Título: La pieza faltante
Claim: Johan Andersen/Yuuki Juudai, implícito soulshipping y bridgeshipping.
Notas: Post-series. Situado en la siguiente reencarnación de Juudai.
Rating: T
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Misteriosa
Tema: 06. Dilema


Sus pisadas sobre la nieve parecían ser absorbidas por el silencio sepulcral del lugar, tan calmado y pacífico como la muerte misma, que reinaba sobre el mar de tumbas de piedra que se extendía frente a sus ojos. Juudai había decidido visitar la tumba del Johan desconocido —y a la vez, recordado— de la cual había hablado esa mujer; como siempre, su instinto era más fuerte que su lógica y tras haberse bebido la sopa, tomado un baño y aceptado, con algo de vergüenza, algunos suéteres y víveres que la amable señora le había dado, partió rumbo al cementerio, donde sabía encontraría una respuesta a la pregunta que flotaba en su mente, persistente y molesta como un mosquito. ¿Qué hago ahora?

No le costó mucho trabajo encontrar el sepulcro que buscaba, una lápida que parecía esculpida en mármol con brillantes gemas adornando el nombre de Johan Andersen, al cual después le seguían su fecha de nacimiento y muerte, respectivamente. Era el viejo Johan, el que solía correr por ahí con él en la Academia de Duelos, el que aceptó a Yubel y al que Yubel aceptó, en su relación. Yacía ahí, debajo de la nieve, ajeno a todo, quizás convertido en polvo fino, ligero como su risa ante un mal chiste.

Pero, ¿por qué no recordaba eso? ¿Por qué la fecha de su muerte tenía al menos 40 años de diferencia con el tiempo en el cual habían estado en Duel Academia? No recordaba tanto de él, no podía visualizar al Johan de 50 años en su mente, le parecía imposible.

—¿Yubel...? —el muchacho estaba sentado sobre la fría nieve, con las piernas cruzadas, como si estuviera mirando cara a cara a la persona a la cual había ido a buscar; la confusión teñía sus facciones, las crispaba hasta hacerlas muecas de desesperación que, sorpresivamente, Yubel no trató de borrar.

—Tienes que recordar —dijo tajantemente, mirándolo desde el aire a una altura prudencial, el ceño fruncido y los brazos fuertemente cruzados sobre el pecho—. ¿No recuerdas? Moriste antes que él.

Juudai se quedó en shock durante algunos segundos, esperando a que se sucediera una secuencia de imágenes que corroborara lo dicho por Yubel, pero al no suceder, sólo se limitó a reírse.

—Hice algo idiota, temerario e ilógico, ¿verdad? —conociéndose, no se le hacía nada extraño. Posiblemente había arriesgado su vida demasiado en algún duelo y no había medido las consecuencias y había muerto, ¿cuántos años antes que Johan? ¿La mitad?

Quizás eso explicaba el hecho de que sus memorias los conectaran de nuevo, ahí, en esa nueva vida, en ese nuevo mundo que parecía demasiado grande para ellos. Juudai lo había dejado al hacer un acto temerario, Johan, por supuesto, había sufrido por ello... Y ahora... ¿Debían de encontrarse y limar asperezas?

—No recuerdo nada —dijo, después de un rato de estar pensando, con los ojos castaños clavados en las letras grabadas en la tumba de Johan, que brillaban suavemente gracias a la nieve derretida—. Pero creo que sé cómo se sintió él cuando me fui.

Aunque no lo dijo, Juudai estuvo a punto de agregar: como yo me siento ahora. Yubel lo había leído con tan sólo mirar su rostro, que para ella era como un libro abierto. El destino era una cosa misteriosa, muy, muy misteriosa. Al final y aún siendo sólo balbuceos de alguien decepcionado y triste, ella sabía que las suposiciones que Juudai pensaba eran ciertas. Tenían que encontrarse —Johan, Juudai y ella—, recuperar el tiempo que se había perdido, que se había distorsionado.

Pero...

—¿Dónde está? —preguntaron ambos al unísono, obteniendo sólo el sonido del viento moviendo los árboles como respuesta.