Título: La pieza faltante
Claim: Johan Andersen/Yuuki Juudai, implícito soulshipping y bridgeshipping.
Notas: Post-series. Situado en la siguiente reencarnación de Juudai.
Rating: T
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Misteriosa
Tema: 10. Marca
Quizás no había sido del todo buena idea el saber la verdad; esa que casi había obligado a Yubel a decirle, tras la desastrosa escena con su madre, tres años atrás. Quizás no había sido buena idea, porque no le daba paz a su alma, porque pese a saberlo, nada cambiaba. Él estaba ahí, Johan muerto. Yubel estaba ahí, su destino y vida juntos también; el pasado con Johan, enterrado.
Nada cambiaba, en absoluto. Tenía su nombre, sus memorias —cientos de ellas, miles, todas diferentes, alegres, desgarradoras, añorables—, tenía sus sueños, el eco de su voz resonando como algo muy lejano, las palabras dichas, los hechos y duelos vividos. Sí, estaban dentro de él, habían dejado una marca.
Una marca demasiado difícil de borrar, que escocía, lastimaba, le enfurecía. Los años habían ido pasando desde el día en que supo la verdad, las horas compusieron días, éstas semanas, luego meses y años. La verdad no le había ayudado a superar la confusión, el temor, la duda y la añoranza... En su lugar la había hecho más fuerte, más vívida, hasta tal punto que cuando cerraba los ojos por las noches, cansado tras un día de escuela, las escenas se rebobinaban en su mente como si fueran reales, sólo para hacerlo despertar por las mañanas con la sensación de que acababa de abandonarlo, fuese el momento que fuese.
A veces, incluso, cuando la pesadilla del Mundo Oscuro era lo que corría bajo sus párpados, las almohadas amanecían mojadas por las lágrimas de la pérdida. Y nada podía evitar que se siguieran derramando durante el resto del día, nisiquiera la medicina recetada por el psiquiatra al cual su madre lo había llevado para curar sus pequeños problemas.
Pero no era eso lo que le molestaba, ni lo que también hacía enfurecer a Yubel; esa clase de sueños eran meras tonterías comparados con otros, que habían ido creciendo junto a su cuerpo y hormonas, cada vez más y más vívidos, más fuertes: Johan, su cuerpo a los 18 años de edad, a los 20, a los 25... Sus manos, las sensaciones que éstas brindaban, que lo hacían despertarse bañado en sudor... ¡Eso era lo que lo enojaba! Si no podía tenerlo, si todo eso era un sueño, un vago eco del pasado, ¿por qué su mente lo atormentaba así?
—Juudai —era de noche, el sonido de las cigarras cantando era lo único que rompía la quietud de la oscuridad. Yubel parecía un fantasma entre las sombras, levemente translúcida, con una mueca fría como el hielo adornando sus labios, los ojos clavados en él—. ¿Qué quieres que haga? ¿Cómo puedo liberarte de todo esto?
La muerte era una opción, pese a que suponía esperar de nuevo varios años, en los cuales el enemigo haría estragos. Pero si él la quería...
Juudai se secó el sudor que le corría por la frente, haciendo a un lado con hastío las sábanas que lo cubrían, como si éstas le asfixiaran. Su rostro lucía determinado, el eco de una valentía que siempre llegaba a ser mucho más grande.
—Creo que debemos de empezar la misión desde antes —sugirió, mirando por la ventana al solitario vecindario, tranquilo y demasiado aburrido para alguien como él. Yubel sonrió, si él quería distraerse con ello, ahora que ya tenía 15 años y dominaba casi todo lo necesario para empezar... ¿Por qué no?
—Entonces, vámonos —le urgió ella con una sonrisa, sin importarle su madre humana, ni lo mucho que ésta sufriría al verlo desaparecido—. Cuando quieras.
El ahora joven le sonrió cuando se dio la vuelta, con una expresión de arrepentimiento en el rostro.
—Debo de pensar cómo se lo diré a mamá, pero nos iremos, definitivamente —como si ese pensamiento lo hubiera tranquilizado, borrando todo rastro del sueño que había tenido minutos antes, Juudai regresó a la cama y cerró los ojos—. Definitivamente nos iremos y encontraremos a Johan.
