Título: La pieza faltante
Claim: Johan Andersen/Yuuki Juudai, implícito soulshipping y bridgeshipping.
Notas: Post-series. Situado en la siguiente reencarnación de Juudai.
Rating: T
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Misteriosa
Tema: 20. Luna
Juudai agradeció con el alma la presencia del perro de los vecinos del otro lado de la calle, ladrando sin parar. Su potente llamado nocturno conseguía esconder sus pasos mientras caminaba por la casa, mochila al hombro, tratando de no ser descubierto. Al final había esperado a que todos en la casa se durmieran y no fue hasta que la luna estuvo en todo lo alto y cualquier sonido fue reemplazado por la acompasada respiración de su madre, que se decidió a salir.
Así pues, caminaba de puntillas, con la mayor velocidad que le era posible, con rumbo hacia la puerta de entrada, en donde dejaría una pequeña y nada sentimental nota de despedida pidiendo disculpas. Luego, ¿quién sabía? Iría a donde lo llevara el viento —que quizás no sería muy lejos, dado que no tenía dinero ni mucha comida consigo—, pero al menos lo intentaría. Si ya se las había arreglado miles de veces antes, en diferentes épocas, el talento innato que según Yubel poseía, tarde o temprano tendría que rendir frutos. Además... no podía dejar las cosas así. Los recuerdos de Johan estaban en su mente por alguna razón y no importaba cuántas veces su espíritu acompañante le dijera que estaba muerto, él no podía creerlo.
Johan lo llamaba, desde algún lugar del mundo, estaba seguro. Tal era su certeza que apresuró el paso por el desierto corredor levemente iluminado por las luces de la calle, como si pensara que de otro modo él se escaparía.
—Ten cuidado, Juudai —Yubel iba frente a él por unos cuantos metros, había oído algo corretear por el zócalo de la habitación y sin estar segura de si era una rata o no, había preferido lanzar la advertencia, que sin embargo llegó muy tarde, pues una vez se hallaron en la sala de estar, quedó patente que había alguien esperándolos, alguien que había adivinado sus planes.
La silueta un poco torpe de su padrastro se alzó en la oscuridad, como la sombra de un cuervo sobre su presa. Juudai se quedó paralizado por unos segundos antes de echarse a reír con nerviosismo, mesándose los cabellos castaños mientras sonreía a modo de disculpa. Los ojos del hombre parecían atravesarlo, pero no estaba seguro de con qué intención e incluso se preguntó si no estaría tomado, pero antes de tomar cualquier decisión, el hombre habló.
—¿A dónde vas? ¿Piensas dejar a tu madre así? —avanzó con dificultad esquivando los sillones hasta posarse frente a él, con las manos sobre sus hombros—. Escucha, no sé qué es lo que crees que eres, o si lo eres en realidad, pero al menos piensa en ella.
—Lo siento, pero tengo que irme, no es que no quiera a mi madre, es que... —su hasta entonces nerviosa sonrisa se desvaneció para dejar paso al semblante de alguien mucho más maduro, la sombra del Rey que alguna vez había llegado a ser—. Tengo que hacer algo, tengo que encontrar a alguien. No voy a detenerme. Es mi destino —se repitió a sí mismo esa frase mientras volvía a recordar los relatos de Yubel, los recuerdos borrosos de glorias pasadas, de batallas perdidas y al mismo enemigo. Luego, Johan apareció en su mente—. Es mi destino.
Yubel, temiendo que dichas palabras fueran el pase directo al hospital psiquiátrico para Juudai, se interpuso entre ambos dispuesta a usar sus poderes para arreglar la situación; sin embargo, pese a sus pronósticos pesimistas, el hombre suspiró con resignación, como si de pronto algo le hubiese dicho que todo era cierto, destinado e incambiable.
—Promete que le escribirás a tu madre —fueron algunas de las últimas palabras inconexas que logró hilar, el tufillo y el efecto del alcohol llenándolo de sueño.
Juudai asintió y le dio una breve palmada en el hombro a su padre mientras sonreía. El picaporte dorado, con todo y su cadena, pronto le dieron paso hacia el mundo exterior, hacia la guerra y el destino que vida tras vida le esperaba.
Al castaño le gustaba pensar que, dado que en ese mundo, muy al contrario que en muchos otros, se llevaba bien con sus padres, todo saldría bien y terminaría aún mejor eventualmente.
