Título: La pieza faltante
Claim: Johan Andersen/Yuuki Juudai, implícito soulshipping y bridgeshipping.
Notas: Post-series. Situado en la siguiente reencarnación de Juudai.
Rating: T
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Misteriosa
Tema: 21. Tempestad


Aquél Johan conseguía angustiarlo sobremanera con su sola presencia, era él y a la vez, no. La mueca de indignación en su rostro al ver interrumpido su partido era propia de él cuando se enojaba, pero el sólo hecho de que fuera Juudai el motivo de su enojo le parecía hasta a Yubel algo inverosímil, siendo que ellos, desde siempre —desde antes de que ella se uniera y la causa más grande de sus celos—, se habían llevado de maravilla.

A Juudai le dolía tanto como le sorprendía este hecho, solo atinando a parpadear como estupefacto por algunos segundos, en los cuales el otro —el motivo de su desesperado y estúpido viaje—, se le quedó mirando esperando una buena excusa para que se hubiese interrumpido el partido.

—Yubel, ¿no puedes hacer algo con esto? —ignorando la creciente sensación de desasosiego que de pronto había apagado la calidez de su presentimiento y la esperanza de lo inevitable, Juudai dirigió sus ojos suplicantes hacia el espíritu.

—Creo que puedo —dijo sin mucha convicción, dándose cuenta de que por mucho que las cosas no pintaran para ser perfectas (¿y cómo podían serlo, después de varias décadas de separación?) todavía algo podía salvarse, lo sabía ante la mirada aterrada que Johan, ese Johan, dirigía al punto exacto en donde ella estaba, concentrando sus fuerzas en crear un ambiente neutral en el que el lengüaje no fuera barrera—. Prueba ahora, Juudai. Funcionará, dado que puede verme.

—¿Qué es esa extraña cosa que llevas contigo? —de pronto toda mueca de enfado se disolvió en el rostro del de ojos verdes, que parecía francamente curioso ante el -fantasma- que acompañaba a Juudai y al cual éste le agradeció en silencio, pues en efecto, había entendido lo dicho en alemán—. ¿Es algún tipo de juguete? —acercándose hacia Yubel, trató de tocar uno de sus pies, que flotaban en el aire como si se tratara de un globo, obteniendo como resultado que su mano atravesara el espacio vacío—. En serio, ¿qué es?

—Es Yubel —como si fuera la cosa más natural del mundo y todavía esperando que se acordara de todo su pasado, pese a que el sólo hecho de que no recordara a Yubel ya le hacía saber que era imposible, Juudai señaló a la mujer con una sonrisa en el rostro, visiblemente aliviado de que el ceño fruncido en el rostro que tanto añoraba se hubiera desvanecido—. Estamos prometidos por toda la eternidad y parece ser que formas parte de esa eternidad también, Johan.

—¿Qué te hace pensar eso? —visiblemente avergonzado, el muchacho le hizo una seña a sus compañeros para que se fueran, dando el partido por terminado—. ¿Quién eres tú? ¿Quién es ella? ¿Y por qué hablas de un nosotros y de una eternidad cuando yo no te conozco?

El castaño suspiró y Yubel secundó la acción, aunque con un gesto un poco más hastiado tiñendo sus facciones. Habían ido todo el camino hasta allá, guiados por presentimientos, monstruos y fantasía, ¿y todo para qué? La pieza faltante aún estaba perdida, quizás para siempre. Johan no recordaba nada, no sabía nada de ellos y ellos tampoco de él, eran desconocidos, unidos por el inexplicable destino que, sin duda, les gritaba que el viaje no había terminado, que aún les quedaba mucho por vencer.

Que debían de hacer recordar a Johan o instruirlo, a modo que los años perdidos se recompensaran. A modo de que todo regresara al balance correcto, al tiempo adecuado.

Y como Juudai pensó muy atinadamente, antes de decirle al joven que ya se lo explicaría todo si lo dejaba ir a su casa, besarlo —porque se moría de ganas, después de tantos sueños frustrantes— no era la mejor opción.