrazo de manera igual de demandante y desesperada que la otra. -Pobrecita niña... Ifarita... - Y Ace sintio que se le nublaban los ojos y el nudo de su garganta se apretaba aun mas hasta volverse doloroso, luchando por puro instinto contra el llanto desesperado que Joan-Marie, sin proponerselo la pobre, le estaba contagiando.
Observado por tantos ojos, por todos sus hermanos, sus subordinados y amigos, su padre, el cuerpo inerte pero apacible de Ifára, Ace se dijo que llorar de manera histerica no seria una buena idea, terminando por deshacer el abrazo y separar a la mujer de si mismo con cuidado, pero firme indicacion. Romperse delante de Ifára no estaba bien. Caer frente a su cuerpo, quebrarse, no estaba bien. Ella merecia descansar en paz.
Una vez se vio alejada, Joan-Marie le contemplo llorosa con toda su compasion e instinto maternal de gran mujer, pareciendo debatirse entre el obedecer y el lanzarse de nuevo contra él para que se desahogara lo suficiente. Llorar no es malo y calma las heridas, sabia Joan-Marie, resultandole una estupida perdida de tiempo semejante entereza dolorosa y sin sentido.
Sin embargo, la expresion dolida pero significativa de Ace la hizo desistir finalmente, elevando el muchacho sus manos grandes como seña de alejamiento y de que estaba bien. Esto ultimo no era cierto, pero en cosas semejantes siempre se miente.
Junto a Joan-Marie, escondida firmemente tras su espalda grande como un cervatillo asustado, la joven esclava Dadou se asomo un tanto con su mirada llorosa para dedicarle una expresion fugaz que le resulto de lo mas extraña. Ace no pudo evitar analizarla un tanto porque habia sido importante para Ifára, topandose con que rapido la joven Du evitaba el contacto visual y se limitaba a permanecer en silencio junto con su dolor. Le parecio que temblaba un poco y, sinceramente, resultaba a pesar de su discreccion aun mas conmocionada que la ruidosa Joan-Marie. Simplemente, Dadou andaba al borde del desmayo repentino, retorciendose las manos hasta un punto doloroso mientras sus ojos no podian dejar de admirar el cuerpo sin vida de la que, durante demasiado tiempo, habia sido su unica amiga y complice. A Ace le dio lastima porque, en sus ojos traumatizados, adivino el dolor de la culpa y la desesperacion de aquel que hizo algo terrible y ya no puede dar marcha atras. Habia despreciado el bonito corazon de Ifára por una nimiedad y, ahora, semejante decision tomada sin pensar le pasaba factura. Pobre Du. En realidad, era una buena chica, Ace lo sabia.
Conteniendo un suspiro disgustado y dolido, el joven comandante esquivo a la llorosa Joan-Marie y evito el que su mirada se topara con la de Dadou, continuando su camino lento y pensante, silencioso, a traves de la marea oscura en la que se habian transformado sus compañeros. Con los ojos clavados sobre sus propios pies, admirando asi cada paso a la vez que contenia las emociones peligrosas e incontrolables, el joven segundo comandante consiguio llegar hasta la primera fila ataviado con su luto, apartandose sus compañeros rapidamente para hacerle un hueco espacioso y suficiente. Se posiciono entre Marco y Thatch, sus amigos, sus complices y camaradas, sus hermanos, solidarizandose ambos con su pena y melancolia mediante un silencio respetuoso y sombrio que tanto contrastaba con la mañana bonita que el tiempo habia decidido regalarles en el dia mas inoportuno. Ace cerro los ojos un segundo y suspiro bajo e imperceptiblemente, aun cabizbajo y pensante.
El silencio aumento si es que era posible, no escuchandose ya apenas ni la mas minima respiracion, ni una tos ni murmullo. Incluso el llanto perdido e histerico de Joan-Marie desaparecio para dejar paso a unos simples sorbeteos de nariz y algun sollocito ahogado.
Ace sabia lo que se esperaba de él ahora mismo y, ademas, mas por desgracia que por suerte conocia el protocolo de ceremonias semejantes a bordo del Moby Dick.
Apretando los parpados con fuerza, el joven comandante respiro hondo, elevando la cabeza finalmente para cumplir con su deber.
Sus ojos se toparon con el cuerpo sin vida de la joven Ifára de nuevo y perdio el aliento. Estaba demasiado cerca ahora, demasiado tangible y real. Estaba muerta. De verdad habia muerto. Su canija, la dulce Ifára habia muerto.
Nunca mas.
Sintiendo que los ojos se le nublaban, vidriosos una vez mas, picando incansablemente, Ace trato de controlarse con todas sus fuerzas, abriendo la boca temblorosamente un momento. La volvio a cerrar al ver que flaqueaba y no lograria cometido ninguno en estado semejante, repitiendose en su cabeza una y otra vez que era un chico fuerte, un duro hombre del mar y que su corazon era de hierro. Por desgracia, esto ultimo no era asi por mucho que lo hubiera creido en un principio. Ya no. Ifára se habia encargado de eso.
Teniendo que respirar hondo de nuevo y conteniendo una especie de sollozo al mismo tiempo, el joven Ace abrio la boca una segunda vez.
-Yo... - Dijo mala y temblorosamente, notando como su voz tan fragil en aquel momento era escuchada atentamente por cada uno de los silenciosos presentes. Era muy dificil. Estaba demasiado cerca. -Este... yo... - No podia hacerlo y no sabia que decir, notando que las palabras se le atoraban dolorosamente en la garganta para transformarse en un amasijo de lija y sequedaz. El nudo se apreto aun mas y los ojos picaron con mas insistencia, sintiendo que su respiracion se entrecortaba y se quedaba atrapada dentro del pecho. -Es que... - Trato de pronunciar como excusa sin sentido, terminando finalmente por tirar la toalla y bajar la cabeza de nuevo. Demasiado cerca, demasiado dificil e insoportable. Su voz se quebro y tuvo que enmudecer para no comenzar a llorar tan escandaloso como la misma Joan-Marie segundos antes, llevandose una mano hacia el rostro para cubrirse los ojos y comenzar a llorar. Busco recomponerse sin conseguirlo, descubriendo que, llegado a este punto, habiendo tocado fondo de la peor manera posible, por muy tozudo y orgulloso que pudiera ser los sentimientos de nostalgia y perdida le habian ganado la partida. Respiro hondo y se descubrio la cara para erguirse y mantenerse digno, topandose nuevamente con su cuerpo bonito y apacible que no se moveria nunca mas.
Otra vez, Ace se estremecio y no pudo continuar, regresando a su posicion decaida y cabizbaja para llorar en silencio bajo la afligida y atenta mirada de todos sus hermanos y compañeros.
Una mano grande y repentina se posiciono sobre su hombro ancho y hundido con consuelo, palmeandole la zona un par de veces resignadas como signo de compañerismo. Confundido y humillado, perdido entre sus propios sentimientos tortuosos, Ace elevo un tanto la cabeza para observar al culpable de dicho contacto, topandose con la figura firme y alta de un Marco mas confiable y sereno que nunca.
-Yo lo hare.- Le dijo con un susurro amigo para que solo él pudiera escucharlo y no se sintiera aun mas hundido y expuesto, deshaciendo el contacto fraternal para esquivarlo y avanzar un par de pasos al frente.
Y Ace, que no estaba como para plantar batallas ni luchar por el orgullo, simplemente asintio rapidamente, dejandole paso y permitiendo asi que su hermano mayor cogiera las riendas y se encargara de su obligacion para con aquella ceremonia. Superior y altivo, digno por naturaleza, un lider de nacimiento, el primer comandante del colosal Moby Dick se posiciono frente a la marabunta oscura y pirata que esperaba en un tenso silencio, pudiendo contemplar la tripulacion al completo su espalda ancha.
Aquella espalda fuerte que tantos padecimientos propios y ajenos habia soportado y aun soportaba. Aquel apoyo incondicional. El pilar maestro del navio y de toda la maldita familia del diablo.
Sabiendo cual era el cometido que Ace le habia cedido sin tener que pensarlo ni dos veces, Marco carraspeo baja y silenciosamente, preparando la garganta para que fuera escuchado correctamente sin necesidad de gritar demasiado.
-Bueno... - Dijo con resignacion y tono firme para que hasta los oidos mas lejanos pudieran captar sus palabras, llevandose las manos hacia los bolsillos con firmeza como era su costumbre cuando algo le resultaba complicado. Conteniendo a las mil maravillas su propia tension y la dificultad de la mision, Marco elevo la mirada desde la muchachita fallecida hasta el cielo, dispuesto a llevar a cabo el ritual humilde que, al menos, dejaria a los mas religiosos y supersticiosos tranquilos. -Parece que esta chica... esta niña ha sido llamada por vosotros para que regrese a vuestro lado.- Dijo, dirigiendose a cualquier divinidad que se dignara a escucharles. -No somos quienes para juzgar vuestras decisiones, asi que no reprocharemos si os la habeis llevado demasiado pronto y nos limitaremos a aceptar la voluntad de aquellos que estan por encima de nosotros... - A su espalda, Marco pudo escuchar y notar perfectamente como Ace se estremecia de dolor, ahogando precariamente un sollozo ronco que fue minimamente acallado. -A pesar de todo... si os dire que se llamaba Ifára y que... - Y, entonces, incluso al firme y ferreo Marco le costo continuar, teniendo que callar un segundo para recomponerse y rebuscar fuerzas suficientes en su interior y propia entereza. -Ifára era... una buena mujer, una muy buena. Siempre estaba pendiente de los demas y nunca sintio odio ni rencor a pesar de todas las desgracias que le toco vivir. Apreciaba la vida y era humilde, bondadosa y dulce. Una gran persona con un alma casi tan divina como la vuestra. Quiza por eso os la habeis llevado de nuestro lado tan pronto... Era como un angel.- Nuevamente, Marco escucho como a su espalda Ace tenia que controlar otro llanto desesperado, consiguiendolo finalmente a duras penas. -Por todo esto... por su bondad perfecta y su gran ejemplo, os suplicamos que le permitais regresar a vuestro lado y ocupar el lugar que le corresponde, donde pueda ser feliz finalmente y no tenga que volver a padecer la maldad de los hombres... - El primer comandante detuvo su discurso un par de segundos para permitir a sus oyentes un tiempo de reflexion, pensamientos o bien rezos religiosos, incluyendose tambien el llanto de los pocos que habian llegado a conocer a fondo el buen alma de la fallecida muchacha. -Extraña y sorprendentemente... - Dijo Marco, dispuesto a continuar pasado un tiempo que considero suficiente. - ... Ifára no tenia muchos amigos... pero los pocos que tuvo seguimos apreciandola de igual manera y fuimos conscientes de su grandeza y de la enorme suerte de la que gozamos por haberla tenido con nosotros... Por favor, permitidle ocupar su lugar a vuestro lado para que pueda cuidar de ellos.- Marco cerro los ojos un momento, llevando él mismo a cabo su propia meditacion y rezo a su manera. Una vez hecho esto ultimo, el primer comandante elevo de nuevo la mirada, dispuesto a continuar y concluir finalmente la mision complicada. -El mas importante de estos seres queridos no es precisamente un creyente, mucho menos un hombre religioso o practicante... pero es un buen chico y se merece que alguien lo recuerde. Dejad que ella continue cuidando de él y protegiendolo de la misma manera que hizo en vida... os lo rogamos.- Marco, finalmente, habia concluido su monologo de funeral y despedida, guardando silencio rapidamente para permitir de nuevo que cada cual llevara a cabo sus propias manifestaciones religiosas o de respeto. Hubo mutismos totales, simples permanecimientos firmes e incluso signos de las creencias divinas de cada cual, llegando algunos pocos hasta a rezar mascullando con la boca oraciones en lenguas extrañas y natales. Por mas tiempo que pase, hay cosas y costumbres que jamas se olvidan o abandonan.
Finalmente, el primer comandante pudo relajarse un tanto, girando la cabeza para dedicar sobre un conmocionado Ace una miradita significativa. Sin embargo, el joven pirata no debia andar pendiente del otro, estando con la mirada vidriosa y perdida clavada en algun punto inconcreto del suelo de madera, abandonado a su suerte y propios sentimientos dolorosos tras aquellas palabras de clara despedida. Habia muerto. Ahora si que era cierto y en serio. Ifára habia muerto.
-Ace... - Susurro Marco cercano para llamar solo su atencion, observando como el aludido daba un respingo tembloroso y repentino para corresponder confuso a la mirada del otro. Durante un momento, el joven Ace parecio no andar consciente de cuanto le rodeaba, teniendo que permitirse unos momentos de desconcierto total hasta que pudo utilizar la logica minimamente. No hizo falta preguntar nada, adelantandosele Marco rapidamente en cuanto adivino la duda en sus ojos oscuros, ojerosos y llorosos. -Ya esta, he terminado.- Le dijo Marco, causando que Ace comenzara a percatarse de la realidad.
-Oh... claro... - Contesto el joven segundo comandante con un susurro tembloroso y suave como el de un niño, asintiendo un par de veces perdidas mientras trataba de superar su conmocion sin lograrlo del todo. No queriendo alargar la ceremonia triste mas de lo necesario, Ace sacudio la cabeza un tanto, avanzando velozmente un par de pasos eficaces para posicionarse justo al lado del adelantado primer comandante.
Sabiendo cual era su tarea y que tendria que hacer a continuacion, Ace respiro fuertemente para tratar de mostrarse lo mas sereno y apacible que pudiera, cerrando los puños a sus costados con fuerza en cuanto sus ojos se toparon, de nuevo, con la imagen muerta y sin vida de la dulce Ifára. Iba a echarse a llorar otra vez.
En cuanto lo hiciera, seria aun mas cierto que antes. Ifára desapareceria del todo. Nunca mas regresaria y nunca mas veria sus preciosos ojos cargados de vida, ni oiria su voz dulce enseñandole alguna leccion. Nunca mas sentiria su cuerpo agradable bajo el suyo ni su piel morena estremeciendose a su contacto. Nunca mas oleria su aroma natural directamente de su cabello. Nunca mas.
-¿Quieres que lo haga yo?- La voz de Marco volvio a sacarlo de su mundo interno, despertando Ace levemente del dolor pero sin dedicar sobre el otro ni una minima mirada.
-No.- Contesto firme y claro a pesar de su voz llorosa y sus sorbeteos de nariz, negando con la cabeza una sola y convencida vez. -Lo hare yo. Puedo hacerlo. Ella me pidio que lo hiciera yo.- Y era cierto, recordando dolorosamente como Ifára, en sus ultimos momentos de vida, le habia rogado por que fuera él y solo él quien llevara a cabo semejante tarea.
Seria el ultimo regalo de Ace. Un presente que solo Ace podria darle junto con aquella marca a fuego de su hombro. Aquella marca con la forma de su propia mano. Un simbolo, un significado. Un regalo.
Cuando lo hiciera, ya seria mas cierto que nunca. Ifára desapareceria junto con el fuego.
Su muerte seria ya una realidad insalvable y total.
-¿Estas seguro?- Cuestiono Marco de nuevo con toda su preocupacion malamente oculta, rescatandole de su propia tortura sin haberselo propuesto si quiera.
-Si, no pasa nada... Puedo hacerlo.- Ace asintio un par de veces temblorosas pero convencidas, incapaz de apartar ahora su mirada de sobre el cuerpo yaciente de la joven tumbada encima de aquel lecho de plantas secas. -Solo... solo necesito un... un momento. Solo un momento.- Dijo el joven segundo comandante, cerrando los ojos con fuerza un par de segundos. A su lado, Marco asintio, regresando a su posicion firme y atenta para esperar paciente a que el otro estuviera preparado finalmente.
No volveria. Nunca mas. Habia muerto. Era una realidad.
Y este seria el ultimo regalo.
Conteniendo un suspiro acompañado de un sollozo que lo desgarro por dentro al no salir a la superficie, Ace abrio los ojos por fin, irguiendose un tanto de su posicion cabizbaja para que ella se llevara una buena y ultima imagen de él. Que la ultima fuera en pie, firme aunque dolido por la perdida, valiente y fuerte como ella le conocio. Que supiera que seguiria adelante tarde o temprano y que él estaria bien. Que todo regresaria a su cauce y que ella no tendria que andar preocupandose por su estado y caracter peligroso. Que podria descansar en paz y relajarse por fin, ser egoista por una vez y dedicarse tan solo a si misma. Que supiera que cumpliria con el juramento, que habia aprendido la leccion valiosa y que respetaria su forma de vida como ella habia tratado de hacer con la suya propia. Pero que nunca, nunca jamas, la olvidaria.
Ifára, la salvadora del mundo. Un angel sufriente y didactico. Una maestra y ejemplo de vida. Una niña, una chiquilla, antes una esclava que moriria, al menos, como mujer libre y con el respeto que merecia.
Su canija. Ifára.
Sin esperar mas, que veia que terminaria quebrandose de nuevo y ella no merecia ver semejante escena, Ace se recompuso lo maximo posible, cerrando los puños con mas fuerza para tratar de llevarlo a cabo cuanto antes y no alargarlo de manera innecesaria. Tan rapido como podia hacerlo, con apenas un movimiento de su pie el lecho de ramas secas y flores aromaticas estallo en llamas velozmente, comenzando el fuego a adueñarse del monton con eficacia y peligrosidad.
Las llamaradas lamieron cada rinconcito y terminaron por invadir la piel palida y cetrina de la muchacha, convirtiendose rapidamente aquello en una fogata grande y luminosa que consumiria sin compasion hasta el mas minimo centimetro de lo que antes habia estado vivo. El fuego reduciria en cenizas su precioso cuerpo y bonita esencia junto con aquella madreselva seca y tambien muerta.
Y Dios dijo: Polvo al polvo, cenizas a las cenizas.
Ahora si que habia terminado. Ahora si era una verdad insalvable y total.
Ace no la veria nunca mas.
(Cambio de escena)
-Oye... Marco... - La voz agotada y como ida de Ace le hizo detener su camino en seco a traves de los pasillos, girandose sobre si mismo para encarar a aquel que lo andaba llamando.
-Dime.- Se limito a contestar el primer comandante, guardandose para si mismo lo deprimente que sonaba la voz de Ace con semejante tonalidad temerosa y baja nunca antes escuchada proveniente de su persona. Necesitaba tiempo para recomponerse, que aun era demasiado pronto y el funeral acababa de finalizar hacia apenas un minuto, se dijo Marco.
-Siento tener que pedirte esto despues de... de todo lo que ya has hecho... - Ace trago saliva aun preso de un estado completamente confuso y decaido, pareciendo realmente avergonzado de su ausencia de fuerzas emocionales a pesar de todo. Sin embargo, la mirada de Marco que, aunque desconcertada, si parecia dispuesta a llevar a cabo cualquier cosa mas, causo que el segundo comandante continuara hablando. - ... pero... necesito un favor.- Se limito Ace a decir, encogiendose de hombros tensamente mientras su mirada agotada, menos brillante que de costumbre a la vez que cargada de melancolia se clavaba en todas las direcciones posibles menos en el rostro de su interlocutor.
-Claro ¿De que se trata?- Y es que Marco no pensaba dejar a su amigo y hermano en la estacada, mucho menos despues de haberse asegurado a si mismo que andaria cerca como gran apoyo y simbolo de fuerzas. No era de los que abandonaban aquello que se proponian.
-Bueno... - El joven Ace parecio mas incomodo y nervioso que al principio, llevandose una mano hacia la nuca para mesarsela. Al menos, ciertas cosas y costumbres no habian cambiado, penso Marco con ligero alivio. -I-ifára... - Pero el pobre muchacho tuvo que callarse un segundo, notando como la pronunciacion de aquel nombre a traves de sus labios le arrancaba el corazon de cuajo y sin anestesia. Buscando recomponerse y demostrar que, al menos, no estaba tan absolutamente hundido como todos sabian, Ace respiro hondo, irguiendose un tanto sobre sus piernas a pesar de mantener la mirada esquiva e incomoda. -Ella me pidio... me pidio que lle-llevase sus cenizas a... a la casa que compre y... - Y Marco juro que jamas antes habia visto al fuerte y altivo Ace tartamudear tembloroso, descubriendo rapidamente que aquello debia ser increiblemente dificil de pedir y decir para el otro. -Qu-quisiera hacerlo yo... pero... - El joven comandante se miro las manos grandes un momento, como si ellas fueran las culpables del asunto y la parte mas inutil de su cuerpo al no ser capaces de llevar a cabo la tarea encomendada por la niña en sus ultimos momentos. -Es que... - Trato Ace de decir con excusa, teniendo que tragar saliva con pesadez una vez mas. -No puedo.- Se limito finalmente a pronunciar, negano con la cabeza de manera resignada y convencida para, conteniendo un suspirito doloroso, volver a elevar la cabeza un tanto y dedicar sobre el primer comandante frente a él una miradita fugaz pero suplicante. Vale, Marco ya sabia lo que iban a pedirle. -No quiero... no quiero volver alli.- Fue la primera mirada durante toda la conversacion que se mantuvo clavada sobre la de Marco demasiado tiempo, dejandole ver claramente bajo sus ojos aquellos sentimientos dolorosos y confusos que andaban carcomiendole las entrañas.
-Me estas pidiendo que las lleve yo hasta alli ¿Cierto?- Cuestiono Marco con un resoplidito cansado pero relajado, dejandole ver al otro que no le importaba demasiado hacerle un favor mas al respecto.
Cabizbajo, avergonzado y temeroso de todo, del mundo en general, Ace asintio un par de veces como un niño regañado.
-Esta bien.- El primer comandante se encogio de hombros, sabiendo que no podia darle la espalda al pobre muchacho despues de tanto padecimiento y tanto tiempo de amistad incondicional. Ace lo hubiera hecho por él si fuera necesario, Marco lo sabia. -Solo dime como llegar hasta alli y partire cuanto antes.- Y algo parecido a una sonrisa surco los labios del segundo comandante. Bueno, al menos no se habia olvidado de la persona que era y fue en realidad.
-Si, claro ¡Gracias! Eh... - Se estaba poniendo nervioso por tanta emocion tormentosa, la muerte reciente y dolorosa seguido del correspondiente sombrio funeral y el haber mantenido conversacion semejante, asintiendo Ace un par de veces rapidas con su intento de sonrisa aun plantado sobre el rostro. -Thatch sabe la direccion y tiene buena orientacion... Preguntale a él.- Pero a pesar de su tono amable, Marco adivino facilmente que lo que Ace pretendia era terminar finalmente la charla y esconderse en su camarote o algo similar, notandosele demasiado que le estaba doliendo cada palabra.
-De acuerdo.- Marco decidio no preguntar nada mas y limitarse a seguirle el juego, asintiendo una vez convencida y segura para volver a girarse sobre sus pies con claras intenciones de comenzar a caminar.
-Se tarda un... un poco... - Escucho que Ace decia a su espalda con ligero apuro, deteniendo rapidamente sus movimientos para mirar al otro con leve atencion. -Esta a unos tres dias de aqui p-pero... el viaje es tranquilo y... y no tendras problemas.- Y es que Ace debia sentirse bastante culpable por dejar que otros cargaran con sus dolores en lugar de hacerlo todo él mismo, como habia sido siempre, buscando excusarse y tratando de hacerle saber a su amigo que no regresaria para la hora de la cena, precisamente.
-Ese tiempo es el que se tardaria navegando.- Dijo Marco con su voz monocorde y serena, causando que el joven Ace no pudiera evitar enmudecer con total desconcierto y duda. Definitivamente, el pobre Ace andaba aun demasiado conmocionado. -Te has olvidado de algo, Ace.- Trato de darle una especie de pista para hacerlo despertar un tanto, logrando tan solo que el segundo comandante, aun vestido con sus ropas oscuras al igual que el mismo Marco, no pudiera evitar confundirse aun mas. Finalmente, el primer comandante suspiro con total resignacion. -Yo puedo volar.- Marco dio la respuesta dandose por vencido, dejando al otro con una ligera sorpresa extraña mientras, de nuevo, giraba la cabeza para continuar andando y largarse a cumplir con la tarea funeraria.
Definitivamente, Ace estaba todavia demasiado conmocionado y confuso.
Lo mas dificil que trae la muerte no es la superacion, si no la plena asimilacion.
(Cambio de escena)
Era bonito.
El tejido entrelazado y ligeramente brillante paseo entre sus dedos, suave como la seda, jugueteando Ace con la tela perdidamente mientras la analizaba ensimismado. La mezcla de colores, amalgamado el azul aguamarina y el verde intenso entre los hilos, causo que el nudo de su garganta se apretara mas pero, a la vez, hizo que algo en su alma se calmara irremediablemente, siendo el joven incapaz de detener el analisis constante y extraño que mantenia sobre la prenda.
Si, era una bufanda o pañuelo amplio, que él no entendia de esas cosas, de lo mas bonito.
Perdido en su mente y mundo interior, a la cabeza de Ace acudieron imagenes pasadas de como él mismo habia conseguido aquella prenda de abrigo en mitad de un viaje largo, evocando la escena precisa en la cual se topo con ello y como le habia recordado a Ifára sin poder evitarlo. Por eso lo compro. Porque le recordaba a ella. Tan calida, tan suave, tan agradable y portadora del color del mar junto con el de la mas pura esperanza.
Era casi tan bonito como ella. Casi.
Pareciendo que la tela se deshacia entre sus dedos, Ace no supo demasiado bien que hacia ni lo recapacito si quiera, llevandose aquel pañuelo amplio o bufanda directamente al rostro con suavidad. Cerro los ojos despacio y hundio la nariz delicadamente entre los hilos, aspirando con deleite extraño y nostalgia insalvable el aroma impregnado en aquella prenda bonita. Olia a Ifára. Era el perfume natural de Ifára. Aquel pañuelo y el ratoncito superviviente era lo unico que quedaba de Ifára.
Nostalgia... No llevaba ni una semana desaparecida del mundo, y Ace ya sentia una terrible y angustiosa nostalgia.
Ahogo un gruñido desesperado y frustrado que pronto, sabia él, acabaria convirtiendose en llanto tarde o temprano, escondiendo un tanto mas el rostro sobre la tela por puro instinto de esconderse aunque no habia nadie mas que él en su camarote. Sin embargo, rapidamente dio un respingo apurado, separando la cara del pañuelo amplio o bufanda para dejarla cerquita pero no apegada a su piel. Con manos levemente temblorosas y culpables lo aliso y arreglo el doblado con delicadeza total, diciendose que debia cuidarlo y no dejar que su propio aroma se mezclara con el tan agradable de ella. Era una de las dos unicas cosas que quedaban de Ifára. Debia protegerlo y cuidarlo como el tesoro que era y, llorar sobre él, no correspondia precisamente a ninguna de las dos acciones anteriores.
Podia guardarse su perfume en la tela y disfrutarlo nostalgica y masoquistamente sin necesidad de estropearlo. Con hundir la nariz sobre la prenda suavemente y cerrar los ojos bastaba.
El sonido de la puerta abriendose de manera descuidada le hizo dar un nuevo respingo sobre la cama, golpeandose sin poder evitarlo contra el cabecero duro de madera desgastada donde mantenia apoyada la espalda. Desconcertado por que no llamaran y, directamente, se decidieran por entrar en la habitacion vedada ahora sin mas, el joven comandante observo confusamente los alrededores a una velocidad pasmosa, reaccionando ligeramente a tiempo antes de que nadie lo viera y escondiendo asi aquel pañuelo bajo las sabanas. No sabia porque hacia semejante cosa, solo sabia que necesitaba hacerlo. Era algo suyo y solo suyo. Era su tesoro y lo esconderia de cualquiera porque era solo suyo.
Extrañadisimo se quedo cuando comprobo, levemente confuso, como en su camarote se adentraba la altiva y hermosa Circe como quien anda por sus propios dominios, pareciendo que cargaba entre las manos lo que Ace analizo rapido y a duras penas como un vaso de agua y un cuenco de comida.
-¿Tanto miedo te doy que me miras con esa cara de espanto?- Cuestiono ella con su tono de dignidad total y malos humos sin necesidad de pretenderlo, cerrando la puerta tras su espalda con dificultad al tener las manos cargadas.
Circe callo de nuevo, quedandose silenciosa y estatica en su sitio durante unos segundos extraños, pareciendo que esperaba algo de parte del otro.
Ace, en cambio, se limito a recomponerse y permanecer en su posicion, dedicandole a la mujer recien llegada algo que trato de ser una sonrisa cordial.
Vista semejante expresion, Circe suspiro resignada pero con evidente decepcion.
-Bueno... - Dijo ella, encogiendose de hombros elegantemente mientras aun portaba con su extraño cargamento, recorriendo la pequeña estancia con eficacia y sus tipicos movimientos felinos para llegar hasta el colchon ocupado. Sin esperar permiso, que tampoco le hacia falta y Ace sabia que no era de esas que se arraigan a las buenas maneras, la salvaje Circe se acomodo en el borde de la cama, dedicando sobre su comandante una mirada dura y aburrida. Sin embargo, bajo el brillo de sus ojos arabigos Ace supo, gran conocedor de su persona como se sabia, que se escondia un sentimiento similar a la preocupacion y el apuro, ocultas las emociones blandas bajo aquella mascara de mujer desalmada y cruel. -¿Aun no te has cambiado de ropa?- Le cuestiono Circe de repente, analizando veloz las prendas oscuras que Ace se habia plantado desde por la mañana.
-No.- Se limito él a contestar la evidencia, negando con la cabeza un par de veces suaves para acomodar mejor la espalda sobre el cabecero de la cama, ahora ocupada por ambos.
Nuevamente, Circe dejo escapar de sus labios carnosos un largo y resignado suspirito.
-Toma.- Sin mas, la hermosa mujer le tendio aquel vaso de agua que andaba transportando, notandosele toda la autoridad peligrosa y firme de la que hacia gala fuera su contrincante un superior o el mismisimo rey de los piratas.
-Gracias, pero... - Ace hizo un movimiento de negacion con la mano, siendo sin embargo rapidamente interrumpido por Circe y su voz cortante y molesta.
-Tienes que beber y comer algo.- Le dijo acusadora pero firme, sincera y concisa, manteniendo aun aquel vaso cargado de agua en vilo y frente a sus narices. -Llevas dos dias sin probar bocado y apenas habiendo bebido nada... - Ace abrio la boca dispuesto a protestar como un niño caprichoso, siendo su intento nuevamente interrumpido por una Circe que comenzaba a perder la paciencia. -Comandante, te juro que si no lo haces por propia voluntad, te lo hare tragar con un embudo.- Y la amenaza era tan clara y real que hasta el duro Ace sintio un pequeño escalofrio de terror, observando apesumbrado como la mujer hermosa volvia a tenderle aquel vaso de agua con total indicacion y autoridad ferrea.
A regañadientes y decidiendo que tenia menos ganas de luchar que de beber algo, el segundo comandante chasqueo la lengua molesto pero dejandose hacer, acogiendo finalmente aquel vaso de agua entre sus dedos para acercarselo hacia el rostro. De malos humos a pesar de su resignacion, el joven Ace reviso el contenido transparente y liquido del recipiente, moviendolo un tanto de un lado a otro para inspeccionarlo perdidamente y sin mucho sentido.
-Eres peor que los niños.- Le espeto Circe con su mal humor caracteristico, dedicando sobre Ace una miradita autoritaria de reproche. -Deja de jugar y bebetelo de una vez.- Como respuesta, el segundo comandante correspondio a los ojos arabigos de ella con una miradita molesta, decidiendo callarse alguna mala contestacion para seguir su consejo. Al fin y al cabo, ella tenia razon y él no tenia ganas de discutir en absoluto, terminando por llevarse el vaso hacia la boca con pesadumbre. Bebio un trago corto y noto como el nudo de su garganta se aliviaba enormemente y la sequedaz de la boca desaparecia un tanto, sintiendose rapidamente culpable debido al pequeño bienestar. Si no habia mas dolor, no tendria el suficiente castigo que se merecia. Sin embargo, para su suerte o desgracia el cuerpo propio le traiciono en cuanto recibio una minima hidratacion, exigiendo por mas y por que terminase aquel vaso de agua con rapidez, bebiendo avidamente sin poder evitarlo por puro instinto de supervivencia hasta terminar con el contenido. -Buen chico.- Dijo Circe entre burlona y sincera, casi como una madre ferrea que se deja llevar por el cariño por una vez, retirandole aquel vaso ahora vacio de entre las manos eficazmente.
-¿Has venido a humillarme mas o andas preocupada de verdad?- La segunda parte de la pregunta era realmente divertida, en realidad, no pudiendo Ace el contener una sonrisita amarga ante la idea de una Circe protectora y cuidadora de los debiles. No le pegaba en absoluto.
-Un poco de ambas cosas.- Respondio ella con toda su gracia, tan masculina como elegante, aun sentadita chulescamente sobre el borde de la cama ocupada.
-¿Desde cuando te gusta jugar a las enfermeras?- Y es que Ace no estaba de buen humor en absoluto, mucho menos como para andar pendiente de su tono de voz o de si ofendia a alguien, pronunciando aquella nueva cuestion de manera burlona y bastante despreciativa.
-Desde que tu has decidido jugar al viudo desvalido.- Espeto ella con sequedaz y actitud combativa, soltadole semejantes palabras sin pensar antes en las consecuencias. La respuesta a su burla le dolio como mil demonios y la reaccion de daño emocional fue completamente notable, apartando Ace la mirada velozmente para revolverse incomodo en su posicion sobre el colchon, humillado y en momento demasiado sensible. -Lo siento.- Sin embargo, Circe rapido reparo como pudo el daño, pareciendo realmente arrepentida de semejante arrebato desagradable. Al fin y al cabo, Ace no andaba como para ofensas ni palabras dolientes.
-No pasa nada.- Se limito él a contestar, regalandole a la otra un amago de sonrisa tranquilizadora y falsa. Al menos, estaba tratando de ser cortes de nuevo, parecio pensar Circe al tranquilizarse notablemente.
Un silencio levemente incomodo se hizo presente en la estancia, andando ahora Ace sumergido en sus propios dolores emocionales y su torturado mundo interior. Por su parte, Circe se limito a observarle, no atreviendose a decir todavia palabra mas ante semejante hundimiento de un hombre que creyo como irrompible y mas duro que el acero. Era una autentica lastima, pero antes o despues el tiempo lo cura todo.
Cansada de semejante mutismo, que Circe nunca destaco por ser una persona paciente o pensativa, la hermosa mujer morena se levanto de sobre el colchon sin mediar palabra, causando que Ace despertara levemente de su letargo y le dedicara una miradita curiosa. Desconcertado pero atento, observo como Circe caminaba hasta posicionarse mas cercana hacia él, acomodandose chula y sin esperar permiso justo a su lado.
-¿Que haces?- Cuestiono Ace confuso en lugar de molesto o incomodo, pensando realmente desde cuando ella podia ser una persona cercana o cariñosa, mucho menos asi de maternal. No era precisamente un comportamiento dulce pero, viniendo de su parte, si era mucho mas benigno y agradable de lo que solia ser, analizando el joven Ace a la mujer bonita que, orgullosa y convencida, se mantenia pegadita a él con toda su actitud superior de costumbre.
-Ya te he dicho que eres peor que los niños... - Contesto ella seca y cortante, ocultando los sentimientos bajo su mascara de molestia y peligrosidad, como siempre, colando las manos tras la espalda amplia del otro para empujarle levemente con total indicacion. -Hay que ser mas madre que subordinada o compañera contigo... y mas tal y como estas ahora.- Ciertamente, Ace sabia que lo correcto seria que la cercania de aquella mujer le pusiera nervioso o incomodo despues de todo lo vivido pero, extrañamente, ningun sentimiento semejante aparecio. Ace necesitaba a alguien, algun hombro amigo, alguna mano cariñosa, lo que fuera, reaccionando por instinto al andar pidiendo contacto semejante a gritos silenciosos sin recibirlo de ninguno de sus masculinos compañeros. Los buenos rufianes del mar no sienten ni padecen, no dan abrazos ni cuidan maternalmente de los desvalidos. Por ausencia de esto, Ace solia lanzarse a los brazos de las mujeres con facilidad. Pero ya tendria tiempo de analizarse a si mismo mejor en otra ocasion.
-No necesito una madre.- Dijo Ace de una manera incluso infantil por mantener el poco orgullo que le quedaba, levantandose un tanto sin embargo de su posicion para permitir que ella se colara tras su espalda y actuara de nuevo respaldo. Era una sensacion agradable y, aunque minimo, si funcionaba de consuelo pequeño, acomodandose Ace de manera instintiva sobre el cuerpo agradable y calido de Circe.
-Pues demuestralo.- Circe no iba a dejarse vencer, mucho menos por un comandante en semejante estado de dejadez y depresion, alcanzando rapidamente aquel cuenco con comida que habia traido junto con el vaso de agua.
-¿Estas cuidando de mi?- Cuestiono Ace con escepticismo y diversion, incredulo de semejante cosa mientras se dejaba hacer a pesar de todo.
-No te creas tan especial, comandante... sabes como soy.- Circe le dio un golpe indoloro pero amenazante sobre el homoplato derecho, llamando asi la completa atencion de su segundo comandante y superior a cargo. -Soy una zorra, pero tambien parte de esta tripulacion, de esta familia y... - Sin embargo, Ace la interrumpio velozmente.
-"Y yo cuido de los mios" ¿Era asi?- Por una vez en mucho tiempo, Ace se rio. No fue una carcajada limpia y con ganas, ni siquiera una risotada burlona, pero al menos constituyo una risita vaga y pequeña que salio sola tras pronunciar él mismo aquella frase conocida que Circe solia decir.
-Estupido.- Ella respondio tan seca y desagradable como solia ser y, sin embargo, algo en el tono de su voz sono mas calmado y alegre que de costumbre, notandose aliviada con la simple escucha de aquella risa leve pero presente, al menos.
-¿Eres mi amiga?- Y es que Ace, aunque no sabia exactamente porque, necesitaba preguntar cosa semejante, buscando desesperadamente algun soporte emocional y calido que tan solo el cariño femenino pudiera darle. Marco y Thatch eran leales y no podia tener queja alguna pero, simplemente, no era lo mismo. No era el mismo consuelo, nunca lo seria. Los hombres habian perdido la costumbre de mostrarse emotivos entre ellos hacia demasiado tiempo.
La pregunta repentina y seria, que ya no sono a juego si no mas bien a ruego, causo que Circe tuviera que guardar silencio y reflexionar confusamente durante un par de segundos. Le habia pillado por sorpresa su seriedad y ausencia de burla, Ace lo sabia, permitiendole el tiempo que quisiera tomarse mientras se aguantaba su propio nerviosismo e impaciencia. Habia sido una pregunta estupida e infantil, se castigo internamente Ace.
-Si, soy tu amiga.- Sin embargo, Circe no debia estar de acuerdo con él, contestando aquello de una manera sincera y suave que nunca antes habia escuchado proveniente de su voz. Un alivio calido se hizo presente dentro del hueco en el que se habia convertido su pecho tras la respuesta afirmativa, notando el bienestar que trae consigo la aceptacion de los demas y el apoyo en momentos de flaqueza. -Y, ahora... - Circe se vio descubierta en su plano emocional y rapido recupero fuerzas, hablando con su acostumbrada altivez y chuleria para, segura de si misma, afianzar su posicion de respaldo del otro con indicacion. - ... tienes que comer.- Dijo sin mas ni dejando lugar a las replicas, plantandole aquel cuenco de comida justo frente a las narices, al igual que habia hecho con el vaso de agua.
-No tengo apetito, pero gracias.- No, realmente, lo ultimo que queria ahora mismo era probar bocado por mucho que lo necesitara, analizando con desgana lo que era sin duda simple y limpio arroz blanco.
-Come.- Nada, Circe no iba a darse por vencido, pronunciando aquella orden clara con evidente falta de paciencia.
-De verdad, no quiero.- Respondio Ace en sus trece y haciendo gala de su enorme tozudez, admirando el cuenco de comida cercano al rostro y acogido por las manos elegantes de Circe.
-A mi me la trae al pairo que quieras o no. Solo es arroz blanco, no necesitas apetito para comerte eso.- Y es que Ace empezaba a pensar si acaso podria ganarle la partida con las escasas ganas que tenia por discutir o plantar batalla, limitandose a chasquear la lengua y apartar un tanto la cara del cuenco, despreciandolo con un solo movimiento de cabeza. -¿Ves? Hay que ser una madre contigo.- Dijo ella con cansancio pero resignacion total, cargando el cubierto un tanto con sus propias manos.
-Oh, no. Eso si que no.- Ace podria estar acabado y hundido, quebrado y regodeandose en su propia desgracia, pero todo tenia un limite, negando con la cabeza incluso con susto en cuanto adivino las intenciones evidentes de la mujer sobre la que andaba acomodado.
-¡Claro que si! Si no lo haces tu mismo, tendre que obligarte a ello.- Definitivamente, era imposible ganarle la batalla.
-Ya me siento lo suficientemente hundido... no quiero humillarme mas.- Y es que Ace ahora estaba siendo mas sincero que nunca, aumentando la invitacion a las confianzas la cercania inesperada de Circe que lo habia pillado, ademas, con la guardia completamente baja.
-¿Que mas da, Ace?- La mencion de su nombre propio pronunciado de los labios de Circe le sorprendio un tanto, causando que supiera en menos de un segundo que, ahora, ella si hablaba completamente en serio. Atento y debatiendo por dentro sobre el que hacer en realidad, Ace espero a que continuara hablando, ligeramente tenso e incomodo en su asiento femenino. -Aqui solo estamos tu y yo... y lo que se diga o pase entre estas cuatro paredes en el dia de hoy, nunca mas se recordara... Nunca habra pasado.- Y pacto semejante trajo a la cabeza de Ace una escena extraña que no quiso recordar durante demasiado tiempo.
-Eso me suena de algo... - Susurro el joven comandante con gracia amarga, recordando aquel desliz que cometieron y como fue, anteriormente, él mismo quien habia acordado trato semejante. Gracias al cielo, sin embargo, esta vez la cuestion no era tan peliaguda ni problematica. Ella no dijo nada, fingiendo no haber escuchado o entendido y guardandose el dolor para si, como siempre. -Esta bien... es un buen trato... - Ace suspiro, rendido y agotado de plantar cara, de batallar y guerrear sin sentido y de mantener un orgullo del que ya no andaba tan seguro, terminando por relajarse de nuevo sobre el cuerpo comodo de Circe para acoger repentinamente el cuenco de comida el mismo entre las manos grandes. -Pero prefiero hacerlo yo, igualmente.- Dijo, comenzando a masticar sin ganas aquel alimento facil e insipido que le habian traido. Al menos, era suave y casi parecia que no sabia a nada, resultando la tarea de alimentarse un tanto mas facil de lo que penso a pesar de la ausencia de apetito.
-Buen chico.- Repitio ella con satisfaccion y voz tranquila, notandose mucho mas aliviada al verlo comer aunque fuera con desgana.
Quiza fue el ambiente, quiza la situacion o puede que incluso fuera el instinto, pero Ace sintio de repente tras varios segundos de silencio como unos dedos delgados y agradables se colaban entre las hebras de su cabello oscuro con suavidad. Paro de masticar el escaso contenido de arroz que habia en su boca, estremeciendose durante un segundo extraño por la caricia no esperada al recordar ciertas manos calidas y suaves hacer exactamente lo mismo. Durante un segundo escaso, Ifára revivio y el dolor desaparecio, llegando incluso a cerrar los ojos para vaciar la mente y disfrutar del contacto predilecto que tantas veces habia vivido para su total suerte.
Sin embargo, cuando este segundo termino, Ace regreso a la realidad.
Abrio los ojos de repente y termino de masticar con pesadez y mecanicismo, tensandose irremediablemente bajo la caricia agradable y notando un momento de completa incomodidad y desconcierto. Ifára no estaba. No eran las manos de Ifára porque no podian serlo.
-¿Te he molestado?- Adivinar su repentino disgusto o shock extraño no era dificil, deteniendo Circe rapidamente la caricia para apartar las manos de sobre su cabello oscuro con rapidez y ligero miedo.
-No, no... - Nego con la cabeza sin poder moverse demasiado todavia, clavando su mirada sobre el cuenco mas vacio ahora de alimento con desconcierto y dolor.
-No lo he hecho a proposito, lo siento.- Su silencio y actitud extraña desperto sobre Circe la culpa, buscando excusarse velozmente para que el otro supiera la razon de su atrevimiento repentino.
-Lo se, no importa... - Y, realmente, no le importaba en semejante sentido, sabiendo rapido que Circe no habia tenido la culpa de reaccion como aquella ni engaño mental de su cabeza todavia conmocionada. Ace ya habia lidiado antes con la muerte y, sin embargo, nunca le habia costado tanto el recomponerse y salir adelante. -Es solo que... - Pero callo de golpe, resultando bastante dificil el comenzar la conversacion asi a pesar de que Circe merecia una respuesta mas detallada y mejor. Ella le habia dicho que cuanto pasara aquel dia entre aquellas cuatro paredes, cuanto dijera o confesara, no saldria de alli y se olvidaria. Entonces, que asi fuera. - ... I-ifára... - Pronunciar su nombre era aun doloroso y lo hacia tartamudear aunque tratara de evitarlo. -Ella solia... hacer eso... - Y, entonces, Circe comprendio.
-Entiendo... - Respondio la mujer morena a su espalda con voz calmada y lo mas comprensiva que pudiera ser proviniendo de alguien como ella, limitandose a permanecer como simple respaldo con las manos ahora quietas a ambos lados de su cuerpo.
-Me gustaba mucho ¿Sabes? Que hiciera eso, digo... - Sus palabras salieron solas y Ace no las podia controlar demasiado, pareciendo que deseaba sin haberlo sabido el hablar de ella y desahogarse de una manera mas intima y sensible. Sonrio con nostalgia preso de los propios recuerdos, admirando perdidamente el cuenco a medio comer de arroz blanco. -Tenia unas manos bonitas y muy agradables... - El dolor regreso junto con un extraño alivio causado por, tan solo, pronunciar en alto cosa semejante, teniendo que tragar saliva con dureza pare no dejarse llevar por el arrebato emocional y permanecer tranquilo. - ... aunque siempre terminaba quedandome dormido.- Y ahora se arrepentia de no haberse mantenido despierto para asi disfrutar aquella sensacion tan agradable y calida al cien por cien.
-Era una buena chica.- Dijo Circe de pronto, sonando realmente convencida y sincera a la vez que resignada, superando con facilidad la muerte de Ifára a pesar de admitir descripcion como aquella. Ace tuvo que tragar saliva con fuerza otra vez.
-Crei que la odiabas.- El joven pirata trato incluso de sonar divertido, pronunciando aquello con curiosidad pero gracia tras haber escuchado de los labios de la otra un halago hacia su supuesta enemiga.
-Bueno... - Incomoda a su espalda por la tematica repentina de la conversacion, la mujer hermosa y altiva se revolvio un tanto, acomodandose de nuevo en cuanto encontro una posicion mejor. -Al principio si, la odiaba... La odiaba con toda mi alma.- Reconocio sincera y real, causando que Ace elevara las cejas un segundo con atencion y curiosidad total, girandose levemente hacia ella para hacerla saber que andaba escuchandola. - ... pero luego deje de odiarla para que, simplemente y aunque me cayera bien, me fuera indiferente... - Resignada se encogio de hombros y a Ace no le molesto en absoluto confesion como aquella, sabedor de que suficiente era que alguien como Circe dijera palabras asi de la que fue su rival en potencia. - Sin embargo, eso no quita el hecho de que fuera una buena chica... porque lo era, mucho.- Nadie podia negar verdad absoluta como aquella.
-Lo se... - Desde luego que Ace lo sabia, lo sabia mejor que nadie, teniendo que normalizar su respiracion a conciencia para no comenzar a llorar otra vez. Menos mal que Circe no podia verle la cara. Asi, era mucho mas sencillo. -Era perfecta.- Dijo el joven comandante con todo su convencido dolor, pronunciando completamente seguro de sus palabras descripcion como aquella. Ifára habia sido, simplemente, perfecta. Al menos, para Ace no podia ser de otra manera. Los angeles son perfectos.
Nuevamente, el silencio se apodero de la habitacion con toda su tension y dolor, perdiendose cada uno de ellos en sus propias cavilaciones y pensamientos. Circe se revolvio de nuevo con suavidad a su espalda, ligeramente incomoda para rebuscar una posicion mas optima con la que soportar el mutismo dañado de Ace, que ni siquiera noto su movimiento. Ahora mismo, perdido en sus recuerdos, en su dolor, culpa y pena, Ace no notaba nada que no tuviera que ver con la jovencita fallecida. Nada en absoluto.
Con los ojos clavados sobre el cuenco a medias que descansaba sobre sus manos, Ace se dijo que el mundo era malo, idea que prontamente se le hizo del todo contradictoria. Si el mundo era tan malo ¿Como habia podido crear criatura tan adorable como Ifára? Pero, sin embargo, le habia arrancado la vida tras cinco dias de sufrimiento y dolores. Tanto dolor ¿Para que? Para nada, simplemente porque el mundo era malo.
Pero, si el mundo era tan malo ¿Como habia podido crear criatura tan adorable como Ifára?
Nuevamente, se quedaba estancado en la misma duda dolorosa.
¿Quienes eran los buenos y los malos, en realidad? Es mas ¿Existian realmente o eran creados por su propia necesidad de culpar a alguien o algo, ya fuera a si mismo o al propio mundo en general?
Ace no lo sabia, no tenia ni idea. Solo sabia que, definitivamente, el cielo tenia que existir para que Ifára pudiera descansar en paz y apresar la felicidad que nunca tuvo. Si pensaba de otra manera, cosa que hizo hacia menos de una semana, simplemente se volveria loco.
Entonces, Circe resoplo con fastidio fingido, dispuesta a romper aquel silencio cortante y doloroso.
-¿Te lo vas a comer de una jodida vez o no?- Cuestiono con todo su mal humor y autoridad, sacando al joven comandante de su propia tortura a proposito para continuar entreteniendole fuera de su pena constante.
Ace dio un respingo pequeño, aun apoyado calidamente sobre el cuerpo agradable de la mujer hermosa para sacudir la cabeza un tanto buscando espabilarse.
Al menos, tenia a sus amigos.
Y Ace continuo comiendo en silencio.
(Cambio de escena)
Una rafaga de aire agradable y caliente se arremolino alrededor de sus tobillos.
Actuando de manera inconsciente mientras se dejaba llevar por el ambiente natural y campestre, Marco cerro los ojos serenamente un segundo, disfrutando de una manera mas intensa de la calidez del viento y del aroma a hierbabuena que recorria el lugar. Una vez se sintio plenamente satisfecho y sus pulmones estuvieron llenos de aquel perfume natural y salvaje, el primer comandante de la temida tripulacion de Barba Blanca volvio a abrir los ojos, decidiendo que era hora de regresar a la razon y la calma para cumplir con el cometido por el cual se encontraba alli. El sol suave pero dulce, de una luz embriagadora a la vez que serenante, inundo su piel y parte de su cabeza, comenzando Marco a caminar hacia el frente tras un suspiro de resignacion.
La casa algo destartalada y ruinosa le dijo con sus paredes de ladrillo blanco y puertecita ligeramente carcomida que, en otro tiempo, fue un bonito hogar, sabiendo Marco seguro que con un par de cuidados y obras podria haber regresado a su esplendor de los años mozos. Por desgracia, nadie la cuidaria ahora y semejante resureccion no se daria nunca mas.
Teniendo que detener el camino un segundo por puro emotivismo extraño, Marco se paro en lo que era, sin duda, la entrada del jardin pequeñito que presidia la casa en cuestion. Bueno, jardin no era ahora mismo, precisamente, siendo mas bien un lugar alrededor de la casa mas salvaje y silvestre que el resto del campo alrededor, incluso. Debido a la tierra fertil, las plantas habian crecido de manera impresionante y frondosamente, haciendose dueñas de la parcela pequeña y cuadrada para llenarlo todo de verde y madreselva natural. Una enredadera campestre comenzaba a trepar por la pared de ladrillo blanco de la casita, incluso, decorandola de manera salvaje con sus hojas arremolinadas y el tallo conquistador.
Marco se dijo que, si bien no era un jardin cuidado y tipico, era una bonita imagen y resultaba de lo mas agradable de admirar, comenzando a saber porque Ace habia elegido aquella casita a pesar de su estado precario y envejecido. Era pura naturaleza y, como el pueblo andaba lo suficientemente lejos, la mayoria de sus habitantes se habrian olvidado por completo de aquella parcelita de tierra o bien apenas ponian los pies por alli. Un lugar natural y tranquilo, perfecto para el exilio y para comenzar una nueva vida.
Chasqueando la lengua con pena y disgusto, Marco acogio mejor bajo su brazo aquella hurna de porcelana que contenia las cenizas de la chiquilla junto con parte de las plantas quemadas de su lecho, girando la cabeza un momento para admirar las vistas.
Todo era campo, pudo el primer comandante comprobar, adivinando facil y seguro que, desde las ventanas de la casa, se divisaria semejante escena bonita en lugar de mas casas o civilizacion.
Todo campo. A Ace le gustaba el campo, Marco lo sabia porque le conocia desde hacia mucho tiempo.
Que lastima.
Resignado a pesar de todo, el primer comandante sacudio la cabeza un tanto, regresando su atencion hacia la casita destartalada para, no queriendo perder mas tiempo, internarse finalmente en aquel jardin salvaje con la intencion de cumplir con su mision cuanto antes. La hierbabuena tambien habia conquistado aquella parcela pequeña, que su aroma le llego con mas intensidad y facilidad que antes. Era un bonito lugar.
Con la mirada clavada sobre la pared blanca de ladrillo algo envejecido, Marco se llevo la hurna hacia el pecho para acogerla con ambas manos, no siendo todavia capaz de abrirla para continuar con su analisis. Alli no habia nadie mas que él y las cenizas de Ifára, se dijo, decidiendo que no pasaba nada por reflexionar un tanto y dejarse perder por sus propios pensamientos.
Pronto, Marco imagino como seria aquel lugar tras un par de meses de duro trabajo y albañileria personal, pudiendo incluso ver como sus paredes viejas relucian tras una capa de pintura y como la puerta se notaba ahora mucho mas segura y eficaz. Podria haber sido un bonito hogar, divisando incluso lo que seria ropa tendida y un huerto pequeño justo detras de la casita, pegadito a la fachada. Seguramente, desde fuera podrian oirse facilmente las palabras y conversaciones, el sonido de alguna cafetera haciendo ruido por las mañanas y los ladridos graves y fuertes de un perro grandote que solo querria jugar, porque un hogar de campo no es un hogar de campo sin algun animal leal.
Con los años, Marco se dijo que, ademas de dos habitantes y una mascota, pronto podria tambien adivinarse la presencia de un par de personitas mas, pudiendo incluso escuchar las risas de los niños atravesar las paredes de la casa como si fueran reales y actuales. Imagino a un Ace mas maduro y mayor, mas moreno y curtido por el sol del campo asi como con una barba descuidada de tres dias, con facciones marcadas por el paso del tiempo y el trabajo agotador pero gratificante del campesino de un pueblo tranquilo. Aquel hombre que Ace podria haber sido tras unos años dejo su trabajo arduo en el huerto pequeño para dirigirse directo hacia el jardincito, guiado por las risas de sus propios hijos pequeños para llegar hasta ellos y jugar un rato. Pronto se volvio uno mas de los infantes y empezo a hacer payasadas con ellos, arrancandoles mas carcajadas y despertando su imaginacion constante para hacerles soñar con historias de un antiguo pirata y aventurero del mar. Los niños parecian felices y el mas pequeño, clavadito a su progenitor con su misma edad, se avalanzo sobre su padre, tironeando de sus pantalones desgastados con indicacion para que lo siguiera hacia el interior de la casa y les diera de comer de una vez. El mayor, por su parte, a pesar de su cabello oscuro como la noche habia tenido la suerte de heredar el azul llamativo de los ojos de su madre al igual que parte de las facciones mas agradables de su padre. Cuando alcanzara la adolescencia tendria a todas las niñas del pueblo tras sus pasos, se dijo Marco.
Conocia a Ace y sabia de sus pensamientos y rotundas negaciones a la hora de pensar en crear descendencia en un futuro pero, tambien, Marco estaba seguro de que Ifára parecia ser persona de niños y sueños de familia. Seguramente, al principio Ace no querria ni hablar del asunto pero, con el tiempo y perseverancia a la vez que la vida tranquila, acabaria cediendo y cumpliria los deseos de ella. La queria demasiado y Marco estaba seguro de que Ifára, siempre, ganaba la partida cuando se trataba de ellos dos como pareja. Ace hubiera acabado por ser un gran padre, Marco estaba seguro de eso.
Una lastima que semejante sueño tan solo fuera producto de su imaginacion.
Con un saltito pequeño, el primer comandante desperto de sus propios sueños extraños, teniendo incluso que sacudir la cabeza para regresar a la realidad. La casita vieja y ruinosa volvio a ser asi y el jardincito cuidado regreso a su estado salvaje, desapareciendo rapidamente el huerto junto con el tendedero al igual que aquel par de niños simpaticos y su sonriente padre.
Una lastima.
Notando que una oleada sombria le inundaba por dentro, Marco trago saliva pesadamente, razonando desde hacia cuanto tiempo no se permitia el lujo de dejarse llevar por los sentimientos y las emociones. Como era un hecho desconocido para él y no estaba acostumbrado a lidiar con ello, Marco lucho fieramente y se mantuvo frio a duras penas, abriendo finalmente la hurna de porcelana que mantenia entre las manos grandes y asperas.
Las cenizas de ella, la esperanza mas grande que habia existido sobre la tierra, mezcladas junto con las de la naturaleza quemada le saludaron, esperando Marco el momento optimo mientras aun batallaba contra aquel arrebato sentimental que lo torturaba cada vez mas.
Aprovecho una nueva brisa agradable del viento calido para dejar caer las cenizas sin ganas de alargar aquel encuentro emocional mas de lo necesario, notando con el corazon en un puño como habia calculado correctamente y los restos de ella, en lugar de caer al suelo sin gracia, se arremolinaban junto con el viento alrededor de las plantas salvajes y parte y de la casa. Las cenizas bailotearon, pareciendo extrañamente alegres a pesar de todo lo ocurrido, brillando como cristal bajo el sol potente pero acogedor. Ifára debia estar contenta con su vida y su final, con el lugar donde le habian permitido descansar para toda la eternidad, admirando Marco con expresion afligida y extrañada como sus restos sobrevolaban el lugar sobre el viento.
Y, finalmente, las cenizas se dispersaron como la nada en la que se convertirian, desapareciendo entre las briznas de hierba, las enredaderas y las plantas aromaticas.
No habria ni hogar, ni calma y tranquilidad, ni niños felices en aquella casa, ya no. Ifára ya no estaba, asi que no habria nada de eso.
Tan solo quedaria el recuerdo de su imaginacion y lo que podria haber sido, todo ello aliñado junto con la esencia perdida y dulce de las cenizas de Ifára.
Una lastima. Una autentica lastima.
Sintio que aquella oleada asfixiante se hacia mas fuerte y dolorosa dentro de su pecho, pensando Marco que diablos le estaba pasando asi como una forma de poder controlarlo un tanto. Luego, cuando se hizo demasiado poderosa y se cercioro una y otra vez de que alli no habia nadie de espectador a excepcion de la esencia de Ifára, el primer comandante se dijo si, acaso, pasaba algo por dejarse llevar y desahogarse a gusto por una vez.
No era justo. Era demasiado injusto y repentino. Era horrible. Una desgracia. Una autentica y enorme desgracia desconcertante que tan solo habia traido dolor y pena. Tan solo sombras y la caida de aquel que, mas que un amigo, era su hermano pequeño.
Finalmente, Marco se mordio el labio inferior en cuanto noto que el nudo de su garganta se transformaba en otra cosa, llevandose rapidamente una mano directa al rostro para cubrirse por pura costumbre. Oculto por sus dedos largos, noto como los ojos le picaban aunque estubieran cerrados y como la palma de su mano comenzaba a mojarse. Estaba llorando. Él estaba llorando.
Se apreto la cara con mas fuerza en cuanto noto que un sollozo ruidoso iba a salir de su boca, conteniendolo correctamente a pesar de que no podia detener el llanto todavia.
El viento agradable volvio a arremolinarse entre sus tobillos y, esta vez, Marco lo analizo como mas calido y reconfortante que de costumbre. La brisa complice y amiga parecio consolarlo y buscarle una sonrisa que no logro, deshaciendose finalmente entre la espesura de las plantas para limitarse a vigilarlo de cerca.
Era la esencia dulce de Ifára, que se habia impregnado en el viento.
Y Marco lloro como no lo habia hecho en mucho tiempo, decidiendo que, definitivamente, las cosas no podian terminar de manera semejante y que él mismo, aunque tratara de ser el mas sereno y frio de los hombres, tambien necesitaba desahogarse y dejar escapar las penas y frustraciones.
Demasiado injusto. Demasiado repentino.
Al menos, Ifára estaba en su casa.
(Fin del capitulo)
Toma geroma!
He vuelto ¿He tardado mucho? Siento si ha sido asi! D= Es que entre lo vaga que soy y que voy a empezar ya la universidad, no he sabido administrarme el tiempo en absoluto!
Bueno, pero aqui teneis el capitulo por fin! Yeah ^^ Ciertamente me esta costando escribir todo esto. Todo demasiado profundo, todo demasiado intrincado... Pero me divierto haciendolo, a la vez. Disfruto enormemente escribiendo jeh jeh!
Por cierto, hace poco estuve revisandome la historia entera y ¿Como diablos podeis haberlo soportado? Soy bastante mala escribiendo y hago varias barbaridades! Y no solo las faltas de ortografia D= Soy pesima colocando comas, me he dado cuenta XD A veces estaba revisando un capitulo y yo como: Que leches hace esa coma ahi? Xke la he dejado cuando lo relei en su momento, antes de subirlo? Un desastre, en fin... XD Gracias por aguantarlo y soportarlo (Quiza solo sean cosas mias, pero jopetas... me ha parecido terrible XD Ignoradme en este aspecto XD)
En fin, espero que andeis disfrutando de la historia, como siempre, y muchisimas gracias por vuestra atencion y paciencia.
Un beso sabor manzana caramelizada y un abrazo de principe rescatador:
Maddy
