-Vamos, mujer... - Chasqueo la lengua entre fastidiado y divertido, llevandose las manos hacia los bolsillos para apoyar la espalda chulescamente sobre la pared de aquel rinconcito del pasillo. -¿Que quieres esta vez?- Y es que él no era idiota por mucho que se lo hiciera o se dejara encandilar gustosamente, observando con gracia como ella se notaba molesta por semejante pregunta.

-¿Acaso tengo que querer algo en concreto?- Dijo ella entre dientes con evidente fastidio, tratando de mantener su dignidad de mujer fuerte cuanto fuera posible.

-¡Jah! ¡Desde luego!- Sin embargo, Thatch no se dejo amedrentar en absoluto, soltando una carcajadita jocosa mientras parecia divertirse con la situacion. -Raro es que tu vengas a mi sin segundas intenciones. Nos conocemos demasiado bien.-

-Segundas intenciones... - Pronuncio Circe con amenaza mezclada con algo de seduccion, apresando repentinamente la camisa del cuarto comandante para tirar hasta si misma y, asi, aumentar tanto la cercania como su propio poder femenino. -¿Que clase de mujer crees que soy, ah?- Y semejante cuestion desperto sobre Thatch una nueva carcajada burlona.

-Una muy peligrosa.- Contesto él, tan embelesado con su tentadora cercania como desconfiado por el repentino encuentro, revisando su mirada almendrada en busca de respuestas.

-Y tu un hombre retorcido.- Y es que Circe no iba a quedarse atras, nunca, afianzando el agarre sobre la camisa del otro para acercarse aun mas entre amenazante y sensual.

-Oh, y por eso, querida mia, nos entendemos tan bien ¿Cierto?- A pesar de sus palabras, las intenciones de Thatch se hicieron mas que evidentes gracias a su tono de voz y su mirada, dejandole claro a la mujer frente a él que recelaba totalmente de sus acciones. -A mi no puedes engañarme con tanta facilidad, mi preciosa mujer.- Circe apreto aun mas el agarre y llevo a cabo un pequeño tiron, abriendo la boca rapidamente con ganas de quejarse. Sin embargo, pronto enmudecio, limitandose a permanecer en silencio al no encontrar buena replica para las palabras anteriores. -Y ahora dime, Circe, diosa de los mares... ¿Que es lo que vienes a buscar aqui, en un rincon apartado del barco, junto a mi?-

-¿Un rato agradable?- Pronuncio ella incluso inocente, dedicando sobre el cuarto comandante una miradita tan letal como de actuada ingenuidad.

-Eso seria maravilloso, sobre todo para mi... pero... - Thatch era desconfiado por naturaleza y, por eso mismo, recelaba hasta de su sombra, no dejandose engañar ni siquiera por aquella mujer por la cual sentia tremenda debilidad. - ... por desgracia, estoy seguro de que es una patraña colosal. No has venido hasta aqui solo por buscar un bonito encuentro con mi magnifica persona.-

-Comienzas a sonar paranoico.- Espeto ella, ligeramente molesta de pronto, no soltando todavia aquel agarre ni deshaciendo la enorme cercania.

-Paranoico o no, mi querida muchacha, tu misma andas descubriendote. No es muy inteligente de tu parte el tratar de embaucar a un embaucador ¿Me sigues?- Y claro que Circe le seguia, dejandole Thatch claro con su actitud y palabras como, por mucho que la deseara, siempre seria un hueso duro de roer en cuanto al arte del engaño. Sin embargo, una cosa era ser engañado y, otra muy distinta, el dejarse manejar con gusto. Eran dos cosas totalmente diferentes, sabia Thatch. -Ademas, teniendo en cuenta tu situacion, que yo me entero y me fijo en todo... - Dijo el cuarto comandante, refiriendose evidentemente a la situacion actual que Circe tenia en cuanto a asuntos romanticos. - ... y el fatal aniversario que se cumple hoy, esta misma mañana, dudo mucho que me busques sin ningun motivo oculto y... puede que hasta siniestro.- Circe apreto los labios y le dedico una miradita peligrosa, decidiendo optar por otras tacticas en cuanto se topo con la sonrisita suficiente del cuarto comandante. Relajandose, la hermosa mujer deshizo finalmente el apreton, acercandose mas hacia el otro para pegarse contra su pecho fuerte sin necesidad de permiso, agarrandose a sus hombros tentadoramente.

-¿De verdad crees necesario algun motivo oculto o siniestro?- Dijo Circe, cada vez mas tentadora y seductora.

-Si.- Sin embargo, Thatch, por muy encandilado que estuviera y muchas ganas que tuviera de que semejante situacion pasara a mayores, no dio su brazo a torcer, sonriendo divertido en cuanto noto que ella fruncia el ceño. -Si esto no fuera asi, tu no serias tu... Claro que, entonces, tampoco me gustarias tanto... - Repentinamente, el cuarto comandante suspiro con perdicion, dejandose caer un poco mas sobre la pared del pasillo. -Me pones en un autentico dilema sentimental, Circe querida.-

-¡Oh, callate! No haces mas que parlotear y parlotear sobre cosas sin sentido ni verdad.- Sin embargo, la mirada de Circe le dio la razon al otro, pareciendo que se encontraba incluso avergonzaba y trataba de ocultarlo, como siempre, bajo una mascara de fuerza y amenaza.

-¡Sin sentido ni verdad, me dices!- Exclamo Thatch, dejando salir una de sus burlonas carcajadas. -Siempre que vienes a mi es por algun motivo, mi niña, nunca por gusto o arrebato. Esta vez no es diferente ¿Cierto?- Circe no contesto, limitandose a quedar en silencio y permanecer en la misma posicion tentadora y cercana. -Y, no se si estaras de acuerdo, pero sospechoso es que me interceptes de pronto por los pasillos justo cuando mi querido Ace mas te ignora... ¿No te da motivos para sospechar?- Sus palabras afiladas se le clavaron a la otra como agujas directas a su orgullo, acogiendo nuevamente Circe la camisa del cuarto comandante con ambas manos para tironear de él.

-No hables de lo que no entiendes.- Le espeto ella, notandose realmente dolida con semejante comentario.

-¡Pero si yo lo entiendo, querida!- Por desgracia, Thatch no pensaba darle ninguna tregua ni victoria facil, no esta vez, que se notaba molesto por muy sonriente y jocoso que pareciera. -Como nuestro machito Ace se dedica a follarte y, despues, desecharte como su paño de lagrimas, es del todo comprensible que pretendas vengarte de alguna forma.-

-¡Callate!- Le grito ella con dolor directo a sus sentimientos y orgullo, tironeando del agarre un par de veces tensas que no consiguieron nada.

-La verdad duele ¿Cierto? Es por ese mismo motivo que vienes hoy, precisamente hoy que se cumple un año de la muerte de Ifarita, a mis brazos. No me sorprende, en realidad, sueles hacer esto a menudo y por motivos similares, pero hacia mucho que no pasaba.- Dijo Thatch, tan gracioso y burlesco como molesto.

-Dices eso porque estas celoso. Tienes celos de Ace porque te gustaria que yo anduviera detras tuya.- Y es que Circe tambien le conocia demasiado bien, espetandole la verdad a la cara y sin anestesia.

-¡Desde luego que estoy celoso!- Sin embargo, por suerte o desgracia Thatch no era de los que cerraban la boca cuando eran descubiertos, exclamando aquella afirmacion sin vergüenza ni problema. -No vamos a engañarnos a estas alturas, Circe. Estoy tan celoso como tu lo estas de una muerta.- Eso si que fue un ataque directo, consiguiendo que Circe apretara aun mas el agarre con toda su rabia malamente contenida.

-¡No sabes de lo que hablas!- Exclamo ella, notandose en su expresion, que trataba de mostrarse furiosa, todo el daño y la inseguridad que sentia.

-Claro que lo se, solo que mi figura a envidiar esta vivita y coleando, gracias a Dios, por cierto.- Thatch, por muy celoso que pudiera estar, siempre seria mas amigo que amante despechado, analizando entre satisfecho y molesto a la mujer frente a él. -Debe ser muy humillante perder contra un rival que ya no puede batallar.- Circe bufo con furia, empujando al cuarto comandante un tanto para estamparlo contra la pared de madera. -¡Oh, vamos, mujer! ¡Aceptalo!- Y, repentinamente, la sonrisa de Thatch se perdio, sustituyendose por una expresion de total fastidio. Disgustado y habiendo perdido él tambien los estribos por mucho que lo ocultara a las mil maravillas, el cuarto comandante chasqueo la lengua, fingiendo indiferencia total ante el dolor de Circe. -Has perdido. Perdiste desde el momento en que esa muchachita llego al barco ¿Por que no lo asumes de una vez y abandonas? Estas cosas funcionan asi. Deberias seguir con tu vida.- Quiza Thatch lo dijera por ganar o, quiza, lo dijera por que realmente se preocupaba por ella, tratando de hacerla despertar mediante la unica manera que sabia. Nunca podria ser un tipo sensiblero o demasiado empatico. Thatch era Thatch.

-¡Estoy siguiendo con mi vida!- Grito ella entre escandalizada e insegura, tragando saliva pesadamente ante aquella batalla verbal que se habia convertido en una charla didactica.

-Desde luego que no, muchacha. Seguir tras los pasos de Ace, aun a sabiendas de que no podra corresponderte nunca, tratar de agarrar un premio que ya se llevo otra hace mucho tiempo, no es seguir adelante. Es masoquismo u obsesion, no lo se, no soy psicologo.- Dijo Thatch cada vez mas frustrado, bufando ruidosamente en cuanto concluyo sus palabras.

-Tu no lo entiendes.- Y es que, incomprendida, Circe se sentia mas sola que nunca, apretando los labios con dolor evidente.

-No, no lo entiendo. No entiendo como alguien puede estar dispuesto a tirar el corazon a la basura por una causa perdida.- Admitio el cuarto comandante, dejando que la otra apretara su camisa aun mas y se desahogara un tanto. -Para mi, no tiene sentido. Amar a alguien no es obsesionarse, mucho menos sufrir sin motivo real ni necesidad. Al menos, en mi mundo no es asi.- Altivo y seguro de sus palabras, Thatch se irguio lo mas que pudo bajo el agarre y cercania, observando como aquella mujer que tanto le gustaba parecia haberse metido en un pozo sin salida. -Enamorate de otro y listo.- Para Thatch, estas cosas siempre serian sencillas.

-Que facil es hablar.- Contesto ella, no sabiendo ya exactamente como defenderse.

-Tan facil como actuar, mi niña. Te esta consumiendo algo por dentro que, poco a poco, te esta pudriendo... - Thatch entrecerro los ojos, analizando atentamente la mirada almendrada de una Circe nerviosa. -Eso es lo que te hace daño... ademas de que, seguramente, te impulse a hacer autenticas locuras... Si es que no las has hecho ya.- El cuarto comandante pronuncio sus palabras con un deje de amenaza, incluso, leyendo en el rostro de la otra con facilidad. Se conocian bien. -Olvidate de él. Lo convertiste en una competicion en lugar de una conquista y, por culpa de tu orgullo excesivo y sin sentido, has acabado por hacer de semejante batalla el centro del universo. Acabaras volviendote aun mas loca de lo que estas.- Thatch no se andaba con rodeos, consiguiendo que Circe soltara el agarre de su camisa como si, de repente, esta anduviera al rojo vivo. -Tu nunca has estado enamorada de Ace, no de verdad. Solo lo quieres porque quieres ganar. Quieres ganar a toda costa y, he de decirte, que ya has perdido. Perdiste desde el principio.- La mirada de Circe se volvio aun mas furiosa y dolida, sus manos se apretaron en dos puños temblorosos, dejandole claro que era mejor callar ahora que continuar. Sin embargo, una vez habia empezado, Thatch no pensaba enmudecer, tan altivo y competitivo como la misma Circe. -¿Sabes? Si me gustas tanto, deberias saber que es porque eres un peligro.- A la cara, sin miramientos, Thatch le espeto semejante cosa, logrando tan solo que la situacion se descontrolara aun mas.

Circe no pudo aguantarlo.

Repentinamente y sin pensarlo ni dos veces, la hermosa y salvaje morena elevo uno de sus brazos, dejandolo caer con violencia para abofetear la mejilla del cuarto comandante. El chasquido que produjo el impacto innundo parte del pasillo, haciendo que Thatch enmudeceria un momento al igual que su rostro se habia movido hacia un lateral por el impacto.

Entre sorprendida y furiosa, al borde del llanto nervioso, Circe observo a su nuevo contrincante, alejandose de él un par de pasos con respiracion agitada y aun con la mano abierta.

Un silencio incomodo se adueño del lugar.

Silencio que no duro mucho ya que, evidentemente, era una tarea casi imposible hacer que Thatch se callara.

-¿Sabes que te digo?- Dijo de repente el cuarto comandante con una falsa serenidad, llevandose una mano grande hacia la mejilla abofeteada para mesarsela un tanto. -Que me lo estaba callando, pero aqui hay algo que me enfada. Se como funcionas y lo que eres capaz de hacer, y no hablo tan solo de utilizarme para encelar al pequeño Ace... - Con mirada juzgadora, sabedora, Thatch sonrio de manera maliciosa, observando a aquella mujer nerviosa fijamente.

-¿De que diablos estas hablando?- Pero Circe no era estupida, entrecerrando los ojos rapidamente para mostrar una expresion tan incredula como furiosa. -¡¿Me estas acusando de algo?- Espeto de pronto con escandalo e ira, arrancandole al otro para su total frustracion una carcajadita divertida.

-Oh, esas cosas nunca se saben, querida mia... Pero yo solo digo que muy raro se me hace lo siguiente... - Altivo y sabiendose con la sarten por el mango, Thatch abandono la revision de su mejilla golpeada, cruzandose de brazos chulescamente. -Cada vez que me buscas de la misma manera que hoy, ocurren cosas raras a menudo... ¿No te resulta curioso?-

-¡Silencio! ¡No es justo que me acuses de semejante barbaridad!- Grito ella, comenzando a ponerse realmente furiosa ante semejante acusacion terrible.

-Barbaridad o no, yo digo cuanto veo y reflexiono... pero he de reconocerte que yo no puedo ser un juez imparcial ya que me tienes de lo mas encandilado.- Reconocio Thatch con toda su altivez y chuleria a pesar de la confesion, suspirando cansadamente al final de la frase. -Aunque claro, no es de buenos chicos acusar a las buenas chicas ¿Cierto?-

-Tu no eres un buen chico.- Contesto Circe entre dientes, cada vez mas furiosa, cada vez mas dañada.

-¡Ah! Entonces, por eso mismo, tu tampoco eres una buena chica. Me parece que la cuestion se complica... - La sonrisa maliciosa y afilada de Thatch fue como la del mas cruel de los demonios juzgadores, pareciendo que realmente disfrutaba de la ira y dolor de su contrincante. Definitivamente no, Thatch no era un buen chico.

Nerviosa, acorralada no sabia desde que momento exacto y completamente urgente, Circe abrio la boca con claras intenciones de decir algo doliente al respecto, enmudeciendo prontamente en cuanto noto que Thatch, de repente, giraba la cabeza seriamente hacia un lateral del pasillo.

Sereno y calmado, el cuarto comandante se limito a cruzarse de brazos con orgullo, pero tambien actitud sombria, consiguiendo que la bonita mujer frente a él rapidamente lo imitara y observara directa al mismo lugar que su compañero.

Ferreo y firme, tan gelido como siempre y manteniendo la expresion impasible de costumbre, Marco se limito a permanecer donde estaba como el intruso repentino que era, manteniendo una mirada irrompible con la sorprendemente seria de Thatch.

Por su parte, Circe no pudo hacer mas que tragar saliva con pesadez, contemplando al recien llegado con estupefaccion e, incluso, puede que con algo de temor.

-Buenos dias.- Dijo el primer comandante por pura costumbre y ganas de romper el silencio tenso, cambiando finalmente su mirada desde los ojos de Thatch hasta los almendrados de Circe.

Hubo algo en aquellos ojos, en aquellas pupilas oscuras y calmadas que, como un cortocircuito doloroso, la atraveso por dentro gritandole una alerta maxima. Circe actuo por impulso e instinto, como siempre, siendo rapidamente llamada por su lado natural a huir de alli cuanto antes, dando un pequeño respingo en cuanto los ojos impasibles de Marco se clavaron en los suyos.

Impasibles o no, la mirada siempre habla mas que cualquier voz o garganta de manera inconsciente, se quiera o no que hable, consiguiendo sin proponerselo el primer comandante que Circe chasqueara la lengua con total frustracion, dando una especie de patada sobre el suelo antes de darse la vuelta y marcharse de alli lo mas rapido que podia.

Bajo la atenta mirada de ambos hombres, la preciosa morena desaparecio del lugar escondido con un movimiento rapido de su melena bonita, cerrando los puños a sus costados para caminar con zancadas firmes y pesadas, alejandose de ellos velozmente.

En menos de diez segundos, Circe habia desaparecido de escena.

Thatch no pudo hacer mas que, con la mirada clavada todavia por el lugar por donde se habia marchado, apoyado comodamente sobre la pared de madera, elevar una ceja escepticamente.

-Buenos dias.- Volvio a repetir Marco, sacando a Thatch de sus propias reflexiones rapidamente. El cuarto comandante dejo la revision visual del pasillo para clavar sus ojos oscuros sobre los de su amigo, topandose rapidamente con la situacion. Thatch era un hombre tan inteligente como retorcido, Marco lo sabia bien.

Eran amigos, grandes amigos. Pero jugar el uno con el otro sin pensarlo detenidamente no era una buena idea.

Altivo y chulesco, burlon, como siempre, Thatch se agunto una risita, sonriendo graciosamente a su compañero en cuanto analizo su expresion seria y severa.

-¿Desde donde has comenzado la novela?- Pregunto el cuarto comandante con chiste, hablando en clave a sabiendas de que el otro comprenderia perfectamente.

-Desde antes de la bofetada.- Respondio Marco seco, conciso y evidentemente molesto por mucho que tratara de acallarlo, llevandose las manos a los bolsillos con firmeza.

Por su parte, Thatch chasqueo la lengua.

-Ya veo... Ese ha sido un mal momento para comenzar a escuchar.- El cuarto comandante suspiro incluso decepcionado, asintiendo con la cabeza un par de veces pensativas. -Es mas, ha sido una mala conversacion para escuchar.- Reflexivo, Thatch chasqueo la lengua, dedicando sobre su amigo y compañero una falsa mueca reprochadora. -¿Y desde cuando tu, gran Marco, el hombre perfecto, tienes debilidad por escuchar conversaciones ajenas?- Y en semejante pregunta, Marco adivino muchas cosas.

-Las paredes tienen oidos. No lo olvides.- Dijo tan claro y cortante como solo él podia ser, consiguiendo sobre el otro una expresion levemente confusa. Ante semejante cara, el primer comandante suspiro, decidiendo explicarse un poco mejor. -Pasaba por aqui y se ha dado la casualidad.- Si, era cierto, Thatch pudo adivinarlo, pero eso no significaba que fuera a quedarse tranquilo. No ante semejante mirada y actitud. Como si no se conocieran...

-¡Oh, entiendo! ¡Una mala casualidad!- Exclamo Thatch con su gracia afilada habitual, irguiendose un tanto en su posicion recostada sobre la pared. -Y ¿A donde ibas, mi querido Marco, si es que puede saberse?- Y Marco respondio a la velocidad de la luz.

-No eres tu el que esta en situacion de hacer preguntas.- Los ojos del primer comandante se entrecerraron un tanto, sus manos bajo los bolsillos se apretaron notablemente, dedicando sobre su amigo y compañero una mirada tan detectivesca como sorprendida.

Entre cortado en su actitud de broma y sintiendose acusado, a Thatch le costo un poco mas de lo habitual reaccionar, terminando por ponerse algo mas serio pero sin dejarse amedrentar en absoluto.

-Cierto.- Reconocio finalmente, soltando un suspirito ruidoso y teatral. -Entiendo que la escena visualizada no ha debido ser muy... engrandecedora de mi persona, pero... - Sin embargo, Marco lo interrumpio velozmente.

-No, no lo ha sido.- Dijo seco y convencido, sacando a relucir como siempre aquel aura de poder. Por desgracia, Thatch no era de aquellos que se achican ante la autoridad, si no de los que se divierten cuestionandola.

-Sin embargo, me excusare diciendo que tampoco he hecho nada tan malvado como para ser merecedor de mirada como esa, Marco.- Thatch salio en su defensa a su manera, aguantandole facilmente el contacto visual directo a su amigo y compañero. -Se que estoy siendo un amigo pesimo, arrastrado y, puede, que incluso reptiloide... pero, en realidad, tan solo estoy recogiendo las bonitas migajas que nuestro querido Ace esta tirando.- Contesto el cuarto comandante, refiriendose evidentemente a su relacion esporadica y extraña con Circe. -Ella necesita atencion y yo se la doy encantado, tan solo es un acuerdo sentimental de lo mas gratificante para las tres partes y... - Pero, nuevamente, Marco lo interrumpio.

-Thatch... - Pronuncio su nombre de manera distinta a las palabras anteriores, dedicando sobre su amigo una miradita incluso suplicante. -No intentes liarme con palabras, por favor.- Y Thatch tuvo que aceptar porque, al fin y al cabo, eran amigos.

-Solo he estado con ella algun que otro dia, nada mas.- Se limito a contestar finalmente el cuarto comandante, dejando claro con su mirada y actitud que aquello era una absoluta verdad. -Aunque reconozco que es vil que Ace no lo sepa en absoluto, no creo que necesite saberlo, tampoco. Si él no la quiere, yo la consolare encantado.- Thatch dijo lo que pensaba al respecto, encogiendose de hombros con tranquilidad ante su confesion. Para él, estas cosas no tenian demasiada importancia.

-Pero, Thatch ¿A mi eso que me importa?- De repente, Marco dejo de notarse sombrio para estar tan solo confuso, observando a su amigo y compañero con duda y desconcierto. Aqui habia un malentendido.

-¿Como que que te importa?- Cuestiono el cuarto comandante igual de confuso, elevando una ceja graciosamente. -¿A que viene esa miradita de padre decepcionado, entonces? ¿Vas a decirme que tu moral anticuada no cuestiona con malos ojos mi libertina relacion?-

-A mi tu libertina relacion no me importa en absoluto, por mucho que mi moral y concepto de amistad la desapruebe.- Respondio el primer comandante, arrancando sobre Thatch una expresion tan recelosa como curiosa.

-¿Entonces?- Si, aqui habia un enorme malentendido.

-Lo que me importa es la conversacion... - Y, ante semejantes palabras, Thatch no pudo hacer mas que abrir los ojos un tanto durante un segundo, suspirando finalmente en cuanto se calmo y adivino claramente por donde iban los tiros. - ...y ciertas... palabras clave... - Esta bien, si Thatch queria jugar, Marco estaba dispuesto a seguirle las reglas, pero a su manera. -Como "acusacion", "peligro" y "cosas raras"... ¿Me sigues?-

-Evidentemente, amigo Marco.- Thatch respondio a la velocidad de la luz, ensombreciendo su expresion rapidamente al saber que el asunto era mas serio de lo que creyo en un princpio. -Te sigo a la perfeccion pero, tambien, te dire que quiza te estes inmiscuyendo en asuntos sombrios sin necesidad de ello. Acabaras haciendote daño tanto a ti como al mas afectado en cuestion.- Los ojos de Thacth se entrecerraron con advertencia, sabiendo Marco rapidamente que andaba refiriendose a Ace y su estado. -Te conozco bien y se como eres. Se que no has abandonado en absoluto y que estas dispuesto a saberlo todo porque, mas que por justicia, necesitas saberlo todo... pero deberias pensar bien a quien interrogas y porque motivos.- Y es que, de una manera u otra, como amigo Thatch empezaba a sentirse traicionado, notandose acusado de algo que fue terrible y doloroso para uno de sus escasos seres queridos.

-¿Que sabes?- No dispuesto a irse por las ramas y con ganas de concluir aquello cuanto antes, Marco fue directo al grano, cuestionando aquella pregunta que andaba carcomiendole desde que los descubrio discutiendo.

-No mas que tu. Y yo no estoy dispuesto a meter las narices en semejante berengenal.- Aquella sentencia se clavo sobre el pecho de Marco como una daga letal, causando que tuviera que contener cada emocion para mostrarse igual de firme e impasible.

-Thatch... no te estoy acusando.- Finalmente, Marco cedio un poquito, consiguiendo amansar un tanto el impetu molesto de su amigo.

-Pues no lo parece.- Contesto el cuarto comandante dolido y molesto, cruzandose de brazos chulescamente.

-Es solo que... aqui hay algo que no me encaja ¿Entiendes?- Marco admitio aquello entre derrotado y pacificador, tratando de suavizar la situacion tensa que él mismo habia aumentado. -Es como si... como si una pieza se hubiera desencajado del puzle y, encima, estuviera delante de nuestras narices... - Ciertamente, el primer comandante parecia de lo mas interesado en descubrir enigma semejante, diciendose si acaso Thatch tendria razon y quisiera saberlo todo por pura necesidad, no por justicia. Fuera como fuera, la situacion era esa y Marco no andaba dispuesto a cambiar de idea. - ...Como si estuviera delante de nuestras narices y nadie quisiera verlo.- Admitio finalmente Marco, chasqueando la lengua suavemente ante su propia frustracion.

-Nadie quiere verlo, mas que tu ¿No?- Thatch hablo tranquilo, mucho mas calmado que al principio ante la actitud derrotada y sincera de su compañero, observando como Marco le observaba levemente confuso.

-Supongo que... que es algo asi.- Contesto, no sabiendo demasiado bien como expresar exactamente sus pensamientos actuales.

-Y ¿No sera, querido Marco, que quiza nadie mas ve nada porque no hay nada que ver?- Mas comprensivo y didactico que burlon, Thatch contemplo seriamente a su amigo, aun apoyado comodamente sobre la pared.

-A ese tipo de actitud es a la que me refiero, Thatch.- El primer comandante suspiro con resignacion, dandose por vencido en su interrogatorio finalmente. Tratandose de Thatch, si este no ponia de su parte, acabaria tan solo metiendose en sus lios de palabras, si es que acaso de verdad sabia algo. Igualmente, Marco dudaba enormemente de esto ultimo. Thatch era un buen amigo, nadie se atrevia a dudar de eso.

-No es el mejor dia para andar de detective, Marco.- Refiriendose, evidentemente, a que con aquella mañana comenzaba la jornada del mortal aniversario, el cuarto comandante chasqueo la lengua con fastidio, dejandole ver al otro que no estaba de acuerdo en absoluto con semejante empeño. -Podrias traer solo daño y fatidica nostalgia en lugar de la verdad.- Era posible que eso pasara, se dijo Marco, pero tambien se convencio de que el riesgo merecia la pena. Vivir en la mentira no era vida, mucho menos en la incertidumbre o la ignorancia. -Te repito... - Ante la expresion segura del primer comandante, Thatch afianzo su tono de voz didactico asi como su actitud firme, clavando sus ojos oscuros sobre los convencidos del otro. - ... que hoy no es un buen dia.- Y, extrañamente, Marco sonrio burlesco.

-Pero ¡Que dices!- Exclamo incluso jocoso, lo mas jocoso que Marco pudiera ser, provocando sobre su amigo una expresion completamente estupefacta. Altivo y tranquilo, convencido y seguro de si mismo, el primer comandante comenzo su camino de nuevo, andando frente a su amigo con claras intenciones de marcharse de alli. -Es el dia perfecto.- Y, asi, sin mas, el primer comandante fue dejando atras al incredulo Thatch, despidiendose de él con una palmadita compañera sobre el hombro antes de desaparecer de aquel rinconcito del pasillo.

Abandonado de repente en soledad con semejante actitud extraña en Marco ademas de sus palabras como despedida, Thatch se limito a permanecer donde estaba, observando el lugar por el cual ambos compañeros anteriores habian desaparecido, completamente mudo.

Mudo por primera vez en mucho, mucho tiempo.

(Cambio de escena)

Habiendola interceptado visualmente desde hacia bastante tiempo, finalmente se atrevio a dar el paso definitivo, arrinconandola suave pero sorpresivo contra la mesita en la que andaba traginando con los mapas y demas papeleo maritimo.

En cuanto sintio un cuerpo fuerte y repentino tras su espalda, ella se tenso notablemente, apresando la madera por el susto y la sorpresa no esperada.

-Oye... - Dijo tranquilo el joven Ace, tragandose todo su nerviosismo y urgencia para fingir serenidad, notando como Circe se relajaba en cuanto reconocia su identidad.

Curiosos pero tratando de mostrarse lo mas indiferentes que pudieran, el resto de la segunda division alli presente se limito a pegar el oido sin que fuera demasiado notable, pululando de un lado para otro como si no hubieran visto a su comandante titubear despistadamente antes de lanzarse a por ella.

Circe, por un instante, dejo lo que estaba haciendo, pareciendo que pensaba algo detenidamente. Pasados un segundo, regreso a la tarea a pesar de que Ace la tenia acorralada y no parecia dispuesto a largarse.

-¿Podemos hablar?- Cuestiono casi suplicante el joven comandante ante su silencio e iniferencia, apoyando el tambien las manos sobre la mesa de madera llena de papeles revueltos y demas cachibaches de navegacion.

Nuevamente, la hermosa mujer detuvo sus acciones, reflexionando por un ratito corto que decision tomar.

-Habla.- Respondio finalmente sin girarse si quiera, regresando a su tarea perdidamente y sin antecion. Era solo para fingir indiferencia.

-Veras... yo... - Ace trago saliva con suavidad, conteniendo malamente un suspirito derrotado. -Lo siento... se que no me he portado bien.- Admitio dolido y culpable, comprobando que ella, dandole la espalda, parecia tensarse un poquito de nuevo. -No he sido como deberia, ni el hombre que mereces.- Ace se estaba sincerando, ahora si, habiendo sentido la necesidad imperiosa de hacerlo en cuanto escucho la conversacion mantenida por Circe y Joan-Marie el dia anterior. Ademas, los descubrimientos dolorosos que la siguieron no hicieron mas que hacerlo comprender muchas cosas y como, en realidad, su forma de actuar habia sido deprorable, terminando finalmente por tomar la decision de disculparse como debia durante la noche. Circe se lo merecia y Ace no pensaba dejarla asi, sufriente y llorosa. -Creo que... que no he visto lo que realmente eres... la mujer que eres en verdad.- La halago, pero no por conseguir su perdon si no porque, en realidad, ahora lo pensaba sinceramente, acercandose un poquito mas a ella. -No me he portado bien. Lo siento.- No sabia que mas decir. Ace nunca fue un buen orador romantico, mucho menos maestro de la disculpas. Sin embargo, por suerte, estaba seguro de que Circe le conocia lo suficiente y sabria ver muchas mas cosas que las simples palabras. Notable era ya el hecho de que, siendo él, hubiera ido en su busca para disculparse. -Es solo que... bueno... dire en mi defensa que, quiza, me he precipitado un poco.-

-Si me lo hubieras dicho en su momento, lo habria entendido.- Finalmente, Circe hablo, continuando sus tareas falsamente a pesar de haberle reprochado.

-Lo se... pero es que... en realidad... - Ace se mordio el labio, costandole una autentica barbaridad ordenar los sentimientos como para sacarlos a la luz mediante un discurso breve. -En realidad, ni siquiera yo lo habia asumido ¿Sabes?... si ni yo lo sabia, mucho menos era capaz de decirte nada... -

-Eso es muy egoista.- Respondio ella secamente, notandose en su voz a pesar de todo un deje de emocion.

-Soy egoista... No. Mas bien, lo he sido.- Y es que Ace no estaba dispuesto a continuar haciendo daño a sus seres queridos sin mas, inclinandose un poquito sobre ella para esconder la nariz en su nuca suave. La noto estremecerse aunque continuo firme, deteniendo no obstante sus labores distraidas sobre la mesa. Ace se dijo que estaba cediendo, por fin. -Quiero arreglarlo. Por eso estoy aqui, hablando contigo... - Dijo contra su cuello, cerrando los ojos un segundo para deleitarse un poco. Olia a sal marina y a peligro. No era lo mismo, cierto, no era la misma sensacion, pero seguia siendo agradable.

-Siempre quieres arreglarlo todo. Ademas de egoista, te crees omnipudiente.- Y Circe, esta vez, a pesar de que parecia luchar por notarse molesta y ferrea, sono un poquito divertida, incluso, dejandose llevar minimamente por la sensacion de tenerlo pegadito a su espalda y cuello.

-Soy un hombre terrible ¿Cierto?- Ace le siguio el juego, aguantandose la sonrisa en cuanto la escucho reir. Fue una carcajadita baja, casi imperceptible, pero carcajada al fin y al cabo.

-Si, lo eres. Y yo una muy estupida por permitirte andar de suplicante, aqui pegado a mi espalda como un perro apaleado.- Como respuesta, Ace contuvo un quejido antes de hablar.

-Vale... ya he dicho que lo siento. - Igual que un chiquillo terco, el joven pirata suspiro fingidamente fastidiado, separando finalmente la cabeza de su nuca suave. -He sido un completo egoista, desconsiderado y no he tenido en cuenta tus sentimientos. Me arrepiento y lo siento... - Ahora venia la parte mas dificil, callando Ace repentinamente para acoger algo de aire con que cargar sus pulmones ¿Como podia explicarlo correctamente sin estropear aun mas la situacion? - De verdad lo siento, eres una buena mujer y mereces un buen tipo... Por eso yo... - Pero, rapida y repentinamente, Circe lo interrumpio.

-¿Como estas?- Cuestiono ella con tono monocorde y serio, cortando el discurso para preguntar. Debido a la duda dicha de pronto, el joven comandante no pudo evitar una pequeña expresion confusa, adoptando un segundo despues una de total resignacion en cuanto adivino el motivo de su interes.

-Bien... es un poco... dificil.- Mas bien, era dificilisimo ademas de doloroso, decidiendo Ace que no estaba bien el dejarse ver debil y, mucho menos, frente a Circe, la persona menos indicada con la que sincerarse en asuntos semejantes. Tenia que tener algo mas de consideracion. -Me parece mentira que haya pasado un año desde que... desde que... - No pudo decirlo, como siempre, sabiendo que si pronunciaba aquellas palabras junto a su recordado nombre acabaria derrumbandose de una u otra manera. -Es dificil y confuso, sobre todo confuso... pero estoy bien.-

Circe volvio a tensarse, apoyando las palmas de sus manos elegantes sobre la superficie de madera, afligida pero serena. Demasiado serena.

-¿Vas a dejarme?- Cuestiono a pesar de que parecia saber seguro la respuesta, decidiendo acortar la situacion rapidamente para minimizar el daño posible.

Ace se quedo en silencio.

Enmudecido de repente, el segundo comandante permanecio donde estaba, dandole vueltas a la cuestion en su cabeza una y otra vez.

Pasados un par de segundos y por pura compasion, que ella parecia nerviosa e impaciente por saber, el joven Ace decidio responder por fin.

-Bueno, yo... - Sin embargo, no pudo ni decir dos palabras cuando la puerta de la habitacion se abrio de repente, dando un respingo general tanto los dos que mantenian la conversacion intima como todos los demas que andaban de lo mas atentos a ella.

-¡Ace!- Grito el recien llegado de repente, consiguiendo que el joven aludido no pudiera hacer mas que dedicar sobre la puerta abierta la mirada mas asesina del mundo.

Maldita sea...

-¡¿Que?- Respondio Ace con todo su mal humor ante semejante interrupcion inoportuna y ruidosa, topandose con uno de sus compañeros pertenecientes a la primera division.

Circe, en cambio, se limito a permancer como estaba y en silencio total.

El tripulante recien llegado a la sala trago saliva, observando temeroso como parecia, evidentemente, haber interrumpido al segundo comandante durante algun momento personal e intimo, titubeando un poco antes de hablar por puro nerviosismo y culpabilidad.

-Padre quiere q-que... que le ayudes con unas coordenadas... - Y varios de los presentes tuvieron incluso que aguantarse la risa, observando de reojo como la expresion de Ace se tornaba hasta horrorizada. No era el mejor momento para interumpir. -Ya sabes que no se le dan bien esas cosas y... y bueno, esta algo nervioso... - Si, cuando el capitan no sabia hacer algo referente a su profesion pirata, solia sentirse herido en lo mas hondo de su orgullo de viejo lobo de mar, volviendose una especie de fiera terrorifica capaz de morder al primero que dijera palabra al respecto.

-¡¿Ahora?- Incredulo, incluso, el joven Ace cuestiono aquello altamente y con una leve miradita suplicante, rogandole al cielo porque pudiera librarse y solucionar sus problemas sentimentales de una vez. Ademas, un encuentro con Barba Blanca de mal humor no era, precisamente, algo digno de celebrarse.

-Si, ahora... - Y la expresion de su compañero de barco causo que el tripulante de la primera division se excusara un poco mejor, sintiendo hasta lastima por aquel pobre muchacho. -Ya sabes como se pone y... has tenido mala suerte y ha dicho que vayas tu... creo que ha sido el primer nombre que se le ha pasado por la cabeza.- ¡Maldita sea! ¡Maldita su suerte!

-¡¿No puede ir otro?- Ace, en su desesperacion, trato de encontrar cualquier via de escape, observando horrorizado como aquel recien llegado no parecia de acuerdo, precisamente.

-Si... podria ir otro... poder, podria. Pero... - Claro que habia un pero, Ace lo sabia bien, conociendo perfectamente a su padre cuando se ponia de malas pulgas. - ... no se si seria una buena idea... - Ace no queria que le rompieran la cabeza o algo peor a cualquiera de sus compañeros.

-¡Argh!- Resignado, derrotado pero completamente desesperado, incredulo de su mala suerte, Ace gruño como un fiera, liberando de mala gana a la pobre Circe con movimientos tensos y molestos. -¡Esta bien! ¡Ire yo!- Exclamo, no siendo capaz de clavar sobre aquella mujer una sola mirada mas, sintiendose aun mas ruin y cobarde que nunca a pesar de que la culpa, esta vez, no era suya. -Luego... luego hablamos.- Le susurro a la hermosa Circe a pesar de todo, alejandose de ella para comenzar a caminar mediante ruidosas zancadas hacia la puerta de salida. -Maldita sea... - Dijo entre dientes con toda su frustracion, esquivando malamente a aquel pirata que habia ido en su busca para desaparecer de la habitacion como alma que lleva el diablo. Cuanto antes se fuera, antes regresaria.

El tripulante intruso de la primera division se encogio de hombros como disculpa, siguiendole el paso rapidamente para que ambos se marcharan de la sala en menos de un parpadeo.

La puerta se cerro sola por efecto de la corriente.

Un mutismo extraño y pensante se adueño de la sala, cada uno ensimismado en sus propias conclusiones.

Circe, silenciosa y fingiendo total indiferencia de nuevo, regreso a su trabajo.

(Cambio de escena)

Con total frustracion, Ace no pudo hacer mucho mas que chasquear la lengua.

Entrar en la habitacion de Joan-Marie nunca habia sido una de sus tareas acostumbradas, sintiendose como una especie de delincuente en cuanto supo que tendria que internarse en el cuarto cuanto antes y sin tiempo de decirselo a la dueña en cuestion. Conocia a Joan-Marie y sabia que ella no se molestaria pero, de ahi a que a él le pareciera agradable o correcto, habia un trecho muy grande. Una cosa era entrar sin mas en las habitaciones de Marco o Thatch, o de cualquier otro amigote pero, otra muy distinta, era internarse en el cuarto de una mujer tan imponente y maternal como Joan-Marie.

Realmente, si hubiera sido por Ace, las cosas serian de otra manera. En primer lugar, hubiera tratado de evitar el entrar en habitaciones ajenas y desocupadas, o bien en caso de que esto ultimo fuera inevitable, la buscaria sin duda para avisarle. Sin embargo, para su desgracia total, a su padre y capitan se le habia antojado cosa semejante, no teniendo Ace mas alternativa que correr hacia el camarote de la mujerona y salir de alli cuanto antes con lo encomendado en cuestion.

El problema no habia sido otro mas que una jaqueca estupida. Una jaqueca estupida que, seguro y sin duda, Padre habia usado como excusa ridicula para que dejaran de decirle lo que tenia que hacer en cuanto a las coordenadas. Herido en su orgullo y viendo desesperado que sus malas pulgas dejaban de funcionar pasada la media hora, el viejo lobo de mar habia optado por actuar de viejo cascarrabias, mandandoles callar y haciendoles sentir culpables con la teoria de la jaqueca repentina producida, sin duda alguna, por sus mandones hijos. Sin embargo, aunque empezo como excusa, por culpa de su hipocondria de viejo señor el dolor de cabeza habia terminado por volverse real, estaba Ace seguro, teniendo que ser él mismo quien corriera como una centella a por algun calmante antes de que su padre decidiera destruir cada alma que se cruzara en su camino.

Lo peor de todo, aun asi, no habia sido solo esa cuestion ya de por si peliaguda, si no el hecho de que en lugar de acudir al medico, su padre no aceptaba ningun remedio mas que una de las infusiones caseras y para uso personal de Joan-Marie que, ya antes, le habia administrado a su tambien capitan como remedio infalible contra las jaquecas. Ya se sabe como son los viejos con los medicos, se dijo Ace, que parece que los temen mas que al mismo diablo.

Ace respetaba a su padre, mucho, inmensamente, pero a veces era del todo insoportable. Es lo que tiene la convivencia, se dijo.

Aguantandose una maldicion, el joven Ace salio un tanto de sus pensamientos, llevando una mano hacia el picaporte para abrir la puerta e internarse en el cuarto. Con cautela, como si anduviera cometiendo un crimen, Ace se topo de lleno con la oscuridad casi total del camarote femenino, levemente rota por la luz del dia que se colaba a traves de las cortinas firmemente cubrientes. No le dio demasiada importancia, al fin y al cabo, acostumbrandose su vista rapidamente a la ausencia de iluminacion mientras cerraba cuidadoso la puerta tras su espalda.

Dispuesto a entretenerse lo minimo posible, Ace reviso con la mirada la habitacion oscura, topandose con que sus dimensiones eran bastante mas amplias que las del suyo propio al igual que la decoracion andaba mucho mas personalizada. No le importo en absoluto porque él no lo necesitaba y era, mas bien, de soluciones simples y sencillas, rebuscando con la mirada que mueble o armario podria contener las hojas de la infusion en cuestion.

Se sorprendio un tanto cuando, al cruzarse sus ojos con la cama impecablemente hecha de Joan-Marie, se topo con que aquel mueble no era el unico de descanso, si no que tenia una hermana reposando a su lado. Esta ultima era mas sencilla y, seguramente, parecia haber sido puesta en un momento de emergencia, habiendose quedado donde estaba ya por el olvido y la pura comodidad.

Luego, Ace se dijo rapidamente que Dadou tambien necesitaba un sitio para dormir.

No habia caido en eso.

El recuerdo de la joven esclava le causo una punzadita dolorosa porque, aun, no habia superado su arrebato y reproches sin compasion, regaño a llantos que le hizo sentir mas miserable y dañino que nunca.

Sacudiendo la cabeza un tanto, Ace continuo a su tarea, decidiendo que no tenia tiempo que perder con la autocompasion.

Eficaz y veloz, el joven comandante se dijo que mas razonable seria que aquellas infusiones estuvieran en el cuarto de baño como elemento medicinal que se suponian, dedicandose ahora a buscar la puerta del aseo.

La encontro veloz, mucho, sobre todo teniendo en cuenta que, para su mayor sorpresa, a traves de la rendija de la puerta cerrada a cal y canto se colaba la luz encendida del cuarto de baño.

Habia dos opciones: o alguna de ambas estaba en la habitacion, o bien se habian dejado la luz encendida.

Decidido a resolver sus dudas, Ace agudizo el oido.

Escucho, entonces, lo que era sin duda el sonido del agua correr a traves del grifo y caer sobre la porcelana.

Sabiendo que no tenia tiempo que perder, Ace atraveso la habitacion en unas cuantas zancadas, llegando hasta la puerta del cuarto de baño para arrimar un poco la oreja y ver si descubria alguna presencia dentro.

Nada. Nuevamente, solo el sonido del agua.

Todo lo demas era silencio absoluto.

Por si acaso, el joven comandante golpeo la puerta un par de veces suaves, no recibiendo respuesta alguna.

-¿Joan-Marie?- Cuestiono con duda, resonando los nudillos sobre la madera otro par de veces indicativas. Nada. -¿D-du?- Este ultimo nombre lo dijo algo mas susurrante, notando nuevamente cierto resquemor e incomodidad de toparse con la muchacha en discordia.

Nada. Solo el sonido del agua y el silencio.

Vale, Ace se dijo que no podia hacer otra cosa y que tampoco pasaba algo grave puesto que, seguramente, no hubiera absolutamente nadie en el camarote, habiendose dejado las muy despistadas tanto la luz encendida como el grifo abierto. Suspiro resignado, diciendose que a su tarea buscadora se uniria tambien la de arreglar el despiste de esas dos en caso de que el agua se hubiera derramado, terminando por abrir la puerta con cuidado, pero firmeza.

Y casi se desmaya con lo que vio.

En la habitacion habia alguien, desde luego, pero esa persona no se encontraba precisamente en un estado optimo como para decir o escuchar nada. Es mas, Ace dudaba de primeras si acaso estaria con vida.

La joven y delgada esclava Dadou se encontraba tirada sobre el suelo del baño con su cuerpo desnudo envuelto por una toalla, dandole la espalda huesudita a la puerta donde un Ace, aun estupefacto, no acertaba a moverse. Recostada sobre la bañera, la muchacha no se movio de su sitio ni un milimetro a pesar de la intrusion, teniendo las manos sumergidas en el agua que cargaba aquel mueble de aseo de porcelana, con el grifo corriendo como banda sonora.

Pero lo que mas escandalizo a Ace no fue tan solo semejante cosa, si no el hecho de que, a esta escena, se le uniera el que la bañera estuviera llena de un agua tan roja como la sangre.

Y el agua no es de color como ese por si sola.

Desfallecida en el suelo de baldosas. Blanca como la cera. Las manos dentro del agua. El agua de color rojo.

Ace dio un respingo y, por fin, reacciono.

-¡Du!- Grito nervioso y sin controlar la potencia de su voz, atravesando la estancia a la velocidad de la luz para alcanzarla cuanto antes y comprobar su estado. -¡Niña! ¡Dadou!- Pero ella no respondio ni se movio en absoluto, teniendo Ace que sacar a flote sus buenas dotes para mantener el control en situaciones limite. Como un rayo, llego hasta la muchacha tendida en el suelo y recostada sobre la bañera de agua rojiza, pasandole un brazo fuerte alrededor de los hombros delgados para girarla hacia si mismo un tanto. Se topo con sus ojos cerrados, los labios amoratados por la falta de sangre asi como el cabello levemente mojado, temiendo realmente Ace que estuviera muerta. -¡Du!- Entre asustado y desesperado, Ace la zarandeo un par de veces fuertes, decidiendo que si no reaccionaba con la delicadeza lo haria con algo de nervio y energia.

De los labios amoratados de Dadou salio un gruñido quejumbroso como primera respuesta, despertando un tanto de su inconsciencia.

Bien, no era demasiado tarde. Estaba viva.

Sabiendo que el tiempo era clave y en exceso importante para su supervivencia, el joven comandante recogio con su mano libre los brazos de Dadou, sacandolos del agua macabra para comprobar si, realmente, habia pasado lo que pensaba o tan solo se trataba de un accidente.

Por desgracia, cuando Ace reviso sus brazos y muñecas con lo que se topo no fue con un accidente, si no con cortes hechos a conciencia y, definitivamente, causados por ella misma y para si misma.

-Mierda, niña.- Dijo él sin controlar demasiado bien sus palabras, que no era momento de andarse con lindezas, zarandeandola otra vez con fuerza para que no se desmayara del todo. Tenia que permanecer consciente. -¿Que has hecho?- Basicamente, se lo cuestiono al aire, pasando un brazo bajo sus rodillas mientras mantenia el otro sobre sus hombros para, asi, cargar con ella con facilidad y alejarla de la maldita bañera. Fue fisicamente facil porque, aunque tuviera que portar su peso muerto, Dadou era flaca y ligera, dejandola recostada sobre el rincon del baño mas alejado del lugar del intento de suicido y apoyando su espalda contra la pared fria. Sin embargo, psicologicamente no fue precisamente sencillo, que siempre tuvo debilidad por las mujeres asi como, ademas, era peor aun cuando en lugar de un accidente se trataba de un suicidio fallido.

Casi temblando de nerviosismo debido a la urgencia del momento y a la rapidez necesaria, Ace abrio cuanto cajon y armarito se topo en su camino sin cuidado ni cautela, contemplando de reojo y con horror como las muñecas de Dadou no paraban de sangrar. Tirando incluso cosas en su camino, desechando violentamente cada trasto inutil en aquel momento, Ace finalmente dio con un par de rollos de vendas, acogiendolos entre las manos con firmeza para dirigirse sin pensarlo ni dos veces hacia la muchacha sangrante y al borde de la muerte.

-Mierda, mierda... joder... - Mascuyo entre dientes, acunclillandose frente a la joven esclava para coger una de sus muñecas delgadas adornada con un par de amplias heridas abiertas, comenzando a vendar la zona con fuerza suficiente que mantuviera la hemorragia al margen. -¿Que diablos has hecho, niña? ¿Cuanto llevas aqui? Joder... - Rapido y nervioso, el joven comandante hizo exactamente lo mismo con la otra muñeca, anudando eficazmente el nuevo vendaje. Algo mas esperanzado tras haber detenido ligeramente la sangre, que Ace sabia mucho de curaciones apresuradas y de emergencia, el joven pirata alcanzo sin apenas moverse de su posicion la toalla mas cercana, enrollandola precariamente alrededor de las muñecas de Dadou para apretar la zona con sus propias manos y aumentar asi la eficacia. -Dadou.- Pero ella solo respondio con un murmullito y se removio un tanto, aun con los ojos cerrados y la piel enfermizamente blanca. -¡Dadou!- Con fuerza, Ace proncuncio su nombre altamente, llevando una mano rapida hasta su hombro para moverla con nervio e indicacion, regresando velozmente a su tarea de tapar la herida.

-Ah... - La muchacha, finalmente, parecio reaccionar un tanto, aleteando sus parpados temblorosamente.

-¡Niña!- Volvio Ace a intentar con esperanza, tironeando de los brazos de la chiquilla para que se espabilara.

Debieron ser las palabras firmes y a voces, los zarandeos asi como el haber detenido la sangre que, por fin, la joven Dadou abrio los ojos, revolviendose dolorida y perdidamente en su posicion recostada apenas con fuerzas.

-¿Que... - Pero no sabia exactamente que decir porque no era, realmente, consciente todavia de cuanto estaba pasando, observando con mirada perdida y adormilada al joven Ace frente a ella.

-¿Que diablos te has hecho?- Ace lo pregunto incluso con enfado total, apresando con firmeza todavia la toalla alrededor de sus muñecas vendadas y menos sangrantes.

-Yo... - Dadou cerro los ojos con fuerza, teniendo que luchar por instinto para no desfallecer otra vez. -¿Que he hecho?- Se pregunto a si misma, teniendo que pensar con cuidado la respuesta a aquella pregunta. -Cortarme... me he cortado... - Respondio por fin con tranquilidad, como si fuera lo mas normal del universo, aun ida y perdida entre la inconsciencia y la lucidez.

-Eso ya lo veo, maldita sea.- Ace volvio a zarandearla un poco en cuanto noto que se desmayaba, consiguiendo su objetivo satisfactoriamente. -Escuchame... no puedes desmayarte otra vez. Se que, seguramente, sientas mucho sueño y debilidad, pero no puedes dormirte ¿De acuerdo?- Esta vez, lo dijo con mas suavidad e indicacion, casi didactico, desesperado porque ella pusiera de su parte y luchara por mantenerse despierta hasta que su vida no corriera peligro. -No puedes dormirte, ¿Vale?-

-¿Por que?- Cuestiono ella, cada vez mas razonable pero a la vez agotada y a punto de desfallecer.

-Porque, entonces, podrias morir.- Sin miramientos, Ace espeto aquella verdad, sabiendo que andarse con rodeos no traeria ningun benefecio en aquel momento precario y peligroso.

-E-eso es... eso es lo que pretendia... - Ella lloriqueo, incluso, cerrando los ojos con fuerza un segundo en cuanto noto que las lagrimas salian solas y sin permiso.

-No sabes lo que dices.- En realidad, el que no sabia que decir era él, notando que se le desgarraba el alma ante confesion como la anterior.

-Quiero morir... - Sin embargo, ella continuo a lo suyo, dedicando una mirada llorosa y desesperada a la lampara encendida de la habitacion como si esta fuera alguna divinidad. -Solo quiero morir... ¿De verdad merezco... merezco tanto castigo como para que... para que no me permitan ni eso, ni morir?- Definitivamente, era desgarrador.

-¿Quienes?- Cuestiono Ace mas por que siguiera hablandole que por interes, apretando aun con firmeza la toalla.

-Los dioses.- Contesto Dadou con mirada perdida, clavando sus ojos oscuros sobre los suyos. -L-los dioses me castigan... qu-quiero morir y ni siquiera eso me dejan. Ya no... ha sido demasiado... vienes tu, como castigo...- No tenia demasiada coherencia en su discurso pero, la ultima parte, a Ace se le clavo en el corazon sin compasion ni miramientos, decidiendo pasarlo por alto al saber que ella no estaba como para razonar nada ni decir verdades. -No... no me dejan m-morir... y tu me sa-salvas la vida... es mi c-castigo... v-vivir con ello... yo... - Pero Ace la interrumpio velozmente.

-Ya basta. ¿Por que lo has hecho?- Sin rodeos ni juegos de palabras.

-Quiero morir... n-no lo soporto mas... - Medio desfallecida, la joven Dadou admitio aquello, notando Ace a pesar de todo que sus labios y mejillas comenzaban a coger algo de color. -No lo soporto.- Lloriqueo desesperada, estremeciendose de dolor sobre el suelo de baldosas. -S-soy cobarde... no lo soporto... quiero m-morir... - Revisionador, el joven Ace retiro un tanto la toalla, observando mas tranquilo que la sangre habia dejado de salir a borbotones y comenzaba a secarse. Habia conseguido detener la hemorragia brutal de milagro y por pura suerte. Si hubiera llegado un poco mas tarde, Dadou habria muerto. -M-morir... no lo soporto... es un c-castigo... castigo y m-morir... no es suficiente... no lo... no lo soporto... -

-Ya vale... sshh... ya esta... - Busco la suavidad y la calma que le quedaba, chistandole tranquilo al verla cada vez mas adormecida, pero tambien minimamente recuperada de la perdida de sangre, notando como ella cerraba los ojos y parecia luchar contra el sueño pesado. -Ahora, vamos a llevarte a la cama... - Dijo el segundo comandante, retirando finalmente la toalla ensangrentada de alrededor de sus muñecas para inclinarse hacia ella, dispuesto a cargar con Dadou otra vez. - ... te voy a tumbar ahi y esperaremos al medico.- Estaba, mas o menos, fuera de peligro inminente, levantandola del suelo con la misma facilidad para comenzar a caminar hacia la habitacion principal del camarote.

-¿M-medico?- Cuestiono Dadou en sus brazos, revolviendose minimamente como intento vano de oposicion extraña.

-Necesitas un medico.- Ace no precisaba de mas palabreria para explicar evidencia semejante, atravesando el cuarto oscuro directo hacia cualquiera de las dos camas.

-No... no... - Ella parecio tratar de rebelarse malamente, luchando sin fuerzas y al borde del desmayo. -Soy cobarde... e-es mi secreto... c-castigo... no... - Ahora si, habia perdido cualquier atisbo de coherencia verbal, afianzando mejor el joven Ace su agarre sobre ella por pura precaucion.

-Necesitas un medico.- Ace no pensaba dar su brazo a torcer en absoluto, retirando las mantas malamente y como mejor pudo antes de dejarla sobre el colchon. Con cuidado porque estaba debil, el joven pirata posiciono su cuerpo delgado que se estremecia sobre la cama, notandola retorcerse un poquito sin apenas conseguir moverse. Como respuesta, lo que Ace hizo fue taparla, ignorando sus lloriqueos y negaciones.

-No... mi s-secreto... cobarde.- Dijo llamandose a si misma, y el llanto se hizo mas desgarrado, ovillandose un poquito sobre el colchon acogida por el calor de las sabanas y lo mullido de la superficie.

-Sshh... vale... quedate aqui y duermete. Llamare al doctor.- Esta vez, Dadou no se quejo, limitandose su protesta a un infimo movimiento que no paso a mayores. El sueño y desfallecimiento debio hacerse mas fuerte que lo demas, cediendo finalmente la muchacha para dejarse llevar y caer rendida en menos de un segundo.

Por si las moscas, Ace permanecio un ratito mas junto a la cama, cerciorandose de que respiraba correctamente y de que, efectivamente, estaba fuera de peligro y podia dejarla sola unos minutos.

Pasado el tiempo que considero seguro, el joven comandante se dispuso a cumplir con su deber.

(Cambio de escena)

-Pero ¿Que ha pasado?- Cuestiono completamente preocupada la enorme Joan-Marie, aun con los ojos llorosos mientras luchaba por mostrarse tranquila, acomodada sobre una silla pegadita a la cama ocupada.

Dadou parecio completamente perdida, sosteniendo la mirada de su anfitriona y señora con la suya propia, mucho mas triste y resignada. Se limito, por tanto, a callar y permancer en silencio porque no sabia que decir exactamente, estatica en su posicion tumbada bajo las sabanas eficaces.

-Un accidente.- Dijo Ace por fin, observador y en pie al otro lado de la cama, cruzado de brazos entre sereno y firme. Dadou habia dicho algo de un secreto. Y Ace era bueno guardando secretos, que para algo habia limpiado cada rastro de sangre del espectaculo macabro que encontro en el cuarto de baño.

Ante semejante respuesta, la mirada desconcertada y llorosa de Joan-Marie se clavo sobre la suya con incredulidad, la de Dadou se mostro del todo sorprendida y, en cambio, la del doctor se noto incluso reprochadora. Sin embargo, este ultimo opto por cerrar la boca y continuar a lo suyo, revisando las heridas de Dadou asi como su estado fragil, pero que saldria adelante.

-¿U-un accidente?- Se atrevio por fin Joan-Marie a preguntar con miedo y confusion, observando a intervalos tanto al joven Ace como a la tumbada y silenciosa muchacha.

-Si... - No era muy creible, Ace lo sabia, pero no por ello pensaba decir la barbaridad verdadera que habia ocurrido alli. - ... tuvo un accidente con... unos cuchillos de cocina.- Suficiente. Con mirada significativa, incluso, que Joan-Marie no era precisamente tonta, Ace concluyo sus palabras atento a la mujerona curtida, diciendole silenciosamente que era lo mas conveniente para todos.

Supo, entonces, Joan-Marie a la velocidad de la luz que era mejor creerse la bola y continuar viviendo, asintiendo un par de veces roboticas como si la explicacion de Ace hubiera sido del todo convincente.

-Oh... entiendo... - Dijo Joan-Marie temblorosamente, inclinandose un tanto sobre la muchacha silenciosa para acariciar maternalmente su cabello rubio y laceo. -Pobrecita... - Y a punto estuvo de llorar, tragandose el llanto histerico por pura compasion para con el resto de presentes. Habia que mantener la calma, por mucho que le costara. Pobre Joan-Marie, que estaba perdiendo a su otra hija poco a poco, dia tras dia.

-Como sea... - El medico rapidamente rompio aquel aura tensa y tristona, notandose bastante molesto con la mentira benigna que Ace habia soltado anteriormente. Ademas de malhumorado, tambien fue siempre un hombre sincero pero, esta vez, decidio callarse. Si Ace mentia, era por algun motivo. -El caso es que esta niña se pondra bien.- Suspiro cansado y tragandose sin conseguirlo el disgusto, acogiendo la muñeca vendada y curada de Dadou como ultima revision. -Solo necesita descansar un tiempo, un par de buenas comidas y que se cuide las heridas.- Finalizo el doctor, liberando de nuevo el brazo de la joven esclava para erguirse sobre el suelo y girarse, dispuesto a recoger su arsenal medico.

-Si, bien.- Joan-Marie sonrio con agradecimiento y alivio ante las buenas noticias, asintiendo un par de veces rapidas mientras dedicaba sobre el doctor malhumorado una miradita brillante. -Seguiremos tus consejos a rajatabla.-

-Si, si.- Pero el doctor nunca fue, tampoco, la personificacion de la simpatia, afirmando con disgusto mientras comenzaba a cargar con su maletin de trabajo. -Solo tiene que descansar, comer bien y cuidarse las heridas.- Basicamente lo escupio entre dientes, dedicando sobre el joven Ace una ultima y fugaz miradita de reproche, dejandole claro que no estaba de acuerdo con sus procedimientos. -Y que ande pendiente de que no... de que no pasen mas accidentes de este indole. Por su bien.- Concluyo el doctor amargo, comenzando a caminar altivamente hacia la puerta de salida.

Entre maldiciones a murmullos y demas palabras inteligibles, pero de evidente sentido, el viejo medico salio de la habitacion, dejando a aquellos tres en completa soledad.

-Gracias.- Dijo, de pronto, Joan-Marie en cuanto escucho la puerta cerrandose a su espalda, acogiendo como la madre que era la mano delgada y desinfectada de una Dadou de lo mas indiferente. Dadou, ahora mismo, se habia vuelto indiferente a todo menos al dolor propio.

-¿Ah?- Ace tardo un par de segundos en reaccionar y saber que se estaban dirigiendo a él, saliendo de sus propias reflexiones para clavar su mirada sobre la llorosa de Joan-Marie.

-Si no hubieras venido, o si hubieras llegado mas tarde... - Trago saliva con dificultad, comenzando a temblarle el labio inferior a la vez que su voz se entrecortaba un poco. Busco fuerzas de donde ya no le quedaban, tomando una pequeña bocanada de aire con claras intenciones de continuar. - ... entonces... - Sin embargo, tuvo que callarse para no comenzar a sollozar ruidosamente, limitandose a evitar el contacto visual un momento para mirarse los pies y llorar un poquito, pero silenciosamente. Era evidente lo que hubiera pasado si Ace no hubiera venido o hubiera llegado mas tarde.

-No hay nada que agradecer.- Contesto serio y convencido, echandole una miradita de reojo a la joven esclava sobre la cama, molesto sin poder evitarlo con su persona. ¿Como diablos habia sido capaz de hacerse eso, y mas tan joven? Ifára habia muerto con un año menos teniendo tremendas ganas de vivir. Era muy egoista de parte de Dadou, pero contuvo cualquier tipo de reproche. Al fin y al cabo, él no estaba dentro de su cabeza. -Ha sido pura suerte y casualidad.- Concluyo Ace, no teniendo ganas de charletear demasiado.

-Y que los dioses te bendigan por ello.- Sin embargo, Joan-Marie no parecia de acuerdo en quitarle merito al logro, decidiendo no decirle mucho mas en cuanto adivino la expresion molesta del segundo comandante. La mujerona se limito a regalarle su sonrisa mas agradecida y continuar pendiente de Dadou, acariciando de nuevo su mano larga y delgada. Ace comenzaba a estar harto de los dioses. -¿Sabes? Debe haber sido Ifára, que te esta cuidando... - Repentinamente, Joan-Marie salio con aquello completamente convencida, hablandole tranquila y aliviada a una Dadou absolutamente muda. Como respuesta, tanto Ace como la chiquilla parecieron retorcerse de dolor, tratando de contener el arrebato que habia arrancado sobre ellos semejante frase. -A partir de ahora, la fecha de hoy sera afortunada.- Sonrio la pobre mujerona, refiriendose a la supuesta suerte que habian tenido por salvar la vida de Dadou a tiempo. Que bonito veia el mundo, que optimista era Joan-Marie.

-Pues a mi me parece un dia de mala suerte.- Por su parte, Ace dijo aquello seca y cortantemente, clavando su mirada sobre ningun punto concreto de la pared.

Cortada de pronto ante comentario semejante, Joan-Marie enmudecio, apretando los labios un tanto al no encontrar respuesta que consolara el dolorido corazon de Ace aquel dia.

-Espero que no ocurran mas... - Continuo Ace rompiendo el silencio extraño de pronto, aun con los ojos perdidos por la habitacion, evitando el contacto visual para que no se notara demasiado su interior blandito. - ... mas incidentes macabros y el dia se conforme con una sola desgracia al año.- Era evidente a que tipo de desgracias e incidentes macabros se referia, resultandole aquella fecha a partir de ahora incluso maldita. Eran demasiadas coincidencias terribles.

-E-en realidad... - De repente, la voz temblorosa y susurrante de Dadou hizo acto de presencia despues de una revision medica en completo silencio, causando que tanto Ace como Joan-Marie dieran un respingo antes de observarla con sorpresa. Los ojos oscuros de la muchacha se encontraron con los del joven Ace, llorosos, resignados y mas tristes que la pena misma, topandose el segundo comandante con una amalgama extraña de sentimientos sombrios en aquellas pupilas. Dadou queria morir, Ace lo supo aunque no encontrara motivo aparente. -En realidad, ha sido u-una conmemoracion.- Dijo la joven esclava, atreviendose a sonreir amarga mientras una lagrimita rebelde luchaba por caer de sus ojos oscuros.

-¿Que?- Ace no entendia a que venia semejante comentario, elevando una ceja extrañado mientras trataba de buscar respuestas por cada movimiento y expresion indescifrable de ella. Por su parte, Joan-Marie permanecio en silencio, atenta a la conversacion aclaradora que vendria a continuacion.

-Una conmemoracion... - Repitio Dadou tratando de mantener su sonrisa incomprensible, ahogando notablemente un sollozo de llanto contenido. - Es un aniversario.- Definitivamente, la muchacha debia haber perdido la cabeza o bien pretendia jugar a ser cruel.

-¿Conmemoracion?- Ace entrecerro los ojos con total incredulidad y advertencia evidente, no pudiendo creer que de verdad Dadou se atreviera a denominar de semejante forma su intento de suicidio.

-U-una conmemoracion... Un r-regalo.- Dijo la joven esclava, consiguiendo que Joan-Marie tuviera que morderse la lengua para no estallar en llanto y Ace tragara saliva entre dolido y furioso.

-No puedes estar hablando en serio.- Y es que Ace no podia creerlo ni imaginarlo siquiera, admirando a la muchacha llorosa que le sonreia amargamente desde la cama con estupefaccion enfadada.

-Un regalo... para ella.- Sin embargo, Dadou parecia completamente segura de lo que decia, rompiendo el contacto visual durante un momento para juguetear perdidamente con el borde de las sabanas.

-Du... - Joan-Marie trato de hacerla callar, dedicando un apretoncito cariñoso sobre su hombro afilado a la vez que pronunciaba su nombre susurrante. Por desgracia, ninguno de los otros dos la hizo ningun caso.

- ... para Ifára.- Concluyo la joven Dadou, estallando finalmente en un llantito malamente ahogado y que estremeceria hasta al mas insensible.

Ace ya habia oido suficiente.

-Debes haber perdido la cabeza.- Sin miramientos, no pudiendo soportar mas semejante palabreria, el joven comandante enfrio su expresion de manera notable, comenzandon a rodear la cama ocupada para dirigirse hacia la puerta.

-Ace... - Trato nuevamente Joan-Marie de calmar los animos, como siempre, observando tristona que ninguno parecia dispuesto a prestarle atencion.

-Si te hubieras esmerado un poco mas en conocerla... - Pero Ace no estaba dispuesto a dejarse convencer y manejar, ya no, sintiendose terriblemente ofendido ante semejantes palabras de Dadou, que tan solo manchaban la imagen inmaculada y perfecta de una Ifára desaparecida del mundo. - ... sabrias que esto la hubiera destrozado.-

Y, no queriendo mirarla ni una vez mas, que no era el momento oportuno para ello precisamente, el segundo comandante abrio la puerta del camarote, desapareciendo a traves del pasillo rapidamente antes de que le dijera a la muchacha cualquier barbaridad.

Dadou se limito a observar su partida en completo silencio.

(Cambio de escena)

El liquido amargo le abraso la garganta sin miramientos, siendo su sensacion desagradable mas suave a cada trago que daba a pesar de todo.

Habia perdido la cuenta de la cantidad bebida, limitandose a continuar vaciando la botella de fuerte y duro licor a base de tragos largos y profundos. Ahora, despues de un tiempo, el alcohol apenas abrasaba y comenzaba a saber mejor.

En cubierta no quedaba nadie porque era una mala hora para la compañia, escondiendose el sol poco a poco para dejar un cielo de engañoso color calido pues, en realidad, a medida que se hacia de noche el frio aumentaba sin miramientos. Ademas, la mayoria de sus compañeros andarian por ahi escondidos, esperando la cena antes de salir a hacer guardia abrigaditos y bien preparados para la noche fresca.

No necesitaba mas compañia que la de la botella, se dijo. Era un mal dia.

Sin embargo, ya fuera por el alcohol o por la fruta del diablo (en situacion como esta a Ace le daba exactamente igual el motivo) que el joven pirata no sentia fresco alguno, permaneciendo donde estaba para propinarle otro par de tragos seguidos y largos a la botella.

Dio un pequeño traspies por la torpeza de la borrachera que poco a poco habia ido adueñandose de él, estando a punto de resbalarse de la barandilla del barco en la que andaba apoyado y estamparse contra el suelo. Por suerte, incluso bebido era bueno de reflejos, consiguiendo mantener el equilibrio justo a tiempo y agarrandose firmemente a la madera. Una vez recompuesto, se cercioro de que nadie lo habia visto por puro instinto orgulloso, soltando una risita divertida para burlarse de si mismo antes de continuar bebiendo.

-Buenas tardes, señor.- Una voz femenina y sorpresiva le hizo dar un tremendo respingo, girando la cabeza completamente desconcertado ante las repentinas palabras pronunciadas sin aviso previo. -¿Prefiere estar solo o busca algo de compañia?- Circe le admiro cercana y con una sonrisa agradable, una sonrisa de tregua, pensando Ace desde cuanto llevaba alli, a su lado, y como era que ni siquiera se habia percatado de su presencia o acercamiento. Rapidamente, cuestiones como esta le dieron lo mismo porque habia bebido demasiado y perdieron el interes, concentrandose en la mujer bonita que, elegante y chulesca, se apoyaba tambien contra la barandilla.

-Hola.- Se limito el segundo comandante a contestar con una sonrisilla, propinandole un nuevo trago a la botella cada vez mas vacia.

Circe, por su parte, se limito a observar la accion en un principio, no pudiendo contener una miradita de regaño para con el otro.

-¿Cuanto tiempo llevas aqui?- Cuestiono la hermosa mujer, no sabiendo si debia tomarselo con humor o preocuparse, analizando como el joven terminaba de beber con un suspirito ruidoso.

-Un ratito... - Pero, entonces, Ace analizo que cuando habia subido a cubierta con su botella el cielo aun era azul y brillante, teniendo que entrecerrar los ojos con la mirada perdida hacia el horizonte para ubicarse mejor en el tiempo y el espacio. -Unas... unas horas... o dos... - Nada, Ace no lo sabia, terminando por encogerse de hombros algo torpe. -¿Un ratito largo?-

-¿Estas borracho?- Circe dejo de andarse por las ramas, cuestionando aquello con regaño a pesar de que la respuesta era bastante evidente.

-Eh... - Ace abrio la boca para decir nada, de momento, reflexionando malamente en su cabeza adormilada cual seria la mejor decision, si ser sincero o mentir descaradamente. -Bueno, no creo... - Pero su voz pastosa y la manera de arrastrar las palabras asi como los constantes vaivenes que hacia su cuerpo sin permiso terminaron de delatarle, contemplando de reojo que la expresion de Circe se tornaba cada vez mas esceptica. -Si, estoy borracho.- Confeso al final, llevandose la botella de alcohol hacia los labios para tragar otra vez.

Con una brisa repentina, ella se estremecio, enzarzandose mejor su chal marron sobre los hombros para resguardarse del frio antes de decidirse a continuar conversando.

-Lo que me parece sorprendente... - Ella opto por mostrarse agradable en lugar de reprocharle que, al fin y al cabo, no era madre de nadie y Ace no debia estar en condiciones de escuchar nada serio, comenzando a hablar fingidamente analitica. - ... no es que lleves semejante cogorza a las ocho de la tarde, si no que hayas sido capaz de pillartela bebiendo una mierda como esa.- Dijo Circe, señalando fugazmente la botella de licor fuerte e insoportable que Ace mantenia en una de sus manos. Divertido, incluso, el segundo comandante analizo el recipiente de cristal con gracia, recordando vagamente como la habia escogido por la cantidad de grados mas que por el sabor. Ciertamente, lo que Ace habia estado buscando era la borrachera, no el placer de beber.

-Bah... - Ace solto una carcajada ronca, acomodandose torpemente sobre la barandilla. -Al rato, te acostumbras y deja de saber a alcohol de quemar.- Dijo con su voz pastosa de palabras arrastradas, notando que comenzaba a ver ligeramente doble.

-Has tenido un mal dia... - Parecio que, de pronto, Circe tuvo un arrebato de compasion maternal, cosa vista pocas veces en persona como ella, elevando una mano con suavidad para alcanzar al otro. Con cuidado y sonrisita divertida, la preciosa morena hundio sus dedos entre los cabellos de la nuca de Ace, notando como él se estremecia agradecido y se dejaba acariciar con gusto. -¿Verdad?-

-Hmmh... - El segundo comandante cerro los ojos con un murmullito, arremolinandose un poco sobre la barandilla para apegarse mas a la mujer bonita que lo acariciaba a su lado. -Si... ha sido un mal dia.- Reconocio en un susurrito hasta infantil, escuchando como ella soltaba una risa graciosa.

-Lo he imaginado en cuanto te he visto aqui, tirado como un perro... - Cariñosa, Circe tironeo un tanto de su cuello, llevandole suavemente hasta su hombro para que apoyara la cabeza sobre él. Evidentemente, Ace no se hizo de rogar, escondiendo un tanto el rostro en la zona para suspirar satisfecho. - ... y estando borracho como una cuba.-

-Y tu... - Por desgracia para ella, Circe habia cometido un error fatal en aquel momento, elevando Ace la cabeza de sobre su hombro para encararla sin temor alguno. - ...tu estas preciosa.- Dijo él con un susurrito pastoso pero de evidentes intenciones, consiguiendo que Circe tuviera que contenerse una carcajada jocosa. -Eres preciosa.-

-Comandante, dudo mucho que, ahora mismo, puedas ni siquiera enfocar la vista.- Bueno, aquello era verdad de una forma u otra, adoptando Ace un mohin caprichoso que Circe se sabia demasiado bien.

-Entonces, te vere doblemente preciosa ¿No es eso bueno?- Ace y sus razonamientos simples de borracho. Antes de que ella pudiera salir con ningun reproche mas, el joven comandante paso un brazo a traves de sus hombros, acercandola aun mas contra si mismo con intenciones evidentes de encontrar un beso. Sin embargo, Circe no estuvo de acuerdo en absoluto, evitandolo con un movimiento esquivo de cabeza.

-Ni lo sueñes.- Dijo ella con toda su chuleria y convencimiento, provocando que Ace gruñera bajo con leve frustracion.

-Dame un beso ¿Que mas te da? Solo es un beso.- Pero Ace no se dio por vencido tan facilmente, logrando que Circe hiciera exactamente lo mismo que la vez anterior mas un empuje ligero de sus hombros anchos, alejandole de ella a la distancia que considero prudencial.

-Te he dicho que no.- Contesto ella divertida pero evidentemente firme, dejandole claro al joven Ace que aquel momento no era el mejor para andar de seductor. -La boca debe saberte a rayos despues de haber bebido eso.-

-Tu te lo pierdes.- Viendo que ella no iba a dar su brazo a torcer, Ace se limito a alejarse un poquito y propinarle otro trago largo a la botella, cruzandose despues chulesca y torpemente de brazos. -Ya vendras luego a buscarme, ya vendras... y, para la proxima, no me vas a encontrar... - Dijo como un abuelo cascarrabias, incluso, clavando la mirada vaga sobre el horizonte de anochecer maritimo frente a ellos. Era evidente a que se estaba refiriendo, logrando que Circe adoptara una expresion esceptica y orgullosa.

-Rencoroso y arrogante... que mala combinacion.- Con un suspirito resignado y teatral, Circe concluyo sus palabras, observando satisfecha y de reojo como Ace se enfurruñaba un tanto.

-Y tu muy insensata, desaprovechando oportunidades magnificas... - Bromeo el joven y bebido pirata, soltando una carcajada seca entre la amargura y la diversion de aquel que esta borracho y nada le importa. -Ademas, la esclava que... que compraste tiene t-tendencias suicidas... - Lo ultimo le costo pronunciarlo por la dificultad, ignorante de como la expresion de Circe se volvia algo mas seria y oscura. Por desgracia, Ace habia bebido demasiado. - ...te han timado ¡Jah!- Aunque hasta él mismo sabia que no era digno de burla incidente semejante, era lo que mas rondaba por su cabeza en aquel momento, sacando la conversacion de la primera manera que se le ocurrio. Lo de Dadou habia sido el detonante final para que Ace acabara asi aquel dia, borracho y solo.

-Dadou es cobarde.- Seria de repente y con voz cortante, la hermosa Circe dicto sentencia semejante, arrancando sobre el joven comandante una mueca de desconcierto. -Y debil.- Y es que Circe no se andaba con rodeos, estando ya al corriente del supuesto "accidente". Sin embargo, no era tan estupida como para creerse que heridas como aquellas habian sido sin intencion. -No funciona ni piensa como nosotros... - Confuso todavia, Ace clavo su mirada adormilada sobre la almendrada y segura de ella, analizando cada palabra en su cabeza para poder asimilarlas optimamente. -Es una esclava y piensa como una esclava. Es una esclava y funciona como una esclava. Piensa debil; funciona cobarde.- Y, a pesar de la borrachera, aquello ultimo si que fue facil de entender para Ace sin necesidad de reflexion de por medio.

Su expresion paso de la confusion graciosa a la seriedad total, apretando un tanto la botella de cristal bajo los dedos fuertes. Sus ojos oscuros, aunque adormilados, se clavaron sobre los de Circe con la mayor firmeza posible, regalandole unos segundos de silencio con la intencion de que ella dijera algo mas que salvara el momento.

Por desgracia, al ver que la mujer bonita no abria la boca de nuevo, tuvo que ser el joven Ace quien diera el paso.

-No vuelvas a decir algo como eso delante de mi.- Ya esta, no necesitaba aclararlo mejor, ignorando la cara de sorpresa desagradable que se plasmo sobre el rostro de Circe. Sin ganas de discutir tema como ese, el segundo comandante rompio el contacto visual, regresando su mirada al horizonte para beber de nuevo.

Un silencio incomodo se apodero de ambos, una porque habia sido cortada abruptamente en su opinion y el otro porque se habia sentido hasta ofendido.

Tensa y temerosa, Circe se mordio el labio inferior, contemplando a un Ace bebido y serio que miraba al horizonte.

-¿Me... me das un poco de eso?- Cuestiono ella finalmente para romper el silencio de alguna forma, pronunciando la pregunta de manera suave y algo regañada.

Ligeramente sorprendido, el segundo comandante elevo las cejas un tanto, girando la cabeza para mirar a la mujer a su lado. Finalmente, pensando que quiza habia sido demasiado duro o desconsiderado, Ace la sonrio amable y adormilado.

-Claro.- En cuanto vio su expresion y escucho su asentimiento, Circe correspondio rapido a su sonrisa con otra similar, acogiendo la botella que el joven Ace le tendio complice. Una vez pasado el momento desagradable, en mejor ambiente, tanto Circe como Ace regresaron su mirada al horizonte, dando la primera un pequeño trago cauteloso a la botella cedida.

-Argh... - Se quejo ella en cuanto el contenido alcoholico y abrasante le atraveso la garganta, no pudiendo contener una mueca de asco y dolor. -Que asco.- Lo dijo al aire mas que para alguien, analizando con desagradado la botella medio vacia que ahora ella sostenia entre las manos, arrancandole al segundo comandante una risita divertida.

-Eres una blandita.- Jugando un poco, el joven Ace le dijo aquello con gracia y burla falsa, sabiendo que ella replicaria veloz y de la misma manera. Necesitaba entretenerse.

-Oh, desde luego... No hay nada mejor para demostrar la dureza que beber como un animal, solo y amargado.- Como habia esperado, Circe no se quedo atras, hablando tan ironica como solo ella podia ser. -Luego, si eso, nos vamos de bares a pegarnos con algunos machotes y, si nos da tiempo, despues nos vamos de putas... Como los grandes hombretones.- Ace no pudo hacer mas que reir, mirando el horizonte perdidamente mientras ella, tras sus palabras burlescas, le propinaba un nuevo trago a la botella.

-Nah... - Ace se estiro perezoso sobre la barandilla, deslizandose un tanto a traves de ella hasta que sus codos se apoyaran correctamente, mas tirado y adormilado que al principio, incluso. -Me causas dolor de cabeza.- Con una sonrisilla, el joven comandante espero la respuesta que vendria rapida, escuchando como ella contenia un bufidito.

-¿Y no sera la botella, mas bien?- Se limito a cuestionar afilada, cruzandose de brazos con chuleria en su posicion apoyada.

-Quiza... es parecido.- Y, como noto que Circe no entendia su filosofia actual de borracho, el joven Ace decidio explicarse un poco mejor. -Esa botella es fuerte y desagradable al principio, cuando empiezas a beberla... pero la bebes por el colocon que causa en poco tiempo.- Se encogio de hombros autosuficiente, convencido de sus palabras, sabiendo que Circe entenderia la similitud. -Claro que, despues, puede traerte una buena resaca. Es parecido.- Concluyo, dedicando sobre la mujer bonita una mirada fugaz y divertida.

-¿Me estas comparando con una maldita botella de asqueroso contenido?- Circe no estaba molesta, pero decidio entrar tambien y del todo en el juego de actuaciones.

-Ahora mismo, puedo comparar cualquier cosa con una botella.- Ace se aguanto una carcajada, siendo consciente él mismo de su estado alcoholizado actual.

-¡Vaya! ¡Que filosofo te vuelves cuando bebes!- Exclamo Circe con exagerada y fingida admiracion, escuchando satisfecha como Ace producia un gruñidito bajo.

-No te rias de mi.- Enfurruñado incluso, el segundo comandante se limito a afianzar su perezosa posicion sobre la barandilla, no habiendo separado su mirada del horizonte cada vez mas oscuro.

-Deja de decir y hacer cosas dignas de burla, entonces.- Por desgracia para Ace, Circe andaba en perfecto estado, funcionando su cabeza y palabras de manera optima al contrario que en caso del joven comandante.

Al ver que no se le ocurria nada bueno que decir, Ace se limito a bufar bajito, frunciendo la expresion un poco para llevarse una mano hacia el sombrero y bajar el ala, ocultandose de ella por pura vergüenza instintiva. Habia perdido y, como si quisiera dejarlo del todo claro, Circe dejo escapar una carcajadita divertida para con la escena.

Nuevamente, ambos se dejaron llevar por el mutismo y el silencio, admirando el horizonte perdidamente en un ambiente que, al menos, ahora si era agradable y comodo.

Ligeramente reflexiva de pronto, Circe se llevo la botella a los labios, dandole un sorbito rapido que parecia necesitar mucho en aquel instante preciso.

-Entonces... ¿Me vas a dejar?- Por fin ella habia sacado el tema que la andaba carcomiendo sin descanso, observando como la expresion de Ace se tensaba un poco bajo el ala de su sombrero.

-No lo se... - Al fin y al cabo, era la verdad. Parecia ridiculo pero, ahora que andaba borracho, Ace era mas sincero consigo mismo, admitiendo el encontrarse en un laberinto complicado y emocional del que aun no sabia salir sin percances dolorosos de por medio.

-No lo sabes. Esperaba una respuesta como esa, viniendo de ti. - Ligeramente derrotada, Circe suspiro levemente con resignacion, agarrandose a la barandilla para impulsarse felina y acomodarse sentada sobre ella.

-No, no lo se.- Ace repitio aquella respuesta ambigua con la misma resignacion que ella, no sabiendo exactamente que decir o como explicarse. -Lo paso bien contigo, estoy a gusto... Ahora estoy a gusto... - Sin embargo, antes de que pudiera continuar, Circe lo interrumpio.

-Pero... Por que hay un "pero" ¿Verdad?- Y, realmente, ella parecia tomarlo mucho mejor de lo que nadie hubiera esperado, limitandose a escuchar y conversar serenamente.

-Bueno... - Empezo a sentirse incomodo y levemente acorralado, revolviendose un poquito contra la barandilla. Al fin y al cabo, incluso bebido, para Ace era dificil abrirse sin mas. - ... es solo que... en realidad, no estoy en un buen momento como para... para... ya sabes.- Y claro que Circe lo sabia, elevando las cejas un tanto la mujer bonita antes de hablar.

-¿Como para amar o querer a otra mujer?- Pregunto Circe por él, pareciendo que en realidad ya sabia lo que andaba ocurriendo por la cabeza de Ace.

- ... si... - A regañadientes, descubierto y blandito, Ace contesto finalmente de manera baja, afianzando un tanto su sombrero que servia como pequeña barrera protectora.

-Nunca te he pedido que me quieras, Ace.- Circe lo dijo tan orgullosa como comprensiva, incluso, tratando de explicarle tambien lo que ella pensaba. Sin embargo, Ace la conocia demasiado bien y sabia que, por suerte o desgracia, era demasiado orgullosa como para aceptarse las cosas hasta a si misma. Se parecian en eso.

-No, no me lo has pedido... pero quieres que lo haga.- Y, antes de que ella pudiera salir al ruedo con algun comentario cortante o convencido, Ace continuo. -Si estoy contigo, sufres porque estoy contigo... Si no estoy contigo, sufres porque no estoy contigo. Haga lo que haga, sufres.- Ace lo dijo culpable y resignado, suspirando largamente ante la idea de sentirse un ser dañino para con aquellos que le rodeaban. No lo hacia a proposito pero, sin embargo, parecia que el universo entero trataba de lograrlo por todos los medios, estuviera él de acuerdo o no. -Circe, tu me gustas... - Entonces, Ace levanto un tanto el ala de su sombrero, dedicando sobre la mujer que atendia firmemente una mirada sincera y real. - ... me gustas de verdad, pero no puedo... no puedo.- Concluyo malamente, volviendo a ocultar parte del rostro para dejar de admirarla, sintiendose abrumado por haber sido demasiado descubierto.

-¿N-no puedes?- Ella trago saliva, cuestionando aquello por pura necesidad de escucharlo todo y que Ace no dejara el asunto en el aire.

-Puedo acostarme contigo, puedo darte atencion y jugar contigo. Puedo pasarlo bien y agradecerte todo cuanto has hecho y lo mucho que te has preocupado por mi. Puedo incluso pasear de la mano contigo por la calle, si quieres, o hasta invitarte a cenar como si de verdad todo esto fuera encaminado a una relacion corriente y manida... Una de esas relaciones perfectas que salen en los libros.- Ace se sorprendio hasta de si mismo por semejante elocuencia nunca antes vista comunmente, decidiendo dejar salir gran parte de lo que sentia. Al fin y al cabo, ella merecia su total sinceridad. -Sin embargo... no puedo amarte... - Y Ace agradecio al cielo el estar borracho, sabiendo que en otra circunstancia no seria capaz de soltarselo asi, de verdad y a la cara, pero con tacto. -Puedes gustarme mucho, pero no estoy enamorado de ti... Te quiero con toda mi alma, pero no te amo. Es diferente.- Ya esta, lo habia dicho, sintiendo Ace un gran alivio a la vez que un miedo visceral ante la idea de su enfado o rechazo. No pretendia hacerla mas daño.

-Pero eres mi amigo... ¿Cierto?- Y, sin embargo, ella respondio calida a pesar de parecer algo llorosa, dejandole claro que comprendia y ya lo habia estado esperando.

-Ahora mismo, te aseguro que soy tu mejor amigo.- Respondio Ace sinceramente, estando seguro de que anduviera enamorado de ella o no, igualmente, daria su vida por su persona y bienestar.

-Y yo soy tu amiga, Ace.- Circe continuo hablando segura y convencida a pesar del dolor, observando como él parecia culpable bajo el ala de su sombrero. -Antes que nada o cualquier otra cosa, me he convertido en tu amiga... ¿Eres un buen amigo, Ace?-

-Lo intento.- Respondio el joven comandante, no sabiendo exactamente si la pregunta anterior era afirmable o negable sin mas. Era mas complicado que todo eso.

-Entonces, no puedes dejarme... Los buenos amigos no abandonan a sus amigos.- Dudoso, Ace fruncio los labios, causando que Circe se adelantara rapidamente. -Me duele, es cierto, porque tengo dos sentimientos hacia ti... Pero te aseguro que... que si me abandonas, si me dejas y cortas de raiz... sera mucho peor que un amor no correspondido.- Ella parecio mas sincera que nunca, evitando tambien el contacto visual al pronunciar palabras semejantes.

-¿Te gusta como estamos ahora?- Era la pregunta clave y a la que, en realidad, habia ido encaminada toda aquella conversacion, cuestionandolo el joven Ace antes de tragar saliva incomodo, pero imeperceptible.

-Si... - Dijo ella a la velocidad de la luz, dejando claro que no necesitaba pensarlo ni dos veces. - ... pero soy ambiciosa por naturaleza y, por eso, sufro. Lo quiero todo... siempre sufro por eso.- Circe se agarro con algo de frustracion a la barandilla, sabiendo tranquila que Ace no la estaba mirando.

-Entonces, seguiremos como hasta ahora. A mi tambien me gusta.- Asunto aclarado o, al menos, momentaneamente aclarado. Ace sabia que en un futuro traeria problemas de nuevo, decidiendose por no pensar en ello y limitarse a disfrutarlo. Al fin y al cabo, quien sabe lo que podria pasarle o sentir si algun dia superaba del todo la ausencia de Ifára. Nadie lo sabia. No podia tirar por la borda una bonita esperanza de querer y ser querido. Desde que habia vivido en semejante momento emotivo y cumbre, la idea del romance era mucho mas agradable que antes de haberlo conocido, ciertamente.

Habia sido un buen chico, se dijo Ace. Habia actuado como se debe y evitando un mal mayor para aquellos que lo apreciaban. Habia sido sincero, considerado y empatico.

Seguro que Ifára se sentia orgullosa de él en este momento.

Era algo agradable.

-¿Que es eso?- La pregunta repentina lo hizo dar un pequeño respingo, saliendo de sus pensamientos para elevar el ala de su sombrero y observar a la mujer a su lado.

-¿El que?- Respondio Ace levemente desconcertado, contemplando como Circe entrecerraba los ojos y clavaba la mirada sobre el horizonte maritimo.

-Eso... eso que se ve en la lejania.- Ella señalo el lugar o elemento misterioso en cuestion desde su sitio, causando que el joven comandante rapidamente se pusiera a la tarea y examinara la cosa desconocida.

Algo navegaba sobre el mar alejadamente todavia, causando que el pobre Ace tuviera que hacer verdaderos esfuerzos por ajustar su vista y dejar de ver tan borroso y doble.

-Parece un barco.- Dijo Circe de nuevo con desconcierto y recelo, analizando atentamente el objeto flotante en discordia.

Haciendo alarde de la experiencia a pesar de la borrachera, que si le habian nombrado comandante no habia sido por la simple suerte, Ace consiguio por fin hacer de su vista algo mas o menos util, topandose rapidamente con la forma de velero que parecia ahora mas cercano que al principio.

-Es un barco.- Respondio, consiguiendo que ella le dedicara una miradita confusa de reojo antes de volver su atencion total hacia el supuesto navio. -Y parece que se esta acercando.- Sonando mas receloso y desconfiado, el joven comandante no se lo penso dos veces, separandose de la barandilla para cruzar la cubierta y, asi, observar algo mejor y de cerca el velero intruso.

A grandes zancadas, Ace llego al lugar en menos que canta un gallo, siendo seguido rapidamente por una Circe tan recelosa y confusa como él mismo. Que Ace supiera, no se encontraban en territorio de ningun otro capitan ni tripulacion, mucho menos cerca de alguna isla habitable. Era extraño. Sintiendo algo de tension por el momento, el segundo comandante se agarro de la nueva barandilla al otro lado de la cubierta, asomandose un tanto para admirar el barco cada vez mas cercano.

La forma del velero le resulto familiar asi como el numero de velas, los colores que se apreciaban a pesar de la distancia, donde predominaba el blanco y el azul, tambien se le hicieron reconocibles. Exactamente lo mismo le ocurrio con la maniobra rapida y suave con la que navegaba sobre el mar.

De lo mas sorprendido e incredulo, el joven comandante se echo hacia atras un tanto, abriendo los ojos ante la mirada atenta y nerviosa de Circe.

-¡Es un barco!- Exclamo Ace de nuevo, comenzando a sentir la adrenalina recorriendole cada poro y vena de su cuerpo. -¡Un barco de la marina!- Y es que era una cosa rara que los hubieran encontrado sin mas, sabiendo por lo rapido que se acercaban que amigos no pretendian ser. Al fin y al cabo, eran el enemigo natural de los piratas.

-¡¿Que?- Tan incredula como él, la hermosa Circe cambio su expresion desconcertada por otra depredadora, lanzandose sobre la barandilla para cerciorarse ella misma de aquella afirmacion. -¡Joder! ¡Si que lo es!- Y es que, ahora mismo, el navio, aunque lejano, si se encontraba lo suficientemente cerca como para reconocerlo, acercandose a una velocidad nada amistosa ni benigna. -¡¿Pero estan locos o que diablos les pasa? Saben que los podemos aplastar facilmente.- Dijo ella con toda su autoconfianza, tanto en si misma como en su tripulacion, no retrocediendo en absoluto ante la idea de batalla.

-Se acercan rapido.- Sin embargo, Ace no habia perdido el recelo, analizando el barco enemigo. -Eso significa que estan confiados.-

-O que son unos suicidas.- Circe se cruzo de brazos, paladeando la idea de guerra como la mas sublime de las situaciones. Al fin y al cabo, era tan pirata y guerrera como cualquiera de los rufianes de su barco.

-Quiza... pero no hay nada mas peligroso que aquel que acepta la muerte.- Ace estaba seguro de ello, chasqueando la lengua molesto. No era un buen dia para un ataque ¿Que diablos pasaba hoy? -Este dia esta maldito.- Dijo el segundo comandante entre dientes y para si mismo, causando que ella diera un respinguito y le mirara confusa. Indiferente a su desconcierto, el joven Ace se separo velozmente de la barandilla, dispuesto a cumplir con su cometido como buen hijo de Barba Blanca. -Avisare a los demas.-

Ella abrio la boca para replicar o decir algo, teniendo que callarse rapidamente al observar que el joven Ace ya se encontraba a una distancia considerable. Habiendo recorrido la cubierta a la velocidad de la luz, el segundo comandante desaparecio hacia el interior del navio pirata como alma que lleva el diablo, decidido a cumplir con su deber.

Lo unico que Circe pudo hacer fue rezar porque se le pasara la borrachera antes de la batalla.

(Fin del capitulo)

Hola!

Me ha costado! Como siempre, este capitulo iba a ser mas largo y pensaba dividirlo en dos partes... pero, al final, lo vi muy extenso y creo que sera suficiente con este.

Siento que, ultimamente, la historia quiza se ande haciendo demasiado plana, pero pronto llegara un momento cumbre, muuy pronto... Muajajaja

Ah! Por cierto, os advierto que el proximo capitulo sera el ultimo (O el siguiente, aun no se cuanto ocupara y eso) y luego hare un epilogo que, sin duda, ya si que sera el fin.

Siento la espera, ha sido horrible lo se, soy una desconsiderada! T-T Este ha sido un capitulo de conversaciones, verdad? espero que no os haya aburrido o molestado, pero queria exponer mucho de los personajes y sus relaciones entre ellos mediante el dialogo.

Ojala lo hayais disfrutado, soñado y todas esas cursilerias de las que me gusta hablar a veces (pero que son verdades y tan bonitas... *-*). Os quiero con locura, podeis estar seguras de ello.

Con amor amor amorrrrrrr gigante y ratonil junto con un besito de arandonos!

Maddy