Un susurro recorrio el ambiente como un viento extraño que, entre gelido y acogedor, le invadio por completo y le causo un escalofrio.

Desconcertado, Ace pestañeo con fuerza un par de veces con intenciones de espabilarse, resultando inutil su cometido al comprobar que ni su vision mejoraba ni su embotamiento se marchaba. En busca de aquel viento que sonaba, aquel susurro que aun no podia analizar como humano o simplemente parte de su imaginacion, el joven pirata se irguio un tanto sobre sus pies, revisando el lugar extraño con total desconcierto y confusion.

Vio que, entre negro y penumbra, no habia nada mas que eso, mas negro. Todo negro, sin paredes, sin suelos visibles o cielos descubiertos. Solo negro y penumbras.

Aun mas confuso y perdido, boquiabierto por el lugar estrafalario e irreal, Ace elevo las manos un tanto con las palmas hacia arriba, admirandolas atentamente para comprobar que si, definitivamente, eran sus manos y no las de otra persona.

Era extraño. Todo negro, todo en penumbras sin suelo, ni paredes ni techo visibles y, sin embargo, podia ver sus propias manos a la perfeccion. Podia verse a la perfeccion, como si irradiara luz por si mismo.

¿Donde diablos estaba?

Aquel susurro se repitio y, esta vez, recorrio el lugar desconcertante con mayor insistencia. A sus oidos acudio el sonido con mas claridad que las veces anteriores, llegando Ace a la conclusion irrefutable de que, definitivamente, se trataba de un ruido humano. Con un respingo, el segundo comandante se giro sobre sus propios pies velozmente, analizando el lugar con tension y sentimiento de amenaza bastante mas nervioso que al principio. Busco al culpable de dicho sonido y no lo encontro, topandose tan solo con negro y mas negro.

No sabia porque pero estaba asustado.

Ace estaba asustado y no sabia porque, sintiendo que en el fondo de su estomago se asentaba una losa fria y afilada que lo andaba desgarrando con llamado, diciendole a gritos silenciosos que no era un lugar seguro y que algo iba a ocurrir. Nervioso y con la respiracion algo agitada, Ace trato de calmarse, no acertando a si moverse o quedarse donde estaba cuando, de nuevo, cayo en la cuenta de que en aquel lugar no parecian existir direcciones posibles.

-¡Ey, Ace!- Ahora si, ahora si que la oia a la perfeccion. El susurrito dejo de ser simplemente eso para transformarse, ya nitidamente y del todo, en una voz de palabras reconocibles, causando que el joven comandante diera otro respingo nervioso y apurado por la sorpresa desagradable. Rapido y tenso, reviso los alrededores dando una vuelta torpe sobre si mismo con los sentidos atentos y en estado de supervivencia por motivos desconocidos, topandose con mas negro y penumbra. -¡Ace!- La voz canturreo su nombre como burlandose de él, aumentando su nervio y sensacion de peligro. -¡Ace, aqui!- Era un sonido aniñado, picaro y resuelto, el timbre de algun infante que, burlon y riendose de la falta de atencion, lo llamaba divertido en aquel ambiente asfixiante y siniestro. -¡Estas muy torpe hoy, Ace!- La voz rio con una carcajadita de niño bufon, causando que el segundo comandante comenzara a desorientarse por rebuscar entre el negro y la penumbra. -¡Ace!- Ante esta ultima pronunciacion de su nombre, el aludido volvio a girar sobre sus pies nerviosamente, deteniendose en seco, estatico y tenso, en cuanto finalmente sus ojos pudieron divisar al culpable de tanta insistencia por su persona.

Sus ojos oscuros se abrieron de par en par, la mandibula casi se le desencaja, llegando incluso a olvidarse de respirar durante un par de segundos al observar aquellas facciones conocidas y la sonrisa amplia y mellada.

-Sabo... - Finalmente, la garganta de Ace se atrevio a producir algun sonido, diciendo el nombre de aquel niño, de aquel hermano desaparecido del mundo que, frente a él, sonreia picaro bajo su sombrero grande de vieja etiqueta.

-Estas viejo, Ace.- Dijo Sabo, soltando despues una carcajada amplia con todo su gusto de niño travieso, burlandose de la estupefaccion y confusion evidente del que habia sido su hermano.

Por su parte, el segundo comandante no sabia exactamente que reaccion llevar a cabo. Sabo estaba muerto. No podia estar alli porque, definitivamente, estaba muerto y los muertos no hablan, ni se rien ni vuelven a la vida. Y sin embargo, estaba alli, reconociendole perfectamente entre la penumbra como si él tambien, al igual que Ace, brillara con luz propia.

-Estas muerto... Se supone que tu estas muerto.- Con voz temblorosa y desconcertada, no sabiendo si alegrarse o asustarse, el joven pirata dijo aquello mas para si mismo que para el otro, observando como el niño perdia la sonrisa por una expresion de extrañeza.

-¿Eh?- Confuso en un principio, el niño analizo al que fue su hermano durante la infancia, echando la espalda hacia atras un tanto en cuanto analizo las palabras anteriores. -¡Pero que dices!- Exclamo mas divertido que escandalizado, dejando escapar despues una de sus carcajadas conocidas de sonrisa mellada. -¡¿Muerto?- Se rio a gusto y durante un buen rato, teniendo que llevarse hasta una mano sobre el estomago. -¡Ace, los muertos no hablan!- Ace sabia que los muertos no hablaban y, sin embargo, Sabo lo estaba haciendo.

-P-pero tu... - Se encontraba asustado, tembloroso y perdido, pareciendo él ahora mismo el mas niño de los dos. Era confuso, demasiado y le daba miedo. -Estas muerto.- Repitio Ace, no pudiendo entender por la logica ni donde se encontraba ni porque diablos Sabo estaba alli, vivo y risueño como siempre.

-Ace, que no. Que los muertos no hablan, ni se rien, ni se mueven.- Mas serio y didactico, como si de nuevo fueran pequeños ambos y Sabo anduviera enseñandole alguna leccion, el niño se cruzo de brazos, topandose nuevamente con la mirada estupefacta y perdida de Ace. -Mira... - Sabo suspiro, negando con la cabeza un par de veces derrotadas. -¿Crees que un muerto podria hacer esto?- Y, nada mas pronunciar aquello, el pequeño Sabo bailoteo graciosamente, dando incluso una pirueta simpatica y de buenos reflejos que lo devolvio a su posicion inicial.

-N-no.- Respondio Ace, pensando por logica que un muerto no podria hacer eso. Pero Sabo estaba muerto ¿No? Ace no entendia nada y ni siquiera sabia donde estaba.

-Bien.- Satisfecho de que, al parecer, el otro lo hubiera entendido, el niño de sonrisa mellada acentuo su expresion feliz, cruzandose de brazos con simpatica altivez. -Oye, por cierto ¿Has visto a Luffy?- Confuso de repente, Sabo cuestiono aquello con esperanzas de ser respondido, dedicando una miradita rapida de revision a los alrededores oscuros.

-¿Luffy?- El cerebro de Ace estaba empezando a fallar, no comprendiendo nada en absoluto. Y, sin embargo, seguia teniendo miedo.

-Si, estaba por aqui.- Contesto Sabo, soltando despues un suspirito derrotado. -Ese idiota se habra perdido, como siempre... en cuanto le quitamos los ojos de encima, siempre arma alguna buena.- Y Ace asintio, revisando tambien los alrededores en busca de Luffy por puro instinto y confusion, pero él solo veia negro y mas negro. -¡Ayudame a buscarlo!- De pronto y sin apenas darle tiempo a reaccionar, Sabo dio un respinguito, correteando velozmente hasta dar con él. En cuanto se posiciono junto a Ace como un rayo, el pequeño con su sombrero se estiro para dar con su antebrazo fuerte, tironeando de él con claras intenciones de llamar su atencion. -¡Vamos, Ace, ayudame a buscarlo!- Dijo con insistencia y capricho infantil entre tirones demandantes, causando que el joven comandante reaccionara un tanto y bajara la cabeza para mirarlo.

Y, nuevamente, no pudo moverse ni decir nada.

La expresion de Ace comenzo a transformarse en una de horror, abriendo la boca en un grito ahogado en cuanto sus ojos analizaron sin quiererlo como las facciones de Sabo, siempre tan risueñas y picaras, se encontraban ahora sangrantes, magulladas y deshechas. La piel de la frente comenzaba a descomponerse hasta devorar parte de uno de sus ojos, blanquecino y ciego por la putrefaccion de los muertos enterrados, que no se mueven ni hablan.

Descompuesto, como los cadaveres.

Sabo estaba muerto.

Ace grito con miedo, mucho miedo, tirando de su propio brazo por puro instinto para alejarse del niño, dando un traspies hacia atras y estando a punto de caerse torpemente mientras las piernas le empezaban a temblar tensas y nerviosas.

Y Sabo desaparecio de golpe para dejar de nuevo solo negro y mas negro.

Sin tener tiempo ni para recomponerse o recuperarse de la vision horrorosa, Ace sintio que algo se avalanzaba de golpe contra sus piernas, abrazandose con fuerza a sus gemelos con total desesperacion e insistencia.

-¡Ace!- Grito nuevamente una voz infantil a sus pies, achuchandose entre lloriqueos aterrados a sus piernas con total panico y desesperacion.

Medio ido por el trauma anterior y la confusion total que sentia desde el principio, el joven comandante bajo la cabeza para analizar al culpable del abrazo apretado, topandose con una cabellera despeinada y azabache que pertenecia, sin duda alguna, a otro pequeño.

-¡Ace, no me dejes!- Lloriqueo el niño abrazado a sus gemelos, elevando finalmente la cabecita para dedicar sobre el mayor una expresion cargada de lagrimas y soledad desesperada.

-Luffy... - Reconociendo a su hermanito pequeño, Ace aun no entendia demasiado, preguntandose desde cuando Luffy seguia siendo tan pequeño y si, en realidad, no habia crecido en absoluto y seguia teniendo siete años. Ace ya no lo recordaba.

-¡No me dejes solo, por favor!- Lloro el pequeño, abrazado a sus piernas como si no hubiera nada mas en el mundo que Ace. -¡No me dejes, no quiero quedarme solo! ¡Quiero a mi hermano mayor!- Con un llantito desgarrador, el niño Luffy escondio la cabeza en su pantorrilla, mesando la mejilla contra ella desesperado por algo de contacto humano. -¡Quiero a mi hermano mayor! ¡No me dejes solo!- Suplico de nuevo, provocando que en la garganta de Ace comenzara a formarse un nudo doloroso. -¡Se que los hombres no lloran! Tu siempre dices que los hombres no lloran p-pero... - Como buscando excusarse por su llantina, el pequeño trato de calmarse sin lograrlo, aun escondido firmemente sobre su pierna. -¡Tu tambien lloras! ¡Tambien lloras cuando te duele!- Era cierto, Ace lo sabia, no acertando todavia a como reaccionar ante semejante muestra de desesperacion infantil. -¡Quiero a mi hermano mayor! ¡No quiero que mi hermano mayor tenga las manos manchadas de sangre! ¡Quiero a mi hermano!- Finalmente, el pequeño Luffy no encontro que mas decir que no hubiera pronunciado ya, llorando con lagrimas y sollozos desgarrados para abrazarse aun mas fuerte a sus piernas y esconder la cabeza entre estremecimientos y temblores.

Y Ace, que lo queria demasiado y tenia siempre presente, por mucho que tratara de ocultarlo, aquel instinto protector de hermano fuerte y mayor, no pudo evitar sentir un arrebato total de urgencia, decidido a consolar al niño como fuera. Debia tener miedo en aquel sitio tan negro y vacio, se dijo.

-Vamos, vamos... - Mostro calma e incluso una actitud divertida para no preocuparlo mas o asustarlo, observando sin saber muy bien que hacer o decir como su hermano pequeño mesaba la frente contra su pantorrilla en busqueda de proteccion y compañia. -¿Que es lo que pasa?-

-¡No quiero que me dejes! ¡No quiero que mi hermano me deje! ¡Quiero a mi hermano mayor, no quiero a ese tipo malo que se le parece! ¡No te vayas!- Dijo Luffy sin mucha coherencia y repitiendose en su discurso lloroso e infantil, no abandonando su escondite sobre las piernas de Ace.

-No voy a dejarte.- Resuelto y tragandose el desconcierto por las palabras de su hermanito, Ace chasqueo la lengua suavemente, mirando como Luffy no queria dejarlo ni separarse de él ni un centimetro. -Venga, Luffy... calmate... - Pobrecito, se dijo entre enternecido y preocupado por la reaccion desesperada, comenzando a agacharse para dar con el niño de frente. -Si te calmas y dejas de llorar, jugaremos un rato.- Como si no conociera él a su propio hermano pequeño...

Como habia esperado, en cuanto lo supo acunclillado frente a si mismo, Luffy se separo de sus piernas, permaneciendo en pie mientras trataba de contener malamente el llanto nervioso. Calmandose precariamente, el niño se llevo las manos hacia las mejillas, secandose las lagrimas que no paraban de salir mientras sorbeteaba graciosa y ruidosamente a traves de su naricilla.

-¿L-lo prometes?- Cuestiono inseguro y pensandolo detenidamente, dedicando sobre su hermano mayor una miradita fugaz de esperanza infantil. Ace sonrio.

-¡Claro!- Y Ace sabia que estaba funcionando y que, al final, no era tan mal hermano como pensaba.

-Vale... - Finalmente, el pequeño cedio un tanto, asintiendo un par de veces nerviosas aun con la nariz mocosa y las mejillas humedas. -¿No vas a irte?- Sin embargo, debia ser que aun no estaba del todo convencido.

-No, Luffy, no voy a irme. No me voy a ninguna parte.- Sin entender a que venia nada de esto, el joven Ace suspiro despacio en busca de toda la paciencia posible, sabiendola necesaria en exceso cuando se trataba de lidiar con su hermano menos inteligente, pero de gran corazon.

-¿Lo prometes? Porque hay un tipo que se parece mucho, mucho a ti... - Y, de pronto, los ojos enormes del niño revisaron los alrededores atentamente con aquella simpleza que solo Luffy podia tener, deteniendo el llanto pero no por ello el nerviosismo. -Se parece mucho a ti. Es igual de alto, tiene los ojos igual de negros, tiene la misma voz e incluso tiene tus pecas... - Sin hacer caso o percatarse del desconcierto evidente del mayor, el pequeño Luffy volvio a mirar a su hermano acunclillado frente a él, pareciendo totalmente convencido de sus palabras. -Pero no es tu. Es otro. No es Ace, yo lo se y no me engaña.- Dijo Luffy orgullosito de pronto, cruzandose de brazos graciosamente altivo para asentir un par de veces convencidas.

-¿Ah, si?- Ace se dijo que Luffy tenia demasiada imaginacion o bien habia tenido algun tipo de pesadilla, decidiendo no ahondar demasiado en el tema de un doble maligno posible. -Pues si no soy yo, no le hagas caso y ya esta. Yo no voy a dejarte ¿De acuerdo?-

-¡Pero él me da miedo!- Y, sin darle tiempo a reaccionar de nuevo, Luffy entro en estado de lloro a la velocidad de la luz, lanzandose esta vez a su cuello para abrazarse contra su hermano mayor y sollozar austado.

Ace no pudo hacer mas que suspirar y colmarse, nuevamente, de paciencia.

-¿Te da miedo? ¡Como va a darle miedo nada al futuro rey de los piratas!- Ace conocia demasiado bien a su hermanito, sin duda, apelando al mayor sueño y fuente de inspiracion posible. Sin embargo, no surtio ningun efecto, continuando el niño abrazado a su cuello apretadamente. -Ademas, yo estoy cuidando de ti... ¿De que tienes miedo?- Sonrio Ace con gracia y seguridad. Un segundo despues, su cabeza le dijo que aquella afirmacion le sonaba de algo.

-Es verdad... - Dijo el pequeño Luffy sin separarse de él, asintiendo contra su cuello entre lagrimeos y sorbeteos de nariz. -Si estoy contigo, no puede pasarme nada... Aunque... aunque a los demas si... a-a los demas si pueden p-pasarles cosas... - A Ace aquella contestacion tambien le sonaba de algo.

-Venga, entonces, deja de llorar. Estas a salvo.- Ace decidio que era hora de separarlo un poco y dejarlo afrontar el miedo con su compañia para que se sintiera seguro, llevando las manos con cuidado hasta los hombros pequeños de su hermanito lloroso. Suave pero firme, tiro facilmente de su cuerpo infantil que aun sollozaba aniñadamente, separandolo de si mismo con paciencia para encararlo y poder calmarlo por fin.

Sin embargo, mientras lo hacia, Ace se dijo que los hombros de Luffy, de repente, parecian mucho mas redondos y de mayor tamaño bajo los dedos, causando que una expresion de confusion total se adueñara de su rostro.

Finalmente, encaro a la persona que mantenia acogida, topandose sin esperarlo y de repente con un rostro que nunca jamas quiso volver a ver.

Luffy ya no estaba.

-Mirate... - Una sonrisa maliciosa y de medio lado ocupo su rostro tan bonito como peligroso, Ace lo sabia bien, aun no saliendo el joven pirata de su total y desagradable estupefaccion. -Te has vuelto debil y blandito.- Entre despreciativa y burlona, Circe le reviso de pies a cabeza con su ojos almendrados, arrodillada frente al segundo comandante que aun la mantenia acogida bajo sus manos. -Ella te ha vuelto debil y blandito.- Su mirada burlona, su expresion tan divertida como decepcionada, levanto toda la colera apresada en lo profundo de su estomago y ser completo, causando que los dientes de Ace se apretaran tanto unos con otros que hasta le dolieron.

Se estaba riendo de él.

Hija de puta...

Los dedos de Ace dejaron de acogerla para aprisionarla sin compasion, no pudiendo evitar que su rostro se tornara la viva imagen del odio mas visceral y autentico.

-Hija de puta... - Dijo entre dientes con un siseo amenazante, causandole a ella una carcajada seca y jocosa que termino por sacarle de quicio.

Sin mas y sin poder controlarse, demasiado dolido, demasiado dañado y confuso como para decidir racionalmente, el segundo comandante la solto velozmente, lanzando las manos grandes a su cuello esbelto para rodearlo con evidentes intenciones. Apreto por instinto, sintiendo el latir desbocado bajo los dedos tratar de rebelarse a la fuerza asesina, observando entre satisfecho y todavia irracional como la expresion de Circe dejaba de ser burlona y comenzaba, poco a poco, a volverse dolorosa y falta de oxigeno.

Ahora si la mataria. Acabaria con ella. Con su lengua viperina, con sus engaños, con sus celos excesivos y falso amor.

Acabaria con Circe. Le arrebataria lo unico que tenia al igual que ella, sin compasion, le arrebato lo unico que tenia.

Cada vez mas fuerte, cada vez mas tenso y letal, Ace la vio al borde del defallecimiento, aun tratando de luchar la mujer bonita contra su fuerza mayor sin poder soltarse del apreton asfixiante que continuaba sobre su cuello. La consciencia de Circe empezo a fallar y comenzo a caer, perdiendo la fuerza junto con el aire, llevandosela Ace poco a poco hacia el suelo invisible y negro, solo negro, para terminar la tarea vengativa de una vez por todas.

La sangre se paga con sangre. Sangre por sangre.

Unos segundos mas, unos segundos mas y ya no quedaria nada mas que un estetico y bonito cadaver. Solo unos segundos mas, Ace lo sabia, admirando incluso analitico como sus ojos se volvian vidriosos y asustados, como su boca buscaba aire sin lograrlo y como la piel de sus mejillas comenzaba a amoratarse.

Solo unos segundos mas y ya no quedaria nada.

Sus labios secos se movieron temblorosos, pareciendo que tenia algo importante que decir. Las ultimas palabras que Ace no pensaba facilitar, pero tampoco impedir.

- ... Ah... A-ace... - Entre jadeos faltos de oxigeno y al borde del desmayo, tras el cual vendria la muerte, o bien la muerte instantanea y sin mas, Circe se revolvio malamente. No habiendo separado los ojos de los suyos ni un segundo, Circe hablo susurrante. -Lo... - Se arqueo seca y velozmente, buscando el poco aire que le quedaba para concluir finalmente. -M-me lo... me lo... juraste.-

Y, entonces, ya no era Circe.

Era Ifára, que la estaba robando el aire poco a poco.

Asustado de si mismo por lo que le estaba haciendo al ser humano que mas podia haber amado en el mundo, Ace volvio a gritar, alejando las manos violentamente de su cuello fragil con la esperanza de que no fuera demasiado tarde.

Un juramento. Ahora que recordaba, él habia hecho un juramento.

-Y Portgas D. Ace es un hombre de palabra.- Dijo Ifára repentinamente recuperada, aun tumbada sobre el suelo pero ya libre de sus manos asfixiantes, mirandole como un angel juzgador que bajo a la tierra para liberar al pecador de sus faltas.

Ace la miro.

La miro y asintio cual cordero, sintiendose a pesar de sus distintas posiciones y tamaños muy, muy pequeñito.

Y el negro comenzo a volverse gris, y de gris a blanco, amalgamandose la penumbra con una claridad que le hacia incluso daño en las pupilas acostumbradas a la oscuridad.

Ace dejo de ver nada para solo ser cegado por el blanco inmaculado.

-Ace... - No podia ver, pero un susurro que se alejaba le llego hasta los oidos, reconociendo rapidamente la voz como el inconfundible timbre de Ifára. -No te vayas.-

No la escucho de nuevo.

(Cambio de escena)

De par en par y repentinamente, Ace abrio los ojos.

Con la respiracion agitada y la mente confusamente embotada, observo entre desconcertado y cada vez mas aliviado lo que era, sin duda, un techo de madera.

Habia sido una pesadilla.

Mientras el miedo comenzaba a disiparse de su cuerpo, Ace se revolvio un poco sobre la superficie dura en la que andaba acostado para tener que contener un quejido molesto, sintiendo el punzante dolor de su cabeza herida. Analizo los alrededores y cayo rapido en la cuenta de que estaba todavia en aquel maldito zulo, o almacen, o lo que diablos fuera, notandose ligeramente atontado por la droga anestesica y la perdida de sangre reciente. Aguantandose las ganas de refunfuñar cual anciano amargado, el segundo comandante bajo la mirada para analizarse a si mismo, dandose cuenta con sorpresa que le habian cubierto mimosamente con una manta para que no cogiera frio tumbado sobre el suelo.

¿Cuanto tiempo llevaba durmiendo?

Como un resorte, Ace se incorporo sentado, estando a punto de volver a caerse. Un mareo desagradable nublo su mente durante un segundo debido a la herida y al levantarse sin cuidado y abruptamente, llevandose una mano inconsciente a la sien para toparse con un vendaje y soltar un gruñido en el proceso.

-¡Ah!- Alguien grito suave con sorpresa y leve susto cercanamente, causando que el joven pirata rapidamente rebuscara por los alrededores al ser culpable de dicho ruido. La joven aprendiz de enfermera le miro fijamente, recuperandose del susto que se habia dado al andar sola la pobre en aquel zulo con un tipo anteriormente inconsciente. -Ya te has despertado... - Dijo entre aliviada por ver que no habia peligro y sorprendida por el despertar temprano, suspirando despues la muchachilla largamente.

-Si... - Ace no podia contestar otra cosa, todavia algo atontado.

-Solo has dormido un par de horas.- Ella pronuncio sus palabras entre sonriente y sorprendida por semejante recuperacion, jugueteando con sus deditos a la altura de su regazo. Ace sonrio cordial y fugazmente, y luego enmudecio. Se produjo, entonces, un pequeño silencio incomodo.

-Eh... - Y a Ace no le gustaban los silencios incomodos. -Gracias.- Dijo amable y realmente agradecido, acogiendo con una mano parte de aquella manta para aclararle a ella a que andaba refiriendose.

-¡Oh! No tiene importancia.- Educada, la aprendiz de enfermera contesto, pareciendo un tanto incomoda. Estaba conteniendo o aguantando algo, el joven Ace pudo notarlo vagamente.

Se produjo, nuevamente, otro silencio incomodo.

-Oye... - Y, esta vez, fue la muchachilla quien lo rompio, evitando el contacto visual velozmente como si le costara horrores hablar. - ... algo me... me han contado y has murmurado cosas en sueños... - Ante esto, Ace no supo si debia avergonzarse o simplemente permanecer indiferente, preguntandose con apuro que diablos habia pensado la pobre jovencita. -Siento mucho tu perdida.- Finalmente, la joven aprendiz elevo el rostro un poquito dedicandole una mirada sincera que no duro mucho tiempo, pero que si le suficiente para transmitir el mensaje correcto.

-Ah... - Asi que, era eso lo que andaba aguantando. Un relampago de dolor y furia atraveso el interior del segundo comandante, guardandose rapidamente la reaccion peligrosa para no asustar a la muchacha. Ademas, Ace sabia que era preciso mantenerse sereno. Sereno y razonable, pero no por ello compasivo. No pensaba dejar las cosas asi. -Ya, bueno.- Se encogio de hombros con la mirada ligeramente perdida en aquella manta que le habian prestado para su siesta de recuperacion, comenzando a recordar y colocar cada doloroso evento vivido ese mismo dia. Circe habia sido su salvavidas para no hundirse tras la muerte de Ifára. Circe habia sido su mejor amiga. Circe habia sido herida peligrosamente aquel mismo dia. Circe habia asesinado a Ifára. Circe habia comprado a Dadou. Dadou habia sido la mejor amiga de Ifára. Dadou habia tratado de romper su amistad para arrepentirse dolorosamente despues. Dadou habia intentado suicidarse. Dadou habia sido complice del asesinato de Ifára.

Se produjo otro silencio incomodo debido a que la mente de Ace estaba dejando atras el colapso emocional por el analisis doloroso y vengativo.

Pero mas que venganza y un "ojo por ojo", lo que Ace queria era que fueran conscientes, y que solo eso fuera castigo suficiente. Era castigo suficiente si conseguian ser conscientes de lo que habian hecho... Aunque la idea de una venganza impulsiva y brutal era muy, muy tentadora.

En realidad, Ace no sabia lo que queria como espectaculo final, pero si los pasos intermedios.

Ya iba a levantarse sin pensarlo ni dos veces cuando, nuevamente, la voz suave y tranquilizante de aquella jovencita rompio el silencio.

-Y... - Pareciendo que sentia una tremenda curiosidad pero, a la vez, incomoda por el atrevimiento que iba a llevar a cabo, la aprendiz de enfermera se llevo una mano hasta el cabello, recogiendolo tras una de sus orejas mientras posaba su mirada en todas direcciones, pero nunca sobre Ace. -¿Como era... ella?- Cuestiono con miedo de molestar al otro pero con grandes ganas de saber, que muchas historias debia haber escuchado de otros y, seguramente, todas muy diversas.

-Buena.- A Ace no le molesto en absoluto y no se le ocurrio cosa mejor para describir a Ifára. Sorprendida por la respuesta rapida y amable, la muchachilla dio un respingo pequeño, dedicando sobre el segundo comandante una miradita agradecida y compasiva. -Te pareces a ella.- Era cierto. La joven aprendiz abrio los ojos de par en par un instante con total estupefaccion y sin saber como contestar a aquello, observando apurada como el segundo comandante comenzaba a levantarse sobre el suelo de madera. -Es un cumplido.- Dijo Ace en cuanto comprobo de reojo como ella no sabia exactamente como debia tomarse sus palabras, doblando en pie la manta con la que le habian cubierto para facilitar el trabajo y dejarla a un ladito.

-G-gracias, entonces.- Finalmente, la muchachilla agradecio avergonzada y todavia desconcertada, evitando mirar al joven pirata.

-De nada.- Se le estaba yendo de las manos y se andaba descubriendo demasiado, decidiendo largarse de aquel zulo cuanto antes y poner en orden sus dolorosos asuntos actuales. El mundo se habia derrumbado y Ace tenia que recolocar las piezas de nuevo para seguir adelante. Un paron en el camino era de vital necesidad. -Tengo que irme.- Dijo sin mas, aguantandose un suspirito con claras intenciones de comenzar a caminar hacia la salida. Tenia un juramento, Ace no podia olvidarse de eso, tampoco.

-Oh... - Ella asintio pareciendo, extrañamente, decepcionada, tragando saliva pesadamente para hablar un tanto insegura. -¿T-te vas ya?- Se retorcio las manos como arrepintiendose de haber dicho cosa semejante, quedandose quietecita y a la espera en un lateral cercano a la puerta de la habitacion destartalada.

-Si.- Ace contesto rapido y seguro, pero no cortante, dedicando sobre la muchachilla una miradita de disculpa. -¿Sabes? Quiza mas adelante podamos tomar algo juntos... pero tendra que ser mas adelante.- Y es que Ace no estaba ahora para juegos semejantes. Ni estaba ahora, ni estaria dentro de una semana, seguramente. Sin embargo, era un desperdicio negarse en rotundo y cerrarse para siempre y sin mas.

-Me gustaria mucho.- Ella sonrio apurada pero mas tranquila y segura, pareciendo halagada por la posible proposicion en un futuro.

-Bueno... - Suspirando, el joven pirata comenzo a atravesar la habitacion para dar con la puerta, colocando una mano grande en el picaporte con claras intenciones de girarlo. Sin embargo, antes dedico una mirada a la joven aprendiz situada cercanamente, no queriendo marcharse abruptamente y con malos modales. -Hasta entonces, espero... eh... -

-Celline.- Contesto ella rapidamente, presentandose al comprobar que Ace no tenia idea de su nombre, evidentemente.

-Es bonito. Hasta entonces, Celline.- Y Ace giro el picaporte para abrir la puerta, desapareciendo de la habitacion pequeña y asi comenzar, finalmente, a recolocar las piezas destruidas de su mundo.

Una vez sola, la joven aprendiz de enfermera, Celline, hundio los hombros un tanto, dejandose caer sobre la pared de madera para apoyar la espalda en ella un tanto enfurruñada.

Al menos, no la habian rechazado sin mas.

(Cambio de escena)

Mirando a la pared de su inmenso y personal camarote, reflexivo y sombrio, desesperanzado un tanto incluso, un viejo lobo de mar se contuvo un suspiro de inmensa naturaleza. Se limito, por tanto, tan solo a llevarse las manos tras la espalda y chasquear la lengua con total disgusto e impotencia, negando con la cabeza un par de decepcionadas veces.

Y, ahora ¿Que?

Por suerte o desgracia, el enorme y poderoso capitan, mas padre que esto ultimo, en realidad, no tuvo tiempo de buscar respuesta a aquella pregunta, escuchando a su espalda como la puerta de su privilegiado y ganado a pulso camarote era golpeada por alguien al otro lado con llamado.

Imaginando facilmente quien podria ser, el viejo lobo de mar que se sentia aun mas viejo en situaciones como la de ese dia, giro la cabeza un momento para admirar la madera resonante.

-Adelante.- Pronuncio el imponente Barba Blanca con suficiente fuerza tonal para ser escuchado al otro lado de la puerta pero sin necesidad de gritar, regresando nuevamente su atencion a la ventana grande de la pared que daba directa con el ancho y libre mar. El mar, su hogar, su casa. La unica y verdadera forma de vida que habia conocido al igual que la volatilidad y ambigüedad de sus normas.

Ante su permiso, la puerta del camarote se abrio cuidadosa pero seguramente, escuchando facilmente el enorme capitan el sonido de los pasos inconfundibles de uno de sus hijos mas fieles y conocidos que, velozmente, cerro la puerta tras de si con evidentes intenciones de confidencia total.

-Padre... - Dijo serio pero a la vez tanteando el terreno con cautela, permaneciendo por puro respeto y precaucion cercano a la entrada y salida del camarote privilegiado. -Venia a... - Pero fue rapidamente interrumpido.

-Conozco la situacion, Marco.- Y, como lo conocia demasiado bien, el gran y poderoso pirata dejo escapar incluso una sonrisa amarga, pudiendo imaginar facilmente la expresion levemente desconcertada de su primer y mas cercano comandante. -Soy el capitan de este maldito barco, al fin y al cabo.- Pronuncio el viejo lobo de mar tragandose un suspiro, aun pendiente perdidamente del paisaje que ofrecia su ventana. Estaba decaido y preocupado, Marco pudo notarlo. Imaginar tan solo que su padre no conociera con todo detalle la situacion actual provoco que el primer comandante estuviera incluso a punto de reirse de si mismo, diciendose que habia sido una estupidez pensar que el mismisimo Barba Blanca andara en la inopia en su propio barco.

Marco abrio la boca con claras intenciones de hablar. Sin embargo, su padre y capitan, que tan bien lo conocia, se adelanto rapidamente sin necesidad de girarse a mirarlo si quiera.

-Al grano, Marco.- Dijo, sabedor perfecto de la facilidad que tenia su primer comandante para las elocuencias y explicaciones detalladas pero, tambien, para ser el mas claro y conciso si se lo pedian.

-Vengo a proponer que se haga un juicio.- La palabra exigir no le parecio correcta para dirigirse a su figura de mayor autoridad y respeto. Sin embargo, era sencillo adivinar el sentimiento real y la necesidad de justicia en su voz seria y serena, pero cercana al mismo tiempo. Marco siempre seria un niño extraño y a la vez predecible si le conocias bien, se dijo Barba Blanca.

Por su parte, como respuesta primera, el viejo lobo de mar dejo escapar un sonido amargamente divertido entre la carcajada y el jubilo de haber adivinado facilmente las intenciones del otro, causando que el primer comandante elevara una ceja con desconcierto a su espalda.

Y, como su padre y capitan no precisaba ni de mirarle para adivinar cada una de sus expresiones, el viejo lobo de mar hablo.

-¿Un juicio?- Cuestiono con burla sombria, incluso, afianzando el abrazo de sus manos enormes tras su espalda de tambien inmensas dimensiones.

-Si.- Armandose de paciencia, Marco asintio calmado, conteniendo la inseguridad y miedo a que su padre no apoyara su intencion. El capitan era quien decidia cosas semejantes. Sin su permiso, aunque no anduviera de su parte, no habria juicio alguno si este se negaba. Marco confiaba ciegamente en su padre, pero... -Las cosas no pueden quedarse asi, tal cual estan. Necesitan de una resolucion.-

-Resolucion... - Repitio el viejo capitan incluso decaidamente, chasqueando despues la lengua con fastidio.

-Todos la necesitamos... dejarlo en vilo y en el aire sin ponerle un final verdadero y concluyente no... - Solo imaginar que cosa semejante ocurriera se le hacia ilogico, doloroso y excesivamente hilarante, una locura, cerrando los ojos un segundo con fuerza el primer comandante antes de continuar. -Seria ridiculo, simplemente. Ridiculo y cruel, injusto.- Esa ultima palabra si era la perfecta. -Es imprescindible un juicio que de lugar a una resolucion, la cual es realmente necesaria. Mis hermanos la necesitan... - Pero Marco se dijo que no pasaba nada por descubrirse un poco y ser totalmente sincero frente a la espalda enorme y confiable de su padre, guardando un instante de silencio para sonar mas verdadero y menos gelido que de costumbre. -Yo la necesito... y Ace mas que nadie... - Marco noto como las manos del viejo capitan se tensaban un poco nerviosamente, apretandose entre ellas con incomodidad. -Ace no solo la necesita, si no que se la merece... E Ifára, tambien.- Por primera vez desde que habia entrado en su camarote, Barba Blanca giro la cabeza un instante para observarle levemente confuso.

-¿Ifára?- Cuestiono el viejo y poderoso capitan con desconocimiento, causando que Marco tuviera que tragarse un suspiro resignado.

-La niña, la chiquita de Ace... la que fue asesinada hace un año.- Y tras aquella explicacion clara y que no dejaba lugar a confusiones, Barba Blanca asintio satisfecho, regresando su atencion a la ventana luminosa. -Ella se merece justicia mas que nadie. Circe ha cometido un asesinato, ha matado a alguien importante... - Entonces, recordo la conversacion mantenida con Thatch y sus consejos, cambiando la tactica rapidamente. -... para Ace. Merece... - Las manos de Barba Blanca volvieron a tensarse, causando que Marco titubeara internamente un tanto. Pero no era momento de flaquezas. -Esa mujer merece un castigo proporcional al daño que ha causado.- Y es que, aunque Marco ocultara perfectamente sus sentimientos, no podia hacerlo frente a Barba Blanca, gran conocedor de su persona.

Facilmente adivino la ira, el odio, el dolor y el deseo inconsciene de venganza aparte de la logica y la evidencia.

En un instante, Barba Blanca se giro con todo su peso y poderio fisico sobre sus propios pies, deshaciendo su posicion tensa para encarar a su hijo repentinamente furioso.

-¡Esa mujer de la que hablas es tu hermana!- Estallo el viejo lobo de mar con ira y regaño absoluto, causando que incluso el mismisimo Marco no pudiera evitar sentirse abrumado e intimidado, dando un paso hacia atras por pura precaucion instintiva. -¡¿Que diablos te ocurre, Marco? ¡¿Has olvidado a tu familia, pequeño hijo desagradecido?- Marco no era ningun desagradecido. Marco adoraba a sus hermanos y compañeros, a su padre, a su barco y hogar y a cada insignificante cosa que tuviera que ver con la tripulacion de Barba Blanca.

Que le tildaran de cosa horrible semejante era el peor insulto y ofensa que podian hacerle. El peor...

Apretando los puños a sus costados sin poder evitarlo, juntando fuertemente los dientes, el primer comandante encaro a su imponente y furioso padre. Barba Blanca debia estar dolido mas que enfadado con él y sus intenciones, desesperanzado y perdido, sin saber que hacer, respondiendo con un sentimiento que conocia mejor que la impotencia, Marco podia saberlo. Sin embargo, ahora mismo se encontraba ofendido en lo mas hondo de su ser, no reflexionando sobre aquella cuestion.

-Ella no es mi familia.- Pronuncio el primer comandante entre dientes, frunciendo el entrecejo y pareciendo incluso dispuesto a la lucha si era necesario, algo completamente insolito en persona como él frente a su mayor figura de respeto, admiracion y agradecimiento. Ante semejantes palabras pronunciadas por un Marco completamente seguro de ellas, el viejo Barba Blanca no pudo mas que abrir los ojos con estupefaccion por el momento, consiguiendo que su primer comandante continuara. -¡Ace si es mi familia! ¡Ifára tambien lo era!- Marco grito firme y convencido su confesion, observando el efecto furioso que lograba sobre su en realidad perdido y frustrado padre.

-¡Estupido niño ingrato y emotivo!- Vocifero Barba Blanca, inclinandose hacia su hijo igual de combativo para amedrentarlo lo mas que pudiera. -¡Circe es mi hija! ¡Ella tambien es mi hija!- Ahi estaba la verdad. El sufrimiento real. El conflicto interno que tenia aquel que era mas padre que capitan en cuanto se entero de que uno de sus hijos queridos habia dañado horriblemente a otro ¿Que podia hacer él, en realidad?

-¡Pero merece justicia, como todos en este jodido barco! ¡Todos estamos sujetos a las mismas leyes, maldita sea!- Exclamo Marco igual de alto, dejandose llevar por la colera para inclinarse tambien hacia su capitan. De repente, se transformaron de verdad en padre e hijo. Sin jerarquias, sin respetos por el mayor o menor liderazgo, tan solo una estrecha union familiar mas fuerte que los lazos de sangre, que nada garantizan en verdad.

-¡Las leyes seran como a mi me parezca que deben ser, pequeño bastardo!- De la boca del furioso y ahora realmente terrorifico capitan salio aquella exclamacion, aguantandose precariamente el impulso de golpear a su hijo y mandarlo por los aires.

-¡Maldito viejo, la edad debe hacerte desvariar!- Marco tambien habia perdido el control de sus actos y palabras, tragandose a duras penas las ganas de arramplar con todo y cargar contra su padre. -¡Nadie puede estar por encima de la ley, ni siquiera tú! ¡Para que las cosas funcionen, debe ser asi! ¡Estas siendo inconsciente si pretendes que todo marche a las mil maravillas saltando y cambiando las normas como te venga en gana! ¡En el momento en que las impones como aplicables a todos tú tambien te comprometes a someterte a ellas!-

-¡Soy el jodido capitan de este barco, niñato de los cojones!- Grito Barba Blanca cada vez mas fuera de si, observando como su hijo no se amedrentaba y arremetia de nuevo.

-¡Y por eso debes dar ejemplo, viejo caprichoso!- La voz de Marco estallo mas alta que nunca, haciendo casi hasta retumbar el cristal de la ventana que momentos antes habia estado contemplando Barba Blanca, supuestamente sereno.

Jadeando, el viejo lobo de mar abrio la boca con furia dispuesto a responder algo que desbancara a su hijo. Sin embargo, no logro encontrar solucion posible porque, de una forma u otra, superficial o mas profundamente, Marco tenia razon.

Porque Marco, siempre, solia tener razon.

Asi que, Barba Blanca permanecio en un silencio tenso e iracundo, doloroso por dentro en realidad, no deshaciendo aun su posicion tensa y de batalla inminente al igual que permanecia la de su hijo, con la respiracion tan agitada como él mismo.

-¡Maldita sea!- Exclamo el capitan y padre, mas tranquilo sin embargo a pesar de la maldicion y la fuerza de su voz, relajando un tanto la postura para llevarse una mano enorme a la cabeza y masajearse fuertemente la sien. -Me provocas un dolor de cabeza insoportable. Es imposible discutir contigo.- Escupio el enorme y viejo pirata, observando de reojo como su hijo trataba de calmarse y normalizar su respiracion. No estaba acostumbrado a estallar.

-Ella... - Iba a decir algo despectivo y horrible, pero consiguio contenerse por respeto y correccion, que su razonamiento y serenidad comenzaba a regresar. Tragando saliva un segundo para reflexionar, el primer comandante se llevo las manos a los bolsillos, irguiendose de nuevo cuan alto y respetable era. -Ace es mi familia, Ifára era mi familia... Y ella ha dañado a mi familia.- Seguramente, si hubiera empezado por ahi, las cosas habrian sido mucho mas rapidas y sencillas de tratar.

-Agh... callate.- Contesto el viejo pirata y capitan con dolor y molestia, girandose sobre sus propios pies para regresar a su ensimismada posicion anterior, mirando fijamente la ventana con las manos a su espalda. -Tendras tu estupido juicio, pero no esperes que me ponga sin mas de vuestra parte.- A pesar de todo, Marco sabia perfectamente que Padre seria todo lo imparcial que un capitan pirata pudiera ser ejerciendo de juez, relajandose notablemente en cuanto comprobo que sus intenciones serian cumplidas. -Ace es mi hijo y le quiero... pero Circe tambien lo es.- El dolor se escapo de entre sus labios sin que pudiera evitarlo, tensando la postura nuevamente en cuanto recapacito la situacion terrible que no tenia otra solucion. Uno de los dos saldria perdiendo, o Ace, o Circe ¿Por que él tenia que haberse enamorado caprichosamente de aquella muchachita? ¿Por que ella tenia que haberla asesinado cruelmente? Niños estupidos e inconscientes...

-Lo se.- Ya esta, se habia acabado aquella primera cuestion en su lista de complicadas cosas que llevar a cabo, tragando aire largamente el primer comandante para relajarse del todo y volver a la calma. En silencio, Marco observo la espalda amplia e inmensa de su padre, admirando con dolor empatico como debia sentirse actualmente. Debia ser un atroz conflicto interior entre los sentimientos, el deber, el premio y el castigo. Los hijos o tripulantes, piratas o familia. -Se que hara las cosas como deben hacerse y que tomara la mejor decision, nos parezca a nosotros conveniente o no.- Y es que Marco estaba seguro de esto ultimo, dejandoselo saber rapidamente a su torturado capitan para aumentar su bienestar y eliminar lo mas posible la culpa.

-Silencio.- Pronuncio el viejo lobo de mar tragandose muchas cosas y guardandolas dentro de si, no mostrando jamas debilidad alguna conscientemente. -Ahora... largate y dejame pensar, Marco.- Y Marco asintio obediente, satisfecho con la decision de su padre de llevar un juicio a cabo.

Era lo justo.

En silencio y sin media palabra mas, el primer comandante se dirigio de nuevo hacia la puerta, girando el picaporte para desaparecer del camarote privilegiado.

El viejo lobo de mar, aquel que era mas padre que pirata, se quedo abandonado en soledad bajo sus propios pensamientos.

(Cambio de escena)

La luz clara del cielo despejado se colo a traves de la ventana amplia, iluminando gran parte de la estancia.

Algo lejano pero a la vez lo suficientemente cercano como para ser oido, el graznido alegre y energico de una gaviota le llego facilmente reconocible, soltando el ave su vocina quiza como llamado hacia sus congeneres.

Si habia gaviotas, significaba que poco les quedaba para encontrar tierra firme. Quiza un par de dias.

Extraña y ausente, como si se hubiera vaciado por dentro, Circe permanecio tumbada boca arriba sobre la cama de la enfermeria, recientemente cosida su herida y ya fuera de peligro. Se dijo que el medico del barco era un gran profesional, reconociendo la mujer bonita facilmente que, como dice correctamente el refran, mas sabe el diablo por viejo que por diablo.

El sonido de la puerta abriendose le hizo dar un pequeño respingo sobre el colchon que causo una leve molestia en su zona herida, aguantando facilmente la mujer curtida la punzadita para asi incorporarse ligeramente sentada con claras intenciones de descubrir quien era el nuevo intruso recien llegado a la habitacion.

El aliento se le atasco en la garganta en cuanto comprobo la identidad en cuestion.

Un silencio tenso y cortante, puede que incluso asesino, ataco la estancia sin remedio, roto tan solo por un nuevo graznido de gaviota.

Ante semejante circunstancia y persona, Circe recupero poco a poco la respiracion y trato de relajar su expresion estupefacta, contemplando sin saber realmente que hacer como su comandante caminaba por la habitacion claramente hacia ella, pero sin hacerle demasiado caso. En sus manos Ace cargaba una inconfundible bandeja metalica con comida, adivinando la mujer que debia por tanto ser ya mediodia.

No sabia que decir, ni pensar, no entendia nada. Al fin y al cabo, era como si se hubiera vaciado por dentro, se dijo ella.

- ... hola... - Pronuncio incluso temerosa, observando fijamente a aquel hombre, por el que tantas cosas horribles habia hecho, ignorar descaradamente sus palabras. En cuanto llego junto a su cama, se detuvo cerca, muy cerca, en frente, dedicandole finalmente una mirada de ojos oscuros. Una mirada de ojos oscuros que a ella se le clavo directa al alma y corazon, observando lo que nunca antes pudo ver en sus pupilas. Los ojos azabache de Ace le dijeron facilmente que estaba tranquilo, que se habia serenado y que, esta vez, no se lanzaria sobre ella con claras intenciones de asesinarla.

Sin embargo, en sus ojos azabache Circe pudo ver el odio. Un odio inmenso mezclado con una indiferencia de lo mas dañante. El odio, pero tambien el dolor.

Aunque se le hizo eterno y una tortura, en realidad el joven Ace no debia haberla analizado en silencio despreciativo mas de dos segundos, colocando ruidosa y descuidadamente la bandeja metalica cargada con comida sobre la mesilla de noche impersonal y cercana junto a su cama, resonando el objeto alimenticio con un ruido fuerte.

-Tu comida.- Dijo Ace con el tono mas seco y cortante del mundo, apartando su mano de la bandeja con desprecio.

-G-gracias... - Pronuncio Circe sin comprender nada en absoluto, resultando que, extrañamente, no sabia si preferia la presencia de Ace o su ausencia. Ahora mismo, ambas dolian demasiado.

Ignorando sus palabras de nuevo, el joven segundo comandante se giro, alejandose un par de pasos hasta alcanzar la silla mas cercana y sentarse alli. Justo frente a su cama, frente a sus ojos, observandola fija y silenciosamente con aquellos iris oscuros que la estaban matando. Que le abrasaban dolorosamente por dentro como el fuego del que formaban parte.

Un nudo apretado se asento en la garganta de Circe, volviendose a quedar sin respiracion y sin capacidad para moverse ni un apice. Estatica, recupero el aliento y evito por primera vez en mucho tiempo la mirada de alguien, esquivando el contacto visual al comprobar que Ace no dejaba de contemplarla tranquilo, pero a la vez tenso.

-Estas... estas herido.- Pronuncio Circe entre temerosa y preocupada, dedicando una mirada rapida al vendaje que cubria parte de la cabeza de Ace.

-Si.- Respondio él secamente, otra vez, limitandose a permanecer donde estaba sin necesidad de cambiar la expresion si quiera.

-Oh... - Ella no supo que responder. Circe no entendia nada, solo sabia que dolia. Sin embargo, no necesito de pronunciar palabra, adelantandose el joven Ace rapidamente.

-¿Como te encuentras? ¿Estas bien?- A pesar de las preguntas, no se noto preocupacion alguna en su voz, continuando con aquel tono cortante y doliente pero, esta vez, hasta interesado.

-Si... - Ella asintio y dejo escapar un amago de sonrisa por puro instinto, tensandose rapidamente incomoda en cuanto observo que Ace no dejaba de mirarla de aquella manera horrible. -El doctor ha hecho un gran trabajo. - Dijo Circe para desviar un tanto la atencion, dedicando una miradita curiosa de revision a su propia herida cerrada, vendada y que ya mucho no dolia. -Ya he podido levantarme de la cama, incluso.- Y Ace no cambio su actitud juzgadora y terrible en absoluto.

-Bien.- Se limito a responder por el momento entrecerrando los ojos oscuros un poco, serio como una piedra. Ante semejante mirada y palabra, Circe no pudo evitar tragar saliva dificultosamente, esperando en silencio y tension total que el otro siguiera. -Eso esta muy bien.- Y en ella fue evidente la confusion, haciendo que el joven Ace rapidamente se adelantara de nuevo antes de que Circe abriera la boca. -No confundas mis intenciones, mujer.- Tras esta sentencia, Ace se inclino un tanto sobre la silla, tranquilo y superior. -Si estas mejor y puedes moverte, no habra que esperar ni una semana para juzgarte.-

-¿Juzgarme?- Nuevamente confusa, Circe elevo una de sus cejas morenas con curiosidad, preguntando levemente bajo aquello por pura intimidacion e incomodidad. Ace en semejante estado daba miedo, mucho mas si encima horas antes habia tratado de matarla.

-Si.- Él asintio tranquilo, cruzandose de brazos despreocupadamente para volver a apoyar la espalda amplia sobre la silla de madera. -Hemos propuesto que se haga un juicio y asi sera.- Pronuncio Ace como si fuera lo mas evidente del mundo que sus intenciones fueran cumplidas, dejandole claro con apenas esas palabras que él llevaba la razon y que cualquiera se pondria de su parte. Que ella era una asesina, una arpia sin corazon. Que la odiaba... que la odiaba y que cualquiera lo haria si llegaba a conocerla, pero a conocerla de verdad.

Dolida y desgarrada por dentro, tratando de contener unas lagrimas cargadas de llanto que le resquebrajaban la garganta de pronto, Circe volvio a tragar saliva con ojos vidriosos, conteniendo el arrebato precariamente.

-¿No vas a matarme?- Y es que Circe se habia resignado a cosa semejante desde el mismo instante que se decidio a confesarle la verdad, no pudiendo guardarse para si una lagrimilla rebelde que se escapo de uno de sus ojos almendrados, pero que no ablando a su comandante en absoluto.

-Quiza lo haga.- Dijo él como si aquello fuera una decision sin importancia y de la que aun no sabia futuro exacto, encogiendose de hombros con indiferencia antes de volver a hablar. -No lo se, aunque me encantaria.- Aquello fue como una flecha directa al corazon, cerrando los ojos Circe un segundo con fuerza por el dolor. Ella lo habia asumido y se creia preparada, pero no es lo mismo imaginarlo que vivirlo y saberlo de su propia boca. -Sin embargo, prefiero que se te juzgue. Que todo el barco lo sepa y que mis acciones sean reflexionadas y no a lo loco, ya sabes. No quiero molestar o hacer daño a mis hermanos.- Sin mas, Ace solto la verdad mas absoluta y fue el ser mas sincero del planeta, acomodandose de nuevo sobre la silla de madera.

Silenciosa, Circe rompio el contacto visual de nuevo, no pudiendo evitar el que sus dedos se enredaran un tanto con las sabanas para apretarlas con fuerza, mirandose fijamente las rodillas mientras sus ojos arabigos se nublaban cada vez mas llorosos.

Por mucho que lo hubiera asumido y decidido, dolia. Y esto dolia mas que un simple arrebato vengativo que acabara con su vida. Dolia y le daba miedo... Pero Circe no era ninguna cobarde y aceptaria la situacion cercana y venidera con entereza, orgullo y toda su honestidad. Ella era ella, no podia olvidarlo.

Solo Ace podia con ella. Solo Ace podia vencerla, hacerla llorar y sentirse tan pequeñita como un raton al igual que se sentia en aquel preciso instante. Solo Ace y, que él pudiera hacerlo, no significaba sin embargo que cualquier otra persona pudiera conseguir cosa semejante.

-Por cierto... - Viendola vagando por su cabeza, Ace rompio el embrujo doloroso de ella con su voz, causando que la mujer que lloraba completamente silenciosa elevara de nuevo la cabeza para observarle. - ... tu... - Parecio pensar como decirlo exactamente, callandose un par de segundos hasta que encontro una palabra correcta. - ... tu amiga Dadou entra contigo en el lote.- Dijo Ace con convencimiento y explicacion, tratando de no dejarse llevar por la ira en cuanto recordo como él habia estado ayudando y preocupandose por aquella niña. Era un idiota, Ace lo tenia asumido. Tenia que escuchar a Marco mas frecuentemente. -Evidentemente, no vamos a juzgarla como a ti ni se decidira de la misma manera. Al fin y al cabo, es tu esclava, por lo que no puede considerarse que sus decisiones hayan sido del todo libres. No soy tan idiota, y se perfectamente que ella podria haber hecho otra cosa, avisarme de tus intenciones, por ejemplo, por lo que es culpable... pero tambien se que tú tuviste demasiado que ver. Te conozco.- Finalizo Ace tranquilo y convencido, demasiado convencido de si mismo y sus palabras como para ser ignorado, no habiendo separado sus ojos oscuros de sobre Circe ni una milesima de segundo.

-Matame. Cumple tu venganza y termina con esto.- Circe sono llorosa pero, a la vez, incluso furiosa, apretando con fuerza las sabanas mientras que de sus ojos caian lagrimas regularmente.

-Te he dicho que quiza lo haga.- Contesto Ace sin miramientos ni necesidad de andarse cuidadoso, encogiendose de hombros tranquilo nuevamente. -Pero, desde luego, no sera el dia de hoy ni aqui.- Y, de repente, el joven pirata señalo con una mano rapida a la cama ocupada por Circe, chasqueando él despues de la accion la lengua con disgusto. -Mucho menos voy a matarte sobre la misma cama en la que ella murio... perdon, sobre la misma cama en la que la dejaste morir. Ifára no me lo perdonaria y tu no mereces honor semejante.- Ace finalizo completamente convencido de cuanto decia, como si cada palabra pronunciada fuera una verdad universal y evidente para cualquiera, observando impasible la expresion desesperada, llorosa y cada vez mas dolida de Circe.

-La misma cama... - Dijo ella perdidamente en cuanto reflexiono aquello, dedicando una mirada confusa al colchon en el cual ella misma andaba semitumbada.

-Si, la misma.- Y es que Ace no pensaba dejarla con duda alguna sobre ello, observando satisfecho como Circe se notaba de pronto mas desesperanzada ante la idea de las maldiciones y castigos divinos. Era supersticiosa, como la gran mayoria de la gente del mar.

Presa de un pequeño y repentino escalofrio, Circe no pudo evitar el abrazarse a si misma un tanto, girando la cabeza para observar de nuevo al segundo comandante.

-Yo... - Titubeo sin saber muy bien que decir. Tampoco le dejaron la oportunidad ni el tiempo suficiente para ello, la verdad, interrumpiendola Ace rapidamente.

-Te odio.- Y no habia mas que ver sus ojos para adivinar en un instante que era la verdad mas grande del mundo, doliendo aquellas dos palabras mas que cualquier golpe lento y letal.

El silencio asesino y cortante, mas dañino y tortuoso que nunca, regreso.

Incapaz de volver a mirarle sin sufrir, sin sentir la culpa y el remordimiento mas visceral, Circe aparto la vista de sobre el otro, clavando sus ojos bonitos y llorosos en sus propias rodillas de nuevo.

Y, sabiendo que habia sido suficiente de momento, el joven Ace se levanto ruidosamente de su silla para indicarle a ella que se marchaba, caminando tranquilo pero decidido hacia la puerta de salida.

Con completa entereza y firme, el segundo comandante poso su mano sobre el picaporte, girandolo eficazmente mientras movia un tanto la cabeza para volver a mirarla, tumbada sobre la cama admirando perdida y dolorosa sus rodillas.

-Mañana volvere a traerte la comida.- Y, sin mas, sin compasion, Ace termino de abrir la puerta, desapareciendo de la estancia y dejando tras su ausencia un ambiente sombrio y asesino. Horrible, asfixiante, insufrible y que la perseguiria fuera a donde fuera, supo Circe con dañante resignacion.

La abandono alli, sobre la misma cama en la que Ifára habia terminado perdiendo toda una vida por delante tras cinco dias de sufrimiento innecesario, vigilada por el aire culpabilizador y juzgador que ella misma se habia buscado, en realidad.

Circe lo sabia. Lo habia asumido y se conocia soberana culpable. Aceptaria cualquier situacion venidera con orgullo, honestidad, entereza... Lo aceptaria de la misma manera como siempre lo habia hecho. Se enfrentaria valiente a ello, pero no pretenderia tampoco evitarlo. Ella se lo habia buscado.

Sin embargo, no era lo mismo asumirlo e imaginarlo que vivirlo.

Mucho menos si era Ace quien reclamaba venganza.

Circe lo sabia.

(Fin del capitulo)

Holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!

Por fin, verdad? Siiiii he vuelto!

Y que conste que tengo excusa eh eh XD (nunca hay excusas de verdad para semejante tardanza, lo se, pero lo intentare) He estado de examenes, como ya os avise, asi que mis navidades han consistido en estudiar cual cerdilla... Pero es que, encima, quince dias antes me puse super enferma. Suena a "Oh, tuve anginas" ¡Pues no! No se que diablos me paso XD Nadie lo sabe, ni siquiera los medicos lo supieron del todo, pero el caso que acabe una noche entera ingresada en el hospital a base de pruebas raras que dieron mucho miedo D=!

Eso si, milagrosamente se fue pasando poco a poco cada sintoma raro! Vivaaaaaaaaaa estoy curada de mi "enfermedad" o conjunto de ellas XD!

Bueno, esa es mi excusa.

Sin embargo, ya estoy aqui y por ahora tengo algo de tiempecillo libre porque empiezo el nuevo cuatrimestre, asi que seguro que puedo actualizar con la misma tardanza de antes de navidades XD! Os he echado de menos un monton, no sabeis cuanto, y de verdad que siempre me acordaba de vosotros y de lo que os debo. Muchisimas gracias a aquellos que no hayan perdido la esperanza y sigan pendientes de si habra capitulo nuevo algun dia ¡Pues ese dia es hoy =DDDD!

Por cierto, tengo pensada ya otra historia que hare en cuanto esta acabe... Al final no se cuantos capitulos va a durar, ajajaja, pero ya le quedan pocos.

Os quiere mucho, os agradece de corazon toda vuestra paciencia y tiempo, os abraza cual naufrago perdido y os llena la carita bonita de besos:

Maddy