Título: La pieza faltante
Claim: Johan Andersen/Yuuki Juudai, implícito soulshipping y bridgeshipping.
Notas: Post-series. Situado en la siguiente reencarnación de Juudai.
Rating: T
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Misteriosa
Tema: 19. Imposible
Juudai apartó el vaho que desprendía su boca cuando respiraba de un manotazo, como si de ésta manera también pudiera deshacerse del frío de Noruega. Por supuesto, sus intentos eran totalmente inútiles y sólo conseguían hacerle parecer un loco ante el resto de la gente, que esperaba el tren ligero hacia la costa. Su memoria no estaba del todo fresca —Yubel le había dicho que era totalmente obvio, pues no contribuía en nada a su misión el paradero de Johan—, pero si recordaba bien, ese tren ligero de color plata, que traqueteaba todo el camino como si estuviera descompuesto, lo llevaría a su destino, aquél con el que soñaba quizás incluso desde antes de que tuviera conciencia.
—Espero que Johan tenga suéteres extras —pidió el castaño, abrazándose a sí mismo tras llegar a la terminal, donde un montón de pasajeros lo empujaron al salir—. No recordaba que hacía tanto frío.
Yubel rodó los ojos con un gesto divertido en el rostro. Bueno, por supuesto que no se acordaba del frío, pero como no ganaba nada afirmándole por enésima vez éste hecho, el espíritu sólo se limitó a seguirlo por largas calles que, aún con su memoria intacta, no podía reconocer por haber cambiado tras tantos años.
—Recuerdo que su casa estaba cerca de la costa, ¿o estaba cerca de un bosque? —Juudai se llevó la mano al mentón sopesando sus posibilidades y tratando de darle un orden lógico a los recuerdos que bailaban en su mente como descontrolados, pero sin lograrlo—. Bueno, ¿qué más da? Debe de ser por aquí —encogiéndose de hombros, siguió una vereda llena de casas a ambos lados desde donde se oía el ruido de la televisión. Confiaba en su instinto y en la suerte que siempre había poseido, tarde o temprano, aún si no era ese día, iba a encontrarlo.
—¿No crees que sería mejor buscar un lugar dónde pasar la noche y continuar con la búsqueda mañana? A menos claro que quieras morir de hipotermia, lo cual retrasaría la misión unas décadas —aunque su tono estaba cargado de ironía, en realidad Yubel estaba preocupada por él y por cuán lejos había llegado su obsesión sin que ella lo detuviera.
—No, no, creo que es por aquí —acomodándose mejor la mochila en la espalda para que ésta lo protegiera del frío, Juudai comenzó a andar con paso más veloz hacia el final de la calle, con retazos de su pasado entremezclándose con las imágenes de su realidad, superponiéndose como en una película vieja y oxidada. De pronto, algunos de los portales, adornados con luces y tapetes de bienvenida, le parecieron familiares y ese extraño sexto sentido, el de la gentil oscuridad que sólo él poseía, lo alertó de que se hallaba cerca del lugar en sus memorias, una pequeña casa de paredes naranjas que daba a un bosque—. ¡Es aquí, Yubel! —la casa ya no era del mismo color y su estructura parecía frágil, a punto de derrumbarse, pero el portal, la ventana izquierda pulcramente cubierta con cortinas de color oro, el bosque a menos de diez metros, marchitándose al invierno...
Con un arrebato de emoción propia de él, Juudai aporreó la puerta con ganas, sin siquiera darle tiempo a su acompañante de lanzarle una advertencia. Afuera seguía haciendo frío y seguro que Juudai tenía hambre, pero ella estaba segura de que ésas no eran las razones por las cuales trataba de derribar la puerta con la sola fuerza de su puño derecho, que no parecía resentido ante los golpes.
—¡Vamos, Johan, abre! —llevaba al menos un minuto en el mecánico gesto de llamar a la puerta cuando ésta se abrió, casi como si obedeciera su orden. El joven logró vislumbrar una estancia en penumbras, cálida y con el olor de la comida recién preparada esparciéndose por el lugar, un hogar acogedor y añorable. Sin embargo, la persona que había abierto no era la que él esperaba, sino una mujer ya entrada en años, cubierta en chales de colores que, contra toda razón, no parecía molesta por semejante ruido causado en su morada—. Hola, ¿está Johan?
Componiendo una sonrisa de inocencia, el antigüo miembro de Osiris Rojo, aún con las esperanzas muy en alto, se atrevió a suponer que esa mujer era su madre o su abuela y que en cualquier momento el otro muchacho saldría para darle un abrazo de bienvenida y quizás un duelo.
—Lo siento mucho, pero no conozco a nadie con ese nombre, al menos no a nadie que esté vivo —haciéndose a un lado al ver el semblante afligido que había causado con sus palabras en su inesperado húesped, la mujer lo invitó a pasar. No lo conocía, pero algo en ella le indicaba que no era malo y que además estaba bastante necesitado por cómo se le hundían las mejillas, el polvo en su ropa y el sonido atronador de su estómago. Ya lo había hecho sentir mal con sus palabras, lo menos que podía hacer para retribuirle era una comida—. Pasa, muchacho, se ve que has venido desde lejos buscando a tu amigo, lamento ser la persona que termine con esas esperanzas.
—Pero, ¿a qué se refiere con que no conoce a 'nadie vivo' con ese nombre? —ni tardo ni perezoso, Juudai se apresuró a guarecerse dentro de la oscuridad de la habitación, donde casi se sentía en su ambiente. Yubel, por su parte, estaba inspeccionando el lugar, cerciorándose de que no era una trampa de su enemigo, ya que Juudai tenía las defensas bajas por su obsesión.
—Hay una tumba en el cementerio del pueblo que tiene ese nombre, la he visto cuando visito a mis hijos en Navidad, Johan algo —frunciendo el ceño en un intento vano de recordar, la mujer se encaminó hacia la cocina para servirle algo de comer al viajero decepcionado que había dejado en su sala de estar a oscuras. Sin embargo, ningún recuerdo acudió a su mente pese a que lo intentó—. Johan... No, lo siento.
Juudai sonrió con tristeza durante algunos segundos, aún pese a que el olor a sopa caliente inundaba la habitación, haciendo feliz a su estómago. Así que Johan no estaba ahí... Pero si Yubel había afirmado que estaba vivo y él también podía sentirlo gracias a su sexto sentido, ¿dónde se había escondido? ¿En qué parte del vasto mundo? ¿Es que acaso y después de todo, era imposible encontrarlo? ¿Es que acaso siempre sería sólo un sueño, que lo haría despertarse con la mano levantada, como buscándolo?
—Juudai —el joven dio un respingo involuntario cuando escuchó la voz de su eterna acompañante, pues había olvidado totalmente su presencia—. Johan está vivo. La tumba... ¿Es que acaso no recuerdas? No importa, te lo explicaré todo.
El tono de voz de Yubel parecía misterioso y seguramente escondía mucho más que un secreto. El viaje a Noruega no había traído a Johan de vuelta a su lado, pero quizás sí memorias importantes, enterradas en la nieve de ese cementerio. Memorias que debía recuperar... cuando terminara de comerse la sopa que la amable señora le servía, por supuesto.
