El ambiente era tenso, cargante.
El aire, pesado.
Tenso, cargante, pesado.
El ambiente del dia que, aunque fresco, no habia sido del todo desagradable parecia haberse transformado con el atardecer en algo absorvente, viciado y tan frio como asfixiante. El aire, por su parte, se lleno de una humedad gelida que atravesaba los pulmones, vaporizada el agua entre el oxigeno como clara indicacion de que iba a llover aquella noche.
Habria tormenta, seguramente.
Como hechizados por semejante dia, cuya climatologia no hizo mas que aumentar los nervios e histerias acostumbradas, la marabunta pirata conformada por cada uno de los tripulantes a bordo del Moby Dick correteaba ruidosamente de un lado a otro, gritando improverbios y alcanzando las armas que tuvieran mas a mano para salir a cubierta y aniquilar al enemigo. Muchos de ellos ya se encontraban fuera, dandole a la gresca, sangrando y haciendo sangrar, luchando mas por el orgullo y la victoria que por la supervivencia pues, sabian claro, ser vencedores iba a ser tarea sencilla. Pasada la sorpresa inicial de recibir noticia como el de un ataque directo de la marina asi, de repente y sin esperarlo en absoluto, la tripulacion de rufianes y mujeronas curtidas se puso manos a la obra, no dejandose amedrentar bajo ninguna circunstancia. Rapido, algun tipo astuto o enterado explico un poco el motivo de semejante encuentro no deseado, percatandose los que no supieran nada que, en medio de mar tan inmenso como el Grand Line, habia mas de una base del ejercito naval cuyas coordenadas y posicion eran sabiamente ocultadas.
Era, en realidad, una cuestion simple.
Ellos no sabian nada y los marines, seguramente, tampoco supieran que iban a toparse precisamente con tripulacion como aquella. Sin embargo, debia ser por su propio orgullo de militares, de nobleza desesperada y honor que, aunque admirable, a veces se hacia incluso ciego y exagerado, que los soldados en cuestion no pudieron soportar el ver pasear pacifcamente un barco pirata cerca de sus dominios. Asi habia sido y, como era de esperar, el ataque primero provino de ellos y la contraofensiva fue rapidamente puesta en marcha, comenzando la batalla campal y cruenta de costumbre donde moriria mas de un soldado.
Entre bombardeos estruendosos seguidos del bamboleo violento del barco correspondiente, compañeros que gritaban furiosos y dispuestos a la guerra mientras corrian de un lado a otro en busca de buenas posiciones de ataque ya fuera en primera fila o en un lugar mas estrategico, el primer comandante atraveso como una centella el pasillo abarrotado y tan destartalado ahora.
Si alguno hubiera estado pendiente o atento a otras cosas que no fueran la batalla, seguramente se hubiera sorprendido enormemente, sobre todo teniendo en cuenta que Marco, aunque mas serio que nunca y con una actitud sombria como un juez impasible, recorria el navio en direccion contraria al resto de tripulantes.
Un nuevo estallido de polvora arramplo en el cielo, escuchandose su silbido tipico para, finalmente, estrellarse contra el barco pirata sin miramientos ni cuidado. El navio se bamboleo con fuerza y hubo un momento de total tension y susto, escuchandose gritos, golpes y sonidos de muebles y objetos rotos por todas partes. Como muchos de sus compañeros, incluso el propio Marco perdio el equilibrio irremediablemente y se estampo contra la pared de madera, consiguiendo mantener el equilibrio velozmente para, todavia siendo preso el barco de un fuerte vaiven, erguirse de nuevo y continuar su camino mediante grandes y seguras zancadas.
Acelero el ritmo con el corazon apretado dentro del pecho, la garganta seca por la tension y los ojos que apenas pestañeaban, mostrandose a pesar de todo tan gelido e impasible por fuera que hasta daba miedo. Corriendo, varios le esquivaron con dificultad en el ultimo momento mientras se dirigian hacia el exterior, no estando el primer comandante pendiente de cruzarse con nadie o algo similar, precisamente. Llego incluso a chocarse con algun tripulante y hermano, estando a punto Marco de tirarlo al suelo sin miramientos cuando ocurrio y él, en lugar de recapacitar, simplemente puso el hombro mas fuerte y continuo el camino.
No estaba como para atender a nada. A nada mas. Aun no podia asimilarlo del todo.
Tras recordar el motivo por el cual andaba de semejante manera y se dirigia hacia aquel lugar, Marco no pudo evitar volverse aun mas serio y tenso, recorriendo el pasillo plagado de gente y ruido mientras los gritos de guerra y sonidos de batalla se colaban desde el exterior al interior del navio.
Otro estallido de los cañones y un nuevo impacto directo.
Marco consiguio mantenerse en pie lo mas dignamente posible para, velozmente, recomponerse y continuar el camino. Alguien se callo a sus pies, creyo ver, pero le importo bastante poco, limitandose a esquivarlo o saltarlo como mejor pudiera y seguir andando.
Los pulmones y la cabeza estaban a punto de explotarle por someterlos a semejante ansiedad y tension, limitandose a ignorarlos para llegar a su destino, ya tan cercano, cuanto antes. La puerta buscada en medio del pasillo hizo que acelerara el ritmo de sus zancadas aun mas, llegando casi a echar a correr a contra corriente del resto de compañeros.
Finalmente, Marco alcanzo la habitacion buscada, llevando una mano tensa al picaporte rapidamente, girandolo, siempre correcto a pesar de todo e incluso en situacion como aquella, abriendo la puerta e internandose dentro del cuarto sin pensarlo dos veces.
Finalmente, cerro tras su espalda con cuidado y se obligo a relajarse.
Relajarse, pero no ablandarse.
Necesitaba estar sereno.
Los sonidos ahogados llegaron desde el pasillo con fuerza al igual que ocurrio con los de cubierta, apoyando Marco la espalda sobre la puerta ahora cerrada para tomarse un par de segundos de calma. El camarote espacioso se encontraba tan ordenado y acogedor como solo su propietaria podia ser, acostumbrandose rapido la vista del primer comandante al ambiente oscuro pero lo suficientemente iluminado como para reconocer las formas.
Las formas y las caras. Las caras tambien podia reconocerlas.
Finalmente, Marco se separo de la puerta y atraveso la habitacion, dirigiendose directo hacia la cama mas pequeña de las dos que ocupaban parte de uno de los laterales del cuarto.
En cuanto llego, se inclino un poco para toparse con que, como habia esperado, la joven esclava Dadou se encontraba cobijada bajo las mantas, dormitando todavia debil y palida tras su intento de suicidio hacia apenas unas horas antes. Gracias a Dios que Marco siempre terminaba por enterarse de todo cuanto acontecia en el navio pirata.
En cuanto se lo dijeron por casualidad, el primer comandante sufrio de un shock rapido y desconcertante. Siempre fue un hombre astuto y deductivo, una mente racional que extraia los datos necesarios y los enlazaba con otros correcta y coherentemente de manera incluso inconsciente, acudiendo a su cabeza la respuesta a tanto enigma doloroso y preocupante.
Entonces, justo en aquel instante en que le dieron la noticia desagradable de la desdichada esclava, el puzle empezo a tomar forma y las dudas que lo habian estado torturando durante un año entero comenzaron a responderse solas.
La pieza que le faltaba, aquella que parecia estar delante de sus narices y esconderse vilmente cada vez que Marco pretendia descubrirla, habia aparecido.
Y seguia alli, frente a sus narices, pero habiendose personificado en muchacha y habiendo dejado de esconderse.
Solo un poco mas. Un poco mas y todo cobraria sentido.
Marco, sin embargo, estaba casi seguro de que habia ocurrido. Ahora, si.
Pero necesitaba asegurarse.
Despertando de sus reflexiones, el primer comandante llevo una mano fuerte hasta el hombro de la joven durmiente, diciendose que debia encontrarse realmente mal si podia andar soñando con tanto ruido y movimiento. Por desgracia para ella, no era momento de compasiones ni buenas maneras porque Marco, ahora, sabia la utilidad de aquella pieza casi al completo.
Era imperdonable.
Sin miramientos, el primer comandante zarandeo a la joven Dadou mediante el agarre de su hombro, observando como ella gruñia entre dolorosa y molesta sin aun espabilarse del todo. Tratando de no perder la paciencia tan rapido, Marco volvio a llevar a cabo la misma accion, aumentando la fuerza e insistencia del movimiento para observar satisfecho que cumplia con el efecto deseado.
Los ojos de Dadou se abrieron confusamente, observando su alrededor primero como revision instintiva antes de caer sobre la figura seria del primer comandante.
Sorprendida y todavia adormilada, la muchacha permanecio en silencio un par de segundos, analizando sin sentido la expresion impasible y gelida del hombre que la habia despertado.
Entonces, un nuevo estallido se estrello contra el barco con menos eficacia que los anteriores, haciendolo moverse de manera notable a pesar de la falta de punteria.
Dadou dio un respingo tumbada sobre el colchon y acudieron a sus oidos los gritos de guerra y batalla mientras que Marco no se movia ni abria la boca todavia, comenzando a asustarse y ponerse nerviosa al caer, rapidamente, en la cuenta de que andaban siendo atacados o bien ya andaban inmersos en alguna batalla peligrosa.
Asustada, la joven esclava se revolvio sobre el colchon levemente dolorida y realmente nerviosa, buscando incorporarse.
-¿Que pasa?- Cuestiono aterrada, dedicando sobre el primer comandante una mirada de miedo y busqueda de proteccion instintiva, incluso, comenzando a tratar de sentarse sobre la cama para levantarse y esconderse en algun lugar.
Sin embargo, Marco no debia estar de acuerdo.
-Quedate donde estas.- Y, aunque no sono demasiado peligroso y ni siquiera elevo la voz, hubo algo en su tono y su expresion que hizo que la joven se quedara congelada durante unos segundos, tragando saliva pesadamente al comprobar que aquellos ojos oscuros parecian atravesarla sin compasion ni aprecio alguno.
Finalmente, Dadou supo por instinto de supervivencia que era mejor obedecer y olvidarse de la batalla por el momento, regresando a su posicion tumbada boca arriba sobre el colchon con los ojos asustados clavados sobre el primer comandante.
-¿Q-que pasa?- Volvio a cuestionar la joven de manera temblorosa y tensa, comprobando nerviosa y con incomprensibles ganas de llorar como Marco parecia tener que contenerse algo profundamente. En realidad, de una forma u otra Dadou sabia que estaba pasando.
Marco respiro hondo, no apartando a pesar de todo la mirada peligrosa, aquella de juez que todo lo sabe, clavada sobre la asustada y llorosa de ella.
-Cuentame... lo que paso.- Dijo finalmente el primer comandante, hablando aun mas gelido y monocorde de lo que era normalmente, bien cercano e intimidante sin apenas proponerselo junto a la cama ocupada.
Los ojos de Dadou se abrieron aun mas, teniendo la chiquilla que controlar a conciencia su respiracion para no sufrir un ataque de ansiedad.
-¿D-de que?- Pregunto ella con la mirada vidriosa y aterrada, desesperada incluso, descubriendose ella sola y dejandole saber, rapidamente, que efectivamente tenia un secreto demasiado peligroso y grande.
-Sabes de lo que te estoy hablando, muchacha.- Cortante y autoritario, que se notaba su ira a pesar de la mascara permanente de calma, Marco pronuncio aquellas palabras, comprobando que la ansiedad de ella aumentaba aun mas. -Dime que paso. Cuentame lo que paso y no te hare daño.- Y, mas que una peticion, fue una evidente amenaza o advertencia que no pudo adivinarse del todo bien, consiguiendo que Dadou se tensara nerviosamente, guardandose el miedo y la histeria como mejor pudiera.
-He... he intentado matarme.- Dijo como fuga y huida a la amenaza extraña del primer comandante, tragando saliva la muchacha con pesadez tumbada sobre la cama.
-Cierto... pero yo no hablo de matarte.- En lugar de un alivio, su voz serena y firme asi como la expresion gelida causo que un escalofrio de panico recorriera la espalda de la muchacha, observando con los ojos llorosos al primer comandante. Nunca le habia dado miedo. Nunca. Hasta ahora. -Hablo de que me cuentes lo que paso, lo que paso en realidad. Puedes hacerlo facil para los dos y, simplemente, dedicarte a abrir la boca y explicarmelo todo con todo lujo de detalles... - Dijo Marco, inclinandose un tanto mas sobre la cama para acentuar el peligro y la amenaza, tan tranquilo como solo él podia ser a pesar de todo. - ... o puedes hacerlo dificil, complicarlo mas y causarte situaciones desagradables que no queremos ninguno de los dos... Sin embargo, no estoy dispuesto a marcharme de esta habitacion sin las respuestas que busco. Conseguire mis respuestas, niña, y hare cuanto tenga que hacer para tenerlas ¿Entiendes?- Claro que Dadou lo entendia. No habia mas que ver su expresion de terror, como sus ojos empezaban a llorar sin que pudiera evitarlo a la vez que un sollozo malamente ahogado la recorria de pies a cabeza.
Finalmente, temblorosa, llorosa y asustada, Dadou asintio nerviosamente.
-Chica lista... ¿Sabes? Lo habeis hecho bien, muy bien.- Dijo el primer comandante con convencimiento, pareciendo que incluso se sentia impresionado por como habia sido manejada la situacion en cuestion.
-¿H-habeis?- La chiquilla se atrevio a abrir la boca para cuestionar de manera temblorosa y aterrada, consiguiendo con su pregunta que el otro elevara las cejas con curiosidad.
-Si, evidentemente. Tu no has podido hacerlo sola... Ademas, teniendo en cuenta tu reciente intento de suicidio en un dia tan significativo como hoy, estoy seguro de que tu no pretendias hacer algo semejante en un principio. Supongo que algo paso y, entonces, si decidiste hacerlo... - Marco se encogio de hombros, tan analitico y astuto como el mejor de los detectives. -Y creo saber que paso.- Esto lo dijo mas para si mismo que para ella, no esperando todavia la respuesta a aquella cuestion. Todo con orden y a su debido tiempo.
Como respuesta primera, la joven esclava Dadou volvio a sollozar de manera ahogada y nerviosa.
-Escuchame... lo habeis hecho bien, de verdad que si.- Marco asintio un par de veces serenas, llevandose las manos hacia los bolsillos con calma, pero aun cargado de aquella actitud peligrosa y amenazante. -Habeis engañado a todos, habeis conseguido que todo se olvide y se tenga como una desgracia accidental... Pero a mi no podeis manipularme de una manera tan burda, muchacha. Tarde o temprano, iba a descubrirlo. - Suspiro el primer comandante, pareciendo resignado como si toda aquella trama hubiera sido, en realidad, un juego sencillo de busca y captura. -De ti, puedo creerme que no lo supieras o imaginaras. Apenas sabes como soy... pero de la otra parte... - Y esta vez parecio herido en su amor propio, incluso, tragandose un nuevo suspirito fastidiado. -Crei que me conocian mejor en este barco.- Finalmente, Marco se resigno un tanto, chasqueando la lengua antes de seguir hablando. -En definitiva: el juego se ha terminado, el gato ha atrapado a las dos ratas y tu desesperado intento de suicidio ha sido la prueba total que me faltaba.- Llorosa y nerviosa, atrapada, la joven esclava lloriqueo otra vez, apresandose a las sabanas en busca de proteccion instintiva. -Y, ahora, quiero saberlo todo... y puedes decirmelo por las buenas, o por las malas, como te he explicado antes.- Seguro de si mismo, pareciendo realmente dispuesto a cuanto hiciera falta para sonsacarle la informacion deseada, el primer comandante se irguio chulesco sobre sus pies, observando fijamente las reacciones y lloros de la muchacha sobre el colchon. -Tu decides.-
Y, finalmente, Dadou trago saliva, buscando su voz de entre el miedo para poder hablar y confesar finalmente aquello que la estaba matando poco a poco.
Como chica lista, eligio la primera opcion.
(Cambio de escena)
Ya no era lo mismo.
Ace no sabia exactamente desde cuando ni porque, pero no era lo mismo.
Sumergido de lleno en plena batalla, el joven comandante dejo el mandato y las ordenes hacia su division para volverse uno mas, olvidando todos los rangos y liderazgos de costumbre y asi abandonarse a la guerra y la supervivencia feroz. Lo que habia empezado en la distancia y a base de cañonazos, termino con una especie de invasion pirata a la cubierta del buque marino, comenzando asi la verdadera batalla cruenta y cuerpo a cuerpo que solia ser el punto culminante de conflicto como aquel.
Sin embargo, no era lo mismo.
Para Ace, ya no era lo mismo.
Los gritos de dolor y el sonido de los golpes se le hicieron ensordecedores en lugar de la banda sonora tipica y acostumbrada, como si desgarraran el aire acuchillandolo angustiosamente. La sangre, excesiva y a menudo innecesaria, demasiado intensa y alarmante. El olor de la polvora le quemaba los pulmones y le traia recuerdos desagradables e imagenes de peleas a muerte sin mucho sentido. Y, aunque Ace trato de abandonarse, de dejarse llevar por aquel conocido y anhelado estado puramente instintivo y salvaje que lo poseia durante la guerra, este no acudio en su ayuda. Cada vez que creia haberlo logrado, que creia haber regresado a su punto mas primitivo y peligroso, cada vez que creia que podria llegar a disfrutar otra vez de una situacion sadica como aquella, habia algo que lo hacia despertar irremediablemente y volver a ser humano, a ser Ace el hombre en lugar de Portgas D. Ace, el peligroso pirata del mar.
En medio de la batalla y la locura, el joven pirata elevo la cabeza y se permitio unos temerarios segundos de evasion extraña, observando el ambiente oscuro de cielo nocturno y como cada uno de los humanos presentes parecian haberse transformado en una amalgama de gritos, peleas largas y asesinatos fugaces. Observo como apenas podia distinguir cuales eran sus hermanos y cuales sus enemigos, o las escasas diferencias apreciables entre la preocupacion y cuidado que tenia él mismo sobre sus subordinados y la proteccion semejante de cualquier oficial superior del bando contrario. El tiempo parecio detenerse de golpe, transcurriendo como a camara lenta, y Ace pudo ver con un sentimiento extraño la manera en que algunos luchaban a la desesperada por un honor que carecia de sentido en gran medida. Entre los gritos de guerra, los golpes y los aullidos de dolor, distinguieron sus oidos un sonido melancolido y bajo que causo que algo le doliera por dentro.
Era un llanto. Alguien estaba llorando.
En toda su joven vida, pero no por ello poco intensa, Ace nunca se habia parado a escuchar cosa semejante en medio de una batalla numerosa y violenta como aquella. Es mas, Ace dudaba de, si acaso, antes habia estado capacitado para oir sonido como aquel y reconocerlo. Sin embargo, ahora lo escuchaba perfectamente aunque tuviera que agudizar el oido para percibirlo bien, descubriendo que definitivamente los hombres tambien lloraban porque, en realidad, eran solo eso, hombres. Era el llanto de aquel que pierde a alguien importante. Ace lo conocia bien, ahora se lo sabia de memoria. Quiza un hermano, un hijo que comparte el trabajo militar con su padre o quiza al reves. O, a lo mejor, simplemente un amigo. Ace no conocia la situacion pero tampoco le importaba mucho aquel detalle, sabiendo que alguien habia perdido a alguien en medio de la guerra tan violenta y sanguinaria como estaba siendo ya a estas alturas de la noche.
Y, entonces, Ace se dio cuenta de que, en aquella situacion, en el momento de la perdida, ni unos eran piratas ni los otros marines. Supo que en el momento de la perdida todos eran hombres, nada mas. Supo, tambien, que él ya no podia ser otra cosa mas que eso, él mismo, y que la mascara del monstruo se le habia caido y la habia perdido por el camino. Que Ace era Ace, ahora del todo y al completo, y que el monstruo habia desaparecido.
Por eso no podia dejarse llevar por la guerra.
Se dijo que, le gustase o no, siempre disfrutaria de pelear porque era un chico orgulloso hasta un punto preocupante. Hay cosas que nunca cambian, ya se sabe. Disfrutaba de la lucha, de la victoria y de fortalecerse, de darlo todo hasta que no pudiera mas y ganar, o bien perder con honor y servir para que otro hermano conociera su valor. Disfrutaba de la competicion, lo hacia.
Pero no asi. No de esto.
Esto no era una pelea ni una competicion, ni siquiera una batalla. Era, simplemente, un sin sentido. Una locura. Nada mas que angustia y sangre porque si, por la sangre. Sangre sin motivo y angustia para nadie, sin ningun fin real. Angustia, angustia por todas partes. Podia verla en cada mirada, en cada rostro y expresion incluso de aquellos que ganaban y, engañados por el mismo animal que poseyo tambien a Ace en sus guerras anteriores similares, creian haber conseguido algo bueno y sentirse bien. Cada rostro, cada cara era diferente y le decia que cada uno tenia una personalidad propia ¿Como se llamaria aquel de la lejania, ese que blandia el hacha y mostraba un rostro desesperado y preocupado por los suyos? ¿Y aquel de la izquierda, el del fondo, ese con cara de granjero bonachon que se notaba completamente fuera de lugar? ¿Como se llamarian? ¿Como serian? ¿Y sus amigos, sus familias? ¿Tendrian familia, serian queridos o repudiados? ¿Habria amantes esperando su llegada o pequeños deseosos de lanzarse a los brazos de sus padres de nuevo?
¿Como se llamarian? ¿Como serian?
En medio de tanta locura y angustia, alguien cayo al suelo cerca entre los gritos, las muertes y los golpes, causando que el joven Ace diera un respingo y despertara. Entonces, el tiempo volvio a su velocidad habitual y el segundo comandante supo que no era momento de continuar evasivo y hacerse preguntas, decidiendo que, aunque ya no fuera un monstruo, al menos sobreviviria y cuidaria de su gente con todo su esfuerzo para no llorar como aquel pobre desgraciado que se oyo en la lejania. Alguien trato de cogerlo desprevenido y apuñalarle por la espalda o algo parecido, causando que Ace reaccionara a la velocidad de la luz, esquivara el ataque y propinara un puñetazo potente sobre el rostro de aquel desdichado. Al hacer notar su presencia de nuevo, para Ace la batalla volvio a empezar, internandose en la pelea de lleno y asi romper mandibulas, quemar cuanto fuera necesario y patear todos los estomagos enemigos.
La nocion del tiempo y el espacio desaparecio para él porque no tenia tiempo ni espacio de pensar en ellos, observando de reojo y con toda su atencion posible que sus hermanos mas cercanos se encontraran bien y vivos. Alguien le propino un golpe fuerte sobre la cabeza que a punto estuvo de hacerle perder el sentido, reconociendo Ace facilmente la sensacion del kairouseki asi como el recapacitar malamente que, si no fuera por aquel material, no le habrian podido herir. A punto estuvo de desvanecerse pero, como chico fuerte y entrenado, rapido se recompuso, apoyando las manos grandes sobre el suelo mientras sentia la sangre calida y propia cayendo hacia su frente junto con la nuca palpitando dolorosamente. Por venganza y supervivencia, antes de que a su atacante le diera tiempo de reaccionar, Ace aprovecho su posicion sobre el suelo para lanzar una buena patada a la espinilla de su agresor, haciendole caer de bruces casi a la misma vez que él se levantaba como una centella. Escucho el sonido del metal rodando sobre la madera de cubierta y supo que, seguramente, habria perdido el arma peligrosa con el golpe, encarando velozmente a aquel marine que habia logrado herirle con urgencia por si podria tener mas objetos del mismo material desagradable. Mediante rapidas zancadas, Ace se acerco a aquel marine tirado sobre el suelo todavia, corriendo hasta él antes de que se le ocurriera levantarse.
Un muchacho flaco y herido, rasguñado por la batalla, le miro con panico incluso, agitandose su respiracion velozmente en cuanto contemplo desde el suelo como el mismisimo Portgas D. Ace se detenia en pie junto a él.
No debia tener mas de quince años, se dijo el joven comandante, observando hasta incredulo como aquel muchacho, aquel niño disfrazado de soldado, trataba de aceptar la muerte con todo el valor que su corazoncillo sin curtir todavia le permitiera. Le observo en silencio total, quieto como una estatua, y lo vio asustado ante la idea de abandonar la vida, perdido en realidad entre tanta muerte y tembloroso, incluso, luchando el chiquillo por ser digno y no llorar o bien cubrirse la cabeza con las manos, seguramente suaves todavia, aunque parecia morirse de ganas por hacerlo.
Y, aunque el niño se notaba convencido de que Ace iba a matarlo, aunque el niño parecia tratar de hacerse a la idea de la muerte sin poder conseguirlo el pobre, el joven pirata no pudo moverse.
No tenia mas de quince años, eso seguro. ¿A que diablos estaban jugando?
Las manos de Ace se relajaron irremediablemente, su respiracion se calmo y, definitivamente, no podia moverse. Ni siquiera sentia rencor por la herida sangrante y reciente de su cabeza. Solo era un niño.
-Vete.- Le dijo con un movimiento de cabeza y la voz seria, comprobando como el muchachito abria los ojos como platos, convencido y tembloroso sobre el suelo de que sus oidos le engañaban. -Vamos, largate.- Ace elevo la voz con mas indicacion y autoridad, indignado e incredulo por dentro, desconcertado de tanto cambio drastico sobre su propia persona, observando al pobre chicuelo que aun lo miraba estupefacto desde el suelo. Sin embargo, al muchachito no le hizo falta mas tiempo ni palabras, dando un respingo nervioso para arrastrarse un tanto y ponerse mala y finalmente en pie. Cojeando por el golpe asi como dolorido por las otras heridas, el niño disfrazado de soldado se dio a la fuga torpe bajo la atenta mirada de Ace.
Y, por el camino, no pudo evitar girarse un segundo para contemplar al otro, al pirata, al joven Ace, regresando rapidamente su atencion al frente para desaparecer entre la batalla hacia algun lugar seguro.
Ya habia demasiada angustia como para causar mas, se dijo Ace.
Su madre se alegraria de verlo regresar con vida y entero.
-¡Pero ¿Que diablos haces?- Una voz femenina, ronca y audaz sono a su espalda, logrando que el joven pirata se girara para atenderla velozmente. La hermosa y salvaje Circe parecia mas peligrosa que nunca, jadeando por el esfuerzo y el deporte extremo con el cabello oscuro revuelto como una leona, la piel rasguñada y la ropa tan sucia como rasgada. Su rostro bonito y arabigo le mostro una expresion entre culpabilizadora e incredula, no pudiendo evitar la mujer el detenerse en seco en cuanto contemplo la extraña escena compasiva que Ace, precisamente Ace, habia llevado a cabo. Por su parte, el segundo comandante permanecio en silencio, tranquilo, limitandose a observarla serenamente. -¡¿Que te pasa?- Ella no entendia nada en absoluto, gritandole entre extrañada y molesta por la actitud desconocida de su superior y amigo. -¡Te quedas ahi parado como un pasmarote y luego dejas marchar a uno!- Le espeto Circe, comenzando a acercarse a él algo menos frustrada que al principio, pareciendo que estaba recomponiendose de la escena un tanto.
-Solo era un niño.- Contesto Ace con evidencia y despreocupacion, encogiendose de hombros mientras ella, finalmente, se colocaba junto a él en mitad de la batalla. Ciertamente Circe, en semejante situacion, con semejante aspecto y en semejante escenario, era una vision fascinante y envolvente.
Como si adivinara sus pensamientos todavia algo molesta, Circe suspiro larga y sonoramente.
-Y ese niño, si pudiera, te mataria. Es un marine.- La hermosa y salvaje morena se llevo las manos a las caderas un momento, regresando rapidamente al estado de alerta en cuanto escucho y observo que el conflicto se desataba de nuevo, estallando en otra ola peligrosa de violencia.
-Es un niño.- Y es que Ace tenia la ultima palabra esta vez, finalizando la conversacion corta con aquella pequeña frase para, al igual que ella, regresar toda su atencion a la guerra.
Un pequeño grupo de marines con aspecto derrotado, que la batalla se estaba terminando con muy mala fortuna para ellos, les observaba cercanamente, deteniendose primero a una distancia prudencial para recapacitar y armarse de valor antes de lanzarse al ataque. Tanto Circe como Ace se prepararon para recibirlos, sabiendo el segundo comandante que seria una tarea sencilla y que, teniendo a alguien como ella cerca, la situacion se le haria mas llevadera y fascinante.
Ella solto una carcajada seca de guerrera hacia aquel grupo de soldados llenos de determinacion y Ace no pudo evitar clavar su mirada sobre Circe un momento. Consciente de todo actualmente, con los sentidos y el instinto a flor de piel, la preciosa Circe le dedico unos ojos fieros y salvajes, felinos, depredadores, tensandose la mujer notablemente con la anticipacion de la sangre y la pelea.
Aunque para Ace no fuera lo mismo, seguramente para ella si lo fuera e, igualmente, le resultaba completamente absorvente.
Era fascinante.
Como una amazona recien salida de los mitos de Heracles, Circe se preparo sonriendo maliciosa, clavando los ojos arabigos sobre aquellos desdichados que se atreverian a cruzar armas con ella. Era una leona, o una pantera hambrienta que se desliza en mitad de la noche. Una guerrera digna de los poemas cantados a los heroes. El peligro hecho mujer. El instinto personificado.
Fascinante. Simplemente, era fascinante.
Y, de repente, en medio de su fascinacion y vispera de lucha, los oidos de Ace le avisaron de algo otra vez. Le costo un poco porque era un susurro bajo, algo parecido a un siseo reptiloide, causando que la atencion del segundo comandante comenzara a abandonar a regañadientes a la mujer que tenia junto a él.
-¡¿Estas listo, comandante?- Dijo ella divertida y con la respiracion agitada por la expectacion, dispuesta a lanzarse cuanto antes. Sin embargo, Ace no dijo nada, aun tratando de reconocer el extraño sonido que comenzaba a desconcertarlo.
Parecia un siseo reptiloide, si pero, evidentemente, Ace sabia que no habria serpientes ni nada similar por alli, recapacitando rapido que tenia que ser otra cosa. El susurro extraño continuo de manera regular durante unos segundos mas. Cerca, estaba cerca porque, si no, Ace no lo pudiera haber oido, se dijo, agudizando la oreja aun mas al notar que algo le decia que conocia en realidad ese sonido a la perfeccion.
Claro que lo conocia.
No sabiendo aun reaccionar, el segundo comandante abrio los ojos un tanto, elevandose sobre sus pies cuanto pudo para comprobar que sus temores y nuevo descubrimiento peligroso eran reales.
Barriles y bolsas de tela situados a muy escasa distancia, apoyados junto a la barandilla del navio. Barriles y bolsas de tela cargados de una sustancia que Ace y todo marinero pirata que se precie conoce. El susurro, como habia imaginado con desgracia, se trataba del fuego comenzando a consumir parte de la tela y, pronto, haria lo mismo con el contenido.
Tenia que evitarlo a toda costa. No podia ocurrir semejante cosa tan cerca.
Pero Ace no tuvo tiempo de dar un paso cuando, desgraciadamente y traicionados por la diosa fortuna, alguien dejo caer o cayo junto con su arma, disparandose la pistola en cuanto se dio contra el suelo.
Un disparo, un impacto en uno de los barriles seguido del estruendo fueron suficientes.
Haciendo gala de sus buenos reflejos, Ace se echo de pronto sobre Circe, tirandola encima de cubierta para ponerse sobre ella y protegerla con su cuerpo mas grande, que no sufriria daños.
El cargamento de polvora exploto con violencia y estallido, con un ruido ensordecedor que casi le revienta los timpanos, teniendo el segundo comadante que apretarla fuerte y hacer su mayor esfuerzo para no salir ambos despedidos hacia cualquier lugar. Observo malamente desde su posicion como varios de los hombres mas cercanos, piratas y marines mezclados, no corrian la misma suerte y volaban por el impacto, estampandose por doquier y gritando de dolor sorpresivo. Algunos rodaron sobre el suelo, con las ropas prendidas en un fuego que habia cubierto de pronto con la explosion gran parte de la cubierta del buque, sabiendo Ace por experiencia que no tardaria mucho en acabar con todo el maldito navio. El fuego lo consume todo. Ace lo sabia mejor que nadie.
Escucho a Circe quejarse dolorida bajo su cuerpo, causando que el segundo comandante rapidamente se apartara de sobre ella y se levantara, analizando preocupado en exceso los daños que semejante incidente habia podido causar sobre sus hermanos. Vio varios en el suelo, tendidos y quejumbrosos, algunos con quemaduras graves y dolorosas, no pudiendo contener una expresion de daño total. Sin embargo, parecian vivos y que saldrian de esta.
-¡¿Estas bien?- Le cuestiono rapidamente a una Circe que aun permanecia sobre el suelo, viendo Ace con urgencia que, como habia predicho, el fuego comenzaba a extenderse peligrosamente. La batalla se volvio pura desesperacion y panico, corriendo todos de un lado a otro para comenzar a olvidarse de matar y pensar simplemente en salir del barco cuanto antes. Habia que largarse.
-S-si... - Contesto ella no demasiado segura todavia, viendo como Ace le tendia una mano sin necesidad de que se lo pidiera. Circe acepto sin dudarlo, dejandose ayudar para incorporarse algo atolondrada todavia por el impacto. -Creo que si. Si, estoy bien.- Dijo por fin, asintiendo segura a pesar de que su cabeza se quejaba por el retumbar anterior que habia sufrido.
-Tenemos que irnos de aqui... - Ace chasqueo la lengua con total dolor, contemplando algo mas tranquilo como varios de sus hermanos y compañeros se llevaban velozmente a los mas heridos, bien a hombros o bien a rastras, pero los pondrian a salvo. -Y tenemos que irnos ya.- Dijo el segundo comandante, sabiendo que la guerra ya habia terminado.
-Tu no puedes quemarte, querido comandante.- Circe, a pesar de todo, siempre bromearia en situaciones como aquella, totalmente metida en su ambiente y acostumbrada a ello.
-Me preocupo por vosotros.- Dijo Ace algo divertido, tambien, todavia observando urgente a pesar de todo el camino mas seguro para regresar al Moby Dick, quieto junto al buque marino. -Ademas, si se hunde el barco en el mar, yo me ire detras como una jodida piedra.- Y es que Ace, por muy inmune al fuego que fuera, no lo era al agua del mar y, si el barco quedaba reducido a cenizas, no habria superficie donde apoyarse para él.
Como respuesta, Circe solto una nueva carcajada ronca y jocosa que sono a rugido de leona, causando que el joven comandante no pudiera hacer mas que sonreir levemente divertido.
Finalmente, una vez satisfecho y sabiendo cual era su deber como buen comandante, el joven pirata sereno el rostro lo mas que pudo, comenzando a girarse sobre sus pies con claras intenciones de largarse de aquel buque cada vez mas preso de las llamas.
¡Ace!
Durante un instante, el joven comandante se detuvo en seco, habiendole parecido de pronto que alguien le llamaba entre los gritos de panico y dolor, los golpes y las carreras y demas vociferaciones histericas propias de momento extremo como aquel. Una vez recapacito que debian haber sido imaginaciones suyas, el joven Ace continuo con sus intenciones, dispuesto a echar a correr seguido por Circe cuanto antes.
¡Ace!
Pero volvio a escucharlo, de verdad que juraba volver a escuchar su nombre entre el ruido ensordecedor y peligroso, comenzando a pensar si acaso estaria volviendose loco finalmente. Nadie solia decir su nombre de pila a gritos durante la batalla. Definitivamente, debia haberse vuelto loco o bien algun otro marine desconocido poseia el mismo nombre, cosa dudosa pero no imposible.
Sacudiendo la cabeza, Ace trato de largarse de nuevo.
-¡Portgas!- Esta vez, la palabra indicada asi como la voz sono mas clara y cercana que al principio, haciendole dar un respingo sorpresivo en cuanto razono que quien le llamara se notaba urgente y cansado. Solo una persona podia mencionar su apellido de semejante manera durante la batalla.
Rapido como una centella, el joven Ace regreso a su posicion anterior, girandose de nuevo para buscar con mirada rapida al conocido culpable de aquel llamado indicador. Recapacitando por primera vez que no le habia visto durante toda la guerra, cosa de lo mas extraña, el segundo comandante ajusto la mirada a traves del humo y el polvo, encontrando finalmente a la persona que estaba buscando.
Un jadeante y urgente Marco recorria la cubierta del barco sin descanso, esquivando cuerpos, bartulos asi como enemigos en pie, incluso, sin pararse ni un segundo a plantar cara o bien a admirar la escena terrible de llamas y sangre.
-¡Marco!- Exclamo Ace con una sonrisa agradada, que la aparicion del primer comandante en momento como aquel siempre seria bienvenida, observando tranquilo al saber de sus impresionantes habilidades como el otro corria sin descanso y malamente con tanto obstaculo hacia él.
-¡Ace! ¡Ya se... - Pero tuvo que callar un momento su voz jadeante y hasta nerviosa, a punto de tropezarse con algun trasto destrozado que antes debio ser un objeto grande de madera. -¡Ya se lo que paso!- Exclamo por fin el primer comandante, saltando finalmente aquel grupo de astillas y tablas destrozadas para continuar corriendo hacia él. Pero Ace, por desgracia, no pudo oirle con tanto jaleo.
-¡¿Que?- Grito el joven Ace lo mas alto que pudo, observando como Marco aceleraba el ritmo y trataba de llegar a su lado cuanto antes. Verlo urgente, nervioso y jadeante, causo que Ace se desconcertara. Era extraño que Marco perdiera la calma, aunque solo fuera un minimo.
-¡Que ya se lo que paso!- Marco elevo la voz aun mas y, esta vez, el joven Ace pudo escucharlo por encontrarse mas cerca, estando todavia el primero corriendo en su busca a la vez que esquivaba obstaculos y noqueaba a alguno que se cruzaba descaradamente en su camino. -¡Se lo que paso!-
-¡¿Lo que paso?- Ace no entendia nada ni a que venian aquellas palabras, mostrandose del todo desconcertado ante semejante afirmacion. Sin embargo, debia ser importante, se dijo, razonando que debia haber un gran motivo para que el mismisimo Marco se encontrara asi.
-¡Si! ¡Se lo que paso! ¡Yo... - Y, entonces, Circe se asomo curiosa tras el lateral de Ace, mostrandose a los ojos de Marco por primera vez aquel dia. El primer comandante dio un pequeño traspies otra vez, elevando las cejas con sorpresa total y desagradable para detener la carrera frenetica un segundo. Jadeo con la respiracion agitada, analizando de pies a cabeza a aquella mujer como si se tratara de una vision infernal y repentina, teniendo que recomponerse a conciencia del encontronazo inesperado. -¡Tu!- De pronto, Marco exclamo aquello con rencor, con un odio visceral, transformando su expresion estupefacta por otra totalmente furiosa y terrorifica. Llego incluso a señalarla firme y rapidamente, causando que tanto Ace como Circe se notaran increiblemente confusos.
Como una centella, Marco continuo su camino, acelerando el paso aun mas con todo su nerviosismo e ira repentina.
Y Ace abrio la boca dispuesto a cuestionar que diablos estaba ocurriendo aquel dia y en momento como aquel, entre la muerte, el fuego y el odio.
Todo ocurrio muy deprisa.
Demasiado deprisa como para que nadie pudiera acertar a impedirlo.
El sonido de unos pasos al lado contrario por el que venia Marco seguido del sonido del filo del cuchillo clavandose en la carne. Un quejido ahogado de daño. Un atacante que aprovecha el momento de distraccion para actuar y, despues, largarse a la fuga veloz como una serpiente depredadora.
Ace giro la cabeza hacia su costado, abriendo los ojos de par en par en cuanto observo escena semejante.
Encogida sobre si misma, Circe se apretaba de repente el vientre con ambas manos, dejando escapar de sus labios un nuevo gruñido de dolor en cuanto sus dedos tocaron alguna zona sensible. Temblorosa de repente, la hermosa mujer separo una de sus palmas, observandola confusa por lo repentino de la gravedad y el ataque.
Su mano estaba llena de sangre. Llena de su sangre.
Circe volvio a apretarse el vientre con ambas manos, mordiendose el labio inferior con angustia para elevar la cabeza malamente y mirar al joven Ace, que aun no podia creer la escena que estaba contemplando tan de cerca.
Sus ojos arabigos y almendrados se clavaron sobre los suyos de una manera intensa, perdida, desesperada por encontrarle.
Pero, a la vez, resignada, como si hubiera sabido que ocurriria.
Las piernas de Circe fallaron irremediablemente, desvaneciendose la morena bonita y herida sin que la pobre pudiera hacer nada para evitarlo. Ace, finalmente, reacciono.
Y Circe se dejo caer sangrante sobre sus brazos.
(Cambio de escena)
La habian herido.
Habian herido a Circe gravemente, demasiado gravemente, justo frente a las narices de Ace y él no habia hecho nada. Una vez mas y el mismo dia, Ace no habia podido hacer nada por impedirlo.
Cuando creia haberse superado, haber cambiado y transformado en alguien util, en un ser importante para los suyos, en un Ace mejorado y bueno, benigno, resultaba que seguia siendo el mismo inutil.
Que seguia siendo nada o, en caso de ser algo, era algo dañino e impotente. Algo inutil o nada.
El dia estaba maldito, sin duda alguna. Los dioses, si existian, debian odiar a Ace eterna y enormemente.
Decidiendo que aun no era momento de sumergirse en la autocompasion dolorosa y la tortura interna, Ace pateo la puerta de madera para abrirla como mejor pudiera, preso de un total nerviosismo y panico asi como furioso con el mundo, con el marine anonimo que la habia apuñalado, con los dioses si existian y consigo mismo. Con un estruendo violento y aun rodeados por el ambiente histerico del final de la guerra, la puerta de la enfermeria se abrio fuertemente gracias a su patada, entrando el joven Ace con una Circe sangrante y debil entre los brazos.
La habia hecho un torniquete precario con alguna tela gruesa que encontro por ahi, sabiendo que la tecnica funcionaria como emergencia pero que no seria suficiente pasados unos minutos. Encima, para desgracia de Ace, la sala medica pequeña y desordenada estaba completamente vacia. Sabia que era algo normal y razonable, se dijo Ace, sobre todo teniendo en cuenta que las enfermeras no sabian luchar y que debian andar escondidas por ahi si no estaban atendiendo a los heridos en pleno campo de batalla junto con el doctor.
Sin embargo, en aquel instante Ace maldijo por dentro cuanto sabia, tratando de no mostrar su desesperacion frente a una Circe gravemente herida. No queria minar su confianza y causarle mas miedo del que debia tener.
Mediante grandes zancadas, el joven comandante atraveso la estancia, dirigiendose directo hacia la cama mas cercana que encontro de las pocas que habia mientras que ella, herida y dolorosa, se quejo por el movimiento minimo y se encogio un tanto sobre si misma. En cuanto se posiciono junto al mueble de descanso, Ace la dejo rapido pero cuidadoso sobre el colchon, no preocupandose todavia por cubrirla con las mantas o hacerla sentir comoda. El que recibiera atencion medica era urgente, sabia Ace, que una cuchillada profunda como aquella no podia dejarse curar por la suerte y la naturaleza. Estaba sangrando demasiado y el torniquete, dentro de pocos minutos, seria totalmente inutil.
Posicionada sobre el colchon, Circe ahogo un quejido de dolor como la leona orgullosa que era hasta en semejante condicion grave, retorciendose un momento para apretarse el vientre herido y recomponerse despues precariamente.
-Tranquila.- Le dijo Ace con un tono nervioso pero que trato de mostrarse calmado sin lograrlo, acogiendo la mano elegante de Circe entre las suyas con suavidad. -Saldras de esta. Todo ira bien.- Y es que tenia que ser asi o Ace acabaria suicidandose, diciendose que estaba maldito y contagiaba a aquellos que queria y nada malo habian hecho.
Circe, por su parte, se limito a toser dificultosa y preocupantemente, tratando de calmar la respiracion despues con mirada vidriosa para sonreirle ligeramente.
-¿Ves? Todo ira bien.- Ace correspondio su expresion amable y dolorosa con otra que intento ser parecida, propinando un apretoncito cariñoso a su mano temblorosa para soltarla enseguida, dispuesto a marcharse en busca del medico o alguien con conocimientos suficientes.
-Q-quiero... - Con una voz quebrada y que temblaba, debil y dolorosa, Circe hablo por fin, luchando con todas sus fuerzas por mostrarse digna y valiente a pesar de todo. -Quiero... hablar... hablar contigo.- Esto no podia estar pasando. Parecia una maldita y horrible repeticion.
-Luego.- Y Ace, entre los nervios y que no podia asimilarlo todo de golpe y de repente, que era demasiado traumatico ver de nuevo la sangre de una mujer querida empapando las sabanas poco a poco, trato de volverse ciego y sordo, teniendo evidentes ganas de largarse a la carrera y traer al doctor para que la situacion se solucionara. -Voy a buscar al doctor.- Pero, rapida como el viento y haciendo su mayor esfuerzo, Circe le apreso la muñeca.
-¡No!- Exclamo con un mal grito, tosiendo despues con queja debido a la falta de aire y el dolor de la herida profunda. -Ahora... a-hora... - Sus ojos arabigos y vidriosos, aquella mirada antes tan orgullosa y peligrosa, se mostro acobardada y suplicante, rogandole desesperada por que cediera y le concediera lo que pedia. -N-necesito... necesito hablar contigo... ahora.- Jadeante, Circe pronuncio aquello temblorosa pero llena de determinacion, causando que el joven Ace no pudiera hacer mas que abandonar sus intenciones y obedecer. Tragando saliva con dificultad y luchando por parecer tranquilo y no tan aterrado como estaba en realidad, el segundo comandante asintio, arrodillandose junto a la cama para volver a apresar su mano temblorosa entre las suyas.
-Esta bien... - Contesto el joven Ace, no pudiendo evitar el llevarse sus dedos elegantes hacia el rostro para besarlos fugazmente.
-¿A-a que... a que v-viene... esa cara?- E incluso burlandose de él, como siempre, Circe sonrio, analizando la mirada de un Ace que trataba de mostrarse impasible y duro a sus ojos. Le conocia demasiado.
Y, entonces, Ace estuvo a punto de quebrarse otra vez.
Pero solo a punto.
Cerrando los ojos con fuerza para no llorar por puro instinto, el joven pirata se mordio el labio inferior para contenerse, bajando la cabeza un segundo antes de contestar.
-Es culpa mia.- Le dijo tan culpable y dolido como el peor de los condenados, apretando su mano un tanto con total daño y trauma. Sollozo bajo un momento sin poder evitarlo, conteniendo el llanto ante la idea de otra nueva desgracia rodeando a sus seres mas queridos y cercanos.
-No... no... sshh... - Pero ella no debia estar de acuerdo ni contenta con reaccion como aquella, dejando salir su extraño y selecto instinto maternal. Con la mano libre, busco el rostro cargado de dolor de un Ace a su lado, acogiendo con sus dedos elegantes y bonitos la mejilla pecosa del segundo comandante. -No... no es... no es culpa... culpa tuya... - Ace volvio a tragar saliva con fuerza, aun incapaz de mirar a Circe a los ojos. -Eh... - Ella acogio su menton sin fuerza pero con gran indicacion, causando que el joven pirata no tuviera mas remedio que obedecer otra vez. Elevando el rostro, Ace finalmente la miro, la miro y vio tantas cosas que, una vez mas, no supo indentificar, sabiendo que los ojos de Circe siempre serian los mas inexplicables del mundo. Las miradas hablan pero, algunas, son de significado dificil o expertas en disfrazarse. -No es... no es culpa t-tuya... ¿De acuerdo?- Como una madre que trata de consolar a un hijo lloroso, la herida y debil morena aguanto un quejido de dolor, continuando todo lo firme y tranquila que pudiera.
Y Ace, el pobre, no pudo hacer otra cosa mas que asentir.
Levemente satisfecha, la mano libre de Circe abandono su cara, estando aun presa la otra entre los dedos del joven Ace.
-N-no es culpa tuya... - Repitio ella, sonriendo ligera e incluso amargamente. -Es... es... es culpa mia... - Y parecio convencida de ello, dedicando una miradita perdida y extraña al techo, como si pudiera divisar lo que habia mas alla del navio, las nubes y el cielo mismo. -Es... es culpa mia... - Ace volvio a apretar su mano bonita, buscando su atencion y logrando malamente que Circe abandonara aquel estado pensante de evasion herida. Estaba debil, dañada, perdiendo sangre y, a la vez, como resignada a su suerte. Habia estado perdida y se habia encontrado.
-¿Tuya?- Ace solto hasta una carcajadita, queriendo dejarle en claro que aquello que habia dicho era una autentica sandez.
-Si.- Pero ella se notaba increiblemente segura, teniendo que apretar los dientes despues de aquella afirmacion en cuanto el dolor la sobrecogio. Retorciendose un instante sobre la cama, la preciosa pero sangrante y grave Circe consiguio dejarse caer en el colchon, jadeando agotada por el esfuerzo y el dolor. -E-es culpa mia... Los... los dioses me... me estan castigando. Y-yo me he... me he buscado... su... su maldicion... - Y la mirada de Circe volvio a clavarse sobre el techo de aquella manera mistica y extraña, pareciendo que hablaba con alguien en su mente con derrotismo.
-No digas tonterias.- Contesto Ace, no entendiendo como ella podia pensar cosa semejante. No tenia ningun sentido. -¿Que has hecho tu para que nadie quiera maldecirte, eh? No eres tan mala como te gustaria.- Incluso divertido, burlandose de ella benignamente como solian hacer, el joven Ace sonrio tragandose su propia pena y preocupacion, aun urgente e inquieto por la ausencia del medico y sus enfermeras.
Como respuesta, Circe dejo escapar una carcajada seca y ronca que sonaba, basicamente, a total escepticismo.
-Oh... Ace... pobre... pobre Ace.- Contesto ella con su voz entrecortada, pareciendo que de pronto se mostraba tan culpable como compasiva al observarle de cerca. -E-es un c-castigo que merezco... e-es justo... justo de e-esta manera... en este lugar... y... y en este dia... - Pero Ace la interrumpio velozmente.
-Calla. Ya basta... Deja de decir sandeces y dedicate a descansar.- Trato de hacerla recapacitar y que lo dejara salir en busqueda desesperada del doctor, no dispuesto a escuchar como ella se heria emocionalmente a si misma sin sentido alguno.
Sin embargo, ella nego con la cabeza, tratando de incorporarse sentada sobre la cama sin lograrlo.
-Escuchame.- Le dijo con todo su nerviosismo y necesidad, logrando que Ace no pudiera hacer mas que ceder una vez mas y dedicarse a permanecer en silencio. Parecia necesitarlo de verdad, que para ella era de importancia mayor y que precisaba de hablar. Asi que Ace, como buen amante y amigo, se quedo donde estaba, arrodillado junto a su cama y apresando su mano bonita y caliente. -T-te quiero... siempre te he... te he querido... - Confeso, y sus ojos almendrados comenzaron a volverse vidriosos y terriblemente sinceros. Ace abrio la boca para decir algo pero, por suerte o desgracia, ella se le adelanto lo mejor que pudo, recogiendo aire hondamente y con dificultad para no asfixiarse durante la charla. -Demasiado... te quiero... d-demasiado... desde siempre... -
-Lo se.- Contesto Ace con un susurro cargado de dolor y culpa, llevandose su mano elegante hacia la mejilla.
-No... no lo sabes... n-no sabes... de... de lo que soy capaz... - Circe se estremecio de dolor una vez mas, recomponiendose lo mas rapido que pudo con intenciones de continuar. Ahora, no pensaba echarse atras. -D-de lo que... lo que he sido capaz... - Y es que para Ace era insufrible verla de aquella manera y hablar de si misma de semejante forma, no pudiendo contener el abrir la boca.
-Circe... - La regaño, incluso, causando que Circe se limitara a sonreir amarga de manera fugaz y continuar.
-C-cuando ella... cuando ella llego... - La bonita morena cerro los ojos un momento, comenzando a caer presa de un llanto silencioso que no pudo aguantar mas. -Cuando ella llego y... y la vi... y-y te vi a ti... a ti c-con a-aquellos ojos... mirandola con aquellos ojos... a ella... acababa de llegar y... y la mirabas con aquellos ojos... - Ace apreto la mano de Circe con cariño, sabiendo de lo doloroso que es para alguien contemplar al ser amado profesando sentimientos por otra persona. Pobre Circe. Era una muy buena mujer, en realidad, se dijo Ace. -La odie... la odie tanto... tanto que... que h-hasta me dolia.- Circe lloro silenciosa, pero lloro. Ace la vio llorar en persona por primera vez. Circe tambien lloraba. -M-me deje llevar... soy asi... m-me deje llevar y... y d-durante aquel... aquel viaje que hicimos tras el Olonés... ¿Lo recuerdas?- Cuestiono Circe de repente, observando a un Ace desconcertado y dolido con duda. Como respuesta, el segundo comandante asintio, no entendiendo a que venia ahora aquel viaje pero decidiendo dejarla seguir porque era, definitivamente, algo importante para ella. -D-durante aquel... aquel viaje... cuidandome de... de que n-no te dieras cuenta... compre a Dadou y-y la... la envie a este barco... c-con la excusa de que... de que era un re-regalo para Joan-Marie... - Comenzando a perderse y entendiendo cada vez menos, Ace se quedo estatico y serio en su posicion, tratando de analizar y encontrar sentido a las palabras de Circe. -E-ella... Dadou t-tampoco c-conocia... tampoco conocia mis intenciones... - Dijo Circe, queriendo salvar a la muchacha esclava de la situacion. -L-la compre y-y la e-envie a este barco... p-para t-tener a a-alguien que... que se e-enterara de... de cuanto o-ocurria e-entre vosotros dos... E-era mia, en realidad... a-asi que... su obligacion... su obligacion era c-contarmelo todo... - Ace comenzo a asustarse, incluso. Comenzo a asustarse, a tensarse no sabia exactamente porque motivo todavia, oliendo en el ambiente y en sus ojos almendrados que habia algo mas terrible que todo eso. Habia algo en sus pupilas arabigas que nunca hablaban claro y, sin embargo, ahora parecian contarlo todo mejor que nunca. -C-compre a Dadou sin... sin que te dieras cuenta... Compre a Dadou y... y tambien compre... compre ricina... Me deje ll-llevar... - Ace trago saliva, apresando demasiado fuerte la mano de Circe sin darse ni cuenta, atento irremediablemente a cada palabra de ella como si fuera lo mas importante del planeta ahora mismo. -La c-compre p-pero... c-cuando regresamos al barco y... y t-tuve mi... mi oportunidad... me... me asuste, incluso... me asuste mucho y a-abandone mis itenciones p-pero... pero no tuve valor de... de deshacerme de la... de la ricina... la escondi... Y me limite a i-interponerme en... entre... vosotros... fue facil... - Circe se encogio de hombros con su llanto silencioso y serio, observando como el segundo comandante parecia del todo desconcertado y tenso, apresando su mano nerviosamente. -D-dadou s-se... se hizo amiga de Ifára... f-fue por ella que... que me en-entere de que... que te habias acostado c-con ella... - Y Ace tuvo que controlar su respiracion por puro instinto, acudiendo a su memoria las imagenes pasadas de aquel encontronazo en la cocina y de como Circe, extrañamente, sabia perfectamente que habia ocurrido entre él e Ifára aquella noche. Ahora, entendia como Circe se habia enterado. Todo esto comenzaba a dar hasta miedo. -A-al principio... al principio Dadou me lo c-contaba todo... p-pero con... con el tiempo dejo de hacerlo porque... porque e-empezo a s-sentir cariño p-por Ifára... se h-hicieron a-amigas de verdad y... y Dadou se... se n-nego a c-contarme nada mas... t-trate de obligarla p-pero no cedio... Empece a odiar a Ifára aun mas... la odiaba aun mas porque, encima, ya no... ya no podia saber que ocurria... asi que... asi que... lo pague con ella con mas ahinco... la h-hice la vida imposible con m-mas ganas... q-queria hundirla... asi fue c-como trate de... deshacerme de ella... - Ace apreto su mano hasta un punto doloroso pero Circe, extrañamente, no se quejo en absoluto, soportando el principio de su condena. -Y-yo fui quien... quien le dijo a Blackbone y-y los suyos c-como encontrarla... fui yo p-para que se la llevaran... Me asegure de que nadie capaz de evitarlo... de que nadie estuviera con ella... Distraje a Thatch porque era el u-unico candidato que... que quedaba sin n-nada que hacer... fue facil. - Tenso, estupefacto y no sabiendo reaccionar, aun incapaz de asimilarlo, Ace permanecio en silencio y en la misma posicion estatica. -Tenia la esperanza de que... de que te o-olvidaras de ella... que te resignaras y... y lo dejaras estar p-pero... pero fuiste tras ella y entonces... entonces supe lo importante que... que era para ti... eso me volvio loca.- Confeso Circe, tragando saliva con pesadez mientras sus ojos almendrados lloraban silenciosos. -M-me aferre a la idea de que... de que no la encontrarias... era muy poco probable que dieras con ella o que... o que continuara con vida... p-pero Ifára era... era buena, la fortuna debia quererla mucho y... y diste con ella... la recuperaste. La trajiste al barco de nuevo... y ahora era libre... era libre... la querias de verdad... ella te adoraba y s-se quedo a tu lado incluso p-pudiendo irse... entonces, me resigne... - Circe se relajo un tanto ante aquel recuerdo, soportando que Ace apretara su mano con demasiada fuerza sin proponerselo, preso del estado de extraña tension y estupefaccion silenciosa en el que se habia sumido. -M-me resigne y... d-decidi que... que no podia seguir asi... que tenia que olvidarlo... que t-tenia que d-dejar de odiarla... que no era justo y n-no se lo merecia... a-asi que trate de apreciarla... de verdad lo intente... De verdad.- Circe parecio sincera, ahogando malamente un sollozo para encogerse sobre si misma un tanto con dolor. Una vez se recompuso, continuo sin dudarlo. -Y-y un dia... un dia, cuando tu... cuando tu no e-estabas... cuando tu te fuiste de viaje... m-me entere de que pensabas abandonar este barco... para irte con ella... que pensabas abandonarte a una vida... a una vida mediocre y estupida por ella y j-junto a ella... N-no p-pude soportar cosa semejante... era culpa suya... te habia vuelto debil y manso... ella... era culpa suya... - Circe parecio tratar de excusarse ella misma por pura culpabilidad, tosiendo un par de veces preocupantes antes de seguir confesandose. -M-mi odio... mi odio volvio porque, realmente, nunca se... se habia marchado... y m-me dije... me dije que esta vez jugaria... jugaria bien mis cartas... A-aproveche que Dadou estaba dolida con Ifára... aproveche su e-enfado de niña c-caprichosa y-y consegui su... su colaboracion con la persuasion... con la persuasion suficiente... consegui que... que la odiara o creyera hacerlo... - Las manos de Ace empezaron a temblar por una furia extraña e incontrolada que comenzaba a arremolinarse sin permiso en su interior mezclada con el dolor, apretando los dientes con fuerza mientras continuaba escuchando silencioso. Si ya habia llegado hasta aqui, Ace lo escucharia todo. -R-recorde la ricina... me deje llevar... decidi probarla y... y empece a dejar una dosis pequeña... pequeña en su cafe de por la mañana... era una dosis muy pequeña... me deje ll-llevar... se puso enferma... nada grave, pero funciono... probe d-durante un par de dias... de dias para comprobar si... si no habia sido casualidad y... cuando transcurrio el tiempo... el tiempo necesario... me aventure y... y le di... le di una dosis letal de ricina... - Ace estuvo a punto de romperle la mano, causando que por primera vez Circe se quejara con un lloriqueo, no diciendo palabra al respecto a pesar de todo. -La envenene... yo la mate.- Era demasiado como para asumirlo asi, sin mas.
-¿Que?- Cuestiono Ace seco, cortante, temblando de furia y desconcierto. Habia compartido la cama con ella. La habia besado una y otra vez. La habia abrazado durante la noche con cariño. La habia apreciado, querido, protegido y defendido de comentarios. Habia flaqueado frente a ella y habia confesado cosas inconfesables. La habia llamado amiga, mejor amiga. Se habia considerado amigo, su mejor amigo.
-Yo la mate.- Volvio a decir Circe entre lagrimas rebeldes, asintiendo un par de veces para que el otro conociera la veracidad de sus palabras.
La cabeza de Ace tuvo un cortocircuito repentino. Un destello que lo dejo en blanco, observando impotente como todo en lo que se habia apoyado para erguirse orgulloso y continuar era falso y se derrumbaba dolorosamente, justo frente a sus ojos.
Todo mentira.
La habia querido, abrazado, besado, apreciado, acariciado, llamado amiga.
Todo mentira.
-T-te queria solo para mi.- Y ante esta ultima confesion a la cabeza de Ace acudio un nuevo recuerdo. Un recuerdo lejano de una charla que tuvo, hace tiempo, con Thatch y Marco sobre Ifára donde dijo ni corto ni perezoso que, en caso de que ella se enamorara de otra persona, a la muchachita la dejaria tranquila pero que al otro desdichado lo liquidaria.
Era exactamente la misma idea.
Ace se asusto, se horrorizo, observando en aquella mujer herida lo que él mismo fue y tuvo intencion de hacer. Quiza de una manera mucho mas burda y menos retorcida, pero similar. Habia sido igual. Habia sido igual que ella.
Habia estado dispuesto a hacer sufrir a la dulce Ifára lo mismo que él padecia. Era horrible.
Se asusto mucho pero, sin embargo, rapido Ace supo que aquello era lo que él mismo fue y no lo que era.
Él se habia reformado. Circe se habia deformado.
La habia querido, abrazado, besado, acariciado, llamado amiga. Todo mentira.
Y ella, ella le habia dejado hacer todo eso, le habia visto dia tras dia sufrir sin decir palabra. Le habia consolado por la desgracia que ella misma habia creado. Le habia consolado mil veces, le habia visto derrumbarse y habia llorado en su hombro noches enteras. Un año entero sin decir palabra.
Todo mentira.
Las manos tensas y peligrosas de Ace soltaron la de Circe como si esta de repente quemara, clavando su mirada mas furiosa y letal sobre la de ella.
-Hija de puta.- No tuvo mas palabras para definir su odio repentino. De pronto, la odiaba demasiado. Del cariño y la amistad paso al odio visceral, quedandose ciego de una rabia que hizo, incluso, que sus ojos se nublaran. Rabioso, estaba rabioso. Traicionado, perdido y sin nadie a quien acudir realmente. Todo era mentira. Mentirosa. Maldita. Rastrera. Egoista. Dañina. Malvada. Como él mismo hacia tiempo.
Sin saber demasiado bien lo que hacia y no queriendo, ademas, controlarse, el joven Ace llevo sus manos hasta el cuello largo y delgado de una herida Circe, rodeandolo con sus dedos fuertes para observarla con todo su odio y furia. Y dolor. Tambien mucho dolor. Un dolor insoportable.
-La viste morir... dejaste que sufriera durante dias... - Y es que Ace no podia soportarlo, comenzando a apretar el agarre opresor que mantenia sobre su cuello. La respiracion de Circe se colapso en la garganta, abriendo los ojos de par en par para revolverse un tanto sobre el colchon, pareciendo sin embargo que comprendia y aceptaba la sentencia con resignacion. Al fin y al cabo, podria haber guardado silencio eternamente y no lo habia hecho. -Dejaste que sufriera durante cinco putos dias... - Los ojos de Ace se empañaron de rabia y dolor mientras sentia su cuello latir mala y desesperadamente bajo sus manos, aumentando la fuerza cada vez mas, buscando el asfixiarla por puro insitinto. Que sus ojos se apagaran, que su voz no sonara nunca mas, que se desvaneciera igual que su asquerosa y horrible mentira. Que desapareciera al igual que la mascara de monstruo que él tambien llevo. -Y no hiciste nada, hija de puta... La dejaste morir... y luego... ¿Luego viniste a mi para consolarme, grandisima hija de puta?- Ace lloro sin poder evitarlo, comenzando a verse desgarrado por dentro y totalmente controlado por las emociones oscuras. Circe busco el respirar como pudo por puro instinto de supervivencia, abriendo la boca para no decir nada por la falta de aire, asfixiandose poco a poco y tratando de luchar contra la fuerza mayor del otro sin conseguirlo. Apreso sus muñecas, le araño, pero Ace no la solto, reaccionando por el odio del momento, ciego de ira y dolor. -Dime ¿Te estabas riendo de mi? Yo... yo te queria... - Y, esta vez, Ace solto un sollozo que no pudo contener, empezandole a temblar los brazos fuertes y tensos sin que pudiera evitarlo. Empezo a recordar sin quererlo, evocando su cabeza conversaciones pasadas, imagenes tanto de la una como de la otra, temiendo que acabaria preso de la locura por el daño y las desgracias unidas a una felicidad al lado de cualquiera de las dos que ya no sabia si era real o una mentira. -Te queria mucho.- Dijo Ace, porque aquello si que era cierto, decidiendo aferrarse al sentimiento ya que era lo unico que, ahora mismo, podia analizar como real y verdadero. Entonces, sus manos fuertes empezaron a flaquear, sus brazos dejaron de querer hacer lo que estaban haciendo y su cabeza se colapso, notando que una parte de su cuerpo luchaba fieramente por asesinarla y, la otra, parecia asqueada con aquella accion.
Sin embargo, antes de que Ace finalmente la soltara o bien terminara por asfixiarla del todo, la puerta de la enfermeria se abrio de repente y de par en par.
Gritaron su nombre con estupefaccion urgente, pudiendo Ace escuchar unos pasos que se acercaban corriendo hasta él para, seguramente, impedir que su ataque pasara a mayores y se convirtiera en un asesinato.
Y es que, tras el silencio, siempre viene la confesion.
(Fin del capitulo)
Siento haber tardado tantisimo! Lo siento, estoy realmente ocupada ultimamente y he hecho lo que he podido!
La historia empieza a acabarse, espero que os este agradando ^^
Poco que decir por ahora, no quiero desvelar nada y asi no me arriesgo! muaajaja
Bueno, si dire que, aunque Circe es "la bruja" de la historia, espero que reflexioneis un poco mas y me digais, por favor, que aunque mala al menos no la he hecho simple. Quiero decir, que no es un personaje vacio que simplemente esta ahi porque era necesario un malo. Tengo miedo de eso. Circe tambien tiene su personalidad profunda y representa algo. Os agradeceria muchisimo que me conteis ^^ Aunque admito que debe ser un rollo hacerlo XDXD
Me despido con amor y miles de gracias!
Un beso sabor mandarina y abrazos de leopardo!
Maddy
