En cuanto se interno en la enfermeria, alertado por algun curioso que habia pegado el oido a la puerta y siendo, evidentemente, seguido por la marabunta chismosa de turno, Marco reacciono como una bala.

-¡Ace!- Exclamo con escandalo y urgencia, lanzandose rapidamente a la carrera para atravesar la enfermeria cuanto antes y echarse encima del segundo comandante.

Por su parte, Ace habia llegado a un punto extraño de movimientos ausentes y estaticos, aun con las manos rodeando firmemente el cuello de una Circe malherida que se revolvia bajo su fuerza por la falta de aire, apresandola contra el colchon sin que su cabeza funcionara correctamente. Ahora mismo, su cerebro se encontraba en pleno estado de cortocircuito, incapaz de reaccionar de ninguna manera mientras las imagenes del pasado y los momentos vividos, las sonrisas agradables de cualquiera de ellas asi como las palabras de confesion dolorosa e imperdonable recientemente pronunciadas por Circe, no hacian mas que dar vueltas vertiginosas y sin ningun orden en su mente.

Por no ser consciente, Ace ahora mismo no era consciente ni del palpitar inestable que se mantenia bajo sus manos, apresando el cuello delgado y elegante de una Circe a la que ni reconocia.

Sin embargo, le gustara o no, quisiera o no, el joven Ace tuvo que despertar abruptamente, sintiendo de repente como un par de brazos demasiado fuertes se colaban bajo los suyos con urgencia y eficacia.

-¡No! ¡¿Que diablos estas haciendo?- Grito Marco con total nervio y preocupacion, tirando con todas sus ganas del agarre reciente para, asi, lograr que las manos de Ace se separaran del cuello de Circe sin ningun remedio. Los curiosos de costumbre se mantuvieron en mutismo y silencio traumado, observando desde su posicion cercana como el joven comandante era, incluso, hasta elevado un tanto por los aires debido a la altura mayor de Marco asi como su fuerza, tan monstruosa o mas que la del mismo Ace.

Una vez liberada, Circe tosio violentamente, retorciendose ligeramente sobre el colchon tanto por el dolor como por la garganta y los pulmones quejumbrosos, llevandose las manos al cuello desesperada por oxigeno suficiente mientras su herida peligrosa comenzaba a sangrar escandalosamente otra vez.

Y, entonces, ante su movimiento, cuando la reconocio y su cabeza recordo la identidad de ella, Ace reacciono.

-¡Ella!- Exclamo con furia terrible, con una ira tan inmensa que amenazo con reventar las ventanas de cristal fragil, siendo apresado por un Marco que tironeaba de él sin descanso hacia la puerta. -¡Maldita sea! ¡Hija de la gran puta! ¡Ella!- Ace pateo el aire un par de veces asi como pisoteo el suelo cuanto le fue posible, ignorando las expresiones escandalizadas de sus hermanos y compañeros a su espalda que no entendian a que habia venido semejante arrebato asesino.

-¡Basta, Ace! ¡Dejalo!- Sin embargo, Marco si lo sabia, lo sabia perfectamente, arrastrandole con total dificultad y con esfuerzo hacia la salida. -¡Dejalo! ¡No te merece la pena añadir mas sangre a la desgracia!- Siempre tratando de apelar al raciocinio, el primer comandante no cedio ni un apice en su opresion del otro, temeroso total de como podria reaccionar si era soltado y liberado de nuevo con ella, precisamente con ella, tosiendo debil justo en frente.

-¡Ella la mato!- De nuevo, la furia extraña de Ace, extraña porque parecia tan despreciativa como dolorosa, salio en forma de gritos y acusaciones, luchando inconscientemente contra el impedimento que Marco mantenia sobre su cuerpo. -¡Ella la asesino! ¡La enveneno y la dejo sufrir durante cinco putos dias!- Y, entonces, ante semejantes palabras, de su espalda provinieron cuchicheos escandalizados de parte de los presentes, tratando de asumir cada cosa que andaban admirando y escuchando asi, de repente y sin preparacion alguna. -¡La asesino, me la arrebato y me ha venido de gran amiga todo un maldito año! ¡Se ha estado burlando de mi en mi cara, maldita sea ella y toda ella! ¡Ella la mato! ¡Asesino a Ifára!- Los cuchicheos aumentaron de volumen, comenzando a transformarse algunos en pequeñas exclamaciones de incredulidad mientras Circe, semiinconsciente sobre el colchon de la enfermeria, comenzaba a ser exahustivamente analizada y juzgada.

-¡Lo se! ¡Ya lo se!- Pero Marco no precisaba de cuchicheos ni exclamaciones, primer conocedor de la verdad mas absoluta de aquel crimen injusto. -¡Se que es horrible y, como debes sentirte ahora mismo, me parte el alma, te lo juro! ¡Pero no hagas algo de lo que vayas a arrepentirte!-

-¡Tu no sabes nada!- Ace se revolvio con mas fuerza sin lograr zafarse, aun con los ojos clavados con el mayor odio antes visto sobre aquella mujer herida. -¡Tu no tienes ni puta idea!- Y, extrañamente, Ace no tenia ganas de llorar. No tenia ganas de llorar en absoluto. El odio era tal, tan grande y repentino, tan visceral y potente, que lo ultimo que su interior le pedia eran lagrimas. Lagrimas, precisamente, no era lo que suplicaba.

-¡No, Ace, no tengo ni puta idea!- Dijo Marco con la respiracion dificultosa debido al esfuerzo pero con la entereza mas real que encontro, comenzando a ganarle la partida al otro hacia la puerta. -¡Ninguno tenemos ni puta idea, es cierto! ¡Pero no merece la pena, ya te lo he dicho!- Ace bufo, se revolvio, pateo y tironeo con toda su saña, haciendo que el pobre Marco tuviera que poner aun mas empeño. -¡No añadas mas sangre a la desgracia, Ace! ¡Esta no es la solucion, no eres un animal! ¡Acuerdate de Ifára!- Por desgracia, esta ultima exclamacion no consiguio el efecto deseado.

-¡Eso es precisamente lo que estoy haciendo!- La voz del joven Ace volvio a retumbar como si fuera la misma personificacion de la colera, indiferente a como su cabeza, aun con aquella herida abierta, palpitaba con fuerza y sangraba por el movimiento. Sin embargo, Ace ahora mismo no podia sentir nada mas que la furia.

-¡No, maldito energumeno!- Marco empezo a enfadarse, tambien. Quiza fue por pura intencion de solucionarlo o quiza porque, realmente, no aprobaba actos asalvajados como aquel sin mas, pero el primer comandante hizo acto de presencia como verdadero superior entre los tripulantes del temible Moby Dick, aumentando su poderio hasta un nivel alarmante. Obviando durante un instante que Ace era su compañero, su hermano pequeño a la vez que uno de sus mejores amigos, Marco apreto el agarre e hizo de su fuerza algo imposible de manejar, causando que el joven segundo comandante produjera un gruñido de dolor cuando sintio que sus musculos se tensaban en una posicion forzada y desagradable. -¡No es asi como tienes que actuar! ¡No voy a dejar que actues de semejante manera delante mia, Ace! ¡Acuerdate de Ifára y deja de pensar en ti!- A pesar del daño que sabia que estaba causando pero que, sin embargo, consideraba de necesidad mayor ahora mismo, Marco no le solto ni aminoro la fuerza en absoluto, escuchando la respiracion agitada y peligrosa de un Ace que, aunque ligeramente reducido, se encontraba en una situacion de tension total. -¡Ace, no hagas algo de lo que te arrepentiras despues! ¡Ahora no estas como para tomar decisiones, necesitas pensarlo detenidamente!- Exclamo el primer comandante, recordando, de nuevo, que el joven Ace era su hermano pequeño y mejor amigo, apelando a su logica y razonamiento de nuevo. -¡Te hare daño si es necesario, pero no dejare que actues como un animal cegado por la colera del momento!-

Y, entonces, algo dentro del joven segundo comandante debio retorcerse violentamente un instante, luchando dificultosamente con el agarre de un Marco cada vez mas preocupado y dispuesto a la lucha si era necesario. Sin embargo, gracias al cielo esto ultimo no ocurrio, deteniendo Ace sus movimientos violentos, que aminoraron poco a poco.

Con la respiracion agitada y el cuerpo preso de tal tension que parecia a punto de romperse en pedacitos, con cada musculo invadido por el odio, el dolor, la traicion y la furia, con los pulmones trabajando freneticamente y el corazon palpitando tan rapido como roto, Ace dejo de batallar y se detuvo en seco.

Sus ojos oscuros se clavaron sobre una Circe al borde del desvanecimiento que se retorcia suavemente de vez en cuando sobre el colchon, aun incapaz de dejar de mirarla como el perro de pelea que vigila atentamente a aquel que lo encerro, lo golpeo y lo obligo a pasar hambre para que se volviera peligroso. La imagen de ella, ahora fragil, ahora medio ausente y tan suave que hasta se le hacia irreconocible, trajo a su cabeza desordenada escenas pasadas de la convivencia a su lado. De sus sonrisas y palabras, de los momentos vividos y de cada noche compartida.

Y, por descarte y obligacion, por el principio de causa y efecto, tras la evocacion de estas escenas irremediablemente le vino a la mente la imagen calida de otra persona.

Era la imagen de Ifára.

El cielo tenia que existir para que ella pudiera ser feliz al fin y descansar en paz. El cielo tenia que existir y, evidentemente, ella estaria alli, donde no hubiera ni libres ni esclavos, ni pobres ni ricos que compraran a los primeros y donde el mal de los hombres no conociera lugar en el cual abrirse camino. El cielo existia y ella estaria alli...

¿Estaria ella, tan dulce y calida, tan agradable y placentera, tan calmante, velando ahora mismo por aquellos que dejo en el mundo de los vivos?

¿Estaria ella mirandole ahora mismo?

-¡Argh!- Con un gruñido, Ace cerro los ojos con fuerza un segundo, pateando el suelo de la enfermeria estruendosamente por ultima vez antes de revolverse indicativamente. A regañadientes y de manera insegura, Marco solto su agarre abruptamente, observando intranquilo como el joven comandante se limitaba a erguirse cuan alto era una vez liberado, aun con la respiracion agitada y ronca. Tenso como el tronco de un arbol, Ace analizo fijamente a la herida y sangrante Circe, cerrando sus puños con furia mal canalizada mientras que, tanto él mismo como toda la sala, eran presos de un silencio mortal.

Finalmente, el segundo comandante maldijo algo horrible entre susurros iracundos, girandose sobre sus propios pies sin cuidado para comenzar a caminar. Casi llevandose a Marco por delante, sin miramientos Ace le empujo con su hombro en cuanto paso por su lado como una exhalacion colerica, consiguiendo con esto que el resto de espectadores le abrieran camino rapida y temerosamente. Mediante grandes y ruidosas zancadas, tenso y peligroso, Ace atraveso el pasillo rodeado de gente que acababan de crearle, dirigiendose finalmente hacia la salida de la enfermeria para atravesar la puerta y desaparecer de la estancia.

Como respuesta final, Marco se limito a observar a sus hermanos y compañeros presentes que acudieron a sus ojos con otros confusos y perdidos, chasqueando la lengua imperceptiblemente para si mismo. Aun no sabiendo demasiado bien que decision tomar exactamente, el primer comandante dedico una miradita de reojo a la mujer herida que, ausente, se revolvia un tanto sobre el colchon.

Sobre la misma cama donde Ifára habia muerto un año atras.

No teniendo tiempo de pensar en maldiciones ni supersticiones de ninguna clase, se encogio de hombros y decidio recorrer el mismo camino que habia hecho Ace, en busqueda de su persona.

El medico regresaria pronto.

(Cambio de escena)

Urgente y de lo mas preocupado, Marco recorrio el pasillo que daba con la enfermeria, esquivando como mejor pudo a cuanto tripulante y compañero se le cruzo en el camino. Mediante grandes zancadas, el primer comandante se lanzo a la busqueda de Ace seguro de que daria rapido con su persona por el escaso tiempo que habia tardado él en seguirlo, no prestandole demasiada a atencion a como sus hermanos trajinaban de un lado a otro para volver a colocar las cosas en su sitio tras la batalla ganada asi como ayudaban y cargaban con los heridos. No eran demasiados, pero si mas de lo que tenian por acostumbrado o correcto, decidiendo Marco tragarse el disgusto por el momento porque no tenia ahora tiempo para dedicarse a otros.

Ahora, Ace era una prioridad y, sinceramente, le preocupaba enormemente que diablos fuera capaz de hacer en aquel momento tan escamoso e inestable.

Mas corriendo que caminando, el primer comandante se elevo un tanto sobre las puntas de sus pies para ver sobre las cabezas de varios de sus hermanos en cuanto le parecio reconocer la espalda ancha del joven Ace, dando un respingo urgente al comprobar que, definitivamente, se trataba de su persona.

Marco acelero el ritmo sin pensarlo dos veces para alcanzarlo lo antes posible, analizando nervioso que el segundo comandante mantenia un caminar tenso y veloz, furioso, que no parecia tener realmente ningun rumbo fijo.

-¡Ace!- Exclamo Marco en cuanto lo supo lo suficientemente cerca como para que lo escuchara, teniendo nuevamente que esquivar a un par de compañeros con los que casi se estrella por accidente. Sin embargo, Ace hizo caso omiso de aquel primer llamado a pesar de que era evidente que habia sido capaz de oirlo, continuando su andar peligroso sin girarse. Entonces, Marco no pudo evitar adoptar una expresion de repentina estupefaccion en cuanto sus ojos analizaron detenidamente la espalda amplia y en tension del joven comandante, observando de reojo que varios de aquellos que igualmente recorrian el pasillo se percataban de lo mismo que él con escandalo. Reaccionando por fin y sabiendo, ahora si, que era de vital importancia y necesidad conseguir que se detuviera y lo escuchara, Marco volvio a su tarea con mas empeño que antes, acelerando el paso para comenzar a acortar la distancia que los separaba dificultosamente. -¡Ace! ¡Espera!- Le grito lo mas nervioso y urgente que el primer comandante pudiera ser, elevando incluso una mano grande en el aire como señal instintiva de detencion aunque el otro no se habia girado ni a mirarle. -¡Ace, ¿A donde vas?- Cuestiono a voces, observando cada vez mas preocupado como, por fin, Ace parecia flaquear un tanto aunque no detuviera su caminar ni le dedicara su mirada.

-¡A donde sea!- Finalmente, el joven segundo comandante contesto completamente cargado de ira y un dolor que comenzaba a transformarse en odio visceral, recorriendo el pasillo abarrotado sin detenerse y con los puños fuertemente cerrados. -¡Lejos! ¡Lo suficientemente lejos como para no matarla!- Grito Ace, dejandole claro que, en aquel preciso instante, estar demasiado cerca de Circe no conseguiria nada mas que otro intento de asesinato que, seguramente, esta vez si acabaria en muerte.

-¡Ace!- Sin embargo, aquella respuesta no tranquilizo a Marco a pesar de los intentos por evitar una mayor desgracia por parte del otro, aumentando en cambio su preocupacion y urgencia. -¡Ace, para! ¡Detente y espera un momento!- Y, aquella ultima exclamacion que casi sono suplicante, causo que el segundo comandante soltara un gruñido ronco y frustrado, deteniendose en seco con evidentes intenciones de plantar cara mas que de obedecer y ser razonable.

-¡¿Para que?- Le espeto aun con los puños firmemente apretados, girandose sobre sus propios pies y asi clavar sobre Marco la mirada mas terrorifica y furiosa del planeta. Terrorifica, furiosa y dañada. Rota, tambien. Ace estaba sufriendo demasiado, se dijo Marco en cuanto analizo sus pupilas oscuras tan directas y repentinas, haciendole detenerse tambien en seco. -¡Tu eres el que me ha detenido y sacado a rastras de aquella maldita habitacion! ¡La hubiera matado si no hubiera sido por ti y, ahora, ¿Quieres que me pare?- Ace basicamente le replico con dolor y enfado total cada palabra, deshaciendose en malas contestaciones por pura necesidad de sacarse cada emocion dañante de dentro. No podia evitarlo. Estaba fuera de si.

-Ace... - Apelando a la calma de repente, el primer comandante tranquilizo su respiracion un tanto ante semejante actitud, mirada y reproche amenazante, elevando las manos con intencion pacificadora antes de continuar hablando. -Tu cabeza... tu cabeza esta sangrando.- Y de una manera escandalizadora, se dijo Marco, preocupado en demasia por el estado, no solo mental, si no tambien fisico de su joven amigo.

Confuso de pronto, Ace le dedico una mirada extrañada en lugar de furiosa, teniendo él tambien la respiracion tan agitada como el mismo Marco. Con una mano rapida, el segundo comandante se llevo los dedos hasta la nuca, mesandose aquella zona para cerciorarse, con total estupefaccion, que un liquido calido y espeso habia inundado toda la parte trasera de su cuello asi como una buena zona de la espalda. Una vez analizado aquel lugar, por puro instinto Ace se llevo ahora los dedos frente al rostro, observando con los ojos de lo mas sorprendidos y confusos como toda su mano se encontraba manchada casi en su totalidad por la sangre fresca.

Tragando saliva pesadamente, que no estaba acostumbrado a tales heridas sobre su persona, el joven Ace siguio malamente el rastro sangrante a traves de su cuello, llegando rapidamente al foco en cuestion. Aquella herida abierta, esa de la cabeza que el niño disfrazado de soldado le habia hecho con una peligrosa arma de kairouseki palpito con fuerza bajo sus dedos analiticos con un dolor lacerante de mil demonios, causando que Ace se quejara sin poder evitarlo y cerrara los ojos fuertemente. Por instinto e impulso, retiro sus dedos como si su cabeza quemara de repente por el daño que se habia causado solo con el roce, comenzando entonces a reflexionar que, tal vez, aparte de por el shock tambien se encontrara ligeramente ausente y confuso por la perdida escandalosa de sangre.

Una vez recapacito esto como mejor pudo, Ace volvio a clavar su mirada sobre la de un Marco que esperaba estatico e impaciente frente a él, dedicandole unos ojos ligeramente urgentes y desagradablemente sorprendidos.

Marco pudo relajarse un poco en cuanto lo vio mas confuso que furioso.

(Cambio de escena)

En cuanto los dedos finos y enguantados hurgaron a traves de su cabello, dando finalmente y sin demasiada experiencia con la herida abierta y sangrante, un relampago de dolor atroz recorrio el cuerpo de Ace de pies a cabeza.

Antes no dolia tanto, maldita sea, solo pinchaba un poco. Ahora, en cambio, dolia como mil demonios.

Tirado y sentado sobre el suelo de madera vieja del primer cuarto vacio que encontraron, el cual resulto ser un pequeño y levemente iluminado almacen, Ace se revolvio por puro instinto, buscando alejarse impulsivamente de aquellos dedos delgados de manos pequeñas que le estaban causando mas padecimiento que bienestar o cura.

-¡Argh!- Dijo con un gruñido ronco de dolor, consiguiendo que la chiquilla tras su espalda diera un respingo culpable y miedosa, retirando rapidamente sus manitas enguantadas de su cabeza sangrante.

-L-lo siento... - Tartamudeo la jovencita guapa de aspecto fragil con mirada asustada, tragando saliva pesadamente en cuanto Ace se giro un poco para encararla aun preso del dolor insportable anterior, que apenas comenzaba a desvanecerse.

-Maldita sea... - Se limito a pronunciar entre dientes con mirada de regaño y molestia, consiguiendo que aquella jovencita vestida de enfermera se asustara aun mas.

-E-estoy... estoy aprendiendo... lo siento... - Casi llorando, incluso, la pobre chiquilla no se atrevio a volver a moverse todavia, dedicando sobre su anfitriona y protectora una miradita de reojo, viendola trajinar con los cachibaches medicinales que utilizaria para cuidar esa herida como debia ser.

Ace iba a decir alguna palabra desagradable mas pero, por desgracia para él, la figurita temblorosa y pequeña de la joven aprendiz de enfermera le hizo pensarselo dos veces, conteniendose como mejor pudo para volver a girarse y dejarla hacer. Con mirada suplicante, incluso, los ojos de Ace se clavaron tambien sobre la espalda de la verdadera y profesional enfermera, observando resignado a su suerte que ella, alta y rubia, aun mantenia su atencion sobre sus trastos acomodados en la mesa mas cercana a apenas un par de metros de ellos, sentados sobre el suelo.

Sin embargo, Ace no pudo continuar revisiones visuales de ningun tipo, tensandose repentinamente en cuanto sintio que los dedos delgados de ella volvian a apartar el cabello que cubria su herida de manera temerosa. El miedo a hacerle daño y estropearlo todavia mas empeoro la situacion, en realidad, resultando que por sus temblores inseguros y su panico el dolor se hacia simplemente insoportable y lento.

Ace volvio a gruñir de manera ruidosa para terminar con un siseo entre dientes, cerrando los puños y los ojos con fuerza en cuanto la enfermerita inexperta, de nuevo, llevo aquel paño cargado de desinfectante sobre la herida abierta.

-¡Mierda!- Ace ya no pudo contenerse mas, alejandose de sus manitas enguantadas con un movimiento violento de esquive. -¡¿Que diablos estas haciendo?- Le espeto sin girarse a mirarla porque, sabia, que si lo hacia no podria desahogarse y quejarse por el dolor, teniendo que aguantar otro bufido de daño visceral. Definitivamente, dolia como mil demonios.

-¡Lo siento!- Volvio ella, practicamente, a lloriquear, apartando sus dedos de nuevo de sobre la cabeza del otro con panico. -N-no ha sido a proposito... tendre cuidado... lo siento... - La chiquilla de aspecto delicado susurro temblorosamente, pareciendo que andaba la pobre realmente aterrada con tanto susto y rufian peligroso en su primer dia de trabajo.

-Esta bien... esta bien... - Tratando de sonar lo menos desagradable que pudiera porque, extrañamente, aquella jovencita le recordo un poquito a Ifára por su actitud asustadiza y fragil, el joven Ace intento con todas sus fuerzas no ponerse a gritar como un desquiciado, conteniendo malamente la tension y el dolor. -Vuelve a intentarlo.- La escucho tragar saliva a su espalda, notando como se movia temblorosa e insegura con intenciones de obedecer y regresar a su tarea malamente llevada a cabo.

-V-vale... - Tartamudeo la jovencita con un asentimiento, comenzando a desinfectar su herida otra vez. Aunque fue, igualmente, insoportablemente doloroso, esta vez Ace se dijo que era inevitable y que no lo estaba haciendo tan mal, luchando porque su juicio no se nublara debido a la tortura que estaba viviendo tan solo por lo que creyo una herida sin importancia sobre su cabeza. Sin embargo, por desgracia para él, algo debio salirle mal a la pobre chiquilla, causando que un nuevo estallido lacerante de dolor inaguantable le atravesara de cuerpo entero.

-¡Me cago en la leche!- Grito Ace como un animal en cuanto se le hizo demasiado, alejandose de nuevo de aquella muchachita torturadora que, por mas que tratara, no sabia todavia hacer correctamente trabajo como aquel. -¡Basta! ¡Dejalo!- Con furia y queja, apretando los dientes, el segundo comandante dio la curacion por perdida, no dispuesto a aguantar mas los intentos de la niña por ayudarle de aquella manera nada eficaz.

-Yo... - Lloriqueo ella de nuevo con culpa y miedo, alejando una vez mas las manos de su herida rapidamente. -Oh... - De pronto, exclamo aquello con mas alivio que sorpresa, notandola Ace relajarse notablemente tras su espalda sin que él supiera, todavia, el motivo de su auxilio.

-Quita, anda, quita... - Una voz femenina mucho mas madura y seria le llego a los oidos, no pudiendo Ace evitar el girar la cabeza para mirar tras de si y ver, casi con esperanza divina, como la enfermera verdadera y esbelta se posicionaba junto a su protegida. Con un movimiento indicativo de la mano, la mujer rubia y alta pidio el paño mojado en desinfectante, el cual fue rapidamente cedido sin necesidad de pedirlo dos veces. -Dejame a mi.- Con un suspirito cansado, que estaba acostumbrada a ver escenas macabras como aquella, la enfermera experta se acomodo tambien a la espalda del joven Ace, no esperando ni un segundo ni permiso para ponerse a su tarea y comenzar a trajinar a traves de sus cabellos ensangrentados.

Los dedos expertos y seguros se clavaron en su herida sin consideracion alguna, hurgando y analizando la zona como quien observa un mapa en busqueda de coordenadas.

-¡Argh!- Ace volvio a gruñir con dolor total, revolviendose con fuerza para tratar, por puro instinto, de huir de aquellas manos inspeccionadoras que lo estaban matando.

-Estate quieto.- Sin embargo, la enfermera rubia no se andaba con chiquitas a diferencia de su protegida, pronunciando aquel mandato con toda su autoridad y posicionando ambas manos largas a los costados de su cabeza para regresarle a su posicion cercana anterior.

-¡Me estas matando, maldita sea!- Exclamo Ace con escandalo, incluso, desesperado por la falta de consideracion y tacto de ambas mujeres.

-¿No se supone que eres un tipo duro?- Donde mas doliera. Atacando al orgullo de machito del mar, la enfermera cuestiono aquello casi con decepcion y burla maternal, afianzando su agarre firme sobre su cabeza. -Comportate como un tipo duro, entonces.- Y, aprovechando la distraccion y quietud del otro, la enfermera experta y autoritaria volvio a hurgar en su herida dolorosa sin darle tiempo ni de suplicar, abriendo un tanto la piel cortada con sus pulgares para comprobar la profundidad del golpe.

Ace no pudo evitar hasta lloriquear, propinandole un golpe sonoro al suelo de madera con el talon mientras cerraba los ojos con fuerza, manteniendo sobre su rostro una expresion de dolor total.

-¿Ves? Todos son grandes machitos y se creen el gallo lider del corral... - Le dijo aquella enfermera a su aprendiz mientras continuaba su revision sin miramientos, suspirando resignadamente con gracia femenina. -Pero luego, en situaciones asi, te das cuenta de que solo son unos niños... - Ace quiso quejarse en favor de su orgullo de hombre salvaje, no pudiendo hacerlo debido a que tuvo, nuevamente, que retorcerse un tanto de dolor y ahogar un gemido quejumbroso. -A ver... - Dijo ella con curiosidad y algo de confusion, incluso, abriendose paso a traves de su cabello y herida para comprobar su estado al cien por cien. -Maldita sea... - Aquella maldicion no tranquilizo al segundo comandante, precisamente, no pudiendo el pobre andar atento a sus palabras en cuanto, de nuevo, regreso aquel daño insportable. -¿Que diablos te has hecho aqui? Joder... - Chasqueando la lengua, la enfermera parecio sorprendida, causando que Ace pensara con pavor que, si acaso, aquello iba a ser aun peor de lo que estaba siendo ya. -Esta llena de tierra y es realmente profunda... me sorprende que no haya empezado a infectarse.- Resignada para con la cantidad de trabajo que le quedaba por delante, la enfermera, insensible al padecimiento del otro, continuo a lo suyo. -Pero lo que mas me sorprende de todo, es que aguantes consciente desde hace tanto tiempo ¡Estas hecho un toro, chaval!- Exclamo la mujer rubia con gracia, incluso, palmeandole un par de veces el hombro amplio como señal de aprobacion. -Bueno, tengo que desinfectarla y habra que darte puntos de sutura... - Ace casi se desmaya esta vez, pensando que si ya le dolia ahora como el infierno, dentro de poco su padecimiento seria simplemente inconcebible. Tratando de mantener el poco orgullo que le quedaba, sin embargo, el segundo comandante se limito a aguantar como mejor pudiera, tenso y silencioso. -Te va a doler como el infierno... - Admitio la enfermera de manera hasta compasiva, mesandole el hombro ancho con un poco de comprension profesional. - ... pero sera rapido ¿De acuerdo?-

-Dale.- ¿Y que mas podia hacer que asumirlo y resignarse a su suerte? Cerrando los ojos aun mas fuerte, apretando los dientes hasta un punto que rechinaron y preparando todo su cuerpo para lo que vendria a continuacion de manera inevitable, Ace noto con tortuosa impaciencia como ella preparaba los trastos necesarios a su espalda. Preferia no ver nada.

Y, justo en el mismo instante que ella iba a empezar, la puerta del almacen precario se abrio repentinamente.

-Ace... - Marco entro en la estancia sin necesidad de invitacion, obviando el hecho evidente de que Ace, ahora mismo, no estaba como para visitas de ninguna clase. -Tengo que hablar contigo.-

-¿Sobre que?- Cuestiono el segundo comandante con mirada tan furiosa como sufriente, observando como su amigo y compañero cerraba suavemente la puerta tras de si.

-Sobre... - Pero Marco tuvo que callarse en cuanto Ace rugio como un leon enjaulado, tratando de no retorcerse demasiado por pura cabezoneria en cuanto sintio que su herida comenzaba a ser desinfectada por dentro de una manera abrasante. -Mejor vuelvo en otro momento... - Dijo Marco al ver que habia sido el tipo mas inoportuno de la tierra, siendo de nuevo interrumpido por su joven compañero.

-¡¿Sobre que?- Ace grito aquello de una manera que mezclaba la ira con la tortura, clavando unos ojos oscuros y vidriosos por el dolor sobre un Marco ligeramente estupefacto a pesar de su aspecto siempre sereno.

-Sobre Circe... - Sin anestesia, que era peor hacerse de rogar y andarse con medias tintas, Marco espeto aquello, observando como a la expresion de dolor del otro se sumaba tambien un daño emocional intenso. -Sobre que... que decision tomar respecto a ella.-

-Quiero que... - Ace susurro jadeante y agotado por el dolor, no teniendo ni un segundo de descanso en cuanto sintio, de nuevo, aquella sensacion abrasante e insoportable atacando su cabeza herida. Grito y dijo algo inteligible para los presentes, pareciendo que habia contestado a la pregunta de Marco de una manera imposible de entender.

-¿Que?- El primer comandante no sabia que hacer exactamente, tratando de no mostrarse misercordioso para con el sufrimiento de su compañero, que lo sabia orgulloso.

-¿No deberiamos llamar al doctor?- Cuestiono la chiquita fragil de manera preocupada a su espalda, dejandole a Ace claro a pesar de su estado medio ido que, en realidad, su herida era bastante seria.

-Si... pero no podemos.- La otra, aquella enfermera experta que batallaba contra la herida de un Ace que no paraba de revolverse, contesto, apresando su cabeza de nuevo para que se mantuviera quieto y cercano al menos por unos segundos. -Le necesitan en la enfermeria... alguien esta muy grave.- Y Ace sabia quien debia estar muy grave. Un nuevo dolor terrible le atraveso del todo, llegando incluso a nublarle la vista durante un momento corto, pero alarmante. -¡Estate quieto, maldito salvaje!- Cada vez mas molesta y comenzando a perder la paciencia, la enfermera autoritaria le ordeno sin miramientos, acogiendo su cabeza de nuevo entre sus manos para regresarle a la posicion anterior.

-¡Viva!- Grito Ace de repente, retorciendose de daño con los ojos cerrados, aguantando sin lograrlo las muestras de flaqueza.

-¿Viva?- Cuestiono Marco, confuso y no entendiendo demasiado.

-¡Quiero que viva! ¡Argh!- Finalmente, el herido comandante dejo clara su opinion al respecto del tema, no pudiendo pronunciar mas palabras coherentes debido a que, ahora, en lugar de un paño cargado de desinfectante abrasante, comenzaba a clavarse sobre su carne algo afilado y fino, pero que dolia aun mas que lo anterior.

Ella le habia dicho que le doleria como el infierno y, definitivamente, tenia toda la razon del mundo.

Lo que a Ace no le parecia era que estuviera durando poco tiempo.

La cabeza se le fue de repente y dejo de razonar, reaccionando de la unica manera que sabia a aquel dolor atacante sobre su herida punzante.

Tras él, la enfermera experta grito levemente con daño.

-¡Mierda!- Exclamo ella tan sorprendida como molesta, alejandose de su cabeza sangrante por impulso. Mesandose la mano precariamente, la autoritaria enfermera observo enfurruñada la nuca de Ace, aguantandose un gruñido furioso.

-¿Qu-que ha pasado?- Cuestiono la chiquilla aprendiz con miedo e incertidumbre, segura de que algo malo debia haberle ocurrido a su protectora.

-¡Me has quemado, salvaje!- Sin embargo, la enfermera ignoro a su ayudante inexperta, reprochandole sin dudarlo a Ace su defensa inconsciente. -¡Controla esas malditas reacciones o te juro que termino de abrirte la cabeza!- Le amenazo ella con furia y refunfuñando, despues, entre dientes, ignorando el dolor leve de su mano para continuar con los puntos de sutura.

-Joder... no lo hago a proposito... - Entre dientes, Ace silbo aquellas palabras, temblando incluso con la idea de que ella, de un momento a otro, comenzara de nuevo su curacion horrible, pero necesaria e inevitable.

-Entonces... viva... - Marco hablo de nuevo, haciendose notar otra vez con voz mas sorprendida que otra cosa, ciertamente, observando a un Ace que se debatia entre el suicidio y el asesinato en masa.

-¡Si! ¡Viva! ¡Maldita sea! ¡Viva!- Pero no pudo seguir hablando nada mas, notando que, ahora, los puntos comenzaban a volverse demasiado intensos y apretados a medida que se acercaban al centro de la herida. Los ojos de Ace se nublaron otra vez y su cabeza dejo de funcionar como la de un ser humano de nuevo, retorciendose violentamente por puro instinto. Esto causo que ambas enfermeras, las pobres, tuvieran que lanzarse sobre sus hombros a la desesperada, evitando que Ace se levantara o se diese a la fuga y, asi, se hiciese en realidad mas daño que bien.

-¡Ah!- La enfermera volvio a chillar mas fuerte esta vez, teniendo incluso que sacudir su manga histericamente para apagar las llamas repentinas que se adueñaban de la tela, provenientes de Ace y su cabeza sangrante. -Joder... - Sin embargo, esta vez no le reprendio porque supo, facilmente, que el segundo comandante ya no andaba para peticiones, tanteando la herida a medio coser de manera atenta y temerosa, alerta. -¡Sujetale!- Le ordeno a gritos aquella mujer experta a su compañera novata, comprobando que el joven Ace ya no podia estarse quieto y obedecer sin mas.

-¡¿Yo?- Cuestiono la chiquita con pavor e incredulidad, llevandose una manita al pecho completamente miedosa.

-¡Si, joder! ¡Sujetale como mejor puedas!- Y, aunque a regañadientes y teniendo que pensarselo un poco, la muchachita obedecio, agarrandose a los hombros amplios de Ace para tratar de hacer malamente algo de contrapeso y evitar que se revolviera. Antes de que pudiera liberarse, la enfermera se lanzo a la costura, teniendo que apartarse rapidamente en cuanto el segundo comandante consiguio moverse demasiado otra vez, gruñendo de dolor en el proceso. -¡Te he dicho que lo sujetes!- Le espeto furiosa y preocupada a su compañerita, observando como esta se encontraba cada vez mas asustada a la vez luchaba contra el herido.

-¡No puedo con él yo sola!- Esto era evidente, pero estaban bastante desesperadas.

Marco, por su parte, no acertaba todavia a moverse, no sabiendo si debia entrar en escena o bien encontrarle el lado divertido a todo aquello. Al fin y al cabo, aunque le costara admitirlo, era gracioso ver a aquellas dos mujeres luchando contra un Ace medio ido que, doloroso y habiendo perdido demasiada sangre, se habia negado a continuar padeciendo aquello sin mas.

-¡Esta bien! ¡Entre las dos!- Tras estas palabras de la enfermera experta, ambas jovenes se lanzaron sobre Ace para evitar que se levantara, pudiendo durante un instante impedir sus movimientos. Sin embargo, en cuanto la muchacha rubia trato de regresar a los puntos, en cuanto rozo la herida demasiado insoportable ahora, su mano fue nuevamente abrasada sin compasion y por puro impulso inconsciente del otro. La mujer herida se quejo mas fuerte, alejandose del joven comandante con un saltito dolorido.

-¡Necesita anestesia, o algo!- Grito la chiquita fragil cada vez mas llorosa y asustada, no acostumbrada a aquellas situaciones limite y nerviosas.

-¡Y una mierda!- Sin embargo, su superior y protectora no debia estar de acuerdo, recomponiendose malamente de su quemadura anterior. -¡Esta fuera de si y tiene una jodida logia! ¡Yo no me atrevo a clavarle nada en la piel!- Grito antes de lanzarse de nuevo sobre un Ace que, tambaleante y sin ver demasiado bien por la perdida de sangre, trataba de incorporarse o algo parecido. En cuanto la sintio encima trajinando en la herida, el segundo comandante se revolvio, consiguiendo que ella se agarrara desesperada a su cuello para no caerse rodando por el suelo. -¡Se acabo!- Exclamo histerica y furiosa, apresandose al cuerpo fuerte del otro y evitar asi que escapara o se hiciera mas daño. -¡Traeme ese frasco!- Nerviosa, la enfermera lider señalo un frasco pequeño de liquido transparente y medicinal que descansaba sobre la mesa cercana, regresando rapidamente a su posicion anterior en cuanto Ace se movio de nuevo. -¡Traeme ese frasco y un paño!- Rapida como el viento, la chiquita inexperta se levanto cual resorte del suelo, recorriendo la escasa distancia a la velocidad de la luz para obedecer el mandato con eficacia. Nerviosa, la niña y futura enfermera le tendio lo pedido a su protectora y anfitriona, siendo rapidamente el frasco y el paño acogidos por la mano levemente quemada y tensa de la otra. -Esto no es bueno para la salud... no me gusta usarlo... - Dijo dificultosamente debido al esfuerzo de abrazarse al cuello de un Ace fuera del mundo real mientras, precariamente, vaciaba parte del contenido del frasco sobre el paño, empapandolo un tanto. -Pero veo que no queda alternativa... por una vez no le pasara nada.- Excusandose un poco, la enfermera cerro de nuevo el frasco, lanzandoselo a la chiquilla temblorosa con un movimiento de buenos reflejos. -He hecho bien en traerlo... ¡Ay!- Y, de repente, Ace se levanto del suelo malamente, llevandose consigo a aquella enfermera rubia colgada de sus hombros. Tambaleandose y falto de equilibrio y vision, el segundo comandante dio un traspies, estando a punto de tropezar de no ser porque, torpemente, se dejo caer de costado contra la pared cercana, estampandose con un ruido sordo y un quejido de dolor por parte de su cargamento femenino. Ace no se movio mucho mas, agotado y jadeante, manteniendose en pie precariamente gracias al apoyo, con los ojos vidriosos y semiausentes y aun con aquella mujer colgando de su cuello.

Sabiendo que era el momento idoneo, la enfermera experta llevo aquel paño humedo hasta el rostro del joven pirata, cubriendole con él la nariz y parte de la boca rapidamente.

Un aroma fuerte y mareante inundo las fosas nasales de Ace, causando que su cabeza comenzara a dar vueltas sin poder evitarlo con apenas un par de bocanadas de aire. Luchando por instinto contra la inconsciencia, el segundo comandante pestañeo unas cuantas veces perdidas, sintiendo como todo su cuerpo se relajaba irremediablemente y la fuerza ya no le funcionaba en absoluto.

-Ya esta... - Susurro la enfermera colgada de su cuello, comprobando mucho mas tranquila que el joven comenzaba a desvanecerse poco a poco, arrastrandose a traves de la pared lentamente mientras sus ojos se cerraban sin remedio. -Tranquilo... sshh... - Le chisto suave porque le dio algo de compasion, incluso, pudiendo ya comenzar a apoyar las puntas de sus pies sobre el suelo debido a que el joven pirata se deslizaba al borde del desmayo por la superficie de madera. -Ya esta... tranquilo... - Como una veterinaria que calma a algun cachorro maltratado y asustado, la enfermera lider consiguio plantarse en pie sobre el suelo, apresando rapidamente al joven muchacho de los antebrazos en cuanto comprobo que, sin ayuda, se estamparia contra la madera de un momento a otro. Ace gimio quejumbroso, incapaz de saber que ocurria a su alrededor asi como que andaba pasando, notando que la sola accion de abrir los ojos se le antojaba una tarea imposible y agotadora. Como estaba ya casi inconsciente del todo y suave como la seda, fue sencillo para la enfermera experta el lograr que se deslizara despacio y sin percances hasta dar lentamente con el suelo, haciendo la mujer gala de su maña para situaciones como aquella. -Ya esta... - Susurro de nuevo en cuanto lo escucho pronunciar algo en bajo y sin sentido, terminando de acomodarle sobre el suelo de madera vieja con delicadeza, pero firme a la vez.

Y, una vez consiguio que el joven Ace se estuviera quieto, pero ya quieto del todo, la enfermera experta se incorporo cuan alta era, lanzando al aire un suspirito tan cansado como aliviado.

Por su parte, el segundo comandante volvio a soltar un ruidito quejumbroso que mas parecio el lloriqueo de un gatito herido, incapaz de moverse o razonar nada, ni siquiera de sentir la superficie fria en la que andaba acostado boca abajo. Estaba en pleno estado de salud y apogeo fisico a pesar de su herida, de juventud, sabia la enfermera, echandole un ojo fastidiado en cuanto comprobo que todavia no habia terminado de caer inconsciente al completo. El buen estado de su cuerpo unido a la fuerza impresionante y sobrehumana del muchacho era un coctel que, ahora mismo, a ella se le hacia de lo mas fastidioso.

Para cosas asi y situaciones como aquella, sin personal suficiente para todos al igual que estancias medicas, casi que preferia tratar viejos antes que hombretones.

Lastima que estuviera rodeada de ellos constantemente.

Necesitaba unas vacaciones.

Un murmullo de movimiento de pies proveniente de la puerta la hizo despertar de sus quejas mentales, girando la cabeza altiva y autoritaria para toparse con la imagen de un Marco que, entre preocupado y fuera de lugar, permanecia en la misma posicion.

-Vamos a empezar a coser y todo ese rollo sangriento y medico... - Dijo la enfermera experta con su voz de mujer lider, llevandose las manos a las caderas fastiadada. Por su parte, Marco dio un respingo pequeñito, clavando unos ojos confusos sobre ella. -¿Te marchas, por favor, o de verdad quieres quedarte a ver el espectaculo?- Evidentemente, la respuesta a aquella pregunta estaba clara, notando satisfecha con su sarcasmo como el primer comandante trataba de contener una expresion desagradada con la idea. Cierto que habia visto cosas mucho peores e, incluso, las habia tenido que llevar a cabo. Sin embargo, eso no significaba que realmente le gustasen.

-Eh... no, realmente, no.- Admitio Marco por fin, negando con la cabeza un par de veces pensativas. Incomodo y tratando, como siempre, que no se notara, el primer comandante se llevo las manos a los bolsillos, dedicando sobre la mujer una miradita preocupada que no pudo contener del todo. Justo en aquel instante, Ace volvio a hacer uno de sus ruiditos, aunque mucho mas suave e inaudible que las veces anteriores. -¿Se pondra bien?- No pudo evitar cuestionarlo, analizando de reojo a su joven y herido amigo, ido y ausente sobre el suelo de madera.

Ella, por su parte, elevo las cejas con pequeña sorpresa un instante, clavando unos ojos analiticos sobre el joven comandante.

-Si.- Contesto finalmente, asintiendo un par de veces convencidas. -Se pondra bien. Aunque la herida es fuerte, con unos cuantos puntos de sutura estara como nuevo en poco tiempo.- Y Marco evito preguntar abiertamente que eran para ella "unos cuantos puntos de sutura", asintiendo a sus palabras a pesar de que, tras semejante espectaculo, le resultaba dificil de creer. -Todo esto ha pasado como ha pasado por la falta de personal y sitio... ni siquiera le he podido sentar en una cama. No quedan.- Adivinadora de las preocupaciones del otro, la enfermera experta suspiro, dedicando sobre Marco lo que, incluso, podria analizarse como una miradita de disculpa. -Pero, en realidad, su estado no es demasiado malo. No en comparacion con las cosas que hemos visto por aqui... - Dijo ella, refiriendose evidentemente a la cantidad de curaciones apresuradas y al borde de la muerte que habia tenido que llevar a cabo en semejante navio pirata como aquel. -Solo necesita los puntos y descansar. Que se relaje.- Con mandato, incluso, sabiendolo su amigo, la mujer le dedico una expresion autoritaria, dejandole claro cuales eran sus indicaciones para con la recuperacion correcta.

Sin embargo, a pesar de que asintio atentamente, Marco dudo de manera inmensa que Ace, tras lo vivido hoy, pudiera relajarse de forma alguna sin el ataque de los analgesicos empapados sobre paños.

-Bien. Me marcho.- Sin mas, el primer comandante se giro sobre sus propios pies, llevando una mano segura y grande hasta el picaporte para girarlo y desaparecer de alli. Harian bien su trabajo.

Justo en aquel mismo momento en que la puerta fue cerrada de nuevo, Ace cayo finalmente dormido.

(Cambio de escena)

-No me sorprende.- Entre chulesco y resignado, se cruzo de brazos con aquella elegancia picaresca que solo él podia tener, apoyando la espalda ancha despreocupadamente sobre la pared cercana de aquel pasillo practicamente abandonado.

-Tu... - Por su parte, Marco se limito a quedarse en su sitio, evitando extrañamente el contacto visual con el otro antes de continuar. Sin embargo, conociendole como lo hacia, Thatch se apresuro a interrumpirle, clavando una expresion molesta tan extraña en alguien como él.

-Yo no lo sabia.- Espeto sin mas, dejandole claro a su compañero y amigo que las sospechas sobre su persona no tenian demasiado sentido. -Solo he dicho que no me sorprende.-

-Eso ya lo se... - Algo culpable por las acusaciones, incluso, el primer comandante suspiro, decidiendo que era ridiculo continuar por aquel camino. Thatch era un buen amigo, el mejor. Lo sabia y, que dudara de ello, debia hacerse para el cuarto comandante extremadamente doloroso, aunque no lo dijera. -Lo que me extraña es que no te escandalice en absoluto... - Sin embargo, aquello Marco si que no pudo callarselo, sintiendose del todo confuso e incluso ofendido para con la despreocupacion total que Thatch andaba mostrando.

-¿A ti te escandaliza?- Cuestiono el cuarto comandante con algo de diversion ocultada tras un tono de voz inocente, acomodando mejor la espalda sobre la pared del pasillo vacio.

-Si.- Era evidente, se dijo Marco.

Como respuesta primera, el cuarto comandante solto una risita ahogada y burlona, tragandose rapidamente la carcajada que iba a salir de su garganta.

-Pero a ti no.- Buscando mas bien hacerle sentir culpable por puro resentimiento ante su desfachatez, el primer comandante entrecerro los ojos con total regaño, tratando de decirle que aquello era un asunto extremadamente serio y preocupante.

-¡Vamos, Marco!- Finalmente, Thatch estallo un tanto, exclamando aquello para despues chasquear la lengua con frustracion. -A mi no me vengas con tus moralistas palabras o tus gradilocuentes discursos eticos... no me vas a cambiar.- Con burla, incluso, el cuarto comandante solto una carcajadita seca, adelantandose rapidamente al otro en cuanto vio que pretendia salir con algun comentario moralista nuevo. -No me sorprende en absoluto, no hay mas.- Se encogio de hombros, llegando a sonreir suavemente por sentirse orgulloso de si mismo y su cabeza astuta. -Ciertamente, era de esperar algo como eso viniendo de ella. La conozco bien... muy bien.- Admitio, asintiendo un par de veces convencidas y suaves.

La expresion de Marco se contrajo un poco con frustracion y desconcierto, dejandole claro al otro sin quererlo que, para él, las cosas eran mas serias y dignas de tomarse en cuenta.

Sin embargo, decidio calmarse y respirar hondo en busca de serenidad, sabiendo perfectamente que pagar las emociones desordenadas con Thatch no era justo y, mucho menos, una buena idea.

-Como sea.- Se limito a decir de primeras, cerrando los ojos un momento para aguantarse un suspirito. -El problema, ahora, esta en que vamos a hacer con ella... - Pensativo y serio, que no era una cuestion facil, el primer comandante se llevo una mano a la sien con algo de dolor de cabeza, mesandose la zona suavemente un par de veces.

-¿Que vamos a hacer con ella?- Thatch, por su parte, no jugaba en aquel mundo y mucho menos compartia a menudo las opiniones de Marco respecto a las decisiones y acciones, elevando una ceja confusa mientras repetia aquellas palabras dudosamente.

-Si.- Pero Marco, como le conocia demasiado bien, opto por continuar explicandose, obviando el problema del porque diablos el cuarto comandante no era capaz de razonar de aquella manera que tan evidente se le hacia a él. -Ha matado a alguien.- Dijo como una sentencia, como el juez impasible y absoluto que podia ser, clavando sobre su compañero una mirada seria y convencida.

Entonces, adivinando por donde andaban los tiros, el cuarto comandante fruncio la boca con disgusto, incluso, tragandose un tanto las palabras que quisieron salir sin pensar y de primeras. Finalmente, afianzo su posicion, no pudiendo evitar a pesar de todo que su expresion se mostrara algo esceptica.

-Cierto... es cierto... - Asintio lentamente, chasqueando la lengua de manera suave. Sin embargo, era evidente que no se encontraba convencido. -Pero... bueno... - Y, de repente, por primera vez en mucho tiempo parecia que a Thatch le costaba hablar, evitando extrañamente el contacto visual con el otro un tanto. -Quiza no... - Una vez parecio comprobar que no seria tan sencillo de explicar sin que sonara desagradable, el cuarto comandante decidio tirar la toalla, chasqueando la lengua otra nueva vez mas sonora. -Bah... dejalo.- Concluyo, dejando claro que no le apetecia terminar.

-¿Que?- Por desgracia para él, Marco no estuvo dispuesto a ignorar la cuestion sin mas, frunciendo un poco el ceño con molestia. Como ya sabian, se conocian demasiado. -Di lo que pretendias... - Dijo, aguantandose sin lograrlo un deje de desafio.

-No pretendia decir nada, en realidad.- Thatch no respondio a la actitud combativa de su compañero, limitandose por lo pronto a mantener su pose despreocupada.

-Claro que si. Es muy deshonesto por tu parte el callarte ahora.- Marco no pensaba darle tregua, al parecer. Siempre mantendrian aquella relacion extraña de amigos donde, de una forma u otra, a pesar de la complicidad a menudo aparecian tambien las luchas y los choques de opiniones. Eran personalidades totalmente opuestas, al fin y al cabo.

-No me obligues a decir algo que no te va a gustar.- Con esto, el cuarto comandante espero de todo corazon que el otro decidiera no continuar ahondando en el asunto, consiguiendo, por desgracia, todo lo contrario.

-Mas me desagrada que te lo calles como un perro.- Y, como Marco sabia y esperaba, aquellas palabras secas lograron el cometido pretendido sobre Thatch.

-¡Oh! Entonces, soy un perro ¿Verdad, mi querido Marco?- Ya esta. Habia despertado el mal humor sobre Thatch, comprobando esto facilmente el primer comandante en cuanto, ademas de escuchar su tono burlesco y doliente, observo como la expresion del otro se mostraba absolutamente ironica. -De acuerdo... entonces, si soy un perro, lo ladrare como un perro... - Fingiendo solemnidad, el cuarto comandante aspiro hondo de manera teatral, carraspeando sonoramente antes de continuar hablando. -No hay ninguna norma en este barco que exija castigo alguno para Circe.- Solto sin mas como un loro que se lo sabe de memoria, disfrutando secretamente de la expresion entre escandalizada y molesta del primer comandante.

-Claro que la hay. Ha matado a alguien y... - Pero fue abruptamente interrumpido por Thatch.

-Y tu tambien has matado a alguien. Y yo, y Ace, y casi todos los que estamos en este navio.- Algo mas serio, el cuarto comandante pronuncio aquellas palabras, adoptando una actitud mas didactica y tranquila. Tampoco pretendia terminar a la gresca con un amigo. -Por esa regla de tres, ¡Que nos arrojen a todos por la borda!- Exclamo al aire, comenzando el dilema real que tenia aquella cuestion, mas peliaguda de lo que podria pensarse.

-Sin embargo, no hemos matado a nadie perteneciente a este barco.- Salio Marco rapidamente en defensa de sus argumentos, no pudiendo contener que su voz sonara algo temblorosa por la molestia malamente contenida. -Y las normas del Moby Dick dicen... - Por desgracia para él, fue nuevamente interrumpido por su compañero.

-Dicen que debe recibir castigo aquel que asesine a un compañero.- Concluyo Thatch la frase de Marco, irguiendose un tanto en su posicion. -Es decir, que debe recibir castigo aquel que dañe con intenciones de asesinato, lo logre o no, a cualquier tripulante de este navio.- Ahora, Marco si tenia claro a donde queria llegar el cuarto comandante.

-Entonces, me estas dando la razon. Circe merece su castigo ya sea por justicia o por las propias normas del Moby Dick.- Para él, estaba claro y era sencillo. Era evidente.

-¿Ah, si?- Pero, por desgracia, para Thatch no era asi. -¿Era Ifára perteneciente a esta tripulacion?- Actuando por instinto, Marco abrio la boca con claras intenciones de responder con alguna replica preparada, elevando las cejas en cuanto lo reflexiono detenidamente para cerrarla de nuevo.

Marco titubeo sin que ningun sonido se atreviera a salir de su garganta, bajando la vista hasta sus pies para buscar alguna buena respuesta. Una de esas respuestas obvias, logicas e indiscutibles que hicieran enmudecer hasta al mas critico entre los criticos, dandose de bruces con la realidad cuando descubrio que, ni siquiera él, era capaz de encontrarla en situacion semejante.

Finalmente, llevandose las manos a los bolsillos como siempre que queria contenerse, el primer comandante elevo la cabeza, mirando a su compañero con la mirada mas sincera que tuviera.

-Para mi, si. - Respondio, encogiendose de hombros con el corazon en un puño.

-Pero ¿Lo era?- Thatch no pensaba dejar las cosas en el aire y sin solucionar. Ahora que habian empezado, era su responsabilidad poner las cosas en su sitio.

-Para mi, si.- Marco repitio de nuevo lo que realmente sentia, asintiendo una vez firme y convencida.

-Bien por ti, pero no lo era.- Dijo el cuarto comandante seca y tajantemente, calmandose un tanto y soltando un suspirito incluso compasivo en cuanto adivino el dolor en el rostro de su buen amigo. -Marco, la dulce Ifarita era adorable y encantadora, cierto. Es una lastima. Pero en este barco existen unas leyes... y, por desgracia, no parece que la situacion precise de esas leyes... Al menos, no de una manera exacta.- Thatch se llevo una mano al menton con intenciones de reflexionar o encontrar algun hueco vacio en su discurso, resignandose al descubrir que, por suerte o desgracia, no lo descubria.

Entonces, algo dentro de Marco se retorcio con dolor y frustracion, causando que, extrañamente, no pudiera contener el tono de enfado y la pose tensa.

-¿Insinuas que dejemos las cosas como estan? Que hagamos como si no pasara nada... ¿Eso insinuas?- Altivo pero furioso por dentro, al borde del arrebato de rabia, el primer comandante formo dos puños de sus manos dentro de los bolsillos, tratando de contenerse sin conseguirlo apenas. -¿Que actuemos como si no importase en absoluto, que esperemos que Circe se recupere y le demos un par de palmaditas en la espalda con complicidad?- Sus propias palabras le arrancaron por dentro un estallido doloroso, causando que tuviera que apretar los dientes fuertemente. Era inconcebible, ridiculo y dañante.

-Yo no insinuo nada, querido amigo.- Thatch, en cambio, no perdio la calma, elevando una ceja chulesca antes de continuar hablando. -Y no te confundas porque no estoy ni en un bando, ni en otro. Me es indiferente.- Dijo en cuanto vio que el otro pretendia volver a salir a la gresca, tratando el cuarto comandante sin lograrlo que su discurso no sonara tan cortante como era. -Solo te estoy diciendo la verdad. Entiendo tu posicion, tambien comprendo que te resulte doloroso y terrible que no puedan tomarse represalias de manera evidente o absoluta. Tambien entiendo que, dejar a Circe sin castigo alguno, solo conseguiria que Ace acabara estallando de la manera mas peligrosa posible... - Busco la calma un tanto, respirando hondo con lentitud para tranquilizar el animo. Era evidente, lo dijese o no de manera directa, que a Thatch se le hacia doloroso la idea de que Circe recibiera el castigo que merecia. Marco lo sabia, todos lo sabian: Thatch apreciaba a Circe. Le gustaba, y eso no podia cambiarse hiciera ella lo que hiciera. Al fin y al cabo, la conocia bien y hasta se lo esperaba, como él mismo habia admitido. -Sin embargo, aunque lo entienda, eso no significa que las cosas se vuelvan sencillas. Ifára no era de esta tripulacion, no hay mas. Tendreis que buscar alternativas o solucionar las cosas.-

-Pero vivia en este barco. Puede considerarse como un miembro mas de la familia.- Aguantandose las ganas de acusarlo por no querer tomar partido o bien gritarle sin compasion que todo aquello lo decia influenciado por su gusto por Circe, Marco respondio, decidiendo que era mejor continuar debatiendo un tema mas importante. -A mi no me parece tan complicado.-

-Marco... - Sin embargo, Thatch o era mas realista o mas tozudo, suspirando largamente con cansancio pero paciencia. - ... ni siquiera se si se consideraria delito en tierra firme. Era una esclava.- Le gustase o no, habia cosas que no podian cambiarse sin mas por mucho que uno lo desease.

Marco estuvo a punto de estallar. Estuvo al borde de la colera y la rabia.

Pero se contuvo a tiempo.

No era conveniente dejarse llevar por las emociones, no en esto ni ahora. Si ya habia soportado toda aquella investigacion de la muerte de un ser querido sin flaquear ni enfurecerse, tambien lo conseguiria ahora.

-Cuando Circe la asesino, Ifára ya era una persona libre.- Nuevamente, Thatch levanto una ceja esceptica ante las palabras de su amigo, esperando que el otro continuara hablando. -Por lo tanto, si, seria delito tambien en tierra firme.-

-Mira... a mi me es indiferente que uno sea esclavo o el otro libre. Lo sabes.- Claro que Marco lo sabia. Que Thatch se aprovechara de las situaciones desiguales no significaba que creyera en superioridades naturales o cosas asi, habiendo dejado claro hacia mucho tiempo que, para él, la condicion que sufriera o disfrutase una persona le era indiferente. En general, casi todo le era indiferente. -Si me pongo en situacion, sobre todo si me pongo en el lugar de Ace, yo no buscaria juicio o apoyo alguno de la tripulacion o sus normas... Simplemente, la mataria. La aniquiliria independientemente de que Ifára fuera esclava, libre o un maldito gato.- Se encogio de hombros el cuarto comandante, convencido de cada cosa que decia. -Sin embargo, eso no significa que, por ley del Moby Dick, mis acciones fueran... - Pensativo, Thatch dedico una miradita al techo en busqueda de las palabras adecuadas, regresando sus ojos sobre Marco en cuanto las encontro. - ... bien vistas.- Dijo chasqueando la lengua despues, comenzando a relajarse al comprender cada vez mejor los sentimientos de sus amigos. La empatia nunca se le dio demasiado bien ni le vino demasiado rapido. -Tendreis que buscar alternativas, poneros de acuerdo con la tripulacion o algo de eso. A muchos de nuestra gente no le gustara que se juzgue a Circe sin mas... querran motivos para ello. Si no fuese vuestro amigo y conociera del todo la situacion, yo mismo estaria ahora tratando de evitar por todos los medios que eso no pasase y no os salierais con la vuestra. Teneis suerte.- Y, por su mirada, Marco le agradecio a los cielos que, de una manera u otra, Thatch hubiera decidido no tomar partido en el bando del acusado, sabiendo perfectamente que estarian perdidos si el cuarto comandante y su astucia retorcida actuaran contra ellos. -Buscad la emocion de la gente, que sientan la misma rabia que sentis vosotros dos. Haced que vean a Ifára como alguien importante para alguien, no como una esclava o como la chiquilla insignificante que trato de llevarse a uno de sus compañeros.- Asi que, al final, Thatch si estaba de parte de sus amigos, lo admitiese él mismo o no. Marco tuvo que contener una sonrisa agradecida y un gritito de jubilo. Con sus consejos e ideas, las cosas funcionarian de la mejor manera.

-¿Como puede hacerse eso? ¿No es suficiente con haber visto el sufrimiento de su funeral?- Y es que para el primer comandante las cosas eran mucho mas evidentes. Sin embargo, sabia que Thatch encontraria mejores soluciones, observando como este se llevaba una mano al menton.

-Si y no. El funeral se hizo por Ace... aunque tambien habia muchos que sufrieron su muerte una vez asistieron. Ya se sabe que nadie conoce lo que tiene hasta que lo pierde.- Marco asintio atento, esperando impaciente que el otro continuara. -Sin embargo, no podeis apoyaros en eso y esperar que funcione. Igual que muchos sufrieron su perdida, otros no lo hicieron y le mostraron sus respetos al afectado, no a la chiquilla. Ademas, no es lo mismo acudir a un funeral que castigar al asesino, mucho menos si este es miembro de la tripulacion y la victima, ademas de no serlo, era una esclava. No espereis aceptacion en masa o algo de eso. Mejor esperad todo lo contrario si seguis por el camino que tu propones, Marco.- Convencido, Thatch nego con la cabeza suavemente, apoyandose mejor sobre la pared que tenia a su espalda.

-Y... - Estaba algo perdido y desesperanzado, temiendo que no pudieran, al final, llevar justicia a cabo de ningun tipo. Tratando de no titubear, Marco logro articular palabra, irguiendose un tanto en sus pies con intenciones de mantener el orgullo y la serenidad. -¿Como lo hacemos?-

-Habra que hacer un juicio.- Dijo Thatch como respuesta inmediata, haciendo que el otro abriera los ojos un tanto. Normalmente, las normas estaban mas claras al igual que las represalias a tomar, recordando apenas un par de juicios pirata en su larga vida de tripulante a bordo del Moby Dick. Sin embargo, Marco supo que esta vez seria necesario si querian que las cosas funcionaran como debian. -Y hablar con Padre. Si lo poneis de vuestra parte, habreis ganado mucho. Igualmente, Padre actuara en favor de la mayoria de sus hijos... asi que, aunque logreis convencerlo, no significara victoria. Sin embargo, tambien esta que, en general, la gente se lo pensara mejor si Padre opina como vosotros.- Marco asintio como un aprendiz atento, comenzando a ordenar en su cabeza logica lo que tendria que hacer y de que manera. Thatch le daria la lista. -Pero teneis que apelar a otra cosa que no sea la acusacion de "ha matado a alguien". Se reiran de vosotros asi.- El cuarto comandante contemplo a su compañero, viendo como este parecia tener varias preguntas en su cabeza.

-Pero es la verdad.- Dijo Marco de una manera incluso infantil, descubriendo que para aquello él solo no sabia actuar. Al fin y al cabo, no era un maestro de la manipulacion, precisamente. Marco era logico, evidente y buscaba lo obvio y universal para todos, por eso necesitaba a Thatch.

-Si y no.- Respondio el cuarto comandante velozmente, decidido a terminar la enseñanza. Ahora, Marco se sentia enormemente agradecido con su persona a la vez que culpable por haber dudado de él. Thatch podia ser muchas cosas, pero nunca un mal amigo. -Para muchos, era esclava, la liberasen o no. Una propiedad, nada mas. No puedes jugartela a esa.- Thatch cerro los ojos un segundo, rebuscando en su cabeza astuta mejores soluciones. -Parte de que todos pensaran que Ifára era una esclava. Olvidate de como la consideres tu, parte de eso y busca que los demas se pongan del lugar de Ace, no que consideren injusto el asesinato de la niña por la niña en si ¿Entiendes?- Cuestiono al comprobar él mismo que era complicado, observando satisfecho como su compañero asentia. -Por cierto, ¿Que opina Ace?-

-Dijo que queria que viviese... al menos, de momento.- Marco recordo como, momentos antes, el joven comandante le habia venido con aquella respuesta entre quejidos de dolor, causando que respondiera aquello a pesar de que no estaba muy seguro de si Ace lo habia razonado bien.

-Chico listo. Quiere que la juzguen, supongo.- Sin embargo, Thatch parecio entender o bien sentirse mas tranquilo, asintiendo convencido un par de veces seguras. -Ha sido una jugada muy buena, sea accidental o razonada.- En cuanto analizo la expresion de Marco, el cuarto comandante dijo aquello, adivinando facilmente las dudas del otro sobre si, de verdad, Ace habia tomado aquella decision por motivos semejantes. -La tripulacion admirara eso y no iran en su contra. Halagaran su entereza.-

-Pero muchos de ellos lo vieron estar a punto de matarla cuando Circe confeso.- Preocupado, Marco respondio al otro, observando mas tranquilo como Thatch no parecia escandalizarse por ello.

-Eso no es malo del todo... vieron su reaccion, dices.- Y Marco asintio, causando que Thatch hiciera lo mismo. -Entonces, ya teneis mucho terreno ganado. Si la vision de su sufrimiento esta reciente, la tripulacion conseguira compadecerse de él o enrabietarse contra Circe. Quieren y admiran a Ace, mucho.- Tenia razon, sabiendo que tanto Ace como los otros comandantes de mas alto rango solian ser los mas admirados y queridos. Al fin y al cabo, no llegaban a su puesto por suerte o enchufe, si no por votacion y esfuerzo. -Pero nos quedan los que no lo vieron o no entendieron, o bien a pesar de ello lo consideraron una reaccion exagerada. Teneis que hacer un juicio y mostrarles la desgracia de la situacion. Teneis que enseñarles que cosas como aquella no pueden repetirse.-

-Entiendo.- Dijo Marco seriamente, comenzando a recuperar las esperanzas perdidas.

-Asi que, Ace debe estar presente en el juicio.- Y Marco no sabia si aquello seria una buena idea, consiguiendo con su expresion que Thatch rapidamente adivinara sus temores. -Si estalla, casi que mejor. La tripulacion comprobara como se siente y se pondran de su lado, seguramente. Si no estalla, la tripulacion lo admirara y tambien acabaran poniendose de su parte. El truco, querido Marco, esta en que le vean la cara. Que lo vean presente y le miren la cara, pero no dejes que participe en el juicio de ninguna manera. Solo dejale que tome la decision final si se decide un castigo para Circe, nada mas.- Igualmente, en los pocos y primitivos juicios pirata, no solia haber un orden establecido de cosas, causando que Marco asintiera poco a poco. Ace era instintivo y pasional y, en semejante situacion, podria volcar las cosas de mala manera y complicar la situacion. Thatch era un tipo demasiado listo y retorcido. En situaciones como aquella, Marco se alegraba de que fuera de los suyos en lugar de un enemigo. -De todas maneras, el mayor problema lo tenemos en cuanto a la condicion de Ifarita... o es esclava, o es libre. O es cosa, o es tripulante o un simple polizonte. En eso no se me ocurre que hacer.- Y, por primera vez en todo el discurso, a Marco se le encendio una lucecita.

-¿Y si la consideramos esclava?- Confuso, Thatch elevo las cejas, dedicando sobre su compañero una miradita desconcertada que causo que el primer comandante, rapidamente, se aventurara a continuar. -Si es esclava, es propiedad de Ace ¿Cierto?- Esta vez, fue el otro quien asintio, esperando la explicacion completa. -Entonces, al ser propiedad de Ace, su muerte significa un ataque directo contra él. Es decir, que le han arrebatado algo importante para él.-

-¿Un robo?- Dijo Thatch algo esceptico, no entendiendo porque ahora Marco cambiaba la acusacion por otra tan simple.

-No, no exactamente. No es un robo.- Rapido, el primer comandante contesto, dispuesto a continuar. -No es que se la hallan robado, es que la han asesinado. Quiero decir que, si la consideraoms como propiedad de Ace y él es miembro de esta tripulacion, podemos apelar a eso, a que le han arrebatado algo demasiado importante.- Thatch comenzaba a entender, asintiendo despacio a cada palabra del otro. -Es como cuando alguien tiene un objeto excesivamente importante. Algo especial que adora por encima de demasiadas cosas y, de repente, otra persona destruye ese objeto preciado ¿No verias al destructor como alguien despiadado que no tiene en cuenta la situacion del propietario de dicho objeto?- Y, entonces, Thatch solto una carcajada seca.

-Esa es muy buena.- Dijo como respuesta, pareciendo que hasta se sentia orgulloso de su compañero. -Con esa, eliminas el conflicto. El que vea a Ifára como una esclava se sentira rabioso por la perdida que Ace ha sufrido y, el que la vea como persona, simplemente se sentira rabioso porque Circe salga impune de un asesinato. Aunque hayamos matado todos a muchos enemigos e Ifarita no fuera miembro de la tripulacion, la gente se acostumbro a verle la carita por los pasillos. Nunca sera lo mismo para aquellos que la consideren persona. No era un enemigo.- Tenia sentido, dijo Thatch, convencido ahora del todo de que dos cabezas piensan mejor que una.

-Exacto. Tenemos que comenzar desde la base de que ella era propiedad de Ace.- Por mucho que le doliera, era necesario. Ahora, habia algo mas importante que andarse con debates morales como aquel.

-Y hay algo importante que se nos ha olvidado.- De repente, Thatch sonrio incluso malicioso, dedicando sobre el primer comandante una miradita astuta que lo sorprendio. Enmudeciendo de pronto, Marco adopto una expresion desconcertada, esperando silencioso a que el otro concluyera. -Ademas de Padre como verdadero juez y Circe como su propia defensora, tu eres quien tiene que hablar frente al jurado.- La palabra "jurado", refiriendose al resto de la tripulacion, fue pronunciada con sorna, burlandose de la situacion a pesar de la seriedad sin poder evitarlo.

Confuso y no comprendiendo demasiado bien, Marco elevo una ceja desconcertada, consiguiendo sobre el otro una carcajada divertida.

-Recuerda que, en este barco, cada cosa que digas sera tenida en cuenta. La mayoria de nuestros hermanos te seguirian aunque te tirases por un barranco, ya lo sabes.- Y era cierto, que Marco sabia perfectamente el respeto total y la admiracion que cada uno de ellos mantenia sobre su persona.

Maldito Thatch... era demasiado astuto y un gran manipulador.

-Podrias haber ganado una fortuna ejerciendo de abogado.- Dijo Marco incluso con broma, anotandose en la mente cada cosa que tendria que decir y hacer. Él era el mas indicado para ocuparse de los asuntos de palabra.

-Oh, lo se.- Y orgulloso pero conociendo perfectamente sus capacidades, Thatch asintio, acomodandose mas tranquilo y calmado sobre la pared de madera. -Pero hubiera sido una vida muy aburrida.-

Y, de aquella manera, Marco no pudo evitar reir como escasas veces hacia, observando al zorro que tenia por amigo justo frente a él.

Gracias al cielo, nuevamente, porque Thatch estuviera siempre de parte de sus amigos.

(Fin del capitulo)

Hola!

Siento la tardanza enormeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee de esta vez! Tuve examenes y no tenia tiempo, tengo excusa hoy!

Sin embargo, ya estoy aqui, y de verdad que, encima, este capitulo ha sido complicado. He tenido que pensar detenidamente cada cosa que dijeran para que tuviera coherencia y sentido. u-u creo que ni yo lo entiendo bien XDXD

En fin, un besazo, lamento la espera y muchas gracias por leer y tener tantisima paciencia conmigo!

Un abrazo gigante y de mucho, mucho cariño. Os quiere, os adora y os besaria hasta los pies si os tuviera delante:

Maddy