Título: La pieza faltante
Claim: Johan Andersen/Yuuki Juudai, implícito soulshipping y bridgeshipping.
Notas: Post-series. Situado en la siguiente reencarnación de Juudai.
Rating: T
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Misteriosa
Tema: 13. Cerrado


El ambiente era armonizado por una hermosa canción de cuna; el suave repiqueteo de las notas del piano inundaba la habitación, colorida, llena de juguetes y de su escencia. Las paredes eran azules, la cuna parecía de oro, destelleaba a la luz de la mañana. Había pequeños peluches desperdigados aquí y allá, pero lo más importante, el primer acercamiento de Juudai con su destino: unas cartas de juguete en la mesita de noche, donde una lámpara con dibujos alegres reposaba.

Yubel había cuidado con mucho ahínco que todos esos detalles estuvieran ahí para él. Y Juudai, pese a que todavía no entendía del todo, se veía más que satisfecho por cómo jugaba, ajeno a la luz del día que se colaba por las ventanas abiertas, la televisión de su madre en el cuarto de junto y el espíritu que, de brazos cruzados, vigilaba cada uno de sus movimientos.

Ah, la difícil, pero siempre disfrutable etapa de los pañales, ¿cuántas veces la había vivido ya? Nunca había dejado de disfrutarla pese a todo, pese a las extrañas y diferentes épocas en las que habían vivido, cada una con nuevos retos a superar. ¿Cuál sería ésta vez? ¿Sufriría ella lo mismo que en su vida anterior? ¿Habría alguien que trataría de robárselo?

Suspiró, casi bufó ante la idea. Desde el día de su nacimiento, ya hacía un año, había tenido un mal presentimiento aflorando en su pecho, con las raíces fuertemente arraigadas a su corazón, que a la vez se desgarraba a causa de las espinas. Era una tontería, ella lo sabía.

¿Estar celosa de alguien desconocido, cuando compartían la eternidad? ¿Estar celosa de alguien hipotético, cuando sería un mero punto en su interminable línea de tiempo? Y sin embargo, a veces dudaba. A veces, como aquella, cuando lo veía jugar sin desanimarse con avioncitos de juguete, que después un día olvidaba —como una mala metáfora de un futuro que no quería esperar, que no dejaría suceder—, le daba miedo.

—Me traes siempre muchos problemas, Juudai —externó su pensamiento la mujer, flotando a su alrededor hasta llegar a sentarse en el aire, justo sobre su cabeza, a donde sus ojos castaños la siguieron sin rechistar, con curiosidad, con una media sonrisa en los labios que ella le devolvió—. Pero vale la pena, ¿no es así?

Por supuesto, el pequeño no le respondió, aunque mantenía su vista fija en ella, con el rostro deshecho en una mueca de concentración, como si tratara de recordar algo. Bueno, todavía era muy temprano como para que sus recuerdos despertaran, pero el espíritu no podía evitar sentirse un poco orgullosa de su esfuerzo. Eso demostraba una vez más lo fuertes que eran sus lazos, ¿verdad? Un círculo cerrado, eterno.

—Joh... —el balbuceo fue casi inaudible y aunque la palabra también parecía ininteligible, logró que Yubel se pusiera en tensión. ¿Joh...? ¿Estaba imaginando cosas o iba a decir claramente Johan?

Antes de que pudiera decidirlo, Juudai volvió a lo suyo, como si nada hubiese sucedido, jugando alegremente con su avión de plástico, lo cual logró tranquilizarla un poco. Era un bebé, los bebés balbucean. De ninguna manera iba a decir Johan. De ninguna manera podía acordarse de él, era imposible.