Título: La pieza faltante
Claim: Johan Andersen/Yuuki Juudai, implícito soulshipping y bridgeshipping.
Notas: Post-series. Situado en la siguiente reencarnación de Juudai.
Rating: T
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Misteriosa
Tema: 22. Confusión


No creo que esto sea buena idea, Juudai. La voz de Yubel revoloteó en el aire, como una advertencia demasiado severa, pero el niño pareció desecharla con un sólo movimiento de la mano, como quien espanta a una mosca. No quería oír más todo aquello, palabras que no comprendía aún después de tantos años, sueños extraños y nombres de aparentes desconocidos. No quería oírlo, no al menos sin saber la verdad.

Así pues, con toda la valentía que podía albergar su cuerpo de 12 años de edad, se paró cuan alto era frente a su madre, que miraba televisión junto a su nuevo padrastro y, dispuesto a saberlo todo de una vez, carraspeó, pese a la advertencia de Yubel.

—¿Qué sucede, hijo? —la mujer se deshizo del abrazo que el hombre le proporcionaba y le dirigió una sonrisa cariñosa al castaño, quien se sintió de pronto tranquilizado ante tal gesto.

—Mamá, quiero preguntarle algo, ¿puedo? —claramente Juudai no quería que su padrastro oyera, pues pese a que le caía bastante bien, no quería que nadie más le viera como a un loco. Como a veces lo veía su madre cuando empezaba a hablarle de su destino y de sus vidas anteriores. Sin embargo, ella no se dio cuenta de esto o hizo casi omiso y con una cabezada, le indicó que formulara su cuestión—. ¿Conoces a alguien llamado Johan? Tengo recuerdos de él, quizás es amigo de la familia y venía a verme cuando era niño. Recuerdo que se reía mucho...

Su madre palideció, entre confusa y asustada y Yubel la secundó, dando a Juudai por perdido. Había temido durante años que algo así sucediera, pero por mucho que le advertía a Juudai que no dijera nada, porque el resto de los humanos no podía entenderlo, él había ido por ahí divulgando ese tipo de cosas sin consideración alguna, tomando un pase directo a Locuralandia frente a los ojos de todos.

—No hay nadie con ese nombre en la familia, tampoco tenemos amigos que te hayan visitado cuando niño con ese nombre, ¿estás seguro de que estás bien, hijo? —la mano de la mujer se deslizó hasta su frente, como si le tomara la temperatura, pero Juudai se apartó cabizbajo, confuso, dolido.

—Estoy bien —alcanzó a murmurar, evitando la mirada sorprendida del hombre que era el primer padre que conocía. Luego echó a andar con rapidez hacia su habitación, no sin antes dirigirle una mirada ciertamente mordaz al espíritu que conocía desde que tenía memoria o incluso mucho antes—. ¿Me vas a decir lo que sabes?