Título: La pieza faltante
Claim: Johan Andersen/Yuuki Juudai, implícito soulshipping y bridgeshipping.
Notas: Post-series. Situado en la siguiente reencarnación de Juudai.
Rating: T
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Misteriosa
Tema: 12. Conexión
Sus ganas de reír lo traicionaban muy de cuando en cuando, logrando que las comisuras de sus labios temblaran sospechosamente, aunque no lo suficiente como para que Juudai se diera cuenta. Yubel, en cambio, no apartaba sus ojos dispares de él, escrutándolo como se hace con algo particularmente desagradable, quizás se preguntaba lo mismo que él, ¿por qué se ríe? Quizás eran los nervios, quizás simplemente todo le parecía absurdo pero maravilloso, algo digno de una película de ciencia ficción, donde él, Johan, el protagonista, estaba a punto de dar un paso importante para la trama, paso que quizás no le gustaría mucho a los espectadores.
—Juudai —su voz se alzó de la nada y con sorpresa el tono divertido desapareció, para dar paso a la seriedad que requería el momento y que Yubel, seguramente, ya había adivinado la razón. Johan estaba sentado en el suelo de su habitación mirando sus cartas, practicando, aunque no estaba muy seguro de por qué.
El castaño, que ocupaba su cama y miraba al techo absorto en sus pensamientos, dirigió sus ojos inquisitivos hacia él, aunque como siempre sucedía una sonrisa traviesa traicionaba sus labios, que siempre sucumbían al feliz pensamiento de que las cosas estaban saliendo como él quería, como él había esperado desde que salió en ese intrépido viaje por el mundo, mucho antes de lo previsto para buscar un recuerdo. Un recuerdo que ahora le pertenecía, le correspondía, le permitiría enmendar el pasado.
Johan vaciló al mirar directamente los ojos de su interlocutor, vibrantes de sentimientos que él adivinaba bajo su superficie, pensamientos tan transparentes como el agua. Había tenido mucho tiempo para pensar desde su conversación con Yubel y la conclusión llegó como por arte de magia mientras apilaba sus cartas en un deck ordenado, como lo estaban sus pensamientos.
—Juudai, no soy el Johan que buscas —dijo después de un rato, tras largos segundos de contacto visual que no hicieron más fácil transmitir sus intenciones. Yubel parecía sorprendida, pero por sobre de todo, también orgullosa, como si Johan fuese un hijo especialmente inteligente que se hubiera aprendido las tablas de multiplicar a los tres años. Juudai, en cambio, se rió como si lo considerara todo una broma.
—A menos que tengas un hermano gemelo del que no esté enterado... —se encogió de hombros y se levantó de la cama para ir a sentarse a su lado, intuyendo que después de todo había mucho más que contar.
—No creo poder recordar nunca lo que me has contado, no puedo ahora, ¿qué te hace pensar que sucederá después? —en su tono había un matiz de preocupación y decepción, pero la verdad prevalecía, era eso lo que quería dejar en claro—. No soy el Johan que buscas y probablemente nunca lo seré.
Juudai no hizo ningún ademán de apartarse, pero Yubel, siempre tan atenta como siempre, notó que sus manos temblaban y se volvían ligeramente blancas, como si el joven estuviese conteniéndose de apretarlas en puños. Podía entenderlo, sin embargo, todo el viaje, el sufrimiento, el frío, el hambre: todo aquello por lo que habían tenido que pasar para encontrar la pieza faltante, pero sin encontrarla, sin econtrar la que encajara, pero sí la nueva versión, de bordes irregulares, una pieza de otro rompecabezas que quizás no fuese le suyo, aunque se parecieran.
—Pero... —Johan continuó con lo que había planeado decir o al menos, lo que había sentido que quería decir en su corazón, un tanto presionado por el recuerdo de su anterior yo, al cual nunca podría alcanzar y que tampoco quería hacerlo, pues entendía que sus mundos y vidas eran diferentes—. Pero sí me gustas, sí te quiero, quizás esa es una de las cosas que sobrevivió de la persona que estás buscando, nada más. Si lo estás buscando a él entonces has venido al lugar equivocado, pero...
—Demasiados peros —se quejó Juudai y una sonrisa se extendió por su rostro, que hasta minutos antes parecía velado por una nube gris, mientras se inclinaba para besarlo—. Yo también soy una persona nueva, aún si las memorias persisten. Lo lamento si puse una gran carga en ti.
Yubel soltó un bufido casi inaudible mientras los veía intercambiar secretos y palabras tras haber dejado en claro su situación, así que el mundo se reducía de nuevo a esto, tres personas, tres vidas, quizás para toda la eternidad. O bueno, eso creía.
—Entonces, ¿vendrás conmigo? —preguntó Juudai, que se las había arreglado de alguna manera para acurrucarse junto a él en busca del calor que tanta falta hacía en esa parte de Alemania.
Johan se quedó callado, para esa pregunta no tenía ninguna respuesta... Todavía.
