Título: La pieza faltante
Claim: Johan Andersen/Yuuki Juudai, implícito soulshipping y bridgeshipping.
Notas: Post-series. Situado en la siguiente reencarnación de Juudai.
Rating: T
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Misteriosa
Tema: 09. Fluir


Tienes frío. Aquello no era una pregunta, sino una afirmación, misma que atravesó el espacio vacío de sus mentes interconectadas. Juudai cabeceaba de vez en cuando, golpeándose sin querer la cabeza con el respaldo del asiento en el cual reposaba, no de manera muy cómoda, con los brazos metidos de cualquier manera bajo la chaqueta que usaba y el cuerpo ligeramente encogido. Un tren ligero no era el mejor lugar para dormir, Yubel se lo había repetido más de una vez, pero sus necesidades humanas lo vencieron y nisiquiera el frío ni el viento que se colaba por la ventana rota conseguían hacerlo cambiar de opinión.

—Sí, hace frío —el joven entreabrió un ojo y soltó un bostezo mientras trataba de acomodarse, Yubel, aunque inmaterial, iba sentada a su lado y vigilaba con cautela al resto de los pasajeros esa noche, que componían junto con Juudai a tres personas—. Pero no tanto como en Noruega, ¿te acuerdas? Nisiquiera tú podías soportarlo.

Ella no le había dado todos los detalles de sus anteriores aventuras, sobretodo los que consideraba intrascendentales para su objetivo, tales como vacaciones o visitas a sus amigos; sin embargo, no le sorprendía saber que Juudai recordaba más y más conforme los días componían semanas y dado que de nada servía el hacer como que no recordaba, decidió contraatacar.

—Nadie en su sano juicio viviría en un lugar como Noruega —dijo, tajantemente, los labios fruncidos en una apretada línea.

Juudai, en lugar de ofenderse, se lo tomó como algo divertido.

—Y sin embargo, te gustaba la comida de allí, ¿no es cierto? Recuerdo que tenía especial hambre cuando íbamos para allá e incluso cuando te materializabas, comías y bebías de lo que Johan tenía en casa —aquél era un golpe bajo, el espíritu lo sabía. Muchas veces le había recalcado que para alguien como ella, la comida no era necesaria y sin embargo, esos pequeños momentos de debilidad habían terminado por delatar su gusto por el europeo y un poco también de sus celos naturales.

—De cualquier manera, ustedes dos estaban locos, yo no hablo de la comida, sino del frío. Sólo alguien tan loco como ustedes podía salir a jugar en la nieve helada cuando había cosas mejores que hacer —el tren iba deteniendo lentamente su marcha y por primera vez durante todo el trayecto, la mujer se preguntó dónde estaban y cuál era su destino—. Por cierto, ¿a dónde vamos?

Juudai le dirigió un guiño mientras se echaba la mochila al hombro y comenzaba a caminar hacia la salida del vagón.

—Admítelo, también te gustaba Johan —Yubel respondió con un bufido indignado que sin embargo Juudai interpretó correctamente como su aprobación a dicha afirmación, cosa que lo hizo sentirse más tranquilo, pues no la estaba dañando al seguir un deseo egoísta—. Y vamos a la Academia de Duelos, por supuesto.

Con eso último, Juudai desapareció de su vista, dejándose llevar por el mar de gente que fluía hasta el aeropuerto. Nunca llegaría del todo a predecir a ese niño, ¿verdad?