Título: La pieza faltante
Claim: Johan Andersen/Yuuki Juudai, implícito soulshipping y bridgeshipping.
Notas: Post-series. Situado en la siguiente reencarnación de Juudai.
Rating: T
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Misteriosa
Tema: 03. Truco


Antes de ponerse la mochila al hombro, Juudai comprobó que todas sus pertenencias (las cuales no eran muchas, pero sí preciadas) estuviesen en su lugar, bien resguardadas para un pequeño viaje. No se entretuvo demasiado, sentía las miradas pesadas y escrutantes de los padres de Johan sobre su espalda, como si no pudieran creerse que se iba, como si todo fuera un truco para robarles a su hijo, cosa nada menos cierta.

Tras haber platicado con Johan habían llegado a un acuerdo y éste incluía su inmediato translado a otro domicilio, uno en el cual sus padres no tuvieran que molestarse por su presencia, ni preguntarle, sin esconder del todo el tono de fastidio, cuánto tiempo más se quedaría su amigo con ellos. Juudai no tenía demasiado dinero, aún cuando en su trabajo le pagaban cada semana, pero logró alquilar un cuarto en las cercanías del vecindario, eso sí, no sin ayuda de Yubel y sus poderes para despistar al casero, que le exigió sus documentos de identidad.

Era el mejor primer paso para mantener a sus padres tranquilos, pues ya intuían que había algo más entre ellos y las sospechas, así como las miradas de reproche, habían aumentado en un 100%, haciendo el ambiente de la casa pesado y difícil de soportar. Podrían verse todos los días, de cualquier manera, aún si no estaban del todo seguros de qué sucedería en el futuro, habían acordado (y Yubel protestó un poco ante la decisión) que Juudai se quedaría a vivir en Alemania hasta que Johan tuviera la mayoría de edad (bueno, pero, ¿es que eres su niñera? ¡No podemos esperar!, se había quejado Yubel, siendo ignorada por primera vez en mucho tiempo), luego se marcharían juntos.

A Juudai no le importaba, o eso había dicho, aunque por un momento Johan creyó ver una sombra de duda y cierta tristeza en sus ojos, sin embargo, no supo que se debía a su madre y a la promesa secreta que había hecho de volver pronto, a una normalidad que sólo había sido un sueño. No obstante, eso no evitó que Johan se sintiera un tanto culpable mientras lo veía hacer sus cosas, guardar escasas mudas de ropa, su preciado deck en un estuche y poca cosa más. Después de todo, lo estaba obligando a asentarse en su espacio de comodidad, a obtener un trabajo, una casa, una vida donde él no la deseaba y donde tampoco debía estar. Pero, ¿qué más podía hacer? Si se iban juntos lo más seguro era que sus padres giraran un boletín internacional o algo por el estilo, para encontrarlo e irían (o por lo menos Juudai, si sus padres se ponían tercos) a la cárcel de menores, todos los sueños y promesas destruidas. ¿Qué más podía hacer sino eso? Esperar, un poco, sólo un poco y en ese tiempo afianzar su relación, sus sentimientos, su técnica para el duelo, dado que no se iban de día de campo, sino a luchar contra el mal, todo, todo hacerlo mejor.

—Bueno, creo que ya está todo, así que me voy —se echó la mochila a la espalda y se dio la vuelta para verlos a todos, tres figuras de diversas estaturas, brillantes y totalmente acordes a la atmósfera, la de una casita feliz en los suburbios de Alemania—. Muchas gracias por su hospitalidad, lamento haberles causado tantas molestias —hizo una reverencia mientras Yubel traducía sus palabras con sus poderes sobrenaturales, contenta de que quizás fuese la última vez, pues Johan planeaba tomar japonés en su próximo semestre, lo cual les haría las cosas más fáciles.

Los Andersen contestaron con ligero gruñido antes de murmurar las cortesías de rigor con desgana, pero eso no constituyó una molestia para Juudai, quien le guiñó un ojo con complicidad a Johan antes de enfilar hacia la salida, su gesto claramente decía: "Nos vemos pronto", a lo cual el muchacho asintió imperceptiblemente, también sonriendo.

Cuando la silueta del japonés desapareció, dejando tras de sí el eco de la puerta al cerrarse, su madre le preguntó a Johan:

—¿Estás seguro de que va a irse? —parecía desconfiada y eso le granjeó una carcajada por parte de su único hijo, que le daba toda la razón a su progenitora para sospechar. Aún así, se tragó sus palabras.

Sí, va a irse y quizás yo con él, mucho antes de lo previsto.