Título: La pieza faltante
Claim: Johan Andersen/Yuuki Juudai, implícito soulshipping y bridgeshipping.
Notas: Post-series. Situado en la siguiente reencarnación de Juudai.
Rating: T
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Misteriosa
Tema: 30. Enigma
La casa de Johan no estaba muy lejos de ahí, escondida entre los barrios céntricos que uno o dos siglos atrás contuvieron una guerra terrible. El joven había accedido a llevarlo a su casa por mera curiosidad, porque nunca antes había visto a un espíritu y sabía que, cualquier cosa que fuera a suceder, sería mucho más interesante que el partido de fútbol que se jugaba antes, donde su pequeño equipo compuesto por un amigo suyo y él, llevaban las de ganar.
Así pues, limpiándose el sudor que le corría por la frente y aún un poco anonadado de las curiosas circunstancias en las que se había visto inmerso, guió a Juudai hacia unas calles más adelante, pasando por tiendas de comestibles, desde panaderías hasta pequeños supermercados, que le recordaron al japonés lo hambriento que estaba.
No tardaron mucho en entablar una conversación tampoco, aunque los temas más fundamentales, los que habían llevado a Juudai hacia ese extraño continente y ese alejado país, rompiéndole el corazón a su madre en el proceso, se los reservó para cuando estuvieran en un lugar techado, preferiblemente con un buen plato de sopa caliente y muy lejos de las miradas de los curiosos, quien sin duda lo tacharían como un loco. La plática comenzó rápidamente a desenvolverse, siempre con ayuda del poder de Yubel, pasando desde sus nombres hasta sus diferentes residencias, fascinando a Johan todo lo que Juudai decía sobre Japón, sus costumbres y el auge que seguía teniendo el duelo allá.
—Bueno, es ésta de aquí —dijo, cuando llegó a un complejo de edificios de ladrillo de color apagado, que no desentonaban en nada con el estilo antigüo del barrio—. Espero que no seas un psicópata o algo así, por cierto, ¿Yubel necesita que le abra la puerta?
Al instante se soltaron dos risas que duraron hasta que se encontraron dentro de uno de los apartamentos, una era de Juudai, emocionado por aquél chiste tan simple y tan característico de él, la otra pertenecía a Yubel, quien se reía por lo irónico de la situación y un poco también por lo difícil que sería explicar todo a continuación.
—¿Mamá? ¿Papá? —el lugar estaba adornado con tonos cálidos, similar al de la casa que una vez le perteneció en Noruega, con sus rojos que recordaban al atardecer. Sin embargo, eso no fue lo que sorprendió a Juudai, sino el hecho de que en este mundo él si tuviese padres, justo como él—. Creo que no están —señaló una nota sobre la mesa más cercana, con palabras ininteligibles para el castaño y tras encogerse de hombros les hizo un gesto para que tomaran asiento, mientras él iba a buscar algo a la cocina.
Juudai dejó su mochila de cualquier manera sobre un sofá de color caoba y se sentó en el reposabrazos tratando de ordenar sus ideas, como siempre tan caóticas como si hubiese un remolino en su inconsciente. Hasta ahora todo había ido muy bien, habían charlado como en los viejos tiempos, acoplándose rápidamente a las extrañezas del otro, al contexto culturar vivido tan diferente de la última y primera vez, pero él no podía esperar que las caras felices y las sonrisas continuasen una vez explicara su objetivo, es más, hasta se le hacía más difícil al ver la casa de Johan, el ambiente hogareño de una familia común y corriente, como la que él tenía en Japón y comenzaba a extrañar. ¿De verdad sería capaz de pedirle a Johan que se marchara con él a luchar contra un mal que nada tenía que ver con su existencia? ¿De verdad lo arrancaría de sus padres y de ese mundo tan perfecto, un mundo que en su vida anterior sólo podía soñar? Ya no estaba tan seguro.
Él no quería exponer a nadie al peligro en el cual estaba sumergido, como olas furiosas en medio de una tormenta, luchando por arrastrarlo hacia la oscuridad, no cuando la última vez había muerto, no cuando podía morir de nuevo, ¿y quién sabía si su suerte se repetiría? ¿Quien sabía si volverían a reencontrarse? Por otro lado, estaban sus propios deseos y éstos claramente desafiaban a toda lógica, diciéndole que ya se las arreglarían como en el pasado, que no sería tan estúpido de nuevo y que necesitaba al joven que se acercaba a él, no muy seguro, con dos vasos de limonada.
—Bueno, ¿y vas a revelarme el enigma? —Johan se sentó frente a él como quien espera oír una historia de cuento de hadas, de ésas que se olvidan tras cerrar los ojos en la noche—. ¿En serio has venido hasta Alemania por mí? ¿Por qué?
Juudai sonrió ante esta pregunta, que ni él mismo sabía responder de manera lógica. ¿Por qué? Ése era el meollo del asunto y mientras encontraba la respuesta, alguna que no respondiera solamente a sus hormonas o a un destino imprevisible y caprichoso, decidió que debía contarle lo que sabía y dejar que él y sólo él, tomara la decisión final.
