Los dias posteriores al fallecimiento y funeral de Ifára fueron una autentica tortura.

Apesumbrado y carcomido por su pena, nostalgia constante ademas de demonios internos, Ace no salio de su cuarto para nada mas alla de lo sumamente indispensable, dedicandose a permanecer tirado sobre su cama para dejarse preso de su cabeza dolida y emocionalmente inestable en aquel momento.

Al principio, las visitas eran constantes y de lo mas variadas, tratando cada uno de sus compañeros y hermanos el poder verle vivo y animarlo aunque fuera un poquito, al menos. Sin embargo, para su desgracia y mayor preocupacion Ace apenas tenia ganas de divisar la cara de nadie, mucho menos de compartir palabras de ninguna clase, limitandose o bien a ignorar los llamados a su puerta o bien a dejarlos entrar para recibirlos con algun monosilabo tras el que vendria un tenso silencio.

Al cabo de unos cuantos dias, dichas visitas comenzaron a hacerse mas esporadicas y escasas al igual que menos demandantes o esperanzadas, tirando finalmente la toalla sus preocupados hermanos y compañeros al comprobar que no servia de nada y que, aun, el tiempo transcurrido no habia sido suficiente. Abandonado a su soledad y dolor, Ace no hizo mucho mas que quedarse en la cama para no moverse y pensar sin quererlo, que lo ultimo que deseaba era el trabajar doloroso y nostalgico de su cabeza.

Sin embargo, no podia evitarlo, torturandose una y otra vez con el recuerdo calido pero masoquista de Ifára. El recuerdo de su voz lo engañaba constantemente, confundiendolo con cualquier murmullito en cuanto bajaba la guardia y comenzaba a dormirse. Sus manos calidas y suaves lo sorprendian en mitad de la noche cuando el sueño era demasiado fuerte, llegando a calmarse notablemente el dolor para regresar despues multiplicado en cuanto despertaba un tanto y razonaba que, evidentemente, aquella sensacion era un engaño propio de su mente torturada. Cada vez que el amanecer llegaba y la luz del sol se colaba poco a poco a traves de la ventana, Ace recordaba el brillo de su pelo color chocolate y como las ondas bonitas, con la brisa, se movian graciosamente o bien se deshacian entre sus propios dedos, mucho mas toscos y grandes que los suyos, pero que la adoraban. Su aroma natural y dulce se encontraba, todavia, impregnado por toda la habitacion, por cada centimetro de las sabanas, a traves de la almohada e incluso en su propia ropa. Quiza, esto ultimo fueran imaginaciones suyas puesto que dichas prendas solian lavarse con frecuencia pero, aun asi, a Ace le parecia completamente vivida y real semejante sensacion. Donde si permanecia su perfume era en aquel pañuelo bonito o bufanda amplia que él mismo le regalo hacia tiempo, convirtiendose aquel elemento en algo inseparable y el mayor tesoro de Ace durante los dias posteriores a su muerte y funeral.

Era estupido y autodañante, pero no tenia corazon sano para separarse de ello y, mucho menos, para abandonarlo o tirarlo. Era lo unico que le quedaba de ella junto con aquel ratoncito que, aun a dia de hoy, no habia vuelto a ver a pesar de que andaba seguro de que compartian techo.

El acto reparador y que tanto habia apreciado siempre de dormir como un autentico leon desaparecio por completo, transformandose en mas tortura en cuanto se dejaba llevar por el cansancio y comenzaba a soñar. Soñar significaba soñar con Ifára y, esto ultimo, traia consigo mas nostalgia dolorosa al despertar. A veces, traia consigo incluso un miedo visceral, un aumento de la culpa y un pavor total en cuanto, en lugar de sueños, lo que Ace tenia eran pesadillas.

Su cabeza comenzo a asediarle con imagenes desagradables e historias sangrientas donde ella, evidentemente, nunca jamas quedaba con vida, consistiendo él siempre el unico culpable total ademas del mayor inutil de la historia. En algunas de estas pesadillas, incluso, Ace era aquel que sostenia algun arma homicida que le arrancaba la vida a la muchachita poco a poco, con cuidado, con saña. En otras, sin embargo, eran sus enemigos totales o bien aquellos a los que daño o asesino quienes acababan con ella por pura venganza.

En definitiva, en ambos tipos de pesadillas Ace era siempre el soberano culpable.

Empezo a creerselo y a pensar que algo andaba mal, que él habia hecho demasiadas cosas terribles sin pensar ni razonar y que el mundo, al final, lo habia castigado llevandose lo que mas queria. El mundo, los dioses, las animas o lo que fuera, pero debia ser un castigo. Habia arrastrado a Ifára hasta la muerte por su mala vida y las atrocidades cometidas. Si ella habia desaparecido del mundo, habia sido por su culpa. Por su enorme y soberana culpa. Ifára no merecia castigo semejante. Ella merecia vivir, era necesario que ella continuara existiendo.

Y, sin embargo, ella ya no estaba y el mundo seguia girando, ignorante de su desgracia y de lo mucho que la echaba de menos.

A pesar de todo esto, sus ojos bicolores y enormes tambien lo sorprendian a menudo. Bastaba con cerrar los parpados para que Ace los viera a la perfeccion, brillantes, maravillosos y cargados de vida, de esperanza, admirandole de aquella manera bonita que no podia explicarse con palabras, solo sentirse. Cuando la vision era esta en lugar de las toruras comunes de su cabeza y corazon malheridos, algo dentro de Ace se calmaba, se tranquilizaba y ronroneaba como un gatito domesticado, sintiendo que en su interior tambien debia haber algo bueno y que, aunque solo ella lo hubiera descubierto del todo, al menos continuaba alli y podria redimirle algun dia. Al fin y al cabo, en presencia de Ifára impero su buena cara, siempre.

Quiza, Ace no poseyera una buena cara si no una mala y la primera, en realidad, fuera la autentica verdadera. Quiza Ace fuera bueno, o mas bueno de lo que él mismo sabia, habiendo escondido semejante virtud bajo la mascara del monstruo con celosia total y convencimiento. Quiza, tanto Marco como Ifára tuvieran razon y los monstruos no eran tan malvados e irrecuperables como los pintaban. Quiza él mismo tuviera una esperanza y solucion.

Si esto ultimo era asi, quiza, el resto de todos los seres humanos tambien la tuvieran.

Los dias posteriores a la muerte y funeral de Ifára fueron, definitvamente, una autentica tortura.

Las dos semanas siguientes, sin embargo, fueron mas bien de total reflexion y doloroso pensamiento.

Como el condenado que comienza a aceptar la sentencia y a verla como justa, Ace empezo a razonar si acaso estaba bien el excederse en su propio castigo. Es mas, Ace comenzo a pensar si acaso era correcto el manetener a sus amigos y seres queridos en vilo y preocupacion constante que, aunque ya no llamaran casi nunca a su puerta, los sabia igualmente con todos sus pensamientos y sentimientos puestos sobre su persona. Él era el malo y el culpable, cierto, pero sus hermanos y compañeros no lo eran. No merecian castigo alguno y, por lo tanto, Ace empezo a salir de su madriguera.

La mente de Ace comenzo a abrirse para dejar hueco a algo mas que no fuera el recuerdo de Ifára y su propio sufrimiento. Evidentemente, aquellos dos elementos ultimos permanecian de manera constante y tortuosa pero abrieron un espacio que, aunque pequeño todavia, si fue suficiente como para hacerle pensar en el resto de seres queridos.

Ace empezo a salir de su cuarto con mas frecuencia.

Al principio, semejantes aventuras hacia el exterior no fueron mas que timidas muestras de valentia emocional que no daban lugar a mucho tiempo, escondiendose el joven Ace rapidamente en su camarote en cuanto el numero de ojos puestos sobre él era demasiado alto o bien la cantidad de palabras dirigidas hacia su persona lo abrumaba o hacia sentir colapsado. Las primeras veces que salio de su camarote por el simple deseo y placer de hacerlo fueron siempre ataviado de negro como muestra de que aun no estaba curado del dolor, recorriendo los pasillos del Moby Dick para despejarse un tanto y para dejarlos tranquilos a su manera silenciosa y escueta. Si Ace era reservado en sus cosas en estado normal y optimo, cuando la situacion andaba a trompicones era simplemente inaccesible emocionalmente. Pero, al menos, daba señales de vida e incluso trataba de sonreir a los demas.

Durante estas aventuras, Ace se dijo al principio que ver a Joan-Marie seria quiza una buena idea, sabiendola tan dolida y nostalgica con la perdida como él mismo. Sin embargo, pronto descubrio que por desgracia la enorme mujerona no podria ser un apoyo a pesar de su enorme bondad, consistiendo mas bien un aliciente a la depresion debido a su llantina en cuanto le miraba a los ojos. Echaba de menos a la niña y él le recordaba a Ifára, Ace lo sabia bien. Tambien sabia que, seguro que mejor y mas pronto que él, Joan-Marie se recuperaria porque era una mujer fuerte y poderosa dentro de su emotivismo maternal, decidiendo Ace el tirar la toalla y dejarla con su pena hasta que se curara el corazon ella misma.

Sin embargo, en el momento preciso en el que Ace habia optado por abandonar los intentos de regresar a la cocina de visita, tanto él mismo como Joan-Marie encontraron un extraño apoyo emocional y mas fuerte que ellos dos en aquel periodo tan triste y sensible de sus vidas.

Semejante pilar en el que flaquear no fue otro mas que Circe.

Circe que, aunque de palabras bruscas y gestos descuidados, se dedico a pasear tambien por la estancia culinaria para consolar y hacer compañia a la buena de Joan-Marie a su modo y manera, tambien fue reconocida por Ace como una figura que los distrajera y animara un poco. Sus constantes expresiones malhabladas pero fuertes asi como los intentos benignos por humillarlo y hacerlo reaccionar fueron un autentico balsamo para Ace, dedicandose este rapido a responderla y a hacer valer la poca dignidad que le quedaba en su presencia femenina ahora mismo. Circe le habia divisado de la peor manera posible, habia admirado su caida y le habia tenido, basicamente, incluso que obligar a comer y beber algo, resultando semejante cosa mucho mas cercana y signo de union que el sexo o las relaciones pasionales. Ademas, ella jamas menciono semejante cosa. Nunca le traiciono en este aspecto. Se lo guardo para si misma y lo dejo estar como si nunca hubiera ocurrido, fiel a su propia palabra fuerte y digna de que cuanto pasara o dijera aquel dia se olvidaria.

Esto si que fue digno de union y cercania.

Tras la reflexion constante de las semanas posteriores, cuando estas se convirtieron en meses, comenzo a llegar la resignacion.

Las excursiones de Ace al exterior de su camarote empezaron a hacerse, poco a poco, cada vez mas constantes y comunes, dirigiendose directo hacia la cocina para encontrarse con Circe, que lo animaba y entretenia de su pena, y con una Joan-Marie que comenzaba, al igual que él, a admitir la desgracia y tratar de continuar su vida. Pronto, Joan-Marie dejo de inmiscuirse en la conversacion y los juegos de poder que mantenian por pura diversion para dedicarse a sus propias cosas, dejandoles estar en la cocina por el simple placer de tener algo de ruido y vitalidad entre sus paredes. Esto se debia a que, a diferencia de todos los demas, Dadou fue volviendose con el tiempo mas silenciosa y espectral que nunca. A cada dia que pasaba, la joven esclava paso del llanto sigiloso y dolido al mutismo conmocionado, dando lugar finalmente a un lloro sin lagrimas que no llego nunca a finalizar. Dadou, que habia sido tan viva y charlatana en cuanto la confianza era suficiente, se transformo en un fantasma. Un espectro callado de mirada triste y esquiva, de ojos incluso aterrados, que pululaba por los pasillos y la cocina cumpliendo con cuanto le mandaran sin rechistar ni mediar apenas palabra.

Joan-Marie habia perdido a sus dos hijas adoptivas al mismo tiempo.

Los primeros dias que la vio, Ace la dejo estar y se dijo una y otra vez que no era quien para inmiscuirse en asuntos ajenos, dedicandose a fingir una total indiferencia por su traumatizada persona mientras él continuaba con su propia curacion. Sin embargo, al comprobar que su estado en lugar de mejorar empeoraba a medida que el tiempo avanzaba, el joven Ace no pudo evitar comenzar a sentir que la culpa y la preocupacion lo mordian por dentro. Ifára habia querido a Dadou, mucho. Habia sido su mejor amiga por mucho que esta terminara al final por darla de lado, que tampoco habia sido, igualmente, el asunto para tanto. Solo una discusion de muchachas con vida complicada que, saturadas, al final acaban estallando malamente y de repente. Si Ifára no hubiera fallecido, Ace estaba seguro de que tarde o temprano Dadou hubiera tratado de recuperar la amistad abandonada.

Por desgracia, esto ultimo ya era del todo imposible.

Asi que, como Ace estaba preocupado y estaba seguro de que Dadou era una buena chica, animado ademas con la idea evidente de que si Ifára la habia apreciado tanto mereceria la pena mancharse las manos, decidio hacer algo al respecto. No era bueno en los asuntos emocionales, mucho menos se veia capaz de consolar a ninguna muchachita emocionalmente destrozada y presa de la mas dolorosa de las depresiones, optando finalmente por hacer las cosas a su manera. Comenzo a ayudarla en aquellas tareas que se le hacian demasiado pesadas o cansadas para una jovencita flaca y triste como ella, dedicandole de vez en cuando alguna palabra amable o bien tratando de interesarse un tanto por sus cosas. Por desgracia, Dadou no solia poner demasiado de su parte y se limitaba a dejarle hacer cuanto le viniera en gana, como siempre, regalandole algun agradecimiento formal y por lo bajini de vez en cuando, pero carente de sentimiento. A pesar de ello, Ace era tozudo y, como tal, no se dio por vencido, diciendose que igualmente era su obligacion pendiente para con Ifára y que, al menos, trataria de cuidar de Dadou en la sombra y a su manera. Ademas, Dadou era una esclava...

Y Ace, ahora, no veia a los componentes de aquel grupo social tan bajo de la misma manera que antes. Dadou merecia algo de comprension y buen trato, algo de educacion y respeto. En semejante estado actual, necesitaba un hermano mayor o algo parecido. Ace se dijo que, con el tiempo, cosas como esta la ayudarian a levantar cabeza finalmente y su penosa existencia seria un poquito mas feliz y llevadera. Merecia ser una persona, como Ifára. Como todos los seres humanos.

Los meses continuaron transcurriendo y, sorprendentemente, pasados dos de ellos, los siguientes se toparon con Ace de cara, de repente y a la velocidad de la luz.

El aventurarse fuera de su camarote comenzo a dejar de ser tan solo un intento timido de sociabilizacion, saliendo Ace al exterior con frecuencia y el buen humor vitalista de siempre. A veces, todavia, tenia dias de dolor y nostalgia total en los que tan solo queria morirse y quedarse escondido bajo las sabanas, luchando ahora fieramente contra estos arrebatos él mismo en cuanto se decia que era cobarde y que, ademas, varias personas le necesitaban y esperaban. Marco nunca pregunto nada, nunca aconsejo demasiado y nunca se paso de la raya, como siempre, limitandose a ser un apoyo silencioso pero incondicional que, alegrado por su recuperacion, se decidio por guardarse la felicidad para si y actuar como si nunca hubiera ocurrido nada. Ace lo preferia asi y Marco lo sabia, asi que fue el amigo y hermano mayor de costumbre. Thatch, por su parte, siempre fue mucho mas bocazas e insensible, ademas de un incorrecto bufon, escapandosele de vez en cuando comentarios mordaces sobre su aspecto oscuro o triste que, aunque burlones, a Ace no le ofendieron en absoluto porque significaban que no daba tanta lastima como pensaba. Si estaba dispuesto a humillarlo o gastarle bromas, era porque lo veia con fuerzas para hacerle frente a sus palabras. Ademas, no solia mencionar a la buena de Ifára en sus burlas afiladas asi que, para Ace, todo estaba bien en ese aspecto.

Todo continuaba como antes. Todo habia vuelto a su cauce.

Todo menos él mismo, que habia cambiado enormemente y lo sabia. Sin embargo, tambien sabia que dicho cambio provenia desde antes de la muerte de Ifára. Provenia de su compañia, de su convivencia y relacion. Su desaparicion habia sido el examen final de dicho aprendizaje.

Ace empezo a salir de su habitacion con tanta frecuencia como antes. Comenzo, tambien, a abandonar sus ropas oscuras y respetuosas por las prendas de siempre al igual que se interesaba, poco a poco, por las tareas del barco, las conversaciones y juergas de los rufianes asi como por la direccion maritima del navio o el estado de su padre y capitan. Poco a poco, Ace tambien recupero el ritmo y el animo de formar parte de aquella comunidad familiar que era la tripulacion del Moby Dick, atendiendo a sus tareas y obligaciones de comandante en cuanto tuvo la cabeza lo suficientemente despejada para ello. Sus propios hombres, sus subordinados a cargo, sus hermanos de los que cuidar, recibieron semejante trabajo diario con entusiasmo total, habiendo llegado a pensar que formaba parte del pasado y que la relacion de camaraderia y respeto no regresaria nunca mas. Sin embargo, Ace habia vuelto, su comandante habia regresado del infierno para liderarlos y apoyarlos, para respetarlos y ser respetados, para ser tan superior como simple compañero de tripulacion sin privilegios cuando no se precisaba la seriedad.

Nadie recibio esta noticia con mas entusiasmo y orgullo que la misma Circe.

Ademas de la extraña amiga en la que se habia convertido para él, la hermosa Circe le demostro con tan solo una miradita fugaz que lo admiraba y se sentia orgullosa de ser parte de su division. Que, en realidad, le respetaba enormemente por muchas burlas a su orgullo masculino que le dedicara por puro juego, llegando incluso a regalarle alguna sonrisa felina y divertida en cuanto Ace se ponia serio con sus tareas y obligaciones de pirata.

Y, extrañamente, a Ace empezo a importarle.

Tener el respeto y admiracion de Circe le lleno de orgullo porque, en realidad, nunca creyo haberlo tenido ni tampoco antes le importo demasiado, consistiendo ahora un hecho que lo hacia sentir bien debido a la cercania extraña que habian conseguido. Circe le habia ayudado mucho y Ace nunca se cansaria de agradecerselo, no sabiendo exactamente si se trataba de pura gratitud o algun tipo de emocion extraña que no sabia identificar.

Quiza se sintiera mas solo que nunca, quiza echara de menos la calidez y comprension femenina o quiza fuera solo un cumulo de casualidades pero, el dia que Circe se envalentono y planto un beso infartante sobre sus labios en cuanto lo pillo solo y desprevenido, a Ace no le molesto en absoluto. Al principio, se desconcerto, es cierto, notando en su cabeza como bullian una serie de emociones y pensamientos contradictorios que no lo dejaban tranquilo. Penso que era una traicion enorme, gigantesca, pero, tan rapido como vino, la idea se desvanecio en cuanto Circe profundizo el beso y él no pudo evitar corresponder. Al fin y al cabo, habian transcurrido mas de ocho meses, no significaba nada e Ifára nunca fue egoista. Quiza en vida no queria compartirle pero, desaparecida del mundo, Ace sabia que ella nunca jamas desearia que permaneciera solo.

Ademas, el hecho de tener a alguien que lo mimara y cuidara emocionalmente, aunque fuera la gelida y salvaje Circe, comenzo a llenar nuevamente aquel hueco helado en el que se habia convertido su pecho con una calidez agradable.

Ace, a pesar de todo, dejo claro desde el principio que él no pretendia ninguna relacion intensa o seria por mucho que correspondiera y comenzara, tambien con el paso de los dias, él mismo a buscar la atencion de Circe, sintiendose mucho mejor y liberado cuando ella estuvo de acuerdo y se limitaron, simplemente, a disfrutar del momento y a ser tan complices como amantes.

Era fantastico porque, a pesar de que no andaba enamorado de ella, congeniaban a la perfeccion. Cuando habia que ser salvaje y apasionado como un leon en celo, Ace podia serlo; cuando le apetecian las bromas y las burlas de costumbre, Ace las conseguia y, cuando necesitaba desahogarse y gritar, discutir e incluso apalizarse con alguien, Ace tambien podia hacerlo.

Era como tener un mejor amigo, solo que este ultimo es realmente guapo y sexual ademas de ser una preciosa mujer. Circe tenia dentro de si lo mas divertido y estoico del genero masculino junto con lo sensual y picaro del femenino. Era una combinacion perfecta para pasar pagina del todo y curarse las heridas.

Ya no estaba tan solo.

Con el paso de mas tiempo aun, su relacion con el resto de compañeros regreso a su cauce y camaraderia total de siempre a la vez que Circe y él comenzaban a dejarse llevar un poco mas, resultandole a Ace que las cosas quiza no estuvieran tan mal como penso en un principio y que, efectivamente, el tiempo lo cura todo tarde o temprano.

Dejo de pensar en si estaba bien o mal, en si la andaba traicionando o no porque era demasiado doloroso, limitandose a vivirlo y disfrutarlo a la vez que su vida comenzaba de nuevo. Ace habia muerto junto con Ifára para volver a renacer y, ahora que estaba mas optimista, se sentia incluso una version mejorada de si mismo. Era mas amable, mas considerado y empezo a respetar las vidas ajenas como el bien maravilloso que son en realidad, no deseandole padecimiento como el que habia sufrido a ningun ser sobre la tierra. Quiza hubiera hombres que merecieran el peor de los tormentos pero, definitivamente, sus madres, sus hermanos o hermanas, sus amantes, sus maridos y mujeres, no tenian porque merercerlo.

La filosofia de Ifára tenia sentido y Ace no la habia olvidado. Ace recordaba perfectamente que hizo un juramento.

Ace recordaba perfectamente la suavidad de su voz, el calorcito de su cuerpo, el brillo de sus ojos... Su bonito corazon. Recordaba perfectamente su bonito corazon.

Pero no era momento de vivir en el pasado.

Siempre se dijo una y otra vez que elegiria una vida sin remordimientos.

Asi que, como el hombre integro y fiel a si mismo que era, Ace decidio encauzar su propio camino escogido y enderezar un tanto sus emociones, simplificando las cosas como habia hecho siempre a la vez que le restaba importancia a aquellas cuestiones que no merecian de una doble mencion.

Simplemente, él seguiria siendo él mismo, hubiera cambiado o no, deicidiendo que lo mejor de este mundo era seguir su propio sendero sin tener que darle explicaciones a nadie mas. A nadie. Que ya no fuera el mismo hombre exacto de tiempos anteriores ya no significaba nada porque, en realidad, su esencia permanecia y continuaba igual, solo que mas poderosa y fuerte.

Ace no era una mala persona. Cada vez se convencia mas de ello a si mismo cuando la seguridad de semejante afirmacion flaqueaba. Era un pirata, cierto, un rufian, un ladron, un delincuente, un guerrero, a veces un bruto, pero nunca mas un monstruo.

En realidad, nunca habia sido tal cosa.

Solo llevaba una mascara.

Y los ocho meses se convirtieron en doce.

(Cambio de escena)

-Ey... - Un susurrito femenino ataco directamente su oido, acariciando con la calidez de su aliento cada nervio de su conducto auditivo deliciosamente. Preso todavia del sueño y despertandose un tanto por semejante sensacion, Ace se estremecio un poquito sobre el colchon bajo las sabanas revueltas, removimiendose suavemente para esconder mejor el rostro en la almohada. La voz femenina chasqueo la lengua con disgusto, escondiendo su evidente enternecimiento bajo aquella mascara de malhumor y frialdad. -Vamos, arriba... - Ace no queria levantarse, que se estaba demasiado comodo y a gusto dormitando satisfechamente tras algo de agradable ejercicio nocturno, limitandose a soltar un gruñidito bajo en cuanto la mujer a su lado le zarandeo del hombro con total indicacion. -Despierta, pedazo de vago.- Definitivamente, Circe habia perdido la paciencia finalmente, espetandole aquellas palabras de manera baja todavia, pero con bastante peor humor y nervio que al principio.

-Dejame tranquilo... - Susurro el segundo comandante con molestia adormilada, remoloneando bajo las sabanas revueltas para agarrarse a la almohada y asi esconderse mejor, decidido a regresar al mundo de los sueños.

-¡Jah! Una mierda.- Circe rio jocosa y Ace supo, enseguida, que sus oportunidades de dormir se habian desvanecido por completo, gruñendo frustrado en cuanto ella le retiro la almohada velozmente y el sol implacable de la mañana fria se estrello directamente sobre su rostro. -No puedes quedarte en mi cama toda la puñetera mañana, comandante. Tienes cosas que hacer y yo tambien.-

-Oh, callate, por favor... - Suplico Ace, incluso, no sintiendose capaz de soportar ningun tipo de charla didactica recien levantado y a primera hora de la mañana. Como un niño caprichoso que no quiere ir al colegio, el joven pirata bufo en cuanto noto que Circe andaba dispuesta a continuar, fingiendo Ace un lloriqueo desesperado para cubrirse los oidos bajo las manos grandes.

-No me mandes callar en mi propio camarote, maldito cavernicola.- Ace supo tambien y rapidamente que, por alguna circunstancia desconocida, Circe andaba de mal humor aquella mañana, limitandose por tanto a soportar la charla y cerrar la boca para no empeorar su estado nervioso. -Te juro que, si no te levantas ahora mismo, te echo al pasillo desnudo y sin duchar.- Y Ace sabia que Circe era capaz de hacerlo.

-Vale, vale... - Resignado y mucho mas tranquilo, Ace abrio finalmente los ojos, tragandose un suspirito fastidiado para incorporarse sentado sobre la cama y dejar salir un largo bostezo de cansancio. Aun adormilado, el segundo comandante se estiro gustoso como el mas perezoso de los gatos, topandose repentinamente en cuanto concluyo con la imagen de una Circe que, desnuda al igual que él mismo y sentadita tambien a su lado, le observaba con expresion enfurruñada y molesta. -Este no es el bonito despertar de costumbre.- Dijo Ace entre divertido y suave, analizando como ella se notaba algo tensa y evidentemente molesta por algun motivo que se escapaba al entendimiento del otro.

-A lo mejor no lo es porque no te lo has ganado.- Le espeto ella, cruzandose de brazos firmemente en cuanto comprobo que la mirada de Ace viajaba sola y con gusto hasta su pecho desnudo. Resignado y sin ganas de discutir esta vez, Ace se encogio de hombros. Circe, a veces, podia ser un autentico incordio, pero esto consistia en la sal que hacia de la relacion algo interesante. Nunca sabias por donde saldria a la mañana siguiente.

-Si me dejas intentarlo, quiza me lo gane en un momento.- Las intenciones de Ace se hicieron mas que evidentes con tan solo una miradita, la sonrisa maliciosa conocida de costumbre y aquel tono de voz que no invitaba a nada decente, causando que Circe rapidamente saltara a la defensiva.

-¡Ni se te ocurra!- Exclamo ella con toda su autoridad y mal humor, causando que Ace tuviera rapidamente que dar la tarea por perdida y se limitara a suspirar cansado. Nada, esta mañana, no habria mas sexo salvaje. -Y, ahora, levantate de una maldita vez, duchate y largate a cumplir con tus obligaciones, perezoso comandante.-

-¡Oh, vamos, mujer!- Ace exclamo con fastidio aquellas palabras, dedicando una miradita de desesperacion al cielo antes de obedecer y comenzar a levantarse de la cama. -¿Que te pasa esta mañana?- Cuestiono entre preocupado por su estado de evidente e inesperado enfado como divertido, incluso, incorporandose en pie sobre el suelo del camarote mientras buscaba sus pantalones.

-A mi no me pasa nada. Es a ti a quien le pasa.- Espeto ella con enfurruñamiento, afianzando su posicion firme y cruzada de brazos sobre el colchon mientras el joven Ace, por fin, habia encontrado la deseada prenda y comenzaba a vestirse un poco.

-¿A mi?- Ace, realmente, no solia tomarse arrebatos como este demasiado en serio, sabiendo facil que dejarse llevar por el mismo estado nervioso no seria precisamente una buena idea. Por lo tanto, opto por sonreir divertido a la vez que se abrochaba los pantalones, dedicando sobre ella una miradita tan curiosa como graciosa. -¿Y que me pasa a mi, si puedo saberlo?-

-No tiene gracia, Ace.- Y Ace sabia que, cuando Circe pronunciaba su nombre propio, significaba que o bien hablaba muy en serio o bien estaba realmente dolida, consiguiendo finalmente que el joven comandante ensombreciera un poco la expresion y le dedicara toda su atencion. -Nunca te tomas en serio nada de lo que te digo.- Dijo ella, dedicandole una expresion de total reproche y regaño.

-Venga, mujer, sabes que eso no es cierto. Ademas ¿Como pretendes que me lo tome en serio si me vienes de este humor asi, de repente?- Ace se encogio de hombros con tranquilidad, dispuesto a calmarle los animos como siempre que le daban arrebatos semejantes. -Al menos, dime que te pasa y, entonces, podre tomarmelo en serio.- Tenia sentido y Circe lo sabia pero, que lo supiera, no significaba que fuera a admitir semejante cosa, limitandose a bufar molesta para apretar aun mas sus brazos cruzados.

-Idiota.- No dijo nada mas todavia, evitando el contacto visual directo para mirar las sabanas con expresion entre dolida, furiosa y actitud incluso infantil. Era una imagen divertida, penso Ace, sabiendo rapido que reirse no seria una buena idea, precisamente.

-Dimelo y lo solucionare.- Dijo él, permaneciendo en su posicion en pie y medio vestido junto al colchon ocupado por una Circe todavia desnuda, conociendo facilmente que ella era tozuda y demasiado orgullosa como para ceder rapido y a la primera. Como Ace esperaba, la hermosa mujer chasqueo la lengua, afianzando su posicion superior para elevar la cabeza dignamente y clavar la mirada sobre la pared mas cercana, silenciosa y reprochante. -¿No me lo dices?- Cuestiono, observando derrotado que, efectivamente, ella no parecia dispuesta a confesar. -Venga... ¿Que es lo que he hecho esta vez?- Finalmente, Circe parecio flaquear con pregunta semejante y tras notar un evidente interes, suavizando un tanto su expresion molesta por otra mas dolida y llorosa.

-¿Por que nunca dormimos en tu camarote?- Vale, Ace ya estaba acostumbrado a la conversacion que vendria a continuacion. Al fin y al cabo, la habian mantenido miles de veces, teniendo que tragarse un suspirito de fastidio en cuanto noto que ella continuaba sin mirarle a los ojos y parecia, realmente, dañada al respecto. Dispuesto a responder algo que la dejara tranquila, el segundo comandante abrio la boca, siendo velozmente interrumpido por una Circe de muy mal humor. -¡Y no me vengas con las excusas de siempre!- Le espeto ella haciendole callar rapidamente, clavando por fin sus ojos almendrados y molestos directamente sobre los suyos. -No es mas pequeño, tampoco esta "muy desordenado" y tampoco "nos pillaba este mas cerca"... - Esto ultimo lo dijo con burla, parodiando su voz de manera exagerada al igual que parte de sus propios gestos. Y, antes de que Ace pudiera replicar nada al respecto, Circe continuo. -Estoy harta de que me digas siempre lo mismo.-

-Pero, chica ¿Que mas te da dormir en un sitio u otro? El resultado es el mismo ¿Cierto?- Contesto él en cuanto noto que Circe le habia regalado un espacio para ello, pronunciando sus palabras defensivas de manera suave y tranquilizadora, sabiendo que la cuestion a tratar le dolia y la sacaba completamente de quicio a medida que el tiempo juntos avanzaba.

-Me tratas como si fuera una prostituta.- Por desgracia, Circe no era facil de contentar ni tranquilizar, en absoluto, espetandole aquellas palabras desagradables de la manera mas afilada y molesta posible. -Y, a mi, nadie me rebaja ¿Me oyes, Ace? ¡Nadie!- Grito finalmente, perdiendo los estribos y teniendo que contener gran parte de las vociferaciones que se atoraban en su garganta bonita.

-Circe, por el amor de Dios... ¿Como dices eso?- Esta vez, la confesion habia sido nueva. Tan desconcertado como preocupado, Ace tuvo que llevarse una mano hacia el rostro para masajearse el puente de la nariz, tratando de controlar su propio nerviosismo mientras notaba la mirada inquisitiva y asesina de Circe clavada sobre su persona. -Eso no es verdad, tu sabes que... - Pero ella lo volvio a interrumpir velozmente.

-¡Claro que es la verdad!- Perdiendo, finalmente, gran parte de la calma, la hermosa pero salvaje Circe afilo su mirada de la forma mas peligrosa posible, afianzando su posicion firme sobre el colchon con total combate. -Vienes hasta mi camarote todas las putas noches a mendigarme el cariño y, luego, si te he visto no me acuerdo... ¡Y ni siquiera me dejas poner un pie en tu jodida habitacion! ¡Siempre pones la mismas mierdas de excusas y me vienes con la misma sonrisita falsa de calzonazos para que cuele la bola!- Y es que, por suerte o desgracia, una vez que Circe habia empezado no iba a parar pronto, Ace lo sabia, escuchando incluso con dolor auditivo como sus gritos y replicas furiosas atravesaban la habitacion sin miramientos hasta dar con él. -¡Parece que nos estemos escondiendo, me cago en la leche! ¡¿Y de que, maldita sea? ¡¿De que diablos me escondes tanto?- La voz de Circe aumento en volumen aun mas, acogiendo la mujer en un arrebato la almohada cercana para lanzarsela directa al segundo comandante en un impulso de ira total. Ace era bueno de reflejos y, gracias al cielo, Circe no habia tenido nada mas pesado a mano que empezara alguna batalla campal de las suyas, consiguiendo agarrar la almohada lanzada al vuelo justo cuando se estrello contra su pecho fuertemente.

-¡Nadie te esta escondiendo, joder! ¡No es ningun secreto, Circe, calmate!- Pero ella no andaba dispuesta a calmarse y, ademas, el tono nervioso y tambien comenzando a ser molesto de Ace no hizo otra cosa que agrabar aun mas la situacion, soltando la hermosa morena un grito ahogado de desesperacion e histeria contenida desde hacia demasiado tiempo.

-¡Y eso es lo mas ridiculo y desesperante de todo! ¡Todo el mundo lo sabe! ¡Todo el jodido barco sabe que estas conmigo y, aun asi, andas de sigilo y secretismo sin ningun motivo aparente!- Circe habia aguantado aquella cuestion mucho tiempo y, ahora, estaba explotando por algun detonante desconocido que Ace no entendia, causando que este ultimo no supiera hacer mucho mas que permanecer estatico en su posicion aun con la almohada entre las manos. -¡No soy tu maldita prostituta!-

-Tranquilizate... - Pero Ace fue interrumpido una vez mas.

-¡No me da la gana!- Completamente nerviosa y con los ojos almendrados cada vez mas vidriosos de rabia, Circe trato de mantener su dignidad lo mejor que pudo, irguiendo su cabeza bonita con orgullo y batalla. -¡Quiero dejar de esconder nada de una maldita vez! ¡¿Sabes lo que es tratar de acercarte a alguien y que este te huya descaradamente? ¡Y, encima, es peor y mas humillante aun si ese alguien viene luego a llamar a tu puerta para follarte durante toda la puñetera noche! ¡¿Por que siempre tiene que ser cuando tu quieras? ¡¿Por que siempre tengo que andar esperando a que tu seas quien se acerque? ¡Estoy hasta las narices!- Y si hubiera tenido a mano algo mas, Ace estuvo seguro de que se lo lanzaria tambien, pero esta vez a la cabeza, no sabiendo él si debia sentirse ofendido o bien de lo mas culpable por semejante acusacion que, aunque dicha nerviosa e iracundamente, si era bastante cierta.

-¡Pero si nos vemos todos los dias, mujer! ¡Y ademas a todas horas! ¡Estamos todo el dia juntos ¿Que mas quieres?- Salio Ace en su defensa, no sabiendo responder la verdad a las cuestiones de Circe puesto que, en realidad, ni siquiera él mismo conocia las soluciones.

-¡Eso no es lo que quiero decir! ¡Ya se que estamos todo el jodido dia juntos, siempre lo hemos estado, desde que te hicieron comandante de la segunda division! ¡El problema no es ese, cabeza de serrin! ¡Quiero dejar de ser solo tu subordinada! ¡Ya no soy solo una subordinada y tu lo sabes, Ace! ¡Aceptalo de una maldita vez!- Y Ace lo aceptaba. Bueno, lo aceptaba a medias o, al menos, se dijo a si mismo que si lo aceptaba, manteniendose en un silencio tenso que fue rapidamente imitado por la otra. Circe callo de golpe, observandole con impaciencia y furia al igual que parecia al borde del llanto, apretando las sabanas revueltas entre sus dedos delgados y elegantes con fuerza.

El ambiente se transformo en uno extraño, cargandose el aire de nervio y reflexion dolida mientras ambos se dedicaban a mirarse, uno bastante confuso y perdido, y la otra totalmente nerviosa y tensa.

Circe espero. Y espero. Y espero un poco mas para no conseguir nada, ni una palabra, ni un movimiento al respecto que le diera una pista, nada.

Ace, a veces, era desquiciante.

Pero, sin embargo, aquello consistia en la sal de la relacion ¿Cierto?

-Di algo.- Finalmente, Circe rompio aquel silencio, tratando de calmar sus animos para poder solucionar finalmente la situacion en la que se encontraban.

-¿Que quieres que diga?- Sin embargo, Ace se encogio de hombros con una notable indiferencia y cansancio, esperando realmente el que ella le regalara las palabras magicas que debia pronunciar para que todo volviera a ser agradable y divertido de nuevo.

Ace lo habia estropeado aun mas sin si quiera haberselo propuesto.

-Gilipollas.- Ya esta, Ace la habia liado y lo noto con facilidad, admirando con algo de desconcierto como ella le escupia ofensa semejante con toda su furia y dolor. Sin mas, Circe se levanto de la cama como un resorte, importandole poco o nada el estar desnuda para comenzar a atravesar la habitacion mediante zancadas largas y sonoras, dirigiendose directamente hacia el cuarto de baño. -Largate de mi habitacion.- Sin mirarle otra vez si quiera, la preciosa morena se giro sobre sus propios pies con un movimiento orgulloso y elegante, movimiento de superioridad total, pronunciando la orden de manera baja y sombria.

-¿Que?- A Ace le costo un poquito asimilar cada palabra y repentino arrebato, observando desconcertado como ella comenzaba a recoger su propia ropa para dedicarse a sus cosas sin prestarle ninguna atencion mas. Una vez se recompuso un poco, supo facil y rapido que debia haberla hecho daño sin haberlo buscado en absoluto, comenzando a analizar en su cabeza cual seria la mejor excusa para que todo regresara a su cauce sin nuevos percances. -Pero mujer... - Por desgracia, no le dejaron.

-¡Que te largues de mi habitacion!- El grito fue incluso mas ensordecedor y furioso que los anteriores, girandose Circe a la velocidad de la luz para encararle mediante una expresion tan iracunda como cargada de lagrimas. Si, definitivamente, Ace la habia liado aunque no supiera como. -¡Largo! ¡Fuera!- No le dio tiempo a reaccionar, agachandose velozmente la preciosa morena para acoger las botas duras de Ace con evidente intencion de lanzarselas sin miramientos. Como era de esperar, los zapatos en cuestion fueron utilizados de nuevo proyectil, estrellandolos Circe contra el suelo cercano a los pies de Ace y estando a punto de acertarle en la parte mas delicada de su anatomia masculina. Por suerte, el joven Ace era bueno de reflejos, despertando de su estupefaccion para esquivar el impacto y dejar que las botas se chocaran contra el suelo, cerca de sus pies descalzos. -¡Llevate tus malditas botas y desaparece!-

-¡Dios, estas loca!- Y es que Ace comenzaba tambien a perder la paciencia y a no entender nada, dedicando sobre Circe la primera mirada molesta del dia. -¡¿Que diablos te pasa?-

-¡Fuera, maldita sea!- Circe, al ver que no lograba aun lo que se proponia, alcanzo rapidamente el libro mas grande y cercano de la estanteria, alzandolo un tanto con amenaza en su mano como muestra de que lo lanzaria de un momento a otro.

-¡Loca! ¡Completamente loca!- Estallo Ace en un grito, comenzando a dejarse llevar él tambien por la histeria y los nervios.

-¡Que te largues de una jodida vez! ¡Largo!- Y, esta vez, Circe se dejo la voz en el ultimo mandanto, llegando incluso a cerrar sus ojos llorosos con fuerza para poder producir sonido semejante. Ace quiso decir algo mas, pero la vision de una Circe tan sumamente dolida a la que empezaba a importarle poco o nada su orgullo, cosa de lo mas alarmante en ella, causo que rapido enmudeciera. Llorando y tratando la pobre de mantenerse lo mas digna y furiosa que pudiera para asi ocultar las emociones tormentosas, la preciosa y salvaje Circe blandio aquel libro pesado con amenaza, causando que Ace rapidamente elevara las manos como signo de tranquilidad y defensa.

-Circe, escucha... - Ace no sabia como habia sido exactamente, pero si estaba seguro de que la habia hecho mucho, mucho daño. Se sintio culpable, malvado y egoista, notando prontamente como su interior precisaba de solucionarlo y descubrir el motivo verdadero y autentico de arrebato tan peligroso.

-¡No! ¡Vete de aqui! ¡No quiero verte!- Por desgracia, ella no estaba dispuesta ahora mismo a escuchar nada, llegando incluso a patear el suelo con fuerza bajo su pie descalzo. -¡Largate del jodido cuarto de una puta vez!- Y, por su expresion y tono de voz alto, Ace tuvo que resignarse a obedecer. Ahora mismo, tal y como estaba, no podria solucionar nada en absoluto.

-Vale, vale... - Pacificador y calmandose con esmero, el segundo comandante produjo un movimiento indicativo con las manos elevadas de espera y obediencia, agachandose eficazmente para alcanzar sus botas y cargarlas en la mano. Ya se las pondria en el pasillo, ahora ella necesitaba calmarse. -Me voy ¿Vale?-

-Fuera.- Casi lloriqueo ella, incluso, agarrandose al marco de la puerta del baño por puro instinto de proteccion.

-Esta bien.- Ace suspiro, girandose sobre sus propios pies aun descalzos para dirigirse hacia la puerta del camarote. -Luego nos vemos.- Veloz pero no demasiado urgente, el joven pirata llevo una mano grande hasta el picaporte para girarlo, deslizandose fuera de la habitacion que a punto habia estado de convertirse en un campo de batalla.

Y, abandonandola con sus dolores desconocidos y extraños temores sin fundamento aparente, Ace desaparecio del camarote, cerrando la puerta suavemente tras su espalda para, cansado y con un suspirito bajo, apoyarse sobre ella importandole poco o nada el ser divisado por algun ojo curioso.

Entonces, un murmullo le llego desde el interior de la estancia recientemente dejada, causando que por puro instinto el joven Ace diera un respingo y agudizara el oido un tanto.

Circe estaba llorando.

Chasqueando la lengua, el segundo comandante se separo de la madera, comenzando a alejarse de alli cabizbajamente y con las botas en la mano direccion a su propia habitacion.

Nunca habia escuchado llorar a Circe. Nunca habia visto llorar a Circe.

Hasta aquella mañana, claro.

(Cambio de escena)

Estaba siendo un dia extraño.

Una vez Ace habia llegado, finalmente, a su propia habitacion para llevar a cabo el aseo mañanero de costumbre, basicamente habia tenido que echar a correr debido a las horas excesivamente tardias, recorriendo el navio enorme a la carrera para llegar a su destino y comenzar con su trabajo.

Extrañamente, nadie le dijo nada a pesar de su tardanza exagerada en cuanto se hizo presente en la sala enorme del tercer piso que solian utilizar como lugar de reuniones, llegando Ace a abrir la puerta con temor ante el estar seguro de toparse con alguna queja y regaño mas que justificado. Sin embargo, esto no fue asi, recorriendo el joven comandante la sala abarrotada con ojos confusos donde, ya incluso, habia llegado hasta el capitan para dar su charla preventiva de costumbre. Guardando silencio sepulcral, todos callaron de golpe una vez supieron que habia un recien llegado, dedicando sobre la puerta abierta miradas de atencion y futuro reproche.

Y, extrañamente, en cuanto reconocieron la identidad de Ace lo unico que hicieron fue continuar mudos, analizando al joven como si este fuera el mas subrreal y fantasioso de los seres. Temeroso incluso de recibimiento tan extraño y silencioso, el segundo comandante cruzo la estancia con cautela, topandose para su total sorpresa desconcertada con que las miradas de sus compañeros se volvian o bien esquivas, o bien incluso preocupadas, dedicandole algunos hasta sonrisitas falsas pero amables de las que Ace no conseguia entender el contexto.

Extraño se le hizo, tambien, que el capitan, en lugar de regañarlo por su irresponsabilidad o, al menos, mirarlo mal antes de continuar hablando, lo unico que hiciera fuera revisarle de pies a cabeza, continuando con su charleta sobre los planes futuros para dejarlo sentarse entre sus compañeros sin hacerle demasiado caso.

Y mas extraño aun fue que sus compañeros y hermanos le hicieran rapido un sitio, llegando incluso a levantarse de su silla uno de ellos para cederle el asiento con una sonrisita amable. Ace no entendia nada y, en un principio, semejante ofrecimiento le desperto hasta recelo, admirando la expresion de los presentes atentamente como si alli hubiera gato encerrado. Al ver que esto no parecia ser asi, se limito a agradecer silenciosamente el asiento repentinamente liberado, acomodandose ahora él en la silla ante la insistencia de su anterior ocupante.

Todavia mas extraño fue que Thatch en lugar de su sonrisa burlona por su tardanza de costumbre, le dedicara simplemente eso, una sonrisa, causando que Ace tuviera que morderse la lengua firmemente para no ponerse a gritar que diablos estaba pasando alli.

Era extraño. Demasiado extraño.

Eran extrañas las miraditas de reojo. Era extraña tanta amabilidad, mas aun despues de un retraso como aquel. Era extraño que Circe no estuviera presente a pesar de que Ace supiera el motivo. Era extraño que Padre hubiera continuado hablando sin mas tras ser abruptamente interrumpido. Era extraño que Thatch sonriera sin segundas intenciones. Era extraño que Marco ni siquiera pareciera haber reaccionado a su presencia.

Simplemente, el dia habia comenzado de manera extraña y continuaria siendo extraño, se dijo Ace, dedicandose a tratar de ignorar las constantes miraditas de sus compañeros para escuchar al capitan. Evidentemente, esta accion duro poco porque Ace, entre que era un chico disperso de por si ademas de que tanta monserga lo estaba llevando por sus propias reflexiones, se distrajo a la velocidad de la luz, perdiendo rapidamente el hilo de la conversacion y planificacion mientras se dedicaba a mirar perdidamente a ningun punto fijo de la pared. Ya le contarian sus compañeros despues cual habia sido la decision, si es que esta habia sido tomada, realmente. Como si no conociera como funcionaban las cosas en el Moby Dick. Todo simple, todo desordenado. Solo durante la batalla actuaban mediante disciplina.

Dio un respingo cuando, sorprendido, el final de aquella reunion lo pillo de repente, observando aun algo perdido como sus hermanos y resto de tripulantes se levantaban ruidosamente de las sillas y asientos improvisados al igual que el capitan comenzaba a caminar hacia la puerta. Ace no supo exactemente porque todo parecio ocurrir en menos de dos minutos, llegando a la conclusion de que, o bien habia llegado demasiado tarde, o bien simplemente habia andado demasiado perdido, incorporandose tambien en pie sobre el suelo de madera para dirigirse hacia la salida.

Una mano repentina y masculina se estampo sobre su espalda con camaraderia, pero no la fuerza acostumbrada, causando que Ace se girara velozmente sobre si mismo para descubrir la identidad del que lo andaba llamando.

-¡Ey, Ace!- Exclamo aquel pirata huesudo con quien solia compartir desayuno, dedicandole una sonrisa insegura y tan extraña como estaba siendo todo aquel maldito dia.

-Buenos dias.- Se limito el segundo comandante a decir por el momento, correspondiendo la expresion sonriente del otro por una igualmente cordial y agradable. Espero a que le preguntaran sobre su ausencia o bien se burlara de él por haberse perdido el desayuno, manteniendose firme y en pie para recibir cualquier broma y comenzar el juego divertido.

-Si, buenos dias... eh... - Sin embargo, semejante pelea de palabras no llego, manteniendo la sonrisa extraña aquel pirata delgado mientras parecia reflexionar que diria exactamente a continuacion. -¿Como estas?- Era una pregunta normal pero, el tono preocupado, no indicaba precisamente eso, causando que el segundo comandante no pudiera contener una expresion de lo mas confusa.

-Bien.- Respondio finalmente, tratando de buscar en el rostro levemente angustiado la respuesta a tanto evento extraño. -Estoy perfectamente.- Afianzo su estado de animo, contemplando como el otro parecia algo esceptico a pesar de que se calmaba notablemente.

-Oh, me alegro... si.- El pirata compañero de desayuno asintio energico un par de veces, notandosele dispuesto a decir algo mas pero reflexionando arduamente cada palabra pronunciada. Ace no entendia nada, nada en absoluto. -La verdad que es admirable que... - Pero no pudo finalizar, interrumpiendo su futuro discurso un llamado repentino y demasiado alto.

-¡Comandante!- Grito alguien con indicacion a la espalda de Ace, reconociendo el joven pirata rapidamente la voz como la de uno de sus subordinados. Curioso, giro la cabeza, observando como uno de los tripulantes pertenecientes a su segunda division agitaba su mano en señal de llamado en la otra punta de la cada vez mas vacia estancia, encontrandose, curiosamente, como rezagados tan solo aquellos subordinados del joven Ace. Todo era demasiado extraño.

-Disculpa.- Dijo Ace a aquel pirata huesudo como excusa, decidido a dirigirse hacia gran parte de su division que, excluyendo a la ausente Circe, se habia adueñado de un buen trozo de la vasta sala del tercer piso.

-Claro, luego nos vemos.- Respondio el pirata delgado, observando atentamente como el joven Ace se daba la vuelta para caminar directo hacia sus hombres.

Rapido llego hasta ellos con todo su desconcierto actual, deteniendose justo frente a aquel que lo habia llamado para, receloso incluso, analizar las facciones de cada uno de los presentes para ver si lograba sacar algo esclarecedor. Por desgracia, Ace no lo consiguio.

-Comandante.- Repitio aquel subordinado de Ace, un tipo responsable de trato afable, haciendo que su comandante a cargo tuviera que abandonar el analisis visual para encararlo finalmente. -Eeh... - E incluso con miedo, aquel pirata titubeo, rebuscando en su cabeza las palabras adecuadas al igual que habia hecho el tripulante anterior. -¿Como estas?- Parecia que, aquel dia, a todos les importaba el estado animico de Ace. Les importaba mas que al propio Ace, incluso.

-Bien.- Respondio ya hasta molesto, dedicando miraditas confusas y fugaces a cada uno de los presentes que, silenciosos y nerviosos, mantenian toda su absoluta atencion puesta sobre su persona.

-Genial, si... genial... - Sono hasta condescendiente, teniendo su comandante que morderse la lengua para no saltar con algo desagradable. No le estaban haciendo nada malo, se dijo una y otra vez, decidiendo que no era correcto el saltar a la gresca sin motivo. -Bueno... los muchachos y... y yo... habiamos pensado que... - Asi que, se trataba de pedir algo. En cuanto Ace adivino cosa semejante, casi se desmaya de alivio, llegando incluso a escaparsele una sonrisilla divertida por ser tan paranoico y receloso. Chulesco y tranquilo, se cruzo de brazos, esperando paciente a que el otro pensara detenidamente las palabras y continuara. - ... habiamos pensado que, quiza... solo quiza ¿Eh?... -

-¿Quiza?- Dijo Ace con gracia, sonsacandole finalmente aquella peticion a su subordinado.

-Que quiza estaria bien que, hoy, nos tomaramos un dia libre... - Vaya, asi que, era eso. El comandante elevo las cejas con algo de sorpresa, observando entre divertido y fraternal como sus muchachos parecian incomodos por semejante atrevimiento, llegando algunos hasta a clavar la mirada sobre sus pies para evitar la de su superior.

-¿Dia libre?- Y es que Ace, por muy rufian y vago que fuera, seguia siendo un comandante mas o menos responsable, analizando que la actitud de sus hombres era demasiado seria como para que se tratase de un mero capricho. -Pero ¿Para que? ¿Os ha pasado algo?- Cuestiono preocupado, incluso, dedicando sobre cada uno de los presentes una mirada cuestionativa que le diera explicaciones. Si era razonable, Ace estaba dispuesto a ceder. El bienestar de los suyos era una prioridad absoluta.

-¿A nosotros?- Pero semejante actitud protectora parecio sorprender enormemente a sus subordinado y portavoz, comenzando Ace, nuevamente, a desconcertarse enormemente. -Comandante, nosotros estamos bien... lo deciamos por... bueno, ya sabes... - No, Ace no sabia nada y su expresion debio decirlo a gritos puesto que, veloz como un rayo, aquel pirata de la segunda division decidio continuar. -Lo deciamos por ti, para que tomaras un descanso... ya sabes.- Definitivamente, Ace no sabia.

-¿Por mi? ¿Un descanso?- El dia extraño regreso tan raro y confuso como momentos antes, causando que el pobre Ace no supiera ni que decir ni donde meterse, llegando a posicionar una mano sorprendida sobre su propio pecho. Y sus subordinados asintieron casi a la vez. -Yo no necesito ningun descanso.- Dijo orgulloso y extrañado, observando frustrado como sus hombres parecian no creerse sus palabras. -¿A que leches viene esto?-

-¡Oh! A nada, a nada.- Rapido, su subordinado se aventuro a calmarle los animos, negando con la cabeza como si hablara con una bomba que puede estallar en cualquier momento. -Solo creimos que, quiza, seria una buena idea... pero ya vemos que estas bien y... - Sin embargo, Ace lo interrumpio abrupta y rapidamente.

-¡Claro que estoy bien! Estoy perfectamente.- Y Ace se pregunto si acaso no se le notaba, tenia cara de cansancio o vete tu a saber, llevandose una mano hacia el rostro para revisarse las mejillas sin que se notara demasiado. No encontro nada anomalo o fuera de su sitio.

-Si, comandante. De acuerdo.- Nuevamente condescendiente, su subordinado y portavoz asintio velozmente un par de veces fingiendo convencimiento, notandosele que aquella conversacion extraña le resultaba un tema espinoso. -Ninguno dudabamos de ello, solo... bueno, pensamos que... - Se encogio de hombros mientras tragaba saliva nerviosamente, evitando ciertas palabras de manera evidente sin que Ace supiera, tampoco, el porque de semejante empeño. -Que a lo mejor estabas... andabas... eh... - Y cuando los ojos de Ace se abrieron un poco mas y sus cejas se elevaron con sorpresiva espera, su subordinado titubeo, reflexionando severamente que debia decir a continuacion. -Que a lo mejor andabas cansado, si... Eso es.- Satisfecho, el pirata sonrio a la vez que producia un asentimiento, siendo velozmente imitada su expresion y movimiento por el resto de compañeros de la segunda division.

-¿Cansado de que?- Ace estaba empezando a perder la paciencia, que tampoco tenia demasiada, notando la confusion atacando sin cesar su cerebro a la vez que todo le resultaba digno de desconfianza. Parecia algun tipo de artimaña, tenia que ser eso. Quiza sus hombres solo quisieran holgazanear sin ninguna excusa real, decidiendo apelar a su estado y regocijo fingiendo andar preocupados por él sin motivo. Tenia que ser eso ¿Cierto? A Ace no se le ocurria otra cosa. -Dejaros de idioteces y moveos a vuestros puestos.- Dijo Ace con toda la autoridad que le fue posible, irguiendose un tanto cuan alto era para aumentar asi su capacidaz de liderazgo. -No hace un dia tan bonito como para perderlo mirando a las musarañas y holgazaneando.- Sus hombres se mostraron entre apurados y nerviosos, dedicandose algunos de ellos miraditas de incomprension que eran respondidas mediante encogimientos de hombros resignados. Frustrado pero mucho mas tranquilo, que no era de buen comandante el excederse con sus muchachos por vanalidad semejante, Ace chasqueo la lengua de manera baja. -Con razon luego diran que somos la division que menos trabaja del barco... - Basicamente, el segundo comandante refunfuño aquellas palabras mas para si mismo que para los presentes, llevandose las manos hacia los bolsillos con chuleria y asi girarse sobre si mismo, dispuesto a largarse a lo suyo. Espero ser seguido prontamente, topandose para su mayor sorpresa con que sus muchachos, en lugar de reaccionar tan rapido como era su costumbre, se limitaron a permanecer en silencio, analizando a su joven superior como si este pudiera derrumbarse en cualquier momento. Era desquiciante y demasiado extraño. -¡Movimiento!- Les grito conciso, seco y cortante, dando una patada sonora sobre el suelo que les causo un sobresalto repentino. Debio ser la mirada que no dejaba lugar a replicas, la actitud ferrea y de lider o bien, simplemente, que no se notaba de buen humor tras tanto jaleo, pero rapido sus hombres se movilizaron, comenzando a pulular de un lado a otro con claras intenciones de obedecer y largarse a sus tareas mañaneras asignadas.

Y, con un suspirito, observando a su propia division desapareciendo poco a poco de la sala a la velocidad de la luz, Ace decidio hacer lo mismo.

Todo estaba siendo demasiado extraño.

(Cambio de escena)

En cuanto pudo, Ace hizo un hueco facilmente para tratar de solucionar el problema que habia estado arrastrando desde aquella misma mañana.

Siendo plena hora de la siesta, comprobo con satisfaccion como la gran mayoria de sus compañeros y hermanos andaban dormitando o vagueando, que ahora si era momento, sintiendose el joven Ace de lo mas relajado al no tener que soportar mas miraditas preocupadas de soslayo o las preguntas sin sentido sobre su estado animico.

Basicamente, recorrio el navio gigantesco por los pasillos que sabria menos concurridos, huyendo de cada tripulante lo maximo posible y evitar asi mas percances y conversaciones confusas que no llevaban a ninguna parte, tratando el segundo comandante de no complicarse demasiado la cabeza con intrigas y sospechas. Todos parecian saber algo que él no, pero tambien parecian creer que, en realidad, si lo sabia, actuando de aquella manera extraña que no conseguia, a medida que el dia avanzaba, nada mas que desquiciarlo y confundirlo. Trato de cuestionarles el motivo de tanta monserga y cuidado de su persona, topandose para su total frustracion con que nunca se daba el momento oportuno o bien le contestaban con evasivas, pronunciando sus interlocutores aquel manido "Es mejor asi" o bien incluso el tipico "Ya sabes". Pues no. Ace no sabia. No sabia en absoluto que diablos estaba ocurriendo.

Como lo unico que estaba logrando era estropearse el dia aun mas, al final, el joven Ace habia optado por darse a la fuga rapida, decidiendo que mas le valia solucionar los problemas que si conocia en lugar de dedicarse a las intrigas e investigaciones. Tarde o temprano, acabaria enterandose de lo que ocurria. En el Moby Dick las noticias volaban y pronto llegarian a sus oidos.

Asi, sigiloso y en secreto, esquivando compañeros y huyendo de aquellos con los que se topo, Ace consiguio bajar las escaleras que daban con el camarote buscado sin demasiados percances confusos mas, sabiendo seguro que la persona en cuestion se encontraria ahora mismo en la habitacion descansando, pensando, durmiendo la siesta o algo similar, como solia ser su costumbre. Decidido y habiendo estado reflexionando en su cabeza lo que debia decir y de que manera, Ace termino por fin de bajar escalones, caminando a traves del pasillo para toparse, finalmente, con la puerta cerrada a cal y canto del camarote de Circe.

No pudo llamar a la puerta sin mas, comenzando a apurarse y ponerse nervioso en cuanto tuvo la madera justo frente a sus narices, teniendo que detenerse en seco para regalarse unos segundos de calma y reflexion. Pasado este tiempo estipulado, Ace chasqueo la lengua imperceptiblemente y se reprendio por cobarde como siempre que temia algun reproche (Casi siempre femenino), acogiendo en sus pulmones una larga bocanada de aire que le diera las fuerzas suficientes.

Elevo una mano ligeramente cerrada con claras intenciones de llamar por fin a la puerta, adivinando que ella estaba dentro debido a la luz que se colaba bajo esta. Sin embargo, tuvo que detener sus movimientos.

Un sollozo femenino de voz ronca pero elegante atraveso la madera un tanto, causando que el joven Ace se quedara estatico en su posicion y no pudiera evitar agudizar el oido. Tras este llanto malamente contenido, pudo escuchar claramente algunas palabras de consuelo.

Circe no estaba sola en la habitacion.

Preocupado y de lo mas curioso, sabiendo que no estaba bien pero notando una tremenda necesidad por llevar la accion a cabo, Ace trago saliva, acercando el oido un tanto hacia la puerta para poder distinguir la conversacion llevada a cabo dentro del camarote.

-No se que hacer... - Escucho la voz de Circe, rota por las lagrimas que no veia y el llanto contenido precariamente, llegando a sus oidos tambien el sorbeteo de nariz caracteristico de aquel que llora demasiado. -Ya no se que hacer... -

-Vamos, querida... - Enseguida, Ace reconocio la identidad de Joan-Marie dentro de la estancia, recordando que, desde hacia poco tiempo, la relacion entre ambas se habia estrechado un tanto y habian pasado, incluso, a ser amigas. Pero Ace no queria acordarse del porque de aquella cuestion. Vivir torturandose con el pasado, por muy cercano que este fuera, no era una buena idea. -Calmate... ya sabes como es... - Joan-Marie, siempre tan amable y comprensiva, trato de sonar calida y consoladora, logrando tan solo que Circe produjera otro nuevo quejidito de dolor emocional. -Solo... bueno... quiza solo necesita tiempo... o algo asi... - Pero Circe no sonaba de acuerdo.

-Ese no es el problema. El problema no es ese... ya no se que hacer, Joan-Marie... - Y Ace juraba que jamas habia oido a Circe tan derrumbada ni deprimida, nunca triste ni desesperada, solo furiosa, no pudiendo contener el morderse el labio inferior para apegarse contra la puerta un poco mas. -No se que hacer. Se cierra en banda... Yo lo intento, y lo intento... p-pero él... - Circe produjo otro sollozo malamente ahogado, tratando de recomponerse rapidamente para que sus palabras fueran, al menos, entendibles. -Siempre se cierra en banda. Hace que esta conmigo, pero en realidad no esta... No esta, Joan-Marie. Solo hace como si lo estuviera. Ya no se que hacer... - Nuevamente, Circe comenzo a llorar con su voz ronca de mujer despechada.

-Pero, mujer... yo creo que si quiere estar contigo. Te aprecia mucho, se le ve en los ojos.- Sin embargo, el tono suave y las palabras agradables de Joan-Marie no consiguieron su cometido, escuchandose a traves de la puerta como Circe se sentaba derrotada sobre el colchon, que produjo un pequeño chirrido. -Duerme casi todas las noches aqui desde hace mas de un mes ¿Cierto? Ademas que siempre, siempre, habla maravillas de ti y te ve como una gran amiga... - Abruptamente, la voz de Circe interrumpio el discurso de Joan-Marie, atravesando desgarradamente la estancia ocupada por ambas mujeres.

-¡Ese es el problema! ¡Una gran amiga! ¡Yo no le siento como un amigo!- Estallo Circe nuavemente en llanto, causando que velozmente Joan-Marie se lanzara al rescate, escuchandose otro nuevo chirridito de la cama.

-Vamos, tranquila... - Susurro Joan-Marie, siendo nuevamente su intento de consuelo completamente inutil.

-No puedo estar tranquila... Estoy desesperada. No se que hacer... Lo he intentado todo, se lo estoy dando todo... - Y Circe lloro aun mas dolorosamente, notandose todo su daño emocional tan solo con un sollocito ahogado que trato de contener. - ... p-pero él... él... parece que no le importa nada... no le importo en absoluto... no le importa en absoluto lo que salga de nosotros dos... ¡Si me lanzara por la borda, ni siquiera pestañearia!-

-¡Oh, vamos, mujer! ¡No digas eso!- Exclamo Joan-Marie con su tono mas dulce y maternal, decidiendo entrar en la conversacion solo un poco para, rapidamente, callar de nuevo y dejar que la otra se desahogara.

-No le importo en absoluto... Esta, pero no esta. ¿Lo entiendes? Hace que esta, pero en realidad no esta, no conmigo... No esta cuando me siento a hablarle y finge que le importa como me encuentro... no esta cuando le busco con la mirada y, si da la casualidad, él me corresponde con otra y me sonrie como un idiota... No esta nunca, en realidad. Nunca... ni siquiera en la cama esta conmigo... ¡Ni siquiera me deja entrar en su habitacion!- Nuevamente, tras aquella afirmacion, Circe dejo escapar un sollozo ronco, lloriqueando durante unos segundos dolorosos.

-Circe, mi niña... no pienses asi, te haras mal... - Pobre Joan-Marie, tambien, que parecia sufrir tan solo con oir afirmaciones semejantes de una amiga tan joven y bonita. -Vamos, se lo que quieres decir... pero no me lo creo... es solo que... Ace es... es un poco... asi... - Y a Ace no le sorprendio en absoluto que, finalmente, pronunciaran su nombre, aguantando las ganas de golpearse a si mismo por ser el hombre mas desconsiderado y egoista del planeta. Tragando saliva de nuevo, decidio que no era momento de pensar en si mismo otra vez, silenciando su conciencia para continuar de espia en aquella conversacion femenina. -Quiero decir que... bueno, es un chico muy suyo... - Aunque, a pesar de sus palabras e intenciones, ni siquiera la misma Joan-Marie parecio de acuerdo con lo que andaba diciendo, pronunciando sus palabras de manera temerosa pero con total consuelo. -Esta acostumbrado a no andar pendiente de nadie y a estar solo y... - Pero, nuevamente, Circe la interrumpio rapidamente.

-¡Mentira!- El grito lloroso de Circe causo que incluso el mismo Ace diera un respingo, comenzando la hermosa mujer a lloriquear desesperada otra vez. -Eso es mentira... antes yo tambien creia que era asi p-pero... - Y, esta vez, parecio que le costaba hasta continuar, teniendo que respirar un par de veces entrecortadas y profundas antes de seguir. -Luego... luego llego ella y... - Sin embargo, ahora fue Joan-Marie la que la interrumpio.

-Circe... - Chasqueo la lengua entre didactica y maternal, causando que la otra callara durante un instante. -... no vayas por ahi... - Sono incluso a advertencia, avisandole de la dificultad y de que, ademas, todavia le resultaba doloroso el tema de conversacion.

-¡Pero es la verdad!- Estallo la preciosa morena de nuevo, dejando claro que necesitaba desahogarse y decir cuanto pensaba. -Llego ella y todo era diferente... c-cuando estaba con ella, Ace si que estaba con ella... Estaba de verdad.-

-Cariño... - Trato Joan-Marie de hacerla recapacitar y dejarlo, consiguiendo nuevamente nada.

-Llego ella y lo cambio todo... y a él tambien lo cambio... ¡Con ella no le importaba que todo el mundo supiera que estaban juntos!- Salieron los celos, el dolor y la total inseguridad que Circe evitaba mostrar a la luz, estallando en lagrimas y mas llanto desesperado. -¡Siempre estaba con ella y no le importaba en absoluto! ¡Vivia con ella y, a mi, ni siquiera me deja entrar en su habitacion!- El corazon de Ace se convirtio en un puño dentro de su pecho, comenzando a volverse su bombear una dolorosa tortura que habia sufrido durante demasiado tiempo, cuando habia estado enclaustrado en su camarote, perdido en su oscuridad. Con enorme dificultad, sacudio la cabeza, tragando saliva para no dejarse llevar por el arrebato emocional conocido y, asi, calmarse tarde o temprano. Todavia le pasaba alguna veces y, esta, no seria diferente y le haria frente de la misma manera. -¡Es mas! ¡Parecia que él, realmente, queria que todo el mundo lo supiera! ¡Parecia que se regocijara con ello y, conmigo, parece que se avergüenza o se asusta! ¡Y ella era una esclava! ¡Ademas de doloroso, es humillante!- Grito Circe con toda su fuerza llorosa y tonal, causando que velozmente Joan-Marie tratara de calmarla con chistar alto e indicativo.

-Sshh... calla, calla... No digas esas cosas. No digas cosas de las que puedas arrepentirte y, menos aun, tan alto.- Joan-Marie, siempre apartando sus propios sentimientos por cada una de sus protegidas.

-¡Estoy desesperada!- Reconocio, finalmente, Circe en medio de llantos y sollozos de dolor. -No se que mas hacer... he intentado todo, pero se cierra en banda... Todo... he intentado todo... - Su voz se quebro, sus quejidos audibles se volvieron hipos de respiracion entrecortada, sorbeteando la nariz arabiga de vez en cuando con total desgarro emocional. -Si supieras... si supieras las cosas... la cantidad de cosas que he hecho por él... No tienes ni idea de las cosas que he hecho por él.- Entre dientes, incluso, Circe pronuncio semejante sentencia, pareciendo que cada dolor y fuerza se le escapaba por la boca.

-Ya, Circe... sshh... todos sabemos que lo quieres.- Joan-Marie regreso a la carga, tratando nuevamente de consolar y calmar a aquella joven que tan fragil parecia en ese momento preciso, quebrada y hundida.

-No es justo... No es justo, Joan-Marie... - Circe perdio las ganas de continuar manteniendose minimamente digna, deshaciendose en un llanto mas propio de las chiquillas dañadas que de las mujeres curtidas del mar. -Despues de todo... despues de todo no he conseguido nada, en realidad... No tengo nada de lo que quiero de él, nada en absoluto... - El lloriqueo se volvio aun mas rabioso, incoherente y desesperado, dejando la hermosa morena salir cada sentimiento y emocion escondida a traves de las lagrimas y las palabras. -¡Ella se lo ha quedado y no me lo quiere dar! ¡Esa niña me esta maldiciendo desde la otra vida!- Y, rapidamente, Joan-Marie regreso al ruedo, adelantandose ahora que la notaba mas fragil y facil de acallar.

-Ya... sshh... te he dicho que no digas cosas de las que puedas arrepentirte... Nadie se ha quedado nada ni nadie tiene motivos para maldecirte... sshh... - Y, por el llanto repentinamente ahogado de Circe, Ace estuvo seguro de que Joan-Marie la habia refugiado en un abrazo maternal y protector, no pudiendo él evitar cerrar los ojos frustradamente para apoyar la frente sobre la puerta en total silencio.

Despues de eso, no hubo mas gritos ni rabietas, solo llanto ahogado y palabras de consuelo al aire de Joan-Marie.

Nada mas. Solo eso. Nada mas que llanto y palabras al aire.

Era suficiente.

No sabiendo exactamente como debia sentirse, Ace se separo de la puerta con silencio y delicadeza, no pudiendo evitar el clavar la mirada perdidamente sobre la madera. En mutismo total, el joven comandante se limito, simplemente, a permanecer en su posicion, llegandole todavia hasta los oidos el llanto ahogado y alguna que otra palabra proveniente del interior del camarote cerrado.

Se dijo que debia reaccionar de alguna forma, romper a llorar, a gritar, enfadarse o ensombrecerse de nuevo, tan deprimente y fantasmagorico como habia sido durante meses. Debia, si no se daba nada de lo anterior, arramplar en el cuarto y consolarla, abrazarla, decirle que la amaba y correspondia, que lo sentia, que habia abierto los ojos y que, a partir de ese momento, todo iria bien y se comportaria como un hombre decente y bueno.

Sin embargo, esto ultimo fue del todo imposible.

A Ace le hubiera gustado hacerlo. De verdad le hubiera encantado comportarse como debia hacerlo y entrar en el camarote sin necesidad de pensarlo si quiera, lanzandose a sus brazos calidos de mujer. Pero era imposible. Era del todo imposible porque seria una gran mentira proveniente del mayor mentiroso, permaneciendo aun Ace estatico y dolido frente a la puerta.

Simplemente, semejante arrebato romantico no le salia.

No le salia y, si no le salia, significaba que no correspondia a sus bonitos sentimientos. Solo el hecho de tener que pensarlo era una señal clara de carencia como aquella. La apreciaba, cierto, mucho, confiaba en ella mas que en nadie actualmente, ademas que Ace sentia una infinita y enorme gratitud hacia su persona. Pero no le salia el arrebato. Era extraño.

Se dijo, entonces, que debia reaccionar de la otra manera. Debia romper a llorar, a gritar, enfadarse o ensombrecerse de nuevo, tan deprimente y fantasmagorico como habia sido durante meses. Debia dedicarse a regresar a la nostalgia dolorosa que lo abraso por dentro sin descanso, llorando la muerte de una Ifára a la que echaba de menos.

Y, sin embargo, Ace tampoco pudo hacerlo.

Ace no pudo hacer nada en absoluto mas alla de quedarse mudo y sumido dentro de su interior.

Estaba justo en el medio de algun punto cuyo nombre Ace desconocia, al igual que su naturaleza.

El hecho de no hacer nada, de que nada saliera y de que nada hiciera, fue aun peor que el haber explotado de alguna forma. Ace se sintio insensible, vacio y gelido, como si su capacidad de aprecio se hubiera lanzado por la ventana y nadara a la deriva, lejos de él y sin ganas de prestarle su calida ayuda nunca mas. Se sintio menos hombre, menos persona, menos amigo, menos tripulante y menos hermano, como si una pieza decisiva del rompecabezas que lo solucionaria todo andara justo frente a sus narices, pero Ace no supiera cual era.

Circe habia dicho que Ifára se lo habia llevado con ella, entero y completo.

Quiza tuviera razon. Ace, en momento tan complicado como aquel, era incapaz de saber nada.

Pero, como se habia dicho una y otra vez, si algo duele es porque sigue vivo.

Un sonido repentino de pasos ligeros a su espalda le hizo dar un respingo, saliendo Ace levemente de sus cabilaciones confusas para darse la vuelta. Con urgencia y algo de vergüenza debido al ser pillado como espia, el segundo comandante analizo el pasillo velozmente, topandose para su alivio total con la imagen conocida de Dadou.

La joven y delgada esclava rubia, tan espectral como se habia vuelto desde la desgracia, se limito a clavarle una miradita fugaz demasiado rapida como para analizarla, acogiendo como mejor pudo entre las manos finas lo que Ace analizo, rapidamente, como un buen cargamento de manuales y libretos en su caja correspondiente. Eficaz y silenciosa, cabizbaja y haciendo todo su esfuerzo, la joven Dadou continuo su camino sin volver a dedicarle una sola ojeada, comenzando a caminar de nuevo por el pasillo.

-Ey, espera.- Le dijo Ace con aquel tono tranquilo y pacifico al que se estaba acostumbrando siempre que se topaba con ella, no queriendo asustarla o imponerse demasiado. Obediente como era, la pobre, Dadou se detuvo en seco tras parecer que meditaba la decision durante un par de segundos, aun manteniendo con toda la firmeza que le fue posible el cargamento pesado. -Deja que te ayude.- Y Ace no necesito permiso para ello porque siempre hizo cuanto le daba la gana, separandose de la puerta para dar con ella en un par de zancadas eficaces.

-N-no es necesario... - Con aquel susurrito bajo y tembloroso en el que se habia convertido su voz, casi nunca audible, Dadou clavo la mirada triste sobre la caja, evitando por todos los medios el contacto visual con el otro.

-Claro que si.- Sin embargo, Ace no debia estar de acuerdo con ella, ignorando sus palabras para acoger él mismo entre sus manos fuertes aquella caja cargada de libros pesados y demas papeles. Sin decir nada mas, Dadou se limito a obedecer y dejarle hacer, retirando sus propias manos finas en cuanto el joven frente a ella cargo con el equipaje. -Vaya... - Con algo de gracia, Ace tambaleo la caja un tanto, haciendo gala de su mayor poderio fisico sin demasiado esfuerzo ni intencion de ello. -Es pesado... ¿Donde tienes que llevarlo?- Pero Dadou no respondio, con la mirada clavada y perdida sobre sus pies a la vez que jugueteaba con sus manos ausentemente. Ace tambien se habia acostumbrado a esto ultimo. -Niña.- Y ella, como solia pasar, dio un respingo, recomponiendose de su depresivo sueño despierto para dedicar sobre él una miradita entre confusa y asustada. -¿Donde tienes que llevarlo?- Cuestiono Ace otra vez, comprobando satisfecho y guardandose un suspirito que ella, ahora, si andaba levemente pendiente de la realidad.

-A-arriba, señor.- Dijo ella con un susurrito tembloroso, consiguiendo que Ace abriera la boca rapidamente.

-Ace.- Siempre lo mismo. Siempre la misma lucha.

-Ace.- Repitio ella obediente, como siempre, sabiendo el joven pirata que, al dia siguiente, volveria a llamarlo señor.

-Bien.- Sin embargo, Ace se dijo que no era una buena idea ponerse a discutir con ella, limitandose a comenzar a caminar mientras cargaba el peso que antes llevaba la otra, que lo siguio eficaz y en mutismo total. -¿Sabes? Eres una muchachilla muy flaca para cargar con estas cosas tu sola... - Dijo él en busca de algo de conversacion y buen humor, subiendo las escaleras sin demasiado esfuerzo. Y, como siempre pasaba, Dadou no dijo una palabra, siguiendole silenciosa y cabizbaja, casi como si no existiera. -Espero no haberte ofendido.- Rapido, el joven comandante salio en su excusa, concluyendo finalmente la tarea de subir las escaleras y topandose asi con el piso de arriba, algo mas concurrido y vivo pero no demasiado debido a las horas. Nuevamente, recibio silencio. -Vaya, realmente, somos unos autenticos zanganos... - Con diversion, Ace pronuncio aquellas palabras tras revisar un tanto el pasillo correspondiente y luminoso, haciendo la broma sobre la escasa cantidad de tripulantes que pululaban por alli.

-P-por alli.- Se limito ella a contestar de manera casi inaudible, señalando temblorosa la direccion que Ace debia tomar.

-Ah, vale... si... - Entre resignado e incomodo, el joven comandante decidio seguir el camino indicado, respaldado por la presencia sombria y fantasmagorica de Dadou. Definitivamente, no era bueno tratando con las emociones. -Bueno, y ¿Como te va?- Era una pregunta facil y simple, una cuestion estupida para romper un hielo que no se deshacia jamas aunque Ace lo intentara, girando un tanto la cabeza mientras andaba para dedicar una miradita sobre la muchacha flaca.

-Bien, señor.- Y, resignado, Ace se aguanto un suspirito, decidiendo abandonar el empeño por que ella le llamara por su nombre propio. Ya volverian a lo mismo en otra ocasion.

-Me alegro.- Dijo él, soltando incluso una risilla que trato de sonar amable. -Pero ¿Estas bien? ¿Estas contenta?- Las mismas preguntas de siempre. Los mismos intentos de siempre por que Dadou, la pobre, se abriera un poco y volviera a ser tan parlanchina y descarada como antes.

-Si, señor.- Era la mentira mas grande de la historia y, tanto Ace como la misma Dadou, lo sabian a la perfeccion, decidiendo el primero no obstante el asentir y fingir haberse dejado convencer.

-Eso esta bien.- Ace asintio un par de veces, continuando su camino a traves del pasillo semivacio con el cargamento pesado entre las manos. -Pero... bueno, ya sabes... - Nunca fue bueno en las confesiones emocionales, nunca, pero Ace sabia que, de vez en cuando, eran absolutamente necesarias. -Si no estas bien... si no estas contenta... - El silencio a su espalda se hizo aun mas intenso, si es que era posible, escuchando Ace tan solo los pasitos temerosos y que cada vez temblaban mas de Dadou a su espalda. -O si necesitas algo... solo... solo dimelo ¿Vale?- Y ella no contesto, pero Ace decidio dar la respuesta por obvia. Al menos, le habia ofrecido una mano amiga, como todos los dias que se topaba con Dadou. -Solo tienes que decirlo y yo te ayudare. Te lo aseguro.-

Y, entonces, ocurrio algo que no ocurria siempre.

-¿Por que?- Dadou, de pronto, se detuvo en seco y abruptamente, pronunciando aquella cuestion de manera temblorosa e incluso molesta. Parando su caminar en cuanto la escucho, Ace se giro un tanto para dedicar sobre ella una mirada confusa, observando como la joven esclava, con la vista clavada sobre sus propios pies, se llevaba las manos hacia los costados para convertirlas en un par de puños nerviosos.

-¿P-por que?- Ligeramente perdido, Ace se limito a mirarla con desconcierto, cargando todavia con aquella caja pesada mientras ella no cambiaba su posicion y expresion ni un apice. -¿Por que, que?- Cuestiono él finalmente, notando como Dadou tragaba saliva con pesadez un segundo antes de contestar nada.

-¿Por que hace esto?- Y, sin embargo, por su voz dolida y su expresion frustrada aunque cabizbaja, Ace estuvo seguro de que no se trataba de una mera sorpresa o bien incredulidad, consistiendo algo, en realidad, demasiado complicado como para analizarlo de primeras y facilmente.

-¿El que?- Ace sabia que era de mala educacion contestar a una pregunta con otra pero, aun asi, no pudo evitarlo, notandose cada vez mas confuso y extrañado. Su falta de respuesta inmediata parecio frustrar aun mas a la joven esclava que se limito, a pesar de todo, a tragarse un bufido doloroso y apretar los puños un tanto mas fuerte.

-Esto. Todo esto.- Contesto la muchacha con voz tan cortante como temblorosa, aventurandose a atrevimiento semejante a pesar de que no separaba la vista de sus pies. -Por que me ayuda, por que me habla y... y es amable conmigo t-todo el rato... - Ace juraria que, por sus palabras, actitud extraña y tono de voz, realmente consistia en un reproche doloroso. -¿Por que lo hace? ¿Por que?- Ace no sabia que decir exactamente.

-P-porque es... es... - Trago saliva y, extrañamente, se sintio intimidado, rebuscando en su cerebro las palabras adecuadas y mas concisas que encontrara. Dadou, por su parte, se limito a permanecer estatica y en silencio, consiguiendo que su mirada de muchacha triste se volviera a cada segundo mas llorosa y cargada de rabia. -Por que es... es algo bueno ¿No?- Respuesta como aquella a Ace se le hacia elemental y de lo mas coherente.

-Usted no sabe como soy.- Y, entonces, la mirada de Dadou se clavo sobre la suya, directa, abrasante pero a la vez tan vacia como el hielo mas frio, comenzando a formarse las lagrimas bajo aquellas pupilas oscuras. Ace no pudo hacer mas que permanecer en silencio.

Como si hubiera cometido un crimen atroz, la joven esclava bajo rapidamente su mirada, dedicando semejante expresion extraña a sus zapatos de nuevo.

Y Ace, por su parte, se dedico a permanecer mudo, analizando lo mejor que pudo y rapidamente las ultimas palabras dichas por Dadou. Veloz entendio, cambiando su expresion confusa por una mas disgustada y sombria, examinando a la muchacha flaca y depresiva, desesperada y perdida, justo frente a él.

Pobre Dadou.

-Eres una buena persona.- Le dijo por fin, tratando Ace que ella se lo creyera de verdad y pudiera, poco a poco, salir de semejante estado de dejadez y perdicion total.

Pero, sin darse ni cuenta, aquello hizo que el vaso se derramara.

-¡Basta!- La voz, antes inaudible, de Dadou se elevo por fin con total desgarro, con dolor interno, comenzando la muchacha delgada a llorar lo mas silenciosa que pudo para, con sus manos, hacer un movimiento seco en forma de equis. -¡Ya basta!- Exclamo desesperada, teniendo que llevarse las manos hacia el rostro y asi acallar las lagrimas un tanto, no consiguiendo mas que un sollozo ahogado. -¡Usted no sabe como soy! ¡No lo sabe!- La chiquilla cerro los ojos con fuerza y se mecio algo violentamente de un lado a otro con nerviosismo, conteniendo malamente una histeria que la abrasaba por dentro desde hacia demasiado tiempo.

-Dadou... - Rapido, Ace trato de calmar los animos y solucionar algo, aunque solo fuera un poquito, pronunciando su nombre propio con suavidad e indicacion. Ella, en cambio, se limito a negar con la cabeza llorosamente. - ... eres una buena persona.- Le dijo, y ella produjo un quejidito de rabia y daño total.

-¡No! ¡No lo sabe!- Y le miro de nuevo y, esta vez, Ace contemplo en sus ojos la ira contra todo y nada, la culpa por los actos cometidos que ya no tenian solucion, el dolor de la perdida, la tristeza del que se pierde y esta solo. La culpa. Sobre todo la culpa. -¡No lo sabe, asi que, basta ya! ¡Ya basta!- Dadou sollozo con fuerza, llevandose las manos rapidamente hacia el rostro para cubrirselo con desesperacion y negar con la cabeza tras los dedos delgados. -¡Dejelo! ¡Dejeme, por favor!- Esta vez llego incluso a suplicarle, arrastrando las manos desde la cara hasta su cabello rubio para entrelazarlos un tanto. Ace temio que incluso llegara a tirarse del pelo, pero gracias al cielo no lo hizo. -¡Por favor! ¡Olvidese de mi! ¡Dejeme y olvideme!- No estaba bien.

-Pero... - Ace trato de hacerse notar, de calmarla, hacerla sentir bien o salir en su defensa, consiguiendo tan solo que ella lo interrumpiera abrupta y llorosamente. Para que Dadou hiciera tal cosa, definitivamente debia andar destrozada. Debia no importarle nada. Nada en absoluto.

-¡Dejeme, se lo suplico! ¡Prefiero que me odie y me desprecie antes que esto!- Estallo la joven esclava con todo el dolor de su alma, cerrando los puños con tanta fuerza que hasta sus nudillos se volvieron blancos. Estupefacto y no sabiendo como reaccionar, tragandose las palabras dolorosas que le estaban dedicando, Ace permanecio en silencio y tension total. -¡No puedo soportarlo mas!- Y es que debia ser que, su presencia y buen trato, en lugar de algo agradable para Dadou resultaba una autentica condena horrible, soltandole finalmente lo que sentia y habia acallado desde hacia mucho. -¡Odieme, desprecieme, pero no haga esto! ¡O dejeme! ¡Ignoreme, sea indiferente como hacia antes!- Llorosa y desesperada, habiendo perdido el control y parte de su cordura, Dadou volvio a mirarle a los ojos con total sinceridad e histeria nerviosa, haciendo que cada palabra se le clavara al otro como una daga al rojo vivo. -¡Si no puede tratarme mal, solo ignoreme, por favor!- Y entonces Dadou se deshizo, se retorcio de dolor incluso, lloriqueando con fuerza durante un par de segundos que se permitio de tortura propia y solitaria. Varios curiosos se detuvieron a contemplar la escena, como siempre, decidiendo desaparecer del lugar en cuanto comprobaron que esta vez, en cambio, no eran los espectaculos comunes. Habia algo que los hizo huir. -Dejeme... por favor... - La suplica fue aun mas dañante y triste que las dichas a gritos, cubriendose Dadou el rostro lloroso con sus manos delgadas, pareciendo que queria desaparecer. -Olvidese de mi... se lo suplico. Vayase y olvidese de mi... por favor, por favor... -

-Y-yo... no pretendia... yo... - Ace no sabia que decir, estupefacto y dolido, culpable por no sabia que exactamente, observando con impotencia como habia aumentado la desgracia de aquella pobre muchacha cuando habia, en realidad, pretendido absolutamente lo contrario.

-Por favor... deje de torturarme... hare lo que sea, p-pero olvideme... - Fue el ruego mas dañante y doloroso de la historia. Dadou parecia que acabaria muriendose de repente, desplomada contra el suelo de pronto y sin motivo fisico aparente.

-L-lo siento.- Era lo unico que Ace podia decir al respecto.

-¡Le he dicho que ya basta!- Exclamo ella de nuevo, rompiendo a llorar lo mas silenciosa que pudo despues en busca de una calma que apenas consiguio. -Deje de ser bueno, por favor... detenga esto... -

-D-de acuerdo... yo... solo... - Pero no le salieron las palabras, teniendo el segundo comandante que tragar saliva con total daño interno. -E-esta bien.- Finalmente, accedio porque otra cosa no podia hacer, tratando de manetenerse minimante sereno ante semejante ataque emocional sin compasion. Con una miradita rapida y confusa, Ace analizo la caja que aun portaba sobre sus manos, deseando con todas sus fuerzas el deshacerse de ella y desaparecer de alli para dejar de hacerle daño.

-D-dejelo en el suelo... en el suelo... - Indico ella entre sollozos bajos y malamente ahogados, observando lacrimogena como Ace asentia nervioso y obedecia a la velocidad de la luz. -Gracias.- Parecio que, con aquel agradecimiento, pretendia suavizar toda la conversacion anterior un poco, logrando tan solo que el joven pirata evitara su mirada dolorosa por todos los medios.

-Lo siento.- Dijo Ace de nuevo por puro instinto, titubeando un tanto en cuanto a que direccion debia tomar. Tenia que desaparecer de alli y, cuanto antes, mejor. Una vez consiguio hacerse mas o menos dueño de su propio cuerpo, el segundo comandante se giro hacia la esquina mas cercana, dandose a la fuga con caminar rapido sin atreverse a mirarla una sola vez mas.

Dadou no pronuncio palabra alguna. Se limito a permanecer donde estaba, observando la espalda tatuada de aquel muchacho que, destrozado a pesar de que solo habia tenido buenas intenciones, obedecia su suplica sin haberle dado ni un reproche.

Por su parte, Ace trato de mostrarse lo mas digno y duro que pudiera, valiente y fuerte, resultando que en realidad su interior blandito y escondido se encontraba gritando de dolor. No se giro una sola vez, desapareciendo por la esquina mas cercana y escogida al azar del pasillo para asi huir de su presencia femenina y dejar de ser una molestia total. Se penso como un ser dañante y maligno, algo que causa pena y dolor aunque no lo pretenda. Mordiendose le labio inferior con fuerza, Ace se llevo las manos hacia los bolsillos, clavando la mirada frustrada sobre el suelo de madera para recorrer los pasillos sin rumbo fijo como una bala y, asi, no toparse con nadie o hacer caso de nadie.

No sabia como lo hacia exactamente pero, fuera como fuera y tuviera las intenciones que tuviera, parecia que siempre acababa destrozando a aquellos que se atrevian a acercarse a él lo suficiente. Era como el erizo que, por mas que trate o pretenda, al final tarde o temprano sacara las puas y pinchara a aquel que se arrime en exceso.

Desde que ella se habia ido... desde que ella se marcho...

Y ella se marcho porque era un ser hiriente. Porque era como el erizo y habia terminado por atravesar su bonito corazon.

-¡Ey, Ace!- Escucho un llamado amistoso y tranquilo interceptandole por los pasillos, pero Ace no queria reconocer la voz de nadie ni intercambiar palabras con ningun otro ser vivo, limitandose a permanecer con los ojos clavados sobre el suelo y continuar caminando.

Como una bala, trato de pasar de largo mediante zancadas fuertes, pareciendo hasta un niño enfurruñado que se enfada con sus compañeros de clase porque no quieren jugar con él, huyendo de todo y de todos porque el erizo, en realidad, no siempre tiene la culpa de hacer daño.

Sin embargo, una resistencia rapida le impidio continuar, deteniendole con fuerza suficiente pero no excesiva una mano grande que se planto, sorprensiva y directamente, sobre su pecho desnudo.

Entonces, Ace tuvo que detenerse, concluyendo la fuga molesta consigo mismo por tener puas y con el mundo por haberle convertido en erizo a base de desgracias, dando un ligero respingo para elevar la cabeza y mirar a aquel que se habia atrevido a detenerle.

-Ey, Ace... - Repitio Marco en voz mas baja y tranquila, dedicando sobre su joven amigo y compañero una miradita tan serena como preocupada.

-Hola.- Se limito Ace a responder, tratando por todos los medios de tragarse cada sufrimiento y dolor para asi mostrarse alegre. Por desgracia, Ace podia ser muy cerrado, pero nunca buen actor o mentiroso, resignandose en cuanto comprobo que su propia sonrisa no queria salir en todo su esplendor.

-Hola... - Marco contesto, deshaciendo finalmente el contacto y separando su mano de sobre el pecho del otro en cuanto comprobo que no parecia dispuesto a darse a la fuga, llevandose las manos hacia los bolsillos como era su costumbre. -¿A donde ibas?- Cuestiono con fingida indiferencia el primer comandante, sabiendo Ace a la velocidad de la luz que terminaria adivinandolo todo tarde o temprano.

-¡Oh! Iba a... - Pero Ace no sabia exactamente adonde iba, que se habia dedicado a andar sin rumbo ni norte. -Iba a mi camarote... - Mintio, dedicandole al otro una sonrisita falsa que trato de mostrarse tranquila y normal. -Estoy algo cansado y... y pretendia echarme un rato.-

-Tu camarote esta por alli.- Por desgracia, ni Ace era buen mentiroso ni Marco era facil de engañar, señalando hasta con gracia el primer comandante la direccion opuesta a la que el otro seguia hacia unos segundos.

-¿Ah, si?- Tontamente, Ace dirigio la mirada hacia el lugar señalado con diversion malamente actuada, asintiendo un par de veces perdidas sin saber demasiado bien que decir. -Si, cierto, si... estoy algo despistado.-

-Ace ¿Estas bien?- Definitivamente, Marco acabaria siempre adivinandolo todo, preguntando aquella cuestion con la que tanto habian acosado al pobre Ace esa misma mañana.

-Si, estoy bien... - Contesto el joven comandante pero, esta vez, para su total desgracia la respuesta no fue tan convincente como las otras, observando nervioso la expresion gelida e indescifrable de su compañero. -Estoy perfectamente.- Afianzo su estado animico con una sonrisita, conteniendo el apuro ante semejante mirada serena y descubridora de todas las cosas posibles.

-Ace, eres un mentiroso horrible.- Como Ace ya sabia, él nunca seria buen mentiroso y Marco era demasiado dificil de engañar. La sonrisa del segundo comandante desaparecio poco a poco al igual que su posicion energica y fingida fue deshaciendose, finalizando por hundir los hombros un tanto y tragarse un bufido. Nunca podria engañar a Marco. Nunca. -Y, ahora, ¿Estas bien?-

-No.- Ya esta. Lo habia dicho. Lo habia dicho por primera vez en toda aquella maldita mañana, confesando finalmente ante la figura confiable y la ausencia de curiosos. Marco suspiro suavemente.

-¿Que ocurre?- Pregunto y, sin embargo, parecia que ya lo sabia, considerando como de gran importancia que el otro decidiera desahogarse y hablar de sus preocupaciones. Marco, siempre tan amigo, siempre tan hermano. Era imposible que Ace no confiara en él.

-Bueno... - El joven segundo comandante chasqueo la lengua. Que confiara en él no significaba que fuera sencillo, tragando saliva con dificultad para llevarse una mano tras la nuca y mesarsela un tanto. Estaba inquieto y nervioso, dolido y cansado. Demasiado perdido y solo, como el erizo. -Yo... - Decidio omitir el percance peor con Dadou porque le resultaba demasiado dañante y hasta humillante, teniendo que contener una expresion de tortura emocional en cuanto lo recordo. -Esta mañana he... discutido con Circe y... bueno, ya sabes... nos pasa a menudo pero... esta vez ha sido... bastante fuerte... - Por encima, que tampoco vio necesario ni tenia ganas de ahondar en el tema en profundidad, Ace confeso finalmente, concluyendo la frase con un chasquido de la lengua.

-Con Circe... - Sin embargo, por primera vez en mucho tiempo, la voz de Marco no sono tan confiable y empatica como solia ser, tampoco tan serena, notandosele sin que pudiera evitarlo un deje de molestia.

-Si.- Desconcertado, Ace elevo las cejas un tanto, dedicando sobre su compañero una expresion confusa. -He discutido con Circe.- Dijo el segundo comandante con algo mas de seguridad, analizando facilmente la actitud repentina y de evidente lejania de su amigo y compañero.

-Ya veo.- Marco no dijo nada mas y parecio hasta perder el interes, conteniendo notablemente sus opiniones bajo aquella mascara gelida. Sin embargo, ante la expresion y estado animico de Ace, el primer comandante termino cediendo, suspirando nuevamente para deshacer la posicion tensa y ponerse manos a la obra lo maximo que pudiera. -Entonces... ¿Que ha pasado?-

-Oh, ya sabes... que se ha vuelto loca o algo asi... - Ace tampoco queria ahondar en semejante tema. Era su culpa y necesitaba un descanso mental urgente. Necesitaba reflexionar solo, encerrarse dentro de si mismo y deprimirse a gusto. -Aunque se le pasara.- Si, seguramente se le pasase, pero el joven Ace no estaba demasiado seguro de si se le terminaria pasando a él tambien. Andaba siendo un dia tan extraño como agotador. Una racha insoportable. Un tiempo demasiado doloroso.

-Con Circe.- Repitio Marco mas para si mismo que para el otro, clavando la mirada perdida sobre ningun punto en concreto de la pared mas cercana, con las manos firmemente apresadas en sus bolsillos como siempre que contenia las emociones. Ace tambien le conocia demasiado bien.

-¿Pasa algo?- Ace pregunto aquello entre curioso y a la defensiva, receloso ante la siempre actitud esquiva de su compañero para tema semejante al tratado.

-No.- Pero si pasaba, ambos lo sabian. Es mas, todos en el Moby Dick lo sabian. A Marco, Circe, no le gustaba. No le gustaba en absoluto. Nunca jamas lo habia hecho y, actualmente, parecia que aquel desprecio se habia acentuado.

-Marco... - Chasqueando la lengua, Ace cerro los ojos un segundo para buscar la calma, decidido a mantener finalmente aquella conversacion que le hiciera saber al otro como era Circe desde su perspectiva. Sin embargo, el primer comandante lo interrumpio rapidamente, no queriendo hablar de si mismo bajo ningun concepto, mucho menos en tema como aquel.

-Pero, entonces ¿Estas bien?- Volvio a preguntar, no pareciendo haberse quedado satisfecho en absoluto con la respuesta anterior. -Quiero decir que si estas bien... en todo, ya sabes... -

-No, no se.- Estaba harto, habiendo sido atosigado durante toda una maldita mañana por preguntas como aquella y por aquel maldito "ya sabes", no pudiendo Ace contener el sonar bastante descortes y enfadado. -No se nada ¿Que diablos os pasa hoy a todos conmigo y con vuestras preguntas sobre mi estado de animo? ¿Me ha salido un tercer ojo en la cara, acaso, y yo no me he dado ni cuenta?- Y es que a pesar de lo burlesco de sus palabras, no sonaron precisamente divertidas, decidiendo Ace que el dia andaba siendo extremadamente agotador mentalmente.

Por su parte, Marco tuvo que permanecer en silencio durante un par de segundos, admirando al joven segundo comandante incluso con sorpresa.

-Ace... - Dijo por fin, pareciendo lo mas desconcertado que Marco pudiera mostrarse. -¿Sabes que dia es mañana?-

-¿Jueves?- Cuestiono el joven Ace aun mas confuso y sin entender nada en absoluto, no comprendiendo a que venia otra pregunta sin sentido mas.

-Si... pero... - Habia un pero, entonces. Atento de repente, el segundo comandante dio un pequeño respingo, deseando saber que diablos estaba pasando con todo su interes. Negando con la cabeza un par de veces serenas, Marco produjo un suspirito, abriendo la boca para continuar hablando. - ... pero tambien... mañana va a hacer un año... - Ace se quedo blanco, estatico y boquiabierto, tratando de asimilar facil y rapido lo que, seguro, sabia que vendria a continuacion. Una sentencia. - ... desde que murio Ifára.-

El mundo bajo sus pies desaparecio, las paredes se volvieron invisibles y todo fue oscuridad, abriendo Ace los ojos un tanto ante semejante noticia.

Lo habia olvidado.

Ni siquiera se habia acordado de la fecha.

No queria vivir en el pasado.

Pero lo habia olvidado.

La habia olvidado.

Sus puas la estaban hiriendo incluso despues de la muerte.

Y, entonces, Ace regreso al pasado.

Tuvo que llevarse una mano al pecho para no desmayarse, recibiendo la noticia de repente como si fuera una bala mortal y directa. Comprendio todo. Comprendio las preguntas, la preocupacion de sus compañeros, el enfado y desesperacion repentinos de Circe al igual que sus celos, el arrebato lloroso de Dadou, la actitud de Marco. Ahora, todo habia cobrado un sentido y, a la vez, se lo arranco de cuajo.

¿Que diablos habia estado haciendo? ¿De que habia servido el intentar pasar pagina si, en realidad, habia sido una actuacion que, aunque bien llevada, solo era eso, una farsa? Ace se habia dedicado a engañarse a si mismo para terminar olvidandola de mentira cuando el resto, en cambio, parecia que la recordaban porque hasta la fecha sabian. Se habia esmerado tanto por ser fuerte, por pasar pagina y hacerla sentir orgullosa, que habia concluido en una situacion peor. La habia traicionado. La habia olvidado de mentira.

Ace no se habia recuperado. Ahora, entendia en medio de que punto estaba y cual era su naturaleza.

Estaba en medio de la transicion del dolor de la perdida a la resignacion.

En realidad, apenas habia avanzado nada por mucho que se engañase a si mismo.

Sus puas eran de tal indole y peligrosidad que, no solo pinchaban tanto a vivos como a muertos, si no que ademas lo herian a si mismo.

-Ace... - Marco trato de decir algo, levemente asustado ante la reaccion shockeada e incluso traumada de su amigo. Sin embargo, medio despertado de su dolor, el joven Ace elevo una mano en señal de espera, precisando de mas tranquilidad y reflexion. Habia sido demasiado repentino.

-Un... año... - Dijo el segundo comandante en un susurro, manteniendo la mirada clavada sobre sus propias manos. -¿Ya ha pasado un año?- Y es que Ace no se lo podia ni creer.

-Si.- Marco no respondio nada mas de momento, observando como su afirmacion arrancaba sobre el otro un nuevo estremecimiento de daño.

-Un año... - Era mucho tiempo y a la vez poco, terminando el joven comandante por negar con la cabeza perdidamente. -No sabia que hubiera pasado un año.-

-Mañana. Mañana hara un año... - Contesto su amigo y compañero, decidiendose por dejarle estar y sobrellevar la perdida a su manera. No era quien para juzgar sus metodos. Ahora, Marco tambien comprendia muchas cosas.

-Un año desde que... - Pero no era capaz de decirlo. Es mas, no habia sido capaz de decirlo ni pronunciar su nombre si quiera durante todo aquel maldito año ¿Como habia podido estar tan ciego?

-Desde que murio.- Sin embargo, Marco parecio dispuesto a abrirle los ojos un tanto, ya fuera sin intencion o bien porque lo considero necesario, observando tan sereno como pudo como su joven amigo se mordia el labio con dolor ante las palabras pronunciadas. -Un año desde que murio... asi... - Y la ultima parte de la frase sono de lo mas extraña.

-¿Que?- Confuso levemente y medio perdido en su propio corazon, Ace elevo la cabeza un tanto, clavando sus ojos oscuros y dolidos sobre los de Marco con duda.

-Bueno... - Esta vez, el primer comandante no se noto tan seguro de si mismo como acostumbraba, zigzagueando la mirada apuradamente de una forma que Ace habia visto pocas veces en él. - ... fue un poco... extraño... ¿No te parece?- Dijo Marco con algo de temor contenido, pareciendo que habia andando guardandose aquellas cavilaciones en secreto desde que Ifára fallecio. Ante la expresion de desconcierto e incluso escandalo del segundo comandante, Marco se apresuro a continuar, decidido a excusarse un tanto y exponer sus motivos. -Quiero decir que... que muriera asi... tan rapido y de repente que... - Pero Ace le interrumpio prontamente, sintiendo que el pecho acabaria desgarrandosele de repente y sin anestesia.

-I-Ifára... - Definitivamente, pronunciar su nombre le dejo claro que no, que no lo habia superado, teniendo que armarse de valor y fuerza para continuar. - ... Ifára se puso enferma.- Contesto como respuesta a las sospechosas palabras del primer comandante, tratando de mostrarse lo mas seguro posible.

-No he dicho lo contrario... solo que fue... extraño... y demasiado rapido, demasiado repentino.- Ace no podia salir de su horror.

-¡¿Que?- Cuestiono con todo el dolor de su alma, no pudiendo creer que de verdad Marco, su amigo y compañero fiel, estuviera dispuesto a remover la desgracia sin miramientos de ningun tipo ni sentido comun.

-Ace, es que... hay algo que no me gusta.- Marco no sabia que o como decirlo exactamente, notandosele algo temeroso a pesar de que andaba completamente seguro de que cada cosa que decia.

-Ella se puso enferma y murio... y-y ya esta... - Nada mas. No habia que darle mas vueltas. La desgracia se habia cernido sobre el barco para llevarsela.

-Claro, puede ser pero... fue muy extraño y rapido... ¿Que enfermedad era esa?- Estupefacto y cada vez mas escandalizado, mas dolido e incredulo, Ace le observo atento y al borde del llanto rabioso. Otra vez el llanto atorado en la garganta, esa sensacion horrible.

-Marco, ¿Que diablos has estado haciendo durante todo este año?- Pero Ace ya lo sabia porque le conocia demasiado bien, no pudiendo creer que al otro le costase superar la muerte mas que a él mismo, verdadero ser cercano de ella.

-Pues investigar... - Y en cuanto vio que Ace abria la boca con claras intenciones de estallar con algo reprendedor, Marco se le adelanto velozmente. -No ha sido nada malo, Ace... -

-No... - Suplico, incluso, el segundo comandante, negando con la cabeza incredulo para llevarse una mano hacia la frente mientras el otro continuaba hablando.

- ... solo me resultaba extraño y me puse a investigar un poco... - Ace bufo con todo su dolor, cubriendose los ojos tras sus dedos.

-No... - Volvio a decir, cada vez mas suplicante y desesperado.

- ... y tu deberias haber hecho lo mismo porque... - Marco no lo penso. No lo dijo a sabiendas ni con malas intenciones, consiguiendo sin embargo todo lo contrario.

-¡¿Que? ¡No te atrevas a decirme eso!- Exclamo Ace incredulo y furioso, incluso, observando anonadado como su amigo continuaba hablando en busca de decirlo todo cuanto antes. Era demasiado horrible, demasiado doloroso e insoportable. Ace no podia mas.

- ... porque ha sido todo muy raro, Ace. Es que hay algo que no me cuadra... - Y Ace no pudo evitar preguntarse ante la expresion incluso desesperada de Marco cuanto tiempo habia dedicado este a perseguir fantasmas, comenzando a adivinar que la muerte de Ifára no solo le habia afectado a él y Joan-Marie. Habia afectado a casi todo el maldito barco. -¿Sabes? Eso no era ninguna enfermedad, lo he estado mirando... he leido libros y es extraño... es una mezcla extraña... era una enfermedad pero a lo grande, como si se hubieran juntado demasiados padecimientos en una y... - Ace no podia mas. No podia mas, y punto.

-¡No! ¡Callate!- El segundo comandante estallo, cerrando los ojos con fuerza un segundo ante el dolor lacerante que provocaba cada palabra pronunciada por el otro. Debio ser su voz, su expresion al borde de las lagrimas profundas o sus palabras, pero Marco se callo de golpe, observando a su amigo como si no pudiera creer que aquello lo hubiera causado él mismo. -¡Marco, ya basta! ¡Murio! ¡Se puso enferma y murio!-

-Pero es que... - Sin embargo, Ace lo interrumpio de nuevo.

-¡Murio y ya esta! ¡Fue horrible, no me hagas vivirlo otra vez! ¡No quiero vivirlo otra vez, joder!- La expresion compasiva pero aun segura de Marco fue mucho peor, terminando Ace por tener que apretarse el rostro bajo las manos y romper a llorar lo mas silencioso que pudo ¿Que mas daba? Era Marco. Marco ya le habia visto llorar. Portgas D. Ace si lloraba, ahora lo sabia aunque tratara de hacerlo en secreto. -¡Murio, se puso enferma y murio! ¡Superalo! ¡Fue injusto, horrible y ni siquiera he terminado de creerlo todavia, pero es la realidad! ¡No va a volver! ¡Aunque te pases la vida investigando causas perdidas, mi niña no va a volver!- Ya esta, la habia llamado niña, su niña. Ace estaba abriendo los ojos. Ace no se habia olvidado de Ifára. Ace estaba en plena transicion.

-Se que no va a volver pero... - Marco no estaba dispuesto a dejarse convencer por mucho que las palabras y arrebato de Ace le estuvieran arrancando el corazon, decidido en sus convicciones. - ... se merece que se le haga justicia.- Era demasiado.

-¡¿Justicia? ¡¿Justicia de que, Marco? ¡¿Que vas a hacer?- Era ilogico y dañante, masoquista, pensando semejante tortura constante por parte de su amigo como algo innecesario que solo traeria mas daño. El mismo Marco dijo que la dejaran descansar en paz y, ahora, parecia haber cambiado de idea. -¡¿Vas a batallar contra las enfermedades? ¡¿Contra el mundo o el azar, o quiza la suerte? ¡¿Vas a matar al Cielo si es que tuvo algo que ver?-

-Aqui no ha habido Cielo que valga.- Y la mirada de Marco, tan segura, tan convencida, no hizo mas que aumentar el daño. Estaba convencido de lo que pensaba, de su justicia y forma de actuar. Ace no queria volver a vivirlo.

-¡Agh!- Nada, Ace no iba a lograr que el otro desistiera. Con semejante quejido de dolor, el joven comandante consiguio calmar el llanto, retirandose la mano de la cara para respirar entrecortadamente en busca de un poquito de tranquilidad. Lo consiguio un minimo, teniendo que dejarse caer contra la pared mas cercana para apoyar la espalda minimamente sobre ella, cansado y harto. -¿Sabes? Haz lo que quieras, pero no me metas a mi en esto... No puedo soportarlo.- Admitio Ace, viendose del todo incapaz de continuar persiguiendo fantasmas.

-Me resulta normal y de lo mas comprensible.- Marco, siempre tan correcto incluso en las peores circunstancias.

-P-pero te suplico... te suplico que la dejes descansar en paz, por favor. Dejala tranquila.- Lo intento una ultima vez, observando ya desde el principio como el primer comandante no cederia a sus ruegos.

-Eso pretendo... y no podra hacerlo hasta que la verdad salga a la luz.- Dijo Marco, convencido, seguro, sentenciante y juzgador. Tan astuto, tan deductor y logico, tan racional. Pero a Ace le parecia una autentica locura.

Como no podia mas, como era incapaz de soportarlo, el joven Ace se limito a bufar con dolor, decidiendo largarse de alli cuanto antes y dejar al otro con sus sospechas y falta de superacion.

Y Marco, el pobre, se quedo donde estaba, en silencio sepulcral pero sin cambiar un apice su mirada.

Tan astuto, tan logico.

(Cambio de escena)

Con expresion sombria y mirada seria, Ace se arrodillo frente a su armario, bien escondido como estaba él ahora en su camarote. Necesitaba tiempo, todavia. Tiempo no significaba enclaustrarse o marginarse de los suyos. Solo significaba tiempo, transicion, asimilacion y algo mas de desahogo.

Tenia que aceptarlo. Era dañable y blandito, como todos en realidad. Hasta los erizos con puas de acero son blandos por dentro, cuando les quitas la coraza.

No sabiendo que sentimiento debia expresar exactamente, Ace se decidio por no pensar demasiado en ello y listo, diciendose que ya saldria lo que tuviera que salir mientras abria tranquilo las puertas de aquel mueble que fue reconstruido tras el derribo de Thatch y él, hacia apenas un año atras. Sabiendo exactamente lo que buscaba, el joven Ace ignoro las prendas y demas trastos o cachibaches, clavando la mirada sobre la parte baja del mueble para toparse con ropa desechada que jamas usaba y demas cosas perdidas. Sin mas ni pensarlo dos veces, el segundo comandante se inclino hacia aquel lugar, colando una mano sabedora para llegar hasta la esquinita mas oculta y escondida del armario medio vacio.

En seguida, sus dedos se toparon con la tela suave que casi parecia deshacerse bajo el tacto, acogiendo con cuidado la prenda de abrigo bien doblada para sacarla al exterior y toparse con ella finalmente.

Con mirada indescifrable, Ace se llevo hasta si mismo aquel pañuelo amplio o bufanda que no tuvo corazon de tirar, observando el brillo bonito de los hilos y como su color le recoradaba enormemente a los ojos de Ifára. Como le recordaba a toda ella, entera, completa y total.

Haciendolo de manera inconsciente como habia hecho otras muchas veces, que para algo lo tenia oculto en su armario a buen recaudo de manos descuidadas u ojos curiosos, el joven pirata no pudo evitarlo, llevandose con cuidado aquella tela bonita hasta el rostro para hundir la nariz en ella y aspirar el aroma con suavidad.

Cerro los ojos y su perfume lo embriago porque, todavia, olia a Ifára, todavia tenia la esencia de Ifára impregnada por cada fibra de los hilos, que Ace se habia encargado bien y a conciencia de que aquel resquicio aromatico de ella no desapareciera.

Entonces, Ace tuvo que contener un quejido lloroso para esconderse un poco mas sobre la tela.

Habia estado tan sumamente ciego, se habia empeñado tanto, que ni siquiera habia querido ver como, cada cierto tiempo, abria aquel armario para coger la misma prenda y llevar a cabo exactamente la misma accion que en aquel momento. El resto de recuerdos de vida de ella habian desaparecido porque Ace no queria torturarse en exceso, pero nunca pudo deshacerse del pañuelo ni del raton el cual, aunque no viese, sabia que estaba alli compartiendo techo.

El camarote ya no olia a Ifára, su propia ropa tampoco, ni las sabanas, ni la almohada ni el colchon.

Pero aquel pañuelo o bufanda amplia si.

Por eso mismo, ahora Ace si lo sabia, nunca dejaba entrar a Circe en la habitacion, para que no la embriagara el olor de otra persona. Para que no hubiera recuerdos de alguien compartiendo techo, aunque fuera un par de noches, sabiendo Ace que no estaba preparado para semejante cambio repentino.

Ahora, si lo sabia. Necesitaba mas tiempo, necesitaba superarlo y dejar de engañarse.

Hasta el erizo mas afilado puede arrancarse la coraza cuando este preparado, si acepta su transicion.

Ahora, Ace podria curarse.

(Fin del capitulo)

Waaaaaaaaaaaaaaaaaaaah perdon por la tardanza!

He de decir que, esta vez, tengo excusa ¡He empezado la universidad y no tenia tiempo!

Meteos a filosofia y sabreis de lo que hablo, malditos ¬¬ XDXD (No, en serio, es agotador, me estoy leyendo como 5 libros a la vez, todos de autores de filosofia... mi cabeza esta a punto de sufrir una transicion, como Ace, pero en plan loco y esquizofrenico y eso XD)

En fin ¿Que decir? Lo siento de verdad, chicas, pero me temo que tardare mas de lo acostumbrado en actualizar los nuevos y ultimos capitulos u-u Aun asi, no os dejare tiradas, lo juro!

Bueno, que os ha parecido? No ha sido demasiado... interesante este capitulo, cierto? Aunque bueno, era necesario, Ace no podia andar tan campante y tranquilo despues de todo lo sufrido ¿Cierto? Ahora es cuando esta empezando a "crecer"...

Poco mas que decir, sacad vuestras propias conclusiones que para eso escribe y publica una XD

Espero que lo hayais disfrutado como gnomos con un exceso de chucherias en sangre!

Besitos de chuche (Xke no? XD) y abrazos de gnomo !

Maddy